Capítulo 17: Confesiones.
23 de febrero del año 2018.
Una semana ha pasado desde el incidente en el tribunal, pero para mi, parece haber ocurrido hace unas cuantas horas atrás. Maldigo aquel quince de febrero, el cual fue uno de los peores días de mi existencia. Fue el día en que mi vida se fue a pique y que terminó de tocar fondo. En aquella jornada, no solo me enteré que Sesshomaru fue el encargado de apresar a mi padre por los múltiples delitos que había cometido, sino que jugó con mis sentimientos a su favor y que del resultado de aquello estaba embarazada. De seis semanas de gestación, aproximadamente, según el examen que me realizó hoy el gineco-obstetra del hospital. Toda la emoción que sentí aquella mañana cuando no sabía la verdad, ha desaparecido completamente.
No siento nada. Solo repulsión.
Aversión hacia ese bastardo mentiroso.
Sigo caminando a paso calmo hacia mi departamento, sosteniendo un paraguas en mi mano izquierda, mientras cae la lluvia sobre Fujisawa. No he querido conducir esta mañana, debido a las náuseas matutinas. Mi pobre auto ya sufrió las consecuencias de ello. No me emociona en absoluto limpiar el desayuno que se devolvió por completo, a los diez minutos de ingerido.
¿Ves lo que causas, pequeño parásito?
Si, a ti te hablo.
Terminaré en los huesos por tu culpa.
Al dirigir ese pensamiento a la criatura que crece dentro de mi cuerpo, la mano derecha se detiene inconscientemente en el bajo vientre, percibiendo una extraña emanación de calor en esa zona. Me recuerda que si siento algo, y es miedo. Sé las consecuencias que traerá esto cuando la bomba estalle y se sepa la verdad. No serán positivas, obviamente. El mundo caerá sobre mi y no me siento con las fuerzas suficientes para afrontarlo. ¿Qué hago con mi vida de ahora en adelante? ¿Cómo lo haré para estudiar, trabajar y criar a este bebé al mismo tiempo? ¿Debería abortar? ¿Deseo realmente tener a esta criatura?
La respuesta lo sabré en el futuro, y será cercano.
Debo tomar una decisión pronto.
Mi mano derecha abandona el lugar donde estaba posada, y regresa al costado de mi cuerpo, donde corresponde. Al llegar al complejo de apartamentos, subo cuidadosamente las escaleras para no perder el equilibrio y caer, debido a que el ascensor está en mantenimiento y los desmayos pueden ocurrir en cualquier momento. Al llegar a mi piso, no tardo en reconocer la figura que está frente a mi puerta y sin poder evitarlo, comienzo a sudar frío y se me retuerce el estómago.
Demonios.
Estoy tentada a dar media vuelta y desaparecer, pero aquella persona ya se ha percatado de mi presencia y sé que no tengo escapatoria. No detengo mi marcha y llego hasta ella, quien me da una de las miradas más gélidas que me ha dedicado en todo lo que llevo de vida.
Esta no es una visita amistosa.
De eso podría darse cuenta cualquiera.
-Tenemos que hablar. –Anuncia al estar a unos cuantos pasos de distancia. Aprieto el mango del paraguas conteniendo mi cobardía, buscando alguna palabra coherente dentro de mi bloqueado cerebro- Abre la jodida puerta de una vez. –Ordena mi hermana, con una tensa expresión facial- No me hagas perder el tiempo.
No ahora, por favor.
Presiento que su visita ha de estar relacionada con la insinuación que dejó en el aire Sesshomaru, cuando estábamos en el tribunal. Sé que intuye la verdad y que viene a enfrentarme. No deseo ser encarada, no me siento preparada para ello. Saco las llaves de mi bolso de mano y abro la puerta para que ingrese. Ni siquiera espera la invitación formal, y Mei atraviesa el umbral de la puerta, dejando ver en cada paso dado la ira que habita en ella. Esto no tiene pinta de bueno. Se queda de pie en la sala, luego de dejar bruscamente su abrigo húmedo y su cartera en un costado del sillón. Me doy el tiempo suficiente para dejar mis pertenencias colgadas en el perchero y por fin le doy cara después de unos segundos.
-Te escucho. –Demanda, dejando ver una dura línea en sus labios después de hablar. Se cruza de brazos, y golpea repetidas veces el piso con uno de sus pies, la señal de que está más que mosqueada- Quiero escucharlo de tu propia boca.
-No sé de qué…
-¡Lo sabes perfectamente! –Alza la voz, haciendo que de un leve brinco en mi lugar, el cual por seguridad está alejado del de ella- Así que no te hagas la imbécil conmigo. Quiero saber, ¿desde cuándo él y tú se han estado burlando de mi? –Antes de responder, ella me detiene- No me salgas con que no sabes de lo que hablo. Ni te atrevas a querer verme la cara de idiota de nuevo. No hay que ser una retrasada para no entender su indirecta el otro día. ¡Confiesa! –Sus ojos se llenan de lágrimas, mientras aprieta sus nudillos a tal punto de dejarlos blanquecinos- ¡Confiesa que se acostaron!
Sepulcral y tenso silencio.
Bien dice que el que calla otorga, y ahora no soy capaz de emitir palabra.
-Eres una ramera. –Me observa con odio profundo, mientras se acerca paso a paso, los mismos que retrocedo para mantener distancia- Una zorra que pudo elegir a cualquier hombre en el mundo, pero que tuvo que elegirlo a él… ¡A mi esposo! ¡Él me eligió! ¡A mí! ¡Y tú te cruzaste en el camino, maldita! –Me da alcance en un momento, acorralándome contra el mesón de la cocina, tomándome del cuello y presionándolo con moderación al principio-
-¡Pero… te eligió por las razones… equivocadas! –Digo con dificultad mientras intento soltar su agarre- ¡Nunca nos quiso verdaderamente! ¡Fue una farsa!
-¡No me interesa! ¡Él es mío! –Dice en su estado de negación- ¡Estamos casados legalmente! Le guste o no, y eso no cambiará.
-¡Suéltame, Mei! –Le suplico a la vez que entierro mis cortas uñas en su cara, pero no cede- No puedo… respirar…
-No tienes ni idea de cuánto te odio, Rin. –Habla presionando aún más, a tal punto que siento que quebrará mi cuello. Jamás la creí capaz de tener tal fuerza- Me jodiste la vida. Tú y él.
De la nada me suelta y caigo sobre mis rodillas, tosiendo bruscamente al tiempo que intento capturar el máximo de aire hacia mis pulmones. La escucho sollozar, al principio de manera débil y luego con fuerza.
-Te reíste en mi cara. ¡Me decías que me jugara las cartas por él y mi matrimonio, mientras te acostabas con Sesshomaru, traidora! –Me reprocha mientras golpea la pared- Tú sabes lo que sentía por él y aun así lo hiciste, insensible.
-Y tú sabiendo lo que yo sentía, igualmente te casaste con él. –Le digo con voz rasposa producto del daño en mis cuerdas vocales- Te diste cuenta de mis sentimientos antes de conocerle. Lo corroboraste mucho antes de casarte y me amenazaste. –Me incorporo dignamente, aunque mis piernas tiemblan como gelatina- Te regocijaste con la idea de restregarme en la cara que vería en primera fila tu unión con él, siendo la primera dama de boda. Así que, ¿quién es la insensible, eh?
Ya.
Lo dije.
¡Por fin, después de tanto tiempo!
-¿Cómo te atreves, zorra? –Indignada, intenta abofetearme, más detengo su golpe a tiempo y retengo su mano los siguientes momentos-
-¡Me atrevo a decírtelo porque es verdad! –La enfrento nuevamente, viendo su reacción pasmada. Ha dejado de llorar.- Siempre estuve enamorada de Sesshomaru y no supe hasta hace poco que tenía sentimientos por mi. Al menos eso me hizo creer. –Añado con amargura- Siempre pensé en ti, y nunca me interpuse en tus planes, hasta ese momento.
-¡Él nunca te iba a tomar en serio! –Forcejea contra mi agarre y no cedo en ningún momento- ¡Todos saben que eres una cualquiera!
El sonido de una fuerte bofetada inunda la cocina. Mi mano izquierda se estrella con su mejilla y logra silenciarla. Mi objetivo se ha cumplido. Y se ha sentido jodidamente bien.
-Podré ser una cualquiera ante tus ojos y estás en tu derecho de pensarlo. –Comienzo a hablar al instante en que suelto su mano que sube hasta su mejilla enrojecida- Sin embargo, en los míos, no eres más que una mujer frustrada y amargada, que no es más que una vil marioneta que cumple los deseos de su padre. Una resentida que me reprocha su fracaso matrimonial, aunque el verdadero motivo fue la mentira de Sesshomaru para llegar a nuestro padre. ¡Entiende! Se acercó a nosotras para beneficiarse a él mismo. No quiere a nadie más que a si mismo, igual que papá.
-No lo llames de ese modo. –Agacha la mirada, haciendo una mueca en su boca- No tienes tal honor.
-¿Honor? –Repito incrédula- ¿Ser la hija de Masayoshi significa un honor? ¿Aun cuando él está detrás de la muerte de Nao, el amor de tu vida?
-Esa acusación es falsa. –Dice cegada ante la realidad, borrando la mueca en su rostro que pasa a ser una sonrisa torcida- ¡Ya lo verás! –Va hacia el sillón y recoge rápidamente sus cosas. Dentro de su bolso saca un sobre que tiene el sello de una clínica y me lo enseña con orgullo- Me aseguraré de que Sesshomaru siga atado a mi, tiene que responsabilizarse por sus actos.
-¿Responsabil…?
-Estoy embarazada. –Sonríe triunfal, mientras se encamina a la salida- Y no pueden cambiar eso. Ni tú, ni él, hermanita. –Menciona la última frase con sarcasmo y triunfo, para luego abandonar la morada-
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Kagome termina de revisarme las heridas en manos y rodillas, verificando que no estén infectadas con el paso de los días. Los resultados son favorables ya que hay una buena cicatrización de por medio, aunque su rostro está incrédulo al relatarle lo acontecido esta mañana con Mei. Si, incluido el hecho de que estaban sus manos alrededor de mi cuello y la gran noticia de que seré tía.
-No puede hablar en serio. –Habla Kagome luego de un momento de bloqueo- No ha quedado embarazada en casi cinco años… ¡y justamente queda encinta cuando sucede todo este embrollo!
-Es lo que me ha dicho. –Repito por tercera vez en quince minutos- Me ha enseñado un sobre con el sello de la clínica obstetricia.
-¿Pero viste el resultado? –Negué con mi cabeza, mientras cojo un frasco de vitaminas- No creeré nada hasta ver el resultado con mis propios ojos. Muchas veces vino a ti diciendo que ya casi no tenían intimidad.
-Tú lo dijiste… Casi. –Recalco con amargura- Era cosa de tiempo, supongo.
-¡Sigo diciendo que es muy sospechoso!
Resignada, agarro con mis dedos una vitamina que hoy me ha recetado el doctor y dejo con cuidado el frasco sobre la mesita de noche que está a mi lado. Luego, cojo el vaso de agua fresca que he dejado antes de venir a dormir. Trago la capsula antes de que mi prima se recueste al lado. Se ve tan escéptica con lo narrado que me gustaría pensar lo mismo que ella, pero por más que trato no puedo. Solo quiero cerrar los ojos y despertar de esta pesadilla.
-Pues, si llegase a ser verdad… -Kagome medita un momento y luego añade- Significaría un gran lío. Embarazo doble, Dios.
-Ni que lo digas. –La abrazo buscando calidez, la misma que me ha entregado esta última semana desde que me encontró herida en la sala por romper la fotografía familiar donde Sesshomaru aparecía- He pensado lo mismo durante todo el día.
-Y que el maldito es un jodido semental. Mató dos pájaros de un tiro. –Agrega en son de broma, pero se percata de su error cuando siente que me he tensado- Lo lamento, Rin…no debí…
-Ya no importa, Kagome. –La tranquilizo mientras ella acaricia mi cabello como cuando éramos unas niñas- Intento que no me afecte. Sin embargo, tienes razón. Qué ironía que ambas estemos embarazadas al mismo tiempo y del mismo hombre. –Comento con amargura-
-¿Qué harás la próxima semana cuando sea la audiencia final?
-Ir, obviamente. –Respondo sin dudar- Aunque eso me signifique ser sacada a patadas. Le prometí a mamá no dejarla sola y estoy faltando a mi palabra por él.
-¿Eres consciente de que volverán a verse, verdad?
Claro, cómo no pensar en ello. Ha sido lo que más he tenido en mente los últimos días y noches. No quiero imaginarme la incomodidad de encontrármelo de frente una vez más, presentando el caso y restregándome en silencio la realidad: que todo fue una vil mentira. A veces me pregunto, ¿acaso esos agentes no tienen sentimientos? ¿No tienen conciencia del daño que provocan sus engaños?
Me aterra estar frente a Sesshomaru, a pesar del odio que alberga mi corazón. Tengo miedo de experimentar la necesidad de estar con él. No quiero ser dependiente de ese erróneo sentimiento de amor. Es estúpido sentirme tan confundida a pesar de saber la verdad. Si, lo odio por engañarme. Pero, lo amo a raíz de ello. Ojala uno pudiese borrar la información de tu propio cerebro como cuando formateas un computador.
-Prefiero no pensar en ello. –Miento una vez más- Ya no debe importarme.
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01 de marzo del 2018.
-De pie el acusado.
Ordena el juez de la corte, al escuchar el largo testimonio de los testigos y acusados en el caso "Higurashi". Ha sido un juicio extenuante y lleno de sorpresas que dejan la piel de gallina. Masayoshi es un completo monstruo que no siente remordimiento alguno por sus actos. No solo es un jodido narcotraficante de drogas, sino un delincuente y asesino.
Tengo ganas de vomitar, y no es por el embarazo. Es por todo lo que ha acontecido en poco más de dos horas. Ya no sé qué pensar o creer. A tal punto que ya no sé con claridad quien es quien en la familia. Quien es amigo, enemigo, traidor, entre tantos conceptos que pueden surgir. Ni si quiera sé quién yo soy dentro de todo esto. Todo está confuso.
Nuestra familia, incluida Kagome, tío Masayoshi y su esposa, hemos estado sentados desde el inicio en la primera fila del estrado, detrás del imputado. Al principio, fue para apoyarlo en todo el proceso, más ahora creo que es por simple inercia de no saber qué hacer. Hemos escuchado y observado las evidencias en contra suya, las cuales no son pocas y suaves.
Debí quedarme en casa. No debí venir.
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El encuentro con Sesshomaru no había sido un estímulo positivo esta mañana al encontrármelo en el pasillo, a las afueras de la sala en que se llevaría el juicio. Decidí ignorar su presencia, al igual que el agitado palpitar de mi corazón. Debía ser fuerte y no demostrar lo afectada que estaba por él. Sesshomaru no merecía aquello. Bueno, si es que ese era su verdadero nombre.
También estaba Inuyasha, al cual no veía hace mucho tiempo. Pidió hablar conmigo y con Kagome, pero la última decidió mantener distancia tal como lo hice con su hermano. Él en sencillas palabras, me dijo que no sabía nada de esta situación, a tal punto que ignoraba que él era un agente del centro de inteligencia y que jamás lo hubiese adivinado ni por broma. Aunque al principio lo dudé, terminé por creerle, debido a que sabía cómo Sesshomaru podía ser de reservado con sus asuntos personales. No era culpa de Inuyasha de los errores de su hermano.
-Kagome y yo pensábamos que también pertenecías a la agencia. –Comenté incómoda por la conversación y de las miradas que recibía desde la distancia- O al menos estabas enterado de los planes de Sesshomaru.
-¡Te juro que no es así! –Insistía el peli plateado- ¡Sería cool en algunos aspectos, pero no creo cumplir con el perfil que ellos requieren, sino de alguien igual a…!
-Tu hermano. –Finalicé con una mueca en mi rostro que intentó ser una sonrisa mal ejecutada- Lo sé.
-¿Podrías decirle a…Kagome… que no tengo que ver en ello? –Solicitó afligido-
-No tengo problema en ello. –Acepté para alivio de Inuyasha- Sin embargo, ¿para qué tanto esfuerzo en aclararle a ella tu participación en esta historia?
-No quiero que piense equivocadamente. –Contestó mirándola de reojo, mientras ella hablaba con tío Masahiko- Nunca me hubiese acercado a ella para lastimarle o para ayudarle a mi hermano con sus asuntos. Si estuve con ella, es porque la amé con todo mi corazón, y si todo terminó fue por mis tonterías.
-Suenas arrepentido. –Recalqué con disimulo-
-Ella sabe que es así, aunque la noticia de mi matrimonio con Kikyo la lastimó mucho. –Relató con pesar- Y fue una gran tontería. Terminar con una persona y buscar en otra lo que ella tenía. ¡Si hasta tenían cierto parecido físico entre ambas!
Ya lo había notado de todas formas. Pobre chico.
-Te casaste en el extranjero.
-No pude hacerlo. –Mostró sus manos, en las cuales no había ningún anillo dorado- Simplemente no tenía a la novia correcta al pie del altar. –Bajó la mirada, para luego fijarla al frente nuevamente- Simplemente no era Kagome. Cuando intenté contactarla, ella sencillamente me rechazó de todas las formas posibles, y ahora es el doble.
-Dale tiempo. Solo eso diré. –Puse una mano en su hombro para apoyarlo y le regalé un guiño cómplice- Luego, ve los resultados a tu esfuerzo y no la sigas jodiendo, no al nivel de tu hermano, por favor.
-Gracias, Rin. –Me regaló un enorme abrazo y una sonrisa agradecida- No lo olvidaré.
Las miradas reprobatorias no tardaron en llegar por parte de Mei y mamá. En voz baja, mamá me indicó que ya hablaríamos después del asunto que teníamos pendiente. Si, el embarazo de Mei y mi traición.
Cuando ya me disponía a entrar a la sala, me encontré de frente con el dueño de todos mis males, quien me hizo el ademán de entrar primero. Cortesía, solo eso. Sin reparar en eso, ingresé y me posicioné con la familia en el primer asiento, esperando el inicio de todo ello. Vimos pasar uno por uno al lugar de declaración, donde juraban decir la verdad y nada más que la verdad, incluido Masayoshi, a quien no le creía nada.
Luego, fue el turno de Sesshomaru, quien tan indiferente como se le cree capaz de ser, expuso todos los pormenores ante el juez y el jurado asistente, y obviamente también al público general. Ni siquiera hubo una mueca en su narración, producto de los horrores que mencionaba. Entre ellos, el asesinato de Nao, el ex novio de Mei.
-Nao Daigo, de veintisiete años, fue secuestrado por los hombres de Masayoshi Higurashi. –Comenzó a relatar con su voz llena de formalidad con la frialdad latente, tal como cuando lo conocí, mientras enseñaba la foto del fallecido a través de un proyector. Mei estaba helada y quieta como una piedra- No solo fue golpeado, sino que su cuerpo presenta claras evidencias de haber sido torturado hasta antes de morir, como podrán apreciar.
Un grito ahogado de Mei se evidenció en la sala, al pasar imagen tras imagen, y de las deplorables condiciones en que quedó su cuerpo. Mi madre negaba con su cabeza, repitiendo en voz baja que eso debía ser una completa mentira. Mi hermana se cubría los ojos, a la vez que se aferraba a los brazos de mamá, porque ni siquiera me dirigía la palabra desde lo sucedido en mi apartamento.
-Entre las ropas del occiso, se encontraron un par de cabellos, los cuales el ADN arrojó que pertenecían a Masayoshi Higurashi. –Hubo un pequeño contacto visual entre nosotros, más apartó la mirada casi de inmediato- Además, sus mismos trabajadores confesaron que participaron en los hechos de secuestro y torturarlo, más lo culparon de haber dado el golpe final a Nao. –Otra fotografía se proyectó, donde se podía observar claramente un grueso corte donde la tráquea se podía apreciar en el descompuesto cadáver- Masayoshi lo degolló con un cuchillo, el cual fue encontrado la oficina que ocupaba en su empresa. –Explicó al juez y jurado- Ahí pudieron corroborarse las huellas digitales, de que este le pertenecía a él, y además, del ADN impregnado en el filo a pesar de haber sido limpiada correspondía a Daigo.
-¡Es mentira! –Estalló mi madre, totalmente horrorizada por la escena, apuntando a Sesshomaru con odio- ¡Él miente! ¡Solo está inculpando a mi esposo!
-¡Silencio en la corte o deberá abandonar la sala por la fuerza! –Ordenó con seriedad el juez de la audiencia, terminando de estrellar la base de madera con su martillo del mismo material-
-¡Ese hombre no ha hecho más que mentir y burlarse de nosotros! –Siguió mi madre con su ataque de rabia, ignorando la advertencia anterior- ¡Ha jugado con mis dos hijas! ¡Una de ellas está embarazada por su vil treta! ¡Exijo que también sea sentenciado por su abuso de poder!
Mentiría al decir que el rostro del siempre tan controlado Sesshomaru no se desfiguró un poco al escuchar a mi madre. Sus ojos penetrantes se posaron en mi, mientras que solo pude mantener la mirada. Si le rehuía, sabría que era yo. No deseaba eso. Él jamás lo sabría. Me encargaría de ello más adelante.
-¡Mi hija mayor es la más perjudicada en esto! ¡La sedujo, la enamoró y se casó con ella a pesar de no corresponderle! –Reclamaba- ¡Ahora resulta estar embarazada de 11 semanas! ¡Tiene que pagar por ello!
Mi madre sacaba del bolso de Mei aquel sobre donde se confirmaba el embarazo. Lo expuso mientras seguía discutiendo y exigiendo justicia. Mei solo sabía llorar. No tengo claro si era por lo que había visto minutos antes, o por hacerse la víctima. Mi padre se dio vuelta, por primera vez en lo que llevábamos de audiencia, y observó a su hija favorita. No había ni una pizca de remordimiento en él por el daño causado a Nao o a otra de sus víctimas. Más solo transmitía incredulidad, preguntando silenciosamente: "¿Realmente seré abuelo? ¿Te embarazaste de ese imbécil?".
Un señor de traje y gruesas gafas, intercedió por Sesshomaru, justificando su actuar para poder llegar al criminal y además, seguir instrucciones. Supongo que era su superior, ya que el aludido pareció más relajado al escucharlo.
-Además, no hay abuso en ambos casos, señora Higurashi. –Recalcó el sujeto con formalidad, pero con cierto dejo a la ironía- Ambas eran mayores de edad cuando el agente Taisho se acercó a ellas, con el fin de infiltrarse en su núcleo familiar. Además, por si no se ha dado cuenta, ninguna de ellas, incluida la embarazada, fue obligada a consumar un acto sexual. Todo está claramente especificado en el informe de la central, el cual tiene una copia para usted, señor juez. –Luego, de manera triunfal, el sujeto tomó asiento como si no hubiese ocurrido nada-
El juez dio la orden de proseguir, diciendo que el tema de embarazo de una mujer durante la investigación, se trataría de manera interna con la central de inteligencia, y no en un juicio público de Masayoshi. Temas totalmente apartes. Así que sin ahondar más en la discusión, ordenó a Sesshomaru el proseguir con su testimonio. El agente, sin perder la confianza ni la compostura por lo acontecido, especificó que mi padre había tenido una cercana relación con un peligroso criminal desde hacía un largo tiempo. Este se llamaba Naraku Wakahisa, el cual estaba prisionero hace cinco años y que él mismo se dio la labor de ponerlo tras las rejas. No solo eran socios en asunto de tráfico de drogas, sino de órganos, al entregarle mi padre los cadáveres a ese sujeto y que los vendiera en el mercado negro asiático. Luego se repartían las ganancias en partes iguales.
-¿Cómo llegó a estas pruebas contra mi cliente, señor Taisho? –Preguntó el abogado defensor, intentando buscar algún punto débil en las evidencias que presentaban ante el magistrado-
-Gracias a un testigo de variados hechos, que por miedo a represalias contra su familia, tuvo que callar durante muchos años. –Respondió Sesshomaru sin vacilar ni un poco-
-¿Y dónde se encuentra ese valioso testigo? –Atacó nuevamente el abogado, observando al público presente- Por lo que hemos visto y escuchado, no ha salido a la luz dicha información de alguno de esas personas. ¿O es que realmente no hay un testigo como tal?
-Este personaje tiene protección legal, y no dará su testimonio abiertamente por el motivo antes expuesto en este tribunal. –Cortó tajantemente el agente- Tiene la autorización del juez, por si no estaba enterado.
-Pues, si no se manifiesta abiertamente, puede caer en tela de juicio su veracidad. –Se rió en su cara y hasta yo me sentí molesta con ese sujeto sin saber por qué- ¿Realmente existe?
-Claro que existe. –Una voz a un par de puestos de donde me encontraba, se escuchó fuerte y clara, para luego ver como un hombre se colocaba de pie ante ellos, ante la mirada atónita de todos los presentes- Yo soy el testigo que entregó evidencias, abogado.
-¿Qué? –Dijo Kagome sin poder creerlo- ¿Papá?
-¿Qué rayos estás haciendo? –Dijeron Masayoshi y mamá casi al mismo tiempo-
-Se llama a declarar al estrado a Masahiko Higurashi. –Anuncia el fiscal a cargo del caso- Hermano y ex socio del imputado.
Sesshomaru le dio su lugar, y después de jurar decir la verdad en su testimonio, el interrogatorio comenzó. Confesó darle el acceso al agente a toda evidencia de fraude cometido por su hermano, y hasta contactos del comercio de drogas, los cuales las distribuían en barrios altos y bajos del país para crear más dependientes a su negocio. También lo del fraude al fisco y varios detalles que salieron a la luz con el pasar de los minutos. Sobre la muerte de Nao, él se enteró de casualidad al llegar a la bodega donde había ocurrido el asesinato. Masayoshi lo había amenazado sin dudar y él tuvo que callar hasta que creyó oportuna la situación.
-¿Por qué calló tanto tiempo sobre los turbios negocios de su hermano, señor Masahiko? –Atacaba nuevamente la defensa de Masayoshi- ¿No cree que es igual de culpable?
Jodido abogado.
-Tal vez está en lo correcto. –Respondió con tranquilidad aparente- Puedo ser culpable y cómplice de sus atrocidades, pero prefiero ir a la cárcel que ver muerta a mi familia.
-Maldito traidor. –Oí murmurar con ira a Masayoshi frente a mi, aunque dándome la espalda-
-Masayoshi, amenazó con matar a mi familia frente a mi. Quizás si era considerado, tendrían una muerte como la de Nao. No estaba dispuesto a ello. –Contó apretando sus puños- Luego, se enteró de que la policía había encontrado su cadáver, aunque con desfase. Lo habían hallado antes, pero por orden del centro de inteligencia se modificaron los hechos. El agente Taisho sabía sus movimientos pero no tenía más evidencia que eso. –Él detuvo su hablar, y luego prosiguió- El día 14 de febrero me citó por ello. Creía que lo había delatado. Le dije que no era así. Me amenazó nuevamente, con algo que él sabía que yo no podría soportar. Esa misma mañana, decidí llamar al agente Taisho y contarle todo, siempre y cuando le dieran la protección necesaria a mi familia y a mi secreto más valioso. Si era así, le entregaría toda evidencia ya que tenía acceso a toda la información. Mi hermano nunca ha sido muy ocurrente con sus contraseñas y ocultando llaves.
-¿Y cuál es ese secreto? ¿Un turbio negocio? ¿Adicción?
-¡Objeción!
-No se moleste, fiscal. –Sonrió calmo- Abogado, a diferencia de mi hermano, soy un hombre recto. Mi secreto es que tengo una hija fuera del matrimonio, con quien fue un gran amor en el pasado. –Con Kagome nos observamos sin creer lo que escuchábamos- Masayoshi lo supo siempre, más nunca lo reveló por miedo al escándalo, pero maltrataba psicológicamente a mi hija, sin que yo pudiese hacer mucho. La vi crecer con la impotencia de un padre que deseaba estar con su hija y de protegerla como ella lo merecía, más su madre lo impedía cuando intentaba interceder.
-No puede ser… -Murmuró Kagome, dejando libre un par de lágrimas-
- Y cuando el agente Taisho me dijo que le daría protección por información, no pude evitarlo. –Sonrió ampliamente mientras secaba sus lágrimas- Solo espero me perdonen por mi cobardía; Naomi, esposa mía; y mis hijas Kagome y… Rin. Lamento no haberte protegido antes, pequeña.
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-De pie el acusado.
Por un momento me pierdo en mis recuerdos. Mil cosas han pasado por mi mente en tan corto lapsus de tiempo, que me siento perdida. El juez comienza a hablar al momento que Masayoshi, quien creía que era mi padre hasta una media hora atrás, se puso de pie.
-Higurashi Masayoshi, según las evidencias expuestas ante este tribunal, sean verbales como audiovisuales, se le condena a cadena perpetua sin derecho a beneficio, por el delito de tráfico ilegal de sustancias y órganos en mercado negro, lavado de activos, engaño al fisco y el homicidio calificado de siete personas, entre ellas Nao Daigo.
Sin derecho a beneficios legales. Sin derecho a prisión domiciliaria. Sin beneficio a reducción de condena. Se pudrirá en la cárcel.
-Por lo cual será trasladado al centro penitenciario de alta seguridad de Japón, en la ciudad de Tokio, donde cumplirá la condena ordenada en este tribunal. –Anuncia golpeando su martillo de madera- Se cierra el caso.
No puedo negar que algo dentro de mi se ha alegrado al escuchar la condena. No puedo decir que no me he sentido más tranquila con ello, y al ver como se llevan esposado a aquel sujeto. Tampoco, el hecho de que mi tío, que resulta ser mi padre, espera de pie al final de la banca.
Mi madre está colérica. Le grita mil atrocidades, pero eso no me importa. Aprecio el hecho de que arriesgó todo por mi. Ni siquiera tenía la certera seguridad de que Sesshomaru cumpliese su palabra, pero entregó las pruebas necesarias para encerrar a Masayoshi y si eso no fuese poco; declaró abiertamente, exponiéndose a una represalia.
-No sabes cuánto tiempo esperé decir la verdad, Rin. –Dice al verme de pie frente a él- Solo te pido que no me juzgues ni me odies.
-Nunca lo haría. –Le sonrío amablemente, mientras me atrevo a abrazarle ante la mirada de mi madre- Ahora me calzan muchas cosas.
-Te han dejado una carta. –Rompe el abrazo y me entrega un sobre que al principio me niego a recibir- Por favor, Rin. No te pediré más. Solo léela cuando estés lista.
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He llegado a mi apartamento. Sola esta vez. Kagome, está choqueada por todo lo sucedido y por ello ha decidido no pasar la noche aquí. No está infeliz con la noticia, por supuesto, pero no deja de ser fuerte.
Creo que siempre lo supe, en el fondo de mi corazón. No solo era la sensación de creerla tan cercana a tal punto de considerarla mi hermana. Tal vez la buena sincronía que hemos tenido con Kagome, desde la infancia, ha sido por el mismo motivo: la consanguineidad directa. Además, siempre me encontré parecida a Masahiko en muchos aspectos. Incluso en los rasgos físicos que también teníamos con Kagome. Pero, siempre lo descartaba al pensar que por ser solo familia "tío-sobrina" era normal. Jamás se me cruzó por la mente el hecho de que era mi padre en realidad. Aun no puedo creerlo.
Dejo mi bolso en el perchero, y recuerdo la carta que me ha entregado Masahiko en el tribunal. Dudo en leerla por un momento. Una parte de mi me pide a gritos que la lea, y la otra me pide que la queme y que me olvide de que alguna vez existió.
¿Qué dirá? ¿Me pedirá perdón? ¿Se burlará de mi nuevamente?
La curiosidad y necesidad de saber qué dice es más grande que mi rencor. Si se burla de mi dentro de las primeras líneas, la arrugaré y la retiraré de mi vista. Sino, la leeré hasta el final. Requiero cerrar un círculo y este puede ser un gran paso. Dios, si es de él. Mis manos tiemblan al abrir el sobre y sentir en las hojas de papel…su aroma. También es su impecable letra las que adornan el escrito.
Rin:
Nuevamente estás herida, y esta vez es por mi culpa. Comprendo tu decepción por mi rol en esta situación. Era mi trabajo. Supe desde el inicio que serías un dolor de cabeza en la misión.
Primero, fue por tu complejo carácter. Me di cuenta que no lograría recabar mayor información contigo, pero aun así debía buscar el modo de llegar a ti, porque eras la llave de tu familia.
Segundo, mi perspectiva varió cuando descubrí tu verdadera personalidad, la cual era oculta por culpa de los prejuicios y maldad en tu entorno. Al salvarte de tus compañeras algo cambió en ambos, pero no me percaté de ellos hasta años después. Ese episodio me permitió adentrarme en tu mundo cuando menos lo pensé.
Lo tercero y más difícil fue percatarme que tu bondad, dulzura infantil, sencillez y radiante sonrisa habían traspasado una gruesa barrera. Tal como me infiltré en tu círculo familiar, tú lo hiciste en mi corazón el cual solo creí que era un órgano vital para sobrevivir. Si, y sigues ahí más presente que nunca.
Cambiaste mi vida por completo, Rin Higurashi.
Tengo claro que esta carta no te servirá de consuelo y que por el momento no deseas saber de mi. Sé que te sientes usada por fines que nunca te correspondieron y quiero que tengas en claro que cada palabra y situación que hemos vivido ha sido genuina. Todas y cada una de ellas. Tal vez, algún día me des la oportunidad de explicarte el porqué de mi actuar en el tribunal y créeme que no dudaré en hacerlo. Solo diré que intentaba salvarte. Mis enemigos, después de este caso, se multiplicarán. Y deseo mantenerte alejada de ellos.
Cuando estés en problemas, ansiosa, triste, o lo que sea, no dudes en llamarme. Vendré a ti inmediatamente aunque estemos separados. Si tú pronuncias mi nombre, llegaré rápidamente hasta donde te encuentres. Si no puedes hablar solo silba, con tus dedos así como te gusta. Es nuestro código íntimo. La distancia no es un obstáculo. Nuestros corazones están unidos por el poder de la confianza, aunque esta situación diga lo contrario.
No hay nada que temer, basta con tener este sentimiento. Debería de ser suficiente para aclarar tu corazón. Es por eso que está bien que las cosas sigan como están.
Por ahora. Tenemos mucho tiempo, puedes examinar tu corazón a su propio ritmo. Hasta entonces, cuídate por ti misma.
Te ama.
Sesshomaru Taisho.
Me siento tan patética por llorar abiertamente tras leer estas líneas que expresan un lado de él que me era por completo desconocido. Solo puedo releer sus palabras y escuchándolas con su voz en mi mente. Es como escucharlo directamente detectando las variaciones en sus matices de voz y su respiración calmada en cada pausa. Es difícil estar en el limbo entre el odio y el amor. Sin embargo, aunque me duela admitirlo, mi balanza está por mucho más inclinada por el sentimiento del amor. Si, estaba completa e irremediablemente enamorada del agente Taisho, Sesshomaru.
Sin embargo, ¿qué debo pensar?: ¿Es una trampa? ¿Qué otros enemigos puede tener? ¿A tantos ha derrocado en su trabajo? ¿Realmente me ama o es otro de sus viles engaños?
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Notas autora:
¡Buenas tardes a todos! ¿Quién imaginaría leer tan expuesto a nuestro Sesshomaru en unas cuantas líneas? Cabe mencionar que está basada en el assate de Sesshomaru a Rin (escuchenla en youtube sino aun no lo han hecho, es simplemente hermosa).
