¡Hola, de nuevooooo! Ya vamos llegando a un punto muy importante de la historia. Y aunque sé que tal vez los hice esperar bastante, de todas maneras, para agradecerles su paciencia les he traído un capítulo el doble de largo, cuyo contenido espero que haya valido la espera xD.

Antes de continuar, sin embargo, me gustaría dar gracias a todos ustedes, lectores, que me han acompañado y seguido durante todo este tiempo. Pero en particular quiero dedicar los agradecimientos a los que han comentado con sus retroalimentaciones y palabras de apoyo :3. Ap423, Kendrix astrix: ¡No me odien por el suspenso! Prometo que todo se desencadenará cuando menos lo esperen :3. Sakurita136: Me llena de alegría leer que "Fiore" es algo que te anima a seguir, y que te guste. Me motiva mucho, pues siempre queremos seguir mejorando. Gracias por la paciencia y la espera. Paramo Isabel: Gracias por tu apoyo y comentarios. Si te gustó ese capítulo, probablemente te gustará aun más este :3. ValSmile: Gracias a ti por seguir la historia, y por los buenos deseos. A veces me demoro por falta de tiempo, pero en lo posible trato de que la inspiración no falte. Siempre es lo más importante a la hora de escribir. Cerezo01: Cómo siempre, es un gusto leer tus notificaciones. Me agrada ver hasta qué punto te llega la historia ya que, en cierta manera, escribimos para eso xD. Este capítulo es largo, pero enteramente coherente en su línea de tiempo esta vez, así que no habrán saltos confusos, no te preocupes xD :3 . Así como le pongo corazón al escribir, me da alegría saber que allá afuera hay gente que le pone corazón al leer. Las cosas se irán respondiendo poco a poco, lo prometo. ¡Gracias por el apoyo! Tsuki hime: Sí, hombre, ¿Qué se creen? :v Jajaja en las primeras líneas responderás la duda del regalo. Alana: La verdad hay una intención oculta e importante del porqué se menciona tanto el parecido entre Hien y Syaoran, por ello he sido reiterativa. Pero vale, tomaré en cuenta tu sugerencia y trataré de ser más mesurada en ello. Todos los días se aprende y mejora, después de todo xD. Gracias por tu comentario y el apoyo, la verdad lo encuentro halagador y motivador para seguir :D . : Muchas gracias, aquí tienes la continuación. Espero que te guste :D . Danceordie07: Oooow, gracias por opinar así :3 xD. "Fiore" y yo te lo agradecemos. A veces me demoro en actualizar por cuestión de tiempo, pero bueno, aquí está la siguiente entrega… y el doble de larga que la anterior xD.

Gracias a todos. Nos leemos, ¡Besitos!

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Capítulo 15: Estrellas. La puerta abierta.

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Se había enamorado de Sakura Kinomoto. Él, Syaoran Li, a sus veintiséis años cumplidos ese mismo día, se había enamorado de Sakura Kinomoto. Y se sintió idiota. Se sintió idiota por la forma tan terrible como la trató apenas ella llegó al edificio, cuando la recibió con marcado desdén y palabras de desprecio. Se sintió idiota recordando el juramento que le hizo a Hien de cuidarla sólo para saldar su deuda con él. Se sintió idiota por no haber seguido derecho a su departamento aquel día que el departamento 308 se había inundado, dejando que Kinomoto se hubiera quedado en la casa de Daidouji o algo así. Y ahora, en ese preciso segundo, se sentía terrible, irremediable y marcadamente idiota ahí, sentado en la mesa de comedor, quitándole el envoltorio verde al paquete que Sakura había sacado de su bolso para dárselo como regalo de cumpleaños. Era un estuche de madera, con finos grabados en chino. Y si se abría se vería una colección de pequeñas dagas de aspecto antiguo, cuyo mango estaba hecho con jade, guardando la forma de un dragón. Eran tres dagas de diferentes tamaños, pero se veían antiguas y costosas. Syaoran tenía una particular afición por la cultura china. Le encantaba y, de hecho, en alguna ocasión, le había mencionado a Sakura que, de niño, además de esgrima practicó durante muchos años artes marciales chinas, razón que podría justificar su cuerpo atlético, a diferencia del de Hien. Sintió un nudo en la garganta, notándose sin palabras al observar el regalo, hasta que fue consciente de la mirada de Sakura puesta sobre él, a la expectativa de su opinión.

Syaoran alzó la mirada, encontrándose con esos profundos ojos verdes de ella y suspiró, sonriendo tenue y agotadamente- Es espectacular. Me encanta, gracias. – Sakura amplió su sonrisa, satisfecha por esa respuesta.

-Las vi y pensé de inmediato en ti. Tenían tu nombre por todas partes- agregó. Y siguió discutiendo algo sobre tener que dialogar con el dueño del anticuario donde las consiguió para que le hiciera rebaja. Syaoran la veía hablar, pero no la estaba escuchando realmente. Parpadeaba y arqueaba las cejas, a veces sonreía y asentía con la cabeza simulando que le estaba prestando atención, pero en su lugar veía la boca de ella moverse, curveándose en una sonrisa, veía la expresión entusiasta de sus ojos, incluso como el corto cabello se le movía cuando ella misma asentía o negaba con la cabeza, distraída en lo que decía.

Ella era hermosa, y Syaoran se sentía miserable. Si, miserable. ¿Porqué de todas las mujeres en el mundo tuvo que fijarse en la novia de Hien? ¿¡Por qué!? Pensó en Touya Kinomoto y se sintió todavía más miserable, porque …si, tenía razón. Meiling fue una desgraciada con él y luego de tener eso en su vida, sin duda estar con una buena persona sería demasiado atractivo. Y Sakura era una muy buena persona.

Meiling fue sinónimo de fuego. Pero Sakura era luz.

Y sintiéndose atrapado en un callejón sin salida, no supo qué hacer. ¿Cómo conquistar a alguien que de entrada estaba prohibida? Porque técnicamente Sakura nunca terminó con Hien. Su relación se vio interrumpida por los desastres del destino, pero no se interrumpió porque dejaran de quererse. ¿O estaba echándole demasiada cabeza? Sakura era joven y bueno, ella misma lo dijo, en algún momento eventualmente tendría que seguir con su vida. Pero… ¿La seguiría con él?... Bueno, ¿Por qué pensaba en eso?... Aunque, ¿Ella se fijaría en él? ¿O ya se había fijado en él? Todo le daba vueltas en la cabeza y agradeció que su teléfono sonara, alertándolo. Sakura paró de hablar y Syaoran se excusó un momento para ir a contestar, cosa que ella entendió, diciéndole que de todas maneras era su cumpleaños, que no se disculpara por recibir llamadas. Syaoran apretó los labios en una fina línea y fue a buscar su teléfono, contestándolo.

Era Eriol.

-Hola.

"Feliz cumpleaños, lobito." Saludó Eriol desde el otro lado de la línea. Voz tranquila, educada, pero cálida. Syaoran sintió un nudo en la garganta ya que el que solía llamarlo así era Hien. Pasó la mano libre por sus cabellos castaños distraídamente, mientras tomaba aire, sin darse cuenta de que, desde la mesa, Sakura miraba su amplia espalda y detallaba como cambiaban los músculos de su masculino cuerpo con cada movimiento.

-Gracias… ¿Cómo va la ceremonia?

"Bien. Han estado todos muy tranquilos. Vino la gente de la Corporación Li, tus padres. Algunos amigos de Hien también" pareció dudar un momento antes de agregar "Ieran preguntó por ti."

Syaoran abrió sus ambarinos ojos, sin disimular la sorpresa.

- ¿Mi madre? ¿Qué te dijo? – al escuchar a Syaoran, Sakura misma alzó la cabeza de la espalda de él a su cabeza, con una expresión de perplejidad. ¿Ieran Li, la madre de los gemelos, acababa de entrar en la conversación?

"Bueno… no te enojes conmigo, yo sólo soy el mensajero" le recordó Eriol tranquilamente "Pero se le veía de verdad apagada. Sabes que tu madre siempre ha tenido una seriedad impenetrable, pero creo que la muerte de Hien la ha golpeado también. Me ha preguntado por ti, si estabas bien, si habías logrado seguir con tu vida."

La mirada de Syaoran pareció tornarse más fría al escucharlo, sintiendo de repente la boca seca. Pero lo dejó hablar. Tal vez en otro momento si le hubiera gritado a Eriol que esa mujer no tenía nada que preguntar por él, no después de todo lo que le ayudó a hacer a su padre, pero al escuchar que el joven inglés mencionaba que parecía abatida, optó por guardar silencio. Su madre jamás se mostraba abatida, menos en público, y Eriol sabía eso. De alguna manera había pensado durante esos últimos años que Ieran Li sería sin duda una harpía carente de corazón, pero… supuso para sus adentros que sería humana también, en el fondo. Y que como madre no debía ser fácil eso de perder a sus dos hijos. Tal vez la pérdida de Hien si le hubiera removido una parte importante de sí misma, aunque…él no tenía modo de saberlo en ese segundo.

-Bueno, supongo que ella misma me lo hubiera podido preguntar si se hubiera tomado la molestia de, ya sabes, invitarme desde un principio a todo lo relacionado con Hien. – contestó el castaño con voz fría y puntual, sin cambiar mucho de expresión. Eriol suspiró y pareció que, desde el otro lado de la línea, entendía el porqué de la actitud de su amigo.

"No lo sé, Syaoran. Incluso me preguntó dónde estaban viviendo. No quise decirle, por respeto a ti, pero… eso me hizo pensar, ¿Tú les has comunicado en qué lugares haz estado viviendo los últimos años?"

No. La verdad, no lo había hecho. No lo veía necesario si en un principio ellos mismos se encargaron de cortar contacto con él. Pero no negaría que también pensó para sus adentros que, de haberlo querido, ellos habrían podido encontrarlo. Después de todo, no era como si se hubiera estado ocultando.

-No, no lo saben- respondió. Aunque su respuesta fue tan seca que Eriol se dio cuenta que lo más prudente sería cambiar de tema.

"Bueno, ese no era el motivo de la llamada. Cómo no pude estar contigo temprano, te quería proponer venir a mi casa. Nos tomamos unos tragos, partimos un pastel, ¿Qué dices? Te daré tu regalo acá. Sé que tal vez no será el cumpleaños más alegre, pero…no estoy dispuesto a que termines el día sólo tampoco."

Syaoran se viró, mirando a Sakura por el rabillo del ojo. Y al sentirse observada, la joven Kinomoto le respondió con una tierna sonrisa. Syaoran suavizó la expresión al verla y él mismo le sonrió.

-No estoy solo- le respondió con voz más amable- Pero sí, suena bien. Iré a tu casa entonces.

"Oh, ¿Cómo te ha ido con Sakura?" por el tono con el que lo preguntó, fue fácil adivinar que Eriol se encontraba sonriendo en ese preciso segundo. Y Syaoran suspiró, agotado, aun mirándola. Pero ya la mirada volvía a tornarse profunda, extraña e indescifrable.

-Luego hablaremos de eso…- murmuró. Y evadiendo unas cuantas preguntas, logró hacer que Eriol cambiara de tema y finalmente despedirse de él, colgando. Se excusó con Sakura por la interrupción, pero ella negó con la cabeza.

-Es tu cumpleaños, tonto, ya te dije que no tienes que disculparte- reafirmó. En lo que Syaoran terminaba de hablar, ella se había incorporado nuevamente y buscó cortar otro trozo de pastel para él y para ella, depositándolos en los platos. Y decidió acompañarlo con un vaso de leche. Lo miró con interés mientras se sentaba de nuevo, comiendo su propia porción.

- ¿Irás entonces a la casa de él?

-Sí, no me apetece pasar la noche viendo películas de fantasía, que seguramente terminará en una sesión de videos de Pink Floyd … ese era el plan inicial, pero no significa que me guste pasar mi cumpleaños así- se animó a sonreír intentando mostrarse bromista, y no tan deprimente como realmente sabía que había sonado. Sakura lo miró con cierto reproche, pero no le dijo nada al respecto. No podía, sabía que no tendría las palabras. Después de todo, supuso que cuando se tenía un gemelo, un cumpleaños tal vez sería lo más íntimo que compartirían entre ambos.

-Vale, vale…- aceptó finalmente mientras lo seguía mirando, escéptica. Syaoran, que había empezado a comer él mismo su pastel pareció desconcertado al sentirla mirándolo con tanta insistencia, y alzó las cejas, sin entender.

- ¿Qué pasa?

Sakura sonrió tenuemente, negando con la cabeza y se incorporó, caminando hacia dónde él estaba. Se paró a su diagonal y las manos dudaron en un movimiento, tensa, pero luego tomó aire armándose de valor y se acercó a él brindándole un tierno abrazo, apoyando su cabeza sobre la de él al estar sentado aún. Syaoran se tensó inmediatamente, conteniendo el aliento mientras el cuerpo se volvía más consciente de la presencia de ella y su calor corporal.

-Amm… ¿Sakura?

-Parecías necesitarlo. – respondió con el tono dulce y cantarín de un ave. Resopló por la nariz en una risita seca y silenciosa, y Syaoran lo sintió en su cabello- Aunque estaba dudando un poco porque Hien si odiaba mucho este tipo de contactos y… de alguna manera me desacostumbré a darlos.

Syaoran alzó la mano y la puso sobre el brazo de ella, acariciándolo con el pulgar suavemente, pensativo.

-A mí no me molestan estos contactos…- murmuró con voz ronca. Y Sakura sonrió, al tiempo que sus ojos brillaron felizmente por eso.

-Es bueno saberlo.

-Yo no soy Hien…

-Lo sé.

¿Sakura lograba dimensionar lo que esa afirmación le impactó? Incluso detuvo su pulgar un momento y la sujetó más firmemente, aunque manteniendo la delicadeza. Apretó los labios en una fina línea, permitiéndose estar de ese modo unos cuantos segundos más, concediéndose disfrutar de su presencia y cercanía. Hasta que algo se le vino fugazmente a la cabeza.

-Oye… Sakura.

-Dime.

-En una semana habrá un evento del periódico en el que trabajo y Midori, la editora ¿Recuerdas? Me envió la invitación. ¿Quieres venir como mi acompañante? – "¿Qué estás haciendo, Li?" se recriminó mentalmente, aunque ya era demasiado tarde al estar la oferta lanzada. Sakura se apartó y Syaoran lo lamentó, pero pronto la vio de nuevo al frente suyo cuando recuperó su puesto con el fin de terminar su porción de pastel. Parecía emocionada.

- ¡Claro! Me encantaría. Ah… ¿Algún tipo de ropa en particular?

-Etiqueta.

-Vale, le pediré algo a Tomoyo.

Y el resto de la tarde transcurrió de manera tranquila, conversando entre ellos, poniendo música de su adolescencia que ambos conocían y corearon juntos en algunos momentos. Aunque en verano los días fueran más largos, pronto la noche fue cayendo y Syaoran se cambió de ropa para irse presentable a dónde Eriol, reemplazando el holgado pantalón por un jean, y una camisa verde esmeralda y de botones, remangada hasta los codos. Sakura siempre pensó que el color verde le quedaba muy bien a Syaoran. Era un color refrescante y silvestre, pero también místico. Sakura tomó su bolso de vuelta y, dejando la flor con él, pronto se despidió y se marchó a su domicilio, dónde llamó a Tomoyo para averiguar si podía cambiarse de ropa y salir a dónde ella ya que, así no se lo admitiera al joven Li en ese momento… a ella tampoco le apetecía pasar sola ese día. Tomoyo, por supuesto, le dijo que sí. Incluso le propuso que llevara sus cosas para invitarla a dormir. Sakura agradeció poder tener una mejor amiga tan buena como la que tenía. La quería demasiado. O, más bien, se querían demasiado.

Syaoran tomó sus pertenencias y, tras cerrar la puerta del departamento, bajó las escaleras, saludó a la señora Sakaichi al pasar por la recepción y luego se dirigió hacia su auto rojo que lo esperaba en el estacionamiento. A Syaoran le agradaba escuchar el ronroneo del vehículo cuando arrancaba, era supremamente placentero, aunque la intensidad de su color rojo le hacía detenerse a pensar largo rato en Meiling. Ese auto lo condujo muchas veces en compañía de ella.

Mientras andaba por las calles, casi podía verla sentada en el asiento contiguo, asomándose por la ventana, cantando en voz alta y desafinada, aunque para él era encantadora cuando la veía desde los ojos del amor. Ahora sólo la recordaba desafinada. Al cabo de media hora (debido al tráfico) llegó a la casa de Eriol: una casa que le recordaba a la suya propia cuando era niño, cerca de los límites de la ciudad, con dos pisos y un amplio antejardín. El escritor tocó el timbre y en unos pocos segundos, Eriol abrió la puerta, sonriendo.

- ¡Syaoran! Happy birthday! – lo dijo con un inglés estilizado, marcado y perfecto, mientras su expresión reflejaba más euforia. Eriol portaba un pantalón negro para ya estar en la casa, pero la parte de arriba era cubierta por una elegante bata de uso doméstico y dominguero que aumentaba el corte inglés- ¿Cómo estás? Ven, pasa, pasa- dijo, abriéndole paso a su mejor amigo.

Syaoran, por su parte, aunque entendió lo que dijo, opinó que de seguro a él no le habría sonado así de bonito como a él.

-Gracias, viejo… Estoy bien, muy bien. Sakura me dio un día bastante agradable, a decir verdad. ¿Y tú? ¿Hace mucho llegaste?

-Lo suficiente. – pronto llegaron a la sala principal. Un espacio amplio, con muebles de tela cuyo decorado se veía tejido con esmero, una mesita de madera en el centro con dos o tres libros acumulados y de resto todos los demás objetos se encontraban guardados o posicionados prolijamente sobre los estantes, brindando mayor sensación de serenidad. A Syaoran le agradaba la casa de Eriol, pues siempre le había dado la sensación de ser una casa bastante académica. Con grandes variedades de libros (que a él le encantaban) y estatuas raras y de aspecto muy antiguo. Además, que estaba ese constante aroma a té, siempre característico en él. Syaoran tomó asiento y Eriol, antes de hacerlo a su vez, puso algo de música de The Beatles para pasar el rato, y buscó una botella de sake y unos pastelillos de durazno que había encargado para su amigo en esa fecha. Al escucharlos, Syaoran recordó a Sakura nuevamente, pero esta vez en la navidad en su casa, y resonó la sonrisa tan cercana que tuvo de ella cuando la sacó a bailar "Penny Lane". En su momento sólo lo hizo queriendo levantarle el ánimo e improvisar una manera de llegar a ello, pero al final se terminó convirtiendo en algo muy agradable.

Y bueno, escucharlo en esa casa lo era más aún, ya que fue gracias a Eriol que conoció al grupo cuando era todavía más joven. El CD que tenía en el departamento actualmente, de hecho, lo había traído Eriol de su natal Inglaterra.

Eriol ganó su asiento de nuevo, y le tendió un paquete pulidamente envuelto, el cual el escritor recibió y una vez lo abrió, se extrañó al ver lo que parecía ser un telescopio pequeño de bronce sujetado por una base que simulaba un transportador de esos de las clases de geometría, y una brújula. Se veía muy antiguo, eso sí.

-Es un catalejo sextante- le explicó el inglés con una de sus pocas sonrisas que parecían más sinceras que enigmáticas. Incluso emocionado- ¿Te gusta? Es de colección.

Syaoran tuvo que aguardar unos segundos para disimular la expresión que delataría el pensamiento de ¿Qué diantres haría él con un catalejo sextante a esas alturas del siglo? ¿Qué clase de regalo inútil era ese? Luego pensó en las dagas que le regaló Sakura y encontró que tampoco en ellas vería demasiada utilidad. Finalmente hizo una reflexión de qué tantas cosas antiguas solía el conservar, pensando en la descripción que le facilitaría a la hora de escribir historias de época, y cayó en cuenta de que…en efecto, si, tenía varias. Sintió el alma arder, avergonzado por sus propios pensamientos iniciales y sonrió a su mejor amigo, guardando el catalejo.

-Está genial. Me ayudará con alguna historia de altamar o algo así. Muchas gracias.

-Bueno, cuéntame ahora, ¿Qué tal tu día? ¿Cómo te fue con Sakura? – y aunque Eriol lo preguntó con honesta curiosidad de saber cómo había transcurrido la tarde entre sus amigos, se sorprendió al ver que Syaoran se echaba hacia atrás en el sillón, exponiendo al fin una expresión de tragedia.

-Es un desastre. Fue todo, todo, todo un desastre- farfulló mientras llevaba la mano a su rostro, restregándolo con una mezcla de desespero y exasperación. Claramente esa respuesta fue todo lo que menos esperó el joven Hiraguizawa, quien abrió los ojos grises con educado desconcierto.

- ¿Qué? ¿Por qué?

- ¡Porque me gusta! – exclamó Syaoran sin piedad ni contención, reflejando en su mirada hasta qué punto eso lo trastornaba- ¡Me gusta Sakura! ¡Sí! ¡Me fijé en la mujer de mi hermano y ahora todo es un desastre!

Cuando se fijó en Eriol, notó como éste ahora tenía también la boca abierta ante esa declaración que lo dejó perplejo, pero, de alguna manera tampoco parecía tan sorprendido como habría debido. Eso último fue algo que Syaoran no pudo dejar de notar.

- ¿Qué? - cuestionó el escritor.

-Vaya, pensé que habría tomado más tiempo.

-… ¿Qué?

-Por favor, Syaoran, hasta yo noto la química que hay entre ustedes. La manera cómo la miras o ella te mira a ti. De verdad se ven muy bien juntos, me alegraría enormemente que, si ambos deciden seguir adelante con sus vidas, se elijan entre ustedes para acompañarse en ello.

Syaoran se sintió perplejo y desconcertado. No sabía qué hacer o cómo tomarse aquella declaración. Incluso cuando Eriol se movió para servirse sake, conservando la expresión serena e intelectual que le caracterizaba tanto, no supo él mismo qué mirada le estaba dirigiendo. O qué pensamiento estaba digiriendo, como tal. ¿Qué… se veía la química entre ellos?... ¿Qué Sakura también lo miraba a él? Sintió un extraño vuelco al interior de sí mismo considerando algo de manera más seria que, si bien lo había pensado en otro momento, no lo había discernido: en la posibilidad de que Sakura se fijara en él de vuelta. Pero ¿Cómo sería eso posible?

-Para ella soy sólo el hermano de Hien…- se apresuró a agregar con una expresión lúgubre y deprimida, hundiéndose más en el sofá- Y se comporta conmigo como tal.

- ¿Eso te lo dijo ella o lo estás suponiendo tú?

-Pues… - ciertamente, Syaoran no supo cómo responder esa pregunta. Eriol bebió de su sake y con gentileza le sonrió.

- ¿Quieres saber mi opinión? – y el escritor dudó qué responder, pero notando la seguridad en la mirada de Eriol, prefirió asentir con la cabeza. Se sirvió un poco de sake también y cuando lo bebió sintió el líquido fuerte y ardiente pasar por la garganta. El joven de lentes agregó- Para ella eres Syaoran Li. Sólo eso, Syaoran Li. Y contigo se comporta como ella misma.

Syaoran lo miró confuso, pero pronto se vio distraído por algo peludo que empezó a moverse entre sus pantorrillas, frotándose contra éstas, ronroneando. Bajó la mirada y se topó con Spinel Sun, el gato de Eriol, cuyo pelaje era de un fuerte color negro y sus ojos azules como el tono del cielo diurno cuando está despejado. Spinel era un animal discreto y desconfiado, pero por lo general solía ser amistoso con los amigos más cercanos de Eriol. Syaoran le sonrió y le acarició la cabeza y la barbilla a lo que el gato se dejó, receptivo. El verlo así hizo que Syaoran, a su vez, relajara la postura.

-Bueno, no es como si el resto del mundo le impidiera ser ella misma. – apuntó.

Eriol negó con la cabeza, educadamente- Sakura siempre ha sido una persona… diferente- le explicó- Un diferente positivo. Siempre ha visto más allá de lo que otras personas pueden ver, y también siente más allá de eso. Pero… digamos que muy pocos lo han entendido. Aunque Sakura tiene una naturaleza gentil, realmente hay pocas cosas que la llenan. Ella es una persona que ama la sinceridad y la entrega, en todos y cada uno de los aspectos de su vida. Pero como no hay muchos que lo entiendan, tampoco lo aceptan y digamos que en más de una ocasión ella ha tenido que conformarse con adaptarse a los gustos de las otras personas sólo para poder encajar con éstos y… tristemente, tu hermano no fue la excepción.

Syaoran alzó la cabeza de nuevo hacia su amigo, sin detener los mimos a Spinel, denotando una mezcla de sorpresa y desorganización en la mirada.

- ¿A qué te refieres?

Eriol pareció meditar un momento en qué palabras sería mejor utilizar- Bueno… Hien era un buen tipo, Syaoran, pero ya sabes también que era muy elemental. Para él las palabras eran solo palabras, y los sentimientos solo algo melifluo. Él no iba a pensar en algo más profundo que eso. Sin embargo, en una sociedad normal, él era un excelente partido teniendo en cuenta que era atractivo, simpático, adinerado. Pero no venía siendo más que eso, y tampoco escuchaba o entendía a Sakura más que eso.

La mirada de Syaoran se tornó algo seria, pero era una expresión desenfadada, sólo pensativa. Le encontraba sentido a lo que decía Eriol y poco a poco la idea que le estaba planteando iba adquiriendo más forma en su cabeza.

-Pero… eso es terrible- murmuró- En esta sociedad la gente sólo piensa en sí mismos, ¿Dónde queda la escucha al otro? ¿La compasión? ¿La comprensión? ¿La… aceptación? – apretó los labios en una fina línea tras tensar la mandíbula, intentando comprender- Sakura es una mujer maravillosa, ¿Cómo…? – cuando menos lo hubo pensado, se descubrió con algo de rabia hacia su hermano- … ¿Cómo alguien se atrevería a censurar toda la belleza de su ser solo por "adaptación social"? ¿Cómo el entorno aceptaría eso tan tranquila y pasivamente?

Eriol sonrió, enarcando una ceja con un dejo de diversión.

- ¿Y eso te molesta?

- ¡Claro que me molesta! … Ningún ser vivo merece sentir que es despreciado por sólo ser ellos mismos. Ninguna persona debería permitir que corten parte de sus alas naturales sólo porque no encajan con un gusto social. O sea… ¿¡Qué importa la sociedad!? – pensó en cuando recién conoció a Sakura y las crisis de identidad que ella manejaba. Pensó en lo mal que se sentía con su físico. Ahora entendía todo: no era con su físico que ella realmente se sintiera mal, era consigo misma. Por tanta censura que había recibido a los comportamientos que debía o no seguir, ella había empezado a pensar que quien estaba mal era ella y que debía adaptarse a los gustos e identidades de los otros para poder encajar. Y ella sentía que no encajaba porque su forma de ser era diferente y con los años esa inseguridad personal empezó a proyectarla a su aspecto físico, dejándose crecer el cabello durante muchos años porque "el cabello largo era lo que se esperaba en las mujeres lindas", aún si lo que a ella le gustaba era tener el cabello corto. Aceptando un trabajo donde no era enteramente feliz cuando su sueño era ser escritora, solo porque vivir de la escritura no parecía "un empleo demasiado serio". Aguantando años de una relación con un hombre que, en lugar de quererla a ella, quería realmente el ideal que tenía de ella y no la dejaba moldearse más que eso. No la escuchaba tampoco, ni la tocaba. Y ella, como Hien era un hombre visto como "socialmente bueno", debía agachar la cabeza y aceptar. Si, siempre aceptar. Como Sakura era la mujer, la dulce, la tierna, la diferente… y por ende la que debía entender. La que debía conformarse con lo que tenía… y seguir. Aún si sus ambiciones eran otras, y sus sueños diferentes. Aún si para ella el mundo era de magia y no de tierra y agua. Aún si le gustaba recibir abrazos y darlos…

Pensó en Sakura, esa tarde, dudando si acercarse a darle un abrazo o no y sintió como le ardieron los ojos, frustrado de repente, por ella. Por ella y por él mismo, porque de ipso facto también se vio reflejado en esa persona. En ese ser que duda de ser quién es. Él luchó por defenderse a sí mismo frente a otros, luchó por sus ideales, pero… ¿Estaba del todo exonerado de eso? ¿No se había dejado arrastrar por Meiling y puesto en ella todo el valor de sus escritos y de su vida? Al final el ser humano vivía como ser sociable por naturaleza, en una comunidad donde la opinión del otro es la que da el valor. Pero… ¿Eso significa que está bien? Claro que no.

Dejó de acariciar a Spinel, quien protestó, para llevar la mano a sus ojos ámbares cubriéndolos un momento. Tomando aire ampliamente por la nariz unas cuantas veces, regulándose. Eriol lo observaba de manera tranquila, pero pronto adoptó una preocupada expresión al ver lo afectado que su mejor amigo lucía ahora. Como quien acaba de entender el secreto del universo o, en este caso, el secreto del universo de Sakura.

- ¿Estás bien, Syaoran?

-Ella sólo ha querido todo este tiempo que la quieran…. Que Hien la quiera. -murmuró con voz ronca, para luego soltar un suspiro, echando la cabeza hacia adelante, curveando el cuerpo para apoyar los codos sobre las rodillas- ¿Y sabes algo, Eriol? ¡No tiene porqué mendigar amor!

- ¿Por qué lo dices? – Eriol era conocedor de la respuesta, pero quería escucharlo salir de la propia boca de Syaoran. Este guardó silencio un momento, mientras alzaba de nuevo la cabeza y su mirada, siempre intensa, profunda e indescifrable ahora parecía dura e impenetrable.

-Porque todo el amor del mundo ya lo merece por ella misma, Eriol. No necesita mendigarlo porque sólo existiendo ya lo merece y lo entrega. Esa mujer merece que la amen como a nadie.

-Y… con eso en mente, ¿qué harás ahora?

Syaoran cayó, pensativo mientras parecía volver más en sí, reflejándose en sus ojos que volvían a recuperar la expresión de siempre. Tomó aire y se enderezó, pasando la mano por los cabellos castaños, revolviéndolos más en el proceso- Por mí fuera… supongo que demostrárselo, pero… no sé si me atreva con el recuerdo de Hien entre ambos, frente a ella. – sintió a Spinel volviendo a pasar bajo su mano, la cual colgaba de la pierna y sonrió ligeramente, dirigiendo otra caricia al gato, quién le respondió con un ronroneo- ¿Sabes? Spinel Sun me agrada más que el gato rubio que tenías antes, ¿Cómo era que se llamaba?

- ¿Kerberos?

-Sí, ese, Kerberos. ¿Qué pasó con él?

-Oh, lo tiene Yue Tsukishiro, ¿Te acuerdas de él? Lo conociste en la comitiva de primavera de tu edificio- le recordó. Y Syaoran trajo de inmediato a la cabeza la imagen de ese hombre enigmático, elegante y serio, de cabello blanco y belleza de ángel que en un principio lo intimidó un poco.

-Sí, me acuerdo de él. Pero, no entiendo por qué tiene a tu gato.

-Fue con las mudanzas- le espetó Eriol, encogiéndose de hombros ligeramente apenado- Kerberos fue un regalo de mi tío Clow. Como durante un tiempo tuve que viajar mucho entre Japón e Inglaterra, antes de establecerme por completo, tuve que pedirle a Yue que lo cuidara en mi lugar. Yue es el ahijado del tío Clow, por eso lo conozco desde hace varios años. – le explicó. Syaoran seguía jugueteando con Spinel, pero escuchaba a su amigo con atención.

-Clow…- murmuró- Ese nombre me suena- y Eriol movió los hombros en medio de una risa silenciosa.

- Clow Corp. Es donde trabaja Sakura actualmente y Yue es su jefe- le recordó- Esa es la empresa de mi tío.

-Oh, ya veo.

Y aquello dio pie para cambiar de tema a uno más ameno, dónde empezaron a recordar cosas del pasado al son de The Beatles y el sabor de pasteles de durazno. Fue un instante agradable, después de todo. Al final de la jornada, que para Syaoran realmente terminó a esas de las dos de la madrugada que se devolvió a su casa, el escritor pensó que después de todo si terminó disfrutando su cumpleaños, por sencillo que éste se hubiera celebrado.

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Era aún temprano cuando Sakura llegó con su maletín a la casa de Tomoyo, porque no quería pasar demasiado tiempo sola en su propia casa ese día. Se había sentido bien con Syaoran y se distrajo en el proceso de intentar distraerlo a él, pero de todas maneras no podía sino esperarse que para ella aún ese tipo de fechas tuvieran importancia. Después de todo, el año anterior por ese día estaba ella con Hien celebrándole el cumpleaños. Hicieron una fiesta discreta con los ejecutivos y algunos amigos cercanos, sin esperar en lo más mínimo que el año siguiente estaría celebrándole el cumpleaños a su hermano Syaoran.

Aunque hablando con franqueza, ese día se había sentido demasiado feliz en su compañía. Incluso con la cercanía que se estableció repentinamente cuando ambos estaban en el suelo. Se sorprendió a si misma al notar que dicha cercanía no le desagradó para nada, aún si sí logró ponerla nerviosa un momento.

Una mucama abrió la puerta principal de la residencia Daidouji, permitiéndole en acceso al lugar. Pero antes de siquiera tener tiempo para preguntar por Tomoyo, un cuerpo veloz se lanzó sobre ella en un cálido abrazo mientras Sonomi Daidouji, la madre de la diseñadora, le frotaba la mejilla con la propia, dibujando una enorme sonrisa en su rostro. De cabello castaño, corto y recto, con un rostro muy similar al de su propia hija.

- ¡Sakura!

-Se… señora Daidouji. -respondió la joven Kinomoto a modo de saludo, aunque sonriendo apenada mientras Sonomi seguía frotando su cabeza contra la de ella.

- ¿Cómo que señora Daidouji? Deja tantas formalidades, preciosa. La hija de mi querida Nadeshiko siempre será bienvenida en mi corazón, ¡Dime sólo Sonomi! - finalmente se apartó de Sakura, con una expresión radiante en sus ojos mientras posaba las manos sobre los hombros de la más joven- Estoy muy feliz de verte, Sakura. Siéntete como en tu casa.

Sonomi Daidouji era una prima de Nadeshiko Kinomoto, la madre de Sakura, que actualmente vivía con el profesor Fujitaka en la ciudad donde la joven castaña había nacido. Ambas tenían una relación muy estrecha, cosa que terminó fomentando que ese mismo afecto se transmitiera entre sus hijas. Al pie de las escaleras estaba Tomoyo, vestida con un holgado pantalón blanco, una camisa azul marino y el cabello oscuro recogido con una coleta alta, despejando un poco su blanco rostro.

-Gracias… Sonomi- respondió finalmente Sakura para gusto de la mamá de su mejor amiga, quien le dedicó una amplia sonrisa antes de retirarse de ahí, no sin antes decirle unas cuantas palabras a Tomoyo que Sakura no alcanzó a escuchar desde dónde estaba. Tomoyo asintió, sonriendo para luego acercarse a Sakura y recibirla con un abrazo reconfortante, algo que esta última agradeció ya que justamente lo que quería ese día era permanecer con alguien. Y los brazos de Tomoyo eran perfectos para eso, pues la joven diseñadora era su mejor amiga, pero la cuidaba como a una hermana.

- ¿Cómo estás, Sakura? ¿Cómo te sientes?

Sakura soltó un suspiro calmo- Estoy bien- respondió a su vez- es sólo que… bueno… supongo que es extraño aún. – soltó a Tomoyo y ambas se encaminaron a la habitación de ella, para dejar su bolso y maletín. Mientras se ponían al tanto sobre cómo transcurrió la tarde durante la ceremonia que se realizó con Hien, y quiénes terminaron asistiendo. Al cabo de un rato se encontraban ya en el cuarto de Tomoyo, amplio y con varios de sus diseños dibujados puestos en la pared; ambas sin zapatos y sentada sobre la cama de ella.

Pero Sakura seguía algo distraída, aun hablando con Tomoyo, escuchando todo lo referente a Hien. Y Tomoyo misma no tardó en darse cuenta de ello luego de un buen rato.

- ¿Sakura?

- ¿Sí?

- ¿Te estoy aburriendo? Pareces dispersa.

-Ah… ¡No, no, no es eso! – se apresuró a corregir Sakura, negando con la cabeza violentamente mientras se enderezaba, afanada. Tomoyo era una persona muy intuitiva de todas maneras y, en lugar de mostrarse contrariada solo rio divertidamente.

- Déjame adivinar… ¿Tiene que ver el joven Li en esto? Y con el joven Li no me refiero a Hien Li. – Sakura se tensionó, ruborizándose, en lo que bajaba la vista un momento a sus propias manos que se removían inquietamente sobre un muñeco de felpa de Tomoyo.

-Bueno… la situación con él ha sido extraña hoy- tuvo que reconocer.

- ¿Extraña para mal o para bien? – insistió Tomoyo. Sakura compuso una mueca meditabunda, mientras miraba al techo un momento con sus expresivos ojos verdes.

- Para bien, supongo. Fue realmente un día demasiado agradable a su lado y… bueno… - se fue encogiendo más de hombros, dejando de molestar al muñeco de felpa para así abrazarlo en su lugar, apoyando el mentón sobre la cabeza de éste mientras adoptaba una expresión más tímida- Tú… ¿Has notado que Syaoran es guapísimo?

Tomoyo arqueó ambas cejas, con una mezcla de sorpresa y diversión en su rostro, mientras componía una sonrisa amigable.

-Lo he notado, Sakura- admitió- No es mucho mi tipo, pero lo he notado. Así como no me extrañaría que tú lo notaras. Después de todo es idéntico a tu ex.

Sakura compuso una mueca, ligeramente incómoda por esa afirmación. Algo que Tomoyo notó. Definitivamente el parecido con Hien, si bien jugaba un rol importante, no era eso lo que conducía la observación de Sakura. Parecía algo más profundo que eso.

-No lo decía por eso- reconoció la castaña con un hilo de voz- Es sólo que… no lo sé. De repente noto que es demasiado guapo. Y…tiene unos ojos hermosos, y una mirada encantadora… y …- cuando menos lo hubo calculado, una sonrisa tonta se empezó a dibujar en su boca- Y es…tan, pero tan atento. E inteligente. Y sensible, y… y también profundo.

Tomoyo pareció sorprendida por todo lo que escuchó, pero no dejó ver demasiado de eso en su expresión, la cual mantuvo tranquila y alegre mientras buscaba un cuaderno de notas y empezaba a dibujar a Sakura distraídamente en el proceso.

- ¿Qué te ha llevado a notar tan de repente todo eso?

Sakura mordió su labio inferior en un reflejo nervioso, mientras apretaba más al muñeco de felpa. Pero luego suspiró y apoyó la mejilla sobre la cabeza de este, para así mirar mejor a Tomoyo.

-Hace unos meses descubrí que fue Syaoran que escribió todas las cartas que me ha dado Hien…

-Sí, recuerdo que me contaste eso. – corroboró Tomoyo.

-Pero… va mucho más allá de eso, Tomoyo.

- ¿Entonces?

Sakura guardó silencio unos cuantos segundos, como reordenando las ideas en su cabeza- Que, bueno… Fue por esas cartas que en un principio me enamoré de Hien. Ya antes nos llevábamos bien. Antes lo quería, pero… fue a través de esas cartas que empecé a verlo como un hombre sensible, atento, observador. Como alguien que me entendiera, alguien cuyo mundo me inspiraba entender también. Y aunque con el tiempo que empezamos a salir me di cuenta que la imagen que tenía de él era distinta… pensaba que aún en el fondo debía tener esa sensibilidad. En algún lugar. Pero…

-Resultó que esa sensibilidad desde un principio no fue suya- completó Tomoyo, que escuchaba con paciencia e interés. Sakura apretó los labios en una fina línea en lo que asentía con la cabeza, aunque sintiéndose por fin ligera de decir aquello en voz alta. De reconocerse a sí misma y a otras personas como con el paso de esos meses se había desencantado de las palabras de Hien. Pero en su lugar se fascinó con las de Syaoran. Cómo durante horas que compartían escribiendo juntos se había deleitado mirándolo por el rabillo del ojo, cuando él estaba distraído (o concentrado, más bien, en sus escritos) y encontraba en la profundidad de sus ojos ámbares la delicadeza de las palabras escritas en sus cartas de amor, firmadas con el nombre de Hien.

Durante mucho tiempo pensó en Meiling y en la relación que tuvo con Syaoran. El cómo Syaoran debía ser alguien que amaba con mucha intensidad. Ahora… más que nunca tenía eso en la cabeza.

-Si… exactamente eso.

-Sakura.

- ¿Sí?

- ¿Te gusta?

- ¿Qué?

-El joven Syaoran Li, ¿Te gusta? – Sakura sintió que esa pregunta la tomó fuera de base, llevándola a mirar a su mejor amiga con una expresión de sorpresa que se reflejó en el verde de sus propios ojos. Tomoyo lucía tranquila, devolviéndole la mirada con esa calma y comprensión, siempre atenta, siempre a la escucha. La joven Kinomoto tragó pesado, apartando la mirada con tensión en los músculos.

-No lo sé… No debería, ¿No? Es el hermano de Hien.

-No haz dicho que no.

-Tampoco dije que si…

-Sakura…

-Bueno, bueno, ¡Tal vez no me sea del todo indiferente! – tuvo que admitir la joven Kinomoto, sintiendo el rostro arder mientras apartaba la mirada apresuradamente. "Tal vez… no tan indiferente que eso" pensó para sus adentros, al recordar el sueño húmedo que tuvo con él la noche anterior. El color en su rostro fue aumentando más y más mientras sentía que se iba hundiendo más en el colchón de su amiga.

Tomoyo soltó una risita divertida y deliberada tras haberla escuchado.

-No tiene nada de malo, Sakura. Antes me alegro mucho por ti. Eres joven y estás en toda tu libertad de enamorarte de nuevo. Además, se ve que Li es un buen tipo en todo sentido.

Sakura se encogió más de hombros, sonriendo apenada- ¿No crees que "enamorarse" es una palabra muy grande aun? – se aventuró a preguntar. Después de todo, solo había mencionado que Syaoran no le era indiferente, eso no tenía porque trascender tanto. O… tal vez, no se supone que debiera trascender tanto. Syaoran y Hien eran hermanos, después de todo. Y el que para ella Syaoran no le resultara indiferente, no implicaba que fuese a ser recíproco. O correcto.

De repente su expresión se fue apagando poco a poco al empezar a pensar más profundamente lo que representaría que Syaoran se fijara en ella en primer lugar, y sintió que de un momento a otro el mundo le dio vueltas de manera más melancólica. Ya que ella desde el fondo de sí misma no esperaba que el tuviera una fijación hacia ella más que el de una buena vecina, o tal vez a una amiga. Pero él tenía una historia con Meiling y, aunque hubiera pasado un año, no estaba segura hasta qué punto un hombre que ama tan intensamente podía olvidar de manera esporádica.

Ella era diferente. Siempre lo había sido. Digería más palabras de libros que comida chatarra y discernía durante horas acerca de las estrellas y otras vidas, que sobre las tendencias de moda en las revistas. Ella entregaba mucho, pero nunca recibía. Y…de alguna manera, había empezado a no sentirse merecedora de eso tampoco. Siempre que se relacionaba con alguien, ya de antemano sabía que terminaría dando, pero no esperaba recibir nada de nadie. Incluso años atrás, las primeras demostraciones de amistad pura de parte de Tomoyo y Eriol las miró con recelo, pues estaba tan acostumbrada a protegerse a sí misma, y a dar tanto en el proceso que rechazaba de antemano cualquier demostración de afecto hacia ella, ya que las encontraba sospechosas. Y con Hien, eso no cambió mucho. Sakura amaba muy intensamente, sí. Pero no estaba acostumbrada a recibir ese amor de los demás de manera desinteresada, a menos que se tratara de sus amigos más cercanos. Tomoyo notó la mirada turbia de ella, y ladeó la cabeza preocupadamente.

-Sakura, ¿Todo en orden?

Con ese llamado, la castaña volvió en sí- ¿Ah? ¿Qué?... Ah, sí, claro- sonrió apenada, mientras llevaba la mano derecha detrás de la cabeza, rascándola distraídamente- Es sólo que estaba pensando que la palabra realmente iba demasiado lejos, no veo porqué Syaoran se fijaría en mí. No habiendo tantas mujeres bonitas y con gustos mucho más interesantes ahí afuera.

Tomoyo se tornó más seria, pues no le gustó en nada ese comentario- Sakura, tú eres hermosa. Y eres la persona más interesante que he conocido en mi vida. – Sakura miró a su mejor amiga con agradecimiento hacia esas palabras, pues en el fondo de sí misma sabía que de verdad las pensaba. Pero, de todas maneras, cuando un gran número de personas te trataban de diferente por tu manera de ser, podía existir el riesgo que al final te lo terminaras creyendo.

-Gracias, Tomoyo. Aunque no te preocupes, no es algo que no sepa. Sé que mi tipo de gustos no es cosa de todos.

-Precisamente- corroboró su mejor amiga, antes de dedicarle una sonrisa gentil- Sólo las cosas más raras y valiosas son buscadas por verdaderos coleccionistas de tesoros. Tu mereces a tu propio coleccionista, Sakura.

Y Sakura, sintiendo renovada calidez y cariño hacia Tomoyo, la miró tiernamente antes de decir un dulce y honesto- Gracias. – La mucama tocó la puerta, dando aviso que la cena pronto estaría servida, así que las chicas decidieron arreglar un poco las cosas antes de bajar. Aprovechando la distracción, Sakura quiso agregar- Hablando de eso… deberías aplicar para ti esas palabras también, Tomoyo. Ya sabes, con el tema de Eriol.

Tomoyo no cambió de expresión, aunque solo alguien observadora como Sakura notaría que sus hombros se tensionaron ante la mención del inglés. La joven diseñadora se agachó, tomando el cuaderno de dibujo donde Sakura se reconoció a sí misma, aunque eso no se le hizo raro: desde que eran más niñas, Tomoyo la dibujaba mucho. Y de ahí le confeccionaba ropa, y se la diseñaba también.

-No sé de qué hablas, Sakura. Yo estoy bien con Eriol. – la castaña suspiró, soltando el muñeco de felpa para incorporarse mejor.

-No… no lo estás. Ignorarlo no quitará el problema. Lo sabes, ¿No?

Tomoyo guardó silencio y soltó un suspiro, dejando romper por primera vez esa armadura de imperturbabilidad para así mostrar una expresión vaga y distante, encogiéndose de hombros.

-No importa, realmente. Naoko me agrada, y si él es feliz con ella, no tengo por qué interferir en eso. No lo haré. Además, él mismo estuvo esquivo. La verdad, si tiene un problema conmigo, habría preferido que me lo dijera de entrada en lugar de evitarme.

Sakura apretó la boca, pensativa, mientras salían del cuarto- ¿No te haz puesto a pensar que… tal vez tú también lo pones a él nervioso?

Tomoyo parpadeó, pero pronto se apresuró a negar con la cabeza- Eriol admira lo que hago. Nada más.

- ¿Y porqué eso no sería bueno?

-Oh, no me mal entiendas, querida Sakura. Lo es. Es algo bueno. Sólo que nunca será suficiente.

Sakura no entendió, pero tampoco le gustó la dirección que estaba tomando esa conversación- ¿De qué estás hablando? - Tomoyo guardó silencio un buen tramo del pasillo, mirando al frente. Sakura la observaba de manera fija, sintiendo en ella la cercanía de quien conoce a alguien toda la vida, pero la frialdad de quien no ha estado en sus zapatos realmente. Tomoyo se veía de esa manera en ese preciso segundo. Como un espectro que deambulaba sin mayor voluntad que esa en su propia casa. Un ente frío e impenetrable.

-No todos podemos darnos el lujo de ser personas maravillosas como tú, Sakura, además de talentosas- y pese a la dureza de sus palabras, Tomoyo no lo dijo de forma ruda o reclamante. Parecía que en verdad pensaba eso de sí misma, aún por encima de su admiración hacia su mejor amiga- Hay quienes sólo tenemos lo que hacemos.

- ¡Claro que no, Tomoyo! – Saltó Sakura a modo de protesta- No hables así de ti- Tomoyo se encogió de hombros.

-Es la verdad- dijo en un murmullo- además de lo que sé hacer, no es como que vaya a resaltar por algo más. No es algo malo, Sakura. Hay quienes nacen para Hacer cosas fabulosas, y otros que nacen para Serlo – Sakura se sintió indignada al escuchar eso, pero pronto llegaron a la sala principal y supuso que la joven diseñadora habría preferido no hablar de esas cosas ahí. Sin embargo, esas palabras volvieron a Sakura consciente de que cada uno tenía capacidad de vivir en su propio paraíso, si, pero también en su propio infierno. Y mientras ella misma tenía grandes dudas sobre quien era ella y el valor de eso, Tomoyo siempre hablaba de eso como si fuera lo mejor del mundo, ya que ella sufría porque toda su vida giraba únicamente en el hacer.

Ser. Hacer. Tener.

Eran tres de los grandes principios universales que podían definir a una persona en un plano tangible. Y tal vez de los principios más difíciles para entender y seguir. Había quienes solo Eran a través de su Hacer, y otros a través de su Tener. Sólo pocos lograban Ser por su Ser, viviendo en equilibrio con el Hacer y el Tener a sus lados.

Sakura suspiró y sin más se acercó a Tomoyo, abrazándola desde atrás sorpresivamente. Tal y como había hecho con Syaoran ese mismo día, aunque quizá un poco más fuerte y cálidamente. Era su mejor amiga, después de todo, su hermana. Tomoyo parpadeó sorprendida, sin esperarse eso.

- ¿Sakura?

-Eres una persona increíble, Tomoyo. Nunca dudes de eso.

Tomoyo entendió y le sonrió dulcemente, mientras que al igual que Syaoran, puso las manos sobre los brazos de su amiga. No esperó ese gesto, en primer lugar, es verdad. Pero tampoco le sorprendía del todo: Sonaba muy Sakura, al fin y al cabo.

-Y tú eres maravillosa, mi querida amiga. Lo eres, de verdad- le contestó la de los ojos amatista, pareciendo un momento más feliz solo por las palabras de Sakura. Porque Sakura era luz, así ella misma aún no dimensionara a la cantidad de gente que alcanzaba a abarcar con ésta. Pronto ambas se relajaron y retomando un par de bromas y risas, y pronto comenzaron a comer, ya hablando de cosas más cotidianas o colaboraciones en conjunto. Después de todo, a Tomoyo le encantaba diseñarle ropa a Sakura, y filmarla. Y Sakura disfrutaba darle su propio toque mágico y creativo. Juntas comenzaron una velada en pijamas bastante agradable.

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Una semana más tarde, Sakura se encontraba frente al espejo de cuerpo completo de su casa, debatiéndose si sí lucía bien después de todo o no era el caso. Era una noche en la que tenía que ir vestida de etiqueta, como bien le había advertido Syaoran, y al enterarse de eso la misma noche que se quedó a dormir donde Tomoyo, esta no escatimó tiempo en buscarle un vestido que la haría lucir como un ángel. Ahora ella misma observaba su reflejo, animándose a sonreírle a éste, encontrando con que le agradaba su imagen ese día. Portaba un vestido largo de color blanco con bordado floral, como su nombre, que resaltaba bien su propia altura y elegancia, con cuello bandeja. Y un collar con una estrella de plata. Había peinado el corto cabello, de tal manera que enmarcaba elegantemente su rostro de finas facciones y despejaba un largo y sensual cuello. Una fina capa de maquillaje la acompañaba. Se sentía nerviosa, incluso si se había encontrado con Syaoran los dos días anteriores.

Pronto el timbre sonó y, tomando su bolso se apresuró a cerrar las ventanas, las llaves y a salir, abriendo la puerta para encontrarse con un atractivo Syaoran que ese día estaba especialmente bien vestido: llevaba un esmoquin negro y una corbata verde oscuro. Como siempre, pensaba Sakura, el verde le quedaba muy bien. Pero no sólo eso, sino que al verlo tan guapo se ruborizó, tensionándose. Una de las cosas que más le gustaba de Syaoran era el siempre verlo bien arreglado, así sus cabellos se despeinaran constantemente. Le daba un aire profesional, elegante, mayor. Suspiró, recordándose para sus adentros que sólo se trataba de Syaoran Li, el hermano de Hien, su vecino, su amigo, y no tenía motivos para verlo de otra manera.

Lo que Sakura ignoraba en ese segundo, era que Syaoran mismo se tensionó al verla tan hermosa, y en el instante que ella abrió la puerta él no pudo evitar contener el aliento. Ver esa suave piel del cuello y su clavícula expuesta, los hombros de piel sedosa, la curva de sus labios delgados al componer una sonrisa. De verdad parecía un ángel. Se había encontrado con ella un par de veces días atrás, pero de manera casual y esporádica. Sin embargo, esa sería la primera salida formal que tendrían juntos desde que se reconoció a sí mismo que tenía fuertes sentimientos por ella. ¿Sería, acaso, esa una cita? Con torpeza se avanzó, ofreciéndole el brazo de manera mecánica. Casi robótica. Se sentía nervioso y de repente el haberla invitado le pareció una idea terrible. Pero… verla ahí de pie con esos ojos llenos de luz no tenía precio. Sonrió, muy a pesar de sus nervios, pues por encima de éstos no podía retenerse el contemplarla.

-Te ves hermosa… - le dijo finalmente en un murmullo ronco, mientras mantenía el brazo extendido, suavizando la expresión en lo que sus ojos ámbares se encontraban con los de ella. Sakura mostró una expresión avergonzada, pero aceptó el brazo de él y, tras cerrar la puerta, ambos partieron juntos.

-Gracias- le respondió en un murmullo- Tú también te ves muy guapo hoy.

- ¿Sólo hoy? – bromeó el escritor, fingiendo estar ofendido para luego reír, ayudándose a romper el hielo. Sirvió un poco, al menos para él, porque no pudo evitar soltar una carcajada más abierta cuando Sakura empezó a balbucear nerviosamente un montón de palabras incongruente que sonaba a que intentaba arreglar el comentario.

- ¡No, no fue eso lo que quise decir! Digo…si… pero no sólo hoy. Tú eres muy guapo… es sólo que bueno, la ropa te sienta bien… y el clima… y…

-Ya, déjalo- le dijo Syaoran, aún sonriendo, compadeciéndose de sus nervios. Pero no dejando de notar que ella acababa de admitir que lo encontraba guapo. Bajaron al primer piso, se encontraron con la señora Sakaichi y de ahí salieron. Sakura pensó que irían en el carro rojo de Syaoran, pero se sorprendió al notar que un elegante carro nuevo los esperaba afuera.

- ¿Y éste carro de quién es?

-De la editorial donde Midori trabaja- le explicó Syaoran pacientemente en lo que se adelantaba para abrirle la puerta. Sakura ingresó al vehículo, y Syaoran la siguió. Luego el chofer arrancó, conduciéndolos por las calles hacia su destino- Es un cóctel a lo que vamos, así que supongo que tendremos que beber un poco, aunque sea por etiqueta de evento. Midori me cuida mucho, por lo que prefirió que viniera con chofer a que condujera con tragos encima- suspiró cansinamente- le insistí que no pero bueno, sé que no tiene malas intenciones. Sólo que siento que llegar con chofer llamará demasiado la atención.

Sin embargo, Sakura guardó silencio apenas escuchó eso, sintiéndose de repente un poco extraña con ese comentario. No precisamente… mal. Pero… si fuera de lugar. Tragó pesado un momento, pensativa, mientras miraba por la ventana fingiendo estar distraída en ello, aunque con sus sentidos atentos a él.

-Midori es tu editora, ¿no?

-Si, ella.

-A la que le gustabas, ¿No?

-Eh…- Syaoran sintió un poco incómodo con esa pregunta- Si… ella. – respondió, pero prefirió no ahondar más. No entendió el porqué de la repentina tensión que por un momento se instaló en ambos, si iban de todas maneras en calidad de amigos. Pero no hubo más tema de conversación hasta que llegaron al lugar.

El chofer era alguien bajo, de aspecto bonachón y simpático. Y pareció decirles de buena manera que los esperaría hasta que salieran de ahí en el parqueadero de la esquina, solo bastaría con que lo llamaran. Y le tendió una tarjeta a Syaoran, donde estaba escrito su número. Entraron al lugar que era una enorme mansión, llena de decorado brillante, luces y mesas con manteles de seda y diversas bebidas de colores variados. Había grandes carteles promocionando películas venideras, la gran mayoría francesas o estadounidenses, y Sakura refunfuñó por lo bajo algo sobre poder apoyar el cine local. El lugar estaba tan abarrotado de gente elegante que incluso, por un momento, Sakura se sintió como si estuviera de nuevo en la fiesta de Año Nuevo en la casa de Tomoyo y lamentó, por un momento, que ella no estuviera ahí. Sin embargo, cómo si hubiera invocado algo similar con sus pensamientos, un joven muchacho de cabello oscuro peinado de lado y ojos avellana se acercó a ella con una expresión curiosa, y enseñó una sonrisa con unos dientes blancos perlados, impecables. Iba vestido con saco y corbata también.

- ¿Sakura? – se aventuró a preguntarle con tono animado, y la castaña viró el rostro, pero al reconocerlo compuso una gran sonrisa.

- ¿Takeru? ¡Hola! – contestó con honesta sorpresa y amabilidad, gratamente sorprendida- No esperaba verte por acá, no sabía que también te habían invitado.

Takeru se encogió de hombros, mientras componía una apenada sonrisa que sólo podía darle un aire encantador y juvenil. Syaoran, notando la presencia de él enarcó una ceja, pues no esperó que Sakura diera con alguien conocido ahí. El joven de cabello oscuro se sintió algo intimidado por la seria mirada de Syaoran, y pronto inclinó ligeramente la cabeza a modo de saludo y respeto.

-Takeru Tanaka, mucho gusto- dijo. Y llegó el turno de Syaoran para arquear ambas cejas con franca sorpresa.

-Syaoran Li, el placer es mío – respondió. "Takeru Tanaka" repitió en su mente, examinando disimuladamente "Así que este es el tipo que tiene a Eriol hecho cuadros." Takeru volvió a dirigir su atención a Sakura de manera amable y cálida. Para su pesar el escritor tenía que reconocerlo, Takeru era del tipo Hien: Es decir, que tenía un encanto natural transmitido por su simpatía. Postura relajada, abierta, amplia sonrisa siempre, parecía una persona a la cual resultaba bien hablarle.

- ¿Tomoyo vino con ustedes? – preguntó con una expresión abierta, ojos brillantes y carisma en lo alto. Prontamente contagiada por su buena actitud, Sakura rio.

-No, no vino. Me habría encantado que lo hiciera, pero no, yo vine con Syaoran.

Takeru Tanaka le dedicó una mirada sugerente, antes de soltar una carcajada y decir- Ok, ok, entiendo. Vale, ya no los molestaré más. Ha sido un placer como siempre poder verte, espero que me aceptes una invitación uno de estos días para tomar café o una cerveza – tomó la mano de ella y besó el dorso de esta en un gesto galante y caballero. Sakura asintió, manteniendo la misma mirada de amable cortesía.

-Pero claro, llámame entonces y ahí vemos cómo nos organizamos. – le respondió. Takeru le guiñó un ojo y luego, tras sonreírle también a Syaoran, se retiró de ahí. Syaoran se aclaró la garganta y llevando las manos a los bolsillos, miró a Sakura por el rabillo del ojo, algo tenso. Lo cierto es que algo en él no le gustó la cercanía con la que Takeru Tanaka trató a Sakura. Recordó cuando en la fiesta de Año Nuevo de Daidouji ese modelo rubio se le acercó a Sakura con el fin de coquetearle y acosarla y Syaoran, no contento con ver eso, se acercó, la abrazó por los hombros y se hizo pasar por el novio de ella. En ese segundo se dio cuenta que tal vez ahora le costaría más hacer eso, ya que para entonces Sakura se había convertido en alguien aún más importante. Alguien a quien debería tomar con mayor seriedad y respeto.

-Es amigo de Daidouji, ¿Eh? – preguntó casual Syaoran. Por su propio interés de saber que Sakura no tenía nada con él. Y por el interés de su mejor amigo, que de seguro querría saberlo. Sakura se encogió de hombros y se viró, sonriéndole.

-Si, algo así. De momento me ha agradado, hemos salido los tres unas cuántas veces. Ellos se conocieron en un evento de moda, y luego Tomoyo me lo presentó- respondió Sakura con una postura relajada y tranquila- No podría ser su mejor amiga si no conociera a sus amigos también, ¿No lo crees?

Syaoran pensó que era lo justo. Después de todo, Daidouji parecía conocer igualmente a los amigos de ella.

Pronto el director que estaba a cargo del evento se subió a una tarima y, poniéndose frente a al atril, empezó a soltar un largo discurso sobre agradecimiento y compromiso. Sakura vio a Syaoran, rodar los ojos exasperado, y no pudo evitar reír. Él notó eso, cosa que lo llevó a devolverle la mirada y, al percibir la encantadora y hermosa expresión de su rostro, que se iluminó con esa sonrisa, no pudo contener él mismo devolverle una sonrisa más nerviosa y espontánea. ¿Estaría, realmente, así de terrible sentirse tan cómodo con ella? Con su presencia, con su mente, cuerpo y alma. Pensó en todo lo que habló con Eriol y se dio cuenta que, si de él mismo dependiera, haría lo que fuera porque Sakura tuviera siempre esa hermosa sonrisa pintada en el rostro. Notó que la charla del director iba a ser larga y tediosa, por lo que Syaoran, empezando a sentir que Sakura bostezaba a su lado Notó la mesa de cocteles y se le ocurrió proponerle un juego de bebida: Cada que el director dijera una palabra particularmente anticuada, se tomaban un shot. A Syaoran le parecía un juego inocente y banal, después de todo él se había acostumbrado a tomar demasiado durante un tiempo, así ya no lo hiciera tanto; por ende, tenía cierto grado de resistencia al alcohol.

Sakura, por su parte, se tensó frente a la propuesta, encogiéndose de hombros mientras vacilaba con la mirada.

-No creo que deba…- respondió en un murmullo trémulo. Syaoran se sintió un poco decepcionado. Tal vez incluso, de manera inconsciente, rechazado, pero se relajó al escuchar lo que la joven añadió- La verdad no suelo beber mucho, mi resistencia al alcohol es nula.

El público soltó una carcajada general por algún chiste del director. Una carcajada discreta, monótona, únicamente cortés. Dando a entender que el único que pareció entender el chiste fue el director mismo. Syaoran relajó la postura y llegó su turno de soltar una carcajada más genuina antes de decirle- Vamos, solo por esta noche no creo que vaya a ser una gran diferencia. Los cocteles de estos eventos no suelen ser muy fuertes.

-Pues, Syaoran…

-Anda – la motivó él, tendiéndole una mano mientras le sonreía de manera tan cálida que su mirada parecía una mezcla extraña y agradable de oro fundido. Era una mirada tranquila, conocedora. La mirada de una persona muy adulta en un cuerpo joven. Sakura notó que le inspiraba confianza… Bueno, no que no lo hubiera notado antes, sino que más bien en ese segundo fue especialmente consciente de eso. De sus hermosos ojos puestos sobre los de ella, su mirada clara enmarcada por largas pestañas. El cabello castaño cayéndole sobre la frente, únicamente encuadrando ese masculino rostro que sólo podía calificarse como hermoso. Tomó aire, riendo ligeramente y aceptó la mano de él, rodando los ojos con una sonrisa cómplice en su boca.

-Qué remedio, no puedo decirte que no si me miras así. Vale, brindemos por esta noche- Syaoran le dedicó una expresión amplia en la que sus propios ojos brillaron más, y Sakura no pudo evitar sentir como si alguien le hubiera propiciado un golpe en el estómago frente esa imagen. Claro, no un golpe de esos chocantes y que arrebataban el aliento, si no de aquellos que te dejaba hormigueando placenteramente la parte baja del vientre. El escritor se inclinó, depositando un amistoso beso en el dorso de la mano de ella, y luego de componerle una mueca foránea, la soltó para buscar un par de shots. Sakura no pudo ignorar que, aunque Syaoran y Takeru hubieran hecho exactamente lo mismo como gesto cortés, quien le removió sensaciones con el tacto fue Syaoran. Con Takeru era como ver a un amigo lejano o a un conocido agradable acercarse y fingir ser un cortesano por un momento a son de broma, mientras que con Syaoran fue como ver el cortesano de verdad. En toda su magnificencia, elegancia y belleza.

Lo cierto fue que no contaron con que el director se extendería tanto en su discurso. Y mientras ya varias personas con aire somnoliento se habían ido a buscar sillas, o un espacio para salir y airearse; Sakura y Syaoran tomaban trago tras trago cada que lo escuchaban decir alguna palabra prolijamente enredada. Luego de un rato decidieron aumentar las condiciones del juego: si ninguno de los dos (siendo literatos por vocación) conocían la palabra, debían tomarse dos shots de seguido. Fue una sorpresa cuando se toparon con que había más de una palabra.

Al cabo de una hora, Sakura ya empezaba a tener las mejillas rojas. Y aunque no se sentía del todo ebria, era cierto que ya empezaba a sentirse… "alegrona", cómo decían en su ciudad. Con esa particular sensación embotada, aunque consciente aún. Syaoran, pese a que principiaba a tener las mejillas rojas también, parecía con la vista más despejada que su compañera, y una postura más natural. Sakura reía mucho, y Syaoran disfrutaba viéndola ya que, por un instante, pareció que la sombra de los recuerdos amargos del pasado si se había desvanecido por completo. En ambos. El director dio paso a una colega para que encadenara con el discurso y, evocando la prensa en la que trabajaba, decidió poner un video que habían preparado para la ocasión, conmemorando el aniversario del evento. Las luces se apagaron y desde una pantalla grande instalada atrás del atril donde hablaba el director anteriormente, empezaron a surgir imágenes del primer evento de esos que hubo, veinte años atrás. En ellos aparecían figuras célebres de las diferentes épocas, tanto locales como invitados internacionales cuya visita había consistido para la fiesta. Mostraron escenas de video graciosas, y otras más solemnes. Sakura lo miraba con una sonrisa tenue, pero al mismo tiempo admirando la patente notoria de los cambios generacionales. Desde la manera de vestir hasta en la gente que iba pasando. E incluso ver como algunos invitados más recurrentes, se veían cada vez más viejos. Todo fue transcurriendo con normalidad hasta que mostraron la imagen de un video, probablemente un par de años atrás, en donde destapaban una botella de champaña y esta caía sobre la imagen de un Syaoran más joven, el cual intentó escapar de ésta en lo que abrazaba a una mujer hermosa de cabello negro y liso.

Sakura sintió un nudo en el estómago al ver eso, percibiendo que se le borraba la sonrisa poco a poco. Syaoran… ¿Había estado en ese evento años atrás?... ¿Porqué no se lo había dicho? Bueno, pensó que tal vez él pensaría que no era su problema. Tal vez sería demasiado metido de su parte el preguntarle. Sus ojos verdes permanecieron puestos sobre la imagen en la pantalla en la que Syaoran, un par de años más joven, reía mientras se echaba el cabello húmedo por la champaña hacia atrás. Esta aún goteaba sobre su rostro alegre y Meiling (Sakura la pudo reconocer fácilmente) lo miró con reproche. Syaoran le dedicó una sonrisa encantadora e inocente y Meiling le sonrió a su vez, limpiándole con cuidado las gotas que descendían por su rostro y luego inclinándose para plantarle un beso en los labios. El video siguió, enseñando otra imagen, pero Sakura de repente se sentía sin apetito. Como si el ver a Syaoran de esa manera con Meiling le hubiera recordado que ella, con su sensual figura, ardientes ojos y largo cabello como la noche era una arrebatadora mujer que quitaba el aliento y ella misma, al lado de eso, no era nadie.

Nadie.

Pensó en qué habría pasado si Hien hubiera sido el que hubiera recibido toda la champaña encima. Lo más probable es que, de todas maneras, por simpatía, habría reído. Pero también habría ido a limpiarse de inmediato. Y ella seguramente se habría quedado a un lado, indeseada, observando como simplemente el momento pasaba rápido y Hien, como siempre, permanecía imperturbable aún en su presencia. Pero notó la mezcla de nervios y alegría en la expresión de Syaoran cuando Meiling lo tomó del rostro. Notó la mirada tan tierna que le dedicó y como luego la tomó con tanta propiedad como si estuviera encontrando otro de esos valiosos artefactos de colección que tanto cuidaba en su escritorio. Sakura sintió la boca seca. Ni siquiera quiso mirar al Syaoran que estaba a su lado, y que por un momento largo también se quedó mirando la pantalla, como a quien le han pintado una escena completamente ajena aún si era tan terriblemente conocida para su memoria. Al igual que Sakura, Syaoran sintió un vuelco en el estómago, pero también de desagrado. Un poco de nostalgia, sí, por lo que fue esa época en la que vivió tan lleno de éxito y feliz. Pero luego de eso había tenido que labrar mucho camino. Caer en el fondo de sus depresiones, salir de estas con su propio coraje, encontrarse a sí mismo en ese valle de cenizas y fragmentos de libros que había leído una y otra vez. Miró a Sakura. La brillante Sakura, con la luz del sol y la luna grabados en su alma y ojos, y notó que se sentía en paz a su lado. Con los efectos del alcohol o sin él, sentía innegable que la compañía de Sakura, su presencia a su lado tenía consigo la suavidad de la caricia del ala de un ángel.

En el fondo de sí mismo, pensó que era afortunado al poder haberla traído a ella en esa ocasión. Pensó también que podría decírselo cuando terminara el evento.

El video siguió su curso y una vez este terminó, fue recibido con un gran aplauso, aunque probablemente se debiera a que la gente ya estuviera harta de verlo y festejaba el que por fin hubiera terminado. Encendieron las luces nuevamente y despejaron todo para que una banda empezara a tocar música amena, en lo que el evento social retomaba su curso. Syaoran fue uno de los que aplaudió, sonriendo, y se viró hacia Sakura para decirle algo, pero calló en el instante que la vio cabizbaja y en silencio, con un aire meditabundo y distante. ¿Qué había pasado con la hermosa sonrisa de minutos atrás? No podría acercarse y besarla hasta hacerla reaparecer, como hacía de seguido con Meiling… no podía darse ese deliberado "lujo" con Sakura, pero… al menos se conformaba con tenerla a su lado, siempre y cuando se mantuviera alegre. Le pareció algo deprimente verla así. Preocupante también.

-Ah… ¿Todo en orden?... Sakura…- se aventuró a preguntarle. Ella pareció rápidamente volver en sí y le dedicó una sonrisa apagada y forzada, mientras se encogía de hombros. Intentaba restarle importancia.

-Si, sí, no te preocupes- le respondió ella con voz suave y, hasta en cierta medida, convincente. A Syaoran no le gustó eso, porque… ¿Cuántas veces había tenido que repetir la misma mentira con esa misma pregunta hasta que le saliera creíble? – Creo que tomé mucho, después de todo- eso si no era del todo mentira. Incluso su voz sonaba ligeramente arrastrada y, con las luces encendidas, también se sintió un poco mareada.

Syaoran suspiró, sin quedar del todo convencido. Miró el reloj que llevaba puesto y comprobó que en todo ese tiempo ya habían transcurrido dos, casi tres, horas. Y sin haber comido previamente, supuso que no era del todo descabellado que sí se le hubiera subido un poco el alcohol. De hecho, él mismo sentía el rostro ardiéndole y una extraña ligereza en el cuerpo que no acostumbraba a sentir estando sobrio- ¿Quieres ir ya para tu casa?

Sakura no respondió de inmediato. Pero luego de meditarlo bien, asintió con la cabeza- Sí, tal vez sea lo mejor.

-Perfecto. Vamos, entonces.

-Tú no tienes que venir si no quieres, Syaoran…

-Claro que sí. Viniste por mí, lo mínimo que debería hacer es acompañarte de regreso- aunque claro, él omitió cuidadosamente que en un principio ni siquiera había querido asistir. Fue únicamente por la idea de tener una cita con ella, así fuera de manera indirecta y que, patéticamente, ella misma lo ignoraba. Se sintió tan adolescente en ese segundo. Sakura pareció protestar, pero al darse cuenta que Syaoran estaba firme sobre su postura, terminó suspirando en un gesto resignado.

-Vamos, pues… - aceptó. El castaño sonrió, complacido, y así como hizo al pasar por ella, le tendió nuevamente el brazo. Sakura dudó seriamente en tomarlo, pues tenía aun fresca la imagen de Meiling besándolo en ese video y sintió la garganta arderle en ese segundo, pero… ¿Por qué? No debería ser así. Ella era consciente que su relación con Syaoran estaba lejos de ser normal, pero eso no implicaba que fuera más profundo que eso. Suspiró, relajándose, diciéndose que no era nada. Y cuando estiró la mano para tomar el brazo de él, un grito agudo y estridente la hizo parar en el acto.

- ¡Oh, pero si eres tú, Syao-Syao! – y persiguiendo el saludo, como la velocidad de la luz persigue a la del sonido, apareció detrás de él una muchacha hermosa, menuda y bastante más baja que Sakura, abrazándolo con fuerza. Tanta fuerza, de hecho, que por un momento Syaoran temió que fuera a derribarlo. Sakura parpadeó sintiéndose desconcertada, pero sin evitar notar que se trataba de una mujer hermosa. Piel clara en un tono poco radiante, discreto, pero de todas maneras llamativo. Cabello negro y liso que caía como una cascada de ébano hasta su cadera y unos ojos oscuros, aunque, vistos de cerca, podían notarse que eran de un tono azul grisáceo bastante discreto. De lejos podrían parecer incluso negros. Sakura no pudo evitar notar que, pese a no ser idénticas, de todas maneras, entre esa muchacha y Meiling había un estimable parecido físico que sólo hizo que se le revolviera más él estómago

- ¿Midori? - se escuchó la voz de Syaoran, y Sakura pareció sentirse peor. La editora de Syaoran. Corrección: la joven y bella editora de Syaoran, que había tenido sentimientos por él, le sonrió emocionadamente, en lo que lo soltaba.

-Qué alegría me da verte por fin, ¡Casi que no te dignas a aparecer! – soltó deliberada y mal encarada, poniendo de repente los brazos en jarra. Syaoran alzó las manos de un modo conciliador, intentando balbucear una excusa, pero pronto los ojos curiosos de Midori se centraron en Sakura- ¿Ah?... No sabía que tenías una cita.

Ambos se pusieron rojos, pero fue Syaoran el que se apresuró a intervenir, tornándose un manojo de nervios y balbuceos, moviendo las manos en direcciones diferentes y poco coherentes- Bueno, sí, no, verás… realmente no es una cita… es una amiga. Es mi cuñada, no es… cosa del otro mundo, ¿O sí?

Midori parpadeó repetidas veces, antes de reír- ¿Cuñada? – repitió- No sabía que tenías un hermano- dudó un poco, meditándolo bien antes de agregar- O… ¿Una hermana lesbiana?

Sakura rodó los ojos y, tal vez era por el alcohol, pero no se sintió en las mejores condiciones para mantener intacta la amabilidad. Sólo se retiró de ahí a grandes pasos que ni el mismo Syaoran esperó. Claro que éste tampoco quería dejarla partir sola.

- ¡Midori! – le manifestó con reproche- ¿Podrías tener más tacto con tus palabras?

- Pero ¿Y yo que hice? – para cuando terminó de formular la pregunta, Sakura ya se había ido y Syaoran con ella.

Incluso cuando la alcanzó, Sakura no dijo nada. Syaoran prefirió no insistir ya que le notaba las copas de más en la mirada y, la verdad, a él tampoco le agradó la manera tan suelta que empleó Midori para referirse a Hien. Llamaron al chofer del carro en el que habían llegado, y en ese mismo vehículo se fueron nuevamente. El camino estuvo bastante tenso y silencioso, y por un momento largo Syaoran se preguntó si sería únicamente su impresión el notar amargura en la mirada de Sakura. No le quitó los ojos de encima un segundo, sintiéndose mal de repente, pensando que tal vez con la mención de Hien había metido inexorablemente la pata. ¿Lo estaría odiando por eso? ¿Estaría furiosa con él? Por primera vez se sintió muy consciente del sonido de los automóviles en las calles, de la música en los locales de karaoke por los que pasaban, de la rodilla de Sakura rozando la suya. Sakura, por su parte, miraba distraídamente por la ventana, en lo que el reflejo de las luces artificiales de las calles se reflejaba en su rostro y desaparecían conformen iban avanzando en su recorrido. Tenía una expresión embotada, apagada, mientras con lentitud recordaba varias de las imágenes y sensaciones del evento. El alcohol parecía amplificar todo tipo de emociones.

¿Eso explicaba por qué se estaba sintiendo aún más miserable de lo que debería?

Bueno, no. Tal vez no se sentía miserable por la imagen de Syaoran con Meiling. Él tenía su historia, después de todo, y estaba en todo su derecho a tenerla. Pero tal vez se trataba de esa condición humana de recibir dolorosamente algo de lo que has carecido, por tanto. Ese amor, esa alegría, esa confianza. Eran emociones que ella sentía ajenas a sí misma, se sentía no merecedoras de esta. Tanto así que, por doloroso que le resultara, no se le hizo extraño cuando Midori abrazó a Syaoran, o como cuando éste la presentó como si fuera su cuñada. Bueno… Lo era, ¿No?... En cierta medida relativa. No se le hizo extraño porque ya está a la expectativa de que ese tipo de emociones la viven el resto del mundo, no las recibe ella. Nunca eran para ella. Suspiró, resignada, enfriando un poco sus emociones al recordarse ese último pensamiento, diciéndose a sí misma que no debía estar del todo sorprendida por ello.

Llegaron a la residencia y en ese silencio, agradeciendo muy bajo, Sakura se bajó del automóvil, seguida por Syaoran que se apresuró a hacer lo mismo un poco más rápido para poder alcanzarla. No entendía qué estaba pasando. Entraron al edificio, topándose con Ken Sakaichi relevando a su abuela en el puesto durante la noche, y en silencio fueron subiendo las escaleras. Syaoran, la verdad, no estaba entendiendo nada… ¿Qué había sucedido? Sakura parecía de buen humor durante el evento, ¿Porqué de repente el cambio de estado de ánimo? Recordó que este vino después de la presentación del video… ¿Se debía a que lo vio con Meiling? No, pero eso no tenía ningún sentido. Continuaron caminando hasta llegar al tercer piso en donde avanzaron juntos hacia sus respectivos departamentos. Ya suspirando resignado, y tal vez algo deprimido, Syaoran prefirió guardar silencio, sacando las llaves y metiéndola en su puerta para abrirla. Sin embargo, cuando la puerta del 309 se abrió, no contó con que en ese momento Sakura abriera la boca, llevándolo a mirarla con sorpresa. No supo si porque la escuchó luego de pensar que la velada terminaría en silencio… o por lo que dijo.

-Me pregunto cómo será tu tipo de amor, Syaoran… - voz ronca. Estaba de pie, con el bolso al hombro, abrazándose a sí misma en el proceso. La mirada algo ida y ebria. Mejillas rojas, rímel ligeramente corrido en la base de sus ojos, pero nada que les restara belleza a los ojos de él. La puerta del 308 seguía cerrada, como una invitación silenciosa a seguir con esa conversación, deseando tener una respuesta antes de ambos seguir con sus vidas. Syaoran, sin embargo, parpadeó sin entender del todo esa invitación.

- ¿Qué? – fue su única respuesta para ello, y de hecho se sintió tonto. Pero de verdad no entendía a qué vino eso. Y, sobre todo, aun si fue un comentario deliberado, se sintió también como un interrogante muy íntimo. Sakura soltó un suspiro cansado y amagó una sonrisa desganada.

-Tu tipo de amor- repitió ella de manera suave, esforzándose por articular y no arrastrar las palabras en el proceso. Estaba ebria, pero no inconsciente aún. Sólo que tal vez ese estado le brindara más honestidad a sus palabras de las que habría experimentado en su tímida sobriedad. Dudó un momento, antes de agregar- Me dio un poco de envidia ver ese video… verte ahí con Meiling. Ella debió ser una mujer muy afortunada.

Syaoran de repente se tensionó, sintiendo la boca seca. No entendía la dirección que estaba tomando esa conversación, pero empezaba a ponerlo nervioso. Se viró entonces, dándole la espalda a su propia puerta abierta para así poder verla mejor a ella- Gracias, supongo…- contestó, encogido de hombros, incómodo. No era demasiado placentero que la persona que te gustaba en ese momento hablara de tu ex, pero supuso que tenía algo importante que decir. Sakura mantenía una postura discreta, y luego con una expresión triste lo miró, mientras le sonreía. Y Syaoran odió ver esa imagen. Amaba verla sonreír, pero una persona como ella merecía sonreír de verdad… porque le naciera de corazón. Porque de verdad estuviera feliz- Mi tipo de amor es normal- respondió con voz grave, sorprendiéndose a sí mismo de lo profunda que salió. Pero en un tono acompasado, dispuesto a escuchar- Realmente solo me limito a hacer y entregar lo que considero mejor.

-Lo sé…- respondió Sakura de manera tan tranquila, que su afirmación terminó por sorprender al joven escritor. Ella soltó un suspiro agotado, mientras dejaba de abrazarse en una postura vulnerable, abierta- Tú siempre eres de los que entrega todo…- prosiguió, bajando la cabeza, sin mirarlo- Todo…Todo… Dios, ¡Me transmites tanto cuando leo lo que escribes! – exclamó finalmente mientras llevaba la mano sus propios cabellos cortos, queriendo despejarse el rostro, pero revolviéndolos en el proceso. Se veían tan suaves y acariciantes. Syaoran contuvo el aliento frente a las palabras proferidas por ella y en un momento dado, él también se sintió vulnerable. Desnudo, expuesto. Después de todo, ¿Qué escritor no pone un trozo de su alma en cada trabajo que compone?

-Sakura, por favor…- no quería que siguiera, era tortuoso. Se sentía impulsivo esa noche, liberado y si ella seguía hablando de esa manera, él no podría responder por sus propios actos. Tenerla ahí, de frente. Tan conectado a ella. Tan conectados ambos con ese universo que se expandía desde sus almas hacia el todo. Sakura, sin embargo, no se detuvo. Sentía a flor de piel esas sensaciones que tanto guardaba, que le ardían en el interior. Y su labio inferior tembló, sintiéndose frágil. Rota. Los ojos se le humedecieron sin que lo quisiera o esperara, de una forma terriblemente delatora.

Con un hilo de voz, murmuró- Es sólo que… a veces es tan difícil. Eso de dar tanto. No que me molesta, pero algunas veces siento que entrego tanto que ni siquiera dejo para mí… ¿Es egoísta pensar así? – bajó la mirada para que él no notara sus ojos de repente más húmedos, aunque para eso era algo tarde: Syaoran ya lo había notado. Con un nudo en el estómago, lo había notado- Lo siento, no debería estarte contando todo esto. Sé que no es tu problema. Sólo que de verdad… me pareció algo tan distante y lindo…- suspiró, componiendo una sonrisa tenue- Debe ser muy lindo ser querida por alguien cómo tú… sentir la intensidad de tus escritos en el tacto, de tus emociones. Porque además tienes hermosas emociones, Syaoran. La persona que reciba eso debe sentirse muy afortunada….

No pudo completar el resto de la frase porque en ese segundo las manos masculinas amplias y firmes de Syaoran la tomaron suavemente del rostro, obligándola a mirarlo. Un tacto cuidadoso, delicado, aunque en este se notaba la fuerza de él, la aspereza de la piel también. La calidez. Y sin darle tiempo de responder, acercó su rostro al de ella y culminó la unión besando su boca. Pero no era un beso extraño, ajeno como el primero. No, ese beso era cargado de ternura, intención y calidez. En donde Syaoran buscó la tibieza de ella con una devoción inmaculada, sin forzarla ni querer incomodarla. Sakura abrió los ojos verdes de par en par al sentir el repentino contacto de él, la templanza de sus manos alrededor de su rostro. Incluso lograba ver en esa cercanía lo largas que tenía las pestañas teniendo los ojos cerrados, lo espesas que eran sus cejas. Era un beso suave, pero dado con tanta intención que ella misma, con el corazón latiéndole frenéticamente y sintiendo numerosas descargas atravesando su cuerpo, empezó a relajar la postura y cerró los ojos a su vez. Syaoran, que notó de inmediato que ella estaba siendo receptiva fue consciente entonces, no únicamente de la emoción transmitida, sino de la sed que le inspiraba. Quería más. Anhelaba más. La llevó a abrir más la boca, de manera lenta y placentera hasta capturar en ella un beso más profundo, llevadero. Como el vaivén de las olas costeras lamiendo la arena de la playa. Incluso echó la cabeza de ella un poco para atrás, haciéndola soltar un suspiro gustoso hasta que poco a poco el contacto se convirtió en algo más suave, y se fueron separando. Syaoran se apartó de ella solo un poco, recuperando el aliento mientras miraba con detenimiento el bello rostro de mujer de ella. Tenía los ojos cerrados ahora, las mejillas rojas, los labios húmedos, apetitosos y de un exquisito color más rojizo que provocaba degustar de nuevo. Pero… ¿Qué había hecho? Cuando Sakura fue abriendo los ojos, devolviéndole la mirada, Syaoran se deleitó con una expresión suave y embotada que le dedicaba. Pero fue consciente, así mismo, de lo que acababa de hacer.

Sintiendo el peso del mundo encima, soltó una risa falsa y seca mientras quitaba las manos del rostro de la joven Kinomoto, apartándose un momento. Ella parpadeó, sentida y desorientada, con la lágrima suspendida en la comisura de los ojos. Las mejillas muy rojas, aunque ahora no se sabía si era por la ebriedad o por el calor que se agolpó en su rostro con el contacto de él.

-Syaoran… - murmuró ella. No quería que se fuera de nuevo, o que la evitara. No como la primera vez. Ese beso le removió muchas ideas, imágenes, pero… le gustó. Ella ya se había soñado besándolo, pero hacerlo de frente realmente se sentía infinitamente mejor. El cuerpo entero le hormigueaba, despierto de emoción. Pero sus sentimientos sólo pedían que no se alejara de nuevo. Syaoran, por su parte, parecía turbio, inquieto. Con la expresión de quien intenta ocultar en vano una metida de pata, aun si para entonces ya era demasiado obvio. Restregó la mano por su rostro, luego la pasó por sus cabellos, echándolos ansiosamente para atrás, y se sintió prisionero de la mirada de Sakura que seguía puesta sobre él.

Ya resignado soltó un suspiro, y bajó el rostro, derrotado. Amagó una sonrisa amarga, distante, pero… no del todo arrepentida. Tal vez incluso triste por ello- Si, ya lo sé…- respondió en un murmullo ronco- Soy un pésimo hermano.

Sakura sintió el latido de su corazón aún más fuerte, mientras los ojos le ardieron, ya no creyendo poder retener las lágrimas mucho tiempo. Llevó las manos a su propio pecho, queriendo decir algo, pero sentía que demasiadas emociones se estaban arremolinando en su interior- Syaoran, yo…- insistió. Pero queriendo excusarse, éste se apresuró a intervenir, afanado.

-Escucha, mira, ya sé que te recuerdo a Hien, ¿Vale? Tú misma lo dijiste la última vez, quedamos que no se iba a repetir, yo solo…

- ¡No pensaba en Hien mientras te daba ese primer beso, idiota! ¡Estaba pensando en ti! ¡Todo el tiempo estuve pensando en ti! ¡Durante ese beso! ¡Después de ese beso! – ya no soportando la dirección que estaba tomando la conversación, y llevada por la sinceridad e impulsividad del alcohol, Sakura finalmente lo dijo. No quería que se alejara. No quería que la alejara de nuevo por algo así, no cuando ella en su lugar se sintió tan bien. Cuando por primera vez en mucho tiempo sentía que lo estaba apreciando, observando, sintiendo de verdad. Aunque Syaoran, al escuchar eso, se quedó estático. Perplejo.

"¿Qué..." O sea… ¿Qué acababa de escuchar? - … ¿De… de qué estás hablando, Kinomoto? – la voz le tembló. No esperó que le saliera de esa manera, pero no tenía cabeza para pensar en ello en ese segundo.

Sakura tenía los ojos verdes clavados en él, con esa mirada aún algo ebria, pero decidida. La mandíbula tensa por la anterior exclamación. Pero soltó un suspiro, relajando la postura. Llevó la mano a su rostro, secándose los ojos, antes de decir en un murmullo- Qué tú eres un hombre maravilloso, Syaoran. Sería una tonta si nunca me hubiese detenido un momento a apreciar…- pero esta vez si fue cierto que no pudo terminar ni con la palabra, porque de nuevo Syaoran se acercó a ella callándola con otro beso, aunque este era más hambriento, fuerte y duro. Más devorador. Sin ánimo de resistirse otro segundo, ni torturándose más esforzándose en ello. Sakura, que ya había sentido el calor en su cuerpo, sintió de inmediato cómo los fuerte brazos de él la rodearon haciéndola soltar un suspiro contra su boca. Y ella misma lo abrazó por el cuello, permitiéndole la cercanía, el contacto, los besos. Disfrutando de ese baile de fuego y necesidad de tacto.

Syaoran sentía haber alcanzado la gloria en ese segundo y, sin querer retenerse más tiempo empezó a ir al interior de su casa, conduciéndolos a ambos por esa puerta abierta que durante tanto rato había estado esperándolos. Syaoran la cerró tras ellos en medio de ese beso intenso y fogoso en el que chupó con desespero el labio inferior de ella mientras la atracción de sus cuerpos se tornaba cada vez más intensa. Más magnética. Se apartaron un momento para recuperar el aliento ahí, resguardados en esa casa que durante tantas semanas llegó a ser de los dos. En la intimidad de ese espacio donde nadie más podía molestarlos. Dónde podían darse el lujo de ser ellos mismos, sin críticas ni recuerdos perdidos. Esta vez fue Sakura quien se empinó, tomándolo del rostro con una mano mientras que con la otra mantenía el abrazo del cuello, buscando sus labios, besándolo una vez más. Sintiendo la tibia lengua de Syaoran penetrar en su boca y la fuerte y amplia mano de él recorrer su espalda en un tacto masculino y firme, descendiendo progresivamente hasta posicionarse en su trasero, el cual apretó de manera invitadora. Al mismo tiempo, la mano de Sakura empezó a descender del rostro de él, para pasar por el fuerte cuello, la clavícula, y después poco a poco ir descendiendo hasta acariciar. el costado de él hasta llegar a la cadera, donde empezó a sacársela del pantalón. Syaoran sonrió en medio del beso y se fue quitando el saco que empezaba a pesarle y estorbarle, para dejarlo caer abandonadamente sobre el suelo alfombrado. Y se acercó a Sakura, dándole un beso más fugaz para así seguir con la mandíbula y empezar a darle tiernos besos en el cuello, abrazándola nuevamente, sintiendo el fuego en las venas y el calor exquisito ascender desde la parte baja de su vientre. Sakura arqueó el cuello, dándole más acceso a su piel, mientras con torpeza se sacaba los zapatos, empleando un pie y luego el otro. Recordaba vívidamente el sueño, el aliento de Syaoran sobre el suyo, el calor de sus cuerpos y el frenesí y la electricidad de la fricción repetitiva que los fue conduciendo al orgasmo. Ella quería eso. Quería sentir ese orgasmo. Sobre todo, porque en ese momento todo ese tacto estaba siendo muy nuevo ya que en el pasado nadie la había tocado de esa manera. Nadie le había transmitido tanto amor y deseo hasta que sintió a Syaoran por primera vez. Durante un tiempo, Sakura pensó que probablemente ella era de esas extrañas mujeres que no sentía deseo por nadie, ya que incluso cuando intimaba con Hien era lo mismo que si se hubiera dado placer sola: Aunque era deleitable por un momento, podía ser algo rápido, frívolo y que ni siquiera alcanzaba a encenderla el tiempo suficiente como para sentirse realmente deseada o, en su defecto, amada. Pero Syaoran estaba presente en todo momento. En cada caricia, en cada beso. Y aún si se notaba que tenía una fuerza considerable, hacía el esfuerzo de ser suave con ella, delicado. Como la persona que prueba un helado por primera vez y descubre que ese será su nuevo sabor favorito para siempre.

Los zapatos de Syaoran quedaron por el suelo también, al igual que su corbata o camisa. Pronto llegaron al cuarto de él, entre besos y abrazos íntimos, y suavemente Sakura se vio acostada sobre la cama, tendida cual larga que era, el blanco vestido alzándose un poco sobre las gruesas y formadas piernas. Syaoran se había puesto sobre ella, con las manos apoyadas en el colchón, a cada lado de la joven de cabellos cortos. Se sentía el calor de sus pieles, en especial de Syaoran que ya ahora se veía sin camisa. En esa posición, Sakura podía sentir como se le marcaban más los músculos de los brazos, delatando su historial de deportista de artes marciales. El lunar en el hombro izquierdo, ese que Hien no tenía. Y ahora que estaban más cerca, Sakura incluso pudo notar que también tenía otro lunar en la clavícula.

Sin embargo, ya al sentirlo sobre ella, Sakura contuvo el aliento y en un gesto mecánico, se intentó abrazar, avergonzada. Syaoran tenía los ojos oscurecidos de deseo, probablemente con la pupila dilatada, pero pareció sorprenderse por ese repentino gesto de parte de ella.

- ¿Qué pasa?... - le preguntó con voz ronca y suave, intrínseca como una caricia o un murmullo. Él mismo se había dejado llevar por el arrebato del momento, de las caricias. De ver en qué medida ella misma le estaba correspondiendo. Y… bueno, en el fondo se sentía un poco nervioso, ya que no había estado con ninguna mujer desde que Meiling se había ido. Sin embargo, ahí estaba ahora con Sakura Kinomoto, con su belleza de arte, su espíritu de poesía, su voz de música. Sakura se encogió sobre sí misma, ligeramente, notando a Syaoran grande y fuerte sobre ella, con una belleza exquisita y llamativa.

-Nada… es sólo que… es mi primera vez de esta forma, yo…- respondió Sakura de manera suave. Y Syaoran entendió: Era la primera vez que lo hacía de esa manera. Con alguien que, bueno… le interesaba también que ella disfrutara. Alguien que no le impedía que lo tocara. Syaoran sonrió con ternura ante eso, y se agachó dándole un beso tierno en su frente. Luego en sus ojos cerrados. Después besó su nariz, sus dos mejillas, y finalmente volvió a besar los labios de ella por un momento más largo, aunque no menos delicado en el proceso. Un beso tierno, atento, dulce. Cuando se incorporó, Sakura tenía una expresión ligeramente aturdida, embelesada. Y el escritor le sonrió tiernamente antes de tomar una mano de ella y ponerla sobre su propio pecho desnudo. Sakura se tensionó, retirando la mano de inmediato como si la piel de éste quemara, pero luego Syaoran, pacientemente, repitió el procedimiento y cuando tuvo la mano de ella sobre su pecho, dejó la de él encima, manteniéndola de esa forma. Sakura estaba tensa, roja, y lo miraba a los ojos de manera indescifrable.

-Tócame. – le pidió el joven Li. Voz tranquila, suave, segura. Sakura se sintió aún más apenada e intentó retirar la mano nuevamente, pero él no la dejó esta vez. Mantuvo la mano de ella sobre él y luego, con cuidado, la fue deslizando a lo largo de su torso, conduciéndola. Sakura sentía la piel tibia de él, ardiente. Sentía la textura definida de los músculos bajo su mano.

-Syaoran…- al escuchar su nombre, Syaoran se agachó de nuevo y sonrió, besándola una vez más. Sakura lo dejó y cuando él se hubo separado, unos pocos centímetros la miraban con profunda ternura y afecto.

-Quiero que me toques… Sakura…- le reiteró con voz ronca. Y se acercó, mordiendo el mentón de ella y descendiendo poco a poco en tiernos besos por su largo cuello femenino, apenas rozado por los cortos cabellos desordenados de ella. Era la primera vez que Sakura recibía ese incentivo de parte de un hombre y, no lo negaría… se sintió bien. Y con la mano algo temblorosa, empezó a recorrerlo más, palpándolo. Explorándolo- Tranquila…- le susurró él contra la oreja al sentirla temblar, y ella tomó aire, cerrando los ojos, apretándolo más contra sí mientras lo exploraba nuevamente, tentando esa amplia espalda musculosa y bajando poco a poco hasta su cadera, dónde buscó la correa de él, quitándosela. Todo eso mientras Syaoran volvía a su cuello y aprisionaba una pequeña parte de éste entre sus labios.

Y la verdad es que Syaoran se sintió alegre y aliviado al verse libre del pantalón, que ya no lo estaba aprisionando más; y sus besos fueron descendiendo por la clavícula de Sakura, y luego por su pecho, mientras que con las manos le iba bajando poco a poco el vestido blanco por los hombros, hasta que fue dejando a la vista su generoso busto, apenas asomándose tímidamente por un sostén de encaje. Syaoran miró a Sakura a los ojos a lo que ella, mordiendo su propio labio inferior, asintió con la cabeza. El joven escritor amplificó su sonrisa y suavemente, junto al vestido, le fue descendiendo el sostén también.

Ambas prendas fueron a dar al suelo en poco tiempo también.

Y ahí estaban nuevamente los dos, el sobre ella. Desnudos, vulnerables, ardientes. Apenas separados por la ropa interior baja, aunque del bóxer negro de Syaoran ya se notaba una enorme y dura erección. Sakura intentó abrazarse de nuevo, sintiendo un poco de vergüenza por su desnudez, pero Syaoran no la dejó. No forzándola, claro. En todo momento fue atento, controlado. La tomó de las muñecas con suavidad y la miró a los ojos: La luz ámbar fundiéndose en las esmeraldas de mujer en los ojos de ella.

-Sakura… ¿Confías en mí? – le preguntó tiernamente. Sakura intentó apartar la mirada, pero en esa postura tan íntima que estaban manteniendo era difícil de ignorar. Syaoran insistió, llamándola una vez más.

Sakura, sintiendo la calidez de las palabras del castaño, de su tacto, se relajó. La verdad si, confiaba en él- Si…- respondió en un murmullo ronco. Y se animó a alzar el rostro de nuevo para verlo a los ojos otra vez. Ella misma con la pupila dilatada y al notar la expresión de él, se sintió fundir, sonriendo- Si confío en ti…

Tomó aire y su pecho subió y bajó, rozando el torso desnudo también de él. Syaoran sonrió, concibiendo la profunda conexión que se estaba estableciendo entre ambos. Una conexión que él no había sentido jamás con alguien, algo que parecía la devoción completa a un alma que llevas años buscando sin saber que lo hacías. Y que ahora se tenían entre brazos no podía evitar sentirse afortunado, dichoso, feliz. Dos almas absolutamente compatibles. Y Sakura así lo sentía. Se sentía bien, y confiaba en él para esa primera vez. Se sentía feliz de besarlo, y de poder experimentar en carne propia el profundo placer y deseo que él, con sus manos hábiles y palabras tiernas, le inspiraba.

Suavemente Syaoran la tomó de las muñecas, posándolas suavemente sobre el colchón encima de la cabeza de ella, dándole más vía libre a su torso desnudo, con esa figura sensual y femenina bajo su cuerpo. Sin embargo, antes de seguir, Syaoran necesitaba una última cosa. Si. Que le respondiera una última cosa.

-… ¿Quién soy? – le preguntó entonces, mirándola de forma significativa. Y Sakura, parpadeando extrañada, no tardó ni medio segundo en responder.

-Syaoran Li- sí. Él. Syaoran. Syaoran Li. No Hien, su hermano. No su irritante gemelo idéntico a él, con sus ojos oscuros y sonrisa encantadora. Él era Syaoran, el de los ojos de miel y palabras hermosas. Y ya convencido de que Sakura estaba ahí presente con él mismo, sonrió, relajando la postura.

-Cierra los ojos… hermosa flor…- "Hermosa flor". Su Fiore. Sakura obedeció. Algo tímida de que la llamara así, pero sonriendo también por ello. Sin embargo, contuvo el aliento en el instante que sintió la tibia lengua de Syaoran acariciar suavemente su pezón derecho. Un tacto húmedo, pero… Oh, Dios… eran tan…

Electrificante. Como si de repente los nervios sensibles que conectaban con tan sólo esa punta de su cuerpo se expandieran por toda su espalda hasta ser consciente del hormigueo que empezaba a brotar en la parte baja de su cadera. Soltó un suspiro, mordiendo su labio inferior, pero sin abrir los ojos aún, siendo consciente por primera vez de su cuerpo de mujer y el deseo sexual que este no sólo llegaba a sentir, sino también a inspirar. Quería más. Cómo si le hubiera leído la mente, Syaoran se detuvo sólo un momento para sonreír y ver como Sakura se tensaba de placer ahí, entre sus brazos. Por él. Se tensaba de placer por él. Él era el primero en mostrarle que se podía explorar y disfrutar de esa manera. Sin embargo, no lo pensaba con la arrogancia masculina de sentirse superior a través de eso, sino que parecía más el sentirse vencedor de una competencia mental montada contra su propio hermano. Se agachó, mordiendo ligeramente el pezón izquierdo antes de empezar a acariciar con la propia mano izquierda el otro seno de ella: estimulación doble. Sakura tomó aire profundamente. Con los tragos encima y los ojos cerrados, cada gramo de placer lo sentía amplificado. Si en el sueño lo había disfrutado, en la vida real se estaba convirtiendo en una experiencia inolvidablemente gozosa. Fue ahí que la mano libre de Syaoran, masculina, grande, firme, descendió en una caricia suave a lo largo de su vientre hasta dar con su entrepierna, blanda bajo la ropa interior, y en delicados movimientos circulares empezó a establecer una deliciosa primera fricción. Sakura arqueó ligeramente la espalda ya sin poder contener un gemido ahogado al sentir una oleada de deleitable placer inundarla, y Syaoran aprovechó eso para él levantar el rostro y fundirse en un beso intenso y fogoso, donde de inmediato sus lenguas se encontraron en un baile de amor y arrebatamiento. Los cuerpos sensibles y muy conscientes el uno del otro.

Syaoran continuó con las caricias, hasta que ya entre jadeos tenues, también Sakura le retiró el bóxer, encontrándose con el miembro erecto, vibrante y viril de él, que emanaba calor y palpitaciones, buscando la misma humedad que ella. Y fue entonces que decidieron convertir sus gemidos en versículos lanzados al cielo, mientras los secretos de sus almas se fundían el uno en el otro, arrebatando todo rastro de tristeza y soledad. Hubo una verdadera unión esa noche, pero no sólo una unión física. Era una unión que trascendía los besos, los prejuicios, los entendimientos y las páginas de los libros. Era la vibración resonante y cómplice de dos almas compatibles, gemelas, que se encontraban luego de mucho tiempo. Mirándose a los ojos. Encontrando las estrellas. Haciéndose el amor.

Vaya que esa noche si estuvo lejos de ser silenciosa, después de todo.