Advertencias: Violencia - Muerte de un personaje.

Capítulo 25: Persecución.

04 horas antes. / Bar Koba - Tokio.

La música y el poder del rock resonaban en aquel concurrido antro. Las personas mantenían conversaciones animadas, reían o simplemente brindaban unos con otros. Todo parecía ser una jornada de diversión para los asistentes. El lugar comenzaba a repletarse de gente según transcurrían los minutos, ya que muchos ya habían cumplido sus horarios de trabajo y el karaoke pronto daría inicio. Por ese motivo, muchos se reunían en grupos para competir contra otras mesas y ganar jugosos premios a repartir, exceptuando a dos ex agentes que yacían sentados en un punto alejado de aquel bar, pero lo suficientemente bueno para mantener todo bajo su mira.

Simple, no deseaban ser molestados.

El hombre de cabellos plateados chequeó su teléfono móvil tras una breve vibración emitida por el aparato. Aflojando el nudo de su oscura corbata, se dedicó a leer con una expresión de aburrimiento aquel mensaje, no extrañándose con la simpleza con la que el emisor escribía:

"Accidente en Av. Central. Ten paciencia, ya casi llego. Pide dos tragos por mi.".

Sesshomaru Taisho era todo menos paciente, a menos que la situación lo ameritara.

-La madre que me parió. –Murmuró malhumorada su compañera Sango, al derramar torpemente un poco de bebida sobre su blusa, para luego beberse el resto del licor de un solo sorbo- Este día va de mal en peor.

-No te quejes y pide otro trago si lo deseas. –Se delimitó a contestar a su comentario, guardando el móvil en la chaqueta que portaba- O mejor aún. –Añadió con tono agrio a la vez que fijaba su mirada en ella- Regresa, besa y lame los pies de Izumi y di que te obligué a colaborar.

-Muy gracioso, Taisho. –Apoyó los codos sobre la mesa, sujetando su cabeza para suspirar con pesadez- Te dije que no te dejaría solo en esto y eso planeo hacer.

-Entonces no llores sobre la leche derramada. –Sentenció duramente- De otro modo, seré quien personalmente te arrastre hasta allá para que me dejes en paz.

-Bien. Ya capté el mensaje, amigo. –Puso los ojos en blanco, señal indiscutible de estar cabreada- ¿Cuál es el plan a seguir?

-Esperar no es opción.

-Pues deberás hacerlo. –Rebatió haciendo una señal con su mano al mesero para que se acercara a la mesa que ambos compartían- Miroku está tratando de recabar información con lo poco que tenemos.

-Tardará demasiado y por cada día que se cumpla…llegará una parte de Rin. –Habló Sesshomaru sintiendo un asco y frustración por encontrarse de brazos cruzados, algo que de algún modo u otro pudo disimular externamente-

-No subestimes a Miroku. –Cortó con un leve sonrojo en las mejillas y aquellos ojos ámbares pudieron deducir que no era producto del alcohol en su sistema- Es hábil y su fuerte es la tecnología y redes. De seguro encuentra algo que pueda conectarnos con nuestro objetivo.

-¿Lo hará aunque ya estés desvinculada? –Cuestionó- Ya escuchaste a ese imbécil. –Recordó con intención, mientras acercaba lentamente el vaso a sus labios- Todos aquellos que nos ayuden serán tratados como traidores y/o conspiradores a la institución y serán expulsados automáticamente.

-Sí, lo recuerdo. No hace falta que me lo repitas, Taisho. –Respondió con convicción, viéndolo humedecer su garganta con elegancia- Aun así sé que no me defraudará. Y hablando de colegas que no fallan, ¿aún no sabes nada de Jaken? –Preguntó con cierta preocupación- Nadie sabe de él desde que salimos en dirección al penitenciario.

-Nada, pero no me preocupa. –Contestó Sesshomaru, para silenciar la conversación al momento en que hizo acto de presencia el mesero. Sango pidió otra ronda para ambos y luego que el joven se marchara, reanudó- Ya dará noticias de su paradero, tarde o temprano.

-¿Y sabes dónde fue tu madre?

-Al restaurante que tiene en Fujisawa. –Desvió la vista de su compañera parlanchina- De seguro también intentará averiguar algo con su gente, si es que ya no hicieron abandono de sus funciones bajo su mano.

-Dudo que haya ocurrido eso. –Desechó esa idea tajantemente, pues sabía del gran respeto y admiración que tenían hacia la experimentada y reconocida agente- Ese equipo le es fiel a tu madre.

-Nadie es lo suficientemente fiel si tienes un bastardo detrás de ti que puede arruinar tu carrera.

Acabó de beber el contenido restante en su vaso, fijándose en la entrada del bar en que se encontraban. En un momento, hizo ingreso al lugar una muchacha de largos cabellos negros, de contextura delgada y con un gorro de lana de tono beige al igual que su abrigo. Por un breve instante, su corazón se aceleró sin poderlo evitar, aunque logró regularizarlo ante tal engañoso espejismo. En cierta manera, esa mujer le recordó a Rin, pero su rostro no era igual. Ni sus ojos, ni su menuda nariz, ni siquiera el tono de sus labios. Mucho menos su voz y risa coqueta que era notablemente forzada.

Esa desconocida le pareció de lo más vulgar.

Realmente su pequeña morena no tenía comparación.

El mesero regresó dejando lo solicitado, perdiéndose de sus vistas en menos de un parpadear. Sango hablaba de algo que ciertamente ya no captaba la atención de Taisho. Sus ojos analíticos no podían apartarse de aquella entrada. Era como si algo le indicara que no debía apartar la vista de allí.

Pronto hizo ingreso al bar una pareja que no tardó en identificar. El chico que acababa de entrar no tardó en reconocer a Sesshomaru y dirigirse a su mesa en compañía de la mujer que no dejaba de observar con desconfianza el lugar. Estaba más delgada y un tanto ojerosa, en donde el brillo de sus ojos había disminuido. Sin embargo, mantenía su belleza natural. No saludó verbalmente a los ex agentes presentes, solo hizo un gesto con su cabeza, lo que consideró apropiado debido a que aún estaba resentida por la ineficiencia de ellos en la muerte de su padre.

-¿Por qué diablos la has traído, idiota? –Cuestionó Sesshomaru a su hermano una vez que lo tuvo frente a él- La has expuesto y desobedeciste mis instrucciones.

-Fui yo la que insistí en venir, Sesshomaru. –Cortó rápidamente Kagome Higurashi con una mirada de pocos amigos- Así que agradecería el hecho que dejes de insultar a Inuyasha, porque si es por exponer a alguien… -Le analizó con desprecio a través de sus largas pestañas- tú te llevas el premio gordo, amigo.

Golpe bajo.

Inuyasha preguntó el motivo de la urgencia por verle en persona, intentando que el ambiente tenso se disipara. Si bien Kagome era solo una chica, no la subestimaba en el hecho de que podría intentar golpear a alguien. Lamentablemente, su hermano era el primero en la lista de candidatos que su novia descargaría todo su mal sentir. Sesshomaru, resumiendo varios detalles, explicó que los habían desvinculado tras tener sospechas y enfrentar a Izumi en la agencia. Como consecuencia, también privarían de la vigilancia 24/7 que Taisho había designado para Kagome y su madre tras el asesinato de Masahiko.

-¿Tienen alguna manera de comprobar las sospechas contra su superior? –Kagome se había mantenido en silencio en todo momento, hasta que consideró oportuno preguntar- ¿Qué pasará con Rin? ¿La central de inteligencia la dejará morir sin más? –Su mandíbula se tensó de solo imaginar el cobarde actuar de la agencia- ¿Se lavará las manos tras su muerte y aquí no ha pasado nada?

-No tenemos nada en cuanto a pruebas concretas que nos ayudarían en nuestra hipótesis. –Respondió Sango con toda formalidad- Y en cuanto a Rin… -Se mantuvo en silencio, esperando la intervención de Sesshomaru-

-Seguiré en su búsqueda con o sin agencia de por medio. –Sentenció apretando su vaso de vidrio, a tal punto que parecía poder explotar en cualquier momento- Aunque sin ella será más tardado y peligroso. –Reconoció muy a su pesar-

-¿Alguna referencia que tengan acerca de su paradero?

-Según el último interrogatorio realizado, se detalló que puede estar oculta en cualquier lugar en donde colinde con el mar, Kagome. –Contestó la ex agente con real frustración-

-¡Entonces podría estar en cualquier lugar del país! –Estalló la morena controlando su tono de voz, cuidando no llamar la atención de los presentes en el bar- Además… ¿a quién se le ha interrogado y por qué no se notificó de ello? –Ese cuestionamiento iba directo a su cuñado, quien no muy animadamente respondió-

-Se interrogó en primera instancia a un sicario que fue reconocido como el que entregó el paquete detonante en la central, además de aceptar estar bajo las órdenes de Masayoshi. –Sesshomaru se detuvo al escuchar a Kagome lanzar un improperio bien ganado a ese repulsivo ser- Y en segunda instancia, al mismísimo Masayoshi. Después de un largo cuestionario, aceptó tener relación con Naraku. La única pista que entregó fue: está en un punto cercano al océano.

Sesshomaru Taisho prefirió omitir el hecho de que Naraku le enviaría una parte de Rin por cada día que se demorara en dar con su paradero. Eso terminaría de acabar con la poca cordura que le quedaba a la recriminadora pelinegra, quien no dudaba en lanzar ácidos comentarios a la primera oportunidad. Aunque en cierto modo, no podía culparla completamente por su actuar.

Él bajó la guardia y erró como un inútil principiante, y al parecer lo seguía haciendo.

-Puede estar en cualquier puerto o muelle. –Dedujo Inuyasha quien no se había perdido detalle de lo que su hermano había relatado junto a su colega- O en cualquier embarcación marítima. –Agregó un poco más cohibido al notar las miradas de los tres espectadores que recaían en él-

-No creas que no lo hemos pensado, muchacho. –Comentó Sango viendo hacia la entrada del bar- Es por eso que… -Cortó de golpe la conversación- Sesshomaru, a tu izquierda.

Quién lo diría. De todos los bares o antros de la ciudad, justamente tenía que aparecer Izumi, abriéndose paso entremedio de la muchedumbre animada, quienes cantaban alguna canción con un malísimo nivel de inglés. Todo apuntaba a que se dirigía a la sección VIP del antro, y que tras un breve intercambio de palabras con el guardia de seguridad, pudo ingresar al corredor que daba al segundo nivel del establecimiento, sin inconvenientes. Tenían poco tiempo para actuar. Debían averiguar, de algún modo u otro, qué hacía allí y con quién o quiénes se iba a reunir. Tras dar instrucciones y posiciones estratégicas, se dio marcha a un arriesgado plan.

Kagome, fue la encargada de iniciar la operación. La muchacha tras apretar levemente sus mejillas para darles algo de color, abrió su abrigo negro para dejar ver una blusa del mismo tono y de material semi transparente, además de sus vaqueros azules que se le ceñían a su delicada figura. Sin duda, podría captar favorablemente la atención de muchos en aquel sitio. No obstante, ella solo debía centrarse en un objetivo, quien custodiaba la entrada a la sección VIP.

Sosteniendo un vaso con algo de licor, acomodó su cabello mientras avanzaba hacia ese hombre, dándole un toque más atrevido a su apariencia. Al llegar frente a él, inició una inocente conversación, en donde preguntaba dónde estaba el tocador para damas. No tardó en recibir respuesta, pero en vez de ir al lugar indicado, buscó extender aquel intercambio de palabras con disimulada coquetería. Pronto tuvo su total atención, tal como la morena quería. Descuidó su puesto de trabajo al sentir los finos dedos de aquella pelinegra sobre su pecho, el cual yacía cubierto por una camiseta que remarcaba los músculos producto de buenas rutinas de ejercicios.

Tan animado era el ambiente que nadie notó como ella lo jalaba de la mano y lo guiaba en dirección al tocador de damas. Aquella coqueta morena dejó ver una intención secundaria y prometedoramente placentera para el guardia. No obstante, lo único que recibió fue un golpe de una ágil y mortal ex agente, el cual fue dirigido a la garganta para evitar que alertara a los demás sobre el ataque y un último garrotazo en la nuca para terminar de noquearlo y dejarlo tirado en el suelo.

Con ayuda de un malhumorado Inuyasha, lo sentaron sobre un inodoro, oculto dentro de un cubículo del fondo de aquel baño. Atado de pies y manos, gracias a las pantimedias de Sango y amordazado gracias a un calcetín del menor de los Taisho.

-Como vuelvas a tocar otro tipo así, me enfadaré como no tienes ni idea, Kagome. –Advirtió Inuyasha, hablándole entre dientes a su novia, dejando ver lo mosqueado que le había dejado la actuación que no le había parecido para nada amateur-

Mientras la pareja se reubicaba como habían acordado, Sango iniciaba la segunda fase del plan. Con suerte tendrían algunos minutos a su favor, antes que el guardia despertase o alguna ebria con ganas de orinar lo encontrara. Subió al segundo nivel, y tras sentarse en un lugar óptimo, pudo ver a Izumi sentado de espaldas a ella, extendiendo un sobre a un completo desconocido. O tal vez, no lo era.

Sacó su móvil y envió un mensaje de texto a su compañero de equipo, advirtiéndole de lo que era testigo. Sin esperar una respuesta, buscó la manera de acercarse sin que los dos sujetos se percataran de su presencia, y quien los custodiaba. La idea era escuchar algo de la conversación que ambos mantenían. No obstante, antes de lograrlo, una mano se detuvo en su hombro. Era otro guardia y al parecer de los que prometen echar por la borda los planes de los demás.

Demonios.

-Hey, tú. –Ordenó con voz dura el sujeto sin soltar el agarre- Enséñame tu pase de socio.

-¿Acaso me la pedirán dos veces en una tarde? ¿Qué clase de servicio es este, eh? –Cuestionó con simpatía y manteniendo la voz baja para no llamar la atención de sus objetivos- Además, te pido de buena manera que me sueltes, bonito. –Advirtió dibujando una inocente sonrisa en su delicado rostro femenino-

-Dije… -Apretó un poco más el hombro de Sango, intentando intimidarla y tal vez causarle algo de dolor innecesario- Tu credencial. –Alzó un poco la voz, haciendo que Izumi volteara a ver lo que ocurría- Ahora.

Carajo, ¿por qué todo me ha salido mal?, se cuestionó nuevamente la ex agente por décima vez en el día. Izumi se incorporó tan rápido como un resorte presionado de su asiento mencionando su nombre. Sango, al verse descubierta, reveló su expresión de que él había sido la gota rebasó el vaso de su paciencia:

-Y yo te dije que me soltaras por las buenas, idiota.

Rápidamente, le torció la muñeca al guardia que solo vino a arruinarle el plan. Al tenerlo inmovilizado, vio moviendo frente a ella: al lado de Izumi, un tipo tenía intenciones de sacar un arma de fuego. La mujer sin dejar de lado su agilidad, le lanzó una bandeja de plata directo a la cabeza, así impidiendo su propósito de abrir fuego. Tras un par de maniobras, el gorila que había llegado pidiéndole la credencial de socio, terminaba en el suelo y cubriéndose los testículos tras una patada recibida con fuerza desmedida.

Sango daba por hecho que nunca más querría pedirle un pase a una mujer en ese bar o en cualquier otro.

No obstante, no había terminado el caos.

Si bien había sacado del camino a un hombre que podía abrir fuego contra ella, no pudo hacer nada contra el alcaide del penitenciario, quien no dudó en dispararle, sin importar que hubieran civiles huyendo de por medio.

-¡Mátala! –Ordenó Izumi antes de verla huir por las escaleras, escapando por muy poco ante los letales proyectiles, hiriendo a otros civiles a su paso- ¡Mierda! –Dijo sacando su propia arma-

-¡La perra huyó! –Pateó un vaso que en la pelea había caído al piso, dispuesto a seguir los pasos de la mujer, aunque una mano en su pecho lo impidió- ¿Qué?

-¿Te has deshecho de la evidencia que nos vincula? –Preguntó el superior en jefe de la central de inteligencia, recibiendo una silenciosa afirmación- Entonces yo me encargaré de los detalles. –Apuntó a su cabeza y no dudó en ultimar a su cómplice a quemarropa- Un placer hacer negocios contigo. –Mencionó a la vez que caía el cuerpo inerte de Eiji Madarame con un proyectil incrustado en el lóbulo frontal. Izumi no tardó en bajar las escaleras, con intención de darle alcance a su ex subordinada-

Los gritos de los civiles podían escucharse por todas partes. Salían de aquel local en diferentes direcciones, con el fin de alejarse lo más posible de aquel infierno. La policía de seguro no tardaba en llegar. Izumi no dejaba de maldecir su mala suerte. Esa ex subordinada, que antes tenía en la palma de su mano, se había vuelto una molestia constante en el culo. Debió alejar a esa parejita en cuanto notó la influencia que Taisho ejercía en ella. No tachaba la idea de que él estaba detrás de estúpido intento de espionaje.

Ocultando su arma de servicio, dio un vistazo a los alrededores y reconoció a una mujer de la misma contextura y vestimentas que Taijiya. Corría al lado opuesto de donde él se encontraba, acercándose a un vehículo gris que estaba estacionado un par de metros más allá para huir con destino desconocido.

Izumi se juraba a sí mismo que ella no llegaría muy lejos.

Chochando contra los cuerpos de la asustada muchedumbre, se dirigió dónde estaba aparcado su propio automóvil. Una vez dentro de este, no dudó en encender el motor y seguir a la prófuga que podía revelar su relación con Madarame. No había llegado tan lejos en su carrera para que una inútil como Sango Taijiya lo arruinara. Sería su fin y no estaba dispuesto a ello. Si era necesario derramar más sangre de la que ya había derramado en los últimos años, lo haría y sin sentir remordimientos. Después de todo, su trabajo era cruel y sangriento. No por nada escogió ese trabajo y ese estilo de vida.

Izumi aceleró tanto como pudo. La velocidad ya superaba los cien kilómetros por hora, y no bajaría por nada del mundo. Delante de él, el vehículo que manejaba Sango esquivaba ágilmente a los conductores que impedían su paso, lo que dificultaba la tarea de colisionarle por el costado y hacer que el vehículo derrapara para finalmente estrellarse. Algo muy similar al accidente del matrimonio Taisho años antes, aunque con un final diferente. Con un poco de suerte el estanque de gasolina se rompería y generaría una gran explosión que acabaría con la existencia de la entrometida.

Pronto llegaría al puente colgante de la ciudad de Tokio, llamado Rainbow. ¿Por qué esa mujer se dirigía la isla artificial de Odaiba? Bueno, él se interpondría en cualquier plan que ella idease.

Tan ensimismado estaba en aquella persecución que ignoró el hecho de que también le seguían de cerca. Casi pisándole los talones. A su vez, el hecho de que ya comenzaba a oscurecer también le jugaba en contra, aunque este lo veía como una gran ventaja en sus planes.

Ya estaba por alcanzarla cuando divisó a Sango detenerse y salir rápidamente del vehículo, saltando ágilmente una valla de contención de un antiguo parque de diversiones, el cual estaba inoperativo y vacío por estar en mantención hace un par de semanas. Meditó en una fracción de minuto en derribar aquella barrera, sin embargo, eso activaría una alarma y no tendría el tiempo suficiente para dar con la escurridiza fugitiva. Decidió que lo mejor era imitar su actuar, aunque iría más que preparado para su encuentro. No solo cogió municiones necesarias para su arma de servicio, sino que consideró apropiado llevar otra de repuesto, además de agregarles los silenciadores correspondientes.

Tras quitarse la chaqueta del traje que portaba, descendió del vehículo y echando un vistazo rápido, corroboró que no había nadie en los alrededores. Izumi, a pesar de estar cercano a los sesenta años, no tuvo dificultades en saltar la valla gracias a una innata habilidad física. No por nada había estado sometido a exigentes sesiones de entrenamiento durante toda su vida. Eso solo le parecía un simple juego de niños. Recorrió aquel terreno con cuidado, cubriendo su posición para no alertar a Sango o algún guardia en el área. Inspeccionó atracción por atracción, no teniendo resultados favorables. ¡Simplemente no daba con ella!

Al dirigirse a los puestos de comida y de juegos menores, un ruido leve captó su atención. Distinguió que se trataban pisadas en dirección al norte de su posición, muy pesadas para tratarse de un simple roedor. Vio una sombra correr a unos cuantos metros y abrió fuego en su dirección. Había fallado.

Sin perder tiempo, siguió su paso, notando que huía en dirección a la rueda de la fortuna. ¿Qué clase de agente era que se dejaba acorralar de ese modo? Sonrío macabramente ante un surgente pensamiento. Nunca había matado a nadie en un lugar así.

Sería una nueva anécdota a su larga lista de crímenes.

Con lo que no contaba, era recibir un golpe la parte occipital de su cabeza con un objeto contundente. Alguien se había ocultado tras el puesto de comida rápida y aprovechó su descuido al tener intenciones de consumar su deseo de aniquilar a Sango Taijiya. Liberó un sonoro quejido sintiendo como el cuero cabelludo se cubría con su sangre. Tropezó con sus pies sobre el piso polvoriento y desnivelado, más no cayó. Apuntó a esa sombra que no podía divisar gracias a la vista borrosa. Disparó. Dos veces, pero volvió a errar. La sombra lo desarmó hábilmente, arrebatándole el arma e inutilizándola en cosa de segundos. Aun no podía ver a su oponente, pero notaba dos puntos ámbares que relucían como los ojos de una pantera. Le parecían tan familiares.

No.

Aquello no podía ser verdad. Era… ¿Inu no Taisho? ¿Cómo era posible? Él escuchó toda la persecución que sufrió en aquella carretera y cómo le ultimaron junto a su esposa, Izayoi años atrás. Además, ¡él fue a su jodido funeral!

-Quieto. –Ordenó aquel personaje cuando lo tuvo contra el piso, apuntándole con el objeto con que le había golpeado anteriormente. Tras un halo de luz que se colaba a través las nubes nocturnas, pudo finalmente ver su rostro. No era Inu, sino Sesshomaru. Estaba impasible, frío, pero con una mirada llena de ira y sed de sangre. Cualidades de un maldito asesino. Lo reconocía muy bien, porque él tenía la misma mirada.

Tendido contra el suelo no tardó en soltar una leve risa ahogada. ¿Cómo pudo ser tan ingenuo y creer que los muertos regresaban a saldar cuentas?

-Hay que saldar cuentas pendientes, bastardo.

Izumi sonrió divertido. Ya podía adivinar de qué trataría todo. Sin duda, el que se hubiese enamorado a tan tardía edad le había frito el cerebro y el sentido común. Era muy predecible. Jugaría con él hasta que fuese conveniente. Intentó incorporarse, pero la sensación de mareo fue más fuerte que su voluntad. Además, no se lo permitieron.

-¿Dónde tienen a Rin? –Preguntó el dueño de aquellos ojos ámbar, de una manera tan fría que pareció helarle la sangre por breves segundos- Y esta vez no quiero rodeos.

-No lo sé. Puede estar aquí, puede estar allá. –Respondió sádicamente, quitándose las gafas que comenzaban a molestarle a la vez que sonreía torcidamente- Pero, no te preocupes. Después de todo, la encontrarás cada día en una caja diferente, ¿o me equivoc…?

Un golpe en su mejilla borró la blanca sonrisa que antes tenía dibujada en el rostro. Sesshomaru Taisho le dio color. Rojo, rojo sangre. Izumi escupió a un costado y volvió a enfrentarse ante el joven que amenazaba silenciosamente contra su integridad.

-Golpea lo que quieras. –Siguió provocándole- Aun así no diré nada.

-Te haré trizas si agotas mi paciencia, Izumi. –Con su pie comenzó a aplastar el tórax del anciano, provocando que comenzara a toser por la falta de oxígeno-

-Perro que ladra no muerde, Sesshomaru. –Pronunció con dificultad bien disimulada- Hoy puedo comprobar que esa cualidad es de familia. –Vio con malicia como la ceja del peli plateado se arqueaba en señal de confusión por sus palabras-Tu padre era igual y mira como terminó.

-Él no tiene que ver en esto.

-Claro que sí, iluso. –Pronunció con dificultad, aunque no dejaba su labia venenosa de por medio- Una pena que terminase con el cráneo destrozado producto a punta de pistola.

-Silencio. –Siseó-

-¿Qué se siente perder todo lo que te ha importado? –Los dardos psicológicos estaban siendo lanzados en contra de su enemigo y captor- ¿Qué se siente saber que por más que busques a Naraku no podrás encontrarlo a tiempo para salvarla? ¿Conciliarás el sueño por las noches tras revivir cada episodio en que recibas partes de su cuerpo?

-¡Enfermo!

Sesshomaru propinó otro certero golpe contra su rostro, intentando callarle, pero eso solo le dio alas para seguir hablando, aun cuando el hilo de sangre brotaba por su boca.

-Oh, no todos podemos ser tan perfectos como tú. Tú, que fuiste el mejor de generación, digno merecedor de un puesto importante en la agencia de inteligencia; quien estuvo a un paso de tener mi propio puesto o el que tu quisieras debido a tu excelente curriculum y nivel de coeficiente intelectual; responde, gran y prodigioso agente: ¿qué se siente haber estado frente del responsable de la muerte de tu padre y nunca haberlo sospechado?

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Notas autora: Junto con saludarles a distancia, espero que se encuentren bien mis pequeños y queridos lectores. Iniciamos la recta final de esta historia, queda muy poco y aún hay muchas cosas por saber y concluir con nuestros personajes favoritos. Entre ellos está Izumi, ¿ese compa ya está muerto o no más no le han avisado? ¿Será verdad que él estuvo siempre detrás de la muerte de los padres de Sesshomaru e Inuyasha?

Un abrazo enorme para cada uno de ustedes, y recuerden: para lanzar tomates, lechugas podridas, teorías y demás, háganlo saber por comentarios. Siempre estoy pendiente de ellos!

Próximo capítulo: Una montaña rusa de emociones.