Inspirado en esa noche que pasó antes de que Daryl y Rick tuvieran la conversación de que ella no estaba…
Retazos
25º
Ausencia
Marcharse realmente era imposible del todo. Pasar la noche en el coche fue una tortura. Echaba de menos muchas cosas. Su mente no cesaba de preocuparse por Lizzie y Mika. Y la parte de su corazón y alma de Daryl. ¿Qué pensaría él al ver que ella no estaba allí? ¿La estaría echando de menos? Porque tenía la fe de que él regresó a la prisión junto a las medicinas.
Esperaba que Lizzie recibiera las suyas.
Sabía que Daryl las cuidaría de ser necesario. O Maggie y hasta Rick. Aunque este priorizaría a sus hijos.
—Dios, Daryl…
Se frotó el rostro para retirar las lágrimas furtivas y miró a la oscuridad. El coche se había detenido en una de las carreteras secundarias que llevaban a la prisión. Lo sentía por Rick, pero no podía alejarse. En esa prisión estaba parte de su vida ahora. Una promesa que hizo a un hombre moribundo.
Y el hombre que le había más que nadie en toda su vida.
De sólo pensar en él el cuerpo y el corazón le dolían. Era irremediable. Si dejaba a las niñas de lado, cosa que era impensable, Daryl ocupaba una gran parte importante de su mundo.
Se miró las manos, temblorosas y apoyó la cabeza contra el volante. Necesitaba tanto que la abrazara en este momento. Que la consolara. No estaba segura del todo si él se hubiera puesto de su lado, pero habría sido más comprensivo que Rick. O eso quería creer. Porque también esperó eso de Rick y no lo fue.
Sintió de nuevo las lágrimas llegar a sus ojos.
La ausencia era terrible. Dolorosa.
No puedes quitarme a Daryl… No puedes.
Cerró los ojos y se abrazó a sí misma. La noche eran más frías en el exterior de lo que recordaba. O quizás, es que se había acostumbrado de nuevo a tener a alguien que calentaba su cama.
La imagen de Daryl a su lado, sonriendo tímidamente mientras acariciaba su cabello. O el aroma de su cuerpo tras el sexo. La forma en que tocaba su piel como si fuera capaz de romperla. Sus besos. La forma en que era capaz de llevarla rápidamente al éxtasis o simplemente su voz en medio de la noche.
La seguridad que le otorgaba. La complicidad. El enlace.
Eran cosas que esa noche estaban haciéndole más daño que nunca.
Y no podía soportarlo.
Intentó poner el coche en marcha de nuevo, pero este no respondió. Golpeó el volante repetidas veces, abrió la puerta y salió.
Lo sentía por Rick, pero iba a desobedecerle.
Y Dios, menos mal que lo hizo…
Menos mal.
