El capi está basado en el capítulo en que algunos se vuelven zombies por el virus. No sé de dónde salieron estos dos, pero en mi mente estaban juntitos.
Retazos
22º
Infectados.
Justo antes de que todo se volviera loco, Carol estaba besando a Daryl, escondidos en uno de los rincones de la biblioteca. Sabía que podía quedarle poco tiempo ahí como profesora. Cuando Rick se enterase, no dudaría en alejarla de los niños.
Sin embargo, que estuvieran ambos ahí no era por eso.
Daryl había buscado un lugar tranquilo para hablar de la muerte de Zack y cómo afecto esto a Beth. Carol le aconsejó que quizás necesitaba tiempo o algo que la detonase, pero que estaba de acuerdo con ella en que estaba harta de perder a gente.
Por eso, secretamente, enseñaba a los niños. Estaban en un mundo en el que tenía hijos descuidados, creyendo que su infancia podía ser como antes, como pensó con Sophia, era impensable.
Podían culparla lo que quisieran, pero no quería una Sophia más.
Sin embargo, como sucedía siempre entre ellos, al momento en que se abrazaban necesitaban algo más. Un beso, aunque fuera casto. Notar sus labios contra su piel y acurrucarse en la calma que él le otorgaba.
Sin embargo, continuaba siendo una cobarde que no podía sacar a la luz esa conversación que tenían pendiente.
¿Aquello era sólo eso? ¿Sexo?
Consideraba que no. Amistad, una conexión especial que fue creciendo y enlazándolos al punto en que terminaron entre las sábanas, como se diría antes.
Carol se había vuelto muy, pero muy, egoísta en eso.
Se negaba a perder. Especialmente, a Daryl.
Lo abrazó con más fuerza contra ella, con una necesidad muy diferente al sexo. Aunque debía de reconocer que imaginarse aferrada a libros mientras él estaba dentro de ella, volviéndola tan loca mientras la penetraba rotunda y virilmente era una idea idílica.
En algún momento de su vida dejó de fantasear con actores para quitarse de la mente a Ed, a tener siempre presente a Daryl. Y eso, la llevaba a pensar más en la idea de que un día de esos, iban a tener que hablar de amor.
Sin embargo, cuando él separó su boca de la suya y la miró inquisitivamente, ella no pudo más que morderle los labios para no decir nada.
Sabía que Daryl era un alma libre. Que ocupara su cama algunas noches o que permitiera que le dominara con miradas o morritos, no significaba que estuviera listo —probablemente nunca—, a enlazarse para siempre con ella.
—¿Qué ocurre? —preguntó él enderezando la espalda.
—¿Qué? —cuestionó algo aturdida por sus pensamientos y por lo que estaba haciendo.
Pero Daryl no lo preguntaba por ella. Mantenía la mirada en la puerta y ella le imitó, agudizando el oído.
Fue entonces cuando escucharon el disparo. Ambos se miraron un segundo antes de echar a correr para ver qué ocurría.
Aunque nadie le dijo que aquello era el comienzo del caos.
El caos que la separaría de Daryl por primera vez.
