Probablemente este título se repita, aunque no esté enlazada a esta parte…
Retazos
35º
Negación
Esa noche, Rick se dirigió a ella. Alegaba deberle la vida tras salvar a Judith y ella lo descartó, queriendo que se enfocara en Ty. Con todos sus demonios, ese hombre había salvado a la niña mucho mejor que ella.
Ty ya le había dicho que muchos conocían lo que había hecho en la cárcel y que se aseguraría de que les perdonaran. No descartó la facilidad con Daryl y Maggie la habían perdonado por ello, pero lo aceptaba.
Carol le habría gustado decir algo, pero sólo podía pensar que esos dos la perdonaban por la querían.
—Se lo debes a Ty. Estaba en la prisión.
Fueron él y las niñas quienes salvaron a Judith. No iba a negarlo.
Rick la observó por un momento, sorprendido.
—¿Volviste allí?
Dios. ¿Cómo esperaba que no lo hiciera? Había dejado a su espalda demasiadas cosas. Dos las había perdido en el camino y ahora, sólo Daryl quedaba con vida.
En lugar de responder, ella sacó su reloj y se lo entregó. El recuerdo del joven regresó a ellos. Rick sacó el de ella, el cual curiosamente no se lo habían quitado como las demás pertenencias. Carol lo miró por un momento y negó con la cabeza, emitiendo un sonido de negación, determinante.
¿Cómo iba a querer un reloj que odiaba? No quería más enlaces a Ed y le gustaba, de cierta forma, que ese reloj ahora la enlazara a Rick.
—Aún no sé qué pensar de lo que hiciste, pero sé que sabes más cosas que yo. Yo te envié a esto.
Ella se apresuró a hablar.
—Dijiste que sobreviviría. Y tenías razón.
Aunque me alejaste de él…
—Yo te envié a ese infierno y ahora estamos contigo —reconoció él con culpabilidad. Carol no iba a negar esas palabras—. ¿Nos aceptas?
Era un poco irónico que se lo preguntara, aunque entendía el punto de todo eso. Sonrió levemente, pensando que era imposible que se negara de cierta forma. Porque, desgraciadamente, Daryl no sería capaz de partirse y separarse significaría hacerle daño a su vez.
—Gracias.
Se percató de que Rick, a su modo, la respetaba.
Un poco después, sentada en dos piedras junto a Daryl, la noche parecía muy diferente a las últimas. Estar con él era bueno, pero no podía dejar de pensar. Tampoco, con el panorama que tenían podrían alejarse lo suficiente como para buscar algo más de intimidad.
Aunque ella no tenía la cabeza para eso en ese instante.
Notó que empezó a mirarla, con leves gruñidos, como si esperase que así se diera cuenta de ello. Miró a su alrededor, observando a las personas no muy lejos.
Sabía que él no iba a detenerse.
—No quiero hablar de eso —dijo finalmente—. No puedo. Necesito olvidarlo.
De cierta forma, sentía algo de pavor de que él la odiara.
—Necesito olvidarlo —pronunció mirándole firme para que entendiera que no había discusión.
Él se encogió de hombros y, aún con la barbilla apoyada en la ballesta, habló.
—Vale.
Pero cuando Carol desvió la mirada él continuó con los ojos puestos sobre ella. Su cuerpo, como siempre, sintió cierta reacción caliente ante eso. Diablos, no era el momento ni el lugar y no estaba de humor. Pero le echaba de menos y ese pensamiento, ese recuerdo, siempre estaría ahí, cosquilleando en silencio y clamando bajo capaz de aislamiento.
El abrazo no había sido suficiente. Ni nunca lo sería.
Sin embargo, él apartó la mirada de ella sólo cuando ruido llegó desde lejos, alertándolo. Se puso en pie y ella en guardia, pero no era nada. Volvió a sentarse, algo precavido.
Ella aferró su arma también, por precaución y le miró en medio de la oscuridad.
—Tus sentidos siguen igual que siempre.
—No creerías que iba a perderlos.
—Te ves agotado —le dijo. Apartó un mechón de su rostro para poder observarle mejor—. Pookie.
Él gruñó y desvió la mirada hacia el bosque.
—Para.
Ella sonrió para sus adentros.
Era bueno tenerlo de nuevo.
