Hola nuevamente. Bueno, primero que nada quiero agradecer por seguir de nuevo mi historia. Esta vez el tiempo y la inspiración me ha permitido poder postear dos capítulos en un mismo mes, cosa que es más bien gratificante. Sin embargo, llegado éste punto del capítulo, quiero realmente darles las gracias, sí, muchas gracias, a quienes han seguido y apoyado este proceso. Los que han tenido paciencia esperando y anhelan por más. Gracias, de verdad.

Por otra parte, me gustaría detenerme a dedicarle un especial agradecimiento a esas lectoras que, muy puntual y fielmente dejan su review al final de cada capítulo. Si bien se toman el tiempo de seguir mi historia, merecen que les responda también adecuadamente. Sakurita136: Gracias por la paciencia, de verdad. Trato de dar lo mejor de mi en cada capítulo para irlo desarrollando adecuadamente, como ustedes lo merecen. Me alegra mucho saber que fue un respiro para un día agotador, ¡El leer trae ese tipo de magia! Por eso leo todo el tiempo, y vale la pena hacerlo mucho :'). Cerezo01: Nunca lo había escrito, pero amo tus comentarios xD. Me encanta la manera como relatas el capítulo desde tu óptica y incluso las suposiciones que haces de lo que puede o no suceder (si haz acertado o no en algunas, me temo que tendrás que irlo averiguando con la lectura jaja :P ). De todas maneras, no pierdo oportunidad para agradecer tus comentarios y espontaneidad, hace que el lector y el autor se sientan más cerca de alguna manera y así como tú lees, yo también te leo a ti. Muchas gracias por seguirme, de verdad. Paramo Isabel: Es muy tierno cuando dices "Ya te extrañaba por acá", la verdad desearía "No hacerme extrañar tanto" y publicar más de seguido. Pero bueno, manejo el tiempo de la mejor manera que puedo y no te imaginas la cantidad de veces que leo y re leo los capítulos hasta ver que todo está en orden. Si, ya se van descubriendo más cosas, y de aquí en adelante vendrán más. Los hermanos Li se adoraban entre ellos, pero sin duda hay mucho que permanece oculto aún ;). Muchas, muchas gracias por tus reviews y por seguir mi historia. ValSmile: Me reí un poco leyendo tus reviews (en el buen sentido, claro). Yo estudio comunicación, y veo un poco también todo lo que es diseño y comunicación digital, así que casi me sentí hablando con alguna compañera de carrera. Si, la temática de si realmente vale la pena perseguir un sueño o un trabajo es algo que creo que toca a más de uno en el día a día, sobre todo cuando somos jóvenes. Tal vez el pensar en ello me llevó a direccionar un poco el fic en ese sentido. Pero a raíz de eso, de esa búsqueda, se forma un crecimiento personal y creo que es algo que busco plasmar en los personajes. No sólo la historia de un romance, sino de eso…un crecimiento. Muchas gracias de verdad por todos tus comentarios, de corazón los recibo como algo enriquecedor :3

Ya sin más, les dejo el capítulo nuevo. Que lo disfruten y, para quienes lo celebran ¡Felices Pascuas! ¡Besos!

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Capítulo 14: Revelaciones. Feliz cumpleaños

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Sakura contuvo el aliento una vez más, mientras intentaba mantener sus manos controladas en el cálido cuerpo desnudo que reposaba sobre ella. Los labios que tanto deseaba sentir de nuevo se posaron en ese punto del cuello que tanta debilidad le provocaba y mordió su labio inferior, conteniendo un gemido, mientras una de sus manos se aferraba a la amplia espalda masculina del hombre que la acompañaba y la otra, sobre la nuca, apretaba ligeramente los cortos cabellos castaños de él. Sentía la fricción entre sus cuerpos, una vez, y otra, y otra. Piel con piel, el calor aumentando, la agradable sensación hormigueante recorrerla desde la parte baja de su vientre en ascensión lenta y placentera.

Sakura tenía algunas hebras de cabello pegadas a su rostro por el sudor de éste y, con las piernas alzadas y apretadas lado a lado de la cadera de su acompañante, sólo podía intensificar las descargas eléctricas que recorrían su cuerpo en ese segundo. Sin querer contenerse más, abrió su boca para dejar escapar un gemido, pero el muchacho de rebelde cabello castaño se alzó tan sólo un poco, apoyado sobre sus codos, y la calló con un beso. Un beso apasionado donde parecía querer devorar su boca con una mezcla de casto amor e intensa lujuria. Sakura cerró los ojos, disfrutando de ese beso. De cada caricia, de cada suspiro furtivo o palabra bella que se escapaba en ese vaivén. Dejándose caer más sobre ella, el muchacho aceleró el ritmo mientras su rostro descendía a su largo cuello femenino en donde volvió a besarla, conforme aumentaba la intensidad. Una intensidad que se prolongó hasta que Sakura arqueó la espalda, tensando las piernas también mientras su vientre subía y bajaba, sintiendo las placenteras contracciones de un orgasmo. El muchacho también soltó un gemido, más ronco, más grave, cerca del oído de ella mientras la aferraba a sí mismo con sus amplias manos de firme agarre, recorriendo el curvilíneo cuerpo de la joven, ascendiendo por este, memorizándolo. Soltó una risa seca, agitado, satisfecho, y Sakura lo acompañó también, en lo que su pecho subía y bajaba. Permanecieron así un rato, disfrutando de la presencia del otro, palpando esa existencia, mientras la castaña cerraba los ojos un instante, abrazándolo, él aún sobre ella, apoyando la mejilla contra los cabellos de él, sintiendo un aroma familiar y placentero.

-Ven…- le murmuró y el muchacho obedeció, aunque a la inversa. Se quitó de encima de ella, para posicionarse mejor a su lado y se recostó, empleando un brazo de apoyo y, el otro, lo puso sobre el vientre de Sakura, acariciándola tiernamente con el pulgar. Un contacto inocente, tierno e íntimo. La joven sonreía, feliz, y levantó la verde mirada para encontrarse con los ojos ámbares de Syaoran, quién la miraban con absoluta calidez y devoción. Era tan guapo. Se veía hermoso de esa manera, pensó ella. Con la fina capa de sudor en el rostro, y las mejillas ligeramente enrojecidas, por el trabajo físico. Syaoran detuvo el movimiento de su pulgar, mirándola un momento con esos ojos que parecían tocar lo más profundo de las almas y luego, con una lentitud calma, fue ascendiendo la mano por ese marcado cuerpo de mujer de ella. Pasó por sus costillas. Luego abarcó uno de sus senos (de una talla generosa) y siguió subiendo por la clavícula, por el cuello, hasta dar con la mejilla de ella y ahí acariciarla dulcemente. La miró de nuevo, con ese amor que abrazaba corazones y se inclinó tiernamente hasta besar su nariz.

-Eso estuvo bien, ¿No? – le dijo con voz ronca y baja, sonriendo ligera y discretamente, manteniendo la exquisitez de la intimidad. Sakura sonrió con felicidad, sincera felicidad, mientras mordía su labio inferior en un gesto mecánico.

-Si… estuvo perfecto…- complacido de escuchar eso, Syaoran descendió de nuevo para besarla y morder, en el lugar de ella, ese apetitoso labio inferior.

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Sakura tardó un poco en abrir los ojos, pues el cuerpo le hormigueaba pesadamente, como negándose a querer salir de ese agradable estado de ensoñación y gusto hasta que, progresivamente, su alarma la terminó de despertar. Perezosa, levantó los párpados, mientras las largas pestañas oscilaron en el proceso y, aún aturdida, se acostó boca arriba en la cama, intentando recordar qué había soñado. Y como una respuesta divina, las imágenes empezaron a volver a su mente esporádicamente, visualizándose a ella haciendo el amor con...

Al inicio del sueño era con Hien (hizo memoria) pero en la gran mayoría y al final, a quien terminó viendo y palpando fue a Syaoran.

La joven se sintió aturdida, llevando una mano a sus ojos, cubriéndolos, mientras hacía el esfuerzo de permanecer en sí. Pero entre más recordaba, más sentía que su cuerpo iba despertando y sus mejillas se iban tornando más y más rojas. Si bien era cierto que llevaba un largo tiempo en abstinencia (básicamente desde la muerte de Hien), nunca imaginó que terminaría teniendo un sueño húmedo con su cuñado.

Aunque…en ese momento fue de todo, menos su cuñado…

Sacudió la cabeza, volviendo en sí y se incorporó, recordando en primer lugar porqué había puesto una alarma ese día. Y, de hecho, pensar en ello solo la hizo sentir peor por un momento. Tomó aire y se dispuso a arreglarse. Al mirarse en el espejo notó con cierto desaire, que la primavera había llegado de manera activa con tantas celebraciones y salidas a comer, pues sentía que había aumentado unos cuantos kilos. Aunque… bueno, no que se viera mal, realmente no era mucho.

Se sorprendió a sí misma descubriéndose en ese pensamiento, siendo consciente que tal vez, en otro momento, se habría sentido terrible consigo misma. Ahí si bien, lo notaba, consideró que de todas maneras seguía manteniendo una figura curvilínea que podría resultar sensual para quien la viera. Se duchó y, al salir, se puso un pantalón negro, acompañado de una camisa elegante, manga larga, del mismo color. No sonreía. Y tal vez por eso en el espejo se notaba un poco más pálida y ojerosa que de costumbre. Mirándose en este, acomodó su cabello con un broche que Touya le había dado por su cumpleaños y luego, para disimular un poco el ligero insomnio que la había aquejado la noche anterior, se puso una dosis mesurada y discreta de maquillaje.

Sí, porque su cumpleaños había transcurrido unos tres meses atrás, dónde sus seres más cercanos le hicieron una celebración discreta pero amena, entre brindis, regalos, música y un buen pastel. Al ser el primer cumpleaños que transcurrió sin Hien, todos se esforzaron porque fuera especialmente agradable, y lo consiguieron. Ciertamente, Sakura Kinomoto podía afirmar que había sido muy feliz en esos instantes, con los veintitrés años recién cumplidos.

Ahora ya estaban en verano. El solsticio había llegado varias semanas atrás y se preparaban para las oleadas más fuertes de calor. Algo que añoraron durante todo el invierno, pero ciertamente no dejaría de ser un motivo más para quejarse en lo que era sentido esos meses. Para entonces las cosas habían transcurrido en algún grado de normalidad, y no. Tomoyo y Eriol habían vuelto a hablarse, aunque si bien no habían vuelto a decir nada acerca de Takeru Tanaka, sólo retomaron las formalidades. Sí, "formal" era la palabra. Syaoran, por su parte, se había re integrado al trabajo, como crítico en los periódicos, y al parecer le estaba yendo bastante bien debido a que nuevamente era invitado a cócteles, entrevistas y grandes reuniones. El joven escritor se sentía bien, y su actitud mejoró considerablemente teniendo un ingreso fijo de dinero otra vez. Sin embargo, al ser una persona taciturna, que acostumbraba a frecuentar espacios más tranquilos, llegaba a un punto dónde se sentía sofocado al estar rodeado de tanta gente. En algún par de ocasiones le pidió a Sakura el favor de acompañarlo para no sentirse tan sólo y ella, complacida, fue. Por otro lado, la castaña, por petición del joven Li, empezó a verse con él una vez a la semana sólo para sentarse juntos a escribir y se dedicaban a hacerse compañía en el proceso. Además de eso, estaba emocionada porque ya tenía el dinero suficiente para comprar el auto que desde hacía tiempo quería. Si, en sí se podía decir que la primavera había transcurrido bien, desde una perspectiva general.

Sakura terminó de arreglarse y, tras ver su imagen en el espejo una vez más, suspiró. Salió de la habitación, dirigiéndose a tomar el bolso, en donde se aseguró de guardar una caja envuelta en un papel verde, la billetera y las llaves de su departamento. Sin embargo, al salir notó la mesa de noche y, sobre ésta, vio dos páginas del periódico del día anterior que, aún si venían de secciones muy distintas, las fotos que estaban puestas en cada una eran muy similares entre ellas. Eran respectivamente Syaoran y Hien Li; el uno en una columna de opinión acerca de una película en cartelera cuya historia estaba basada en un libro; y el otro para recordar la ceremonia que harían en memoria suya, Hien, ese mismo día. La ceremonia a la que iba Sakura.

Al ver eso, con aire cohibido, la joven Kinomoto bajó el bolso y se volvió a sentar sobre la cama, tanteándola un poco antes para no destenderla mucho. Seguidamente tomó ambos recortes y los analizó fijamente. Syaoran y Hien eran muy parecidos, sin duda. Tal vez ahí, más que nunca, ya que una foto en blanco y negro difícilmente marcaría el distintivo de los ojos. "Un año" pensó Sakura para sus adentros.

No. Aún no era el aniversario de la partida de Hien. Era por esas semanas, sí, pero no ese día. Tal vez sólo lo escogieron por tema de conmemoración familiar ya que, después de todo, contactar a los señores Li era siempre una Odisea, aun cuando se tratara de la muerte de uno de sus hijos. No obstante, el que ya hubiera pasado tanto tiempo era en cierta medida increíble para todos. Sakura, en especial, recordándose a sí misma el desastre que era los primeros dos meses tras recibir la noticia y ver quién era ahora: Una mujer que… había aprendido a seguir su vida, sin él. Suspiró, doblando ambos fragmentos y guardándolos en un cajón, pero al hacerlo vio el libro de Syaoran asomándose por éste y lo miró tan sólo un momento más.

En todos esos meses, su interrogante sobre si Syaoran había escrito las cartas que Hien le daba había crecido. No se había atrevido a preguntarle al respecto porque… de alguna manera, sería como destruirse a sí misma una imagen que había tenido de Hien durante mucho tiempo para reconstruir en ella a Syaoran. Volver a leer una a una las cartas de Hien, imaginando en ellas la voz de Syaoran. Aunque en el fondo de sí misma, así no lo admitiera en voz alta… sabía que era innegable la verdad. Todas esas semanas que estuvo escribiendo junto a él, observando una y otra vez su pulcra caligrafía, acostumbrándose a leer ese estilo de prosa, supo que no había margen de error al respecto: Hien no había escrito esas cartas. Había sido Syaoran. Todo ese tiempo fue Syaoran.

Pero… ¿Por qué mentirle de esa manera? Bueno, no tenía mucha alternativa de preguntarle a Hien directamente.

Soltó un suspiro y volvió en sí al escuchar una llamada de parte de la recepción. Sacudió la cabeza, guardó todo y volvió a recuperar el bolso, para así dirigirse a la salida. Aunque no sin antes tomar una matera que tenía en ella sembrados unos hermosos claveles blancos, veteados en rojo. Revisó que todas las ventanas quedaran cerradas, al igual que las llaves del agua (no iba a pasar por la inundación de nuevo) para así irse de ahí. Descendió las escaleras, solo escuchando el eco de sus pasos y, al llegar a la recepción, se encontró con Eriol vestido de negro, al igual que Tomoyo y Naoko. Ésta última, si bien no había sido demasiado cercana a Hien, iba a ir para darle apoyo moral a su novio. Todos lucían particularmente serios y pálidos ese día, pensativos, seguramente recordando, al igual que Sakura, los terribles sucesos del año anterior. Tomoyo, como su mejor amiga, se acercó para darle un cálido abrazo y plantarle un beso en la mejilla.

- ¿Cómo te encuentras? - le preguntó con su tierna voz. Sakura no tenía mucho por decir, salvo que realmente no quería ir a la ceremonia, ya que las odiaba. Pero… no podía faltar. Tomó aire, intentando seguir mostrándose fuerte y… sonrió.

-Fue hace un año, Tomoyo…- le dijo. Pero en el fondo sonaba como si intentara convencerse a sí misma de ello. Alzó la matera pequeña con los claveles, para así agregar- Ya lo lloramos una vez…. Vamos a aprovechar éste momento sólo para recordarle lo mucho que lo amamos.

Eriol sonrió al escucharla y lo mismo hizo Tomoyo. Recordaban aún con dolor y marcada preocupación lo mal que estuvo Sakura el año anterior por esas fechas. Lo terrible que se veía los meses que le siguieron. Y ahora verla ahí, de pie, sonriendo… era un símbolo de esperanza. A lo largo de ese año, Sakura había evolucionado de ser una muestra de pena a un símbolo de esperanza.

-Tienes razón. Hien se lo merece, ¿Verdad? Que sonriamos por él- terció el joven Hiraguizawa tras dibujar una sonrisa gentil. Se movió para señalar la puerta con un gesto elegante de la mano- Vamos, entonces.

Sakura asintió, pero cuando iba a salir, parpadeó, recordando algo.

- ¡Oh, esperen! Falta Syaoran- se viró hacia la señora Sakaichi, que estaba resolviendo otro crucigrama con aire distraído. La anciana mujer alzó la cabeza al sentir a Sakura acercarse y la miró con atención. Ésta sonrió- Disculpe, señora Sakaichi… ¿Sería tan amable de llamar a Syaoran Li, del 309, también por favor? Para que nos vayamos.

Fue ahí que Eriol borró la sonrisa y compuso una mueca al respecto, incómodo. Se avanzó un paso, con una expresión vacilante dibujada en su mirada- Eh… Sakura…- al escuchar su nombre, la aludida le devolvió la mirada. Eriol sólo pudo sentirse más incómodo- Syaoran no puede venir a la ceremonia de hoy.

Eriol la miraba de manera intensa, con marcada seriedad. Pero, de entrada, Sakura seguía manteniendo una sonrisa cortés, que no borró, pensando que su amigo le decía aquello en broma.

- ¿De qué estás hablando? Es la ceremonia de Hien, claro que vendrá.

-Señorita…- interrumpió la señora Sakaichi con voz pequeña, cuidado y atenciones- El señor Li acaba de llegar de hacer deporte, hace unos cinco minutos- no tuvo que agregar algo más para que se diera a entender la frase, después de todo estaban vestidos de manera elegante. Pero si Syaoran recién llegaba de hacer deporte, realmente eso significaba que…

Cuando Sakura abrió la boca para replicar, Eriol se apresuró en responder- Es por sus padres. Syaoran no fue invitado. – lo dijo con una seriedad sólida e imperturbable. Incluso su mirada gris, que por lo general era tranquila y cordial, desprendía y ligero brillo filoso ante la mención de los señores Li. Sakura palideció, sorprendiéndose, recordando de golpe como los señores Li, en efecto, no habían invitado a Syaoran al sepelio un año atrás. Ni siquiera lo llamaron a contarle la noticia. Teniendo presente eso, era claro que no sería muy bienvenido en esa ocasión. Sakura, sin embargo, se negaba a darle crédito a eso.

-Pero… ¡Hien es su hermano! ¡No pueden negarle eso! - exclamó, aterrada. Recordando nada más como Syaoran lloró por él, en brazos de ella, durante el invierno. Como podían pasar largas horas sólo hablando de Hien. Syaoran, quién le hacía las cartas a su hermano. Sakura no entendía, no quería entender. Ella siempre se había llevado bien con los Li, no tenía queja al respecto. Siempre la quisieron mucho. Tanto así que, incluso después de la muerte de Hien, la seguían invitando de tanto en tanto a almorzar algún domingo, a la casa de ellos. Aunque si fue cierto que las invitaciones fueron menguando en cuanto se enteraron de que la joven tenía de vecino a Syaoran- Dime Eriol, ¿Al menos está al tanto de todo?

Eriol soltó un largo suspiro cansado, suavizando la expresión, mientras llevaba los dedos índice y pulgar al puente de su nariz- Él está entregando escritos a la prensa, claro que está enterado. Pero… es un asunto enteramente familiar, Sakura. No podemos hacer nada ahí. - esas palabras le cayeron como un balde de agua helada a ella. Y bueno, estaba al tanto de que Eriol no lo dijo con mala intención, pero… sonaba tan cruda como situación. Se imaginó nada más a Syaoran, sólo en su departamento, sin poder ir a la conmemoración de Hien. Eriol se había virado hacía la puerta, despidiéndose de la señora Sakaichi y dándole vía a Naoko y a Tomoyo, para después indicarle a Sakura que pasara. Ésta, no obstante, permaneció quieta pensando en ambos hermanos Li. Hien, quien odiaba leer, comprando el libro de Syaoran. Syaoran escribiéndole las cartas a Hien. Si bien Hien nunca fue muy afectuoso, ahora ella tenía claro que Syaoran de seguro era su gran excepción. Ni siquiera ella, su novia por tantos años. No. Era Syaoran.

Sakura suspiró, suavizando la expresión y, ahí donde estaba, sonrió mientras negaba con la cabeza. Eriol parpadeó con una expresión de educado desconcierto- ¿Qué pasa?

-Vayan ustedes. Yo me quedaré aquí, con Syaoran. - palabras dichas con absoluta firmeza y convicción, pese a su tono de voz suave. Eriol se sorprendió más.

- ¿Qué? - farfulló- pero… ¡Tú eras su prometida! Sakura, no puedes faltar. Allá estarán los Li, adem…- continuó replicando el inglés hasta que una mano suave y pálida lo detuvo. Era Tomoyo, mirando a Sakura, concibiendo su mirada mientras sonreía. Ellas dos se entendían muy bien siempre, muchas veces ni siquiera hacía falta emplear palabras, ya que con las solas miradas lograban contactar. Ventajas que daba y recibía la diseñadora, cómo su mejor amiga.

-Déjala, Eriol- dijo Tomoyo con voz suave y gentil- Ella sabe lo que hace.

Eriol observó a Tomoyo y, seguidamente miró a Sakura, quién también le sonrió tenuemente, tras soltar un suspiro algo cansado.

-Es el día de conmemoración de Hien. Sé que él no querría ver a su hermano sólo. – y ahí Eriol entendió. Soltó él un suspiro resignado, mientras sonreía y negaba con la cabeza divertidamente.

-Eres todo un personaje, sin duda, Sakura Kinomoto. Tienes razón, Hien no lo querría…- reconoció, en lo que iba saliendo con las demás. Tomoyo aun esperando de pie, mientras Naoko los esperaba ya afanosamente desde el carro- Está bien, ve con él. Cualquier cosa, de todas maneras, sabes que puedes llamarnos.

-Sí, lo sé.

-Mucha suerte con eso- besó la mejilla de su amiga y, seguidamente, se retiraron de ahí. Sakura se mantuvo en la recepción un momento más, de pie, con los claveles en mano y el bolso al hombro. Una mirada triste, pero tranquila, plasmada en los brillantes ojos verdes de ella, quién volvió nuevamente en sí al escuchar a la señora Sakaichi, aclararse la garganta.

Sakura se viró hacia ella y la encontró con los codos apoyados en la mesa de la recepción, mirándola con la divertida expresión de quien guarda un secreto. Despiertos ojos negros, y las arrugas de su rostro algo tensas por la sonrisa que mantenía. Sakura le devolvió la mirada con extrañeza, aunque sin evitar sonreír con amabilidad a su vez.

- ¿Qué pasa? – se aventuró a preguntar. La señora Sakaichi negó con la cabeza, manteniendo la misma expresión.

-Es usted muy noble, señorita Kinomoto. En eso estoy pensando. Escuché lo que dijeron… no fue mucho, pero es suficiente para poner en contexto a alguien. Estoy segura de que el señor Li valorará mucho su presencia.

Sakura se sorprendió ante esas palabras, pero luego le dedicó una sonrisa de genuino agradecimiento. A ella le agradaba mucho, sin lugar a duda, la señora Sakaichi. Era el pilar de ese edificio, a pesar de la edad que tenía y, siempre los recibía con gentileza o algún dulce. De ese modo, la joven Kinomoto asintió.

-Sí… muchas gracias, señora Sakaichi – dijo, para luego virarse y dirigirse de nuevo al tercer piso. Seguramente los Li se indispondrían con la falta de ella, pero… técnicamente, era para acompañar a un Li también. Su conciencia estaba limpia. No podía dejar a Syaoran sólo. No ese día. No esa fecha.

Cuando el número 309 brilló al frente de ella, Sakura alzó la mano y golpeó tres veces con los nudillos. Esperó pacientemente unos cuantos segundos hasta que escuchó la puerta abrirse y ahí la recibió un Syaoran, recién llegado de hacer deporte (efectivamente), quien le dedicó una franca mirada de desconcierto al verla ahí de pie. Sakura había pensado para sí el sonreírle y desearle amablemente los buenos días, pero al verlo como estaba calló de inmediato. Syaoran vestía con un pantalón suelto, andaba descalzo y se había quitado la camiseta sudada, solo para dejar ver su torso desnudo de piel magnética en esos instantes. Con el lunar en el hombro izquierdo, la clavícula marcada, su firme abdomen, brazos y pectorales. Además de eso, en su rostro aún se mantenía una fina capa de sudor, por lo que algunas hebras de su cabello castaño se habían adherido a su rostro y cuello. Un encantador rubor le cubría las mejillas, debido a la actividad física que acababa de realizar. Tal y cómo lo había soñado, cuando eran los cuerpos de ambos los que estaban sudando, desnudos, en ese vaivén de placer, besos y caricias. Todas las imágenes del sueño se vinieron de golpe a la cabeza de Sakura, haciéndola enrojecer hasta el cuero cabelludo, tensionándose. Syaoran, cuya mirada profunda mantenía sobre ella, la miró aun más desconcertadamente.

- Ah...ah…h ... hola. – balbuceó torpemente ella, sin atreverse a desviar la mirada, pero sin saber en qué punto exacto de él posicionarla.

- ¿Qué haces aquí? -enarcando una ceja, más con extrañeza que con disgusto, Syaoran preguntó yendo directo al grano. Con eso era obvio que, tal y cómo había dicho Eriol, él estaba al tanto de la ceremonia que tendría lugar ese día. De hecho, en un sentido personal, no le asombró tanto ver a Sakura vestida elegantemente de negro, con flores a la mano. Lo que le asombró fue verla ahí, de pie en su puerta.

Ante esa pregunta, la castaña sacudió sus ideas para volver en sí y, despejándose, le sonrió en lo que le tendía a él la flor- ¿Qué parece? Vengo a pasar el día contigo- le respondió con obviedad. Sin embargo, lo que podía ser perfectamente entendible para ella, para Syaoran fue como si le estuviera hablando en Klingon. Tanto así que no supo en qué momento preciso recibió la matera con los claveles y dejó entrar a Sakura, quien depositó el bolso en el perchero de él. Se retiró los zapatos y se avanzó con absoluta confianza por el departamento. Había vivido en éste, después de todo, se lo conocía de memoria. Syaoran cerró la puerta tras de sí, sin quitarle la vista y fue a depositar las flores en una mesita.

- ¿Qué hoy no celebran la conmemoración de Hien? - le recordó el escritor con una mirada ligeramente escéptica y desenfadada.

- No. Hoy es el día que muchos de los seres queridos de Hien irán a un templo a recordarlo- le dijo Sakura, yendo a dónde él estaba de nuevo al notar por su expresión que no parecía del todo convencido- Tú y yo podemos recordarlo desde aquí – Syaoran la siguió mirando con intensidad, absorbiéndola con la mirada, ¿La estaba analizando acaso? Sakura suspiró, suavizando su expresión y, de manera tranquila y sentida, le dijo- Hien no querría que te dejara de lado, Syaoran, y yo tampoco quiero hacerlo. No me pidas que te deje sólo esta fecha. No hoy.

Syaoran abrió sus ojos de par en par al escucharla decir eso, sin disimular la sorpresa, pero luego experimentó una grata sensación de calidez en su pecho. Una sensación que se extendió a la tierna mirada y sonrisa que le compartía; una expresión de genuino agradecimiento. "Lo sabías, entonces…" sólo pensó para así, en un gesto más relajado y hasta feliz, posar la mano sobre los cabellos de ella, revolviéndolos.

-Eres una ternura, Kinomoto. Espérame aquí entonces, iré a tomar una ducha. -la avisó a lo que Sakura, más animada, le devolvió la sonrisa, asintiendo con la cabeza.

Pronto Syaoran se marchó al cuarto de baño y Sakura, por un instante, permaneció quieta en donde estaba sin saber mayormente qué hacer. Después de todo se había programado ese día para estar en la ceremonia de Hien, así que no había empacado ningún libro para leer. Miró hacia ambos lados, con lentitud y cuidado, examinando la casa; comprobando para así misma lo ordenado que era Syaoran ahora en comparación al chiquero en el que vivía cuando ella tuvo que quedarse con él. Sonrió para sí misma al notar eso, pues eso delataba una mejoría en el estado de ánimo del escritor. Caminó hasta la cocina, abriendo la alacena y el refrigerador, comprobando a su vez que dentro de éstas había comida de verdad nuevamente y ya no sólo cajas y cajas de comida rápida. Syaoran había vuelto a cocinar. Se sintió muy feliz por ello. Mantuvo el silencio y luego sacó unos cuantos huevos, para buscar de ahí otros ingredientes. Le cocinaría algo sorpresa, para levantarle el ánimo. Sabía que probablemente no era el mejor día para el estado de ánimo del castaño.

Al cabo de quince minutos Syaoran salió de su habitación, con un pantalón negro, una camiseta blanca y el despeinado cabello húmedo echado para atrás, despejando su rostro de éste.

- ¿Sakura? - la llamó, pero de entrada no recibió respuesta. Enarcó ambas cejas con curiosidad de saber qué estaba tramando ella ya que, después de todo, no la esperaba ahí en su casa ese día, en primer lugar. Debía admitir para sus adentros que pensaba gastar la jornada en comer comida chatarra y ver películas de fantasía que le hicieran pensar en la existencia de un mundo mejor. Sin embargo, el que Sakura hubiera pensado en él y decidiera quedarse ahí en lugar de ir a la ceremonia de Hien con todos los demás… bueno, no entendía como denominar la sensación de calidez que aquello le produjo. Lo hizo sentir feliz, agradecido. Lo hizo sentir al mismo tiempo profundo… cariño.

No… parecía algo más intenso que eso.

Al no verla en la sala, se asustó por un momento, preguntándose si se había marchado. Pero pronto un aroma agradable que venía de la cocina le llamó la atención, provocando que mirara un momento la entrada a ésta con sus ojos ámbares. Era un olor dulce, pero quemado. Un quemado agradable. Se acercó a la cocina y se cruzó de brazos, apoyando el hombro izquierdo en el marco de la puerta mientras la observaba lavar los recipientes y el horno ya encendido, con lo que había preparado cocinándose. Sakura se sintió observada y alzó la cabeza hacia la entrada del lugar, notando a Syaoran mirarla con ambas cejas arqueadas y una discreta, pero divertida sonrisa dibujada en sus labios.

-Ah, ¡Hola! No te tardaste tanto.

-Por todos los dioses elementales, ¿Querrías explicarme qué estás haciendo?

Sakura abrió la llave del fregadero una vez más, sumergiendo las manos al agua helada mientras terminaba de lavar con jabón y esponja el último de los recipientes. Syaoran se acercó y, sin darle tiempo a ella de replicar, tomó una pequeña toalla y le empezó a ayudar secando los plantos para así empezarlos a guardar. La joven Kinomoto lo miró con sincero agradecimiento por ello, aunque éste solo se reflejó en su sonrisa.

-Un pastel- respondió- pensé que tal vez podría gustarte uno.

Syaoran se tensó en su lugar, pero consiguió disimularlo al no detener la labor de secar los recipientes y guardarlos respectivamente en los estantes. De alguna manera ante la mención del pastel terminó recordando que, la primera vez que Sakura se dispuso a prepararle uno, habían terminado en el sofá de ella, besándose. En ese momento ni siquiera pudo probarlo, porque salió de ahí despavorido, pero los labios de ella, su textura contra los de él, aún los tenía presente en su mente. De hecho…recordaba más fácilmente el sabor de su boca que el del café suave que le había ofrecido aquel día lluvioso. Ruborizándose de golpe, el joven Li sacudió la cabeza bruscamente, obligándose a volver en sí. Sakura, quién notó eso, compuso una expresión de tristeza.

- ¿No…quieres?... vaya, lo siento… pensé que podría gustarte.

- ¿Ah? ¿Qué? – farfulló Syaoran, desconcertado mientras la miraba. Y pronto entendió que ella había interpretado su gesto como un rechazo a su pastel, al no haber recibido una respuesta verbalizada. Se afanó, apresurándose a corregirse- ¡No, no, no es eso! ¡Estaba pensando en otra cosa! Yo…- suavizó la expresión mientras una sonrisa apenas visible se asomaba en su rostro. Pero que no hacía falta expandir más, ya que la calidez de su mirada lo terminó diciendo todo- Gracias… es muy lindo que pienses en mí de esa manera.

Sakura ya había terminado de lavar los platos para cuando él dijo, y se secaba las manos que habían quedado frías por el contacto con el agua. Ella le respondió la sonrisa con encanto y honesta felicidad.

-Espero que te guste entonces. Lo hice con mucho cariño.

Syaoran sintió las mejillas enrojecer de nuevo y, sintiéndose patético por ser tan infantil ante ese tipo de halagos, solo asintió con la cabeza sin agregar nada más. Cuando terminaron de arreglar todo, volvieron a la sala principal a la espera de que el pastel estuviera listo. Syaoran se tensó reiteradamente, nervioso, volviendo a recordar el beso y, una vez más, sacudiendo la cabeza tras regañarse por pensar en ello. Además, ese contacto no había significado nada, después de todo. Había ocurrido meses atrás y… bueno, la misma Sakura le confirmó que había estado pensando en Hien…

Sintió un nudo en la garganta al recordar eso y, como reflejo, crispó los puños. Miraba la espalda de ella, que caminaba a unos cuantos pasos en frente de él y…. no le gustó. No le gustó imaginar las sonrisas de ella entregadas a Hien. Sus afectos. Pero… ¿Por qué?... ¿Por qué de repente se sentía así? Ella había sido la prometida de su hermano, tal vez esa situación habría sido lo más normal, no tendría motivo para enfadarse por ello. Pero entonces… ¿Qué ocurría? Lo cierto es que estaba tan absorto con sus pensamientos en ese segundo que no remarcó cuando Sakura se acercó al sofá y, con la curiosidad reflejada en los ojos, percibió un libro algo maltrecho de portada de cuero negro y páginas marcadas. Parecía, de hecho, más una agenda que un libro. Pero en cuanto lo hubo tomado y oteado, notó que no se trataba ni de lo uno ni de lo otro: era un cuaderno de notas donde Syaoran tenía anotado varios de sus escritos. Los ojos verdes de la chica se abrieron más, con asombro y sonrió, leyendo algunas cuantas líneas.

- ¿Quién es Fiore? – se aventuró a preguntar tras leer un poco. Al reconocer el nombre, Syaoran alzó la cabeza bruscamente, volviéndose consciente de lo que ella llevaba entre manos en ese momento y, sobresaltándose, intentó recuperar el cuaderno. Pero Sakura lo esquivó hábilmente mientras seguía leyendo.

- ¡Dame eso!

- ¿Por qué? No está mal escrito, se ve bastante completo. – de hecho, sí, se veía demasiado completo para ser sólo una idea suelta. Psicología del personaje, descripción física, signo zodiacal, fecha de nacimiento, comida favorita, todo. Todo estaba detallado en la joven Fiore Walmsley "Field", según él la había escrito. Y en su compañero, James Field…

Syaoran pronto consiguió recuperar el cuaderno y Sakura, aún en su lugar, permaneció mirando sus manos un momento como si aún leyera las páginas de éste, pensando. Procesando. Hasta que sus ojos claros brillaron más, alzando la cabeza hacia el escritor. Éste aferraba el cuaderno contra sí, rojo y con el ceño fruncido. No le gustaba que tomaran sus cosas tan deliberadamente, más aún su cuaderno de escritos, ya que se sentía en cierta medida ultrajado. Pero Sakura no podía parar de sonreír en ese segundo, mientras lo miraba con la complicidad de quien descubre un gran secreto.

-Haz estado trabajando en una nueva historia. – no fue una pregunta. Syaoran no sabía dónde meterse.

-No, no realmente. Bueno… sólo es una idea suelta, le llevo echando cabeza unos meses…realmente no es nada- intentó restarle importancia apartando la mirada. Aquello era bochornoso y Sakura no le quitaba la mirada de encima.

- ¡Estás escribiendo de nuevo! – exclamó la joven Kinomoto, emocionada.

-No seas exagerada, Sakura, tampoco es para tan…- empezó a replicar Syaoran, pero tuvo que callarse de inmediato al sentir como la aludida rio y se acercó a él, abrazándolo repentina y fuertemente. Los cabellos de ella rozando la mejilla de él, desprendiendo un exquisito y dulce aroma floral. Contuvo el aliento por esa cercanía, sin haberla visto venir. Y, si bien no era la primera vez que se daban un abrazo, tampoco entendía porque sentía su piel hervir tanto en ese segundo que ella lo tocaba. Suspiró, bajando la guardia, antes de agregar un quedo- Bueno… sí. No es la gran cosa, pero… supongo que algo le he trabajado.

Sakura apretó el abrazo, riendo, para luego soltarlo y dedicarle una sonrisa brillante y honesta, realmente feliz por él. Y así la recibió el joven escritor, quien entendió lo que debió significar para ella, que lo vio en tan profundo estado de estancamiento cuando recién se conocieron, a ahora, que estaba escribiendo otra vez. Suavizó la expresión y, tras suspirar se viró en dirección a su estudio, donde había dejado la laptop.

Él no dijo nada, pero Sakura lo tomó como una invitación silenciosa para que lo siguiera y eso hizo, en lo que lo veía abrir la sesión y de ahí empezar a buscar un documento con el nombre de "Fiore10EsteSi". Intentó contener una risita al darse cuenta de que no era la única que ponía títulos por el estilo a documentos repetidos o que, en su defecto, llevaban el mismo nombre. En lo que Syaoran hacía lo suyo, Sakura pasó la mirada por el escritorio de él, entre papeles y libros (muchos libros) y su mirada se detuvo en uno que se le hizo vagamente familiar. De hecho… demasiado familiar. Tomó una pequeña edición de portada amarilla cuyo título rezaba "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" de Pablo Neruda y, en una de las esquinas de la portada, resaltaba la familiar marca KS. Sonrió para sus adentros.

- ¿De dónde sacaste esto? – Sakura alzó el libro y Syaoran la cabeza, sólo para ver de qué hablaba.

-Ah… - respondió, volviendo a concentrarse en el documento que intentaba abrir- Lo conseguí hace casi un año, en una caja de libros donados.

- ¿A la caridad?

-Ah…sí.

- ¿Te lo dio Eriol?

Syaoran detuvo lo que estaba haciendo, quedándose quieto un momento para luego enderezarse y buscar con sus ojos la mirada de ella - ¿Cómo lo supiste?

Y Sakura rio, devolviendo el libro al escritorio- Porque era mío.

- ¿Qué?

-Si, KS. Kinomoto Sakura. – le contestó ella con tanta obviedad que Syaoran, por un momento, se sintió idiota al no haberse dado cuenta antes. Todo ese tiempo preguntándose quien habría sido el anterior dueño o dueña de aquél libro perdido en el olvido y resultó que siempre la tuvo al lado. Sin embargo, eso le hizo caer rápidamente en cuenta de algo más.

-Entonces, ¿Fuiste TÚ la salvaje que decidió regalar TODOS esos libros?

Sakura, quién no esperaba ese reclamo, pareció sorprendida - ¿Disculpa?

- ¡Regalaste las obras de Shakespeare!

- No es para tanto…

- ¡Las obras de Shakespeare! – repitió como si temiera no haber sido claro. Sakura suspiró y, tranquilamente se cruzó de brazos.

- ¿Y qué esperabas que hiciera? Hien acababa de morir para entonces, yo necesitaba un nuevo comienzo, ¿Entiendes? Y si eso requería botar la mitad de las cosas que me ataran a esa vieja vida, lo haría una y mil veces más- le respondió con cierta seriedad. Pero al notar que tal vez eso sonó un tanto duro, suavizó la expresión y le sonrió vehemente- Aunque bueno… me alegra que lo que fue un final de ciclo para mí, para ti fuera el comienzo de uno nuevo.

Syaoran no habría sabido explicar de inmediato el por qué esa frase le resultó más significativa de lo que seguramente fue para ella. El que un "final de ciclo" para ella fuera también lo mismo para él y, a su vez, el comienzo de uno nuevo, dónde ambos se reunieron. El final del ciclo con Hien, para dar comienzo a la llegada de Syaoran. El castaño se aclaró la garganta, frunciendo el ceño desenfadadamente mientras se volvía a concentrar, mirando el documento. Y le ofreció a Sakura el asiento del escritorio. Ésta obedeció.

-Me gustaría que lo leyeras- pidió de repente él, encogiéndose de hombros. Syaoran no supo qué fue lo que lo llevó a hacer eso, pero… algo desde el fondo de su corazón le pedía que ella fuera la primera en leerlo. De alguna manera como una cómplice de sus sentimientos. De las proyecciones de su alma, página a página. Sakura, si bien al principio pareció sorprendida por la petición, pronto aceptó y empezó a leer concentradamente.

Así transcurrieron largos minutos, en los que ella fruncía en entrecejo cuando intentaba comprender mejor un contexto o, en su defecto, cuando se animaba ella misma a llevar las manos al teclado, realizando alguna que otra corrección al manuscrito. Y Syaoran, que de seguro en otro momento no se habría tomado bien eso, se dio cuenta que no le molestaba si venía de ella y que, además, las correcciones que había realizado eran bastante acertadas. Ella era un diamante en bruto para escribir y, en el transcurso de esos meses que compartieron juntos semana a semana, lo fue notando. Tenía no solamente la facilidad, sino también el talento. Incluso más que él, debía reconocer. Por lo que realmente le resultaba una lástima que nadie la hubiera incitado a perseguir ese sueño. En lo que el tiempo pasaba y Sakura observaba el escrito, sus ojos verdes moviéndose animosamente por las letras que le pasaban al frente, Syaoran se había detenido a mirarla a ella. Su perfil, o la forma que empezaba a adoptar su corto cabello cuando ya tocaba la nuca. Incluso su perfume, lo aturdía en un sentido muy atractivo.

Debieron detenerse en cuanto el pastel estuvo listo y se incorporaron para sacarlo del horno y dejarlo reposar un poco. Éste, desde el molde, había dorado bastante bien y la cubierta se veía crujiente y apetitosa. No tenían muchos elementos para decorarlo, pero Syaoran insistió con que no tendría problema por comerlo de ese modo, ya que de todas maneras olía bastante bien. Sakura, tras mucho insistir, al final aceptó.

-Es una historia completamente distinta a las otras que he leído tuyas, pero me gusta bastante. - comentó ella de repente, haciendo referencia al manuscrito de Fiore mientras aún meditaba al respecto en ello. Después de todo leer los escritos de Syaoran era apropiarse de un trozo de su alma y, para entonces Sakura ya lo entendía bastante bien. Pudo palpar el dolor en las primeras partes de la historia, que reflejaban una atmósfera lúgubre y pesada. Pero conforme se iba avanzando, el dinamismo también iba cambiando. Syaoran, además, era un escritor que se caracterizaba por capturar bien el entorno que describía en las palabras que hiciera falta. En el caso de la obra Fiore, se concentraba más en desarrollar los sentimientos de los personajes- Es fácil conectarse con los personajes, y compenetrarse con ellos. Muy emotivo. Y… una linda manera de leer tu corazón.

Syaoran se detuvo, desconcertado- ¿Mi…corazón?

Ella asintió, mientras tomaba lugar en el suelo, pero… no sentándose en éste, sino recostándose sobre él, con las piernas extendidas en la pared. Syaoran le dedicó una mirada bañada en incredulidad y Sakura, notando eso, rio mientras le hacía señas para que él hiciera lo mismo, palmeando el suelo a su lado. Él, sencillamente, no entendía… ¡Tenían muebles! ¿Por qué acostarse en el suelo si tenían muebles? Pero la mirada de Sakura era insistente, al igual que su sonrisa y, suspirando derrotado, el joven escritor se aproximó e hizo lo mismo, acostándose a su lado mientras miraba el techo desde la comodidad del suelo alfombrado en lo que estiraba las piernas sobre la pared, notando cómo las suyas eran más largas que las de Sakura (aunque él era en sí más alto, no que aquello fuera una gran observación).

-Estás loca… - murmuró el castaño por lo bajo. Y Sakura soltó un suspiro, con una expresión tranquila reflejada en su mirada. En esa postura, era consciente de como los hombros de ambos se rozaban y… de hecho, era una cercanía agradable.

-A veces hace falta aprender a ver las cosas desde otra perspectiva… te confieso que cuando siento que estoy bloqueada o algo, busco un sitio despejado y limpio y hago esto. Me ayuda a relajarme y a entender que…a veces, para que las cosas fluyan, hace falta verlas de otro modo.

- ¿Así de terrible estaba el manuscrito?

-No, no lo digo por el manuscrito. Lo digo por la vida…- respondió en un murmullo, cerrando los ojos por un momento. Al hacerlo, las pestañas se le vieron más largas y curvas de lo que en realidad eran. Syaoran, por su parte, tenía el rostro girado a ella, mirándola con atención. Detallando la suavidad de su piel… su perfil, los finos labios que se visualizaban en éste. La calma que le inspiraba su presencia. De verdad era agradable. Y la escuchaba atentamente.

- ¿Por… la vida? – repitió Syaoran sin entender de entrada.

-Sí, la vida. – respondió Sakura, abriendo los ojos. Y las pestañas largas le oscilaron en el proceso. Syaoran, en la posición que estaba no podía percibir del todo la expresión que tenía ella en esos instantes- Es sólo que… es increíble que hace un año estuviéramos llorando a Hien. Sin embargo… el tiempo no se detuvo. Todos seguimos creciendo, cambiamos… Si me miro al espejo puedo afirmar que no vería ahí a la misma mujer que fui hace un año. Y… me resulta en cierta manera gratificante. No querría volver a ser quien fui entonces. – giró el rostro para verlo a él y la cercanía entre ambos pareció más palpable. La intensidad de la mirada tranquila de ella, que siempre parecía ver más allá de sus propias barreras. En otras ocasiones era incluso un poco intimidante, pero en ese segundo…se sintió bien. La sentía intrínseca y… era placentero, natural- Leyéndote me doy cuenta de que tú también has crecido y para bien. La verdad… me resulta muy gratificante. Poder ver a un Syaoran que, con los meses ha sanado su alma, aunque puede que de entrada no fuera fácil para ninguno hacerlo.

-Sakura…

-Perdimos a Hien, pero…ganamos una estrella. Ambos. Y, de alguna manera, fue debido a todo lo que ocurrió que tuve la oportunidad de conocerte- tiernamente estiró la mano, cuyo dorso se rozaba con la de Syaoran ahí, lado a lado, y la tomó mientras entrelazaba sus dedos con los de él. La mano de ella era suave, delgada, y estaba aún algo fría. La de él áspera, cálida, grande.

-Sakura… - repitió con la boca seca, sorprendido por ese gesto, sin evitar ruborizarse en el acto. Notaba más que nunca los ojos verdes de ella, tan brillantes, tan llenos de estrellas, sobre los de él. Y Sakura le sonrió dulcemente, casi de manera afectuosa.

-Feliz cumpleaños, Syaoran… - le dijo ella en un murmullo tan suave, tan tierno que, de haber estado más lejos tal vez no lo habría escuchado.

El castaño se quedó helado al escuchar eso, mientras un vuelco violento agitó su interior. Así que, tal y como lo había sospechado apenas la vio insistir en quedarse con él, ella realmente sabía qué día era. Y, por otro lado, ¿Cómo no saberlo? Si ese día cumplía Hien también. No conmemoraban el aniversario de muerte de Hien Li, bien se sabía, incluso si éste sería por esa época también: Se conmemoraba el aniversario de su vida. De la vida de ambos. Syaoran sintió un nudo en la garganta ante eso, siendo consciente ahora de lo mucho que Sakura había pensado en él para acompañarlo durante ese día.

Pudo gesticular un quedo- Gracias… - apenas se sintió capaz de hacerlo. Sakura le respondió con una sonrisa más tierna y amplia, una que le robó el aliento por un momento. Le encantaba verla sonreír. Le encantaba la forma como la comisura de su boca se alzaba en el proceso, generando pequeñas comillas a cada extremo de su boca. Le encantaba la manera como normalmente la mirada de ella, de esos ojos grandes y expresivos, compartía la luz de la sonrisa. Le encantaba, le fascinaba y, no supo en qué momento, alzó la cabeza ligeramente, moviéndose hacia ella. Estaban tan cerca que solo bastaría un poco de movimiento para cerrar sus labios sobre los de ella en un movimiento suave, sellar esa apetitosa sonrisa con un beso. Sólo bastaría moverse eso, unos pocos centímetros.

Hasta que Sakura, quien notó la repentina cercanía del joven escritor, se tensionó, recordando el sueño y el calor de sus cuerpos, sintiendo la boca seca a su vez. Pero, tornándose nerviosa, contuvo el aliento un momento para decir- Syaoran…- tono suave, pero alertado. Y al escuchar su nombre, Syaoran se detuvo cerca de ella, volviendo en sí. Aún sin tocarla, pero próximo, notando el rostro rojo de ella, él mismo pasmado con sus propias acciones. Y al tenerla de esa manera, al entender sus sensaciones y, con eso sus acciones, logró entender también la sensación de calidez y… lo golpeó con toda la fuerza de la realidad: Le gustaba. Le gustaba ella.

Él, Syaoran Li, se había enamorado de Sakura Kinomoto. La mujer de su hermano…. ¿Cómo había podido permitir que eso sucediera? Palideciendo, se apartó de ella, sintiéndose abrumado y, en un gesto seco pasó el pulgar de la otra mano ásperamente por la mejilla de Sakura, simulando que limpiaba algo.

-Te había quedado un poco de harina encima…- replicó con voz ronca usándolo como pretexto, evitando su mirada, pero siendo más consciente que nunca del agarre entre sus manos. De la presencia de ella y lo que eso volcaba en él. Sakura relajó la postura, al encontrar que lo que dijo sonaba sensato y suspiró. Sin embargo, una parte de sí se sintió un poco decepcionado de que solo se hubiera acercado por eso. Lo soltó para así incorporarse, sacudió la ropa, acomodó los cortos cabellos y le dedicó a Syaoran una tenue sonrisa, encogiéndose de hombros.

-El pastel ya estará listo, vamos a partirlo. Te daré tu regalo.

-No hacía falta que…

-Syaoran- le respondió Sakura a modo de advertencia. Syaoran suspiró, incorporándose también y la miró un momento para luego sonreírle, con una expresión ligeramente agotada.

-Eres muy amable. Gracias… de verdad- lo decía con honestidad, pese a todo. La vio partir a la cocina mientras él se ponía en pie, pensando que esa vez degustaría el pastel en reemplazo de sus labios, a diferencia del día de su primer beso. Porque así tenía que ser, pensó. Ella había recordado a Hien cuando estaba con Syaoran, besando a Syaoran, así se lo dijo, porque en cierta manera así tenía que ser. Aunque le doliera cavilar sobre eso. Si ella era feliz así, eso era lo realmente importante para él.