¡HOLA! Tras una muy, muy, muy larga espera, he aparecido nuevamente. Quiero de excusarme con ustedes por ello, pero espero que perdonen, y que comprendan que ha sido por situaciones externas, físicas y emocionales, que decidí hacer una pausa larga de todo escrito. He vuelto renovada, y con la gran voluntad de poder seguir esta historia, que tanto del corazón he vertido. Que el universo entero me permita continuarla y concluirla. Quiero dedicar éste capítulo, queridos lectores, a aquellos que han seguido y esperado por una continuación. Pero más especialmente a esas personas que me escribieron por interno hace tanto, motivándome a seguir: Gracias, de verdad… no saben lo que sus palabras significaron para mí.
Esto va a su salud ;) . Lady Vi-Da.
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Capítulo 9: Reflexión I. La llegada del ser amado.
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Eriol sujetaba entre manos de manera ansiosa una de esas características esferas anti-estrés de hule. La apretaba de manera constante y nerviosa, mientras su pierna temblaba sobre la tierra, por igual inquieto. Tenía el ceño fruncido. La primavera avanzaba y ya las flores adornaban los parques en cantidades cada vez más importantes. La belleza se hacía clara en los alrededores. Él, sobre todo, podía sentir en piel propia el clima, ya que se encontraba en la terraza de su café favorito. De alguna manera, aquél paisaje despertó cierto lejano sentimiento de nostalgia y era extraño, pero indisputablemente a él nunca le había gustado ese amargo sentimiento. De hecho, por el contrario, el solía siempre mantenerse muy calmado, calculador. Solía adelantarse fácilmente a cualquier hecho y, a los que no, podía enfrentarlos con calma. Pero esa vez, de alguna manera, lo sentía distinto.
Alguien palmeó su cabeza y, al alzar esta para proferir un alegato, se encontró con la mirada de su mejor amigo, Syaoran. Y, pese a que no le extrañó la profundidad de sus ojeras (puesto que, cómo escritor, solía quedarse despierto hasta altas horas), si le pareció bizarro su aspecto sombrío. ¿O acaso estaba viendo el reflejo de sí mismo en los ojos de él?
-Luces, em…- Eriol vaciló antes de terminar la frase:- ¿No dormiste bien?
Y en esas Syaoran, sonriendo de medio lado, se sentó junto a él:- ¿Hablas de ti o de mí?
Eriol rodó los ojos y paró de apretar la esfera anti-estrés, mirándola con frívolo detenimiento. Era amarilla, con una carita feliz dibujada de manera postiza e incipiente:- No lo sé….- guardó silencio largo rato, antes de decir- Tomoyo parece que quiere empezar a salir con Takeru Tanaka… y no sé qué hacer al respecto tampoco…
-¿Takeru Tanaka?- y las espesas cejas de Syaoran se alzaron, reflejando la ligera extrañeza en su mirar:- ¿El dueño de ese almacén donde venden los narutomakis, esos del otro día?
- Claro que no, ése es Takeru Takada- le corrigió, para luego suspirar. No quería saber cómo su amigo llegó a asociar el uno con el otro, aunque parecía que él mismo no se daba cuenta que habían nombres similares de por medio - Takeru Tanaka es el heredero de una prestigiosa cadena de hoteles Tanaka.
Una fría ráfaga de viento sopló, obligándolos a encogerse un poco sobre sí mismos, recordándoles que pese a la llegaba de la primavera, aún debían esperar para el intenso sol del verano. Syaoran miró al frente pero, al mismo tiempo, guardó silencio por largos segundos. Tenía en mente una idea de cómo debía sentirse su amigo al respecto pero, por otro lado, él era un chico. Y, sobre todo, uno no muy diestro en lidiar con emociones ajenas.
-Sí, bueno, tú tienes novia. No esperabas que ella realmente estuviese detrás de ti con eso encima, ¿O sí?- le recordó el autor con sensatez. Eriol suspiró y llevó la mano a su rostro, restregándolo con cierta brusquedad.
-Bueno…no, no. Pero no se me pasó tampoco por la cabeza la idea de que se pudiese ir con alguien más. ¡O bueno, sí, ella es preciosa! Pero desespera- el inglés tragó pesado y desvió la vista, mientras soltaba un tenue murmullo en su lengua natal. Un murmullo que realmente sonó como una especie de insulto a sí mismo.
Syaoran lo miró por el rabillo del ojo durante un instante, detallando el perfil, su nariz fina, su piel nívea, los ojos grises bajo el marco de las gafas. Las mejillas ligeramente enarboladas por el viento primaveral. El escritor pensó nuevamente en Tom, el amigo de James, y se preguntó si sería buena idea agregarle gafas pero, obligándose a volver en sí mismo, sacudió la cabeza nuevamente, desvió la vista a la panadería que tenían en frente. El sólo aroma que surgía de esta le abría el apetito.
-Entiendo a la perfección…- la voz de Syaoran sonó ronca al proferir ese murmullo, mientras recordaba cómo se sintió al ver a su amada Meiling con ese tal Brown. A esa mujer con la que tantas veces compartió cama, besos, suspiros íntimos, sonrisas. Una musa terciada con otro.
Al ver el aspecto sombrío que había prohijado momentáneamente, Eriol se aclaró la garganta con el fin de llamar de nuevo su atención.
-¿Y cómo va todo con Sakura? ¿La sigues extrañando?- pese al frío, compuso una sonrisa de medio lado bastante sugerente. Sin embargo, para sorpresa del emisor de aquellas preguntas, Syaoran rodó los ojos y frunció marcadamente el ceño, apartando la vista de dónde él estaba.
-No he vuelto a hablar con ella.
-¿Qué?
-Sucedió algo, ¿Si? No le des tantas vueltas.
-¿Qué cosa?
-Es una estupidez. O bueno, no, pero me indignó a mi… quizá no a ella.
-¿Por qué?-Syaoran dejó libre un suspiro agotado y volvió a suavizar la expresión de su frente. Pero se notó mucho más pálido y ojeroso.
-La besé…o bueno, ella me besó. O no lo sé, tal vez la verdad no sé qué fue eso.
-¿Qué?
- "Qué, qué, qué", ¿Qué acaso solo sabes decir "Qué"?- no obstante, la expresión que ahora era dibujada sobre aquél rostro inglés era de honesta estupefacción. Casi dejó caer la quijada al suelo, atónito, mientras un mar de recuerdos venían de nuevo a su mente: El antipático escritor, Syaoran niño, Sakura niña, Hien Li, Sakura de cabello largo trasladándose al mismo edificio que un Syaoran despechado. El corazón de Syaoran en manos de Meiling, y el de Sakura en el recuerdo de Hien.
-Oye, lobo feroz, detén ese tren- contestó Eriol, alzando la mano, pero casi pareció una orden que se dio a sí mismo para poder procesar esa información:- No dijiste en ningún momento que te atrajera Sakura… ¿Por qué se besaron? ¿Acaso… te gusta?
-¡Diantres, Eriol! ¡Pasó lo que tenía que pasar! ¿Si? ¡No le des tantas vueltas!
-No respondiste mi pregunta, Syaoran.
-¡Es porque no hay nada que responder!- sin embargo, en el instante que el joven de castaña cabellera llevó las manos a esta para halarla y apretarla, dejó ver a su amigo que realmente estaba mucho más consternado con el hecho de lo que quería admitir. Estaba agitado y, cohibido, dedicó una melancólica mirada al cielo, cuyas nubes apenas comenzaban a despejarlo:- Ella lleva meses sufriendo por la pérdida de Hien… ¡Yo llevo meses padeciéndola, era mi hermano!- su voz pareció partirse durante una fracción de segundo. Y luego alzó la mano, para masajear con esta sus sienes. Empezaba a sentir dolor de cabeza al respecto:- Pero ella duró diez años enamorada de su imagen, y yo soy la encarnación perfecta de ésta…- su voz fue menguando progresivamente, dejando ver entonces más su decepción que su enfado:- Aceptémoslo…toda la vida lo han dicho, ¿Crees que no los escucho? "Hien Li ha sido idéntico en todos los aspectos a su hermano Syaoran", desde siempre.
-Excepto por sus ojos- Syaoran, exánime, lo miró de corrido y Eriol sólo respondió con una ligera sonrisa mientras se encogía de hombros:- y, claro está, en personalidad. Hien y tú son como las dos caras de una misma moneda. ¿No has pensado en la posibilidad de que Sakura se haya empezado a fijar en ti? Está en su derecho. Es joven, hacia no mucho empezó la "veintena", está en su derecho de re hacer su vida y volverse a enamorar. Al igual que tú.
Unos niños pasaron corriendo en frente de ellos, pateando la pelota, liberando foráneas risotadas mientras su imagen se veía reflejada en la pupila de Syaoran. Él, en algún momento, recordó haber pensado para sí mismo en la idea de tener una familia con Meiling, aunque nunca lo hubiera dialogado con ella, como lo pensó el día que conoció a los amigos de Sakura y Eriol: el chico mentiroso de los ojos cerrados y la chica embarazada de las trenzas. Tenía un espíritu llevado por el lirismo, el don de la contemplación y un ideal de los sentimientos aunque, luego de todas las amargas experiencias vividas antaño, resultaba ligeramente normal que su corazón se hubiese enfriado al respecto. Honestamente, a esas alturas, ya no esperaba nada de nadie.
-Hace algo de frío- masculló Syaoran, poniéndose en pie para luego estirar los brazos hacia arriba:- ¿Te apetece si pedimos ya algo?- Eriol asintió.
-Si. ¿Qué mejor que una taza de chocolate caliente para una fría primavera?
Ambos se miraron y hubo una sonrisa mutua. La ciudad empezaba a verse más llena por esa época del año pues, al haber menos frío que en invierno, a la gente le iba apeteciendo más el salir. Se sentía menos somnolientas, y los colores podían ser un agradable adorno para la vista. El viento sopló y, con él, acarreó varios pétalos de tonalidad rosada que pasaron en frente de la nariz de Syaoran y luego siguieron revoloteando en un sinuoso camino aéreo. "Flores de cerezo" pensó para sus adentros, mientras lo veía alejarse. Suspiró y recordó con cierto pesar como no había continuado con la historia de Fiore después de aquél amargo incidente. Pues, cada que lo intentaba, terminaba recordando lo mucho que se había molestado al respecto. Es decir, si, él se sentía atraído por ella. ¿Cómo no hacerlo? O más bien, a esas alturas, ¿Cómo negarlo? Él no dejaba de ser un hombre y Sakura era una chica preciosa, con una sonrisa encantadora, unos ojos vivaces, una mente culta. Pero entre la atracción y el amor había pasos agigantados de distancia. ¿Cierto?
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Era una noche primaveral y la flor de cerezo la observaba sumida en sus propios pensamientos. Tenía la verde mirada algo… perdida, en lo que una voz distante la fue trayendo lentamente de la realidad. "Sakura…. Sakura…"
-¡Sakura!- y con ese último llamado de parte de Tomoyo, la muchacha volvió bruscamente en sí.
-¿Ah, qué?
-Te estaba contando que el desfile fue un éxito- le reiteró Tomoyo, quien la miraba fijamente para entonces. Sakura soltó un suspiro prolongado, mientras se recostaba más en el sofá de lo que ya estaba. El arrullador aroma a vainilla de la casa de Rika siempre tenía un efecto tranquilizador en ella, le resultaba muy agradable estar ahí. Sakura siguió asistiendo a las sesiones de danza con la joven Sasaki, lo cual le resultaba entretenido y enriquecedor, pues cada sesión se bailaba sobre una emoción distinta. De las cuatro estaciones, pasaron a los cuatro elementos, luego a diferentes estados del alma. Lo había encontrado tan entretenido que invitó a Tomoyo para que ésta, a su vez, empezara a cambiar de ambiente. Y ahí logró presentarlas. Cuando menos lo hubo calculado, ya siempre salían las tres a comer en la casa de alguna de ellas, o por fuera, cómo un grupo de amigas. Ese día fue Rika quien quiso invitar.
-Ah…sí. Lo siento, Tomoyo. Ando algo ida- se excusó Sakura, forzando una sonrisa mientras se encogía de hombros. Tomoyo la miró con detenimiento.
-Es por el joven Li, ¿Verdad? Sigues pensando en él- Sakura no cambió de expresión, aunque el notorio rubor en su rostro si la delató. Apenas ocurrió lo del beso, luego de que Syaoran se fuera y Sakura saliera de su estupor, no supo que hacer. Sintió un profundo vuelco en su estómago que no logró descifrar si había sido agradable o no, aunque se inclinaba más por lo segundo. Todo lo que su emoción sobrellevó fue nublado por su mente, que de inmediato empezó con las propias autoacusaciones. "¿Por qué lo hiciste?", "¿Por qué te dejaste llevar?", "Lo arruinaste todo", "¿Qué pensaría Hien de ti en este momento?", "vergüenza debería darte". Y de hecho sí, vergüenza era lo que sentía. La muerte de Hien seguía algo fresca, aquél era un hecho difícil de negar por mucho que ella decidiera seguir adelante. Hien fue su compañero durante muchos años. Empezó a reconocer que le gustaba de verdad cuando tenía doce, a tontear entre miradas, tener citas, aprovechar juegos básicos entre amigos como "verdad o reto" para conseguir darse un beso; pero no empezaron a salir de verdad, como novios formales, sino hasta que Sakura cumplió catorce y Hien un poco más. Por eso se decía que llevaban "diez años juntos"…porque para ellos ese primer enamoramiento fugaz también contaba, así de entrada no hubiera sucedido nada serio. Eran niños, después de todo. Pero estaban juntos, aún sin estarlo realmente. De alguna manera, sentía en su garganta un gran remordimiento, pues no había dejado de pensar en él en esas últimas semanas y, de hecho, la había tenido algo triste… ¿Qué estaría pensando Hien de ella en ese segundo?... ¿Qué estaría pensando Syaoran de ella en ese segundo?
"Lo arruiné" volvió a pensar. Ignorando por completo lo que pensaba él, no había dejado de echarse la culpa a sí misma al respecto. Porque Syaoran había amado y sufrido a Meiling, ¿Por qué habría de querer hacer algo semejante con ella, Sakura, que era todo lo opuesto? Además de haberle ocasionado problemas al vivir con él. Y…
"No voy a ser tu reemplazo de Hien" aquella declaración aún le dolía. No era un reemplazo de Hien… de hecho, ¿Qué era? Era su amigo, pero no entendía ni siquiera porqué lo había besado. Había querido hablar al respecto, pero tampoco se había sentido capaz y las pocas veces que había coincidido en el pasillo con él, éste se había apresurado a ingresar a su departamento. Sentía un nudo en el estómago… se sentía incluso infiel a la memoria de Hien. Pero… ¿Qué era lo que más zozobra le daba el pensamiento?
…
Que realmente en ningún momento pensó en Hien cuando lo besaba. Pensó en Syaoran. Seguía pensando en Syaoran en ese segundo.
-Si… supongo que si sigo pensando en él…- reconoció en un murmullo, en lo que Rika llegaba con una bandeja de sus famosas galletas de jengibre hechas. Tomoyo suspiró, dedicándole una triste mirada de compasión, a lo que le dijo.
-¿Por qué no hablas con él y aclaras las cosas?
-No quiero hablar con él.
-¿Y si le escribes?- Esta vez intervino Rika. Ambas estaban al tanto de lo sucedido, pues Sakura les había comentado. Y aunque siempre estaban a la escucha de lo que su amiga tenía por decir, era difícil repetirle más de una vez que ella no tenía la culpa de lo ocurrido. Después de todo, un beso es dado por dos y Syaoran, en un principio, lo correspondió. Sin embargo, aunque eso hubiera cambiado un poco con el paso de los meses, lo cierto era que Sakura tenía un largo historial de falta de confianza consigo misma; razón por la cual no creía que Syaoran hubiera tenido motivos personales para besarla a ella.
-No… no quiero escribirle, tampoco.
-Bueno, pero tienen que arreglarlo de algún modo. No se pueden quedar así para siempre, Sakura- Tomoyo insistió. Pero la joven Kinomoto sólo se limitó a negar con la cabeza.
-No. Además, no tengo nada que decirle. Ni yo se explicar que sucedió…- volvió a sonreír, intentando animarse:- ¿Y tú? ¿Cómo va Eriol?- Tomoyo pareció sorprendida, pero luego soltó un suspiro, y a lo que siempre respondía con una sonrisa desinteresada, esta vez pasó a ser un gesto más decepcionado.
-Nada nuevo que valga la pena hablar, supongo.
-¿Te has hablado con él?
-No exactamente- al igual que Syaoran y Sakura, Tomoyo llevaba un mes largo sin hablar con Eriol. Sakura era inocente para algunas cosas, despistada inclusive, y eso podía referirse también a los gestos que tenían a veces sus mejores amigos entre ellos. Sin embargo, conocía a Tomoyo durante tanto tiempo que resultaba difícil no leerla: Sabía que Tomoyo sentía algo muy especial por Eriol desde hacía muchos años y, de hecho, se tenían tanta confianza que Tomoyo también le hablaba de eso. Pero siempre manteniendo la compostura y en la permanente aceptación de que lo suyo era una admiración platónica hacia el joven inglés. Y bueno, Sakura no podía culparla: Eriol era muy apuesto e inteligente, gran conversador, todo un caballero y muy talentoso en casi todas las cosas que sabía hacer. Bueno, por otro lado, Eriol también admiraba mucho a Tomoyo… pero él tenía novia y de momento no parecía tener intenciones de dejarla. Razón por la cual la joven Daidouji tampoco quería darle más importancia de la debida.
Rika soltó un suspiro y ella misma amagó una mueca, tomando una galleta:- ¿Pero qué es este ambiente tan depresivo? Las invité para hablar de otras cosas que no sean chicos- y Sakura y Tomoyo la miraron, cambiando de expresión ambas a una más burlona.
-Claro, lo dice la que tiene una relación perfecta- Sakura rio, y animosamente le tiró un cojín. Tomoyo a su vez rio y de repente el ambiente pareció aligerarse un poco más. Rika evitó en vano el cojín y luego lo abrazó contra sí, para acomodarse mejor en el sofá.
-¿Quién es que es ese tal Eriol, pues?- cedió- Siempre hablan del vecino del 309.
-Eriol es un amigo muy cercano- le recordó Sakura- y bueno, tiene todo lo que se puede desear en un joven caballero… ya sabes, buenos modales, afectuoso, atractivo, buen apellido, una novia…- miró de reojo a Tomoyo, quien sólo se limitó a asentir.
-Una muy linda, por cierto. Y muy agradable. Somos amigas de ella también- tuvo que reconocer. Aunque con mucha calma en su expresión y mirada pues bien siempre tuvo a Eriol en una posición tan platónica que nunca esperó que eso fuera a cambiar en algún momento. Y eso lo terminó de confirmar en el instante que habló de su salida con Takeru Tanaka y Eriol no dijo nada al respecto tampoco. Y pareció tan imperturbable como siempre. Rika comió otra galleta, con calma.
-Ya veo. Parece un sujeto demasiado perfecto.
-Aunque no lo es tampoco- dijo Sakura, riendo de nuevo- se pone de mal humor cuando no duerme, es controlador con su tiempo y quisquilloso con la comida fría. Además, esto te gustará más, él también llegó a salir con una profesora nuestra, estando en la secundaria. La profesora Kaho Mizuki.
-¿La secundaria?- repitió Rika, francamente sorprendida, pues eso era joven hasta para ella, que aun así había salido con un profesor pero ya estando en la universidad:- Imagino que entonces la diferencia de edad no debía ser extrema.
-Bueno, siempre llevaba bastante. Ella salió con mi hermano mayor y era mayor que él también, aunque por mucho menos que con Eriol.- dijo la joven Kinomoto. Rika recordó algo que Sakura le había comentado de su hermano.
-Es verdad, ¿Cuándo viene? Hace un mes dijiste que en un mes.
-Si. De hecho, llegan mañana él y Yukito, pero Yukito se quedará con su hermano Yue… ya sabes, mi jefe. Y Touya si se quedará conmigo por unos días- suspiró, y amagó una sonrisa tenue, en un sentimiento de agradecimiento por su hermano mayor. Después de todo, sabía que en parte aprovechaba ese espacio para estar con ella ya que de seguro estaba preocupado por su estado con el tema de la muerte de Hien. Solo tuvo la oportunidad de verla a la hora del velorio y el entierro, ya que Touya y Yukito debían viajar mucho por sus trabajos, así que por lo general no estaban siempre en la misma ciudad. Y cuando venía a ésta a Touya no siempre le gustaba estar separado de Yukito, y tampoco le agradaba Hien, por lo que casi siempre terminaba quedándose donde Yue y luego Sakura se veía con ellos. A veces sin Hien y otras veces, para disgusto de Touya, con él. Touya no era de los que expresaba su afecto con palabras, sino sobre todo con sus acciones. Desde niños había sido así.
Y en ese momento, él deseaba estar con su hermana.
Rika pareció más alegre:- Que bueno, espero poderlo conocer- y Tomoyo respondió con una risita divertida.
-Créeme. Touya Kinomoto es todo un personaje.
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Volvía de caminar a tempranas horas de la mañana, junto con Eriol. Luego de pasar la tarde juntos el día anterior, habían decidido que tal vez salir un rato por alguna zona verde le ayudaría a despejar su cabeza para seguir escribiendo. Después de todo, antes de las ocho de la mañana no solía haber mucho tráfico, y menos con el frío tenue que solía hacer aún por esa época. De alguna manera le sirvió. Syaoran se sentía más despejado y en sentir el aroma de la hierba húmeda le tranquilizó la mente también un rato. Bostezó, con algo de sueño, pues no había dormido muy bien la noche anterior. Él no solía dormir sus horas completas de seguido, de hecho. Pero suspiró, y dijo:
-He estado pensando un poco en todo lo que hablamos ayer.
-¿Sobre más calendarios de mujeres en moto?
-¡No, sobre lo de Sakura!- aunque él era hombre y la idea de tener un calendario de una mujer sexy en moto no le resultara para nada desagradable, nunca dejaba de sorprenderle que fuera Eriol el que lo sugiriera. Después de todo él era el tipo de hombre que las abuelitas definirían como "culto y serio".
-Ah, veo… ¿Qué pasa con ella?- Syaoran resopló aire por la nariz, la cual sentía fría para entonces.
-Bueno… he pensado un poco en lo que dijiste y…supongo que podría hablar con ella.
-¿Ah, sí?-Eriol arqueó las cejas, gratamente sorprendido.
-Si. Tal vez le estoy dando demasiada trascendencia a eso del beso…- se encogió de hombros, frunciendo el ceño mientras se ruborizaba ligeramente- Digo…Sé que seguramente para ella no debió significar la gran cosa y a lo mejor sólo tuvo un momento de debilidad al verme tan parecido a Hien. Además que fui yo quien la besó a ella en primer lugar… no tengo excusa, pero supongo que yo mismo sólo me dejé llevar. Después de todo… No había besado a nadie desde que Meiling se fue- se ruborizó más ante eso, pero disgustado- Y Sakura es bonita. A lo mejor…si…yo también fui débil un momento, pero nada del otro mundo. No quiero tampoco perder la amistad por una nimiedad semejante. Hablaré con ella y dejaré en claro que eso no volverá a ocurrir. -Y parecía decirlo muy en serio. Eriol suspiró y sonrió con calma.
-Bueno, si estás bien con eso es lo importante.
Empezaban a verse más personas en la calle y Syaoran agradeció estar ya cerca de su domicilio, dónde Eriol había dejado su auto también. . No obstante, cuando ya estaban llegando a su destino, el muchacho se detuvo en seco al alzar la cabeza y ver, en frente de su edificio, a Sakura abrazada fuertemente a un hombre alto, delgado, de cabello castaño muy oscuro y ojos negros que, aunque serios, parecían brillar más por tener a la joven entre brazos. De golpe Syaoran se detuvo por un momento y sintió un extraño escozor en su garganta en lo que abría perplejamente sus ojos claros, al mismo tiempo que una bestia interna que rugía en su estómago.
"¿Pero qué…?"
Era muy atractivo, y vestía con una fina casaca de color negro, seguramente comprada en Daidouji. Pero, en medio del abrazo, el hombre con ojos inquisidores clavó la mirada en Eriol y él, deteniéndose claramente en el último, analítico. Syaoran sintió su cuerpo tensionarse, hasta que la voz de Eriol lo arrastró de nuevo bruscamente a la realidad, y no propiamente por dirigirse a él.
-Touya. –masculló.
Al escuchar a Eriol, Sakura abrió los ojos y alzó la cabeza, separándose del aludido para ver a Eriol y sonreírle:- ¡Oh, Eriol!- pero su sonrisa menguó ligeramente al percibir a Syaoran al lado de éste. A él no lo saludó, pero su verde mirada no era de enfado sino, por el contrario, de tristeza y un poco de desconcierto. No supo a ciencia cierta qué decir y, de hecho, tampoco le sostuvo la mirada largo rato. Touya mostró una sonrisa de medio lado, muy discreta, a Eriol.
-¿Qué tal? Chico Hiraguizawa.
-No sabía que vendrías a la ciudad. Que alegría verte, sobre todo por Sakura.
-Bueno… debía pasar a ver como se encontraba el monstrete, ¿No?- Sakura infló considerablemente las mejillas y miró a Touya con desdén mientras agitaba las manos.
-¡Qué no me llames así!
-Algún día lo aceptarás.
-¡Y yo algún día juro que te aplastaré! ¡Estoy segura que el médico mintió con eso de la edad de crecimiento!- Touya soltó una carcajada discreta, apenas audible y posó la mano sobre los cortos cabellos de Sakura, revolviéndolos. Pese a las palabras, se notó de entrada que fue un gesto muy íntimo y cariñoso, de parte de ambos. Se tenían confianza y apego, de eso no había duda.
Y fue justamente esa certeza la que fastidió más a Syaoran, quién tosió, llevando las manos a los bolsillos y siguió andando sin agregar nada más, como quien le es indiferente la escena:- Kinomoto- de manera recursiva, sólo necesitó de una palabra para dar un saludo y una despedida. Entró al edificio y, ya en él, la señora Sakaichi le pasó un volante, informándole que el jueves de ésa semana tendrían una cordial cena entre los vecinos para celebrar la llegada de la primavera. En el volante se veía un simpático muñequito de ojos inmensos y labios de línea, muy característico en Japón. Eso entretuvo a Syaoran un momento, quien siguió subiendo las escaleras hasta dar con el tercer piso, distrayéndose durante un minuto del disgusto en el primer piso.
Acaba de recordar la fiesta que la administradora del edificio había hecho hacia casi un año atrás. Aunque los vecinos no hablasen mucho entre ellos en el día a día, siempre disfrutaban de ir a comer, pues se daban el lujo de intercambiar una que otra palabra. El año anterior él había intentado ir pero aún estaba tan turbado con todo lo de Meiling que finalmente no se quedó más de veinte minutos. Luego se devolvió a su departamento a abrir una botella y bebérsela él sólo.
"Un año ya…" pensó, abriendo los ojos con sorpresa, y ubicando con la mirada el familiar número 309 en la puerta. Ya había transcurrido un año desde el incidente de Meiling. Y varios meses desde que no culminaba los días alcoholizado, sin nada que escribir.
Antes de entrar en su departamento, dio un último vistazo a la puerta vecina y, acto seguido, ingresó a su propia morada. Tenía un libro que avanzar por lo que no tenía tiempo en ese momento de pensar en Eriol, o en Meiling, en la señora Sakaichi, la reunión de hacía un año. Y, definitivamente, no tendría tiempo para pensar en Sakura, la "Tan sólo vecina", corriendo a brazos de ese otro sujeto inmenso mientras reía y él, seguramente, le dedicaría una sonrisa parcialmente fea y jocosa, poco agradable, como sus ganas de patearle la entrepierna. No, él era un hombre serio.
