Capítulo 6. La historia de un youkai
4 años antes:
Aniversario de la preparatoria: episodio anual que revolucionaba la rutina educativa a nivel institucional cuando ya había iniciado el segundo semestre académico. Cada año los entes administrativos organizaban ciertas actividades para recaudar fondos, también competencias deportivas y de otra índole, para que cada alumno y docente participase. Todo eso concluía en tener un equipo ganador que sería representado por una pareja al final del proceso. Normalmente nos dividían en cuatro alianzas con diferentes temáticas a representar, mezclando todos los cursos entre sí para tener una mejor convivencia. Aunque todos sabíamos que era en vano. La competitividad para quedarse con el trono era latente y en más de una ocasión se generaban conflictos. Sin embargo, algo extraño ocurrió aquel año. Cada curso disputaría su reinado. Las sirenas de peligro resonaron en nuestras mentes: era una guerra declarada que duraría tres días. Si ya era difícil competir entre cuatro grupos, sería garrafal el resultado el disputar en solitario. Que Kami se apiadara de nuestras almas si caíamos en el proceso.
Akane, quien era la delegada del curso, se acercó aquella mañana a la profesora de Historia, y le pidió un par de minutos de su clase para informarnos lo ocurrido en el consejo escolar. La mujer amablemente le cedió la palabra, mientras se iba a su puesto y observaba en silencio la situación. Akane, muy agradecida y llena de formalidad, nos detalló lo planteado en esa reunión. Cuando ya finalizó su informe oral, nos solicitó compromiso en las actividades a realizar con el fin de ser ganadores en nuestro último año de preparatoria. Tras eso, se desató un bullicio de proporciones mayores. Mucha inconformidad en el ambiente, ideas dispersas, todos querían ser el rey y reina del baile al final de las actividades. Llenarse de gloria y popularidad. Akane, por un momento se vio superada por las voces que retumbaban en todo el salón. Pude ver como temblaba en un minuto, conteniendo su enojo, hasta que fue demasiado tarde:
-¡Silencio, bola de inservibles! –Alzó la voz la delegada, golpeando el pizarrón con su palma extendida.- ¡Dejen de quejarse como niñas y presten atención! –Akane podía dar miedo si se lo proponía. Podía ser muy relajada la mayor parte del tiempo, pero si le hacían enojar era el demonio en persona. Así que no tuvimos más opción que escucharla en silencio y con mucha atención. Era eso o nos golpearía uno por uno. Y si se entrometía la profesora, capaz y le tocaba también un zape en la cabeza.- Las reglas son claras y no van a modificarlas. Hay que elegir a un candidato a rey y una reina, que nos representarán en cada actividad. Deben ser comprometidos y jugársela por completo.
-Yo me ofrezco como voluntaria. –Alzó la mano Dai Yamagushi mientras levantaba coquetamente su estirado trasero del asiento- Soy bella, inteligente, y comprometida cada vez que requieren de mi ayuda. Además soy buena atleta y competitiva si me lo propongo.
-Tiene razón, Akane. –Digo desde mi posición al otro lado del salón donde ella se encontraba.- Es buena atleta, competitiva por naturaleza y bella. –Dai ya podía sentirse como un pavo real inflando su pecho tras mis palabras con cumplido- ¡Pero...! –Hice una breve pausa en el comentario- No es inteligente. Es una bruta que pierde la paciencia con rapidez y reacciona como una energúmena. Solo por instinto, y eso no nos servirá al momento de enfrentar una situación. Puede que nos resten puntos o que nos suspendan de las actividades.
-¡Nadie pidió tu opinión, Higurashi! –Respondió colérica la aludida, haciéndome sentir contenta por demostrar lo que yo decía-
-¡Tampoco pedí la tuya, Yamagoshi! –Habló Akane Matsumoto desde el punto céntrico del salón- Así que siéntate de una buena vez.
Podíamos estar sentadas en cada extremo del salón, pero las miradas asesinas entre ambas eran de temer. Dai, aún estaba molesta por el episodio de la sala de música y si le sumábamos aquel nuevo enfrentamiento, el resultado era peor. Ya bastante había tenido que soportar sus teorías insinuantes en los últimos meses, diciendo que el profesor Taisho y yo teníamos una relación clandestina de profesor-alumna. ¡Estupideces! Desde ese mal suceso, nuestra comunicación había variado considerablemente fuera del horario de clases. Si bien seguía siendo un pesado, era más fácil tratar cuando no había nadie mirando o escuchando. Ya me había acostumbrado a su sentido del humor ácido y le seguía el juego de la misma forma. Nunca había obtenido una sonrisa amplia de su parte, solo muecas torcidas que demostraban lo interesado que estaba en el tema para volver a contraatacar con otro comentario peor. En cierta manera era un enigma para mi el sonido de su risa y quería descubrirla algún día. Aunque fuese por casualidad.
Para no extender la situación, Akane pidió que todos escribiéramos en un papel los nombres de los posibles candidatos (hombre y mujer). Luego, doblaríamos el escrito y depositaríamos el contenido en una gorra que Daisuke portaba aquel día. ¡Democracia, señores! Los resultados de esa votación me dejaron anonadada. Fui la tercera chica con más votos, después de Amaya (una muchacha de intercambio) y como era de esperar, ganó Akane. El candidato a rey sería el guapo de Takeshi Yukimura. El amor platónico de la mayoría del salón.
Era un chiste ver la expresión de Dai Yamagoshi en pleno conteo de votos. Ahí quedó la bella y llena de cualidades. Ya casi no le quedaban uñas de la cólera que sentía la boba muchacha. Se quedaba sin reinado y sin su guapo aspirante a rey, el cual extrañamente la ignoraba desde su ataque a mi persona. Tal vez se había dado cuenta la calaña de persona que era Dai.
Después de una silenciosa celebración por el triunfo de mi amiga, Akane comenzó a relatar y a escribir en el pizarrón las actividades que estaban confirmadas hasta ese momento:
- Primera actividad: Donar a la biblioteca mínimo veinte libros. (De cualquier índole: académico, literario, entre otros.) Nota: NO CON CONTENIDO SEXUAL.
- Segunda actividad: Presentación de candidatos. (Coreografía grupal. Máximo quince integrantes. Mixto).
- Tercera actividad: Gastronomía. El curso debe crear su propio restaurant con gastronomía nacional o internacional y venderlo fuera del establecimiento. El que recaude más fondos, ganará la prueba. (Mayor detalle tratar en nuevo concejo escolar).
- Cuarta actividad: Obra de teatro. (Temática libre. Sin mínimo o máximo de personajes a participar. Debe incluir en esta actividad a un docente educacional).
Y así sucesivamente se detallaron las actividades a realizar. La cuarta actividad me pareció interesante. Ver participar a los docentes no era muy común, excepto en el aniversario de la preparatoria. Eso trajo muchas dudas a nivel curso y no nos íbamos a quedar con ellas dando vueltas en la cabeza.
-Akane. –Hana Akimaya levantó tímidamente la mano para pedir la palabra, a lo cual la delegada le otorgó la opinión sin problemas- ¿Quién será el profesor que participará en la obra? ¿Lo asignaron o lo elegimos nosotros?
-Si, Akanecita. ¿Quién será nuestra victima este año, Matsumoto? –Se escuchó en uno de los puestos de atrás del salón-
-Tú serás víctima de mis puños si no cierras la boca, Takahashi. –Amenazó la delegada levantando ambas manos empuñadas, generando un nuevo silencio en el aula- Nosotros lo escogeremos, Hana. –Anunció retomando la formalidad del asunto- Pero, primero debemos escoger la temática de la obra a representar. ¿Ideas?
Silencio absoluto.
-¿En serio? ¿Nadie tiene una idea? –Se asombró Akane- ¿Para qué tienen el cerebro? ¿De adorno?
- Disculpe, señorita Matsumoto. Sé que no me corresponde entrometerme en esto. –Habló la profesora quien se había mantenido en el anonimato del asunto. Sinceramente habíamos olvidado que se encontraba frente a su escritorio, sentada y bebiendo una taza de café- Pero, les daré una pista que dudo se repita a nivel institucional. –Se puso de pie sin soltar aquella taza humeante, caminando lentamente hasta donde se encontraba parada Akane- Mitología antigua japonesa. Inspírense en la era feudal. Como bien saben, hasta el día de hoy se habla de ese pedazo de historia nacional. Una que ya está quedando en el olvido colectivo de las personas porque se cree simple fantasía producto de la ignorancia de los antiguos habitantes, que asociaban sus vivencias cotidianas con las criaturas que le acechaban.
-¿Qué clase de criaturas, profesora? –Takeshi alzó la mano, por primera vez en su vida interesado en lo que decía la maestra-
-Mágicas y letales para el ser humano, Yukimura. –Le respondió la aludida sin alterar su agradable tono de voz- Algunas eran inofensivas, otras no tanto. Unas bellas, otras horripilantes.
-¿Algún ejemplo, maestra? –Preguntó Sakura sin dudarlo. Era increíble. Todos prestábamos atención a las palabras de la mujer que nos solía aburrir de sobremanera en las clases de historia-
-¿Han escuchado sobre los Youkai? –Todos movimos la cabeza de forma negativa, a lo cual nuestra interlocutora se sintió defraudada- Esta juventud de hoy en día. Nunca saben nada. –Rodó los ojos en blanco y sonrió irónica- Los youkai, son criaturas sobrenaturales o demonios. Algunos son animales, o tienen apariencia casi humana, excepto por que tienen alguna parte que corresponda a un animal. Se dice que estos seres poseen una fuerza superior a la del ser humano. Por ende, muchos afirman que cuando un humano se enfrentaba a ellos, muy pocos podían causarle real daño a la criatura.
-¿O sea, eran superiores en todo aspecto a nosotros? –Preguntó Daisuke-
-En algunas cosas si, en otras quien sabe. –Se encogió de hombros la profesora Mitsuri mientras bebía despreocupadamente un sorbo de café- Ahora, prosiguiendo con el tema; algunos youkai vivían lejos de la civilización humana, mientras que otros no hacían ni el intento de mantenerse alejados. Algunos de esos demonios, secuestraban mujeres y las devoraban. A otras las violaban para satisfacer sus necesidades básicas. Si estas mujeres quedaban embarazadas, daban a luz a un hanyou: mitad demonio y mitad humano.
-Suena bastante interesante. –Susurró mi compañera de pupitre llamada Yumi-
-Recuerdo una historia muy antigua. –Siguió su relato la docente mientras comenzaba a caminar por el salón de clases- La leyenda se desarrolla en la era feudal. En ese tiempo, existió un Daiyoukai que gobernaba las Tierras del Oeste. Pertenecía a una raza llamada inu, quienes adoptaban la forma de un perro gigante y monstruoso cuando luchaban contra sus enemigos. Cuando no era la situación, mantenían su forma humana. Podían parecer un humano común y corriente si lo deseaban, más sus marcas faciales y puntiagudas orejas les delataban. Como decía anteriormente; este gran señor, se casó con una poderosa youkai del Clan Luna, y de esa unión nació un bello y poderoso príncipe, heredero de esas tierras y líder del clan de su madre.
-O sea, tenía la vida asegurada. –Comenté sonriendo divertida por su relato-
-Podría decirse que si, Higurashi. –Respondió del mismo modo la profesora, dibujando una amplia sonrisa que luego disolvió- Pero, eso no le libraría de enfrentarse a sus enemigos en un futuro. Es por eso que el joven príncipe youkai se especializó ampliamente en el arte de batalla, llegando a ser un perfecto asesino a muy temprana edad. A la edad de tres años humanos, ya había matado por si mismo a cinco enemigos y sin sufrir rasguño. Cuando el príncipe llegó a la etapa de adolescencia, se enfrentó a su padre, creyendo que podría detenerle de cometer el peor error de su longeva vida. El lord de las tierras del oeste, se había enamorado de una princesa humana, y esta iba a dar a luz en cualquier momento. Un hanyou, como les había mencionado anteriormente. Eso traería la deshonra y la posible caída de su amplio imperio, y el príncipe no estaba dispuesto a ello. Además, deseaba quedarse con las dos espadas que el lord tenía en su poder, pues no había armas más poderosas que esas. Si tenía que matar a su propio padre para detenerlo, lo haría. Pero, si el hijo era bueno en batalla con o sin espada, el padre era mucho mejor.
-¿Y qué pasó luego? –Preguntó Dai desde su lugar-
- El lord sabiamente le preguntó: "¿tienes algo que proteger?", al ver que su hijo estaba cegado por el poder. El joven príncipe no respondió, debido a que no le encontraba lógica a su pregunta. No tenía, ni quería proteger a nadie más que a él mismo. Era innecesario.
-¿Y se mataron mutuamente? –Curioseó Kito totalmente boquiabierto por la historia narrada-
-No. –Negó la profesora viendo unas aves volar a través del ventanal del salón- El lord del oeste, sabía que si se enfrentaban en un duelo, perdería a su hijo. Lo amaba, a pesar de su ambición, frialdad y sed de poder. El príncipe se quedó quieto en su lugar y le vio partir por última vez, repitiendo en su mente las palabras de su padre a lo largo del tiempo.
-Que noble daiyokai. –Dijo Amaya al borde de las lágrimas- Poseía más humanidad que su hijo o cualquier humano.
-El lord del oeste guió su destino hacia el castillo donde su amada princesa estaba en labor de parto. Cuando llegó, los soldados le atacaron para impedir su ingreso, más no lo lograron. Él se abrió paso a toda costa, aun cuando le lanzaban flechas y bolas de fuego ardiente y letal. Cuando llegó a la habitación de la princesa, ella estaba muerta. Su General le había dado muerte cuando ella trató de salvar a su criatura recién nacida. El lord del oeste, desenfundó una de sus espadas y con su poder divino la revivió. El General regresó al saber que el youkai había ingresado al castillo y desenvainó su espada para enfrentarse a muerte con él. El lord del oeste le pidió a su amada que abandonara la habitación que se encontraba en llamas, que fuera feliz lo que le restara de existencia y que en otra vida le amaría y recompensaría su ausencia. Ella huyó lejos, mientras que el daiyoukai y el general sucumbían por la espada y el fuego.
-¿Y qué pasó con el príncipe del oeste? –Me animé a preguntar. Era mejor que una telenovela o anime-
-Por ironías de la vida, muchos años después, youkai y hanyou se enfrentaron en una épica batalla por poder tener una de las espadas de su padre. Uno fue por sed de poder, el otro para proteger a una sacerdotisa. Como resultado, cada uno de ellos obtuvo una espada, pero el joven youkai no obtuvo la que deseaba. El príncipe perdió uno de sus brazos al perder la contienda y se refugió en un bosque, el cual estaba a un par de kilómetros de distancia de la aldea más cercana. Una noche, una pequeña huérfana de unos ocho años lo encontró mal herido y le proporcionó agua y alimento. A ella le pareció ver a un bello ángel caído del cielo y pensó que debía tratársele como tal. Como era de esperar, el príncipe rechazó su ayuda, ya que sentía un profundo rechazo a los humanos. Más eso no desanimó a la pequeña humana. Le traía cada día un alimento distinto y aunque obtuviera la misma respuesta, ella se empeñaba en atenderle. –Relató con paciencia y creó un ambiente de misterio para darle más suspenso a la situación- Un día cualquiera, la niña no regresó. El daiyokai comprendió que la humana se había hartado del juego y que era mejor marcharse de ese lugar, pues ya casi había recuperado el total de sus energías. Al caminar un par de kilómetros, gracias a su poderoso sentido olfativo, pudo detectar el aroma de la niña no muy lejos de ahí, pero lo que más le llamó la atención fue el fuerte hedor a sangre que le acompañaba. Sin detenerse a pensar, se guió siguiendo la proveniencia del aroma y la encontró muerta en un camino solitario. Su piel demostraba haber sido herida por alguna criatura letal que la había dejado en un deplorable estado físico.
-Eso no me lo esperaba. –Comentó Amaya con el corazón en un hilo tras escuchar el relato de la joven profesora-
-¿Y saben qué ocurrió? –Recibió una respuesta negativa a nivel general- ¿Recuerdan la espada del gran lord del oeste? –Esta vez recibió una respuesta más que afirmativa y llena de esperanza- Aquella arma, comenzó a vibrar en el cinturón que el príncipe portaba y se iluminaba tras cada segundo que transcurría. El príncipe, desconocedor de su poder, la desenfundó y pudo ver gracias a ella, a los servidores del inframundo que encadenaban el alma de la niña para llevarla a la otra dimensión. Sin dudar, probó las capacidades de aquella espada y con un golpe certero, aniquiló a los sirvientes. –No pude más que contener un grito de asombro en ese momento. Esa historia era genial- Las heridas comenzaron a desaparecer y sin dejar cicatriz alguna sobre la tersa piel de la muchacha. El príncipe la sostuvo entre sus brazos y esperó pacientemente a que la niña abriera sus ojos marrones. Hasta que lo hizo. Se dice que ese día el frío corazón del youkai se entibió gracias a ella. La pequeña niña decidió ser su compañera de viaje y seguirle hasta que él decidiera lo contrario. No tenía nada que perder de todos modos.
-¿Qué pasó con ellos? –Se escuchó la voz de Takeshi desde el fondo del salón-
-Con el paso del tiempo, las palabras de su padre se le venían a la mente. "¿Tienes algo que proteger?". ¿Ironía de la vida? Pues si. Ahora él, un príncipe y lord de las tierras del oeste, tenía algo que proteger: la vida de aquella dulce humana que había robado su corazón a un ritmo lento y sigiloso. Al pasar de los años, él ya no era aquel demonio frío y despiadado que mataba por simple placer. No. Tenía quien le contuviera, aunque eso al principio no le agradó en lo absoluto. Sentía que eso podía hacerle débil, pero luego descubrió que era al contrario. El tener un sentimiento como el que estaba descubriendo gracias a la humana, le hacían sumamente poderoso al momento de defenderla o pensar en ella. También, se dio cuenta del error que era el pensar que humanos y demonios no debían mezclarse. No era insano. Sin embargo, sentía que ella podía querer más que estar con él en una eterna caminata en busca del poder. Cuando la pequeña cumplió once años, la dejó en una aldea a cuidado de la sacerdotisa con la cual su medio hermano se había enlazado en matrimonio. La niña debería convivir con humanos, aprender a vivir y socializar con ellos y un día elegir libremente si quedarse ahí o vivir con él el resto de sus días. –Hizo una breve pausa al notar como el timbre de salida a receso sonaba- Para abreviar el asunto; ella se quedó en aquella aldea hasta cumplir la mayoría de edad. El príncipe regresó para saber su veredicto y aunque su lenguaje corporal no lo demostrara, estaba ansioso y deseoso de que ocurriera lo que su corazón anheló por años. Su sorpresa fue mayor al ver que nada quedaba de aquella niña, sino que se había convertido en una hermosa y deseable mujer. ¿Qué creen que pasó después?
-Se quedó en aldea. –Respondió Dai-
-¡Yo creo que se dio la oportunidad con el youkai! –Contradijo Sakura sin dudar-
-Sakura, tiene razón. –La amiga de Dai hizo un gesto de conformidad al contestar correctamente. Era el final que la mayoría deseaba- El príncipe siempre se había mantenido en sus pensamientos y su joven corazón. Al principio creyó que era agradecimiento por revivirla y admiración por la gran fortaleza que le caracterizaba. No obstante, al crecer se dio cuenta que no era por esas razones. Se había enamorado y mantenido la secreta esperanza de que él volviese por ella. No importaba cómo, pero quería mantenerse a su lado. El príncipe, al saber su respuesta, la tomó como compañera de vida y se enfrentaría a cualquier enemigo o ser que no aprobara su unión. Obviamente, tuvieron descendencia y ambos fueron felices por largos años, hasta que ella falleció antes que él por supuesto.
-¿Por qué murió antes? –Alcé la mano para aclarar mi duda-
-Porque los demonios pueden vivir miles de años y la vida humana es apenas un suspiro de ellos en comparación. –Interrumpió una voz masculina proveniente de la entrada del salón. Era el profesor Taisho, quien había escuchado el relato en completo silencio. Nadie se había percatado de su presencia hasta que habló- Y se dice que él al morir, prometió buscarle en cada reencarnación y reafirmar su unión. ¿Irónico, no lo creen? El príncipe repitió los pasos de su padre sin ser consciente de ello.
-Usted si conoce la historia. –Comentó fascinada la profesora Mitsuri mientras recogía sus cosas- Así que ya saben, ese es mi concejo. Guíense por esta historia y dramatícenla, tienen mucho material. ¡Hasta la siguiente clase!
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-¿Rin? –Akane me golpeaba insistentemente con su codo, mientras yo intentaba comer mi almuerzo- Es una simple dramatización que no durará mucho, además que Kito relatará y ni tendrás que hablar.
- Jódete. –Le respondí apuntándole con los palillos de madera, con la comida a medio tragar- No seré material para el circo.
-¡Por favor! –Insistía su novio Daisuke juntando sus palmas- Serás recordada por este épico momento. No tendrás que preocuparte por la vestimenta ni nada.
- Lee mis labios, corazón. –Le hablé lentamente y recalcando cada palabra para que le quedara claro- No-voy – a – ac – tu – ar.
-Hagamos algo. –Propuso Akane como último recurso- Si haces lo que te pido, te juro que no te vuelvo a molestar en lo que resta de actividades. Además, harás buena pareja con quien representará al Youkai.
Eso sonó muy tentador a mis oídos. Habían sido días caóticos para organizar los pendientes del aniversario institucional, y al día siguiente era la dichosa obra, la cual tendría lugar después de la coreografía para presentar a los candidatos de nuestro curso. Para qué mencionar lo desagradable que era oír a Dai creyéndose la líder del grupo, aportando ideas que nadie consideraba, pero a su gusto era lo mejor que alguien podía imaginar.
Momento. ¿Cómo era eso de hacer buena pareja con quien representaría al príncipe del oeste?
-¿Quién lo representará? –Me animé a saber, mientras que cogía el sushi con los palillos y los llevaba lentamente a la boca-
-¡Es sorpresa! –Respondió aplaudiendo emocionada mi amiga- Bajo esa condición aceptó actuar y sabes que si doy mi palabra la cumplo.
- Deja pensarlo de aquí a que finalice mi almuerzo, por favor, Akane. –Respondí ya un poco fastidiada, pero su cara de cachorrito abandonado me terminó por convencer- ¡Esta bien, ahora deja de verme así!
-¡Gracias, gracias, gracias! –Me abrazó efusivamente para luego dejarme en libertad. Yo creo que se percató del sonido de mis huesos por tan brusca que fue- Te juro que te verás hermosa. Tengo todo lo que conforma el kimono, unos peines, y maquillaje.
-No te pases con lo último. –Advertí con determinación- No soy muy amiga del maquillaje. Además, la compañera del youkai era una huérfana. Por ende, era sencilla y por eso le gustó al demonio.
-Tú no te preocupes, solo goza. –Guiñó el ojo izquierdo en señal de complicidad, para luego hablar con ensoñación- Ya puedo verte con aquel kimono, caminando a su lado, con el cabello suelto mientras todos aplauden su unión.
-Pienso que deberías ser tú la compañera del youkai. –Le manifesté mi opinión personal en todo el asunto- Eres la candidata a reina después de todo.
-No tengo menos protagonismo que tú, Rin. –Me rebatió sin dejar de sonreír con complacencia- Después de todo, soy la princesa humana que enamoró al gran youkai y con el cual tuvo un hanyou. Mi historia es más dramática que la tuya, hasta mi General me traicionó por culpa de los prejuicios.
-¿Así que Takeshi será el Daiyoukai? –Pregunté terminando mi almuerzo por fin. Era más que obvio si ella sería la dulce princesa humana-
-Exacto. –Respondió Daisuke, abrazando protectoramente a su novia- Y yo seré el General. Si se pasa de listo con Akane, tendré la oportunidad de cortarle el pescuezo y pasar desapercibido.
-Además le da más realismo a la obra. –Añade Akane, haciendo que los tres riésemos divertidos por las ocurrencias de ambos-
Por mi parte, esperaba que todo eso no se convirtiese en una completa locura.
Continuará...
