Advertencias: Cambio tiempo-espacio.
Capítulo 11: Recuerdos y un retorno a la realidad.
4 años antes:
-¿Y bien, primita? –Una ociosa Kagome estaba recostada en mi cama, viéndome alistar los últimos detalles para la fiesta a la cual asistiría esa noche. Su cabello era más corto en ese entonces, llevando un gracioso corte de honguito, la cual le hacía parecer más infantil que de costumbre- ¿Quién será el galán que te acompañará a tu fiesta de graduación?
-No seas entrometida. –Respondí en tono cantarino, observando mi reflejo en el espejo, ajustando los largos zarcillos de plata que Masahiko, el padre de Kagome, me había obsequiado al terminar el curso. Era un hombre tan atento y cariñoso, muy al contrario de mi padre. A veces dudaba que fuesen hermanos. Luego, acomodé levemente las ondas de mi cabello suelto, para que cayesen con gracia por mi espalda semi descubierta- Además, ni siquiera lo conoces.
-Yo no estaría tan segura de ese punto. –De un brinco se puso de pie, para ajustar la cremallera de aquel vestido con tirantes que me dio guerra unos instantes. Era de tono negro con brillantes y me llegaba un poco más arriba de la rodilla- Tengo ojos en todas partes y te sorprenderías al saber cuanta información manejo a mi disposición. –De una forma juguetona, intentaba captar mi atención, en su mini rol de agente secreto- Los tengo a todos identificados.
-Pues, si manejas tanta información, ¿por qué me preguntas?
-Muy listilla, jovencita. No obstante, ya verás que lo averiguo de todas formas. –Se cruzó de brazos de forma infantil, apenas disimulando un puchero en su trompita carmesí-
Tras el paso de los minutos, el timbre de la casa de mis padres sonó. Kagome, cual torbellino, bajó rápidamente las escaleras para saber de quien se trataba, creyendo firmemente que se encontraría con mi pareja y saber lo máximo de él en el menor tiempo posible. Al pie de las escaleras del segundo piso, pude deleitarme con su expresión desencajada. En la entrada estaba de pie, mi profesor de cálculo, Sesshomaru Taisho, quien sostenía un ramo de rosas azules en sus manos, luciendo tan impecable en su traje gris como de costumbre.
-¿Estás de joda? –Gritó inconscientemente mi "disimulada" prima al no poder creer lo que veía, sin siquiera invitarlo a pasar- ¿Será Sesshomaru tu pareja en la fiesta de gala?
-No, será mi pareja esta noche, prima. –Rebatió elegantemente mi hermana, al bajar de las escaleras poco después que mí, vistiendo un largo y fino vestido tono rojo, el cual resaltaba con gracia y elegancia con su tez blanca y su cabello marrón- Buenas noches, Sesshomaru. –Dijo con coquetería al estar frente a él, y saludándole con un beso en la mejilla- Es un agrado verle nuevamente y en tan poco tiempo.
¿Nuevamente? ¿Acaso habían salido en más de una ocasión?
-El placer es mio, Mei. –Habló a la vez que le extendía el ramo de flores, donde ella muy feliz las recibió, acercándoselas para impregnar sus sentidos con su aroma- Luce radiante como siempre.
Mucha miel para mi gusto, a tal punto que creí estar al borde de un coma diabético con solo escucharles.
Kagome, no entendía nada. Su cara lo decía todo. Por mi parte, estaba igual que ella, pero lo disimulaba de mejor manera. ¿Qué rayos sucedía? Tenía conocimiento que habían salido una vez a tomar un café al día siguiente de la obra del aniversario, pero, si Mei mencionó que era agradable verle y en poco tiempo, es que efectivamente se estuvieron viendo sin que estuviese enterada de ello. Bueno, no es que mi hermana debía darme explicaciones de su vida privada, pero no dejaba de doler verlos así. Tan cercanos.
Kagome, dejando de lado a esa parejita, como un ninja se desplazó hasta el pie de las escaleras del primer nivel, donde me encontraba de pie, inmóvil como una estatua, admirando la situación. Acercándose a mi oído, susurró:
-¿Puedes decirme qué rayos sucede? ¿De qué me perdí este mes y medio?
Con disimulo, la jalé del brazo y me la llevé a un punto donde no pudiesen escuchar nuestra conversación. El salón comedor estaba libre, luego de que la anciana Kaede fuese a la cocina luego de colocar los cubiertos en la mesa para la hora de la cena, la cual se acercaba cada vez más.
-No tengo ni la menor idea. Créeme que estoy tan perpleja como tú con lo que acabo de ver.
-¿Qué sigue luego? –Luchaba por mantener su tono de voz bajo, pero su desesperación por no tener la información necesaria le jugaba en contra- "¿Sesshomaru, no deseas tomar una tacita de café?" –Contoneaba sus caderas, imitándola al sostener un ramo de flores, para luego ponerse rígida y poner voz grave- "¿No será mucha molestia?", "Ay, ¡cómo cree! Pase usted". "Después de usted".
-Eso puede ser considerado plagio. –Le comenté en son de broma por su magnífica representación del programa mexicano que dan por el tv cable-
-¡No me interesa! –Le resta el asunto, mientras nuevamente cruzaba sus brazos, lidiando con una frustración interna que se exteriorizaba a cada instante- Mira, Mei es mi prima y todo, pero no me gusta esa mezcla tan peculiar en esa parejita.
-¿A qué te refieres? –Pregunté con curiosidad más que evidente-
-Él no es para ella y viceversa. –Contestó con seguridad-
-¿Por qué dices eso?
-A Sesshomaru lo conozco lo suficiente para afirmarlo, porque aunque nos pese a ambos, somos cuñados y debemos soportarnos mutuamente hasta que el destino diga lo contrario. –Al escucharle hablar, me daba la impresión de que le faltaba el aire producto de la indignación- Y la conozco a ella, más de lo que me gustaría, y la soporto por cosas familiares, y sé que no va a terminar en nada bueno.
Nuevamente el timbre de nuestro hogar se escuchó y Mei, quien aún charlaba de quién sabe qué con mi profesor, abrió la puerta principal, dejando ver a mi pareja de baile. Takeshi Yukimura, el chico más guapo de la escuela vino por mi esa noche. Algo de lo que me pude percatar, fue que al momento de saludar a mi hermana y presentarse, le dedicó una dura mirada al señor Taisho, quien tampoco tenía muy buen semblante al verle. No podía comprender por qué esos dos se desafiaban en silencio, creando un hostil ambiente. Tomando mi bolso de mano, llegué a su lado para depositar un beso en su mejilla y anunciar que ya nos retirábamos a la fiesta.
-¿En qué se irán al salón de eventos ustedes dos? –Cuestionó desconfiadamente mi prima al llegar a nuestro lado, mostrando una peligrosa sonrisa en sus labios rojizos-
- En taxi. –Respondió nerviosamente Yukimura- Está afuera esperando.
- Dile que se vaya. –Ordenó Kagome con "amabilidad", sacando unas llaves de su bolsillo izquierdo de la jardinera que traía puesta- Iré a dejarles yo misma.
-¡No es necesario! – Respondimos al mismo tiempo con mi compañero-
-¡Claro que lo es! –Su voz era melosa y con fingida preocupación- ¿No crees que luce radiante y hermosa esta noche, Takeshi Yukimura?
-Mu-mucho. –Mencionó con las mejillas algo sonrojadas- Más que de costumbre.
-¿Qué estás planeando, Kagome? –Cuestionó de mala manera mi hermana, sosteniendo el brazo de Sesshomaru en todo momento, el cual solo se dedicaba a analizar en silencio lo que acontecía-
-Pues, sería deprimente que tal belleza femenina fuese tristemente opacada al llegar en un taxi a un lugar tan importante. –Remató mi prima, gesticulando con cierto desagrado- Se esfumaría su estilo, ¿entiendes?
-Tiene razón. –Mencionó el señor Taisho sin una pizca de burla en su tono de voz- Además, lo mejor es tener la supervisión de un adulto cercano, para asegurar que lleguen bien a destino.
-Yo no lo hubiese dicho mejor. –Sonrió radiante mi cuidadora y arruina citas de bolsillo. Juraba que la iba a estrangular en cualquier momento- Así que dicho esto; ¡los espero en mi auto!
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Diez minutos de trayecto y ya deseaba bajarme de aquel vehículo lo más pronto posible. Era un ambiente realmente tenso y asfixiante, que ni siquiera la música que sonaba en la radio podía disminuirlo. Kagome, manejaba. Mi hermana iba en el asiento del copiloto. Takeshi sentado en un extremo y yo en el otro del asiento trasero, siendo separados por la presencia del señor Taisho en medio de ambos.
Incómodo.
Incómodo.
Demasiado incómodo.
¿En qué estaban pensando ese trío de locos en hacer algo así? Definitivamente estaban en mi lista negra. Me las iban a pagar, estaban rompiendo el encanto de ir a mi fiesta de graduación con el chico más deseado de toda la escuela, el cual me había escogido a mi y no a otra chica. Ni siquiera a Dai Yamaguchi, la cual escupió fuego –no literalmente- el día en que se esparció la noticia de que sería mi pareja en el baile.
Una vez que llegamos a destino, Kagome nos pidió a todos, excepto a Yukimura, que nos mantuviésemos un minuto dentro del vehículo. Pude ver como ella gentilmente le cogió la mano y la mantuvo extendida un momento. Luego, le pasó uno de sus dedos sobre su extremidad y luego lo dejó libre. La cara de Yukimura era horror puro. Kagome, dándole un golpecito sutil en su hombro, le indicó para que fuese a mi lado del vehículo. Él, con algo de torpeza debo añadir, abrió mi puerta y me tendió la mano para que pudiese bajar, la cual temblaba levemente.
¿Qué demonios le había dicho para que quedara de esa forma?
Después de eso, los tres "arruina momentos", se fueron del lugar a quién sabe dónde, no sin antes escuchar un "recuerda mis palabras, querido" por parte de mi primita.
Una vez que ingresamos al salón de eventos, este estaba ornamentado con elementos de color blanco; globos, adornos de papel, manteles, las fundas de las sillas, entre otros. Las luces de diversos colores iluminaban con gracia la pista de baile y la música aún era suave y melodiosa, aunque todos sabíamos que a cierta hora de la noche terminaría todo siendo un descontrol.
Nos reunimos con Akane y su novio Daisuke, quien portaba una corbata del mismo color que el vestido que traía elegantemente mi amiga, tono violeta oscuro, el cual era largo y lleno de encajes sutiles, con pedrería en la cintura y un escote de fantasía.
Escogimos la mesa más cercana y lo más lejos posible de Dai, quien bebía una copa sin despegarnos la vista de encima al otro extremo del salón. Decir que nos miraba con desprecio era poco para lo que realmente deseaba transmitir.
Mantente lejos de ella, Rin.
No dejes que nada ni nadie –sobre todo esa arpía- arruine tu noche.
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-¿Y bien? –Le pregunté a Yukimura una vez que estuvimos en la pista de baile un par de horas después, al saber que nadie podría escucharnos con facilidad debido al ruido ambiental. Cabía añadir que nos habíamos tomado un par de copitas para entrar en confianza y dejar la vergüenza y el mal rato familiar de lado- ¿Qué te dijo mi prima para que temblaras como una gelatina?
-No hablaré de ello. –Apartó la vista momentáneamente debido al golpe en su orgullo-
-Por favor.
-Bueno, pero no te rías.
-De acuerdo, Yukimura. Te doy mi palabra.
Se veía algo dubitativo, pero reuniendo el valor y aire suficiente en sus pulmones, se aventuró a decirme lo que sucedió horas antes.
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-Bien Takeshi Yukimura. –Comenzó a decir Kagome al momento en que estuvo frente a la pareja de Rin. En todo momento mantuvo un tono de voz pacífico y relajado, complementándolo con su lenguaje corporal, viendo directamente a los ojos a aquel muchacho que se notaba bastante incómodo por la situación- Hemos llegado y espero que pasen una hermosa velada.
-Gracias, señorita Higurashi. –Tragó en seco Yukimura, intentando fallidamente mostrar una seguridad que no poseía. ¿Quién diría que estaría intimidado alguna vez por la imponente presencia de una mujer mayor?-
-¿Sabías que nuestra familia paterna, los Higurashi, tiene poderes esotéricos? –El muchacho negó energéticamente con la cabeza, a lo que la joven de cabello corto sonrió encantada- Por ejemplo, en mi caso, puedo leer la mano. –Cogió la mano derecha de su acompañante y la examinó analíticamente- Mmm…Interesante. Muy interesante.
-¿Qué es lo que ve? –Preguntó con desconfianza y con algo de escepticismo interno-
-La línea del corazón muestra mucho romance en tu vida. Es ondulada, lo que quiere decir que eres un galán con las mujeres, disfrutas de una buena compañía femenina, a pesar de tu corta edad. Expresas con facilidad tu interés y sentimientos. La línea de la cabeza; me dice que eres bastante creativo y te gusta la aventura o entusiasmo de la vida. Disfrutas cada momento como si fuese el último. Tienes una suerte encantadora, y todo dependerá de tus capacidades para alcanzar el éxito, aunque no dependas tanto de tus padres o amigos. –Su rostro era serio, y lleno de formalidad, sosteniendo con delicadeza la mano del joven que no la perdía de vista tras escuchar cada palabra salida de su boca- Y aquí está la más importante: la línea de la vida. Es larga y muestra mucha vitalidad.
-Eso suena bien… -Iba a agregar algo más, pero la voz de la muchacha le interrumpió-
-Sin embargo… -Kagome enterró su uña del dedo índice a la mitad de esa línea, mostrando una sonrisa no tan amable en su bello rostro, dándole un aspecto algo sombrío y temible- Ponle un dedo encima a mi prima o intenta hacer algo que ella no quiera, y te aseguro que yo misma acortaré esta insignificante línea por tu osadía. –Luego añadió con voz de mafiosa italiana, dejando libre la mano del chico- ¿Capisci, bambino? –Él en silencio le confirmó que entendía perfectamente el mensaje- Ahora… -Yukimura se dio media vuelta, delatando la cara de horror indescriptible que tenía, de la cual Rin se dio cuenta inmediatamente cuando él giró su cuerpo- ¡Ve por ella y diviértanse! –Le dio un empujoncito para que se avispara-
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No podía creerlo. Definitivamente, Kagome, estaba tan loca como una cabra. ¡Qué vergüenza! Pero, ya iba a escucharme cuando la viera al día siguiente. Poderes esotéricos. ¿Quién se tragaría semejante falsedad?
-Así que, no le digas a nadie lo que te acabo de relatar. –Habló sonrojado el pobre de Yukimura- Ya es bastante penoso relatarte esto, como para que otros lo sepan.
-Dalo por hecho. –Guiñé con coquetería, al momento en que se escuchaba la canción Careless Whisper de George Michael- Puedes confiar en mi.
-No hagas eso.
-¿El qué? –No comprendí a lo que se refería, sintiendo algo de nerviosismo cuando me acercó un poco más a su cuerpo y apegó su mejilla contra la mía-
-Ser así de coqueta. Tentarme con tan poco.
-¿Yukimura? –Ahora si que no entendía nada. No quería darle esa impresión- ¿Qué…?
- Me gustas, ¿no es obvio?
Bomba nuclear suelta.
-Yo creí que…
-Me gustas y mucho. –Interrumpió abruptamente el chico de ojos heterocromos- Por favor, di algo. ¿No te gusto ni un poco?
¿Qué decirle? No podía revelarle la verdad de que me sentía atraída por Sesshomaru Taisho, nuestro profesor. Sería un escándalo, sobre todo ahora que está saliendo con mi hermana, muy a mi pesar. Mei me haría la vida cuadritos.
-¡Hey, ustedes dos! –Escuché la voz de Akane cuando llegó a nuestro lado, interrumpiendo favorablemente la situación, haciendo que ambos nos separáramos de un brinco- ¡Dai Yamaguchi ha pagado una ronda gratis a todos los del curso! ¡Así que vamos a beber gratis! ¡Caminen, tortolitos!
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Todo era tan confuso. Solo sabía que caminaba con dificultad y que me reía a carcajadas hasta por ver volar a una mosca. Esa noche odié con profundidad a los odiosos tacones que traía puestos. Deseaba verme elegante, pero mareada como estaba, parecía un venado recién nacido intentando caminar. Takeshi Yukimura se reía de una manera más discreta mientras recorríamos los pasillos de aquel motel. Ni siquiera sabía cómo habíamos llegado a eso, solo que ambos demostrábamos entusiasmo por estar allí. Al entrar al cuarto, este estaba en completa oscuridad. Yukimura encendió la luz de la mesa de noche y yo bajé las persianas de las ventanas, para que nadie viese nada de lo que acontecía ahí.
Al acercarme a él, extrañamente sentí el aroma del perfume que Taisho solía usar. Y por un momento pude verle. No dudé en besarle y dejarme llevar algunos minutos por el candente escenario. Pude sentir como mi cuerpo chocaba contra el colchón, y sentir un peso extra sobre mi. No quería abrir los ojos, pues pensaba que esa ilusión desaparecería. Y era verdad, pues no era Taisho, sino Yukimura quien me acompañaba. Tocarle, aunque fuese encima de la ropa, era como tocar y sentirlo a ese frío ser que me había robado el corazón. Cuando sentí que una de sus manos se adentraba por mi vestido, dudé en seguir en ese camino o no. Nunca había estado con alguien antes. Fue un momento de claridad dentro de toda esa confusión, porque aunque algo interno me detenía, otra parte oculta me incitaba a seguir.
Yukimura, de alguna manera me hizo sentir segura y me convenció para que me quedase a su lado. Me deseaba y yo a él de alguna forma. Por un momento, aparté a Taisho de mis pensamientos, y solo me centré en Takeshi. Decía tener la suficiente experiencia para evitar que me doliese, pero, no fue así. Cuando me penetró, no pude evitar sollozar producto de la dolorosa punzada en mi interior, luego todo fue cambiando. Apareció el placer.
Sin embargo, en pleno vaivén, nuevamente vi el rostro de Taisho. Era él. Ahogué un grito de horror solo para no asustar a mi amante, aunque si intenté detenerlo. Me estaba volviendo loca. Luego de un momento de pausa, Yukimura siguió moviéndose, pero no sentía nada. Todo había muerto al ver la imagen pálida de mi profesor en pleno acto, y me obligué a fingir para no hacer sentir mal a ese hombre que no se percataba de lo que pasaba en mi interior.
¿Sesshomaru y yo en esa situación? Jamás. Era más probable ver a un cerdo volar, que esa posibilidad concretarse.
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Tiempo presente.
Arriba. Abajo. Un movimiento circular muy lento. Sin prisas. Su pecho varonil sube y baja a un ritmo armonioso, y no me aparta de su punto de mira. Sus ojos ámbares me parecen más brillosos y alucinantes que un par de horas atrás. Al parecer le agrada mi casto juego sobre su piel. No dice nada. Yo tampoco. La verdad no hay necesidad de ello en este momento. Todo es perfecto tal como está. Mi mano derecha está posada sobre su pecho, acariciando algunos de sus vellos platinados con la yema de mis dedos, mi cabeza reposando sobre su hombro y su brazo rodeándome en un abrazo protector. Solo somos un hombre y una mujer disfrutando de una intimidad compartida, sintiendo el calor del otro y cubriendo nuestra desnudez con el cobertor del futón.
¿Qué estará pensando? Quizás no le agradó tanto. Posiblemente no fui lo que él esperaba, por no tener tanta experiencia. Solo he estado sexualmente con dos personas en mi vida. Tal vez esté arrepintiéndose de lo que acaba de suceder. No, por favor. Eso rompería en mil pedazos mi corazón y no podría verle a la cara lo que me reste de vida.
Al modo operandi de un ladrón silencioso, rompe mis dudas con un beso casto en los labios, tal vez adivinando el rumbo de mis pensamientos. Muchas veces pareciera leer mi mente, así como la mayor parte de las ocasiones puedo saber a qué atenerme con él. Sesshomaru es un profundo mar de secretos. Lo supe desde el momento en que lo conocí, más nunca pensé que las cosas llegaran a este punto. ¡Qué loco! Meses antes no dejaba de llorar por no tener su amor, y hoy estoy a su lado, consumando un amor prohibido.
Amantes.
Amantes.
En eso nos hemos convertido en cosa de horas. Tan fácil. Tan cadente y consumador. Simplemente no había nada más que la opción de disfrutar el presente y ser feliz. Se sintió bien no pensar en otra persona que no fuese yo misma. Bueno, obviamente él si estaba en mi lista de preocupaciones y tentaciones desde hace años.
¡ZORRA! ¡Traidora!
Esa palabra aparece en mi mente con la voz indignada y desilusionada de mi hermana mayor. Mei. Si, al parecer tengo una conciencia que no deja de molestar en el momento menos oportuno.
-¿Te arrepientes? –Habla Sesshomaru con mucha cautela, separándose levemente de mi para observar mejor mi rostro. Así sabrá si miento o no.-
-No. –Le digo sin siquiera dudar. Creo que jamás podría pensar en esa opción. Simplemente, lo amo. No importa nada más.- En absoluto.
-Entonces, ¿qué te preocupa?
-Nada, solo boberías.
Solo tenía miedo de que tú te arrepintieras.
-Rin. –Su tono pausado y cauteloso varía drásticamente a uno demandante. Se sienta sobre el futón con expresión molesta y acomoda algunos de sus cabellos revueltos tras estar recostados- Odio cuando mientes, vacilas o le restas importancia a las cosas. Quiero saber qué ocurre.
-No quiero darte lata con cosas que no tienen significancia. –imito su acción, teniendo la cautela de cubrir mi pecho con el cobertor, posando tímidamente mi mano sobre la suya, para captar nuevamente su atención y que deje de lado la frustración que le ha dejado el tema-
-La tendrá en un futuro si no eres capaz de decirlo.
-¿Tú…te… arrepientes? –Pregunto con sequedad en mi boca, presa de mis tontas inseguridades- ¿Te ha gustado mientras lo hacíamos? ¿Te he gustado?
-Vaya, eres más insegura de lo que creí. –La línea de su perfecta boca se tuerce en una mueca y su mandíbula se tensa levemente. En un movimiento felino, me acorrala contra el futón, colocando ambas manos a los lados de mi cabeza, y me quedo quieta esperando a un movimiento de su parte.- Fuiste perfecta. Tal como eres, con o sin mucha experiencia. –siento su peso sobre mi y ya puedo ver que está preparado nuevamente para otro asalto- Me ha gustado y podría hacerlo hasta el resto de mis días. Tenerte acorralada. Indefensa. Solo para mi.
Oh por Dios.
-Nunca podría saciar el deseo que tengo por ti, Rin Higurashi.
-Sesshomaru.
-Y te lo demostraré cuantas veces sea necesario. –Esa sonrisa ladina promete muchas cosas y estoy dispuesta a comprobarlo una vez más-
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Lunes en la madrugada. Todo está tan callado y quieto. La ciudad de Fujisawa a esta hora es completamente diferente a lo que es normalmente. Sesshomaru se detiene en las fueras del domicilio de Kagome y la despedida me resulta algo dolorosa. Han sido horas tan mágicas, que no deseo romper este hechizo. Con delicadeza pocas veces vista en él, deposita un beso en mis labios y me dice que todo estará bien.
-No olvides llamar al número que te di. –Recuerda nuevamente, sabiendo que llevo su tarjeta en mi abrigo- No lo hagas desde tu teléfono. Lo más probable es que los estén rastreando.
-¿Crees que sea capaz de eso mi padre?
-De eso y mucho más, Rin. –Contesta con convicción- Puedes estar segura. Piensa en lo menos probable que puede suceder, y créeme que estará cerca de la realidad.
-Te extrañaré. –Mencionó con un leve sonrojo en mis mejillas, dejando libre la poca timidez que me queda tras todo lo vivido en los últimos días-
-Lo sé.
¿Dónde queda tu modestia, Sesshomaru? Un simple "yo también" sería lindo para la ocasión. Altanero.
-No puedes decirle a nadie sobre esto, Rin. Debes ser muy discreta.
-Kagome ya debe de saber. –Le informo- Tiene una imaginación muy amplia cuando se lo propone.
-Soy consciente de ello, además, ella se hizo pasar por ti para distraer al empleado de tu padre.
-Así como Inuyasha debe intuir algo, al ser él el que viajase en avión con tal de cubrirte.
-Ya veremos como silenciamos a esos dos. –Dijo con una sonrisa tranquila en su rostro, sin una preocupación de por medio- Ahora, vete. Pronto amanecerá y llegará compañía frente al departamento.
-Cuídate mucho, Sesshomaru. –Le digo al terminar de darle un último beso y cogiendo el bolso pequeño de viaje entre mis manos-
-Siempre lo hago.
Menudo arrogante.
Al entrar al departamento de Kagome todo estaba en absoluto silencio. Era de esperarse, ya que eran cerca de las cinco de la mañana y se sabe que mi prima no es de las personas que suelen trasnocharse. Mucho menos madrugar. Dejé sus llaves de repuesto sobre el mostrador y en puntitas me dirigí al sofá que había a un par de metros de distancia. Cuando ya casi alcanzaba mi objetivo, una luz del pasillo se encendió y pude ver a una adormilada Kagome, vistiendo un rudo pijama de dos piezas, con una imagen de Peppa Pig en la parte superior y con el cabello todo despeinado.
-¿Estas son horas de llegar jovencita? –Cuestionó la dueña de casa apenas conteniendo un bostezo-
-Lamento la hora, pero….
-Nada de peros. –Interrumpe sin dudar y con una seriedad pocas veces vista en ella- Ahora, trae tu delgado trasero a la cama. Tienes mucho que contar. –Esto último lo dijo con una sonrisa pícara en su rostro adormilado y apuntó la dirección a su habitación- ¿Qué esperas? ¿Una tarjeta de invitación?
-¿No es un poco tarde para eso? –Pregunto ya encaminándome a su dormitorio-
-Corazón, son casi las cinco de la mañana. –Respondió cerrando la puerta y encaminándose a la cama, mientras que yo intentaba quitarme las zapatillas con algo de torpeza- Es temprano y hay tiempo suficiente para que me charles sobre tu salida y todos los acontecimientos.
-¿Y tu trabajo?
-Curiosamente… creo que amanecí con un poco de temperatura –Tosió un par de veces, haciendo muy notoria su actuación- No creo sentirme capaz de levantarme de la cama en todo el día.
-Pobrecita, ¿no? –Me reí levemente al momento de estar recostada a su lado y tapándome con las mantas-
-Shi. –Respondió de forma infantil, para luego dejar de lado toda la jugarreta y retomar el tema principal- Ahora, quiero detalles.
-No hay mucho que contar. –Murmuro con algo de vergüenza, sintiendo mis mejillas arder con fuerza. A pesar de tener mucha confianza con Kagome, no me siento preparada para tratar estos temas con ella-
-Rin. –Coge mi mano y luego la acaricia con sutileza- Pongamos un caso hipotético. ¿De acuerdo? -Afirmé en silencio- Bien. Si yo estuviese en un lugar apartado del mundo, casi tres días con un hombre guapo, sensual, y que amo con toda mi alma, en una romántica cabaña sin nadie a kilómetros a la redonda… ¿Crees que solo estaría viendo el césped crecer? ¿Me quieres ver la cara de idiota?
Vale, eso tiene sentido.
-Pero, también vimos la lluvia caer por la ventana. –Respondo sin poder contener una risita nerviosa-
-Hija de…. –De la desesperación se coge la cabeza con ambas manos y la menea levemente- ¡Mira como me tienes! –Reclama- Todo el fin de semana sin saber de ti, dando por hecho que tuviste el mejor sexo salvaje de tu vida y… ¡me sales con eso! En serio, Rin, ¡necesito detalles!
-Cotilla.
-¡Yo te dije cuando me desvirgaron!
-Tú me lo dijiste solita, no te presioné.
-¡Si, pero me dolió! –Reclama nuevamente- Y estaba emocionada.
-Pero, me traumaste con los detalles.
-¡Es lo de menos! –Le quita la importancia al asunto como de costumbre- Además, a casi a todas nos pasa. Otras no. Malditas, como las envidio y odio. –Añade en su monólogo-
-¿Podemos cambiar de tema? –Sugiero bastante incómoda por cómo hemos saltado de un tema a otro en cosa de segundos-
-Por favor, Rin. –Junta sus manitos y aplica la cara de cachorrita abandonada que sabe que me derrite por completo- Dime que valió la pena hacerme pasar por ti y casi chocar a un perro y una anciana para llegar hasta acá, sin que el tipo notara el fraude.
-¿Y por qué casi chocas a un perro y a una anciana? –Si esto fuese un anime, estaría segura que ahora correría una gota de sudor en mi cabeza- No comprendo, Kagome.
-Tenía que fingir que era tú. –Explica sin más- Acéptalo, prima. Conduces terrible.
-Gracias. –Murmuro entre dientes con evidente sarcasmo.-
No conduzco mal. Es solo que las cosas se cruzan en mi camino y el auto me da guerra de vez en cuando. ¡No es mi culpa!
-Bien, me has convencido. –Me rindo ante esa mirada maldita que adoro. Es más insoportable que mi hermana cuando se lo propone- Te diré todo, pero no debes decirle a nadie sobre esto.
-Dalo por hecho. –Su cara refleja el júbilo máximo a pesar de la poca iluminación de la recámara- Lo juro por nuestra amistad y amor que va más allá de ser primas.
-Recita nuestro juramento. –Extiendo mi dedo meñique, a lo cual ella sin dudar enrolla el suyo-
-Juro que no abriré la boca, o que me apeste el hocico, me aparezca celulitis y se me caigan los pechos hasta el suelo si rompo esta promesa.
Bien, eso me basta.
