Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Aclaraciones:
* Esta historia podría catalogarse como canon-divergente pues, aunque se desarrolla en el mismo universo del manga y utilizo elementos dados por la propia creadora de la obra original, hay argumentos que he manejado a mi conveniencia.
* Si bien la pareja principal es InuKag creo que debo aclarar que pasarán por mucho angst, así que si para ti como lector es difícil verlos pasar por malos momentos te aconsejo que andes con cuidado en esta historia.
* Estoy tratando de evitarlo al máximo pero quiero advertir que probablemente se topen con cierto OOC en ocasiones (OOC = Fuera de personaje)
* Este fic tomó inspiración en White lilies de NarutoDays (DAYS8) un excelente fic en inglés del fandom de Naruto en la plataforma de AO3 que les recomiendo ampliamente leer. Es de mis fics favoritos en la vida.
* Siéntanse libres de investigar sobre la enfermedad Hanahaki pues será de gran importancia en esta trama.
* Todos mis fics siempre son para que pasen un buen rato de lectura así que por favor siéntanse cómodos de dejarme sus comentarios.
Haré eterno tu dolor, haré que las flores te sepulten. Haré de las flores tu cementerio.
Prólogo.
Decidió no tomar más en cuenta el tiempo que llevaba con los ojos cerrados y se concentró en descansar todo lo que pudiese bajo ese gran árbol que, con sus raíces salientes, la había invitado gratamente a acurrucarse. Ahora, más relajada, pudo escuchar el susurro de las hojas meciéndose suavemente al ritmo de la brisa que empezó a soplar empezando a refrescar el clima sofocante tan común en aquellas épocas del año. En el momento en que la melancolía de nuevo la invadió, apretó suavemente sus labios tratando de concentrarse en escuchar a las cigarras cantarle a aquella calurosa noche.
Sintió su pecho subir y bajar al compás de su respiración al tiempo que hizo una ligera mueca de desagrado cuando sintió caer sobre su cuerpo de barro una de las orbes blancas con las que alimentaba su fugaz existencia en aquel mundo donde, desde hace décadas, ya no pertenecía más.
Aquellas orbes que, en realidad almas de mujeres muertas en desgracia, eran absorbidas a través de su piel pero le dejaban un espantoso sabor en la boca. Uno que le recordaba a tristezas amargas, probablemente producto del sufrimiento de sus antiguas dueñas que acababan sus días en circunstancias parecidas a la suya:
Con un dolor del corazón insoportable e incurable.
Suspiró con profundo fastidio, tremendamente agotada; su cuerpo dolía y le era cada vez más difícil pasar los días sin sentirse sin aliento.
No podía mentirse más.
Estaba cada vez más consciente de su realidad.
—Kikyo-sama —a pesar de que quien la nombró posera una voz suave y ligeramente infantil, le produjo un potente escalofrío.
No podía seguir escapando de su realidad.
—No nos queda mucho tiempo, Kikyo-sama —la llamó una segunda voz, igual de serena que la primera.
Sin más remedio, abrió despacio sus ojos y parpadeó un par de veces para ayudar a su vista a enfocarse correctamente en el par de figuras con aspecto infante de pie frente a ella. Distinguió de inmediato a ambos seres por sus ropajes de colores claros, cabellos de color negro y rostros que, a pesar de tener el claro aspecto de un par de niñas, eran estoicos y sinceramente inexpresivos.
—Asuka, Kosho… —las nombró en un hilo de voz, el par de shikigamis realizaron una reverencia solemnemente a modo de saludo—. Díganme, ¿han encontrado otra alternativa?
—No hay otro camino —habló Kosho con firmeza, negándole así la posibilidad de hacer las cosas diferente a lo que su par de ayudantes pretendían hacer—. Deberá confiar nuevamente en Kagome-sama
Bajó su mirada hasta sus manos en su regazo, desanimada. Despacio llevó ambas manos hacia su pecho y tiró despacio de sus ropas para poder ver mejor la piel de su pecho, justo donde una profunda cicatriz le atravesaba hasta llegar a sus hombros.
Confiar en Kagome...
Sabía que podía hacerlo, le había demostrado que era una mujer decidida y de fiar. Capaz de ayudar con toda su voluntad sin permitir que ninguna duda o resentimiento se interpusiera.
El problema era que, esta vez, el precio era muchísimo más alto de lo que jamás imaginó que tendría que pedirle a su próxima encarnación.
Por salvarla.
Por obtener una ventaja en contra del enemigo que todos ellos compartían.
Era por el bien de todos, trató convencerse de ello una y otra vez.
Y tal vez Kagome no se negaría pero había alguien más que probablemente sí lo haría.
—InuYasha-sama y sus acompañantes no están muy lejos de aquí —habló Asuka sacándola de sus pensamientos obligándola a subir su mirada tan rápido que se sintió mareada.
Pasó saliva tan lento que pudo sentir el líquido raspar su garganta.
No podía seguir escapando de su realidad.
Apretó con frustración su arco con ambos puños y se ayudó de él para ponerse de pie, tomó del suelo su carcaj lleno de flechas y lo acomodó en su hombro izquierdo. Tomó tanto aire como pudo sintiendo su pecho inflarse y soltó un nuevo suspiro en un intento burdo de darse fuerzas.
No funcionó del todo.
Confiar en Kagome…
—Guíenme —ordenó tan ansiosa que incluso sonó brusca pero decidió que no importaba. Mientras más rápido acabaran con todo esto sería mejor, al menos para ella.
Porque sabía que el sacrificio no lo haría ella.
El dolor no lo pasaría ella.
Cada paso que dio se sintió como si se hundiera en denso fango que le impedía avanzar.
Esta vez...el sufrimiento no sería para ella.
