Capítulo 14: Los antifaces desaparecen.

Es increíble cuanto han cambiado las cosas en mi vida del tiempo a la fecha, mas mi cabeza sigue hecha un lío tal como de costumbre. Hace tiempo que no me desvelaba hasta el amanecer pensando en las mil y un posibilidades que puede deparar el futuro. La diferencia entre antes y ahora, es que no me encuentro llorando, sino estando de una manera inexpresiva, en donde toda mi atención visual está en dos cajas pequeñas sobre mi cama. Aún no han sido abiertas, pues no tengo el suficiente coraje para hacer la prueba necesaria, la cual despejaría todas mis dudas.

Me siento sumamente ansiosa. Dios, hay una gran posibilidad de que esté esperando un bebé de Sesshomaru.

Si he de ser sincera, ni siquiera había asociado mis malestares a ese sensible estado. O tal vez de manera inconsciente quise obviarlos. Ya no estoy segura de nada. No obstante, según lo que me ha dicho ayer Kagome, reúno básicos síntomas de un embarazo en sus primeras etapas. Además de la más obvia de todas: la ausencia de menstruación. No sé cómo sentirme al respecto. Estoy dividida de mente y corazón.Una parte de mi se llena de emoción y cierta ilusión, en cambio, en la otra reina el temor.

Emoción; por tener en mi vientre el fruto de la relación que llevo con el hombre que amo con todo mi ser. De saber que ambos compartiríamos algo tan hermoso, un hijo, hasta el final de los tiempos. Solamente nuestro y que nunca podrían despojarnos de él o ella.

Y como es de esperar, en el otro extremo está el miedo; provocado por no saber cómo reaccionará Sesshomaru si es que la prueba resulta ser positiva. En casi cinco años de relación con mi hermana no han tenido hijos, y ni siquiera se ha mencionado una posibilidad de tenerlos algún día.

Mis recuerdos me llevan a una conversación que tuvimos con Sesshomaru años atrás, dos o tres para ser más específica, en donde él mencionó tajantemente que no deseaba tener hijos. Primero, porque no soportaba los llantos, ni mucho menos cambiar pañales. Y segundo, porque interferirían en su vida laboral. En otras palabras; para él los hijos son un estorbo y unas sanguijuelas que absorben tiempo y dinero. "Igual que el idiota de Inuyasha", añadió después, quitándole la seriedad a sus palabras.

¿Y si me mandaba al carajo por esta posibilidad de ser padre? Después de todo, con suerte llevamos un mes de estar juntos.

-Es demasiado rápido. –Murmuro en voz baja, desviando momentáneamente la vista de aquellas dos cajas, y noto que el reloj marca las seis de la mañana con diez minutos-

Si, muy rápido. Pero no tanto como ha transcurrido esta amarga noche.

Tal vez crea que me he embarazado a propósito para amarrarle, lo cual es enteramente falso. Jamás optaría por esa baja estrategia para mantener a un hombre a mi lado. Si alguien desea estar conmigo, bien. Si no, está en completa libertad para marcharse. Pero, ¿y si él se marchaba y me dejaba sola en esto? Plantearme esa pregunta, ya trizaba mi golpeado corazón, pero era necesaria tenerla presente. Y tener la respuesta también: seguiría mi camino a como dé lugar. Ya vería después cómo ir solucionando los obstáculos en el camino.

Un punto no menos importante que me causa pavor, no solo lo causa la reacción de Sesshomaru, sino la de mi familia si llega a enterarse de que el hijo es de él. Y se darán cuenta, lo sé. En algún punto del camino sabrán o sospecharán la verdad. O sea, ¿cuántas personas con pelo platinado hay en el planeta? ¡Poquísimas! En Fujisawa solo hay dos: Sesshomaru e Inuyasha, y no planeo echarle la paternidad encima al menor de los Taisho solo para salvarme.

Otra pregunta que me aterra es pensar: ¿qué haría mi padre si llega a enterarse? Tiemblo de terror de solo pensar en las posibilidades. Si fue capaz de decirle a Sesshomaru que serviría mi corazón en un plato con ensalada si es que no se casaba con Mei, nada aborrecible está descartado.

Seis y media de la mañana, la alarma suena con insistencia, la cual ayuda a salir del mundo tormentoso que mis propios pensamientos han creado. Suspirando y reuniendo valor para lo que viene, retiro el cobertor de la cama y me levanto. A pesar del frío que se siente en la habitación, no me cubro con la bata para abrigar mi delgado cuerpo. Cojo solo uno de test de embarazo y me dirijo descalza al baño, caminando con algo de dificultad ya que tengo las piernas algo adormecidas por tenerlas tantas horas dobladas y sin movimiento.

Que esto solo sea un susto. Que sea negativo, por favor.

Repaso las instrucciones y sigo el procedimiento para realizar de manera efectiva el test. En mi opinión es algo incómodo hacerlo, más es necesario para salir de la duda de una sola vez. Al depositar la muestra de orina sobre el test, dejo el pequeño artefacto sobre un lugar seguro encima del estanque del baño y no dudo en meterme a la ducha sin querer mirarlo.

Si, lo sé. Soy cobarde. Necesito con urgencia bañarme y que el agua caliente relaje mis músculos. Son tres minutos de incertidumbre, los cuales no deseo pasar de pie frente a ese objeto inanimado. Tal vez debí permitir que mi prima me acompañase en este momento, tal como me lo recomendó ayer por la tarde. Tal impulsiva como siempre, ella quiso ir de inmediato a comprar los test y que saliéramos de la duda apenas regresara de la farmacia. Con horror la detuve cuando vi su intención de salir del departamento. De alguna forma la convencí de que no lo hiciera y que podría con ello sola. De manera descontenta acató mi petición, más me advirtió que podría ser algo duro esperar en soledad. Ahora lo acabo de comprobar.

-¿No le dirás a Sesshomaru de esto? –Preguntó ella mientras observaba el techo blanquecino del departamento, como si en ese lugar pudiese ver todas las respuestas que en su mente no podía formular con claridad-

-No hasta estar completamente segura. –Imité su actuar, pero a comparación de ella, no podía ver una salida clara. Solo veía el color blanco, el cual parecía volverse gris al igual que la situación que estaba viviendo-

¿Para qué abrumar a Sesshomaru con algo que no estaba completamente confirmado? Por primera vez, quise dejar mi impulsividad y la inmadurez de lado, y hacer las cosas bien. Luego, enfrentaría la realidad de ser necesario.

El sonido del celular me trae devuelta al planeta tierra, ya que suena con insistencia a tan temprana hora. Decido ignorar la llamada y terminar mi baño matutino. Sonrío levemente al percatarme que el teléfono ha dejado de sonar. Sea quien sea, se ha percatado que no me interesa contestar. No pasa ni un minuto de silencio y el sonido vuelve a aparecer. De acuerdo, eso es extraño. Termino de enjuagar mi cabello, y salgo de la ducha, cubriendo mi cuerpo desnudo y la cabeza con dos toallas de distintos tamaños. Antes de contestar, veo que el identificador muestra la foto y el nombre de Mei.

-¿Bueno? – Hablo extrañada por su pesadez al contactarme-

-¡Rin, gracias al cielo contestas!

-¿Qué ocurre? –Pregunto algo consternada al oírle- Te oyes muy agitada.

-¡Ven de inmediato a la casa, por favor! –Estalla en llanto víctima de la desesperación. Esto es serio al parecer. Quizás ha discutido con Sesshomaru nuevamente. ¿Cómo decirle educadamente que no me interesa escuchar de ello? No podría aconsejarla ahora, pues estoy a punto de ser la más hipócrita de la historia de la humanidad si esa prueba sale positiva. Ayudo a salvar matrimonios, mientras me acuesto con tu marido. Eso tendría que anotarlo en una tarjeta como presentación en un futuro- ¡Ha ocurrido algo horrible! ¡Date prisa!

-¿Te ha pasado algo? –Ella no contesta, solo se escucha como limpia su nariz producto del sollozo- ¡Di algo, Mei! –Insisto sintiendo una extraña sensación en el pecho-

-¡Es papá! –Sigue llorando amargamente y mil pensamientos negativos cruzan mi mente. ¿Un infarto, tal vez?- Enciende la televisión, pon el canal seis y sabrás. Por favor, ven a casa. Te esperamos con mamá. –Luego añade con amargura- Nos necesita a ambas más que nunca.

Al cortar la llamada, no dudo en hacer lo que me ha pedido. Voy a la mesita de noche y cojo rápidamente el control del televisor para encenderlo. Busco en la guía de canales hasta encontrar el canal seis, quien transmite una noticia de último minuto. El titular anuncia con letras mayúsculas y remarcadas: "CAE EL IMPERIO DEL NARCOTRAFICO". "MASAYOSHI HIGURASHI SERÁ FORMALIZADO POR MÚLTIPLES DELITOS". "ENOSHIMA FUE CLAVE PARA EL DECOMISO DE TONELADAS DE SUSTANCIAS ILÍCITAS" "SE DESATA POLÉMICA EN HIGURASHI'S CORP"

-¿En qué demonios te metiste, Masayoshi? –Articulo sin poder creérmelo-

¿Narcotráfico? ¿Múltiples delitos? ¿Formalización?

Con razón Mei estaba tan afectada. ¡Todo un escándalo y una gran bomba nuclear sobre nuestra familia! Me siento de golpe en la cama, y escucho como los conductores del noticiero dan informaciones preliminares de lo acontecido ayer por la noche. No se tiene una información certera de ello, pero de lo que están seguros es que mi padre ha sido apresado y que deberá responder por los múltiples cargos que caen sobre sus hombros. A pesar de cómo ha sido conmigo, es mi padre, y he de apoyar a mi madre en esta difícil situación. Me es algo difícil creer lo que han dicho en televisión, pues la mayoría de las veces exageran la realidad de las cosas. Sin embargo, sé que es capaz de muchas cosas y lo ha demostrado con el tiempo.

¿Qué necesidad tenía para caer en el tráfico de sustancias ilícitas? Siempre lo ha tenido todo: poder, influencias internacionales, rodeado de lujos y ostentaciones. ¡Prácticamente cagaba dinero! Posiblemente por este hecho, podría perderlo todo y tener una larga estancia en la cárcel.

Sin poder contener mi necesidad de escuchar su voz, busco la tarjeta y teléfono que me dio Sesshomaru un mes atrás y lo llamo. Requiero saber qué piensa de todo esto, saber si está bien, pues últimamente ha tenido más relación con mi padre por asuntos de la empresa. La línea de espera es eterna y no contesta. El buzón de voz me pide que deje el mensaje y que luego él podrá reproducirlo cuando esté disponible. Intento nuevamente. No hay respuesta. Insisto otra vez, mientras la ansiedad crece tras cada segundo. Es extraño, pues él nunca demora mucho en contestar. En la televisión anuncian que otras personas, al igual que mi padre, han sido apresadas en el lugar de la transacción, pero que sus identidades no han sido liberadas por el juzgado.

-Lo lamentamos. El cliente está ocupado o fuera de cobertura. –Dice por décima vez la mujer de la grabación de la línea telefónica- Por favor, después del tono grabe su mensaje.

-¡Mierda! –Corto la llamada y lanzo el celular a la cama, sintiéndome impotente mientras el objeto da rebote sobre el colchón- Piensa positivo, Rin. –Me digo a mi misma mientras me dirijo al armario para coger ropa abrigadora- Puede que Sesshomaru esté con Mei y no pueda contestar. Él no se prestaría para estas cosas tan turbias. –Respiro profundamente una y otra vez hasta que mis nervios se normalizan hasta cierto punto- Él está bien. Ya lo verás y lo comprobarás tú misma.

Tan rápido como me es posible, me encuentro completamente vestida y sin darme el tiempo para secarme el cabello, salgo de la alcoba mientras sostengo en mi mano derecha los dos celulares. Al llegar a la sala, me coloco el abrigo tono beige que cuelga en el perchero, la cartera negra sobre mi hombro derecho –la cual contiene mi licencia de conducir, dinero más la tarjeta de identificación- tomo las llaves de la casa y del vehículo.

En menos de cinco minutos, ya voy conduciendo camino a la casa de mis padres, teniendo la silenciosa esperanza que Sesshomaru me devuelva el llamado a cualquiera de los dos teléfonos que están sobre el asiento del copiloto.

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Como es de esperar, el frontis de la mansión está repleto de periodistas, que apenas ven el vehículo aproximándose a través del camino, se acercan y comienzan a aparecer las luces de los flashs y cámaras de grabación sobre este, siendo yo su nuevo objetivo. Las preguntas al otro lado del cristal de la ventana del conductor no tardan en surgir, a la vez que los guardias de seguridad contienen lo mejor posible a estos sujetos para que haga ingreso a la propiedad.

Las rejas de contención se cierran de golpe tras de mi. Una vez que estaciono el vehículo, desciendo y prácticamente corro hacia la puerta principal para dejar de ser el objeto de atención. Kaede abre la puerta y me deja entrar a toda prisa, cerrándola automáticamente cuando ya estoy dentro. Dejando de lado las formalidades, le doy mi abrigo a la anciana mujer después de darle un silencioso saludo y me quito el calzado para ir a la sala de estar. Allí me encuentro la imagen más increíble que pude haber imaginado; mi madre lloraba desconsolada sobre el hombro de mi hermana. Ella una mujer tan fría y carente de mostrar sentimientos, lloraba como una niña pequeña.

Pude ver como Mei se tensó al verme de pie en el umbral que conectaba la sala con el comedor, y como mi madre se incorporaba para ver qué sucedía. Sus ojos marrones, iguales a los de mi hermana, estaban grises de la tristeza, como una nube negra que deja caer la lluvia inclemente sobre las invernales calles de Fujisawa. La tristeza pasa rápidamente a una de resentimiento en mi dirección. La mujer de cabellos ceniza, se separa de mi hermana y se pone de pie con la arrogancia que siempre le ha caracterizado.

-¿Qué haces aquí? –Limpia sus lágrimas con el dorso de su mano con notable brusquedad, intentando fallidamente poner una voz firme al hablar- ¿Has venido a reírte de nosotros?

-¡Mamá! –Reprende Mei, posando su mano sobre la muñeca de Leiko para llamar su atención- ¡No es el momento para resentimientos absurdos!

-¿Absurdos? –Repite dándole una mirada dura a su hija favorita. Creo que es la primera vez en la vida que la veo observarla de esa forma- ¡Rin no ha hecho más que…!

-No he venido a discutir, sino a apoyar en este momento. –Me acerco a ella con paso firme, quedando a un metro de distancia con la otra.- Te recuerdo que no he sido yo la causante de sufrimiento, por si te ha fallado la memoria. A pesar de todo, ustedes son mi familia, aunque hayan renegado de mi por no hacer lo que a ustedes se les antojaba. Eres mi madre y él mi padre. –Recalco- Son mi familia, mi sangre, aunque les pese. –Añado con desánimo- Mi deber como hija me dicta que debo estar con ustedes hasta que todo esto pase. No asistir a fiestas de sociedad para las apariencias, sino en momentos difíciles como este.

-¿Y qué haría una mocosa insignificante como tú, eh? –Pregunta de forma irónica mi madre tras escuchar mis palabras- ¿Expulsar a esos periodistas que acechan como buitres fuera de nuestra casa?

-Pídelo y así será. –Contesté sin vacilar, viendo la reacción en su acongojado rostro- Pídeme que esté a tu lado y no te dejaré sola. Ordéname que hable con abogados y fiscales en tu nombre y así será.

-¿Y si te digo que te vayas y no molestes?

-Diría que eres la persona más orgullosa del mundo y que estás obviando el amor que te tengo y a la familia. –Respondo viendo como Mei está prácticamente boquiabierta por nuestro enfrentamiento- Que vale más tu resentimiento hacia mí, aunque no sé qué es lo que te hecho para merecerlo, que lo que estamos viviendo como familia. A diferencia de ti o de Mei, no tengo miedo a lo que dirán los demás y estoy dispuesta a mandar al carajo a cualquiera que quiera trapear el piso con nuestro nombre por el error de papá. Dicho esto, no acataría esa orden, por si no ha quedado claro.

-¡Masayoshi es inocente! –Estalla mi madre nuevamente en lágrimas, cubriendo su rostro pálido con sus manos temblorosas- ¡Él no haría algo así! Es un hombre de negocios, no un criminal de bajo mundo.

-Hasta que se demuestre lo contrario en el tribunal, madre. –Agrego acercándome una vez más a ella para rodearle en un abrazo, temiendo ser rechazada por ella en cualquier segundo- Pero, algo te prometo: no te dejaré sola en esto. Ni a ti, ni a Mei, ni a la empresa. ¿Entiendes?

Nadie pronuncia una silaba, y cuando veo que sus manos se separan de su boca, sé que es para apartarme de su lado. Más eso no sucede, otra cosa ocurre que me deja perpleja. Ella se aferra a mi y llora con libertad mientras su cuerpo tiembla. Su aroma inunda mis fosas nasales y me pregunto: ¿Cuándo fue la última vez que estuvimos así? Unidas por un abrazo, necesitando una contención, dejando un estúpido orgullo y ser sentimiento puro. Cierro los ojos y disfruto el momento. Tal vez esto no vuelva a ocurrir. No recuerdo la última vez que sentí su calor.

Esto es lo que deben llamar un momento de madre e hija.

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Ocho de la mañana, el abogado de la familia llega a la mansión. Ocho con quince minutos, el abogado termina de decirnos los cargos que mi padre enfrentará ante la justicia. Eran justamente los mencionados en el noticiario, pero añade que posiblemente se sumen otros que se mantienen en reserva. Mei y mamá no pueden creerlo. Insisten en que hay un error, y que alguien quiere inculparlo. No hay pruebas de ello. Solo saben que lo pillaron con las manos en la masa. Ocho y media, Mei sigue intentando localizar a Sesshomaru. Ocho con cuarenta y cinco minutos, él sigue sin contestar. Cuando llegué aquí, creí que él estaba encerrado en el despacho o en la habitación que comparte con Mei. Pero, no, no estaba. No llegó a dormir. Ella se sienta sobre el sofá que hay en el despacho, a un costado de donde estoy.

-Rin, ¿Sesshomaru no te ha llamado? –Pregunta mientras choca sus rodillas al ser víctima de sus nervios traicioneros- ¿Ayer en la noche o en la mañana?

-No he sabido nada de él desde que tío Masahiko me llamó. –Respondo sintiéndome algo contagiada por su nerviosismo-

-Creo que pudo pasarle algo. –Se toma la cabeza con ambas manos y mueve sus dedos sobre ella- Él dijo que iba a estar con papá, porque tenían una cena de negocios ayer por la noche.

-¿Dónde? –Interrogo casi de manera automática-

-Ni idea. –Responde sin dejar de hacer ese movimiento con sus dedos- Ya sabes cómo es él. Nunca rinde cuentas. Además, hemos discutido ayer después que me fui de tu casa.

-Tal vez ha ido donde su hermano. –Sugiero-

-¿Ir donde Inuyasha, Rin? –La ironía que utiliza es igual a la que suele usar mi madre- Si lo conoces tanto como crees, deberías saber que Sesshomaru prefiere dormir bajo un puente lleno de perros pulgosos que pasar una noche con su hermano. Lo odia.

-Sabes que en el fondo no es así. –Le corrijo- Lo quiere a su manera, que es distinto. Lo que ocurre es que son muy diferentes y eso afecta su relación.

-¿Tan diferentes como tú y yo?

-No sé si a extremo, pero a veces si.

Silencio. Incómodo silencio.

Ahora que lo pienso si somos polos bastante opuestos. Bueno, no es como si no lo hubiese pensado anteriormente, pero hoy puede resaltarse con mayor fuerza. No solo físicamente, sino en personalidad. Ella es obsesiva, materialista y en ocasiones bastante superficial. Se interesa en su bienestar y poco en los demás. Acata sin dudar las órdenes de papá y cae rápidamente en sus influencias. Y yo, soy todo lo contrario. No creo ser la persona más buena del mundo, pero intento no caer en el otro extremo. Aunque si me considero hipócrita, y no hay necesidad de repetir el porqué.

-Mei, Rin. –Mi madre entra al despacho de mi padre sosteniendo su bolsa y por lo que se ve está lista para salir- Hay que ir al tribunal.

-¿Por qué?

-¿Qué ocurre? –Pregunto igual de desencaja que mi hermana-

-Van a presentar el caso ante el juez. –Informa el abogado que aparece al lado de mi madre, sosteniendo el teléfono celular contra su oreja- La audiencia empieza en una hora, pero hay que estar ahí unos minutos antes.

-¿Tan rápido? –Cuestiona sin poder creerlo mi hermana, caminando hacia la salida de la habitación que suele ocupar nuestro padre- Creí que eso tardaría un poco más.

-Algo está ocurriendo y mi gente está intentando averiguar que es. –Contesta el hombre de tez morena, sin dejar de espera algo que le comunicarán al otro lado de la línea- Al parecer, hay una entidad superior involucrada en el asunto.

-¿No se sabe nada de las personas apresadas ayer en la noche en el muelle de Enoshima? –Pregunto mientras Kaede me extiende mis cosas y corre para entregarle las suyas a Mei. Él mueve la cabeza de forma negativa-

-¿No sabe si mi esposo está dentro de ese grupo?

-Tranquila, Mei. –Intento calmarla cuando ya termino de colocarme el calzado de invierno- Si estuviera apresado ya lo hubieran informado.

-Las identidades siguen en reserva por orden del tribunal, señoritas. Aunque lo estuviese, no lo sabríamos hasta que comience el juicio. –Contesta secamente el hombre que se aparta de nuestro lado para seguir hablando por teléfono-

-¿Qué haremos ahora? –Pregunta mi madre, viendo disimuladamente a través de la ventana que da hacia el exterior y que está al costado de la puerta principal- Los periodistas han aumentado en minutos.

-Sin mencionar los que deben estar en el tribunal. –Agrega con hastío mi hermana. Creo que se está molestando al no saber qué ocurre con su marido. No hay señales de vida de él-

-Vamos en mi vehículo. Las tres y el abogado. –Sugiero- Es más pequeño que los que poseen ustedes, pero es más escurridizo al correr por las calles y fácil de estacionar.

-Pero, tú conduces pésimo, Rin. –Cuestiona Mei no muy convencida- ¿Estás segura?

Mi madre por primera vez no cuestiona mi propuesta, sino que acepta sin decir palabra. Esperamos a que el abogado termine la llamada y rápidamente nos subimos al vehículo para emprender rumbo hacia el juzgado, sin emitir comentarios a los periodistas. A mitad de camino, Mei recibe una llamada. Pienso que es Sesshomaru, pero en realidad es tío Masahiko quien pregunta cómo estamos. Mei le informa de lo acontecido y dice que irá con Kagome a nuestro encuentro en unos minutos más cuando le dice que estoy con ellas.

Mi corazón está en un profundo abismo.

¿Sesshomaru, dónde estás?

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Todo es un completo caos en las afueras del tribunal de justicia local. Mi madre avanza apegada a mi cuerpo, con la seriedad que siempre suelo verla. Sé que nunca mostraría debilidad en una situación así ante los demás. Primero muerta. Mei, como pocas veces le he visto, se abre paso sin consideraciones entre los periodistas que asechan nuestro camino como viles buitres. Está realmente enfadada, tan peligrosa como un volcán a punto de hacer erupción. Por otra parte, los policías de turno, resguardan los parámetros establecidos para mantener el control de la situación.

Una vez que logramos ingresar, nos derivan al quinto nivel, donde en la sala doce se realizará la audiencia. Al subir al elevador, las personas nos ven como bichos raros. El reproche es latente en ellos. Gracias al cielo que no tardó el elevador en llegar a destino o Mei saltaría sobre ellos como una leona defendiendo su presa ante las viles hienas.

Masahiko y Kagome nos esperan sentados en unas banquetas que están ubicados en el pasillo. Mi prima no tarda en incorporarse y abrazarme. Luego lo hace con Mei y mamá, aunque esta última no le hace mucha gracia su gesto de consuelo. En su rostro se refleja la preocupación, pero no deseo hablar de ello aún con Kagome. Las cosas están muy tensas y luego tendré tiempo y ganas para eso.

Los minutos transcurren lentos y el abogado que había desaparecido entre los pasillos, vuelve con un semblante más sombrío que antes. Informa que los cargos hacia Masayoshi han aumentado. Se le suma el lavado de activos y la implicancia en cuatro asesinatos.

¿Qué?

-Aquí hay un error. –Dice Mei abrazándose contra mi madre que parece que en cualquier momento perderá el equilibro y caerá al piso- ¡Alguien está inculpando a mi padre! ¡Es un hombre intachable!

-Hay pruebas de ello. –Contradice el abogado acomodándose las gafas redondas que posee- Y son pruebas claras y confirmadas.

-¿Cómo podrían los policías reunir esa información de un momento a otro? –Mei está totalmente escéptica a lo que dice el hombre frente a ella- ¡Todos saben que son unos incompetentes!

-Los policías locales no tienen nada que ver. –Responde a la crítica de mi hermana con la mayor calma posible- Ha sido una investigación del centro de inteligencia.

¿Qué? ¿El centro de inteligencia?

-¿Es una jodida broma? –Habla Kagome con la cara hecha un poema tras lo que acabamos de escuchar- ¿Escuché bien?

-No es una broma, ni ha escuchado mal, señorita. Esto es más serio de lo que salía a la luz para el señor Masayoshi. –Mira a cada uno de nosotros y comparto su opinión- La audiencia está por comenzar. Lo mejor será que entremos.

Mi madre, Masahiko y el abogado entran a la sala que nos han citado. Mei, Kagome y yo nos quedamos un momento más para tratar de canalizar toda la información que hemos recibido. Vaya golpe emocional que nos han dado. Mi hermana no deja de dar vueltas de un lado a otro, y creo que ya podría formar un agujero en el piso de tanto repetirlo. Me marea, siento ganas de vomitar. Controlo mis ansias y decido sentarme un momento sobre la banca y sujetar mi cabeza mientras cierro los ojos. Un instante que sea.

Tranquilidad. Llega un segundo y al otro se extingue cuando escucho la exclamación ahogada de una de las chicas. Abro los párpados y veo el porqué. Mei rompe en llanto cuando al final del pasillo se ven a tres hombres de traje caminando en nuestra dirección. En medio de ellos se ve a Sesshomaru, el cual es sujetado por el hombro izquierdo por uno de esos tipos. Me incorporo como si hubiese sido un resorte oprimido y espero eternamente a mi parecer que llegue a nosotros. Algo que noto, es que no está esposado.

¿Qué rayos ocurre aquí?

-¡SESSHOMARU! –Grita mi hermana saliendo a su encuentro en una rápida carrera, intentando abrazarlo cuando está frente a él, pero el sujeto de cabellos azulinos y de fría semblante se lo impide. Ni siquiera puede tocarle con la yema de sus dedos- ¡Suélteme! –Ordena de manera intrépida- ¡Quíteme sus manos de encima, animal!

-¡Cálmate, Mei! –La aparta Kagome, liberándole del agarre del hombre que la retenía- ¡No empeores las cosas!

-Libérenlo. –Intento razonar con ellos, sintiendo como mi pecho se oprime de pronto cuando la mirada de los tres se posan en mi- Él no ha hecho nada. Solo estaba en el momento y lugar equivocado.

-Todo lo contrario. –Habla neutralmente el hombre que tenía sujeto de un hombro a Sesshomaru, quien extrañamente me dedicaba la misma mirada que el día que lo conocí; una extrema frialdad- Ha estado en el lugar y momento indicado.

-¡Exijo hablar con su superior! –Demanda en voz alta mi hermana, soltándose de Kagome, ganando la atención de la gente que ha salido de la sala de audiencias, incluida mi madre- ¡Primero culpan a mi padre y ahora a mi esposo!

- Está frente a él, señora. –Informa el sujeto peliazul que antes le sostuvo-

-¿Tú? –Ríe con prepotencia, observándole de pie a cabeza- ¿Un bufón como tú? ¡No me hagas reír!

-No. –Una voz corrige la frase de Mei, dejándonos heladas a las tres espectadoras- Yo soy la persona a cargo de la investigación.

-Sesshomaru. –Murmuro sin poder creerlo, y al mismo tiempo el hombre pelirrojo quita retira la mano que antes tenía posicionada sobre la chaqueta del peliplateado que me tenía tan angustiada-

-Pertenezco a la central de inteligencia japonesa. –Camina alrededor de nosotras, a la vez que los tipos que le acompañaban dibujan una sonrisa ladeada en sus rostros- Encargado de la misión de atrapar al actual narcotraficante más poderoso de Asia, de revelar sus delitos fiscales y derrumbar su imperio. –Se presenta el hombre frente a nosotros tal como si fuera un perfecto desconocido- De revelar cada oscuro secreto que le rodea a él y su familia.

-Basta, por favor, no sigas. -Mei habla con voz entrecortada y sé que al igual que a mi esto le cae como un balde lleno de agua helada-

-Y ustedes me han ayudado mucho en ello. –Prosigue en su monólogo sin escuchar la súplica de mi hermana- Rin, me ayudó a entrar a su círculo más cercano. Tú, mi esposa querida… -Le sujeta firmemente del mentón para que le mire directo a esos ojos ámbares en todo momento- Tú me ayudaste a llegar a tu padre, y sobre todo a sus negocios. No fue fácil, pero hicieron una gran tarea.

-¿Entonces todo fue una falsa para llegar a él? –Pregunta mi hermana con el rostro cubierto de lágrimas- ¿Nunca me amaste?

Él, sin piedad responde:

-¿Quién podría sentir amor por ti, Mei? Solo mírate. –Le suelta del mentón de manera brusca- Patética en cada fibra de tu ser. Bueno, hay alguien que te amó en el pasado, pero debes agradecerle a tu padre por no estar juntos en el presente. No solo te separó de Nao, sino que al saber que te habías contactado con él antes de nuestro enlace matrimonial, lo secuestró y vio como acababan con el pobre chico frente a sus ojos.

-Mientes… -Ella retrocede sin darle crédito a sus palabras- ¡Mentira! ¡Mi padre no haría algo semejante a tu acusación!

-Quítate la venda de los ojos, Mei. –Recomienda recobrando la compostura imparcial que se le solía ver a Sesshomaru- Todo fue falso. De principio a fin. –Esa mirada fue dirigida a mi también y el corazón terminó de quebrarse en mil pedazos- A ti también te incluyo, Rin. Fue fácil llegar a ti y quebrar tu voluntad.

-¿De qué hablas? –Pregunta Mei sin comprender- ¿Qué tiene que ver ella en esto?

-Ella sabe. –Sonríe torcidamente con la expresión más cabrona que he visto en mi vida- Solo diré que hizo menos aburrida la espera del clímax de la misión.

-Eres una mierda, Sesshomaru. –Habla Kagome quien se había mantenido totalmente al margen de la situación-

Un sonoro golpe llena el vacío del pasillo. Mi mano cosquillea con insistencia tras golpear la mejilla de ese inmundo ser. Siento asco y una gran rabia. ¿Entretención? ¿Eso es lo que fui? ¿Dónde quedaban sus palabras y gestos de amor? ¿Tan buen actor era? Mi mano es apresada por el sujeto pelirrojo quien me observa con indignación. Me gira de espaldas contra él y puedo escuchar el tintineo de las esposas que saca de algún lugar de su cuerpo. Una voz firme le detiene antes de lograr su cometido:

-No. –Ordena secamente- Libérale.

-Pero, señor… -Replica el aludido que forcejea contra mi cuerpo-

-Te he dicho que la sueltes, Kobayashi. –Repite con el mismo tono de voz- Déjale ir. Te lo demanda tu superior.

Al liberarme, ni siquiera fui capaz de mirarle nuevamente. Deseaba salir de ahí lo más rápido posible. Emprendo una rápida carrera por el pasillo, sin tomar atención de las personas que observaban de lejos la extraña situación y me encierro en el elevador mientras escucho mi nombre en los labios de mi prima. Desciendo al primer nivel y me hago paso entre los periodistas que preguntaban sin cesar el tema del día. Es como estar en la mitad de un largo túnel y escuchar voces provenientes de la entrada principal, pues ya no podía escuchar con claridad. Que me dejen en paz, por favor. No estoy en mis cabales. Todo me da vueltas y la cabeza me va a explotar de un momento a otro.

Mi mundo se derrumba a mis pies.

Mi ilusión está rota junto con mi corazón.

Él no me ama, ni nunca lo hizo.

Fui un maldito peón en su juego de mentiras y una entretención mientras terminaba su labor.

Al final se ha quitado su antifaz lleno de mentiras y la verdad aparece.

Su verdadera faceta ha salido a la luz.

Ni siquiera sé de donde saco la voluntad para aguantar mis lágrimas y soportar el nudo cabrón que está en mi garganta. Quiero llegar a casa. Quiero llegar a casa. ¡Quiero llegar a casa, cerrar los ojos y despertar de esta puta pesadilla!

Manejo a toda prisa por las calles de Fujisawa, y me tranquiliza un poco saber que estoy a cinco minutos de mi apartamento. Ahí estaré segura. Ahí nadie podrá dañarme. Freno en seco cuando me paso el semáforo en rojo y casi colisiono con un Kia Rio de tono plateado. Su bocina me alertó a tiempo para reaccionar. Mi corazón late con desesperación, pero no es por el susto recién pasado. Duele. Mi pecho duele. Me oprime, ni siquiera soy capaz de liberar un sollozo. Sigo mi camino sin detenerme a escuchar las quejas del otro conductor.

Al llegar al edificio, dejo el vehículo en el estacionamiento y corro por las escaleras para llegar a mi departamento. Con dificultad logro abrir la puerta y una vez dentro, coloco el pestillo para que Kagome no pueda ingresar con su llave de repuesto. Dejo caer las cosas al piso, incluido mi abrigo. Ni siquiera me quito el calzado. Avanzo como un muerto viviente por la sala de estar y veo un montón de cosas sobre el mostrador; entre ellas la foto familiar en que aparece ese maldito traidor.

Con una fuerza nunca experimentada, boto todas las cosas al piso de cerámica y aplasto con mi pie la parte en que su rostro aparece. Libero un grito lleno de rabia, dolor y decepción. Mi pecho se agita al liberar los sollozos contenidos, que terminan siendo un estrepitoso llanto.

Me siento destruida.

Me siento igual de desolada que cuando murió Etsu.

Mis rodillas y manos se estrellan contra el piso, siendo lastimadas con los vidrios de la fotografía rota y la del jarrón que tenía un ramo de flores obsequiado por él. El dolor de mis rodillas y manos no es nada comparado al que siente mi pecho. Puedo oler el hedor a sangre proveniente de mis heridas, pero no me importa.

¿Por qué tenías que jugar conmigo, Sesshomaru?

¿Qué te he hecho?

¿Por qué me dijiste que me amabas sino era más que un juego para ti?

Siento mucho asco.

Tengo ganas de vomitar.

Sesshomaru me da repugnancia.

Mi mente traicionera me recuerda cada momento vivido junto a él, desde el inicio hasta el fin. Cada sonrojo de mi parte, cada temblor que él me provocaba, cada ruego para que él sintiera lo mismo que yo, cada vez que logré besarle y decirle lo que sentía, cada puta vez que él me decía que me amaba… ¿y todo eso para qué? Para que se burlara en mi jodida cara.

¿Cómo elimino esto que siento? Ya no quiero amarle. Me duele, duele mucho.

Las imágenes de la cabaña me invaden, junto con sus palabras acompañando los recuerdos. "Todo fue falso. De principio a fin". "A ti también te incluyo, Rin. Fue fácil llegar a ti y quebrar tu voluntad." "Solo diré que hizo menos aburrida la espera del clímax de la misión".

La cabaña.

Nuestro encuentro.

Las consecuencias.

Diablos, no vi el resultado del test antes de salir esta mañana. Con dificultad logro ponerme de pie. Mis rodillas están manchadas con sangre a través de la tela del pantalón. Las palmas de mis manos también. Siento como se entierran los cristales un poco más hondo en la piel tras cada paso que doy. El trayecto hacia el cuarto de baño me parece eterno, mientras mis mejillas siguen siendo cubiertas por las lágrimas que sigo derramando. Lo primero que veo es mi rostro demacrado y los labios entreabiertos para coger aire con más dificultad de la que se ve a simple vista. Un horrible espectáculo. Extiendo mi mano derecha, la cual está manchada de sangre gracias a mis heridas y cojo de una vez el test entre mis dedos.

El mundo tiembla a mis pies nuevamente. El pequeño artefacto se estrella contra el espejo del cuarto y al parecer se ha roto. De nada sirve eso. Ya he visto el resultado.

Dos pequeñas rayas púrpuras.

-Positivo. Positivo. Positivo. –Repito una y otra vez el resultado no creyéndolo y apoyando mis manos sobre el umbral de la puerta- ¡HASTA EN ESE ASPECTO TENÍAS QUE CAGARME LA VIDA, IDIOTA!