Capítulo 16: Recordando el pasado (II parte)

Diez meses de arduo trabajo al fin habían rendido frutos. No había sido sencillo, pero al fin tenía a esa maldita rata mal nacida donde quería. Bueno, en realidad lo quería seis metros bajo tierra, pero eso sería muy sencillo y prácticamente un regalo para un villano como Naraku. Si fallecía, él no sufriría y yo quería eso: que sufriera en carne propia todo el daño que causó. No solamente a mi padre e Izayoi, sino a todas esas personas anónimas a las cuales asesinó y que sin pudor o arrepentimiento, vendió sus órganos para hacerse rico.

Esta vez, infiltrarse en la oscura organización de Naraku, había sido dificultosa, por no decir casi imposible. Había tenido que cambiar por completo mi apariencia, solo para no levantar sospechas, puesto que algunos de mis rasgos físicos eran demasiado parecidos a los de mi padre. Mi largo cabello plateado había sido reemplazado por una peluca de cabello negro que llegaba hasta mis hombros, la cual solía sujetarla con una coleta baja. Mis ojos ámbares eran camuflados por lentes de contacto de tono verde esmeralda, y una falsa cicatriz adornaba mi ceja derecha, para así darme una apariencia más ruda y peligrosa de lo normal.

Obviamente, mi identidad también había sido modificada. Ya no era Sesshomaru Taisho, sino Yako Aihara, un peligroso asesino a sueldo, con un interesante prontuario policial.

A pesar de los cambios que había hecho en mi persona para que no me reconocieran, ganarme a sus hombres tampoco había sido sencillo. La desconfianza reinaba y cualquiera podía ser un agente infiltrado que quisiera perjudicar al "jefe". Hubo noches enteras que me pregunté el cómo hundirlo sin fallar en el intento. Naraku había redoblado su amplia red de seguridad en cosa de semanas y nadie parecía saber el cómo había descubierto a los dos topos en su organización.

Algún día averiguaría quién le dio el dato. Pagaría por ello. Y muy caro. Aunque eso fuese lo último que hiciera en la vida.

Cuando ya pude entrar en la organización, poco a poco me fui ganando su confianza a base de "trabajos sucios" y astucia. Si, Naraku admiraba mi frialdad al momento de matar a sus enemigos sin chistar y mi inteligencia para salir de cualquier situación sin problemas. A veces, solía repetir que le agradaba rodearse de gente con cerebro y no de estúpidos, pues nunca se sabía cuándo cometerían un error y joderían su negocio. Y pues, había que reconocer que Naraku, era un tipo bastante astuto. Pero, no lo suficiente.

-Hay que reconocerlo: tienes talento, Yako.

Esas fueron las palabras más amables que pude escuchar de él dentro del tiempo que llevaba siguiendo sus pasos. Naraku sonrió tétricamente cuando me vio acabar con uno de sus hombres, de manera rápida y certera al cortarle la yugular. Irónicamente, ese tipo era uno de sus más antiguos y fieles seguidores. Él mismo cavó su tumba cuando fue descubierto haciendo negocios con los del bando contrario.

Su acción fue considerada traición y por ello merecía la muerte.

Recibir la orden de acabar con su vida no fue problema, debido a que este guardaba una gran desconfianza hacia mi y al parecer ya sospechaba algo. Lo mejor era deshacerme de él y qué mejor si el mismo jefe lo ordenaba. Nadie cuestionaría mi actuar, pues era un dictamen directo. Un estorbo menos en mi camino.

De la radio que estaba en la sala, Naraku puso en reproducción un CD, el cual contenía varias canciones del grupo británico Queen. Entre ellas, buscó su favorita: Bohemian Rhapsody. La cual solía colocar cuando iba a "divertirse", según el mismo describía.

-Me gusta la gente con sangre fría. –Añadió morboso, viendo como dos de sus hombres cogían el cuerpo tirado en la sala y procedían a colocarlo sobre una superficie metálica, boca abajo- Me hace sentir como en casa. –De un costado de su bota, sacó un pequeño pero filoso cuchillo con el cual comenzó a cortar la piel y extraer minuciosamente uno de los riñones del occiso que yacía en una plancha metálica que solían usar en la morgue- Te confiaré más trabajos de ahora en adelante, Yako. Ahora, déjenme disfrutar del mio. –Nos ordenó a las tres personas que restábamos en el lugar- Sakai, vigila la entrada y que nadie moleste.

Sin que nos repitiera su orden, abandonamos la sala de aquella enorme mansión. Al estar fuera, nos despedimos de Sakai y con Ryo, decidimos ir al salón de juegos para beber algo. Ryo, se veía preocupado, y recalcó el hecho de que Naraku confiara tanto en mi como para seguir encargándome nombres a su lista de fallecidos.

-No burles ese honor, Yako. –Recomendó, tragando en seco- A menos que quieras terminar acostado en esa plancha.

-No me emociona la idea de que mis órganos se vendan al mejor postor. –Contesté mientras avanzábamos hacia nuestro destino. Deseaba llegar lo más pronto posible, por si escuchaba algo importante dentro de esa bola de borrachos-

-Esos no se venden. –Corrigió el mismo muchacho que parecía ser un poco mayor que yo- Esos los devora. Dice que al consumir a su enemigo, se queda con su energía y se vuelve más fuerte.

Así que el hijo de perra era más sádico de lo que saltaba a la vista. No solo era un bastado que traficaba drogas, órganos y personas en el mercado negro, sino que también cometía canibalismo. Pero, ya habría de pagar caro. Ya había cometido el principal error. El señor que no confiaba ni en su propia sombra, confió en alguien equivocado y muy rápido. Se había puesto la soga al cuello él mismo cuando ordenó a sus hombres ir al muelle por la llegada de un barco con niños y algunas toneladas de estupefacientes, los cuales serían comercializados en los barrios bajos de la ciudad. Solamente habíamos quedado él, cinco de sus hombres y yo.

La venganza es un plato que se sirve frío.

Que sabio refrán. Hubo meses enteros en que cuestioné esas nueve palabras, pero valió la pena cada maldito segundo que me demoré en llegar a él, ganarme su confianza y destruirle. Al fin lo tenía en mis manos. Literalmente. Que gran nivel de satisfacción sentí el día que vi la sangre de esa vil alimaña manchando el fino piso de su mansión. Su rostro antes pulcro y blanquecino, yacía casi desfigurado por los golpes, casi inconsciente a mi merced. Su respiración era dificultosa y el vomitar sangre no le ayudaba en absoluto.

-Maldito. –Logró articular dentro de su condición tan miserable-

-No me atrevería si fuera tú. –Saqué mi arma de servicio para apuntarle directo a la cabeza cuando intentaba moverse sin éxito-

-Jala el gatillo –Sonrió dejando relucir sus dientes manchados con sangre al escuchar como quitaba el seguro de la pistola- Ten los huevos para hacerlo.

¿No que el gran Naraku era invencible en la lucha puño a puño? ¿Dónde estaba la fiereza tan legendaria que lo caracterizaba? Obviamente, en la basura. Al fin, todo había salido acorde al plan creado por el equipo de inteligencia y estrategia. Como era de esperar, él fue arrestado y puesto a disposición del tribunal para presentar las debidas evidencias al juez.

La sentencia era segura.

Naraku iría a la cárcel de máxima seguridad del país, y si la C.I.A se enteraba, también reclamarían su cabeza para trasladarlo a U.S.A, por los delitos cometidos en ese país. Pero, ese ya no era mi asunto. Solo tenía que preocuparme por el papeleo y tener a tiempo los informes correspondientes para mis supervisores.

-Y bien, Sesshomaru. –Sango se sentó frente a mi escritorio y se relajó sobre el asiento con extrema familiaridad, aun cuando mi rostro no disimulaba el fastidio por su presencia- ¿Qué se siente salirte siempre con la tuya?

-Tan bien como cuando no me preguntan estupideces. –Contesté parcamente, mientras terminaba algunos informes-

-Toda la unidad sabe lo ocurrido anoche. –Informó viéndome de reojo al saber que con esa frase acapararía un poco de mi atención- Ya son dos veces que te has pasado del límite permitido. Primero, el tipo del interrogatorio. Ahora, Naraku. No habrá tercera vez. Lo sabes.

-Entonces, ¿preferirían que Naraku me hubiese matado y escapado? –Dejé de teclear en la computadora para darle una ceñuda mirada.-

"¿Dónde había quedado su maldita lógica?"

-No, pero estaba más muerto que vivo cuando los encontraron. –Rió despreocupadamente, para luego apoyar ambas manos sobre el escritorio e incorporarse a tal punto que quedó muy cerca de mi rostro- ¿Lo disfrutaste, no? –Al no tener una respuesta de mi parte, prosiguió- No te culpo por ello. Si hubiese estado en tu posición, habría hecho exactamente lo mismo. Al menos, cuando se mire al espejo, siempre te recordará.

-Es solo una nariz rota. -Respondí quitándole importancia al asunto-

-Y cuando tenga dificultad para respirar…

-Solo son un par de costillas rotas. –Interrumpí nuevamente- No es mi culpa que haya sido tan débil.

-Claro, y una de ellas casi le perfora el pulmón izquierdo. Sin olvidar que en una de sus piernas tiene un impacto de bala de alto calibre que puede dejarle cojera permanente. –Rió nuevamente, alejándose de la cercanía que ella misma había creado- Déjame diferir en tus anteriores observaciones. –Tomó asiento nuevamente y agregó- No es solo una nariz rota. Casi le desfiguraste el rostro a golpes. Eso es fuerza desmedida.

-¿Eres la encargada del sumario interno, o qué? –Espeté ya bastante mosqueado por sus "observaciones"-

-No, solo comento lo que aparecerá en el informe. –Se encogió de hombros despreocupadamente- El mismo que irá a tribunal. –Al parecer la conversación ya le había aburrido y sin decir más, se levantó de su asiento y caminó hacia la salida del despacho- Solo ten cuidado. Naraku estará tras las rejas, pero tiene muchos contactos en el exterior. Sabes que no amenaza en vano.

"Juro que me vengaré. Aunque tarde años y no vea la luz tras las murallas de la prisión; te dañaré donde más te duela, maldito. Llegará el día en que me regocije en tu dolor, Yako".

La amenaza había sido clara la noche anterior. Pero, yo no tenía nada que perder. Ni familia, amigos, esposa o hijos. Que se pudriera esperando una oportunidad para verme en el suelo. Además, él estaba contra Yako Aihara, un ser que no existía. Naraku nunca descubriría mi verdadera identidad. Del cajón, saqué un puñado de tarjetas con números telefónicos. Deseché las que tenían una marca, y dejé las que seguían disponibles. Necesitaba descargar las malas energías y qué mejor que en la compañía de una mujer que podía aliviar mis tensiones. Al menos una noche.

-¡Jefe, bonito!

Días después del arresto de Naraku, el idiota de Jaken irrumpió en mi oficina sin tocar la puerta, advirtiéndose a si mismo el error que había cometido. Qué ganas de mandarlo a volar de una patada al otro lado de la ciudad por su falta. Este peculiar personaje llevaba en las manos un puñado de carpetas, de esas que son catalogadas como CONFIDENCIAL. Lo que me faltaba. Más trabajo.

-Disculpe por entrar de este modo, jefecito. –hizo varias reverencias más que exageradas para suplicar mi perdón- El superior Izumi me ha solicitado que le entregue esta carpeta amarilla.

-¿No se suponía que me darían vacaciones? –Comenté sarcásticamente, pues hacía años que no me daba ese privilegio mundano-

-Desde que has superado tu propio récord de casos resueltos, ya hemos optado por obviar esa opción. –Izumi, aquel hombre de gruesas gafas entraba a la oficina, seguido de Jaken, quien colocaba una carpeta gruesa de tono amarillo a mi disposición- Ahora, déjanos, Jaken. –Ordenó con voz profunda, haciendo temblar a mi ayudante- No quiero que nadie moleste en nuestra reunión. ¿Entendido?

Al hacer una reverencia, acató la orden y cerró la puerta del despacho de manera silenciosa. Debido a que era una sala insonora, podíamos hablar del tema sin preocuparnos de que alguno de los empleados escuchara con o sin intención.

-Bien, Taisho, tienes trabajo. –Comenzó a hablar formalmente, cruzando sus piernas para tener más comodidad- Se trata una poderosa familia radicada en la ciudad de Fujisawa, de la prefectura de Kanagawa. En alguna ocasión debiste escuchar de ellos; son los Higurashi. –Ese apellido me sonaba familiar, pero no recordaba dónde lo había escuchado- Tu deber en esta misión es infiltrarte en su organización y obviamente sacar a la luz los turbios negocios, los mismos que Masayoshi Higurashi ha ocultado por años, haciéndolo pasar como una empresa exportadora común.

-¿Tendré apoyo? –Pregunté poco interesado por el caso. Al parecer era sencillo-

-Deberás actuar individualmente. –Respondió mi jefe con seriedad- Esto se ha debido a que tu hermano, Inuyasha, está ligado emocionalmente con una pariente cercana a la familia involucrada.

Maldito Inuyasha.

Siempre terminaba arruinando mis asuntos, directa o indirectamente.

-Por tal motivo, deberás conservar tu verdadera identidad y habrás de trabajar como profesor de cálculo en la escuela preparatoria Fujisawa, que está en la ciudad que lleva el mismo nombre. –No me hace ni la menor gracia el hacerme pasar por docente y estar rodeado de adolecentes igual o peor de idiotas que mi hermano menor- Tus antecedentes serán modificados en el sistema por si quieren investigarte en lo que dura la investigación.

Lo escucho atentamente mientras estudio el elaborado informe escrito que me ha entregado Jaken. Me salto los puntos que no considero importantes, y llego a la sección que contiene las respectivas fichas, las cuales vienen con una fotografía adjunta. Con tan solo ver la imagen de Masayoshi, supe de inmediato que era un hombre poderoso y ciertamente peligroso. Se notaba un hombre en extremo calculador y desconfiado. Por su parte, su esposa Leiko era una mujer de apariencia impecable e intachable llena de distinción y elegancia. Eso no me convencía. Razón: La malicia y arrogancia contenida en su mirada, la cual no cuadraba con sus facciones tan delicadas y femeninas.

Luego apareció la sección donde estaban las fotografías de sus hijas. Mei y Rin Higurashi. La primera de veintiún años y la última de dieciocho recién cumplidos. Ambas eran físicamente parecidas a su madre. Sobre todo la mayor. Aunque si era por belleza, quien resaltaba con gracia, a mi parecer era la menor.

-¿Cuál es el límite permitido en mi posición? –Pregunté para no volver a ser catalogado como imprudente en mi actuar por tercera vez consecutiva-

-Ninguno. –Respondió dibujando una sonrisa torcida en su arrugado rostro- Ambas son mayores de edad ante la ley. –Sugirió con evidente malicia-

-No voy a foll…

-¡No me interesa si tienes que acostarte con ellas, Taisho! –Recalcó Izumi con énfasis, borrando la sonrisa de su rostro- ¡Quiero la cabeza de Masayoshi en el tribunal! Has lo que creas necesario para infiltrarte en su familia y averiguar hasta el último jodido secreto para atraparlo.

-Métanme en la compañía. –Sugerí intentando ver más opciones en este juego de mesa-

-¿Crees que no lo pensé con anterioridad? –Cuestionó como si lo subestimara- No podemos meterte a la empresa directamente, pues eso crearía sospechas. -Respondió acomodando sus gafas- El nivel de seguridad que tienen es impresionante.

-Ya te dije que…

-¡Y yo te repito que no me importa el método que ocupes! –Golpeó la mesa como un bruto mal parido- Utiliza a la que te brinde mayor información. Son sus hijas, ambas jóvenes e influenciables, sea emocional o psicológicamente. –Apretó su puño en mi dirección con ímpetu- Tenlas en el centro de tu mano. Derrítelas a tal punto que te entreguen a su propio padre con tal de que le des un poco más de amor.

-Eso es bajo, hasta para mi. –Me incorporé de un solo impulso de mi asiento, sintiéndome asqueado por el rumbo de la conversación-

-No me importa si está a tu altura o no, Taisho. –Se puso de pie al igual que yo, obviamente por una cosa de egos- Si doy una orden, la acatas. Así de simple. Si no, es clara evidencia de rebeldía y falta de eficiencia, y eso significa que no estás apto para el puesto que estás ocupando en esta agencia. –Se dio media vuelta en dirección a la salida y antes de abandonar el lugar, agregó- Y no hables de caer bajo por usar a esas chicas en nuestro propósito, que entre tú y yo sabemos que solo utilizas a las mujeres para saciar una necesidad sexual. ¿No que a tus ojos solo son simples objetos? –Me dio cara brevemente- Demuéstralo. Así que espero tu respuesta a más tardar mañana…

-Acepto la misión. –Informé conteniendo mi malestar por la actitud de ese bastardo que tenía por jefe- Pero no caeré en ese juego que me propones. Ya veré cómo me las ingenio en el camino.

-Sé que terminarás cayendo cuando se te acaben los recursos. –Rió burlescamente Izumi al escuchar mi respuesta- Además, te informo que al finalizar la misión, deberás presentarte al mundo tal como eres y enfrentar los cargos en el tribunal. No subestimes a Higurashi o a esta misión. No será nada fácil, incluso Naraku parece ser un juego de niños al lado de esto.

Jodida misión.

Maldito Izumi.

Estúpida estrategia.

Primer día en la preparatoria; la falta de entusiasmo y el exceso de mal humor no era disimulable en absoluto. ¿Por qué ser un estúpido profesor de cálculo dentro de todas las profesiones? Ah, claro, es la infantil fantasía de cualquier estudiante en su último año. Y lo había corroborado al impartir clases, pues varias alumnas suspiraban distraídas del mundo, al estar más pendientes de mi cara que de los textos.

Mi malestar aumentó considerablemente cuando al tercer día de clases, el cual por horario me correspondía en el curso de la menor de los Higurashi, aún no se presentaba. ¿Y si no venía? Al carajo, eso significaría retrasarme aún más y pues mi meta personal, era solo demorar un par de meses en recopilar la información necesaria para hundir a Masayoshi.

Diez, quince, veinte minutos… ¡más de media hora de retraso! Al tener a toda la clase de cabeza realizando ejercicios complejos, me di el tiempo de observar a través de la ventana del tercer piso y por una muralla, la vi trepar y caer con poca elegancia al otro lado. No era difícil reconocerla, debido a que me había grabado cada rasgo de los integrantes de aquella familia. ¿Así que intentaba pasar desapercibida en su atraso en el ingreso, verdad? Pacientemente, esperé al lado de la entrada a que ella apareciera y estaba seguro que lamentaría el llegar tarde. Y lo hizo, aunque tuve que tragarme su insolencia, pero ella pasaría el resto del año como mi asistente. Necesitaba a la mocosa cerca, lo máximo posible.

¿Ves, Izumi? Hay otras opciones de sonsacar información sin acostarse con alguien.

Aunque, con el pasar del tiempo, descubrí que esto sería más difícil de lo que pensé al comienzo. Rin, esa torpe muchacha sin ningún tipo de filtro verbal, se calaba en mi mente de manera no muy positiva. Su expresión al hablar, su sutil contoneo al caminar, hasta su olor me tentaba a salirme del protocolo autoimpuesto al inicio de esta locura. Añadiendo su osadía casi diaria por enfrentarme y el no dejar ver si sentía alguna atracción hacia mi persona. Eso sería extraño. Nunca solía ser descartado como opción por el género femenino.

¿Tal vez no sería tan mala idea el tener algo con ella para recabar información? ¿Quién pensaría que alguien tan inocente pudiera provocarme ese instinto tan bajo?

Era impensado, puesto a que era todo lo contrario a lo que me gustaba en una mujer. Lo que me llamaba la atención era su viveza, la cual intentaba ocultar una tristeza que yacía en su interior. Semanas después, descubrí el porqué de su sufrimiento silencioso, y tanto Masayoshi como Leiko, me parecieron unos monstruos peores que Naraku, pues torturaban con la idea de que ella, había asesinado a su hermano, cuando solo fue un accidente sin intención.

Debido a este motivo, descarté la turbia idea de tener un "romance profesor-alumna", pues Rin ya estaba demasiado rota como para dañarla aún más. No era que me importase, sino que eso podría jugar negativamente en mi misión. Así que solo decidí mantenerme a su lado, para que ella indirectamente me abriese las puertas a su círculo más cercano cuando llegara la oportunidad. Así que resignado, esperé la ocasión. Mientras tanto, disfrutaba en silencio de sus bromas e interminables conversaciones. Porque si, Rin Higurashi, era una parlanchina de primer nivel.

El momento perfecto llegó cuando después de la polémica obra teatral en la cual fuimos protagonistas, Rin me presentó a su hermana mayor, en la cual noté cierto interés en mi desde el primer momento. Justo donde quería llegar. Rin no tenía buena relación familiar, en cambio Mei, era todo lo contrario. He ahí el punto débil de Masayoshi. Su hija favorita, pensé. Era ahí donde debía atacar primero, lo demás vendría después.

Invitarla a salir fue más fácil de lo que creí. Cedió rápidamente ante la mirada atónita de Rin y de Kagome, quien se había encargado de acompañar a su prima menor en su breve momento como actriz. La cual podía significarme una molestia en el futuro. Sin embargo, salir con Mei, no era tan estimulante como lo era tratar con Rin. La castaña era demasiado superficial, donde solo sabía hablar de ella misma y de la carrera que estaba cursando en la universidad.

-¿Qué dijo que estudiaba, señorita? –Pregunté con cortesía, al dejar de beber un poco de café que restaba en la taza que sostenía con mi mano izquierda-

-Ya le he dicho que no me trate con esa formalidad. –Su rubor cubrió sus delicadas mejillas y se asemejaba al sweater que traía puesto en aquella ocasión- Solo dígame Mei. Y estoy estudiando Ingeniería en negocios internacionales.

-Que interesante carrera. –Sonreí de medio lado, pensando todo lo contrario. Qué pérdida de tiempo- Creo que le queda a la medida.

-Todos dicen lo mismo. –Ocultó la mirada con timidez, juntando sus manos sobre las rodillas. Un gesto bastante inseguro e infantil- Pero, espero llegar a hacerlo tan bien como dicen.

-Estoy más que seguro de ello. –Si, tenía que seguirle la corriente y hacerla sentir especial con pocas palabras. Me sentía más que patético- ¿Ha pensado dónde trabajará después de egresar?

-En la empresa de mi padre, por supuesto. –La timidez fue dejada de lado y el tono de voz llena de orgullo no tardó en aparecer- No hay mejor lugar en el país. Además, seré yo quien tome las riendas en el negocio cuando papá ya no esté.

-¿Solo usted?

-Bueno… mi hermana también. –Añadió con cierto desagrado mal disimulado- Pero, no sé si alcance a tanto. Ella es tan rebelde que nadie sabe qué esperar de ella. No se adapta fácilmente y solo trae problemas. ¿Imagina el escándalo si no puede morderse la lengua frente a un inversionista importante? Nos llevaría a la ruina.

Así que vivían de apariencias y evitando escándalos sociales. Interesante.

-Creo que no deberían subestimarle. –Salí en su defensa sin darme cuenta de lo que había iniciado- Es una chica lista y llena de energía que podría contribuir positivamente si le dan el incentivo necesario.

-Habla como si la conociera en profundidad.

No era que la conociera profundamente, ni me interesaba, solo que puse saberlo debido al tiempo que compartíamos juntos después de clases. La cual, si bien no era la mejor, se había vuelto soportable después de haberla salvado de la paliza de Yamaguchi y sus secuaces. Recordaba haber sentido una ira indescriptible al verla lastimada y llorando tan rota. Por primera vez quise golpear a una mujer, más bien a tres por su estupidez.

¡Alto, Sesshomaru! Estás involucrándote demasiado.

Fue una alerta que se encendió en mi cerebro al darme cuenta de lo que estaba pensando. Solo fue molestia por el abuso escolar de tres contra una. Nada más. Ahora tenía que centrarme en conquistar a Mei y así llegar a su padre, no más. Y estaba seguro que el primer punto, estaba bien encaminado.

Las semanas transcurrieron lentas y la "relación" con Mei, iba viento en popa. Esa particular noche, ella me presentaría como novio formal frente a sus padres en una cena organizada en el restaurante más caro y fino de la ciudad. Rin no estaría en esta oportunidad ya que calzaba con la fiesta de graduación y tenía una cita con alguien que desconocía. Al llegar a la mansión donde ellas residían, encontrarme con Kagome exclamando a viva voz "¿Estás de joda? ¿Será Sesshomaru tu pareja en la fiesta de gala?". Y diablos, sí que me hubiese gustado acompañarla esa noche, al verla al pie de las escaleras, tan bella y quieta en ese vestido negro con brillantes, el cual se le ceñía perfectamente a su cuerpo y le sujetaban dos delgados tirantes.

Realmente ya no era una niña. Era una mujer sensual que podría tener a sus pies a cualquier hombre, esa noche y cualquier otra. Realmente me replanteé la idea de salir con Mei y raptar a Rin. ¿Pero qué rayos estaba pensando? Quise abofetearme cuando vi bajar a mi acompañante por las escaleras, con distinción y extrema sensualidad en aquel vestido rojo de largos pliegues. Esas hermanas eran de infarto.

No había nada de malo en aceptarlo, ¿verdad?

Mi cuerpo hirvió cuando llegó a la mansión el odioso de la clase, Takeshi Yukimura. Quise borrarle esa embobada expresión cuando vio de pies a cabeza a Rin. Se la comía con la mirada, de eso no había duda. Daba mi cabeza a Naraku, si ese chico no le proponía algo indecente esa misma noche. Y eso me enojó mucho más. No quería que alguien le pusiese un dedo encima, nadie más que… ¿yo?

Déjate de estupideces, Sesshomaru.

Por primera vez, aplaudí en silencio cuando la boba de Kagome, mi cuñada, propuso –más bien ordenó- que fuesen con ella en el vehículo hasta el recinto de la ceremonia, colocando un montón de excusas bobas, pero efectivas. No tuvieron más opción que acatar, pues Kagome, tenía una gran persuasión. No por nada estaba con mi hermano de todos modos. Asegurándome de que tuviesen el menor contacto posible, fui quien se puso en medio de ellos en el asiento trasero, separándolos todo el trayecto. Sí, era incómodo, pero no iba a dejar que él en un intento de pasarse de listo la cogiera de la mano o algo por el estilo.

Sobre mi cadáver, mocoso.

¿Qué era eso que sentía?

No podía descifrarlo, pero asumí que era posesividad. Takeshi deseaba lo mismo que yo: Rin. Sí, eso era. Frustración sexual. La cual crecía tras cada minutos al tenerla cerca y ver lo atractiva que resultaba a la vista, aún más con el cabello peinado de esa forma. Le venía el pelo suelto, no recogido.

Aunque todos mis intentos fueron en vano. Takeshi había sido el primero en la vida de Rin aquella noche, aunque por las circunstancias equivocadas.

De la frustración que me dio la noticia del parte médico, la descargué con Mei, quien resultó ser la más feliz de todos los integrantes de la familia. La hice mía, no sutilmente al principio, aunque hubo un instante en que en mi mente apareció la imagen de aquella mocosa descuidada, lo cual hizo disminuir el ritmo y ser más delicado.

Cada suspiro y gemido de placer de su hermana, era como sacárselo a Rin. Pero, no podía tener nada con esa mocosa. A ella no le provocaba nada más que una pura amistad y cierta admiración, pero no más allá de eso.

Con eso me tuve que conformar varios meses, los cuales se convirtieron en años a mi pesar. Vi a algunos pretendientes, los cuales ella aceptaba, pero no había nada serio que durara más de un par de semanas. Eso me daba tranquilidad. Sin embargo, en mi caso, la formalidad estaba pasando a otro nivel. Izumi me recomendó casarme, así Masayoshi vería que no eran vanas intenciones con Mei. No lo deseé, porque con suerte y esfuerzo la toleraba, pero era una orden. Mi misión estaba en primera opción, antes que ese deseo absurdo hacia Rin.

Tres años pasaron rápidamente y la fiesta de compromiso era un hecho. Ese día vi como el brillo en los ojos de Rin, se apagaron y los vidrios de su alma se empañaron. Estaba triste.

¿Había obviado algo?

-Trae a tu novio, Rin. –Recomendó su madre durante la cena, aprovechando el momento en que Mei dejó planear como sería la fiesta de matrimonio y una sarta de estupideces más- Sería bueno que los invitados sepan que puedes ser la próxima en casarte.

¿Qué? ¿Estaba con alguien y no lo sabía? Se suponía que me consideraba su mejor amigo y ella la mía, ¿cómo diablos no me había dicho nada? La ignoré tanto como me fue posible, hasta que ella capturó mi atención con su voz apagada:

-Tal vez se anime. –Respondió ella jugando con su comida, cosa que no solía pasar, ya que devoraba todo a su paso teniendo la oportunidad- Lo hablaré con Nobuo más tarde.

Así que ese pequeño bastardo se llamada Nobuo, eh. De seguro otro patán bueno para nada. No había que negarlo, ella tenía pésimo gusto a la hora de enamorarse.

-¿Las cosas no están bien, Rin? –Preguntó Mei, sujetándose de mi brazo, impidiéndome comer- Recuerda que las parejas tienen sus altos y bajos.

-Si, claro, hermana.

Ese día de la fiesta, me percaté que lo que sentía era más que una frustración sexual hacia Rin. Ella me gustaba realmente, o quizás más allá de un simple gustar y no lo quería aceptar. Ahora sabía que lo que sentía eran celos, igual que con Takeshi. Solo que ahora era las desagradable la situación. Quería separarlos; a él golpearlo para que no se acercara a lo que era mío y a ella llevármela de ahí y demostrarle que no necesitaba a otro que no fuese yo.

Qué pensamiento más primitivo.

Que bajo caí.

Yo, quien solo disfrutaba de las mujeres casualmente, solo por sentir una necesidad biológica. Ahora, me daba cuenta que me había enamorado de la única mujer que no me veía como un trozo de carne o un trofeo. La cual, de algún modo me leía como un libro abierto.

Me había vuelto débil. Por fin había experimentado los sentimientos, y en muy mal momento a mi pesar.

No solo yo me di cuenta de que mi interés iba más allá de una amistad o una atracción física. Dos seres más lo habían percibido. Masahiko y Masayoshi Higurashi. El primero se acercó después del brindis, en aquel lugar apartado en el que me había situado para espiar mejor los pasos de esa parejita que me enervaba los nervios.

-Curioso, ¿no?

-¿Qué le parece curioso, Masahiko?

-Que el ser humano se atraiga tanto a un polo opuesto. –Respondió sin desviar la mirada sobre su sobrina, a la cual miraba con ternura- Y se vuelve tan vital, que hasta cuesta respirar cuando se aleja de nosotros.

-No sé de qué habla. –Desviando la mirada hacia Mei, quien hablaba con uno de los invitados-

-De tu interés en mi sobrina.

-Es obvio. –Contesté sosteniendo una copa entre mis dedos- Me casaré con ella en unos meses.

-No hablo de Mei, justamente. –Sonrió comprensiblemente y eso me sorprendió- Sino de aquella muchacha de cabello negro que baila con un músico sublime, pero al cual no ama.

-El alcohol se le subió a la cabeza, Higurashi. –Intenté retirarme del lugar, más un agarre en mi brazo me mantuvo en mi lugar, sin siquiera aplicar fuerza-

-Soy un viejo lobo que ha vivido varios inviernos. No me hables de frío a mi muchacho. –Habló sin perder la sonrisa en su rostro, la cual se asemejaba a la de Rin y Kagome- Sé cuándo un hombre siente algo por una mujer. Y tú, muchacho, sientes algo, muy en el fondo de tu corazón. Deberías replantearte seguir con esta locura.

Por primera vez, alguien me había dejado sin argumentos. ¿Tan obvio era? Pues parece que bajé la guardia un solo momento porque no tardó en aparecer Masayoshi y amenazarme. No solo no me integraría a su compañía, sino que era capaz de dañar a su propia hija con tal de asegurar la felicidad de Mei. Le aseguré que era un mal entendido y que amaba a su hija mayor. No era verdad, pero no me perdonaría si él llegaba a lastimarla.

La contemplé nuevamente, antes de llegar hasta Mei y pasar la noche a su lado como un novio que ama a su bella novia.

Otros meses pasaron, y no podía con la situación. No quería casarme. Amaba a Rin y ella tenía que escucharlo antes de firmar el vínculo con Mei. No importaba si me rechazaba, pero me escucharía de todos modos. Aunque lo dudaba, debido a que había notado ciertas señales que delataban que había algo más. Ojalá mi instinto no me fallase y realmente encontrara un tesoro debajo de toda la mierda que nos rodeaba. Así que me aislé del mundo y esperé a que ella llegara a verificar qué sucedía.

No me equivoqué. En ninguno de los puntos.

Ella me amaba y me lo demostró al responder al beso que le robé. Su sabor era embriagante y seductor, tal como una droga para un dependiente. Quería más. No obstante, ella me detuvo a tiempo, sino la hubiese hecho mía aunque echasen la puerta abajo a punta de golpes. Sé que le dolió estar entre la espada y la pared, pero me prometí a mi mismo, el seguir de pie y cuidando sus pasos aunque tuviese responsabilidades con Mei. La amaba. No era tan malo si lo aceptaba, dejando de lado las consecuencias futuras de esta conflictiva situación.

No descansé hasta demostrarle quien era realmente cuando nos fuimos a la cabaña familiar. Un hombre con pasado, aunque modificado. Un sujeto que la amaba con locura y deseo, el cual fue consumido como una fogata. Aún tengo esas caricias grabadas en mi mente y piel, sus suspiros y quejidos en mis oídos. La calidez de su piel y sus abrazos. Mi nombre pronunciado en sus delicados labios. Aquellos que fueron mi completa perdición y que me tentaron a abandonarlo todo.

Pero, la oportunidad se dio cuando menos lo esperé. Alguien me dio la llave a los documentos que necesitaba y el desembarco de mercancía estaba cercano. Debía esperar un poco más.

¿Y qué hice con Rin cuando todo terminó? Romperla en mil pedazos cuando la verdad salió a la luz. Merecía esa bofetada y mil golpes más por su parte. Sabía de antemano que no recordaría la promesa que me hizo la noche que celebramos íntimamente su cumpleaños.

-Lamento esto, Rin. –Empuñó el bolígrafo cuando terminó de redactar una carta mientras recordaba tantos acontecimientos de los años a la fecha. Era un miserable que terminó jugando con ambas, aunque no lo hubiese querido en un comienzo- Espero me disculpes algún día y entiendas que no quise ponerte en peligro.

Sabía que sería difícil, pero tendría que esperar a que las cosas se enfriasen y luego… luego iría por ella.

Siempre por ella.

No la dejaría ir una vez más.

-Espérame, Rin.

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Notas autora:

¡Bien, por fin han sabido la versión de Sesshomaru! Espero les haya gustado y me dejen saber sus reacciones. Debo agradecerles por seguir la historia y por agregarlos a sus favs y todo eso. Son muy lindos.

Proximo capitulo - N°17: CONFESIONES.