Notas : ¿Pueden escuchar las canciones que se mencionan a lo largo del capítulo.
Capítulo 3: ¿Quieres diversión?
Los nervios me carcomen. Ya casi es hora. Es increíble lo bien que han decorado el lugar. Sillas ordenadas en fila, con perfecta alineación y espacio entre ellas. Un altar cerca de una laguna que se encuentra a unos cuantos metros de la mansión, el cual se encuentra decorado por flores rojas y blancas, sin olvidar las antorchas que iluminan el lugar, debido a que el atardecer casi llega. Las damas de honor, toman sus respectivas posiciones y me preparo para enfrentar lo que viene por delante.
Una melodía sublime comienza a sonar de fondo, está compuesta principalmente por dos instrumentos: un violín y el sonido de un piano. Y así, la ceremonia nupcial da inicio. Las damas de honor comenzamos a andar con paso lento, calculado, para no demorar más o menos de lo debido. Al dar un par de pasos, me doy cuenta de unas miradas indiscretas por parte de Inuyasha; las cuales van dirigidas a una coqueta prima que pasa por su lado, moviendo sensualmente sus caderas al caminar. Ya puedo imaginar una disimulada sonrisa triunfal en su rostro por captar su atención. También logro notar el disimulado codazo en la costilla que Kikyo le propinó a su acompañante y de paso fulminando con la mirada a Kagome tras verla caminar hacia el altar. Es algo que le comentaré cuando todo este rito acabe. Pegará un grito de felicidad que se escuchará en cada extremo del país.
Mis padres, Masayoshi y Leiko Higurashi, no me pierden de vista, haciéndome saber que no desean que haga algo para avergonzarlos o arruinarle el momento a mi hermana. Tranquilos, aunque tenga ganas de salir corriendo, mis pies no me lo permitirían. La carga emocional ha sido mucha para un solo día. A veces me pregunto si algún día dejarán de verme con desagrado o reproche.
En el altar, puedo distinguir a un anciano juez, quien será el encargado de dirigir la ceremonia. Cerca de él, diviso al distinguido novio que no aparta su mirada de la mía. Me percato que la flor que antes tenía detrás de mi oreja –la cual él arrebató antes de besarme-, está adornando su esmoquin. Lo hizo de manera intencional. Me ordeno a mi misma el controlar mis emociones, mientras mi corazón sigue resquebrajándose en enormes pedazos. En mis manos se mantiene un cojín de terciopelo, donde están puestas las sortijas de enlace. De todas las mujeres, justamente tenía que ser yo la encargada de esta tarea. Maldecía mi suerte y a Mei por escogerme. Realmente comenzaba a odiarla, porque sabía muy bien sus motivos para hacerlo.
La marcha nupcial comienza a sonar una vez que estamos posicionadas en nuestros respectivos lugares, y los invitados se giran automáticamente para observar a la radiante novia que camina de forma ligera por la pulcra alfombra roja, la cual se dirige al altar con una sonrisa amplia, que no pasa desapercibida a pesar de que su rostro esté cubierto por un velo semitransparente.
A mis progenitores se les nota a millas de distancia que se sienten orgullosos de su hija mayor. Totalmente dichosos por el nuevo paso que dará en su vida. Muy al contrario de la expresión que me dedican cada vez que estamos frente a frente. ¿Diferencias entre una hija y otra? ¿Dónde?
Mei llega al lado de Sesshomaru, viéndolo de forma embobada. En cambio él, la mira de forma glacial y sin expresiones fuera de lo común. No se ha inmutado por su apariencia o belleza, aunque ella no parece notarlo. Ambos se giran en presencia del juez y la ceremonia da inicio.
Debo aceptar que mi estómago está hecho un nudo, y que mi corazón mantiene la diminuta esperanza de que él se arrepienta en última instancia y huyamos juntos, tal como suele ocurrir en las películas de romance. Revivo el beso en su recámara y me digo a mi misma que las palabras de amor que él me profesó –a su manera- no fueron producto del momento. Me niego a ello.
Si no me hubiese detenido, ese beso hubiera llegado más lejos de lo que nunca imaginé.
Una voz monótona y masculina me saca de mi ensoñación y me trae de vuelta a la cruda realidad, al momento en que hizo la pregunta crucial:
-Higurashi, Mei. ¿Acepta usted a Taisho, Sesshomaru, como su legítimo esposo, ante la ley de Dios y del Hombre?
-¡Si, acepto! –Responde emocionada, dedicándole una amplia sonrisa a su acompañante-
-Y usted, Taisho, Sesshomaru. –Prosigue el hombre con su labor, con un tono solemne en cada palabra emitida por él- ¿Acepta a Higurashi, Mei, como su legítima esposa, ante la ley de Dios y del Hombre?
No, por favor, no. Suplico en mi mente, en el breve instante en que nuestras miradas se encuentran. Sesshomaru, no lo hagas.
-Acepto. -Responde finalmente tras desviar su mirada ambarina hacia mi hermana mayor, y mi mundo se derrumba en el instante.-
Fui una tonta. Debí pedirle que huyéramos juntos en cuanto tuve la oportunidad, pero no; tenía que pensar en Mei. Por cobardía. Ahora él le pertenece a ella y no podré hacer nada al respecto. No importa lo que sintamos el uno por el otro, lo nuestro jamás pasará.
Doy un par de pasos en dirección a ambos, extendiendo el cojín con las argollas matrimoniales. Les dedico un lamentable intento de sonrisa mientras contengo mis lágrimas. Creo que pocas veces en mi vida he tenido este nivel de fuerza interior. Una vez posicionados los enlaces en sus dedos anulares izquierdos, me retiro a mi puesto, al lado de Kagome quien no me ha perdido de vista ni por un minuto. Hace un ademán para coger mi mano, pero se arrepiente. De seguro pensó que alguien podía notar ese simple gesto y darse cuenta que estaba sufriendo por esta situación. Concuerdo con ella, ya que mi madre me observa con crítica latente, aun cuando su atención sigue relacionada en Mei.
Ambos protagonistas firman el formulario que los hace un matrimonio legal según las leyes del Japón y finalmente el anciano juez, proclama ante la plebe:
-Hoy los declaro, marido y mujer. ¡Les presento formalmente al señor y señora Taisho! Muchas felicidades. –Les dice confidencialmente el hombre a la pareja de recién casados-
Un aplauso general se escucha cuando los concurrentes de la boda se incorporan de sus asientos. Me obligo a participar de ello aunque no lo desee. No debo llorar. No deben saber el dolor que me produce todo esto. No deben notar que estoy muriendo en vida. Mucho menos cuando Sesshomaru, quita el blanco velo para descubrir el rostro de Mei, y le besa castamente los labios por un breve instante. Ella sonríe como si se hubiese ganado el premio mayor en la lotería de la vida.
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La fiesta nupcial transcurre lentamente a mi parecer, llena de formalidades y ostentaciones. Mis padres realmente se han esmerado en dar una buena recepción y entretención a los espectadores de esta unión. Trescientas personas en general y ni siquiera conozco a la mitad de ellos. No creo encajar en este evento por más que lo intento. Me aparto de la muchedumbre, y le solicito a un joven camarero que me sirva el trago más potente que tenga. El muchacho que atendió mi pedido, no tarda más de un minuto en entregarme un vaso de bourbon doble y no dudo en beberlo de golpe. Siento mi garganta arder, pero no importa. Al menos eso ayudará a mitigar levemente mi triste estado.
-¡Rin! –A mi lado aparece Inuyasha, con el nudo de la corbata aflojado, sin chaqueta y en su rostro hay dibujada una enorme sonrisa- Al parecer tú también necesitas beber para soportar esta aburrida y protocolar fiesta. –Sostiene un vaso con un contenido que desconozco-
-No sabía que lo tuyo era la telepatía. –Le sigo el juego de forma amable. Después de todo, fue novio de mi prima y había tenido la oportunidad de entablar conversaciones con él en más de una ocasión- Realmente, esto no es lo mio, Inuyasha.
-Ni lo mío tampoco, niña. –Ríe jovialmente, mirando a un punto entre la muchedumbre que no logro descubrir.- Rin, necesito preguntarte algo, –Se acerca un poco más a mi y me pregunta en un susurro- ¿Kagome no ha venido acompañada?
-No es de tu incumbencia, ¿o si? –Le respondo en el mismo tono de voz, y por un momento me siento contagiada con su alegría natural-
-¡Vamos, pequeña! No seas mala y contesta mi pregunta. –Insiste a la vez que bebe un poco de su trago-
-Pues, no. No ha venido acompañada. –Le respondo al fin y al cabo, notando como una sonrisa de suficiencia se dibuja en sus labios.- Sin embargo… –Le detengo antes que diga alguna bobería- Eso no significa que no pueda estar acompañada en lo que resta de velada. –Le guiño el ojo a la vez que le apunto la ubicación de mi prima, quien reía jovialmente con uno de los invitados. Si bien no era tan apuesto como Inuyasha, no había que restarle crédito- Puede tener a cualquier hombre bajo sus pies. Cuando quiera y como quiera. ¿No lo crees?
-Eso fue un golpe bajo, Rin. –Reconoce sin perderlos de vista.-
-Lo sé y te lo merecías. –Le palmeo suavemente el hombro, y nuevamente soy su foco de atención- Has sido un completo idiota estos meses y para colmo de males traes a esa joven, Kikyo. La que resulta ser la mujer de la cual, Kagome, siempre tuvo sospechas de que tenían algo más que una buena amistad.
Antes de que lograse pronunciar una sílaba, Masayoshi Higurashi, mi padre, llama la atención de los asistentes a través de un micrófono y sostiene distinguidamente una copa de champagne en su mano. Para variar, da un discurso donde no deja de alagar a su hija favorita, deseándole la mayor de las prosperidades en su matrimonio y haciendo uno que otro mal chiste. No sé si es producto del licor en mi sistema, pero no puedo evitar reír, aunque fuesen aburridos.
Después de un brindis en honor a los recién casados, estos elegantemente se dirigen a la pista central y bailan el tradicional vals. Yo me margino de esa situación, debido a que en algún momento tendría que bailar con mi "cuñado" y lo que necesitaba era mantener una prudente distancia de su persona. Así que me dediqué a esperar –interminablemente- a que todos cesaran de danzar esa cursilería y bailes lentos para ir a beber otro poco. Sin embargo, Inuyasha tenía otros planes y me detiene gentilmente:
-¿Quieres divertirte?
-Es obvio, ¿no crees? –Respondo sin entender lo que planeaba- Por eso iba por otro trago.
-¡Deja eso para después que la noche es larga! –Sonríe como si tuviera la idea más genial del mundo- ¡Espérame aquí un momento, y no te muevas hasta que te dé una señal! –Me pide para desaparecer del sitio que compartíamos.-
Sin perder tiempo, lo veo ir rápidamente a la orquesta y hablar con el director de esta, de forma cómplice y secreta por unos momentos. Al parecer ha logrado algo ya que frota sus manos con satisfacción. En un santiamén, está en el centro de la pista y extendiendo su mano en mi dirección. ¿Qué demonios? ¿Esa es la señal? Pensé cuando comencé a escuchar una melodía que reconocía a la perfección y que contrastaba totalmente con el estilo de la fiesta: Rock & Roll. Moviendo su cuerpo, improvisa una serie de pasos al momento que el cantante de la orquesta imita al gran Elvis Presley, con la canción Blue Suede Shoes. De forma automática acepto su invitación, quitándome los incómodos tacones que Mei me obligó a usar. Los dejo a un costado de la pista, y voy hacia Inuyasha al ritmo de la melodía y dejando que mi cuerpo fuese libre. Tomándonos de las manos realizamos unos pasos clásicos, algunos más osados que otros, ganándonos miradas indiscretas por parte de algunos invitados.
Nunca en mi vida imaginé que me encontraría bailando con el ex de mi prima, y menos esta clase de danza típica de los años cincuenta. Debía admitir que esto se le daba muy bien. Incluso, cuando menos me lo espero, me eleva por los aires en un momento y no puedo evitar dejar libre un grito por la emoción. ¡Qué locura! Echando un vistazo rápido, pudimos percatarnos que un círculo de gente nos rodeaba, observando atónitos nuestro espectáculo. Mi pareja de baile lució complacido por ello y pareció darle más incentivo para no detenerse. Dejar de mover nuestros pies y manos no era opción.
Ya podía ver a mi madre escupiendo un poco de vino ante mi osadía.
Una segunda canción se distinguió al finalizar la principal. Esta tenía por nombre Rock around the clock (1), aunque desconocía al intérprete de esta. Kagome, quien estaba mezclada con la multitud, nos alentaba aplaudiendo con evidente energía, para luego animarse a bailar con el guapo y desconocido acompañante que no se apartaba de su lado. Increíblemente, muchos más se integraron al baile, el cual no era nada tradicional en nuestra cultura, pero no menos entretenido. Por un momento me olvidé de todo lo malo, solo existía el ahora y lo bien que lo estaba pasando. ¡Quién diría que una solista de cello bailara de este modo! Si de algo era culpable, era hacer que un montón de aburridos perdieran el pudor y probaran cosas nuevas.
Para finalizar el baile, Inuyasha fingió tocar una guitarra eléctrica, a la vez que se deslizaba por la pista como un rock star, mientras que yo movía la larga falda de mi vestido de forma agraciada, desatando la risa y aplausos animados de muchos. Ahora si pude entender el motivo por el cual Kagome seguía enamorada de él. Expresivo, lleno de energía, sin escrúpulos sociales y desbordante en simpatía. Realmente Inuyasha era muy diferente a su hermano.
Como el agua y el aceite.
Como era de esperar, tras finalizar nuestro frenético bailoteo, mi padre me ha dado una disimulada reprimenda tras bambalinas. Por ese motivo, me he comportado como una señorita de alcurnia lo que ha restado de celebración. Creo que nos hemos quedado sin invitación para el próximo evento familiar que se realice. Portando nuevamente mis tacones altos, a ratos me mezclaba en medio de la multitud que danzaba estilos más refinados. En una que otra ocasión, acepté bailar con algún joven que no se percataba de las desaprobatorias miradas que nos dedicaba un individuo desde la mesa de los novios.
Al menos todo ese alboroto sirvió de algo. Inuyasha y Kagome se habían acercado un poco más, después de que Kikyo se fuese indignada de la fiesta. El motivo: su guapo acompañante no le había brindado la suficiente atención por más que le reclamó e intentó participar en sus actividades. Y como a mi no me gusta ser mal tercio en medio de una pareja, me escapé a una mesa solitaria para comer algo de pastel, para mitigar el mareo provocado por el vil alcohol. En vez de sentir el dulzor del pastel de bodas, era masticar amargas cenizas en mi boca. Desagradable. Pero, debía tener algo de contenido mi estómago para no caer en un estado de evidente embriaguez.
Lo que no imaginé, fue ver un brazo extendido en mi dirección, exigiéndome bailar al menos una vez. Es Sesshomaru, quien no me quita la vista de encima. Pensé en negarme, más sé de buena fuente que no ganaría nada con ello. Era un caso perdido y no se movería de ahí hasta darle en el gusto. Cojo su mano y me arrastra de forma diplomática hacia la pista de baile. Suena una canción lenta. Hasta romántica en cierto modo. La he escuchado antes: es Maybe I, Maybe You (2).
Sesshomaru, tan elegante como siempre, posa una mano en mi espalda y encierra mi mano con la otra. Por mi parte, deposito mi mano libre sobre su hombro. Comienza a bailar ligeramente, a tal punto que creo que puede levitar. Sus pasos me guían y me atrapan en una interminable espiral. Intento no pensar en su asfixiante cercanía y me dedico a analizar la letra de la canción y es bella a mis oídos. Habla de poder hacer un cambio en el mundo, de estar en busca de un alma perdida en la oscuridad. De poder encontrar la llave a las estrellas para atrapar el espíritu de la esperanza, para salvar a un corazón desesperanzado. Tal como el mio.
-Interesante canción. –Comenta en voz baja mi pareja de baile, atento de las miradas que muchos depositan en nosotros-
-Ya lo creo.
Responder con cierta monotonía es lo único que me permite hacer mi confundido cerebro. Tras cada ligero paso, nos adentramos hacia el centro de la pista, mezclándonos con algunas parejas que han encontrado un momento de ligue en todo lo que lleva la velada. La tenue luz de los reflectores iluminan nuestro delicado danzar, y me da la impresión que por un breve instante el tiempo se detiene. Como si no hubiese nada ni nadie a nuestro alrededor. Es como las escenas románticas que se detallan en las películas o libros; donde la mirada de los protagonistas está llena de complicidad, con sus cuerpos en casi nula distancia, donde finalmente, el chico inclina hacia atrás a la joven enamorada y cierran los ojos para sellar el momento con un beso memorable. Estamos muy lejanos a esa situación. Ese pensamiento me llena de melancolía y lucho para no salir huyendo de ahí. Sé que no podré compartir más con él una cercanía como la de hoy.
-Intenta sonreír, Rin. –Solicita de manera no demandante por primera vez en su vida.- Eso es fuera de lo común entre nosotros.
-Lo haces sonar fácil. –Le dedico una forzada sonrisa, al momento que me suelta y me atrae hacia su cuerpo después de darme un giro sofisticado-
-Sandeces. –Responde de forma inmutable sin perderme de vista por un instante. Quisiera saber qué pasa por su cabeza, los misterios que oculta su astuta y sigilosa mente- Lo que no es fácil es querer besarte como en la habitación y no poder hacerlo, Rin.
-Sesshomaru.
No sé qué más decir. Me ha dejado perpleja y desarmada. Seguimos bailando en silencio lo que resta de canción en un silencio cómplice. Creo que ninguno necesita añadir algo al respecto, pues me encuentro en la misma situación que él. Intento guardar en mi memoria este momento, impregnarme de su olor varonil y del cálido tacto de su mano sobre mi espalda desnuda.
Al finalizar la melodía, nos separamos. Él saca la flor que adornaba su esmoquin y me la entrega nuevamente. Tan sigiloso como llegó, se marcha a la mesa que compartía con Mei, quien no nos dedicó una mirada muy aprobatoria que digamos. No sé qué comentario le habrá hecho cuando Sesshomaru llegó a su lado, pero él como de costumbre no debió darle importancia.
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Sábado 04 de noviembre- año 2017.
Han pasado casi dos meses desde la boda de mi hermana y mi ánimo no ha mejorado desde entonces. Tampoco he sabido algo sobre Mei y Sesshomaru, quienes se encuentran de luna de miel en algún punto de Europa. Mi hermana siempre estuvo obsesionada con conocer París, junto con la Torre Eiffel, y no descansó hasta que lo logró. Bien por ella.
En este tiempo me he dedicado a tocar cello en algunos bares de la ciudad para matar el tiempo libre y ganar dinero para solventar los gastos de mi departamento. Las cosas no han marchado muy bien, pero he decidido ser perseverante ante las dificultades que se me presenten. Todo este embrollo comenzó cuando descubrí una nueva faceta en mi vida que me dejó fascinada, y eso es la Pedagogía en Educación Diferencial. Una bella carrera que se encarga de las diversas dificultades en el aprendizaje de aquellos alumnos con necesidades educativas especiales, que pueden tener origen cognitivo, motor, auditivo, entre otros aspectos. He dedicado parte de mi tiempo a informarme sobre los pros y contras, así también de sus mallas curriculares. Lo que me ha dejado más entusiasmada de lo que llegué a imaginar.
Hasta ahí todo iba excelente, hasta que decidí informarle a mis padres que ya no deseaba seguir estudiando Ingeniería en Negocios Internacionales como Mei, quien ya está egresada hace dos años. Fui consiente que solo me quedaban dos semestres para finalizarlo, pero no me veía el resto de mi vida detrás de un escritorio ocupándome de los negocios de mi padre. Siempre me visualicé en el área musical o social, y esta última calza especialmente en la educativa, que su principal fin es guiar e incluir a los niños, jóvenes o adultos, que poseen las mismas oportunidades de aprender que los demás individuos de nuestra sociedad, pero que lo hacen a un ritmo más lento que la mayoría. Los que son marginados muchas veces por no estar en los estándares que muchos consideran como "normal". Tonterías. Eso no es más que para estigmatizar a las personas con etiquetas, con las cuales deberán cargar el resto de su vida si es que alguien no hace algo al respecto. Me proponía marcar la diferencia. Crear metodología, material didáctico y concreto, ser mediadora en el proceso de aprendizaje y darles la motivación necesaria que se requiere en el proceso.
Como era de esperar, mis padres rechazaron mi idea en el acto. Mi padre se enfadó tanto, que casi me golpea, lo cual evitó mi madre al cogerle el brazo antes de que él levantara el trasero de su fino asiento. Indicó que era una irresponsable, una hippie buena para nada que solo sabía tocar un miserable instrumento y que ahora buscaría estar rodeada por un montón de "retrasados mentales". Eso último me hizo hervir la sangre de maneras insospechadas. Recuerdo haberme erguido de la silla que estaba frente a mi puesto en la mesa y lanzarle el agua que contenía mi vaso.
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-¡Rin! –elevó la voz Leiko, mi distinguida madre, indignada por mi reacción. Físicamente éramos parecidas, pero como persona yacíamos en un plano totalmente diferente.- ¿Cómo te atreves, chiquilla insolente?
-Puede que tengas razón, padre. –Comenté sin reparar en los comentarios de mi madre- Puede que esté rodeada por muchos estudiantes que tengan algún déficit cognitivo o de otra índole… pero no hay ningún plan de intervención que te despoje de la ignorancia que sufres.
-¡Me hartaste! ¡Vete de aquí! –Ordenó mi padre, imitando mi acción, cogiendo de paso una servilleta de tela que estaba cerca de su alcance y secar las gotas de agua que quedaron en su rostro- ¡Vete y no regreses hasta que te quites esa idea de la cabeza!
-Pues, nos veremos en tu funeral, padre. –Respondí encaminándome a la salida del comedor. Manteniendo la cabeza en alto y por primera vez orgullosa de mi actuar, pesase a quien le pesase.-
-Nuevamente solo sirves para otorgarnos vergüenza y decepción, Rin. –Escuché con pesar las palabras por parte de mi progenitora-
Me dolió, más no lo demostré. Después de todo no era la primera vez que lo escuchaba de su boca. Antes de salir de ese sitio, me arranqué la cadena de oro que portaba y la dejé caer al piso con orgullo. Ese había sido su regalo de cumpleaños cuando cumplí la mayoría de edad. Ella sólo demostró una leve estupefacción por la escena.
-Pues el sentimiento es mutuo, señora Higurashi. –Contesté sin quitarle la mirada a ambos- Y hoy los desconozco como padres, hasta que se percaten de lo mal que han obrado conmigo desde que tengo memoria. Cuando les pese cada golpe y cada humillación que me hicieron pasar, aunque yo tuviese la razón. ¡Cuando se den cuenta que nunca he sido y jamás querré ser como Mei! –Elevé mi voz a tal punto, que la anciana que prestaba servicios en casa, Kaede, vino a ver que todo estuviese en orden.- Que tengan prospera vida, señores.
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Ese día tomé las pocas pertenencias que quedaban en ese sitio y las trasladé a mi departamento, el cual quedaba ubicada cerca del centro de la ciudad. Desde ese día, hace tres semanas que no hablo con ellos y sé que pasará mucho tiempo más en que no nos dirigiremos la palabra.
Estaba decidida a estudiar aquella carrera, no importando si debía optar a un crédito universitario con tal de lograrlo. No sería ni la primera ni última persona en recurrir a ello, tal como hacían miles de estudiantes en el país. Tenía suficientes ahorros para solventar los gastos comunes y tener un buen pasar económico el tiempo suficiente como para conseguir un trabajo de media jornada y estudiar en la restante.
Este era el primer paso para construir los cimientos de mi futuro profesional.
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Notas autora:
1) Rock around the clock - Billy Haley
2) Maybe I, maybe you - Scorpions.
¡Gracias por seguir y comentar la historia! Eso es realmente motivante :)
Próxima actualización: 22/02/19
Saludos
