Capítulo 3
‒ A veces…Pienso que me gustaría quedarme aquí‒ suspiró Emma mientras saboreaba el chocolate caliente en la terraza de Granny's.
Emma y Regina, tras haber dejado a Henry en el cole, habían decidido detenerse a desayunar en Granny's antes de comenzar con sus investigaciones. En la terraza, degustaron unos dulces.
‒ ¿De verdad?
‒ Creo que…Quizás mi vida de antes no era genial. Quizás era desgraciada. No sé…
‒ No podría decírtelo…
‒ Si nunca recupero la memoria…Creo que me gustaría quedarme aquí
Regina sonrió
‒ Bueno…Que así sea. ¡La ciudad ya la ha bautizado!
Emma rió y se bebió lo que le quedaba de la bebida.
‒ ¿Vamos?
‒ Vamos.
Regina sabía dónde buscar, como si hubiera hecho eso toda su vida. Emma la seguía confiando plenamente en ella. Recorrieron los puertos de los alrededores preguntando por un posible velero de casco rojo y blanco que podría haber sido alquilado unos días antes.
‒ Yo…No quisiera parecer maleducada, pero…
‒ ¿Qué?
‒ Hace dos días que estás aquí, conmigo, pero…¿No trabajas en el restaurante?
Regina sonrió
‒ Siendo sincera, cogí ese trabajo para mantenerme ocupada, pero…Realmente no lo necesito. Digamos que estoy bastante…Cubierta en ese aspecto.
‒ ¿Cubierta? ¿Hasta qué punto?
‒ Hasta el punto de que Henry no tendrá por qué preocuparse de sus estudios universitarios, de su futuro coche ni de su apartamento.
‒ Ah, guay, vaya.
‒ Mi padre era un gran empresario de la región, hizo fortuna porque tenía el monopolio. Soy hija única, así que he heredado su fortuna y sus bienes.
‒ Yo ni siquiera sé si aún tengo a los míos…Padres, quiero decir…
‒ Los encontraremos, confía en mí.
‒ Pongámonos en marcha.
Y así hicieron. Recorrieron las ciudades portuarias vecinas con las mismas preguntas: ¿tenían un velero? Si era así, ¿tenía un caso rojo y blanco? Y finalmente, ¿habían alquilado uno en los últimos días? Pero si las respuestas a las dos primeras eran a menudo positivas, era otra historia para lo demás. Finalmente, volvieron a casa de Regina tan con las manos vacías como al principio.
Emma se dejó caer en el sofá tras un largo suspiro antes de que Regina se sentara a su lado.
‒ Estoy desesperada…‒ susurró Emma colocando un brazo sobre sus ojos, la cabeza hacia atrás.
‒ Quizás esto ayude.
‒ ¿Huh?
Regina colocó sobre su vientre un folio A4.
‒ ¿Qué es?‒ Emma lo cogió en su mano y le dio la vuelta, viendo su rostro, sonriendo, en una foto a color con una frase debajo ¿Me conoce? con la dirección de Granny ‒ Pero…¿Soy yo?
‒ Me tomé la libertad de distribuirla por los puertos que hemos visitado. Nunca se sabe. Si tu familia sabía que estabas en un barco cuando desapareciste, pensarán quizás también en visitar los puertos.
‒ ¿Dónde has encontrado esta foto?
‒ He recortado la que tomamos ayer en la cala.
‒ Inteligente
‒ Gracias‒ sonrió Regina
‒ De todas maneras, nunca será peor de lo que ya estamos, pues no tenemos nada…
‒ Lo siento. Esperaba que…
‒ Hey, no es tu culpa. Es más, no es culpa de nadie, en fin, creo…
‒ Felizmente, no has dado con una familia horrible
‒ Hm, confieso que la acogida es más bien agradable.
‒ ¿Oh, de verdad?
‒ La señora de la casa tiene un carácter bien fuerte, pero la convivencia con ella es agradable y es muy servicial.
Regina frunció el ceño
‒ ¿Un carácter bien fuerte? ¿De verdad? De todo corazón, ¿espero?
‒ Por supuesto‒ confirmó Emma ‒ Y si la señora de la casa continúa poniéndome ojitos, su hijo tendrá que volver caminando del cole.
Regina lanzó una ojeada al reloj de encima de la chimenea.
‒ ¡Mierda!‒ se levantó de un salto y cogió su bolso ‒ ¡Ya vuelvo!
Emma rió, pero entonces vio la oportunidad, con la huida repentina de Regina, para acercarse a la cocina e intentar, una vez más, darle las gracias a su anfitriona como Dios manda.
‒ ¿Mamá?
‒ ¿Sí, cariño?
‒ Emma va a vivir con nosotros para siempre
‒ No. Acabará recuperando la memoria, y encontrará a su familia.
‒ No era una pregunta, yo estoy seguro de que se va a quedar, incluso después, ya verás.
‒ ¿Y por qué piensas eso?
‒ Bah, porque tú la quieres mucho, y ella a ti también. Yo también la quiero.
Regina se echó a reír
‒ ¿Ah, sí?
‒ Bueno…¿No la quieres?
‒ ¡Sí, sí! En fin, quiero decir: la aprecio. Me llevo bien con ella, es muy amable.
‒ Sí, yo también la quiero. Quiero que se quede.
‒ Henry…
‒ ¿Qué? De todas maneras se ve
‒ ¿Se ve? ¿Qué es lo que se ve?
‒ Que estás enamorada.
Regina se quedó muda, sin palabras. Miró por el retrovisor y vio a su hijo, con la seguridad estampada en su semblante.
‒ Henry, escucha…
‒ Yo también la echo de menos, ¿sabes?‒ el cerebro de Regina se puso en stand by ‒ Y sé que la echas de menos, pero…Eres muy guapa para quedarte sola, mamá, y lo sabes.
‒ Henry, no se trata de eso…
‒ Claro que sí. Sé que estás sola…
‒ Henry, eso no es un problema. Y no estoy sola, estoy contigo
Vio por el retrovisor que él hacía una mueca.
‒ Genial…Pero, ¿sabes, mamá? Un día seré grande y me mudaré
Regina rió.
‒ Oh, de esto estoy segura, pero para eso quedan algunos años
‒ Pero no me marcharé lejos
‒ Oh, eso espero‒ sonrió Regina
‒ Deberías pensar en lo que te he dicho
‒ Sí, mi amor, pensaré en ello, prometido.
Evidentemente, Regina no esperaba realmente que ese tema volviera a la superficie por un tiempo, sobre todo, que él no lo volviera a mencionar con respecto a Emma.
De regreso, pararon en Granny's para recoger un plato que la morena había encargado el día anterior. En el restaurante, se cruzó con Ruby, que se estaba tomando un milkshake.
‒ Hey, hermosa, ¿cómo va todo?
‒ Bien, bien. ¿Y tú?
‒ De fábula…Oh, pero…¿Acaso no es ese mi lindo caballero? No, es imposible…¡Tú no eres humano!
‒ ¡Síiii! ¿Por qué dices eso?
‒ Porque cada vez que te veo, pareces haber crecido más.
Henry sonrió entonces
‒ No es verdad
‒ ¿Me estás llamando mentirosa, jovencito?
Regina los interrumpió
‒ Henry, vamos
‒ ¿Tienes prisa?‒ dijo asombrada Ruby
‒ ¡Es porque Emma está en casa!‒ contestó alegre el muchacho
‒ Emma, eh…‒ sonrió maliciosa Ruby ‒ Interesante…
‒ Sí, ahora se está quedando en casa
‒ Oh, vaya, es asombroso…Precisamente, me preguntaba dónde podría estar alojándose…Nunca me la he tropezado en la pensión.
‒ Stop
‒ Bah, ¿qué?
‒ Hey, ¿quieres venir a casa a verla?
‒ Henry, no es un monstruo de feria que se va a enseñando a cualquiera
‒ Ah, ¿ahora yo soy una cualquiera?‒ dijo irónica, Ruby ‒ Encantador
‒ Claro que no, no es eso lo que quería decir…
‒ Bien, Henry, acepto tu invitación.
‒ ¡Ruby! ¡Henry!
‒ Guay, venga, os sigo
La escena pasó tan rápidamente que Regina no pudo hacer nada. Cuando llegó frente a su casa, se dio cuenta de la catástrofe que se avecinaba, pero no podía hacer nada, y esa impotencia la carcomía.
Cuando entró, enseguida fue atrapada por un dulce aroma.
‒ ¿Emma? Ya estamos aquí
‒ Ah, genial, en punto para la…‒ Emma se detuvo en seco cuando vi a Ruby. A modo de saludo, movió la espátula que tenía en la mano ‒ Euh…Hola.
‒ Hey, hola. ¡Eso huele estupendamente bien!
‒ Sí, yo…He hecho la comida, yo…No pensaba que tendríamos visita.
‒ Hm, una verdadera ama de casa‒ murmuró Ruby al oído de Regina, que puso los ojos en blanco ‒ Pero si estoy demás…
‒ ¡No, no! En fin, no me tomaría el descaro de invitarla en lugar de la dueña de la casa…
‒ Oh, no te preocupes por eso, Ruby se invita a menudo sola
‒ Ah, ah, muy graciosa‒ se burló Ruby ‒ ¿Qué ha preparado que huele tan bien?
‒ Oh, nada muy complicado. La última vez que me atreví a tocar la cocina, casi le prendo fuego.
‒ Entonces, ¿qué vamos a comer?‒ preguntó Regina
‒ He hecho…Una tortilla de queso y bacón…‒ dijo ella casi apenada
‒ ¡Qué bien!‒ se entusiasmó Henry ‒ ¡Yo tengo hambre!
‒ Entonces, pasemos a la mesa
Regina y Henry pasaron delante de Emma para sentarse a la mesa, mientras que Ruby, cuando llegó a su altura, se detuvo y le sonrió.
‒ Por cierto, también podemos tutearnos. Regina es como mi hermana.
‒ Entendido
‒ Genial‒ respondió Ruby golpeando su hombro ‒ ¡Vamos a probar esa tortilla!
La comida transcurrió en un clima agradable, casi anodino y de una forma tan fácil que asombró a Emma. Sin embargo, a lo largo de la comida, Regina pareció reservada y silenciosa. Cuando Ruby se marchó por la noche y Henry estaba ya acostado, Emma se quedó sentada en el sofá, con las rodillas encogidas hacia su pecho, sus brazos rodeándolas. Su mentón reposando en una de sus rodillas, y su mirada posada en la flor que estaba en la mesita de centro.
Cuando Regina bajó y se dejó caer en el sofá, al lado de Emma, suspiró
‒ Pfff, ese niño es inagotable…No escatima en elogios hacia ti‒ sonrió. Pero cuando se giró hacia Emma y vio la expresión sombría de esta, frunció el ceño ‒ ¿Emma? ¿Algún problema?
‒ …
‒ ¿Emma?
‒ Lo siento
Regina se enderezó
‒ ¿Perdón? ¿Qué sientes?
‒ Pues, siendo sincera, no lo sé, pero…Probablemente he debido a hacer algo…
‒ ¿Pero de qué estás hablando?
‒ Durante la comida…Te he encontrado…distante. He podido notar que algo te contrariaba…Imagino que soy yo…
‒ Emma…
‒ No debí haber usado tu cocina, lo sé, pero lo hice con la mejor de las intenciones…
‒ …Emma…
‒ Y simplemente quería darte las gracias por acogerme…Con los medios de los que disponía y…
‒ ¡Emma!‒ la bella rubia se sobresaltó, pero se calló ‒ Eso…No tiene nada que ver contigo. Bueno, no es del todo cierto. En fin, tú no has hecho nada, no temas. Me ha encantado tu tortilla, y todos la han disfrutado.
‒ Entonces…Yo…No comprendo
Regina suspiró y miró hacia el vacío
‒ No puede ser…
‒ ¿El qué?
‒ No, no…No eres tú. Soy yo.
‒ ¿Tú?
‒ De hecho, es más bien…Ruby
‒ Oh…Euh…¿Qué?
‒ Tenía miedo… Conozco a Ruby, tenía miedo de que ella…Fuera demasiado pesada
‒ ¿Pesada?
‒ Haciendo alusiones, miradas…
‒ Pero…¿Alusiones sobre qué?
‒ Sobre ti, sobre mí…Nosotras
Emma iba a seguir preguntando, pero entonces comprendió
‒ Oh, ya veo… ¿Y eso te molesta?
‒ Bastante, sí
‒ …
‒ No es que…En fin, ya sabes…Nosotras dos…Somos amigas, al menos así lo espero
‒ ¡Sí, por supuesto!
‒ Pero Ruby…Cuando se le mete una idea en la cabeza, aunque sea la más idiota…No lo deja pasar
‒ ¿Qué idea?
‒ Ninguna en concreto, pero…Ella…‒ Regina suspiró ‒ Se ha inventado que existe un romance entre nosotras
Emma la miró fijamente y, sorprendida, no supo qué responder. Se recostó en el sofá y suspiró.
‒ Okay…
‒ Te lo dije, es absurdo, pero tenía miedo de que soltara alguna de las suyas y estropeara la atmósfera.
‒ Vale…Pensando que ella iba a estropear la velada, fuiste tú la que lo has hecho.
‒ Lo siento
Emma sonrió
‒ ¿Sería tan horrible?
‒ ¿Perdón?
‒ ¿Un romance entre nosotras? Dicho sea de paso, no tengo absolutamente idea si soy hetero, lesbiana o lo que sea, pero creo que, si las mujeres fueran lo mío, probablemente serías mi tipo.
Regina la miró, con una ceja levantada.
‒ ¿Ah, sí?
‒ En serio, habría que ser muy, muy exigente para no satisfacer a cualquiera. Sin querer tirarte los tejos, eres sublime, inteligente. Cocinas de maravilla, eres una madre genial y tienes un hijo adorable… Vives en una cabaña al borde de la playa…Pareces ser la mujer perfecta.
‒ Oh, estoy lejos de serlo, pero gracias
‒ De nada.
Un breve silencio se instaló, roto rápidamente por Emma que carraspeó antes de levantarse.
‒ Bien, es tarde. Voy a acostarme.
‒ Te sigo‒ Emma alzó una ceja, divertida, antes de que Regina comprendiera la insinuación y diera palmadas divertida ‒ Ja, ja, qué graciosa
‒ Lo siento, es tentador
‒ Oh, me lo imagino, sí. Venga, buenas noches, Emma
Y la bella morena desapareció tras su puerta, mientras que Emma hizo lo mismo. Pero, por alguna razón que ignoraba, acostarse tenía ahora otro sabor. Algo diferente había pasado, pero aún ignoraba el origen o incluso cómo había llegado. Todo lo que sabía, en ese instante, era que al acostarse esa noche, se sentía bien, se sentía ligera, y serena.
Sí, algo había cambiado y, aún no lo sabía, pero Regina, en ese preciso momento, estaba sintiendo lo mismo.
