Capítulo 5: El Regreso.
Martes 02 de enero- año 2018.
Año nuevo, vida nueva. Al menos eso dicen muchos.
Han sido semanas agotadoras. Demasiado. No solo el cansancio es físico, sino también mental. Tras la discusión con mis padres, he optado por alejarme un tiempo de mis familiares y amistades. Sé que eso no trae nada bueno, pero simplemente no me nace saber de ellos.
Tener contacto con mi familia paterna o materna no es opción por el momento, ya todos saben de mi rechazo a mi apellido y padres. También de la probable desheredación de los bienes que me corresponden por parte de ambos. Solo Kagome me sigue hablando después de ese episodio. Bueno, hasta cierto punto. No es que tenga algo en contra mío, sino que se encuentra de viaje en Brasil. Específicamente, Río de Janeiro. Me ha enviado algunas fotografías a mi correo electrónico, posando en traje de baño frente a paradisiacas playas y con algunos hombres que dejan seca la boca en cuanto los ves. ¡Qué envidia me da! Si no tuviese que ahorrar hasta el vuelto del pan, me encontraría con ella para disfrutar del verano en aquellas tierras templadas.
Lo positivo de toda esta caótica situación es que ya he congelado de forma definitiva la carrera que cursaba y pude ingresar a la que yo deseaba. En abril comienzo las clases de manera oficial y ya estamos a principios de enero. También me he unido a una orquesta local que durante dos meses tocará en el centro cultural de la ciudad y así podré tener ingresos extras, aunque los ensayos me dejan algo agotada. Sin embargo, no me quejo de ello. Todo el esfuerzo vale la pena.
Hoy me he dado el gran privilegio de levantarme más tarde de lo habitual, cerca del mediodía. Merezco un debido descanso y disfrutar de la calidez que produce el sistema de calefacción. Lo único que me motiva a ponerme en pie, es mi estómago gruñendo como un león. Exige comida. No en una hora o dos, lo desea ahora.
Bien, si no hay otra opción: ¡arriba!
Levanto mi perezoso trasero de la cama y me dirijo al baño con más energía que otros días. Extraño, pero ya era hora de salir de ese deplorable estado depresivo en el cual me encontraba. Recojo mi cabello en una improvisada coleta para cepillarme los dientes y mi reflejo en el espejo es de temer. Poco me interesa, debido a que no conozco a una persona que tenga buen aspecto al despertar. Conecto el teléfono celular a unos parlantes y comienzo a escuchar una canción que Kagome me recomendó tras su paso por La Habana, Cuba. Era un tema contagioso en el cual era casi imposible no mover las caderas mientras haces tus quehaceres personales. ¡Que la vida es un carnaval y las penas se van cantando!(1) Pues, si. Era una buena terapia y había que iniciarla de inmediato.
Giro la llave de la ducha, con algo de cuidado ya que está un poco averiada y no he llamado al plomero para que la reponga. Nota mental: llamarlo dentro del día o tendré que cambiarla yo misma. Luego de unos segundos compruebo que la temperatura sea óptima y no dudo en asear mi cuerpo sin dejar de moverlo por el animoso ritmo musical que invade el cuarto de baño. El agua tibia relaja mis contraídos músculos y el dolor tras días de interminable trabajo parece desaparecer con rumbo al desagüe. Mi cabello empapado ya se encuentra libre, listo para ser lavado y perfumado con esencias florales.
Mi voz no tan privilegiada, pero con notable emoción, resuena por las paredes del cuarto el tiempo que dura la labor. Eso, hasta que escucho unos insistentes golpes en el exterior. ¿Qué demonios? No tengo a un volumen tan elevado como para que reclamen los vecinos.
Lo primero que hago es apagar la música tras salir de la ducha. Envuelvo mi cuerpo en una gruesa toalla, y me encamino hacia el corredor para notar que siguen tocando la puerta de ingreso. Es muy temprano como para que se trate de mi vecina, Sango y su pequeña hija, Midoriko, a la cual le doy clases de cello. Sin ver a través de la mirilla, abro la puerta y lo que veo me deja sin palabras. Es mi hermana, acompañada por Sesshomaru. Mi rubor no tarda en aparecer y antes que diga palabra, Mei me abraza efusivamente, haciendo que ambas demos unos pasos hacia atrás sin poder evitarlo.
-¡Feliz año nuevo, Rin! –Dice pegando unos brinquitos- ¡Te he extrañado este tiempo!
Solo puedo pensar en tres cosas. Primero, que no debo permitir que mi toalla se salga de lugar. Segundo, mi evidente estupidez al no ver por la mirilla de quien se trataba. Y tercero, del espectáculo que le ofrezco a mi analítico cuñado, que dibuja una disimulada sonrisa en su inmaculado rostro. Ni siquiera se mueve del umbral de la puerta. Podría jurar que vigila cada gota de agua que adorna mi húmeda piel. ¿Por qué? ¿Por qué me pasan estas cosas tan bochornosas?
-Creo que lo mejor es que te vistas. –Recomienda dejando ver una risa divertida, mientras ve de reojo a su marido y cambiado de tonalidad de voz, agrega- Tú, mira para otro lado. A la única que debes ver en esas fachas es a tu esposa, amor.
Mei se separa de mi, y no dudo ni por un momento su recomendación. Con la velocidad de un huracán, atravieso la sala de estar y me encierro en la alcoba. El único lugar en que me siento a salvo tras lo que acaba de ocurrir. Por inercia posiciono la mano derecha sobre mi pecho, y ya no puedo descartar un probable ataque cardiaco. Siento que mi corazón está tan acelerado que de un momento a otro se fatigará y se detendrá sin remedio. No puedo hacer más que inhalar y exhalar las suficientes veces para nivelar mi ritmo cardiaco y agitada respiración.
Sin desaprovechar el impulso de energía, reúno rápidamente un par de prendas para vestir. Una blusa negra con líneas blancas, jeans azules y botines de tono negro. Con la toalla que antes cubría mi desnudez, quito el exceso de agua en mi largo cabello, para luego peinarlo ágilmente y lo dejarlo suelto para que seque de forma natural. Me asombra mi rapidez. En cinco minutos estaba vestida, peinada y perfumada. También alborotada.
Fingiendo la tranquilidad que no tengo, salgo de mi momentáneo encierro y saludo como es debido a mis visitas. Ambos están sentados en los sillones de cuero que adornan la sala. Mei hace el comentario acerca del cuadro hecho por mi y que a su parecer le da un toque especial en la decoración. Sonrío agradecida, aunque no es más que una pintura con un paisaje correspondiente a la cabaña familiar que está a pasos del lago. Con cortesía, les pregunto si desean algo.
-¿Té, café, alguna bebida, agua mineral, natural?
¡Solo hablen algo para no sentir más incomodidad de la que ya siento!
-Por mi parte, no deseo nada. –Se limita a contestar Sesshomaru, con destacable desinterés en su voz, mientras se despoja del abrigo negro que portaba momentos antes. Fue una sabia decisión ya que la temperatura ambiente del departamento es agradable a comparación del frío exterior producto del invierno-
-Yo quiero una taza de té verde. –Responde Mei a la vez que coge cariñosamente la mano de su esposo.-
Ni siquiera un "por favor" a su pedido. Maleducada.
Me dirijo a la cocina tras escuchar su encargo y tras unos breves minutos de ausencia, regreso a la sala, depositando con cuidado las taza de porcelana y unas fuentes con bocadillos sobre la mesa de centro que estaba frente a Mei, y digno de una ceremonia del té, lo serví con gracia y sin derramar una sola gota fuera de lugar. Gentilmente les pregunto cómo lo habían pasado en su larga luna de miel. Casi cuatro meses de interminables viajes. De seguro tendrán mucho que contar. Pero al contrario de lo que esperé, solo Mei habla evitando el contacto visual con su esposo. Charla de cosas vagas y no da mayores detalles, lo cual no deja de llamarme la atención. ¿Qué rayos les sucede? Yo en su lugar hablaría hasta por los codos, notando emoción en cada sílaba e irradiaría felicidad. Eso carecía en mi hermana y era señal de que algo no machaba bien.
Un mensaje en el celular de mi cuñado interrumpe la conversación. Sesshomaru ve el contenido del mensaje y se despide de nosotras ya que debe atender un asunto de último momento. Mei se pone de pie para darle un casto beso en los labios, y él desaparece de nuestra vista en cuanto cierra la puerta principal. La tensión del ambiente se reduce al mínimo, más no el semblante extraño que posee mi hermana.
-Necesitaba platicar contigo, Rin. –Comenta acariciando mi mano, una vez que estuvo sentada de nuevo. Su tono de voz está lleno de melancolía y preocupación- Supe lo que ocurrió con mamá y papá en cuanto llegamos. No debiste abandonar la carrera por algo que…
-Mei, ya soy lo bastante adulta para tomar mis propias decisiones. Yo nunca he juzgado las tuyas. –Le atajé antes que le diera el favor a mis padres. Si no me vería obligada a pedirle que se retirara- Así que te pediré, gentilmente, que no te entrometas.
-No necesitas estar a la defensiva. –Me reclama frunciendo el ceño. Vaya, al vivir con Sesshomaru se le han pegado los gestos faciales.- Últimamente has estado tan agresiva.
-Créeme que no lo estoy siendo, Mei. –Respondo quitando mi mano debajo de la suya, para así tomar mi taza de té- Sólo marco los límites.
-Imagino que no ha sido fácil todo lo que esto ha conllevado. –Murmura mientras analiza silenciosamente la situación- Sobre todo en lo económico, me imagino.
-Al menos no parece ser así para Leiko y Masayoshi. –Bebo un poco del líquido caliente que humea en la parte superior de la taza- Creo que les hice un favor en cierto aspecto. Y lo monetario no es algo que me importe, y lo sabes.
-¡No hables de ese modo! –Me regaña tal como lo haría mamá en alguna discusión o situación que no es de su agrado- Son tus padres. Te guste o no, y ellos solo quieren lo mejor para ti. -Sí, claro, hermanita. ¿Cómo no lo he notado antes? Evito poner los ojos en blanco al escuchar sus palabras- Nuestro padre me comunicó en plena luna de miel lo que había pasado y su inconformidad con el asunto. –Me relata con seriedad pocas veces vista en ella- Él cree que solo haces esto para causarle molestias. Y también dijo que tu decisión se debía a tu remordimiento por la muerte de Etsu.
-Mei, te sugiero que ya no hables. –Advierto posando la taza de té con fuerza sobre la mesa que compartimos- No es por remordimiento, es por vocación. Es mi decisión y haré lo imposible por lograr mis objetivos. No necesito el apoyo de papá ni el de nadie. Mi esfuerzo es lo que vale. Del mismo modo, mi perseverancia y resiliencia para sobreponerme a las dificultades que ustedes como familia se han empeñado a poner en mi camino, luego de culparme de la muerte de mi hermano.
-Rin… No fue mi intención… -Tartamudea a pesar de que intenta ocultar su dificultad para reunir ideas- Bueno, tú sabes lo que yo pienso sobre la situación del "niño", pero…
-Ese "niño" como le dices, se llamaba Etsu. –Le recuerdo con notable molestia en mi voz por la manera en que se refería a él- Y es tú hermano, por si se te olvida. Pero, ¿sabes qué? Mejor cuéntame de tu viaje. –Decido cambiar radicalmente de tema, esperando que se explaye hablando de eso y no se entrometa en mis decisiones. Sé que papá está detrás de todo esto, porque esas no son las palabras que ella usaría en un contexto así. Además, ¿qué tan común era verla en mi departamento una tarde cualquiera? Extraño.- ¿Qué tal ha resultado tu vida de casada?
-Las cosas no han resultado como yo esperaba. –Comienza a hablar, y su lenguaje corporal demuestra aflicción. De cierto modo, se le ve más desmejorada, como si algunos años le hubiesen caído encima.- Creí que la vida de casados sería distinta, Rin. Pensé que la personalidad de Sesshomaru variaría al convivir juntos. –Juega momentáneamente con su argolla de matrimonio, girándolo en su dedo un par de veces.- Pero, no ha sido así. Se ha comportado más frío y distante que de costumbre. Parece que le fastidiara mi presencia en ocasiones y busca estar constantemente en soledad.
-Sesshomaru siempre ha sido muy solitario y reservado. –Salgo en su defensa sin ser plenamente consiente- Deberías saber que no iba a cambiar su naturaleza de un día para otro.
-Rin, no comprendes. –Mueve la cabeza de forma negativa.- Es algo más que eso.
Pues explícame que no puedo leer la mente.
Espero pacientemente a que ella me relate lo que pasa. Aunque tengo mis sospechas de lo que está aconteciendo, pero no estoy completamente segura de estar en lo correcto. No quiero ser el motivo del estado de mi hermana. Mei, abre y cierra la boca en más de una ocasión, como si titubeara en confiarme su dilema. No la culpo, a pesar de tener un genio de los mil demonios, siempre ha sido muy reservada y discreta en relación a su vida personal. Creo que eso tiene que ver en la poca confianza que tiene en si misma y por eso trata de agradar a todas las personas con las que tiene relación. Y eso la ha llevado, en múltiples ocasiones a seguir las influencias que mis padres le indican. Estudiar una carrera que nunca le agrado del todo, a pesar de ser tan buena en ello. Dejar a un gran amor por no ser de nuestro status social. Su necesidad de complacer a otros me parece excesiva. Y es por eso que siempre fui considerada la oveja negra del imperio Higurashi, porque siempre ponía resistencia a sus mandatos.
-Si deseas podemos dejar el tema para otra oca… -Menciono al ver que no se decidía a hablar-
-No. –Me ataja inhalando exageradamente para reunir valor- Lo que yo quiero decir, es que él no me presta atención. -Prosigue limpiando unas lagrimillas traicioneras- ¿Sabes? Te envidio de cierta manera, Rin. –Antes que le diga algo al respecto, ella me hace una señal con su mano para que calle- Tienes una relación con él que no me puedo explicar. Sesshomaru es distinto cuando está a tu lado. Se ríe de tus chistes, nunca de los míos. Pueden charlar horas y horas, y jamás se harta de ti. En cambio yo, debo sacarle palabras a tirones, y con suerte responde con monosílabos. –Relata y mi corazón se estruja acorde sus palabras traspasan mis oídos- Deseo que sea más expresivo, que no me dé la impresión que le molesta mi presencia cuando me acerco. Que no se sienta invadido cuando toco sus cosas. Incluso, he llegado a pensar que tiene a una amante. –Su hipótesis me deja perpleja, y no hago más que parpadear de manera incrédula por sus palabras- Es que no es normal que una pareja de recién casados y que llevan tan poco tiempo conviviendo bajo el mismo techo, tengan… poca actividad sexual. –Lo último me lo dice en un susurro, como si las paredes escuchasen su confesión- Hasta en un momento pensé que…
-¿En qué, Mei? –Quise saber-
-En que se había enamorado de ti y no fue capaz de decírmelo. –Ay, no. ¡Detengan el mundo que me quiero bajar!- Así como un día tú lo estuviste de él.
¿Por qué tenías que recordarlo, Mei? ¿Qué necesidad hay en restregarme la verdad en la cara? Sí, ella lo supo en su momento. Recuerdo sus "gentiles palabras" en su fiesta de compromiso, "No voy a dejar que por un capricho tuyo, todo se vaya a la mierda, Rin. Te juro, que si le revelas a él tus sentimientos, te arrepentirás". Sí, mi propia hermana, producto de los celos me amenazó. Tuve que fingir que ese sentimiento había muerto, y que no había sido más que una "atracción" producto de la protección que él me brindó cuando más lo requerí.
En ese tiempo, estaba saliendo con un chico llamado Nobuo Yamada, el cual era muy divertido, caballeroso y de buen corazón, así que lo usé de excusa para salir de esa situación. El amor a la música nos había unido en una vuelta del destino, y me había dicho a mi misma que le daría una oportunidad, por más que no sintiera más allá de una amistad por él. Como era de esperar, mi hermana no me creyó en un inicio, así que me vi obligada a formalizar nuestro "noviazgo" para no levantar sospechas. Hasta el día de hoy lamento esa decisión. Jugué con sus sentimientos con tal de salvar los míos. Luego las cosas se pusieron peor. Mei, decidió que sería su dama de honor principal y que llevaría las sortijas al altar. La muy desalmada, me restregaba en la cara lo que sucedería. Jugó conmigo para ver si realmente estaba o no enamorada de Sesshomaru. Me repetía mil veces que podría engañarla, y triunfé. Lo logré. No descansé hasta verla convencida. Por eso me esmeré tanto el día de su boda, para que no hubiese contratiempos. Me sentía culpable por desear algo que ella amaba.
-Mei, déjame decirte algo. –Comencé a decir en voz neutral, ocultando la emoción de tantos recuerdos juntos, mezclados con el reproche por tantas farsas en las que me he visto envuelta.- Yo sentí hace mucho tiempo algo por él, pero no fue amor. Simplemente, confundí las cosas. Lo sabes. –Le recuerdo en mi mentira- Pero, piensa. Él se casó contigo. Si Sesshomaru sintiera algo, aunque fuese mínimo por mí, no lo hubiera hecho– La veo y me doy asco por lo cínica que estoy siendo- Solo dale tiempo. No es fácil vivir en pareja.
- ¡Pero, llevamos juntos cerca de cuatro años!
-Más nunca habían vivido juntos en todo ese tiempo. –Le recuerdo y en eso sé que tengo razón- Tú sabes perfectamente como es él; frío, meticuloso, calculador, muy pensativo y solitario. Quítate de la cabeza que cambiará de un día para otro, porque no será así. Si no te agradaba su forma de ser, debiste pensarlo antes de casarte con él.
-Lo amo, por eso lo omití, Rin.
-No me salgas con eso, Mei. –Me pongo de pie, perdiendo un poco la compostura- Tú y yo sabemos que no es completamente cierto. –Ella me mira sin comprender- Te gusta tener el control y si algo escapa de tu alcance te frustras. Además… -Hago una breve pausa, intentando regularizar mis emociones y no cometer errores- Sé lo que pasó entre tú y Nao antes de tu matrimonio. ¿O crees que el comentario que hice en la tienda de vestidos fue mera casualidad? Fue inconsciente. –Aclaro- Pero, lo sabía desde un principio.
Si, hasta Mei tenía secretos.
Meses antes de la boda, ella comenzó a actuar muy extraño. Salía más de lo normal y siempre estaba pendiente de su teléfono. Como si esperara una señal o mensaje demasiado importante para pasar por alto. Eso me intrigó bastante. Un día, después de salir de la universidad, transitando por el centro de la ciudad, la vi dentro de una cafetería muy popular en la zona. Estaba nada más, ni nada menos, que con su antiguo novio; Nao, quien en un pasado fue su primer amor. Ellos estaban tomados de la mano de forma cómplice. Ese gesto no podía aclarar todas mis dudas surgentes, así que tuve que optar por espiarla. Me oculté en un punto neutro de aquella calle y esperé a que terminaran su reunión. Después de una hora, ambos salieron y se despidieron amistosamente. Creí haber juzgado mal la situación, pero no fue así. Nao, sin previo aviso, le robó un beso y la encaminó al auto que tenía Mei en ese entonces. Ella no le respondió, no sé si por la impresión o por otro motivo. Mi hermana tras subir a su automóvil, rápidamente se perdió de vista mientras Nao la observó desde la acera hasta un punto lejano. Luego él también se retiró del lugar con una sonrisa melancólica en los labios.
Después de ese episodio, Mei parecía estar en las nubes. Lo único que la traía a tierra era Sesshomaru. Eso llamó la atención de mi observativa madre y le preguntó directamente qué le ocurría, primero asegurando que nadie se encontrara por los alrededores. Bueno, no supo que yo casualmente pasaba por fuera de la habitación de Mei y de manera accidental escuché su conversación. Mi hermana había caído en el círculo vicioso de la confusión entre dos amores. Por lo que supe, había seguido saliendo con Nao a escondidas de Sesshomaru, pero optó por terminar con él definitivamente tras el paso de unas semanas. Decía amar a su novio y que con él proyectaba su vida a pesar de su forma de ser, además, la fecha de la boda estaba muy próxima y no quería provocar escándalos.
-No sé de qué hablas. –Se incorpora del sofá, tomando su cartera para marcharse.- Lo mejor es que me retire antes que digas cosas sin sentido.
Oh, no. No te vas hasta que me escuches, hermana.
-Mei, si quieres puedes negarlo, pero lo sé. Y eso no puedes cambiarlo. –Le digo yendo en dirección a la puerta para evitar que escape- Pero, si Sesshomaru tiene una amante, cosa que dudo, está en su derecho. Tú fuiste la primera en engañarlo. –Ella no se mueve, apenas parpadea por mi enfrentamiento- Mi único concejo a tu dilema: esfuérzate por tu matrimonio. ¿Quiere estar sólo? Déjalo en paz. ¿No quiere que toques sus pertenencias? Dale y respeta su espacio. ¿Quieres llamar su atención? Háblale de temas interesantes, que manejen ambos y no solo tú. ¿Quieres tener sexo con él? Sedúcelo, deja el pudor de lado y sorpréndelo. -De ese último punto me arrepentí en el acto- No ganas nada quejándote. Desde ahora, los asuntos de tu matrimonio con Sesshomaru debes manejarlos tú y él. Nadie más. –Finalizo-
Mei, sin decir palabra, se acerca a mí y busca refugio en mis brazos. Pude percatarme de ciertos espasmos, y eran producto del llanto que dejaba libre, como pocas veces lo hacía. No era la persona más indicada para consolarla, pero me sentía en la obligación de hacerlo.
Rin. Eres la hipócrita más grande del mundo.
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En otro punto de la localidad, en un moderno edificio ubicado cerca del centro de Fujisawa, una reunión se llevaba a cabo en la mayor de las discreciones. En aquella sofisticada oficina, siete personas estaban viéndose de frente y comentando las grandes ganancias que les acarrearía integrarse en un nuevo negocio. Todos parecían estar dispuestos a invertir en ello, excepto un hombre que se mantenía extrañamente al margen de la conversación, el cual solo se dedicaba a escuchar y fumar un puro durante el proceso. Masayoshi Higurashi, meditaba en silencio todas las opciones de sus socios. No había llegado tan lejos en su imperio por coger las primeras opciones que se le presentasen a la ligera. No, claro que no. Era un sujeto meticuloso y en extremo calculador. Nunca daba un paso en falso sobre el tejado de vidrio por el cual debían realizar todas las transacciones para no llamar la atención del gobierno. El hombre de cabellos blancos pensaba que tal vez en esta ocasión, no deberían de hacer transacciones y dejar pasar un plazo prudente hasta concretar uno que fuese más fácil y con mayores ganancias. Pero, lo más probable es que transcurriera un largo periodo para que eso sucediera. No podía darse el lujo de solo quedarse con los ingresos lícitos de su empresa. ¿Qué hacer? Por primera vez en años, las respuestas en su cabeza no estaban claras.
Quizás no podía pensar con claridad debido a los recientes acontecimientos vividos en su disfuncional familia. Leiko, su esposa se dedicaba a administrar los bienes inmobiliarios, cerciorándose que todo estuviese en respectivo orden y también se daba el tiempo para asistir a reuniones sociales en el club de clase alta. Una vida sin mayores preocupaciones y llena de ostentaciones sociales. Mei, su hija mayor, acababa de llegar de viaje y creía firmemente que ella no estaba preparada aún para incorporarla a este mundo en el cual él era dueño y señor. Joven, inocente e influenciable. Masayoshi lo sabía perfectamente, y esos tres aspectos podían hundir todo lo que él había creado. Su hija era arcilla en sus manos. Si él daba una orden, ella acataba sin rechistar. Tal vez por eso la consideraba como su hija favorita y le consentía en todo lo que ella deseara, mientras que le retribuyera de forma positiva. Mei, había dejado a aquel muchacho de mediocre condición social en un chasquido de dedos años antes. A su parecer, su princesa merecía algo mejor que un mecánico automotriz y no le importó cuanto lloró suplicándole que no la apartara de ese chico. No, ella no lo amaba, solo estaba encaprichada. Los sentimientos de esa índole eran meras sandeces de la adolescencia y lo iba a superar con el tiempo. No se equivocó. Ahora había desposado a un hombre de buen estatus social, inteligente, y no descansó hasta verlos unidos. Aun cuando él tuvo que intervenir dos veces para recordarle que con la hija mayor de Higurashi nadie juega. También, hizo que su primogénita estudiara una carrera acorde a su negocio de importaciones. Ella tenía que familiarizarse de cualquier modo con el medio que la rodearía. Algún día tendría que asumir el cargo mayor con su hermana y manejar la empresa, con sus luces y oscuridad. Jamás le confiaría su imperio a desconocidos e incompetentes.
Todo iba bien según sus planes, hasta que Rin, la oveja negra y descarriada de la familia, se había revelado a sus designios. Maldita mocosa. Ella y su rebeldía natural que alteraban siempre sus planes. Primero, se dedicaba a la música y tenía que lidiar con sus rencillas escolares cada cierto lapsus de tiempo. Luego, se resistió un tiempo a estudiar la carrera de Ingeniería en Negocios Internacionales y cuando creyó que la tenía en su poder, le comunicaba que deseaba estudiar para tratar personas con déficits: Pedagogía en Educación Especial, le dijo. ¡Pamplinas! Masayoshi no se consideraba un hombre estúpido, y creía saber el motivo por el cual le llevaba la contraria. Ella sentía remordimiento por la muerte de su hermano, no por vocación. Le gustaba provocarle y llevarle la contraria cada vez que tenía la oportunidad. Demostrar que ella podía lograr cosas sin su ayuda.
Ya idearía la manera en hacerle saber que estaba muy equivocada. Él tendría el control de la situación aunque ella no quisiera. Era un hombre influyente tanto dentro como fuera de la ciudad y si deseaba verla arrodillada pidiéndole ayuda, la tendría o dejaba de llamarse Masayoshi Higurashi.
-Señor. –Escuchó una voz familiar que lo sacó de sus cavilaciones personales. Era él, aquel hombre con el cual había tenido que relacionarse con tal de ver feliz a su adorada hija. Un infeliz que no le caía nada de bien y que debía soportar de unos años a la fecha. Había algo en ese sujeto de apariencia fría e indiferente que no le agradaba en absoluto. Le daba mala espina, dándole la impresión de que escondía algo dentro de esa estoica apariencia.- Esperan su parecer. –Informó el mismo personaje con voz neutra-
-Nos arriesgaremos. –Decidió Masayoshi, viendo el cuadro familiar que estaba colgado en la pared de aquel lugar- Seremos meticulosos como de costumbre. –Se puso de pie de forma distinguida, sosteniendo en todo momento su habano, mientras acomodaba su fina chaqueta- El embarque llegará en un mes y medio, a las dos de la madrugada. –Anunció con voz solemne y sin dejar de observar a cada miembro de esa reunión secreta- Como bien saben, las cosas se complicaron notablemente tras el arresto de Naraku hace cuatro años, y los oficiales de Aduana son más difíciles de sobornar. De ser necesario, iré yo mismo a supervisar la situación.
-Eso tiene solución, Higurashi. –Comentó uno de los sujetos, chasqueando los dedos para que su acompañante mostrara disimuladamente un arma que tenía escondida debajo de su abrigo- Siempre la hay, como usted bien sabe, señor.
-De no haber otra opción, se considerará. –Determinó mientras dejaba que el humo saliera de sus pulmones hacia el exterior, dejando un pesado olor en el ambiente al parecer de los asistentes- Ahora retírense. Hay trabajo que hacer, caballeros. Excepto tú, Taisho. –Anunció cuando los asistentes comenzaban a retirarse del lugar uno por uno- Quiero que mantengas a Mei alejada de esta oficina hasta que llevemos a cabo la operación. –Ordenó sin rodeos-
-Así se hará. –Acató-
-¿Has hecho lo que te pedí la última vez que hablamos? –Se dirigió a paso lento hacia el ventanal que permitía una vista privilegiada de la ciudad-
-Usted sabe que es así. –Respondió Sesshomaru controlando la tensión de su cuerpo al recordar el día de su boda con Mei, cuando Rin salió de la habitación después de su declaración- Solo hoy tuve un breve contacto con ella, y fue porque mi esposa deseaba ver a su hermana después de nuestro viaje. Cuando llegó su mensaje me retiré del lugar. Puede comprobarlo con su chofer, o con Mei si lo desea.
- Lo que deseo es que te alejes de Rin. –Lo enfrentó apuntándolo con el habano- No he llegado donde estoy por dejarme engañar por tipos como tú. Sé que algo pasó entre ustedes ese día. ¿Crees que no noté su brillo labial desalineado?
-Es libre de creer lo que guste. –Contestó Sesshomaru con arrogancia- Ese no es mi problema.
-¡Mi problema es que estás casado con mi hija y la respetarás! –Se puso frente a él, lanzándole el humo en la cara después de hablar, provocando a Sesshomaru para ver su reacción- Lamentarás el día en que oses engañarla con esa mocosa traidora o con cualquier otra, Taisho.
-¿Amenazas nuevamente? –Dijo el peli-plateado sin inmutarse ante la provocación de su suegro- No creí que un hombre como usted manejara sus inquietudes con tal baja estrategia. ¿Qué sigue? ¿Voy a desaparecer del mapa como lo hizo con Nao hace un par de meses? Mei, sigue creyendo que fue ella la que lo abandonó, por lo que escuché hace un tiempo.
-Haría eso y mucho más en tu caso. –Sonrió maléficamente el padre de las hermanas Higurashi, alejándose lentamente de su cercanía, marcando altanería en cada paso que daba hacia su escritorio- Gozaría hacerte daño y ver como tu corazón se detiene en la palma de mi mano.
Sesshomaru, como era de esperar, le siguió el juego como él solo lo podía hacer. Colocando sus manos sobre el escritorio e inclinándose al asiento donde Masayoshi estaba sentado.
-Quiero ver si lo logra. –Sonrió de la misma forma en que lo había hecho su interlocutor momentos antes- Nos vemos en su fiesta de aniversario, señor.
Aquel hombre tenía valor y no se dejaba amedrentar fácilmente. Al menos no había reaccionado del modo en que lo había pensado al comienzo. Ese tal Sesshomaru estaba lleno de sorpresas y Masayoshi se planteaba a si mismo el lograr descubrir todo lo que ese tipo escondía. Sus antecedentes demostraban una vida normal, pero él sabía que había algo más allá. Ya idearía el modo de averiguarlo.
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Notas autora:
1.- La vida es un carnaval – Celia Cruz.
¡Hola a todos y todas! Lo prometido es deuda, y aquí está su nueva actualización. Como pudieron darse cuenta, se deja ver lo "amoroso" que puede ser Masayoshi Higurashi con sus familiares, sea su hija o yerno, además del indicio claro que posee negocios turbios, meramente fuera de la ley. ¿Impresiones? ¿Teorías? Las leeré con gusto.
Si notan alguna falla ortográfica, mil perdones de antemano.
PD: Muchas gracias a quienes me han dejado sus impresiones y reclamos por el corazón roto por el capítulo anterior. Conozco un pegamento súper efectivo para esos males, así que si quieren les enviaré un par de botes para ocasiones futuras (xD). También agradecer a quienes siguen y tienen en sus favs la historia, ¡es realmente motivante!
Los fantasmitas silenciosos también tienen un lugar en mi corazoncito, no se preocupen.
¡Hasta la próxima actualización: 07-04-19! ¡Cariños!
