Capítulo 32: Enfrentando la realidad.

Martes 05 de junio 2018.

¿Qué es la verdad? Muchos comparten la opinión de que es la concordancia latente entre lo que se dice, piensa o sabe. Algo que es real, pero que puede ser objetiva, subjetiva, absoluta o relativa dependiendo del caso. Otros tantos indican que es necesaria en la cotidianidad, pero que puede acarrear diferencias o problemas en cada individuo dependiendo de la magnitud de la misma.

En ocasiones, saber la verdad es liberador, tranquilizante, pero a la vez puede ser extremadamente doloroso, calando hasta lo más profundo de tu ser y puede derrumbar tu mundo interior. Y es por ese motivo que, gracias a la magnitud de las verdades a las cuales me he enfrentado en las últimas horas, es que estoy aquí, en una nueva habitación del Hospital, frente a una profesional de la salud mental.

Es una psiquiatra enviada por las autoridades y que será la encargada de tratarme emocional y mentalmente mientras dure la investigación, y que a la vez, medirá mis capacidades para tener la custodia de mi pequeño Kazuhiko.

¿Cómo lo sé? Las paredes de estos pasillos tienen oídos; todo se sabe tarde o temprano. Quien entra, quien sale, nace o muere, es contratado o despedido. Todo.

Analiza minuciosamente cada uno de mis movimientos y respuestas a sus interrogantes. Me resulta incómodo. Se supone que debiese sentir una especie de refugio en su persona, a tal punto que podría decir todo lo que pienso y siento, mis temores y constantes pesadillas que no me dejan en paz.

Y sin embargo, en poco más de una hora no he dicho más que unas cuantas afirmaciones y negaciones, meros monosílabos.

Solo quiero que ella de por finalizada la sesión y se retire de la habitación. La ansiedad es tal, que ni siquiera fui consciente del movimiento repetitivo de mis pies y las mordidas contra mis uñas, hasta que una de ellas de quebró, la del dedo pulgar específicamente.

El nudo en mi pecho no desaparece y parece estrecharse más. Hay momentos en los que siento que ya no puedo respirar y creo que voy a morir sin que nadie pueda ayudarme.

Mis oídos ya no desean escuchar ni una verdad más, mucho menos una mentira. Solo anhelan el silencio, porque en esa ínfima instancia de silencio, es cuando creo que podré llorar y gritar todo lo que requiero. No obstante, ese es el dilema. Ya no tengo un momento a solas: si no me está auscultando un médico aparece una enfermera. Si no hay una enfermera, está la policía tratando de interrogarme; lo mismo ocurre con la trabajadora social, psiquiatra y familia, quien obviamente son Kagome, Inuyasha y tía Naomi.

Por lo que tengo entendido, la madre de Sesshomaru ha estado aquí todo el tiempo en el hospital, pero no ha mostrado intenciones de querer verme y conversar. Aunque no sé de qué tendríamos que hablar, ya que nunca he tratado con ella, solo la he visto en viejas fotografías en…la cabaña junto a él.

-¿Y bien, Rin? –La tediosa voz de la terapeuta me saca de mis recuerdos y pensamientos. Su sonido me parece tan superficial que comienza a irritarme- ¿Algo que quieras decirme?

La verdad es que tengo algunos puntos que me gustaría decirle. El primero de ellos es que se vaya al carajo. Lo segundo, es que nada de lo que diga podrá hacerme sentir mejor y quitar la culpabilidad que cargo. Tres, que no traerá de vuelta a Masahiko, mi madre o Mei, mucho menos a… Sesshomaru.

Masahiko: asesinado y torturado cruelmente por desenmascarar a un mafioso, su propio hermano mayor. Mismo mafioso que a pesar de estar en las sombras de la cárcel, se encargó de hacerle saber que nadie se metía con él ni su gran imperio. Menos acostarse con su mujer y tener una bastarda como hija sin pagar por ello.

Una vez más se demostró que la traición y el perdón no iban de la mano con Masayoshi Higurashi y él nunca faltaba a su palabra.

Recuerdo cuando le advirtió a Masahiko que pagaría con creces su traición como hermano y hombre. El peor error fue creer que no tendría los medios necesarios para cumplir su advertencia desde la prisión, menos aliarse con un asesino y sádico como Naraku Wakahisa.

Leiko: mi propia madre, muerta en busca de la redención de sus pecados a través del suicidio. Se demostró que la ambición no lleva a ningún sitio, ni que las palabras de perdón a estas alturas de la vida serán un bálsamo cicatrizante para las heridas emocionales que dejó toda mi vida.

Tampoco le fue un triunfo saber que el amor de su vida fue desaprovechado por querer demostrar a otros su valor monetario, cuando pudo tener lo mismo en menor cantidad pero mayor en amor, afecto y tranquilidad si hubiera obrado bien.

Pero al contrario de sus palabras redactadas en aquella carta, creo que Leiko y Masayoshi eran tal para cual. Una misma calaña que no debía infectar a otros, por mucho que amase a Masahiko y él a ella en su momento.

Mei: Persona que para mí se convirtió en un sinónimo de desesperación, odio y locura. Recuerdo su mirada llena de resentimiento mientras me apuntaba con su arma a la orilla del muelle y se me hiela la piel sin poderlo evitar. Sin embargo, quiero creer que algo dentro de ella se debatía entre el bien y el mal aunque ella no fuese del todo consciente.

¿Por qué pensar eso cuando fue capaz de dispararte directo a la cabeza? Porque fue quien me salvó de las garras de Naraku. ¿Cómo? Acabando con el secuaz que iba a seguir el último designio de su jefe: inmovilizarme totalmente sobre una camilla, para después abrirme cual animal en un matadero y sacar a mi hijo de mi vientre mientras me desangraba. Si sobrevivía unos cuantos segundos, vería como acababan con mi bebé ante mis ojos y lo llevarían al exterior para colgarlo desde la oficina que antes ocupaba mi padre, para que Sesshomaru viera el espectáculo si es que daban con mi paradero. En cuanto mi cuerpo, Naraku lo ultrajaría y devoraría frente a una cámara, para posteriormente enviarlo a la agencia, notificándole a su destinatario que su tiempo ya había acabado.

Crudo, sádico y asqueroso en todos los sentidos. Censurable en cualquier libro, documental o biografía, pero ocurrió. Es lo que nadie sabe porque no soy capaz de vociferarlo, lo cual me quema y ahoga por dentro.

En cada breve sueño ese malnacido aparece y efectúa lo que prometió, lo cual me despierta gritando, buscando ayuda y solo tienden a aplicarme sedantes porque no soy capaz de verbalizar coherentemente lo que me ocurre.

Y sí, Mei tenía sus propios planes, culpándome por robarle una vida y familia que ella anhelaba, pero me salvó de un peor destino. Al menos, al morir en sus manos sería más digno que bajo las de Naraku.

Quiero creer que antes de dispararme, aquella vacilación momentánea que tuvo fue porque algo en su cabeza le decía que era incorrecto su actuar, y que su corazón aún sentía un mínimo afecto por mi persona.

Y por último Sesshomaru: Sencillamente no hay palabras que describan todo el dolor que me provoca su pérdida y la culpa interna de guiarlo poco a poco a su destino. Directa o indirectamente. Me carcome por dentro el saber que ni siquiera tuve un contacto visual o un breve cruce de palabras con él esa maldita noche.

Ni siquiera debió verme al estar ocupado encargándose de su mayor enemigo.

-No. –Me limito a contestarle a la mujer-

-Seré sincera contigo y espero no te lo tomes a mal, Rin. –Se acomoda las gafas y mantiene la expresión calma que la ha caracterizado desde que nos presentaron. Intenta ser neutral, pero sus ojos la traicionan a veces. Hay lástima en su mirar y no quiero aquello porque no lo merezco, ni para bien o mal- Entiendo lo difícil que es para ti digerir la gran cantidad de información sobre tu familia y seres queridos. Todos tenemos nuestro tiempo y ritmo para canalizar nuestras emociones; algunos más, otros menos. –Sonríe con calidez para añadir- Y eso está bien.

-¿Me entiende? –Cuestiono con voz áspera, en un completo impulso, como si algo se hubiese detonado en mi cerebro con aquellas palabras- ¿Ha despertado un día sin saber si está viva o muerta y que al siguiente momento te confiesen que la persona que has amado por años ha muerto por salvarte? –Comienzo a inquietarme y alzar la voz poco a poco, conforme salen las palabras de mi boca- Sin olvidar que tú hijo está en riesgo porque es altamente prematuro, lo cual es un verdadero milagro que sobreviviera horas sin el soporte vital de su madre. ¡Ni siquiera puedes verlo, ni tocarlo y solo tienes que esperar y rogar cada minuto que no fallezca debido a su delicado estado de salud!

No puedo mencionar por nada del mundo a la única persona en este hospital que me ayudó a ver a mi pequeño, aquella extraña enfermera, ya que no quiero otorgarle problemas innecesarios.

Me pongo de pie y se ve algo sorprendida por mi repentino actuar. Las palabras retenidas comienzan a salir una tras otra y dudo se detengan de manera pronta.

-Súmele el hecho que, no poco después de todo ese remolino de emociones, aparece un policía estúpido, sin empatía o un gramo de tacto en su ser, y me obliga a relatar mi testimonio de los hechos porque es mi jodida responsabilidad cooperar, ¡haciéndome sentir como si fuera mi culpa el que un hijo de puta como Naraku me secuestrara para llegar a otros!

-Rin, creo…

-¿No quería usted que le hablara de mis emociones y/o pensamientos? ¡Pues, ahora se calla y escucha! –Estallo sintiendo la ira en cada poro y centímetro de mi cuerpo- Él se atrevió a sugerir que quizás yo lo había provocado, que quizás ese bastardo sentía algún tipo de atracción hacia mi persona. –El solo hecho de recordar esa incómoda e insólita situación no hacía más que alterarme- ¿Acaso es un requisito ser un completo imbécil para trabajar en la policía? –Cuestiono abiertamente- ¡Estaba embarazada y esos malnacidos irrumpieron de la nada en mi casa luego que regresara de la universidad! ¡Me golpearon y secuestraron para llevarme ante Naraku! –Recalco con dureza mientras siento que la habitación en que estamos se hace cada vez más pequeña- Fue una retorcida hazaña de ese maldito infeliz y mi querido padre, Masayoshi. ¡Solo miren su hoja de historial y saquen una idea de lo sádico e inhumano que era!

-Lo sé, Rin, ya han sido entregadas las evidencias a la entidad correspondiente.

Los videos de él maltratándome para provocar a Sesshomaru. Mi pecho se contrae de golpe y mi cuerpo comienza a temblar, pero no quiero detenerme. Si quiere que hable, lo haré. Aunque eso me juegue en contra.

-¿Acaso le han dicho sin tacto alguno que otras tres personas murieron y que son tu familia? Uno por venganza, otra por suicidio y la última asesinada por una agente que intentaba protegerme. –Percibo su incomodidad por la ira desatada en mi relato y gestos corporales - Siempre creí que el primero era mi tío, la figura paterna que siempre deseé que fuera Masayoshi, y que al final si resultó ser mi padre biológico. Aunque estaba descolocada por la verdad al inicio, fui feliz porque sabía que mi vida familiar iba a cambiar para bien y que podríamos recuperar el tiempo perdido. –Un nudo en mi garganta me impide hablar de momento, pero no tardo en retomar la diarrea verbal que me afecta- Pero me equivoqué.

-Sigue, suéltalo todo. –Dice mi terapeuta dejando su libreta y gafas de lado-

Me siento nuevamente en el sillón de antes y prosigo mi relato. Le explico varias cosas, desde los múltiples intentos para acercarme a mi madre y la misma cantidad de rechazos que me brindaba. Lo mismo ocurrió con Mei, nuestra historia y rivalidad, tanto amorosa como familiar.

Dos polos opuestos que por más que lo intentaron, jamás pudieron encontrar un punto en común, ni siquiera en el último instante de su vida.

-¿Quieres hablar de él?

-¿De Sesshomaru?

Se me detiene la respiración de solo saber que se trataba de su persona.

-El mismo. –Confirma-

-No, al menos hoy no. Creo que ya dije demasiado. –Siento que me vuelvo cada vez más pequeña al caer en cuenta de todo lo que he dicho- Ahora pensará que estoy…

Loca.

Me quitarán a mi pequeño por no poder mantener la boca cerrada.

-No tengo que pensar nada sobre ti, Rin. –habla calmadamente, transmitiéndome por primera vez un poco de tranquilidad- Es más, me alegra saber que diste un primer paso, y me disculpo si dije algo que te incomodara o te doliera por utilizar palabras incorrectas.

Afirmo en silencio, no me atrevo a decir más de momento o podría jugarme en contra.

-Sin embargo, tal como lo mencioné hace unos minutos, estás en periodo de duelo, aunque no lo sientas de ese modo y quiero que sepas que cada persona tiene su tiempo y manera distinta de vivirlo. –Continúa explicando, con mucho tacto- Y por el mismo motivo, iremos trabajándolo poco a poco para sobrellevar tus perdidas e ir cerrando los ciclos necesarios de manera más natural y saludable. ¿Qué opinas al respecto?

¿Manera natural y saludable? Si me permitieran ir a la tumba del infeliz de Naraku para escupirla, maldecirla y bailar sobre ella, haría caso en cada cosa que me pidieran hacer. No obstante, lo único que pido es:

-Por favor, interceda para que me permitan ver a mi hijo. Si desea que dé un segundo paso, no habrá mejor que ese.

El temblor en mis manos vuelve, y al parecer ella sin mucho esfuerzo lo ha notado.

-Dalo por hecho, Rin. –Acepta la terapeuta y anota algo en su libreta, arrancando la hoja y entregándomela después- Y luego de ello, necesito que hagas esto. No digo que lo hagas en un corto plazo, sino poco a poco y cuando te sientas preparada.

Leo las indicaciones escritas por su puño y letra. El estómago me da vueltas y tiembla todo mi ser. ¿En serio me pide estas dos cosas?

· Hablar personalmente con Sango Taijiya.

· Hablar personalmente con Irasue Taisho.

-Y bien, ¿eres capaz de ello, Rin?

Empezamos fuerte, directo y conciso. Sin embargo, no puedo evitar cuestionarme, ¿por qué me pide esto?

Miércoles 06 de junio del 2018.

La psiquiatra suizo-estadounidense, Elisabeth Klüber Ross, en uno de sus libros describió las cinco fases o etapas del duelo que puede experimentar una persona, y aunque al principio indicó que estas sucedían de manera sucesiva, años después refutaría aquello dado que el duelo no es lineal ni rígido.

1. Negación: Reacción habitual que a veces viene acompañada con un estado de shock inicial y que puede dejar un bloqueo emocional. Nuestra mente se rehúsa a creer lo que ha pasado y que esa persona ya no está con nosotros, hasta que chocas con la dura realidad.

2. Ira: Hacen acto de presencia los sentimientos de frustración e impotencia al no poder cambiar o revertir las consecuencias que trae una pérdida. Aquí la persona puede atribuirse la culpa a sí mismo u otros factores externos, comenzando posibles conflictos con personas cercanas debido a la proyección de esta carga negativa.

3. Negociación: El sujeto comienza a pensar "qué hubiera pasado si…", donde en tus pensamientos reviertes la situación en una fantasía y donde sientes el control de lo que sucede o no para aliviar el dolor. También es conocida como la etapa más breve, debido a que no es real y resulta agotadora en todos los sentidos.

4. Depresión: Ya no sueñas con realidades paralelas y no encuentras consuelo ante la profunda tristeza que te causa la pérdida. Solo te queda aprender y aceptar lo sucedido y comenzar a vivir sin la presencia de aquella persona. Sientes que todo se desmorona y que te hundes en un profundo mar de melancolía, tristeza y desesperanza, mientras las cicatrices van sanando poco a poco, aunque el dolor no desaparezca del todo. Puede experimentar aislamiento social y falta de motivación para realizar hasta las mínimas cosas cotidianas.

5. Aceptación: Se comprende la muerte y comienza a aparecer la calma para enfrentar el día a día. Aprendes a vivir sin la presencia de tu ser querido sin que duela tanto. Ves las cosas con otra perspectiva y comienzas a buscar la felicidad en pequeñas cosas, retomando el control de la propia vida.

Según su trabajo, he experimentado todas las fases: negarme a su fallecimiento, sentir ira y culpabilidad, negociar en mi mente que las cosas serían tan diferentes si nuestros caminos no se hubiesen encontrado, luego la desesperanza y tristeza de no volver a verlo y que solo exista en mi corazón y sentimientos. Pero, la aceptación es más dolorosa de lo que sus escritos detallan, pero debo encontrar los motivos que sean necesarios para sobrevivir sin él.

Y uno de ellos, es seguir las indicaciones en mi terapia, aunque me rompa el corazón. Luego podré unir pedacitos e intentar que funcione y sienta como antes, si es que tengo algo de suerte.

Vamos, Rin, un paso a la vez.

La puerta de la habitación resuena con tres toques discretos. Indico que pueden entrar ya que tengo puesta una bata más presentable y que calienta más que las que entregan en este lugar. Veo asomar la silueta de la agente Sango Taijiya, con el fin de charlar en la privacidad y comodidad de mi habitación.

Tras saludarme, se sienta con algo de dificultad frente al sillón de tres piezas que tienen acá. Es un poco difícil romper el hielo con ella, ya que aparentemente, solo espera reproches hacia su persona. Rápidamente le hago entender que no es mi intención, sino más bien, entender todos los puntos de vista que me he visto privada por ignorancia.

Tras intercambiar palabras por largos minutos, un sentimiento de tranquilidad me invade. Es tan cálida que tengo la impresión que, la vez que nos conocimos por la misión que desempeñaba haciéndose pasar por mi vecina, era ella misma y no un personaje a desempeñar.

Ahora no puedo dejar de cuestionarme cómo pude creer que Sesshomaru pudo mantenerse totalmente al margen después del polémico juicio y su carta. Sango me hizo saber que él siempre cuidaba mis pasos como una sombra sigilosa, protegiéndome cuanto le era posible. Ese hombre sabía de nosotros, mi pequeño y yo, aunque lamentablemente fue en la peor de las situaciones tras mi secuestro.

Lo supo y quería salvarnos.

Sango no para de enfatizar ese punto, ya que debo tener una expresión de total contrariedad entre mis pensamientos y sentir.

Quería salvarnos a toda costa, aun si eso le costaba la vida.

Dios, Sesshomaru, cómo demonios pude dudar de ti y tu amor.

-Por favor, dígame todo lo que sabe. –Solicité sintiendo palpitar con fuerza el corazón contra mi pecho- Incluyendo lo ocurrido en el muelle.

Él, quien siempre tuvo todo, tenía miedo de perderme, pero quienes lo perdimos fuimos nosotros.

Me relata algunas cosas, pero noto el dolor que le resulta hacerlo. Algunas lágrimas se asoman por sus ojos y caen, algunas de ellas estrellándose contra la tela de su pantalón marrón. La envidio por eso. La envidio por poder algo que no puedo, que se reprime en contra de mi voluntad.

-Perdí contacto con Sesshomaru en medio del incidente y ya no volví a saber de él…hasta que su madre lo encontró.

Todo en su lenguaje corporal indica que había más de lo que quería o podía decirme, mientras se seca las lágrimas con un pañuelo que tenía antes guardado en su bolso. Me dedico a observarla, sin interrumpirle.

-La señora Irasue fue quien me ayudó a salvarla a usted luego de que cayese al mar y quien la llevó a la ambulancia que le trajo hasta acá. –Explica recomponiendo un poco la compostura- Luego de eso, regresó y buscó a su hijo por todas partes, y tras seguir ciertos indicios que Sesshomaru dejó en el edificio, ella logró dar con su paradero…. pero llegó demasiado tarde.

-¿Cómo fue que él murió? –Solicito saber, observando que ella estaba herida en su pierna y que acomodó un par de muletas a su lado tras ingresar a la habitación y sentarse-

La mujer traga en seco y tras detenerse a pensar un momento, habla:

-Hubo evidencia de una fuerte pelea entre ambos en aquella oficina. Solo eso necesita saber.

-No es suficiente, señorita Sango. –Reclamo ante la falta de detalles-

-Entiendo, pero quiero que tenga algo en claro: nada ni nadie más que usted rondaba en la cabeza de Sesshomaru, Rin. –Indicó con formalidad y respeto- Correctas o no sus acciones, todas y cada una de ellas lo guiaron a su paradero, porque era lo más importante para él sin importar las futuras consecuencias, hasta el punto de hacerme prometer que si él no lograba dar con su paradero, yo debía hacerlo y salvarle de Naraku o cualquiera que osara ponerle un dedo encima.

La agente hizo una breve pausa y aclaró su garganta.

-Por temas de confidencialidad y por su salud mental y emocional, quédese con eso, señorita. Ya ha pasado por mucho para seguir magullando la herida.

-Es difícil conformarse con una parte de la historia y tener que sobrellevar todo esto.

Aparto un momento la mirada, pero de igual manera entiendo su postura. Hay mucho más en juego de lo que sé y ya no quiero atormentarla más con mis preguntas incómodas.

-Sé que es difícil digerir su partida. –Comentó a lo que yo afirmo en silencio, volviendo a centrarme en ella- Usted ha perdido a su pareja y al padre de su hijo, pero, por favor póngase en mi lugar. Yo también lo perdí aquella noche: a mi compañero y mi mejor amigo en la vida.

Su voz pareció quebrase y las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos, y me sentí horrible por no validar debidamente su posición.

–Y, aunque entiendo que no hay punto de comparación entre uno y lo otro, me es difícil estar frente a usted, explicarte lo sucedido y no derrumbarme.

-No tiene por qué contenerse.

Cojo su mano y la acaricio en un acto reflejo, lo que la deja algo descolocada. Aun así, prosigue:

-Aunque sí he de confesarle algo, es que creo firmemente que usted estuvo en sus pensamientos hasta el último momento. No lo ponga en duda ningún momento. –Sonríe en medio de su silencioso llanto- Sesshomaru realmente la amaba, y si estuviese aquí…él me golpearía en la cabeza por exponerlo de esa forma tan vergonzosa.

Ambas reímos en medio de sus lágrimas nostálgicas. Me permití sentir, pero no lloré junto a ella. Simplemente no podía. La agente se disculpa otro par de veces por la muerte de mi hermana, ya que su sangre estaba en sus manos y le pesaba aún más estando frente a mi. Le hago entender que no la culpo en absoluto. Ella cumplía su trabajo y una promesa, y de cierta forma, así Mei encontraría la paz que necesitaba para no seguir dañándose a sí misma y/o terceras personas.

Espero que encuentres el perdón y puedas descansar debidamente, hermana.

Lo deseo con todo el corazón.

Jueves 07 de junio del 2018.

Dios, en qué me había metido.

Hoy pude corroborar que, si había alguien con presencia imponente a kilómetros a la redonda, esa era Irasue Taisho. La madre de Sesshomaru, para mi sorpresa absoluta, resultaba ser la viva imagen de su hijo.

Me observa y analiza de la misma forma en que creía hacerlo yo al verla, pero en mi caso no intimidaba ni a un mosquito.

El parecido es desconcertante, a tal punto que al verla de espalda la confundí y abracé creyendo por un momento que era él. A tal punto llegó mi confusión, que ni siquiera le tomé importancia a las molestias de la herida de la cesárea cuando apresuré mis pasos para llegar a su lado.

Mi mente me jugó la peor jugada de todas. En mi pensamiento lógico no existió la realidad, ni que aquella imagen poseía un menor estatura, musculatura y talle de su traje traje negro de dos piezas.

Solo me dejé engañar por el espejismo de mi pequeño oasis mental.

Balbuceé algunas incongruencias al alejar mi cuerpo del suyo, muerta de la vergüenza y del ojo crítico de aquella persona:

-L-lo lamento, yo…

-No es necesario.

La señora Irasue limitó la disculpa al ver que iba a realizar una reverencia, quizás incómoda por el contacto físico anterior y gritar el nombre de Sesshomaru tras ella. Bueno, y omitiendo el hecho que, sin querer, le toqué un seno en el proceso. Eso me sirvió para darme cuenta que no era Sesshomaru, sino alguien totalmente diferente.

-Me dijeron que querías hablar conmigo. –Desvió el tema al ver mi desconcierto latente, acomodándose disimuladamente la chaqueta de su traje-

A decir verdad, en esta ocasión, iniciar la conversación con ella no fue tan fácil como lo fue con Sango. Era demasiado cortante y seria para tener la iniciativa correcta, y tenía el miedo constante de ofenderla… nuevamente.

-Oí que quieren estudiar tu comportamiento para otorgarte la custodia del niño. –Guio sus pasos hasta el sofá de visitantes, coge el jarro con agua que antes yacía en la mesita de centro y vertió el contenido en un vaso de vidrio- Cualquier cosa que te hayan dicho, no tengo nada que ver en ello. –Aclara antes de coger el vaso sobrante e imitó la acción-

-No fue por eso que solicité hablar personalmente con usted. –Informo para tranquilizarla y no tener una mala disposición hacia mi-

-Qué bueno, porque no estoy interesada en cuidar niños a esta altura de la vida.

Dios, aquella sonrisa torcida e engreída que me brinda, es igual a la que un día no tan lejano observé en su hijo.

-No es por tema de edad ni vitalidad. Solo mírame, eh. –Indica haciendo saber lo bien que se encontraba, a pesar de no parecer tan mayor- Es solo que en mi ecuación de vida no cuadran los niños, mucho menos tan pequeños y dependientes.

-Me tranquiliza saber eso, ya que no deseo que me quiten lo único que me importa realmente en la vida.

-Y no lo permitirás, niña. –Concreta dándolo por hecho. Me extiende el vaso con su contenido, para beber junto a ella- No hicimos tanto para que lanzaras la toalla a la primera oportunidad, ¿verdad?

Un dardo con veneno. Directo a la yugular.

-¿Usted me culpa, no es así? –La veo beber el contenido de su vaso con una elegancia innata que me deslumbró-

-¿Culparte has dicho?

Afirmo en silencio, esperando un descargo en mi contra.

-No, cada quien sabe lo que hace o no en su vida, y créeme, él sabía perfectamente lo que hacía. –Aparta el vaso de sus labios y me ve directamente a los ojos- A quien culpo es a mí misma.

¿A ella misma? ¿Por qué?

-Por acarrearlo a esta vida aun sabiendo los riesgos. –Explica mientras gira el vaso entre sus manos- También culpo a Naraku, por ser una sucia rata que utilizó a inocentes para llegar a él. Y cómo olvidar a tu padre, Masayoshi, a quien le haré una visita cordial luego de la ceremonia de mi hijo. –Sonríe nuevamente pero con una expresión maliciosa y ciertamente sádica- Nos divertiremos cómo no tiene idea. Nos quedan 164 razones para hacerlo. –Volvió a beber del fresco líquido-

¿A qué se referiría con esa cifra? Ni idea, pero esperaba con todo mi ser a que Masayoshi le dolieran esas razones que tenía pendiente con Irasue Taisho, ya que se veía que era una mujer realmente de temer.

-A ese punto quería llegar, si es que no tiene problemas con ello. –Mis manos tiemblan levemente, pero no podía acobardarme en ese punto-

-Escúpelo de una vez, niña. –Se acomoda en el sofá y añade haciendo un leve gesto con su mano izquierda- Di lo que tengas que decir.

-Necesito ver una última vez a Sesshomaru. Imagino que por la cantidad de días que han pasado, ya debe de estar en su lugar de reposo.

-No. –Niega tajantemente-

-¿Por qué no? –Pregunto desconcertada por su certera respuesta- Creí que podría despedirme como corresponde de él. Y si usted me dijera dónde está…

-No. –Repite dejando el vaso sobre la mesa de centro que adorna la habitación- No puedes, por el simple hecho de que aún no me lo ha entregado el servicio médico legal, niña. –Explicó- Han retrasado el trámite más de lo debido.

¿Aún está en la morgue?

-¿Y eso por qué? –Cuestiono sin poder creerlo-

-Porque es un caso sumamente delicado, no solo para los civiles, sino también para nuestra organización. –Carraspea levemente su garganta- Y como posible nueva cabeza de nuestra agencia, mi deber es seguir este lineamiento judicial.

-¿Entonces tendrá un funeral tradicional o de otro tipo?

-Una vez entregado, su cuerpo será cremado y su ánfora será puesta al lado de la tumba de su padre y madrastra. Fue siempre su parecer en vida y se le respetará como tal en la muerte.

Pero, al ser de esa forma, no podría verlo una vez más, y así, corroborar que realmente se ha ido.

-Quiero despedirme de él. –Expongo mi parecer-

-Lo harás, cuando sea su ceremonia y funeral.

-No, quiero verlo antes de ser posible.

Ahora la desencajada es ella. La he pillado de improviso. Bueno, no la culpo, yo también estoy sorprendiéndome de mi misma.

-No te lo recomiendo, ya has pasado por mucho en poco tiempo. –Intenta hacerme entrar en razón-

-Mañana me dan el alta, señora Irasue. –Explico ante su negatividad- Tendré el tiempo disponible y realmente necesito verlo con mis propios ojos. Necesito corroborar realmente que ya no está con nosotros, porque de no ser así, estaré por el resto de mis días pensando en que en verdad está vivo; que tal vez es un plan de la misma agencia para salvarlo de un juicio o de los demás enemigos que tenga, tal o peores que Naraku.

-Niña, te lo digo por tu bien, no querrás vivir con esa imagen en tu mente.

¿Tan maltratado quedó su cuerpo para intentar disuadirme? No, no lo hará.

-Eso lo decido yo, señora Irasue.

-No sabes de lo que hablas. –Se pone de pie con intenciones claras de marcharse-

-Sé perfectamente de lo que hablo. –Imito su acción, colocándome en frente de ella y deteniendo sus pasos momentáneamente- Y es por eso que se lo pido, porque sé que nadie más me lo permitirá.

- Te dolerá verlo así, Rin Higurashi. -Advierte con los ojos más brillantes que un momento atrás, como si tuviera ganas de llorar pero ella misma lo impedía con efectividad- Preferiría que guardaras en tu memoria su imagen anterior a lo que deseas ver.

-Se lo suplico, por favor, señora.

Exhala sonoramente. Pasa su mano por el pelo, exasperada por mi terquedad. Finalmente, me da su veredicto:

-Si eso es lo que deseas, lo verás bajo tu propia responsabilidad y lo harás sola, sin nadie que te acompañe. –Termina por acceder-

-Se lo agradezco y acato sus condiciones. –Sonrío con alivio tras sus palabras-

-Ya que no tenemos nada más que hablar, me retiro. –Rodea mi posición y se detiene antes de girar la manilla de la puerta- Te informaré cuando sea debido a través de Inuyasha.

Le detengo tomando con sutileza su manga. Me observa a través de sus ojos ámbares alzando una de sus cejas. Vuelvo a repetir en mi mente que es la versión femenina de su hijo y se me calienta el corazón.

-Señora Irasue, deseo que me acompañe a un lugar antes que se vaya. –Abre la boca para decir algo, pero la interrumpo- Por favor, hágalo y la dejaré marchar tranquila.

Ella cede y abre la puerta. Camina a mi lado lentamente, ya que los puntos en mi herida aun me duelen un poco. Tengo algunas cosas en mente que debo ejecutar antes de que parta. Al tomar el elevador, poco después nos encontramos en el piso y sala de maternidad. Nos dirigimos a la sección de bebés prematuros:

-Quiero que conozca a alguien, señora Irasue. –Le informo mientras saludo a una de las enfermeras encargadas de la sección mientras se acerca- No se arrepentirá.

-¿Intentas ganarte así mi favor, niña? -habla adivinando mis intenciones-

-No, solo quiero que conozca a su nieto como es debido.

-Sesshomaru no hubiera permitido esto ni de broma. –Comentó entre dientes, pero su mirada parece más brillantes que momentos antes de venir acá- Con suerte me toleraba.

Tras hablar y pedir autorización a la enfermera a cargo, ambas pasamos a la sala vistiendo los implementos respectivos. Charlamos un poco de cosas triviales y sin que ella lo esperara, consulté:

-¿Qué se siente ahora?

-¿A qué te refieres? –Cuestiona mientras su dedo enguantado acariciaba con extremo cuidado la mejilla de Kazuhiko, quien ahora si tenía una placa con su nombre en su incubadora-

-Visitar a su nieto como un civil ordinario y no como una enfermera. –Respondo y ella dejó su labor para observarme directamente- Su apariencia en efecto no es la misma, pero sus ojos son los mismos y prácticamente únicos. Los reconocería en cualquier parte.

-No sé de qué hablas.

-¿Así? –Comento con ligera ironía- No le resulta familiar: "No cualquiera se enfrenta a la muerte, porque el mundo es demasiado cruel y egoísta". Aquella persona sabía perfectamente que él me había priorizado por sobre todas las cosas, y quien mejor que su propia madre quien lo acompañó durante todo aquello.

-Vale, me has pillado. –Suspira resignada- Ciertamente, debí detenerlo cuando vi los posibles riesgos en la misión, pero ¿cómo hacerlo? No podía, teniendo en cuenta que no crie ni entrené a un cobarde. Supe que nada podría detenerle ya que había dejado de ser un despiadado egoísta; él pensaba en ti y este niño.

-Lo sé, Sango ya me había dicho algo similar.

-Te subestimé, Rin Higurashi. –Confiesa viendo la incubadora de Kazuhiko- No solo eres bella, sino que también eres lista. Una buena combinación. –Una mirada divertida pasó rápidamente a una sombría, advirtiéndome luego- Sin embargo, si estuviera en una misión, tendría que aniquilarte por ser tan observativa.

-¿Debo decir gracias por eso?

Ella ríe levemente moviendo la cabeza y luego se dirigió al bebé que respiraba con el apoyo de aquellas máquinas:

-Y tú, si te atreves a decirme abuela aunque sea en broma, te ahogarás con tu propio biberón algún día, ¿entendido? Soy Irasue y ya. –El bebé por obviedad no respondió, pero me enternece aquella pequeña interacción que tiene con él- Ni esperes a que te cambie el pañal. No lo hice con Sesshomaru, tampoco lo haré contigo.

-Le recordaré eso en el futuro. –Me dejo contagiar por su sentido del humor y no pude evitar dibujar una sonrisa verdadera en mi rostro cuando nos dirigíamos a la salida-

-Bien, ya es hora de irme a la oficina y beber un café decente después de tantos días. Demás está decirte que tendrás mi favor y protección de ahora en adelante, Izayoi. –Dijo antes de comenzar a sacarse la vestidura del hospital y salir de la sala de maternidad-

-Mi nombre es Rin. –Aclaro, y ella pareció sorprendida por mis palabras- Y agradezco su favor, señora.

-No tienes que hacerlo. –Volvió a su seriedad correspondiente- Y lo del nombre, solo me recordaste a la madre de Inuyasha por un breve instante. Nos vemos, Higurashi, te comunicaré cuando tenga la autorización del servicio médico legal.

Viernes 08 de junio del 2018.

La palabra respeto está infravalorada por los medios de comunicación. La omiten a su antojo a menos que les convenga a ellos utilizarla a su favor. Desde que desperté los equipos de reporteros estaban esperando la primicia, la declaración que les hiciera ganar puntos de rating en sus respectivos canales. Cual buitres rondando y esperando a que la presa caiga y ellos puedan obtener su jugosa tajada a costa de los demás.

Kagome, algo más retraída de lo normal, me consultaba si estaba segura de salir del hospital y no solicitar una prórroga de estadía al médico de cabecera o algo similar. El edificio no era un hotel ni mucho menos, y lo único que deseaba era llegar a casa y tener mi propio espacio. Ordenar mis pensamientos y emociones que seguían recluidas y que atormentaban cada vez más.

-¡Señorita Higurashi!

-¡Señorita Higurashi!

-¡Unas declaraciones para el Canal 6, por favor!

-¿Qué opina sobre lo acontecido?

-¡No habrá declaraciones! –Kagome se habría paso entre la multitud de reporteros que nos acechaban, rogando entre dientes que Inuyasha estuviese con el motor de su automóvil encendido para subir y marcharnos inmediatamente- ¡Déjennos pasar, por favor!

-¿No hubiese sido mejor salir por el subterráneo? –Le cuestiono sutilmente, siendo empujada de vez en cuando por los insistentes reporteros-

-¿Dónde crees que estuvieron antes de esperarte aquí? –Murmura con desagrado evidente- Tuvieron que cerrar ese perímetro porque incluso tuvieron la osadía de querer infiltrarse nuevamente.

Increíble a lo que pueden llegar por obtener lo que desean.

-Tú ignora y no respondas. –Ordena protectoramente Kagome, sujetándome con más fuerza del brazo- No les debes explicación alguna.

Tenía razón después de todo, y tampoco era conveniente por el hecho de que había una investigación de por medio, y podía verme involucrada negativamente por una palabra que alguien pudiese malinterpretar.

Ese era mi nuevo objetivo, mantener un bajo perfil. No obstante, fue más difícil de lo que pensé. Los reporteros no daban fácil la tarea de ignorar sus preguntas y provocaciones, imaginando en mi mente cómo sería darles un buen golpe en la quijada para callarlos. Dios, era hermoso, que si fuera una foto panorámica pagaría lo que fuera para tenerlo adornando mi sala de estar. Pero, la realidad era diferente, no había peleas, sino evasiones que me ahorrarían un mal antecedente judicial, y a la vez, con mi terapeuta.

Porque si no soy capaz de controlar mis impulsos más básicos, ¿cómo podría guiar y contener debidamente a un niño? Eso era un punto que definitivamente me jugaría en contra en cualquier juzgado.

Cuando finalmente ingresamos al vehículo, Inuyasha no tarda en marchar, con cuidado de no atropellar a alguien en un descuido. El viaje al departamento fue silencioso, pero no me incomodaba. Lo requería y solo deseaba llegar a mi destino pronto.

Al llegar, no había reporteros, puesto que habían indicado que tendría residencia temporal en la casa de tía Naomi. Un pequeño ardid que me daría unos instantes de paz hasta que se dieran cuenta del engaño.

Inuyasha me cogió del brazo con delicadeza y ayudó a subir las escalas que daban al piso donde vivo. Abrió la puerta y las escenas en mi cabeza se reproducían como si se tratara de una película. La violencia, forcejeos y un golpe que me llevó al piso en plena inconsciencia. Me llevo una mano a la zona donde recibí aquel golpe de manera automática.

-Si quieres te llevamos a otra parte, Rin. –Recomienda con sutileza Kagome quien se ha quedado quieta tras nosotros-

-No, solo deseo recostarme y descansar como es debido. –Respondo ingresando a la sala de estar finalmente, con un dolor de estómago producto de las escenas revividas- Eso es todo.

-Tengo todo preparado en la habitación y me quedaré…

-No. –Sentencio- Deseo estar sola, Kagome, si es que no te importa.

-Pero, si necesitas algo no habrá nadie que…

-Puedo hacer las cosas por mí misma. –Recalco mi intención ante su negativa- De igual forma agradezco tu preocupación.

-Kagome, ayúdame a llevar sus cosas hasta la habitación. –Inuyasha posiciona su mano izquierda en su hombro, sonriendo cálidamente- Luego, iremos a mi casa a preparar unas cuantas cosas que tengo pendientes, ¿sí?

-De acuerdo, si no hay de otra. –Hace un leve puchero al ver que él se ha puesto de mi parte-

Los minutos pasan lentamente, y por fin, ambos se despiden haciendo un movimiento de mano para que pueda cerrar con llave. Me apoyo de espaldas contra la puerta y llega lo tan anhelado: silencio absoluto en el lugar. Respiro con profundidad y me dirijo a la habitación que tiene las persianas cerradas para que nadie pueda ver hacia el interior. Hay algunas cosas que antes no lo estaban: regalos para el bebé y utilería que me serviría de mucho. Ropa blanca como la nieve, otra amarilla y lo infaltable, ropa azul y celeste.

Algunos peluches están sobre la cama, los cuales llevo a la pequeña cuna que hay un costado. Me siento a la orilla y recordaba mi cama más pequeña, pero ahora se ve más grande. Quizás, es la soledad que siento ahora mismo. Observo a mi derecha, y veo una foto familiar. Dios, se me aprieta el corazón. Aquellos que partieron, los que están en libertad y aquel que está en prisión, el cual espero que se pudra en ese lugar.

Me recuesto de espaldas y mis dedos acarician el rostro de cada uno y me detengo en él. Las lágrimas se acumulan en mis ojos y apego la foto contra mi pecho.

Quisiera parar y retroceder el tiempo para verte una vez más, Sesshomaru. Necesito aprender que no estarás en mi mundo, pero no sé cómo hacerlo.

No creo poder hacerlo alguna vez. Te amo tanto que no puedo aceptar como terminó todo esto.

Mi teléfono celular vibra en el bolsillo de mi chaqueta. Me incorporo para cogerlo y ver de qué trata. Un mensaje aparece de un número desconocido. Toco la pantalla y este se abre de inmediato:

"Mañana a las 09:00 am en punto. Por si aún no has cambiado de opinión."

La ubicación adjunta correspondía a una de las morgues de la capital. No necesitaba remitente para saber que se trataba de la señora Irasue.

Notas autora:

Hola a todos después de tanto tiempo. Espero que estén muy bien y les haya gustado este capítulo. Espero pronto actualizar para el penúltimo ejemplar de esta historia.

Un abrazo a todos!