Capítulo 7: La leyenda de un youkai (II parte)
Primera jornada del aniversario institucional; habíamos sobrevivido a aquella ajetreada mañana, todo gracias al agradable ambiente que se mantenía entre los estudiantes de todos los niveles educacionales. Todo era festividad, risas y cantos que alentaban a sus respectivos equipos. Globos y pompones de papel de diversos colores se distinguían en las manos de los estudiantes que repletaban el amplio auditorio de la preparatoria, donde se solían dar los discursos administrativos del rector o para eventos importantes. En aquella ocasión, ese sitio serviría para observar las elaboradas coreografías y obras teatrales de cada curso.
No solo asistían al evento los alumnos y docentes, sino que también el cuerpo directivo de la preparatoria y algunos apoderados que deseaban participar al margen de las actividades programadas. Muchos de los espectadores se iban a encargar personalmente de fotografiar los eventos. Entre esas personas estaba mi prima paterna, Kagome Higurashi, quien por una huelga en su universidad había regresado a la ciudad por unos cuantos días y tras comentarle brevemente sobre mi participación, decidió asistir para inmortalizar el momento. Más bien era para burlarse y torturarme el resto de mi miserable existencia.
Ya que ese año la organización administrativa optó por la democracia y ninguna alianza se ofreció para ser los primeros en presentarse, se realizó un sorteo donde cada capitán sacaría un papel con su respectivo orden de presentación. Por suerte, salimos en cuarto lugar, y tendríamos a nuestro favor un poco más de tiempo para dar los últimos detalles a nuestros bailarines estrella.
Decidimos en forma grupal el mantener en todo momento la temática sobre la mitología japonesa, pero bailarían al ritmo de un clásico ochentero: Thriller de Michael Jackson. Los diez artistas "voluntarios" –nótese el sarcasmo- encargados de esa actividad se disfrazaron de múltiples seres muy conocidos en nuestra cultura, por ejemplo: Takeshi junto con Daisuke, se disfrazaron de un tétrico shinigami, uno de color negro y el otro rojo. Akane, interpretó a Jorogumo (la doncella araña). De cierta manera fue divertido verla con un kimono negro con telarañas pegadas en el género del traje, con múltiples patas a los costados de su delgado cuerpo, espantando a las amigas de Yamaguchi en un momento de descuido. Dai, representó a Yuki-Onna, la mujer de las nieves. Le prestaron una peluca de cabello negro, debido a que esa era la principal característica de aquella tétrica mujer que solía alimentarse de la esencia humana. Tres de mis compañeros se disfrazaron de Tengu, duendes de la montaña que les gusta gastar bromas a la gente y son como una especie de pájaros, pues tienen alas y picos.
Debía aceptar que se veían geniales y muy creíbles todas aquellas interpretaciones. Se notaba una buena organización, la cual había sido gran trabajo por parte de Akane, quien se consiguió de alguna forma u otra todos los implementos y disfraces necesarios para obtener tales resultados. Es por eso que con mis compañeros decidimos apoyarla en lo que más pudiésemos. Era lo mínimo que podíamos hacer después de todo. La meta era clara: salir campeones aunque tuviésemos que arrasar contra las demás alianzas tal como una letal avalancha.
En esos minutos previos al evento, me quedé en un lugar apartado del resto de mis compañeros. Ya había ayudado a algunos a maquillarse y ajustar sus disfraces para que no hubiese desperfectos técnicos a mitad del baile. Lo que me quedaba, era esperar a que Akane llegase con los kimonos que tendría que usar en la obra y dirigirme a la sala más cercana para vestirme dentro del menor tiempo posible.
Un hombre se puso a mi lado sin decir palabra, apoyándose en uno de los pilares de concreto que había en el lugar. Al cabo de unos segundos, preguntó con su voz plana y grave que le caracterizaba:
-¿No bailará, Higurashi?
-En esta ocasión no, profesor.
Ni siquiera era necesario verle directamente para saber que era Sesshomaru Taisho. En muchas ocasiones, sabía que estaba cerca de mi por su mera presencia y era prácticamente imposible no mirarle y dedicarle una sonrisa amable cada vez que hablábamos. Por una extraña razón, comenzaba a deleitarme cada vez más con su misteriosa e imponente apariencia. Verlo era mi nuevo y culpable pasatiempo favorito. Algo dentro de mi confundida cabeza me decía que eso no era del todo bueno. Una señal de alerta que aún no podía comprender del todo.
Aquella mañana, el profesor Taisho estaba casi irreconocible. Al verlo vestido con ropas informales, tan poco común en él, casi hizo que se me saliera el corazón del pecho y que la baba cayera de mi boca formando un charquito a mis pies. ¡Estaba jodidamente guapo! Debería ser considerado un pecado salir así a la calle y sobretodo asistir a un establecimiento donde había adolescentes con las hormonas alborotadas. Tal como yo en aquel momento. Hasta parecía una estrella de cine con aquella chaqueta de cuero de tono marrón, la cual estaba abierta y dejaba lucir una camiseta negra que se marcaba un poco a su trabajado cuerpo. También portaba unos jeans azules que le venían de maravilla y le combinaba perfectamente con todo el conjunto que portaba.
Podría ser un pesado de primera, pero de que era atractivo, lo era. Y mucho.
¿Desde cuándo me fijaba en las ropas que portaban los hombres? Más bien, ¿Cuándo me fijaba tanto en mi profesor? Me dije a mi misma que solo era la impresión del momento, por no estar acostumbrada a verlo vestido como un hombre de su edad, común y corriente. Sin embargo, ¿por qué mi corazón se aceleraba más de lo normal y mi estómago se hacía un nudo vibrante? No podía entenderlo. Si mi cerebro estaba confundido ya de por si, la cosa había empeorado en cosa de breves segundos.
-¿Usted participará en alguna de las actividades? –Me atreví a preguntar, teniendo en cuenta que lo más probable es que no recibiera una contestación-
-Ya lo verás. –Se limitó a responder mientras no dejaba de analizar silenciosamente las vestimentas de mis compañeros- Eligieron buena temática, aunque un grupo de primer año optó por imitar su idea mitológica, aunque egipcia en vez de japonesa.
Ratas sin ideas propias. No pude evitar poner los ojos en blanco ante la desagradable noticia. ¿Por qué no podían innovar?
-¿Se quedará a ver nuestra obra? –Sin saber por qué, pude sentir un leve rubor en mis mejillas. Quizás era por los nervios o la maratónica situación que se vivía tras bambalinas. ¿A quién engañaba? Era él el que ponía en ese penoso estado, aunque intentaba no demostrar el surgente nerviosismo en mi interior. Me hubiese visto demasiado patética si demostraba a todas luces lo que él me provocaba a unos pasos de distancia y sin siquiera ponerme un dedo encima- Está realmente interesante la historia como usted pudo escuchar el otro día.
-Estaré en primera fila viviendo el espectáculo, Higurashi. –Respondió dibujando una pequeña mueca, algo muy parecido a una diminuta sonrisa torcida, de la cual solo yo me percataba. Mi "yo" interno, gritaba de alegría por ese simple y diminuto gesto facial.- Además, supe que serás la humana que conquistó el corazón de aquel youkai.
- ¡Oh, aquí están! –Apareció de la nada Akane, sonriendo ampliamente hacia ambos, y al verla el profesor Taisho alzó una ceja intentando saber qué se trataba su disfraz- Soy la doncella araña, no me mire como un bicho raro, profesor. –Rió divertida por su expresión limitada y común en él- Rin, los kimonos y accesorios están con mi madre en la sala de música, debido a que nuestro salón está muy lejos de aquí y te necesito lo más rápido posible para darte los últimos retoques. –Cuando ya me disponía a retirarme de aquel sitio, pude escuchar que ella agregó- El suyo también está en el mismo sitio, señor.
-¿Y para qué necesita uno? –Pregunté inocentemente sin saber el trasfondo de su comentario-
-¿Acaso no es obvio? Pues él será el príncipe, Rin. –Guiñó el ojo con la misma picardía que la semana anterior cuando acepté el rol de niña huérfana- Creí que ya lo sabías. –Me vio mover de manera negativa mi cabeza como respuesta- Es que los vi conversando tan amenamente que creí… ¡Bueno, no importa realmente! Son detalles. –Soltó una risita nerviosa ante la mirada asesina que ya le dedicaba de por si-
¡Que se detenga el mundo que me quiero bajar!
¿Cómo no lo había visto antes?
¡Era tan obvio!
Tonta.
Tonta.
¡Rin, tonta!
Tenía ganas de pegarme una auto-cachetada en la cara por ser tan boba. A eso se debía tanto misterio de no querer decir quién sería el sujeto que interpretaría ese papel y que no asistiese a los ensayos programados. En ese segundo me hizo lógica su comentario: "Estaré en primera fila viviendo el espectáculo". ¿Qué le costaba decirme la verdad? Con razón sonrió el muy cretino. ¡Estaba disfrutando de mi gran ignorancia!
-Una vez que esté vestido, regrese y le aplicaremos los retoques de maquillaje, profesor. –Le informó Akane sin perder su buen sentido del humor, ignorando mi conflicto interno contra mi estupidez disfrazada de inocencia-
-No me dejen como un payaso de circo. –Sentenció rotundamente el joven hombre de cabellos platinados que estaba a nuestro lado.-
-No, señor. –Negó tranquilamente con su mano derecha- Esto es algo serio para nosotros. Solo le haremos unas marcas características que la profesora Mitsuri nos detalló el otro día. Usted descuide. –Le explicó brevemente- Ahora, vayan por su vestimenta que aquí les esperamos.
-Después de usted, Higurashi.
Tras hacer un gesto con su mano de forma cordial, di los primeros pasos hacia la dirección que guiaba hacia la sala de música. Ambos caminamos en silencio hacia ese lugar y si antes estaba nerviosa por lo de la obra, en ese instante fue peor. Mis manos sudaban levemente y no dejaba de mirarlo de reojo mientras sentía mis mejillas arder, imaginando el compartir escena con él enfrente de toda la comunidad escolar. En tanto el profesor Taisho, caminaba como si nada ocurriese. ¿Acaso no podía sentirse igual que yo? ¿Era posible que él no experimentara ninguna emoción aparte del enfado?
Una ronda de preguntas daba vueltas en mi mente, pero sabía que había algunas que estaban más cercanas a responderse que otras: Sesshomaru Taisho era un hombre muy apuesto de por si, pero, ¿cómo se vería vestido con kimono y maquillado como un youkai? ¿Se vería bien o le restaría crédito? ¿Él tendría conocimiento del final oculto de la historia o estaría tan ignorante de la situación como yo?
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-Rin, te ves de maravilla. –Dijo la madre de Akane al terminar de anudar la cinta del kimono que portaba- Te ves como una dulce y joven niña. –Sonrió al momento que dejaba mi cabello suelto y lo peinaba rápidamente para formar una trenza espiga algo desarmada. No había que olvidar que era una niña desvalida y pobre, así que su apariencia debía ser desordenada y algo miserable- Te viene muy bien el color rosa.
-¿De verdad lo cree? –Le pregunté tímidamente al verme en un espejo que ella había traído desde su departamento.-
-Por supuesto, querida. –Terminó de trenzar mi cabello y me obligó a mirarle de momento- No permitas que nadie te diga lo contrario. ¿Vendrán tus padres a la obra?
La respuesta fue seca y rotunda. No vendrían. Para variar. No esperaba menos de todos modos. ¿Para qué hacerlo? ¿Perder su valioso tiempo en una actividad sin productividad para ellos? Ni de chiste. Mei tampoco vendría porque tenía trámites que realizar y pues, para verle la cara de aburrimiento en plena actividad, mejor se quedaba en casa. Le especifiqué a la señora Matsumoto que solo vendría mi prima Kagome, para tomar fotografías tras bambalinas y posteriormente grabar la obra. Con ella era suficiente compañía, pues parecía estar más emocionada que yo misma con el asunto.
-Ya veo. –Una mueca torcida se distinguió en su antes amable rostro y negó con la cabeza tras escucharme, para luego hablar con aquel aire maternal que le caracterizaba y emanaba naturalmente de su persona- Tienes que tener presente algo muy importante: este es tu momento. Que nadie te lo arruine. Ni siquiera ellos. Tus padres no saben de lo que se están perdiendo y la vida les restregará eso en algún instante.
-Gracias, señora Matsumoto.
-Dime Umi. –Me corrigió suavemente- Tenemos confianza, Rin. Y créeme; no hay nada que agradecer.
No pude evitar sonreírle. Era una de las pocas personas que elevaba mi pobre autoestima con pocas y sabias palabras. Por breves instantes, me dediqué a ver el sencillo, pero bello kimono que portaba. Era de tono rosa con flores de diversos colores, cada una de ellas bordadas a mano. Un delicado trabajo a decir verdad. El kimono se mantenía cerrado gracias a una cinta de tono blanco, la cual estaba bien amarrada para que no hubiera dificultades por un mal movimiento. La verdad no me emocionaba la idea de mostrar alguna parte de mi cuerpo en pleno escenario. Y cómo olvidar los sobresalientes parches de género, los cuales estaban mal bordados, dando a conocer el mal estado en que estaba aquel traje, y luego le darían unos toques de tierra sobre la tela para darle un peor aspecto.
-Bien, es hora de ir con Akane para maquillarte. –Anunció juntando sus palmas con emoción- Llevaré el otro kimono a detrás de escena para que te cambies en ese sitio. No te dará el tiempo necesario para venir y volver allá.
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La coreografía había sido un total éxito. Los bailarines se lucieron en coordinación grupal. Hasta la pesada de Dai se había esforzado en seguir correctamente los pasos, respetando el ritmo y las silenciosas indicaciones que entregaban los candidatos a reyes en lo que duró la presentación.
La cúspide de la fascinación, fue cuando Takeshi y Daisuke, elevaron por los aires a Akane y la posaron sobre sus anchos los hombros masculinos al momento de finalizar la coreografía, con elegancia y una gran sonrisa triunfal. Los que observábamos la coreografía detrás de escena, creíamos que nuestra compañera podría caer en tal hazaña, pero no lo hizo. Como una completa diva, extendió sus brazos al cielo y disfrutó de los aplausos que le dedicó el público más que impresionado. La temática escogida por nuestra alianza fue más que comentada durante varios minutos y eso era un gran punto a nuestro favor. Habíamos captado la suficiente atención de los espectadores y sus miradas estarían fijas en nosotros.
Mi atención se vio interrumpida brutalmente al ver al causante de mi confusión mental, caminando entre la gente, ya listo para entrar en escena apenas nos dieran la señal. ¿Acaso dudé en algún minuto que aquel disfraz le restaría crédito a su apariencia natural? Pues, sinceramente había sucedido lo contrario. Mi corazón palpitaba con una inusual rapidez y mis ojos no podían dar crédito a lo que veían. Sesshomaru Taisho se veía poderoso al portar aquel kimono masculino de color blanco y con patrones distintivos en la zona del cuello, sobre el cual llevaba una armadura aparentemente de acero, con púas que se notaban afiladas a simple vista. Su obi era de color amarillo, aunque no tan intenso como el tono de sus ojos, el cual iba sujeto con fuerza a la altura de la cintura, en donde portaba dos espadas ficticias. Una extensa estola peluda de color blanco cubría uno de sus masculinos hombros, la cual parecía cumplir la función de un escudo protector.
Su rostro maquillado. ¿Cómo no fijarse en ello? Su piel parecía suave y tersa, en donde a la altura de las mejillas dos franjas violetas lo adornaban. Sus parpados poseían el mismo tono, los cuales parecían ser rasgos permanentes en su tez. Lo que me llamaba mucho la atención era una luna azul morada en su frente, la cual parecía ser dibujada por los mismos dioses. Su cabello platinado caía libre y suelto en su espalda y parecía ser en extremo sedoso. Cuanto deseé tocarlo y peinarlo en ese instante. En sus manos se distinguían garras de mediano tamaño, las cuales daban la impresión de poder cortar cualquier material existente con tan solo un pequeño roce, aunque eso era imposible debido a que solo eran uñas postizas. Algo en lo que no había reparado en su momento: sus orejas, las cuales eran largas y puntiagudas como las de un elfo. Si, Sesshomaru Taisho era muy atractivo, imponente con su casi metro ochenta de altura y calzaba perfectamente con la descripción relatada por nuestra profesora. Parecía ser un verdadero youkai.
-¿Estás lista, Rin? –Preguntó Takeshi, el cual llegó a mi lado sin siquiera percatarme. Lo escuché tan lejano que ni siquiera pude entender bien lo que había dicho-
-¿Disculpa?
-Te pregunté si estabas lista. –Repitió al momento que guiaba su vista hacia donde miraba momentos antes- Vaya. Ya veo porqué tanta distracción de tu parte. –Comentó con un dejo de molestia en su voz que no pasó desapercibido-
-No digas boberías, Yukimura. –Resté importancia a su comentario rápidamente para evitar otros de igual categoría. Lo último que quería era que se regara el rumor de que casi se me caía la baba por mi profesor de cálculo, y eso le hubiera dado razón a la teoría malintencionada de Dai Yamaguchi- Por cierto, te ves bien.
Takeshi Yukimura tenía una apariencia algo similar a la que llevaba Sesshomaru Taisho. La diferencia era que su peluca platinada estaba recogida por una coleta y en sus mejillas solo tenía una franja dibujada, en vez de dos como su "primogénito". Tampoco tenía aquella luna en la frente, sino que la llevaría Hana, quien interpretaría a la madre youkai del clan luna.
-Sin que te ofendas, Takeshi… -Llegó Akane dándose los últimos retoques de maquillaje- El profesor se ve más bueno que tú.
-Me vale lo que digas, Matsumoto.
-Sólo míralo. –Le apuntó en dirección donde el maestro estaba charlando con la madre de Akane sobre algo que desconocíamos- Todas las mujeres se le quedan mirando. Lo miran con deseo juvenil. Apuesto que más de alguna tiene las bragas mojadas en este momento.
-No tienes remedio. –Murmuré sintiendo mis mejillas arder, y solo pude ocultar mi rostro con una de mis manos negando varias veces con la cabeza tras sus palabras-
-¡Es la verdad, Rin! Es más, creo que más de alguna le ofrecerá su virginidad cuando empiece la temporada de exámenes finales con tal de aprobarlos. Aunque, me imagino que no debe ser un sacrificio muy doloroso con tal profesor. –Rió disimuladamente, para luego posar una de sus manos sobre la armadura que traía puesta Takeshi- ¿Y tú? Él chico más deseado en los últimos años, el muchachito de ojos heterocromos, no tiene perro que le ladre.
-Vete a la mierda, Matsumoto. –Levantó el dedo medio el aludido ya bastante mosqueado por los comentarios ácidos de mi amiga- No sé qué le ven. Es un pesado sin gracia. Lo único que sabe hacer es pasar por alto a la gente con esa superioridad injustificada, acompañada de esa expresión estampada de estar oliendo mierda cuando está cerca de alguien.
-Aun así te da mil patadas en el trasero. –Rebatió Akane sin dar su brazo a torcer- Tiene más ligue que tú y los niños ratas con los que te sueles juntar. –Me jaló del brazo para llevarme a algún lado que desconocía y antes de retirarnos, añadió- Y no es que huela mierda a su alrededor como dices. A mi parecer, solo percibe el hedor de fracasados como tú y prostitutas inseguras como tu noviecita, Dai.
Uh, con esa palada de mierda que le tiró, mejor escapar antes que venga la respuesta.
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Las luces iluminaban el amplio escenario. El auditorio estaba en un profundo silencio ante la expectación de lo que sucedería en los siguientes minutos. Kaori Inoue y Kito serían los narradores de la historia y cada uno de nosotros estaba atento para salir a escena en el momento indicado. Recuerdo haber estado algo nerviosa. No es que fuera muy agradable el tener tantos ojos fijos en mi, cuando normalmente intentaba pasar desapercibida en las multitudes. También había que añadir el punto sobre el misterioso final alternativo que aún desconocía y que solo sabría al momento de finalizar la obra. Algo me decía que no sería nada convencional.
La voz de nuestro compañero sonó a través del micrófono y este relataba con calma la vida del youkai interpretado por Takeshi, quien recibió uno que otro silbido y suspiro coqueto por parte del género femenino. Segundos después cuando se anunciaba el matrimonio entre el daiyoukai y la heredera del clan luna, apareció Hana en escena, dejando su característica timidez, para adoptar la seriedad, seguridad y porte de una dama de clase alta. Se veía bella y distinguida con aquel kimono blanco con detalles púrpura, y al igual que los otros personajes, llevaba el pelo largo y platinado, peinado en dos coletas con dos mechones libres al costado de la cara. Al igual que su hijo, llevaba lentes de contacto de tono ámbar y una luna morada en la frente. No parecía ser la Hana que conocíamos, tierna y tímida con poca seguridad. En esa ocasión se mostraba indiferente, inalterable, muy parecida a la personalidad de Sesshomaru.
Fue algo divertido ver como la pareja de daiyoukais presentaban a su heredero al público, muy al estilo de la película "El Rey León" (cuando presentaban a Simba), para que al disminuir la graduación de la luz del escenario, Takeshi lanzara el bebé de plástico lejos para ganar tiempo en cambiar escenografía. Era más que evidente que seguía molesto por los comentarios de Akane minutos antes de comenzar con la obra.
Kaori relató el momento en que el daiyoukai conoció por casualidad a la dulce princesa humana, Akane, quien caminaba por un bosque sin su escolta de guardias. Takeshi la observaba a unos pasos de distancia y ambos dieron alusión que el amor naciente entre ellos había sido a primera vista. Aunque lo más probable es que quisieran abofetearse mutuamente. No era un secreto para nadie el saber que se soportaban por mera obligación.
Luego se mostró como el rumor del romance entre la princesa humana y el daiyoukai comenzó a expandirse como la hierba mala entre los enemigos del señor del oeste y cuando osaron atacarlo para impedir su unión. Pero, ya era tarde. La mujer estaba embarazada y él estando mal herido iría por ella y su hijo para protegerlos. Fue ahí cuando el maestro Taisho entró en escena, en donde muchas mujeres contuvieron la respiración al verle. Si, señoritas. Yo también tuve la misma reacción, pensaba al ver lo que ocurría. Sin más opción, me obligué a seguir pendiente del rumbo de la historia y no lo que sucedía con el profesor.
La escena de la playa fue la más tensa de todas. Hijo y padre podrían enfrentarse en cualquier momento; uno por amor, el otro por poder. En ese punto de la historia, nadie perdía de vista lo que pasaba y muchos de nosotros sonreíamos con satisfacción ante tal panorama. Takeshi con una seriedad pocas veces vista en él, le preguntó a Sesshomaru: "Dime, hijo mío. ¿Tienes algo que proteger?", mientras por su brazo caían gotas de kétchup con agua, simulando ser sangre tras una fallida batalla con sus enemigos. Tras un breve silencio, su "hijo" le respondió que eso no era necesario, sin perder la expresión indiferente de su rostro. Sin más, las luces del escenario comenzaron a parpadear simulando la transformación de aquel youkai para ir en busca de su amada, en donde un perro blanco de marioneta (muy similar a los que utilizan en China con los dragones durante los festivales) corría por el escenario, escuchándose la voz de fondo de Takeshi preguntando nuevamente si su hijo tenía algo que proteger, a lo que este solo respondió en voz alta: "Sandeces". Sesshomaru se retiró de escena mientras se daba paso a la segunda parte de la historia.
Rápidamente, se ambientó el lugar en dos secciones. La primera, fue la parte frontal del castillo, donde el daiyoukai se enfrentó a los soldados en su forma no humana, acabándolos uno por uno sin temor a las "bolas de fuego" que se lanzaban en su contra. La segunda ambientación, ocurría en la habitación de la princesa, donde Akane fingía estar en labor de parto. Poco después apareció Daisuke interpretando al General del ejército del reino, sujetando la empuñadura de su espada. La escuchó gemir de dolor, apenas soportando las duras contracciones de las cuales era víctima. Poco después ella dio a luz y con pocas fuerzas sujetó al hanyou contra su pecho. Sin esperar un momento más, Daisuke desenvainó su espada y le dio muerte a la princesa ante la queja colectiva de los asistentes.
El General desapareció del lugar limpiando su arma, sintiendo un breve remordimiento al acabar con la vida de la mujer que amaba en secreto. Segundos después apareció Takeshi por el lado contrario del escenario y con su espada revivió a la princesa con sus poderes sobrenaturales, pues el niño jamás había sido lastimado. Daisuke al regresar vio que la humana y su hijo estaban con vida, y eso le molestó de sobremanera. Youkai y humano se enfrentaron en una épica batalla, mientras el sonido de las llamas ardientes sonaba dentro del auditorio. Las luces se apagaron al momento en que un derrumbe daba muerte a ambos guerreros, mientras que la princesa huía con el recién nacido.
Así lentamente transcurrió el rumbo de la historia, hasta que ambos hermanos se enfrentaron en una batalla por las espadas de su padre. El hanyou, interpretado por Sasuke, le cortó el brazo al príncipe y este malherido fue a refugiarse en un bosque no muy lejano al lugar de batalla. Suspirando hondamente, salí a escena sabiendo que estaba siendo grabada por mi prima, quien modulando en silencio me deseaba suerte.
Con una melodía suave de fondo, me acerqué al profesor quien estaba recostado a la sombra de un árbol y reposaba sobre su estola manchada con sangre. Al verme, él gruñó como método de defensa y yo al ser una niña pequeña, quedé oculta tras unos arbustos. Poco a poco se iba mostrando como le proporcionaba agua y comida, y como él la despreciaba en cada intento.
Luego aparecieron los lobos atacando mi aldea, y en la huida tropezaba con una piedra sobresaliente que hizo que cayera al piso, donde esas bestias me dieron alcance y acabaron con mi corta vida. Creo que Dai fue la más emocionada al morderme la pierna. Maldita.
Kito relató el momento en que Sesshomaru al sentirse en mejor estado físico, caminó para retornar a su hogar, más se detuvo cuando sintió el aroma de mi sangre. Añadía que el joven príncipe del oeste, experimentó el poder que la espada de su padre tenía y que al igual que aquella princesa humana, había revivido al aniquilar a los sirvientes del inframundo. Aunque se dejaba ver que no sólo había sido un experimento, sino una forma de agradecimiento por los cuidados que la niña le había proporcionado por varios días.
Durante el maratónico cambio de la tercera y última escena, tuve que correr para cambiarme de kimono y peinarme en tiempo récord. Akane apenas pudo terminar de amarrar el obi, mientras que su madre me soltaba el cabello para darme una apariencia más adulta.
-El príncipe del oeste, viajó durante años junto a la pequeña que decidió acompañarle en su travesía en busca del poder. –Narraba Kaori desde un punto neutro del escenario- Su frío corazón guardaba un profundo secreto; comenzó a tener sentimientos por aquella humana. Al principio creyó que era compasión, luego se percató que era algo mucho más profundo de lo que imaginó. Era amor. Pero, él no creyó correcto elegir por ella y mantenerla a su lado sin más. La envió a una aldea, donde casualmente vivía su medio hermano con una sacerdotisa. –En escena se veía a Sesshomaru, hablando en silencio con Sakuke y Sakura, quien interpretaba a la Miko- La niña viviría con ella hasta la mayoría de edad y sería libre de elegir si compartir su vida con él o convivir con los humanos.
-El daiyoukai, volvió cinco años después. –Comenzó a hablar Kito- Estaba nervioso y ansioso aunque no lo demostrara. ¿Cuánto habría cambiado su compañera en todo ese lapsus de tiempo? Él quedó perplejo al ver que de esa niña solo quedaba el recuerdo, pues ante sus ojos había una hermosa y deseable mujer que volvería loco a cualquier ser de este mundo.
Sesshomaru estaba de pie en el bosque, observando al horizonte esperando a que apareciera en escena y nuevamente me di ánimos para terminar con mi parte. Dando tímidos pasos en su dirección, fui mirando la falda de mi kimono, la cual era de color violeta, el cual tenía dibujado perfectas y múltiples flores de varios tonos y un par de estrellas como patrón a la altura de hombros y a lo largo de los brazos. El obi era de tonalidad roja con detalles amarillos, en donde había un modesto abanico de madera puesto en él.
No sabía si estaba nerviosa por las miradas fijas de los espectadores, el no saber el final de la historia o tener esa mirada ambarina sobre mi. Mi estómago parecía estar llena de mariposas revoloteando en aquella zona tras cada paso que daba. Sesshomaru Taisho extendió su mano y fue casi un acto automático de mi parte el cogerla con cuidado de no pasar a llevar una de sus garras. Por un momento creí que una corriente eléctrica corría por aquella extremidad que derivó en un exquisito escalofrió en toda la espalda.
-La joven, decidió pasar su vida junto al daiyoukai, y demostrarle todo el amor que sentía por él. –Hablaba nuevamente Kaori con una sonrisa en el rostro- Ambos prometieron protegerse, amarse y buscarse en cada reencarnación para vivir nuevamente su amor. El youkai encontró sentido a la pregunta que su padre le hizo siglos antes de su muerte y por primera vez reconoció en voz alta.
-Sí, tengo a alguien a quien proteger. –Dijo Sesshomaru en voz alta y clara cuando fue su turno- Y eso me hace el ser más poderoso de este mundo. Ella lo vale.
-Y sin más… -Kito hizo una breve pausa- Youkai y mujer, se dieron un dulce beso en los labios para sellar su amor y unión por toda la eternidad.
¡QUÉ!
¿Había escuchado bien?
En ese instante creí que me iba a dar algo.
¿Besarlo?
¿Besarme?
¿Besarnos?
¡Dioses!
Un murmullo colectivo no se dejó esperar, mientras que Sesshomaru solo abría un poco más de lo habitual sus párpados al estar tan sorprendido como yo con el final de la obra. ¿Qué hacer? Era buena interrogante, pues si lo llevábamos a cabo, ambos podíamos tener consecuencias. Sobre todo él, aunque yo ya fuese mayor de edad. Los códigos éticos y morales del establecimiento educacional no lo permitían.
Antes de que pudiese abrir la boca o hacer algo, mi profesor rápidamente cogió el abanico de madera que tenía en el obi del kimono. Tomándome sorpresivamente por la cintura, abrió de golpe aquel abanico, se acercó a mi casi en cámara lenta, lo que hizo que automáticamente cerrara mis ojos, y con ese objeto cubrió nuestros rostros y el "beso" final.
Una exclamación de asombro no se dejó esperar en el público. El rector del establecimiento se puso de pie indignado gritando algo que no logré comprender. El profesor Taisho se alejó de mi, cerrando el abanico y dejándolo en el lugar donde lo había encontrado momentos antes. Las cortinas del escenario se cerraron y ambos quedamos en nuestros lugares sin siquiera movernos. No sabía que había ocurrido, pero tenía más que claro que toda la sangre de mi cuerpo parecía estar acumulada en mis mejillas y que no iba a ser fácil regresarla a su lugar.
Mierda. ¿Había sido real lo que pasó?
Pues si. Habíamos estado muy cerca. Demasiado. Pero no lo suficiente, pues nunca llegó ni siquiera a rozarme los labios. Solo fingió hacerlo y deseé silenciosamente que si lo hubiera hecho. Kagome entró a escena gritando de la emoción, lanzándose directo a abrazarme sin soltar su cámara. Después de separarse de mi, le dio un leve golpecito en el hombro a Sesshomaru quien le dedicó una de las miradas más gélidas y reprobatorias que había visto hasta el momento.
-Vaya, vaya. –Comentó maliciosamente mi prima- No sabía que eras tan buen actor, Sesshomaru.
-Reserva tus comentarios, Kagome.
-¿Se conocen? –Pregunté al no comprender la familiaridad con la que se trataban-
-Pues claro. –Se apoyó en él, dedicando una sonrisa burlona- Es mi cuñado, aunque no le agrade la idea.
¿Qué?
¿Cuñado?
Sesshomaru, dedicándole una mirada peor a la que le había brindado instantes antes, decidió marcharse sin decir palabra. Sin darle tiempo a retirarse de escena, el rector gritaba su nombre pidiendo explicaciones por lo ocurrido. Era un escándalo de grandes proporciones al parecer. Sin embargo, él no parecía estar complicado por la situación. Kagome y otra apoderada, se acercaron a los dos hombres que mantenían una acalorada conversación sin vacilar, demostrándole a través de la cinta de video, que realmente jamás me había tocado y que solo había jugado con la percepción del público asistente.
Por inercia, tocaba mis labios, preguntándome ¿qué hubiese sentido si realmente me hubiese besado?
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Al final de la jornada, ya todos nos preparábamos para retirarnos a nuestros hogares, algo desanimados al saber que casi nos descalifican por el final que los chicos habían escogido para la obra. En la entrada principal pude divisar a Mei, sosteniendo una caja entre sus manos. Sonreía ampliamente y tras abrir sus brazos, me brindó un gran abrazo cuando estuve frente a ella. ¿Qué rayos le sucedía? ¿Se iba a acabar el mundo y yo no lo sabía? ¿Mei siendo así de cariñosa? ¿Qué demonios?
-Estuviste maravillosa, Rin. –Dijo entregándome aquella cajita que antes sostenía, para ver que se trataban de unos chocolates que no eran muy usuales en el mercado de la ciudad- Alcancé a llegar a mitad de la obra y déjame decirte que casi se me cae el pelo al ver que ese hombre te besaba.
-No me besó. –Aclaré sintiendo como nuevamente mis mejillas se iban tornando rojas- Solo fingió hacerlo.
-¡Que alivio, hermana! –Revolvió mi cabello, aliviada- Aunque debo decir que es bastante guapo tu profesor.
-No tanto en realidad. –Respondí tratando de mostrarme indiferente, pues Mei podía malinterpretar la situación e ir de chismosa con mis padres.- Con suerte nos toleramos.
-Pues no se vio de ese modo. –Contradijo alzando una de sus cejas perfectamente delineadas, sospechando que había algo más de trasfondo- Parecían tener una conexión de alguna manera.
-¡Era solo una jodida actuación, Mei!
-Entonces, ¿no te molestará presentármelo? –Preguntó de golpe, dejándome perpleja y tambaleante- La verdad, me pareció un sujeto bastante atractivo y sumamente interesante.
-No creo que seas su tipo. –Interrumpió Kagome, al momento que guardaba su cámara en el bolso que portaba- Por lo general, le agradan las mujeres con cerebro.
-Dejemos que yo compruebe eso, ¿no lo crees?
-Pierdes tu tiempo. –Insistió Kagome sin ningún tipo de filtro- Estoy segura que al momento de verte, él pasa de ti.
-Comprobémoslo. –Sonrió mi hermana con autosuficiencia- Yo siempre tengo lo que quiero.
-La diferencia es que Sesshomaru no es un objeto. –Contradijo mi prima con un aura parecida a la de Mei; totalmente competitiva- Es una persona que razona y siente, aunque no lo parezca en el último punto.
Yo había quedado en un segundo plano de aquella conversación. Me sentía un pequeño punto invisible entre ambas. Nadie tomaba en cuenta mi presencia u opinión. ¿Querría realmente que Mei conociera a Sesshomaru? ¿Kagome tendría razón al pensar que él no le daría bola a mi hermana? Pues, había un modo de comprobarlo.
-¡Profesor Taisho! –Le llamé cuando él estaba a unos cuantos pasos de distancia, haciendo que ambas cotorras se callaran de golpe- ¿Gusta acompañarnos durante el trayecto?
-No creo que sea lo más conveniente por hoy, Higurashi. –Respondió tal como siempre, aunque pude notar que su mirada se detenía en Mei más de lo que solía hacer con otras personas-
-No tiene nada de qué preocuparse por lo que piensen, señor. –Dijo mi hermana mayor de forma coqueta, extendiendo cordialmente su mano para presentarse- Soy Mei Higurashi, hermana de Rin. Ella me explicó lo que pasó durante la obra, así que no piense que le reprocharé algo.
-Sesshomaru Taisho. Un placer conocerla. –Cogió su mano y mantuvo firme aquella mirada ambarina sobre mi hermana- Me alegra que no piense equivocadamente.
¿Un placer conocerla?
¿En serio?
¿Le alegraba que ella no pensara mal sobre la situación?
¿Qué demonios?
Creo que tanto Kagome, como yo, tuvimos la misma expresión desencajada al escucharlo con una voz que dejaba entrever un particular interés. Finalmente, después de unas cuantas insistencias por parte de Mei, mi profesor de cálculo aceptó caminar con nosotras en el trayecto.
Kagome y yo íbamos delante de ellos, intentando escuchar algo de lo que conversaban, pero los intentos eran fracasados. En ningún momento hablaron con nosotras. No había nadie más que ellos en su burbuja. Al despedirse, recién pudimos oír que él le invitaba un café al día siguiente después de la jornada de aniversario. Ella por obviedad, después de unos cuantos regateos, aceptó encantada.
Kagome no se lo podía creer, y estaba a punto de cavar su propia tumba y echarse tierra ella misma.
Por mi parte, un confuso sentimiento de tristeza invadió mi ser, junto con una molestia que solo podía contener apretando mis puños y mirando a otro extremo de la calle. Me dolía verlos juntos, y eso no era para nada bueno. Quizás no solo me gustaba, sino que me estaba enamorando de él y no lo supe ver a tiempo. Me dije a mi misma que debía acabar con ese sentimiento antes de que fuese demasiado tarde y acabase sufriendo y llorando por los rincones como una magdalena.
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Nota autora: ¡Sorpresa! ¡Capítulo doble! Gracias por seguir esta historia y hacerme saber sus opiniones. Lo valoro mucho.
Bueno, ahora entenderán porqué Rin se refiere a Sesshomaru como un príncipe del oeste (si tienen dudas, lean el primer capítulo si lo han pasado por alto). Por otra parte, es aquí donde ella se comienza a percatar de sus sentimientos hacia ese menudo profesor de cálculo que se gastaba, y del mal sabor de boca que le ha dejado Mei y su actitud al conocer a Sessh.
Si tardo en actualizar, favor comprender. Tengo demasiado que hacer en mi trabajo y estudios (último año de carrera) y pues debo repartir el tiempo para tambien seguir escribiendo el final de esta historia para que no quede inconclusa.
¡Besos y abrazos psicológicos para todos!
