Tras escapar de la muerte de la prisión el camino los separa…
Retazos
26º
Lejos.
Cuando todo se fue a la mierda Daryl terminó separado del resto con Beth y comenzó a hundirse en lo más hondo. Se sentía miserable, de nuevo, como una condenada bomba de explosión.
Mientras corrían por sobrevivir, solos, hasta que, sentado frente a una hoguera empezó a darse cuenta de cuánto había perdido. No sólo por los muertos, porque ver morir a Herssell no fue agradable para nadie. Y ahora, su hija dependía de él.
El mayor punto es que ahora Carol no tenía un lugar de referencia para regresar. No quería imaginarse que decidiera dar la vuelta y volver a la prisión para ver todo aquel desastre. Capaz y creía que habían muerto y se ponía a buscarlos entre los muertos.
Ahora, tras haberse alejado tanto tampoco podía ir en su búsqueda como había pensado hacer antes. Porque no tenía un lugar ya para seguir. El gobernador y sus hombres destruyeron cualquier pista que pudiera lograr. Cualquier esperanza.
Deseó poder tenerla ahí para estar más tranquilo, poder serenarse mejor.
Podría haber hecho muchas cosas…
Y no había logrado nada.
Ni salvarla a ella. Salvar al padre de Beth o descubrir dónde estaban los demás. Ni siquiera matar al Gobernador. ¡Podría haberlo hecho y no lo hizo! ¿De qué servía tener buena puntería si a la hora de la verdad no eras capaz de ayudar?
Sin embargo, Beth estaba ahí con él. Era una de las supervivientes y estaba pasando su mismo dolor. Estaba dispuesta a tener esperanza. Una que él estaba perdiendo.
Era como si Carol y su recuerdo estuvieran más y más lejos. Por más que extendiera su mano no podría tocarla porque no había nada de ella allí.
Que Beth continuara insistiendo en que tuviera fe le irritaba. Le ponía de mal humor cada vez más. Era como si ella fuera presionando el botón poco a poco.
—Podrías tener algo de fe.
—¿Fe? ¿De qué le sirvió a tu padre esa fe?
Se percató de sus palabras justo al decirlas. No bastaba la mirada de Beth para reafirmar su error. Él mismo lo sabía.
Pero no podía compartir con ella que no sólo la muerte de su padre o de aquellos con los que había congeniado le afectaba. Había mucho más… Más que no podía contarle. Más que esperaba que siguiera existiendo.
¿Estaba ahí la fe?
Pedir disculpas no siempre es fácil, le había dicho Carol tiempo atrás. Él se había mofado que nunca necesitaría pedirlas. Ahora se percató de que ella tenía razón y le recordó a esas viejas series en las que al hombre le costaba admitir que la mujer siempre tiene la razón cuando avisa de algo y que los varones, son incapaces de admitir, sea por orgullo o por vergüenza.
Al menos, alguien lloraba de los dos.
No era capaz de abrazar a Beth del mismo modo que habría hecho con Carol de verla así. No sabía cómo corresponder. Es como si ella se hubiera llevado toda su capacidad de conectar. O simplemente era el enfado, la rabia de saber que tenía razón. Quizás ahora comprendía un poco mejor a esas mujeres.
Y cuanto más lo pensaba, más echaba de menos a Carol.
Claro que él no sabía, en ese momento, hasta llegar a las vías del tren con Beth, que las huellas que habían seguido lo enlazaban también a Carol.
