Está basado en el capítulo de Carol, Ty y las niñas, así que tiene mucho de ellos, pero tenía que meter cositas de recuerdo de la pareja. Aunque sea triste.


Retazos

31º

Ya no están.


Esa noche antes de toda la desgracia que acontecería con las hermanas, Carol y su grupo descansaban en las vías del tren, acurrucados. Menos Lizzie y ella que estaban sentadas a un lado, con la pequeña Judith entre sus brazos.

Montar guardia era importante en un lugar tan abierto y en la oscuridad.

Lizzie comenzó una conversación bastante preocupante para la niña que terminó con la incómoda pregunta de si tenías hijos.

El recuerdo de Sophie todavía dolía, desgraciadamente. ¿Cuántas veces había llorado acurrucada contra Daryl ante ese recuerdo? No consideraba que fuera algo que la hiciera sentirse más débil, pero ahí estaba el extrañarla y era su hija, no alguien ajeno. Esa niña había salido de sus entrañas.

—¿Cómo era?

Carol sonrió al recordarla. La de veces que le había sonreído. Lo poco egoísta que era. Su cariño. Cómo se acurrucaba contra ella en busca de calor.

—Era un encanto.

Bajó la mirada, sintiéndose algo culpable por recordar donde nació.

—No tenía ni un ápice de maldad en su cuerpo.

No como su padre. Era, justo, como el padre que a ella le hubiera gustado que fuera en realidad. Y aunque era algo que podía repetirse para sentirse mejor, eso no cambiaría que, a día de hoy, aunque lo pensara, Daryl pudiera ocupar el lugar de Ed.

—¿Por eso no está aquí ahora?

No pudo evitar mirar a la niña con cierto espanto y duda. ¿Qué podía decir? Aunque visto de cierta manera, era mil veces mejor que Sophie no hubiera sido testigo de la crueldad de ese mundo.

—Sí.

Miró a la noche con la boca tirante. Si Daryl hubiera estado ahí, seguramente le habría dado la razón o le habría asegurado de que existía la posibilidad de haberla salvado, que recordara a Carl, pero ambos sabían perfectamente que ese amargor no ayudaba.

—¿La hechas de menos?

—Todos los días.

Echaba de menos despertarse y encontrársela acurrucada contra su estómago si había sido un mal día. O en su cama, asomándose bajo las sábanas tímidamente por cautela. Echaba de menos preparar su bebida favorita. Incluso las canciones que cantaba y ella terminaba aprendiéndose por inercia.

Añoraba el olor de sus cabellos o de reír mientras jugaban en la bañera.

—Será mejor que te marches a dormir. Mañana te necesitaré, así que duerme.

Lizzie obedeció y tras darle un abrazo fue a dormir con el resto, pero Ty se despertó en medio de una pesadilla. Ella sólo pudo mirarle y comprender.

Ahora eran más duras que antes. Porque cuando las pesadillas acontecían ya no estaba Daryl a su lado para acurrucarse conta él y llorar de miedo a su lado. Ya no podía besarle para olvidarse de todo o unirse en cuerpo y alma para no sentirse tan sola.

Ahora, sólo quedaba apretar los dientes y soportarlo.

Mientras curaba a Ty más tarde y aunque su conversación era realmente importante hacia las niñas, no pudo evitar recordar que aprendió de Hersell la medicina natural y que fue Daryl el que le enseñó a encontrar esos resquicios entre los árboles.

Si buscaba un poco más en sus recuerdos, le venía a la mente un día que ambos salieron de caza juntos y en el que ella se hirió. Él tuvo que impregnar su brazo y cubrir la herida y ella, demasiado traviesa, se lo puso bastante difícil tocándole el rostro, los labios, los cabellos y con su acostumbrado "para" antes de besarla.

Carol lo echó de menos una vez más.

Más tarde, tras encontrar la casa en el bosque, Ty apareció más contento, alegando que sólo quedaba conseguir uno de los ciervos y cazarlo. Carol, por naturaleza, aseguro que lo cazarían.

Era algo automático que aparecía sin querer, como quien enciende el interruptor en una pared. Ciervo era equitativo a cazar. Cazar lo era a Daryl.

Que Mika hablara la sacó de sus pensamientos de nuevo. Aplacando el tormento de la añoranza una vez más.

Ni él ni Sophie.

Ya no están.

—Deberíamos vivir aquí.

La inocente voz de la niña obligó que ambos mayores se mirasen. Carol sonrió algo inquieta. Desde hacía unos meses, cada vez que esa idea había surcado su mente no era en esas condiciones. Puede que una casa así, sí, pero la compañía no.

Se había imaginado diversas veces con Daryl, despertándose de madrugada para hacer el amor porque él saldría a cazar y tardaría horas en regresar. Ella pensando en las tareas del hogar y reforzar el hogar. Esperándole con un cigarro en la mano que sabía que él tomaría. Besándose hasta que la pasión volviera a sucumbir y quizás, después, cuando estuvieran algo más satisfechos comer y continuar con sus tareas ante que anocheciera. Podían contarse historias, reírse de tonterías y mirarse por horas.

Cosas idiotas. Cosas que pudieron hacerla feliz.

Sueños que ya no estaban. Que ya no podían estar.

Porque el mundo, tiempo más tarde, le recordó que no dejaba de ser un lugar tenebroso en cada esquina. Doloroso y le golpeaba de nuevo con una bofetada de dolor.

Ty y ella habían salido a cazar. La conversación fue muy intensa debido a que él continuaba soñando con Karen y hablando de ella abiertamente, de sus sentimientos de dolor. Ella se sentía culpable por lo que hizo, incapaz de decirle que fue ella quien le arrebató a la mujer que amaba. Ahora, cada vez que se ponía en su lugar era más y más doloroso…

Por suerte, la conversación se enfrió contando los chistes malos de su ex marido y se percató que, haber hablado de él con Daryl la ayudó más de lo que esperó. Hablar frescamente de su estupidez ayudaba.

Hasta que pasó aquello.

Lizzie mató a su hermana.

De nuevo, había perdido una niña buena, inocente, a la que no consiguió ayudar a sobrevivir. No percatarse de la locura de la mayor fue la causa, pero echarse las culpas era lo mejor que podía hacer.

Con Ty, llegar a la conclusión de que Lizzie no era apta para estar con otras personas, proteger a Judith se convirtió en lo más adecuado.

El dolor de perder no era tan grande como el de quitar.

Para la muerte de Sophie ella no cavó su tumba. Se negaba rotundamente a admitir que ella ya no estaba. Incluso Daryl se enfadó con ella por eso. Ahora entendía y aceptaba mejor todo aquello. Cavar era parte del proceso.

Esa vez, no tenía el hombro de Daryl para llorar. Esa vez, estaba sola.

Y estaba cansada. Cansada de perder.

Ya no volverán…

Por eso, esa noche se confesó a Ty. La verdad de lo que hizo, abriendo su corazón y poniendo en sus manos su vida.

—Haz lo que tengas que hacer.

En un tenso momento en que estaba abandonada al final, esperó. Con la cabeza estallándole de recuerdos. De sonrisas que ya nunca volvería a ver. De personas a las que no podría volver a besar.

El dolor de estar sin ellas, lo ponía en manos de ese hombre.

—Te perdono. Nunca lo olvidaré. Ocurrió. Lo hiciste tú. Lo sientes. Sé que lo sientes. —Ty negó con la cabeza lentamente, sin apartar la mirada de ella—. Ahora forma parte de ti. Y de mí. Pero… te perdono.

—Gracias.

Ty no iba a darle esa oportunidad de marcharse. No bajo sus manos. De nuevo, la vida le volvía a gritar que continuara adelante. La última vez fue cuando Daryl la encontró.

Y ahora, ya no está.