Notas: Cambio de narración y espacio físico.

Capítulo 9: En lo profundo del bosque.

¿Quién iba a imaginar que una interesante y ajetreada tarde terminaría de esta forma? Estoy tan aburrida en este lugar. Ver a tantas personas con traje me da nauseas. Parecen unos pingüinos de alcurnia, los cuales solo comen caviar y beben el más fino champagne que esta fiesta puede ofrecer. Las mujeres, todas unas estiradas. Una más pretenciosa que la otra. Todas fingen estar interesadas en conversaciones superficiales que ni siquiera comprenden. Algunas se reúnen en grupo para relatar sus experiencias del último año; fiestas, viajes, romances, compras, entre otras cosas que no me interesan en absoluto.

Las fiestas que mis tíos ofrecían antaño eran más interesantes. Tal vez lo percibía de ese modo porque era más joven y solía entretenerme con los de mi edad realizando una que otra travesura. Recuerdo que una vez, influencié a Rin para que nos vistiéramos con las ropas de su madre. Nos veíamos tan graciosas; peinadas y maquilladas como ella, pero de una manera más exagerada. Parecíamos payasos de un circo de tercera clase. Sin embargo, según nosotras nos veíamos de maravilla. Como era de esperar, estropeamos varias prendas al manchar con lápiz labial, base facial y esmalte de uñas las telas.

Hubo un momento en que jugamos a imitar a nuestros familiares. Ella tuvo la genial idea de imitar a su madre, gritándola por cualquier tontería. Era tan real, era como escuchar a mi tía. Estallamos de risa por ello, casi llorando por sus muecas y gestos tan características de ese apático personaje. Más esta acabó de golpe cuando Leiko entró a la habitación y la vio. Aún resuena en mi mente el sonido del golpe que le propinó en el rostro, el cual le hizo caer al piso alfombrado de la habitación. Solo pude ir a socorrerla y cubrirla con mi cuerpo para que no la golpeara más. No sirvió del todo. Yo también toqué parte en el asunto.

Como era de esperar, no dudé en coger a Rin y llevármela de ahí. Era mayor y mi deber era protegerla. Fui donde mi padre y le expliqué la situación. Si no hubiese sido por ese relato de los hechos, creo que él también hubiese reído por nuestro aspecto. No lo hizo. Masahiko, un hombre correcto y bondadoso –tal como significa su nombre- no se enfadaba comúnmente, más esa vez fue todo lo contrario. Fue directamente donde los padres de Rin y manifestó su molestia sin dudarlo. Repudió el hecho que Leiko nos golpeara a ambas por algo así. Nadie tenía el derecho de violentar nuestra integridad física. Masayoshi, mi tío, defendió el actuar de su amada esposa y le pidió de "forma amable" que nos retiráramos de la fiesta. De mala gana acatamos el pedido y pensé en la desdichada noche que tendría que enfrentar la Rin de apenas doce años.

Por cinco años nos ausentamos de las festividades que los padres de mi prima organizaban. Y si bien en un momento dado las rencillas fueron solucionadas, la relación familiar no volvió a ser la misma. Para variar, de vez en cuando me enteraba de los maltratos físicos que sufría Rin. No eran constantes, pero los psicológicos era pan de cada día. Era de esperar que ella al salir de la preparatoria se buscara un lugar propio en donde vivir y alejarse de esa familia tan toxica. No puedo explicarme como dos seres pueden contener tanta maldad dentro de si. Mi tío y mi padre no parecen hermanos. Son como agua y aceite. Totalmente opuestos.

-¿Dónde está Rin?

Una sofisticada mujer de cincuenta años se acerca a mi, sosteniendo una copa entre sus delgados dedos. Leiko. Aborrecía tenerla tan cerca. Sin embargo, había que guardar las apariencias sociales y fingir un mínimo agrado hacia su persona. Sus ojos escrutadores no me pierden de vista y contiene una mueca de estar oliendo mierda.

-No tengo ni la menor idea. –Me limito a responder mientras llevo la copa a mis labios y bebo un poco de champagne. Disfruto tenerla en suspenso.-

-No mientas y dime de una buena vez dónde demonios está mi hija. –Sostiene mi brazo en un agarre que comienza a aplicar una sutil fuerza sobre mi piel. Está tratando de intimidar. Que ni crea que lo logrará. No me rindo frente a Mei, menos con una momia como ella- No estoy para juegos.

-¿Ahora es su hija? –Cuestiono retirando mi brazo de golpe, manteniendo en todo momento la compostura de una dama a la altura de la celebración. No quiero llamar más de la atención debida. Esto puede ser divertido.- Creo que la mayor parte del tiempo le llama "decepción", "deshonra al apellido" o simplemente "error". –Sonrío de medio lado con ironía- Si estuviese realmente interesada en su "hija", sabría que ella está en su concierto.

-Tú opinión es lo que menos me interesa, mocosa. –Se acerca sutilmente a mi rostro, para hablarme en un tono más bajo- Si Rin no aparece en media hora, puede olvidarse definitivamente de esta familia y sus regalías.

-Le harían un tremendo favor. –Contesto sin siquiera dudarlo, haciendo que ella se aparte considerablemente de mi cara- Alejarse de lacras como ustedes sería lo mejor.

- ¡Insolente! –Su rostro muestra total indignación. Se ve tan graciosa con el ceño fruncido, haciendo que sus arrugas aparezcan en el acto por la zona de los ojos cuando los achica. Es igualita a Mei en ese estado. Creo que desea darme una bofetada, pero se contiene para no llamar la atención de las personas que nos rodean- Quiero que tomes tus porquerías y te retires inmediatamente de mi casa.

-Oh, vaya. Pero, ¿sabe qué? –Finjo desilusión con un dejo de sorpresa al escuchar su orden, para luego mostrar una expresión totalmente diferente a sus ojos- Me importa un pepino. De mejores sitios me han expulsado. Sin embargo, no me iré. –Su cara es un verdadero poema- No hasta cuando termine la velada o haré un escándalo de tales proporciones que nadie olvidará lo que diré.

-¿Y qué podría decir una mocosa como tú? –Comenta con sarcasmo y cierta superioridad- ¿Qué tanto revuelo podría generar tus palabras entre los invitados?

-Que Mei estuvo a punto de no contraer matrimonio por seguir enamorada de su ex novio, Nao. –La sonrisa disminuye considerablemente y siento que voy ganando terreno. Si hay pelea de gallos, el mio es el ganador siempre- Y si no fuera por la manipulación que usted ejerció sobre ella, Mei estaría feliz al otro lado del mundo haciendo su vida y ni pensaría en Sesshomaru, al cual no ama tanto como todos creen.

¡Boom, bitch!

Leiko, sin decir palabra, pero destilando odio por cada poro de su piel, se da media vuelta y se pierde entre la multitud de pingüinos. Digo, invitados. Su mirada comunicaba una amenaza latente: Te vas a arrepentir. Sin embargo de algo estoy segura; no le tengo miedo. Tengo mejores cosas en las cuales preocuparme y esa es la salida fugaz de Rin. ¿Cómo traicionar a mi prima favorita por una vieja estirada que la odia? ¡Nunca en la vida! Menos sabiendo con quién está. Una sonrisa triunfal y llena de satisfacción adorna mi rostro mientras camino hacia dónde está mi querido padre, fingiendo que nada ha pasado y rezando mentalmente para que todo salga bien para Rin por una vez en su vida.

-¿Dónde has estado, querida? –Pregunta mi padre al verme llegar, dándome un cariñoso beso en la mejilla como bienvenida- Comenzaba a pensar que te habías perdido con alguno de estos jóvenes que han asistido a la fiesta.

- Sabes que no es mi estilo perderme a la mitad de la fiesta con algún muchacho. –Respondo algo ofendida, pero sé que él sabe de qué es un simple juego- Eso se hace después de concluir la velada.

-Has aprendido bien de tu padre, hija mia. –Me abraza sonriendo ampliamente y su alegría natural me contagia rápidamente- Me enorgulleces.

-Que no te escuche mamá o te dará un jalón de orejas que no vas a olvidar. –Rio disfrutando del momento, viendo como mi madre se acercaba a paso lento mientras conversaba animadamente con una de sus tantas amigas- Además de enviarte a dormir al sofá durante una semana.

- No es incómodo una vez que te acostumbras.

- No tienes remedio.

.

.

Esto es una locura. ¿Quién diría que estaría viajando por plena carretera a esta hora? Si esa pregunta se me hubiese cruzado por la cabeza cuando me desperté hoy en la mañana, me hubiese dicho a mí misma que ni de chiste ocurriría. Sin embargo, está sucediendo. Es agradable estar por primera vez en la vida compartiendo el asiento delantero con Sesshomaru, sin tener que dedicarle una mirada discreta y fugaz a través del espejo retrovisor. Ahora soy libre de mirarlo tanto como quiera. Aunque me obligo a controlarme. No quiero ser tan obvia de que se me cae la baba por él. Es que es tan guapo, que es inevitable no hacerlo de vez en cuando y admirar cada centímetro de su rostro. Tampoco es fácil ocultar mi sonrisa embobada.

Me encanta su elegante perfil, su mentón varonil y afilado, sus ojos ámbares fijos en el camino, una expresión relajada latente, una ceja que se va enmarcando tras cada segundo que pasa. Creo que se siente incómodo por como lo observo. No puede culparme por ello. Nunca he podido hacerlo libremente sin sentir algún remordimiento o tener temor por la crítica probable de los espectadores.

Basta, Rin. Me obligo –de mala gana- a desviar la mirada de mi acompañante y descubro que el paisaje comienza a tornarse verde y lleno de árboles por doquier, es un bello espectáculo cuando ya comienza a ocultarse lentamente el sol tras las montañas. Esto es muy contrario a lo que se ve en la ciudad donde residimos: todo está repleto de edificios y comercio; casi sin lugares recreativos y plazas verdes. Ya ni siquiera sé dónde nos encontramos. Tampoco me importa. Confío en él y su buen juicio.

Las gotas de lluvia siguen estrellándose contra los cristales del automóvil y como respuesta, Sesshomaru disminuye un poco más la velocidad al ver que la fuerza de la tormenta comienza a crecer acorde vamos avanzando hacia nuestro destino. Es tan precavido. Es extraño que ninguno pronuncie palabra durante el trayecto, pero creo que a ambos nos acomoda estar así. Cada uno sumergido en sus propios pensamientos.

Atreviéndome -y arriesgándome a un posible regaño- enciendo la radio, esperando escuchar algo interesante en alguna de las emisoras locales. Mi acompañante me dedica una mirada de soslayo, más no rompe el silencio. Es buena señal. A Mei siempre la regañaba por meterse con las cosas de su vehículo. Aunque no soy Mei, solo Rin y eso marca la diferencia. Sigo buscando algo que no sea reporte del tiempo, política, farándula y cosas por el estilo. Luego de unos momentos, encuentro una canción pegajosa la cual reconozco de inmediato. Bang, bang.(1) Al principio de la canción, me dedico a tararear, luego comienzo a mover mis hombros siguiendo la melodía, y lo siguiente que ocurre es bailar en mi asiento del copiloto mientras imito la voz de Nicki Mijaj. No soy un prodigio de la voz, pero el sentimiento no debe ser menospreciado.

-Creo que una juguera con clavos dentro de ella suena mejor que tú, Rin. –Comenta seriamente Sesshomaru al momento en que cambia de estación-

-Amargado. –Murmuro entre dientes inconforme por su crítica-

-¿Dijiste algo?

-No, nada. –Finjo demencia, acomodándome nuevamente en mi asiento-

-Eso creí.

El silencio entre ambos se establece nuevamente. La música clásica se deja escuchar de fondo y esta vez es Beethoven quien nos ameniza el viaje con sus dedos mágicos sobre el piano. Esto parece de película. Más bien, toda la tarde ha sido increíble.

Recuerdo que antes de salir del restaurante, Kagura, sostenía una bolsa plástica que contenía mi almuerzo. Al entregármelo, me dijo confidencialmente que dentro de la bolsa había un papel con unas indicaciones que Sesshomaru dejó para mí. Me indicó también, que el sujeto desconocido aún estaba estacionado en el mismo lugar y que lo más probable es que continuara con la tarea de perseguirme a todas partes. Salí del local fingiendo ser ignorante de todo lo que acontecía, ya que no deseaba levantar sospechas innecesarias. Una vez dentro del automóvil, conduje lo más rápido que pude hasta el teatro. Deseaba ganar tiempo para instalar el chelo, cambiarme de ropa y leer el mensaje oculto en la caja de alimento.

-¿Te fue difícil encontrar el mensaje? –Habla finalmente después de diez largos minutos de silencio-

-Para nada. –Le dedico una fugaz mirada, para luego centrar mi atención en el camino que cada vez es más iluminado por las luces delanteras del coche- Kagura fue muy clara al decirme donde estaban tus indicaciones.

-De acuerdo.

¿No hay más dudas? ¿Este es el fin del comunicado? En ocasiones olvido quien es Sesshomaru. El hombre con menos motivación para comunicarse verbalmente en el mundo. Frecuentemente, me da la impresión que con una sola palabra él tiene el don de comprender un mundo completo de posibilidades y tener respuestas sobre una situación.

-No creí que querrías hacer esto. El viajar repentinamente. –Retomo la conversación, esperando más que un monosílabo como respuesta- Realmente me tomaste por sorpresa.

-Era la idea.

-Ya veo. –Esto no va a ningún sitio. Estoy a punto de rendirme. Simplemente no quiere hablar y yo estoy con un notable aburrimiento-

-¿Fue difícil deshacerte de ese hombre?

-No tanto como pensé. La verdad fue hasta interesante. –Confieso jugando con mis dedos- Fue adrenalínico.

-Oh, niña. No sabes realmente lo que es la adrenalina. –Menciona por primera vez apartando brevemente la vista de la pista. Su tono es misterioso. Me deja perpleja con ocho jodidas palabras y con un montón de dudas en la cabeza-

- ¿Acaso tú si sabes lo que es la adrenalina, Taisho?

No hay respuesta.

Vira una vez más a la derecha. Este es un camino no pavimentado. De vez en cuando, saltamos en nuestros asientos debido a lo malo que está. ¿Cómo es posible que en menos de veinte metros haya casi diez agujeros? Luego, lo inevitable acontece: nos hemos quedado atascados.

¡Genial!

¿A quién se le ocurre manejar por este sitio con tal diluvio que cae sobre nosotros?

¿A quién más sino a Sesshomaru Taisho?

Pequeño y adorable pelmazo.

Mientras yo refunfuño mentalmente por lo que acontece, él se muestra totalmente inmutable. Realiza rápidos movimientos con la palanca de cambio y no sé qué más, pero lo que está intentando no está rindiendo frutos positivos. Parece que a alguien se le están saliendo las cosas de control. Eso me hace gracia. Al fin hay algo que Sesshomaru no puede controlar, y eso es estar atrapados en un agujero y no poder bajarse del vehículo para empujar. Espera, ¿qué hace? Se desabrocha el cinturón de seguridad con decisión, con esa cara de cabrón pretencioso que grita al mundo: "Esta chatarra de metal no me la va a ganar".

-Muévete a este asiento. –Ordena antes de aventurarse al exterior- Cuando te indique, aceleras a fondo y no dejes que esto se te salga de control. Mantente firme sobre el manubrio, Rin.

Este tipo está loco. Salir con esta lluvia torrencial es coger voluntariamente un resfriado.

-Pero… ¡vas a quedar todo empapado! –Digo a la vez que imito su acción de desabrochar el cinturón.- Quizás si…

-Solo haz lo que te digo y ya.

Tras hablar con ese "dulce" voz demandante, abre la puerta del piloto y sale sin más. Que huevos. Ni loca haría eso en su lugar. Sin detenerme a pensar mucho, acato su orden y me posiciono tan rápido como puedo en el lugar que ha dejado libre segundos antes. Mis pies, listos sobre el acelerador y el freno. Una mano en la palanca de cambio y la otra sobre el manubrio. Lista para la acción muchacho. Dos golpes fuertes sobre la cajuela me hacen saber que está listo y doy rienda suelta a esta bestia. Varios truenos retumban con fuerza en la zona y creo que esta maniobra si está funcionando, aunque da pelea. No me dejo intimidar por la condición climática y sigo en la batalla. Después de otro intento, el carro sale del agujero y... ¡Somos libres de seguir hacia nuestro destino! Creo que podría gritar de emoción por mi hazaña.

A través del cristal veo que Sesshomaru ya viene nuevamente al asiento del piloto y le cedo lugar. No puedo verlo con claridad, debido a que la noche impide ver correctamente, excepto su oscura silueta. Sin embargo, al abrir la puerta, me encuentro con algo que no esperaba. Un hombre todo embarrado de pies a cabeza, con el ceño fruncido y con una cara de malos amigos que era de temer. ¡En la vida pensé verlo de este modo! Él un señor impecable y pulcro, ahora es la copia barata de un cerdito de granja todo enlodado.

-Ni te atrevas. –Amenaza duramente-

Muerdo mi labio inferior intentando contener fallidamente una risita, que al cabo de un instante se convierte en una risotada monumental y llena de burla. Una risa de aquellas en que te duele la panza de tanto reír, que caen lagrimillas de tus ojos y que en ocasiones te falla hasta la respiración.

-¡Y pensar que mi preocupación era verte todo empapado!

Silencio.

-¡Eso ha sido el menor de tus problemas!

Silencio.

-Vamos, imita a un cerdito. –Junto mis manos sin dejar de reír burlescamente- Oing, oing.

-¡Basta! –Alza la voz de tal manera que reduce mi ataque de risa casi al mínimo- Tú te lo buscaste.

.

.

-¿Y bien, Muri? –Habla duramente un hombre de traje, el cual sostenía con elegancia un puro entre sus dedos. Masayoshi Higurashi esperaba informes claros y novedosos en torno a la menor de sus hijas, de tal manera que citó a su trabajador en el despacho personal de su lujosa mansión. Un sitio bastante alejado de los oídos curiosos de los asistentes que brindaban y comían alegremente en la fiesta- ¿Dónde demonios está mi hija?

-En la casa de su sobrina, la señorita Kagome. –Informó con seriedad el hombre encargado de vigilar los pasos de Rin y de Sesshomaru unas cuantas semanas atrás- Luego de acabar el concierto, compró pizza y otras cosas más, para dirigirse a aquel domicilio. De allí no ha salido, señor.

-Interesante. Mi sobrina, ha dicho que no tenía idea de su paradero. –Comentó sin variar el tono de voz, con aquella soberbia que caracterizaba a ese poderoso hombre de negocios. Algo no le calzaba en todo ello. Sin embargo, comprendía que Kagome, esa niña caprichosa e igual de rebelde que su hija -en su opinión personal-, cubriera sus espaldas y negara su paradero. Simplemente, sabía que deseaba a Rin lo más lejos de él y de su esposa, Leiko, con la cual tampoco tenía una buena relación- ¿Y en torno a Sesshomaru? ¿Qué has averiguado, Nakahara?

-Pues, ahora que lo recuerdo, señor… -Interrumpió Sota Muri, el cual hablaba con cierta imprecisión- La señorita Higurashi, antes de dirigirse al teatro, ingresó a un nuevo restaurante que hay por la zona oeste de la ciudad. –Tras ver la cara de desagrado de su anfitrión, decidió ir al grano inmediatamente- Momentos después, llegó el señor Taisho al lugar. Su hija estuvo ahí alrededor de media hora, y salió con un almuerzo entre sus manos. No parecía fuera de lugar cuando subió a su vehículo. Me quedé ahí un momento más y luego salió él como si nada. No parecía alterado, ni siquiera sospechaba de nuestra presencia en el lugar. Después de eso, fui camino al teatro y esperé estacionado a las afueras del edificio toda la tarde.

-Mientras tanto, por mi parte seguí al señor Taisho, quien se dirigió al aeropuerto sin hacer parada. Tal como usted lo había dicho anteriormente, jefe. –Añadió lambisconamente Nakahara, un hombre que no superaba los cincuenta años, quien tenía un peinado lleno de gel para el cabello, el cual intentaba ocultar fallidamente su naciente calvicie- Continué con mi tarea y le seguí los pasos dentro del aeropuerto. Antes de abordar, él ingresó al baño. Estuvo menos de tres minutos dentro y luego salió, caminando rápidamente para subir al avión.

-¿No habló con alguien por teléfono durante ese lapsus de tiempo?

-No, jefe. –Negó efusivamente el trabajador, quien acomodaba su corbata, como si esta le asfixiara con el nudo tan apretado que hizo con tal de parecer presentable ante Masayoshi- Usted puede corroborarlo en sus llamadas telefónicas que le entregará Tsukino mañana a primera hora.

-Excelente. –Masayoshi Higurashi sonrió de medio lado tras expulsar el humo del habano y colocándose de pie con la elegancia con la que estaba acostumbrado, les indicó la salida con su mano izquierda- Retírense. Por hoy no serán necesarios sus servicios.

-Buenas noches, señor. –Ambos empleados hicieron una reverencia y se encaminaron a la salida- Que disfrute su velada.

- Nakahara. –Habló por última vez el señor de la casa- Quiero que en tres días, esperes a mi yerno en el aeropuerto. Quiero saber a qué hora llega su vuelo, si llega solo o acompañado, si pasa a algún sitio de camino a casa y cuánto se demora en llegar con su esposa. Todo.

-Como usted ordene, jefe.

Masayoshi, bebió animadamente un poco de brandi una vez que estuvo solo dentro de esas cuatro y bien decoradas paredes. Ahora podía estar tranquilo, pues Rin y Sesshomaru estaban a cientos de kilómetros de distancia entre si y las líneas estaban intervenidas para saber si hablan por llamada de voz o por mensajería de texto. Él no tomaba a la ligera su promesa de mantenerlos alejados a toda costa y se los demostraría con el tiempo. Tras apagar el puro, salió del despacho y fue directamente al lado de su mujer. En un secreto cómplice, le comunicó que todo marchaba acorde a lo planeado: No estaban juntos, al menos por tres días más.

.

.

Ley del hielo de ahora en adelante a este bestia que tengo por acompañante. No soporta una bromita ni una risita inocente. Si las miradas de odio fuesen catanas, Sesshomaru estaría cortado en rodajitas o fileteado como un salmón de río. ¡Tan sensible y bruto que es en ocasiones! No conforme con arrastrarme a la fuerza fuera del carro, hozó embarrarme toda la cara con lodo para que supiera lo que era estar en sus pies.

-No sé para qué te enojas. –Habla una vez que se estaciona impecablemente dentro del pórtico que estaba al costado de una cabaña de madera- Tú eres la pretenciosa que siempre dice que el barro sirve de tratamiento facial. Te has ahorrado un dineral en costosos tratamientos.

Deshonor.

Deshonor sobre toda tu familia.

Deshonrado tú.

Deshonrada tu vaca, que en este caso sería Mei.

De acuerdo, me calmo. Ya comienzo a hablar como el pequeño dragón –Mushu- que acompañaba a Mulan en aquella famosa película animada de Disney.

-Cretino. –Digo a la vez que tiemblo levemente producto del frío, a raíz de tener las ropas completamente mojadas, porque cierto idiota enojón no sabe digerir una broma inocente. Tras ver que él apaga el motor, decido abrir la puerta del copiloto y salir sin esperarlo-

-Tú comenzaste, yo lo finalicé.

Con ese simple comentario, Sesshomaru finaliza la discusión, al mismo tiempo que le pone seguro y alarma al vehículo de la discordia, para luego dirigirse a la entrada de la cabaña. El camino está protegido gracias a un techo de madera que está cubierto por tejas que detienen la inclemente lluvia que nos ha asechado toda la tarde. Al ingresar, el ambiente está igual de frío que afuera, y mi acompañante va directo a la chimenea para encender unos leños que estaban a un costado de ella.

Mi humor no mejora. Tengo frío, hambre, necesito un baño y esto no pinta para nada de bien en nuestra primera cita. Comienzo a recorrer las instalaciones y descubro que esta cabaña tiene un salón, una cocina, un baño con un calentador –por fin algo bueno, al menos sé que podré bañarme con agua caliente- y dos habitaciones separadas, una frente a la otra. Cuando regreso a la sala de estar, el fuego ya está encendido y veo que Sesshomaru se quita el abrigo que solía ser marrón pálido, pero que ahora era un contenedor de fango.

Sin pronunciar palabra, le hago el gesto para que él tome un baño primero. Él parece comprender y se dirige al lugar de forma pesada, más antes de ingresar, pasa a uno de los cuartos y saca un par de toallas y unas batas. Una de tono azul marino y la otra celeste pálido. Se devuelve y me coge de la mano para guiarme al lugar. Mi corazón palpita con fuerza.

¿Será que desea tomar un baño conmigo?

Oh, por Dios.

Un rubor cubre mis pálidas mejillas, a pesar de la probable hipotermia que debo de estar a punto de experimentar. Más todos mis pensamientos alocados se derrumban de golpe cuando él, después de encender el calefactor sale del cuarto y me indica que seré yo quien entre primero y que él preparará té mientras me aseo.

Uy, así que chiste.

Mi conciencia me abofetea y me doy cuenta lo considerado y caballero que es. A pesar de estar un poco enojado conmigo, aún así respeta mi espacio y no se propasa más allá de los límites. Una sonrisa llena de encanto, de la cual él no es testigo, ilumina mi rostro y decido asearme lo más rápido posible para evitar que Sesshomaru coja temperatura por seguir con aquellas ropas y lodo casi seco sobre su cuerpo.