Ciao! Bueno…¿Comentarios? Hoy me siento de pocas palabras :S . Pero bueh.. les dejo el siguiente capi, que ojalá espero que les guste ;) .
¡Dejen reviews!
.
.
Capitulo 5: Perdón. ¿El comienzo de algo nuevo?
.
.
Era el 31 de diciembre a las nueve de la mañana. Sakura caminaba sin rumbo aparente por las calles con el vestido que le dio Tomoyo guardado en un paquete. Tenía la mirada ida, pues su mente pensaba únicamente en las palabras dichas por Syaoran el día anterior.
"¡No se trata de ser una mujer superficial! ¡Se trata de tener algo de AMOR PROPIO!"
"Es intentar verte bonita, sentirte bien frente el espejo… no por lo que digan los demás si no por lo que pienses TÚ de TI."
"Kinomoto, no eres fea… pero, si en verdad no estás satisfecha con lo que tienes, entonces debes hacer algo para remediar eso."
No quería admitirlo, pero tenía algo de razón al respecto. Por otra parte, las palabras de Rika tampoco cesaban de resonar en sus oídos.
"Si tú misma no te amas, ¿Entonces quién lo hará por ti?"
Ante aquél pensamiento no pudo evitar sonreír con amarga ironía pues todo llevaba a un mismo punto, una misma problemática: El Amor Propio. Debía dejar de combatir su existencia, de sentirse mal cada que se miraba al espejo. Syaoran estaba en lo cierto… sí, ella no se sentía una mujer bonita, ¿Pero realmente había hecho algo para cambiar la situación?
Ella no creía ser una mala persona… ayudaba a los otros aunque no los conociera, y tampoco esperaba nada a cambio. Disfrutaba el ver a los demás felices antes de ella misma, no fumaba, no bebía y tampoco se sentía capaz de atentar contra el estilo de vida de alguien más. Se exigía a si misma ser buena hija, amiga y hermana, así como llegó a exigirse ser buena novia cuando estaba con Hien. Haciendo un conteo rápido veía que su personalidad no le fastidiaba tanto, lo que le molestaba era el cómo lucía… su apariencia.
¿Sería posible que, de verse a sí misma bonita, podría volver a tener motivos para amarse? No lo sabía… pero tampoco lo descubriría si no lo intentaba. Por ello caminaba a esas horas y en esa dirección: su destino era el salón de belleza. Además que quería demostrarle a Syaoran que ella podía ser una mujer de decisión si se lo proponía.
Caminó otro poco hasta que llegó frente la puerta de un local que tenía como nombre "Art Français", dirigido por una conocida francesa llamada Pauline de la Valière. Ese lugar era distinguido por los variados estilos de cortes que conocían, el manejo del maquillaje, la cosmetología y, sobre todo, por lo bien que trataban a la clientela. Sakura tomó aire en un intento de relajarse y, sin más preámbulo, abrió la puerta.
La campanilla de la entrada sonó, anunciando su llegada.
Fue como por arte de magia. Apenas hubo llegado, varias mujeres de sonrisas dulces y maternales se aproximaron a ella dándole una cálida bienvenida. Se ofrecieron a llevarle sus cosas a un lugar más cómodo, a traerle un té de hierbas y, poco después, a separarle un turno. El servicio fue tan bueno que la atendieron casi de inmediato.
Quién estaba disponible era una mujer bastante hermosa de piel nívea, dientes relucientes enmarcados por labios rojos, ojos de un azul tan intenso que no parecían ser de verdad y una corta cabellera rubia que caía en bucles sin perder la elegancia. Vestía con un uniforme blanco, así como sus otras compañeras. Le indicó dulcemente a Sakura dónde debía sentarse y, tras humedecerle el cabello para alistarla, se presentó.
-Bienvenue, mademoiselle (Bienvenida, señorita), me iamo Marianne y la atenderé en el día de hoy- dijo con un notorio acento francés mientras le ataba cuidadosamente una bata para no llenar de cabello sus atuendos. Una vez hubo desenredado por completo el pelo, le sonrió de nuevo y preguntó:- ¿Desea hacerrce algún peinado en especial?
Sakura asintió con la cabeza, metiendo la mano derecha a uno de los bolsillos de su pantalón, del cual sacó una pequeña foto y se la mostró a Marianne. También seguiría el concejo de Tomoyo.
-Quiero hacerme éste corte. Quiero poder verme bien para ésta noche- dijo, determinada. Marianne observó la foto con suma curiosidad y la detalló bien, para luego mirar a su clienta muy tiernamente.
-C'est vous (Es usted). Vaya que se ve hermosa en esa foto- confesó con toda sinceridad. Luego tomó las tijeras y se preparó para obrar- Y no se preocupe. Harré que se vea como una diosa parra ésta noche… y todos los momentos que seguirán después.
-Seguro…
.
.
Syaoran no paraba de mirarse al espejo una y otra vez, analizando que tal se le veía el traje elegante. Llevaba tanto tiempo sin ponérselo que no recordaba cómo lucía con él. Se sentía extraño.
Optó por no ponerse corbata y tampoco por peinarse. Al cabo su cabello era indomable y no quería impresionar a nadie. Se dirigió a la sala de estar y no tardó en ubicar el reloj de la cocina.
Marcaba las ocho de la noche.
¿Dónde diantres estaba Sakura? Se había ido sin despedirse siquiera y tampoco sin hablar al respecto de la reunión en la mansión Daidouji. Ella no sabía que él iría, pero nunca estaba de más comentar algo al respecto. Vivían bajo un mismo techo, al cabo. Bufó levemente para luego guardar en su pantalón de dril las llaves del domicilio y la billetera. Luego tomó con su mano derecha las llaves de su automóvil y, tras asegurarse que no dejaba ninguna ventana abierta, salió del lugar.
Bajó las escaleras rápidamente, le deseó un muy feliz año nuevo a la señora Sakaichi y salió. Ahí, en el parqueadero del lugar, reposaba un auto bello y fino que se hacía destacar por su intenso color rojo. No lo usaba mucho ya que prefería caminar (la ironía era demasiada: él justamente le había hablado a Sakura la noche anterior sobre tener autos en buen estado cuando su auto permanecía casi siempre sin conducirse)… pero aún así lo adoraba, pues fue lo primero que se obsequió a sí mismo después de recibir el primer pago de, justamente, su primer libro. Quitó la alarma e ingresó en él, encendiéndolo.
Ah… el sonido del motor rugiendo fue música para sus oídos.
Quitó el freno, ajustó la palanca de cambio, encendió las luces y arrancó, dirigiéndose a la mansión Daidouji con las indicaciones que Eriol le había marcado en un papel. Estaba a media hora del lugar y no le fue difícil llegar, salvo por algunas calles congestionadas por el tráfico y escasos sitios en donde estacionarse una vez que arribó.
Ya eran las nueve de la noche cuando por fin lo recibieron en la puerta principal como un invitado del Señor Hiraguizawa.
Syaoran se sorprendió de lo grande y lujosa que era esa mansión por lo que no reprimió un leve "wow". En el Gran Salón se encontraban conversando varias personas de la Alta sociedad con tal refinamiento que parecía impropio de seres humanos. No tardó en identificar a Eriol, quien venía acompañado de Naoko.
-Syaoran, que bueno verte, por un momento pensé que no vendrías- confesó el inglés cuando se acercó a él. El susodicho admiraba una escultura en hielo sin mucho disimulo.
-Este lugar es inmenso- espetó. Eriol rió de forma sutil a lo que Naoko sólo pudo analizar críticamente los atuendos del escritor.
-Cielo, iré por algo de ponche- informó la mujer a su novio para luego irse en dirección a la gran mesa, centro de atención de otro íconos de la moda con quien Tomoyo había trabajado en ocasiones anteriores. Eriol la dejó ir en silencio, pues no le fue difícil descubrir qué había hecho surgir su espíritu censor. Pero Syaoran, ajeno a eso, empezó a buscar con la mirada a alguien conocido entre todas las personas presentes.
Acababa de recordar porqué no le gustaban las reuniones.
-¿Dónde está Kinomoto?- preguntó el ambarino pasados unos minutos.
-Está en el segundo piso hablando con Tomoyo- le informó Eriol. En el fondo Syaoran se alivió de saber que ella se encontraba bien y estaba presente en el lugar- Hoy se ve especialmente hermosa y radiante. Ver su corte me trajo gratos recuerdos.
-Si tú lo dices… sólo no dejes que se mire al espejo- musitó distraídamente, detallando el techo. Eriol pasó por alto aquél comentario y se dedicó a observar a su amigo de pies a cabeza.
-¿No pudiste venir más presentable?- preguntó aprensivo, consiguiendo sólo que Syaoran soltara una leve carcajada.
-No vi motivo para hacerlo- soltó con frescura.
Las personas charlaban entre sí de temas bastante triviales y aburridos, consiguiendo fastidiar al escritor, retrayéndolo al punto de no querer entablar conversación con nadie. Algunos que pasaban por ahí se sorprendían al ver que era el famoso escritor Syaoran Li… pero tan poco bienvenidos eran que no se atrevieron siquiera a saludar. Él joven Li, por su parte, quería sentirse cómodo en su rincón tan sólo con un vaso de ponche en la mano y un Eriol que fielmente no se atrevió a dejarlo sólo.
Se sentía aburrido… y por cada minuto que seguía pasando estaba más convencido de que haber asistido fue una mala idea. Dio un sorbo a la bebida mientras escuchaba a Eriol.
Sin embargo, una elegante y bella presencia femenina de largos y ondulados cabellos negros se hizo notar en poco tiempo con sólo poner un pie en el umbral. Eriol también paró de hablar para mirarla. Era Tomoyo, que llevaba esa noche un fino vestido azul celeste de cuello de tortuga que la envolvía con adoración y resaltaba aún más sus ojos amatista y los pendientes de oro que llevaba para la ocasión. Encima traía un abrigo negro sin cerrar que la protegía del frío de la noche.
Era una suerte que en esa ciudad no nevara tanto.
La muchacha sonrió dulcemente a todos sus invitados y, acto seguido, empezó a andar entre la multitud, saludando formalmente a todos los presentes hasta llegar dónde estaban Eriol y Li. Syaoran no podía dejar de mirarla, sorprendido con la capacidad que tenía esa mujer para llamar la atención.
Ella lo identificó de inmediato como el hermano de Hien (gracias al evidente parecido entre ambos) y por ello le dedicó una cálida sonrisa mientras estiraba la mano a modo de presentación.
-Buenas noches. Tú debes de ser Syaoran Li. Es un honor conocerte al fin, soy Tomoyo Daidouji… la mejor amiga de Sakura- se presentó educadamente. Syaoran apretó la mano de ella, distante, aunque tampoco sin ser grosero. Esa mujer era extraña… pero al parecer no era mala persona.
-Mucho gusto- dijo a modo de contestación. Sin embargo fue la siguiente escena lo que lo terminó desconcertando un poco, aunque prefirió no decir nada.
-¿Ya te dije que luces fabulosa, Tomoyo?- aventuró a decir Eriol, aproximándose a ella y tomándole la mano para conseguir de nuevo su atención. Tomoyo se viró hacia él y le dedicó una sonrisa muy distinta a la que había dado a los demás.
-Lo has dicho bastante ya… pero se siente bien que lo repitas. Tú también luces muy guapo, Eriol- comentó la joven Daidouji con gracia y sinceridad. La forma como Eriol sonrió hizo pensar a Syaoran durante unos breves instantes que su amigo se sentía bien, se sentía cómodo… aunque algo nervioso, cosa muy rara en él.
Entonces cayó en cuenta de la situación y sintió atorarse con el ponche, el cual estaba bebiendo nuevamente.
-Syaoran, ¿Estás bien?- preguntó el Hiraguizawa un tanto alarmado, dándole golpes en la espalda para que pudiera pasar el mal trago y la tos. Tomoyo permaneció apacible, esperando a que todo pasara mientras saludaba a otro invitado que se había aproximado a ella.
-¿¡Es ella!?- susurró un atónito Syaoran con sequedad en medio de su tos, jadeando fuertemente para recuperar el aliento. Eriol se tornó notoriamente penoso.
-Cállate, podría oírte- balbució, rígido. Obligó a su mejor amigo a beber un poco más de ponche para apaciguar el exceso, consiguiéndolo, y ya sólo esperando que los movimientos del pecho de joven volvieran a ser más pausados al respirar. Tomoyo se viró de nuevo a ellos con una blanda expresión en su rostro que no daba cabida a la preocupación. Sabía que estaría bien, y por ello se mantuvo tranquila.
-Debería tener más cuidado para la próxima vez, Li- farfulló la joven con su voz suave. La respiración de Syaoran se acompasó una vez que la tos se detuvo y, con una mano en el pecho, dejó el vaso de ponche sobre la mesa.
Sólo se había atorado… ¡Pero vaya que consiguió estresarse! Fijó la vista en Tomoyo y la analizó de pies a cabeza sin molestarse en disimular. Pero no tardó en desviarla por respeto a Eriol, aunque no por ello su desconcierto y curiosidad iban a estar menos latentes. Así que era ella…
-¿Dónde está Kinomoto?- preguntó con el único propósito de distraerse. Los ojos de la Daidouji se tornaron momentáneamente más brillantes mientras llevaba una mano a su mejilla. Parecía rebosar de ilusión.
-¡Oh, mi hermosa Sakura! ¡Se ve radiante esta noche!- exclamó, provocando que una gota surgiera de la parte posterior de la cabeza de Li. Luego Tomoyo señaló a un punto fijo, sin perder esbeltez en el acto:- Mira, está allá. Luce adorable con ese vestido. Sakura es la belleza hecha humana.
¡Qué mujer más extraña! ¡Parecía idolatrar a quien decía ser su mejor amiga! De forma sospechosa cesó de verla para constatar de una buena vez como estaba Kinomoto. Sin embargo, una vez que se hubo girado hacia ella, se quedó fugazmente sin habla.
Fue como un déjà-vu… el mismo recuerdo de Hien presentándole a una niña llamada "Cerezo" retornó como un eco cada vez más sonoro en su mente.
Sakura cortó su cabello para dejarlo igual a cómo lo tenía en la infancia y eso enmarcaba a la perfección las angulosas facciones que, con el tiempo, la destacaron como una mujer. Un elegante cuello blanco (adornado con un collar de esmeraldas) resaltaba sobre un vestido (de un rojo intenso) que tenía corte de bandeja. Sin embargo, portaba encima un abrigo marrón para poder cubrirse, al igual que Tomoyo, del frío de la noche. Los finos labios se veían apetitosos con ese sutil carmesí vistiéndolos y la ligera capa de maquillaje tampoco le sentaba tan mal. Sus profundos ojos verdes brillaban más que nunca.
Ella saludaba tímidamente a varios conocidos, pero siempre intentando ser cortés. Tenía encanto por naturaleza y esa noche parecía perfecta para dejarlo salir a flote. Sin embargo, cuando Sakura empezó a buscar a Tomoyo con la mirada y se encontró con los ojos de Li analizándola fijamente, no pudo evitar palidecer un poco. ¿¡Qué rayos hacía él ahí!? Tardó en reaccionar.
Syaoran aparentaba un aire sereno, aunque en su interior se librase una batalla épica entre la confusión, la extrañeza y el asombro. Cuando su mirada chocó con la de ella se esforzó por parecer casual y, desinteresadamente, la saludó dando una seca cabezada, consiguiendo inconscientemente que Sakura se relajara un tanto con aquél acto. Le daba a entender que no estaba enfadado… o bueno, al menos eso quiso creer ella.
Notando la tensión en el ambiente Eriol decidió ir con Tomoyo a otro lugar, queriendo dejar que ellos dos solucionaran sus propios problemas. Y Tomoyo, entendiendo, accedió.
Sakura caminaba hacia Syaoran, decidida, y si bien elegante… pero no fue hasta la intervención de un hombre rubio que se vio obligada a detenerse. La había tomado del brazo mientras le dedicaba una sonrisa encantadora. Parecía ser uno de los modelos que había llegado a trabajar con Tomoyo.
-Hola… Tú eres la amiga de la señorita Daidouji, ¿no? Llevo rato observándote- confesó queriendo parecer fresco y agradable. Sakura se ruborizó pues su presencia la tomó por sorpresa, a parte de su comentario… ¿Llevaba un rato observándola? ¿Por qué?
-¿En serio? ¿Y a qué debería el placer?- respondió más por educación que por cualquier otra cosa. El hombre sonrió, tomándoselo muy en serio.
-Pensaba en lo bien que se verían mis hijos con ojos como los tuyos- rió- Soy Yamato Shirogane, supongo que me has visto en varios afiches publicitarios. ¿Y tú eres…?
-Ah… Sa… Sakura- tartamudeó Sakura incómoda, sin evitar enrojecer más. La verdad ni el rostro de él ni el nombre se le hacían conocidos… pero no podía decirle eso. Pensaba más bien en cómo salir de ahí pues no le gustaba el rumbo que había tomado la conversación. Yamato sonrió de tal forma que era imposible no adivinar que su propósito ahí era el seducirla.
-Sakura- repitió- me encanta ese nombre… hermoso y delicado como su dueña.
Por otro lado, sirviendo de espectador, se encontraba un Syaoran con el ceño bastante fruncido. Había observado como ese tarado se había acercado a ella, el cómo le hablaba con tanta confianza a la muchacha cuando ésta, entre sonrojos y desviadas de miradas, deseaba notoriamente seguir con su marcha.
Gruñó por lo bajo… ¿Ése intento de niño bonito intentaba coquetear con la ex novia de su hermano? Inaudito. Olvidó el vaso sobre la mesa y caminó hacia ellos a paso firme, destilando veneno con su sola presencia. Parecía bastante enojado.
-¿Pasa algo, cielo?- preguntó, tomando a Sakura por el hombro y dedicándole una mirada asesina a Yamato. La joven Kinomoto pareció muy sorprendida ante la aparición de su vecino y, sin evitarlo, se ruborizó aún más de lo que ya estaba (si era posible). Yamato se tornó bastante disgustado y tenso.
-¿Cielo?... No me dijiste que venías acompañada, Sakura- comentó apretando la mandíbula y mirando con cara de pocos amigos al escritor.
-No, yo sólo…- empezó a justificarse la castaña hasta que sintió un brazo fuerte rodeándola por los hombros y aproximándola más a otro cuerpo que no era el suyo. Syaoran lucía firme, sin apartarla de él, haciéndola sentir extraña y al mismo tiempo nostálgica pues Hien jamás la había tomado de esa manera. Los contactos físicos con él a veces no pasaban del roce de manos.
Syaoran, sin embargo, parecía tomarse muy en serio su papel.
-Escúchame bien, rubio… cómo vuelvas a acercarte a MI mujer haré de tu rostro comida para perros rabiosos. Así que desaparece- ordenó cortante- No hay que meterse con mujeres ajenas, canalla.
Yamato se sintió furioso ante la amenaza pero percibió que Syaoran hablaba en serio. No le convenía dañar su carrera de modelaje por una sola noche con una mujer, al cabo habían muchos peces en el mar. Así que se fue sin decir algo más. Syaoran sonrió con suficiencia en el tiempo que Sakura volvía en sí. Una vez que esto ocurrió lo apartó y, ésta vez ella con el ceño fruncido y los brazos en jarra, lo enfrentó.
-¿Se puede saber que fue eso?- cuestionó indignada de ver cómo Syaoran se había puso sereno nuevamente, liviano como si nada hubiese ocurrido.
-¿Qué eres ciega? Era evidente que ese sujeto sólo quería una noche de sexo contigo- dijo sin pelos en la lengua. Sakura consiguió que el rostro le hiciera juego con el vestido ante aquél comentario- No pienso permitir que un cualquiera se meta con la pudo haber sido la mujer de mi hermano.
La castaña quedó en shock… ¿Cómo había dicho? ¿Hablaba de "respetar mujeres ajenas" y "defender a la que pudo haber sido su cuñada" cuando hacia menos de un minuto acababa de referirse a ella como "SU mujer"? Inhaló aire contando mentalmente hasta diez en un intento de despejar sus ideas y de mantener la paciencia. Luego reflexionó sobre lo que quería ese sujeto y sobre lo que le costó tratar de rechazarlo… y entonces calló en cuenta que, de no haber sido por Syaoran, no hubiera sabido cómo salir de esa.
Bajó el rostro en dirección a él, quizás un tanto abochornada.
-Bueno… tal vez tengas algo de razón. Gracias por intervenir, Li- y levantó el visaje sonriendo con agradecimiento. Había sido algo duro, pero si la había defendido significaba que a una parte de él le preocupaba… y eso la llenaba de una extraña felicidad.
Syaoran la miró, algo serio, y la analizó detalladamente. Le quedaba bien ese corte nuevo y ella lucía más fresca y feliz. Durante unos instantes percibió como si algo de luz saliera de ella, aunque nunca supo si fue obra de su imaginación. Sólo supo que ella se sentía bien y aquello era una buena señal.
-¿Y qué haces por estos lares?- la voz de ella lo trajo nuevamente a la realidad. Ahora se veía curiosa, recordando el porqué había querido acercarse a él. Syaoran suspiró, virando la cabeza hacia uno de los ventanales.
-Fui invitado por Eriol, pero creo que fue mala idea venir- intentó reprimir vanamente un bostezo- Acabo de recordar porque no me gustan las reuniones, vaya que es difícil encontrar a alguien con quien hablar. Me aburro.
Todos alrededor parecían sumergidos en una entretenida conversación entre ellos, por lo que muchos reían o incluso se quejaban. Naoko estaba entre un grupo de damas de la tercera edad. Tomoyo y Eriol bebían ponche, apartados de los demás. Sakura se tornó meditabunda, pensando cómo podía ayudar al joven Li a entretenerse. Pero entonces una vieja dama de porte elegante se acercó a ella con una gran sonrisa.
-Buena noches, señorita Kinomoto, vaya gusto representa para mí el verla por aquí… y ¡Oh! ¡Veo que anda muy bien acompañada!- exclamó la anciana japonesa soltando varias risitas que parecían chillidos de ardilla. En cuanto la mujer constató la presencia de Syaoran a Sakura se le ocurrió una idea.
-Buena noches a usted también, Señora Nobu… ¡Y por supuesto que ando bien acompañada!- respondió grácilmente, guiñándole un ojo a lo que Syaoran posó la mirada en ella… ¿Qué traía entre manos? Sakura rió, halando con mucha emoción al desconcertado hombre- Le presento a Syaoran Li… imagino que ha oído hablar de él, ¿no? Es un gran escritor.
La señora Nobu sacó los lentes de su cartera y se los puso para admirar mejor al presente. Sus ojos se abrieron de par en par y no se molestó en ocultar un chillido de felicidad. La sensación le resultó extraña a Syaoran, ¿¡Pero qué…!?
-Oh, señor Li, no se imagina lo mucho que nos honra su presencia. Me he leído y releído varias veces su obra El reloj de arena, ¡Es mi libro favorito! Ojala todos los escritores fueran como usted- lo ovacionó tomándolo por ambas manos. Luego desvió la cabeza hacia la mesa donde charlaban más mujeres- ¡Eh, Satsu! ¡Mira quién está aquí, es Syaoran Li!
Casi que por arte de magia varias personas cesaron sus conversaciones para mirarlos a ellos. La mujer llamada Satsu, que tenía el rostro largo y huesudo como el de un caballo se puso en pie tan deprisa que pareció haberse sentado sobre algún trozo de vidrio. Ella fue una de las primeras en reconocerlo pero que no se atrevió a acercarse al ver la poca gracia del hombre. Sin embargo, ahora que tenía la oportunidad, no pensaría en desaprovecharla.
-¡El autor de Claro de luna! ¡No puedo creerlo, qué emoción!- exclamó yendo hacia él y estrechándole las manos. Otro numeroso grupo de personas también se aproximó, dichoso por entablar conversación con el literato.
-¡Lloré con la historia de Shinosuke! ¡Su final me marcó mucho!
-La historia es tan cautivadora… y nos da mensajes tan profundos. Imposible no amarla.
-¡Es usted un artista, señor Li!
Syaoran se veía algo consternado estrechando manos, sintiendo varias palmadas en la espalda y escuchando todo lo que decían de él. Buscaban entablar conversación y profesaban haber amado su arte. De repente sintió algo que invadió su estomago y se alargó a su corazón… una vaga sensación que lo llenó de calidez, ese algo que creyó haber dejado en el olvido para siempre: El aprecio y la admiración por sus obras, por su esfuerzo, sus ideas. Y, sobre todo, el grato sentimiento de haber cumplido con su objetivo.
Sonrió sin evitar sentirse emocionado y, aún aturdido, siguió estrechando manos mientras respondía varias preguntas al respecto y dudas sobre sus historias. Su público clamaba por él. Y eso, más que deprimirlo, lo animaba a idear pronto una nueva historia.
-¿Cuándo piensa escribir un nuevo libro?
-Sí, sus historias valen la pena ser leídas. Claro de luna fue, sin duda, el mejor. ¡Aquél, puedo decir, es una obra maestra!
-Sí que lo es- y, para sorpresa de algunos, quien habló esta vez fue Sakura. Syaoran giró el cuello con tanta brusquedad que por unos instantes creyó haberse hecho daño y sus orbes ambarinas solo sabían denotar sorpresa. Sakura le dedicó una sonrisa llena de dulzura y transparencia- Es de esos libros que vale la pena leerse más de una vez. No cabe duda que Li es uno de los mejores escritores contemporáneos que ha tenido éste país.
Y muchas exclamaciones se alzaron afirmando lo que acababa de decir la joven. Syaoran no podía parar de mirarla con el claro estupor dibujado en el visaje. Y entonces una ola de cariño y agradecimiento lo invadió consiguiendo sacar de si para ella una de esas cálidas sonrisas que tan pocas veces se veía en él.
Sakura comprendió al instante y se sintió satisfecha. Había acertado también en una vieja suposición: Syaoran, al igual que Hien, se veía bastante atractivo al sonreír.
-¡Pero por Dios! ¿Qué es esta algarabía?- exclamó a sus espaldas la voz de Tomoyo, que se apresuró a llegar donde estaban ellos una vez que vio la cantidad de gente reunida. Sakura se giró hacia ella, mostrándose un tanto apenada.
-Li estaba un poco aburrido, así que lo presenté a estas personas ya que seguramente habían escuchado hablar de él- explicó. Tomoyo sonrió, admirada.
-Oh, Sakura, debe de estar feliz. Un artista siempre le gusta recibir buenos comentarios de sus obras- declaró, mirándola con los ojos resplandecientes. Sakura rio algo nerviosa mientras una gota caía furtivamente por la parte posterior de su cabeza. Eriol, que tampoco había tardado en llegar donde estaban ellas, también rio ante el comentario y, aprovechando la breve distracción de Tomoyo, musitó:
-Tal vez con esto logre pasar un buen Año Nuevo, sin recordar a Meiling. Bien hecho.
Y la joven viró de nuevo el rostro hacia Syaoran, viendo como le explicaba a la Señora Nobu acerca de la simbología grabada en cada una de sus historias. ¿Era él feliz? Deseaba de corazón que sí. Syaoran era un hombre taciturno, inclusive tímido y quizás algo impaciente e irascible. Pero también era atento con los de su entorno, amable si se lo proponía, y un buen amigo. O al menos eso había podido constatar en lo poco que lo llevaba conociendo.
Merecía vivir una buena vida, aún sin Meiling. Y era necesario recordarle que, mucho antes de conocerla, había logrado escribir historias sin problema alguno.
Las horas fueron transcurriendo, así como la fiesta. Los invitados cenaron, bailaron y charlaron entre sí, gozando del momento y aprovechando los últimos instantes del Año que pronto partiría. Sakura se sintió muy bien en esa fiesta, como una mujer bella y fresca que se muestra tal cual es al mundo… ¿De eso trataba el "Amor Propio"? Tal vez. Fue a tomar más ponche en compañía de Tomoyo, conservando ambas la sobriedad en medio de la conversación.
-Recibí anoche una carta de Chiharu- comentó Tomoyo. Sakura se tornó sorprendida y se apresuró a terminar de beber el ponche para responderle, mostrando su emoción.
-¡Pero esa es una gran noticia, Tomoyo! ¿Y qué te dijo?- inquirió, ansiosa por saber acerca de su amiga de infancia. La joven Daidouji rio mientras posaba un rebelde mechón de cabello tras su oreja.
-Vendrá de paso a acá junto con Yamazaki y desea que nos reunamos, como en los viejos tiempos- le informó. Ambas empezaron a caminar hacia el balcón con el propósito de poder hablar más tranquilamente.
-¡Claro que me encantaría verla! Oh, es genial, ha pasado tanto tiempo… me pregunto si Chiharu conserva aún el mismo peinado- comentó la castaña llevando una mano al mentón, pensativa, mientras recordaba con claridad las curiosas trenzas que siempre solía llevar su amiga a la escuela y que atesoró hasta casarse con Yamazaki. Tomoyo asintió tras liberar una pequeña carcajada.
-Yo me pregunto si Yamazaki ya aprendió a decir la verdad.
Pequeños e inofensivos copos de nieve empezaron a caer con delicadeza desde el cielo hasta entrar en contacto con el paisaje blanco que vestía a la tierra para ese entonces. Ésta parecía dormir bajo ese lecho helado, esperando pacientemente la llegada de la primavera para que el sol volvieses a besarle suavemente con sus cálidos rayos. La noche era fría, a diferencia del interior de la mansión que desprendía el calor de una fiesta. Ambas muchachas desprendían de sus bocas algo de vapor por cada nueva palabra pronunciada; y Sakura, más sensible a esos cambios de temperatura, se abrazó a si misma mientras observaba la panorámica que el balcón le otorgaba.
-O si ya aprendió a caminar con los ojos abiertos…- susurró la castaña con la vista perdida. Tomoyo suspiró, mientras le dedicaba una mirada llena de ternura.
-Lo descubriremos en un mes, cuando vengan a visitarnos- dijo la morena con su voz cantarina a lo que Sakura asintió, sin evitar sonreír.
Habían cosas que no cambiaban, volviendo eterno el pasado… pero habían otras que se perdían con mucha facilidad, enseñándonos a atesorarlo.
-Señorita Tomoyo- una de las sirvientas se asomó tímidamente por la entrada del balcón para luego hacer una pronunciada reverencia en dirección a la diseñadora:- El Señor Tanaka solicita su presencia. Dice que desea comunicarle algo.
Tomoyo le sonrió blandamente, tras asentir con su cabeza. Era una mujer muy amable, aún con sus criados, cosa que provocaba en muchas personas admiración, así como en otras, reprobación.
-Claro, Tori. Indícame donde se encuentra, por favor.
-Sí, señora.
Y se fueron, dejando a Sakura sola con sus pensamientos. Pero aquello no le molestó, de hecho le resultaba agradable estar así, en esa curiosa atmósfera de paz que había decidido darle la Madre Naturaleza aquella noche. Intentó contar los copos de nieve, las ramas desnudas de los árboles, las estrellas poco visibles en el cielo y el reflejo atenuado de una luna tras las nubes.
Escuchó de la lejanía el cómo alguien informaba que faltaban diez minutos para que llegase el Año Nuevo y, sin proponérselo, pensó en Hien. El reloj pronto marcaría las doce y él ya no estaría ahí para celebrar ese acontecimiento, a pesar de que el tiempo siguiera su transcurso aún ajeno a todo lo demás.
Sakura siempre fue una niña alegre, que se hacía destacar por su entusiasmo para hacer las cosas, pero sobre todo por su facilidad al imaginar mundos paralelos llenos de magia. Eso lo reflejaban las breves historias que escribía, así como los poemas que jamás llegaron a salir a la luz. Sin embargo, el mundo le hizo saber de la peor manera que la realidad era otra totalmente opuesta a esos mundos utópicos que solía pintar en su cabeza; y que si quería sobrevivir en ella, debía adaptarse al pensamiento de los demás. Pero, ¿en verdad estaba eso bien? El soñar no le ayudaría a revivir a Hien… pero muy en el fondo no deseaba admitir que lo había perdido para siempre, porque eso la terminaría de sumir en un fuerte estado depresivo. Sentía que estaba siendo egoísta en ese momento, y deseó durante unos instantes el poder arrancarse el corazón para no poder sentir nunca más. Pero ese órgano seguía latiendo bajo la fachada que mostraba y era algo que no podía evitar: al cabo, era eso lo que la hacía humana y le brindaba vitalidad.
-Kinomoto- llamó una voz a sus espaldas. Sakura dio un respingo y levantó la cabeza apresuradamente a causa del sobresalto, para luego desviarla hacia atrás en busca de quien la había llamado.
-¡Li! Me… me asustaste- contestó de forma atropellada, llevándose una mano al corazón. Syaoran permanecía serio, con los brazos a los costados y el porte altivo, mientras la miraba de forma penetrante sus ojos o, más exactamente, las lágrimas furtivas que amenazaban con salir de estos. Frunció las pobladas cejas mientras se preguntaba qué pudo haber ocasionado pesar en la joven, cosa que le brindó a su rostro un aire de enfado. Sakura, intimidada por esto último, subió ambas manos hacia su pecho.
-¿Estás bien?- preguntó él finalmente. Había decidido salir para tomar un poco de aire y, al verla ahí, quiso hablarle sobre lo que le habían preguntado las personas. Sin embargo, al notarla tan encorvada sobre sí misma (por un lado a causa del frío) y con un tenue aire alicaído, decidió preguntar qué tal estaba. Siendo sincero, para él Sakura no dejaba de ser una extraña, pero había descubierto que no era una mujer tan mala como al principio la había tildado y deseaba ayudarla en lo que pudiera. En parte por su hermano, y en parte por él mismo. Además ella acababa de arreglarle la noche, y anhelaba también poder transmitirle su agradecimiento de algún modo.
Sakura lo miró durante unos instantes, dubitativa, pero luego sonrió ligeramente mientras limpiaba con disimulo uno de sus ojos. No deseaba preocupar a nadie y mucho menos en esa noche.
Sin embargo, en esos instantes, el que Hien Li fuera idéntico a su hermano, Syaoran, no ayudaba mucho.
-Sí, tan sólo quería mirar un rato el paisaje- respondió con aparente calma. Él la siguió mirando con recelo, analizando sus movimientos, para después aflojar un poco la expresión de su rostro.
-No me mientas, por favor. Es evidente que algo más te perturba.
Los ojos esmeraldas de Sakura se abrieron de par en par ante aquella declaración, pero no fueron capaces de sostenerle la mirada. A pesar de todo, se mantuvo en la misma posición a la hora de responder.
-Claro que no. No hay ningún motivo en especial.
-Estabas pensando en Hien, ¿verdad?- inquirió Syaoran. La castaña se aventuró a mirarlo nuevamente y su sorpresa aumentó al ver como el aparentemente enfadado rostro de su vecino pasó a ser uno más sereno. Sin embargo, sus ojos ámbares reflejaban en aquél instante el caos que invadía su mente, llenándolo de turbulentos pensamientos con relación a su gemelo.
Era evidente que a él también le dolía tocar el tema, pero resultaba prioritario el ayudarla a ella a causa de la promesa que efectuó en memoria de su hermano, por lo que se dispuso a dejar de lado sus propias dolencias. Sakura bajó la cabeza, mientras viraba de nuevo el cuerpo en dirección al paisaje nevado.
Sentía el cuerpo tieso y tiritaba a causa del frío.
-Es el primer Año Nuevo que paso sin él… supongo que resulta natural el que lo extrañe.
-Extrañarlo no está mal, todos tenemos un alguien a quién extrañar. Eso es lo que lo hace un ser valioso y único para nosotros. Pero creo que él no desearía que estés triste… lo mejor es sonreír en su memoria y disfrutar por él, por los buenos tiempos que quedaron atrás y en los cuales él seguirá viviendo mientras nosotros lo permitamos- repuso mientras se ponía a su lado y curveaba ligeramente el cuerpo hacía el frente hasta apoyar los antebrazos sobre el barandal.
Sakura se mostró de nuevo sorprendida y quizás un poco desconcertada, pero luego sonrió denotando un poco de nostalgia y algo de afecto.
-Palabras sabias que sólo merecen respeto, dignas de un buen escritor – lo felicitó. Luego volvió a fijar la vista al frente mientras imitaba los movimientos de él y se apoyaba sobre el barandal. - ¿Sabes? Tu parecido con Hien es increíble, físicamente hablando. Por algo son gemelos, supongo. Sin embargo, sus personalidades difieren totalmente.
Syaoran escuchó en silencio mientras observaba como un copo de nieve descendía lentamente del cielo, recordando las noches de tormentas en las que él juraba proteger a Hien por ser el mayor a pesar de sentir también miedo. Lo que Sakura le estaba diciendo no era un secreto para nadie; su personalidad, a diferencia de su apariencia, era totalmente opuesta a la de Hien. Esperó a escuchar algo sobre lo amargado, solitario y aburrido que era él mientras que Hien era sociable, abierto y muy divertido, ya que era lo que estaba acostumbrado a escuchar; pero se llevó una extraña sorpresa al escuchar a Sakura, quien al parecer no opinaría como el resto del mundo.
-La belleza de cada persona radica en sus diferencias, ya que eso es lo que lo hace único en el mundo. Hien fue muy especial conmigo, no lo negaré… pero a veces se comportaba de forma muy distante. No era de esos que mostrasen afecto fácilmente y muy rara vez solía decirme cosas tiernas. Pero sé que llegó a quererme muchísimo a su modo, así como yo también lo quise y sigo queriendo con todo lo que tengo. Li, tú eres una persona algo cerrada a comparación de Hien… pero en el fondo eres alguien cálido, decidido y quizás fiel a sus principios- le miró mientras le dedicaba una suave sonrisa, delicada como ella en su totalidad- También paciente… perdóname por todo lo que te he hecho pasar… me he comportado como una adolescente caprichosa y así no deben de ser las cosas. Espero que por ello no te quedes con una mala imagen de mí.
Syaoran le devolvía la mirada con los ojos bien abiertos y las mejillas bastante ruborizadas, sin saber qué pensar realmente sobre lo que acababa de escuchar. Era la primera vez que oía tantos cumplidos dirigidos hacia él en una misma oración y ninguno relacionado a los libros que escribía. La verdad se sentía extraño, así como posiblemente abochornado por lo que desvió la cabeza fingiendo tener un poco de tos. No le parecía que ella fuese una mala persona. Bueno, sí, sus bajas de autoestima le habían importunado bastante, pero seguramente ella habría pensado lo mismo de él de verlo en el suelo de su casa borracho. Definitivamente ella no era como Meiling: Meiling le restaba importancia a lo que pensaban los demás de ella, así como pasaba por alto lo que ellos podían representar como individuos o inclusive sentir. Con lo que él acababa de escuchar de Kinomoto, veía algo difícil llevarse una imagen del todo mala de ella.
-Déjate de tonterías…- masculló, aparentando mucha concentración en el paisaje- Tú misma lo dijiste, la belleza radica en los factores que nos hacen diferentes a los demás. Sí, tienes defectos, pero también tienes muchas virtudes. Y es ese conjunto lo que hace que la gente te quiera, Kinomoto… si no lo crees, mira nada más a toda la gente que te saludó esta noche, o incluso a Eriol y a esa chica Daidouji.
-Li…
-No me llevaré una mala imagen de ti- y dicho esto frunció el ceño para mostrar seriedad frente el comentario, con el propósito de ocultar el vergonzoso rubor que aún seguía presente en sus mejillas. Él, por su oficio, sabía manejar bien las palabras, pero no dejaba de sentirse extraño con ello.
Sakura reflejaba estupor en su mirada tratando de digerir todo lo escuchado, pero luego dejó salir una suave y encantadora carcajada. Syaoran la miró de reojo, curioso por la reacción de ella, pero decidió esperar a que hablara. Además no pudo evitar notar lo adorable que lucía al reír, pero se recriminó de inmediato por aquél pensamiento. Sakura se sentía feliz y muy agradecida por las palabras del prosista. Lo sintió como un apoyo en ese momento duro, y como un amigo al que se le pueda confiar algo. El se portó como un compañero fiel, que siempre busca aconsejar.
-¡Nueve! ¡Ocho! ¡Siete! ¡Seis!- empezaron a entonar en coro los invitados, todos atentos a la cuenta regresiva. Se mostraban muy entusiasmados:- ¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos! ¡UNO! ... ¡ FELIZ AÑO NUEVOOOOOOO!
La pólvora empezó a resonar en el horizonte, mientras unos a otros se buscaban para felicitarse por medio de abrazos y brindis. Había empezado un nuevo año, un nuevo comienzo, una nueva oportunidad para hacer las cosas bien. Syaoran se puso en pie con una tenue sonrisa dibujada en el rostro y se viró hacia su vecina para desearle un Feliz Año Nuevo; pero no previno el que ella se acercase antes a él y le propinase un fuerte abrazo, en un acto lleno de confianza. Ella sonreía serenamente, mientras él permanecía estático sin saber del todo como reaccionar ante aquello.
-Feliz Año Nuevo, Li. Gracias por todo- dijo Sakura con inocencia y agradecimiento. Syaoran relajó sus músculos y también sonrió levemente al agachar la cabeza para mirar la coronilla de ella apoyada contra su pecho; comprendió que la joven tan sólo estaba siendo ella misma y le demostraba cuán importantes fueron sus palabras para ella. Definitivamente, no tenía remedio.
-Descuida, Feliz Año Nuevo- contestó, posando ambas manos sobre sus hombros.
No tardaron en ir con la multitud a desearles también un feliz y próspero año nuevo, el cual festejaron por una par de horas más. Al final de la fiesta se fueron cada uno a su hogar, y Sakura no se opuso en volver junto con Li a su departamento. Se sentía fresca y feliz, aquella había sido una gran noche. Y Syaoran, al verla así, también se sintió bien y bastante ligero, pensado que Hien seguramente estaría tranquilo de saber que ella había disfrutado del momento. Y justo antes de llegar a su casa, consideró la muy, muy remota posibilidad de hacer de su próximo libro el relato de un amor imposible, en el cual James no podría reprimir la atracción que sentía hacia la linda Fiore.
