Advertencias: Violencia- tortura- lenguaje inapropiado - Muerte de un personaje.

Capítulo 26: Una montaña rusa de emociones.

"¿Qué se siente haber estado frente del responsable de la muerte de tu padre y nunca haberlo sospechado?"

Por un instante, la mente de Sesshomaru Taisho quedó en blanco tras procesar esas palabras impregnadas en veneno. No fue muy prolongado, pero fue lo suficiente para que su respiración se entrecortara y que su cerebro repasara cada gesto que tuvo su superior de los años a la fecha: sus palabras de vacío pesar por la muerte de su padre y la madre de su hermano; la misión que le otorgó, aun sabiendo que destruiría a Naraku a la mínima oportunidad a modo de venganza; el exponerlo en el enjuiciamiento de Masayoshi Higurashi, para que todos los ojos de sus secuaces se posasen en su persona y de paso en Rin. Todo estaba fríamente premeditado, con el fin de eliminar cualquier vínculo con aquellos criminales que trataba desde las sombras.

¡Se sentía realmente estúpido por no confirmar anteriormente sus sospechas! No es como si el ex agente nunca lo hubiese considerado, pero, el corroborarlo de esa manera era demasiado. Y pensar que ese vil gusano era tratado como un hermano de sangre por su difunto padre. Y aun así, en aquella desventajosa situación, Izumi se atrevía a confesar tal atrocidad con una socarrona sonrisa. La adrenalina del momento comenzó a circular deprisa por el torrente sanguíneo del peliplateado, mientras sus músculos empezaban a tensarse.

Esa baja traición no quedaría impune.

-¡Maldito bastardo! -La adrenalina se liberó en un golpe que dio a parar contra la quijada de Izumi, haciéndole escupir sangre nuevamente. Dicha maniobra le dio a Sesshomaru una satisfacción similar a la que tuvo el día en que se enfrentó a Naraku y casi le molió a golpes-

Ese sería el primero de varios golpes, pero no le daría el gusto de matarlo. No, eso sí que no. Sesshomaru sabía que esa era la intención de Izumi, hacerle perder el control mental que tanto le caracterizaba y de este modo no lograr sacarle la información que él tanto necesitaba.

Rin. Su paradero. Su hijo.

Antes de propinar el duodécimo golpe, su puño se detuvo en el aire. Con gozo escuchó como Izumi no solo escupía sangre, sino que un par de dientes también. Cada fibra de su ser exigía la muerte de esa sabandija, pero se recordaba constantemente que esto aún no había acabado. Además, no le daría tal privilegio.

Debía aclarar su mente y no dejarse llevar por el momento. Guardó su arma para no tentarse. Ya luego arreglarían temas pendientes, pero era hora de extraer información, y esta vez no se andaría con rodeos.

-¿Dónde carajos tienen a Rin?

-Veo…que tu…mujercita te ha hecho… débil. –Tosió sin borrar aquella sonrisa, respondiendo con dificultad tras atorarse con su propia sangre-

Sesshomaru lo cogió del cuello con su mano derecha, sintiendo como este no tenía fuerzas para oponérsele.

-Repito la pregunta: ¿dónde está Rin, Izumi?

-Vete… al infierno, cabrón. –Contestó con testarudez- Primero muerto… antes que…decirte donde está.

-Eso se puede solucionar.

Sesshomaru Taisho se incorporó de su posición y comenzó a caminar hacia una de las atracciones abandonadas, trayendo a su lado a una agónico Izumi, puesto que aún no soltaba su cuello y eso lo asfixiaba, sin olvidar el dolor que le proporcionaban las piedras chocando contra su espalda al ser arrastrado. No importa cuánto tratara de soltarse, él no lo dejaría ir. Menos importaba el hecho de que intentase gritar, ya que nadie iría en su ayuda. A menos de cinco metros de su destino, el peliplateado llamó a Sango Taijiya, quien no tardó en aparecer en escena.

-Trae una cuerda. –Ordenó sin perder de vista su objetivo, apretando más el agarre contra el cuello de Izumi. Sus ojos siempre ámbares, hoy estaban con destellos rojos, lo que le daba un aspecto más aterrador que de costumbre al ser notorias sus ojeras- Nos dirá lo que necesitamos.

-¡En seguida!

Sango acató la orden sin cuestionar mientras corría a un puesto cercano y arrancaba una cuerda con banderines. Por lo menos eran dos metros de cuerda y eso bastaría. No sabía lo que su compañero planeaba, pero debía ser rápida. La menor de las Higurashi no tenía más tiempo a su favor. Al terminar de sacar los estorbosos banderines, regresó a donde estaba Sesshomaru. ¿Qué demonios planeaba en esa montaña rusa? Antes de subir los escalones de aquella atracción, apareció Inuyasha jadeando. De inmediato notó que el joven había corrido para darles alcance. A su vez, explicó que vino a ayudar, ya que había escuchado disparos y que Kagome estaba vigilando la entrada.

-¡Aquí está lo que solicitaste! –Informó, viendo como Sesshomaru tenía contra el hierro de los rieles el cuerpo de Izumi- Tu hermano está aquí.

-Sosténganlo de pies y brazos. Lo ataremos y dirá lo que sabe. –Dictaminó el hombre de ojos ámbar- Ahora verá que no estoy jugando.

-¿Sesshomaru, qué estás…?

-¡Si no viniste a ayudar vuelve por donde viniste, Inuyasha! –Alzó la voz, indignado por la indecisión de su hermano menor- Él sabe dónde está mi mujer y es responsable de la muerte de tus padres, así que por una vez en tu miserable existencia, ¡deja de vacilar y haz lo que digo, maldita sea!

A pesar de que las manos de Inuyasha temblaban, él obedeció. Omitió la ira naciente y la incertidumbre de no saber qué ocurriría luego con el culpable de la muerte de su familia. Lo que sí tenía claro, es que su frío y determinado hermano no estaba jugando. Mientras Sesshomaru ataba a un desesperado Izumi que trataba de zafarse del agarre de la mujer y de Inuyasha, su hermano menor podía distinguir como los dientes del ex agente chirriaban debido a la presión contra sí.

Una vez terminada su tarea, Sesshomaru se dirigió a la caja de controles, y forzó el candado de seguridad con un disparo. Al abrir la caja, notó que necesitaría energía, y a la vez, una llave para encender la atracción. Solicitó a Inuyasha que buscara el alimentador de energía principal del parque y lo habilitara, y que luego volviese con Kagome. Inuyasha no debía estar allí ocurriese lo que ocurriese por el bien de su salud mental. A Sango, le pidió un cuchillo o navaja para activar los carriles de la montaña rusa.

En menos de un minuto, las luces del parque se encendieron, dejando la lucir la vaga belleza que un día lo caracterizó. Sango regresó con lo pedido, y Sesshomaru con una habilidad innata, tras cortar un par de cables y experimentar una unión, el carro que se anteponía al cuerpo de Izumi, comenzó a sonar, indicando que estaba listo para ser utilizado.

Una sonrisa minúscula se dibujó en el pálido rostro de Sesshomaru al ver el terror naciente en las facciones de su ex superior. ¿No que muy cabrón? Ahora lo vería. Hizo retroceder el vagón de la montaña rusa varios metros, mientras Izumi intentaba soltarse inútilmente y salir de aquellas vías. Cuando el carro casi estuvo en su punto máximo, Sesshomaru lo detuvo y desde los controles, preguntó a su prisionero:

-¿Dónde está Rin? Y esta vez, no quiero gilipolleces de tu parte. –Advirtió-

-¡Vete a la mierda! –Contestó temblando contra los rieles, inmóvil gracias a las ataduras- ¡No diré nada!

-Respuesta equivocada.

Liberando los controles, dejó caer la atracción a toda velocidad, haciendo que su víctima gritara desesperado por su libertad. A unos cinco metros de distancia, Sesshomaru detuvo de golpe el carro, haciendo que Izumi llorara de miedo y se retorciera en sus ataduras.

-Primera advertencia. –Hizo retroceder nuevamente el carro hasta el mismo punto en que lo tenía en un comienzo- Repito la misma pregunta, ¿dónde tiene Naraku a mi mujer?

-¡No lo sé, maldito sádico de mierda! –Respondió Izumi casi convulsionando por el llanto y las arcadas que le produjo la situación- ¡No puedes hacer esto!

-Quien habla de ser sádico. –Repudió el peliplateado desde su posición- Díselo a los que cayeron bajo tu velo de traición. ¡Díselo a mi mujer que está embarazada y que está soportando las torturas de Naraku en su escondite! ¡Dime dónde está!

-¡No lo sé! ¡Ya te dije que no lo sé!

Tras su respuesta, Sesshomaru golpeó el mando dejando libre el carro en picada hacia el cuerpo de Izumi, cuando estuvo a tres metros de nuevo lo detuvo, haciendo que la punta de la atracción quedase pegada contra su mejilla. El hombre comenzó a vomitar por la situación y Sesshomaru pudo notar como sus pantalones claros ahora se encontraban mojados.

-¿No que perro que ladra no muerde? –Cuestionó la frase que antes había dicho Izumi- Deberías saber que nadie juega conmigo ni con mi familia. –Se apartó de los controles momentáneamente, viendo como este había volteado hacia un costado la cabeza para no ahogarse con su propio vómito- ¿Qué se siente no poder defenderte de lo que te espera? ¿Tal vez tu esposa sepa lo que quiero? –Las arcadas de Izumi se detuvieron en seco y sus ojos vidriosos se detuvieron en los suyos- ¿Quizás tus hijos?

-¡No los metas a ellos en esto! –Exigió con pavor al imaginarlos en esa misma situación- ¡No tienen nada que ver!

-No estás en posición de exigir nada. –Aclaró Sesshomaru manteniendo una expresión estoica al igual que su tono de voz- Así que si no quieres ver sus cuerpos desmembrados al igual que el tuyo, dime dónde oculta Naraku a mi mujer. No pido nada más, ni siquiera el nombre de quienes se encuentran detrás de todo esto.

-¿Por qué no te interesa?

-Porque lo averiguaré por mi mismo y pagarán con su sangre aquellos que la hayan tocado. –Informó haciendo sonar los huesos de sus manos tras contraerlas- Ya tuviste dos oportunidades y el carro está en su punto máximo. Si no me dices lo que quiero, ya no habrá una tercera persuasión.

Sango observaba atenta todo lo que ocurría, y con cierto asco a decir verdad. Nunca imaginó verlos así, uno siendo el dominador y el otro en el papel de sentenciado. Es verdad que cada agente estaba entrenado para sonsacar información por cualquier método, pero esto ya estaba fuera de todo límite. ¿Pero quién era ella para cuestionar esa metodología? Quizás en los zapatos de su colega, ella hubiese actuado de igual o peor forma. Ahora solo quedaba esperar a ver en qué concluía todo ello.

-Tienes diez segundos, Izumi. –Habló Taisho, impaciente por no obtener respuesta- Diez…nueve…ocho…

-No, no…espera.

-Siete…seis…cinco…

-Yo… no puedo…

-Cuatro…tres…dos…

-¡Espera!

-Uno…

-¡Lo diré, lo diré, pero ya basta! –Terminó por acceder con el rostro cubierto en lágrimas desesperadas- ¡Está en el muelle, en la antigua bodega de los Higurashi!

-¿Cómo sabemos que no nos miente solo por salvar su pellejo? –Intervino Sango en el primer escalón que daba a la plataforma de la atracción. No era posible, debido a que un equipo había ido a inspeccionar dicha zona y el informe especificaba que estaba libre de moradores-

-¡Revisa mi celular! –Respondió el supervisor de la agencia de inteligencia, mientras ella se acercaba a toda velocidad para buscar en el bolsillo de su pantalón húmedo- ¡No podrás desbloquearlo sin la huella dactilar anular! –Aclaró cuando logró hallar el aparato su antigua subordinada-

-¡Sesshomaru, la navaja! –Ordenó a tres metros de distancia del peliplateado, quien le lanzó lo solicitado y ella lo atajó sin complicaciones-

-Gracias, sabía que entrarías en razón y me liberarías, Taijiya. –Exclamó emocionado el rehén- Recordaré esto como un buen gesto de tu parte.

-No cantes victoria antes de tiempo, infeliz. –Precisó la mujer con mirada severa, para luego amputarle el dedo que él había indicado anteriormente, haciéndole gritar de dolor- No habrá final feliz para ti hasta corroborar la información.

-¡Maldita hija de perra! –Se quejó a viva voz mientras su mano se manchaba de sangre por la extremidad faltante- ¡Zorra traidora!

-Aprendí del mejor, ¿no es así, maestro? –Comentó con ironía tras desbloquear la pantalla y hurguetear en sus correos y mensajes cifrados. Tras un momento, halló lo que buscaba- ¡Dice la verdad, Sesshomaru! –Volteó hacia él para encaminarse a su lado- Hay mucho material que lo implica directamente con los negocios de Naraku y del encargo de Masayoshi Higurashi en la muerte de su hermano.

-¡Ya les di lo que querían, dúo de bastardos! –Exclamó lleno de dolor. Sabía que esto no pintaba para bien- ¡Ahora déjenme ir!

-Sango, ve a tu vehículo y dirígete a la central. –Ordenó Sesshomaru sin mover un musculo- Ubica a tu contacto, que rastree la zona por satélite y que detecten actividad infrarroja. También avisa a mi madre. Ella sabrá qué hacer con lo que tenemos.

-¡Si! –Guardó el aparato móvil en el bolsillo, junto con el dedo anular de Izumi muy a su pesar, perdiéndose de la vista de ambos en cosa de segundos-

-Sesshomaru…por favor…-Suplicó Izumi desde su posición- No…

-Cumpliré mi palabra. -Habló el hombre de ojos ámbar- Tu mujer e hijos estarán bien, no les haré nada.

-Pero, tú… ¡dijiste que me liberarías! –Reclamó con verdadero terror en sus expresiones, mezcladas con la prepotencia que siempre le caracterizó a lo largo de su vida-

-Nunca dije eso. –Enfatizó Sesshomaru acercando su dedo índice al botón rojo-

-¡No puedes matarme! ¡Tengo una familia! –Se retorció en sus firmes amarras- ¡Tengo hijos que dependen de mi, por favor!

"¡Despierta! ¡Izayoi, por favor! ¡Tienes que huir!" En la mente de Sesshomaru se cruzó la grabación de la persecución de su padre años antes, junto a su respiración agitada producto de la desesperación tras ser descubiertos. "¡Déjenla, bastardos! ¡Que la suelten! ¡Déjenla ir!"

"Inu…ya…sha". –Rememoró la agónica voz de Izayoi tras el volcamiento del vehículo que los transportaba, y luego los seis impactos de balas que les arrebataron la vida a ellos, dos valientes y dedicados agentes que murieron cumpliendo su labor, dejando sus sueños y vida atrás, por culpa de ese traidor.

-Ellos también los tenían, y eso no te fue impedimento para acabar con ellos. –Contestó con una emoción antes nunca vivida, pero sin necesidad de derramar una lágrima-

Tras decir esas palabras, Sesshomaru presionó el botón que liberó el carro de aquella montaña rusa a su máxima velocidad, y que luego de girarse, este le quitó la vida a un hombre que gritaba su desgracia y maldiciendo a los Taisho. Partes de su cuerpo se esparcieron por diferentes partes y la sangre manchó la pared que tenía pintado un paisaje paradisiaco, además del piso de aquella atracción.

Eso le dio una paz inexplicable mientras se alejaba del lugar. Al fin vengó a su padre y a su madrastra, su segunda madre. Dos eternos amantes que se vieron interrumpidos por los habitantes de un mundo podrido.

Al llegar a la entrada del parque, notó que el automóvil de Sango ya no estaba en el lugar y que Inuyasha junto a Kagome aún no se retiraban. Se acercó a la ventanilla y les indicó que fuesen a un lugar seguro y que luego les notificaría los procedimientos a seguir, asegurando:

-Hoy recuperaremos a Rin, Kagome. –La observó fijamente, contagiándole toda la seguridad que él sentía- Te lo juro por mi vida.

-Más te vale o me las pagarás, cuñadito. –Contuvo sus lágrimas, a la vez que le palmeaba suavemente su mano- ¿Qué harás con el vehículo de ese bastardo?

-Borrarlo del mapa, tal como a él.

-¿No tendrás consecuencias por…ya sabes? –Preguntó Inuyasha, notoriamente incómodo-

-Mientras Rin y mi hijo estén a salvo nada más me interesa. –Dijo con un tono severo, muy diferente a la calidez que se pudo detectar antes- Ahora, largo, y no comenten a nadie lo que sucedió acá.

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Mientras tanto, la Agencia Central de Inteligencia estaba dividida. Dividida entre creer lo que una ex agente exponía, y refutar su versión por despecho. Sango explicaba abiertamente las malas prácticas de un ya fallecido Izumi, aunque los demás lo ignoraban de momento, pero no podían terminar de creer su versión. Era muy fantástica al parecer de muchos.

No obstante, los cuchicheos de aquella reunión se detuvieron cuando hizo ingreso al lugar Irasue Taisho, con su infaltable café en mano y aquella caminata que aniquilaba alientos a su paso debido a su seguridad.

-Bien, damas y caballeros. –Comenzó a hablar mientras depositaba el vaso de café sobre un escritorio y hacia tronar levemente su cuello tras moverlo de forma circular con una elegancia intachable- El panorama es el siguiente: nuestro superior es un bastardo traidor, cuyo trasero está en quién sabe dónde, le guste a quien le guste. –Enfatizó al escuchar murmullos- Así que tenemos dos opciones, no creer o hacer algo contra las injusticias que él mismo creó para desviar nuestra atención y no ver sus bajas tretas.

-A nosotros no nos consta lo que ustedes dicen. –Apuntó un agente tan antiguo como ella en aquella agencia-

-Y a mi me consta que te lanzarías al piso con tal de recoger las migajas de poder que él dejó. –Respondió sin expresión alguna, como si fuera lo más lógico del mundo- Pero, esto no se trata de quién tiene o no el control de este basurero. Se trata de la gente inocente que ha muerto por mano de Izumi y sus socios de dudosa procedencia legal. Quiero creer que mi ex esposo y su mujer no murieron en vano, y que solo fue una jugada en este tablero de ajedrez para hacer caer al rey. –Se desplazó por el lugar, haciendo solo eco sus pisadas en tacón- Hoy se supo la verdad, después de tantos años, y es hora de salvar más vidas de las que se perdieron.

-¿Reaccionarías de distinta forma si no fuera la reciente conquista de tu "destacado hijo"? –Volvió a atacar verbalmente el mismo sujeto- ¿Te interesarías tanto, Irasue?

-Mi lema es "Mantener ocultos los secretos del Estado, velar por el sueño de los ciudadanos, asegurándome de la seguridad de mi país aunque eso me cueste la vida", ¡y adivina qué! Cada individuo conforma nuestra nación, por lo que sí, si es mi deber acudiré al llamado. ¡Así que óiganme todos! –Ordenó viéndolos a cada uno de ellos- ¡Estos tipos son terroristas que casi acaban con nuestras vidas hace no mucho, por si no lo recuerdan gracias al humo que se albergó en sus pequeños cerebros! Este es el momento para acabar con ellos y evitar que esto vuelva a ocurrir, y así vengar a aquellos camaradas que cayeron bajo su mano. No importa si fue ayer, hace un mes o varios años, ¡esos bastardos sabrán que con nosotros y nuestras familias no se juega! –Su mano se estrelló contra la madera del escritorio más cercano, escuchándose las voces de fondo- Así que dicho esto, ¿quién está conmigo en esta cruzada? ¿Quién honrará nuestro lema hoy y siempre?

Los aplausos y chiflidos no tardaron en aparecer. No había más que decir. La "mujer de hierro" ya había hablado. La multitud no tardó en ir a sus respectivos puestos y ponerse manos a la obra. El sujeto que antes le rebatía su posición, se acercó a ella y le dio amablemente:

-Deberíamos de cambiarte el apodo, te viene mejor "ovarios de acero". –Le guiño el ojo mientras palmeaba su hombro-

-Ojalá pudiésemos decir lo mismo de tu "amiguito", pero ya ves que no se puede. –Le devolvió el gesto de manera superior, aunque divertida tras examinarlo de pies a cabeza, haciendo referencia a su entrepierna- Nos vemos, Smith. Hay trabajo que hacer.

-Vaya, señora Irasue. –La alcanzó Sango con su café para dirigirse al puesto de Miroku, quien seguiría las indicaciones otorgadas por Sesshomaru- Usted sí sabe como dar un discurso y motivar gente.

-Lo sé. –Cogió el vaso que la chica le extendía y lo bebió con agrado- Izayoi solía decir lo mismo.

"Irasue, usted sabe cómo provocar una montaña rusa de emociones al hablar."

-Qué tiempos aquellos, Izayoi. –Murmuró tan bajito, que Sango no notó como su voz flaqueó una fracción de segundo tras recordar a la única persona que ha considerado una amiga en todos sus años de vida.

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Notas autora:

Espero que todos estén bien junto a sus familias, y gracias por seguir esta historia que ya entra en su fase final. Ya saben, leo todas sus impresiones en comentarios. Próxima actualización: "Ascenso de demonios, caída de ángeles"