El novio de Beth no hacía más que intentar descubrir qué fue Daryl antes, y pues, imaginé algo como esto entre ellos.
Retazos
21º
Antes de…
Carol no puede evitar reírse entre dientes mientras lo ve llegar hasta ella sacudiendo la cabeza. Cierra la celda y deja caer la cortina mientras ella sigue doblando ropa para fingir su presencia ahí. Aunque nadie osaría cuestionar por qué estaba junto a Daryl en una celda, existían pasos que ninguno de los dos había afirmado todavía.
—¿Sigue intentándolo? —cuestionó dejando una de las camisetas sobre el asiento para acercarse y darle un beso de bienvenida.
Daryl, tras devolverle el gesto, asiente y deja la ballesta cerca de ellos, luego, se quita el chaleco de cuero y la camiseta.
—Sigue averiguando.
—Qué entrañable —dijo observándole sin reparo—. ¿Qué te ha dicho esta vez?
—Que era un boy scout.
—Uau.
—Sí… —afirmó llevando las manos al cinturón. Se detuvo al notar que le miraba—. ¿No vas a darme una camiseta?
—No —negó rotunda y con la boca estirada.
—Fuh… —Se movió para intentar atrapar una, pero ella se interpuso y su mano dio de lleno en su estómago. Continuó por el otro lado y Carol volvía a estar ahí. Esa vez, atrapó uno de sus senos por error—. Ah.
—¿Ah? —cuestionó divertida plantado su mano sobre la de él—. ¿Sólo "Ah"?
Soltó lentamente aire por la nariz, con sus ojos dilatándose de deseo.
—¿Cuándo le vas a decir lo que eras?
Él apartó la mirada de su cuello para centrarla en sus ojos.
—¿Qué? —preguntó perdido. Su mente estaba más en otro lado —justo en sus senos—, como para darse cuenta que ella quería continuar la conversación. Aunque estaba seguro que esa endiablada mujer lo hacía aposta—. ¿Decir qué?
—Lo que eras antes.
Daryl gruñó, empezando a retraerse al comprender. Pero ella, más avispada, le asió la mano para meterla bajo su camiseta. Sus dedos dieron de lleno contra su piel y él apretó los labios al percibirlo. Carol se había dado cuenta de que le gustaba más encontrarla sin sujetador. Le excitaba como un condenado.
—Ambos sabemos que…
Frunció el ceño al notar la suavidad, arrugando sus dedos sobre el seno, maravillándose de la forma en que este endurecía como respuesta. Levantó la otra mano con cierta torpeza, deteniéndose en el aire.
Repentinamente, parecía que nunca hubiera hecho eso antes.
Carol tomó esa mano también y lo guio hasta que atrapó el otro seno. Se chupó el labio inferior y levantó sugerentemente las cejas.
—¿Y bien? —preguntó.
Daryl soltó el aliento haciendo un gran esfuerzo por pensar con su cabeza de arriba.
—Yo no era nadie antes de todo esto.
Ella arrugó la boca, desagradada con esa respuesta. Se echó hacia atrás y, con ello, se cortó el contacto entre sus manos y esa parte que lo volvía loco.
—Vuelve a probar.
—¿Es un juego de preguntas? —cuestionó irritado por haber roto la magia del contacto.
Carol miró al techo pensativa. Cuando le miró de nuevo, su actitud divertida continuaba.
—Algo así —dijo levantándose la camiseta para que esa vez, su vista disfrutara como ella de él desnudo.
No podía negarlo, ese hombre la volvía loca sin que lo supiera. Por supuesto, la vista de Daryl bajó hacia sus senos, con las cejas fruncidas y los labios entre abiertos. Parecía recordar perfectamente lo que era besarlos, mamar, morder y excitarlos hasta el punto que era doloroso para ella.
—¿Qué quieres que diga? —gruñó ronco.
Carol solo tuvo que bajar un poco la vista para notar que sus pantalones iban a empezar a molestar contra su erección.
—La verdad.
—Un mierda.
—Helado.
Empezó a bajar la camiseta y él maldijo entre dientes una vez más.
—Era… un sobreviviente.
Eso le gustó más. Dejó la camiseta levantada y elevó una ceja, ladeando ligeramente la cabeza, invitándole a continuar.
Daryl chasqueó la lengua.
—Cazaba para sobrevivir y vendía mis presas para sacar pasta para comida o algo más.
Ella sonrió y como premio, avanzó hacia él. Le tomó las manos para posarlas, en lugar de sus senos, contra sus nalgas y pegar sus pechos contra el de él.
—¿Ves que no era tan difícil? —cuestionó antes de besarle—. Puede que para ti eso no sea nada, pero te aseguro que para una mujer, eso es fascinante.
Daryl apretó sus manos alrededor de sus nalgas, empujando sus caderas contra ella, mostrando hasta qué punto lo llevó a la locura.
—¿Por qué? ¿Acaso no era la cartera llena lo que les gustaba?
Ella negó.
—No a todas. Y no todos los hombres con cartera llena son los correctos. Si un hombre es capaz de tenerte la nevera llena, aunque sea cazando, es increíble. Las joyas y el dinero no sirven de nada ahora mismo. ¿Verdad?
—Fuego y armas —sopesó él. Aunque no parecía muy seguro mientras se frotaba contra ella y mordisqueaba su cuello.
—Eso es cierto —reconoció ella sonriendo un gemido—. Puede que para ese chico no sea gran cosa, porque espera que su héroe sea algo más, pero para mí… Oh, dios, para mí es increíble.
Daryl detuvo sus besos en su cuello para mirarla. Incluso detuvo el movimiento de sus caderas a los que ella había empezado a corresponder. Cuando se encontró con sus ojos estaban acuosos.
—Sobrevivir no es un cuento chino, Daryl —aseguró—. Me alegro que lo hicieras. Dios, me alegro de que sepas rastrear o cazar. Me alegro que tu paciencia sea tan grande como para eso.
—¿Tienes hambre o qué? —cuestionó algo inocente.
Se incorporó para tocar su cara y quitarle lágrimas de las mejillas.
—Puedo ir a cazarte algo.
Ella negó.
—Lo que puedes hacer ahora mismo, Daryl Dixon, es hacerme el amor.
Él la miró profundamente. Su boca se curvó y su mirada recorrió todo su rostro, deteniéndose en sus labios.
—Eso no tienes más que decirlo, joder.
Su risa le llenó los oídos y su cuerpo, de calor.
