¡Hola, mi gente bella! ¿Cómo se encuentran? Ya por fin traigo el capítulo prometido. Escrito con mucha dedicación y buena voluntad, esperando que les guste. Me dejan saber en los comentarios qué van opinando de la historia, por fa, ya que toda retroalimentación es importante para nosotros los escritores. Los que escriben también, y me leen, sabrán eso ;). En fin, aquí les dejo este capítulo con mucho amor y deseos de que les guste.

Gracias de antemano a todos los que me vienen leyendo y a los que se toman el tiempo de dejar algún comentario. Pero en especial quiero agradecer a las siguientes personas. Wonder Grinch, Lina.86, Celes483, Luimma, Tsuki hime, SakLiEsme, Kotoriblossom: Muchas gracias por sus comentarios, y no se preocupen, pronto vendrá lo bueno xD. Por ahora, espero que les guste como se va desarrollando :3. Amor y luz. ValSmile: Muchas gracias nuevamente, realmente me da profundo gusto saber que disfrutas leyendo mi historia. Y que con ésta puedes revivir varias emociones de manera realista. Me da calidez al corazón saber hasta qué punto puede llegarle a otros. Sakurita136: Jaja ya aquí vas a descubrir qué pasa después de la resaca xD. Y bueno, al menos la espera vale la pena, supongo, eso es bueno también de saber. Con este me demoré un poco, ojalá cumpla con tus expectativas :3 . Cerezo01: Eres un encanto. No te conozco, pero siempre sonrío al ver tus comentarios, porque siento que viertes mucha emoción en estos xD. De alguna manera es gratificante leer cómo alguien se toma el tiempo de notar los pequeños detalles, simbolismos y entrar en todo lo que se intenta crear y, más importante, hacer creíble. Gracias por eso, de verdad. También espero que la continuación cumpla con tus expectativas. Alana: Puedes comentar las veces que gustes, mujer, no hay lío xD. ¡Muchas gracias! Espero que te guste la continuación :3. Ap423: Gracias por comentar, por seguir la historia, y por quererla. Me llena de mucha calidez saber que no sólo se tocan emociones a través de los personajes, sino también de sus historias de vida. Trato de ser lo más realista posible en cuanto a las emociones, creo que precisamente buscando recrear eso, el que podamos identificar emociones universales a través de lo sencillo, y disfrutar su evolución. Gracias. Mucha Luz ;). Rubdy: A ti en particular quiero darte las gracias. No te disculpes por un comentario largo, pues estoy feliz de leerlo completo, y me resulta un proceso precioso el que puedas resonar con mi historia en ese punto tan profundo. Me ha conmovido enormemente el que la sientas tan íntima y personal y, como literata que soy (y creo que a lo largo de la historia y las referencias que pongo se nota un poco) me hace feliz que te hayas animado a leer de nuevo. Ojalá hayas disfrutado página a página en ese avión. Gracias de verdad, porque siento que al escribir, más que palabras bonitas bien acomodadas buscamos general vínculos con los lectores a través de estos medios, y es muy gratificante cuando se consigue. Gracias 3 . Danceordie07: ¡Y gracias a ti también! Me alegra leer tu comentario, porque de hecho hago especial esfuerzo en conservar las psicologías de los personajes, así sus contextos cambien por completo. Y es gratificante también saber que se consigue xD. Aquí tienes un poco más de éste Syaoran escritos ;). Gracias de nuevo por comentar.

Sin más, aquí les dejo lo prometido. ¡Que lo disfruten!

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Capítulo 16: Colaboración. ¿Cuentos de fantasía?

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La noche pasó mucho más rápido de lo que Sakura habría esperado. Y al mismo tiempo, entre sueños, la sintió de una profundidad tan exquisita que había olvidado cuando fue la última vez que había conciliado el sueño tan enteramente bien. La cama se sentía acogedora y a pesar de estar en julio, lo cierto es que no sintió calor. No más del necesario, no más del placentero. Esa noche había llovido almas, estrellas, cuentos de fantasía. Y cuando fue abriendo los ojos progresivamente a la mañana siguiente, la primera imagen con la que se encontró fue con la de Syaoran, descansando tendidamente en su propia cama, torso desnudo y apariencia de ángel. Una sábana apenas lo suficientemente delgada como para cubrirlo sin darle mucho calor tampoco. El lunar del hombro izquierdo completamente a la vista y sus largas pestañas oscuras rozando los pómulos en ese tierno estado de ensoñación. Sakura se sintió un poco aturdida, en lo que terminaba de despertar y de re ubicarse. La cabeza le pesaba un poco por los efectos del alcohol la noche anterior, pero no lo suficiente como para sentirse indispuesta. No. Se sentía muy bien, de hecho. Aun si intentaba re ordenar en su cabeza las imágenes de la noche anterior. Estaba acostada de lado en la cama, observando a Syaoran profundamente dormido. Y en su propio cuerpo desnudo de mujer, la misma cobija que lo cubría a él la cubría a ella. Sus ojos verdes recorrían con lentitud esas vigorosas facciones cargadas de belleza y sobriedad.

"¿Hien?" pensó para sus adentros un momento, a modo de reflejo. Detallando las espesas cejas negras, la piel tiernamente dorada. El cabello castaño cayéndole elegantemente sobre la frente, los labios entreabiertos y la respiración acompasada. No. No era Hien. En lo que se iba despertando más y más, fue recordándose a si misma que estaba con Syaoran en ese segundo, y reviviendo las escenas de la noche anterior donde luego de ese cóctel terminaron en un mar de besos, gemidos y caricias. Sakura se estremeció pues de alguna manera no lograba recordar haber vivido en el pasado algo semejante. Por el contrario, era la primera vez que, estando con un hombre, se entregaba a sus sentidos plenamente; y no solamente lo sintió a él al máximo, sino que también logró sentirse a sí misma en todo el éxtasis que demandaba su cuerpo despierto. Era la primera vez que alguien le hacía el amor de esa manera…

Se ruborizó, mientras aun lo observaba, pensando para sus adentros que siempre tuvo razón: Alguien como Syaoran debía querer con mucha intensidad. Pero… ¿La había querido? Sintió momentáneamente un nudo en la garganta ante ese pensamiento, tensándose. Porque… él la había querido mientras habían hecho eso… ¿No? … No había sido producto del alcohol, ¿Verdad? Porque ella no sentía tener mayor cosa para ofrecer en ese segundo. No tenía el arrebato de Meiling, ni su largo cabello que le cubría la espalda entera. No tenía la picardía de Midori en la mirada. Ni siquiera el rostro de muñeca de Tomoyo. Ella era Sakura… tan sólo Sakura…

Y a esas alturas, esa Sakura ya no podía negar su irremediable atracción por Syaoran; aunque bueno, sí le había reconocido hacía una semana a Tomoyo que no le era indiferente pero no esperó llegar a esos extremos de intimidad en tan poco tiempo. Lo quería, le gustaba, claro que sí… incluso desde antes de la noche anterior. Lo veía venir desde hacía rato, pero… ¿Cómo intentar refrenar algo que se va construyendo por sí mismo con el paso de los días, las semanas, los meses? Sakura, así como Syaoran, era de las que amaba intensamente y amaba con facilidad. Pero del mismo modo, por eso también se protegía mucho. Porque cuando amas intensamente, eres capaz de reír con toda tu alma, pero de llorar con esta también. Ella amó a Hien por mucho tiempo y ahora, con el paso de unos pocos meses, sentía que ese sentimiento volvía a nacer en su interior, pero con su hermano Syaoran. Y tal vez, sólo tal vez… venía creciendo no solamente más rápido, sino también más fuerte. Porque a ella desde el principio le agradó la simpatía de Hien, y luego sus cartas tiernas, poéticas, sensibles. Syaoran, sin embargo, era el autor real de esas cartas y, aunque no fuera enteramente simpático como lo fue Hien, era demasiado interesante a la hora de hablar, lo hacía pertinentemente además y sus discursos eran una mezcla de inteligencia y profunda imaginación. Syaoran era fascinante.

Tenía un físico hermoso, pero sobre todo una mente a la que valía la dicha hacerle el amor. Sí, valía la dicha… no la pena.

No obstante… ¿Él pensaría igual? "Soy un pésimo hermano" le recordó decir poco después de besarla la primera vez la noche anterior. ¿Lo decía por Hien? Claramente, pero… ¿En qué sentido? ¿Lo decía por Hien mismo o por él, Syaoran, en relación a ella? "¿Quién soy?" …Syaoran Li, respondió ella. Y él sonrió. Pero… ¿Qué traducía eso? Syaoran amaba a Meiling y si, la estaba superando. Pero él mismo la había catalogado como una mujer hermosa a la que había estado a punto de pedirle matrimonio, se lo confesó la otra noche durante la comitiva de primavera en el edificio. ¿Acaso había sido ella el consuelo de Syaoran luego de estar mucho tiempo sin tener sexo con nadie? Porque… no había estado con nadie en todo ese intervalo … ¿Verdad?...

Aquella idea no le agradó. Suspiró, notando ese rostro, y pensando que tal vez lo mejor sería irse antes de que despertara ya que, después de todo… ¿Qué pensaría Syaoran al verla ahí? ¿Qué se dirían, en primer lugar?

Tomó aire, aferrando la sábana contra su torso y suavemente se incorporó. Pero antes de darse la vuelta por completo, una mano en su muñeca la detuvo en un tierno agarre, pero firme también.

-Espera, ¿A dónde vas? – era la voz ronca de un Syaoran recién levantado. O tal vez, no tanto. Al escucharlo despierto, Sakura se tensionó en el acto. Pero no fue sino hasta que se giró ligeramente que, al verlo con esos ojos ámbares abiertos completamente, comprendió que no estaba tan dormido como había creído.

-Syaoran… ¿Cuánto tiempo llevas despierto?... – preguntó ella con un hilo de voz. Y Syaoran, sintiéndose de repente torpemente descubierto, pareció encogerse de hombros mientras seguía mirando la espalda desnuda de ella, que la cobija que sujetaba desde el frente no alcanzaba a cubrir.

-Un rato… no estoy seguro. Supongo que harán veinte minutos… tal vez media hora- le contestó finalmente, resignado al verse descubierto. Pero es que, al igual que ella, Syaoran despertó con una mezcla de embelesamiento, alegría y terror por los efectos del alcohol. Él tampoco estaba seguro de como se sentiría Sakura al respecto y, aunque ambos se correspondieron con igual intensidad, él era consciente que entre los dos se seguía interponiendo los recuerdos de Hien. Cosa que hubiera deseado, en el fondo de sí mismo, que aquello fuera un recuerdo innecesario, ya que esa noche se la había disfrutado al máximo. Nunca en toda su vida recordaba haberse sentido tan sintonizado con una mujer en cuerpo, mente y alma. En una resonancia puramente compatible, palpable e impregnada de emociones. Ni siquiera con Meiling, o con alguna de sus otras exnovias. No. Sakura… era realmente especial. Alguien que sentía que le atravesaba el alma con tan solo mirarlo, como en ese segundo. Alguien que le hacía pasar de la cabeza a su corazón - Por favor… no te vayas… - le pidió finalmente en un murmullo, sin soltarla aún. No quería dejarla ir, no después de haber vivido una de las mejores noches de su vida.

Sakura pareció vacilar un momento, ya que no respondió de inmediato. Sin embargo, terminó por soltar una gran bocanada de aire y suavemente volvió a posicionarse en la cama, hasta recostarse de lado como estaba minutos atrás, mirando a Syaoran. Éste, a su vez, estaba en la misma posición, devolviéndole la mirada a ella. Syaoran suspiró aliviadamente al poder verla de nuevo, y apreciar aquellos ojos verdes llenos de luz y vida en lo que le sonrió. Y Sakura misma, sintiéndose fundir en el dorado de los ojos de él, tan sólo soltó un suspiro mientras el calor adornaba sus mejillas con delicada ternura. Sin embargo, al notar al joven escritor sonreír, se relajó ligeramente, sonriendo también.

-Hola…

-Buenos días, flor- Sakura sonrió, enarcando ambas cejas ante el apelativo.

- ¿Flor? – repitió, con somnolienta curiosidad. Llegó el turno de Syaoran para enrojecer, mientras pareció encogerse de hombros. Incluso se tensionó con cierto dejo de nerviosismo.

-Si, bueno, yo… lo que quiero decir…bueno…este…si te molesta…

-Syaoran… ¡Syaoran! – tuvo que interrumpirlo Sakura, conteniendo una discreta carcajada que sus ojos no disimularon, mientras agregaba- No te preocupes… está bien, me agrada el apodo. Sonó bonito cuando lo dijiste también anoche- su risa se fue calmando al decir eso último, al igual que la voz le fue menguando. Aunque era producto de sentirse algo abochornada en ese segundo. Ya que, después de todo, acababa de mencionar el tema que quizás ambos tenían algo de temor en pronunciar. Syaoran mismo pareció sentirse tenso un momento, pero en ningún segundo dejó de mirarla ya que, aunque él tenía claros sus sentimientos por ella, aun era cierto que no conocía lo que ella pensaba al respecto. Pero si por él dependiera, si podía decir que esa noche, a plena conciencia, se entregó enteramente. Le entregó cada beso, cada caricia, cada instante de unión con tanta devoción, amor y ternura como sentía que ella merecía recibir y aceptar. Notó su cuello, largo, femenino y elegante; y, en la base de éste, justo al lado de la cadena de plata que sujetaba una estrella del mismo material, había una marca violácea que él le había dejado. Un chupón. Tuvo que apretar los labios en una fina línea para reprimir una sonrisa que amenazaba con escaparse en ese segundo al verlo.

-Vaya… fue una noche intensa, ¿No? – terminó murmurando el escritor tenuemente. Voz ronca, mirada calma. Sakura soltó un suspiro, sintiéndose enrojecer más, pues no estaba segura si quería seguir o no con esa conversación. Aunque le encantó lo que vivieron esa noche, nada le garantizaba que para él hubiera sido igual… ¿o sí?

Se mordió su labio inferior en un gesto reflejo, mientras se regañaba internamente por pensar de esa manera. Después de todo ya, debía detenerse. No era sano pensar así y, sobre todo, no estaba siendo nada justa consigo misma en ese segundo. En un momento dado tomó aire, pensando para sus adentros en el cúmulo de cosas que había meditado los últimos días y donde ella misma consideraba que a veces era demasiado dura consigo. Ella tenía cosas bonitas también… al menos eso había aprendido a pensar de nuevo, a entender. A reconocerse a sí misma cada que volvía a mirarse al espejo y detallaba a una versión mejorada de esa que había conocido tiempo atrás. Desde esa óptica, lo cierto es que ella también tenía cosas por ofrecer, por recibir, y no por mendigar. Se armó de valor, tomó aire, y se dijo que lo que fuera que Syaoran le dijera, lo hiciera rápido. Y ella lo afrontaría con la cabeza en alto, puesto que estaba harta de pensar que las cosas estaban mal con ella. Porque no, no lo estaban. No tenían porqué estarlo y en ese instante de profundo valor y de reconocimiento a sí misma sólo lo miró a los ojos, dispuesta a contestarle desde esa postura empoderada y luminiscente.

-Si, lo fue…- empezó a decir, dispuesta a seguir con la conversación y a preguntarle a Syaoran qué pasaría de ahí en adelante y, sobre todo, qué pasaba entre ellos en ese segundo. Pero antes de tener tiempo de siquiera formular el resto de la frase, notó el rostro de Syaoran acercándose de repente, callándola con un beso tibio, tierno y superfluo. Lo suficiente como una caricia, un llamado tenue a su piel.

Sakura bajó de inmediato la guardia. Toda esa sensación empoderada fue reemplazada por una de regocijo mientras que, en medio de esa grata sorpresa, sonrió contra los labios de él. Una sonrisa leve que bastó para que él sonriera a su vez antes de darle otro beso efímero y así apartarse, viéndola a los ojos una vez más, aunque esta vez permitiéndose estar más cerca de lo que estuvo hacía unos cuantos minutos.

-Lo siento, no me resistí…- respondió Syaoran tenuemente y, en efecto, se notaba que una parte de sí se mantenía en elocuencia, luchando contra ese lado más tímido y discreto que solía tener. Por su parte, el joven castaño sabía que aquel movimiento había sido impulsivo y algo arriesgado, pero bueno, como dicen por ahí, quién no arriesga no pierde, es cierto, pero tampoco gana. Y él sintió haber ganado al sentirla sonreír durante ese beso. Estaba en una postura expectante, notando los ojos verdes de ella, ahora un poco más próximos a los suyos. Y Sakura, que sólo se dedicó a mirarlo de forma tranquila por un minuto terminó soltando un suspiro.

-No entiendo. – murmuró con voz apenas audible, aunque Syaoran le logró leer los labios. Su sonrisa se fue desvaneciendo progresivamente ante eso, sintiéndose desconcertado… ¿O era ella la desconcertada? No sabía, y ahora quien empezaba a no entender tampoco… era él.

- ¿Qué cosa? – preguntó el escritor, observándola detenidamente, intentando leer la expresión de ella que, aunque no estaba enfadada, era algo extraña de interpretar en ese momento. Sakura tomó aire y, bajando la mirada al pecho de él, cerró los ojos un momento y agregó:

-Que no entiendo que está sucediendo en este segundo, Syaoran. No entiendo qué sucedió anoche.

Syaoran sintió como si de repente el estado de ánimo se le hubiera ido de una patada al suelo. Y si, de una patada. Porque, además, durante unos pocos segundos, le costó sentirse con aire también. Se sintió un pelmazo, un iluso y un abusivo. Pero por encima de todo eso, le dolió. Se sintió despreciado en cierta medida y, aunque sabía de antemano que Sakura y Meiling eran dos mujeres completamente diferentes, en ese instante se sintió igual de utilizado con ambas… puesto que sintió entregarse a sí mismo en todo aspecto con las dos. Frunció ligeramente el ceño.

-No pensé que te fuera a disgustar tanto…- empezó a decir, con voz ronca y marcadamente más fría. Y se separó para empezar a incorporarse, pero al verlo alejarse, Sakura misma se sentó, abrazando la sábana contra su pecho. Pues no entendió el porqué de su reacción: ella simplemente dijo que no entendía qué había sucedido, no que no le hubiera gustado.

- ¡Syaoran, no fui yo la que vine borracha hace meses a tocar tu puerta a las cuatro de la mañana para decirte que tu beso significó nada para mí! – exclamó la joven Kinomoto, y su voz amagó con quebrarse al concluir la frase. La verdad es que le dolió profundamente a ella misma, no sólo ver como él intentaba irse, sino también el tener que admitirle esa conversación que se suponía había sido enterrada hace meses. Si, Syaoran se había disculpado al día siguiente, pero… no negó lo que había dicho estando en ese momento borracho. Sakura había gastado todo ese mes que no se habían hablado rompiéndose la cabeza pensando en él, sintiéndose responsable por ese beso, discutiendo consigo misma por haber disfrutado de este en primer lugar cuando se suponía que sus pensamientos debían corresponderle a Hien y no a su hermano. Y luego, cuando lo escuchó, si bien terminó perdonándolo… no podía negarse a sí misma en ese momento que aquello le dolió. Y ahora, que era consciente de sus sentimientos por él, después de haberle hecho el amor de esa manera tan intensa y entregada, no se sentía capaz de soportar otra vez la dureza de esas palabras. No cuando sentía que se había abierto a él de la manera más íntima y honesta posible. Se había sentido empoderada un par de minutos atrás, si, pero ahora ya no estaba tan segura de hasta dónde podría llegarle el empoderamiento si llegaba a escuchar algo semejante, cosa que temió al notar como la espalda de Syaoran se había tornado tensa y quieta tras haberla escuchado hablar, una vez se había incorporado y girado para levantarse. Sakura sintió los ojos arderle en ese segundo, al igual que un nudo en la garganta. Y se sintió conflictuada en lo que debía pensar, creer, suponer o sentir hasta que notó a Syaoran virarse de nuevo hacia ella, con una expresión horrorizada. Ojos ámbares abiertos de par en par, labios apretados en una fina línea. Y Sakura ya no supo qué suponer.

Pero Syaoran sí. Y, de hecho, por su parte, él se quedó frío al escuchar esa exclamación viniendo de parte de ella, porque la verdad había olvidado casi por completo ese incidente tan bochornoso dónde solo atinó a descargar su ira con ella, su frustración, sus…

"…. ¿Celos?" … Si, celos. No había asumido esa palabra cuando pasó, pero, recordando la circunstancia… si… se había sentido brutalmente ultrajado y celoso. Y ahora, se sintió como un cretino. Suavizó la expresión al notar los ojos de ella más humedecidos e impregnados de angustia, sintiéndose un patán para sumar a la lista, y restregando su rostro con la mano derecha, tomó aire y se reacomodó, para quedar nuevamente bien sentado en la cama, y así mirarla.

-Tienes razón… no fuiste tú la que lo hizo. Y lo de anoche no tienes que entenderlo, Sakura… lo vivimos al máximo, creo… y eso es lo que debería contar realmente- tuvo que reconocer pesadamente en lo que se encogía de hombros como un cachorro regañado, así en ese momento Sakura no le estuviera alzando la voz, ni nada por el estilo. Ella no respondió ante eso, por lo que Syaoran, tras no pensarlo mucho, buscó tomar las manos de ella. La joven de cortos cabellos aferraba con estas la cobija a su torso, cubriendo su desnudez. Y al entender lo que Syaoran intentaba hacer, montó un poco de resistencia, avergonzada. Syaoran notó eso, ahora mirándola con sumo pesar. Sintiéndose incluso un poco… Rechazado- … ¿Te incomodo?

Sakura advirtió el cambio de mirada en él, y relajó la postura, aunque no el agarre de sus manos. Apartó la mirada, sintiéndose de repente algo tímida ante los ojos de él, y murmuró- No… sólo me avergüenza...- Syaoran suspiró cansino para sus adentros, pero su mirada permaneció paciente y tranquila mientras que, de manera suave, le incitó a aflojar el agarre. Con sus manos grandes, ásperas y trabajadas, Syaoran pasó repetidas veces el pulgar por el dorso de la mano de Sakura, sujetándola con firmeza y seguridad en lo que la joven Kinomoto seguía mostrándose vacilante. Y bueno, ella encontraba la mirada del escritor magnética de lo profunda y escrutadora que era.

- ¿Te avergüenza qué?

-Que me veas…

-Sakura …

El llamado no fue brusco, pero si marcado. La castaña tuvo que morder su labio inferior, y cuando le devolvió la mirada de soslayo, se encontró con los ojos ámbares de Syaoran y unas espesas cejas arqueadas adornándolo en una expresión que, si ella hubiera tenido que describirla con una palabra, habría sido "¿Francamente?". Y bueno, si, él tenía razón, Sakura misma lo sabía: ¡No era como si no se hubieran explorado mutuamente más que eso la noche anterior! Syaoran supo de inmediato lo que cruzó la mente de Sakura, por el rubor delator que se extendió desde las mejillas hasta su largo cuello y decidió soltar un suspiro calmo, aunque manteniendo la paciencia. Después de todo, supuso que ella tenía sus justos motivos para pensar de esa manera.

-Yo pensaba que habías visto a Hien a través de mí, y me sentía frustrado. No quería sentir que me besabas por pensar en mi hermano y tenía lo de Meiling aun muy fresco. En cierta medida, me dolió sentirme así. Como… utilizado, dejado de lado. No te imaginas la cantidad de cosas que durante la adolescencia perdí porque preferían a Hien. O lo que me dolió ver que Meiling me dejó por alguien más… ¿Tienes idea de lo que representó eso para mí? Llega un punto en el que te sientes culpable de eso, Sakura. Llegué a creer mucho tiempo que el problema era yo, que no era digno de algo honesto. Me sentí frustrado y me descargué contigo sin justa causa. Lo lamento. – cada palabra que dijo llevaba una dosis alta de honestidad, y se le notaba en su expresión arrepentida tan marcada que casi se podía palpar. Sakura contuvo el aliento unos instantes al apreciar las palabras de él y, por encima de estas, al notar su vulnerabilidad frente a ella. Syaoran, en ese segundo, estaba desnudo en más de un aspecto además del físico y le hizo generar a la joven una enorme cantidad de empatía hacia él. Ya que ella entendía la cuestión del no merecimiento. Ella la entendía porque durante la gran mayoría de la vida lo había experimentado, y sabía que era una sensación horrible. Sabía lo que era perder la propia autoconfianza. Y le sorprendió ver que Syaoran, que tanto la había ayudado en esos aspectos, lo vivía también. De hecho, quizá por eso inconscientemente la ayudara. Quizá por eso se desvivía en sus relaciones. Sakura era de las que intentaba encajar en esos aspectos, pero Syaoran era de los que se aferraba con las uñas a algo que no quería perder, al punto de entregarse en todo… como ocurrió con Meiling. Teniendo presente esa idea, se preguntó que tan honesto habría sido entonces el amor del escritor hacia Meiling, pero prefirió no verbalizarlo. Sólo suspiró.

-Pero ya te dije que eso era mentira…- le recordó la joven Kinomoto con un hilo de voz y una expresión distante, hasta que Syaoran la interrumpió, sin soltar las manos que ella aun aferraba contra su pecho.

- ¡Lo que te dije esa noche también lo es! – se apresuró a agregar atropelladamente. Sakura apenas tuvo tiempo de parpadear desconcertada y sorprendida.

-Espera, … ¿Qué?

Syaoran exhaló, empezando a exasperarse consigo mismo y la soltó suavemente para poner las manos sobre su propio regazo. Tenía una expresión indescifrable, pero una mirada firme y decidida tras esta- Lo que te dije esa noche no era cierto, porque sí que significó algo para mí. Significó tanto que no me atreví a darte la cara porque estaba conflictuado- alzó la mano derecha y empezó a enumerar con los dedos- Me gustó ese beso, pero no podía admitirlo porque tú eras la novia de Hien. Me sentí pésimo con su memoria por ello. Me sentí mal contigo porque lo más lógico era que me correspondieras ese beso precisamente por Hien. Me sentí frustrado porque nada tenía sentido, ¡Y luego, cuando Eriol me convence de hablar contigo y arreglar las cosas, te veo entrando a tu departamento con otro hombre!

- ¡Syaoran, era mi hermano!

- ¡Si, sí, lo sé!

- Si ya lo sabes, entonces no entiendo el escándalo. Además, tú andabas aun pensando en Meiling y soy una mujer libre. Tengo mi vida. No debería mortificarte ver si llevo un hombre a la casa o no.

- ¡Claro que me mortifica!

- ¡Pero no debería! ¡No tiene ningún sentido!

- ¡Lo sé! Yo… lo sé.

- ¿Entonces por qué lo haces?

- ¡Porque me gustas!

Un silencio intenso y ensordecedor se instaló en la habitación de un momento a otro y fue tan fuerte y vibrante que casi se podía escuchar el acelerado pulso de Sakura cuando el joven escritor manifestó aquello. Syaoran mismo lo había dicho debido a la impulsividad, pero jamás esperó llegar a ese extremo de excesiva honestidad. Se quedó helado unos instantes, notando ardientemente los ojos verdes de ella puestos en él, y de inmediato no pudo reprimir un rubor tan fuerte que se extendió hasta su cuero cabelludo, provocando que su rostro se viera completamente encendido. Sakura pareció dudar unos instantes, agachando la cabeza lo suficiente como para verlo de soslayo y, tras meditarse las palabras mordió su propio labio inferior, para así agregar:

-Amm… así como de… ¿Gustar, gustar? ¿O… gustar, me caes bien, gustar? – luego de que la literata soltara esa pregunta, Syaoran parpadeó repetidas veces con una expresión de incredulidad grabada en su rostro. ¿Iba en serio eso? No quería mirarla de lo bochornosa que era la situación y, sin embargo, ahí le seguía sosteniendo la conversación como podía. Tomó aire y asintió con la cabeza, encogiéndose de hombros.

-Supongo que gustar… gustar. – tuvo que reconocer finalmente, entendiendo por fin que a esas alturas habían llegado ya tan lejos que no valía la pena seguirlo ocultando. Sakura abrió la boca en una expresión de franca sorpresa, sin saber qué decir. Permaneciendo inmóvil mientras las mariposas del estómago hacían estragos volando de un lado al otro de la emoción. De alguna manera, para ella era demasiado sorprendente haber llegado a esa conclusión, ya que desde sus ojos Syaoran parecía un hombre precioso, interesante y, por ende, inalcanzable también. Alguien cuyo atractivo podía fácilmente despertar deseo en otras mujeres tal vez mucho más atractivas, entonces…

- ¿Por qué yo?... – terminó preguntando Sakura, sin disimular del todo el desconcierto que tenía ahora en la expresión. No, no podía ser. Syaoran era un hombre sumamente guapo, inteligente e interesante. Tenía muchas miradas de bellas mujeres puestas sobre él, de alguna manera tuvo que reconocerse que en sus adentros siempre pensó que él se daría el lujo de elegir a una chica espectacular, baja, de largo cabello como el de Meiling y Midori. Aunque a ella misma le gustara, lo sentía distante. Y si bien era cierto que ella sabía que él disfrutaba de hablar con ella, y comunicaba especial gusto en compartir tiempo juntos y gastar horas hablando de los misterios de la vida… nunca consideró que realmente ese tiempo también pudiera ser especial para él. Por eso el porqué de su reacción. Algo que Syaoran, de hecho, no supo como tomarlo, pues para él la respuesta era demasiado obvia.

-Pues… Sakura, eres la mujer más fascinante, brillante, divertida y hermosa que he conocido en mi vida. Además de dulce, tierna, sensible. Atenta. La pregunta correcta sería, teniendo en cuenta todo eso, ¿Por qué no te escogería a ti?

En otra ocasión, Sakura habría apartado la mirada al haber escuchado esa cantidad de cumplidos de los cuales no se habría sentido digna de ninguno. Pero era más la intensidad del momento que en ese segundo ella seguía sosteniéndole la mirada, recibiendo cada una de las palabras, saboreándolas incluso de forma lenta y repetidamente en su cabeza.

-Syaoran, yo… - empezó a decir, pero interrumpiéndola en ese instante, Syaoran se apresuró a intervenir, alzando sus manos conciliadoramente.

-No tienes que responder aún. No tienes que hacerlo, de verdad. Sé que de por medio está Hien, y bueno… respecto a lo que siento…

-Syaoran, tú también me gustas. – lo cortó la joven Kinomoto antes de darle tiempo a Syaoran de seguir mascullando. Él era un excelente conversador, eso nunca se lo negaría ella. Pero entre la noche anterior y esa misma mañana, Sakura se había sorprendido de la cantidad de cosas que podía balbucear cuando se encontraba nervioso. Tenía una tendencia a interrumpir y desvariar, excusándose y negando con la cabeza como si tuviera que convencerse por medio de comunicación no verbal que estaba haciendo lo correcto. Sin embargo, en ese segundo puntal, Sakura no quería que Syaoran supusiera por ella. No, quería que la escuchara. Y, de hecho, pareció conseguirlo de inmediato, pues en ese instante Syaoran estaba apoyándose sobre las palmas de sus manos al dejar caer el cuerpo para atrás y, ante la sorpresa, casi se cae él de la cama.

-Espera, ¿Qué? – no pudo evitar decir entonces, perplejo, tras sacudir la cabeza y mirarla a los ojos, sintiendo que el alma le bailaba al interior del cuerpo de forma frenética. ¿Había escuchado bien? ¿Sakura realmente dijo lo que dijo? Sus ojos claros estaban posados sobre ella, y al ver esa mirada tierna con mejillas rojas, el escritor no pudo evitar que la comisura de sus labios de fuera para arriba, sin reprimir una sonrisa que amenazaba seriamente con escaparse.

Sakura tomó aire. Ya lo había dicho una vez, ¿Por qué la hacía repetirlo? Ella no tenía demasiada experiencia con hombres en ese aspecto, a diferencia de Syaoran que, si bien no había tenido en exceso novias en el pasado, si había tenido más que Sakura, que solo tenía una historia con Hien. Por ende, no era experta en eso de ser "lanzada" con otros, coqueta o directa en insinuaciones, pues en todos esos años realmente no le hizo demasiada falta. Sin embargo, estaban ahí, el uno frente al otro, desnudos, y Syaoran parecía más despierto que nunca- Me gustas también…- repitió en un murmullo lo suficientemente audible, con voz suave y acariciante. Los ojos verdes de ella mirando los de él, buscando en ellos cualquier atisbo de cambio que amenazara con surgir. Pero solo vio como Syaoran bajaba los hombros, aparentemente des tensionándose con el suspiro que soltó, mientras la mirada de manera derrotada. Pero no era un derrotado negativo, sino algo que de manera más poética ella lo habría descrito como un "Me rindo ante ti". Ahora que había retomado la escritura, pensó para sus adentros que podría describir esa expresión en alguno de los personajes que ahora empezaba a construir de nuevo.

- ¿Desde hace cuánto? ¿Por qué no me lo dijiste? – la voz de Syaoran sonaba ronca, pero suave. Su mirada era tranquila, en efecto, rendido y expuesto ante ella. Aunque no podía evitar de todas maneras que la sonrisa se le escapara con poco disimulo por la esquina de la boca. Se sentía conmovido, estupefacto y, sobre todo, muy feliz en ese segundo. Pero aún tenía demasiadas cosas por preguntar.

Sakura soltó un suspiro, y contra todo pronóstico, se acercó a él, quien se tensó de inmediato, conteniendo el aliento unos pocos segundos. Fue consciente demasiado del latir de su corazón golpeando contra sus oídos, hasta que, en un acto inocente, ella sólo apoyó la frente sobre el hombro de él, tal vez buscando esconder su rostro de la mirada de él en ese segundo. Y aún si sus cuerpos estaban más cerca, pero sin tocarse, la tentación era enorme. Syaoran sintió la boca seca de repente, pero escuchó atentamente lo que ella tenía por decir.

-Cuando era niña, Eriol me presentó a Hien Li. Era un muchacho interesante y supremamente encantador y atento que no iba a dejar de notar de entrada. Ambos sabemos lo llamativo que podía ser tu hermano, Syaoran. En fin, me agradaba entonces, pero… con el tiempo, él empezó a escribirme una serie de cartas intensas y profundas que me hacían deleitar letra por letra. Yo desde esa edad tenía claro que lo que quería para mi vida era el escribir, y quería ser escritora a cualquier costo. Hien me interesó como amigo, pero sus palabras me cautivaron. Lo encontraba guapo, pero… también brillante, profundo…- guardó silencio un par de segundos, buscando mentalmente qué palabras sería mejor emplear. No le fue difícil dar con ellas, de hecho. Sin entender el tipo de sensación que estaba transmitiendo en ese segundo ante lo que recordaba- Con el tiempo me fui decepcionando al entender que Hien era buena persona, pero muy primario en su manera de pensar. Básico. Que odiaba leer y escribir, además. Y aunque no negaré que él fue muy inteligente a su modo, le faltaba elegancia a la hora de hablar elaboradamente e imaginación- suspiró y, armándose de valor, se separó un poco, aunque no demasiado. Solo lo suficiente para poder verlo a los ojos en ese segundo. Y al hacerlo, se dio cuenta que Syaoran parecía tener todos sus sentidos puestos en ella, atento. Al sentirse honestamente escuchada, Sakura sonrió, agradecida de corazón, y enternecida también por ello- Syaoran… todo ese tiempo tú escribiste esas cartas, ¿Verdad? Han sido tus pensamientos y sentimientos los que he leído y conservo entre papeles. Tú eres el hombre que durante diez años esperé que saliera de Hien, sin sospechar que realmente ese hombre ni siquiera estaba en él, en primer lugar. Eras tú…- y le sonrió dulcemente- Siempre fuiste tú.

Las aves canturreaban cerca de la ventana, y se escuchaban de forma agradable en ese segundo. Era casi refrescante. Syaoran entreabrió los labios con una expresión de marcado desconcierto, en la medida que las palabras de ella fueron cobrando un cierto sentido oculto que creyó haber olvidado por mucho tiempo. Creyó, si, porque en cuanto la escuchó hablar, algunas imágenes se fueron formando poco a poco en su cabeza, recordando. Sí, era cierto. Él le escribía las cartas a Hien. No le encantaba hacerlo, pero era su hermano, y por Hien habría hecho lo que hiciera falta. Recordó noches de desvelo donde Hien lo levantaba en la madrugada a escribir, y en una de esas Syaoran se despertó malhumorado y lo mandó a callar de un puñetazo duro en el hombro. También a veces, si se hacía el duro, le cobraba (generalmente con favores que el de los ojos negros le devolvería después) e incluso una vez que él mismo quería escaparse de la casa y se encontró a Hien sentado en el jardín trasero, rompiéndose la cabeza pensando en qué escribir. Y Syaoran, bien adolescente y rebelde, cedió tomando una pluma y empezando a componer versos para esa doncella sin rostro que tenía a Hien hecho un imbécil. "¿No te has puesto a pensar que tú y yo somos como Charles y Sydney?" le había dicho entonces Syaoran a son de broma en ese momento, recordando a los personajes de Charles Dickens en ese viejo libro, donde dos hombres de idéntico aspecto y diferente personalidad se disputaban el amor de una misma mujer. Luego de eso, recordó a Hien con una expresión mortificada y él mismo, queriendo suavizarlo, le dijo "No tienes por qué preocuparte por mí, nunca me fijaría en la misma chica que tú." Oh mierda. Sí que eran Charles y Sydney. Parpadeó nuevamente, volviendo nuevamente en sí mismo para ver a Sakura. Se sintió sin aliento unos segundos.

-Eras tú. La novia literata de Hien. La chica a la que él le preocupaba mostrarle buenas cartas, siempre fuiste tú.

Sakura parpadeó, algo ofendida- ¿Y quién más crees que sería? Salimos por demasiados años, ya sabías eso, Syaoran Li. - le recordó. Syaoran sacudió la cabeza, dándose cuenta de lo tonto que sonó lo que dijo, y se apresuró a corregirse.

-Si, pero no lo decía por eso. Es decir, no recordaba esas cartas. Sabía de una novia que Hien quería mucho, pero nunca la conocí, no me hablaba de ella. A veces hasta escuchaba rumores que habían terminado y luego de un tiempo dejó de pedirme que le hiciera cartas. Para mi no era la gran cosa hacerlas, pero… - se fue ruborizando nuevamente en la medida que se iba encogiendo de hombros, aunque estaban tan cerca en ese segundo que habría sido imposible apartarse más de todos modos. Syaoran pareció avergonzado y fue tan evidente que la misma Sakura lo notó, encontrándolo adorable- … cambia mucho ahora si sé que fuiste tú la que las recibió. Por Dios, qué vergüenza.

La castaña parpadeó con extrañeza, sin entender- ¿Vergüenza de qué? Aun entonces escribías precioso, todavía conservo esas cartas y las leo de tanto en tan…

- ¡Por todos los cielos, bota eso! - exclamó escandalizado el escritor, sintiéndose cada vez más abochornado y siendo consciente de lo evidente que resultaba en su expresión- Era un puberto, Sakura. Y todas esas cartas son falsas, las escribí sin intención alguna. Puedo escribirte mejores ahora y que todas y cada una de ellas sean honestas.

El ave que venía cantando cerca de la ventana pareció emprender vuelo, pues se escuchó su agradable aleteo. Y esta vez fue Sakura la que, enternecida, no pudo reprimir una sonrisa cálida ante ese comentario, notando lo nervioso que lo estaba poniendo. Casi podía advertir la tensión propagarse de su cuello a sus hombros, o la mirada que se esforzaba por desviarle, aún si con esa cercanía era un tanto difícil. La joven entendió en ese segundo que en la medida que fueron hablando se sintió muy tranquila y, no sólo eso, sino que también cómoda con él y en su presencia. Le resultaba agradable la intimidad que estaban generando en ese segundo, además de inspirarle confianza. Si. Él le inspiraba confianza. Suavemente soltó un suspiro, y con el aire que iba liberando dejó caer las manos que tenía en el pecho para así permitir que la sábana que cubría su cuerpo se fuera deslizando suavemente hasta dejar su torso desnudo al descubierto. Syaoran contuvo el aliento, volviendo en sí. Pero con absoluta calma se dedicó a contemplarla detalladamente, dándose el lujo de verla ahora a plena luz del día, apreciando el rubor que se extendía de sus mejillas hasta el principio del cuello elegante, adornado solo por la fina cadena de plata y el collar de la estrella que aún llevaba consigo. El tierno chupón que él le había dejado en la piel la noche anterior. Y luego su apreciación fue extendiéndose a la clavícula y los redondeados senos generosos, uno de ellos con un sutil y pequeño triángulo de lunares que lo llamaba silenciosamente a posar sus labios sobre estos. Y, de hecho, eso hizo. Se acercó y tiernamente besó un lunar. Luego el otro. Y luego el otro. Sonrió para sus adentros al sentir de inmediato la reacción del cuerpo de Sakura, receptiva a su tacto, aunque intentara disimularlo un poco en ese segundo. Ella no lo detuvo, aunque estuvo tentada a hacerlo. Pero no lo hizo. Le emocionaba, en cierta medida, el erotismo que se respiraba en la situación. Syaoran se alzó lenta y nuevamente para recuperar su anterior posición, aunque inclinado más hacia ella. Y sus ojos claros, tan explícitos, yacían oscurecidos de deseo. Pupila dilatada, mirada deleitada. Se miraron a los ojos un momento en lo que una tensión placentera se instalaba entre ambos: la tensión que precede un primer beso. Esa misma sensación tan ensordecedoramente magnética en donde el cuerpo no sabe si dar el primer paso o no y, aunque ellos ya se hubieran besado antes, con sus sentimientos puestos sobre la mesa cambiaba mucho la situación. Sakura se sintió emocionada y nerviosa, pues hacía demasiado tiempo no experimentaba esa tensión de un primer beso. Quería apartar el rostro, pero se retuvo de hacerlo, ya que ella quería que sucediera. Lo deseaba desde lo más profundo de sí misma. Y cómo si hubiera escuchado (y compartido) sus deseos, Syaoran se acercó lentamente para acercar sus cuerpos en un delicado roce de labios. Un beso sentido, lleno de amor, que poco a poco ella fue correspondiendo al abrazarlo por el cuello, acercando sus cuerpos. Syaoran soltó un suspiro gutural, ronco, que surgió detrás de su garganta al sentir el pecho de ella fundirse con el suyo en ese abrazo; y la invitó a abrir más la boca, profundizando el beso de manera lenta e intensa, mientras la iba empujando poco a poco hacia atrás hasta dejarla recostada de nuevo sobre la cama.

Sakura también dejó salir un suspiro tenue mientras iba despertando progresivamente todos sus sentidos del mismo modo que la noche anterior, aunque esta vez siendo aún más consciente de ello. Y sentir la agradable sensación de la lengua de Syaoran buscando la suya en ese sensual baile de bocas que poco a poco fue menguando hasta terminar en tiernos besos más efímeros. Sentía calor, pero de manera agradable, y cuando él se hubo separado mantuvieron la mirada un momento. Syaoran sobre ella aún y luego Sakura sonrió, alzando la cabeza un instante para robarle un pequeño beso a él. Fue el escritor quien, seguido a eso, sonrió también. Era un momento agradable para ambos y, de alguna manera se sentía tan bien, tan natural que parecía una pena tener que pausarlo. Pero debían hablar un poco de ello, y ambos eran conscientes de eso.

Sakura soltó un suspiro entonces, suavizando la expresión, para acto seguido decir- Syaoran… lo de anoche realmente fue precioso, me encantó. Pero… creo que debemos tomar todo con más calma… replantearnos algunas cosas… - conforme iba hablando, el joven castaño fue menguando poco a poco su sonrisa hasta adoptar una expresión más seria. Y Sakura, notando eso, se apresuró a rectificar- ¡Escucha, no es por ti! Pero… lo de Hien sigue demasiado fresco. Y… me encantó lo de anoche, pero… francamente cuando te acompañé a ese coctel, todo me imaginé menos que terminaría en tu cama- sintió el rostro arder en cuanto lo dijo de hito en hito. Sin embargo, se relajó cuando notó como la mirada de Syaoran se suavizaba igualmente, y bajaba la cabeza, algo resignado.

-Sí… supongo que tienes razón – y era cierto. Aunque le pesó un poco, no podía refutárselo. Porque en parte, sino hubiera sido ella, habría sido él quien habría pedido el tiempo ya que, después de todo, Hien era su hermano. Y sí le generaba cierto grado de remordimiento pensar en su prometida de esa manera, ahora, hablar de involucrarse más seriamente entre ambos era otro nivel. Por otra parte, estaba sorprendido de ver que ella le había correspondido después de todo, aunque una pequeña parte de sí (realmente pequeña y que no soltaría en voz alta) todavía seguía un poco escéptico en referente al tema del parecido con su hermano, que lo único que tenían de diferente eran los ojos. Así ella dijera que se cautivó por las cartas escritas por él, nada le garantizaba que de todas maneras Sakura, así fuera de manera inconsciente, estuviera proyectando a Hien en él. Tal vez lo ideal, antes de embarcarse en cualquier tipo de relación seria, sería realmente darse un tiempo ambos en donde pudieran compartir más desde ese aspecto, respirando mejor la situación.

Sakura suspiró, entre aliviada y agradecida, pues aquello le quitaba un punto de presión encima; ya que quería hacer las cosas bien, y le alegró que él lo entendiera. Después de todo, lo de Hien apenas llevaba poco más de un año y, al menos para el caso personal de ella, no tenía enorme experiencia en relaciones con hombres que no fuera con Hien. O en su defecto con alguien que luciera idéntico a él, cosa que lo hacía todo aún más extraño. Syaoran soltó un quejido por lo bajo y se incorporó entonces, aunque lamentando un poco el hacerlo, pues la imagen de ella desnuda bajo su cuerpo era sencillamente irresistible. De todas maneras, seguía siendo una situación extraña y especial; y aunque acabaran de decir que fueran despacio, lo cierto es que era inevitable también que en algún punto se miraran y compartieran una sonrisa tonta entre ambos. Una sonrisa que, a Sakura en lo personal, le resultó agradable volver a sentir ya que hacía años se había distanciado mucho de esas sensaciones de amor primerizo. Sobre todo, porque esas si estaban especialmente fuertes. Ella también se incorporó.

-Si, bueno. De momento vayamos con calma y en lo que aclaramos los pensamientos y sentimientos de ambos, creo que lo prudente sería mantener cierta distancia fi…- empezó a decir la joven Kinomoto hasta que Syaoran la cortó, robándole un beso. Ella claramente no se lo había esperado esa vez, poniéndose nerviosa una vez se apartó- ¡Física! – terminó de decir, mirándolo con reproche. Él le respondió con una sonrisa no del todo arrepentida, mientras se encogía ligeramente de hombros.

-Lo siento, eres demasiado linda. No me resistí. – le contestó el castaño, y ante esas palabras fue Sakura la que no se resistió, pues suavizó la mirada notoriamente ante eso.

-Syaoran….

-Vale, vale, hagamos esto. Respetaré un poco que vayamos a nuestro ritmo y sigamos en una dinámica como la que venimos llevando… PERO… te preguntaré si está bien que me acerque a besarte cuando quiera hacerlo. ¿Te parece bien? - Sakura lo miró a los ojos y comprendió que sí, aunque acabara de pedir lo que pidió, lo cierto era que tampoco quería estar tan distanciada ahora que había probado del placer entero que él le inspiraba. Pero debían hacer las cosas bien y en el momento correcto. Sanar adecuadamente, para poder abrir bien sus corazones el uno al otro. Y bueno, uno que otro beso no estaría mal. Vale, ella también los deseaba profundamente. No negaba que en cierta medida también le resultaba algo excitante, desconocida y nueva la noción de amigos con derecho.

-Sí…- concedió la joven, sonriendo tenuemente- me parece bien- y en ese segundo, Syaoran le robó otro beso. Sakura esta vez lo apartó de sí, pero mirándolo con mayor reconvención- ¡Syaoran!

Él sólo sonrió, de nuevo no del todo arrepentido- Está bien, está bien. Después de éste, si pregunto- dijo, pero feliz de poder besarla, de tenerla cerca. De sentirse correspondido también, algo que la noche anterior había considerado tan enteramente improbable. Sakura en ese momento tenía los cortos cabellos alborotados, ojeras por la falta de sueño, los labios apretados en una fina línea. Pero para él seguía siendo la mujer más espectacular que hubiera visto jamás. La joven castaña agradeció en silencio, pues sabía que de todas maneras había que tomarse las cosas con calma. Tal vez hablar con Rika o Tomoyo al respecto, pedirles algún consejo, o algo. Lo cierto era que se sentía nerviosa, pues si bien era verdad que ella venía despertando su gusto por Syaoran y entendía que en algún momento debía seguir con su vida, dejando de lado lo de Hien, aun era una idea de alguna manera abstracta. Ya que ella, en el fondo, no había considerado la posibilidad de que Syaoran se fuera a fijar en ella, en primer lugar, menos habiendo salido con mujeres como Meiling, o teniendo a otras como Midori pretendiéndolo. Y, sin embargo, ahí estaba él frente a ella, robándole besos, hablándole tiernamente después de haber compartido la noche juntos. La miraba con la marcada admiración de quien encuentra un libro excelente y sabe de antemano qué se convertirá en su libro favorito.

Y ella se sintió feliz con eso, cómoda. Un tanto avergonzada, pero era porque no estaba del todo acostumbrada a ser ojeada de esa manera tan íntima por alguien más. Se aclaró la garganta y apartando la mirada, murmuró- Bueno… creo que voy a tomar una ducha.

-Vale. Yo iré a preparar el desayuno.

Sakura asintió, y esperó a que él se incorporara primero para así poder ponerse de pie ella y buscar las prendas de la noche anterior. Aunque bueno, de nuevo para su mayor timidez, lo que pensaba que solo debía recoger en la habitación, terminó estando regado a lo largo del departamento. Syaoran hizo de cuenta como que no había ocurrido nada, y recogió sus cosas también tras ponerse algo de ropa. Y se dispuso a, en efecto, preparar el desayuno mientras Sakura tomaba la ducha. Soltó un suspiro, sintiéndose distraído. El día era cálido, pleno julio, luz de verano; y aunque alcanzaba a sentirse el bochorno, Syaoran parecía no notarlo realmente, pues tenía aún la mente divagando en la noche anterior, el discurso, el video que tuvo con Meiling y luego todo lo que le transcurrió después. Pensando en las palabras que intercambiaron incluso un poco después, donde ella mencionaba que envidiaba su tipo de amor. Sacudió la cabeza cuando se dio cuenta que se le estaba quemando el desayuno por andar disperso, y se apresuró a arreglarlo mientras intentaba darle un orden a su cabeza. Pero sólo podía reprocharla un poco, pensando "Tonta, no te subestimes tanto. Si supieras que tu mente vale la vida hacerle el amor". No se alcanzó a imaginar, por supuesto, que de hecho eso mismo había pensado la joven Kinomoto en referencia a él esa misma mañana.

Pronto fue dejando los pancakes ya preparados en sus respectivos platos, mientras divagaba un poco entre imágenes y palabras, hasta que Sakura salió de la ducha, portando el mismo vestido del día anterior, pero secándose los cabellos húmedos y el residuo de rímel que había quedado del maquillaje nocturno. El joven escritor pensó para sus adentros que le hubiera gustado ofrecerle alguna de sus prendas para que ella se pusiera mientras tanto. Pero, por una parte, la chica vivía al lado. Y por el otro, habían quedado de seguir respetando ciertos límites, así que consideró que en ese momento tal vez sería lo más oportuno. No pudo evitar preguntarse entonces, ¿En qué tónica estaban realmente? Se sintió ligeramente incómodo pensándolo, ya que lo correcto habría sido no ponerle nombre, pero entonces, ¿qué eran? ¿Amigos? Bueno, ciertamente ya no eran solo eso, pero tampoco estaban de novios. Y, de estarlo, ¿Él estaría preparado para aventurarse en una nueva relación? ¿Lo estaría ella? No estaba seguro, para ser honesto. Porque le gustaba mucho Sakura, aquello era una verdad irrefutable. Pero apenas empezaba a recobrarse de lo de Meiling y, sobre todo, de reencontrarse a sí mismo en el proceso. También imaginaba que eso debía estar viviendo la joven, a su modo. Sakura notó que, apoyado sobre la mesa del comedor, Syaoran la miraba detenidamente. Y vaciló una sonrisa, extrañada.

-Hola… ¿Qué piensas?

Y hasta el mismo Syaoran se sorprendió a sí mismo al decir- En que deberíamos construir nuestra propia historia, juntos.

Fue tal la sorpresa de Sakura al escuchar eso que no sólo casi se cae, sino que estuvo a nada de dejar caer la toalla con la que secaba sus cabellos. Se detuvo de golpe, perpleja y tornándose nerviosa en el proceso- Espera, ¿Qué? ¿No quedó claro eso de que íbamos a tomarlo con calma?

Syaoran parpadeó desconcertado por la reacción de ella, pero pronto halló el mal entendido y no pudo evitar bufar para así soltar seguidamente una risita divertida. Aquello lo hizo relajarse un poco y dejar de pensar en tantas cosas enredadas, concentrándose nuevamente en el pensamiento inicial que, en primer lugar, lo había llevado a decir lo que dijo.

-No, no me refiero a eso. Hablo de un libro. Estoy pensando que podríamos hacer una colaboración. Escribir un libro juntos.

De no haberlo visto directamente moviendo los labios, y teniendo en cuenta que Syaoran era del tipo de hombre que hablaba fuerte y claro, Sakura habría pensado en otro momento que seguramente escuchó mal. Pero no, no era el caso. Sabía perfectamente lo que escuchó y, de hecho, lo procesaba en un instante de silencio conforme que se instaló entre ambos.

-Un libro. – repitió ella. Respuesta parca, incrédula, escéptica.

-Si, un libro- concibió él. Respuesta calma, paciente, a la espera de una respuesta a su vez.

Se sentó para empezar a comer el desayuno y, mientras procesaba la propuesta, Sakura lo imitó y ambos se dedicaron a comer. Claro que por un lado la propuesta le resultaba emocionante, ya que ella llevaba demasiado tiempo sin escribir cosas largas y serias. Sin embargo, que un escritor del calibre de Syaoran le pidiera eso ya era algo de otro nivel. Se encogió de hombros mientras masticaba.

-Esto no tiene que ver con el tema de "me gustas", ¿O sí?

- ¿Qué tan profesional me consideras, Kinomoto?

- ¡No lo decía por eso! Es sólo que es repentino como petición, ¿Entiendes? Y tú estás a otro nivel. Yo hace años no escribo en forma.

Syaoran la detalló mientras masticaba, palpando la textura esponjosa y sabor dulce de los pancakes, humectados por miel espesa y dorada. Consideró que Sakura se estaba subestimando porque, si ella fuera consciente del talento que tenía, sabría de ante mano que ella tenía mucha más facilidad para escribir que él. Le salía natural, poético, y era admirable. En parte por eso quería realizar la colaboración. No sólo por realmente compartir un proyecto serio con ella, sino por involucrarla más formalmente en el medio. Tal vez en un trabajo juntos ella misma empezaría a ver el valor de su trabajo. Ella toda su vida quiso escribir, después de todo. Y él quería que ella escribiera, si así lo deseaba. Estiró su mano hacia el vaso de jugo de mandarina, lo tomó, lo llevó a sus labios y bebió un poco, sintiendo la frescura del líquido descender de su garganta al estómago.

-Bueno, tienes talento. Y realizar una colaboración podría ser interesante para ambos, ¿No? Yo cambio de dinámica, y tú retomas la escritura.

-Pero… ¿Y tú otro escrito? ¿Fiore?

Syaoran se inclinó, apoyando los codos sobre la mesa, y entrelazó las manos, depositando el mentón ahí. Sus labios se curvaron en una sonrisa divertida, aunque la expresión era amable y enérgica.

-Quién sabe, tal vez tú me ayudes a darle el cuerpo que necesita.

-No lo sé…

-Por favor, Sakura. – cuando lo escuchó hablar de esa manera, tan suave y atenta, Sakura apretó los labios en una fina línea y lo miró, comprendiendo que realmente no se lo pedía por molestar y parecía estar convencido de que podría salir algo interesante de un trabajo en conjunto. Y no lo negaría, ella se sentía emocionada ante la idea de escribir de nuevo. Tal vez sería interesante, después de todo.

-Está bien- aceptó finalmente- Supongo que podemos intentarlo- y la sonrisa de Syaoran, triunfante, se extendió.

- Perfecto. ¿Fantasía, entonces?

Sakura adoptó una expresión burlona, en medio de la sorpresa- Creí que no escribías cosas de fantasía.

-La gente cambia de parecer. Me hará bien relatar cosas de magos, poderes y… ya sabes, cosas poco realistas.

- ¿Y quién dice que esas cosas no son reales?

-Ay, Sakura… No empieces.

Ella rio y así se fue extendiendo poco a poco la conversación, en la medida que empezaron a hablar de antiguos clanes de hechiceros de lo cuales su jefe, Clow, le había hablado en algún momento. Leyendas de leones alados, de planetas alineados, de llaves que guardan el poder de la oscuridad, el sol, la luna y las estrellas. Hablaron de la posible existencia de los unicornios y de documentales que aseguraban haber encontrado restos de sirenas. Y aunque Syaoran, desde su milimétrico raciocinio afirmaba que aquello era ridículamente falso; Sakura, con su mente muy despierta, comentaba que aun si el documental se veía falso, el océano era demasiado vasto como para no considerar realmente la existencia de esos seres aún en el fondo del mar. Tanto así que la conversación desembocó en que varios científicos aun no estaban seguros de si el megalodonte estuviera completamente extinto, incluso en las partes más profundas, recónditas e inexploradas de los océanos. Syaoran, que por unos instantes se sintió perdido, no pudo evitar parpadear desorientadamente.

-Un… ¿Megalodonte?

-Sí, el megalodonte.

- ¿Es una especie de mastodonte, pero versión "mega"?

Y Sakura bufó, dejando escapar una sonora carcajada, aún bastante auténtica- Por todas las enciclopedias, ¿Oh tú, Syaoran Li, no sabes lo que es un megalodonte?

-Bueno, va, ¿Me vas a decir, o no? – le preguntó de vuelta Syaoran, sintiéndose ligeramente ofendido y estúpido con ese último comentario. Sakura siguió riendo, pero contestó con gusto.

-Es una especie de tiburón, pero cuatro veces más grande que una ballena orca.

Ante esa afirmación, Syaoran se estremeció al entender lo imponente que era eso. Y admitir que, en cierta medida, Sakura tenía su punto. El 80% del océano seguía siendo un misterio para la humanidad, y si cabía la posibilidad de que esa cosa tan enorme viviera aun en las profundidades más extremas, raro no sería tampoco que hubiera sirenas también.

-Creo que me harás replantear tres veces el entrar en el agua la próxima vez que vaya a una playa…

-Oh, y eso que no te he hablado de la titanoboa.

- ¡Bueno, ya, suficiente!

Y Sakura rio, pero eso dio pie a que hablaran de monstruos, mitos y recreaciones de estos que podrían emplear en alguna historia. Cosa que de hecho les fluyó bastante bien, pues no notaron en qué momento transcurrieron dos horas mientras se dedicaban únicamente a eso: hablar de tramas, personajes y posibles situaciones que les ocurrían a estos. Syaoran se sentía fascinado de ver en qué momento todo eso se construyó, cuando seguramente en otros instantes habría gastado días, incluso semanas pensando en una trama. Y Sakura también se sentía fascinada, pero era por el gusto de poder navegar de nuevo en posibilidades que podía recrear en una historia. Cuando menos lo pensaron, ya era medio día y sus estómagos pedían comida. Además, que el calor se sentía tanto que a Sakura le apetecía cambiarse de ropa y, aunque Syaoran ya hubiera tomado una ducha, incluso para él las temperaturas elevadas del verano se sentían fuertes. Pronto se dieron cuenta que había llegado el momento de que cada uno volviera a su respectivo departamento (o en el caso de Syaoran, que se quedara ahí) ya que, después de todo, convendría más tener su propio espacio para pensar luego de todo lo ocurrido y hablado. Sin embargo, el joven escritor insistió en acompañarla hasta la puerta de su casa, pese a las insistencias de Sakura de decir que no era necesario ("Vivo al lado, Syaoran, ¡No hace falta!"). Aunque ella sabía que sería algo inútil refutarle ya que él era obstinado y, siendo franca, tampoco le quiso refutar lo suficiente. Tomó el bolso y salieron juntos del departamento 309 y se toparon de inmediato con la puerta del 308 que desde la noche anterior se quedó esperando el ingreso de su dueña. Sakura era consciente que en ese segundo Syaoran la miraba fijamente, así ella simulara estar concentrada en buscar las llaves en el bolso para así abrir la puerta. Pero en cierta medida, lo hacía porque se sentía un poco nerviosa. Él la ponía nerviosa. Aunque en apariencia luciera más tranquilo, Syaoran también se sentía nervioso en el fondo, y la sensación aumentó en el instante que la puerta terminó de abrirse y Sakura se viró para verlo a los ojos. No pudo evitar soltar un suspiro mientras la contemplaba. Era enteramente tan hermosa, y sus ojos guardaban tanta luz…

-Gracias por todo. De verdad estuvo increíble todo anoche. – le dijo finalmente, sonriendo. Una expresión que compartieron sus orbes doradas. Sakura le devolvió la sonrisa, sin evitar ruborizarse ligeramente. En un acto de ligera timidez, apartó incluso la mirada un momento, llevando la mano derecha distraídamente a un mechón de cabello suelto y ponerlo detrás de la oreja.

-Gracias a ti. Fue realmente muy especial… - respondió la joven. Y sintiéndose más reconfortado, Syaoran suspiró, adoptando una expresión aún más cálida.

-Te llamaré esta noche.

-Está bien.

- ¿Puedo besarte?

Estaba tan absorta con la imagen de él que, por unos instantes, había olvidado el pequeño acuerdo en el que estaban, y que le hizo feliz recordar. Mordió su labio inferior en un gesto pícaro que salió naturalmente, delatando su emoción, y Syaoran se deleitó con esa imagen. Sakura asintió con la cabeza y el escritor, riendo ligeramente, se permitió emplear esas manos largas y protectoras para tomarla suavemente del rostro y, mientras la acariciaba con el pulgar, acercar sus labios a los de ella y formar un encuentro de almas a través de un beso. No era un contacto arrebatado e invitador como la noche anterior, sino dulce, tierno y devoto. Sentido, de todas maneras, atento. Formando poesía sin necesidad de enlazar frases para ello. Sakura vaciló, pero luego se aventuró a extender una de sus manos al torso del joven hombre y abrazarlo un poco. Syaoran sonrió en medio del beso, pero no se detuvo. Y estaban tan ensimismados que no notaron los distantes pasos que sonaban, de alguien andando por las escaleras. Sólo cuando los pasos sonaron lo suficientemente cercanos y se escuchó también el tono de un aliento contenido por la sorpresa, Sakura se apartó, abriendo los ojos, notando a una sorprendida Rika al otro lado del pasillo. La joven Kinomoto se ruborizó de golpe.

- ¡Rika!

La psicóloga parecía que iba a hacer deporte. Portaba un pantalón holgado, tenis, una camiseta blanca y los cortos cabellos ligeramente alborotados. No salía de la sorpresa, pero luego dejó escapar una risa nerviosa y algo burlona, que sólo supo avergonzar más a Sakura, y a Syaoran de paso, que se quedó de piedra al sentirse descubierto in fraganti.

-Lo siento, iba de salida. Ya no interrumpo más.

- ¡No, espera! ¡No interrumpes, es sólo que…!

Syaoran suspiró y, ya sintiéndose algo incómodo entre dos amigas y sin él mismo poder explicar su situación, se apresuró a decir- No, no interrumpes. Ya me iba – evitaba, de todas maneras, la mirada de Rika. Aunque lamentó no poder quedarse un momento más con la joven Kinomoto, entendió que de todas maneras necesitaban sus espacios para pensar mejor las cosas. Miró a Sakura y, tranquilizadoramente, agregó- Te llamaré entonces en la noche.

Y Sakura, volviendo en sí, lo miró a los ojos y de manera más tierna, ya habiendo pasado la primera sorpresa, sonrió también. Tenía una expresión encantadora y brillante consigo- Vale, me parece bien.

Syaoran amplió su sonrisa, y tras despedirse de Rika con apresuradas palabras, entró nuevamente a su departamento, cerrando la puerta tras de sí. Al verse ya sola con su amiga, Sakura miró a Rika nuevamente, componiendo una sonrisa nerviosa. Pero ésta, por su parte, sonreía de par en par, casi que reprimiéndose de soltar una enorme carcajada.

-Supongo que… te gustaría saber la historia completa.

-Adivinas bien, linda Sakura.

La de ojos verdes soltó un suspiro, relajando más el cuerpo mientras aterrizaba nuevamente del mar de emociones en que Syaoran la había elevado. Y rio ligeramente, entrando a su propio departamento.

-Vale, ya te cuento. Pero dame un momento me cambio de ropa. Y llamo a Tomoyo. Vayamos a un bar a tomar algo, y ahí les cuento bien todo lo que ocurrió.

- ¿Todo? – repitió la joven Sasaki, entre divertida y sorprendida- ¿No fue solo un beso?

Sakura no respondió. Pero como el silencio mismo también es fuente de comunicación, Rika supo bien como interpretarlo y ahogó otra exclamación de sorpresa que llevó a Sakura a sonrojarse más. Ambas pasaron al departamento y la psicóloga esperó pacientemente a que Sakura se cambiara, aunque, en lo que irían al bar y hablaban con Tomoyo, tenía muchas preguntas que hacerle.

.

.

El cielo se veía azul, despejado, intenso. Y hacía el calor propio de esas épocas donde la gente aprovechaba para viajar e ir a la playa. Tal vez por esas circunstancias el aeropuerto se veía tan lleno de gente con ropa de turistas, tanto locales como extranjeros, y que se detenían de tanto en tanto a tomar algunas fotos, obstruyendo la fluidez del paso. Un joven muchacho guapo, de cabello azabache y ojos castaño claro, con un tinte verdoso, miraba a su alrededor con dejo de aburrimiento; pero era de esos individuos que se veía tan enteramente bien que no dejaba de lucir elegante en el proceso. Esperaba paciente a que alguien llegara, y ya había tomado en el proceso las maletas de ambos. ¿Qué tanto tenía por hacer? Sólo era tomar un auto y ya, irse de ahí. Él era agradable, pero odiaba los sitios saturados de gente. En eso se parecía a uno de sus primos puntualmente, aunque por lo general hubiera gastado más tiempo con el otro. Soltó un suspiro quedo en lo que su mirada se tornaba ausente unos segundos, y volvió en sí cuando escuchó una voz familiar llamándolo.

-Shen – el muchacho ladeó la cabeza para ver el origen de la voz, y soltó un suspiro cansado, componiendo una mueca.

-Casi que no. Siento que llevo esperando una eternidad.

-No seas quejumbroso, Shen. Sólo fueron diez minutos.

-Diez eternos minutos. Sabes que odio estos lugares. Más aun después de… -no pudo completar la frase, pues sintió un nudo en la garganta de repente. La mujer que lo miraba soltó un suspiro calmo, aunque su expresión solo se tornó más indescifrable en lo que se iba acercando a él.

-Lo sé… - murmuró de vuelta. Ella era una mujer alta, de tez blanca y apariencia suave. Mirada dura en sus ojos oscuros y largo cabello azabache que caía por sus espaldas con un porte imperial. Era hermosa, eso no se discutía. Aunque su sola presencia parecía recordar a la imponencia de las altas montañas y el fuego de los volcanes. Shen compuso una mueca, pero tomó las maletas, ya agradeciendo para sus adentros el poder irse de ahí, y caminaron juntos hasta la salida. Ella al frente y él atrás, llevando todo el equipaje.

Fueron otros cinco minutos, esquivando turistas y filas, pero pronto consiguieron llegar a la zona de autos, donde los esperaba uno reservado. La mujer caminaba con aire tranquilo, tomando su tiempo, mirando al frente y abriendo paso con su sola presencia. Llamando la atención, además, con la notoria belleza en lo que Shen se quejaba por lo bajo, arrastrando las maletas consigo.

-No tomaremos el auto si te sigues demorando tanto- repuso ella, sin detener su marcha. Y Shen se detuvo un momento, sin dar crédito a sus oídos.

-Podría demorarme menos si me echaras una mano, tía- replicó, ofendido. Pero ella lo ignoró. Shen suspiró, sabía que era inútil decirle eso, y prefirió no insistir más, observándola ir hacia el encargado de los autos, preguntando por su reserva. Siempre firme, elegante, frívola. Con la apariencia calma de un iceberg a la distancia, pero hermosa también. El hombre se apresuró a revisar las cosas, atendiéndola de inmediato. Y mientras ordenó a otro joven el recoger el equipaje para llevarlo a un auto (cosa que Shen, desde el fondo de sí mismo agradeció), el encargado sacó un listado para indicarle el número del auto que la llevaría al destino que deseaba ir.

-Disculpe, buena dama, ¿Me recordaría su nombre, si es tan amable?

-Por supuesto- respondió ella calma, imperturbable. El viento sopló un poco, meciendo sus cabellos oscuros, lisos y sedosos. Y una luz enigmática reflejada en sus ojos de un intenso color negro, como los de su hijo Hien- Soy Ieran. Ieran Li.