ADVERTENCIAS: Contenido sexual (+18). (Si eres menor de edad o no gustas leer este tipo de escenas en una historia, favor esperar el siguiente capítulo. De antemano, gracias por la comprensión).
Capítulo 10: En lo profundo del bosque (II parte).
Diez y algo de la noche y todo es tranquilidad dentro y fuera de la cabaña. Es una completa paz lo que se vive. No hay nada ni nadie cerca de nosotros, excepto una chimenea que mantiene un cálido ambiente, una sala iluminada por gruesas velas repartidas en ella, un par de tazas de té, y solo puede oírse la lluvia estrellándose en el tejado y el viento que se desata en el exterior. Aun espero a que Sesshomaru salga del cuarto de baño, ya que lleva un buen rato dentro de este. Debe ser por todo el fango que llevaba encima.
Necesito hacer algo, quedarme quieta mucho tiempo no es lo mío. La ansiedad no me lo permite. Para matar el rato, me dedico a contemplar un par de fotografías dentro de unos delicados marcos colgados en la pared. Parecen ser fotos familiares, pero algo antiguas.
Aquí hay algo interesante.
Veo a un niño de unos cinco o seis años, sosteniendo de mala gana a un bebé casi recién nacido. Podría jurar que se trata de Sesshomaru e Inuyasha. Reconocería en cualquier sitio ese ceño fruncido y esa cara de pocos amigos, trasmitiendo en su gestualidad "este bebé será un estorbo para mí", "yo quería ser hijo único", o un certero: "si me hacen cuidarlo, lo tendré de mascota".
Cualquiera de las tres opciones se puede acercar a la realidad sin caer en la exageración.
Conteniendo una risilla divertida por mi hipótesis, paso al siguiente cuadro, y reconozco a un hombre muy parecido facialmente a Inuyasha, el cual también tiene el cabello platinado y mirada ambarina. A su lado aparece otra mujer bastante seria –por no decir apática-, quien a simple vista da la impresión de seguridad, elegancia y arrogancia que no pasa desapercibida. Es realmente bella. Debe ser la madre de Sesshomaru. Sin duda, es más parecido al lado materno que al paterno. Él señor Taisho está lleno de vida y chispa latente, en cambio ella, es un témpano de hielo.
Hasta su mirada es intimidante, muy similar a la de su hijo.
En otra de las fotografías, aparece el mismo sujeto, abrazando tierna y protectoramente a una joven mujer de cabellos azabaches. Ambos están de frente y se sonríen de manera cómplice sin perderse un momento de vista. Debe ser la señora Izayoi. Es increíble que en un pedazo de papel pueden trasmitir todo el amor que sentían el uno por el otro.
Algo muy al contrario de la imagen anterior.
Que se detenga el tiempo un instante. Esto me es algo familiar. Ahora que lo medito, son contadas las fotos que tengo con Sesshomaru a comparación de las que tiene con mi hermana. Con Mei, siempre aparece con expresión formal o casi aburrida, sosteniéndola en una posición calculada y algo monótona. La gran mayoría de las veces, siempre la rodea con uno de sus brazos por la cintura. Nada más, aunque ella se esfuerce de una forma u otra en cambiar de posición. La mayor parte de ellas, son tomadas durante las fiestas y eventos importantes de mi familia o la empresa, donde siempre hay un protocolo debido a la ocasión. Muy pocas son en casa o fuera de ella.
En cambio conmigo, puede ser fotografiado en cualquier lugar: fiestas, playa, centro comercial, campo, entre otros. A veces logro arrancarle una media sonrisa, o una mueca de fastidio fingido por tanto insistirle en que se relaje. Sin mucho esfuerzo varía de su típica seriedad que le acompaña la mayor parte del día. Algunas veces aparece caminando a mi lado, abrazándome de medio lado, yo subida a sus espaldas usándolo como caballito y muchas situaciones más, de las cuales ahora me percato.
Es fácil y algo perturbador comparar estas fotografías. Si veo el primer cuadro donde aparece el señor Taisho con su primera esposa, es ver la relación calcada de Sesshomaru con Mei. En cambio en la segunda, es vernos a nosotros mismos.
¿Por qué no me di cuenta de estos detalles antes?
¿Desde cuándo inició su interés en mí?
Es tan difícil atar cabos sueltos tratándose de Sesshomaru. Nunca se sabe con certeza qué cruza por su mente o lo que realmente siente. Ni siquiera sabía de sus sentimientos hasta que estaba a punto de casarse con Mei. Lo único que tengo claro es que desea hacer bien las cosas conmigo. Quiere tener una cita lejos de cualquier imprevisto y poder disfrutar de la compañía del otro sin temer por los ojos vigilantes que nos asechan.
El dueño de mis pensamientos aparece en escena, sosteniendo una toalla entre sus manos, las cuales mantiene ocupadas secando su largo cabello. Su mirada se detiene en mi y no puedo evitar sonrojarme al verme pillada husmeando en sus recuerdos familiares. Sin perder la serenidad, deposita la toalla a un costado de la mesa de centro y coge ambas tazas de té. Camina en mi dirección y me extiende una de ellas en silencio. Le agradezco con la voz entrecortada, pues con su sola presencia y cercanía me altera. Intentando romper la tensión del momento, decido que lo mejor es conversar de algo y no quedar en el mutismo al igual que lo hicimos la mayor parte del viaje hasta aquí.
-Eras muy lindo de pequeño. –Hablo a la vez que separo mis labios de la taza e indico con la cabeza en dirección a la fotografía a la cual me refiero- Sin mencionar lo tierno que te veías con tu traje de marinerito azul y sosteniendo a tu hermano menor en brazos. –Bueno, la burla no podía faltar en este momento. No había que romper la costumbre entre nosotros- ¿Qué edad tenías en ese entonces?
-Gracias. –Responde con ironía, también dándoles un vistazo a las fotografías- Cinco años, él apenas un par de meses.
-No me habías mencionado de tener alguna fotografía de tu niñez.
-No recordaba que estuviesen aquí aún. –Menciona para él mismo- Creí que Inuyasha se las había llevado a su departamento.
-¿Hace cuánto tiempo que no venías a este lugar?
-Casi siete años. –Su voz se apaga levemente, aunque no lo suficiente para demostrar que le afecta recordar ciertas cosas del pasado- Específicamente después de que mi padre e Izayoi fallecieron.
-¿Era de tu padre esta cabaña?
-Exactamente. –Se aparta de mi lado, para depositar la taza en la mesa, y sin que me diga algo, lo sigo y me siento a su par, aunque manteniendo una distancia prudente. Sé que en momentos así requiere de espacio o podría explotar de la manera menos esperada- La tenía desde su matrimonio con mi madre, Irasue, y tras casarse con Izayoi, veníamos en verano todos juntos por una temporada.
-¿Incluso tu madre?
-Si.
-¿No le molestaba estar al lado de la nueva mujer de su ex esposo?
-Para nada. –Contesta como si fuese lo más obvio del mundo- Mi madre no es de muchas palabras y mucho menos una mujer amistosa, más con ella fue diferente. Izayoi, era una mujer muy amigable y sencilla, de carácter dócil. Ella de alguna manera u otra se ganó el respeto de Irasue. Además, mi madre no es boba. Veía y analizaba minuciosamente la dedicación que ponía en mi para que no me sintiese desplazado o poco querido por rehacer la familia. –Relata como si las imágenes en su cabeza se agruparan en una línea de tiempo y recordase cada detalle de lo acontecido- Además, Irasue ya no amaba a mi padre de todos modos. ¿Qué sentido tenía hacerle la vida imposible a Izayoi si no tenía sentimientos de por medio hacia él?
-Ninguno. –Estoy más que impresionada, en la actualidad eso no se ve muy seguido. La mayoría de las mujeres se declaran la guerra por situaciones parecidas o menores de la cual él me relata- Se oye como una mujer madura que sabe lo que hace.
-Estás en lo correcto y no sabes hasta que nivel.
Seguimos charlando por un largo rato, nada muy elaborado, sino algo muy casual y ameno. Creo que ha dejado de lado la molestia por quedar embarrado de pies a cabeza. En mi defensa solo puedo decir que no escuché sus insistentes golpes sobre la maletera del vehículo, ya que en ese momento sonaban los truenos de la tormenta. Sin esperármelo, él coloca su mano sobre la mia y acaricia mis nudillos con mucha suavidad. No dice nada, mucho menos yo. Es tan extraño para mi verlo de este modo, teniendo una iniciativa en crear un contacto físico. No puedo darlo por hecho, más creo que es la mejor manera que encuentra para expresar lo que siente. Disfruto ese pequeño e inocente tacto el tiempo que dura. Sonrío con timidez al tiempo que me acerco un poco más a él y me atrevo a rodearle en abrazo. Mis mejillas arden con fuerza y deseo con todas mis fuerzas que no piense que soy una atrevida o algo parecido. Me moriría de vergüenza. Más todo eso queda en el aire cuando lo siento corresponder el gesto y acariciar mi espalda. Me acurruco un poco más sobre su pecho y sigo disfrutando de sus mimos.
Esto parece ser un sueño, uno del cual no deseo despertar jamás.
No hay tensión.
No hay culpa.
No hay nada negativo, excepto dos personas en un punto lejano de la civilización, demostrando un cariño que antes nunca pudieron hacer.
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Rin.
Rin.
Arriba.
Escucho su voz masculina y algo enronquecida, la cual a mi parecer está muy lejana. Solo hay oscuridad a mi alrededor, y sé que solo su voz me puede guiar a la luz.
Despierta.
Debes comer algo.
Logro abrir mis párpados con gran pesadez y lo primero que diviso son dos brillantes puntos ámbares, en un pálido y bello rostro cerca del mio. Sonrío encantada sin poderlo evitar. Si pudiese despertar cada mañana y ver su rostro tan cerca, sería feliz hasta el final de mis días. Me he quedado dormida sin percatarme, y lo mejor de todo es que ha sido entre sus brazos, aunque ahora esté sobre el piso alfombrado y teniendo un cojín como almohada. Mis sentidos comienzan a despertar poco a poco. Percibo el aroma de algo realmente bueno, a la vez que él me ayuda a sentarme. Me pregunto qué habrá cocinado, porque dudo que lo haya traído listo de otro sitio.
-Te ayudo a traer los platillos.
Animadamente comento mi intención de ayudarle en la tarea de poner la mesa para nuestra cena, más una severa y gélida respuesta me deja sentada y pegada al asiento como si me hubiesen echado pegamento en el trasero.
-Quédate sentada y no te muevas, Rin. –Se separa de mi para dirigirse en dirección a la cocina para terminar lo que sea que esté haciendo- Arruinarás lo planeado.
Si, Rin.
No te muevas.
No mires.
Mejor no respires.
Que sutil es para decir las cosas. Una que tiene la mejor de las intenciones y no lo valora.
Ahora que lo noto, hay dos velas adornado la mesa, un par de cubiertos y dos copas, además de una botella de vino. Las servilletas de género ya están posicionadas en cada puesto y perfectamente dobladas. Se nota que esto lo ha hecho él. Mucha perfección. Se ha esmerado realmente en esto y ha sido detallista.
Me pregunto, ¿con qué me sorprenderá ahora?
En menos de cinco minutos, él regresa sosteniendo un plato de alimentos en cada mano, manteniendo el equilibrio perfecto para no dejarlos caer. Es un plato muy sencillo que consta de trocitos de carne de cerdo con un poco de salsa roja para darle sabor, además de variadas verduras salteadas. Colocando de manera cuidadosa el plato frente a mi, él hace lo mismo en su puesto y se sienta a mi lado. Después de dar las gracias por los alimentos, comenzamos a degustar nuestra cena.
No solo olía bien, sino que sabe de maravilla.
-Debo aceptar que eres un buen cocinero. –Comento a la vez que bebo un poco de vino tinto, sin perderle de vista. Deseo ver su reacción a mis palabras. Digamos que no es muy común de mi parte alagarlo, debido a que su ego ya es bastante alto de por si-
-Gracias. –Contesta mi elogio inclinando levemente su cabeza, al tiempo que lleva con delicadeza los alimentos a su boca-
-¿Todo esto lo cocinaste cuando estaba durmiendo?
-Exacto. –Imita mi actuar con cierta galanura, bebiendo de manera elegante el líquido rojizo, y manteniendo en todo momento una sonrisa torcida en su rostro- Justo en el instante en que un hilo de baba caía por el costado de tu boca.
Mata momentos nivel Sesshomaru Taisho.
Qué más podía esperar de él. Bueno, siempre ha sido así nuestra relación, en donde los dos nos lanzamos comentarios ácidos para humillar al otro cuando menos lo espere. Pongo los ojos en blanco sin poderlo evitar, pero es que todo iba tan bien que me ha descolocado un poco su comentario fuera de lugar. Ya hasta se me ha quitado un poco el apetito. Gracias, muchacho, gracias.
-Odio cuando haces eso. –Dice de la nada y me deja algo descolocada. ¿Qué hice ahora?- Poner los ojos en blanco. –explica incentivado por mi cara de "¿puedes ser más específico, por favor?"-
-Lo lamento, pero no puedo controlarlo. –Inclino un poco la cabeza para evitar mirarle. Ya me siento como una niña pequeña a la cual regañan por una mala conducta-
- Puedes, más no quieres hacerlo. –Contradice severamente-
-Pensaré en evitarlo el día en que dejes de mirarme con ese ceño todo fruncido. –Remato la discusión, a la vez que termino de comer- Estaba delicioso.
Él no responde nuevamente y termina de alimentarse al poco tiempo. Sin que pueda realizar algún movimiento tras dejar sus cubiertos sobre el platillo, los recojo y los llevo al lavadero. Es lo mínimo que puedo hacer, ya que preparó la cena y todo lo demás. De pie frente al lavaplatos, sigo en mi labor sin siquiera mirarle, pues estoy segurísima que me debe de estar lanzándome cuchillos filosos con la mirada y pues, de cierto modo me intimida de vez en cuando. El frescor del agua enfría mis manos al tacto, aunque luego pierden aquel efecto, cuando en completo silencio, una figura masculina se apega a mi espalda y cubre con sus manos las mías. Un sonrojo y un acelerado palpitar se desatan cuando siento la punta de su nariz acariciando suavemente mi cuello, recorriendo aquella curvatura de forma casi tortuosa, chocando su cálida respiración sobre la piel de manera intencional.
-Creí que querías lavar los platos, Rin. –Le escucho con una voz melosa y casi divertida, a la vez que aparta delicadamente un mechón de cabello que le estorba en su excursión-
-Y eso haría si no estuvieses distrayéndome. –Respondo con algo de dificultad, teniendo con fuerza el plato que sostengo y con unas ganas enormes de lanzarlo lejos, darme media vuelta y besarle. Sin embargo, mantengo el autocontrol. No sé qué pretende, pero no ganará-
-¿Rin Higurashi no logra hacer dos cosas a la vez? –Se burla a la vez que deposita unos cortos y suaves besos en aquella zona, produciendo una exquisita corriente eléctrica que recorre todo mi cuerpo y se centra en mi bajo vientre- Nunca lo hubiese imaginado
-Por supuesto que si puedo. –Muestra seguridad en lo que dices, Rin.- ¿Y será que Sesshomaru Taisho no puede estar apartado de mi más de cinco minutos? –Si él es burlesco, yo también puedo serlo.- Tampoco lo hubiera creído en un pasado.
-No. –Contesta moviendo sus manos de su posición, subiendo por mis brazos, tocando la tela de la bata que cubre mi cuerpo y las detiene en mi cintura, de manera posesiva, casi enterrando sus dedos en mi cuerpo, más sin llegar a lastimarme- La verdad es que no puedo, ¿y tú? ¿Puedes estar lejos de mi?
- Tampoco.
El calor en esta sección de la cabaña ha aumentado significativamente y solo puedo ahogar pequeños suspiros que me arranca con cada beso depositado en la piel descubierta que encuentra a su paso. Sus besos y su tacto sobre la tela queman como el infierno. Me siento igual que aquel día en que nos besamos por primera vez. Nuevamente él es el río de lava y yo el mar que lo recibe. Sin esperar otro momento más, dejo de lado la loza y lo enfrento, notando sus labios entreabiertos y sus pupilas dilatas a un punto que jamás había visto en él. Pongo tímidamente mi mano sobre su pecho, donde ya puedo sentir sobre el género su musculatura y ritmo cardiaco por las nubes.
Al momento en que me colocaba de puntitas para darle un beso en los labios, el sonido de su bíper comienza a sonar insistentemente, dejándonos a ambos con una frustración más que notable en nuestros rostros. Le dedico una mirada casi suplicante para que no atienda el llamado, más rompe el abrazo y me doy cuenta que no puede hacerse el desentendido.
Más vale que sea importante.
Sesshomaru camina a un lugar apartado de la sala y llama desde su teléfono a quien ha interrumpido nuestro momento. Segundos después, sale de la cabaña para tener privacidad y obviamente, para que no escuche su conversación.
¿Y si es Mei, mi padre u otra persona significativa para él?
Ahora que lo pienso, para ser un lugar tan apartado de la civilización es extraño que tenga señal. Daba por hecho que estaríamos totalmente descomunicados, pero ya veo lo errada que estoy. Más mosqueada de lo que puedo demostrar, termino la jodida labor de lavar los utensilios y las copas que estaban sobre la mesa a medio beber. Tras secarme las manos con un paño, me encamino a la recámara que he de utilizar esta noche y deslizo la puerta para ingresar, al momento que Sesshomaru entra nuevamente en la morada.
-¿Vas a dormir? –Pregunta cerrando la puerta principal, y suena algo prudente en su manera de hablar. Bien, al menos ha notado que estoy molesta por la interrupción-
-Si. –Contesto al verlo caminar en mi dirección y ponerse nuevamente frente a mi, más sin ponerme un dedo encima- Estoy bastante agotada por lo acontecido durante el día y no me caería mal un merecido descanso.
-Entiendo. Buenas noches, Rin. –Se limita a decir monótonamente- Que descanses.
-Buenas noches, Sesshomaru. Tú también.
Me coloco de puntitas nuevamente, con la inocente intención de darle un beso en la mejilla, más en un movimiento inesperado corre su cara y nuestros labios se encuentran una vez más. Es tan breve el contacto, pero completamente llenador. Sonríe satisfecho, como un niño que ha robado una galleta del frasco prohibido, el cual siempre ocultan las madres en la cocina. Sin pronunciar palabra, abre su puerta e ingresa a la habitación de enfrente y antes de cerrarla, me dedica una última mirada y se pierde tras ella.
Por mi parte he quedado de pie, congelada al lado de mi puerta, tocando con la yema de mis dedos los labios que lo acaban de besar, sintiéndome tan emocionada como una colegiala. Entro en la habitación y me recuesto sobre el futón que he tenido en el piso. Cubro mi cuerpo con las mantas y cierro los ojos esperando a que mañana sea un día lleno de sorpresas al igual que este.
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Un par de pasos en el corredor me han despertado. La madera del piso ha crujido sonoramente y decido que lo mejor es ir a averiguar de qué se trata. Obviamente es Sesshomaru, más quiero ser yo la que hoy prepare el desayuno. El día sigue gris, aunque no llueve. Veo mi reloj de pulsera y noto que son casi las ocho de la mañana. Es algo temprano, más sé que mi acompañante es un madrugador empedernido. No desperdicia ni un minuto del día, aunque sea en época de vacaciones. Según él, siempre tiene algo que hacer.
Acomodo y anudo correctamente la bata para dormir, cubriendo los espacios importantes de mi cuerpo. No deseo mostrar mi ropa interior o andar de exhibicionista por todas partes. En cuanto pueda, iré al asiento trasero del vehículo y sacaré la muda de ropa extra que Kagome me trajo al teatro ayer por la tarde. También, lavaré la ropa sucia, y la pondré al pie de la chimenea para que se seque rápido.
Salgo de la recámara y veo a Sesshomaru en una esquina de la cocina preparando café. Me observa de reojo y regresa a su labor. ¿Ni un hola o buenos días? ¿Es en serio?
-Hoy comeremos temprano. –Anuncia cuando toma un par de tostadas recién hechas y le esparce un poco de mantequilla y mermelada sobre ellas- Saldremos luego de ello.
-Yo quería ayudarte en eso. –Reclamo dócilmente, casi haciendo un puchero infantil por no alcanzar a lograr mi cometido-
-Déjate de niñerías y ve a arreglarte. –Ordena como siempre, aunque no de mala manera- No quiero que nos coja la lluvia a medio camino.
Como ordene, capitán.
Sin más opción, cojo las llaves que estaban colgadas en la puerta de entrada y voy por mis cosas. Aprovecho de sacar el bolso de Sesshomaru, el cual está más pesado que el mio. ¿Qué traerá? La curiosidad me está empujando a abrir el cierre y descubrir lo que hay en el interior. Mis dedos ya acarician el pequeño metal, a punto de ejecutar la acción. En último instante, lo evito.
No es correcto.
Son sus pertenencias y no es mi asunto. Además, si me descubriese, lo más probable es que me daría el regaño de mi vida y me llevaría de una oreja a casa. No quiero eso. Quiero quedarme aquí y a su lado lo que más pueda.
Al entrar en la cabaña, me quedo viendo lo minucioso que es para ordenar casa cosa en la mesa. Hasta para servir un desayuno es detallista y perfeccionista. Sonrío maravillada ante tal espectáculo. Podría estar el día entero observándolo como un dueño de casa, cocinando para mi. Sin perder más tiempo, me acerco a él y deposito un beso en su mejilla de forma rápida, ganándome una mirada que no logro descifrar. Es una mezcla poco común en él. Cariño, tal vez un poco de asombro y un "Te dije que te dieras prisa". En silencio, obedezco y desaparezco por el pasillo con mis pertenencias.
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-¿Falta mucho?
-Calla, Rin. –Dice mi guía de excursión por el bosque, el cual se maneja mucho mejor que yo en este terreno tan particular; rocoso y lleno de barro por donde quiera que voy- Deja de quejarte.
-Es que caminar casi veinte minutos este camino lleno de lodo es agotador. –Hablo a la vez que tiendo a perder el equilibrio de vez cuando, mientras que él avanza sin mayores dificultades- Demonios.
-Cuando lleguemos, descansaremos. –Alzando su cabeza, ve el cielo a través de las verdes ramas que surgen de los árboles que guían nuestro camino- Date prisa, pronto comenzará a llover. –Extiende su mano y coge la mía para evitar que caiga de un momento a otro-
-Si no hay otra alternativa.
Es casi imposible para mi no sonrojarme ante estos gestos de su parte. Solo puedo presionar un poco más el agarre y contrastar la frialdad de mis manos con la calidez de las suyas. Es encantador escuchar el viento estrellándose con las hojas y el cantar de las aves alrededor. Oler el fresco aroma de tierra y hierba mojada.
Al avanzar unos cuantos metros, el sonido de agua fluyendo se distingue con cada vez más fuerza. Al llegar a destino, noto que es una pequeña catarata de no más de diez metros de altura, la cual culmina en un río de agua clara y transparente. Hay rocas de todos tamaños alrededor de ella y Sesshomaru me guía hasta la más grande para que tome asiento en ella.
-Así que esta es la sorpresa que tenías para mi.
-Exacto. –Afirma mientras me ayuda a quitarme la mochila que traigo en las espaldas y sacar una botella de agua para extendérmela-
-¿Cómo supiste de la existencia de este lugar? –Pregunto interesada-
-Solía venir acá de niño, para escapar de los lloriqueos de Inuyasha.
Típico.
-Me esperaba algo así. –Musito con una pequeña sonrisa- Me imaginé que venías aquí para estar solo. Es muy esperable de ti.
-Si hubieras estado en mis zapatos entenderías. –Agrega con algo de molestia- Si es un dolor de cabeza ahora, antes era peor.
-Exagerado. –No tiene remedio. Nunca cambiará esa relación de amor/odio que tienen estos dos particulares hermanos- Debo aceptar que es un lugar encantador y bello.
-No tan bello como tú.
-No mientas. –La timidez aparece nuevamente. ¿Dónde quedaba la mujer segura de mi misma que creía ser? Pues parece que se quedó en la cabaña junto a la calidez de la chimenea-
-Sabes que no lo hago. –Sus dedos se posan en mi barbilla, haciendo que nuestras miradas se encuentren y evitando que le rehúya- Bella por dentro y por fuera.
Dios, realmente puede ser encantador si se lo propone. Antes lo más lindo y delicado que me decía era "silencio, mocosa odiosa". Han cambiado tantas cosas en poco tiempo, que temo que esto solo sea producto de mi loca imaginación, y que despertaré en mi habitación, sola, llorando y con el amargo sabor de boca de comprender que solo era un hermoso y mágico sueño.
-¿En qué estás pensando? –Pregunta tras un lapsus de silencio-
-En lo encantador que estás siendo conmigo. –Confieso a la vez que posiciono mi mano derecha en su mejilla, casi hipnotizada por esa mirada ambarina que tanto me ha fascinado con el correr de los años- Jamás imaginé verte de este modo.
-Ni yo siéndolo. –En su expresión facial o verbal no hay burla. Está siendo sincero y transparente- No es natural en mi. No obstante, me nace ser de ese modo contigo. No puedo decirte que caeré en las cursilerías de flores y corazones, más esta es la manera de demostrar el afecto que siento hacia ti; tomar tu mano, acariciar su espalda si me abrazas, preparar una cena o robarte un beso si es que siento el impulso.
-¿Has sentido más impulsos que solo robarme un beso?
-Eso no está en discusión.
Oh, por dios. Esas cinco palabras sonaron tan sensuales que se me ha erizado la piel de manera casi automática. Y no es por el frío y la humedad del ambiente.
-¿Ahora?
-Desde hace mucho tiempo.
Me va a dar algo, estoy casi segura.
Se acerca peligrosamente a mi rostro, buscando mis labios. Sin embargo, solo los roza con clara intención de tentarme y torturarme en la espera. Solo cierro mis ojos, dejándome querer, cayendo en su sutil seducción, inhalando su perfume varonil.
-¿Sabes, Sesshomaru? –Hablo con un poco de dificultad producto de su cercanía- A veces me gusta imaginar que eres aquel orgulloso príncipe del oeste y yo la frágil humana. –Evito momentáneamente su mirada, para bajarme de aquella piedra y quedar de pie frente a él- Que me protegerás de aquellos enemigos que estén en contra de lo que sentimos el uno por el otro y que no importa cuántas eras pasen a través del tiempo, siempre nos buscaremos mutuamente para vivir nuestro amor.
-¿Así? –Alza una de sus cejas, quizás un poco perplejo por mis palabras. De seguro debe estar carcajeándose en su mente- Interesante.
-Puede que te parezca una completa bobería, pero es lo único a lo que puedo aferrarme. Pensar que esta vida fue una situación complicada y no pudimos estar juntos como deseamos, pero que en la siguiente las cosas serán diferent…
No puedo concluir la oración. Mi mente queda en blanco cuando me besa y estrecha completamente entre sus brazos. Me pierdo en él, en su sabor, en todo. No dudo en responder y saciar mi sed, notando un mordisco juguetón de su parte, subiéndole la temperatura al asunto. No puedo separarme de Sesshomaru. Es un imán y yo un metal. Cuando menos me lo espero, se separa de mi, manteniendo nuestras frentes unidas en todo momento.
-Puedo ser lo que desees, Rin. –Le escucho decir con voz enronquecida y decidida. Su mano izquierda sube y baja a su antojo por mi espalda, y comienzo sentir que quema a su paso- Puedes ser quien quieras.
Las gotas débiles de lluvia inician su caída desde el cielo para caer sobre nuestros cuerpos y alrededor. Ninguno se mueve al principio, más Sesshomaru reacciona y me coge de la mano para que emprendamos el rumbo hacia un lugar seguro. Corremos con algo de dificultad hacia la cabaña al ver que la tormenta va tomando cada vez más fuerza. Si en ir a la cascada nos demoramos veinte minutos, devuelta nos demoramos la mitad del tiempo.
La dificultad por el odioso lodo del trayecto, fue eliminada mágicamente.
Al llegar a la morada, estamos completamente empapados, de pies a cabeza. Como si se tratara de un juego de carreras, me siento victoriosa al ingresar primero y sonrío ampliamente por ello. Más para Sesshomaru no es un juego. Su mirada transmite el deseo contenido. Contengo la respiración cuando me acecha contra la pared de madera, tal como un hábil depredador a su despistada presa. Me muerdo el labio al intentar acallar un grito de sorpresa debido a su fugaz movimiento, aunque eso solo sube el nivel de excitación en ambos. Sus labios buscan los míos y los encuentra con facilidad, al igual que mis dedos al cierre de su chaqueta, la cual deslizo por sus hombros y lanzo al suelo en un segundo, no importando lo mojada que se encuentra.
Sé lo que quiero.
Lo deseo a él. Completo.
Gimo en su boca cuando su lengua explora cada centímetro, exigiendo, saboreando. Estar en esta situación con Sesshomaru es como estar arriba de una montaña rusa; inicias lento, tomas velocidad y caes al vacío dejando libre la adrenalina. Le ayudo con la tarea de despojar mi ropa, la cual tediosamente está apegada a mi cuerpo producto de la humedad.
Todo sucede con algo de torpeza, pero es que un simple contacto no es suficiente, necesito más, y él está dispuesto a brindarlo. Una vez en ropa interior, Sesshomaru me coge en brazos y lleva a su habitación para depositarme con cuidado sobre el futón. Me observa minuciosamente desde arriba y añade con algo de agitación:
-Eres realmente bella. –Se arrodilla frente a mi, a la vez que coge una de mis manos para besarla fugazmente- Perfecta.
No puedo decir nada. Me libero de su cálido agarre, mientras que en un impulso de osadía, me siento a ahorcajas sobre él, manteniendo el máximo de cercanía entre ambos. El calor de nuestras intimidades chocando una contra la otra es sofocante y palpitante. Puedo darme el placer de tocar a mi antojo todo su torso, disfrutar de aquellos músculos bien trabajados, sentir la suavidad de cada centímetro de piel, y extrañamente una que otra cicatriz en su espalda. Él no se queda quieto tampoco. Se acerca sigilosamente a mi cuello y aparta un mechón de cabello mojado que le estorba:
-¿Sabes? -Su voz enronquecida provoca una vibración en mi ingle- Se dice que los youkai al escoger a su compañera, dejan su marca.
-No tenía ni idea. –Digo entre suspiros, al sentir su boca caliente sobre mi piel. Solo puedo entrelazar mis dedos sobre su cabeza y afirmarme, ya que siento que en cualquier momento puedo desfallecer cuando una mano curiosa se va guiando en dirección a uno de mis senos y lo aprieta- ¿Cuál es esa marca?
- Enterrar sus colmillos en su cuello. –Desabrocha el corpiño negro de encajes que traigo puesto- Inyectar su veneno en su sistema para que los demás machos supieran esa hembra que ya le pertenecía a alguien.
-¿Quieres hacerlo?
- Quiero hacer eso y más.
Oh, Dios.
-Poseerte.
Está a punto de hacerlo.
-Hacerte mía por siempre.
Muerde mi cuello; primero suave, luego duro. Gimo; no de dolor, solo de entero placer. Dejaría que mordiera cada centímetro de mi cuerpo, el cual arde enteramente por él. Me entrego a sus caricias, y sin que lo espere yo imito lo mismo. Dejo mi marca en la curvatura de su cuello, pero de una forma más sutil. Puedo oír un leve gruñido de su parte, saliendo de la zona más profunda de su garganta. Me siento triunfante con ese pequeño sonidito, significa un logro. Él es mio, yo soy suya.
Ni siquiera soy consciente del momento en que hemos cambiado posiciones y soy yo la que está contra el futón y él encima mio. Al quitarme las bragas, me estimula a tal punto que ya puedo ver estrellas. Sabe lo que hace. Jadeo, repito mil veces su nombre, causando un estímulo excitante para sus agudos oídos. Se detiene un momento, se aparta y se despoja de la última prenda de vestir que le quedaba. Es un adonis. Perfecto de pies a cabeza. Con precaución, coge un paquetito metálico y ya sé de qué trata. Lo rompe, coloca el preservativo en su miembro hinchado y no tarda en acomodarse entre mis blancas piernas. Sigue con la estimulación, recorriendo mi intimidad con sus hábiles dedos. incluso con su lengua en ocasiones, deleitándose con cada sonrojo y gemido manifestado, acompañado de un jalón de su cabello platinado.
Antes de consumar nuestro amor ilícito, pregunta:
-¿Estás segura de esto? –Me observa con un dejo de preocupación en sus ojos ámbares. Sabe que soy susceptible a la culpa- Luego no podré detenerme.
-Nunca estuve más segura en mi vida. –Digo con seguridad y ansiosa de lo que va a suceder-
Lo beso dándole a entender que quiero llegar hasta la última consecuencia con él.
Se hunde en mi, lentamente y poco a poco comienza una danza de la cual caigo presa voluntariamente. La lentitud al cabo de unos minutos no es suficiente. Requiere de salvajismo, de entrega, de pasión liberada.
Ahora sé lo que es estar en el cielo.
Esto no saldrá de aquí.
Se quedará en la profundidad del bosque.
Es nuestro secreto, Sesshomaru, mi príncipe youkai del oeste.
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Nota: Queridos lectores/as: Espero les haya gustado este capítulo. Agradezco sus comentarios y mensajes, así también a las personitas que han agregado a favoritos y que siguen fielmente la historia. Un beso y abrazo psicológico, y nos leemos en la siguiente entrega.
Fecha actualización: 21 de Junio 2019.
Capítulo 11: Recuerdos y un retorno a la realidad.
