Capítulo 12: Tres deseos.

Tres años antes.

Mi primer año en la universidad no era lo que yo esperaba. Si bien podía desenvolverme socialmente sin problemas, el hecho de estudiar algo que no me gustaba estaba acabándome. Poco a poco, como un veneno mortal. ¿Motivo? Meses antes mi padre, literalmente, me obligó a estudiar Ingeniería en Negocios Internacionales al igual que lo había hecho mi hermana mayor. Mei y yo, éramos las legítimas herederas del imperio Higurashi, el cual tenía un gran campo en los negocios de exportación frutícola. Masayoshi, rechazaba tajantemente que otro sujeto, por decirlo sutilmente, se hiciera cargo de ello. Por más que me rehusé, no tuve escapatoria. Académicamente no tenía mayores dificultades. El rendimiento era el adecuado para seguir avanzando, más lo mío no era el mundo de los negocios, los números y todo lo que conlleva. La música y el arte eran mi fuerte. Sin embargo, algo dentro de mí me decía que podía haber algo más. Tal vez aún no descubría mi verdadera vocación. Algo no lo detonaba o simplemente yo no lo estaba buscando eficientemente.

Para colmo de males, los pasados meses había tenido que lidiar con un doloroso hecho que me causó más de un dolor de cabeza. A la mañana siguiente de mi fiesta de graduación, desperté mareada y confundida en un cuarto de motel, y sin tener idea de lo que había pasado. Un golpe de realidad llegó cuando vi el cuerpo desnudo de mi acompañante y el mío tan solo cubiertos por una delgada y blanca sábana. Imágenes dispersas comenzaron a aparecer en mi mente y supe que no había sido solo un sueño. Intentando ser sigilosa, salí de aquella cama y recogí mis pertenencias tiradas sobre el piso alfombrado de la habitación y no dudé en encerrarme en el cuarto de baño. Con las manos sudorosas, al sacar mi teléfono celular del bolso de mano, pude percatarme que este estaba en modo silencio y que tenía un montón de llamadas perdidas. Más de veinte por parte de Kagome, un poco menos de Mei, tres de mi madre y una de mi padre y un número desconocido. Al ver la llamada de Masayoshi, supe que estaba metida en un gran lío. Él nunca me prestaba atención a menos que se tratase de discutir con alguien, pero jamás me permitió pasar una noche fuera de casa, a menos que estuviese en la casa de Kagome con sus padres. Mucho menos a Mei, quien se sabía de antemano que era la hija favorita del matrimonio Higurashi.

Al llamar a casa, respondió la anciana Kaede, quien al reconocer mi voz, no dudó en preguntarme cómo y dónde estaba. Le comuniqué que ni yo lo tenía claro. De un momento a otro alguien le arrebató el teléfono y me increpó sin dudar:

-¿Dónde mierda te encuentras, Rin?

La voz correspondía a Mei. Ya podía ver su rostro enfadado al otro lado de la línea, apenas conteniendo toda la ira que sentía. Conocía bastante a mi hermana para dar por hecho que si estuviese frente a ella, nadie me libraría de un buen golpe en la cara.

-¡Responde, maldita sea!

-No tengo idea. –Hablar me era dificultoso, como si estuviese en un estado de embriaguez-

-Activa el GPS. –Ordenó sin variar su duro tono de voz- Mándame tu ubicación por la aplicación de mensajería.

-Bueno.

-Papá está realmente molesto. –Informó- Acata las consecuencias de tus actos irresponsables.

Apenas conteniendo mis lágrimas, hice lo que me pidió al escuchar el pitido del fin de la llamada. Mei había colgado y de seguro estaba encendiendo el vehículo para venir por mi. Cuando la aplicación de ubicación satelital me encontró, quedé perpleja al ver el lugar donde nos encontrábamos. Era el sector llamado El Remanso Rojo, la calle donde las mujeres venden sus cuerpos por un poco de dinero. Pude sentir como mi estómago se revolvía bruscamente y me hacía devolver en el lavabo lo que sea que haya consumido la noche anterior. Había caído bajo. Con bastante trabajo, me coloqué la ropa interior y el vestido, aunque no pude cerrarlo completamente. Mis manos estaban más torpes de lo normal.

En menos de veinte minutos, pude escuchar con alguien abría la puerta principal y unas voces inundaban en el interior. No podía moverme aunque quisiera, pues estaba sentada al costado de la puerta de aquel cuarto de baño, el cual me parecía menos indigno que yo misma en ese momento. Al vomitar, mis fuerzas me habían abandonado. Con dificultad escuchaba los golpes sobre la madera que insistían en que abriese, pero no podía hacerlo. Segundos después, la puerta se abrió de golpe y pude ver un par de zapatos negros, impecablemente lustrados frente a mi. Luego unas manos me hicieron levantar la cabeza y me encontré con dos luces amarillas, que al paso de los segundos pude distinguir que eran los ojos de alguien muy familiar para mi.

-Profesor. –Tome su mano derecha y la acaricié con mis dedos un breve instante, solo para asegurarme que no era una ilusión visual producto de mi imaginación-

No es un espejismo como anoche.

-Rin, mírame. –Su voz varonil y llena de dictamen me parecían tan lejanas, como si ambos estuviésemos a cada extremo de un largo y oscuro túnel- No rehúyas y mírame directo a los ojos.

Lo haría hasta el último suspiro de mi vida, profesor.

Me perdería en usted sin dudarlo.

-¿Qué demonios has hecho, mocosa irresponsable? –Recriminó mi hermana una vez que entró al cuarto de baño.- Mira nada más cómo te encuentras. Menos mal que no vinieron nuestros padres. ¡Qué vergüenza!

Como si a ellos les importase realmente.

-Silencio, Mei. –Cortó Sesshomaru mientras colocaba su chaqueta sobre mis hombros para brindarme calor- Ella no está bien. Hay que llevarla a un hospital junto con el mocoso que está inconsciente en la cama.

-De eso se encargan sus padres, yo solo me encargo de esta tonta que quién sabe qué y cuánto bebió anoche. –Contestó iracunda mi hermana- Ahora ellos lo están vistiendo y se ocuparán de él.

-Creo que es más serio de lo que salta a primera vista. –Espetó el hombre ceñudo que estaba frente a mí, examinándome como un especialista de la salud- Ven, Rin. Cruza los brazos sobre mi cuello.

Era la segunda vez que él me tomaba entre sus fuertes brazos. Recordaba perfectamente la primera vez que lo hizo, cuando me salvó de las garras de Dai y sus secuaces, y ahora lo hacía aquella mañana nuevamente. Tal vez, Sesshomaru era mi ángel protector que siempre aparecía en el momento oportuno para salvarme. Cerré los ojos dejándome embriagar por su perfume, y disimuladamente acomodé mi cabeza sobre su hombro izquierdo, el cual dejaba su cuello a mi merced. No tenía idea de qué tipo de jabón usaba, pero se convirtió en mi favorito. Él en todo momento fue cuidadoso, de principio a fin. Cuando me dejó sobre el asiento trasero del vehículo de Mei, sentí como el calor de mi cuerpo descendía significativamente. Me faltaba su cercanía.

Al llegar al hospital, las preguntas no se hicieron esperar apenas me comenzaron a examinar. Al principio muchas cosas estaban confusas, pero con el correr de los minutos comenzaban a estar más claras. Sabía perfectamente que no había sido violada por Takeshi, y eso lo corroboraron a través de un examen físico. Lo que no tenía claro era qué había provocado que yo terminara encamada con mi compañero de clase. Era guapo, no había que negarlo, pero no sentía nada por él como para atreverme a llegar tan lejos. No soy una cualquiera como pensó Mei. El examen toxicológico registró una sustancia en mi cuerpo, y ese era el motivo por el cual todo ese embrollo se dio.

-Señorita Higurashi. –Comenzó a hablar el médico a cargo de mi caso, quien me observaba desde los pies de la cama donde me mantenían recostada y conectada a un suero líquido. Era bastante joven, solo que le jugaba en contra aquella barba algo crecida y las gafas con marco ancho- Usted es mayor de edad y mi deber es comunicarle la información que hemos recabado sin necesidad de informarle a sus padres, a menos que decida autorizarme.

-Quiero ser la primera en escuchar lo que pasó.

-Según los exámenes que le hemos realizado, el nivel de alcohol en la sangre no fue el suficiente como para perder la conciencia de sus actos y causarle ciertos vacíos mentales que ha experimentado en las pasadas horas. –Leyó el informe mientras avanzaba hacia mi y se posicionó de pie a mi lado- También descartamos agresión sexual.

-Eso ya lo sé. –Mis mejillas estaban ardiendo. No podía verme, pero sabía que lo estaban, pues sentía mi cara arder tras sus últimas palabras- Es solo que no me explico qué sucedió.

-El estudio toxicológico, salió positivo. –Informó con semblante serio- Hubo ingesta de un estupefaciente.

-¡Yo no consumo drogas! –Aclaré-

-Esta no es una droga común, señorita. No es marihuana, ni cocaína u otra sustancia que suele consumir la juventud de hoy en día. –Acomodó sus gafas y luego tomó asiento en la silla que estaba a un costado de la cama- Esta es una droga de violación. Hace que tu cuerpo se sienta algo adormecido, pero la lividez aumenta de manera significativa. La victima pierde la noción del tiempo y el espacio, además, cede a cualquier voluntad.

-No es posible. –No lo podía creer. Takeshi no haría algo así- ¿Cómo pudo pasar esto?

-Tal vez alguien le haya puesto algo en su bebida en un momento de distracción.

-En ningún momento me descuidé. –Informé masajeando la sien, pues de pronto el dolor de cabeza comenzaba a aparecer- Además, una pastilla es fácil de ver.

-Esta droga no es como las normales que pueden venir en pastillas. Del mismo modo, puede presentarse en forma líquida o en polvo. Además no deja sabor ni olor.

El doctor descartaba a Takeshi como el responsable, pues minutos después de que yo ingresara a urgencias, él también lo hizo y fue sometido a los mismos tediosos exámenes. Al igual que mí, él también tenía esa sustancia en su sistema. O sea, ¿para qué iba a consumir la misma sustancia que yo si pensaba aprovecharse de la situación? No tenía lógica. El joven médico me siguió describiendo variados síntomas que esa droga podía desatar dependiendo la dosis consumida.

-¿Podrías describir cuáles experimentaste?

-Al principio me sentía normal, pero luego comencé a sentir mucho calor y un creciente ánimo. –Comencé a relatar bastante apenada por la situación- Luego mi cuerpo parecía tener voluntad propia. Mi equilibrio comenzó a fallar, pero lo asocié a la bebida y al uso de tacones. Mis movimientos eran torpes, y sí, me sentía mareada al llegar al motel. Luego, tuve una alucinación. –El rostro de Sesshomaru en pleno acto sexual, pero jamás lo diría. Las paredes no eran lo suficientemente gruesas como para evitar que alguno de mis familiares lo escuchara al otro lado del pasillo- Y cuando todo acabó sentí mucho sueño. Ni siquiera sé cuándo perdí el sentido y caí dormida.

-Prosiga, por favor. –Hizo un movimiento con su mano izquierda para que siguiera hablando, pues él tomaba nota de cada cosa que decía-

-Esta mañana no sabía qué había ocurrido, ni siquiera dónde estaba. Pude deducirlo debido a que con Takeshi estábamos desnudos. –Sin poder soportarlo, bajé la mirada. De pronto mis manos eran más interesantes que observar al analítico hombre que estaba a mi lado- Mi cuerpo estaba débil y una vez en el baño pude vomitar después de sufrir unas crecientes náuseas.

-Has cumplido con muchos de los síntomas. –Dejó el lápiz de lado y luego añadió- No quiero restar importancia a lo que le ha ocurrido, señorita Higurashi. Sin embargo, un poco más de esa droga en su sistema y pudo ocasionar alguna consecuencia mayor. Desde simples convulsiones, hasta incluso la muerte. Ahora, le pido intente recordar algo que nos sea de utilidad. La policía local está al tanto de la situación, y he preferido hablar yo con usted, a que un oficial lo haga. –Se dirigió a la puerta de color gris y antes de abrirla, agregó- Mientras, comunicaré a sus familiares lo ocurrido.

Sin más, el joven con la bata más larga que he visto en mi vida, salió de la habitación. Nuevamente me sentía sola en medio de cuatro frías paredes. Si bien, podía descansar para reponerme después de esa traumática situación, intenté recabar en mi baúl de recuerdos mentales si había algo que pudiese iluminarme.

"¡Hey, ustedes dos! ¡Dai Yamaguchi ha pagado una ronda gratis a todos los del curso! ¡Así que vamos a beber gratis!"

La voz de Akane resonó con fuerza en mi cabeza. Dai regalaba tragos celebrando nuestra graduación. Ella le pasó un vaso a Takeshi cuando llegamos a la barra, y él me lo extendió a mí. La tradición del baile es beber la mitad de tu vaso, y que luego tu pareja termine el resto. ¡Era por eso que ambos estábamos drogados!

¡Dai, hija de perra!

Eso fue lo primero que cruzo en mi mente, lo cual externalicé sin ser consiente en un grito que alertó a las personas que estaban en el exterior. Cuando ellos ingresaron en la habitación, yo intentaba ponerme de pie y sacarme la aguja que tenía en mi brazo derecho. Me importaba un bledo que me tratasen de impulsiva, nadie le quitaría la paliza que pensaba darle a esa maldita arpía.

Una vez que lograron calmarme, pude decirle a la policía lo que había recordado y no dudaron en seguir la pista otorgada. Esa misma noche, fueron al domicilio de Yamagushi y pudieron encontrar un frasco vacío en su bolso. Hasta para eso era una tarada. Guardó la evidencia de su mal actuar sin saber que eso le traería consecuencias legales. La razón de su actuar, era realmente someter a través de esta droga a Takeshi, pero con lo que no contaba era que yo bebiera de esa copa antes del brindis tradicional. Eso si fue bajo. Realmente tocó fondo por querer tener a un hombre que no le quería y casi fue condenada a quinientos días de presidio.

A pesar del odio que le tenía, no deseaba verla en una cárcel. Si hubiese sido Mei, habría hecho que comiera paladas de estiércol en modo de venganza, pero no soy como ella. Me conformaría con darle una buena lección, de que los malos actos tienen una consecuencia a corto o largo plazo. A cambio, su familia tuvo que pagar una compensación económica por los daños causados, además, la orden de alejamiento hacia Yamagushi, era todo un hecho. Esperaba no verle la cara en lo que me restaba de vida. Obviamente, Takeshi también recibió su compensación monetaria, pero decidió donarla a un hogar de menores de bajos ingresos. No deseaba saber nada, ni obtener algo de Dai Yamagushi. Por mi parte, guardé el dinero, pues en el futuro alquilaría o compraría mi propio departamento. La relación con mis padres no mejoraría en un futuro, y era mejor salir de ese infierno lo más pronto posible.

Ese sería el primer paso hacia mi vida llena de libertad.

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Martes 13 de febrero del 2018.

Podría acostumbrarme a esto. El sentir el calor de un cuerpo humano contra mi espalda; el choque de su respiración pacífica contra la curva de mi cuello descubierto; el tener su mano sobre mi cintura, la cual me mantiene posesivamente a su lado. Aunque nunca me he resistido a su cercanía ni huiría de ella. Me siento tan plena, como si todos los astros del universo que conocemos se hubiesen alineado a mi favor, y hoy puedo compartir un tiempo con mi amado, el cual ha caído en los brazos de Morfeo hace poco más de una hora. Me niego a abrir los ojos, pues pienso que este mágico momento se perderá. Soy consciente que dentro de poco él deberá marcharse e ir al lado de Mei, y que tendré que esperar otra oportunidad para verle nuevamente de una forma clandestina.

Sesshomaru se remueve levemente sobre el sofá que compartimos, y puedo adivinar que ya está despertando de su breve sueño. Algo que he notado en estas semanas, es lo poco que duerme y de lo agitado que despierta en ciertas ocasiones. Es como si se sintiese en peligro constante. ¿Siempre será igual o solamente cuando estamos juntos? Dejando mis inquietudes de lado, me giro con delicadeza hacia él y puedo encontrarme con dos orbes ámbares que me observan atentos. Amo su rostro al despertar, se ve tan relajado y bello. Su ceño fruncido es nulo y una mueca muy parecida a una sonrisa se deja entrever en sus facciones varoniles. Un espectáculo pocas veces apreciado por la humanidad.

-¿Qué te pareció la película? –Pregunto algo divertida, oyendo la música de fondo que anuncia los créditos-

-Interesante.

-No me digas. –Añado con un sarcasmo más que evidente ante su respuesta- Pues, creo que tus ronquidos fueron lo más interesante de todo. Era un efecto especial al momento en que detonaban las bombas.

Su cara es un poema y un ceño fruncido salvaje aparece.

-No ronco. –Contradice apegándome aún más contra su pecho y temo arrugarle la ropa que trae puesta-

-¡Oh, claro que lo haces!

Río sin poderlo evitar y sé que eso lo mosqueará al cabo de un rato. Rozar su ego es peligroso pero a la vez interesante. Además, el sentirlo tan cerca hace que crezca la tentación latente de besarlo una vez más. Hasta molesto puede verse encantador.

Sin esperarlo, toma la posición dominante sobre mi en menos de dos segundos, colocando mis manos arriba de la cabeza sin mayor esfuerzo con solo una de las suyas. Es un jodido ninja si se lo propone. ¿Cómo puede existir un ser humano tan veloz? Ni siquiera he podido hacer algo para evitarlo, y solo pude soltar un leve quejido, pero sólo cuando ya ha sido demasiado tarde.

-Pues, si yo ronco, tú babeas. –Dice muy cerca de mis labios, aumentando la tensión sexual entre ambos con tan poco. De pronto la sala es más calurosa de lo que lo percibía minutos antes y nuestra cercanía parece querer desatar una tormenta eléctrica en este sitio- Admítelo.

-¡No te daré en el gusto!. –Intento zafarme de su agarre, más el hacerlo tiene el efecto contrario, pues aplica un ligero aumento en la fuerza y se cuela entre mis piernas para mantenerme quieta al levantar una de ellas y posicionarla tras su espalda- ¡Suéltame, Sesshomaru! –Ordeno ya bastante agitada por la situación-

-Admítelo. –Ordena nuevamente- Así esta tortura acabará.

Así como tortura no lo llamaría, pero… ¡No pienso darle en el gusto!

-¡Que no lo haré!

Él sin esperar rompe la distancia entre ambos y me besa con ímpetu, casi cayendo en la desesperación. Adoro su intensidad, aquella que elimina cualquier estímulo que nos rodea. Succiona y muerde mi labio como si fuese su hábito favorito. Si es su manera de aplacarme, puede que lo logre. Me arranca suspiros que se disfrazan con su nombre. Deseo tocarlo, acariciarlo, más no lo permite. Él tiene el control, soy arcilla entre sus manos una vez más y me moldea como un sabio artista.

-Amo y odio tus desafíos. –Confiesa con voz enriquecida sin detener su recorrido por la tela del pantalón marrón que traigo puesto. Agradezco no llevar un vestido o sería víctima de sus toques sin poder detenerle a tiempo-

-Yo amo todo de ti. –Digo en voz baja, más de lo que quisiera en realidad. Su mano ocupada libera las mías y la posiciona sobre una de mis mejillas, la cual resta decir lo sonrojada que está- Incluso tus secretos.

- ¿Secretos? –Su voz enronquecida por la excitación es reemplazada por una de alerta- ¿De qué secretos hablas, Rin?

-Los que sólo tú sabes y llevas contigo. –Contesto sin desviar mis ojos marrones de los suyos, los cuales me examinan minuciosamente. Está analizando cada palabra que digo y eso me pone nerviosa. Reuniendo valor, prosigo- Siempre has sido un hombre misterioso, y no sé por qué el destino te puso en mi camino, pero te amo de todas formas. No importa lo que ocultes.

-No sabes de lo que hablas. –Sesshomaru se aparta y se sienta al otro lado del sofá.-

¿Ahora qué le pasa?

-Solo intento decir que no tengo necesidad de conocerlos para saber que te quiero. –Trato de explicar, sin embargo ya parece no querer escucharme-

Un muro de hielo se interpone entre nosotros y esta vez es mi culpa. No debí decir eso, aunque no era mi intención que reaccionase de esa forma. Me siento de manera normal en el sofá y de pronto mis pies se vuelven realmente interesantes. Si esto no cambia, creo que podría tener una conversación mental con mis extremidades inferiores para no aburrirme en la espera de alguna señal.

Un ambiente de tensión nos rodea, y esta vez no es a favor. Lo observo de reojo y aún está sumergido en sus pensamientos. Por un breve instante, la hipótesis de que recogerá sus pertenencias y se marchará me da temor cuando le veo ponerse de pie. Inclino la cabeza, intentando no demostrar la creciente tristeza que se acumula y crea un nudo en mi garganta. No flaquees, Rin. Solo deseaba tener una agradable noche con él, debido a que mañana es mi cumpleaños y no podré compartir un momento a su lado como deseo. No obstante, tenía que arruinarlo.

Bien, Rin. Lo has hecho estupendo.

El reloj de la sala indica la media noche y todo cambia drásticamente. Sesshomaru se dirige hacia mi. Puedo ver sus pies frente a mi. Se arrodilla, más no soy capaz de mirarle. Mis ojos le rehúyen. Su mano derecha levanta con delicadeza mi barbilla y nuestras miradas se encuentran nuevamente.

-Lo lamento. –Murmuro con voz débil y quebrada-

-No te disculpes. –Besa mi frente y quita con dedicación las lagrimillas traicioneras que se escapan sin poderlo evitar- Nadie merece llorar el día de su cumpleaños y menos por mi culpa.

Antes que pueda decir una palabra, Sesshomaru la silencia colocando su dedo índice sobre mis labios, los cuales están algo hinchados por su jugarreta hace unos lejanos minutos a mi parecer. Maldita montaña rusa de sucesos. Todo cambia de manera tan drástica que ya no sé qué diantres pensar. Al inicio todo es ternura, luego es pasión, después conflicto y todo concluye con palabras de consuelo. El misterio de no saber qué ocurrirá después me inquieta. Me hace una seña de que espere un momento y se dirige al perchero, donde está colgada su chaqueta de cuero.

-Cierra los ojos. –Demanda con suavidad- Si noto que haces trampa, te haré pagar por ello.

No suena tan mal si lo dice con esa entonación.

-No hay necesidad de amenazar. –Digo a la vez que acato su orden- No pensaba espiar de todos modos.

Puedo escuchar como el cierre del bolsillo de su chaqueta se abre. La curiosidad aparece, más puedo controlarla el tiempo suficiente. Contrólate, Rin. No quiero molestarle nuevamente. No deseo discutir con él. La curiosidad mató al gato… pero murió sabiendo. También percibo sus pasos viniendo hacia mi y su perfume inundando mis fosas nasales.

-Ábrelos.

No necesito que me repita dos veces la indicación y quedo maravillada con lo que veo. Sesshomaru sostiene una cajita de terciopelo azul, la cual tiene en su interior tres objetos de plata: una fina pulsera con dijes en forma de libélulas, aretes circulares y una cadena con un extraño símbolo colgando de este.

Tengo la leve impresión de haberlo visto antes, pero no recuerdo en dónde.

-No debiste… es decir… es…

Increíble e irónico. En un segundo mi vocabulario se anula y no logro describir lo agradecida que estoy por su gesto. Al parecer mi cerebro está en un estado de descanso o en mantenimiento.

-Solo recíbelo y ya.

-¿Qué es y qué significa esto? –Apunto el símbolo que es sujetado por la cadena que Sesshomaru saca con cuidado del estuche. Él se posiciona casi en cámara lenta detrás de mi sin pronunciar palabra. Se da el tiempo necesario para apartar mi cabello y seguir en su tarea- Venga, ya dime de una vez. –Insisto bastante intrigada-

-Es un nudo celta. –Responde abrochando la cadena detrás de mi cuello- Simboliza el amor eterno y como puedes ver está formado por dos trisqueles. –Acomoda mis cabellos sueltos y se dedica a acariciar mi brazo izquierdo con los delgados y largos dedos de su mano- Cada uno de ellos tiene tres nudos, que denotan tres aspectos de una persona. ¿Una idea de cuáles son? –un movimiento negativo de cabeza le hace saber mi ignorancia sobre el tema- Cuerpo, mente y alma. –Mi asombro no se deja esperar y puedo imaginar su expresión de satisfacción por tener mi total atención- Los dos trisqueles, unidos juntos, demuestran un círculo y este representa el amor eterno, la vida o la eternidad. Así la figura representa a dos personas. Unidas en cuerpo, mente…

-Y alma. –Completo, girándome para encontrarlo nuevamente y me siento profundamente conmovida con sus palabras-

Jamás esperé esto de ti.

Nunca imaginé que podía ser tan romántico. Su manera de ser, su personalidad tan "única" de ningún modo lo dejaría ver. No es de las personas que suelen tener un detalle contigo por el simple hecho de ser una fecha en especial. Es un tesoro que tengo la dicha de disfrutar. No importa si es en la clandestinidad. Uno mis labios con los suyos, de forma suave y breve, pues su teléfono comienza a sonar con insistencia. Sin necesidad de ver la pantalla del móvil, sé que se trata de Mei y que ha llegado la hora de marcharse.

Sesshomaru, con la cara de pocos amigos que le caracteriza, recoge sus cosas y se encamina a la puerta notoriamente molesto por la interrupción. Por mi parte, solo sigo sus pasos y pienso que hubiera sido maravilloso pasar la noche nuevamente con él. Aquella agitada mañana aparece en mi mente como una película a todo color, el mismo que comienza a teñir mis mejillas. Fue tan mágico. El primer día de muchos a su lado.

-Rin. –Se detiene de golpe, haciendo que chocase contra su dura espalda por ir distraída- ¿Recordarás el significado de este obsequio?

No se gira.

Ni siquiera me observa.

¿Qué sucede ahora?

-Por supuesto que si. –Respondo sin dudarlo un solo instante- ¿Por qué lo preguntas?

-Ya entenderás a su tiempo. –Menciona con cautela, como si quisiera decirme algo que le es imposible hacerlo.- Sólo recuérdalo cuando sea necesario.

Sesshomaru se voltea, y sin esperarlo, me envuelve en un abrazo. Uno muy apretado. Siento como el aire de mis pulmones se escapa y me impide inhalar más. Se inclina un poco más y me besa en la frente, casi con devoción. Gradualmente, la intensidad del abrazo baja y por fin puedo respirar nuevamente. El roba alientos, cruza el umbral de la puerta y desaparece de mi vista en cosa de segundos, cuando va descendiendo por la escalera de emergencias para no levantar sospechas en los vecinos y sé que buscará la manera de despistar al tipo que cuida mis pasos y que suele estar estacionado a las afuera del complejo de departamentos.

La soledad regresa como una fiel amiga y sin evitarlo, la recibo con los brazos abiertos. Un mar de dudas me inunda y no tengo cómo encontrarle lógica a sus últimas palabras.

¿Intentaba advertir algo?

¿Por qué me da la amarga impresión de que esto ha sido una despedida?

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Miércoles 14 de febrero del 2018.

Una melodía no muy afinada llega a mis oídos. Ese ruido interrumpe mi sueño, uno muy grato y que parecía tan real. Comienzo a identificar de qué se trata la canción y no puedo evitar dibujar una sonrisa en mi adormilado rostro. ¿Qué hora es? ¿Las siete de la mañana? En realidad no importa, lo que valoro es la intención de dos voces que intentan finalizar su tarea de la forma más armoniosa posible. Aunque una riña de gatos callejeros sonaría mejor que ellas. Dejando la pereza a un lado, me animo a sentarme sobre la cama y de paso acomodar el cobertor lila de esta.

-Feliz cumpleaños, querida Rin. –Kagome sostiene un pastel en sus manos, el cual tiene un montón de velas encendidas, mientras que Mei sostiene una corneta de cartón en su boca, haciéndolo sonar de vez en cuando- Feliz cumpleaños a ti.

Esta sorpresa no me la imaginaba. Mucho menos ver al dueño de mis sueños, de pie bajo el umbral de la puerta de la recámara, intentando mantenerse al margen de aquellas mujeres que no han tomado un curso de canto en toda su vida. En completo mutismo, me da una mirada cómplice y solo puedo sonreír con más entusiasmo que antes. Cómo deseo lanzarme a sus brazos y darle un beso de buenos días. Me recuerdo a mi misma que no debo hacerlo y que debo comportarme.

-Ahora, pide tres deseos y sopla la vela. –Dice Kagome notoriamente emocionada- Date prisa o el pastel se arruinará

-De acuerdo. –Afirmo y junto mis manos a la altura del pecho. Cierro los ojos y ya tengo más que claro lo que deseo- Será lo mismo de todos los años.

1. Buena salud.

2. Prosperidad para mí y la gente que estimo.

3. Poder algún día vivir libremente mi amor.

Apago la vela y los aplausos no se dejan esperar dentro de la habitación. Mei se acerca para abrazarme momentáneamente y me entrega un obsequio envuelto en papel platinado:

-Hermana, ¡muchas felicidades! Espero te guste. –Sonríe mientras se dirige al lado de su esposo y le abraza de medio lado- Es de parte de los dos.

No le creo mucho que digamos.

-Muchas gracias a ambos, chicos. –Le respondo agradecida de todos modos-

-Sé que le gustará más el mio. –Interrumpe Kagome de forma infantil, sacando la lengua en su dirección- Pero, luego te lo entrego. –Guiña el ojo de manera cómplice y sé que lo mejor es no abrirlo en frente de todos- Lo mejor será que te des un baño. –Sugiere- Mientras, nosotros prepararemos el desayuno. Bien, muchachos, muevan el trasero y dejemos a la cumpleañera hacer lo suyo. Hoy debe relucir.

Era una buena idea después de todo. Ellos no demoran en salir de la habitación y rápidamente cojo una toalla y la ropa que he de usar este día. La ducha es breve, pero logra despejar todo rastro de sueño en mi sistema. Me emociona saber que pasaré un par de minutos con Sesshomaru nuevamente, aunque no le pueda hablar ni tener la cercanía que yo deseo. Pero, peor es no poder compartir con él.

Antes de salir a la sala, reviso mi teléfono celular y veo los mensajes de varias amistades que han recordado mi cumpleaños. Entre ellos, están Akane y Daisuke, quienes vendrán el próximo mes con su hijo recién nacido para que pueda conocerle. Su vida en Tokio se ha vuelto una locura al parecer. Más me alegro por ellos que a pesar de varios años, siguen juntos y han formado una linda familia.

Nuevamente me dejo el cabello suelto. Ya me he acostumbrado llevarlo en este estilo, aunque ya está tan largo que he pensado en córtalo. Sin embargo, pronto tacho la idea. Desde pequeña que no lo llevo de ese modo y no quiero retroceder indirectamente a esa época llena de dolor.

El desayuno que compartimos es ameno. Las peleas infantiles y sarcásticas entre mi hermana y Kagome siempre me hacen reír. Son agua y aceite, al igual que Inuyasha y Sesshomaru. El pastel de selva negra está delicioso y cremoso. Sin darme cuenta ya llevo tres trozos servidos. Creo que puede ser ansiedad lo que hace que coma tanto últimamente. Mei no duda en hacerme burla con ello en cuanto tiene la oportunidad.

-Menos mal estabas a dieta, Rin. –Ríe acabando su primer y único trozo de pastel-

-Déjala, envidiosa. –Responde Kagome antes que pueda defenderme por mi misma- No es su culpa que aunque comas solo lechugas no bajes ni un gramo.

-Para tu información, bajé dos kilos en un mes. –Informa Mei, con la cara roja de molestia y apuntándole groseramente con el tenedor-

-¡Pero de la emoción subiste cinco! –Estalla en risa mi prima sabiéndose ganadora de la batalla-

Unos golpes discretos en la puerta principal interrumpen el momento y la risa burlesca de Kagome. Intento ponerme de pie, más un leve mareo me hace mantenerme en mi lugar y finjo que la pierna se ha "dormido" por estar sentada sobre ella estando doblada debido a una mala costumbre mia. Sesshomaru se ofrece a atender y con aire elegante camina hacia la entrada.

-¡Feliz cump…! –Se escucha y puedo reconocer que es una voz masculina- Vaya, usted no es Rin.

-Que observador.

Ay, no. Esto no es bueno.

No es que su cuerpo le delate, pero el tono de voz de Sesshomaru deja bastante que desear. Es frío y cortante como un cuchillo de carnicero.

-¿Quién es, cariño? –Pregunta Mei desde su lugar. La muy entrometida no podía disimular su curiosidad-

El sujeto da un paso adelante, quedando muy cerca del cuerpo de Sesshomaru. Es Dimitri. Hace una pequeña reverencia y no duda en presentarse.

-Soy Dimitri Sokolov. –Menciona con galantería más que notable- Soy el director de la orquesta en la cual Rin participa hace unos cuantos meses.

-Encantada de conocerle, señor Sokolov. –Contesta mi hermana con falsa simpatía, que por supuesto Dimitri se traga-

-¿Y qué le trae por acá? –Kagome siempre va al grano del asunto- Por lo que sé hoy no tiene ensayo.

-¡Kagome, no seas grosera! –Murmuro entre dientes, ganándome por supuesto una extraña mirada por parte de mi peli plateado invitado, que no deja de analizar todo lo que está aconteciendo- ¿Ha ocurrido algo, Dimitri?

-No, solo paseaba por el lugar y decidí dejarte un obsequio por tu cumpleaños de parte de todos los muchachos de la orquesta. –Lo deja sobre la mesita de centro y puedo ver que aún sostiene entre sus manos una botella-

-¿Y el champagne también lo encontró por el lugar o siempre viaja con él?

Kagome, deja de lanzar dardos con veneno, por favor.

-Pensaba en celebrar. –Admite mi colega, sin dejar de mirar directamente a la pelinegra que no ha hecho más que demostrar el poco agrado que su presencia le provoca-

-Pues, es un poco temprano para beber. –Añade Sesshomaru con desagrado evidente-

-¿Dije que lo bebería con ella a estas horas?

-Pues, te lo agradezco pero estoy celebrando con ellos. –Indico con algo de incomodidad ya que la tensión entre tres de las personas presentes deja bastante que desear- Y más tarde tengo otros compromisos. Sin embargo, mañana estaré en el ensayo como lo habíamos planteado con los demás la semana pasada.

La expresión de Kagome y Sesshomaru grita silenciosamente: Ahora, lárgate. Al parecer esos dos, al fin están de acuerdo en algo.