Capítulo 2

Emma se quedó dormida con el sonido de las olas que reventaban en la orilla de la playa, testigo de un viento nocturno bastante fuerte. Ese ruido actuó como una dulce melodía en los oídos de Emma…Hasta que ese ruido se hizo sordo, como un eco lejano. Después escuchó sonidos turbulentos, como cuando tenemos la cabeza bajo el agua y no sabemos lo que es ni de dónde viene.

Emma, entonces, se agitó, con miedo de hundirse en el agua, como si algo la arrastrara hacia el fondo. La superficie parecía alejarse cada vez más, sin que ella pudiera hacer nada aunque estiraba los brazos, y batía las piernas. Y de repente, sintió una presión en una de sus manos. Fue sacada hacia arriba hasta alcanzar la superficie y ver un paisaje caótico: era de noche, llovía, los rayos rasgaban el cielo. Su vista se emborronaba a causa de las olas que golpeaban su rostro. No distinguía gran cosa, pero los sonidos ahora eran más claros.

"¡Emma!" Su nombre y una voz femenina resonaron "¡Emma!"

El corazón de la bella rubia se aceleró entonces y cuando su nombre quedó sofocado por el estruendo de un trueno, se enderezó y respiró sofocadamente en la cama. Durante un breve instante, se preguntó dónde estaba. Su mirada recorrió la estancia. Estaba sudando. Al faltarle el aire, se levantó y salió de la habitación discretamente. Bajó y abrió la puerta de cristal que daba a la playa. Caminó, con los pies descalzos sobre la arena fría, el viento golpeaba su rostro y traía sus cabellos hacia delante. Inhaló profundamente para volver a encontrar el aliento que le había faltado un instante antes.

Cuando las olas tocaron los dedos de los pies, se estremeció. Dio un paso hacia atrás y se sentó en la arena, su mirada fija en el horizonte: el cielo estaba despejado, eran visibles las estrellas. La luna ofrecía la luminosidad necesaria para ver lo que se tenía delante. Su reflejo en el agua resplandecía como múltiples diamantes. Observó el paisaje y de repente, las imágenes de su pesadilla le vinieron a la mente. Parecía que sí se llamaba Emma. Un voz femenina se lo había confirmado, pero ni idea de la naturaleza de aquella voz: ¿era su madre? ¿Una hermana? ¿Una amiga cercana?

Suspiró, con lágrimas en sus ojos, aún podía sentir el agua helada rodeándola mientras se hundía en las profundidades del océano. ¿Sería un recuerdo desagradable de lo que apenas había vivido dos días antes? ¿Había, de verdad, sufrido un naufragio? Y sí era así, esa voz femenina que la llamaba, ¿estaba ella también viva, en alguna playa no lejana de allí? ¿Esa voz, y por ende, esa persona, la estaría buscando? ¿O también habría perdido la memoria?

Estaba exhausta y quería dormir, pero el miedo a revivir esa pesadilla era más fuerte. Así que, se quedó allí, buena parte de la noche, hasta que ya no pudo dominar la fatiga. Entonces consintió en volver a acostarse, y dormir lo que quedaba de noche, felizmente sin visiones.


Por la mañana temprano, fueron los pequeños pasos de Henry bajando por las escaleras lo que despertaron a la bella rubia. Solo había dormido unas horas, pero se contuvo para no dejar transparentar nada. Regina ya estaba siendo demasiado amable acogiéndola, no quería en absoluto que se preocupara. Así que bajó despacio y cuando Henry, sentado en el sofá, con el mando en la mano, la vio, desorbitó los ojos.

‒ ¡Estás aquí!

‒ Sí, campeón‒ sonrió Emma mientras se sentaba a su lado

‒ Qué guay. ¿Te vas a quedar aquí entonces?

‒ No‒ rió ella ‒ Solo me he quedado esta noche, pero hoy, voy a comenzar a buscar

‒ ¿A buscar?

‒ Para saber quién soy de verdad, de dónde vengo…¿Tengo familia, y si es así, dónde están?

‒ ¿Mi mamá te va a ayudar?

‒ Creo que sí. En un primer momento, después me las apañaré yo sola

‒ ¿Entonces te vas a marchar?

‒ Probablemente. Si fuera de por aquí, la gente se acordaría de mí

‒ Oh…

Visiblemente desilusionado, Henry encendió la tele, ante la expresión desolada de Emma. Unos minutos más tarde, fue Regina quien bajó, ya lista.

‒ Buenos días

‒ ¡Oh, buenos días!

‒ ¿Ha dormido bien?

‒ S…Sí, sí‒ mintió Emma ‒ Entonces…¿Por dónde comenzamos?

‒ Antes de nada, desayuno

‒ ¡Sí! Es la comida más importante del día‒ canturreó Henry mientras se sentaba a la mesa.

‒ Efectivamente‒ sonrió Regina dejando un bol de cereales delante de su hijo ‒ ¿Quiere un chocolate caliente?

‒ Con mucho gusto‒ respondió Emma sentándose frente a Henry

Regina presentó una cesta de frutas y gofres cubiertos de sirope.

‒ Aquí tenéis. Disfrutad.

‒ ¿Usted no desayuna?

‒ No tiene tiempo‒ respondió Henry en lugar de su madre, dejando claro que era una costumbre de la bella morena.

‒ Bueno, es que debo preparar a Henry para el cole…

‒ ¿No se toma el tiempo de tomarse la comida más importante del día?

Regina la fusiló con la mirada, antes de suspirar riendo.

‒ Bien.

Entonces se sentó, se bebió una taza de café y picoteó un gofre, bajo la mirada divertida de su hijo. Al cabo de unos quince minutos, Regina le ordenó a su hijo que subiera a vestirse.

‒ ¿Quizás desee unas ropas limpias?

‒ Oh, euh, no, me vestiré como ayer. Encontraré algo en las tiendas de por aquí

‒ Emma, ¿algún problema?

‒ No, ninguno. Estoy ansiosa, pero a la vez tengo miedo de lo que podría descubrir en unas horas o en los días que vienen.

‒ Comprendo. Pero debe saber que no está sola

‒ Lo sé, gracias

‒ Bien, voy a llevar a mi hijo al cole, ¿paso después a recogerla?

‒ Sí, hagamos eso

Regina asintió entonces antes de subir para terminar de preparar a su hijo. Emma, entonces, acabó tranquilamente sus gofres y vio a Henry volver a bajar, ya preparado para el cole.

‒ ¿Te veré esta tarde?

‒ Oh, euh…Ni idea, no, creo que no.

‒ Oh…‒ él se acercó a ella y rodeó la cintura de la bella rubia con sus brazos ‒ Espero, de todas maneras, que volvamos a vernos.

Emma vaciló antes de responder a su abrazo, pero al final, no hizo nada. Regina bajó y se dio cuenta del intercambió entre los dos. Ella no dijo nada y llamó a su hijo. Le hizo un gesto con la cabeza a Emma, quien se lo devolvió, y salió.


Durante el trayecto, Henry no había dejado de hacer preguntas sobre Emma. Regina comprendía perfectamente esa curiosidad, aunque presentía que ese interés cada vez más creciente podría traer problemas más adelante.

‒ Hemos llegado. Hasta esta tarde, cariño

‒ ¿Mamá?

‒ ¿Hm?

‒ ¿Se va a ir, tú crees?

‒ ¿Quién? Oh…Bueno, no lo sé…¿Por qué?

‒ Me dijo que iba a marcharse

‒ Si es necesario para que recobre la memoria…

‒ Pero yo quiero que se quede. Estoy seguro de que podríamos ayudarla. Mira, ¡ya hemos averiguado cómo se llama!

Regina rió

‒ Visto así. Pero, ¿sabes? Si tiene que buscar en otro sitio…

‒ Lo sé, lo sé. Pero estaría bien que se quedara un poco. Me gusta mucho, ¿a ti no?

‒ Henry, no es un juguete que tengamos en las manos. Es un humano que necesita ayuda. Y le queda mucho por recorrer, y lo hará.

‒ Lo sé. Pero no quiero que ella esté triste

‒ ¿Está triste, tú crees?

‒ Bah, sí, se ve en sus ojos

Regina sonrió tristemente.

‒ Ya veré lo que puedo hacer. Venga, vas a llegar tarde.

‒ ¡Ok, hasta esta tarde!

El pequeño saltó fuera del coche y, sin darse la vuelta, se dirigió hacia el colegio bajo la mirada vigilante de su madre. Esta no tardó en volver a su casa y encontrar a Emma en la playa.

‒ Definitivamente, no tengo que buscarla muy lejos‒ sonrió Regina

‒ Lo encuentro calmante. El mar, quiero decir. Y sin embargo, es aterrador al mismo tiempo

‒ ¿La asusta?

‒ Ya no sé nada. Es extraño. Me atrae tanto como me asusta. Si estoy en esta situación hoy, es ciertamente por su causa. Y al mismo tiempo…Es magnífico.

‒ Puedo entenderlo

‒ ¿De verdad?

‒ De verdad. Cuando tenía 12 años, casi me ahogo

‒ Oh…

‒ Estábamos en el barco de la familia, y el gran oleaje que había golpeó el barco y me hizo caer por la borda. En pánico, perdí cualquier reflejo para nadar Mi padre vino a socorrerme. Tardé años en vencer mi fobia al agua.

‒ Para acabar teniendo una casa al borde del mar

‒ Ironías del destino. Tardé bastante tiempo en dejar que Henry se acercara a la orilla del agua.

‒ Cuando él me encontró en la playa, dijo que había sido el primero

‒ Tenía razón. Estaba solo. Me repuse y comencé a confiar en él. Hasta ahora, no me ha fallado.

‒ Es adorable

Regina sonrió

‒ Venga, vamos al centro y a la policía

‒ ¿La policía?

‒ Seguramente abrirán una investigación.

‒ Ok…


Durante el trayecto, Emma se mantuvo en silencio, hundida en sus pensamientos. Regina no la molestó, bien consciente de que eran muchas, demasiadas, cosas para gestionar. Cuando llegaron al centro de acogida, la noticia de la sirena de Blue Cove ya se había explayado tanto que, cuando Emma se presentó, los empleados ya conocían su historia.

Regina la esperó fuera, esperando que ellos pudieran ayudarla en algo. Las palabras de su hijo le venían a la cabeza: Emma estaba triste. Era evidente que ofrecerle cama y comida no era suficiente para atenuar sus angustias. Esa situación era inédita y no sabía cómo gestionarlo. Emma, quizás, encontraría respuestas tarde…O temprano.

Cuando Emma salió del centro, Regina saltó fuera de su coche, como una madre que espera a su hijo a la salida del colegio, el primer día de clase.

‒ ¿Y?

‒ Me han dado algunos papeles y cosas para rellenar para conseguir documentación en regla, obtener una tarjeta bancaria y un número de seguridad social.

‒ ¿Le han prescrito algo? Quiero decir, para intentar reavivar su memoria.

‒ No. Dicen que un traumatismo puede durar horas, días o incluso meses y que puede desaparecer de cualquier manera: un olor, un lugar, una situación…Bah…

‒ Bah…No tienen idea.

‒ Ya me había usted prevenido. Al menos, tengo con qué pagar ropa nueva…‒ sonrió

‒ Efectivamente. Vayamos a la comisaría, quizás tengan nueva información…

‒ Ok

Dicho y hecho, Regina condujo a Emma a la policía, y esta vez, entró con ella.

‒ ¡Oh, Gina! ‒ exclamó uno de los agentes ‒ ¿Cómo estás?

‒ Bien, bien. Dime, ¿habéis tenido noticias sobre la naufraga de mi playa?

‒ Hm…Hemos lanzado los avisos de búsqueda, y mirado si falta algún barco por los alrededores. Pero nada.

Regina suspiró.

‒ ¿Ninguna tormenta la noche anterior?

‒ No que yo sepa. Oleaje agitado, pero nada que haya podido hacer zozobrar un barco…

‒ …Todo dependería del tamaño

‒ Efectivamente

‒ Os la he traído. Espero que seáis más útiles que el centro de acogida.

‒ Eso no es tan difícil‒ lanzó una ojeada detrás de la morena para ver a la joven rubia que pasaba su mirada por todos lados.

‒ Emma, venga‒ la rubia obedeció ‒ Este es el sargento Graham Hunter. Él va a ocuparse de usted.

‒ Ok

‒ Sígame, por favor

Emma pasó por delante de Regina y le sonrió

‒ Yo la espero aquí

‒ Gracias

Emma se halló en una estancia como la de los interrogatorios.

‒ Entonces, dígame, ¿tiene algún recuerdo de lo ocurrido?

‒ No

‒ Regina la ha llamado Emma. ¿Es un mote o…?

‒ Ella encontró un colgante en la playa, no lejos de donde me encontró. Y además ese nombre me dice algo…

‒ Hm, es un comienzo. Vamos a tomar sus huellas y meterlas en el registro. Si usted ya las ha ingresado de una manera u otra, la encontraremos.

‒ ¿De una manera u otra?

‒ Ha podido, cuando joven, participar en un jornada pedagógica donde se le enseña a los niños la seguridad entre otras cosas. Durante ese tipo de jornadas, se le toma las huellas como ejemplo y a veces, a los padres les gusta ese tipo de garantía por si les ocurre algo a sus hijos.

‒ ¿Como qué?

‒ Un secuestro, por ejemplo. Una fuga o un accidente donde no se puede reconocer a la víctima.

‒ ¡Qué alegre!

‒ Pero útil ‒ sonrió él ‒ Bien. Voy a sacarle unas fotos y las haremos circular.

‒ ¿Qué piensa usted que ha pasado? Dice que no ha habido ninguna tempestad…Si es así, ¿cómo es que me encontraba en el agua?

‒ Ni idea. Ahora mismo solo podemos hacer suposiciones: un accidente o un acto voluntario

‒ ¿Voluntario? ¿Piensa que salté yo misma?

‒ …

‒ ¿Qué?

‒ O que la empujaron…

‒ ¿Usted…Usted cree?

‒ Como le he dicho, no son sino suposiciones.

‒ Si caí por accidente, habrá una búsqueda en curso, ¿no?

‒ Escuche, sé que esta situación puede ser frustrante, pero…Hay que tener paciencia. No podemos hacer nada con la amnesia, pero haremos todo lo que esté en nuestras manos para ayudarla técnicamente.

‒ Gracias…

‒ La tendremos al corriente, prometido

Cuando Emma salió, unos diez minutos después, Regina estaba allí, sentada pacientemente, esperándola.

‒ ¿Y? ¿Ha ido todo bien?

‒ ¿Podemos salir? Necesito aire…

Al ver la turbación de la joven rubia, Regina no insistió más y la acompañó fuera

‒ ¿Algún problema?

‒ Yo…Puede que no fuera un accidente…

‒ ¿El qué?

‒ Mi naufragio. Ese sargento ha dicho que había una posibilidad de que fuera un accidente o…otra cosa

‒ Emma…‒ Regina posó sus manos en sus hombros ‒ …Sabíamos que sería difícil, pero hay que ver el vaso medio lleno. Está viva, es lo que cuenta

‒ ¿Y si precisamente alguien no quería que yo viviera? Y si…

‒ …Stop. No podemos hacer nada más. Ahora, cambiemos el chip. Vamos a conseguirle un nuevo guardarropa.

Emma sonrió débilmente. Sabía que Regina tenía razón y que era inútil darle vueltas a la cabeza. Siguió a la bella morena hasta su coche y esta la llevó a la ciudad vecina, a un gran centro comercial.

‒ Blue Cove es un pueblo adorable, pero si buscamos el fervor de la ciudad…

Emma rió

‒ Me gusta este ambiente, quiero decir, la calma de un pueblo como Blue Cove. Es pacífico, bello, tranquilo…

‒ Quizás ese es un indicio de que vive en un pequeño pueblo como este

‒ ¿Lo cree?

‒ ¿Por qué no? Todo es posible

‒ Sí, precisamente…

‒ No hablemos más de eso. Venga, vamos. Vamos a estrenar su nueva tarjeta bancaria

Fueron de tienda en tienda, encadenando compra y prueba. Parecía que Emma tenía verdadera necesidad de despejar la mente, pues Regina jamás había visto tantas sonrisas en su rostro como ese día.

‒ ¡Oh, ese vestido es muy bonito!‒ exclamó Emma señalando un vestido de verano, color crudo con finos motivos florales.

‒ ¿Quiere entrar?

‒ Ya tengo bastante ropa, creo…‒ sonrió alzando las cinco bolsas que tenía en sus manos.

‒ Siempre podemos entrar y probarlo, no cuesta nada.

Si Regina fuera sincera con ella misma, confesaría que ese día de compras era un reposo. Evidentemente tenía la costumbre de salir con Ruby, pero de un tiempo a esta parte, la joven estaba ocupada con su trabajo y Regina consagraba todo su tiempo libre a su hijo. Hacía mucho tiempo que no había pensado en ella sobre algo más.

Así que Emma marchó a probarse ese famoso vestido y Regina se quedó sentada en un taburete esperándola. Cuando la bella rubia salió del probador, a Regina se le cortó el aliento.

‒ ¿Y? ¿Cómo me queda?

‒ …

‒ ¿Regina?

Pero la morena estaba obnubilada por la belleza de la silueta de la bella rubia: una cintura bien marcada, un vientre plano, hombros musculados marcados por las finas asillas del vestido. Silueta musculada, es verdad, pero femenina.

‒ Yo…S…Sí…Está perfecta. Euh, quiero decir, el vestido, el vestido le queda muy bien

Emma sonrió y disimuló el enrojecimiento en sus mejillas desviando la mirada.

‒ Ok, bueno…Entonces me lo quedo

‒ Sí, hágalo

Emma despareció tras las cortinas del probador y Regina, al haber sentido un golpe de calor, salió de la tienda, intentando recobrarse. Apoyada en la barandilla, observó a la multitud desde arriba, como hormigas pululando bajo sus pies. Entonces imaginó que, quizás entre esa multitud, había gente buscando a Emma. ¿Estarían preguntando por ella a los transeúntes? ¿Colgarían fotos de la joven en los comercios de los alrededores?

‒ ¡Ya estoy!‒ exclamó Emma, haciendo girarse a Regina ‒ ¡Tengo hambre!


Regina llevó con Emma a Blue Cove

‒ ¿A dónde vamos?

‒ La llevo a un pequeño restaurante de pescado en el puerto, es delicioso

Emma se dejó conducir, confiada. Se instalaron en la terraza, con vistas al puerto. Una camarera llegó y les dio la carta. Pero ante la tez pálida de Emma, Regina preguntó.

‒ ¿Algún problema?

‒ Imagínese que…Soy alérgica al marisco o al pescado

‒ Hm…Sí, es verdad. ¿La tranquiliza si le digo que soy médico y sé actuar en un caso de esos?

‒ Un poco, sí. Entonces…Tomaré el filete de salmón

‒ Yo tomaré una vieira

‒ Muy bien, señoras. ¿Y para beber?

‒ Un té frío para mí, ¿Emma?

‒ Hm…Lo mismo

Cuando la camarera se alejó, Emma se tomó tiempo para admirar los barcos y escuchar el roce que hacían las quillas al entrechocar. De repente, ese ruido se amplificó hasta convertirse en un ruido ensordecedor y ella se llevó las manos a las orejas, poniendo una mueca. Todo alrededor de ella zumbó y pronto se escuchó una voz, como un eco lejano.

"Emma…Emma…"

Esa voz que parecía venir mucho más lejos aún que sus recuerdos.

‒ ¡Emma…Emma!‒De repente, notó una mano posándose en su brazo y ejercer una presión que la trajo de vuelta a la terraza ‒ ¡Emma! ¿Todo bien?‒‒La voz de fondo se transformó en la de Regina, la bella morena que la miraba con inquietud. ‒ ¿Emma?

‒ Yo…Perdón, yo…‒ deslizó la mano de Regina en la suya y Regina se dio cuenta de que la bella rubia tenía las manos sudadas.

‒ ¿Quiere que nos vayamos?

‒ ¡No, no! Es que…El ruido del agua y de los barcos…

‒ ¿Le recordó a algo?

‒ No lo sé, es algo vago. Tengo la impresión de reconocer los sonidos…Las sensaciones…Pero…Está todo tan vago y lejano.

‒ Todo volverá. ¿Quiere que nos vayamos?

‒ No. Si eso me tiene que ayudar a recuperar la memoria, debo pasar por esto.

‒ Tampoco se trata de que le haga daño

‒ Lo sé…Pero si quiero avanzar, no debo tener miedo.

Regina sonrió.

‒ No sé quién es, Emma, pero lo que ya sé es que es una valiente.

‒ Sí…Si al menos eso fuera útil

‒Lo será, créame.

Cuando los platos llegaron, Emma olvidó su miedo a una alergia y devoró el salmón bajo la mirada divertida de Regina.

‒ ¿No comió ayer por la noche? ¿Mi lasaña no estaba tan apetitosa?

‒ Sí, sí, por supuesto, pero…Creo…Creo que soy fan del pescado. Más que eso, tengo la sensación de que comer salmón es…Habitual.

‒ Quizás venga también de una pueblo portuario

‒ ¿Lo piensa?

‒ Quizás, ¿quién sabe?

Emma sonrió: a pesar del dolor que sus visiones reavivaban, estaba feliz porque pensaba que, quizás sin de verdad proponérselo, estaba avanzando. Tras la comida, Regina propuso a Emma visitar el pueblo, lo que la bella rubia aceptó con gusto.

‒ Esto es Granny's, el restaurante donde trabajo como cocinera.

‒ Tiene buena pinta

‒ Un día la traeré

Emma se fijó en esa frase, como si Regina dejara entrever que Emma prolongaría su estancia ahí o bien que mantendrían el contacto. O simplemente no era sino una frase de educación que la bella morena no pensaba en absoluto. Sin embargo, no dijo nada, y prefirió seguir a la joven hasta la calle principal, que ofrecía sus buenos comercios con escaparates coloridos y floreados.

‒ Todo aquí es muy bonito

‒ Sí, es relajante

‒ ¡Hey, Gina!

La morena se crispó, después se dio la vuelta lentamente murmurando un "mierda", discreto, antes de enarbolar una sonrisa de fachada.

‒ Ruby…¿Cómo estás?

‒ ¡De diez! ¡No me dijiste que hoy no trabajabas?

‒ Me tomé el día libre

Emma, una vez más, se quedó con la copla. ¿Regina se tomó el día libre para estar con ella?

‒ ¿Y quién es esta bella mujer que te acompaña?

‒ Oh, euh…Es Emma

‒ La naufraga‒ completó la bella rubia sonriendo ‒ Encantada

‒ ¡Oh! ¡La famosa sirena!‒ bromeó Ruby ‒ Ruby. Encantada también. ¿Entonces, Regina está haciendo de guía turística?

‒ Unimos lo útil a lo agradable: mientras paseamos, quizás le vengan recuerdos.

‒ Hm, no está mal pensado‒ Ruby se giró hacia Emma ‒ ¿Y? ¿Qué le parece nuestro enclave?

‒ Magnífico. Es lo que le estaba diciendo a Regina

‒ Hm, veo que se llevan muy bien‒ Regina fusiló a Ruby con la mirada ‒ ¿Qué?

‒ Emma, nos perdona, tengo que decirle un par de cosas a Ruby…‒ dijo Regina agarrando por el brazo a su amiga con rudeza y arrastrándola un poco más lejos, bajo la mirada sorprendida de Emma.

‒ Ok…

‒ ¡Hey, despacio!

‒ ¿Qué estás tramando?

‒ ¿Qué?

‒ ¡Esas pesadas alusiones!

‒ Estás delirando, cariño‒ ironizó Ruby ‒ Solo he dicho que parece que todo va bien entre las dos, cuando hace, ¿qué... ¿Dos días apenas que os conocéis?

‒ Para

‒ Dime…¿Sabes dónde se está quedando?

‒ ¿Por qué?

‒ Te recuerdo que yo llevo la pensión del pueblo, y no la he visto por allí…Y por lo que sé, el centro de acogida está lleno

‒ …

‒ No puede ser…

‒ …

‒ ¿Duerme en tu casa?

‒ ¡Shhh! Ya basta, ¿ok?

‒ Lo que explica lo de la lasaña de ayer…Es guay, ¿sabes?

‒ ¿Qué es guay?

‒ Abrirte de nuevo

‒ …

‒ Tendrías todo el derecho, lo sabes

‒ ¿Derecho a qué?

‒ A sentir de nuevo

‒ ¿Pero qué estás diciendo? Apenas la conozco. Y si la ayudo es sobre todo por altruismo, y no para obtener ningún favor. Es absurdo.

‒ Nunca he dicho lo contrario. Solo digo que hace años que no se te veía estar con alguien que no fuera yo o tus colegas.

‒ Ruby, sabes muy bien por qué

‒ Por supuesto. Y aquí lo sabe todo el mundo

‒ …

‒ Pero eso no te prohibe querer otros contactos, que además son femeninos. Y si tiene que ser esa espléndida y misteriosa rubia…

Regina puso los ojos en blanco.

‒ Dios mío…

‒ Hey, hey, escucha. Sabemos muy bien que no pasará nada, pero…Es guay

Regina suspiró y dio las gracias por el hecho de que su amiga no insistiera. De todas maneras, sabía muy bien que esa discusión volvería a relucir de un momento a otro.

‒ Deberíamos volver con tu bella sirena antes de que se imagine que estamos confabulando contra ella

‒ No es ni una sirena, ni mía. Stop

Cuando regresaron junto a Emma, esta preguntó a Regina

‒ ¿Algún problema?

‒ No, no, yo…

‒ …No, quería evitar que metiera la pata delante de usted‒ dijo irónicamente Ruby

‒ ¡Rub'!

‒ Para ser sincera, no quiere que imagine cosas entre vosotras

Regina se golpeó la frente con la mano suspirando pesadamente.

‒ No me lo creo…

‒ ¡Pero está guay, usted parece adorable y, para ser franca, haríais una hermosa pareja!

‒ ¡Bueno, stop! Gracias Ruby por tu intervención, pero tenemos cosas que hacer

Cogió a Emma por el brazo y dio la vuelta, no sin antes escuchar la respuesta de Ruby

‒ ¡Me lo puedo imaginar!

Regina, roja no solo de vergüenza sino también de enfado, no soltó una palabra hasta llegar a un pequeño parque donde varias madres paseaban a sus hijos.

‒ Lo siento…‒ acabó por decir ‒ Por Ruby

Emma comprendió su malestar y sonrió

‒ No pasa nada…

‒ Sí, sí que pasa. No quiero que piense que…

‒ …¿qué está detrás de mí?‒ bromeó Emma

‒ Yo…No hay ningún riesgo, créame‒ se sentó en un banco, invitando a Emma a hacer lo mismo ‒ Estuve casada…‒ susurró ‒ Durante casi cinco años. Se llamaba Danielle. Éramos felices. Habíamos decidido instalarnos aquí, a pesar de sus deseos de visitar mundo‒ entonces sonrió ‒ Era una trotamundos en su interior. Nos conocimos en la universidad. Yo estudiaba medicina, ella quería ser fotógrafa. Enseguida congeniamos, pero ella tenía que recorrer mundo por su trabajo. Así que nos prometimos que una vez que nuestras situaciones se estabilizaran, nos volveríamos a encontrar. Mantuvimos el contacto, me enviaba emails, postales de todos sus viajes. Diez años pasaron antes de que apareciera por aquí, con un anillo‒ rió ‒ Fue la petición más chocante imaginada y evidentemente no acepté inmediatamente. Fueron necesarias varias citas extras para aceptar…Y casarnos al mes siguiente. Encontró trabajo en una gran agencia de turismo de la zona. Estaba encargada de tomar fotos de los más bellos paisajes para promocionar la región. Yo conseguí un puesto en el hospital de la ciudad vecina.

Se detuvo, tomando aliento, como tras una larga inmersión. Emma escuchó pacientemente. Ella ya no se acordaba de su vida, pero estaba dispuesta por entero a escuchar la de Regina, esa mujer que fue la primera en ayudarla.

‒ Nos instalamos en la casa de la playa, nos enamoramos de ella. Y en esa playa me anunció que estaba embarazada. Habíamos tenido tantos fracasos antes de que la fecundación funcionara. Yo amaba a Henry como si lo hubiera llevado en mi vientre. Jamás me hizo entender que yo fuera menos por no haberlo engendrado. Y Henry jamás hizo diferencia alguna entre nosotras. Para él, éramos sus mamás.

Emma sonrió pensando en las fotos que había visto sobre la cómoda.

‒ Murió hace tres años‒ señaló Regina con pesar ‒ Durante una de sus expediciones para sacar fotos, se cayó por un acantilado. Cuando fue llevada al hospital, yo…La perdí. No pude hacer nada. Murió a causa de una hemorragia que no supe detectar

‒ ¿Se cree responsable de su muerte?

‒ No la maté directamente…Pero digamos que tampoco la ayudé.

‒ …

‒ Jamás he superado su pérdida, ni ahora. Henry tenía cinco años…Hoy, aunque no la ha olvidado, sus recuerdos están difuminados.

‒ Me estuvo hablando de ella en la playa…

‒ Sí. Está menos bloqueado que yo sobre ese tema‒ sonrió ella con pena

‒ Ahora me está hablando

‒ Sí…No quería que se sintiera ofendida…Por lo de Ruby. Tiene la lengua muy larga, y a veces, lo que dice…

‒ Ningún problema. Por nada del mundo he pensado que usted me estaba tirando los tejos…‒ sonrió Emma ‒ Ni sé si soy hetero…Ni si tengo pareja…Ni de quién se trata.

‒ Lo sabremos, prometido.

Emma sonrió.

‒ Si por casualidad fuera gay…‒ dijo estirándose ‒ Probablemente usted sería mi tipo. En fin, creo.

Regina sonrió

‒ Está bien saberlo. Deberíamos volver, tengo que ir a buscar a Henry

‒ ¿Puedo ir con usted?

‒ Si quiere

Se dirigieron al coche y unos diez minutos más tarde, aparcaron delante del colegio del pequeño.

‒ Lo espero aquí la mayoría de las veces

‒ ¿Por qué?

‒ ¿Por qué, qué?

‒ ¿Por qué no va a buscarlo a la salida?

‒ Oh…A causa de…Bueno, es complicado…

‒ ¿El qué?

Regina lanzó una ojeada hacia la salida del colegio

‒ Katherine…

‒ ¿Katherine?

‒ ¿Ve aquella rubia de allí, rodeada de su corte?

Emma miró en esa dirección y efectivamente, vio a una mujer, elegante, partiéndose de risa

‒ Sí, la veo

‒ Si pongo un pie fuera del coche, me va a saltar encima, literalmente

‒ ¿Está detrás de usted?

‒ De una manera tan sútil como un elefante en una cacharrería

‒ ¿Sabe lo suyo? Quiero decir, ¿que es viuda?

‒ Precisamente…Desde que supo que estoy "libre", cosa que no estoy, no me deja en paz.

‒ ¿Por qué no la manda a paseo?

‒ ¿Se cree que ya no lo he hecho? Es testaruda

Emma se echó a reír.

‒ ¿Hace cuánto tiempo que no recoge a Henry a la salida?

‒ Hm…Meses…

‒ Bien, cambiemos eso‒ Emma salió del coche ‒ Venga

‒ ¡Emma! ¡Vuelva aquí!‒ Regina también salió ‒ ¡Emma!

‒ Escuche, vamos, ella no hará nada. Se lo aseguro.

‒ Emma, por favor

‒ ¡Vamos!

Regina puso los ojos en blanco y siguió a Emma.

‒ La aviso, como ella…

‒ Confíe en mí

Cuando llegaron casi delante de la puerta, Katherine se giró hacia Regina, dispuesta a hablar con ella, pero entonces Emma agarró la mano de Regina y posó su otra mano en su hombro. Ante ese gesto, Katherine se detuvo en seco, abriendo de par en par los ojos.

‒ Señoras…‒ saludo Emma pasando por delante de ellas, Regina asintiendo educadamente. Se pararon algunos metros más lejos y las sienes de Regina parecieron echar fuego.

Cuando Henry salió, vio de lejos a su madre, a quien no había visto en la entrada del cole desde hacía muchos meses. También divisió a Emma a su lado y…Dadas de la mano. Frunció el ceño antes de sonreír y correr hacia ellas.

‒ ¡Mamá! ¡Emma!

El pequeño saltó a los brazos de su madre, quien soltó finalmente la mano de Emma

‒ ¡Auch, cuidado, mi amor!

‒ Qué bien que hayas venido hasta aquí

‒ ¿A qué sí? Venga, vámonos

Al volver a pasar por delante de Katherine, Regina evitó su mirada, mientras que Emma enarboló una gran sonrisa, posando discretamente su mano en los riñones de la bella morena. Regina no abrió más la boca hasta llegar a su casa. Emma se detuvo delante de la casa, y Regina se dio la vuelta.

‒ ¿Emma?

‒ Yo…Me voy a marchar

‒ ¿Marcharte? ¿Pero a dónde?

‒ He visto que hay una pensión cerca de Granny's. Ahora que tengo fondos, voy a poder alojarme allí.

Regina frunció el ceño

‒ ¿Hay algún problema?

‒ No, no, ninguno. Simplemente no quiero ser más una carga

‒ ¿Una carga? Emma…

‒ Escuche…Le pido perdón

‒ ¿Por?

‒ Me pasé de los límites, lo noté…

‒ ¿Cuándo?

‒ Con Katherine. No debí hacerlo. Sujetarle la mano, pegarme a usted…Estuvo fuera de lugar. Sobre todo, tras la conversación que tuvimos justo antes.

‒ Oh, ya veo. No me molestó

‒ ¿De verdad? No fue la impresión que me dio

Regina le sonrió.

‒ Escuche…Es verdad, me sorprendí, y no estoy acostumbrada a ese tipo de contacto…

‒ Debí avisarla, y sobre todo preguntarle.

‒ ¿Es por eso que quiere marcharse?

‒ Regina…Ya no tengo razón alguna para quedarme. Quiero decir…Tengo lo que necesito ahora.

‒ Tiene razón. Estaría fuera de lugar pedirle que se quedara…También necesita su espacio.

‒ …

‒ ¿Compartimos al menos una última cena?

‒ Ok‒ sonrió Emma

Cuando entró en la casa, Henry le tendió un libro.

‒ ¡Mira, he encontrado esto en la biblioteca!

‒ ¿Qué es?

‒ ¡Un libro sobre el mar! Dijiste que te gustaba mucho

‒ Oh, muy amable

‒ Podríamos verlo juntos, si quieres

‒ Oh, euh…Sí, por supuesto

Regina asistió a la escena, divertida. Su hijo nunca había sido despegado, siempre se aferraba a quienquiera que tuviera tiempo para ofrecerle. Y no se sorprendió cuando Emma entró en su burbuja.

‒ Bien. Henry, tus deberes.

‒ Pero mamá, mañana no hay cole y…

‒ ¿Te has olvidado de que mañana íbamos a pasar el día en la bahía…?

‒ Oh…

‒ Sí oh. Así que, para disfrutar del día, tu tarea la acabarás hoy, ¿entendido?

‒ Okeyyyy…

‒ Bien

Henry arrastró sus pies, pero de todas maneras subió a su habitación. Regina se dirigió hacia la cocina y Emma la siguió.

‒ ¿Le echo una mano?

‒ Oh, la cocina es mi dominio. Si realmente quiere ayudarme, allí están los cubiertos.

Emma sonrió y obedeció con alegría. Al cabo de unos minutos, curiosa, Emma se dirigió a la cocina.

‒ Huele muy bien

‒ Y sabe mejor

‒ No tiene abuela‒ bromeó ella

‒ Porque soy conocedora de mis capacidades. Granny no me contrató por nada.

‒ ¿Cómo pasó de doctora a cocinera?

‒ Cuando…En fin…Cuando Danielle murió…Perdí todo asidero. Pensé que ya era incapaz de practicar la medicina al no haber podido salvar a mi esposa…

‒ Oh…

‒ Tras algunos meses de depresión, Ruby me empujó a salir, a retomar una actividad. Lo único que sabía hacer, dejando de lado la medicina, era cocinar. Entonces, Granny me propuso un trabajo de cocinera en su restaurante. Y me viene bien: horario flexible, hago lo que me gusta…

‒ Entonces muy bien. Es lo esencial. Me pregunto si tengo un trabajo…Y cuál sería.

‒ Hm…Sería interesante imaginarlo ‒ Regina la observó ‒ Es evidente que no tiene un trabajo en que use las manos

‒ ¿Y eso?

‒ Sus manos. No están destrozadas. A menos que las cuide mucho.

‒ Hm, no creo que sea ese tipo de personas. No es que no me cuide, pero…Creo que no soy de las de hacerse peelings o manicuras…Pienso que soy más…Natural

Regina rió

‒ Es verdad

‒ ¿Y usted lo es?

‒ ¿Soy qué?

‒ Bah, ya sabe, de las…Muy femeninas

‒ No soy de las de no hacer nada tirada en una cabina de rayos UVA, pero me gusta estar arreglada cuando hace falta. Detesto ser tomada de improviso.

‒ Ah, eso me lo imagino

‒ ¿Ah sí?

‒ Sí, es de las de planificar todo, de preverlo todo, de las de detestar las sorpresas y los imprevistos. Yo creo que es una mujer que le gusta tener las riendas en la mano.

‒ ¿Es algo malo?

‒ No, bueno, no creo

Intercambiaron una mirada antes de que se escucharan pequeños pasos

‒ ¡He acabadoooo!‒ canturreó el pequeño apareciendo en el salón ‒¡Tengo hambre!

‒ ¡Bien! Mi pequeño príncipe ha hablado‒ dijo divertida Regina ‒ A la mesa los dos, yo ya voy

‒ ¿Quiere ayuda?

‒ Sigue siendo no. Vaya a sentarse.

‒ Ok, ok

Henry se sentó al lado de la bella rubia.

‒ ¿Leeremos el libro juntos?

‒ Si quieres…

‒ ¿Mañana vienes a la bahía conmigo? Es un sitio secreto que solo conoce mamá

‒ ¿Ah sí?

‒ Sí. ¡Estará guay!

Emma entonces sonrió.

‒ Decidme a qué hora salís, yo os alcanzaré

Henry frunció el ceño

‒ ¿Por qué? ¿No saldrás con nosotros?

‒ Oh, euh…Henry, voy a cenar aquí, pero me marcho a la pensión

El pequeño frunció aún más el ceño antes de esbozar una mueca enfurruñada. Cuando su madre llegó, bandeja en mano, vio enseguida la expresión de enfado de su hijo.

‒ ¿Algún problema? ¿Henry?

‒ ¿Por qué Emma no duerme aquí?

‒ ¿Qué? Pero…

‒ Me ha dicho que se va a la pensión…¿Por qué ya no duerme aquí?

‒ Henry, te lo ruego…‒ suspiró Regina ‒ Hablaremos de eso más tarde

‒ ¡No! Quiero saber‒ se giró entonces hacia Emma ‒ ¿Ya no quieres quedarte aquí?

‒ No es eso. Pero, sabes que no me acuerdo de nada. Y necesito encontrarme a mí misma

‒ Pero nosotros podemos ayudarte

‒ Lo sé, Henry…

‒ ¡Henry!‒ cortó Regina, visiblemente irritada ‒ Basta. Pídele disculpas a Emma

‒ Pero…

‒ No pasa nada‒ respondió Emma

‒ Sí, sí que pasa. No será un niño de ocho años el que impondrá sus leyes, ¿verdad Henry?

El pequeño asintió y se giró hacia Emma.

‒ Lo siento

Emma le sonrió dulcemente y la comida se terminó en silencio. Era muy tarde cuando Regina invitó a su hijo a dar las buenas noches a Emma e irse a dormir. Él ni chistó, entonces Regina se excusó ante Emma y fue a ver al hijo.

‒ Perdón, mamá‒ dijo él apenas subió a su cama

‒ Cariño, comprendo que te hayas aferrado a Emma. Pero…Métete en la cabeza que ella seguramente no es de aquí. Y que un día, recuperará la memoria y se marchará, quizás lejos.

‒ Pero yo quiero ayudarla

‒ Yo también Henry, yo también. Pero necesita su espacio. Debe estar un poco sola, ¿comprendes?

‒ Sí. ¿Crees que está enfadada?

‒ No, en absoluto‒ sonrió Regina

‒ Me gustaría mucho que viniera mañana a la bahía con nosotros

‒ Ya veremos eso. ¿No puedes contentarte con tu vieja madre?‒ ironizó Regina

‒ ¡Tú no eres vieja!

‒ ¡Ahh, gracias hijo mío!

‒ ¡Tú también eres muy bonita! ¡Como Emma!

‒ ¿Como Emma?

‒ Bueno sí, ella es bonita, ¿no?

‒ Euh… bueno…

‒ ¿No la encuentras bonita?

‒ Sí, sí, en fin, sí, lo es…Venga, Henry, es muy tarde.

‒ ¿Un cuento?

‒ Insististe para quedarte más tarde en la mesa, nada de cuentos‒ se inclinó sobre él y le dio un beso en la frente. A continuación bajó y constató que Emma ya no estaba en la mesa.

‒ ¿Emma?

Divisó entonces la parte alta de la cabellera rubia sobresalir del sofá. Se acercó y vio a la joven dormida. Regina esbozó un movimiento para despertarla, pero reculó. Al contrario, cogió una fina manta y la deslizó sobre sus rodillas, hasta sus hombros. Después ella subió a su habitación: finalmente su hijo tendrá lo que quería, Emma pasaría una noche más ahí.


Emma se despertó sobresaltada, un golpe seco la sacó de su duermevela. Se dio cuenta de que una ligera brisa hacía batir una de las persianas contra la puerta acristalada. Se levantó y sintió un gusto a sal en su boca. Entonces recordó que había vuelto a tener aquel extraño sueño: ella, bajo el agua, esa voz que la llamaba…A veces le volvían algunos detalles: era de noche, la luna estaba llena.

Pero, una vez más, se despertó sudando, con el corazón latiendo a mil. Para calmarse, como había hecho esas últimas noches, salió fuera y se sentó en el borde de la terraza. Inspiró el aire fresco y la brisa acarició su nuca, estremeciéndola un poco. Cerró los ojos y escuchó cómo rompían las olas suavemente hasta que su ritmo cardíaco volvió a la normalidad y la fatiga volvió a dominarla. Consintió en entrar y entonces vaciló: ¿debía irse a dormir a la habitación de invitados? ¿O quedarse en el sofá? Optó por la segunda solución y volvió a ocupar el sitio en el sofá, cubriendo de nuevo sus piernas. No tardó en quedarse dormida…


… Y despertarse unas horas más tarde, con el sonido de la voz de Henry.

‒ ¿Emma? ¿Emma?

Abrió con dificultad los ojos y le sonrió

‒ Hey, hola

‒ ¿Por qué has dormido aquí?

‒ Me quedé dormida en el sofá. Creo que tu madre no quiso despertarme.

‒ ¡Qué guay!¡Entonces vas a poder venir con nosotros!

‒ Con gusto. Y eso si tu mamá está de acuerdo.

‒ Lo está‒ Emma se sobresaltó al escuchar la voz de Regina tras ella ‒ Buenos días. ¿Ha dormido bien en el sofá?

‒ Hm, si me quedé dormida es que no estaba tan mal. Debió haberme despertado…

‒ Está durmiendo tan apaciblemente. Y dejar que se fuera en plena noche no habría sido muy juicioso. Ya tendrá tiempo hoy de ir a la pensión.

‒ ¡Pero ahora ella viene con nosotros a la cala!‒ gritó el pequeño

‒ Comamos primero. La cala no se va a ir a ningún lado.

Henry, muy feliz de que Emma estuviera con ellos, ni protestó, incluso se adelantó a su madre yendo a vestirse mientras que Regina y Emma acababan de comer. La bella morena tenía que admitirlo, estaba tranquila de que Emma estuviera ahí. No es que quisiera inmiscuirse en la vida de la joven, pero saber que estaba bien y que, si no fuera así, estaría cerca, la tranquilizaba

‒. Cuando volvamos de la cala, me iré a la pensión‒ declaró Emma

‒ Muy bien. ¿Cuánto tiempo piensa quedarse allí?

‒ Hm, ni idea…Seguramente me quedaré unos días, lo que tarden las autoridades en conseguir pistas…

‒ …¿Con sus huellas?

‒ Exacto. Si estaba en un barco, seguramente partió de un puerto. Recorreré los pueblos costeros de la región. Hay que empezar por algún sitio.

‒ Eso seguro

Regina se contuvo para no proponerle su ayuda. Le había dado un sermón a su hijo la noche anterior, diciéndole que tenía que darle espacio…Y sin embargo, las ganas de acompañarla en sus investigaciones eran mucho más grandes de lo que habría querido. Evidentemente, tenía una multitud de razones para sentir eso, y todas se explicaban racionalmente.

‒ ¿Hay que llevar algo?

‒ Voy a coger las toallas‒ se quedó mirando a Emma

‒ ¿Qué?

‒ Supongo que en su locura de compras, no consiguió ningún bañador…

‒ Ah, no…

‒ Hm, creo que tengo uno para usted.

Regina subió a su habitación, seguida por Emma, que se detuvo en el umbral de la puerta. Vio a la bella morena hurgar en una de sus cómodas y sacar un bañador, negro, sencillo.

‒ Tengo este

‒ Es perfecto. Usted…¿Usted no coge uno?

‒ No. Cuando Henry está en el agua, prefiero vigilarlo desde tierra firme. Aún más en esa cala.

‒ ¿Es peligrosa?

‒ No, pero basta con un momento de despiste

‒ Una pena

‒ ¿Una pena?

‒ Sí, bueno, decía que…Bueno, es una pena no poder jugar con su hijo

‒ Está acostumbrado. Además, tiene una nueva camarada de juego‒ sonrió Regina ‒Tome. Le doy una toalla.

Una hora más tarde, Emma, Henry y Regina estaban listos para salir. Henry canturreó todo el trayecto, bajo las sonrisas de su madre y Emma. El paisaje iba desfilando y al cabo de unos veinte minutos, Emma vio cómo el paisaje cambiaba: apareció un bosque, denso y sombrío. Cuando iba a preguntar si realmente estaban yendo a una cala, el bosque dio, de repente, paso a un claro desprovisto de árboles. Regina aparcó a unos treinta metros del borde y sacó las cosas, ayudada por Emma.

‒ ¡Por aquí!‒ gritó el pequeño desde el borde del acantilado.

‒ Cuidado, Henry

De repente, él desapareció y a Emma le dio un vuelco el corazón, mientras que Regina pasó por delante de ella, visiblemente calmada.

‒ ¿Viene? ¿Emma?

‒ ¿Qué? Euh…Sí, sí…Euh…¿Necesita ayuda?

‒ Gracias‒ Regina le tendió la bolsa con todas las toallas y Emma siguió a la joven hasta el borde. Allí, pudo divisar una escalera de piedra, que descendía en vertical, y pegada al acantilado, una barandilla hecha de cuerda. Las escaleras eran bastante anchas y Emma vaciló un momento. Pero al ver a Henry y a Regina bajar con soltura, se sintió herida en su ego, inhaló profundamente antes de bajar ella también.

Al cabo de lo que le pareció una eternidad, llegó finalmente abajo y descubrió una pequeña cala así como un recodo de arena, lugar elegido por Regina para dejar su toalla y su cesta de víveres.

Henry ya saltaba impaciente mientras que su madre frenaba sus ardores untándole completamente con crema como Dios manda. Una vez listo, y tras las últimas recomendaciones de su madre, Henry se marchó a chapotear al borde del agua.

Emma se sentó cerca de Regina, quien comenzó a colocar los vasos y a sacar la limonada de la nevera.

‒ ¿No va a bañarse?

‒ No deseo dejarla aquí sola

‒ No se preocupe por eso, tengo con qué ocuparme‒ dijo ella moviendo un libro ‒ Vaya. Henry ya está ansioso.

Emma sonrió

‒ Muy bien‒ se levantó y se desvistió, captando la mirada de Regina sobre su silueta. Cuando se dio cuenta de que miraba durante mucho tiempo a la bella rubia, desvió su mirada para posarla en la toalla. Emma no se dio cuenta de nada, y cuando se dio la vuelta ‒ ¡Bueno, me voy para allá!‒ Regina simplemente asintió y la bella rubia fue dando saltitos hasta el borde del agua.

‒ ¡Venga,ven! ¡Está muy buena!

Emma metió un dedo y sintió escalofríos.

‒ ¿En serio?

‒ ¡Venga! ¡Lánzate!

Emma rió, pero aunque no se lanzó, caminó despacio, pero segura, hasta que el agua le cubrió los tobillos, después las pantorrillas, las rodillas, los muslos…Cuando la superficie del agua alcanzó su cintura, inhaló, contuvo la respiración y se hundió hasta los hombros soltando un pequeño grito estridente

‒ ¡Joder!

‒ ¡Síiiiii!

Henry se movió y comenzó a nadar alrededor de la bella rubia quien sonrió, manteniendo su mirada en él. Un poco más lejos, sobre el banco de arena, Regina lanzaba cada cierto tiempo una mirada a su hijo y sonrió cuando vio que comenzaban una batalla de agua. Sacó algo para alimentar a su hijo cuando saliera del agua. Ella sabía que cada vez que volvía de una sesión de nado, volvía hambriento.

‒ Hey, Emma, ¿sabes tirarte de cabeza?

‒ Hm…Ni idea. Quizás

‒ ¿Quieres ver lo que sé hacer?

‒ ¿No es peligroso?

‒ ¡Estoy acostumbrado!

Nadó hasta un borde y trepó con habilidad, probando que no era su primera vez haciendo eso. Emma lanzó una mirada hacia Regina que parecía confiada aunque no apartó la mirada del hijo.

‒ ¡Atención Emma!

La rubia apenas tuvo tiempo de girar la cabeza hacia el pequeño cuando este saltó al agua, salpicando a la rubia y creando una pequeña ola que golpeó su rostro. Y de repente, un flash, Emma se sintió anclada al fondo, como si algo le sujetara las piernas. Abrió la boca de sorpresa y tragó agua. De repente entró en pánico y pareció perdida en los meandros del agua…De agua turbulenta y oscura que la rodeaba.

De golpe, esa voz femenina, la que llevaba noches escuchando, se oyó. Alzó los ojos y vio la superficie alejarse más y más, la voz convirtiéndose en un lejano eco. Y de pronto…Vio un barco, o al menos, la quilla de un barco. Estaba oscuro y hacía frío. ¿Cómo había llegado de nuevo a la superficie? ¿De dónde venía ese barco? ¿Por qué era ya de noche?

Emma braceaba con dificultad en medio de esas aguas agitadas, intentando distinguir el barco. El casco era rojo y blanco, y podía vislumbrar un nombre, escrito en negro…Pero le era imposible leerlo bien. Agitó los brazos, intentando mantenerse en la superficie, pero le abandonaban sus fuerzas, y el barco se alejaba más y más y de repente…Distinguió una silueta, corpulenta, grande…Le parecía que era un hombre…Pero sin embargo, esa voz…

‒ ¿Emma…Emma? ¡EMMA!

Los gritos de Henry la sacaron de su letargo y pronto notó dos brazos deslizarse bajo sus axilas para sacarla a la superficie. Emma abrió los ojos y divisó al pequeño, asustado. Volvió en sí y se dio cuenta de que Regina la sacaba hacia la orilla. Cuando cayeron sobre la arena, Regina, jadeante, cogió a Emma por los hombros.

‒ Emma…¿Está bien? ¡Respóndame!

‒ Yo…¿qué ha pasado?

‒ No lo sé muy bien…Henry se tiró y de repente usted desapareció bajo el agua. Entró en pánico…

‒ ¡Mamá!‒ Henry nadó hasta ellas y cayó en brazos de su madre ‒ Emma…¿Está bien?

La rubia se recuperó y se giró hacia él.

‒ Lo siento, Henry. Siento haberte asustado. Yo…Entré en pánico, creo.

‒ ¿Estás mejor?

‒ Estoy bien‒ sonrió ella ‒ Prometido.

‒ Bien, creo que hemos tenido suficiente por esta mañana, ¿no? Henry, ¿tienes hambre?‒ el pequeño asintió ‒ Entonces, vamos‒ Regina se levantó y tendió la mano para ayudar a que Emma hiciera lo mismo. Una vez en la inmensa toalla, Regina se giró hacia su hijo ‒ Ponte la camiseta, por favor

‒ Ok‒ Henry se sentó y Emma sintió que el infortunio en el agua había acabado con el buen ánimo del pequeño.

Ella se colocó a su lado y le tocó ligeramente el hombro

‒ Hey…No es tu culpa, ¿ok?

‒ …

‒ ¿Sabes?...Creo que te equivocaste

‒ ¿En qué?

‒ Soy muy mala como sirena

Henry esbozó una sonrisa.

‒ ¿Por qué tuviste miedo?

‒ Ya sabes, creo que me caí de un barco…Y…Creo que he sobrestimado mis fuerzas

‒ ¿Eso qué quiere decir?

‒ Que aún no está lista para volver al agua‒ respondió Regina mientras le pasaba un sandwich. Después se giró hacia Emma ‒ Debimos haber sospechado…

‒ No lo había pensado…‒ lanzó una mirada hacia Henry antes de dirigirse de nuevo a Regina ‒ Siento haber estropeado vuestra salida.

‒ No ha estropeado nada. No diga tonterías.

‒ De todas maneras he hecho que el ambiente decaiga.

Regina le tendió un sandwich.

‒ Todo está bien, se lo aseguro.

Emma dejó vagar su mirada por Regina, de los pies a la cabeza.

‒ Está empapada. Usted…Usted…

Regina sonrió

‒ Ni lo pensé

‒ Va a coger frío así

‒ ¿Con el calor que anuncian para hoy? Tendré tiempo de secarme

‒ ¿Está segura?

‒ Completamente

‒ Lo ve, tendría que haber cogido un bañador

Regina sonrió

‒ Admítalo, lo ha hecho a propósito para verme en este estado‒ bromeó ella

Emma se quedó mirándola y se sonrojó. Después, sin desviar el rostro, sus ojos hicieron un rápido vaivén de su cara a su pecho, cosa que Regina advirtió, antes de bajar la mirada y carraspear.

‒ ¡Yo…Bueno, tengo hambre!‒ dijo ella dando un buen mordisco en su sandwich.

Regina, divertida, exclamó

‒ Eso me parecía…

Emma se ahogó y Henry la miró

‒ Emma, ¿estás bien?

‒ Oh, no te preocupes Henry, está bien‒ bromeó Regina ‒ Quizás aún con un poco de agua en sus pulmones

‒ Eso…Eso debe ser…‒ balbuceó la bella rubia

Cuando la frugal comida había acabado, Henry quiso volver al agua, pero ante las reticencias de su madre, se giró hacia Emma.

‒ Podemos hacer entonces castillos de arena, ¿eh, Emma?

‒ ¡Por qué no! Regina, ¿se apunta?

‒ Hm, no, prefiero juzgar la calidad arquitectónica de las obras más que contribuir en ello‒ Emma la miró con los ojos abiertos como platos

‒ ¡Joder! En principio era un sencillo castillo de arena, pero ahora tengo la impresión de que voy a construir el Capitolio. Tengo una presión.

Regina sonrió

‒ Nada de presión

‒ ¡Vamos a hacer un super gran castillo!

‒ ¡Muy bien, jefe!

Y a ello se dedicaron durante más de una hora. Henry se aplicó y construyó un inmenso castillo con torres asimétricas, pero con unos fosos impresionantes, mientras que Emma había hecho el suyo poniendo especial atención en los detalles, ventanas con barrotes o incluso pomos en las puertas.

‒ ¡Ya está, mamá!

Regina, que se había hundido en su libro, alzó la mirada de las páginas y admiró el trabajo.

‒ Bueno…No habéis estado con la manos paradas

‒ Están guay, ¿no?

‒ Magníficos

Henry juzgó los dos castillos y puso una mueca.

‒ Son muy bonitos los dos…

‒ Exacto. ¿No quieres elegir?

‒ No, hemos trabajado muy bien los dos, ¿verdad, Emma?

‒ Exacto…¡Deberíamos sacarle fotos! Regina, puede…

‒ Por supuesto‒ La joven sacó su teléfono y Henry y Emma se colocaron lado a lado y posaron con orgullo tras sus respectivas creaciones. Regina sonrió ante esa foto antes de declarar que la hora del baño estaba de nuevo abierta, para gran alegría de Henry.

Esta vez Emma no entró en el agua, aunque se sentó en la orilla, disfrutando el agua fresca.

‒ ¿Está segura de que no quiere venir, al menos, a la orilla?

‒ Sería una pena, mi pantalón comienza a secarse.

‒ Quíteselo. Quiero decir…¿Cuál es la diferencia entre unas braguitas y un biquini? Prometido, no la voy a mirar de arriba a abajo‒ bromeó Emma

Regina suspiró y cerró su libro antes de levantarse y unirse a ella, no sin antes quitarse su pantalón. Emma no pudo evitar admirar sus largas piernas cuando se sentó a su lado.

‒ ¿Satisfecha?

‒ Sí‒ sonrió Emma antes de volver a centrar su mirada en el agua y sobre Henry que se dedicaba a hacer volteretas.

‒ ¿Ha visto algo?‒ preguntó Regina

‒ ¿Qué?

‒ En el agua, esta mañana

‒ Oh…Yo…Creo que me vi aquella noche, en el mar. He visto…Un barco

‒ ¿Un barco?

‒ No lo vi bien, solo…Su casco era blanco y rojo. Y parecía que había un mástil.

‒ Hm…Entonces un velero, de casco bicolor

‒ ¿Cree que eso va a ayudar?

‒ Podemos mirar en los registros de alquiler de barcos localizados en los lugares dedicados en la costa. Seguramente hay muchos, pero quizás no todos hayan sido alquilado estos últimos días. Quizás es el principio de una pista.

‒ …

‒ ¿Alguna otra cosa?

‒ Yo…No lo sé. Tenía la impresión de que había alguien en el barco, pero por la silueta parecía un hombre…Mientras que la voz que vengo escuchando hasta el momento es la de una mujer.

‒ ¿Hasta el momento?

‒ Sí, euh…A veces, me vienen flashes…‒ tartamudeó ella

‒ Un hombre…¿Novio? ¿Hermano? ¿Padre?

‒ Ni idea…

‒ Bueno, ya partimos de algo…

‒ Ese barco tenía un nombre, escrito en el caso, delante…Pero me fue imposible leer bien.

‒ Buscaremos

‒ ¿En plural?

‒ Por supuesto‒ sonrió Regina

Emma la miró

‒ ¿Ya le he dado las gracias por todo lo que hace por mí?

‒ Creo que sí, al menos una decena de veces

‒ Oh…Bah, pues se lo digo otra vez

‒ No hay de qué, de verdad

Mientras decía eso, Regina había posado su mano en la rodilla de Emma y esta posó la suya sobre la de ella. Sus miradas se clavaron la una en la otra y se quedaron así algunos segundos antes de que Henry llamara a su madre para que lo mirara hacer una pirueta. Entonces, casi a desgana, desvió la mirada para ver a su hijo ejecutar su bella pirueta.

‒ Bravo cariño, pero ten cuidado

‒ ¡No te preocupes, yo controlo!

‒ Claro, por supuesto‒ se giró de nuevo hacia Emma, pero esta jugaba con la arena y dibujaba, con su índice, círculos y espirales, que las olas borraban rápidamente.

‒ Emma, ¿todo bien?

‒ …

‒ ¿Emma?

‒ ¿Puedo ser sincera?

‒ Por supuesto

‒ Yo…No quiero parecer…Bueno…No quiero forzar ni imponerme…

‒ ¿Emma?

‒ Yo…No deseo…Ir a la pensión.

Regina la miró, en silencio. Emma se sintió, de repente, incómoda, y bajó aún más la mirada. De pronto, vio una sonrisa dibujarse en el rostro de Regina.

‒ Oh, ya veo…

‒ No, escuche, es una tontería, yo…Me iré esta tarde y…

‒ Si abandona mi casa, le prometo que su naufragio no será sino una broma frente a lo que le haré pasar.

‒ Wow…¡Es aterradora! En serio, no sé si estoy asustada o admirada.

‒ Ya en serio, mi casa está abierta. Mi habitación de invitados será la suya tanto tiempo como lo desee.

‒ ¿Está segura? No quisiera ser una carga y…

‒ ¿Puedo confesarle una cosa a mí vez?

‒ Suéltelo

‒ Tampoco yo deseaba que se fuera‒ sonrió tímidamente

‒ ¿Ah, no?

‒ No sé por qué razón. Quizás para estar segura de que está bien. No por espiarla, sino más bien para…No sé…Tengo la impresión de tener un deber hacia usted. Tendría la sensación de estar abandonándola.

‒ Jamás he sentido que esté haciendo eso. Y yo también me siento segura con usted, con los dos. Es decir, no me acuerdo de nada, y si solo me tengo que basar en lo de ahora, bueno, usted es la única en quien confío. La prueba…yo misma estoy pidiendo quedarme

‒ ¿Te vas a quedar?‒ exclamó Henry tirándose literalmente a los pies de las dos jóvenes, salpicándolas de paso.

‒ ¡Henry!

‒ Oups, perdón mamá. Emma, ¿te vas a quedar con nosotros?

‒ Yo…

‒ Sí, cariño, se va a quedar en casa‒ confirmó Regina con una sonrisa

‒ ¡Qué guay!

Entonces Henry regresó a las olas mientras que Regina se levantó y regresó a su toalla, seguida por Emma.

‒ Gracias otra vez…

‒ De nada. Tenga‒ le tendió un vaso de limonada ‒ Regresaremos bastante tarde hoy, pero desde mañana, podremos emprender la búsqueda de los barcos.

‒ Muy bien

Y la tarde acabó cuando Regina, viendo que el sol se ocultaba en el horizonte y empezaba a meterse frío, llamó a su hijo. Y mientras él se secaba, las dos jóvenes recogieron las cosas y los tres subieron hasta el coche. Durante el trayecto, Henry se quedó dormido y cuando llegaron a la casa de la bella morena, Emma tomó la iniciativa de llevar al muchacho hasta el sofá, quien se despertó justo cuando ella lo iba a acostar.

‒ Oh, hey…

Pero en lugar de bajar de sus brazos, él rodeó el cuello de la rubia con sus pequeños brazos y posó su rostro sobre sus hombros.

‒ Está agotado…‒ susurró ella

‒ Llevémoslo a su cama

‒ ¿No va a cenar?

‒ Se despertará pronto para comer

Regina subió y Emma hizo lo mismo. Dejó delicadamente a Henry en su cama y Regina le quitó los zapatos antes de arroparlo, bajo la mirada enternecida de Emma.

‒ Venga…‒ Bajaron a la cocina y Regina abrió la nevera ‒ ¿Tiene hambre? Queda ensalada mixta…

‒ Con mucho gusto

Ella se sentó en la isla y Regina posó un plato delante de ella. Después trajo la ensalada y comieron en silencio. Había en esa escena algo perturbadoramente tranquilizador, incluso familiar. Emma se sentía bien con Regina, con Henry. Ese sentimiento de estar en su sitio cuando, irónicamente, no sabía dónde estaba su sitio. Todo lo que sabía era que en presencia de Regina, se sentía bien. ¿Quizás sentía eso porque vivía en pareja? Y si se llevaba bien con Henry, ¿acaso era porque tenía hijos?

El deseo de saber más, pero también el miedo de descubrir demasiado la atenazaba.

‒ Emma, ¿algún problema?

‒ Hm, no. Yo…Estaba pensando en lo que podríamos encontrar mañana

‒ No piense demasiado en eso. Quizás no demos con nada

‒ Lo sé, lo sé. Pero realmente…Partimos de nada, no puede ir a peor.

‒ Efectivamente‒ Regina dejó vagar su mirada por la puerta acristalada ‒ Esta noche habrá tormenta…‒ Emma se echó a reír ‒ ¿Qué?

‒ No me diga que es ese de ese tipo de personas que sabe predecir el tiempo que hará solo observando la forma de las nubes o la dirección del viento. Es muy de…viejo marinero.

Regina arqueó una ceja.

‒ Bueno, no tengo la intención de leer en la sestrellas, pero sé reconocer relámpagos cuando los veo‒ puntualizó ella señalando con su dedo hacia la cristalera, hacia la que Emma se giró para ver que, efectivamente, en el horizonte espesas nubes negras y relámpagos podían verse.

‒ Ah…Lo siento

‒ No importa. Y para dejarlo claro, tramposo sé leer las entrañas de un pollo.

Emma rió y se estiró

‒ Ha sido un gran y maravilloso día, gracias por la invitación.

‒ De nada. Es a Henry a quien hay que agradecer, estaba empeñado.

‒ Lo haré

‒ Bien, vamos a acostarnos.

Emma siguió a Regina y antes de entrar en su habitación, se giró, y le sonrió a Regina

‒ Buenas noches

‒ Buenas noches


Regina no se había equivocado. Hacia las tres de la mañana, se escucharon estruendos y se vieron rayos arañando el cielo. Emma se despertó sobresaltada tanto por los rayos y truenos como por nuevas visiones, sobre todo, del barco.

Una vez más, salió de su habitación para tomar aire, sentándose en el borde de la terraza. Aún no llovía, pero la penumbra era a veces rasgada por largos y vibrantes relámpagos. Ella se estiró y se preguntó si el tiempo era similar al del día de su naufragio.

‒ ¿Emma?‒ la bella rubia se sobresaltó y se giró para ver a Regina ‒ ¿Qué hace ahí?

‒ Oh, euh…No podía dormir

‒ ¿La tormenta?

‒ Sí, sí‒ pero su prisa en responder dio una señal a Regina de la veracidad de la respuesta.

‒ Hm…Ya veo‒ se sentó cerca de ella ‒ ¿Cuántas veces?

‒ ¿Qué?

‒ ¿Cuántas veces se ha despertado y venido aquí?

‒ …

Regina la miró

‒ ¿Desde la primera noche?

Emma bajó la mirada, como si fuera culpable

‒ Oh, Emma…¿Por qué no me lo ha contado antes?

‒ No quería molestarla con eso…

‒ Emma, cuando le preguntaba si había dormido bien, no era por educación.

‒ …

‒ Ha dicho que confía en mí…Pero, ¿tiene suficiente confianza como para hablar de eso?

‒ Yo…Confío en usted, de verdad

‒ Entonces, cuénteme

Emma inhaló profundamente y miró al horizonte.

‒ Yo…En cuanto cierro los ojos, cuando noto el sueño llegar…Me vienen esos sonidos…Olas, voces…Visiones, imágenes…Todo está confuso…Y eso me impide dormir. Entonces, vengo aquí para encontrar la paz y…El sueño

‒ Emma…

‒ ¡Pero estoy bien, se lo juro!

Regina la miró, como si intentara discernir la verdad de la mentira en su mirada.

‒ Bien, entonces, si confiamos la una en la otra…Podemos, quizás, tutearnos para empezar y…‒ tendió su mano ‒ Hagamos un pacto: debemos hablar, pase lo que pase, de lo que nos preocupa, de lo que nos atenaza…

Emma, entonces, le sonrió y estrechó su mano.

‒ Prometido‒ intercambiaron una sonrisa antes de que Emma volviera a hablar ‒ ¿Y tú…por qué estás levantada? ¿Miedo a la tormenta?

‒ No, solo sed. Compartamos una bebida nocturna, ¿quiere…Quieres?

‒ Con mucho gusto

Emma se sentó en el sofá, mientras que Regina preparó rápidamente un café y un chocolate, que enseguida, llevó a la joven.

‒ Tenga

‒ Gracias

‒ ¿Quieres hablarme de esas visiones?

‒ Hm…Siguen siendo vagas, como el resto. No sé lo que podrían significar…Por un lado, escucho una voz femenina, por otro, creo distinguir un hombre en el barco…

‒ Eso te impide dormir…

‒ Estoy bien, no es algo insoportable

‒ ¿Quieres algo para dormir?

‒ No, no soy muy fan de esas cosas. Acabará por pasar.

‒ ¿Alternando entre la cama y la terraza?

‒ ¿Por qué no?‒ ironizó Emma

‒ Es tarde, deberíamos subir

‒ Sí, duro día mañana

‒ Exacto

Se levantaron a la vez y subieron justas los escalones. Antes de entrar en su habitación, Emma señaló

‒ ¿No quieres arroparme? Nunca se sabe, a lo mejor tengo una recaída

‒ Si quisiera que no dejaras tu habitación, te encerraba bajo llave

‒ Ah, claro, eso también es radical‒ rió Emma ‒ Buenas noches, Regina

‒ Buenas noches.

Cuando Regina cerró la puerta de su habitación, se llevó una mano al pecho: su corazón tamborileaba en su pecho. Parecía que una nueva etapa había sido franqueada entre ellas, y no sabía si le disgustaba o no. Mientras se metía en su cama, un sentimiento de plenitud y de felicidad la invadió. ¿Debía sentir miedo de eso? ¿Y si recuperaba la memoria y se marchaba un día? No, era una idiotez, Emma se estaba convirtiendo poco a poco en una amiga, sería una tontería estropearlo todo.

Y con esos pensamientos se quedó dormida, segura de que nada cambiaría su línea de conducta. Pero no contaba con la bella naufraga que hospedaba y con la vida, que había decidido claramente otra cosa.