¡Hola! Paso por aquí para dejarles éste nuevo capítulo de Navidad, y agradecerles de corazón, no sólo a los que siguen esta historia, sino también a los que dedican unos minutos para responder qué piensan de ella. Es muy importante para mi leer sus opiniones :3 . Me excuso por la demora, he tenido un par de meses bastante ocupados, pero espero ya irme redimiendo con éste capítulo y no tardar tanto para subir el siguiente.
Sin más preámbulo, ¡Besos y felices fiestas!
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Capítulo 11: Ternura. Los pétalos de la flor.
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Había pasado con frío lo que quedaba de la noche, y sentía más que nunca el contacto del cuero de sofá contra su piel desnuda, pues se encontraba aún sin camiseta. Agradecía inmensamente a Sakura por la cobija que le prestó, y el estar cerca de una calefacción, pero eso no quitaba el hecho de que había dormido más bien poco en lo que restaba de la madrugada. ¿Pero qué rayos había sucedido? Sentía aún la cabeza embotada por el alcohol, pero la tenía lo suficientemente despejada como para pensar en lo que había hecho. Y lo cierto era que…se desconocía. ¿Desde cuándo perdía los estribos de esa manera? Y, sobre todo, ¿Por qué había perdido los estribos de esa manera, en primer lugar?
En lo poco que durmió, Syaoran tuvo una serie de sueños extraños y pocos profundos, dónde él corría entre páginas y páginas de un libro, mientras aparecía Eriol conduciendo su pelota amarilla antiestrés. En medio de esas imágenes Sakura llegó, vistiendo aún esa encantadora pijama, mientras corría alrededor de la cabeza de él gritando una y otra vez "es mi hermano, es mi hermano" hasta que él mismo, queriendo huir de ella, intentó correr y terminó gritando "es mi hermano" a su vez, hasta que la imagen de Hien se le plantó al frente, obligándolo a detenerse. Y le sonrió, mirándolo con esos intensos pero fríos ojos negros, antes de decirle "¿Te gustó ese beso, lobito?". Y ahí despertó, agitado, con la mente turbia y la cabeza dándole vueltas.
Intentó seguir durmiendo, y hasta cierto punto lo consiguió, pero la siguiente vez que abrió los ojos ya se encontró con el sitio iluminado por la tenue luz del día. Aunque ésta era tan suave y se colaba tan tímidamente por la ventana, que Syaoran supuso que debían ser aproximadamente las siete y media, u ocho de la mañana. Se sentía extraño estando ahí. Sus ojos ambarinos capturaban la imagen de la sala, que daba vista al ventanal. Las cortinas claras que recordaba bien, y el suelo alfombrado tan similar al de su propio departamento. Recordó también que fue en ese mismo sofá en el que se encontraba dónde ocurrió ese primer beso entre ambos y se ruborizó de golpe, sentándose con mayor cuidado, llevando la mano a la cabeza. Cerró los ojos, sintiéndose ligeramente más sobrio, aunque no en su totalidad menos aturdido, y una corriente eléctrica atravesó su cuerpo al recordar la cercanía del rostro de Sakura al suyo ahí, en ese mismo espacio, dónde culminó ese acto que en un principio podía parecer inocente.
Y de hecho…. ¿No lo era?
Syaoran se acomodó mejor, mientras terminaba de sentarse y, con la vista aún algo ida, miró por la ventana. El haber visto a Hien en su sueño aún le generaba cierta sensación de contrariedad y culpabilidad que no podía explicar del todo bien. "¿Te gustó ese beso, lobito?" ¿Qué podía responder a eso? No podía gustarle, por ser él quien era y porque Sakura era…bueno… Sakura. Pero tampoco podría decir que hubo un no gusto de por medio, porque sería mentira. Restregó el rostro con su mano, deseando únicamente poder evitar el encontrarse con ella, pero…debía esperar de todas maneras. No tenía llaves, no tenía nada. Ni siquiera recordaba el número de Eriol, y era él quien guardaba las llaves de repuesto de su departamento. Así que, de todas maneras, tendría que esperar.
No supo en qué momento llegó, o cuánto tiempo llevaba observándolo. Pero cuando escuchó cómo Sakura se aclaraba la garganta, el muchacho dio un respingo y giró el rostro prontamente hacia ella. Pareció asustado. Tanto así que Sakura terminó suavizando la mirada, así hubiera tenido la intensión de ir a hablarle con toda la seriedad que ameritaba el caso. A diferencia de su encuentro en la madrugada, la joven llevaba una levantadora que le daba la libertad de estar un poco más cubierta y sus pies estaban sin calzar, lo que (sumando el suelo alfombrado) podría explicar el por qué le resultó tan fácil llegar a la sala sin que Syaoran se percatara de ello. Ella no dijo nada de entrada. Solo lo miró con sus inmensos ojos verdes (en ese segundo adornado por unas ligeras ojeras) y al cabo de unos segundos, se avanzó hacia dónde él estaba. Syaoran tragó pesado, pero prefirió esperar a que ella dijera la primera palabra; cosa que terminó haciendo una vez llegó dónde él y se sentó a su lado.
Con sus cabellos cortos ligeramente despeinados, Sakura sólo podía lucir hermosa en ese segundo (se ruborizó más al descubrirse a sí mismo pensando eso).
-Me asombra que estés despierto…- comentó ella en un murmullo: - Supuse que debías sentirte agotado luego de la escena que armaste ayer.
Syaoran la miró en silencio y, acto seguido, soltó un suspiro y apartó la mirada, avergonzado.
-Yo…no tengo excusa para eso, lo siento, no sé qué me pasó- terció en un murmullo apenas audible y, luego de éste, se instaló un silencio incómodo entre ambos. A las afueras, algunas aves ya se veían revoloteando febrilmente por los aires, adornando las mañanas de Japón.
-Yo si sé qué te pasó. Estuviste bebiendo, de nuevo- la mirada de Sakura tenía una expresión indescifrable, y lo cierto era que al interior de ella misma no entendía tampoco el cómo se sentía. Estuvo un mes largo lamentándose por haber besado a Syaoran, sintiéndose culpable por eso, confundida. Recordando a Hien, pero pensando en el hermano de éste. Esperando descubrir si realmente le gustaba, pero el sólo pensamiento se le hacía aún lejano, ajeno e imposible. Entonces… ¿Por qué pensaba en él la mayoría del tiempo? "Syaoran, Syaoran, Syaoran". Todo era Syaoran ¿Por qué en ese segundo…se sentía tan contrariada y desilusionada? Tal vez …se trataba por lo que el joven escritor le había dicho horas atrás. El cómo todo para él significó nada. Sakura llevaba un mes rompiéndose los pensamientos por divagar en un hombre para el cual ella no significó nada. Que recibió sus besos como si fueran nada. Y… no contento con eso, se le aparecía en su casa, ebrio. Syaoran no bebía desde que ella estuvo conviviendo con él bajo el mismo techo y, por lo general, cuando destapaba alguna botella de vino o abría alguna destartalada lata de cerveza, era con el fin de embriagarse hasta perder el conocimiento suficiente y así no pensar en Meiling.
Si estaba ebrio, ¿Estaría pensando en ella? Sentía un ardor en la garganta que no sabía traducir como qué era. Un ardor que cubría su pecho y tocaba la boca de su estómago, como una llamarada ascendente que solo retenía las furiosas ganas de gritarle "No seré tu reemplazo de Meiling" en el afán de devolverle las mismas palabras. Pero ella no era una mujer de una naturaleza conflictiva, por lo que se retuvo de decirlo. Sin embargo, esas palabras la devolvieron a la realidad abrupta de que ella, antes de ser cualquier cosa de Syaoran, había sido la novia de Hien… y eso debería quedar claro en la mente de ambos, tanto de Sakura como de Syaoran. A quién veía realmente pequeño en ese segundo. No entendía porqué no la miraba a los ojos, ni porqué pasaba la mano nerviosamente por sus cabellos castaños…. Esos hermosos y gruesos cabellos castaños, rebeldes al viento, que provocaba entrelazar los dedos entre estos para intentar reacomodarlos en una caricia más tierna. Con una punzada de dolor, Sakura cambió por muy poco su expresión, en lo que Syaoran solo suspiraba, aún sin aventurarse a mirarla.
-Kinomoto…- empezó a decir el escritor, levantando la cabeza finalmente y, al encontrarse con la verde mirada de ella, perdió un momento la concentración de lo que intentaba decir. Se quedó sin palabras, notando la profundidad de aquellos ojos de largas pestañas y mirar intenso; y recordó así, en un principio, que ya estaba harto de pelear. Que sí, la extrañaba. Y que sí…tal vez ambos habían sido unos idiotas en todos esos procesos. A Syaoran le dolió esa expresión de abatimiento dirigida hacia él y, ya rendido, sintiéndose frágil y expuesto, sólo quería dejar de pelear. Quería arreglar todo de una buena vez: - Sakura…- rectificó, y la aludida cambió de inmediato su expresión a una de sorpresa, notando como su nombre en boca de él la desarmó por completo: - Sakura, perdóname. He sido un cretino. No sólo anoche, sino todos estos días que han transcurrido. Lo…lo lamento mucho.
-Syaoran…
-No, espera. Escúchame, por favor- su mirada pareció implorante y la misma expresión de Sakura se suavizó, asombrada de ver a Syaoran Li… el huraño escritor Syaoran Li, sumergirse en ese estado de súplica: - Sakura, escucha… no quiero distanciarme más. Tú me agradas mucho y lo cierto es que no quiero que salgas de mi vida tampoco. Eres la primera mujer con la que me siento tan profundamente conectado en muchas cosas y no quiero perder eso, pero… no eres una mujer cualquiera, sino que también fuiste la novia de Hien- su expresión de dolor pareció tornarse más marcada, y Sakura sólo pudo pensar en contener el aliento durante ese segundo, palpando su dolor y…sintiéndose terriblemente desconcertada y tocada por eso. Pero también identificada…y afectada: - Tú… fuiste seguramente el amor de la vida de mi hermano y…no puedo hacerle esto. No puedo hacernos esto. Pero al mismo tiempo…yo vengo de una relación terrible que me lastimó mucho. Somos amigos… ¿Sí? Quiero creer que eso es lo que seguimos siendo y… no importa lo que pasó, realmente no tuvo por qué haber significado tanto. Sólo… continuemos como si nada. Al cabo, la vida sigue- no supo porqué no se sintió del todo contento con lo que terminó diciendo, aún si lo había ensayado varias veces en su casa. Pero en el instante que lo dijo, sintió un extraño nudo en la garganta que no le permitió decir más y, a su vez, una sensación de insatisfacción lo recorrió, como si no hubiera dicho la verdad entera del caso. Sakura sólo lo admiraba, manteniendo un tortuoso silencio, en lo que repasaba las palabras de él en su interior y sintió entonces como una paz se instaló en ella. No era del todo una paz confortable, sino la sensación calma de quien recuerda un hecho y se apropia de él. Que, así como bien había repetido Syaoran…ese beso no tuvo porqué significar algo. Aunque ella, en el fondo, no lo sentía así…supuso que, por el bien de ambos, era mejor seguir pensándolo de esa otra manera.
Por ende, tomó aire aún si su mirada permaneció algo apagada por unos instantes: - Si… es mejor dejar las cosas claras desde un principio- dijo ella en un murmullo quedo, antes de suspirar: - Yo tampoco quiero perder esto que hemos construido… Creo que has aportado más a mi vida en estos últimos meses, de lo que alguien lo ha hecho en años. – al escuchar eso, Syaoran sintió un vuelco en su interior que lo obligó a buscar los ojos verdes de ella, conteniendo el aliento un momento. No entendió por qué, pero el escuchar eso le hizo sentir bien, ligero y casi quiso sonreír, pero se retuvo. Después de todo, el intentar hacer que ella siguiera con su vida fue el centro de la suya propia en los meses que habían transcurrido. Por consiguiente, escuchar de la boca de ella que en efecto había hecho un aporte, y que al parecer había tenido su valor, era de un inmenso valor para él mismo también.
-¿De veras?- agradeció el poder mostrar de todas maneras más seriedad de la que sentía en su interior. Sakura guardó silencio y luego compuso una sonrisa muy pequeña e indescifrable.
-Si, supongo que sí. Por eso…- se calló un instante, antes de suspirar nuevamente y decir en un murmullo: - … lamento haberte confundido con Hien por unos momentos. Supongo que eso solo demuestra que lo extraño mucho, pero… no es justo que tú pagues por eso- no pudo sostener la sonrisa más rato y apartó la mirada, por lo que no pudo ver cómo Syaoran abría los ambarinos ojos de par en par, perplejo. Impactado. A Sakura le dolió mucho decir eso, al saber que no era verdad, aunque para sus adentros pensó que sería mejor. Y que tal vez Syaoran se lo tomaría bien de esa manera. Quizá, si se lo repetía mucho, ella misma podría terminarse convenciendo de que así fue y que pensó en Hien todo ese tiempo, en lugar de Syaoran:- Aunque no importa, ¿No? Ya pasó. Fue un error humano, te prometo que no volverá a suceder.
Syaoran si había pensado que Sakura había correspondido el beso sólo por haber pensado en Hien en su lugar y, de hecho, él mismo fue el que interrumpió el beso aquel día únicamente para dejarle saber ese pensamiento. Sin embargo, escucharlo de la boca de la propia Sakura le terminó resultando muy doloroso. Sintió un vuelco menos agradable y, consternado, terminó mirando al suelo un momento, sin entender por qué sentía la boca seca o una extraña falta de apetito repentino. Al darse cuenta de que llevaba un buen momento en silencio, supuso que sería mejor decir algo:- Si… claro. Entiendo- tensó la mandíbula:- No volverá a ocurrir.
Pero en ese segundo, más que en ningún otro que recordara, odió sentir que estaba a la sombra de su hermano Hien. Aunque tal vez, el que le recordara eso…era lo mejor.
-Monstrete- Sakura alzó la cabeza ante el llamado, volviendo en sí. Y se encontró con la voz de Touya, quien venía caminando hacia la sala de manera menos silenciosa que su hermana menor. Pronto apareció, dejando ver la figura de ese hombre alto (incluso un poco más alto que Syaoran), de mirada intensa y firmeza palpable. Llevaba el cabello oscuro bastante revuelto, peinado por la almohada y solo llevaba encima una camiseta de algodón blanca y un pantalón suelto, a rayas. Sakura se enderezó al verlo llegar, aunque algo sobresaltada, pues por un momento olvidó que estaba ahí. Tanto así que no atinó en alegar por ser llamada "monstrete".
-Hermano.
Touya detuvo la marcha y centró la mirada en Syaoran, no menos serio, no menos intimidante y el escritor, que no tenía un carácter menos fuerte, sólo entrecerró los ojos, mirándolo de manera desafiante. Aquello no le gustó a Touya, aunque bueno, debía reconocer que el chico tenía agallas. Hien Li desde el principio siempre se esforzaba por ser simpático y agradar, cosa que a Touya le desagradaba más… lo encontraba hipócrita y fastidioso. Sin embargo, no por eso sería menos duro con Syaoran.
-¿Qué hace el mocoso aquí?
-¡Touya! – exclamó Sakura, a modo de reproche.
-Tuve un inconveniente para entrar a mi casa ayer, Sakura sólo me ayudó con eso- Touya no pareció valorar mucho el hecho de que el "mocoso" llamara a Sakura por su nombre, pero al no ser él de excesivas palabras, sólo se dedicó a mirarlo mal y a ir con absoluta confianza a la cocina, para ver qué podrían comer. Syaoran se sintió incómodo y Sakura lo notó por lo que, intentando seguir la charla como si nada, solo dijo.
-Bueno y… ¿Cómo harás para entrar a tu casa? ¿Necesitas un cerrajero?
-No… sólo llamar a Eriol. Él tiene el repuesto de mis llaves: - el escritor pareció agotado, pero ya rendido, suspiró, mirando a Sakura ya sin la guardia en alto: - ¿Estamos bien entonces?
Sakura lo miró a los ojos y supuso que tal vez sería lo mejor. Seguir como si nada. Después de todo… se llevaban bien y no tenían intención oculta el uno con el otro como para que no funcionara. Tan sólo suspiró y en lo que suavizaba su expresión, sonrió con honestidad por primera vez en lo últimos minutos, aunque fuera una sonrisa pequeña y discreta. Tenue- Si… estamos bien.
Syaoran sintió que algo en su interior se relajó y el alma le volvió al cuerpo con eso. Le sonrió también de manera sutil.
-Qué bueno…
-He vuelto a leer "Claro de luna".
-¿Qué?- Syaoran pareció genuinamente asombrado- ¿De nuevo? ¿Por qué? - Sakura se encogió ligeramente de hombros.
-No te subestimes tanto, ¿Sí? Es un libro excelente y cautivador. Además, que… bueno, me gusta tu manera de escribir. Es muy… - la frase quedó en suspenso, pues de inmediato alguien más interrumpió.
-Sakura, no encuentro los huevos.
-Están encima del refrigerador, hermano.
-Sigo sin verlos- y la voz de Touya sonó un poco más dura y demandante. La joven lo conocía lo bastante bien para lograr entender que no se trataba de que realmente no pudiera encontrar lo huevos, sino que su hermano era un ser bastante celoso y protector. Del mismo modo, tampoco llegó a querer nunca a Hien. Y dudaba que fuera a ocurrir con Syaoran, ya que éste…bueno…era irremediablemente parecido a Hien. Sakura rodó los ojos y tras decirle al escritor "dame un momento" se dirigió a la cocina y miró a Touya seriamente, poniendo los brazos en jarra.
-No es como que tenga más de un refrigerador- le espetó en voz lo suficientemente baja como para que Syaoran no escuchara- ¿A qué juegas? Estás siendo grosero.
Touya frunció aún más el ceño: - ¿A qué juega él, viniendo aquí a la casa? Lleva años sin aparecer, incluso cuando Hien estaba, ¿Por qué aparece ahora?
Sakura abrió los ojos con mayor sorpresa ante eso. Bueno, Touya tenía su punto, en todos los años que Sakura estuvo con Hien, lo cierto era que había coincidido muy poco con Syaoran. Tan poco que el mismo Syaoran no la tenía del todo presente en su memoria y ella…ella por momentos olvidaba incluso que Hien tenía un hermano. Se preguntó entonces, ¿Qué clase de persona sería Syaoran para evadir tanto a Hien que, incluso siendo su gemelo, ignoraba quién era su novia? Aquello le desconcertó profundamente, pero fue ahí que empezó a hacer memoria y recordó también que… de manera muy extraña, Syaoran siempre estaba de viaje, o en alguna salida cada que Hien la invitaba a la casa a pasar el rato o a cenar. Cada que ella sabía que el gemelo de su novio se encontraba con ellos, éste nunca la invitaba. ¿Por qué? ¿Sería cosa de que Syaoran, en un principio no quería conocerla o… acaso el mismo Hien, en primer lugar, nunca quiso relacionarlos?
Consternada, la chica miró a su hermano nuevamente, aunque le costaba trabajo permanecer concentrada en él. Sólo le dijo- habrá tenido sus motivos…. ¿Podrías…hacer los pancakes de siempre? A ti te quedan deliciosos. Yo… ya vengo a ayudarte, sólo dame un momento- Touya estuvo a punto de replicar, pero al ver la expresión de Sakura y el cómo ésta se viró con prontitud hacia la salida de la cocina, sólo la dejó, sin poder hacer mayor cosa. Podría ser cruel pero esa visita no fue planeada para serlo, al contrario: Quería estar con ella, acompañarla. Mimarla muy a su modo parco y serio.
Sakura salió a paso tan acelerado que estuvo a punto de chocar con Syaoran, pues éste ya se había incorporado y al ver que la joven se había detenido bruscamente en frente de él, se ruborizó en un gesto bastante involuntario. Ella también se ruborizó al sentirlo tan cerca.
-¡Cuidado!
-¡Lo… lo siento!- se apresuró a decir la castaña. De alguna manera su mirada terminó deteniéndose en el torso desnudo del escritor y se ruborizó todavía más. Había visto a Hien de esa manera incontables veces, pero en contextura diferían también. Hien había sido un poco más robusto que Syaoran mientras que éste último, pese a ser delgado, estaba ligeramente marcado, cosa que delataba que en algún momento había llevado una vida de deportista… o al menos que sí solía ejercitarse de seguido. En ciertas ocasiones (más bien pocas) había tenido la oportunidad de verlo sin camisa en la casa de él; aunque eso era más bien raro, pues él trataba siempre de estar vestido en su totalidad cuando ella estaba en su casa (más por respeto y buenos modales que por comodidad). Sin embargo, en todo ese tiempo nunca se había detenido a mirarlo como lo miraba en aquél segundo. Notando cada detalle de su piel, su pecho, abdomen, brazos. Incluso la fina línea de vello que partía de su pantalón hasta la parte baja de su ombligo. Notó también que Syaoran, además de tener un lunar en el hombro izquierdo que Hien no, tenía una piel magnética. Atrayente. Sacudió la cabeza y al alzar la mirada, reparando lo alto que era, se encontró con los ojos ámbares de él mirándola desconcertadamente.
-Am… ¿Todo en orden?
-Ah… sí, sí, yo…sólo- fue ahí que se centró, recordando a lo que iba- Quería preguntarte… ¿Tú no querías conocerme? Antes, cuando… salía con Hien- Syaoran, ante la pregunta, arqueó las pobladas cejas con ligera sorpresa.
-¿Por qué no iba a querer conocerte?
-Bueno es que… ¿No se te hace extraño que apenas ahora hayamos coincidido? Digo… llevaba años saliendo con tu hermano… ¿Lo normal no habría sido saber el uno del otro?- Syaoran notó para dónde se estaba dirigiendo la pregunta y frunció el ceño desenfadadamente, en un gesto más bien pensativo.
-Si, supongo que habría sido lo normal…- Hien había conocido a sus novias después de todo, aunque no habían sido muy numerosas tampoco. Se encogió de hombros, antes de decir:- Bueno, ahora que lo pienso, puede que durante un tiempo la dichosa "novia de Hien" no me agradara, pero fue por un corto periodo- Sakura lo miró, interrogante, y Syaoran se apresuró a aclarar- No te conocía, pero te imaginaba como una persona arrogante. No ibas a las reuniones que te invitaban en la familia.
-¡Claro que fui!
-Si, pero no cuando yo estaba- y Syaoran pareció entender la incógnita de Sakura y su mirada lo delató, deteniéndose un momento. Sakura, por su parte, sentía numerosos recuerdos en su cabeza, incluso el de la primera vez que vio a Syaoran, cuando estaba en la sala de estar de la residencia Li conversando con Hien, a la edad de nueve años. Casi pareció notar más que nunca el corto instante en el que Syaoran ingresó a la casa y Hien murmuró para sí un "llegó más temprano"… ¿Acaso pretendía que la visita durara lo suficiente como para que su hermano llegara, y no notara que hubo visita en primer lugar? El joven Li, que pareció leer su mente por un momento, se mostró igual de desconcertado que ella:- ¿Hien… no quería que nos conociéramos?
-¿Por qué?- Sakura misma no entendía. Miró sus manos un momento, y luego a Syaoran:- Considero que he sido una buena novia… fiel, tierna, atenta… ¿Acaso tú te llevabas tan mal con él?- tenía que preguntárselo a él, pues Hien no le había hablado mucho al respecto tampoco.
-¿Qué? ¡Claro que no! - se apresuró a decir el castaño, casi que ofendido por ello- Mi relación con Hien siempre fue muy buena, creo que antes he sido yo demasiado protector, al menos cuando éramos niños- guardó silencio un momento, meditabundo – Bueno, tal vez si nos distanciamos un poco en los últimos años, pero…- se detuvo, sintiendo un nudo en la garganta, como le ocurría cada que hablaba de Hien con alguien como ella, que podía entenderlo en cuando su afecto a él. Sakura entendió eso y lo miró con cierta pena.
-Lo lamento…- Syaoran suspiró, evadiendo la verde mirada de ella.
-No importa…
-Claro que importa. Es tu…
- ¿Hermano? - concluyó el muchacho, antes de mostrar una sonrisa queda y apagada- Por favor, no sigas- Sakura se sintió terrible y su mirada la delató, cosa que Syaoran notó al mirarla por el rabillo del ojo. Tomó aire y se esforzó por lucir, si bien no más animado, al menos sí más tranquilo- No importa… ya casi se cumple el año, es un poco duro. Tú también debes extrañarlo.
-Sí… así es.
-Ven, vamos a ayudar con el desayuno- y le sonrió. Él era malo para fingir cosas que no sentía, pero por algún motivo, con Sakura era diferente. No porque quisiera fingir con ella sino porque, al contrario, quería verla bien. Quería proteger esa hermosa sonrisa genuina que se veía más espectacular cuando era su mirada la que la compartía. Llegaron a la cocina dónde encontraron a Touya cocinando y, sin más, se dispusieron a ayudarle. Incluso el mayor, al cabo de un rato, se terminó relajando tras notar que Syaoran tenía una buena voluntad de ayudar. Se sentaron a desayunar y aunque conversaron poco, el momento fue incluso algo agradable. Omitiendo, claro, las miradas desdeñosas que Touya le dedicaba al joven escritor o que éste, en su defecto, le devolvía, sin dejarse amedrentar. Al cabo de un rato, cuando terminaron, Sakura se incorporó y los otros dos la siguieron, ayudándola a limpiar. Una vez terminaron, la chica se estiró perezosamente antes de avisar que se iba a duchar. Syaoran ya había dejado un mensaje a Eriol y éste avisó que pasadas las diez iría a su casa a abrirle la puerta con las llaves de repuesto y, al ser ya las nueve, agradeció que no tendría que esperar tanto. Sin embargo, en ese lapso, notó que Sakura se iba y él se quedaba a solas con Touya.
Éste lo miraba detenidamente, sentado en el sofá. Brazos cruzados, piernas cruzadas, analítico. Syaoran se sintió algo incómodo de entrada, pero no lo demostró. Aunque, al cabo de un momento le terminó diciendo- Am… Disculpa, ¿Se te ofrece algo?
Touya frunció ligeramente más el ceño, escrutándolo con sus intensos ojos oscuros, antes de decir- ¿Cuáles son tus intenciones con Sakura? - Syaoran parpadeó, desconcertado.
-… ¿Qué?
-Ya escuchaste la primera vez, mocoso.
-Sí, sí escuché, pero… no entiendo el porqué de la pregunta- le repuso el castaño con honestidad, mirándolo fijamente - Sakura y yo nos llevamos bien. Somos amigos, no tengo intenciones ocultas con ella.
-Eso no me decía la manera cómo la mirabas ahorita.
- ¿Qué? – Syaoran, por un momento, se terminó sintiendo terriblemente incómodo ¿La miraba? ¿Cómo la miraba? Pudo deducir entonces los pensamientos del mayor de los Kinomoto y, seguidamente, sólo soltó un suspiro cansino- Sakura es mi cuñada y aún tenemos ambos fresca la memoria de Hien. Creo que el quererlo es lo que nos ha unido a ambos- le dijo con voz ronca- Además… salí de una relación terrible hace tan sólo unos meses. Con una persona aún más terrible… no busco propiamente una relación en este momento de mi vida. Así que no te preocupes.
Touya guardó silencio, hasta que suspiró, suavizando la expresión de su rostro, aunque sólo fue un poco.
-De hecho, eso en lugar de tranquilizarme, me preocupa más- Syaoran no entendió.
- ¿Por qué?
- Porque Sakura es una persona genuinamente buena, con una capacidad enorme de amar tan intensamente como nadie. Eso es un tesoro, si lo comparas con personas terribles.
Syaoran abrió más sus ojos ante esa declaración y, oportunamente, en ese momento llegó Sakura. Quien portaba un jean, una camisa azul oscura de manga larga y los cortos cabellos húmedos, echados hacia atrás, despejando su bello rostro. El escritor se ruborizó, viéndola, pensando en lo que dijo Touya. Y pensando que, tal vez, ya entendía a qué miradas se estaba refiriendo éste. Ella peinaba un poco su cabello con los dedos mientras que, con un aire más despreocupado y fresco, sonrió- ¿De qué hablaban?
-Nada- contestaron ambos a la vez; Touya mirándola como si nada, mientras Syaoran quitaba la cara. Sakura pareció extrañada y su hermano mayor, al notarlo, sólo soltó un suspiro.
-Hablábamos de tu cumpleaños- dijo finalmente.
- ¿Mi cumpleaños?
- Si, tu cumpleaños, monstrete ¿De quién más estaríamos hablando? -Sakura se puso roja, inflando las mejillas en un gesto sumamente adorable.
- ¡Que no me llames así! – la chica sopló por la nariz y, es un gesto mal encarado, terció- ¿Qué pasa con mi cumpleaños?
- Sí, tus veintitrés. Planeo que los celebremos este año- Sakura se sintió sorprendida, pero no supo si era porque hablaban de celebrarlo, cosa que ella no acostumbraba a hacer desde hacia cierto tiempo (era, de hecho, Tomoyo una apasionada por festejar ese tipo de fechas) … o porque era Touya Kinomoto el que lo sugería, alguien que no celebraba ni su propio cumpleaños (de no ser por Yukito). Sakura amagó una sonrisa, apartando la mirada.
-Bueno, tal vez una inocente celebración no vendría mal…- dijo en un murmullo quedo- Ya que los veintidós años fueron algo terribles -Miró a Syaoran, quien para entonces la estaba mirando a ella, y le sonrió de forma un poco más natural- Vendrás, ¿No? Es en abril.
Syaoran se sorprendió por la invitación, teniendo en cuenta que acababan de reconciliarse luego de llevar un mes sin hablar, aunque en el fondo de sí mismo, también le complació un poco- Bueno… sí, claro. Todo por verte feliz, Sakura.
Y la aludida abrió los ojos de par en par ruborizándose, mirando a Syaoran, aunque sintiendo una fuerte oleada de sentimientos que sólo la hicieron traer recuerdos a su mente. La primera vez que había visto a Syaoran, hacía tantos años en la residencia Li, ¿No estaba ella invitando a Hien para su cumpleaños también? "Todo por verte feliz… querida Sakura". Una respuesta tan similar, en un rostro tan parecido, en dos personas que, sin embargo, eran tan distintas. Todos esos meses llevaba ella pensando en Hien, pero también en Syaoran, y veía en ellos dos personas muy diferentes a pesar de su notorio parecido físico. Pero en ese segundo que acababa de transcurrir, los vio idénticos… y no supo que pensar al respecto ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde entonces? Hien y Syaoran eran diferentes, si… pero no dejaban de ser hermanos. Se dio cuenta que Syaoran aún la miraba con esos intensos ojos ámbares y sonrió, antes de asentir con la cabeza.
-Ven… llamaré a Eriol para ver si ya viene para acá.
-Vale.
Y eso hizo. En lo que Sakura le marcaba, ambos estaban pensativos. Acababan de volver a la normalidad luego de un mes, pero ¿Podía decirse que estaba todo normal? Mientras Sakura pensaba aún en los gemelos Li, Syaoran pensaba en la manera que dijo Touya que le cambiaba la mirada al verla ¿Sería verdad? En ese segundo la miraba. O más bien, la contemplaba. Y las palabras de Touya volvieron a su cabeza "Eso es un tesoro, si lo comparas con personas terribles". Si, la gente como Sakura era un tesoro, si la comparabas con gente como Meiling. Pero eso no tenía porqué significar algo, ¿O sí? Incluso la incógnita de si Hien habría querido que ellos se conocieran o no. De todas maneras, hablaron de seguir como si nada y de si era mejor así.
"Ahora que lo pienso" se dijo para sus adentros el escritor "No supe qué pensaba del libro."
