Estos capítulos son menos sepsosos de lo que esperaba, pero están llenos de sentimientos que, ains…
Retazos
34º
Nos encontramos
Con la tensión que provocaba estar junto a Ty después que la verdad saliera a la luz, Carol y él se dirigieron hacia Terminus. Cuando un caminante se adelantó hacia ellos, Carol tuvo que defenderse, descubriendo un gran grupo de ellos caminar hacia ellos. Sin embargo, unos disparos cerca los atrajeron y pudieron esquivarlos.
Sin embargo, esos disparos le inquietaban.
Avanzaron lo justo para encontrar un tipo hablando de, justamente, Michonne y Carl. A punta de pistola, no iba a permitir perderlos a ellos también.
—Carol. ¿Cómo piensas hacerlo? —le preguntó Ty preocupado.
Ella aguardó un momento antes de responder. Sabía que la respuesta no iba a ser de su agrado. Pero dios, ahí estaba la oportunidad, la esperanza que había mantenido. Si Michonne y Carl estaban cerca, podía estar él…
Sin pensarlo dos veces, mató a un caminante y se preparó para luchar.
Por favor, que esta vez estés allí.
Y entonces, los vio. Al menos, Rick y Glenn. Habían otros dos hombres tirados en el suelo con otros sobre ellos. Pero la ropa… tenía, debía, de ser él.
Se alejó un poco más, dispuesta a comenzar su plan. Un petardo al propano. Los zombis entrando al interior de la seguridad de Terminus.
Esperaba que sus amigos encontraran una oportunidad, cual fuera. No iba a marcharse de allí sin ellos.
Aprovechando los zombis, se movió por el reciento hasta entrar una sala donde diversos objetos estaban colocados por uso. Parecía un mercadillo bien colocado.
Paseando por ellos descubrió el reloj de Rick. Lo guardó, justo volviéndose para descubrir el objeto que realmente puso su corazón a latir, frenético, bombeando esperanza: la ballesta de Daryl. Estaba completamente segura de que era de él.
Estás vivo. Estás vivo… tienes que estarlo. Esto está aquí, por favor, tú también…
Se la echó al hombro y continuó. Ahora más que nunca debía de encontrarlos.
Fue así como entró en la zona de las velas. Un acto que en tiempo atrás promocionaría las sectas. En ese momento le daba absolutamente igual. Tenía una meta. Necesitaba a esa meta.
Una mujer apareció tras ella, dispuesta a matarla.
Carol no se lo pensó un segundo en defenderse y buscar información. La mujer se mostró reticente, pero por dios, él estaba allí. Podría morir, podría perderle de nuevo… Los demás, esperaban ayuda.
Disparó a la pierna.
Continuó sin decirle lo que quería saber. No tenía tiempo para metáforas del nuevo cambio del mundo, como si nunca hubiera perdido, como si no estuviera a punto de perder.
Se volvió y abrió la puerta. Otros podrían hacer su trabajo.
Caminó por los bosques con el corazón desbocado hasta que los vio. Primero fue a él, apoyado contra el árbol. Sus pasos despacio. Todos enfocados en su charla y ella… Dios. Estaba vivo y después de tanto tiempo por fin, por fin, podía verle.
Quería tocarlo, con su cuerpo cosquilleando de añoranza.
Mírame. Por favor, mírame.
Como si fuera capaz de leerle el pensamiento, Daryl se volvió. Su mirada buscando el peligro hasta que la reconoció. Su gesto cambiar a uno más afable, más amoroso. Sus pasos torpes hacia ella.
Estaba todo golpeado pero parecía que le diera igual todo aquello o que los demás estuvieran mirando. Corrió a sus brazos y la estrechó con todas sus fuerzas mientras ella hacía lo mismo. Sus manos apretándolo, recibiendo su caricia.
—Estás vivo… estás vivo… —susurró sin que los demás pudieran escucharles—. Te necesitaba vivo…
—Y tú… tú estás viva. Dios… Dios…
Las lágrimas escapaban a su control, con él levantándola, zarandeándola.
El resto comenzó a acercarse a ellos cuando su abrazo empezó a aflojarse. Sin embargo, Daryl sólo dio un paso hacia atrás y, al instante, agachó la cabeza, con su rostro marcado en alivio y dolor. Una disculpa silenciosa. Como si fuera un niño pequeño. Ella le tomó el rostro entre sus manos, le observó con todo el cariño que sentía por él.
Si Rick no hubiera dado más pasos hacia ellos, estaba segura de que se habría dejado llevar por las emociones y le habría besado ahí mismo. Para luchar contra ello, se pasó una mano por el rostro, disipando como excusa sus lágrimas antes de aceptar el abrazo de Rick.
—¿Has sido tú?
Ella asintió, reconociendo de esa forma que estaba dispuesta, como le dijo, a hacer cualquier cosa por ellos.
Daryl los miraba con una ternura que no esperaba ver en él, como si reconociera a sus dos mejores amigos y los abrazara mentalmente por igual. Las lágrimas parecían destrozarle y aunque deseó volver a tocarle, apaciguar esos sentimientos que ella misma sentía, había algo más que hacer antes.
—Tenéis que venir conmigo.
Los guio hasta Ty y Judith. El recuentro fue hermoso y no pudo evitar mirar hacia Daryl, quien los observaba con la mandíbula tensa. También, obviamente, aliviado porque la pequeña estuviera viva. Ella adoraba esa faceta de él. Siempre lo hizo porque ya la conocía gracias a Sophie.
No pudo evitar acercarse de nuevo, aferrarle con discreción de la manga y sonreír, ganándose un parpadeo de apreciación y una sonrisa cargada de sentimiento de la parte masculina.
Cuando retomaron el camino a no sabían dónde, caminó a su lado, con el corazón danzando de felicidad. Le miró por un momento, sonriendo.
Te encontré.
Nos encontramos.
