Capítulo 8: Alma desnuda.
Sábado 13 de enero del 2018.
Hoy me he despertado con una sonrisa en los labios. He soñado una vez más con la mágica obra teatral que interpreté en mi último año de preparatoria. Pude verme una vez más en los brazos de Sesshomaru, temblando cual hoja en el viento sin saber qué decir o hacer al momento del beso final. En aquella ocasión no pudimos concretar aquel pedido, pero en mis sueños si se lleva a cabo, donde puedo sentir la calidez, suavidad y sabor de sus labios. Rozo con la yema de mis dedos la curvatura de mi boca y el recuerdo de la boda no tarda en aparecer. Su beso, sus caricias, su pasión que consumía todo a su paso.
Muchas cosas han cambiado desde aquella ocasión. Entre ambos se ha creado un doloroso abismo que nos ha separado. Una parte de mi me reclama que lo busque, que hablemos y tratemos de recuperar la relación de amistad que un día tuvimos. La otra parte racional me dice que eso no será posible. Ambos somos plenamente conscientes de los sentimientos que tenemos hacia el otro y que él decidió estar con Mei a pesar de todo. Ya no hay vuelta atrás. No podemos fingir que nada pasó. La distancia es necesaria. No importa cuánto duela. No puedo interponerme en su camino una vez más. ¿Qué sigue? ¿Ser la amante? ¿Traicionar a mi propia hermana? Eso jamás. Nunca me lo perdonaría. Ella me odiaría. Mi madre me rechazaría, más de lo que ya hace cada día. Mi padre me mataría y a él también. Sí, me asusta pensar en la reacción de mi padre si cayese en esa situación. Su adoración es Mei. Nadie daña a su niña. Él no es una persona que perdona y deja pasar las cosas como si nada. Puede llegar a ser peligroso.
Cubro mi cabeza con las blancas sábanas de mi cama, intentando despejar mi mente de aquellos locos pensamientos matutinos. Tranquila, Rin, eso no pasará. Decido que lo mejor es tomar un buen baño caliente y comenzar una ajetreada jornada de trabajo. ¡Será un gran día! Hoy en la tarde, tocaré en el Teatro Fujisawa junto con la orquesta en la cual soy partícipe desde hace algún tiempo. Dependiendo de cómo se vayan desarrollando las cosas, puede que en algún día no muy lejano tenga la posibilidad de interpretar un solo en alguna presentación. Eso me emociona y motiva de sobremanera para seguir participando en aquella agrupación de talentosos músicos. No importa cuán sacrificado sea para estar al nivel musical en que ellos están.
El director de orquesta, un ruso llamado Dimitri Sokolov, constantemente dice lo satisfecho que está con mi trabajo, que puedo transmitir fuertes emociones y que en más de una ocasión se le ha erizado la piel al escucharme tocar el violonchelo. Al principio, me sentía realmente alagada por sus cumplidos, pues no tengo los estudios ni la preparación que los demás integrantes tienen y me creía en total desventaja con ellos. La situación varió cuando Isamu Oka, una mujer de aproximadamente treinta años que toca también un violonchelo, se ofendió al oír tales comentarios, pues al parecer Dimitri le decía las mismas cosas antes de que terminaran acostándose. Además, él jamás le mencionó la posibilidad de tener su propio solo en una presentación a pesar de lo buena que es. Eso me parece totalmente injusto.
Muchos me han dicho que tal vez Dimitri tenga esa misma intención: acostarse conmigo para darme un papel protagónico. Sin embargo, no tardo en aclarar en que no caeré en ese juego y que si algún día tengo mi propio espacio en una presentación será por mi trabajo y no por un acostón como ficha de cambio. Eso no va conmigo. Y aunque pudiese, el simple hecho de estar enamorada de Sesshomaru cambia las cosas. Tener relaciones sexuales con una persona a la cual no amas no es algo muy placentero. Al menos en mi caso. Recuerdo mi primera vez; estaba en extremo nerviosa, no sabía si iniciar mi vida sexual o salir huyendo. De otra forma u otra, mi acompañante me convenció para quedarme y concretar la situación.
En todo momento Sesshomaru estuvo en mis pensamientos. El tocar la piel del joven que estaba junto a mi en el lecho, era como tocarle y besarle a él. Sabía que eso no era correcto e intenté por todos los medios apartar de mi mente a mi amor prohibido y por un momento lo logré. Dejé de lado a ese hombre de cabellos platinados que me traía loca y abatida. ¿Y qué logré? Sentir una dolorosa penetración que me hizo derramar lágrimas y que en la mitad del acto sexual viese en mi amante el rostro de Sesshomaru con su mirada ambarina sobre mi. Eso fue lo más inédito que me pude imaginar alguna vez. Recuerdo haber solicitado desesperadamente que se detuviera. Cuando la imagen mental se aclaró y me cercioré que realmente no se trataba de Sesshomaru, sentí alivio y a la vez un sabor amargo de boca. En ese momento supe que estaba realmente jodida.
Verlo en mis sueños era una cosa, que apareciera su imagen en pleno actual sexual era otra muy diferente. Por obviedad, me arrepentí de perder mi virginidad con el joven que se percató de que algo había sucedido, pero que no pudo saber qué fue realmente. Hubiese sido bochornoso y revelador sobre mi secreto. Solo fingí placer lo que restó de velada para no lastimar el ego de mi acompañante. Él no tenía culpa de lo que me asechaba.
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Sin duda, esta mañana ha comenzado de forma extraña. Primero; sueño con la obra. Segundo; mi conversación mental sobre la distancia que he tenido con Sesshomaru y como la cosa se distorsionó hasta el punto de pensar en las consecuencias de convertirme en su amante. Muy loco a decir verdad. Tercero; pensar en la mínima posibilidad de que el director de orquesta quiera acostarse conmigo y que su ex ligue me odie por ello. Cuarto; recordar mi primera vez –realmente mala- y lo jodida que estaba psicológica y emocionalmente al darme cuenta que lo de Sesshomaru iba más allá de una atracción física. ¿O era normal verlo en el cuerpo de otra persona cuando tienes sexo? No. No lo era. Quinto y final: La llamada de mi madre.
Estaba preparándome el desayuno, a la vez que escuchaba el pronóstico del tiempo. Este anunciaba la probabilidad de fuertes lluvias en la región al caer la noche, acompañada de fuertes vientos. Eso justificaba el día gris producto de las nubes que cubrían el cielo y que podría caer un buen aguacero en cualquier momento. Sosteniendo una taza de té en mis manos, me acerqué a la ventana de la sala de estar, observando el cielo y esperando que la lluvia no cayese hasta después de la hora del concierto. No deseaba mojarme más de lo necesario.
En ese momento el sonido del teléfono celular me sacó de mis pensamientos. El contacto que aparecía en pantalla correspondía a mi madre. ¿Qué rayos? No habíamos hablado en meses y que de la nada decidiera hablar conmigo era extraño y ciertamente sospechoso. Algo recelosa atendí la llamada y tras una cordial y tensa conversación, me informó que hoy en la tarde-noche se realizaría su fiesta de aniversario en la mansión, la cual fue mi hogar por muchos años. Este tenía como fin el reunirnos como familia y vivir una agradable velada sin rencillas de por medio. ¿No que solo servía para otorgar decepciones y malos ratos? No, no podía ser tan inconsciente y exponerlos al ridículo. Como era de esperar, me negué de inmediato. Incluso, quise colgarle la llamada, pero de todas formas insistió en que asistiera. ¿Quería verme la cara de idiota? Lo que le importaba eran las apariencias sociales. De eso estuve segura desde el minuto uno.
Sin darle un rotundo "NO PIENSO IR NI DE CHISTE", le comenté cortésmente que lo pensaría en el transcurso del día. Le daría una pequeña esperanza, para que luego sufriera el desaire y se enfadara por no prestarme para ese circo anual en donde fingimos ser una familia feliz y unida.
Ahora que lo pienso, es una buena idea el no asistir. ¿Ver a Mei y a Sesshomaru como un matrimonio aparentemente feliz? ¿Escuchar repetidas veces lo lindos que se ven juntos? ¿Escuchar muchas veces más el cuándo tendrán hijos? ¿Tener que soportar las tediosas preguntas de cuándo voy a sentar cabeza y a escoger un esposo? ¡Como si eso fuese lo más importante de la vida! No, no toda la felicidad de un ser humano se basa en tener pareja o llenarse de hijos. ¿Dónde queda tu realización personal? ¿Dónde quedan tus aspiraciones? ¿Tus sueños? ¿Los viajes que puedes vivir?
Maldita sociedad.
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Un mensaje llega a mi bandeja de entrada. Se trata de Kagome, preguntándome si estaré a la fiesta. Le digo que no, además de que tengo que tocar en el gran Teatro y pues es algo complejo andar movilizando de un lado a otro mí instrumento sin que se maltrate en el proceso. No puedo mentirle a ella. Mi prima me hace notar su desilusión, pero promete darme todos los detalles de lo que acontezca durante la celebración.
La conversación se extiende a otros puntos y la verdad es que me distrae positivamente del embrollo que normalmente tengo en la cabeza. Menciona lo emocionada que está por viajar nuevamente a Brasil, pues allá conoció a un muchacho de su misma edad, muy guapo y simpático al parecer, con el cual no ha perdido contacto en ningún instante. Es el mismo chico moreno y de ojos grises que aparece junto a ella en varias fotografías tras su paso por Sudamérica. João. Él parece ser el joven que puede borrar a Inuyasha del corazón de Kagome. No será tarea fácil, pero puede ser una posibilidad por lo que deja ver. No deja de hablar de él, sobre sus vivencias, sus salidas y bailes al pie de una fogata en la playa. Suena hasta romántico en cierto aspecto y me alegra el saber que está feliz y no pendiente del compromiso de Inuyasha con Kikyo. Si, él tomó esa decisión días después de la boda de Mei.
Al conocer la noticia, Kagome era la pena y el dolor en vida, aunque intentó disimularlo de la mejor manera posible. Recuerdo que estuvo varios días aquí en el departamento evitando hablar de eso y despejarse de la realidad, pero por las noches podía escucharla llorar en la otra habitación destinada para invitados. Sabiendo por lo que ella pasaba, no dudaba en ir para recostarme a su lado y consolarla en silencio mientras se aferraba con fuerza a mi pecho.
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-¿Así se siente, verdad? –Preguntó entre sollozos presa del dolor- ¿El saber que al hombre que amas lo perderás y será de otra?
-Sí. –Contesté desviando la mirada a un punto neutro de la habitación, a la vez que acariciaba su cabeza con delicadeza- Así se siente, Kagome.
-No quiero sentirme así. Me duele mucho.
Kagome, estalló nuevamente en llanto y sin poderlo evitar me vi reflejada en su sufrimiento. Muchas veces estuve por las noches como ella: llorando en anonimato y fría soledad, deseando que mi suerte cambiase; que el amor de Sesshomaru fuese mío y no de mi hermana. En ocasiones, anhelé con todo mi corazón el olvidarme de él y no seguir sufriendo. Era más que obvio que ninguno de mis deseos se cumplió. Él se había enamorado de mi, pero no estábamos juntos. Estaba con Mei. Tampoco había podido arrancar la página y olvidarme de él. Por cosas así, sentía que la vida y el amor eran una mierda ensañados con el dolor.
-Lo sé. Créeme que lo sé. –Me limité a responder pensando en los puntos anteriores-
-¿Cómo pudiste superar esto que siento sin decirle algo a alguien? –Volvió a preguntar después de un rato de silencio en el cual creí que al fin había caído en los brazos de Morfeo- ¿Por qué no me dijiste? ¿No me tenías la suficiente confianza?
-No seas boba. Tengo una enorme confianza en ti. Lo sabes. –Comencé a hablar en forma pausada y con un tono de voz bajo, como si alguien pudiese escuchar mis motivos- Es solo que pensé que lo mejor era no decirle a nadie. Ninguna persona podría reprochar. Nadie me podría apuntar. No quería involucrar a alguien en caso que se supiese la verdad. –Suspirando el silencio, me animé a proseguir- Y no superé el dolor, sino que aprendí a lidiar con ello. No podía permitir que me viesen mal o sospecharían. Tú sabes lo "especial" que es mi familia cuando se trata de mi.
-Entiendo. Pero, no te hubiese reprochado. –Comentó con la voz entrecortada producto del ataque de llanto que había sufrido- De algún modo, lo sabía. –Relajó su agarre de mi cuerpo y comenzó a hablar nuevamente- Lo supe desde la obra. ¿Te acuerdas? Estabas tan tímida y sonrojada en la escena del beso. Te delató tu cara atónita cuando él te jaló de la cintura. Eso quedó grabado en mi mente, y me sorprendió el ver que cerraste los ojos cuando Sesshomaru se acercó a tu rostro, al momento en que el abanico de madera los cubrió de la vista de los espectadores. Si no hubieses estado de acuerdo, lo hubieses apartado como a cualquier otro chico. Te entregaste a él.
-¿Tan obvia fui? –Pregunté en un hilillo de voz. Nunca creí que me había visto de ese modo ante los ojos de los demás-
-Al menos para mi, sí. Te conozco más que cualquiera. –Se incorporó y se sentó de piernas cruzadas en la cama para mirarme directamente, acomodando un mechón de pelo tras su oreja izquierda al paso de los segundos- Tu lenguaje corporal te delató. Los demás debieron creer que era parte del show y que solo cumplías con tu papel. –Explicó brevemente, para luego añadir- Aunque tras el paso de los años, confirmé que era verdad lo que sospechaba. Con Sesshomaru eres otra persona. Ríes, bromeas, juegas como una niña, entre tantas cosas que ya no viene al cabo mencionar. Y él también es otro. Creo que te has percatado.
-Sí, pero no quiero que hablemos de mi, sino de ti. –Desvié el tema drásticamente al saber que fui bastante obvia en algunos aspectos- ¿Qué piensas hacer ahora?
-Creo que lo mejor será irme lejos por un tiempo y disfrutar de otros aires. –Comentó decidida al momento que cogía un par de pañuelos desechables y se sonaba la nariz con fuerza. Muy poco femenina debido a la situación, pero no había nadie que reprochara su falta de delicadeza-
-Sabes que cuentas con mi apoyo, Kagome. –Le di un abrazo apretado, para luego soltarla y sentarme igual que ella sobre la cama- Sé que ahí podrás aclarar tu mente y corazón, lejos de esta toxicidad que nos rodea.
-¿Y si no logro unir los trozos de mi corazón roto?
-Te ayudaré a pegarlos de alguna manera. Uno por uno. –Sonreí levemente producto de la melancolía- En eso tengo experiencia.
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Es por eso que Kagome preparó sus maletas y sin decirle a muchas personas sobre su plan de viaje, decidió irse lo más lejos posible y no volver en un tiempo. Lo que no contaba era conocer a ese muchacho, João, quien de alguna forma se las ingenió para hacerla sonreír y olvidar el mal rato. Ni siquiera lo conozco en persona y ya comenzó a agradarme. Bien dicen que cuando uno menos busca, es cuando encuentras cosas maravillosas.
Las horas transcurren y ya estoy casi lista para asistir al evento. Hoy he decidido mantener mi pelo semi suelto, con dos trenzas pegadas a la cabeza y que el resto del cabello caiga en cascada y en ondas semi definidas. El maquillaje facial es sobrio y la sombra oscura está difuminada de tal manera que hace que mis ojos marrones resalten. Además se complementa de buena manera la máscara de pestañas que hace que estas se vean más largas y definidas. Mi ropa es algo sencilla, ya que no gano nada con ponerme el vestido negro de noche, siendo que todavía tengo que trasladar e instalar mis cosas en el teatro.
Estoy algo nerviosa. Anhelo que todo salga excelente y que no haya contratiempos por el anuncio de tormenta. Mantengo mi optimismo todo lo que dura el viaje hacia el Teatro Fujisawa. El tráfico en la ciudad es relativamente normal para esta hora de la tarde, y me resta el tiempo suficiente para encontrar un restaurante o local de comida rápida para comprar mi almuerzo. Quizás compre algo más para no fatigarme hasta la hora del concierto. Detengo el vehículo frente al restaurant "Yako". Debe ser nuevo, porque no sabía de su existencia hasta hoy.
Antes de bajar del auto, chequeo a través del espejo retrovisor de que otro vehículo no se acerque para poder bajar, y en ese punto noto algo con lo que no contaba. Un Audi R8 gris se estaciona a unos metros de donde me encuentro. Espero un momento para ver si el conductor sale y no ocurre. No es la primera vez que veo ese coche cerca de mi. Al principio creía que era mera casualidad ir al mismo destino, pero al paso de los días pensé que podía estar siguiéndome sin que yo me diese cuenta. Hoy lo he comprobado. La pregunta es, ¿quién es y por qué lo hace?
Sin más demora, cojo mi bolso y decido descender del vehículo, aparentando no darme cuenta de lo que ocurre. Cercioro que el sistema de alarma esté funcionando y camino por la berma despreocupadamente hacia el restaurant. Al entrar siento como el aire llega a mis pulmones. Al menos aquí puedo sentirme segura por unos cuantos minutos. El ambiente de este local es rústico pero mantiene la elegancia. Sus paredes están cubiertas de piedras azulinas y grises, con algunos árboles de apariencia sintética, ubicados en puntos estratégicos del recinto. Cada mesa, posee varias velas en el centro, las cuales expelen un agradable olor a madera fresca. Pino, tal vez. La música ambiente es tan amena que por un momento olvido el nerviosismo de saber que alguien anda tras mis pasos y no conocer el motivo.
-Buen día, señorita. –Aparece una bella mujer de cabellos negros y de ojos carmesíes. Su cabello está amarrado en una alta coleta, donde tiene una pequeña pluma de pavorreal como adorno en ella. La mujer sostiene con maestría una bandeja de plata con algunos utensilios. Su ropa es sencilla y la parte inferior es cubierta por un delantal blanco con el logotipo del restaurant. Su sonrisa es amable, pero su mirada transmite una singular melancolía que trata de ocultar con un grueso maquillaje- Mi nombre es Kagura, ¿en qué puedo ayudarle?
De manera cordial, le respondo que deseo una orden para llevar. Al no tener claridad del menú que ofrecen, la mujer me extiende la carta para que la examine. Agradecida, comienzo a revisar minuciosamente los platillos y cada uno es más tentador que el otro.
Una mano se posa en mi hombro y dando un leve brinco veo de quien se trata. Lo que me faltaba; es Sesshomaru. ¿Por qué de todos los habitantes que viven en la ciudad tenía que encontrarme con él? Además, ¿qué rayos hacía aquí?
-Tanto tiempo, Rin. –Comenta retirando la mano sin demora. Ha notado mi incomodidad y le agradezco por ello. No es que me moleste su presencia en si, es solo que estar cerca de él me altera de alguna u otra manera. Deseo con todo mi corazón que no lo note o será más incómoda la situación de lo que ya es de por si.-
-Bastante. –Cierro la carta y por instantes no sé qué decir realmente.- ¿Qué te trae por acá?
-Debería ser yo quien te lo preguntase.
-Pues, vengo por comida. –Encojo un tanto mis hombros, debido a que mi respuesta es lo más obvio del mundo- Tengo una jornada ajetreada así que…
-El concierto. –Deduce rápidamente y me pregunto dónde ha escuchado sobre eso- Vi los carteles fuera del teatro y pude distinguirte entre los demás músicos.
-Vaya que tienes buena vista. –Sonrío impresionada. La foto es tan pequeña y estamos todos tan juntos que con suerte se distingue quien es quien- Sin embargo, aún no me dices qué haces por acá. ¿A Mei se le ha antojado algo? –Menciono con cierta malicia-
-No. –Después de un incómodo silencio entre ambos, el añade con autoridad– Sígueme.
-Es que estoy algo apurada y…
-No te estoy preguntando si quieres o puedes. –Contesta el muy cretino sin darme tiempo a terminar la jodida frase- Acompáñame. Tenemos que hablar, te guste o no.
Ya suena como mi padre. Sesshomaru hace una señal con su mano para que mueva el trasero de mi lugar y sin más opción, acato. Lo que menos deseo es discutir y menos en un lugar que tiene un buen flujo de clientes. Caminando detrás de él, me percato como algunas de las camareras, incluida Kagura, nos quedan mirando tras cada paso que avanzamos.
-¿Qué mesa vas a escoger? –Me atrevo a hablar sintiéndome algo cohibida por las miradas indiscretas que nos asechan-
-¿Quién dice que necesitamos una? –Responde con soberbia- Soy hijo de la dueña del local, la cual se encuentra fuera del distrito por dos semanas. No nos mezclaremos con la gentuza común.
-¿No me habías dicho que tu madre había muerto?
-Mi padre murió en un accidente automovilístico junto con la madre de Inuyasha, la cual era Izayoi. –Explica sin inmutación. Ahora me daba cuenta que había confundido la situación. Recuerdo que me habló de ello años atrás, pero nunca me había dicho qué fue de su madre- ¿Lo recuerdas?
-Ahora si. Lamento la confusión, no debí...
-Es irrelevante, Rin. No te disculpes.
Sesshomaru, con la seguridad que siempre le ha caracterizado, abre la puerta que está a un costado de la zona de no fumadores, donde había una gran inscripción tallada que señalaba "ADMINISTRACIÓN – Prohibido el paso. Sólo personal." Educadamente, se acercó a una silla ubicada frente al escritorio, indicándome en silencio que tomase asiento en ella, en donde una vez sentada, la corre un poco hacia adelante. Mientras él se despoja del grueso y fino abrigo marrón que portaba, dejo mi bolso y la carta que la mesera me había dado sobre la mesa. Un silencio se instala en la oficina en lo que dura el proceso y veo de reojo la decoración. El lugar desbordaba femineidad, estilo y sofisticación.
-¿Por qué no has respondido a mis mensajes?
-¿Qué? –Digo fuera de contexto. Estaba tan ensimismada viendo los jarrones y objetos antiguos del lugar, los cuadros de cuerpos pintados y otros aspectos, que su pregunta me ha pillado desprevenida-
-No me hagas repetir. –Junta sus manos, reposando apenas sus brazos en el escritorio de madera. Parece un verdadero hombre de negocios en este preciso momento- Sabes que es algo que me desagrada.
-Pues, yo… yo…
Demonios. Esto no estaba en mis planes. Yo solo venía por comida, no por un interrogatorio.
-¿Sabes la falta que me has hecho, Rin?
¿Qué?
-¿Sabes cuántas veces quise ir a tu departamento para verte?
-No. –Murmuro totalmente desencajada por sus palabras. Ni en mis mejores sueños pude imaginar esta conversación y más proviniendo voluntariamente de él. Sesshomaru, el hombre de hielo y sin emociones o expresiones sentimentales, me está cobrando sentimientos.-
-Estoy molesto. No sabes cuánto.
-No deberías estarlo. –Cruzo mi pierna derecha sobre la izquierda, acomodándome lo más posible pues noto que esto va para largo- Es lo mejor, Sesshomaru.
-Eres consciente de que no es verídico lo que dices. –Su mirada no se aparta de mi rostro y sé que intenta intimidarme como antaño, pero lo que no sabe es que ya soy prácticamente inmune a su táctica-
-Estás sumamente errado. –sonrío de medio lado, provocándole en el acto una expresión de molestia en su rostro- A mi me ha funcionado de maravilla. Mantenerme alejada de ti ha sido la mejor decisión que pude haber tomado.
-¿Así? –Alza una de sus platinadas cejas y se recuesta sobre el asiento de cuero en el que está, colocando sus dedos índices sobre el afilado mentón que posee- Eres la cobarde más grande que he conocido. –Ahora la que borra su sonrisa sardónica y tiene una expresión molesta soy yo- Me decepcionas.
Puñalada directa en el ego.
-¿Quién te crees para llamarme de ese modo? -Me pongo de pie, empuñando mis manos a tal punto que entierro mis uñas en la carne- ¿Me habla de cobardía el hombre que decidió contraer matrimonio aun amando a otra? ¿Quién es el que pasa cada noche con alguien que no ama? ¿Quién es el que está en una relación producto de la intimidación de mi padre? ¿Quién es el que se casó por negocios? ¿Quién es el interesado?
-¡Basta, Rin! –Imitó mi acción, golpeando el escritorio con uno de sus puños. Creí que podría partir el mueble en dos con la fuerza que aplicó y me callo de golpe por su reacción. Años que no lo veía tan enojado como ahora.- Puede que si me haya casado con una mujer que ya no quiero, pero tú no sabes cuál fue la amenaza que aplicó tu "querido padre" para que yo accediera a seguir con esta falsa. Y sí, me casé por negocios, pero no por interés, porque si aún no lo has notado, no tengo nada de tu familia y tampoco me interesa. ¡No tengo necesidad de ello! –Su respiración se agita a medida que va dando pasos en mi dirección, donde solo reacciono a retroceder en mi posición. Me recuerda a nuestro primer encuentro donde me sacó de un brazo al pasillo sin que pudiese hacer algo para evitarlo- Y si me encuentras cobarde por esos puntos, tú también lo eres. Pensé dejar todo por ti, sin embargo tú escogiste la felicidad de tu hermana, la cual te ha hecho mil y un cosas malas pero sigues ahí mendigando cariño de su parte. ¡Como si Mei agradeciera alguna acción! –Rie sarcásticamente tras el último punto- No respondes mis llamadas ni mensajes. Me rehúyes si voy de visita con tu hermana. No das una maldita explicación por tu conducta. Quieres olvidarme, pero sabes que no puedes. ¿A eso le llamas valentía?
-Ya basta, aléjate. –Coloco una mano en su pecho, intentando alejarle de mi cuando veo que nos acercamos a una de las paredes de la oficina- Te estás excediendo.
-¿Por qué no me alejaste de esa manera cuando te enamoraste de mi? –Pregunta sujetando mi muñeca, sin llegar a lastimarme. Sus labios están entreabiertos, su mirada ambarina fija en la mia, su cuerpo irradia un calor inusual que pudo haber sido provocado por la agitación insana del momento- ¿Por qué ahora que sabes lo que siento?
-¡Porque fue tarde cuando me percaté! ¡Porque no pude evitarlo a tiempo!– Estallo una vez que se libera aquel nudo en la garganta que te anuncia que estás a punto de llorar- ¿Estás feliz ahora, idiota?
Sesshomaru me jala con suavidad hasta encerrarme en un cálido abrazo contra su pecho. Intento no llorar. No quiero parecer débil frente a él una vez más, además de que el maquillaje se estropearía. Uso ese punto como motivación interna para no derrumbarme. Dios, se siente tan bien estar así en sus brazos y escuchar su palpitar acelerado. Su corazón está igual que el mio y eso me arranca una pequeña sonrisa. Está tan afectado como yo, aunque no lo aparenta exteriormente. YO LO ALTERO. ÉL ME ALTERA. Nuestros corazones parecen latir en una misma sincronía. Una de sus manos acaricia mi cabello y luego de un rato se posa en mi mentón, haciendo que lo mire directo a los ojos.
-¿Qué me has hecho, Rin? –Cuestiona con una voz que nunca he escuchado desde que lo conozco: aflicción.- ¿Por qué no te conocí en otra situación?
-¿De qué estás hablando, Sesshomaru? –No entiendo a lo que se refiere y deseo averiguarlo- ¿Cuál situación?
-Nada, Rin. –Junta su frente contra la mia, como si algo en su interior le pesara de sobremanera. Él cierra los ojos pesadamente.- No me hagas caso.
Nos mantenemos en esa posición un minuto o dos. Ninguno desea separarse del otro. Su fresco aliento choca contra mi rostro y mis piernas tiemblan sin poder controlarse. Es mucha cercanía. En mi estómago revolotean millones de mariposas y mis mejillas toman un rubor notorio. Mi mano derecha acaricia su mejilla, y tengo más que claro que la discusión ha llegado a su fin. Su piel es tan suave. Tan cálida. Recuperando la confianza en mi misma y esta vez tomando la iniciativa, me acerco lentamente hasta sus labios y deposito un casto beso sobre ellos. Una genuina sonrisa se dibuja en su rostro y la aflicción que antes había terminó siendo borrado con un breve roce.
-Dijiste que querías mantener distancia. –Murmura en voz baja, sin comprender por completo mi actuar-
-No cuestiones. –Respondo sonriendo infantilmente, producto de la mezcla de sensaciones que han aflorado en cosa de segundos- Solo disfrútalo.
Él no tarda en responder e imita mi acción pero durante un tiempo más prolongado. Cabe señalar que me siento flotar en una nube mágica con un casto beso. Tal como cuando una es solo una adolescente que vive eso con su primer amor. No seré una quinceañera, pero él es mi primer y único amor. El dueño de mi corazón. Ambos nos separamos en silencio y por primera vez, me siento embobada y con una sonrisa que no me la quita ni Lucifer. Me aferro una vez más a su pecho y me doy cuenta que no puedo luchar contra lo que siento. Lo amo, con locura.
Tiene razón, cada palabra que salió de su boca. Me he centrado en la felicidad de mi hermana y no en la propia. Por primera vez quiero ser egoísta. Pensar, sentir y actuar por mi misma. Algo me dice que si no aprovecho esta oportunidad, me arrepentiré el resto de mis días y no deseo pasar más tiempo sin estar a su lado. No ha servido de nada mantener distancia. Está presente en cada momento del día, desde que abro los ojos hasta que caigo en los brazos de Morfeo.
-Creo que lo mejor será que te vayas, Rin. –Le escucho hablar normalmente, a la vez que me separa de él levemente- Tienes un concierto al cual asistir, ¿recuerdas?
-¡Lo había olvidado! –Comento viendo mi reloj de muñeca, notando que faltaba media hora para iniciar el ensayo- Pero, no sé qué hacer con otro asunto.
-¿Qué asunto? –Se apoya contra el escritorio sin dejar de verme- Sea lo que sea, puedes decirlo, Rin.
-Alguien me está siguiendo desde hace un tiempo. Incluso, el sujeto aún debe estar esperándome estacionado en la avenida.
-¿Puedes describirlo?
-Es varón, de unos cincuenta años, no puedo decirte sobre su altura debido a que nunca ha salido de su vehículo… -Comienzo a relatar algunos aspectos que he notado del tiempo a la fecha- Siempre trae gafas de sol y en su boca tiene un mondadientes. Es casi calvo, y de cabello marrón. ¡Ah! Y conduce un Audi…
-R8 Gris. –Concluyó hábilmente Sesshomaru- Pues parece ser el mismo tipo que estuvo siguiéndome hasta hace dos semanas atrás, aproximadamente. Antes de él, estuvo cumpliendo la misma tarea el chofer suplente de tu padre.
-¿Por qué mi padre haría algo así? –Cuestiono sin encontrarle sentido al asunto. No tenía lógica su proceder-
-Por la sencilla razón que no desea vernos juntos. –Explica brevemente, luego agrega- Dame un momento. –Camina en dirección a la puerta, donde llama a una de las meseras, la cual resulta ser Kagura la que responde el llamado. Él con pocas palabras le solicita algo y la mujer no duda en desaparecer de la vista de su jefe suplente. Mi acompañante cierra la puerta tras de él y se dirige nuevamente al asiento que le corresponde y yo en el mio: frente a él como en el inicio- Podemos proseguir. ¿En qué quedamos?
-¿Qué quieres decir con eso de no quiere vernos juntos? ¿Acaso crees que él sabe algo?
-Masayoshi no es un hombre al cual se le puede engañar. –Comienza a hablar tal como de costumbre; sin alteraciones en su tono de voz o gesto facial. ¿Dónde había quedado aquel hombre con alma desnuda de hace solo unos cuantos minutos? Que radical era en sus cambios de humor- Tú mejor que nadie lo sabe. No tengo claridad en qué momento se percató de tus sentimientos, pero si cuando se dio cuenta de los mios.
-¿Cuándo fue eso?
-El día de la fiesta de compromiso con Mei. –Confiesa mientras abre una laptop que estaba a su alcance y tecleando la contraseña entró al sistema que operaba el restaurant-
-¿Qué te delató? –Quiero y necesito saberlo. Estoy ansiosa por descubrir más antecedentes de mi misterioso acompañante-
-Celos.
-¿De Nobuo Yamada? ¿Mi ex?-¿En serio? No tengo otra explicación, debido a que fue mi acompañante en la velada y nos separamos en muy pocas ocasiones en lo que duró la fiesta-
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque tocaba algo que era mio. –Responde tensando levemente su rostro y se escucha algo resentido por la manera en que lo expresa- Porque él podía abrazarte o besarte y yo no. Me obligué a mantenerme al margen, pero lo único que deseaba era apartarlo de ti.
Posesividad.
-¿Así que por eso te amenazó?
-Efectivamente.
Algo no me calza.
-Tú no eres un hombre que se deja amedrentar fácilmente. –Comento siendo totalmente transparente en mi pensamiento de su persona- Es más, sueles tú ser el que intimida a los demás con extrema facilidad. –Él encoje levemente los hombros, dándome a entender que eso ya era de su conocimiento. Parece ser un talento innato en él.- Entonces, ¿cómo un hombre como mi padre terminó teniendo en su mano a Sesshomaru Taisho de la nada?
Silencio.
Silencio.
Más silencio.
Al parecer no tendré una respuesta. Esto es más grave de lo que parece por lo que deja ver, sino no le costaría tanto en contestar a mi pregunta.
-Amenazó con acabar con lo único que realmente me importa. –Confesó rompiendo el tenso momento de espera-
-¿Y qué es eso?
-Tú, Rin. –Responde en seco y por un momento creo dejar de respirar por la impresión- Dijo que acabaría contigo si no me alejaba de ti, recalcando que sobre su cadáver dejaría que alguien hiciera sufrir a su primogénita.
Creo que necesito un momento para canalizar toda esta información que me ha otorgado. Todo parece dar vueltas en espiral y debo acomodarme de tal forma en la silla para asegurarme de no caer en cualquier momento. Mierda. Cubro mi rostro con ambas manos y trato de comprender todo esto. Si dudaba que mi padre tuviese un odio hacia mi, hoy lo comprobé. Una cosa es tener resentimiento por un suceso en el cual no fui culpable, y otra muy distinta es querer borrarme del mapa. Matarme, para mantener la felicidad de Mei. ¡En qué diablos pensaba! Ahora entendía todo. Es por eso que estuvo vigilando mis movimientos durante un tiempo. El control de mis acciones. Las llamadas a cualquier hora. Tantas otras cosas que terminaban en miradas reprobatorias de su parte.
-Las cosas estuvieron a punto de salirse de control en día de la boda. –Sigue relatando y no dudo en apartar mis manos del rostro para mirarle. ¿Con qué sorpresa me encontraré ahora?- ¿Recuerdas la discusión luego del beso? –Afirmo en silencio, pensando en cómo podría olvidar ese día y cada suceso que marcó la jornada.- Saliste de la habitación y te fuiste de ahí con Kagome…
-Y te quedaste en la compañía de mi padre luego de eso. –Deduje al momento. Lo había olvidado por completo. Pero otro acontecimiento llegó de golpe a mi memoria: Kagome limpiando los bordes de mis labios, debido a que estaba corrido el brillo labial- ¿No me digas que él…?
-En efecto. –Fue a una pequeña despensa, que en su interior tenía una buena cantidad de botellas que contenían una considerable variedad de tipos de licores. Cogió con toda calma dos vasos y en uno sirvió un poco de whisky, mientras que en el otro sirvió agua mineral- Aquí tienes. –Me extendió el agua, para él beber sin prisas su trago- No creo que quieras escuchar lo demás, pero me da la impresión que ya puedes hacerte una idea.
-Necesito saber hasta qué punto es capaz de llegar. –Le suplico sumisamente- Por favor.
-Como era de esperar, me reprochó el actuar estando a minutos de la boda. Me recalcó la amenaza, diciendo que si no me detenía, en el plato de entrada estaría tu corazón acompañado de ensaladas. Lo otro que añadió después, no te lo diré por tu salud mental y emocional.
Sádico de mierda.
Siento ganas de vomitar, llorar, gritar y encararlo. No lo puedo creer. ¡Se supone que es mi padre, maldición! ¡Es él la persona que debe protegerme, no dañarme! Si no puedo confiar en mi propia familia, ¿en quién?
-Rin. –Las manos de Sesshomaru se posan con firmeza sobre mis mejillas y me obligan a verle directamente- No importa qué diga tu padre. Mientras esté con vida, nadie ni nada te dañará. Te doy mi palabra.
-¿Y si te lastima? –Mis lágrimas se acumulan en mis ojos y lucho con las fuerzas que me quedan para que no se derramen por culpa de la desilusión que me ha causado mi padre- ¿Quién te protegerá a ti?
-Sandeces. –Posa brevemente sus labios sobre los mios y nuevamente junta nuestras frentes de forma cómplice- La única persona que puede lastimarme eres tú y eso será si me apartas de nuevo de tu vida.
-No lo haré. –Cierro los ojos, disfrutando de su cercanía- Lo prometo, Sesshomaru.
-No prometas lo que no sabes si serás capaz de cumplir, Rin.
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Nota autora: ¡Gracias por sus lecturas y comentarios! Próxima actualización: 12/05/19. ¡Saludos!
