Advertencias: Cambios de narrador.

Capítulo 31: El aliento de la muerte (Parte II).

Sábado 02 de junio del 2018 – Hospital de Fujisawa.

-"Buenos días, Rin. Hoy es un hermoso día, parcialmente nublado, pero el sol que se aprecia calienta un poco nuestra piel y es agradable después de tanta lluvia. Si pones atención, hay unas aves a unas cuantas ventanas de la tuya y no dejan de cantar. ¿Y sabes qué significa? Que el mundo se está preparando para tu regreso".

-"Oh, doctora, no la vi entrar".

-"Difícil que lo hicieras. Las rondas comenzaron hace diez minutos y recién nos honras con tu presencia".

-"Lo siento, no volverá a suceder es que yo…".

-"Vamos, linda, solo debes abrir los ojos para mí. Te agradará saber que hay muchos que esperan por ti, incluso una pequeña personita que está a dos pisos de aquí. Está ansioso de verte".

-"Disculpe, doctora. Está inconsciente y no le escucha, ¿para qué insistir en ello nuevamente?".

-"Ay, estos internos. Eso no lo sabes realmente. El cerebro humano es una caja llena de misterios y fascinante a la vez. Quién sabe si mi voz penetra el subconsciente y le da la fuerza y la tranquilidad para despertar. Ella no sabe si sigue en ese infierno, si está en el limbo de la muerte o si está sobre la camilla de un hospital. Ni siquiera sabe de su bebé".

-"Lo lamento, yo no…"

-"Además, si estuviese en el lugar de esta chica, me encantaría saber que hay alguien fuera de estas cuatro paredes, en ese frío pasillo esperando que reaccione y pueda ver el mundo otra vez. Así que revisa que esté todo en orden e infórmale al médico a cargo de su estado. Ahora".

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Gira carrusel, no te detengas. No esperes a que el mundo cambie antes de la siguiente parada, no lo hará aunque sea inaceptable su comportamiento y cruel su parecer.

Gira, gira, porque las horas se han vuelto eternas, tan lentas y tortuosas que parecen irreconocibles, tanto que los seres agonizantes de este mundo se han aferrado a esos minutos y segundos valiosos, porque cada uno de ellos cuenta y hace una diferencia. Algunos de ellos están recostados sobre una cama, otros dentro de incubadoras, y unos tantos se encuentran de pie en una sala esperando obtener noticias positivas.

Porque la agonía no solo es una muerte próxima o dolor, sino también es la incertidumbre de un futuro incierto.

Por otra parte, los noticieros locales no aliviaban la tensión ni agonía familiar. Los reporteros se habían encargado de cubrir desde el alba hasta el anochecer lo ocurrido, evento bautizado por ellos mismos como la "Tormenta Sangrienta". Tal fue su impacto de cobertura en los diferentes medios de comunicación, que la noticia transcendió rápidamente a nivel nacional y luego rompió fronteras.

Sí, se convirtió en un caso sumamente comentado en varios países y no había nadie ajeno a lo sucedido debido al nivel de violencia experimentado. Gracias a ello, habían nacido múltiples debates, cuestionamientos, admiración y repudio al revelarse algunas imágenes audiovisuales en redes sociales.

Otros muchos decían que este evento sería una nueva producción para Hollywood y las plataformas streaming, que no dejaría a nadie indiferente.

Lo que hacía pensar, lo ocurrido ¿incitaba al morbo colectivo al ver tantos heridos y sangre derramada? ¿Despertaba la empatía ante la mujer secuestrada y embarazada que seguía debatiéndose entre la vida y la muerte? ¿Terceras personas podían juzgar las acciones de otros sin conocer el verdadero trasfondo? Porque sí, se podía comentar o debatir libremente los argumentos divididos sobre el amor y el abuso de poder en un estado, quién no lo ha hecho alguna vez, pero muchos creían ser verdugos en un juicio ajeno y acreedores de la verdad absoluta.

Kagome Higurashi había sido una de las primeras personas en espantar a los reporteros inescrupulosos que se colaban en las instalaciones del Hospital, al comienzo con educación y brindando el mismo respeto que ella y su familia querían recibir, pero ante las insistencias, el panorama cambió a tal punto, que si no interviene Inuyasha, ella hubiese llegado a los golpes sin importarle las posibles demandas en su contra.

Un día más se añade a la lista y para Kagome había una hipótesis que nadie le podía refutar: el café del hospital era un completo asco. Amargo y ya no le iluminaba los ánimos ni las ideas. Sin embargo, ¿el café era realmente el causante de su molestia y cansancio? La respuesta: no. La joven de cabellos negros no había descansado lo suficiente, apenas durmiendo un par de minutos sobre el banquillo de cuidados intensivos, ya que temía ir a su departamento y que algo sucediera en su breve ausencia. Por ese motivo, no había abandonado la dependencia hospitalaria y comía algo rápidamente en la cafetería cada cierta hora.

Inuyasha intentaba persuadirla, pero la joven Higurashi hacía caso omiso, evitando estratégicamente una posible discusión, ya que ambos habían pasado por mucho y la herida emocional seguía abierta. Kagome no quería perderle, menos por esa pequeñez, o así al menos lo consideraba ella en su mente.

Habían pasado un par de días desde aquella trágica noche en el puerto, y junto a ella ha esperado la agonía y la incertidumbre de un futuro incierto. Le parecía increíble la magnitud de la huella que había dejado en cada uno de ellos aquel evento y dudaba que fuese algo pasajero y en realidad se convertiría en algo perpetuo.

Una eterna cicatriz; suturada y curada, pero tangible dentro de la materia intangible. Que contradicción más poética y patética.

La mujer observaba de reojo a su fiel acompañante, quien poseía unas profundas ojeras y una vista notablemente irritada, tanto por la falta de sueño como por las lágrimas derramadas que intentaba ocultar en vano. Sí, ahora estaba segura que aquella huella antes mencionada les había calado más allá de lo físico, sino también emocional y espiritualmente. Les fragmentó de golpe y debían luchar para unir poco a poco cada parte de ellos mismos y de su vida.

Otro hecho evidente para ella, es que había quienes disimulaban mejor que otros estar en un lago de estiércol emocional. Le descolocaba de cierta forma con la facilidad –y habilidad innata- con que lidiaban la situación. Un ejemplo claro de estoicidad, era Irasue Taisho, quien parecía estar indiferente a lo que ocurría a su alrededor, pero aun así seguía allí y mostraba intenciones de no querer moverse de su lugar.

La pregunta que rondaba su mente confusa era si Irasue ¿seguiría en el hospital por Rin o por el bebé? ¿Por ambos? No lo sabía, y tampoco creía tener las ganas de averiguarlo, ya que sabía de buena fuente que la agente no dudaba en mandar al demonio a quien osara respirar a menos de un metro de distancia de su posición. Kagome prefería imaginar que estaba allí por ambos, ya que no tenía sentido para ella que la mujer estuviese en ese sitio por Sesshomaru.

"Bueno, él no… él está… en fin. Ella tendrá sus motivos para permanecer aquí o se estará aferrando al hilo de cordura que pende de Rin y el bebé", pensaba frunciendo el ceño, notoriamente incómoda por la imponente presencia de la agente que sostenía un café amargo entre sus manos.

Y tras esas mismas largas horas de espera, a Kagome le quedaba más claro que en esa historia, protagonizada por Sesshomaru y Rin, jamás hubo una remota posibilidad de concretar un 'felices para siempre'. Dicen que lo que empieza mal, termina de la misma manera, y ellos eran el claro y trágico ejemplo de ello.

Algo le decía que ambos lo sabían en su interior, pero se arriesgaron de igual forma y… bueno, ya todos conocían el resultado final: sangre, tragedia, muerte.

De tal oscuridad vivida, ahora solo quedaba un amargo gris que no se desvanecía. Las noticias no eran muy alentadoras. El bebé seguía en observación constante y ni siquiera habían tenido la oportunidad de conocerlo aun. A la pelinegra se le rompía el corazón de saber que estaba tan cerca de él y no poder verlo o hablarle a través del cristal; decirle que sus tíos le estaban esperando con tanto amor y que no dejarían que nada ni nadie le dañara.

Por su abuela paterna no podía hablar e incluirla en ese hecho. Quién sabía qué pasaba por la mente de esa mujer.

Sin que nadie lo esperara, se asomó por la entrada principal de la UCI una de las enfermeras de aquella sección, consultando a viva voz por los familiares directos de Rin Higurashi, mientras se bajaba provisoriamente la mascarilla quirúrgica.

Kagome se levantó como un resorte del asiento al escucharla. Inuyasha imitó su acción con menos ímpetu e Irasue solo alzó una ceja mientras lanzaba con una puntería impecable al bote de basura el vaso de café vacío.

-El doctor requiere a uno de los familiares. –Habló con un tono neutro, impidiendo identificar si se trataba de algo bueno o malo. Kagome intuyó que si fuera el último punto habría salido el mismísimo doctor a identificarle-

-Soy la hermana de la paciente.

-¿Usted entrará? –Quiso corroborar-

-Sí. –Se apresuró a contestar la joven- ¿Qué debo…?

-Acompáñeme, por favor. –Indicó con sequedad antes que terminara la pregunta, colocándose nuevamente la mascarilla- Primero, debe dejar sus pertenencias aquí fuera y entrar sin nada de momento para no contaminar.

Sin que se lo repitiese dos veces, la pelinegra se despojó de sus joyas y le extendió el bolso a Inuyasha para que cuidara de sus pertenencias en tanto regresaba. En cuanto ingresó al pasillo, las puertas de cristal se cerraron tras ella. Enfermera y familiar caminaron un largo trecho en silencio y luego de ello, la mujer le hizo entrar a un vestidor donde tenían una bata, unas especies de bolsas para envolver los pies y una cofia del mismo material para que se las colocase.

Tras terminar, Kagome fue dirigida a una de las habitaciones y la enfermera le pidió esperar un momento mientras solicitaba la presencia del doctor a cargo. Esos segundos nuevamente se hicieron eternos frente a esa puerta cerrada, pero en cuanto vio la expresión del médico, sintió como los pulmones soltaban el aire retenido por inercia. Había una sonrisa en su rostro, la cual iluminaba su panorama grisáceo.

-Creo que alguien querrá ver una cara familiar después de todo el chequeo que ha experimentado en estos minutos. –Habló el hombre al llegar a su lado, colocando la mano sobre su hombro cubierto al ver que comenzaba a sollozar- Sus parámetros van evolucionando y no hay compromiso cerebral, pero luego de esta visita haremos otros exámenes para descartar cualquier cosa que hayamos pasado por alto.

-Muchas gracias, doctor. No sabe cuánto…

-Señorita Higurashi, nuestro equipo solo hizo su trabajo, pero ella hizo lo demás. –Sonrió luego de colocar su mano al costado de su cuerpo nuevamente- Sin embargo, debo recomendarle que le evite emociones o ruidos muy fuertes, ya que pueden descompensarla. Esto se debe a que cada persona reacciona diferente al despertar después de un trauma.

La puerta fue abierta dejando ver a Rin recostada y conectada a unas máquinas, suero y tal vez otras cosas que ella desconocía, pero que al fin y al cabo la tenían estable y despierta. ¡Estaba viva!

Se acercó y pudo notar las lágrimas acumuladas en sus ojos cafés, asustados y ya no sabía si era por lo del secuestro o por no saber qué sucedió y dónde se encontraba.

-Hola, Rin. –Le saludó con unas enormes ganas de estrecharla contra ella, pero temía hacerle daño por la cesárea de emergencia a la cual había sido sometida- Ya era hora que despertaras, dormilona.

-¿Kagome, eres tú?… Gracias al cielo eres tú. –Su voz estaba titubeante, extendiendo su mano para sentirla y corroborar que no era uno de los tantos sueños vívidos que había experimentado luego del disparo en aquel muelle-. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué mi vientre se siente diferente y no noto los movimientos del bebé?

Su voz transmitía el desespero que habitada en su delicado ser, por lo cual el médico tuvo que intervenir y explicarle con tacto por todo lo que tuvo que pasar, incluidas las intervenciones de emergencia.

-Su bebé sigue estable y en una incubadora que lo mantiene protegido y caliente en todo momento. Es un varón muy fuerte…

-Pero… ¿y su sistema inmunológico no estará comprometido? –Interrumpió la madre primeriza, recordando toda la información que había aprendido en sus meses de formación académica, dentro de los cuales estaban los riesgos de un parto demasiado prematuro- ¡Ni siquiera tenía seis meses y su peso no era el ideal, ni siquiera para sobrevivir fuera del útero!

-Es por eso que le digo que es un bebé tan fuerte como usted, señorita Higurashi. –Intentó confortarla inútilmente- A pesar de tener varios factores en su contra, se ha aferrado a la vida y…

-Quiero ver a mi hijo. –Exigió con voz firme y al recibir una negativa, insistió nuevamente, ignorando las palabras de su doctor, los riesgos, protocolos y tantas cosas más que no le interesaban en absoluto debido al pánico que comenzaba a crecer en ella- ¡Quiero verlo! ¡Es MI hijo! –Enfatizó con una rabia que jamás pensó en expresar, dejando a Kagome algo descolocada por su actuar- ¡No pueden negármelo!

-No podemos sacarlo de neonatología por lo que antes mencioné, y usted tampoco puede ir de momento porque está…

-¡SI NO PUEDO CAMINAR, ENTONCES TRAIGAN UNA MALDITA SILLA DE RUEDAS! –Gritó presa de la agitación. Su instinto le decía que debía corroborar que no le decían mentiras y que su bebé estaba bien, luchando para mantenerse vivo- Kagome, Kagome, dile a Sesshomaru que venga. –Imploró haciendo presión en sus manos y observándola con intensidad tras su petición. De los ojos temerosos que vio al principio, ya no quedaba rastro- Debe saberlo y hacer algo. Él no va a permitir que me nieguen a mi propio hijo.

-Rin, espera…debes bajar un poco las revoluciones. –Kagome intentaba desviar el tema de conversación y tranquilizarla aunque fuese un poco- Estás muy delicada aún y puedes tener una recaída.

-No, no, no. No entiendes. –Insistía obcecadamente en su afán de explicarle los hechos- Él fue a rescatarme, no logré verlo, pero sé que estuvo allí. –La presión que ejercía cada vez se hacía más fuerte, y sus lágrimas recorrían sus pálidas mejillas a medida que hablaba- Sé que tal vez se molestará por no avisarle antes sobre mi estado, ¡pero no puede permitir esto! ¡KAGOME! –Comenzó a moverse sobre aquella cama, pretendiendo encontrar la baja mirada de su confidente, quien se negaba a mirarla a los ojos- ¡Trae a Sesshomaru, por favor!

Rin no entendía qué pasaba con su prima/hermana. El por qué evitaba el contacto visual, su silencio autoimpuesto y las lágrimas que seguían recluyéndose en sus ojos. Solo necesitaba un solo favor, y era que contactara a Sesshomaru o diera directamente con su paradero. Él sabría qué hacer, siempre lo había hecho y se salía con la suya gracias a su persuasión y/o intimidación innata.

Sería pan comido para alguien como Sesshomaru Taisho.

No le importaba el cerdo de Naraku Wakahisa, la agencia, ni siquiera su propia hermana que disparó en su contra atentando contra la vida del bebé y la propia. Ella solamente quería al padre de su hijo a su lado una vez más. Él podría lograr que ambos conocieran a su hijo y asegurarse de su bienestar.

-¡¿Por qué no me respondes?! Háblame…. ¡Por favor, Kagome!

-Enfermera, un sedante, rápido. –Solicitó el doctor mientras se acercaba a la camilla intentando soltar el agarre de Rin contra Kagome, a la vez que la enfermera iba rápidamente a uno de los estantes más cercanos- Señorita Higurashi, intente calmar su respiración. Luego podrán…

-¡No hablo con usted! –Volteó su cabeza hacia la dirección del joven médico, haciéndole saber su parecer- Así que no se entrometa a menos que me deje ver al bebé.

-Sesshomaru…él no podrá venir esta vez, Rin.

Su voz parecía rota al responder y eso captó por completo la atención de la paciente. Kagome sabía que sus palabras serían el arma que dañarían emocionalmente a Rin. Ella sería quien le haría una cicatriz tan profunda que podría llevarla a un pozo sin fondo. No obstante, Rin debía saber la verdad y no vivir en una burbuja que la terminaría hiriendo de peor forma tras guardar esperanzas sobre el verdadero estado de su amor.

Ella no le perdonaría jamás que ocultase ese tipo de información aunque le rompiese el corazón de mil formas diferentes.

Por otra parte, Rin no podía evitar cuestionarse el porqué de aquella frase. ¿A qué se refería con que no podría? ¿Por qué? ¿Acaso estaba igual o peor herido que ella? ¿Lo habían encarcelado tras ir en su rescate?

Sin embargo, debido a las experiencias que la vida le hizo atravesar, ella sabía que en esos silencios tan prolongados y llenos de seriedad no vaticinaban buenas noticias.

-Él falleció hace dos noches. –Confesó la pelinegra al fin, recibiendo una dura mirada por parte del médico por su acción- Lo lamento tanto, Rin.

Muerto.

Muerto.

Muerto.

¿Era una jodida broma, verdad? No podía ser cierto, porque él era una persona excepcional en todos los sentidos. Sesshomaru juró en su carta que le explicaría todo personalmente, y que aclararían todos los malentendidos porque realmente la amaba. Nunca faltaría a su palabra. No en este punto de sus vidas, de eso estaba segura, o al menos quería creer.

Sesshomaru estaba muerto y ella viva.

Una lágrima cayó, luego otras le siguieron. Su pecho pareció comprimirse cruelmente evitándole respirar. Su corazón se aceleró de manera excesiva, comenzando a sudarle las manos con un naciente temblor en ellas y sin poder contenerlo liberó un grito lleno de dolor nacido desde lo profundo de su garganta, pronunciando una negativa ante la muerte de su amado.

No, no podía ser verdad.

¡No podía serlo!

Posteriormente, una aguja se incrustó en su brazo y todo se volvía negro gracias al sedante que le propinó el médico a cargo. No le quedaba más que susurrar el nombre del agente encubierto que le robó el corazón mientras sus ojos se cerraban y volvía a la inconciencia.

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El efecto del sedante va disminuyendo. Mis sentidos se van activando poco a poco, uno por uno. Aunque mi vista sigue borrosa, pero no es un efecto adverso de la inyección sino del dolor que alberga mi corazón. La enfermera abandona la habitación, no nota siquiera que he despertado.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que aplicaron el calmante? Horas, es evidente. Cuando Kagome entró por aquella puerta era de mañana, las aves cantaban y el sol se asomaba entre las nubes. Ahora la luz disminuye porque está anocheciendo y está nublado.

La realidad me golpea y recuerdo las palabras de Kagome. Sesshomaru está muerto. Ya no volveré a verlo nuevamente. No sentiré su aroma en una habitación. No reconoceré el sonido de sus peculiares pisadas. No escucharé sus risas ni reprimendas. No volverá a decir mi nombre entre sus labios. No sentiré su calor ni sus abrazos.

Y ni siquiera podré despedirme correctamente de él.

Como él se lo merece.

Aprieto la almohada para no soltar un sollozo sonoro. Quiero llorarle y pensarle sin que alguien me vea o tenga una absurda compasión de la 'pobre chica desafortunada'. Porque así es como me observan aquí. Intentaron disimular, pero conozco perfectamente esas miradas que no hacen más que incomodar.

¿Alguna vez han pensado en regresar en el tiempo? Es decir, cambiar drásticamente el rumbo de la historia para evitar el dolor ajeno y propio. Siempre quise hacerlo, desde la muerte de mi hermano menor, Etsu. Tan solo deseaba regresar a aquel día y evitar su accidente contra aquel armazón del trampolín, pero dentro de mi algo sabía que no era posible y dejaba oculto aquel pensamiento. Como si fuese ilógico tan solo pensar en esa posibilidad.

Pero, hoy es distinto. Me gustaría tener el poder de regresar y cambiar las decisiones de terceras personas y sé que cambiaría todo. Ejemplo: ir al día en que el jefe de Sesshomaru le encomendó la misión de infiltrarse en mi familia.

Si tan solo pudiera hacerlo.

Así él nunca se involucraría con ninguno de nosotros; no habría tenido que contraer matrimonio con alguien que no le provocaba menor estímulo de afecto o deseo; no me conocería, ni menos salvado aquel día de las garras de aquellas matonas en la escuela; no me hubiese amado y menos tener un punto débil para aquellos enemigos que querían dañarle.

Lo llevé poco a poco a su propia tumba, porque egoístamente quería más tiempo para decirle de mil formas que lo seguía amando, y quizás mucho más que en el pasado. Porque era demasiado cobarde para admitirlo en voz alta, y que gané con eso: nada.

¿Por qué tenías que estar ahí siempre para salvarme, Sesshomaru?

¿Tan siquiera pensaste en las consecuencias de tus actos?

¿No te dio una pizca de miedo enfrentarte a la muerte por mi culpa?

Siento que no puedo ser amada o amar a alguien con todo mi corazón porque todos tienen el mismo desenlace. La muerte les espera y solo me queda observar su partida sin que pueda hacer nada para impedirlo.

¿Qué mal hice en esta vida o la anterior para merecer eso?

Lo mejor sería que ángel negro me brindara su aliento de la muerte y acaba con mi existencia de una buena vez. Así los que quedan en mi círculo no correrían riesgos y serían felices. Por mi parte, descansaría del dolor y la perdida. Sería un alivio.

Quizás… si tan solo tuviese un poco de suerte, podría encontrarme con Sesshomaru en el otro plano. Pero lo mío no es la suerte y no es lo que él querría para mi.

Si muero en este punto, su sacrificio sería en vano. Y ahora hay una pequeña vida que depende de mi, el cual está luchando con todas sus fuerzas dentro de una incubadora. Solo, porque no tiene a su madre cerca, porque está llena de sufrimiento para pensar y actuar lógicamente.

Mi pequeño es fuerte y yo una mujer débil que se deja vencer por el dolor.

Gira carrusel, no te detengas, esto aún no acaba.

Y a pesar de todo el dolor que me provoca el saber de tu partida, Sesshomaru, no puedo dejar de agradecerte. Te amo aún más por ello, por ser el único hombre que merece mi amor y respeto por cada acción de tu parte. Por darme alivio, esperanza y ganas de vivir una vida que me repudia y lo restriega a diario. Por ser quien me ha salvado de mil y un maneras, y que nunca podré pagártelo lo suficiente.

Solo necesito un instante y hacer que te sientas orgulloso de mi.

Sé que un día me dijiste que estaba hecha para cosas grandes, pero aún no descubro para qué y puede me demore en descubrirlo. Pero, te pido que me acompañes mientras lo hago. No me dejes sola en los momentos difíciles y regocíjate conmigo en los felices.

Cierro mis ojos por inercia y comienzo a soñar. Gira, gira carrusel, no detengas. Estar aquí arriba de esta atracción de feria es lo único que llena mi existencia. Todo es tan pacífico desde aquí. Despertar no fue tan grato como esa voz desconocida me hizo saber, ¿o tal vez fue mi imaginación? No estaban todos esperándome en aquel pasillo de hospital, porque falta el más importante de todos.

El carrusel se detiene. Las personas se bajan del juego y es mi turno también. Camino sin rumbo y las sombras sin forma se acumulan a mí alrededor. Gritan cosas ininteligibles y me siento sola e indefensa. El sonido de disparos retumba cerca de mi cabeza, cosa que hace que me coloque de cuclillas y me proteja de manera automática. Cubriéndome como un caracol, supongo. La risa de Mei suena de fondo. Sus reclamos y delirios. Más disparos resuenan hasta que el sonido cesa.

La luz se va haciendo presente y a unos cuantos metros de mi posición noto su silueta. No necesito tenerlo cerca para reconocerlo, pero lo necesito. Me incorporo y comienzo a avanzar con un leve trote, el cual va aumentando de velocidad poco a poco, al extremo de correr como si fuera un atleta olímpico. Sin embargo, por más que corro no logro llegar a él. Es desesperante. Grito su nombre y él el mío. Lloro de impotencia extendiendo mi mano, con la ilusión de tocarle o rozarle, pero es inútil.

¿Por qué no puedo llegar a ti, Sesshomaru? Silbo nuestra melodía, nuestro código íntimo, y tampoco respondes. Por favor, solo acércate un poco más porque no puedo llegar a ti.

¿Qué clase de broma e ironía es esta?

-"¡Sesshomaru!"

Abro los ojos y estoy donde mismo, cuarto de hospital, fría tarde de invierno. En el cielo no se ven estrellas y percibo humedad en el ambiente. No sé si seré capaz de tolerar los truenos y relámpagos si llueve nuevamente.

Así que no fue un sueño, nada ha cambiado, excepto la bolsa de suero que es nueva.

Una mujer entra a la habitación interrumpiendo mis pensamientos. Sutilmente le pido que se largue, no quiero ver a nadie. Ni familiares, doctores o resto del personal. Necesito estar sola, porque solo quiero ver a mi hijo y a su padre, corroborar que todo es una pesadilla.

La mujer hace un gesto de silencio. Presiento que la conozco de algún sitio, pero no puedo ni quiero recordarlo en este preciso instante.

Es alta, definitivamente más que el promedio; delgada, posee cabello negro y bien peinado a tal punto que parece falso; también porta un uniforme tono rosa que le queda algo ancho para su contextura. Sin embargo, Dios, sus ojos son ámbares, vivaces y llenos de intriga. Son tan parecidos a los de Sesshomaru.

Caminando con la elegancia de una gacela, se acerca y me ordena que haga lo pide al pie de la letra, como si fuese a tener una recompensa.

-Te necesito despierta y alerta. –Su voz es autoritaria, pero agradable, o no sé si tengo esa percepción por culpa del sedante en mi sistema-

-No quiero exámenes, quiero…

-Tendrás lo que deseas. Pero, primero debes hacer lo que te digo, sin rechistar. –Asegura colocando un dedo sobre mis labios- Luego me agradeces.

-¿Quién es usted?

-Una enfermera que sabe lo que necesitas. –Acerca la silla de ruedas con la que entró a la habitación y la coloca al lado derecho de la cama, por el costado donde están las máquinas y demás implementos- Ahora, seré sincera. Esto quizás duela. Puede que al estar saliendo del estado de inconciencia no sea extremo debido al sedante que te aplicaron, pero si lo hace muerde tu puño o algo, porque si te quejas estarás sola en esto.

-Pero, si usted entró y…

-Silencio he dicho. –Sentenció como si la paciencia se le estuviera acabando- Ahora, tendremos cuidado con tus puntos de sutura para que no se abran o habrá complicaciones luego. ¿No queremos infecciones u otras cosas, verdad? –Acaté en silencio- Segundo, no te cargaré para sentarte, solo apoyarás parte del peso en mi, sino caeremos al piso. ¿Entendido?

Afirmé con un movimiento de cabeza para corroborar la respuesta que esa enfermera buscaba. Todo procedió como ella ordenaba, sintiendo como la molestia de mis puntos de sutura se estiraban y amenazaban con romperse.

-Chica valiente, me gusta. –Se posicionó tras de mi para empujar la silla de ruedas, mientras yo sostenía el fierro con ruedas que tenía mi suero- Saldremos en silencio, rápidamente y por la parte trasera de esta sección.

-¿Está segura de lo que hace? ¿No tendrá consecuencias si me saca de mi habitación?

-Sí, lo estoy. –Contestó con petulancia mal disimulada- Y si nos encuentran, dejaré de hacerme llamar enfermera. Nadie merece estar lejos de su hijo y menos no conocerle estando tan cerca.

-Entonces no diré nada hasta llegar.

-Es lo mejor que has dicho desde que despertaste, muchacha.

Tras decir aquellas palabras, me extendió una mascarilla quirúrgica para cubrir parte de mi rostro para no ser reconocida, y sin demoras emprendimos nuestro secreto paseo.

Curiosamente, el pasillo estaba bastante vacío y no llamamos la atención suficiente para que detuvieran nuestro avance. Al entrar al ascensor, bajamos dos pisos tras tocar un botón y luego me recibió un cartel que indicaba la sección de neonatología.

Sentí como el corazón volvía a latir con alegría y anhelo a leer en donde estábamos. Volteé la cabeza hacia la misteriosa enfermera, pero ella no me devolvió la mirada. Tan solo siguió avanzando hasta ir a su punto de destino, como si no existiera. Peculiar manera de ignorar a la gente, pero no diré nada porque gracias a ella estoy a punto de lograr un sueño.

Se detiene en una de las habitaciones. Su lector de identificación le permite entrar. Coge la silla de ruedas y puedo ver múltiples incubadoras. Pasamos al frente de ellas y hay una sin identificar.

Nombre: N.N. Sexo: Masculino Nacionalidad: Japonesa.

Fecha nacimiento: 31 de Mayo 2018 Hora: 23:58 pm. Lugar: Hospital de Fujisawa, Prefectura de Kanagawa.

Tipo de parto: Cesárea de emergencia. Peso: 550 gramos Talla: 23 cm.

Madre: Rin Higurashi Habitación: 1022 (UCI) Nacionalidad: japonesa.

Padre: Sesshomaru Taisho Habitación: No aplica. Nacionalidad: japonesa.

-Hora de conocer al niño, Higurashi. –Anunció la enfermera al ver que estaba leyendo parte de la ficha médica que estaba a los pies de la incubadora- Te ayudaré a ponerte de pie unos cuántos minutos. Te advierto que puede ser impactante la primera impresión.

-Lo sé, pero prefiero eso a no poder verlo.

Contesto apoyándome en ella para afirmarme de la superficie de aquella incubadora y… Dios, es tan pequeño. Me rompe el corazón verlo conectado a tantos cables y artefactos. Una lágrima recorre mi mejilla y se estrella contra el cristal que lo protege. La enfermera me hace ponerme desinfectante en las manos y luego de unos segundos me indica que meta mi mano y lo toque con mucho cuidado.

Le rozo su piel y es tan blando y frágil, me da la impresión que si lo toco un poco más lo aplastaría. Emite unos pequeños quejidos y envuelve su manito en mi dedo índice. Me congelo en una mezcla entre sorpresa y un naciente amor. Su agarre no es nada fuerte, pero se esfuerza en hacerse presente. No tengo idea si es un reflejo o si siente que soy su madre, pero me derrito por él.

Las lágrimas siguen saliendo, pero ya no hay dolor en este momento en mi pecho. Solo orgullo y sé que podría dar mi vida entera por este pequeño ser. El luchar día a día para caminar de la mano con él, darle la felicidad que merece y mucho más.

-Te amo, mi pequeño parásito. –Acaricio su mejilla con mucho cuidado con mi índice izquierdo- Mamá te ama y te esperará todo el tiempo que necesites. Solo no te rindas, porque yo no lo haré, cariño. –Sonrío como una tonta embobada- Te lo prometo, por ti y tu padre. No me rendiré.

La enfermera carraspeó observando un punto al otro lado de la habitación, haciendo acto de presencia, tal vez incomoda o emocionada, nunca lo sabré pues su expresión es difícil de leer.

-Ya es hora, Higurashi. –Anuncia y sé que debo acatar su orden disimulada de irnos. Podríamos tener problemas y no quiero eso. Le debo mucho a esta mujer como para crearle inconvenientes innecesarios-

-Lo sé. –Vuelvo la mirada a mi pequeño guerrero y me aparto con el dolor de mi alma. Él no llora ni se queja. Se queda quieto intentando respirar a través del soporte de oxigeno- Volveré pronto, bebé.

-Necesita un nombre. –Comenta mientras me ayuda a sentarme nuevamente. Me quejo un poco por el dolor en mi bajo vientre sin poderlo evitar- ¿Has pensado en alguno?

-La verdad no me había decidido. –Observo la incubadora y veo que no es justo que no esté identificado-

-Perdón la indiscreción, pero ¿no pensaste consultarle alguna vez al padre? –Consultó con tacto mientras comenzaba a mover la silla de ruedas-

-Él no sabía de mi estado por cuestiones familiares y personales. –Expliqué sin saber por qué. En realidad no le debía explicaciones- No quería poner en riesgo al bebé ni a él. Sin embargo, llegado el momento si se lo hubiese dicho.

Ella guardó silencio y me dio a entender que la conversación había finalizado. Sé que él merecía saber la verdad, pero el miedo y el rencor en su momento me cegaron. Error tras error. Otro punto que me gustaría cambiar si pudiera retroceder el tiempo.

-Kazuhiko. –Mencioné al entrar con ella al ascensor- Kazuhiko Taisho.

-¿Príncipe lleno de armonía?

-Sí, para mí su padre fue el príncipe del oeste en mi juventud. Mi pequeño no merece menos.

Sonreí nostálgica por aquella obra teatral que nos acercó y que años después dejó marca en ambos tras nuestro encuentro íntimo en la cabaña familiar del bosque. Fue inevitable recordar aquella mordida en la base del cuello para marcarme como suya y viceversa.

-Tal como la leyenda del youkai y la humana de la era feudal, ¿no es así?

No esperaba que hubiese escuchado de ella, así que solo pude intentar ocultar mi naciente rubor al secar el rastro de lágrimas que yacía aun en mi rostro.

-Me parece perfecto. –Añadió después de unos segundos- Y tiene un significado especial para ustedes como pareja. Aquellos que están destinados a reencontrarse vida tras vida para vivir su amor aunque sea efímero.

-Demasiado efímero en nuestro caso. –Contesto sintiendo mis ojos humedecer. No llores, no te atrevas a hacerlo, Rin. Ya ha sido mucho por hoy-

-Y aun así eterno y puro, muchacha. –Detuvo el ascensor para ponerse en frente de mi y elevar mi mentón para que le mirara a los ojos- Ahora te diré algo y ponme mucha atención. Nunca lo cuestiones, ni su afecto o decisiones que lo llevaron a su final.

Iba a interrumpirla, pero posó uno de sus dedos en mi boca.

-Tú lo conociste mejor que muchos y ten por seguro que si hizo lo que hizo es porque te amaba por sobre todos y todo, y mantenía la esperanza de regresar a ti y tu bebé. No le importó las consecuencias legales, ni las vidas humanas que tendría que tomar con tal de lograr su objetivo. –Inhaló un poco de aire para seguir en su discurso, como si le doliera decir aquellas cosas- No le importó cruzar y pelear contra el mismísimo infierno si eso te salvaba.

-Pero, ¿cómo está tan segura de aquello?

-En estos tiempos, no muchos se atreven a hacer tal hazaña por amor. –Contestó con simpleza- No cualquiera se enfrenta a la muerte, porque el mundo es demasiado cruel y egoísta. Sesshomaru Taisho te priorizó en todas las formas posibles. Y… sé que él estaría feliz y conforme por el nombre que elegiste para su hijo. Corrijo: vuestro hijo. –Sonrió de medio lado, con un ademán de orgullo en sus facciones y fue como ver a Sesshomaru en aquella mujer- Así que mantén la cabeza en alto, niña.

-¿Quién es usted? –Cuestioné sintiendo mi corazón palpitar con rapidez-

-Una enfermera, que poco atenta, niña. –Rió sarcástica al momento en que retomaba su lugar y presionaba el ascensor nuevamente- Pero, llegó la hora de dormir.

Una presión en un punto de mi cuello, y todo se volvió negro.

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Notas autora: Gracias por sus lecturas y comentarios. Nos vemos en la próxima entrega, y gustosa leeré sus reacciones a este capítulo lleno de emociones. Me voy a hacer bolita en un rincón y procederé a hacer la *lloración*.

Un beso a todos.