¡Hola! ¿Cómo van? De antemano quiero desearles a todos y todas un feliz inicio de año. Y bueno, agradecer por el apoyo a quienes siguen y gustan de ésta historia :') . Especialmente a Celes383, Sakurita136, cerezo01, Paramo Isabel, entre otros, por sus comentarios. De verdad para mí es motivo de inspiración el saber qué opinan de lo que escribo y si, efectivamente, les gusta la evolución que va teniendo.
También quiero aclarar que sé que a veces me demoro en publicar un capítulo nuevo, pero no es por dejar de lado la historia, sino porque realmente he estado muy ocupada (ups). Así que espero que me tengan paciencia con eso; hacer una historia buena requiere tiempo y yo escribo cada que éste me da. Sin embargo, cómo regalo les dejaré un capítulo más largo que el anterior ;)
¡De corazón, gracias por su apoyo! Besos.
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Capítulo 12: Enigma. Lo que atrás no quedó
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Cuando el timbre del departamento 308 sonó, Sakura supo de inmediato que se trataba de Eriol. Después de todo, no era recurrente para ella tener visitas a esa hora, aún si se trataba de Rika. En efecto, una vez abrió la puerta, se encontró con ese joven alto, de tez blanca, tranquila mirada en sus ojos grises y elegancia natural en su porte. Vestía con un pantalón negro y zapatos del mismo color. Un chaleco de lana azul oscuro, sobre una camisa blanca de botones y, encima de todo, una casaca negra, muy elegante. Sus manos, de largos dedos elegantes de pianista, se encontraban enguantadas, por su costumbre de no llevar estas en los bolsillos. Sakura le sonrió de vuelta y lo saludó, haciéndose a un lado para que entrara.
-Buenos días, Eriol.
-Buenos días, linda Sakura… ¿Cómo te trata el domingo? – la chica se encogió de hombros, algo apenada, esperando que la sonrisa disimulara un poco las ojeras producidas por la desvelada que le terminó ocasionando Syaoran.
-Me trata bien, todo en orden.
-¿Dónde se encuentra el buscapleitos enemigo de las llaves?
-Te estoy escuchando, Eriol- farfulló Syaoran de mala gana, sentado en el sofá aún, mientras observaba al inglés entrar. Éste compuso una de sus tan enigmáticas sonrisas, que podía pasar fácilmente por una sonrisa de gentileza, aunque Syaoran, cómo su amigo, podía adivinar fácilmente que había un matiz de burla camuflado detrás de ésta. Por ese motivo entrecerró los ojos, mirándolo ligeramente mal.
-¿Qué hay, lobito?
-Cállate.
-Eso no es muy gentil- Eriol fingió mal el estar ofendido por ese comentario- Me vine hasta acá un domingo a esta hora solo para darte las llaves y, ¿Así es cómo me recibes? - sin embargo, tras terminar la frase lo escudriñó con la mirada, notando que Syaoran, además de estar sin calzar, andaba sin camiseta en casa ajena, cosa que parecía no muy propio de él. Conjuntamente, hasta dónde él recordaba, ni Syaoran ni Sakura se estaban dirigiendo la palabra- Bueno, ¿Tendría alguno de ustedes la amabilidad de explicarme qué se supone que está sucediendo?
-Pues… -empezó a decir la castaña, pero Syaoran le cortó la palabra al incorporarse y dirigirse hacia dónde estaba él, advirtiéndole con la mirada que no dijera nada.
-No importa ya, luego te contaré. Vamos, quiero ponerme otra ropa- sin embargo, en ese momento salió del pasillo del departamento Touya Kinomoto, quién había tomado una ducha recientemente y se secaba los cabellos castaños, ahora negros por la humedad, con una toalla pequeña. Vestía con un jean azul, y una camisa de algodón, manga larga, de color vino tinto. Eriol lo notó, y le sonrió. Y, para sorpresa del joven Li, Touya hizo lo mismo al notarlo. Se acercó al inglés y le tendió una mano, a modo de saludo.
-Chico Hiraguizawa, hola- saludó afablemente, como quien encuentra a un viejo amigo. O a alguien distante con quien, en algún momento, se pudo tener una charla muy agradable. Eriol le sonrió de vuelta, estrechando su mano, siempre luciendo cordial, aunque esta vez también se mostraba genuinamente complacido.
-Touya, cuando tiempo ¿Dónde dejaste a Yukito?
-Está con Yue. - el mayor de los Kinomoto se encogió ligeramente de hombros, antes de preguntarle qué tal iba todo en el trabajo. Sakura miraba esa escena sonriente y Syaoran con un poco de desconcierto… ¿Por qué a Eriol si lo trataba bien y a él lo miraba terriblemente mal? Sakura, divertida, se aproximó y se puso a su lado, mientras reía.
-La verdad, me parece increíble a veces que ellos dos hubieran salido con la misma persona y no se tengan resentimiento pese a eso. De hecho, se llevan bien. - Syaoran pareció sorprendido al escucharla, y miró fijamente como Eriol le respondía con una postura relajada y amena. Acto seguido, el castaño miró a Sakura con el mismo grado de perplejidad.
-¿Salieron con la misma persona?
-Sí, con la profesora Kaho Mizuki. Claro que no al mismo tiempo, ella fue primero novia de Touya, y después de Eriol.
Syaoran pareció recordar por los lados el cómo, en algún momento, Eriol si había salido con una profesora, cosa que hasta cierta medida él mismo le recriminó. Le había parecido imprudente y poco apropiado. Sin embargo, ¿Quién era él para juzgarlo, cuando también había tenido más de un desliz en el amor? Miró por el rabillo del ojo a Sakura, quien sonreía distraídamente, ajena a las atenciones que le dedicaba el escritor y se ruborizó tenuemente, pensando un poco en las palabras que Touya le había dicho algunos minutos atrás.
Pero… ¿Cómo realmente miraba a Sakura? No sentía mirarla de manera diferente. Tal vez sí, la apreciaba, pero desde el fondo de su corazón no sentía hacer otra cosa que admirar lo que ella ya era. Aunque bueno, eso no importaba. Le alegraba estar bien con ella en ese segundo, cosa que ya era un algo.
Luego de que Touya y Eriol se pusieron al día en unos pocos minutos, el inglés farfulló algo sobre tener a su novia esperando, por lo que sería mejor partir. Se despidió de Sakura y su hermano mayor; y cuando llegó el turno de Syaoran para hacerlo, éste sólo miró a la chica de forma vacilante.
-Bueno… este…- Lo cierto era que quería comunicarle que esperaba seguir en contacto, si podía llamarla. Lanzarle con tanta confianza como la primera noche que ella se fue de su casa el que se volvieran a ver, pero, en ese segundo, sencillamente sintió un nudo en la garganta que le impidió decírselo. Sakura ya tenía el cabello más seco para entonces, y acomodado, enmarcando su hermoso rostro. Y cuando recibió sobre sí la mirada de escritor, pareció desconcertada, pero en pocos segundos entendió lo que él quería decirle. O al menos intentaba, pero no se sentía capaz.
-Te llamaré- le hizo saber ella- Tengo ganas de pasar por la librería y necesitaré buenas recomendaciones- Syaoran no esperó eso, pero pronto suspiró aliviado. Y luego le sonrió genuinamente, cosa que no había hecho en días. Ahí llegó el turno de Sakura para ruborizarse, aunque lo disimuló.
-Vale, perfecto. Estaré pendiente.- vaciló en si podía acercarse a despedirse o no, pero pronto descubrió la mirada inquisidora de Touya sobre él, por lo que prefirió abstenerse. Salieron ambos muchachos del 308 y luego, con la tan apreciada ayuda de Eriol, consiguieron ingresar al 309, que para entonces estaba tal cual lo había dejado Syaoran en la madrugada: Libros sobre la alacena, el computador portátil sobre el sofá, abierto (pero seguramente descargado); y la copa de vino sobre el suelo alfombrado, esperando por un dueño que no iba a beberla. El joven Li se sintió reconfortado al estar por fin en su casa, pero al escuchar la puerta cerrarse tras Eriol y el cómo éste se aclaraba la garganta, supo prontamente que tendría que dar explicaciones.
Suspiró, cansinamente, y contó mentalmente hasta diez.
-No es lo que parece.
-¿Y qué es lo que parece?
-Eriol…
-Escucha, si vine hasta acá a ayudarte con un problema, merezco como mínimo saber qué sucede, ¿No? Hasta ayer parecías molesto otra vez luego de verla con Touya.- Syaoran se ruborizó al escuchar eso, recordando la escena que había armado en la madrugada dónde Sakura, sólo para enterarse de ese detalle.
-¿Por qué no me dijiste de entrada que era su hermano?-preguntó el castaño, un poco más contrariado, mientras resoplaba por la nariz en lo que se avanzaba, buscando una camisa o algo para poder ponerse. Aunque la calefacción hubiera permanecido encendida, lo cierto era que había quedado con algo de frío tras haber despertado en el sofá de Sakura. Sin embargo, ante aquél reclamo, Eriol sólo pareció desconcertado.
-¿Por qué iba a decirte que es su hermano? No es un detalle importante, ¿O sí? - Syaoran frunció el ceño, ruborizándose de golpe mientras lo miraba mal y, frente a eso, Eriol prefirió no insistir más. Era claro que el escritor en medio de su timidez se sentía avergonzado. Y tal vez lo más prudente sería no insistirle en ese segundo. - Bueno, no importa. Naoko me está esperando abajo en el auto, y no quiero demorarme mucho tampoco.
Syaoran alzó la cabeza y lo miró, cauto, bajando un poco la guardia- ¿Y por qué no le dices que pase?- fue ahí el turno de Eriol de componer una mueca, incómodo.
-No creo que quiera hacerlo.
-¿Por qué?- Eriol vaciló y Syaoran, pese a ser alguien despistado en muchos casos, logró leer de inmediato sus expresiones. Y frunció el ceño, receloso- Oh, por todos los…
-Syaoran…
-¡No puede impedirte que te veas con tus amigos, Eriol! ¡Yo llegué antes que ella!
-Si, eso lo sé. Y ella se lleva bien con Tomoyo y Sakura, sólo que por algún motivo tú no pareces agradarle del todo. Dice que no te ve lo suficientemente culto. - y Syaoran parpadeó, guardando silencio. Pero entre más parpadeaba, más aumentaba su expresión de enojo y era tan marcada en su rostro que hasta su cabello castaño, de por sí desordenado, pareció crisparse más. Estaba claramente ofendido.
-¿Qué ella dijo qué?
-Syaoran…- volvió a decir Eriol, intentando calmarlo, pero por conocerlo sabía que sería un poco inútil.
-¿¡Me puedes decir cómo sigues con ella!?- explotó finalmente el escritor, sin dar crédito a sus oídos- No te gusta, no sienten química en lo más mínimo, te gusta alguien más, y al parecer no tiene dos dedos de frente como para poder reconocer a una persona realmente culta- una gota se deslizó por la parte trasera de la cabeza de Eriol, quién sospechó que el enojo radicaba más en la última afirmación que en el resto de los elementos.
-Pero en medio de todo también es una chica noble y agradable, no podemos echarle solo piedras, ¿No? Además, con ella hay que dejar que conozca antes a la persona y que sea después de conocerla que establezca su propio juicio.
-Pues es una gran lástima que yo ya tenga mi propio juicio establecido sobre ella. - y al decir eso Syaoran se cruzó de brazos, reticente. Entrecerró los ojos, componiendo una mirada desafiante, que delató que no cambiaría tan fácil de parecer. Eriol suspiró, pensando que probablemente fue un error decirle eso, aunque ya no podría hacer nada al respecto.
-Bueno…- se viró, tomando las llaves de repuesto- Te dejaré entonces, hablaremos al rato.- Syaoran resopló por la nariz, a modo de respuesta y, antes de ver como su amigo cruzaba la entrada principal, decidió agregar algo.
-Eriol. En serio, te recomiendo que le termines. Creo que mereces estar con alguien que te guste y pueda corresponder plenamente eso. – Eriol pareció algo asombrado, pero no se atrevió a decir nada en ese momento. Syaoran fue enfático al decir "Alguien que te guste". A él, sí. - No veo el motivo de luchar por un amor que desde el principio no existe a realmente empeñarte e ir detrás de quién tu corazón indica. - Eriol guardó silencio otro momento, mirándolo. Y luego de unos momentos, apartó la mirada con la expresión algo turbia. Pensativo. Se dio la vuelta y empezó a salir de la casa.
-Hablamos al rato. – fue lo único que el inglés atinó a decir, antes de retirarse de ahí.
Syaoran soltó un suspiro prolongado, mientras restregaba su rostro con la mano derecha, en lo que daba con una camiseta que dejó colgada del respaldar de la silla de su escritorio. Se la puso por un momento y, cuando ya se alegró de tener algo encima, su mirada se dirigió a un libro amarillo que reposaba encima del escritorio mismo. Una edición bastante desgastada de un libro de Neruda, el único que conservó consigo luego de que Eriol le llevara una caja entera que iba a disponer para la caridad varios meses atrás. Syaoran sonrió de medio lado, recordando un poco lo escandalizado qué sintió cuando vio que alguien se atrevió a poner tantas joyas literarias en un mismo espacio, sólo para regalarlas, hasta que calló en cuenta que esa gente que lo recibiría seguramente eran los que más los necesitaban. Al final él mismo terminó donando varios libros, aunque se quedó únicamente con ese, por el último poema.
El libro era Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
"Puedo escribir los versos más tristes esta noche…" Sí, sí, se conocía de memoria el poema, además. Con la mirada algo perdida, capturó la pequeña edición entre sus manos y la miró detenidamente. Era tan viejo que las páginas ya se encontraban amarillas y el lomo empezaba a deshacerse. Lo único que quedaba grabado de manera tosca, con marcador, era un "KS" en la portada, en toda la esquina inferior derecha ¿A quién le habría pertenecido antes ese libro? ¿Quién fue aquél o aquella que, en un principio, quiso donarlo? De manera distraída, corrió la silla y se sentó en frente del escritorio, entreabriéndolo, pasando de forma lenta y extranjera algunas de las páginas, viéndolas sin prestarles mayor atención, realmente.
Recordó que el por qué decidió conservar ese libro, en primer lugar, era por la desdicha que sintió al leer a Meiling entre las letras del último poema. Terminó una noche de tantas en otra borrachera sólo por leerlo y eso había sido hacía varios meses atrás… ¿Cinco o seis meses? Había perdido la cuenta, pero lo veía lejano de todas maneras. Sin embargo, aunque en sí el incidente de Meiling hubiera ocurrido con un año de antelación, el ver cosas que le recordaran el sentimiento (cómo lo era ese libro) le generaba una cierta sensación de impotencia y un vago nudo en la garganta.
Aún si ya estaba dispuesto a dejarla de lado y seguir con su vida (cosa que era un avance, si evaluaba su actitud antes), no podía negar que Meiling lo había perforado tanto que hacía poco evidente el deshacerse así de la nada de su recuerdo. Supuso que podría considerar que se liberó de ella el día que realmente pudiera pasar un buen momento con alguien, de manera plena, y sin recordarla en absoluto. Pero ¿Cuánto tiempo pasaría para eso? Soltó un suspiro quedo, sintiéndose desanimado de golpe. ¿A qué jugaba? Se sentía exhausto, puesto que no había dormido más que unas pocas horas en el sofá de Sakura tras hacerle un escándalo ridículo. Porque sí, esa era la palabra, "ridículo". ¿Qué estaría pensando ella de toparse de la nada con su cuñado (sintió una sensación amarga en la boca ante eso) … con su amigo, más bien… haciéndole tamaño escándalo a las cuatro de la mañana? Y realmente, ¿Por qué se había enojado tanto por eso?
Él no tenía derecho a pensar de otra manera hacia ella. No, por ella. No, por la memoria de Hien. Y… ¿Por él? Dio un respingo al escuchar el sonido del celular y, cómo si la silla en la que estaba hubiera tenido un resorte, se paró de un salto, dirigiéndose a la sala para tomarlo. Había dejado de pagar el celular en los meses posteriores a la partida de Meiling, pero desde diciembre había tomado la decisión de usarlo de nuevo. Y su mirada se tornó cálida al ver, en el buzón de mensajes, uno de Sakura. Si le había escrito, después de todo…
No pudo reprimir una sonrisa.
Lo abrió y vio de decía "Hola, extraño.". Syaoran mordió distraídamente su labio inferior, divertido, en lo que se apresuraba a responder "Hola, desconocida". Se sentó en el sofá, mirando la pantalla, mientras Sakura respondía con un "jajaja". Syaoran vaciló un momento.
"¿Cómo estás?"
"Syaoran, ¡Acabamos de vernos!"
"Bueno, va…"
"En fin, hablando con Touya, pensamos que sería agradable tener un día donde nos reuniéramos todos, y quería invitarte."
Syaoran se asombró por eso, abriendo sus ambarinos ojos ante la sorpresa que sintió y ruborizándose en el acto. Tardó un segundo en responder, pero luego escribió "Claro, suena bien. Gracias."
"¡Perfecto!"
"¿Qué se te ocurre?"
"Aún lo estamos pensando."
Syaoran alzó la cabeza en dirección a donde tenía libros regados, por la alacena, y alcanzó a visualizar un volante arrugado del día anterior, que por algún motivo milagroso no había desechado: el volante donde la señora Sakaichi invitaba a una comitiva con todos los del edificio para celebrar la llegada de la primavera, el jueves. El escritor lució pensativo y, seguidamente, volvió a mirar el celular.
"Oye, creo que tengo una idea…"
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Sakura no sabía con exactitud si había sido una buena idea, pero ya era jueves y ahí estaba ella, en su departamento. Las manos sobre su regazo, removiéndolas nerviosa y distraídamente. A decir verdad, ignoraba aún porqué había tomado la iniciativa de escribirle a Syaoran hacía unos pocos días, luego de que él hubiera partido. Ella, desde el fondo de sí misma, quería esperar para hacerlo; puesto que, a pesar de estar a paz con él, aún se sentía un tanto afligida por el mes de distanciamiento. No quería parecer muy desesperada tampoco. Pero… quería hablarle. No podía negarse eso.
Le escribió antes de haber reflexionado si debía contenerse o no y, cuando menos lo hubo esperado, él ya le estaba respondiendo. Y no sólo eso, sino que fue él quien le propuso el plan que estaba esperando en ese momento: la cena con los vecinos. Ella había llamado ya a la señora Sakaichi para confirmarle a cuantos invitados llevaría, había aceptado, entonces ¿Por qué se sentía tan nerviosa? Tal vez se debía a que saldría con Syaoran luego de mucho, si, y no sólo eso: sino que también sería en la presencia de sus seres más cercanos. Touya, los hermanos Tsukishiro, Eriol y Tomoyo. ¿Cómo saldría todo? ¿Sería como cuando salía con Hien? Alzó la verde mirada y suspiró, notando cómo Touya conversaba con Yukito, de forma tranquila, cerca de la cocina. Y Tomoyo, por su lado, hablaba con Yue, quien tenía una postura un poco más distante, cruzado de brazos, pero de todas maneras parecía escucharla con atención.
Aunque a Sakura de pequeña le hubiera gustado mucho Yukito, era cierto que adoraba ver la expresión de dulzura y calidez que éste podía despertar en Touya, su hermano. Porque Touya era otro cuando de Yukito se trataba, y al poder apreciar eso, Sakura había decidido aceptarlo y dejarlo ser. Después de todo, el amor no se trata de posesión. Se trata de apreciación, de admiración. Y a partir de eso, impulsarse juntos a crecer mutuamente. Suspiró, mirando de nuevo sus manos, notando cómo ya no las removía más. Al contrario, ahora estaban apacibles. Las detalló mejor en su suavidad: Largos dedos elegantes y finos, con las uñas perfectamente tenidas, pintadas de un pálido rosado (uno de sus colores más característicos).
¿Por qué estar nerviosa? No, no tenía motivo. Syaoran era otro amigo invitado a ese evento y, de hecho, cómo amigo lo recibiría. Cómo el hermano de Hien también. Oportunamente el timbre sonó en ese momento, y Sakura levantó la cabeza hacia la puerta.
-Yo abro. – avisó. Y cuándo lo hizo, le complació ver a Syaoran de pie al otro lado, mirando distraídamente un punto al lado del marco de la puerta. Sin embargo, apenas ésta se abrió, notó el rostro de Sakura asomarse y volvió su concentración a ella apresuradamente.
-Ah… ¡Hola!
-Hola. - ella contuvo una risita divertida, mientras lo contemplaba. Era hilarante apreciar también cómo variaban los estilos entre Hien y Syaoran, y eso incluía la manera de vestirse. Incluso siendo el heredero de la corporación Li, a Hien le gustaba más bien la ropa despreocupada, cómo alguna camiseta de algodón, con cualquier estampado y un jean. Si tenía frío, se conseguía un abrigo cualquiera y, por su cabello, nunca se lo peinaba, pues se había resignado ya a que éste era indomable. A Sakura le agradaba la naturalidad que podía brindarle ese estilo foráneo de vez en cuando, pero también le agradaba el estilo de Syaoran, quién era un poco más formal. Solía llevar camisas de botones, en lo que ella lo había visto, pues las camisetas las dejaba más bien para espacios como la casa. Si llegaba a salir con alguna camiseta, también esta estaba muy bien tenida. Tal vez lo único similar en los estilos de ambos, en ese aspecto, era el cabello desordenado. Sakura encontraba muy lindo el hecho de que Syaoran se esforzara por lucir bien vestido, y se ruborizó al notar eso. El escritor notó el rubor, pero no llegó a hacer suposiciones del por qué.
-Oye, ¿Todo en orden?
-Ah, sí, sí, claro ¡Pasa! – notó a Syaoran vacilante, pero éste entró tan seguro a la casa que supuso que debió haber sido sólo una impresión de ella. Aunque claro, ella ignoraba que el mismo escritor realmente sí se encontraba algo nervioso también. De los invitados de Sakura, conocía a algunos, sí: A Eriol, su mejor amigo. A Daidouji, que era amable con él. A Touya Kinomoto, a quién trataría de evitar durante la noche. Y a la misma Sakura, quien era el motivo real del porqué estaba ahí. No obstante, fue mayor su sorpresa al percibir que, además de esos que había contado mentalmente, sólo se sumaban otros dos. Por ende… ¿Estaba en una reunión donde conocía a la mayoría de los invitados? Se sintió gratamente complacido, aún si Eriol no había llegado. Touya lo fulminó con la mirada y Syaoran se apresuró a devolverle el gesto, con mañoso desdén. Y sólo apartó la mirada del mayor de los Kinomoto en el momento que escuchó una risa al lado de éste, ubicando a un precioso hombre de delicadas facciones y cabello cenizo. Tenía ojos de un tono caramelo, muy similar a los del escritor, salvo que éstos eran enmarcados por unos lentes de montura redonda. Inspiraba mucha paz verlo. Syaoran se ruborizó.
-Vaya, de verdad que tu parecido con Hien es asombroso. – dijo aquél hombre, sonriendo con gentileza. Syaoran sabía de antemano que de seguro ese sería el primer pensamiento que tendrían los amigos de Sakura al verlo por primera vez, como ocurrió con la embarazada y el de los ojos cerrados el otro día y, aunque odiaba por lo general que lo compararan con su hermano, por alguna extraña razón encontró tranquilizador el que ese hombre fuera franco con sus pensamientos. Yukito se acercó a Syaoran, pese a la mirada de amenaza que le dedicó Touya, y le ofreció la mano al castaño- Yukito Tsukishiro, un placer conocerte. He leído unos cuántos de tus libros, soy un admirador. – Syaoran se ruborizó nuevamente y el ceño marcado de Touya se acentuó más, aunque no le dijo nada. Después de todo, era consciente que estaba en la naturaleza de Yukito el ser amable.
-Oh… mu… muchas gracias. – respondió Syaoran, sorprendido y satisfecho a la vez, mientras respondía al saludo con una sonrisa discreta, pero genuina- Syaoran Li. Es un honor para mi conocer a un seguidor.
- ¡El honor es mío, por supuesto!
-Yuki…- la voz de Touya sonó a modo de advertencia, mirándolo por el rabillo del ojo. Y el aludido sonrió, encogiéndose de hombros apenado.
-Lo disculparás, su relación con Hien no era demasiado buena. "Hermano mayor" siempre ha sido protector con la pequeña Sakura. – Syaoran encontró en Yukito una persona simpática y refrescante, aunque en parte también algo inocente. Sospechaba que el tono que empleó Touya no era propiamente por ser un hermano mayor protector únicamente, sino también por algo más. Tuvo el vago recuerdo de Sakura mencionándole a Yukito en alguna conversación, comparándolo con un príncipe, afirmando que estando muy niña le gustó y, en cierta medida, pudo entender también el porqué.
Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos ante la llegada de Tomoyo.
-Li, qué gusto verte por acá.
-Daidouji. – dijo éste en modo de respuesta, serio, pero no grosero. Tomoyo entendió que él era simplemente alguien de una personalidad discreta, por lo que no se tomó a mal ese saludo. Ella solía ser intuitiva con las personas.
- ¿Cómo vas? Ya va rato que no cruzamos palabra.
-Todo en orden, supongo. – notó que estaba siendo un poco serio y suavizó la mirada, para así sonreír tenuemente también, en un intento de parecer más amable. Daidouji era la mejor amiga de Sakura y, bueno, quería agradarle a ella también de alguna forma. Aunque en el fondo no lograba entender del todo el por qué- He estado trabajando en un nuevo proyecto. ¿Y a ti? He leído recientemente que sacarás la nueva colección de primavera para marzo. – Tomoyo llevó la mano a su boca, pareciendo que contenía una risita educada.
-Así es, en el taller hemos estado trabajando mucho, pero afortunadamente han salido diseños. – y contra todo pronóstico, la chica llevó la misma mano a su propia mejilla mientras sonreía, con los ojos bastante brillantes- Y todo ha sido gracias a mi linda Sakura, pues imagino cada uno de esos trajes modelados por ella, mi preciosa amiga. – Una gota calló por la parte trasera de la cabeza de Syaoran.
En aquel momento, tras la joven Daidouji, el escritor notó la presencia de otra persona y, al notarlo, enmudeció en el acto. Se trataba de Yue, en su absoluta elegancia. Camisa formal azul turquesa, remangada hasta los codos; pantalón negro, recto y zapatos parejos. Portaba un Rólex plateado en la muñeca derecha y llevaba el cabello blanco sujeto en una trenza baja. Era hermoso. Cómo extraído de las más bellas pinturas de los cuadros de Caravaggio. La representación exacta de lo que podría representar un ángel, en su estado de belleza más andrógina. Con las mejillas ligeramente hundidas, los pómulos altos, los labios finos y delicados y los ojos de dura mirada enmarcados en largas pestañas blancas. Éste se acercó a Syaoran y le tendió una mano a modo de presentación, pero el aludido se sintió terriblemente torpe por un momento.
-Yue Tsukishiro. Encantado.
-Este…ah… yo…- Syaoran se sintió desorientado. Él estaba seguro de sus gustos por las mujeres, pero en su faceta contemplativa de escritor no podía dejar de mirar a Yue con pasmosa perplejidad, pues su belleza era demasiado impactante. Se ruborizó hasta el cuero cabelludo, avergonzado y, en gestos muy mecánico, le aceptó la mano- Sya…Syaoran Li. Un…Un pla… - se interrumpió un momento, volviendo en sí- ¿Tsukishiro? – repitió.
Yue no mudó de expresión, aunque su mirada dejó entrever un destello de aburrimiento bajo la seriedad. Pero antes de tener la oportunidad de opinar tras abrir la boca, un tercero intervino, apartando al castaño. Se trataba de Touya, quién tenía ahora una terrible cara de pocos amigos y una postura tensa.
-Deja de mirarlo cómo un idiota. – le ordenó de manera puntual y cruda. Syaoran no entendió, y eso se notó en su expresión- Sólo no lo mires y quítate, ¿Entendido?
-Amm… Touya… - empezó a decir Yue, sintiéndose algo incómodo al respecto, pero el mayor de los Kinomoto no pareció prestarle atención.
- No sé si no acabo de ser claro. Dije "¿Entendido?".
-Touya. – esta vez fue Yukito quien habló con voz suave, pero una dureza implícita en el sólo nombre. Una dureza que hasta Syaoran, quien acababa de conocerlo, notó. Yue suspiró, sintiéndose aún más incómodo, y Touya pareció volver en sí, apresurándose a mirarlo algo afanado. Yukito lo miraba fija e intensamente, en un gesto desenfadado pero sentido, lo cual, en cierta medida, podía ser peor. Touya se sintió desarmado.
-Yuki…
-Ven.
-Yuki, yo…
-Sólo ven. – no fue una petición agresiva, pero ciertamente no le estaba brindando mayor opción. Cómo si hubieran tenido una conversación que sólo ellos entendieron, Touya suspiró y se apartó de Syaoran, dirigiéndose hacia dónde estaba Yukito. El ambiente era algo tenso, incluso para los invitados. Sakura miró a su hermano preocupadamente. Yue se aclaró la garganta y, buscando reanudar la conversación, prosiguió.
-Si, Tsukishiro. -le respondió a Syaoran- Soy hermano de Yukito. -Syaoran, que pareció volver a poner un pie sobre la conversación, lo miró desconcertadamente.
- ¿Hermano? – repitió.
-Sí. Mellizos, de hecho.
- ¿Mellizos? – el joven Li lució casi escandalizado, mirando a Yukito en su lugar y luego a Yue, una y otra vez, percibiendo sus notorias diferencias- ¿Por qué Hien y yo no fuimos así?
Sakura abrió sus ojos verdes al escuchar eso y pasó la concentración de su propio hermano a Syaoran. Aunque bien él le había comunicado en unas cuantas ocasiones que le molestaba que lo confundieran con Hien, una parte de sí se sintió sorprendida al apreciar la magnitud de lo que representaba para él el no ser idéntico a su hermano. Observó distraídamente al joven hombre en sus gestos, y una oleada de nostalgia la invadió un momento, al imaginar a Hien, su Hien, hablando ahí con Yue, en el lugar donde estaba Syaoran en ese segundo. Mordió su labio inferior y agradeció al teléfono que comunicaba con la recepción de interrumpir para dar aviso de la llegada de Eriol.
Para fortuna del castaño, éste venía sin Naoko.
El ambiente se tornó más ligero y pronto el inglés los alcanzó en el departamento. Ese día, como pocas veces, tenía una apariencia más informal (aunque sólo por muy poco) y vestía enteramente de negro, cosa que le sentaba muy bien. Tenía un sweater encima de una camisa, y un jean oscuro. Le daba un aire misterioso, además de su tradicional aura intelectual. Tomoyo lo miró detenidamente con sus ojos amatista, pero guardó silencio en un estado contemplativo, disimulando la alegría que le dio el verlo llegar. Después de todo llevaba también muchas semanas sin tener noticias suyas, aunque no supo si le complació o decepcionó el ver que todo parecía ir maravillosamente con él… sin ella de por medio. Soltó un suspiro y apartó el rostro, sin ser consciente que en ese segundo fue Eriol quien la miró a ella.
El muchacho contuvo el aliento, pensando que se veía hermosa. Tomoyo siempre vestía muy bien, y eso sólo aumentaba la belleza natural de ella. Esa noche portaba un vestido amarillo, largo, con detalles de encaje negro. El cabello caía como una cascada ondulada y oscura por su espalda. La había echado de menos, aunque había tomado la iniciativa de alejarse de ella por el bienestar de ambos. Ahora Tomoyo frecuentaba a Takeru Tanaka y, bueno… él tenía a Naoko.
Sin embargo, se sintió débil viéndola de nuevo ahí, de pie. Tan hermosa. Tan perfecta. De repente, una vaga sensación de ansiedad le invadió: quería hablarle. Pero se obligó a volver en sí, mirando a Sakura, mientras dibujaba una galante sonrisa.
-Sakura. – le dijo, mientras tomaba la mano de la aludida y depositaba un beso suave en el dorso de ésta. Syaoran miró eso, enarcando una ceja, y sintió escandalizarse para sus adentros cuando vio que ahí Touya si no dijo nada. Pero prefirió mantenerse en su lugar, mientras Sakura sonreía, divertida.
-Eriol, hola. Qué bueno verte, ¿Te tocó mucho tráfico?
-Sólo un poco. -reconoció el aludido, quien se incorporó- Hoy celebramos la llegada de la primavera aquí. Pero, próximamente celebramos también tu cumpleaños, ¿No estás emocionada?
- ¿Eh? – Sakura parpadeó, desconcertada y sorprendida, pero acto seguido dirigió una mirada a su hermano mayor, quien alzó los hombros desinteresadamente. ¿Se había hablado con Eriol para eso? Syaoran sólo observó las reacciones de ella, el cómo variaban de uno al otro, hasta que la exclamación de Tomoyo acaparó la atención de todos.
- ¿Tú cumpleaños? Oh, mi linda Sakura, ¿Vas a celebrar tu cumpleaños por fin y apenas me lo dices? – una gota se deslizó de la parte trasera de la cabeza de la castaña, quien alzó ambas manos como quien intenta contener a una bestia.
- ¡No ha sido mi idea, lo juro! ¡Eso han estado diciendo! – pero fue en vano, pues Tomoyo ya tenía los ojos brillando, despidiendo emociones diversas en todas sus expresiones.
- Me encargaré de que te veas como una diosa, ¡Te confeccionaré un vestido que le haga justicia a tu belleza y ternura! Tendremos invitados, bebidas, música… - siguió hablando Tomoyo, sumergida en su propia inspiración, mientras Sakura bajaba la cabeza, suspirando resignada. Fue entonces que notó que, mientras los demás tenían su concentración en lo que decía Tomoyo, Syaoran tenía los ojos puestos en ella, Sakura. Expresión cauta, tranquila y curiosa. La castaña le sonrió, apenada, y éste le devolvió el gesto amablemente, motivo por el cual la chica se sintió más cómoda y se acercó a él.
- ¿Ella siempre es así? – le preguntó el joven Li una vez la tuvo a su lado, y Sakura se encogió de hombros, respondiendo con una risita.
-Tomoyo es todo un personaje, ¿No?
-Un poco- reconoció Syaoran- pero me parece algo bonito que se preocupe tanto por darte esos detalles. Se ve que te quiere mucho. Es lindo tener a alguien así.
El escritor miró a Sakura por el rabillo del ojo, notó la sonrisa que se dibujó en el rostro de ella y la expresión cálida que adoptaron sus ojos verdes. Era increíble cómo, cada que la veía, notaba más lindos esos ojos.
Se ruborizó al descubrir su propio pensamiento, y sacudió la cabeza antes de decir- Ah, si… bueno, se hace tarde… ¿Vamos yendo? – Sakura lo miró y le sonrió.
-Si, claro. Vamos.
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El salón social del edificio era pequeño en general, pero lo suficientemente amplio como para que el número de invitados que se encontraba ese día estuvieran cómodos comiendo y conversando. Tal vez sólo en esas fechas los vecinos se conocían realmente las caras y charlaban entre ellos, pues eran pocos los casos que se conocían entre sí, cómo Rika con Sakura, o ésta con Syaoran. Esa noche la señora Sakaichi se había esforzado mucho porque todo se viera hermoso: el salón tenía un suelo de madera recién encerado ese mismo día y paredes blancas con cuadros de tradicionales paisajes japoneses. A ambos lados reposaban dos mesas largas dónde estaban perfectamente acomodados los aperitivos y que dos de los nietos de la señora, Ken y su prima Hikari (una chica de dieciséis años que de vez en cuando ayudaba en los eventos a su abuela), ayudaban a servir, cerciorándose también que cada quién se llevara la porción que le correspondía. El resto del lugar estaba decorado con hermosas flores de origami puestas en las esquinas.
El grupo de Sakura llegó y buscaron pronto la comida con la mirada. Sakura venía junto a Syaoran, conversando desde el departamento y se sentía bien. Realmente hablaban con tanta naturalidad que por intervalos extensos de minutos olvidaba que habían estado sin hablarse largo rato, días atrás. Siempre le presentaban a Syaoran como alguien tímido, aunque a ella le parecía que, cuándo él quería, podía ser un gran conversador. Además, lo veía en una postura relajada, cosa que hacía que ella se sintiera más cómoda en su presencia. No podía dejar de notar que la cálida e intensa mirada de Syaoran era confidente y reconfortante. Pero así mismo, era fascinante. Hien era una persona simpática y graciosa, pero fácil de leer. Syaoran parecía tener mil misterios al interior de su cabeza, y ella anhelaba poderlos destapar todos.
Vieron como los mellizos Tsukishiro y Touya se pusieron en la fila para servirse la comida y Tomoyo decidió esperar a que la fila mermara. Eriol la acompañó. En su análisis de espacio, Sakura logró dar con Rika y sonrió. Ésta se encontraba conversando con un hombre más alto que ella, de cabello castaño rojizo y ojos oscuros. Pese a ser alguien atractivo, se notaba de todas maneras que era varios años mayor que la muchacha. Sakura supuso que se trataba de su novio y, cuando Rika cruzó mirada con ella, le sonrió. Ésta le devolvió la sonrisa, miró al hombre, le dijo algo y luego, tomándolo de la mano, se acercó a dónde estaban Sakura y Syaoran. Éste último la miró con calma, enarcando una ceja, pero no dijo nada. Sabía de la existencia de ella, por las numerosas veces que Sakura la había mencionado, pero además de eso, no recordaba haber cruzado palabras con ella.
-Rika, hola- saludó la joven Kinomoto cuando la vio llegar.
-Linda Sakura, ¿Cómo estás? – le dijo Rika a modo de respuesta, antes de agregar- Mira, quiero presentarte a mi novio. Hoy le dejaron la noche libre, así que pudo venir a acompañarnos. - El hombre los miró y luego les mostró una sonrisa segura y gentil.
-Encantado, me llamo Terada Yoshiyuki. -se presentó con formalidad- Así que tú eres Sakura, ¿No? – Sakura pareció asombrada al ver que conocía su nombre, pero Terada solo pudo soltar una pequeña risa simpática- Rika habla mucho de ti, dice que va contigo a danza.
- Ah, claro- Sakura sonrió de vuelta, encontrando lindo saber que Rika hablaba de ella- Yo soy Sakura Kinomoto, también es un placer. – Sakura notó que Rika le sonrió, pero luego lanzó una mirada de franca curiosidad a Syaoran, de pie a su lado. Supuso que de seguro tendría que responder algunas preguntas después, pero por lo pronto, lo mejor sería salir de las formalidades- Él es Syaoran Li, el vecino del 309.
-Si, recuerdo que me has hablado de él. – respondió Rika, y Syaoran se ruborizó un poco, aunque pudo disimular la sensación de sorpresa. Si bien una parte de sí le recordaba que aquello era normal, otra parte se sentía extraño al pensar que Sakura hablaba de él con otros. La joven psicóloga lo miró detenidamente y el castaño se sintió tenso, devolviendo la mirada a esos grandes ojos de color chocolate, antes de que ella sonriera primero y él suspirara, relajando la postura- Rika Sasaki, es un gusto conocerte por fin.
-Es gusto es mío. – respondió el joven Li. Empezaba a notar que en poco tiempo había conocido ya a varios de los amigos de Sakura y, sin embargo, él no había presentado aún a nadie. ¿Realmente podía considerarse a sí mismo así de huraño? No, no, él tenía también sus amistades. Sólo que era reservado con estas. Notó que Sakura empezaba a hablar un poco con Rika y guardó silencio, escuchándolas, sin ser consciente que, no muy lejos de ellos, empezaba a desarrollarse otra conversación.
Tomoyo intentaba no mirar a Eriol directamente, pues si se sentía algo nerviosa al tenerlo tan cerca luego de no hablar durante tanto tiempo. Sin embargo, sabía de antemano que él la miraba. Lo sentía. Sentía el calor en su piel, en ese punto exacto donde el muchacho había depositado los ojos. Y es que él la encontraba hermosa esa noche. No. Siempre la encontraba hermosa, más bien; pero llevaba sin verla por tanto que no podía sino encontrarla radiante. Era increíble como su mirada se suavizaba tanto junto a ella y, sin importarle el ruido de la gente conversando alrededor, la fila o su intención de alejarse al saber que ella se estaba viendo con Takeru Tanaka, quiso hablarle.
-Estás hermosa. – le dijo, sintiendo su voz algo ronca. Pero le nacía comunicárselo. Sentía la necesidad de que ella lo supiera. Tomoyo alzó la cabeza, ligeramente sorprendida por aquella declaración, aunque disimulándolo más.
-Gracias. – respondió y su mirada violeta se cruzó con los ojos grises de él, guardando silencio por un momento. La mirada de Eriol era tranquila y reconfortante, como un cielo nublado en una tarde lluviosa en la que sólo te apetece quedarte bajo las sábanas y dormir. Vaciló un momento, antes de agregar- Tú también estás muy guapo, Eriol, como siempre. – notó que los ojos de él, de repente, parecían un poco más claros. Tomoyo se retuvo de sonreír, pues lo encontró encantador. Pero sí dejó que su mirada se suavizara un poco. Había echado de menos hablar con él- ¿Cómo… has estado? Hace mucho no sé de ti.
-Bueno… - no sabía que decir, no tenía excusa- supongo que…es porque he estado algo ocupado. – apartó el rostro y esta vez llegó el turno de Tomoyo de ser quien lo mirara fijamente. Generalmente era una fortuna para ella ser tan intuitiva, pero… no sabía si en ese caso, sería una desgracia.
-O no querías verme. -puntualizó la muchacha. Eriol dio un respingo y, sobresaltado, alzó la cabeza, mirándola. Tomoyo no esperó alguna reacción de su parte, pues al final sólo lanzó el comentario por lanzarlo. Sin embargo, Eriol era un hombre tan calculador y que se mantenía tan fácilmente en sus cabales, que verlo alterado solo podía dar muestra de que había un motivo mucho más emocional y raro en él. Sintió de repente la boca seca pues, si bien no esperaba nada de parte de Eriol hacia ella, le lastimaba sentir rechazo en el más explícito de sus gestos: verla.
- ¿Qué? ¡NO! … - exclamó Eriol inquieto, tal vez en demasía. Al darse cuenta de que alzó la voz, se aclaró la garganta y recuperó su tono habitual- No, no, no tiene nada que ver con eso. – le manifestó en un gesto más galante y relajado, antes de sonreírle- ¿Cómo se te puede ocurrir eso, linda Tomoyo? Yo siempre soy feliz en tu presencia.
-Si eres tan feliz, ¿Entonces porqué me evitas? – ese comentario también lo lanzó por lanzarlo, pero lo que recibió fue silencio de parte del muchacho. Levantó la cabeza y notó que Eriol se había detenido a mirarla con pasmosa sorpresa ante esa pregunta. Eso hizo que lo que le quedaba de moral se fuera al suelo- Espera, ¿De verdad me estás evitando? – murmuró, incrédula.
- Tomoyo…
- Respóndeme, Eriol.
-No es lo que tú crees.
- ¿Qué es lo que tengo que creer, entonces? – la chica en ningún momento levantó la voz; pero su mirada, que siempre era tan calma y alegre, emanaba agudeza en ese segundo. Tomoyo era una chica muy observadora e inteligente, por lo que sabía leer las expresiones de la gente con facilidad. Y en ese segundo… en ese miserable e ínfimo segundo odió percibir lo que percibió en la expresión de Eriol. Si bien nunca tuvo enormes expectativas de una relación con él, lo cierto era que tampoco se sentía bien con un rechazo tan directo. ¿La evitaba? ¿Por qué?... ¿Acaso se había dado cuenta de sus sentimientos por él?
Eriol, por su parte, sintió algo que para él solía ser muy desconocido: pánico. Empezó a sentir un amargo grado de agitación en su interior que iba en crescendo. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo la conversación había terminado dando ese giro? – No tienes nada que creer. – dijo tras un momento de silencio, mientras miraba con intensidad los ojos amatista de ella- Sólo… he estado ocupado, ¿Sí? Y no tiene nada que ver contigo. Además, he de suponer que dedicarás ahora gran parte de tu tiempo a Takeru Tanaka. – eso último lo dijo frunciendo el ceño ligeramente, pues le produjo un amargo sabor en la boca. La gente alrededor seguía hablando anímicamente, ajenos a la situación que se estaba dando entre el joven Hiraguizawa y su compañera. Tomoyo arqueó ambas cejas ante esa declaración, aunque en un gesto frío y atento.
- ¿Qué tiene que ver Takeru con todo esto? – y esta vez fue Eriol el que recibió esa pregunta como un puñal de hielo proyectado directo a su corazón. Se quedó helado, sin habla, mientras su expresión mudaba por muy poco. Su interior se calmó de golpe, retornando a una vaga sensación de serenidad bastante inquietante. Pero, en su lugar, se instaló un ardor que empezó a escocerle la garganta y la boca del estómago.
- ¿Takeru? – repitió con voz áspera, mientras le dedicaba una mirada dura a la joven diseñadora- Veo que las cosas han ido muy bien, ¿Ahora lo llamas por su nombre?
Tomoyo no dio crédito a sus oídos al escuchar eso.
-No es como si no pudiera llamar por su nombre a quien yo quisiera.
- ¿Están saliendo ustedes dos? – Eriol se sorprendió a sí mismo al formular esa pregunta, pero ya no le importaba. Tenía que saber. La miraba ahí, tan inalcanzable y hermosa pese a tenerla también tan cerca que se sintió desesperado al verse a sí mismo mudo. ¿Habría ya besado sus labios ese sujeto? ¿Tocado sus hermosas manos, siquiera? Sintió su sangre hervir. Pero entonces, recordó las palabras de Syaoran días atrás: "Eriol. En serio, te recomiendo que le termines. Creo que mereces estar con alguien que te guste y pueda corresponder plenamente eso." ¿A Tomoyo le gustaría ese sujeto? Tenía ganas de gritar tantas cosas en ese segundo que le resultaba demasiado frustrante el no poder decirlas por tener grabado el nombre de Naoko en su boca. Miró a la joven Daidouji, implorante para sus adentros, rogando con todas sus fuerzas que dijera que no.
Tomoyo lo miró fijamente y, sin suavizar la expresión, solo atinó a entrecerrar los ojos mientras lo seguía mirando fijamente- Si salimos o no, no es tu problema en lo más mínimo. Es mi vida y tú tienes una novia de la cual estar pendiente.
Tomoyo se sentía contrariada y Eriol también, pero pese a todo, esa respuesta quebró algo al interior de él, quitándole de repente toda efusividad de golpe. Sólo parpadeó, digiriendo esas palabras. La miró a los ojos, detenidamente, como si la viera a consciencia por primera vez en toda la noche: tan hermosa, sí. Pero tan lejana. Sintió falta de apetito. Tomoyo lo seguía mirando con fría dureza pues, aún si ella era alguien gentil, indubitablemente era más fría que Sakura para ciertas cosas. La joven Kinomoto habría sentido algún grado de compasión de haber visto el cambio de expresión en él, aún si era él quien había metido la pata en primer lugar con el comentario. Tomoyo no. Eriol suspiró, sintiéndose decaído, y forzó una sonrisa queda antes de decir:
-Oye, creo que saldré un rato. Olvidé…. Que tenía algo por hacer. – no quiso dar más detalles. Sólo tomó aire y se fue de ahí, abriéndose paso entre la gente que charlaba alegremente. No sabía si se iría, pero ciertamente quería tener un momento a solas. Y agradeció que nadie más de los que venía con él lo notara, ni siquiera Syaoran. Quién, para entonces, había ido a una de las mesas a tomar un poco de sake, sonriendo. La reunión era agradable, no podía negarlo; o bueno, al menos era mejor que la del año anterior, en todo caso.
Encontraba más atractivo el que los vecinos estuvieran charlando. Incluso él habló un poco con ese tal Terada, mientras Sakura se actualizaba en cosas con Rika. Y luego respondió unas cuantas preguntas de la misma Rika. Se sentía sediento, pero no había algo refrescante de por medio, así que tomó un poco de sake para sentir (aunque fuera un poco) su sabor.
- ¿Señor Li? ¿El autor de "Claro de luna"? – Syaoran se sobresaltó al escuchar esa voz a sus espaldas, pero al virarse se encontró con Sakura, quien empezó a reír. El joven escritor suspiró, mirándola con ligero reproche antes de él componer también una pequeña sonrisa.
- ¿Te crees muy graciosa, Kinomoto? – le preguntó, intentando parecer enfadado. Sakura amplió su sonrisa, muy divertida. Se veía preciosa así.
- No, no realmente. Pero eso lo fue. – la chica tenía su propio vaso de sake, pero se notaba que había bebido más bien poco. Se abrió paso y se hizo a su lado, aunque entonces él le hizo ceña con la mano para que salieran un momento.
-Hace calor aquí, y mucho ruido. Vamos a tomar aire. – le sugirió el escritor, y Sakura sonrió, asintiendo con la cabeza. Syaoran le sonrió de vuelta, y buscó con la mirada cómo salir de ahí, pues había demasiada gente. En un gesto inconsciente, tomó la mano de la chica y empezó a caminar, abriéndose paso, sujetándola para no perderla en el camino.
Sakura, por su parte, si fue muy consciente de ese gesto ya que de inmediato la piel de su mano le empezó a hormiguear ligeramente. Su mano estaba fría y la de él emanaba una tibieza muy reconfortante. Era una mano áspera, masculina, con un agarre firme. Sintió que sus mejillas empezaban a arder, al notar qué tan bien encajaba su mano con la de Syaoran. Y si bien ella había estado con Hien todos esos años, era la primera vez que se sentía tan segura con un agarre masculino. Después de todo, Hien era poco de esos gestos, razón por la cual la joven castaña no podía decir que estaba acostumbrada a estos, porque sería mentira. No obstante, Syaoran la sujetaba con una firmeza patente, pero con la delicadeza de quien toca a una flor.
Se abrieron paso y lograron salir de ahí, llegando a la recepción del edificio, que se sentía mucho más fresca y se encontraba vacía. Syaoran se alegró de eso último, ya que apreciaba los instantes de soledad y silencio. Aún si le hacía falta de vez en cuando salir, su personalidad requería espacios más bien tranquilos. Se encaminó a uno de los sofás de la recepción, aún llevando a Sakura de la mano, cosa que no notó realmente sino hasta que llegó a éstos. La soltó, ruborizándose.
-Ah… lo siento. – Sakura lo notó apenado y lo encontró tierno, sin identificar que, en el fondo de sí mismo, Syaoran se reprochaba su imprudencia.
-No te preocupes. – Tomó asiendo e invitó al escritor a hacer lo mismo, a su lado. Syaoran obedeció y suspiró, mirando distraídamente el vaso de sake, antes de beber un sorbo. Sakura, en el proceso, admiraba detenidamente su perfil. Siempre le había gustado el perfil de Hien, con su nariz delgada y recta, sus labios finos, fuerte mandíbula, cejas espesas. Y Syaoran tenía ese mismo hermoso perfil. De hecho, en ese ángulo se notaba más la longitud de sus pestañas, largas y curveadas, dándole una delicadeza exquisita a ese rostro masculino; además de enmarcar los ojos que, con el resplandor dorado, emanaba una fascinación casi felina.
Hien era muy guapo, siendo la chica que salió con él por tanto era inevitable que Sakura lo hubiera notado. Pero Syaoran, al ser tan parecido a él, también lo era. Era un atractivo similar al de Hien, sí, pero diferente también. Sintió su mirada perderse en sus facciones, pero, más que todo, en la intensidad de la mirada del escritor.
Syaoran era guapo. Muy, muy guapo.
-La noche es agradable, ¿No? Pensé que sería peor. – interrumpió de golpe el muchacho, ajeno a los pensamientos que despertaba en Sakura, a quién cuyo comentario trajo de vuelta bruscamente a la realidad. La joven Kinomoto sacudió la cabeza, y luego sonrió apenadamente.
- ¿Ah? Ah…sí, sí, es muy agradable. – afirmó ella. Syaoran dibujó una sonrisa ladeada en sus labios finos y miró a Sakura con un aire algo socarrón.
-Tierra llamando a Sakura… ¿Todo en orden? – le dijo, a lo que la aludida se ruborizó, inflando las mejillas infantilmente mientras fruncía el ceño.
-Sí, sí, ¡Sólo me distraje un momento! – protestó, provocando en Syaoran una pequeña carcajada divertida. Encontraba a Sakura adorable en esa faceta, sin dimensionar hasta qué punto a Hien también le encantaba. Pero suspiró, sintiéndose ligero ese día, de buen humor.
-Hace un año fue terrible, no pude disfrutar mucho del evento. Sólo bajé unos diez minutos y me volví a subir al departamento. Estaba demasiado deprimido por lo de Meiling.
- ¿Meiling?
-Sí, Meiling. – Syaoran miró a Sakura, con calma – Ya sabías de ella, ¿No? – le recordó- ¿No dijiste que el imprudente de Eriol te había contado? – sin embargo, Sakura no estaba sorprendida por eso, ya que si recordaba quién era Meiling. ¿Cómo olvidarla? No, estaba así porque era la primera vez, en cuatro meses que llevaban interactuando (posiblemente seis, si contaban desde que se vieron por primera vez), que Syaoran hablaba de esa mujer con ella.
Casi siempre hablaban de Sakura y de Hien, pero si se ponía a pensarlo, Syaoran realmente hablaba poco de sí mismo. Tal vez comentaba sus gustos en general, o sus ideas de trabajo, pero era de los que hablaba poco de sus emociones, de sus experiencias o de sus amigos. Sin embargo, era muy bueno escuchando, cosa que le valoraba mucho, ya que escuchar no es un asunto fácil. Se puede oír lo que alguien dice, sí. Pero escucharlo, conectarse con la otra persona, es cosa aparte y más profunda.
Hien, por ejemplo, no era bueno escuchando. Lo intentaba, sí, por amor a ella. Lo intentó muchas veces, y eso Sakura siempre lo tuvo muy presente. Pero no era de los que, por naturaleza, se sentara a escuchar. Era de los que le encantaba contar, estar rodeado de gente que lo escuchara a él, en medio de su simpatía y elocuencia. Y eso no estaba mal, pues en el mundo hay mucha gente que habla y mucha gente que escucha.
Y en ese momento, Sakura escuchaba plenamente a Syaoran.
-Si, la recuerdo. Entonces ¿Cuánto ha pasado desde el incidente de Meiling? – la castaña esperó no haber sido muy imprudente preguntando eso, pero se relajó al ver que Syaoran seguía muy tranquilo al respecto.
-Un año.
- ¿De verdad un año?
-Bueno, sí. Aproximadamente eso, al menos. – la mirada de Syaoran pareció concentrarse en un punto inexacto de la pared de en frente, pensativo. Y Sakura mordió su labio inferior, deseosa de saber qué pasaba por su cabeza. Tomó aire, y luego lo botó en un suspiro.
- ¿Cómo era ella? – se aventuró a preguntar la castaña. Tenía mucha curiosidad de esa chica Meiling, desde que Eriol la mencionó. Más aún cuando vio la foto de ella en el departamento del escritor. Syaoran tardó un momento en responder, manteniendo la misma postura, pero al cabo de un rato terció una sonrisa indefinida.
-Hermosa. -respondió con voz ronca, y Sakura sintió un extraño vuelco en su interior. Uno que…no supo identificar qué era. La mirada de Syaoran era distante, como quien ubica un recuerdo lejano- Tenía un carácter de mil demonios, eso sí. Pero a mi parecer, era hermosa. Si el fuego es atractivo, ella era el incendio mismo. – no pudo reprimir una risita seca, casi que se veía divertida- Me volvió mierda esa mujer. – echó el torso para atrás, con el fin de recostarse un poco más sobre el espaldar del sofá, y apoyar ahí la cabeza. Suspiró y miró a Sakura por el radillo del ojo, con un aire cansado- Estuve a nada de pedirle matrimonio también, ¿Sabías? – y sonrió con cierto dejo de pesar- Así como Hien contigo.
Syaoran mismo no sabía porqué le estaba contando eso a ella, pero se sentía cómodo haciéndolo. Se sentía en sí cómodo con Sakura. Ver cómo variaban las expresiones de ella con honesta inocencia era supremamente adorable y lindo. Él quería dejar de lado a Meiling, tal vez por eso hablaba de ella. No sabía aún cómo dejarla de lado del todo, ya que sabía lo mucho que ella había calado en su interior, pero… al menos tenía la voluntad de dar ese primer paso, así le doliera todavía. Sin embargo, Sakura ignoraba todo eso. La última vez que la habían mencionado fue cuando Syaoran seguía sumido en ese profundo despecho y, al ver la devoción y nostalgia que había en sus palabras, sólo pudo representar una cosa para la castaña: que Syaoran aún no la olvidaba. Que Meiling aún seguía en lo más profundo de su mente, amándola.
Desvió los ojos verdes a otro punto, sin saber del todo cómo recibió esa idea, y luego suspiró- Vaya ironía. – dijo en un murmullo quedo- el año pasado nuestras vidas habrían sido tan diferentes de no haber ocurrido tantas cosas.
-Si… - Syaoran se tornó pensativo al escuchar eso, y volvió a mirar ese punto inexistente en la pared de en frente- Seguramente yo seguiría con Meiling y tú…bueno… serías la señora de Hien Li. – ambos guardaron silencio ante esa declaración, al parecer pensativos. Sakura imitó la postura de él, dejándose recostar más contra el sofá y, sin darse cuenta, quedó más cerca de Syaoran en el proceso. El ambiente se tornó ligeramente pesado por unos momentos, entre varios recuerdos que se arremolinaron para ambos. Pero luego, queriendo romper un poco eso, Syaoran soltó una risita seca, atrayendo la atención de la joven Kinomoto nuevamente. Sólo bastó para ella el virar ligeramente el rostro para verlo- Seríamos familia, ¿Eh? ¿Te consigues imaginar eso?
Pese a que el pensamiento no era algo alegre del todo, si era cierto que resultaba una idea desconcertante que rompió con toda tensión del momento. Ahora que lo pensaba, se le hacía incluso inverosímil como idea. Una cosa era plantearse el casarse con Hien, pensando en un hermano Li nombrado de tanto en tanto y otra… era ya ver a Syaoran en ese hermano. Syaoran, con su personalidad intrínseca, sus mañas y comentarios. ¿Serían familia?
-No, no me lo consigo imaginar para nada. – reconoció ella. Y Syaoran sólo rio.
-Pues de la que te salvaste entonces, porque te cuento que soy un desastre como hermano. – dijo, intentando sonar liviano… aunque tenía su dósis de verdad. Sakura rio de vuelta.
- ¿Ah sí? Pues yo si soy una hermana excelente.
- ¿Se supone que eso me tiene que hacer sentir mejor?
-Nop. – al escucharla, Syaoran alzó la cabeza para mirarla con incrédulo reproche y se encontró con la imagen de Sakura apretando los labios para contener una carcajada. Suspiró, rendido.
-Anda, ríete. -y sin piedad ni contención, Sakura dejó salir esa risotada burlona que le brotaba desde el fondo de sí misma. Syaoran rio a su vez, sintiéndose bien al verla tan natural, tan tranquila, alegre y humilde. En un momento su risa fue menguando, pero no lo hizo su sonrisa, mientras tenía el rostro virado en dirección de ella, sólo viéndola reír. Esta se fue deteniendo progresivamente, mirándolo de vuelta mientras sus ojos verdes denotaban diversión. La chica se fue calmando al quedarse observando esos ojos caramelo que la escrutaban fijamente con una mirada cálida y una sonrisa amigable.
-Aunque, pensándolo bien… Sakura Li no suena nada mal. – le dijo Syaoran en un murmullo ronco, pero con intención inocente. Y Sakura fue borrando la sonrisa poco a poco, al tiempo que abría los ojos de par en par en una expresión de honesta sorpresa. Sin calcularlo, su rostro enrojeció hasta la raíz del cuero cabelludo y apartó la mirada rápidamente, en un gesto avergonzado. No entendió el porqué, pero ver la penetrante mirada de Syaoran clavada en la de ella al tiempo que decía esas palabras provocó que una oleada de emociones emergiera de su vientre bajo y se proyectara en los colores de su rostro. Syaoran parpadeó, desconcertado, sin entender qué le ocurrió.
- ¿Sakura?
- ¡Ha… ¡Hace frío aquí, volvamos a la comitiva!
- Pero… tu rostro está ro…
- ¡Vamos! – Sakura se incorporó, y llegó a ser el turno de ella para halarlo, esta vez de regreso. En ese ambiente ameno de fiesta, con destellos de brillante primavera, mientras Sakura pensaba en la charla reciente que acababa de tener con Syaoran, y la manera como éste evocó a Meiling.
