¡Hola, hola, hola! Muchas gracias por los reviews y por seguir la lectura. De verdad, es importante para mi, puesto que es una historia que prosigo con bastante cariño. Bueno, ya entrando un poco más en la historia, sólo me resta dedicar esta historia a todos los amantes de esta maravillosa pareja (y lectores de este fic, por supuesto xD). Y, así mismo, en los que creen en la magia de un buen libro ;) , en el maravilloso poder de las palabras y, ¿Por qué no? En el lirismo del amor (¡Salud por eso! Jaja xD )

Sin más, les deseo un buen viaje n_n

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Capítulo 7: Desapego. La vida sigue.

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Era un día bastante tranquilo en aquél lugar, mientras los infantes aprovechaban lo que quedaba del invierno para salir a jugar en la nieve. Ese día Tomoyo se veía especialmente hermosa, con sus ropas calurosas y el sutil rubor cubriendo sus mejillas pálidas a causa del frío. Sin embargo, permanecía tranquila, con la vista en alto mientras llevaba sujeto en su mano derecha un papel.

Estaba esperando a alguien.

-Tomoyo… Tomoyo- llamó Eriol a su lado en un intento de atraer la atención de la diseñadora, pero fue en vano al estar ésta demasiado ensimismada en sus propios pensamientos. Por lo tanto decidió a sacudirla por el hombro con la mayor suavidad que pudo- Tomoyo, ¿Estás bien?

Y fue entonces que la aludida dio un respingo, demostrando que había vuelto a poner los pies sobre la tierra. Avergonzada, le sonrió.

-Lo siento, me distraje- musitó, para luego desviar la vista hacia el final de una calle. Le resultaba agradable estar con él ahí así fuese en medio del silencio, del mismo modo que también era consciente de la mirada de él clavada sobre su nuca. Era por eso que miraba hacia un lado totalmente opuesto, en su extraña voluntad de querer mantener esa paz- Ya se han tardado.

-Sí, bastante.

-¿Sabes Eriol? Siempre me he preguntado el cómo, siendo tú inglés, dominas tan bien el japonés- y después de tanto tiempo se atrevió a clavar los ojos amatistas en los orbes grises de él. Eriol pareció sorprendido con aquella pregunta, para después soltar una carcajada, sintiéndose enternecido por la expresión dibujada en el rostro ella.

-No depende de la nacionalidad el que hables de una forma u otra. Sí, tal vez el acento influye, pero también puede ser fácilmente camuflado. Yo diría que, quizás, depende de la persona- respondió, a lo que ella se tornó momentáneamente pensativa.

-Ya veo… es similar a un talento- murmuró, llevando una mano a su mentón.

-¿Un talento? No, por supuesto que no.

-Sí, sí lo es. No todos podemos hacer eso ya que, como tú dices, el acento natal influye demasiado.

-Aún así, no creo que…

-Por favor, no seas modesto, Eriol. Aquél puede ser un talento en ti, cosa que no sería rara: eres una persona muy creativa- y dicho esto se viró hacia el muchacho, tan sólo para dedicarle una nueva sonrisa. Él parpadeó repetidas veces tras esos anteojos de montura redonda sin saber del todo que expresión mostrar. Finalmente, optó por sonreír apenado.

-Talento es el que tienes tú con la voz. Lo mío es cuestión de practica- manifestó encogido de hombros, a lo que Tomoyo dejó libre una pequeña risa silenciosa.

-¿Recuerdas esa Navidad en la que tú tocaste el piano? Yo canté contigo ese día. Sonó bastante bien, deberíamos repetir eso.

-Si…- y guardaron silencio. ¿Cómo podría él olvidar ese día? Fue el comienzo de todo, o al menos referente a sus sentimientos por Tomoyo; cuando pudo charlar largo rato con ella mientras esperaban la llegada de los demás, dónde él quiso mostrarle después una canción en el piano la cual daba la casualidad de que ella conocía, formando así un pequeño dúo hasta que los demás invitados hicieron acto de presencia. Ya se sentía atraído por su belleza e inteligencia, pero en ése instante lo que lo terminó de flechar fue su voz, a la que desde entonces comparaba con la de los ángeles.

La miró de reojo lamentando el no poder hacerle saber sobre sus sentimientos; pero al final pensó que quizás era lo mejor, para así no dañar tan bella amistad con ridiculeces. Sí, era preferible eso.

-¡Eriol! ¡Tomoyo!- gritó una voz femenina a lo lejos, provocando que ambos se viraran a ver su origen. Se trataba de Sakura que intentaba abrirse paso entre la nieve, seguida un poco más atrás por Syaoran, quién había decidido caminar a su ritmo.

Los dos no tardaron en llegar donde sus amigos, en que fueron recibidos por abiertas sonrisas o, en el caso de Sakura, un abrazo de parte de Tomoyo.

-¡Oh, amiga! ¡Te ves adorable con las mejillas enrojecidas por el invierno, ojalá pudiera plasmarlo en una cámara!- exclamó la Daidouji con los ojos brillantes mientras se aferraba a ella, rememorando de manera fugaz el entonces que solía grabar a su mejor amiga durante cada nueva hazaña de ésta. Sakura sonrió un tanto avergonzada, más no dijo nada al respecto.

-Se retrasaron- comentó Eriol, observando como Sakura aflojaba el agarre para mirarlo a él con el ceño algo fruncido, dándole un aire levemente infantil.

-Hubiéramos llegado antes si el terco de Syaoran se hubiera dejado abrigar más.

-Ya te dije que estoy bien, no necesito de eso.

-¡Te estás reponiendo de un resfriado!- pero, más que enojada, Sakura solo pudo denotar preocupación, razón por la cual Syaoran se hizo el desentendido al concentrar su vista en un niño que acababa de pasar por ahí. Fue entonces que Tomoyo se aproximó al escritor, un tanto sorprendida al respecto.

-Vaya, Li… ¿Qué lo trae por acá?- preguntó. Syaoran se ruborizó, aún con la mirada desviada, y no precisamente por el frío del momento. Sin embargo, solo Eriol pareció percatarse de eso.

-Sakura insistió…- se limitó a contestar, recibiendo una sonrisa de parte de Tomoyo quién al parecer supo leer también sus expresiones. Era una mujer muy observadora.

-Veo que se han vuelto muy unidos, eso es bueno- y Sakura asintió con la cabeza, también bastante animada.

Eriol, aprovechando el breve instante de privacidad con su mejor amigo que le otorgó la charla entre las chicas, se aproximó también hacia Syaoran con una sonrisa socarrona dibujada en el rostro. El último, presintiendo lo que se avecinada, gruñó por lo bajo.

-Ya se llaman por el nombre… ¡Vaya que ha sido un buen progreso!

-No fastidies, Eriol. Sakura y yo somos amigos, no hay nada de malo que nos tratemos cómo tal.

-Nadie ha dicho lo contrario- susurró el inglés, soltando una de sus sonrisas enigmáticas. Syaoran no consiguió reprimir un quejido, ¿Cómo rayos había terminado ahí? Sólo recordaba que su vecina le insistió sobre la salida ya que quería presentarle a alguien y él, ya que no tenía nada más que hacer, accedió. Luego empezó la disputa porque él no quiso abrigarse lo suficiente y el resto… ya era historia.

-Lo sé…- musitó finalmente el joven Li, tras soltar un suspiro pesado. Su mejor amigo constató como los ojos ámbares reflejaban más incertidumbre que habitualmente y, por si fuera poco parecía también algo enojado.

-Syaoran, ¿Estás bien? Oye, tampoco fue para tanto, sabes que solo fue un coment…

-No se trata del comentario, Eriol- interrumpió, sorprendiendo al otro en el acto.

-¿Ah, no? ¿Entonces?- cuestionó, rebosante de curiosidad. Para más desconcierto suyo, el semblante molesto de Syaoran pasó a ser uno de congoja mientras seguía con la vista fija en un niño que correteaba por ahí, sin verlo realmente. No sabía cómo decirlo sin que dejara de sonar tan ajeno y extraño.

-También nos demoramos por que la estaba ayudando a empacar sus cosas- Eriol pareció no entender, por lo que Syaoran debió tomarse la molestia de extenderse en su explicación:- Las tuberías ya están reparadas. Ésta noche Sakura podrá volver a su domicilio.

-¡Pero eso es grandioso! ¡Ya podrán volver a…!- y ésta vez fue él mismo quien se interrumpió al ver a su amigo quien, por su expresión, no le fue difícil adivinar qué pasaba por su mente- Vas a extrañarla, ¿cierto?

-No lo sé...- Eriol suspiró, para después acercarse al muchacho y así pasarle el brazo por los hombros en un gesto cálido y comprensivo. Quería darle a entender, de alguna forma u otra, que no estaba sólo.

-Has sufrido muchas pérdidas en tan poco tiempo… primero Meiling, después Hien… es natural que reacciones de esa forma ante la mínima señal de abandono. Pero no te preocupes, vive al frente tuyo, podrás verla de seguido. Además, si la miras bien, notarás que está un poco más abierta y feliz que antes…- señaló a Sakura, quién reía a carcajadas por un comentario que acababa de soltar Tomoyo. Eriol sonrió a su vez- y eso, amigo mío, en verdad que no tiene precio.

Syaoran la miró en silencio, notando efectivamente lo bien que se sentía ella y llegó a experimentar algo de rabia contra sí mismo. ¡No podía ser así de egoísta! ¡Él estaba ahí para ayudarle, no para amargarle el momento! Además que ya habían avanzado bastante con su relación, pasaron de ser meros extraños a tratarse como amigos, y eso ya era lo suficientemente notorio.

Eriol intentó integrarse a la conversación de las chicas mientras Syaoran permanecía aún sumergido en su propio mundo, hasta que un grito femenino atrajo la atención de todos. A lo lejos, una muy abrigada muchacha de cabello castaño sujeto por trenzas los saludaba con una sonrisa en rostro, mientras a su lado se encontraba un sujeto de cabello oscuro y ojos cerrados. También parecía contento de estar ahí.

-¡MUCHACHOS!- gritó la chica, radiante.

Tanto Sakura como Eriol y Tomoyo viraron el rostro y sonrieron abiertamente al ver de quiénes se trataban. Los ojos de Sakura se humedecieron y, sin querer contener más esa inmensa alegría, salió corriendo en su dirección. La muchacha de las trenzas hizo exactamente lo mismo.

-¡Chiharu!- exclamó la joven Kinomoto, propinándole un fuerte abrazo cuando la hubo alcanzado. Ella lo recibió gustosa, y palmeó un par de veces la espalda de su amiga.

-Cuanto tiempo…- respondió Chiharu separándose de ella mientras también intentaba contener las lágrimas de emoción. Lo que si no se molestó en reprimir fue la inmensa sonrisa- ¡Sakura, mírate! Me encanta el corte que tienes… siento que retrocedo unos quince años en el pasado.

Sakura asintió con la cabeza, mientras sentía como Tomoyo y Eriol se aproximaban a ellas.

-Tú también estás bellísima, Chiharu. Definitivamente te ha sentado bien el matrimonio.

-¡Chiharu!

-¡Tomoyo!- y ésta vez fue la joven Daidouji la que recibió un abrazo lleno de emoción. El momento era muy enternecedor, y muchos recuerdos inmortales arribaron sus mentes una vez más- Tú si no cambias, definitivamente.

-Permíteme decirte lo mismo, amiga- y tras soltar unas pequeñas carcajadas al respecto, Chiharu notó la presencia de Eriol, a quien tampoco tardó en ir a abrazar. De alguna forma u otra, aunque nunca fueron tan cercanos, también llegó a extrañarlo a él. Y a él le agradaba el tenerlos a ambos entre ellos una vez más.

-Ay, Hiraguizawa, y tú no puedes faltar.

-Es bueno tenerlos aquí.

Syaoran se dedicó a mirarlos a todos en silencio mientras pasaba la ola de saludos hasta que sintió una mirada clavada en su nuca. Sin embargo, al girar la cabeza para ver de quién se trataba sólo encontró al esposo de la amiga de los demás quién, a pesar de tener los ojos aún cerrados, lo "veía" con una sonrisa de oreja a oreja, como si supiera algo que él mismo ignoraba. Incómodo, Syaoran volvió a concentrarse en la breve charla que sostenían Eriol y Chiharu hasta que una mano se posó sobre su hombro, provocando que volviera a dirigir los ojos hacia el muchacho de cabellos oscuros. El escritor frunció el ceño con enfado: la sonrisa de ese sujeto empezaba a ponerlo nervioso.

-¿Se te ofrece algo?- preguntó con fastidio, a lo que el extraño individuo lo soltó para luego señalarlo con el dedo índice, como si acabara de descubrirlo en medio de una travesura.

-Tú no eres Hien- fue todo lo que dijo, con un tono de voz animado y casual.

-Qué observador…- farfulló Syaoran con sarcasmo tras enarcar una ceja y dirigir la vista hacia otro lado, en un gesto indiferente.

Era evidente que al haber sostenido una relación amorosa por diez años, Hien también llegó a conocer a los amigos de Sakura y, por lo tanto, también las respectivas personalidades de cada uno. Fue ahí que empezó a sentir que no encajaba en ése lugar y que quién debería estar en ese reencuentro debía ser su hermano y no él. El sujeto de ojos cerrados tenía toda la razón, él no era Hien, nunca lo sería. Y todo quedó más que evidente al momento que Chiharu se viró hacia él, seguramente para saludarlo con jovialidad, hasta que pareció recordar algo deteniéndose así en seco… mirándolo con una expresión cargada de sorpresa y desconcierto.

¿Había también notado que él no era Hien? ¿Llegó a considerar que, incluso tras ese fatal accidente, aún permanecía en pie el que llegó a ser el prometido de Sakura? ¿O simplemente que se trataba de un fantasma que aún no había podido descansar en paz?

-Tú…- comenzó a decir la amiga de Sakura; hasta que ésta última, en medio de su inocencia, intervino con una gran sonrisa dibujada en rostro.

-Oh, se me olvidaba. Chiharu, Yamazaki, les presento a Syaoran Li- los presentó con mucha calma, ignorante de la telaraña de pensamientos que acababa de hilarse con mucha velocidad. Syaoran sólo se limitó a estirar la mano a modo de presentación, murmurando un leve pero audible "Mucho gusto".

Chiharu pareció más aliviada al saber el nombre de él y lo demostró al soltar un suspiro de alivio, pero no por ello dejaba de mostrarse prevenida al respecto. Syaoran supuso que aquello era normal, por lo que decidió permanecer en silencio y más bien servir tan sólo como espectador de todo lo que ocurría. Lo cierto era que no quería hablar con nadie. En primer lugar porque nunca fue de esas personas francamente elocuente, pese a su condición de escritor. De hecho, tal y como había afirmado Eriol, y debía haberlo notado la misma Sakura, era un muchacho muy tímido. Uno que siempre se vio opacado por la apertura de su hermano Hien a la hora de interactuar con las demás personas. Guardó silencio, mostrándose abatido en cierta medida, pero dio un respingo al sentir como el muchacho, Yamazaki, apuntaba de nuevo a su rostro, con una sonrisa abierta plasmada en su rostro.

-¿Sabes por qué los gorilas rosados del ártico emigraron al centro de Europa?

-¿Qué?- Syaoran parpadeó, sintiéndose algo perdido en la conversación. La misma Sakura, que escuchaba la conversación, lo miró con un interés no tan vago.

-¿Habían gorilas rosados en el ártico?- Y mostrando toda la sapiencia respecto al tema, Yamazaki asintió con la cabeza, alzando el dedo índice, mientras formulaba una explicación de manera profesional.

-En efecto, Sakura. Porque fueron gorilas de aquí de Asia que, junto con los mongoles, emigraron a las tierras del norte. Esos gorilas para sobrevivir solían comerse la comida de los flamingos rosados de río, por lo que poco a poco su pelaje empezó a tornarse rosado como el de estas aves, haciéndolos fácil de casar en medio de la nieve, levándolos casi a la extinción- Yamazaki, conforme hablaba, se iba tornando más serio, y así mismo luciendo más profesional, como si estuviese exponiendo el resultado de varios años de arduo estudio. Y, siempre sedienta de conocimiento, Sakura se dejó llevar, parpadeando repetidas veces. Sus ojos verdes brillaron, ilusionados, movida por el interés.

Notando ese último detalle, Tomoyo la miró con vaga sorpresa y codeó las costillas de Eriol, señalándola con disimulo. El aludido, por inercia, soltó un quejido cortés frente a ese "ataque". Pero al dirigir su vista a donde apuntaba la joven diseñadora, no pudo evitar lucir igual de desconcertado y sorprendido: Sakura sonreía. Sakura mostraba una mínima parte de curiosidad infantil. Esa curiosidad que, desde muy niña, la llevó siempre a buscar la magia en juegos y en libros. Una magia que, con los años, fue perdiendo. Y que pensaron que había desaparecido por completo luego de ese terrible estado de depresión en el que entró la joven durante los meses posteriores. Aquél era un brillo en sus ojos que, por muy sutil que resultase, por muy ínfimo que pudiese ser, hacía brillar su mirada y, por consiguiente, la hacía brillar a ella. En tanto como amiga, la joven Daidouji quiso llorar de emoción, sonriendo, sintiendo sinceramente feliz de ver como poco a poco iban recuperando a esa niña que solía permanecer con ellos en el pasado. Aunque una parte de sí se preguntaba qué la estaba llevando a tocar esa naturaleza olvidada…

-¿Y se extinguieron?- increíblemente, el que preguntó aquello fue Syaoran quien, al lado de Sakura, miraba al joven Yamazaki de la misma forma, con el mismo grado de credulidad de un niño, con los mismos ojos impregnados de curiosidad, pese a la natural sobriedad que desprendía su rostro. Pero no había que olvidar que pese a sus apariencias, él no dejaba de ser escritor. No dejaba de ser una persona joven que se aferraba con alma y uñas a todo lo que pudiese representar la ficción o fantasía, para desangrar esas ideas hasta vestirlas en hechos en un papel.

-Casi. Pero una pequeña manada logró escapar a Europa. Las hembras de esa especie tienen la fortuna de aumentar su fuerza y resistencia cuando están a la espera de sus crías. Por eso de digo a Chiharu que anda muy irascible por esta época, dadas las circunstancias con su fertilidad… - sin embargo, antes de siquiera conseguir terminar las frase, dos manos cubiertas por guantes se cerraron alrededor de su cuello y empezaron a agitarlo de manera violenta, cortándole la respiración. Chiharu yacía roja, enfadada, agitada.

-¡Deja de ser tan imbécil, Yamazaki, y de decir mentiras! ¡Arruinaste la sorpresa!

Sakura se afanó ante eso, a pesar de estar casi que habituada a ese tipo de circunstancia entre ellos dos. Pero Tomoyo, por su parte, se cubrió la boca, ahogando una honda exclamación. Syaoran, quien acababa de volver a la realidad, mostrando una cara de educado desconcierto, sólo se limitó a guardar silencio frente tan extraña relación que manejaban los amigos de Sakura y Eriol. Por suerte, fue Tomoyo la que intervino para interrumpir tan "dramática" escena.

-¡Chiharu! No me digas que…- Empezó a decir. La aludida se ruborizó, soltando a Yamazaki, llevando una mano a su mejilla mientras sonreía. Tomoyo entendió. Ella siempre entendía todo de buenas a primeras, por lo que, más feliz aún, ahogó otra exclamación.

-Así es…

-¡Oh, felicidades, amiga!- dijo la diseñadora, abrazándola fuertemente, estrechándola entre sus brazos impregnados de regocijo. Sakura pareció extrañada, perdida, hasta que sintió una mano sobre su hombro. Eriol, caballeroso y siempre atento, le sonrió con vehemencia.

-Ve felicítalos. Tus amigos están esperando un hijo.

Sakura recibió esa noticia con asombro e, incrédula, miró a Chiharu riendo en brazos de Tomoyo. Una parte de ella se sintió muy feliz, no lo negaría. Pero… otra parte no pudo evitar sentir una punzada de rabia distante. Una punzada latente que le hacía recobrar el recuerdo de años atrás, cuando ella misma se quedaba durante largo rato hablando con Chiharu, y planteando la idea de poder formar una familia, ella con Yamazaki, por supuesto, y Sakura con Hien. Una idea más distante que nunca, puesto que ahora, para ella, ya no se podría cumplir. Sintió un nudo en la garganta y un peso moral terrible, pues sabía que estaba siendo egoísta para con Chiharu. Sabía que como amiga no debía envidiarla por algo así sino, por el contrario, sentirse muy feliz por ella. Pero no podía. No le nacía. Y todo fue más duro para el momento que Chiharu le sonrió, esperando algún comentario al respecto. Se sintió peor. Por lo que de manera endeble y forzada le sonrió, queriendo ante todo mostrar ese lado de sí que sí se sentía feliz por ella. Ese lado que no añoraba del todo su posición.

-Felicidades amiga- Dijo de una manera casi convincente. Chiharu le sonrió, ella sí radiante, y fue a abrazar a la joven, cuyos ojos, en un parpadeo, volvieron a lucir distantes y apagados. Un cambio que, para entonces, sólo Syaoran pudo notar, pues era el único que no se había dejado llevar por el furor de la notica. Y entonces, en un flash que llegó a su mente de forma más ligera que un suspiro entendió la situación: Ella estaba triste porque ella soñaba con tener una familia con Hien. Algo que él, siendo Syaoran, jamás pensó con Meiling. Tragó pesado, componiendo una mueca de incomodidad. No supo a toda costa que lo llevó a eso. Pero sí era cierto que la sola idea de pensar que Sakura aún pensaba en ese tipo de cosas con el recuerdo de su hermano le inquietaba un poco, así como le indignaba, pues sentía que ese esfuerzo que el tanto había hecho desde hacía semanas por alzarle el ánimo no le había servido mucho.

Suspiró una vez que Sakura se hubo separado de Chiharu.

-Oye- la llamó, viéndola de manera fija, con las manos en los bolsillos de su abrigo:- ¿Me acompañarías por un café?- La joven le devolvió la mirada con vehemencia, y asintió, yendo a donde él estaba. Syaoran tenía esa ventaja a su favor. Luego de haber pasado por una gripa, ella difícilmente le diría que no a la idea de estar con él.

Cuando emprendieron marcha, guardaron silencio los primeros minutos, en lo que se alejaban del grupo, buscando alguna panadería cercana que estuviese abierta para esa fecha. Normalmente lo estaban, ya que por el clima, era perfecta para vender comida y bebidas calientes. Sakura notó la seriedad de su amigo, al mirarlo por el rabillo del ojo, pero prefirió no preguntarle nada al respecto. Siguió pensando en Chiharu y, por unos instantes, la idea de un hijo se atravesó por su cabeza, haciéndola soltar un largo y sonoro suspiro. Alzó la vista, mirando al cielo, que se veía especialmente blanco grisáceo ese día de enero, y se dejó llevar por el lento andar de las nubes, hasta que una voz externa la sacó de sus pensamientos. Una voz masculina que, sin miramientos, la haló de nuevo a la realidad.

-¿Piensas en Hien, verdad?- aunque fue camuflado en forma de pregunta, la verdadera intensión de la frase era una afirmación. Syaoran lucía tranquilo. Su semblante era desenfadado, y sus ojos ámbares miraban al frente, en busca de una panadería.

La joven de cabellos pardos se detuvo, mirándolo con un dejo de asombro reflejado en sus inmensos ojos almendrados. Y la comisura de su boca se crispó, componiendo una mueca indescifrable.

-Lo siento…-se excusó en un murmullo apenas audible, llevando un corto mechón de cabello tras su oreja:- estaba recordando algo, a veces empiezo a pensar más de la cuenta.

Syaoran sólo no respondió al instante. El frío era al intenso en ese momento. Él, que no acostumbraba a sentirlo demasiado, empezaba a experimentar como sus músculos se engarrotaban contra los huesos, que dolían. La quijada tensa, la nariz fría y ligeramente roja aún. Pero ciertamente, si no le respondió, era porque en ese instante él mismo tenía un montón de preguntas en su cabeza. Una confusión no evidente con respecto a Sakura y a su hermano Hien. Él mismo tragó pesado y viró el rostro hacia ella nuevamente, para encontrarse con su verde mirada.

-¿Hasta ese punto lo quisiste?

"¿Qué rayos…?" ok. Bueno. No. Esa pregunta no debió salir. Hasta el mismo parpadeó repetidas veces al lucir ligeramente desconcertado. ¿Por qué salió esa pregunta cuando lo que quiso decir realmente fue un "No tienes porqué disculparte"?

Sakura, por su parte, se sintió expuesta y, por sobre todo, avergonzada. Las mejillas empezaron a arderle, más allá del frío y, esquiva, viró el rostro hacia un lado, observando lo que quedaba de nieve.

-Pues…es natural ¿No?- contestó en un murmullo quedo ella, al recordar con nostalgia las veces que veía películas con Hien, y como se divertían al pronunciar nombres de bebés. Y aunque nunca supieron qué nombre ponerle al niño, tenían la certeza que la niña se llamaría Nadeshiko, como la madre de ella:- tuvimos casi diez años de convivencia, y planeábamos un futuro, juntos…

"Un futuro…" se repitió Syaoran mientras la seguía mirando con detenimiento. Y pese a estarla escuchando, no podía evitar pasar distraídamente la mirada por el rostro de ella, como el escritor que a fin de cuentas era. Era una peculiar costumbre que tenía: el describir todo lo que lo rodeaba en su mente, sobre todo si eso le fascinaba. Esperen. ¿Fascinar? Mecánicamente abrió aún más sus ojos ámbares y apartó la vista, ruborizándose de golpe. Tanto así que, de haber caído nieve o lluvia sobre su rostro, esta se habría evaporado. Retrocedió un paso, cosa que no pasó en absoluto desapercibida para Sakura.

-Syaoran, ¿Estás bien?- avanzó para tocar su frente, a lo que él, de inmediato, retrocedió un paso, aun rojo, sin mirarla. Sakura parpadeó un par de veces, extrañada, y volvió a avanzar, pero el volvió a retroceder:- ¿Qué pasa?

-Estoy bien- le alegó el joven Li, esforzándose por no mirarla, mientras en su mente se repetía una y otra vez "Piel suave y acariciante, labios finos, como tiernas pinceladas. Atrayentes, jugosos, y exquisitos a la hora de ser observados componiendo tan perfecta sonrisa. Ojos verdes que sonríen con su boca. Rostro delgado, pero redondeado, y enmarcado por cabellos cortos que sólo podían adorarla…" Carajo. Eso no era normal.

-Syaoran…

-¡Qué estoy bien!- exclamó de vuelta, pero al hacerlo tropezó y calló de bruces contra el suelo mojado. Sakura apretó los labios, reprimiendo una carcajada, y se acercó a él, arrodillándose a su lado, para ayudarlo a incorporarse.

-Pon atención, ¿Quieres?- le dijo, haciendo un gran esfuerzo por sonar seria, pese a notarse en la comisura temblorosa de sus labios que quería reírse. Syaoran notó eso, al fruncir ligeramente el ceño y, sin más remedio, rodó los ojos.

-Vale, ríete- le dijo. Y ella, ya sin contenerse, soltó una abierta carcajada. Una carcajada que la sacó durante un intervalo de tiempo de los pensamientos referentes a Hien o a su pasado. Una risa abierta y encantadora pero, sobre todo, contagiosa. Al cabo de unos pocos segundos, de tanto mirarla, él mismo suavizó su expresión, soltando una risa discreta y baja.

Era una situación inverosímil, no lo negaría. Pero tampoco podía negar lo que le platicó a Eriol instantes atrás: se había empezado a encariñar con esa muchacha, con su sonrisa, con el aroma de su comida en la mañana y sus "buenas noches" antes de dormir. Mientras paraba de reír Sakura, con ojos resplandecientes, le tendió una mano para ayudarlo a incorporarse y, al tomarla, fue que Li suspiró soltando una bocanada de vapor de entre sus labios abiertos y ligeramente curtidos por el frío. Y su mirada, tan intensa como la miel, pareció congelarse en una fracción de segundo, cosa que tampoco pasó desapercibida por los observadores ojos de la joven Kinomoto, quien lo miró con cierta seriedad, preocupada por su expresión vaga.

-¿Qué sucede? Has estado raro desde hace rato… ¿Te sientes mal? ¿Quieres que vayamos a casa?

-¿Lo extrañas mucho, Sakura?...

-¿Ah?

-A Hien- repuso Syaoran, sin titubeos. Aunque su mirada turbia delató que a él también le dolía tocar el tema. Sakura suavizó la mirada al notarlo, al ver lo afligido que lucía al respecto y, de ipso facto, se sintió como una persona ligeramente egoísta. Si, Syaoran había sido muy atento en el transcurso de esos meses, y la animaba con respecto a Hien pero…en medio de todo, ella sólo se preocupaba porque superara a Meiling. Solo eso. Cuando no había que olvidar que, el fatídico día que se esfumó de la Tierra el nombre de su prometido, ese mismo día Syaoran perdió un hermano.

Aún si ella no comprendía la magnitud de la situación, él evadía su propio malestar al centrarse en alivianar el de ella. Él llevaba meses luchando contra el recuerdo de Meiling pero, en esos meses, no se había dado la oportunidad de hacer el duelo de su hermano. De su gemelo. Su cómplice y contraparte en las travesuras infantiles. Hien Li que era idéntico en todos y cada uno de sus aspectos físicos a su gemelo, Syaoran, a excepción de los ojos…que mientras unos eran claros e inquisidores, los otros eran un trozo de noche profunda. Y conmoviéndose, Sakura se acercó a él, tomando su rostro mientras lo miraba con unos ojos empañados. Syaoran, ruborizado, contuvo el aliento al ver esa imagen, sin entender el qué planeaba ella, pero se quedó más estático aún al sentir como ella rodeó su torso con aquellos brazos femeninos, apegándose al cuerpo de él en medio de un reconfortante abrazo.

-Lo lamento…-se excusó ella en un susurro apenas audible. Syaoran abrió los ojos aún más y percibió como el paisaje de fin de invierno en ese parque era opacado por el aroma dulzón de sus cortos cabellos:- Él te amó mucho… estaba orgulloso de tu temple y osadía a la hora de seguir tus sueños- el muchacho se sintió desubicado hasta que comprendió que Sakura se refería a Hien. Y ante eso sintió sus ojos arder, sin saber qué decir. ¿Qué barbaridades decía esa mujer? ¿Qué Hien estaba…qué?- El libro tuyo de Claro de luna que tengo en la casa…le tengo porque fue él quien lo compró- apretó aún más el abrazo.

Syaoran bufó, sin dar crédito a sus oídos. Pero no entendía. No entendía porque un dolor profundo atenazó su pecho en ese momento- déjate de estupideces, Kinomoto- le manifestó de manera un poco más hosca- Hien odiaba leer.

Y Sakura soltó aire, algo que no se supo si fue un jadeo o una risita seca:- Lo hacía. Nunca abrió ni una sola página- sí, eso sonaba más a Hien- pero lo compró por ser tan sólo un libro de su hermano… el escritor…

Ante esa declaración, millones de recuerdos arremetieron contra la endeble mente de Syaoran, como una ola de mar salino que se estrella contra la costa sin piedad ni contención. Los recuerdos de ellos, compartiendo cuarto. De Hien sonriéndole, pidiendo que le narrara una de esas historias que Syaoran con tanta facilidad inventaba. El recuerdo de Hien, al día siguiente, querer jugar con su hermano a esas historias. El cómo ambos dejaron de jugar al ir creciendo, y cómo Hien ganaba popularidad con las chicas, diciéndole que no entendía como teniendo la capacidad de verbo que tenía no la aprovechaba con las féminas que suspiraban por su ambarina mirada. Y bueno, sí, Syaoran podía ser un muchacho sumamente atractivo pero, más allá de lo que decía su apariencia, también era alguien tímido. Era de los que pensaba dos o tres veces para dirigirse a una chica linda y, de lograrlo, se ruborizaba.

Él cómo, incluso luego de partir de la casa mantuvo durante varios años el contacto con Hien por carta. Y el como el contacto se perdió por completo cuando el menor de ambos hermanos aceptó tomar la presidencia de la empresa familiar. El mismo año que él, en el inicio de su carrera, publicó Claro de luna...

Llegó su turno de jadear quedamente y ocultó su rostro en el hombro de Sakura, rodeándola esta vez él con sus brazos, temblando. No emitía sonido alguno, pero no fue difícil para la joven el adivinar que el muchacho lloraba. El frívolo vecino del 309 que conoció meses atrás, el "sin corazón", pasaba por el mismo dolor de ella. Y ella, con una gentileza acariciante (e incluso algo abrumadora) besó sus cabellos pardos y acarició la espalda de él en medio de ese abrazo, murmurando un "ya…ya…".

A lo lejos Tomoyo los miró fijamente, viendo ese abrazo en medio de la nieve, que de seguro empezaba a empapar ahora sus atuendos. Y, mostrando una sonrisa enigmática, sólo se viró, regresando a donde estaban los demás:- no, no sé dónde quedaron Li y Sakura, lo siento- mintió. Pero sólo Eriol lo notó. Chiharu compuso una mueca torcida, mientras acariciaba distraídamente su vientre.

-Oye, Tomoyo…-llamó entonces- ese chico es la viva copia de Hien… asusta realmente. ¿Qué Sakura no lo ha notado?

-Por supuesto que sí, amiga. ¿Quién no notaría eso, cuando sólo algo ínfimo como sus globos oculares los separa al uno del otro?

Chiharu se encogió más de hombros antes de mirar a su esposo Yamazaki y, acto seguido, a Eriol:- Pero… ¿Qué eso no es peor para ella? Para su dolor con Hien…

Y fue ahí cuando Eriol, elegante, se aclaró la garganta, ofreciéndole caballerosamente su brazo a Tomoyo para así emprender marcha nuevamente, en el sentido contrario que Sakura y Syaoran.

-Sería peor, si, si realmente Syaoran fuese la copia exacta de Hien. Pero aunque te decepcione, el ser gemelos no los hace un mismo individuo. Syaoran puede ser realmente un gran sujeto y…- cómplice, le sonrió a Tomoyo- Sakura ya lo está descubriendo.

Chiharu abrió la boca un par de veces y la volvió a cerrar, pero no emitió sonido alguno. Sin más ella también sujetó a Yamazaki del brazo y emprendió en marcha detrás del inglés que, galante, le contaba un chiste a Tomoyo. Y esta, cubriendo su boca, soltó una carcajada encantadora. Mientras ella hacía eso, Eriol había detenido sus ojos durante un momento, observando con regocijo interno esa imagen tan exquisita y febril, tan despreocupada y femenina al mismo tiempo.

Un pocos más apartados, Sakura se separó levemente de Syaoran para tomarlo del rostro y, con suma delicadeza, limpiarle las lágrimas. Él ya lucía notoriamente más acompasado y…de alguna forma, más liberado también. Notó con asombro como ella también había roto en llanto en medio del abrazo pero, curiosamente, sus labios dibujaban una tierna sonrisa cálida y comprensiva.

-¿Quieres un chocolate caliente? Yo invito- propuso ella con la voz ronca, pero no por ello menos gentil. "Ella sonríe…mucho" no pudo evitar pensar, observándola nuevamente con cierto detenimiento. Y viendo la evolución de la chica de triste mirada y largos cabellos enmarañados y la de corto cabello que cada día parecía encontrar algo nuevo para sonreír. Asintió con la cabeza, incorporándose también y sacudió la cabeza, en lo que Sakura sacaba su teléfono celular y le escribía a Tomoyo que Syaoran se sentía enfermo y debieron irse antes por ello.

Syaoran, por su parte, se estaba regañando internamente por esos pensamientos traviesos que salían sin permiso e inundaban su mente. No, no, no. Ella era la prometida de Hien. No podía pensar así de una mujer que… que de seguro seguía amando al recuerdo de su hermano…

"ah" suspiró. Aquello era ridículo. Francamente ridículo.

Frunciendo el ceño nuevamente se encaminaron finalmente a la panadería más cercana, donde se sentaron, compraron dos panes y un chocolate caliente para cada uno. Disfrutaban de la calefacción en el local, sintiendo como tanto sus orejas como sus ideas se derretían confortablemente. Ahí conversaron. Y, cómo pasaba cada vez más a menudo, conversaban sin esfuerzo de trivialidades, así como de cosas importantes. Reían incluso. Sakura tenía un sentido del humor bastante particular mientras que él… bueno, él escuchaba, reía y, cuando menos ella lo pensaba… ¡BANG! Le soltaba un comentario gracioso que la dejaba callada un segundo y luego la hacía soltar una sonora carcajada.

Así transcurrió el resto de la jornada, hasta que la noche fue cayendo prontamente, indicándoles que debían volver al edificio, cosa que le agradó menos al joven escritor, puesto que le recordó porque estaba ligeramente aprehensivo desde la mañana. Ella se iría. Volvería a su casa de nuevo. ¿Por qué esa idea le incomodaba….no….le dolía tanto? Es decir, no llevaban conociéndose mucho, realmente. Pero en lo que compartieron hablaron durante tantas horas que el tiempo que llevaban conociéndose daba la impresión que fuese más considerable.

La miraba caminar mientras ella, distraída, miraba al cielo, sonriendo. Siempre era así. Siempre buscaba estrellas en el cielo. "Cuando era pequeña jugaba que era una poderosa maga, que manejaba cartas de diferentes elementos" le confesó entre risas ella en una de sus pláticas "y dado que siempre me ha gustado el cielo, decretaba que mi báculo mágico fuese llamado el Báculo de mi Estrella…".

Bueno, pese a ser un juego de niños, no negaría como escritor que aquella era una idea interesante para una historia…

Cuando llegaron al lugar, la señora Sakaichi los recibió de forma cálida y confortable y, al verlos salir juntos tan de seguidos, no podía evitar ensanchar su sonrisa cada que los veía deambulando por ahí, acompañado el uno del otro. Y mientras Syaoran se ruborizaba y rodaba los ojos, buscando hacer caso omiso a eso; Sakura, que era más inocente, sólo sonreía y al rato le decía a su vecino "¿Crees que le haya pasado algo? Tenía una extraña mirada esa mujer".

Bueno, ya se aproximaban al lugar. Subir piso, tras piso en esos pasillos más bien estrechos y a medio alumbrar. El ambiente un poco muerto, pero acogedor para los que les gustaban andar por esos ámbitos, e ignorados por quienes preferían pasar el tiempo fuera de sus casas. Un piso…dos…tres…

El camino al 309 jamás antes había sido tan largo…

Y mientras ella iba al frente, Syaoran le dedicaba una mirada trémula, con las manos en los bolsillos, los ojos clavados en ella. "Sigue sonriendo" pensó "sonríe… sonríe contra las adversidades. Sonríe, aún si el mundo te pone obstáculos para que no lo hagas. Pero no olvides nunca, Sakura, algo que de seguro Hien pensaba por igual. Aún si la noche luce eterna y tormentosa, el sol debe volver a salir. Aún si la oscuridad se ve imperecedera, siempre puedes encender varias velas."

Quizás debió habérselo dicho, en lugar de haberlo pensado. Pero habían cosas que a veces tomaban su tiempo para salir. Otras que se añejaban y no salían nunca. Otras que sólo salían a través del papel. Al llegar a las puertas, ahí Sakura recordó también la mudanza. Recordó que en la mañana habían trasladado todas sus cosas que, ahora, la esperaban en el interior del 308. Y que ahora era cuestión, para cada uno, de tomar llaves por separado. Ahí Sakura suspiró, ruborizándose al percibir la mirada de él sobre ella, pero hasta en ella se notó cierto dejo de tristeza ante la separación.

-Bueno…supongo que…aquí ya vamos de vuelta a nuestras vi…

-Veámonos esta semana- interrumpió él, con las manos en los bolsillos de su gabardina, mirándola de manera fija. Al escucharlo los ojos de Sakura volvieron a brillar y asintió, con clara emoción.

-Claro- le dijo. Y luego, nuevamente, con la misma ternura, por segunda vez en ese día, se acercó a darle un fuerte abrazo. Un abrazo que, ésta vez, el correspondió de entrada. "Es tan cálido…."pensaba la joven, cerrando los ojos placenteramente al sentirlo "y huele tan bien…". ¿Qué era ese hormigueo que brotaba de su interior ante ese cálido contacto? Bueno, era obvio que Hien, en el pasado, nunca llegó a abrazarla así. Y eso, quizá, era lo que más le gustaba de Syaoran. Él no abrazaba a todo el mundo…pero lo reservaba para las personas más importantes…

"¿Importantes, eh?"

Syaoran tenía también los ojos cerrados, negándose a soltarla. Él también sentía calidez emanando de ella, cariño, dulzura…y quería que eso fuese para él. Aferrarse a ello con manos y uñas, deseando probarlo y atesorarlo para sí. Luego de un buen momento, la joven, ruborizada se apartó y le dedicó una sonrisa preciosa:- Gracias por todo… de verdad- se alzó, besando su mejilla:- Hasta pronto, Syaoran…nos estaremos hablando para salir…

Y se dio media vuelta para dirigirse al 308. Li sólo la observó partir, en silencio. Y llevó una mano donde ella lo había besado, pensando en ella, en su perfume, que aún sentía adherido a su ropa luego de ese abrazo. En la belleza de la joven y, por sobre todo, en su fascinante inteligencia, que hacía juego con su sonrisa y el brillo de sus ojos.

-Hasta pronto…Fiore-