Esto está basado en el capítulo que encuentran el zombie con la letra w.


Retazos

42º

Encontrar un lugar.


—Por suerte ha venido —halagó Daryl mirando hacia Carol con admiración. Hasta Rick, quien estaba frente a ellos, parecía perplejo con ese acto más que con el hecho de que Carol se hubiera cargado a un caminante como si nada.

Y es que no iba a mentir. Carol solía pensar en muchas más cosas que los demás no. Especialmente, él.

Ya les había salvado el culo y sopesaba que no le habían dado las gracias como deberían. Sin embargo, la nueva situación en Alexandria parecía estar sacando un aspecto valiente de la mujer que, lejos de asustarle, le maravillaba. Aunque gruñera y despotricara sobre su ropa o aceptar encajar en ese lugar.

A su mente llegó el recuerdo de la última noche en que accedió a compartir su cama.

Se habían quedado desnudos sobre el colchón de la cama, sintiendo el aire frío de la noche sobre sus cuerpos. Ninguno de los dos hizo por taparse. Podría haber nuevas cicatrices, pero el resto eran viejos conocidos. Además, siempre existía una alta probabilidad de que las manos y los labios regresaran a lugares para los que no tendrían paciencia de desnudar una vez más.

—Sabes que voy a volver a ensuciarme nada más salga de aquí —advirtió sin dejar de mirar el techo.

Escuchó que ella suspiraba, satisfecha, como si simplemente hablar le costara la vida misma.

—Tendré que convencerte de que te limpies de nuevo. ¿Realmente quieres estar conmigo cochino, Pookie? —preguntó con ese deje de malicia que siempre le sacaba gruñidos—. Porque a mí me gusta tenerte en mi boca también y si estás sucio no me gustará tu sabor.

Daryl le dio la espalda bruscamente, con el colchón crujiendo bajo su peso. Mierda, no se había dado cuenta de si crujió mientras lo hacían.

—Cállate —protestó más que ordenó.

Ella no lo hizo, para no variar.

—¿Acaso no te gusta que esté limpia y ensuciarme tú?

Frunciendo el ceño la miró.

—¿Dónde diablos has aprendido tantas frases asquerosas? —preguntó incrédulo.

Ella sonrió y acarició su oreja con los dedos.

—Tú mismo me trajiste los libros. ¿Recuerdas? —respondió con referencia a los libros que le llevaba a la prisión—. Igualmente, sólo son palabras que podría decir contigo.

Se volvió hacia él apoyándose en su propio brazo como almohada. Daryl había bajado la almohada para que pudieran recostar la cabeza tras usarlo como protector para Carol contra el cabecero, pero ella siempre prefería tener las manos ocupadas para no mostrar su preocupación.

—Eso, tenlo siempre, pero siempre, asegurado. —Se lamió los labios sin dejar de mirarle. Daryl volvió a colocarse boca arriba—. No soy idiota, Daryl. Aunque me guste que la gente lo crea algunas veces. Aprendí a sobrevivir con un marido abusador y ahí fuera, ahora. Jamás permitiré que algo pase a esta familia. Sin embargo, somos humanos y cometemos errores.

Los ojos de Daryl se entrecerraron y Carol supo que en ese momento, sus pensamientos no estaban con ella, allí, sino que acaban de volar al recuerdo de Beth.

Daryl se levantó en silencio, sentándose en la cama para intentar averiguar dónde estaba su ropa.

—Yo no te he pedido ni te pediré nunca que arriesgues tu vida por mí —dijo poniéndose y caminando hasta el sofá en completa desnudez—. Tampoco me pidas que deje de ser yo.

Admiraba las fortalezas de Carol como nadie. Pero jamás se perdonaría que ella muriera por protegerle.

No de nuevo.

Por supuesto, Daryl no esperaba que algo cambiara en esa vida farsa de Carol más tarde. Algo que dolería más que una patada en los huevos.