Flores de cementerio.
[Hiciste crecer flores en mis pulmones, y aunque son hermosas...no puedo respirar]
I.
Acónito.
El viento de esa noche de verano era sofocante por la brisa calurosa mezclada con un dulzón aroma culpa de las flores que tapizaban por completo el jardín frontal de aquel mítico palacio al que habían llegado después de escuchar rumores de otros viajeros sobre un demonio que se aprovechaba del sufrimiento ajeno para alimentarse y así incrementar sus poderes.
Camelias de un color muy similar a la sangre le cubrían los pies hasta los tobillos mientras algunos pétalos revoloteaban por todo el lugar como si fuesen funestas mariposas que llevaban entre sus alas el más desagradable de los mensajes.
InuYasha frunció el ceño tratando de no marearse de aquel empalagoso perfume, reforzó con ambas manos la empuñadura que mantenía en su fiel espada, Tessaiga, la cual le ayudaba a proteger a sus amigos que permanecían detrás de él resguardados bajo una pequeña barrera espiritual que el monje Miroku levantó con las fuerzas que le restaban después de intentar purificar a Kao, el demonio que había conjurado aquellas detestables flores.
Tensó la mandíbula cuando escuchó la fanfarrona risa del demonio frente a ellos, su aspecto era parecido al de un noble feudal, con facciones aristocráticas y ropaje fino. Sin embargo, InuYasha pocas veces había visto a un demonio tan más rastrero y miserable.
Su crueldad era apenas comparable con la del mismo Naraku.
Mira que alimentarse del dolor de los demás...
Echó un vistazo hacia atrás, pudo ver a Kagome sentada en el suelo mientras abrazaba el cuerpo inconsciente de su querida amiga Sango cuyas mejillas aún lucían con restos de las lágrimas de sangre que Kao le había causado al indagar en sus sentimientos y encontrar la angustia latente por la desgracia que acabó con su familia y la mantenía apartada de su hermano menor, el hanyo dirigió su mirada hasta los pies de la exterminadora de demonios donde unas gruesas raíces marrones se le enredaban hasta los tobillos.
—Bastardo —le recriminó cuando regresó su mirada hacia enfrente—. ¡Vas a pagar por lo que le has hecho a Sango!
El blandir su espada sobre el aire fue suficiente para cortarlo con poderosas heridas de luz color amarillo que se dirigieron con furia a su enemigo. La habilidad liberada por su fiel espada se estrelló de lleno en una barrera de protección que el demonio de oscuro cabello había colocado frente a él.
—Lo único que he hecho es liberarla de su sufrimiento —Kao se defendió con fingida misericordia, tanto cinismo dejaba a InuYasha con una sensación de asco. Sensación que no tuvo mucho tiempo de asimilar cuando sintió sus tobillos violentamente aprisionados. Bajó su mirada con alerta y vio las mismas raíces que habían atrapado a Sango ahora pretendiendo hacer lo mismo con él—. Quizá tú también necesitas ser libre, híbrido…
La manera tan desdeñosa con la que Kao se refirió a InuYasha despertó todas las alarmas en la cabeza de Kagome quien, sin detenerse a reparar en la voz de su amigo Miroku o la del pequeño Shippo gritándole que por favor no saliera de su campo de protección, dejó a Sango con cuidado en el suelo, se alejó de sus amigos, tensó firmemente su arco y disparó una flecha que a medio camino se transformó en un hilo de luz violeta que atinó a uno de los costados de Kao ignorando completamente su propia barrera de energía demoníaca.
Los ojos de InuYasha se abrieron de par en par cuando vio la flecha de Kagome atravesar a su enemigo. Kao gritó de dolor al notar su cuerpo comenzar a desintegrarse en la energía purificadora de Kagome.
—Esa mujer… —murmuró Kao dirigiendo su vista lleno de rencor hacia Kagome, sangre negra brotó de sus labios escurriendo hasta su barbilla y manchando su ropa—, ¡maldita sea esa mujer!
—¡Kagome, regresa a la barrera de Miroku!, ¡ahora! —rugió InuYasha al darse cuenta que Kao pretendía algo en contra de la chica. Su pecho quedó sin aliento cuando vio las mismas raíces que lo mantenían prisionero ahora también se enredaban en los pies de Kagome y un par más alzándose hasta sus brazos obligándola a soltar su arco.
—Si he de morir arrastraré a esa mujer conmigo al infierno —la voz de Kao fue casi un susurro. InuYasha pudo ver como una quinta raíz se levantaba del suelo y apuntaba directo hacia el cuerpo de Kagome..
Malditos fueran todos los dioses.
—¡Kagome! —gritó InuYasha una vez más tratando de liberarse de su propia trampa, giró su mirada suplicante hacia Miroku quién sabía que si bajaba la barrera que protegía a la inconsciente Sango serían presa fácil para Kao. El medio demonio regresó su mirada hacia la chica del futuro quien trataba inútilmente de liberarse de las gruesas raíces que la inmovilizaban.
El demonio de piel pálida sonrió con malicia al mismo tiempo que relamió sus labios. Había descubierto la debilidad de su nueva presa.
—Soy un ser que vive del dolor, conozco tu dolor. Amor no correspondido —Kagome dejó de luchar, quedando petrificada ante las palabras envenenadas de Kao, aún en su aturdimiento le pareció escuchar que InuYasha la nombraba una vez más al mismo tiempo que cortaba con sus filosas garras sus grilletes para poder llegar hasta ella. Kao continuó con su maldición—: Haré eterno tu dolor, haré que las flores te sepulten. Haré que las flores sean tu cementerio.
Su cuerpo entero se estremeció cuando vio la punta de aquella nueva rama que Kao había conjurado salió disparada hacia ella con una velocidad que apenas una flecha bien lanzada podría igualar.
Cerró con fuerza los ojos, esperando el inminente momento en que aquella raíz le atravesara el cuerpo.
Pudo escuchar claramente el sonido del filo cortando la carne así como el violento brotar de un líquido que de inmediato reconoció como sangre manchando su ropa pero no pudo sentir ningún dolor.
—¡InuYasha! —gritó apenas abrió los ojos y se dio cuenta que frente a ella estaba el medio demonio recibiendo por ella el impacto que le atravesó por la espalda saliendo por el lado derecho de su pecho. InuYasha tensó la quijada en una expresión de dolor y un hilo de sangre rodó de sus labios.
Maldita sea, pensó InuYasha con frustración. La herida le escocía como si el interior de su pecho estuviera expuesto a las llamas del fuego vivo, el sabor a metal le llenaba la boca y el rostro aterrado de Kagome era lo único que su vista conseguía enfocar.
La vio bajar la mirada hasta su herida y luego volver a levantarla para fijarse directamente en sus ojos, se preguntó qué aspecto tan aterrador tenía aquel lugar empapado con su sangre para que el cuerpo entero de la chica frente a él temblara a través de sus ataduras.
Ella parecía...a punto de llorar.
—¡Haré de las flores tu cementerio! —sentenció Kao con furia, InuYasha giró su mirada para verlo soltar una espeluznante carcajada antes que su cabeza fuera atravesada por una certera flecha sagrada que le desintegró de inmediato en medio de un grito de confusión por parte de aquel cruel demonio.
Regresó su mirada hacia enfrente, el disparo había sido lanzado a las espaldas de Kagome, quién se veía tan confundida como él mismo.
Su característico aroma a lavandas mezclado con tierra de cementerio la delató ante él mucho antes de enfocar su vista.
Estaba de pie en la entrada del palacio, portando etéreamente sus ropajes de sacerdotisa y con el arco aún en alto después de haber disparado la flecha que mandó a Kao al otro mundo.
La gran sacerdotisa Kikyo.
N.A: Una de las principales razones para catalogar esta historia como canon-divergente fue precisamente por que el demonio Kao hace su aparición mucho antes de lo que vimos en el manga y con un propósito completamente diferente (Y completamente a mi conveniencia, me declaro culpable).
Espero poder actualizar pronto, no quiero darles una fecha exacta pero por favor manténganse pendientes.
Mi bandeja está abierta para todos sus comentarios, besos.
-Kao
