Advertencias: Cambio de narradores - Violencia/tortura- lenguaje inapropiado.

Capítulo 27: Ascenso de demonios, caída de ángeles.

Infancia; una de las primeras etapas que atraviesa el ser humano a lo largo de su vida, la que suele estar llena de afecto, socialización, diversión y sin responsabilidades. ¿Suena bien, no es así? Sin embargo, no tengo muchos recuerdos de ese tipo en mi niñez, puesto que siempre estuve dedicado al estricto estudio y al perfeccionamiento constante de mis habilidades, en donde solo veía las estrategias de sobrevivencia ideadas por mi madre como un juego rutinario.

A decir verdad, reconozco que Irasue era bastante creativa y astuta en ese aspecto. Calculaba cada paso y movimiento para realizar su plan sin que mi padre se enterara de ello, puesto que él no deseaba esa clase de vida para sus hijos. No obstante, Irasue y yo lo deseábamos. Las reglas del juego eran sencillas: ella exigía lo mejor de mi y yo superaba las expectativas en el entrenamiento.

La cabaña del bosque y sus alrededores eran el escenario perfecto para llevar a cabo sus planes. Era ese el verdadero motivo de soportar las inútiles y aburridas juntas con mi padre, su nueva esposa y el naciente estorbo de Inuyasha.

-"¡Golpea con más fuerza!" –Ordenó con notable irritación Irasue al ver como mi desempeño no rendía los frutos esperados en aquella jornada- "No me mires de ese modo. Ódiame si quieres, no importa. Algún día no muy lejano me agradecerás lo que hago". –Repetía mientras vigilaba mis golpes contra los muñecos de madera que ella misma fabricó, omitiendo como mis nudillos sangraban y las astillas se incrustaban en la piel. Estábamos en un lugar apartado, aprovechando la ausencia de mi padre e Izayoi por un control médico de Inuyasha. Ya luego inventaría alguna excusa para justificar aquellas heridas- "Piensa que hoy eres tú el que sufre, pero el día de mañana serán tus enemigos quienes llorarán lágrimas de sangre y exhalarán su último aliento pronunciando tu nombre".

Jamás me quejé por eso, aunque ella buscaba ver algún vestigio de debilidad. No le di en el gusto, porque sabía perfectamente cuales eran mis objetivos. Es más, me gustaba ser sometido a esa clase de rutina, porque siempre supe que ese era el camino que me llevaría a la grandeza, aunque fuese sangriento y desgastador.

-"Estás hecho para cosas extraordinarias, Sesshomaru. Algún día lo comprobarás, hijo mío".

Creyó firmemente en sus palabras en el pasado, incluso en la actualidad. Me ve analíticamente desde su asiento con su habitual indiferencia, bebiendo su sagrado elixir de cafeína. Examina en silencio mi lenguaje corporal, la entonación de voz que utilizo, la estrategia mental y el liderazgo de masas.

Sé lo que hace y no es difícil de adivinar.

No importa que estemos a un par de metros de distancia, tampoco el hecho que estoy de pie frente a una sala de reuniones en oscuridad y repleta de agentes que no pierden detalle de lo que hablo, mientras que la única luminosidad visible es la imagen que emite el proyector en la pared y el puntero láser que indica los puntos ciegos que tiene el terreno a invadir.

Estoy seguro que Irasue no está pendiente de la estrategia, el riesgo, ni el temor de los asistentes ante la alta probabilidad de bajas en la misión. No, claro que no. Ella observa en silencio su creación.

-"¿Por qué estás tan segura de ello?" –Cuestioné aquella vez, recibiendo prontamente su respuesta, mínimamente intrigado del por qué pensaba que estaba hecho para grandes cosas-

-"Porque eres la mezcla perfecta entre mi frío juicio y la fuerza de tu padre".

Esa mujer, tan calculadora como siempre, puso todas sus fichas en la mesa y apostó a ganadora. Quería que estuviese a cargo de todo y de todos, tener el poder total y dirigir este basurero y hacer grandes maravillas. No se equivocó y se evidenciará. Sin embargo, demostraré que puedo ser mejor de lo que imaginamos algún día, ya que hoy no me mueve el poder, sino mi mujer y mi venganza contra Naraku y todo bastardo que haya osado tocarlos.

¿Frío juicio? A esta altura de mi vida ya no lo creo. Todo eso se fue al caño al experimentar las emociones que un ser humano común y corriente siente. Un día me creí un dios entre humanos ordinarios; pero hoy tengo conciencia que la adrenalina corre por mi torrente sanguíneo y arde, y eso me hace ser impulsivo y arriesgado, arrasando con todo. No soy un dios, soy un demonio que va en ascenso y que dejará que las llamas cubran todo a su paso.

¿Fuerza? La sigo teniendo, y estoy dispuesto a todo por tener la victoria y salir airoso de todo. Siempre cuestioné ese amor enfermizo de mi padre hacia su mujer y sus hijos, pero tarde entendí que eso le daba el impulso y la fuerza para enfrentarse contra todo aquel que osara cruzarse en su camino. Él fue un titán entre titanes. Yo no seré la excepción.

Familia. Esto debe funcionar. No fui criado para ser mediocre, sino alguien extraordinario. Rin fue la pieza faltante en el rompecabezas inconcluso de mi vida, así que no dejaré que ningún hijo de perra se salga con la suya. Esa mujer debe ser libre, feliz y tener la oportunidad de criar a nuestro hijo, aunque eso termine con mi vida en el proceso.

Lo que comenzó hace casi ocho años…hoy terminará. Se lo debo, a ella, a mi padre, Izayoi y todo aquel que haya caído bajo la mano de Naraku.

Le cedo la palabra a Irasue, quien se ha puesto de pie, sin cambiar su expresión estoica tan característica, enfrentando al montón de personas que no han replicado ningún punto o argumento dado. Su presencia es imponente, el salón está en completo mutismo al ver que ella será la siguiente en hablar. Se demora un poco más intencionalmente, disfrutando del momento, bebe un poco más de café para aclarar su garganta y no tarda en decir:

-Damas y caballeros. –Deja el vaso de su elixir sobre el escritorio y apoya ambas manos sobre la superficie de madera- Sin duda alguna, hoy será una noche que marcará un antes y un después. –Chasquea sus dedos y la luminosidad aumenta gracias a uno de sus subordinados, con el fin de observar cada uno de los presentes, evaluar sus expresiones, miedos y escepticismos- Todos los que estamos reunidos aquí participaremos directamente en la misión, algunos más expuestos que otros, pero no deja de ser riesgoso para ninguno. –Endurece su voz al ver las primeras reacciones en aquellos agentes con más años de servicio- Han escuchado al agente Taisho, y no ha temido en decir abiertamente los pro y contras que se han identificado, y cada uno sabe dónde, cuándo, cómo y qué hacer junto a sus respectivos equipos designados. –Camina con decisión sobre la tarima, viendo fijamente a un hombre que levantó la mano al fondo del salón-

-¿Tu hijo estará en primera fila con los demás o estará escondido tras tus faldas? –Cuestiona con malicia evidente. Era el mismo tipo que rebatió la veracidad de los hechos con Izumi. Smith, ese era el apellido de ese bastardo según recordaba-

Puedo notar como un tic de enojo se refleja en una de las cejas de Irasue. Ese era un insulto rebote que sabía que no dejaría pasar. Dispongo a cortar la situación antes de que ella desenfunde su arma y lo calle de un balazo en la sien. Si bien no es la madre del año, no dejará que cualquier gusano ponga en duda su posición en la agencia, y mucho menos la mía.

-Smith, agradecería que no te proyectes en mi. –Hablo calmadamente, aunque sé que mi voz se ha endurecido, haciendo tragar en seco a más de uno- A diferencia de ti lo mío no ser un perro faldero. –El vejete no era más que un deplorable estorbo que no sería difícil de hundir en la vergüenza- Quizás creas eso porque esa era tu posición con Izumi, lo que no es un secreto para nadie.

-¡Maldito insolente! –Se pone de pie, vociferando abiertamente su descontento- ¡Te crees la gran cosa pero no has hecho nada!

-¿Nada? –Repito colocando mis dedos sobre la barbilla, en señal de hacer memoria. Bajo de la tarima y encamino mis pasos hacia él con lentitud- Lo dice quien huyó como un cobarde en el 2008, dejando a siete agentes a su suerte en un operativo de 'clase B' apenas las cosas se pusieron difíciles, entre ellos tu propia hija de 7 años. ¿Lo recuerdas? Yo creo que si –Los murmullos comenzaron a escucharse en el salón, muchos desconociendo aquella información ya que no llevaban tantos años en la agencia- Te conformaste con tener una baja sanción y soportar el divorcio luego de tu ineptitud como agente y como padre, lo que arrastró a tener misiones de bajo nivel gracias a Izumi, pero que cualquier novato lo podría hacer hasta con los ojos cerrados.

-Es una mentira –Intenta defenderse, pero su acelerada respiración delata su nerviosismo y naciente ira- ¡No le crean!

Masacre social y laboral. ¿No te gustó meterte conmigo? Ahora te aguantas, infeliz.

-En mi caso no necesito recoger las migajas de otros para tener iniciativa y efectividad. –Prosigo sin detenerme, llegando por fin a su lugar y estar frente a frente, pero sin hacer amagos de que estoy conteniéndome de romperle la cara- No hay un solo caso que no haya cerrado a mi favor y lo he hecho en menos de la mitad de tu absurda carrera. –Cruzo mis brazos sobre mi pecho, en una posición más cómoda, disfrutando de su expresión desencajada- Así que no permitiré que un gusano inútil como tú ponga en duda mi posición.

-¿Es suficiente, Smith? –Se escucha la voz de Irasue, con un dejo de satisfacción e ironía en su voz- ¿O deseas que se acote algo más a tu pregunta?

El sujeto solo nos observó a ambos, amenazando que esto no se quedaría así. Abre de par en par las puertas del salón y tras una orden silenciosa por parte de la agente de hierro, sus subordinados van tras sus pasos para detenerlo. No podíamos dar un paso en falso y arriesgarnos que por su soberbia y sed de venganza nos expusiera ante Naraku u obstruyera la misión de algún modo.

-¡Escúchenme todos porque no lo repetiré dos veces! –Habla nuevamente mi madre, haciendo silenciar de manera automática a los asistentes que seguían conmocionados por lo anterior- En una hora nos reuniremos en los diferentes puntos designados. No me importa lo que hagan en ese lapsus tiempo; firmar su testamento, despedirse de sus familias, tener sexo o lo que sea. Los quiero a todos en punto a las 2000 horas con su equipo y armamento, con la determinación y garra de siempre ¡porque hoy les patearemos el trasero a esos bastardos hijo de perra!

Y tal como era de esperar ante palabras tan estimulantes, la audiencia explotó en su apoyo. Sin duda, ella era la mujer idónea para el puesto y dirección de este centro. Aunque, para ser sinceros, dudo mucho que alguien se atreva a cuestionar algo relacionado con la misión o con nosotros, ya que se ha confirmado nuevamente que los Taisho no perdonan insolencias.

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Sesshomaru Taisho nunca fue de los hombres fieles a una religión. Su instinto y habilidades marcaban el sendero de su vida y labraban su suerte, fuese para bien o para mal, y jamás se quejó de ello. Sin embargo, antes de ir a cambiarse de atuendo para ir en la misión titánica de rescatar a su amada y acabar con su mayor enemigo, deambuló entre los pisos y pasillos habilitados de aquella agencia hasta encontrar su destino.

Entró a una pequeña sala con un altar, donde había varias fotografías de sus compañeros caídos en el atentado y oraciones personales. Notó varios inciensos sin utilizar, y yendo contra todas sus creencias e ideales, encendió un par y los depositó con respeto frente al altar, puesto que vio muchas veces a Rin hacer aquel ritual cuando oraba por el eterno descanso de su hermano menor.

Si bien él nunca creyó en un dios y lo mencionaba por mero lenguaje coloquial, esta vez rogó porque aquel ente invisible intercediera a su favor y mantuviera a su mujer con vida.

-Si realmente existes y te apiadas ante el dolor de tus fieles servidores, deja que Rin viva, que se mantenga sana y salva junto a la criatura que lleva en su vientre. Esto no es por mi, sino enteramente por ella. Protégela hasta que logre liberarla. –Juntó sus palmas e hizo una reverencia- Si debes elegir la vida de alguno, la opción que te entrego es más que obvia. No importa lo que pase conmigo si está a salvo.

Sabiendo que no tendría una respuesta verbal a su petición, se retiró en silencio de aquel sitio, cerrando la puerta detrás de sí. Dirigió sus pasos al camerino, esperando ver de un momento a otro a su viejo ayudante, Jaken, aguardando su llegada como de costumbre. De seguro sostenía su uniforme de táctica a la espera de nuevas indicaciones, pero no fue así. En su lugar estaba Sango, con una mirada expectante por su demora, y extrañamente, se decepcionó al percatarse que seguía desaparecido. ¿En dónde rayos se había metido?

En completo mutismo, recibió las prendas que la pelinegra le extendió, más una toalla de uso personal y él entró para perderla de vista rápidamente. Una vez dentro del camerino, reparó en la escasa cantidad de varones que había. Dio un vistazo a su reloj y notó que quedaban cuarenta minutos para la reunión.

Se apartó de los demás, y comenzó a despojarse de sus prendas, una por una, para luego cubrir parte de su desnudez e ir a las regaderas. Necesitaba estar unos minutos bajo el chorro de agua tibia y aclarar sus ideas, ignorando por completo el hecho de que sus cicatrices de batalla afloraban en textura gracias a las gotas que resbalaban por su blanca tez.

Por un breve instante, cuando giró la manilla del agua fría, se sintió bajo la lluvia de invierno. Sí, como aquella vez cuando corría junto a Rin rumbo a la cabaña, cuando se desató aquella tormenta hace un par de meses; donde eran ignorantes de lo que su amor tendría que atravesar y las consecuencias que le llevaría el ser un agente encubierto. Omitió todo aquello recordando sus besos, caricias y sonrisa femenina al llegar a su refugio, cuando se desató el hambre, fuego y amor contenido por años. Finalmente, cerró la manilla de la ducha para terminar con todo de una buena vez.

Cuando terminó de secar su cuerpo, no tardó en vestirse y acomodar los accesorios de su uniforme negro, terminando de anudarse los botines estilo militar del mismo tono, con el fin de mimetizarse con la oscuridad del puerto en la noche. Lanzando la toalla utilizada a un cesto, cogió su chaleco antibalas y salió del camerino antes que comenzara a repletarse de gente.

Faltando veinte minutos, fue hacia la zona donde estaba su oficina temporal y al entrar, notó que Sango le esperaba nuevamente, sonriéndole de manera leve y cálida, palmeando su silla y sosteniendo un secador para su cabello húmedo. Como era de esperar, Taisho no tardó en replicar al ver sus intenciones.

-No lo necesito, ya lo he hecho con la toalla. Si tienes complejos de niñez no es mi asunto.

-Pero no lo suficiente, testarudo. Además no tengo complejos de ese tipo. –Respondió la fémina cruzándose de brazos, indignada por lo que había escuchado-¿Acaso es un delito preocuparse por su mejor amigo? –Cuestionó con un leve dramatismo en su voz, para luego puntualizar- Y sé que dirás que puedes amarrarte el cabello en una coleta baja o dejarlo suelto, pero eres tan consciente como yo que eso te molestará con el casco de visión nocturna.

-¿Y el punto es?

-Que te delatará. –Especificó haciendo una mueca con su boca- Tu cabello no pasará desapercibido ni siquiera en plena oscuridad, sea por tu singular color o por el largo en que lo llevas. Y por si fuera poco, la briza nocturna puede jugarte en contra en cuanto a visión si lo mantienes suelto.

-¿Sugieres secarme el cabello con esa cosa y trenzármelo luego? –Ironizó, dándose cuenta que era lo que planeaba la mujer en realidad- Tienes cinco minutos. Seca lo que más puedas, trénzalo y lo restante ocúltalo.

Complacida por el consentimiento, no tardó en ponerse manos a la obra, viendo como su colega cerraba la puerta tras de sí para que nadie fuera testigo de aquella escena. Encendió el aparato una vez que él tomó asiento y sus dedos delgados cogían los finos hilos plateados para brindarles calor. Tal escena le hizo recordar a Sango cuando su madre tenía aquel gesto hacia ella cuando era niña:

-Solo hazlo callada. No me interesa la dulce historia familiar que arrastras a tus espaldas. -Taisho rodó los ojos en notorio signo de que su paciencia estaba pendiendo de un hilo, pero la agente no pudo percatarse de ello al estar a sus espaldas-

-Para que te enteres, mi vida no siempre fue dulce y perfecta como un algodón de azúcar.

-Eso quiere decir que no alimentabas a un unicornio a diario con pastillas de colores y polvo de hadas, ¿verdad?

-Búrlate si quieres. –Murmuró entre dientes, con ganas de jalarle el cabello, aprovechándose de su posición, más se contuvo- En mi defensa, puedo añadir que tuve excelentes padres, que me dieron cuanto amor y privilegios estuvieron a su alcance para hacerme feliz. –Apagó el aparato y comenzó a cepillar el cabello- Nunca te mencioné que mi madre era médico cirujana y se especializaba en traumatología.

-Mujer de acción. –Comentó Sesshomaru sintiéndose algo más relajado que antes-

-Ni que lo digas. –Concordó Sango, recordando por un momento a su madre en uniforme de trabajo, atendiendo a un paciente grave en urgencias, ordenándole una enfermera que la llevara a un lugar seguro mientras ella se dirigía a quirófano y realizaba su cirugía- Y era muy buena en su trabajo a decir verdad.

-¿Y tu padre? –Preguntó al fin y al cabo-

-Prestó sus servicios como corredor de propiedades en el prestigioso "Tokio-Home S.A".

-Un agente encubierto como nosotros. –Acertó mientras la mujer comenzaba a trenzar su cabello. Su silencio otorgó una respuesta- ¿Qué ocurrió para que terminaras en este basurero? –Preguntó al fin-

Sango no podía confirmar si el tono de Sesshomaru se había suavizado o no, pero después de tantos años, sabía que él por fin se había interesado en su pasado y era hora de comenzar a hablar. Inició por el reporte policial sobre la defunción de sus padres. Su madre murió en un callejón solitario de la ciudad, aparentemente por un asalto a mano armada que resultó mal. Por otro lado, el padre fue encontrado en un depósito abandonado no mucho después, porque había salido tras los asaltantes.

Sango, en aquel entonces tenía once años e Izumi se hizo cargo de ella porque era un amigo cercano a su padre. Además, él le aseguró que a su lado lograría encerrar a gente tan ruin como la que había dañado a sus padres. Ella como era de esperar le creyó, puesto que le pareció lo más justo y ese amable señor se encargaría de su entrenamiento inminente, ya que en ese entonces había sido recientemente promovido a superior en jefe.

-Entonces dejaste a esa atrás a esa niña dulce y risueña, quien no se preocupaba por nada más que tener buenas calificaciones en la escuela. –Dedujo Sesshomaru- Creaste un duro caparazón exterior y bloqueaste aquellas emociones que pudiesen generar empatía hacia otros, porque eso entorpecería tu futura labor.

Ella concordó tajante, puesto que en el pasado era más fácil no atarse a nada ni a nadie que sufrir otra pérdida. Además, eso compatibilizaba perfectamente con el deseo de vengar a sus padres y de compensar lo que Izumi vio en ella en aquel entonces. Sin embargo, su verdadera naturaleza con el pasar de los años emergió como una cálida primavera después de un crudo invierno.

-¿Y averiguaste la verdadera razón de sus muertes? –Cuestionó Taisho, no creyendo aquellas causales mencionadas en el reporte-

Un tiempo atrás ella tuvo acceso al expediente virtual de su padre gracias a Miroku. Estaba incompleto por alguna razón, pero tenía lo suficiente. Suponía que el expediente físico estaba en la oficina de Izumi bajo siete llaves y no tenía modo de llegar a ese archivo sin que la sorprendiera en el proceso. Ese archivo virtual estaba altamente cifrado y fue bastante engorroso abrirlo sin la clave. Pero, una vez que la pareja pudo acceder, la información que halló no le gustó para nada.

El año anterior a su muerte, al agente Hideaki Taijiya se le asignó la misión de desbaratar una red de tráfico de órganos en el antiguo hospital local, donde por coincidencia su esposa se desempeñaba laboralmente. Fue una larga y minuciosa investigación que llevó más de un año, y se suponía que la noche de la operación, hallarían al principal contacto de la red de tráfico. Esa noche nevaba y el contacto estaba encapuchado, por lo que no se distinguió su rostro debido a la oscuridad del lugar.

'Qué conveniente escenario', pensaba Sesshomaru al escuchar el relato de Sango, adivinando en silencio el curso de la historia.

El reporte tenía incongruencias gracias a una ilegible letra, y tras un hecho confuso, el contacto intentó huir mientras se procedió a la detención. Hideaki abrió fuego contra el sujeto y este cayó al piso cuando un impacto de bala impactó su espalda y tuvo salida por su pecho.

-Imagino la sorpresa de tu padre al enterarse de que el 'contacto' de la red era tu madre. –Se adelantó a los hechos el peli plateado, viendo como Sango agachaba la mirada frente a él, ya que había terminado de trenzar su cabello en medio de la conversación-

La bala atravesó el corazón de Midori Taijiya, pero la impresión y culpa franqueó a Hideaki cuando vio que el cadáver de aquel sospechoso pertenecía a su esposa. El reporte recalcaba como aquel hombre había perdido la cordura en medio de lágrimas, negando la participación de la mujer en aquella sucia red y que no deseaba que nadie tocara el cuerpo que sostenía entre sus brazos, ni que la separasen de su lado. Pero, no logró su cometido mucho tiempo. Él hizo abandono del lugar y golpeó a dos agentes que trataron de detenerlo. Luego, al parecer, se dirigió a uno de los depósitos cercanos al muelle y se disparó producto del profundo remordimiento. Sin embargo, la posición del cuerpo y el arma en aquel sitio no concordaba para nada con un suicidio.

-¿Depósitos cercanos al muelle? -Una alarma se encendió en la cabeza de Taisho- ¿Y perseguía una red de órganos en el antiguo hospital?

-Un hospital clausurado luego de eso. –Afirmó Sango, para luego unir cabos al igual que su colega- Espera, no me digas que crees…

-Sí, a tu padre le tendieron una trampa. –Sesshomaru se puso de pie, al igual que su acompañante- Dijiste que Izumi fue por ti y que había sido promovido hace poco. Probablemente, tu padre no solo apuntaba a la punta del iceberg, sino que quería traspasar la base superficial de la red de tráfico. Estoy casi seguro que en algún punto él comenzó a averiguar más de lo que debía y dio con la cabeza principal. –Afirmó en silencio mientras Sango mencionaba el nombre de Naraku- Y mientras más investigaba, debió dar con el nombre del principal y mayor exportador histórico del muelle, quien sería Masayoshi Higurashi.

-Y prestando la suficiente atención, descubrió quién era el chivo expiatorio en la central de inteligencia, quien estaba estrechamente vinculado a ellos en sus negocios y que estaba en mira para un nuevo ascenso. Así tendrían todo a su entera disposición para sus tretas. –Complementó hábilmente la agente, sintiendo como su sangre comenzaba a hervir entre más unía piezas en el rompecabezas que ella misma había puesto sobre la mesa-

-Sin embargo, necesitaba a aquel contacto para complementar las pruebas que de seguro tenía. –Agregó él- Además, el procedimiento de aquel entonces apuntaba que si un sospechoso intentaba escapar, los agentes estaban autorizados a abrir fuego, con el fin de imposibilitar al sujeto y detenerlo, sin contemplación de vida o muerte.

Fue así como ambos llegaron a la conclusión de que Izumi debió citar a la Dra. Midori Taijiya en aquel horario y lugar haciéndose pasar por Hideaki, porque ¿qué esposa juzgaría el lugar donde su amado esposo la citaría? Además, lo más probable es que la distancia y oscuridad realmente le jugaron una mala jugada al fallecido agente, asesinando a su esposa al tratar de retenerla según lo estipulado, ya que era lo único que haría una diferencia en la teoría que ya imaginaba.

Por lo que Sango había mencionado, él abandonó solo la escena en donde todo ocurrió, lo que pudo dar oportunidad a sus enemigos para dar el siguiente paso. Probablemente en algún punto fue interceptado al estar con la guardia baja por su trágica pérdida, y contra su voluntad ser trasladado hasta los depósitos del muelle, donde sus asesinos montaron un suicidio cuando verdaderamente fue una ejecución por saber más de la cuenta.

Lo demás sería sencillo. Izumi haría los reportes y eliminaría cualquier evidencia que vinculara al trío de personas en aquella macabra red, haciéndose cargo de la única persona que podría tener información, ya que sería muy sospechoso que una familia completa fuera eliminada. En cambio, era más sencillo tener a la hija de aquel matrimonio a su alcance, para formarla y manipularla a su antojo durante años.

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Aquella conversación había sido totalmente reveladora, tanto para Taisho como para aquella pelinegra que mantenía la mirada perdida, tan perdida como sus propios pensamientos. Se suponía que esa charla era para disipar la tensión en su amigo y colega, pero le abrió un mundo entero de mentiras. Lo único que mantenía en serenidad a aquella mujer, era sostener su arma y saber que el principal responsable de la muerte de sus padres estaba en el infierno gracias a la mano de Sesshomaru. Ajustando su casco de visión nocturna, se repetía una y mil veces que no permitiría que Naraku Wakahisa volviera a escapar. Aplicaría el viejo protocolo: vivo o muerto. ¿Qué importaba ya? De todos modos, tenían un pacto consensuado con Sesshomaru: si él llegaba a fallar ella tendría que terminar el trabajo.

Los camiones de traslado poco a poco fueron disminuyendo la velocidad, para luego detenerse en los lugares designados, manteniendo una distancia prudente del lugar que tenían por objetivo, con el fin de no alertar a sus enemigos con su presencia.

Hora de la verdad, pensaron aquellos agentes y amigos que se miraron frente a frente una última vez.

Tras una orden silenciosa los oficiales comenzaron a descender de los vehículos de traslado en completo silencio, agilidad y alertas. Tenían toda el área cubierta desde varios puntos del muelle, cuestión que nadie escapara. Los equipos designados comenzaron a avanzar, sintiendo la tibieza del clima y la desapacible brisa que siempre acompaña antes de una tormenta, justo a tiempo cuando la energía fue interrumpida desde la central de energía de la capital.

Guiándose por la visión nocturna de las miras de sus cascos, fueron cubriendo espacios y alerta a movimientos que comenzaban a visibilizar gracias a los dispositivos, dispersándose detrás de los muchos conteiners y cajas de madera que había dispersas en todo el lugar, las que afortunadamente ocultaban sus posiciones.

Sango daba las indicaciones y posibles lugares estratégicos para sus francotiradores, para que cubrieran todo el perímetro que tendrían que avanzar hasta llegar a la bodega principal. Era un largo trecho y no debían confiarse ya que no sabía lo que les aguardaba.

Después de todo, no enfrentaban a un enemigo común y corriente.

Mientras tanto en mar, el equipo de Irasue se trasladaba en un bote para abordar los puntos ciegos del puerto en altamar, ya que estaba segura que podía haber alguna entrada submarina que conectaba a aquella bodega. Sabía de antemano que Masayoshi Higurashi era un hombre inteligente y que siempre estaba tres o cuatro pasos antes que sus enemigos, y que pudo prever alguna redada en su contra. Lo negativo para él fue que su hijo acabó con su operación antes que él pudiese utilizarla para escapar meses atrás, pero eso no aseguraba que Naraku lo ignorara y tratase de huir por aquel sitio.

-Quiero que encuentren alguna abertura, conexión o lo que sea. –Ordenaba mientras seis de sus hombres terminaban de ajustarse el tanque de oxígeno a sus espaldas y otro regulaba el equipo que transmitiría las imágenes de las cámaras que tendría cada buzo bajo el agua- No me importa si se quedan sin oxígeno, no se atrevan a emerger sin algo que nos sirva. ¿Entendieron?

Y acatando fielmente a sus designios, aquellos agentes se pusieron las boquillas y se lanzaron de espaldas de aquel bote para sumergirse bajo el mar. Con algo de suerte encontrarían algo antes de que se ahogaran por falta de oxígeno o que alguien descubriese a las dos personas restantes en esa pequeña embarcación.

Por otra parte, Sesshomaru no perdía detalle de lo que acontecía frente a él, y no dejaba de pensar que algo extraño ocurría. Era muy poco personal al aire libre para abarcar tanta extensión de terreno. Algo no cuadraba. Un trueno hizo temblar el cielo, haciendo que aquellos guardias se dispersaran por los costados de aquella gran bodega, donde quizás los equipos de retaguardia los eliminarían antes que diesen alerta de su posición. A través de su micrófono, les hizo saber a todos que era hora de avanzar.

Pero lo que nadie imaginó fue que al momento de presionar los botones de visión térmica, todo a su alrededor se encendería como el parque central en navidad. Los conteiners y cajas de maderas ocultaban una gran cantidad de individuos. Coincidencia o no, al dar la alarma de alerta, múltiples disparos se sintieron en el área sur del lugar, dando por iniciada una gran contienda armada, ya que comenzaron a salir de sus escondites los enemigos por fin.

Sesshomaru alcanzó a librarse de un proyectil que iba directo a su cabeza, ya que este chocó oportunamente con uno de los pilares de una grúa. Sin embargo, al intentar encontrar un refugio donde cubrirse de la lluvia de balas entrecruzadas de ambos bandos, varias explosiones afectaron a algunos agentes, algunos muriendo en el acto al estar directamente en la explosión, otros flotando en el aire para luego ser bruscamente golpeados contra el suelo y siendo blanco fácil para los enemigos.

-¡Sesshomaru, a las 11! –Advirtió Sango desde el comunicador, siendo bastante oportuna para que él pudiese eliminar a su latente amenaza- ¡Intenta avanzar hasta la siguiente grúa, mi equipo te cubrirá! ¡Yo iré por el costado este!

Y tras esa indicación, Taisho dirigió rápidamente sus pasos a su objetivo: la grúa y después la bodega. Allí debía estar esa rata cobarde de Naraku. Si bien los francotiradores limpiaban lo mejor que podían el camino mientras ambos agentes avanzaban por ambos extremos de la amplia propiedad, no podían bajar la guardia y no les quedaba otra que eliminar a unos cuantos más por su propia cuenta. Si bien advertían que se derramaría bastante sangre en la misión, nunca imaginaron que los primeros en dar aquel paso serían los hombres de ese malhechor. Podía distinguir como algunos compañeros solicitaban refuerzos, incluyendo a las fuerzas especiales locales, tal vez la milicia misma.

-¡Avancen y cuidado con los posibles artefactos explosivos en el pavimento! –Indicaba Miroku a través del comunicador- ¡Resistan cuanto puedan!

Mientras tanto, Naraku Wakahisa admiraba divertido el glorioso panorama que aquellos patéticos humanos le brindaban, tanto los muertos de hambre que le servían como los agentes del centro de inteligencia que caían como moscas en su telaraña. Su posición era más que privilegiada, ya que en la cima de aquella bodega, a unos quince metros de altura, podía observar y reírse de todo. Sin duda, para él era un digno espectáculo donde el telón de su obra maestra recién se había levantado para el público, pero aún faltaba un personaje no menos importante: Yako, o mejor dicho Sesshomaru Taisho, el bastardo que arruinó su vida.

Fue ahí cuando se percató de su presencia, cuando vio a un agente esquivar y aniquilar cuanto hombre se le cruzó en el camino. Sabía que era él aunque estuviese con un casco cubriéndole la cabeza, ya que esa ferocidad al asesinar lo había visto en el pasado y pocos tenían ese talento y determinación al acabar con alguien. Eran tan parecidos en el arte de matar, que se extasiaba de emoción al saber que poco quedaba para aquel anhelado encuentro entre demonios terrenales corrompidos. Extendiendo sus brazos como un ave a punto de emprender el vuelo, disfrutó de las primeras gotas de lluvia que lo empapaban gradualmente y que al cabo de un momento caían con fuerza acompañadas de una turbulenta brisa marina.

Y tal como esperaba, Sesshomaru le vio. Cruzaron miradas, una más expuesta que la otra, y con una advertencia silenciosa mientras cubría sus espaldas detrás de una caja de madera, el peli plateado le hizo saber que iría por él, mientras que Naraku le dio a entender que esperaría, desatando su risa tétrica y sádica que le caracterizaba, sacando del bolsillo izquierdo de su pantalón negro una pañoleta de Rin y olfatearla frente a sus ojos.

El hombre de cabellos plateados no dudó en ordenar a sus hombres a través del comunicador que avanzaran de una buena vez. La ira y la adrenalina comenzaban a fusionarse pues no tardó en reconocer la prenda de su amada, y si esos malditos pensaban que con un par de balas lo detendrían, erraban. De su cinturón sacó una granada mediana y no dudó en lanzarla con fuerza al frente de donde se encontraba, cubriendo su cabeza antes de que detonara y que el grito de sus enemigos se apagara con las llamas y la muerte.

Al repetir la orden de avance, inesperadamente reparó en una escalera de emergencia, que le llevaría sin problemas al techo de aquel almacén. Era una locura ir por ahí, pero no podía esperar a sus colegas, pues tenían bastante trabajo detrás. ¿Quedar expuesto a la mira de cualquiera a casi seis pisos de altura o firmar su sentencia de muerte dentro de la bodega? Mismo riesgo, menor tiempo de llegada por la escalera si es que tenía suerte.

-¡Subiré por la escalera de emergencia oeste, Sango! –Le comunicó a su colega que al parecer estaba en fuego cruzado, sintiendo como ella se quejaba abiertamente pues al parecer había sido herida- ¡La superficie es tuya!

-¡Hijo de perra! –Volvió a quejarse con evidente dolor, disparando nuevamente contra su contrincante, donde el peli plateado podía distinguir perfectamente el choque de las balas contra el metal que de seguro protegía a Taijiya- ¡Ve con cuidado, Sesshomaru! ¡Ambos sabemos qué hacer!

Dejando su rifle de lado, ya que se le habían acabado las municiones, desenfundó su arma de servicio y le quitó el seguro para arremeter a dos hombres que corrían en su dirección, para luego avanzar hacia la escalera de emergencia y esquivar los cadáveres de quienes habían sufrido directamente la explosión, y unos cuantos sujetos que aún seguían vivos pero que las llamas envolvían sus ropas y quemaba su carne. Al menos Sesshomaru Taisho había lanzado de frente aquel explosivo, y no había sido tan cobarde de ocultarlo en los cimientos del muelle como ellos.

Con rapidez y agilidad, comenzó a subir los escalones de aquella escalerilla, justo en el momento en que las luces del terreno se encendían gracias a un generador de energía que no habían contemplado. En un acto de impulsividad se deshizo del casco, ya que le impedía ver correctamente gracias a la tormenta que se dejaba caer a esa hora de la noche.

Como era de esperar, algunos enemigos descubrieron su posición descubierta con la fija intención de eliminarlo. Eso no impidió que subiera a toda velocidad y esquivara milagrosamente cuanta bala tenía su nombre grabado en el metal. Y como si todo fuese un plan ideado a su favor por el ente creador, los equipos que cubrían el área sur avanzaban y eliminaban a quienes amenazaban su vida, y de paso entrando de una buena vez a la bodega, iniciando una nueva batalla campal.

Forzando una salida de emergencia en el último nivel antes de llegar al techo de aquella bodega, logró interiorizarse en el edificio, aniquilando a un par de malhechores que dispararon torpemente contra él. El peli plateado notó con desagrado mientras ascendía por las escaleras, que ambos no superaban los veinte años. Y como si los péndulos del destino comenzaran a chocar entre sí, al abrir aquella última puerta que le llevaría finalmente a su enemigo, un arma filosa de metal casi le corta la cabeza de un solo golpe. Por mera reacción instintiva, Sesshomaru esquivó aquel ataque mortal moviendo su cuerpo hacia atrás, cayendo de espaldas por las escaleras y rodando varios peldaños hacia abajo, golpeándose duramente las costillas y la zona parietal del cráneo.

Tirado en el piso y moviéndose a duras penas por la dura caída, se arrepentía de quitarse el casco que pudo amortiguar el golpe craneal que lo tenía algo desorientado. Solo podía oír un incesante pitido en el interior de su cabeza, mientras intentaba incorporarse y coger su arma con la mano izquierda, ya que percibía lejanamente los pasos de alguien descendiendo por las escaleras del lugar junto a una maldita risa que conocía a la perfección.

-Me preguntaba cuánto más tardarías, Yako. –Hablaba maravillado por la escena, haciendo sonar sus largas uñas por el metal de la barandilla de aquel sitio- Tu mujercita y yo estábamos impacientes por tu llegada.

Logró apuntarle para callarle de una vez, pero no disparar. Un certero golpe en su brazo evitó su acción. Un grito desgarrador se escuchó a través del eco de aquellas escaleras interiores, mientras la mitad de su brazo izquierdo caía inerte al piso empolvado junto al arma que no fue utilizada, siendo manchada por la abundante sangre del agente que no dejaba de emerger por la extremidad amputada. Lo siguiente que supo fue que al otro lado del comunicador Sango exigía saber qué rayos ocurría, pero no pudo responderle ya que Naraku se aseguró de dejarlo inconsciente con la parte posterior de su sable antes que respondiera.

-Nadie arruinará la diversión. –Masculló mientras sacaba el comunicador del oído de un Sesshomaru inconsciente y sangrante, destruyéndolo con su pie tras lanzarlo al piso. Ordenando a cuatro de sus servidores que aún se mantenían expectantes a un par de pasos de distancia, simplemente se habían mantenido ocultos para que el agente cayera en la trampa prevista- Él quería subir al techo de esta bodega. Le concederemos su deseo. Cárguenlo hasta allí, cautericen medianamente la herida para que no muera aún. Quiere ver a su mujercita y le daremos en el gusto. –Sonrió mientras limpiaba el arma con el pañuelo de Rin, luego olfateando el aroma de la sangre- Aunque no olviden golpearlo un poco. La carne machacada es más blanda al ingerirla.

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Si no lo mataba el dolor por la pérdida de su brazo, de seguro lo harían los golpes que le brindaban bajo la lluvia los hombres de ese maldito cobarde que miraba fascinado el espectáculo por varios minutos. Su brazo ya casi no sangraba, pero su nariz y boca sí por tal paliza. Tal vez su cabeza también, puesto que veía todo borroso, pero intentaba defenderse o por lo menos esquivar las patadas y puños que le brindaban aquellos matones. Cuando la debilidad de su cuerpo le jugó en contra, cayó arrodillado al piso, apoyando su única mano para no ceder completamente hacia el piso.

Había sido tan iluso. Tan imbécil y débil, que le habían despojado de todo armamento que tenía a su disposición. Ningún cuchillo o pistola que pudiera utilizar.

-Mira nada más lo que has causado, Yako. Todo por una mujer y un bastardo. –Platicó el pelinegro a una distancia prudente de donde todo acontecía- Creíste merecer afecto, pero la verdad eso es utópico. ¿Irónico, no lo crees?

-Ni siquiera eres capaz de hacer el trabajo tú mismo, cobarde. –Escupió un poco más de sangre, retando con la mirada a su enemigo quien no le perdía de vista- ¡Tienes tanto miedo de enfrentarme que tuviste que mutilarme y hacer que otros me golpeen porque sabes que puedo hacerte picadillo, infeliz!

Una nueva patada le desestabilizó duramente e hizo callar por un momento ante su osadía. Pudo escuchar como Naraku se acercaba a él bajo la inminente tormenta, arrastrando la punta del sable contra el cimiento, produciendo un desagradable sonido a su paso. Utilizando las fuerzas que le quedaban, volvió a intentar incorporarse mientras Naraku habló:

-¿Qué esperabas? No repetiré el mismo error que hace años. Esa vez tuviste todo a tu entero control y me arruinaste. Hoy lo tengo yo. ¿Cuál es la diferencia? Ninguna, querido amigo. –Explicó viéndolo fallar en su inútil intento de ponerse de pie- Tampoco somos diferentes. Somos asesinos a sangre fría. Demonios condenados a vagar en este mundo y tener una vida ordinaria y llena de sangre, con el fin de pagar pecados de vidas pasadas. Sin embargo, yo no pienso así. –Pateó con fuerza las costillas de Sesshomaru, arrancándole un quejido contenido a duras penas, pero aun así logró mantenerlo sometido- No lamento la vida que llevo, porque hago lo que deseo. ¡No es ordinaria, es extraordinaria! Amo y disfruto ver la sangre de otros, y estimula mis sentidos el oírlos pedir clemencia por sus inútiles vidas.

-¡Sádico, hijo de perra! –Le miró con desprecio y odio creciente-

La mano de su enemigo le agarró con fuerza de la nuca y sus cabellos platinados bañados en sangre, obligándolo a alzar la cabeza y mirar hacia adelante. El filo del sable rozó su blanquecino cuello y el aliento sangriento de Naraku le llegó a las fosas nasales cuando este habló nuevamente:

-Di lo que quieras, Yako. –Carcajeó mordaz en su oreja, en completo dominio de la situación- Pero, demonios como tú son verdaderamente desgraciados, porque están destinados a ver caer a los ángeles inmaculados que corrompieron su maldad con la absurda esperanza de la redención.

Y fue en ese segundo cuando Naraku giró su cabeza hacia el lado este del muelle, en dirección donde los barcos anclaban. Hizo que su mirada se fijara en un punto lejano entre aquel puente del muelle y la bodega de almacenaje donde se encontraban. Sus ojos ámbares se abrieron de la impresión, puesto que reconocería aquella figura femenina aunque él estuviese en la cima del Everest.

Era Rin, quien estaba con sus manos limitadas tras la espalda y atada de pies, lo suficiente para desplazarse pero no correr. Se notaba debilitada y lastimada, pero no podía estar por completo seguro debido a la distancia. Ella no podía verlo, ya que otras personas ocupaban su atención. Mei, su propia hermana, le apuntaba directo a su cabeza mientras la retenía muy cerca de la orilla de aquel sitio, ignorando el peligro para ambas debido a la agitada marea gracias a la maldita tormenta que no cesaba. Por otro lado, estaba Sango apuntando a Mei, de seguro intentando disuadirla antes de dispararle y rescatar a Rin. El peligro para todas era indiscutible y desesperante.

-¿Podrás seguir respirando luego de ver caer a ese dulce ángel y no poder evitar el destino que tú mismo labraste con tus manos? -Siguió provocándolo, expectante de lo que ocurriría tarde o temprano-

Un trueno remeció la tierra cuyo sonido que ocultó un fatídico disparo. Sesshomaru Taisho solo pudo ver como Rin caía al bravo mar sin que él pudiera hacer algo más que gritar desgarradoramente su nombre una última vez, experimentando un dolor inigualable e indescriptible, y por un momento creyó dejar de respirar junto con ella.

-Ahora morirás sabiendo que por tu culpa tuvo un triste final. Huiré donde tus inútiles colegas no puedan tocarme un pelo, no sin llevarme algo y alimentarme de tu esencia misma. –Carcajeó complacido, luego pasando la lengua sobre sus labios violáceos al imaginar sus órganos sobre una charola de plata- Me lo debes, bastardo hijo de perra, por cada año que esperé este momento…

No escuchó nada más que su mecánica y escasa respiración.

Ni burlas, ni la lluvia estrellarse contra su rostro o el filoso metal que estaba rozando su cuello, ni siquiera el ritmo de su propio corazón.

Todo se volvió negro para él y luego…

Rojo.