Notas: Cambios de narración-espacio tiempo.

Capítulo 22: Contrarreloj.

Lunes 28 de mayo 2018.

-Aún no he terminado contigo. –Un hombre golpeaba insistentemente las mejillas de una joven que yacía inmóvil sobre una silla- Vamos, bonita. Dame un poco más de diversión.

Un hilillo de sangre se dejaba ver al costado de su boca, la cual ya no estaba cubierta por una cinta adhesiva. Su rostro femenino estaba cubierto de un pálido color y lo que lo adornaba, desdichadamente, eran las marcas que su raptor le había otorgado. La víctima de aquel calvario no era consciente de cuánto tiempo había transcurrido desde que la estaban sometiendo a una serie de golpes que a su captor lo llenaban de júbilo.

Aunque le dolía, no pediría clemencia. No sería débil. Mucho menos le daría en el gusto dándole lo que él deseaba.

-Quiero escucharte decir su nombre. –Sujetaba su barbilla, obligándola a mirarle. Sus rostros estaban próximos, apenas separados por unos cuantos centímetros. Poco le importaba que Rin estuviese casi inconsciente gracias a su tortuosa mano- Grítalo si quieres. ¡Quiero que ese bastardo escuche tus lamentos donde se encuentre!

Rin Higurashi, hizo un ademán de hablar, pero en vez de ello, escupió un poco de sangre en el rostro de Naraku. La expresión de placer que antes tenía ese sujeto, se deformó por completo. Apretó los párpados con ira contenida e inhaló bruscamente, para luego exhalar de la misma forma el aire contenido en sus pulmones.

Naraku, no midiendo su fuerza, la golpeó nuevamente, dejándola de una buena vez sin sentido. Sino fuera porque Rin estaba atada, su cuerpo hubiese caído al piso y allí se hubiera quedado. Con brusquedad retiró la suciedad de su cara y vio que la manga de su camisa plateada había quedado manchada con la sangre de aquella pequeña alimaña.

Vio aquel cuerpo, quieto y a su merced. Sin evitarlo, sus instintos más perversos comenzaban a despertarse. Estaba disfrutando demasiado al someter a la persona que logró darle una debilidad al bastardo que le había arruinado la vida. Lastimarla era como herirlo a él de una manera indirecta. Sonrió nuevamente ante la idea. Eso se sentía jodidamente bien para él.

Su mirada se dirigió al vientre de la chica, el cual no se había atrevido a tocar…aún. Esa sería la cereza del pastel, pero probaría aquel postre cuando Sesshomaru descubriese su paradero.

No era un ser paciente, pero haría el esfuerzo. Era cosa de tiempo para que el traidor lograra seguir las pistas. Cuando llegase, su venganza sería total. No solo aniquilaría a esa mujer, sino que consumiría a su hijo, enfrente a sus ojos y que no pudiese hacer nada para remediarlo.

Lograría verlo deshecho y sin nada.

Tal como él.

Giró su rostro al momento que daba cara a la grabadora que había captado cada movimiento de su parte. Sonriendo de una manera siniestra y amenazante, habló unas cuantas palabras y apagó aquel objeto, el que no dudaría en enviar para presionar al agente.

-¡Tao! –Llamó a uno de sus secuaces, el cual no tardó en aparecer haciéndole una reverencia de sumisión. Ese muchacho no debía superar los quince años de edad- Entrégale la cinta a Shin. Él se encargará de que llegue a manos de nuestro querido amigo, Taisho. –Le extendió el objeto- Estará gustoso de recibir nuestros saludos y noticias de su noviecita.

-¡A sus órdenes, señor Naraku!

-Pero, antes… -Su mirada se dirigió al cuerpo de Rin y una sonrisa torcida se dibujó. Sacando un cuchillo de entre sus ropas, se detuvo a un costado de donde ella se hallaba ignorante de todo lo que acontecía. El filo de aquella arma, recorrió cada centímetro de su nívea piel facial, hasta detenerse en su cuello- Hay que enviarle una evidencia. Así sabrá que no es un juego.

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Central de Inteligencia, Tokio.

Martes 29 de mayo 2018.

El tiempo corre en mi contra. El reloj que se encuentra fijado contra la pared de este improvisado despacho me lo recuerda a cada segundo. Estoy a punto de perder la cordura. En cosa de unos cuantos días, todo ha salido mal. Mi testigo principal está seis metros bajo tierra, y parte de la culpa radica en mi. Debí protegerlo de mejor manera. Estaba tan centrado en mis propios asuntos que olvidé parte de mi deber.

Me confié.

Pensé que todo estaba resuelto. Que no habría mayores consecuencias.

Erré.

Tal como un principiante.

"¡Por favor, no me hagas reír con ese discurso barato, Sesshomaru! ¿Cómo pretendes proteger si siempre estarás rodeado de peligros y de sujetos que buscan venganza? Haz un favor y aléjate cuando termine todo esto."

Debo apartar la vocecilla irritante de esa mujer, antes que acabe por volverme loco. Sé que Kagome dijo la verdad, pero aunque quiera alejarme, ya tarde. Demasiado.

No me interesan las consecuencias de aquí en adelante.

Cojo la taza de café y termino el líquido que yacía en su interior. Necesito mantenerme despierto lo máximo posible. La cafeína se ha vuelto mi mejor amiga en las pasadas horas. ¿Dónde demonios está ese malnacido? Llevo días sin saber alguna noticia. Eso es extraño viniendo de él. Todos los secuestradores no demoran más de veinticuatro horas en dar una primera pista, y sin embargo, el lleva cuatro días en silencio absoluto.

Tengo un mal presentimiento.

-¡Sesshomaru, debes salir de este encierro de cuatro paredes! –Sango, mi colega de trabajo, abre la puerta sin siquiera tocar. Entra como perro por su casa y aun así, se atreve a enfrentarme- ¡No es sano! ¡Ni siquiera has dormido!

Lo que me faltaba.

Que falta de respeto. Se le olvida que soy su superior. Ya no somos dos jóvenes que estaban a la par jerárquicamente. La miro con dureza, pero ella no se inmuta. Nunca le ha importado el estar frente a mi aunque esté con un humor de los mil demonios. Ese punto no ha pasado desapercibido para toda la agencia los últimos días. Mucho menos, el secreto a voces, de que la chica que está secuestrada logró lo imposible: hacerme más humano al enamorarme de ella. Si tengo que movilizar media agencia para encontrarla, lo haría. Aunque me expulsen luego de ello.

-No has asomado ni la punta de la nariz en dos días completos. –Prosigue Sango sin tomarle importancia a cara de pocos amigos que le brindo- Justamente después de regresar de la mansión Higurashi. ¿Me dirás qué rayos pasó allí o debo averiguarlo por mi misma?

-Déjame solo y regresa por donde viniste. –Trazo con un lápiz grafito una zona dentro del enorme mapa de Tokio y sus alrededores, incluido Fujisawa- Si no aportas, no estorbes.

Sango se ve impaciente. No le ha gustado mi respuesta. ¡Pues que mal por ella! Sus sentimientos no son mi prioridad. Nunca lo han sido de todos modos. Sus dientes rechinan cuando aparto la vista de ella. ¿Qué demonios quiere?

-¿Qué pasó? –Vuelve a preguntar, cerrando la puerta para que nadie interrumpiese la conversación que ella se empecina a tener. Acercándose a la mesa donde me encuentro, añade- Realmente estoy preocupada por…

-¡Largo, Sango! –Ordeno golpeando la mesa con mi puño izquierdo, rompiendo el lápiz que sostenía en la otra mano. Dejo de lado la tarea de ver posibles puntos de referencia en donde Naraku podía hallarse oculto-

-¡Soy tu amiga, maldito ingrato! –Imita mi reacción, más golpea la madera con la mano diestra- ¡Me preocupo por ti!

-No es tu asunto. –Me muestro indiferente a su comentario. Tal como de costumbre-

-¡Oh, claro que lo es! –Corrige la pelinegra apoyándose contra la mesa, con aire decidido. Eso quería decir que de esta oficina nadie la iba a sacar fácilmente. No antes sin decir unas cuantas verdades- Y me vas a escuchar, Sesshomaru Taisho.

Ahí vamos de nuevo…

-Te advertí sobre las consecuencias de involucrarte con esa niña en cuanto tuve mis sospechas sobre sus sentimientos hacia ti. –Recuerda con tono de reproche- Te dije que podía verse envuelta en algo grande si la vinculaban contigo.

-No necesito…

-¡Cállate y escúchame por una vez en tu vida, testarudo! –Corta mi hablar sin temor a represalias- Estuve meses compartiendo con ella, haciéndome pasar por una amable vecina que requería clases de cello para su hija. Karim también se ha encariñado con ella, pues es lo lógico. ¡Solo tiene diez años! –Suspira pesadamente, intentando regular su temperamento- Lo que quiero decir es que… ambas sentimos lo que está ocurriendo, porque ella siempre fue muy amable con nosotras, desinteresadamente. –Eso capta nuevamente mi atención. ¿Sango sintiendo afecto por alguien? Eso es nuevo- Rin es una excelente persona y soy más que consiente que debemos hallarla tan rápido como podamos. –Un fuerte sonrojo tiñe sus mejillas, y prosigue su eterno monólogo- A lo que quiero llegar, es que deseo ayudarte. No estás solo en esto. No te he abandonado nunca. –Apartando un mechón de cabello, desvía la mirada por un momento-

Oh, no… los viejos recuerdos abren viejas heridas.

-Sé que lo nuestro fue algo tan breve que no vale la pena mencionarlo, pero… no quiero verte así de mal. Te aprecio mucho. –Confiesa y antes que la interrumpiese para cortarle el rollo, ella me detiene con un gesto sutil- No malinterpretes. No es sentimentalmente hablando. Al menos ya no. –Aclara y me siento algo aliviado. No estoy de ánimo para boberías sentimentales de otra persona que no sea Rin- Es un cariño de hermanos, más que nada. Te conozco tanto, que doy mi cabeza a que hay algo más que no estás diciendo.

-No sabía que eras adivina. –Musito con sarcasmo y algo de cansancio-

-No lo soy. Pero, tus ojos te delatan. –Con delicadeza, pocas veces en ella, toma asiento frente al escritorio y espera pacientemente- Bien, ¿me dirás qué sucede o tengo que ponerme más cursi para sacarte información, pequeño idiota?

-¡Señor Sesshomaru! ¡Señor Sesshomaru! –Se escucha fuera de la oficina, junto con unos pasos apresurados dirigiéndose al lugar. Ambos nos ponemos alerta a lo que Jaken tendría que informar. Su voz chillona y molesta podría reconocerla en cualquier sitio. Abriendo la puerta de golpe, el pequeño agente entra al despacho y me entrega un paquete que sostiene con sus manos enguantadas- ¡Ha llegado esto para usted, señor! Es anónimo. –Informa agitado y con cierta falta de aire- El escáner deja ver objetos dentro del paquete, pero ninguno es de carácter detonante.

De uno de los cajones, saco un par de guantes plásticos que no tardo en usar. Así cualquier tipo de evidencia no se estropeará. Mis dedos presurosos agrietan una parte del papel y una caja de cartón se deja ver. Le hago una seña a Sango, la cual interpreta y por seguridad, se retira un par de metros. Al abrir la caja, se puede ver una cinta de video, una carta y una tela negra que oculta algo en su interior.

Debes ser fuerte, Sesshomaru.

Juraría que pude escuchar la voz de mi padre.

Con cuidado, cojo la cinta de video y ordeno a Jaken que traiga lo necesario para verla desde el ordenador. Este no tarda en volver con dos técnicos que rápidamente hacen las conexiones necesarias para la situación. No tardan ni cinco minutos en tener todo a mi disposición. Jaken agradece su eficacia y los insta a salir del lugar. Ordeno lo mismo, pero en silencio. Mi asistente obedece, más Sango se niega.

Las imágenes comienzan a reproducirse. Mi piel se eriza al ver a Rin, atada, amordazada y con los ojos llorosos. Pide ayuda a través de ellos. Mi alma se fragmenta al verla tan desprotegida.

Naraku la maltrata en repetidas ocasiones. El muy hijo de perra está muy a gusto en su labor. Siento hervir la sangre que corre por mis venas acorde los minutos de cinta van avanzando. A pesar de estar sin la cinta adhesiva sobre sus labios, Rin no dice palabra, con suerte emite quejidos sonoros cuando la mano de ese infeliz choca contra su rostro.

No pide piedad.

No grita mi nombre pidiendo auxilio.

Ni siquiera dice una maldición.

Mis manos se contraen conteniendo la ira y la frustración de verla de ese modo. Daría lo que fuera por ser yo quien recibiera esos golpes y no ella. La mano de Sango se posa sobre uno de mis hombros. No necesito apoyo de nadie, así que la retiro sin delicadeza de por medio.

Ya casi cuando la cinta acaba, Rin se hallaba sola en lo que pareciera ser una bodega. Con debilidad emite un silbido melancólico. No tardo en reconocerlo. Mi corazón parece volver a latir. Era la canción que utilizaron el día que hicimos esa absurda obra teatral en su escuela. Nuestro código íntimo.

Una risa siniestra irrumpe el lugar y la grabación emite un sonido chirriante. La imagen se corta. Luego aparece Naraku nuevamente golpeando a Rin. La toma del mentón y le dice que desea escuchar mi nombre salir de sus labios. Por un momento creo que ella lo hará finalmente. Luego, me vuelve a sorprender: no le da gusto. Escupe en su rostro, manteniendo intacto su orgullo. No se dobla ante su mano. Esa sonrisa llena de júbilo se esfumó en Naraku.

No sé si sentirme orgulloso de ella, o reprochar su actuar.

Predomina la primera opción. Nunca la creí capaz de soportar tanto.

La subestimé nuevamente.

Un último golpe la deja inconsciente, y el muy maldito se acerca a la cámara, para poder hablar por fin. Aún tiene torcida su nariz. Nunca pudieron arreglarla después de rompérsela hace años, por lo que veo. Juro que romperé cada hueso de su cuerpo cuando lo encuentre.

-Date prisa, Yako. –Lamió sus labios con sadismo- ¿No querrás cargar con sus muertes, verdad? –Rió brevemente y extendió su mano a la cámara- Te estaré esperando, bastardo.

No hay más grabación.

-¿Qué demonios fue eso? –Habla Sango detrás de mi, confundida- ¿Cómo es eso de "cargar con sus muertes"?

Claro, ella no notó lo abultado del vientre de Rin. Apenas se notaba al estar sentada. Puede que en otra situación yo también lo hubiese pasado por alto.

-Está embarazada. –Mi voz sale neutra, al borde de lo indiferente-

-¿Qué? No me lo creo. –Se acerca al ordenador y detiene la imagen cuando Rin está frente a la cámara. Hace un acercamiento y puede verlo con total claridad- Mierda. –Susurra-

Coincidimos en la expresión de lo crítica que es la situación.

-Debe tener por lo menos doce semanas de gestación. –Murmura anonadada por lo que acaba de descubrir- ¿Te acabas de percatar o ya sabías de ello?

-Veinte semanas. –Corrijo sintiéndome algo mareado, aunque intento no demostrarlo- Me enteré hace cuatro días.

-¿Por qué demonios no dijiste nada de ello? –Reclama boquiabierta- ¿Te das cuenta en el embrollo en el cual estás metido? ¡Embarazaste a las dos hermanas en plena misión!

-Solo una lo está. –Vuelvo a corregir mientras masajeo la sien. A buena hora aparece la jaqueca- Mei miente.

-¿Cómo puedes estar tan seguro de ello?

-Porque un vientre de casi siete meses no se siente como un cojín viejo. –Aclaro lo obvio. Eso lo pude comprobar cuando, inútilmente, Mei deseaba que sintiera a "nuestro" hijo, para que me quedase a su lado. Obviamente no funcionó- Intentó un amarre a la antigua.

-¡Joder! –Se sujeta la cabeza, intentando digerir todo esto- ¡Vas a ser padre, Sesshomaru! ¡Tú… es decir, no me lo creo aún!

-No te muestres tan entusiasmada con la idea, Sango. –Corto su rollo al verla sonreír algo embobada- Te recuerdo que un bastardo muy peligroso los tiene en su poder. –Parece arrepentida al darse cuenta de que es cierto lo que digo- Ni siquiera sé si podré localizarlos a tiempo.

-Sé que lo harás. –Confirma con seriedad. Sus cambios repentinos de humor me impresionan- Ahora, hay que ver que dice esa carta. –Apunta la caja, y me siento imbécil al olvidarlo. Requiero dormir, sino mi mente me seguirá jugando en contra-

Tomo la carta, y leo su contenido. Me hielo al ver las letras que ha escrito con su puño y letra:

"Recibirás una parte de ella por cada día que te demores, Yako. El juego recién comienza y estás a contrarreloj."

Naraku.

Mis ojos se desvían hacia la caja. Algo hay oculto en esa tela negra. Por primera vez en mi vida, sudo en frío producto del miedo. No me atrevo a ver que hay dentro. Sé perfectamente de lo que es capaz ese hijo de perra. Lo vi hacerlo en varias ocasiones. Sango, usando sus propios guantes, me arrebata la carta y su expresión se oscurece. Lo maldice, mientras espera a que tenga la iniciativa. Siempre me caractericé por ser un hombre que no le temía a nada. Hoy es lo contrario.

Rin…

Ese bebé…

-Hay que ver el contenido, Sesshomaru. –Dice Sango después de un tiempo de silencio-

Puedo sentir cierta humedad a través de los guantes al coger la tela. Al extenderla, para mi momentáneo alivio, solo se trata de cabello. Algunos tienen la raíz. Maldito. Deben ser por lo menos cuarenta centímetros. Calculando, por lo mal del corte, es que lo dejó casi en una melena.

Rin amaba su cabello largo. Yo lo amaba aún más cuando lo llevaba suelto.

-Juro que acabaré contigo, Naraku. –Murmuro entre dientes, apretando con fuerza los cabellos de Rin- Suplicarás porque acabe contigo rápidamente. –Sango solo observaba la escena en silencio- Sango. –Menciono su nombre y se pone firme en su lugar- Envía la cinta al equipo técnico. –Ordeno y escucha atentamente mis instrucciones- Necesito que analicen cada segundo de ese video. Aíslen el sonido y vean que podemos sacar de provecho. ¡Lo que sea!

-¡Si, señor!

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-¡Eres un maldito! –Kagome golpeaba mi pecho, llorando desconsoladamente por la muerte de su padre- ¿Por qué no cumpliste tu palabra? –No me dolía en lo más mínimo, a tal punto que ni siquiera hacia el intento de separarme de ella- ¡Dijiste que lo protegerías! ¡Que estaría seguro si testificaba! –Cogí sus muñecas para detenerla, pero insistía en intentar golpearme con sus pies. Estaba enceguecida- ¡Ahora está muerto! ¡Por tu culpa, Sesshomaru!

-Silencio. –Ordené, ya cansándome de la escena. Nunca fui partidario del lloriqueo de las mujeres. Tal vez, más que nunca, debido a que sentía cierto grado de culpabilidad en la muerte de Masahiko Higurashi- Llamarás la atención más de lo necesario.

-¡No me importa si me escuchan! –Cayó de rodillas, casi sin fuerza corporal. Su delgado cuerpo temblaba sin parar.- Solo quiero… quiero a mi padre… -Hipaba producto del llanto y del dolor por la pérdida- Solo traes dolor a quienes te rodean…

-Kagome…

-La muerte te rodea, Sesshomaru. –Sus ojos rojos y vidriosos se centraron en los míos, y me odiaron con cada fibra de su ser- Eres una desgracia para los que te conocen.

-Ya basta con tu melodrama. –La solté y empujé, dando como resultado a que cayera sentada sobre la alfombra de aquella sala- Dije que lo sentía.

-¡Puedes meterte tu pesar por donde mejor te quepa! –Cogió de la mesa un florero, para luego arrojármelo sin éxito- ¡No sabes cuánto te odio!

-Hice lo mejor que pude. –Me defendí- Además, tu padre sabía perfectamente a lo que se enfrentaba. Nunca temió, aun sabiendo las posibles consecuencias. –Aclaré el asunto- Más que nada, él se preocupó de tu seguridad, la de tu madre y de Rin.

-Y mira como ha terminado ella. –Agregó con ironía mientras secaba sus lágrimas que insistían en salir- Secuestrada. ¡Quizás ya esté muerta y todo por tu culpa!

-Solo intenté protegerla. –Corregí ya perdiendo la poca paciencia que me ha caracterizado toda la vida- ¡Me importa, por eso intenté apartarla de mi por un tiempo!

-¡Rompiste su corazón como nunca lo habían hecho! –Acusó mientras se incorporaba con renovadas fuerzas- ¡Fuiste un maldito insensible! ¡Te recuerdo que no solo pusiste en evidencia lo que sucedió entre ustedes, sino que te reíste en su propia cara!

-¡Te dije que intentaba protegerla de lo que vendría! –Mujer cabezota. Claro que ella no sabía eso. Suponía que solo Rin había leído la carta que le envié a través de Masahiko- Imaginaba que al presentar públicamente el caso, si alguien se enteraba de que tenía sentimientos hacia su persona, tratarían de llegar a ella y dañarla, y también a mi de forma indirecta.

-¡Desde que te conozco solo has pensado en ti mismo, maldito egoísta! –Se acercó a mi a tal punto que quedamos frente a frente, gracias a los tacones que usaba ese día-

-Estás empezando a colmar mi paciencia, Kagome. –Advertí- Mejor calla.

-A mi no me haces callar. –Secó nuevamente sus traicioneras lágrimas- No entiendo cómo pudo enamorarse de ti. Un ser tan frío e insensible.

-Lo mismo podría decir de ti y mi hermano, pero ambos son tan tarados como el otro.

-¡Pues tu hermano puede tener una familia tranquilamente! –Golpe bajo- ¡Cosa que jamás podrás brindarle a Rin! –Estalló la pelinegra, dejándome intrigado por su comentario. ¿A qué venía eso?- Dices querer protegerla… ¡Por favor, no me hagas reír con ese discurso barato, Sesshomaru! ¿Cómo pretendes proteger si siempre estarás rodeado de peligros y de sujetos que buscan venganza? Haz un favor y aléjate cuando termine todo esto.

-¿Y tú me obligarás a que me aleje de ella? –Arqueé una ceja, mientras le sonreía sarcásticamente-

-No, sé que no podría. –Dijo encontrándole la lógica a mi pregunta- Pero si dices amarla tanto como dices, déjala que viva en paz.

-Dame un motivo. –Solicité, sabiendo que no podría encontrar algo viable que me hiciera cambiar de opinión- Uno solo, que sea convincente y me alejaré…

-Está embarazada. –Confesó al fin-

Mi mundo se detuvo nuevamente, a tal punto que ya no estaba seguro si seguía respirando o no.

-¿Cuánto tiempo? – logré articular-

-Diecinueve semanas. –Contestó duramente- Eso equivale a cinco meses de gestación.

¿Padre?

No, esto debía ser una broma. No podía estar pasando, pero sin embargo, si ocurría.

Por un momento recordé la reacción de ella, ese día en el tribunal, cuando Leiko dijo que una de sus hijas estaba esperando un hijo mio. Su reacción se mantuvo dura ante mi mirada. No lo pude evitar. Mis ojos automáticamente se dirigieron a ella y mi decepción fue notoria al saber que era Mei.

Los mensajes de texto cobraron sentido. Las visitas recurrentes al centro médico también. Rin llevaba un hijo mío en su vientre.

-¿Te es suficiente motivo?

-Sí. –Respondí automáticamente, ocultando lo mejor posible esa sensación tan indescriptible que comenzaba a inundar mi pecho- Pero, para tu desgracia, es para quedarme.

-¿Qué? –Su cara se desencajó tras mi respuesta. Creo que no se lo esperaba para nada-

-Lo que oyes. –Acomodé mi corbata, y mi chaqueta que ella misma había desordenado tras su ataque de llanto y furia.- Ahora, te diré una cosa y grábatela muy bien en esa cabeza dura que tienes, Kagome. –Golpeé con mi dedo índice su frente- Haré lo imposible por encontrarla, y los salvaré aunque me cueste la vida. ¿Entiendes? –Ella afirmó con los ojos llorosos nuevamente- Ahora, estás bajo mi protección. Si requiero de tu ayuda, la solicitaré y te notificaré cualquier cosa que sepa. –Volvió a afirmar- Deberás ir a la cabaña de mis padres, donde estará tu madre junto a un equipo de resguardo.

-No, no quiero ir hasta darle un funeral digno a mi padre. –Cabezota. Entonces debía informarle a Inuyasha para que la acompañase en todo el proceso. Así sería más fácil de manejar y de paso ayudaría a limar sus asperezas- Sé el riesgo que corro, pero necesito despedirle como corresponde.

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El sonido de mi bipper me despertó de aquel sueño. Restriego mis ojos para desperezarme. Dormir en el sillón no es algo que me fascina, pero extrañamente es más cómodo de lo que me gustaría admitir. El número corresponde al laboratorio. Otro llamado aparece, y se trata de mi superior Izumi. Que se vaya al diablo. No dejaré de lado a Rin porque él está molesto por mi actuar.

-Jefecito. –Asoma su cabeza mi asistente, hablando con voz suave y algo temerosa- El equipo técnico ya casi tiene los resultados sobre la cinta que recibió esta mañana.

-¿Cuánto he dormido? –Pregunté más para mi mismo, que para él-

-Cuatro horas, señor Sesshomaru. –Informa entrando a la oficina, con otra taza de café humeante y un emparedado- Necesita alimentarse para recobrar energía. –Deja la bandeja sobre el escritorio e hace un ademán para retirarse- Si necesita algo solo…

-Jaken.

El hombrecillo calla abruptamente, temiendo haber cometido un error en su actuar.

-Gracias…

Su rostro palidece.

-Por tu servicio incondicional. –Termino de decir suavemente y no pude evitar notar que sus ojos se llenaban de lágrimas de felicidad-

-No es nada, señor. –Hace una reverencia solemne-

-Puedes retirarte. –Sonrío levemente por su actuar. Es patético en cierta forma, pero no puedo evitar comprenderlo, ya que nunca le había reconocido su trabajo. Solo lo insultaba o ignoraba-

-Si, señor. –Acató respondiendo el gesto-

"Decir gracias de vez en cuando no te matará, Sesshomaru. Mucho menos a la primera."

-Tienes razón, Rin. –Bebo un sorbo de café y cierro los ojos intentando recordar cada centímetro de ella- No me ha matado aún.

-¡Sesshomaru! –Irrumpe mi momentánea tranquilidad, Sango- Tengo dos noticias. Una buena y otra no tanto.

-Dilo de una vez.

-Hallaron muerta a Leiko Higurashi en el despacho de su casa esta mañana. –Informa con una mueca en el rostro- Cometió suicidio.

-¿Data de muerte?

-Ayer por la tarde.

-¿Era la mala o la buena? –A mi me daba igual-

-Tómalo como quieras. Sé que no te agradaba esa mujer. –Rueda los ojos, adivinando mi postura- Pero, para saber la otra debes venir ahora a laboratorio.

-¿Tienen algo? –Me incorporo del sofá como un maldito resorte-

-Ven y compruébalo por ti mismo. –Sonríe con la satisfacción de quien logra su cometido- Además, tengo un premio sorpresa. –Guiña el ojo y ya puedo adivinar qué es- Tu navidad pudo llegar antes de tiempo, querido amigo.

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Notas autora:

Silbido que interpreta Rin: Inuyasha's love theme (cover piano). Es el mismo sountrack que se utiliza en el assate (Declaración en una carta de Sesshomaru a Rin).

Espero que les agrade este nuevo capitulo y que cada uno de uds esté bien con sus familias. Un abrazo gigante a cada uno de ustedes.