Capítulo 13: Un plan desesperado.

Sin duda, este sería un largo y tedioso día para Masahiko Higurashi.

Para colmo de males, aun no era ni mediodía y un dolor punzante en la cabeza le machacaba con fuerza. A su parecer, tener el cráneo dentro de una trituradora se sentiría mejor. Su esposa, Naomi, como siempre tan dedicada y preocupada por el bienestar de su familia, a primera hora de la mañana le dio un calmante para aplacar su dolor. No obstante, no sirvió de nada a pesar de sus buenas intenciones. Tenía demasiadas cosas en su mente que de seguro bloqueó el efecto del medicamento. Por este motivo, Masahiko, imploraba fortaleza para resistir la molestia lo que restaba de día, para así poder cumplir con todos sus deberes pendientes.

Ser dueño de una "nueva empresa textil" no era juego de niños, y en los últimos meses su trabajo casi se había triplicado sin darse cuenta. Si bien en aspectos económicos era un indicador sumamente positivo, a nivel personal no lo estaba siendo. El nivel de estrés era constante y mucho peso recaía sobre sus hombros debido a que, como buen Higurashi, no confiaba del todo en las capacidades de los empleados.

Nadie conoce mi negocio como yo, Naomi. Esa frase la había repetido muchas veces; cuando llegaba tarde a cenar, cuando era hora de dormir y él seguía pegado al laptop hasta altas horas de la madrugada. ¿Cuántas veces había dicho eso? La cuenta ya la había perdido hace tiempo.

-Papá, necesitas un descanso. –La voz de su hija resonaba en sus recuerdos, mientras Masayoshi realizaba un inventario en la bodega. A tal extremo llegaba la inquietud de aquella pelinegra, que había decidido seguirle como su propia sombra mientras realizaba su tarea- Ya no estás en edad para este tipo de ritmo que llevas. Mamá y yo estamos preocupadas.

-Sí, tengo mis años, pero tampoco soy un viejo debilucho, Kagome. –Respondió con una tranquila sonrisa, a la vez que detenía su paso y depositaba en su mejilla sonrosada su mano masculina- Solo entiende que nadie sabría cómo tratar a los proveedores o clientes más distinguidos como yo lo haría. –Retirando su mano, volvió a avanzar por el largo pasillo de la bodega sin dejar de anotar detalles observados por su ojo de águila- Son asuntos bastantes delicados como para derivarlos a alguien más. No hemos llegado a este punto por nada, ¿sabes?

-Odio decir esto, pero creo que eres igualito al tío Masayoshi en ese ámbito.

Tal vez fue tan evidente la expresión de sorpresa mezclada con la ironía en su rostro, que aquella tarde ambos terminaron riendo por la ocurrencia de la joven. Pero, ahora que lo pensaba fríamente, posiblemente estaba en lo cierto. Era el único punto donde él y su hermano mayor se parecían. Obsesivos por el trabajo.

Aunque, quizás tenían más en común de lo que ambos deseaban aceptar.

Y hablando de Masayoshi; que incómodo le era a Masahiko el estar de pie frente a la imponente mansión de su hermano, dudando entre dar media vuelta o ingresar de una vez a la cita que tenían planificada. Era desalentador entrar a aquel sitio, pues allí residían dos personas bastante amargadas que conocía como la palma de su mano. Aún no entendía como Kaede, una amable anciana que cumplía diversas tareas en el hogar, seguía trabajando allí por tantos años. Él se decía a si mismo que no hubiese soportado tanto como ella.

-Kaede, no tienes que seguir soportando estos malos tratos. –Le comentó Masahiko hace unos años atrás, mientras todos estaban pendientes de la cumpleañera, Mei, quien presentaba en sociedad a un nuevo novio, el cual acaparaba todas las miradas de los invitados indiscretos que no sabían ocultar su ya conocida curiosidad- Te ofrezco un buen empleo en mi hogar, con un buen salario y menos horas de trabajo. Obviamente, el trato será totalmente diferente al que te dan en este sitio.

-Agradezco su oferta, señor Higurashi. –Le extendió una copa con licor, ya que el brindis en honor a la cumpleañera se aproximaba- Pero, usted más que nadie conoce las razones para no irme.

-Lo sé. –Recibió la copa del fino champagne que ofrecían en la fiesta y la acercó a su pecho, intentando ubicar algo con la mirada- Pero, sabes que ella no estará aquí por siempre.

-Lo tengo claro, más mi niña, Rin, necesita contención. –Explicó de la manera más simple posible- Ya bastante ha sufrido para que ahora yo también desaparezca. No tiene a nadie más que a ella misma. Su madre le ignora, su padre la rechaza y su hermana tiene sus propios asuntos en los que pensar como para preocuparse de otra cosa.

-Dime algo que no sepa.

Tras ese breve comentario, tenía ganas de colocar los ojos en blanco de la pura hastía que sentía. Se contuvo de una manera increíble para no ser tan notorio. Debía aparentar la calma que siempre poseía a cualquier costo. Segundos después, encontró de casualidad el punto que quería hallar hace un rato. En un rincón apartado estaba Rin. Sonreía de forma apagada mientras hablaba con uno de los tantos invitados que repletaba la sala en que estaban reunidos. Quiso ir a rescatarla de las garras de ese aburrido ser que la retenía, más otra persona se le adelantó. Era el novio de Mei, Sesshomaru, quien le indicó que su hermana le requería.

Curioso.

Curiosa era la situación, debido a la reacción corporal de su sobrina menor. Su cuerpo pareció tensarse y sus mejillas adquirir un color carmesí en cosa de un instante. Al dar los primeros pasos, parecía que sus piernas se trabasen sin responderle correctamente. Al parecer, alguien tenía un secreto, el cual nadie debía saber.

Uno más en la familia.

Masahiko, daba gracias al cielo el que la joven hubiese abandonado la casa de sus padres y se independizó. De eso hacía un año o dos, ya no lo recordaba con claridad. Al menos la muchacha había sido valiente al dejar todo atrás y alejarse de ese hogar lleno de mentiras y secretos, los cuales eran alimentados por la creciente sed de poder y ambición. Ahora, lo último que había sabido últimamente a través de su hija, era que Leiko y Masayoshi habían desheredado a Rin, además de negarla como hija. Solo por no seguirles la corriente.

Era por ese motivo que cada vez que Masahiko ponía un pie en ese sitio, lo detestaba más. Él no compartía las mismas opiniones que sus antipáticos familiares, sea político, social y en negocios. Fue por ello que decidió embarcarse en un nuevo proyecto y tener su propia empresa textil, la cual estaba dando frutos con mucho esfuerzo. Además, ya no soportaba trabajar con su hermano, así que decidió alejarse lo más posible de él.

Dándole una última calada a su cigarrillo, lo dejó caer al piso empedrado que guiaba a la puerta principal de la morada, apagándolo con más ímpetu del necesario con la suela de su zapato derecho. La frustración debía ser contenida de ahora en adelante y no querer aplastar al dueño de esa casa como aquella insignificante colilla.

Acomodando ligeramente su abrigo invernal, avanzó un par de metros y antes de tocar el timbre, inhaló cerrando momentáneamente sus párpados. Le era necesario capturar el máximo de aire fresco del exterior, pues ya podía imaginar lo intoxicado que estaba el ambiente en el interior. No pasó mucho tiempo hasta que Kaede, vistiendo su casual uniforme marrón de dos piezas, atendió su llamado. Ella con cortesía le dio la bienvenida a la morada y con voz casi apagada le notificó que los señores Higurashi estaban atendiendo un asunto y que no tardaban en atenderle.

-No te preocupes, mujer. –Habló Masahiko Higurashi, con la sonrisa amable que le caracterizaba.- Esperaré un par de minutos de ser necesario. –Le echó un vistazo a su reloj de muñeca, verificando que faltaban cinco minutos para el medio día y que una hora después tenía una reunión con un par de personas que estaban interesados en invertir en su negocio-

-Por favor, pase a la sala de estar para que esté más cómodo.

Con una de sus extremidades, la anciana mujer indicó el camino. Como si él no conociera cada rincón del lugar. Una sonrisa divertida se dibujó en su rostro mientras seguía sus pasos. El transcurso de los años cada vez era más notorio en la piel de aquella amena mujer. Su paso era más lento, casi dificultoso. Su cabello blanco como la nieve, dejó atrás el color azabache que antes tenía, incluso su único ojo parecía perder el brillo que una vez le caracterizó.

-¿Desea una taza de café mientras espera, señor Masahiko? –Pregunto una vez que llegaron a la sala y el hombre frente a ella se quitaba el grueso abrigo que portaba, para dejarlo a un costado del sofá-

-Te he dicho muchas veces que me llames por mi nombre, Kaede. –Comentó tomando asiento por fin y cruzando la pierna sobre su rodilla para estar más cómodo- Me conoces hace mucho.

-No lo suficiente para tomarme esa confianza, señor. –La anciana se mostró levemente incómoda por el rumbo de la conversación. Era verdad, ella le conocía desde que era una joven y él solo un niño de unos diez años de edad-

-Al menos ya no me dices "señorito". –Rió jovial recordando viejos tiempos, en donde ella corría tras él cuando jugaban en los jardines de la casa de sus padres ya fallecidos- ¿Cómo ha estado tu salud?

-No muy…

-Kaede. –Apareció Leiko, rompiendo el grato ambiente que se vivía en lugar- Quiero té. –Ordenó con prepotencia, mirando fijamente donde estaba sentado su cuñado- ¿Debo repetirte nuevamente mi orden? –Habló nuevamente la señora de la casa, sentándose a un lado de Masahiko y dedicándole una asqueada mirada a la mujer- Para algo se te paga un sueldo, no para hablar de tus achaques de vieja con las visitas.

-Sí, señora. –Hizo una leve reverencia la aludida- ¿Usted desea algo, señor?

-No, muchas gracias. –Se dedicó a responder Masahiko, bastante molesto, viendo como la anciana desaparecía de su vista para atender el pedido- Eres una verdadera molestia, Leiko, ¿lo sabías?

-No más que tú, Masahiko. –Respondió la mujer acomodando sus cabellos marrones tras su oreja derecha- ¿Qué demonios haces aquí?

-Masayoshi me citó. –Se encogió de hombros levemente, quitándole importancia al asunto. Tan solo de observarla de reojo, podía ver perfectamente como su ceño se fruncía cada vez más- De haber sabido que estabas aquí, me habría negado.

-Sabes que no me gusta tu presencia en mi casa. –Sus labios tono rosa estaban rígidos en una línea, y era imposible no compararle con los gestos que solía tener Mei en ese estado. Sin duda eran dos gotas de agua. Idénticas en ciertos aspectos-

-No es tu casa. Es de mi hermano, por si te falla la memoria. –Corrigió dibujando una sonrisa en su rostro nuevamente. Podían pasar años y años, pero jamás dejaría de disfrutar el verla molesta- Además el sentimiento es compartido.

-Soy su mujer y tengo mis derechos. –Comentó orgullosa- Y si quiero te saco de aquí en un chistar de dedos.

-¡Pero qué anfitriona más desagradable! –Masahiko se hizo el ofendido y enormemente afectado tras el comportamiento de la mujer de su hermano mayor- Recuerdo que antes no eras así de arrogante y pesada. Muy al contrario de eso, eras bastante gentil y dedicada.

-¡Pues, estás imaginando cosas! Ahora, si me disculpas… –Se incorporó rápidamente, como si hubiesen presionado un resorte, más la mano de Masahiko impidió que huyera de aquel sitio. - Suéltame o aquí se armará un alboroto. -¿De dónde sacaba el valor para atreverse a algo así?- Que me suel…. ¡Ah!

-¿Has llamado a Rin? –Preguntó jalándola de tal modo en que ella terminó sentada nuevamente en el sofá-

-¿Por qué debería llamar a esa ingrata? –Tragó en seco, aun viendo como aquella mano estaba enredada en su muñeca y sin aflojar la fuerza sobre ella- No sabe más que darme dolores de cabeza.

-Es su cumpleaños. –Le recordó-

-No me es importante. –Respondió con simpleza y rehuyéndole con la mirada-

-¡Eres su madre! –Reprochó sintiéndose cada vez más molesto por la actitud de ella- Deberías avergonzarte.

-Que me sueltes, Masahiko. –Ordenó forcejeando con su agarre, más nada parecía funcionar-

-¿Al menos lo ha hecho Masayoshi? –Volvió a preguntar duramente el hombre de cabellos grises-

-Sabes que esta fecha le desagrada y que él jamás tiene esos gestos tan sentimentales.

-Pues, con Mei es distinto.

-Mei es un caso totalmente diferente para nosotros. –Confirmó sin dudar- Ella es un orgullo completo para nosotros. Rin, siempre ha sido el caso contrario, que no ha hecho más que dividirnos como familia desde que nació.

Más bien desde que fue concebida. Fue el pensamiento que cruzó por la mente del hombre que escuchaba atentamente a su interlocutora.

-Ustedes jamás cambiarán. –Soltó con cierta repugnancia ante tales palabras- Eso pasa cuando deciden ocultar la verdad, como si se tratara de polvo bajo una alfombra.

-Él no deseaba tener otra hija. –Ahora ella era quien le recordaba la situación vivida años atrás-

-Sabes perfectamente que no me refiero a eso, Leiko. –Contradijo, sabiendo que ella intentaba manipular los hechos acontecidos-

-Él no sabe nada. –Le apuntó con bravura, haciendo tintinear las pulseras de oro colgadas en su muñeca libre- Y no lo sabrá por ti, ¿entiendes?

-¿En serio te crees eso, mujer? ¿Qué él no sabe nada?

-Sí. –Contestó con seguridad- Lo conozco.

-No tanto como crees. –Negó con la cabeza, intentando hacerla entrar en razón- Masayoshi es de los que oculta la información, para luego restregártela en la cara cuando sea conveniente para él. ¿Crees que el desapego que siente hacia ella es solo porque no deseaba ser padre nuevamente? –Cuestionó, haciendo que Leiko abriera la boca para decir algo, más de su boca no salió ni una palabra. Ante este hecho, el agregó- Él sabe.

-Si lo supiera, tú ni yo estaríamos aquí. –Habló con notable agitación en su tono de voz y respiración- Mucho menos ella.

Una voz lejana interrumpió el intercambio de opiniones de ambos personajes. Masahiko se obligó a si mismo el soltar a aquella mujer, la cual se sobaba la zona antes presionada, intentando ocultar el rojo de su piel. Ambos se dedicaron una mirada desafiante antes de que Masayoshi entrase a la sala. Él hablaba por teléfono, y le hizo una señal a Masahiko de que fueran al estudio para hablar. Al parecer, este estaba tan inmerso en sus asuntos que no pudo notar el tenso ambiente de aquel sitio.

Masahiko, antes de abandonar el salón, cogió su abrigo y le dedicó unas últimas palabras a su cuñada:

-Tú y yo no hemos acabado. –Sentenció, retomando la compostura normal para no demostrar lo afectado que estaba en realidad-

-No tenemos nada que hablar. –Cortó Leiko, levantándose del sillón y acomodando su falda con algo de brusquedad-

-Ya lo veremos.

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Creo que es la primera vez en la vida que veo a Mei lavando un plato. Lo limpia con algo de brusquedad, poco importándole si se arruina la manicura en el proceso. Dioses, sí que está indignada. No para de repetir que Kagome y Sesshomaru han sido unos groseros y que deberían sentirse bastante avergonzados por su comportamiento. ¿Ellos sentir remordimiento por algo? ¡Nunca en la vida!

Luego en pleno monólogo de queja, añade que con sus boberías han espantado al "pobre señor Dimitri", el cual solo tuvo un lindo detalle al venir aquí. Lo conozco de hace un tiempo, y de pobre víctima no tiene nada. Como es de esperar, ninguno de los aludidos pronuncia palabra, a tal punto que dudo la estén escuchando realmente.

Qué situación tan incómoda.

Este nivel de queja no es normal.

De por si Mei siempre ha pasado de mi vida personal, pero hoy ha sido diferente. Sé que no deja de ver con ojos analíticos lo sucedido, ya que faltó poco para que Kagome y Sesshomaru echaran a patadas a Dimitri. ¡Podía encargarme de la situación por mi misma, sin que ellos tuviesen que ser tan groseros! Y evidentes, cabe añadir. Las sirenas de alerta comienzan a sonar en mi mente. Kagome, siempre ha sido muy sobreprotectora conmigo, pero, Sesshomaru jamás había tenido ese tipo de comportamiento con otro hombre que se me acercase.

¿Acaso es lo que creo?

Celos.

Defensa de territorio.

Demonios.

Me sorprende el hecho que ni siquiera pudo camuflar la intensidad de su malestar como en otras ocasiones. En realidad, no es algo que me moleste. Sin embargo, lo que me inquieta es que puede acarrearle algún problema a corto o largo plazo. Mei no es una chica boba. Puede aparentar serlo para despistar, pero como ya lo había dicho, no lo es. Si fue capaz de darse cuenta mis sentimientos hacia él hace unos años, perfectamente puede hacerlo ahora con Sesshomaru.

-Y tú, Rin. –Sigue su discurso, que a mi parecer ya nos tiene hastiado a los tres oyentes que restan en el departamento- Deberías de darle una oportunidad a ese señor. Parece ser interesante. Además, ya cumpliste veintitrés y aún no tienes nada serio. Te vas a quedar sola si sigues así.

-Silencio, Mei. –Ordena Sesshomaru, quien termina de ordenar la mesa que hemos ocupado. Coloca el florero en su lugar habitual y luego añade con más dureza- No es tu asunto.

-¿Desde cuándo te las das de casamentera? –Pregunta Kagome quien se estira sobre el sofá, algo molesta por el comentario de mi hermana-

-¿Qué demonios les ocurre a ustedes dos? –Cuestiona Mei, quien se gira para darle cara a los dos. Se nota algo fastidiada pues su boca está fruncida y luego pasa a estar en una dura línea. Es igual que ver a mamá en ese estado- Al parecer están muy conectaditos, pues solo intentan arruinar las intenciones de otras personas.

-No discutan, por favor… -Intento calmar la situación, más ella está como un volcán en plena erupción-

- Primero a Dimitri quien la iba a invitar a salir y luego a mi, quien solo intentaba animarla para que no quede solterona o algo por el estilo.

Pues, es pésima animando a la gente para tener citas.

-Guárdate la intención, prima, que nadie te la ha pedido. –Kagome se pone de pie para llegar a mi lado y abrazarme por el cuello.- Además, tú te casaste a los veintiséis, y si no fuera por el tempano de hielo que tienes ahora como esposo, tú serías una solterona llena de gatos.

-¡Cierra la boca, Kagome!

Estas dos nunca se darán tregua.

Para mi alivio, el sonido de mi teléfono celular comienza a sonar, rompiendo la gran tensión de la sala. Al menos por un momento, ya que no dejan de lanzarse miradas desafiantes una a la otra. Prácticamente corro a la mesita de centro para contestar y apartarme un rato de ese lugar. Mi dormitorio es un buen sitio para mi resguardo. En la pantalla figura el nombre de tío Masahiko.

-¿Bueno?

-¡Feliz cumpleaños, princesa! –Saluda alegremente al otro lado de la línea- ¿Cómo la estás pasando en tu día?

-Muy bien, aunque Mei y Kagome discuten para variar. –Confieso soltando un largo suspiro contenido por largo rato- Usted las conoce: como agua y aceite.

-Lo sé, cariño. Siempre ha sido igual. –Un momento de silencio se crea en la conversación, y antes que le pregunte qué le sucede, él añade- Rin, me preguntaba si… ¿Deseas almorzar conmigo mañana al mediodía?

-¿De verdad?

-¡Claro que si, pequeña! Hace mucho que no he podido verte, pero me haré el tiempo necesario para compartir contigo.

-Pues, encantada, tío. –Sonrío sintiendo una gran calidez en mi corazón. El hecho de saber que desea verme para ponernos al día de nuestras vidas, me alaga. Sé que últimamente está demasiado ocupado, a tal punto que ni siquiera Kagome lo ve muy seguido- Gracias por la invitación.

-No hay de qué. –Contesta sin variar su tono de voz tan reconfortante- Tenemos mucho de qué hablar.

-¿Así? –Río divertida ya que puedo percibir cierto misterio en la última frase- Pues, estoy impaciente por saber de qué trata el tema de esta ocasión.

-¿En el restaurant de siempre?

-Me parece bien. –Acordamos al momento en que se siente un estruendo al otro lado de la puerta.- Ahora tengo que cortar, parece que esas dos han hecho algo.

-Mejor ve a ver qué sucede, Rin. –Dice preocupado ya que al parecer él también escuchó que algo se rompió desde el otro lado de la línea- Dile a Kagome que la espero en casa hoy a la hora de la cena, por favor. Nos vemos mañana.

-¡Hasta mañana! –Me despido cortando la llamada-

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Al salir de la habitación, menuda sorpresa me han dado estas dos locas de patio. Ambas jalándose del cabello como dos niñas pequeñas, mientras que el rastro de Sesshomaru se ha desvanecido por completo. Lo busco con la mirada, pero no hay caso. Al parecer se ha ido y estas dos no se sueltan del cabello.

-¡BASTA! –Grito bastante molesta por su comportamiento. Genial, una hermosa mañana arruinada por sus boberías. Ambas detienen su riña y me quedan observando algo sorprendidas. Si bien soy una molestia en algunos aspectos, son pocas veces que reacciono de esta manera- ¡Si quieren agarrarse a golpes, háganlo en otra parte! ¡Debería darles vergüenza! ¡Ya no son unas niñas pequeñas para arreglar sus diferencias de ese modo!

Vaya, ¿yo he dicho eso?

Ninguna dice palabra.

Al parecer han notado que estoy molesta y que se han pasado de la raya. Mei, coge sus cosas y no duda en salir del apartamento mientras intenta recobrar la compostura y peinar sus cabellos, los cuales tardará en alisar producto de la riña. La puerta se cierra de golpe creando un notable bullicio.

Kagome, comienza a imitar su acción, más mi mano en su hombro le detiene. No es para que se quede, es para aferrarme a algo, pues mi equilibrio me ha fallado. Ella reacciona rápidamente y me ayuda a sentarme sobre el sofá. Sin tener que pedírselo, va a la cocina y luego me extiende un vaso de agua con azúcar. Se sienta a mi lado, con semblante decaído, y para matar el tiempo, juega moviendo sus pies descalzos sobre la alfombra peluda de color lila que ella misma me regaló para la decoración.

-Disculpa por lo de hace un rato. –Habla después de unos minutos en silencio y cuando ya ha visto que me he bebido todo el contenido del vaso de cristal- Hemos arruinado tu cumpleaños.

-Ya da igual. –Contesto mientras dejo el vaso sobre la mesita de centro- De todos modos era cosa de tiempo que tú y ella terminaran de ese modo.

-Por muy predecible que fuera todo, no debimos llegar a eso. Es solo que, ¡rayos! –Sus manos cogen su cabeza denotando su frustración- ¡Mei es TAN irritante!

Dímelo a mi, yo soy su hermana.

-Disculpa la indiscreción, pero, ¿qué te sucede últimamente?

-¿A qué te refieres?

No, que no coloque esa cara de detective, aquella que te da la impresión que tiene una hipótesis de cada cosa que observa. Es más, toma una posición más cómoda sobre el sofá y sé que esta conversación tendrá para largo.

-Ni creas que no he notado algo en ti esta última semana. –Comienza a hablar cuidadosamente- Comes poco, o devoras todo a tu paso. Tienes mareos y asco a ciertos estímulos, sea comida u olor. Ahora, si pudieras verte en este momento, sabrías que estás pálida como un papel.

-Pues, no sé, tal vez sea estrés.

Ella me mira fijamente y añade con ironía:

-¿Estrés con patas?

Momento, ¿qué?

-¡No, no, no, no, no, no! –Niego tantas veces como mi lengua me lo permite.- ¡Claro que no!

-¿Te ha llegado el periodo? –cuestiona nuevamente. Esto es peor que ir al médico.- Rin…dime.

-No, aún no. –Contesto sin inmutarme- Pero, no hay de raro en ello, pues soy de periodo irregular.

-¿Cuántas veces has estado con "él"? Sexualmente hablando por supuesto.

-¡Pero, qué…! –Creo que el color en mi cara ha vuelto nuevamente, pero de manera excesiva-

-Rin, esto es serio. –Recalca a la vez que coge una de mis manos entre las suyas- No voy a criticarte. –Explica- No te escandalices.

Sé que no me criticará, pero no deja de ser incómodo. Es que ese tema es tan…íntimo. Nunca he hablado sobre estos temas con ella, al menos no desde mi punto personal.

-Tres veces. –Confieso en un susurro casi inaudible, más por su expresión, capto que ha logrado escuchar de todos modos-

-Supongo que tomaron precauciones, ¿o me equivoco?

-Si, por supuesto.

No somos un par de adolescentes de todos modos. Me inyecto cada tres meses, no por el hecho de prevenir un embarazo no deseado, sino para recibir las hormonas que necesito para regular el periodo. Él usó protección. Aunque… aquella primera vez en la cabaña, no estoy del todo segura. Todo pasó tan rápido que…

-Oh, no. –Dejo escapar involuntariamente, al momento que todo se reproduce como una película frente a mis ojos- Creo que se me ha pasado un pequeño detalle.

-¡No jodas! –Alza la voz mientras cubre su boca con asombro-

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-¿Dónde te has metido ahora?

-Estoy entrando a una junta. –Respondió la persona al otro lado de línea telefónica- ¿Qué ocurre?

-Necesito que hablemos, Sesshomaru. –Insistió la muchacha que caminaba a toda prisa por la avenida principal de la ciudad de Fujisawa. Tenía la gran suerte que ese día no había pronóstico de lluvia, y salía el sol tímidamente en medio de nubes blancas que cubrían el cielo- ¿A qué hora estarás libre?

-Tarde. –Se limitó a contestar- Tengo asuntos importantes con tu padre, Mei.

-¿Qué tan tarde? –Interrogó la pelinegra que hacía sonar sus tacones más de lo normal. Mei Taisho, estaba molesta, casi a punto de explotar. Había sido humillada, y su esposo ni siquiera se daba la molestia de darle una explicación lógica de marcharse sin decir nada y dejarla a merced de la salvaje de su prima-

-Tanto como sea necesario. Es un evento al cual debemos asistir.

-¿No será que estás evitándome? –Estalló finalmente- ¿O es que hay otro asunto que ocupa tu valioso tiempo? Papá no me notificó un evento para hoy.

-Ni él o yo debemos darte explicaciones. –Contestó de forma cruda y sin miramientos- Te veré cuando dejes de comportarte de forma tan infantil.

-¡No me cortes la llamada, Sesshomaru! –Elevó notoriamente la voz aquella mujer que estaba al borde de las lágrimas- ¡No te atrevas! –Amenazó-

El fin de llamada estaba hecha.

Llamó nuevamente al número de su esposo, más no hubo respuesta. Una. Dos. Cinco. Diez veces. El buzón de voz indicaba que dejase el mensaje después del tono de aviso, más no quiso dejarlo, pues sabría que no serviría. ¡Joder! Sesshomaru era así: frío y sin miramientos a sus sentimientos. Aun no podía explicarse el cómo amaba a un hombre tan egoísta, el cual la dejaba sumergida en la más profunda de las soledades, aun cuando estuviese horas a su lado.

Había que ser realista.

Su matrimonio estaba en un punto insostenible.

Se suponía que la unión entre un hombre y una mujer que se aman deben vivir en felicidad. Lo idealizó siempre, pues en los cuentos de hadas siempre sucede lo mismo. La pareja de enamorados, siempre tenían un final idóneo y lleno de prosperidad. Pero, ella no era feliz. Al contrario, estaba siendo totalmente desdichada. Había intentado arreglar la situación, pero por cada paso que avanzaba, Sesshomaru retrocedía cuatro.

Lo estaba perdiendo.

Claro que lo notaba.

Podía leer en sus ojos ámbares que pensaba abandonarla.

Limpiando unas lágrimas traicioneras, siguió caminando sin rumbo fijo por la acera que expelía aroma a humedad. Las lluvias habían sido inclementes y tan constantes como el desapego emocional de su esposo. ¿Qué había cambiado para que se comportara de ese modo? Antes era más atento y comunicativo, y ahora era mucho más introvertido que antaño. Tal vez el estar tanto tiempo al lado de su padre, tan controlador como le conocía, le estaba afectando. Era una gran posibilidad.

Quizás si planeaban un viaje a un punto lejano, las cosas cambiarían a su favor. Sin embargo, la tarea que su marido ahora cumplía en la empresa era importante y tendría dificultades para tomarse un par de días libres. Además, hace no mucho que habían llegado de su luna de miel. Sesshomaru prácticamente era la mano derecha de su padre, Masayoshi Higurashi. El temible magnate de las exportaciones internacionales.

El mismo que la había dejado de lado en la materia de negocios por su yerno.

Por otra parte, tenía un plan casi desesperado en mira desde hace algún tiempo. Ya lo había implementado de manera silenciosa. De esa forma podría hacer reaccionar a su esposo y salvar a su matrimonio. A su vez, también podría evitarse un escándalo social por un probable divorcio con tan poco tiempo de casados. Lo había visto en muchas familias, películas y novelas. No podía fallar. Si esto no salvaba la situación, nada lo haría.

Ahora estaba segura. Mei, casi de manera inconsciente, entró a un local comercial. Sacando su billetera, se acercó al mesón de atención y esperó pacientemente, cosa extraña en ella, a que la vendedora terminara su labor con otro cliente. Cuando la joven mujer de cabello rubio ceniza llegó frente a ella, habló con gracia y simpatía:

-Bienvenida a famarcias Hikari. ¿En qué puedo ayudarle?

-Necesito tres test de embarazos. –Contestó de la misma forma, dejando a un lado la frustración y las lágrimas de un par de minutos atrás. Esto era un golpe de energía que recibía su cuerpo y mente en cosa de segundos-

Su plan no podía haber fallado.

Había pinchado con una delgada aguja todos los preservativos de su esposo.

También había dejado de consumir la píldora anticonceptiva hace un par de meses atrás.

Tenía dos semanas de atraso menstrual.

Al recibir en una bolsa de papel su pedido: Sonrió confiada como nunca antes.

Pues Mei Higurashi, ahora Taisho, siempre conseguía lo que deseaba.

Y deseaba a Sesshomaru a su lado, a cualquier costo.

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Nota autora: Una nueva actualización llega y es hora de agradecer sus lecturas y comentarios. ¡Me alegro que les guste el rumbo de la historia! Por otro lado, en cuanto tenga tiempo responderé MP :) Nos leemos! (sobretodo sus teorías)