Notas: Cambios de narradores.
Capítulo 20: Un plato que se disfruta en frío.
Tokio – Centro Penitenciario de Alta Seguridad.
Que gran e indescriptible humillación fue entrar a este inmundo sitio, el cual está repleto de lacras sociales. Ingresé esposado, de pies y manos, con la cabeza en alto, omitiendo lo que escuchaba, siendo guiado por dos guardias que hacían callar a los presos, los cuales al verme silbaban y gritaban a modo de bienvenida al infierno. Las llamas de aquel averno podían combinar perfectamente con el uniforme de tono anaranjado que debería portar el resto de mi vida.
Ni en mis peores pesadillas imaginé estar metido en este lugar. Un nido de ratas.
¡De nada sirvió el esfuerzo realizado durante toda mi jodida vida! ¡Todo me fue arrebatado! Ya no era alguien importante e influyente en el mundo globalizado. Era un simple delincuente como cualquier hombre dentro de este recinto penal. ¿Y quién era responsable de ello? Ese bastardo de Sesshomaru Taisho, y de mi "hija menor": Rin, una ramera sentimental que traicionó a su propia familia por algo tan banal como el amor.
¿Amor? Eso no era amor. ¿Qué podía saber una mocosa como ella sobre ese tema? Nada. Y eso es porque tal sentimiento realmente no existe. Es solo una reacción química que produce el cerebro humano y que el sujeto asocia como enamoramiento al liberar una hormona llamada feniletilamina. Ella se había dejado engatusar, y no supe poner freno a ello cuando debí. Tuve que haber eliminado a esa basura en cuanto Mei derramó la primera lágrima por él, o cuando vi esa mirada penetrante sobre el cuerpo de Rin que expresó más allá que un deseo de posesión carnal.
Me faltará vida para maldecirlos a ambos. Supieron engañar a todo el mundo, incluso a mi, quien opté medidas drásticas para controlar cada uno de sus movimientos.
Algún día, más temprano que tarde, lo pagarán.
Para colmo de males, la traición vino de quien menos lo sospeché: ¡mi propio hermano! ¡Mi propia sangre! Masahiko debía de estar disfrutando de su venganza al encerrarme de por vida. ¿Y eso por qué? ¡Porque su amada prometida me eligió a mi! Bueno, tal vez fui culpable de perseguir a Leiko por años y hacerla caer en la red de una seducción que terminó envolviéndola y atándola a mi cuerpo y sábanas. También a mi chequera. Si, Leiko era una mujer inteligente e interesada. Sé reconocer a alguien igual a mi, y ella era perfecta para alguien tan retorcido como yo. En cuanto la vi, supe que sería mía de una manera u otra. No me equivoqué, aunque eso le hubiera roto el corazón a mi hermano.
De esa unión matrimonial nació la luz de mi vida. El reflejo de mis propios ojos: Mei. Mi favorita y eternamente protegida. Es mi hija. Mi única hija. Leiko debía ser muy estúpida para pensar que me había engañado. No, nadie me engañaba con tal facilidad. Tuve mis sospechas desde que regresé de aquel viaje de negocios. La noté extraña y algo alterada, y buscando algo de calor por su parte, lo único que conseguí fue un rechazo sutil, expresando que pasaba por un estado de "malestar" y que no quería contagiarme. ¿Acaso creía que era un idiota? ¿Cuándo le había importado estar enferma a la hora del sexo? ¡Jamás! Molesto y frustrado, me dirigí a la habitación de mi hija, donde la encontré jugando con uno de los tantos objetos que se le habían regalado a lo largo del tiempo. La reacción que ella tuvo, a comparación de Leiko, fue totalmente diferente.
-¡Papi! –Se lanzó a mis brazos, dejando lucir su hermosa sonrisa, la cual disipó cualquier malestar que pude haber experimentado- ¡Llegaste! ¡Llegaste!
-Si, princesa. –La estreché contra mi pecho, inundándome de su perfume infantil y suave. Dios, cuánto la había extrañado esas semanas fuera de casa- ¿Cómo te has portado este tiempo sin mi? –Rocé su nariz contra la mía, haciéndole una profunda gracia que dejó liberar una contagiosa risa- Vamos, dime. No quiero mentiras.
-¡Bien! –Respondió entusiasta-
-¿Segura? –Fruncí mi ceño, dejando ver que dudaba de su respuesta-
-¡Si, papi!
-Eso está muy bien. –Me senté en el borde de su cama, depositándola en una de mis piernas para que estuviese más cómoda, pero sin llegar a alejarme demasiado de ella- ¿Y me has extrañado?
-¡Sí!
-¿Cuánto?
-¡Mucho, mucho, mucho!
-Y, ¿cuánto es mucho? –Era divertido verla sonrojar por la frustración de no saber cómo explicar cantidades que a su parecer eran sumamente complejas. Bueno, qué más se podía esperar de una pequeña de casi tres años- Porque te he traído un pequeño regalo de mi viaje, y depende de tu respuesta si es que lo recibes o no.
-¿Qué es? –Mi última frase captó por completo su atención, haciendo que sus ojos brillasen cuan lucero en el cielo- ¿Qué me trajiste?
-Primero responde, luego sabrás. –Un golpecito de mi dedo índice la trajo a la realidad y no demoró en decir una respuesta que me pareció de lo más cómica y tierna-
-De aquí a la luna a pasitos de caracol cojo.
-Oh pues, entonces, te mereces ese regalo y muchos abrazos, princesa. –Tomándola entre mis brazos nuevamente, la alcé para caminar al vestíbulo. En el camino, pude ver a Leiko hablando con Kaede, esta le ordenaba algo en voz baja, y la sirvienta acataba moviendo su canosa cabeza. Al notar nuestra presencia en el primer piso, mi esposa se mostró algo tensa, aunque intentó disimularlo muy bien- ¿Todo bien?
-Si, cariño. –Respondió mientras acomodaba unos cabellos rebeldes tras su oreja- Ya voy a nuestra habitación de hecho.
-Creí que no te levantarías en lo que restaba de día. –Comenté arrastrando las palabras-
-Es que esta mujer nunca aparece cuando le necesito. –La observó de tal manera que Kaede hizo una reverencia sutil para retirarse del lugar. En ella había notoria incomodidad.- No logro explicarme el por qué no la despides si ya no rinde lo que antes.
-Puedes estar en lo cierto. –Mei me insistía muy bajito para ir por el regalo del que le había hablado, por lo cual antes de seguir nuestro camino, agregué- Hay que deshacerse de lo que ya no satisface nuestras necesidades, ¿no es así?
Con una media sonrisa, la cual dejaba ver el triunfo en mi rostro, dejé a una descolocada esposa tras nuestras espaldas. Ella sabía lo que eso podía significar. Lo que ya no sirve, hay que cambiar. Con eso me aseguraba en unos cuantos minutos más una sesión de lujuria en nuestra recámara, en cuanto hiciera dormir a Mei.
-¿Así que me extrañaste mucho, verdad? –Pregunté al cerrar la puerta del despacho. Obviamente obtuve una respuesta afirmativa por parte de mi hija. Y utilizando algo de psicología, pensé en obtener algo de información- ¿Y mamá? ¿Me ha extrañado tanto como tú?
-No, papi.
-¿Y por qué, Mei? –Esa respuesta no fue de mi agrado, pero lo disimulé-
-Ella…enojada.
-¿Te portaste mal?
-No.
-¿Por qué salí mucho tiempo de casa? –Debía ser eso-
-No.
-¿Entonces? –Ella dudó en contestar- No le diré. –Le guiñé el ojo en tono cómplice, dejándola sentada en el piso alfombrado. El jodido regalo podía esperar un poco más- Será nuestro secreto.
-Tío Masiko. –Así que Masahiko la había hecho enojar-
-¿Sabes por qué ese bobo la hizo enojar?
-Mamá también le dijo así. –Dudé en la veracidad de ello, pues Leiko en un estado de ira no controlaba su vocabulario, y bobo no estaba en ese repertorio de insultos suaves- Jugó con ella aquí. Le ganó. -¿Qué? ¿Cómo era de eso de jugar ellos dos aquí?- Mamá lo echó. Gritaba. Lloró. Tío no volvió. Estaba roja.
-¿Así?
-Y estaba como en las mañanas.
Así que despeinada, con esa cara de tener un buen polvo por las mañanas, roja, iracunda, llorando después de estar en presencia de mi hermano menor, encerrados en este despacho.
La ira fluyó por mi cuerpo.
Me obligué a calmarme.
No podía mostrarme así frente a mi hijita.
La asustaría.
Así que se burlaron de mi.
La historia se repetía pero en mi contra.
Dibujando una sonrisa en mi rostro, fui a buscar aquel oso de peluche que tenía escondido tras el escritorio y se lo entregué. Mei chilló de felicidad mientras lo abrazaba y lo movía en todas direcciones.
Por mi parte, iba a torturar a mi "respetable" esposa en la noche. No habría consideraciones. Le dolería hasta el alma. Que comparara el tacto de su amor frustrado con el de su dueño, su esposo, el padre de su hija.
Al paso de las semanas, las cosas con mi dulce Leiko, se habían normalizado. Era más atenta, risueña, otra muy distinta al día en que regresé. Sin embargo, todo el paraíso que ella había construido para disimular las apariencias, se vino abajo cuando me dio una inesperada noticia.
-Estoy embarazada.
Al ver el parte médico, la cantidad de semanas no coincidía para nada con las fechas de nuestras actividades sexuales, lo que hizo más que evidente el hecho de que ese ser que crecía en su detestable vientre, no era mío. Sin especificar el motivo, expresé abiertamente el desagrado de aquella noticia.
-No deseo más hijos. –Dejé el sobre sobre la mesa, el cual ella miró con asombro- Con Mei me basta y me sobra.
-¿Y qué esperas que haga, Masayoshi? –El asombro pasó a ser ofensa para ella- Es nuestro hijo después de todo.
Maldita hipócrita.
"Nuestro".
¿Cómo diablos se atrevía a decir eso?
-¿Acaso quieres que aborte?
-No es mala opción. –Los medios económicos estaban a nuestra entera disposición y nadie se atrevería a juzgarla por ello. No es que la dejaría hacer eso en una consulta de cuarta categoría-
-¿Cómo puedes decir tal atrocidad?
-No puedo obligarte. Es tu cuerpo. Tu decisión. –Me puse de pie, tomando el vaso de whisky que antes bebía, para acabarlo de un solo golpe- Solo quiero que sepas que no lo deseo. Allá tú lo que haces.
-¿Cómo puedes ser tan cruel? –Con mirada vidriosa por aquellas lágrimas que amenazaban con salir, me hizo frente de una forma tan patética que me dieron náuseas-
-¿Cruel? –Me acerqué a ella, sin siquiera tocarla- ¿Escuché bien lo que acabas de decir? ¿Acaso te falta algo en este hogar? ¿Te he golpeado o a nuestra hija? ¿Te he sido infiel? –Recalqué aquello, percibiendo un leve temblor en ella- ¿Soy un mal patrón? ¿Soy un bastardo con quienes me rodean o con mi familia? –Leiko se mantuvo en silencio en todo momento- No, ¿verdad? Sin embargo, soy un cruel por el simple hecho de no querer otro hijo. Las familias numerosas se quiebran, se traicionan, simplemente no funcionan. –Borré una lágrima que descendía por su mejilla izquierda- Y para el imperio que estoy construyendo, la familia numerosa no sirve. No queremos arriesgar eso, nuestro poder, lujos y todo lo que conlleva, ¿verdad? –Negó con su cabeza- Tendrás que decidir. –Sugerí con una segunda intención- Ya dejaste a tu familia atrás, la cual cargabas sin ningún beneficio. Un hijo que aún no nace no será problema.
No obstante, ni siquiera eso pudo convencerla de interrumpir aquel embarazo. Los meses tomaron su curso normal, e inconscientemente, esperaba a que ella me dijese la verdad. Nunca ocurrió. El nacimiento llegó, y esa criatura conquistó muchos corazones, incluso el de Mei, quien curiosa consultó su nombre: Rin, respondió Leiko sin muchos ánimos.
¿Así que Rin, eh? ¿Acaso pensaba Leiko que no sabía el significado de ello? En el pasado escuché una asquerosa y aburrida conversación sentimental, en donde Masahiko y ella imaginaban los nombres de los bebés que tendrían cuando fuesen marido y mujer.
-Si es niño…. –Dijo Leiko con una sonrisa amplia- Deseo que se llame Ichiro.
-No solo porque sea el primer hijo tiene que llamarse así. –Se burló mi hermano, tomándole de la mano en aquella banca con vista al jardín- ¿Qué tal Masayuki?
-Ni de chiste.
-¿Por qué? –Se quejó- Tiene un buen significado: Hombre feliz, risueño y alegre.
-Se parece mucho en cuanto a pronunciación al nombre que llevas tú y tu hermano. –El turno de burlase fue de ella- Masayoshi y Masahiko. ¿No será mucho que el nombre de otro sujeto comience con Masa?
-Puedes tener razón en ese punto.
- ¡Ya sé! –Saltó en su lugar de la mera emoción- Takahiro Higurashi. ¿A que suena bien, no crees?
-Suena estupendo. –Concordó Masahiko- Pues, ya que tú has escogido el nombre de varón, yo escogeré el de niña. –Tras pensarlo un rato, habló- Rin. Ese será su nombre. Tiene variados significados, pero el que más me gusta es "aquella que se hace grande". Estaría destinada a hacer grandes cosas.
-Me encanta. –Depositó en su mejilla un corto beso y observó aquel atardecer al lado de mi hermano- Estoy segura de que ese significado caería de maravilla en ella.
Si creían que me engañaban, estaban muy equivocados. Si creían que esa niña sería feliz, volverían a estar equivocados. Ella pagaría sus engaños e hipocresías.
La atormentaba cada vez que podía, la alejaba de mi hija, con el fin de que se sintiese sola en este mundo. ¡Qué mejor oportunidad cuando ella provocó el accidente de ese niño! Rin lo adoraba, y el resultado de ese cariño fue fatídico.
Todo lo que Rin amaba, se marchitaba y moría. Fuese que interviniese o no en ello. Ella estaba sola, incluso en época escolar.
Inclusive, lo más probable es que de nuevo lo esté.
Tiene a Kagome, y a mi hermanito, pero… ¿hasta cuándo tendría aquella dicha?
-Higurashi. –Un gendarme golpeó los barrotes de mi celda para captar mi atención- Aquí está tu cena. –Deslizó la bandeja de plata por la pequeña abertura que estaba destinada para aquella función- Disfrútala. El postre está delicioso, hasta para alguien con tan fino paladar como el tuyo.
Captando la intención tras sus palabras, fui en busca de aquella bandeja, mientras el guardia desaparecía del lugar para seguir repartiendo los alimentos. Levantando la tapa que cubría la comida, un pequeño papel resaltaba en la fruta picada.
"Está hecho. Uno de dos."
La venganza es un plato dulce que se sirve frío, tal como este postre.
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En algún punto del Japón.
¿Dónde estoy? No lo sé. De lo que estoy segura es que no debe de ser un sitio conocido.
¿Qué ha ocurrido? No tengo idea. Solo tengo un dolor punzante en mi labio inferior y en el lóbulo parietal derecho.
¿Por qué no puedo ver nada? Una bolsa de género negro impide mi capacidad visual.
Demonios. No puedo moverme.
Estoy atada de pies y manos, en lo que pareciera ser una silla. Intento escuchar algo a mi alrededor, identificando un goteo incesante de alguna vieja cañería, el chillido de ratas, y finalmente, palabras y risas a lo lejos. Creo que pertenecen a personas de sexo masculino, aunque no puedo estar completamente segura. Al parecer, también hay mujeres.
Froto mis muñecas, intentando romper lo que sea que ata mis manos, más todo esfuerzo es inútil. Tampoco puedo pedir ayuda. Una cinta gruesa está pegada a mi boca e impide que grite con todas mis fuerzas. Ni siquiera sé cómo controlar las inmensas ganas de llorar.
Me siento tan frustrada y temerosa de lo que pueda ocurrir.
-Vaya…vaya…vaya. –Se escucha una voz algo tétrica en el lugar, la cual produce un potente eco contra las paredes en donde me encuentro.- Al parecer alguien ha despertado. -Sus pasos también resuenan, lo que da un panorama más siniestro al no poder ver nada- ¿Qué intentas hacer, niña? ¿Escapar? -Pregunta con ironía, al momento en que una de sus manos se posa sobre mi hombro derecho- ¿Y qué harías luego? Mis hombres custodian todo el perímetro. –Puedo sentir su extrema cercanía frente a mi, e intento no temblar por ello. Ni siquiera sé cómo es su rostro, pero su voz es atemorizante y oscura- Acabarían contigo antes de dar diez pasos.
Muevo mi cuerpo, intentado que retire su mano, y lo único que desato es su risa.
-¿Dónde están mis modales? –Dice una vez que corta de golpe su breve carcajada, para retirar lentamente la bolsa de género que cubría mi cabeza. Por un momento, la luz que llega a mis ojos es cegadora, aunque se normaliza poco después- Ahora podemos vernos directamente cuando hablamos. –Sonríe de medio lado, dejándome helada en mi posición-
Es un hombre relativamente joven. Debe tener unos cuarenta y tantos años. Su cabello es de color negro y lo lleva largo. Aunque no tanto como Sesshomaru. Es algo ondulado. Sus ojos rojizos parecieran estar inyectados en sangre. Emiten un odio y maldad que no puede pasar desapercibido.
Su nariz está algo torcida. Al parecer alguien se encargó de dejarla así. Debió ser brutal. Su piel es muy pálida, más de lo común. Me pregunto si su temperatura es tan baja como la imagino. Es alto, delgado, y viste de manera elegante.
No es un matón común y corriente.
-Me pregunto si esa mirada analítica fue lo que le gustó de ti. –Rompe el silencio que se impuso todos esos segundos, que para mi se hicieron eternos- O tu belleza. -¿De qué demonios está hablando? No comprendo- Eres una mujer hermosa, Rin Higurashi.
Un gruñido lleno de descontento se escucha al momento en que su mano se detiene en mi barbilla. Su cumplido no me hace gracia. No borra esa siniestra media sonrisa en ningún instante, ni siquiera para hablar.
-O tal vez ese carácter. –Deduce intrigado- Pareces ser débil y sumisa, pero por lo que se deja ver, posees un carácter fuerte cuando te lo propones. –Acerca su rostro un poco más, dejando una escasa brecha entre nosotros- Pueden ser todas esas opciones y a la vez ninguna. –Luego añade- Yako es un hombre misterioso.
¿Y quién demonios es ese? No conozco a nadie con ese nombre.
Ese sujeto comprende mi imposibilitado hablar que solo se manifiesta en ininteligibles sonidos, y responde:
-Claro, tú no lo conoces por ese nombre. –Rompe la cercanía y por fin puedo respirar a gusto. Se palmea la frente como si hubiese obviado algo totalmente lógico- Tú lo conociste por Sesshomaru Taisho. Pues te diré que ese fue el agente, el bastardo… –recalca la última palabra casi con asco- que estropeó mi vida y me hundió en la cárcel durante casi seis años de mi vida. –El tono que fingía ser amable desapareció completamente, dando paso al resentimiento-
Oh, no. Esto no pinta para bueno.
-Cuando supe que había hecho de las suyas nuevamente, deseé tener la oportunidad de cumplir una promesa que le hice en el pasado. –Relata mientras se da vuelta, dándome la espalda- Pero, lo que no tenía en mente, es que el destino a veces nos da la mano cuando menos lo esperamos. –Gira un poco su cabeza para observarme con una media sonrisa en el rostro, muy tétrica- Y qué mejor que tener a la zorra de ese hijo de perra... –Observa mi abultado vientre y tiemblo. Esto no puede estar pasando- y a su hijo dentro de ella.
Que alguien me ayude, por favor.
-Me pregunto qué sentirá cuando comiencen a aparecer pistas de tu paradero. –Habla en un monólogo con notoria malicia y sadismo- Y que por último aparezca un feto que coincida con su ADN.
¡Sádico de mierda!
Me retuerzo una vez más en mi lugar, y al parecer entiende a la perfección lo que digo, pues se acerca a mi y sujeta mis cabellos sin miramientos.
-Cuida esa boquita tan deseable que tienes. –Deposita un beso sobre la cinta adhesiva y me deja libre, para sentir un intenso cosquilleo en el cuero cabelludo por su culpa- No querrás que adelante los planes para los que formarás parte. No soy un hombre muy gentil cuando me enfado. –Toca mi vientre y aprieta levemente su agarre en el- Piensa en tu bebé, no seas tan inconsciente en tu estado de gravidez. –Aparta su mano y se encamina a la salida de aquella bodega que recibe los últimos rayos del sol- Sino no quedará nada de ustedes para cuando Sesshomaru llegue aquí.
Por favor, que alguien me ayude.
¡Sesshomaru!
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Ciudad de Fujisawa.
¿Cuánto más iba a demorar en algo tan sencillo? Tenía los pelos de punta, y no quería colapsar con cierta pelinegra que no dejaba de observarle con reproche. Maldición, Jaken debía darse prisa o perdería la cabeza al no saber quién tenía a Rin.
-¿Es de confianza tu hombre? –Habló Kagome de mala gana, sentada en aquel sillón de la sala- Porque está demorando mucho en averiguar quién demonios quiere llegar a ti a través de Rin.
-Lo es. –Contestó al mirar con disimulo la calle a través del visillo de aquella ventana- Algo extra debió ocurrir para demorar más de la cuenta.
-Bien, después de todo, tu agencia fue bombardeada hace un par de horas. –Razonó la muchacha por primera vez en el día de manera más calma- El sistema debe estar colapsado.
Ante ese comentario, Sesshomaru no respondió.
Ella podía tener algo de razón.
-¿Tienes idea de quien pudo hacer esto? –Intentó sacar conversación producto de los nervios-
-Muchos nombres se me vienen a la cabeza. –Se apartó de aquella ventana y se sentó a su lado, aunque manteniendo una distancia prudencial- Ninguno es descartable.
-Es de esperar si les caíste de aguafiestas en sus planes.
-No me arrepiento de ello. –Cortó aquella conversación, sabiendo que sin su interferencia en aquellos planes, el mundo se hubiese visto en graves problemas una decena de veces. De todos modos, no eran delincuentes comunes y corrientes de los cuales él se encargaba-
-¿Crees que intenten…algo más para llegar a ti? –Su tono afligido dejaba ver algo más en aquella pregunta-
-Si te refieres a Inuyasha, llámalo tú misma y asegúrate que esté bien.
No estaba para andar con rodeos.
Era mejor ir al grano de una buena vez.
-Es tu hermano. –Replicó la pelinegra desviando su vista al verse pillada-
-Es al que quieres. –Se puso de pie, pasando sus dedos por su cabello, intentando controlar su frustración- Sino no estarías preguntando por él de manera indirecta. –Y dándole frente una vez más, retomó un tema que habían dejado pendiente- Sin embargo, aún no me has dicho lo de Rin. ¿Está relacionada con alguien? –Esa pregunta sonó más tosca de lo que deseaba, haciendo tensar nuevamente a Kagome- No entiendo por qué reaccionas de esa forma si es lo más obvio. Después de todo, siempre has cubierto su espalda con tal de protegerla.
Y antes de que ella pudiese replicar a esa acusación, el teléfono de Sesshomaru sonó. Antes que el timbre del aparato sonara tres veces, él contestó:
-Más vale que tengas algo bueno que decir, viejo sapo.
-Jefe bonito, las noticias no son muy alentadoras.
-Escupe de una vez. –Ordenó al otro lado de la línea, haciendo que Kagome se acercara a Sesshomaru de forma refleja para escuchar cualquier cosa que él intentase ocultar- Qué averiguaste.
-No sé cómo explicarle, pero dentro de la lista de liberados por privilegio o bajo fianza, hay dos criminales que no calzaban con esas dos opciones…
-Sus nombres, Jaken.
- El Carnicero de Hiroshima. –Tragó en seco su ayudante, dudando en pronunciar el siguiente nombre- Y… Naraku, señor.
El mundo entero se movió a sus pies. Eso no traería nada bueno. Si antes tenía urgencia en encontrar rápido a Rin, ahora lo era aún más.
-¿Cuándo? –Requirió saber-
-Hace cinco días. –Contestó tan consternado como su superior-
-¿¡Por qué no notificaron?! –Estalló el peliblanco, en donde su acompañante tuvo la reacción de apartarse de él, con temor a ser agredida en aquel estado- ¡Debería saberlo de primera fuente!
-¿Qué sucede, Sesshomaru? –Habló Kagome sin entender lo que ocurría-
-Alguien…al parecer…ocultó esa información, señor. –Respondió Jaken sudando la gota gorda en algún punto de la ciudad de Tokio-
-Está demás decir que deseo que averigües quien está manejando a su antojo esta información. –Exhaló bruscamente, intentando controlarse- ¿Algo más que debería enterarme?
-Hace un momento, protección a testigos se comunicó con nosotros, señor Sesshomaru.
-¿Protección a testigos? –Observó a una interrogativa Kagome, y luego se centró nuevamente en la conversación-
-Encontraron a un testigo, muerto en las afueras de la ciudad de…Fujisawa. –Sesshomaru cerró los ojos, imaginando lo que vendría- No hemos contactado a su familia por el momento.
-¿Cómo fue encontrado? –Con un poco más de tacto, consultó-
-En un vehículo particular, robado esta mañana. –Comenzó a explicar- Disparo en el lóbulo parietal izquierdo. Estaba ubicado en el asiento del copiloto. Signos evidentes de maltrato y defensa, señor. Su data de muerte no supera las dos horas. –Antes de seguir hablando, optó por una breve pausa- Dos personajes involucrados en un mismo día, y de una misma familia… no es consecuencia.
-Exacto. –Dándole la espalda a Kagome, prosiguió- Necesito protección máxima a la viuda. De ser necesario, deberán sacarla de la ciudad. –Para luego agregar- Tú sabes dónde.
-Si, señor.
-Yo me encargo de lo demás. –Suspiró con pesadez, preparándose para lo que venía- Comunícate en cuanto sepas algo.
-A sus órdenes.
Al colgar, su pulso estaba más que alterado. No solo había fallado en proteger a Rin, sino a un personaje al cual había llegado a apreciar con el transcurso del tiempo. El Carnicero de Hiroshima, su nombre real Tsutomu Hatakeyama, no debía estar involucrado en este embrollo. Al menos no directamente. El que debía estar detrás de esto, debía ser Naraku, quien tenía un lazo con Masayoshi Higurashi en el pasado.
La venganza por parte de estos dos peligrosos personajes era solo el comienzo.
-Sesshomaru. –La voz femenina y sumisa de Kagome le trajo a la realidad. Estaba apartada de él, con las manos sujetas sobre su pecho. Todo su lenguaje corporal demostraba congoja- Dime. ¿Qué…ha…pasado? ¿Por qué reaccionaste de esa forma?
¿Cómo decirle?
-Siéntate, Kagome. –Ordenó el agente, con sutileza hacia la mujer que le miraba con expectación-
Ella sin chistar, acató su pedido.
-No sé cómo decir esto…
-Sesshomaru… ¿Qué te han dicho?
-Masahiko…tu padre… -Demonios esto era más difícil de lo que él creía- Fue hallado muerto en las afueras de la ciudad.
Un "lo lamento" no solucionaría nada. Tampoco reduciría el dolor de aquella hija que estallaba en llanto en aquel sofá. Un abrazo funcionaría, pero simplemente eso no se le daba. Un grito lleno de dolor se escuchó, una maldición al cielo y a los responsables. Incluyéndole a él, por no cumplir con su labor como agente y como hombre.
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Notas autora: Hello, querubines. Aquí tuvieron una nueva actualización del vía crucis moderno protagonizado por Rin y Sesshomaru (y de todos los que los rodean). Si he de ser sincera, la muerte de Masahiko me dolió en el alma. Como todo ser humano cometió sus errores, y eso se demostró en los últimos episodios, pero en el fondo era alguien noble y dedicado a su familia. Sin esos errores tampoco tendríamos una protagonista, así que... solo queda decir que los azares del destino son infinitos e impredecibles. Por otra parte, ya han visto a Naraku. ¿Qué les pareció? ¿Qué tan mal se ve el panorama para nuestra protagonista?
Gracias por sus lecturas y comentarios. Se aprecian muchísimo. Nos leemos en el próximo capítulo titula "LA LOCURA TERMINARÁ POR CONSUMIRNOS A TODOS"
Bye, besos y abrazos!
