¡Holaaaa! Todos los dioses, los planetas y las estrellas han confabulado para que pueda subir un nuevo capítulo en menos de un mes xD. Y un capítulo bastante largo, por cierto. Hoy no me extenderé mucho porque voy de salida (y un poco tarde, además xD), así que no alcanzaría a subir los agradecimientos uno por uno como en las otras ocasiones y deseo subir el capítulo ya. Sin embargo, quiero que sepan que leí todas y cada una de sus respuestas.
Les agradezco profundamente por leerme y seguir esta historia que tanto esfuerzo y corazón le estoy invirtiendo. Es para ustedes y me alegra enormemente que la disfruten al máximo. Ojalá les guste este capítulo, que creo que ya se va adentrando también en una parte importante de la historia. Y a ValSmile, Wonder Grinch, cerezo01, Luxray1509, Sakurita136, SakLiEsme, anastaciabomer y Alana… ¡Muchísimas gracias! Dado que debo salir ya, les quedo debiendo para la próxima el responderles a casa una.
¡Besos y gracias por todo!
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Capítulo 17: Epifanía. El fin justifica los medios
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Para Rika Sasaki la vida solía ser bastante rutinaria desde que tenía memoria: Se levantaba, comía, se arreglaba, iba a sus estudios o trabajo y luego volvía a su hogar. Algunos años atrás, durante la adolescencia y la crisis de identidad laboral sobre qué hacer con su futuro, entró en una etapa de rebeldía que la llevó muchos años a una oscuridad aterradora. Ella, que siempre se había caracterizado por ser mayor mentalmente para su edad, se dejó llevar por los desenfrenos de la juventud con el propósito de encontrarle sentido a su existencia. Pocos, en la vida actual de Rika, sabían que ella tenía un tatuaje en la parte baja de su columna vertebral con el símbolo del Om que se hizo luego de rehabilitarse, que consumió todo tipo de cosas que la hacían huir de una realidad terrible para lanzarla a otra todavía peor, y no fue sino hasta tocar fondo que se atrevió a alzar la cabeza, abandonar esas terribles amistades y, llena de desasosiego, pedir ayuda a quienes realmente se preocupaban por ella. Rika se enamoró de la carrera de psicología una vez ella misma empezó terapias y se encontró con un extraordinario ser humano que le ayudó a ver lo extraordinaria que era ella misma en sí. A entender el porqué de su pasado, de su presente y, a partir de ese entendimiento, construir su futuro con amor. Con amor a sí misma y a los demás. Con el amor de sanarse y, una vez sanada, encontrarse con la vocación de ella misma ayudar a sanar a otros. En la actualidad, Rika ya había interiorizado la idea de que su vida no iba a dejar de ser una rutina, pero no por ello iba a dejar de vivirla al máximo, cómo correspondía. Tal vez por ello ensayaba tantos talleres diferentes y se había aventurado a explorarse a sí al examinar libros y lugares empapados de todo tipo de creencias. Iba a danza terapéutica un par de veces a la semana luego de realizar consultas, practicaba yoga, aprovechaba otros momentos para ir a grupos de estudios de diferentes áreas del entendimiento y la comunicación, salía con sus amigas de vez en cuando, meditaba todas las noches antes de acostarse a dormir para darse paz mental y espiritual; y, cuando su querido Terada estaba de visita (o ella iba a visitarlo a él), entraban en la meditación de un buen orgasmo.
Esa mañana, como todas las otras, Rika Sasaki se levantó temprano, desayunó fruta con té verde, ofreció al Buda su día en oración y empezó a adelantar trabajo de algunas consultas que tenía pendientes. Cómo era fin de semana, agradecía poder darse el lujo de descansar un poco y se dijo a sí misma que, si adelantaba lo suficiente, tal vez se pasaría por la casa de Sakura en horas de la tarde y le propondría salir un rato. Sakura y ella se habían vuelto muy cercanas con el paso de los meses que llevaba la joven Kinomoto viviendo en el edificio y, en algunas circunstancias, Tomoyo se sentía un poco celosa ya que Sakura y Rika tenían la ventaja de verse más al vivir más cerca la una de la otra. Aunque Rika, cómo política personal se había jurado a sí misma separar su vida profesional de la privada, a veces no podía evitar sentarse con Sakura y escucharla largas horas, para así aconsejarla de vuelta. O sólo eso, dejarla hablar. Porque en lo que la joven Sasaki había podido notar, entendió que Sakura era una muchacha que había carecido de franca escucha de parte de otros durante años, y por ende acostumbraba a silenciar sus necesidades, cosa que no estaba del todo bien. Sakura se sentía no merecedora de amor porque sentía que nadie la apreciaba lo suficiente, o pensaban, en su defecto, mal de ella. Sin embargo, Rika sabía que aquello, sin ser algo del otro mundo, era un fenómeno psicológico que hacía que Sakura proyectara sus propios pensamientos hacia ella misma en las demás personas: No era que los demás no la apreciaran lo suficiente. Era que ella no se apreciaba lo suficiente. Era ella la que pensaba mal de ella misma, no los otros. Y sabía Rika que, de seguro, fue fomentado por muchas situaciones en su juventud y adolescencia que la llevaron a ser así. Después de todo como psicóloga, y tras haber vivido todo lo que vivió, sabía que cada uno tenía su propio pasado tormentoso que preferiría guardar en el cajón de los recuerdos ignorados. Sakura, sin embargo, le despertaba a Rika, no solamente enorme simpatía, sino también empatía. Tal vez porque, de alguna manera, aunque las situaciones fueran completamente diferentes, Rika se sintió identificada un poco con Sakura cuando recién la conoció, al verla perdida (y recordarse en la época en la que ella, Rika, se sintió perdida también). Rika seguía las leyes del budismo que fomentaba el amor, el respeto, la no-violencia a ningún ser vivo (incluyéndose uno mismo), y encontraba en Sakura un ser de luz tan especial y lleno de amor para dar que era una pena que no supiera recibir de vuelta. No obstante, Sakura había sanado mucho en ese año. Eso no iba a dejar de reconocerlo. Y le reconfortaba haber hecho parte de ese proceso de sanación que, si bien en algunas circunstancias hay tropiezos y parece inacabable, también es muy hermoso y gratificante. Sakura merecía ser feliz. Y aunque no se lo hubiera dicho necesariamente mucho, en silencio Rika encontraba que Sakura se veía encantadora al lado de Syaoran, más aún después de enterarse de las cartas que éste le escribía a nombre de su hermano (Las mujeres se cuentan todo, siendo psicólogas o no). Aunque Rika, a diferencia de Tomoyo, no conoció a Hien, estaba al tanto de cómo era aproximadamente la situación de Sakura con él y, aunque intentaba ser profesional al respecto, lo cierto era que Hien no terminaba de agradarle, pues en todo lo que había escuchado parecía ser una persona tóxica, necesitada y egoísta que sólo quería acaparar toda la atención de Sakura exclusivamente para sí mismo. Y cómo si había tenido la oportunidad de ver con sus propios ojos a Syaoran encontraba que, aunque fuera un poco serio, podía ser muy sensible, interesante, atento y con una atracción tan evidente hacia Sakura que se le hacía casi increíble que ella aún no lo hubiera notado. Pero bueno, la joven Sasaki no se lo diría. Después de todo, parte del proceso de aceptar el amor de Syaoran y aceptarse digna de este solo eran pequeños puntos del camino que Sakura debía construir en aceptación a su amor a ella misma. A amarse y a entender que, a partir de ese amor, se podía dar y recibir a otros con honestidad. Siempre en ese orden de ideas.
Cuando llegó la hora del almuerzo, Rika se vistió deportiva solo porque tenía flojera de ponerse algo más formal (al cabo siempre iba formal a la oficina), medias blancas que cubrieron una sutil cicatriz en uno de sus tobillos, tenis y, acto seguido salió de ahí solo para quedarse estática y encontrarse con la imagen de Sakura besando a Syaoran muy entregadamente, y el joven escritor inclinado y vertido sobre ella por completo. Se sintió en shock, en primer lugar, porque no esperó que fuera a suceder tan deprisa, pero tras haber pasado esa primera impresión no pudo reprimir una amplia sonrisa de honesta felicidad al ver a esos dos juntos por fin. Fue encantador notarlos nerviosos al ser descubiertos. Rika, que había tenido una adolescencia llena de vicios horribles y oscuridad por doquier, encontraba en Sakura a una persona muy pura y limpia, que a veces podía ser inocente en cuanto a sus relaciones con las demás personas. Como el llegar a creer que cuando alguien le hablaba era porque estaba siendo amable, y no porque esa persona estuviera interesado o interesada en ella, en primer lugar.
Llegaron al bar que Sakura había mencionado rato atrás, en dónde se tomarían algo mientras explicaban lo sucedido. Y cómo aún no habían almorzado, aprovecharon y pidieron sushi. Ya cambiada de ropa, Sakura se veía en ese momento con el rostro mas despejado. Portaba un pantalón negro corto, enseñando sus largas piernas gruesas, y una camiseta negra normal, con algún estampado de figuras orientales, dándole un aire más juvenil y relajado. La humedad hacía que el corto cabello de Sakura se le viera más ondulado, en especial en el área en la nuca. Y bueno, ya con la camiseta encima, Sakura podía disimular más la marca del chupón que le dejó Syaoran la noche anterior y que llevó a Sakura a ponerse roja a más no poder en cuánto lo notó en el espejo de su casa. Rika, que en ese aspecto tenía más experiencia que la joven Kinomoto, lo notó de inmediato. Pero prefirió no decir nada para no avergonzarla más. Sin embargo, pese a todo, los ojos de Sakura brillaban de felicidad, complacida. Rika, cómplice, sólo sonrió con calma y le prestó completa atención en lo que esperaban la orden y a Tomoyo.
-Bueno, ¿Me vas a contar entonces qué pasó o no? – insistió la joven Sasaki, entrelazando las manos y poniendo el mentón sobre estas. Sakura se encogió de hombros, componiendo un tierno puchero en lo que agregaba:
-Aun no, estamos esperando a Tomoyo- protestó en referente a su mejor amiga. Pero en parte, era para también tener tiempo ella misma de reordenar las ideas. Después de todo habían sucedido demasiadas cosas en sólo veinticuatro horas. Rika movió los hombros en medio de una risa silenciosa.
-Vale. Y dime, ¿Qué tal estuvo? – ante esa pregunta, Sakura dibujó una sonrisa tonta en su rostro, que acompañó una mirada especial, brillante. Entre avergonzada y contenta.
-Fue increíble, Rika. Estuvo increíble.
En esas la puerta principal del lugar sonó y por ahí se vio entrar a Tomoyo, que parecía haberse arreglado presurosamente apenas recibió el llamado de Sakura. Tenía el cabello abundante y oscuro suelto, acomodado con una diadema sencilla que le despejaba más el rostro. Y vestía con unos jeans sueltos que le llegaban a media pantorrilla, y una camisa blanca, sin mangas, más bien deportiva. Cualquiera que la hubiera visto, no habría pensado que ella era la dueña de una conocida marca de ropa fina, o que, en su defecto, acababa de ser traída al lugar por uno de los autos lujosos de su madre. Tomoyo entró a ese bar, que tenía muchas decoraciones verdes y afiches de películas irlandesas o paisajes mismos de ese país. En cuanto sus ojos amatista se posaron sobre los de Sakura, sonrió y se acercó a ambas para luego tomar asiento.
-Bueno, ¿Cuál es la urgencia? Pensé que había pasado algo grave, pero las veo como felices.
Rika rio jocosamente, y Sakura sólo acató en encogerse un poco de hombros en lo que adoptaba una expresión que parecía una mezcla de vergüenza, nervios y alegría. Tomoyo ladeó la cabeza sin entender lo ocurrido, hasta que Sakura habló.
-Syaoran y yo pasamos la noche juntos- dijo finalmente y casi pudo sentir de forma tangible cómo Rika soltaba una carcajada en lo que Tomoyo complementaba con una exclamación de franca sorpresa e incredulidad. Fue tal el ruido que algunas personas que estaban cerca se viraron para ver qué ocurría y, entre algunos gestos torpes con las manos, las tres los apaciguaron. El tiempo pareció transcurrir aprisa, aunque Sakura se tomó todo el que hacía falta para contarles lo sucedido. Entre gestos con las manos, palabras dulces, y memorias de cuando estaba en la casa de él en su cumpleaños y lo había observado ahí, detenidamente mientras sus espaldas reposaban sobre el alfombrado suelo de él. Las piernas contra la pared, alzadas. Y ella perdiéndose en esa expresión serena e indescifrable que parecía transmitir muchas emociones similares a la vibración de una cuerda de harpa, pero que a su vez se veía profunda e inescrutable. Cómo la miraba y le sonreía, pero ella no podía leer de todas maneras lo que él debía estar pensando en ese segundo. Narró la intimidad que se formó cuando Syaoran pareció que iba a besarla en ese momento, pero no lo hizo. El escrito que le mostró, "Fiore"; la vez que lo vio en sus sueños. Hasta llegar a ese punto donde hablaban del cóctel y lo vio ahí, frente a su puerta, guapísimo. Vestido con verde y elegancia, posiblemente descrito con algunas frases de Hemingway y versos de Borges. Les habló de su llegada al cóctel, del juego de tomar, del video de Meiling y luego, finalmente, cómo llegaron a la casa y Sakura le dijo lo que dijo. Cuando llegó a esa parte se ruborizó notoriamente pues, además de ser consciente de las miradas concentradas de Tomoyo y Rika sobre ella, sabía que lo que hizo fue bastante osado ya que, después de todo, ella no era del tipo de persona que se le hubiera declarado de esa manera a alguien. Es más, solía ser bastante temerosa para siquiera demostrar que le gustaba alguien y, con el caso de Hien fue éste quien dio el primer paso. De hecho, le costaba un poco de trabajo recordar siquiera de dónde había surgido esa inseguridad, pero bueno, narrando eso no se demoró mucho en ese tipo de detalles, pues siguió contando todo. Incluso podía manifestar que se sentía cómoda hablando sabiendo también que era escuchada de verdad. Cuando llegó a la parte donde Syaoran la besó tras ella manifestar que envidiaba un poco su tipo de amor, Rika compuso una cálida sonrisa conmovida, y Tomoyo rio a su vez. Para entonces ya habían comido, y terminaban de tomar sus bebidas.
- Te quiere- murmuró Rika, complacida y feliz por Sakura- de verdad se nota que te quiere mucho.
-Eres una pilla, Sakura- bromeó Tomoyo, riendo. Pero también sintiéndose feliz por ella, ya que sabía que su mejor amiga había pasado por un largo y profundo periodo de depresión en el transcurso de ese último año. Que Sakura, los primeros meses no comía bien, y no podía dejar de llorar y sentir su vida miserable. Así las otras personas la rodearan y, entre tiernos abrazos y palabras amortiguadoras le dijeran que todo iba a cambiar y mejorar, que eso formaba parte del proceso, Sakura estaba en ese momento de su vida donde no quería creer que eso fuera posible. Ahora estaba renaciendo, creciendo, aceptándose en el proceso. Recibiendo también, que era lo más importante- Tienes un gusto cliché por los hombres de apellido Li.
Sakura se ruborizó en el acto, componiendo un tierno puchero a modo de protesta- ¿Qué? ¡Claro que no! ¡El que me guste Syaoran y este se parezca a Hien sólo es una coincidencia!
-Hay que mantener al señor Li bajo llave cuando vaya a visitar a los suegros- secundó Rika entre risas, y Tomoyo le siguió la carcajada. Sakura no apreció eso, sintiéndose ligeramente ofendida.
-Oye, no es gracioso… además que ni loca se me ocurriría intentarlo, Ieran Li es una mujer amable si sabes llevarla por las buenas. Pero de lo contrario… - se estremeció de solo recordar a su suegra y sus ojos oscuros como los de Hien, pero con una mirada francamente mucho más diferente. Una mirada fría, calculadora, que se notaba que rara vez debía compartir con alguna sonrisa. Aunque Sakura tuvo el privilegio recibir varias de su parte. Ella, en el fondo, siempre agradeció que Ieran la quisiera, porque era preferible tenerla de amiga que de enemiga.
-Ok- concedió Rika con calma- El padre no, puede ser muy viejo. Pero debe haber muchos miembros de apellido Li en esa familia, ¿No? – la joven psicóloga miró a Tomoyo en su lugar, como buscando respuesta, y ésta sólo acató en componer una mueca inicial.
-Yo no conozco en extremo a los Li- admitió- Pero sé que los gemelos tienen un primo de casi su edad que, cuando eran más pequeños, mantenía en su casa. Shen Li- sin embargo, la joven Daidouji compuso un gesto de desagrado ante la mención de ese nombre, pues Shen Li nunca le encantó. Y se lo había dicho a Sakura, pero ésta insistía en tratarlo con solidaridad ya que se notaba que era una persona muy solitaria. "¡Y claro que lo era!" pensó para sus adentros. El sujeto era odioso cuando le entraba en gana y solía criticar mucho a las demás personas. Nadie nunca se detenía a escucharlo por eso a excepción de, tal vez, los gemelos Li, que eran familia. Y de Sakura, a la que trataba particularmente mejor por eso.
Ahí radicaba una de las diferencias más importantes entre ambas: Tomoyo podría parecer de entrada más simpática porque tenía la foránea tendencia a sonreír por todo a los demás, pero también era de gestos más fríos. Sakura era empática en la medida que lograba ponerse en los zapatos del otro y entenderlo, sentirlo, comprenderlo, acompañarlo, aun si muchas veces parecía una persona más seria y contemplativa por ello. Mientras Sakura podía escuchar a una persona y su dolor, Tomoyo no necesariamente gastaría tiempo en ello. Tal vez sólo si se trataba de Sakura, pero… nada más. Porque Tomoyo sentía que obraba siempre a partir de su hacer, de sus talentos en el medio del diseño, de admirar a Sakura y hablar de ella. Pero a nivel personal, no esperaba nunca atraer a nadie. Y por ello tal vez, sólo tal vez, cuando Sakura contó como Syaoran y ella habían intimado, se sintió un poco lejana y ajena a todo. Incluso si le alegraba al ver los ojos verdes de ella brillar e iluminarse por lo maravilloso y espontáneo que resultó para la joven castaña. Tomoyo sólo podía ver aquello como un espectro distante en el que lograba detallar a su mejor amiga contando todo con mucha emoción… pero ella misma no sentir nada.
Salvo una pequeña punzada en la garganta al pensar en eso pues, de alguna manera, aunque Sakura fuera una de las personas que ella más quisiera y admirara en el mundo, en algunas ocasiones su admiración no podía evitar franquear un poco la barrera de la envidia. Ya que precisamente admiraba en Sakura todas las cosas que ella misma no podía tener, de las que carecía. Como su alto grado de empatía, por ejemplo, y el cómo la gente la buscaba y quería por eso. Cómo el hecho de que la joven Kinomoto quisiera intensamente y amara del mismo modo. Como su inteligencia, creatividad y, a veces, su espontaneidad. Y aunque Tomoyo fuera de las que hubo salido en el pasado con un par de personas más que Sakura (pues esta antes sólo estuvo acaparada por Hien), podía llegar a sentirse profundamente incomprendida e infeliz. Porque incluso con esas personas, Tomoyo no sintió amarlas de verdad… ni siquiera quererlas de verdad. De alguna manera, en su plena consciencia de lo que representaba el valor de su Hacer, apreciaba a las personas en la medida que éstas la apreciaran desde eso, su Hacer. Pero no más. Nunca tuvo líos de desamor o amor, ni siquiera real dolor por el final de esas relaciones. Unas relaciones basadas en el posible interés de una admiración propia, desde el aspecto más egoísta posible, en lugar de una admiración mutua. En ese aspecto Tomoyo también envidiaba un poco a Sakura, ya que ésta podía realmente darse el lujo de demostrar sus sentimientos y lealtad del caso, sin importar cuántas veces saliera herida o recompensada en el proceso. Porque ella era de esas pocas personas que vivía enamorada del amor. Si, de su noción. Un espíritu romántico por naturaleza que creía aún en las cartas escritas a puño y letra, en la simbología de las pulseras de mejores amigos, en la magia de los atardeceres y el valor de ofrecer un libro como regalo. Tomoyo, sin embargo, se solía sentir ajena a ese tipo de cosas, desconectada.
Sakura era su propia gran excepción, así como Syaoran era la de Hien. Su mayor vínculo de un lazo real con alguien, desinteresado, honesto. De absoluta entrega y recibimiento. Por eso le dolía verla despreciarse a sí misma, y le encantaba verla feliz. Por eso adoraba confeccionarle ropa, dibujarla, tomarle fotos y filmarla a su vez. Porque si ella era una artista, Sakura era el arte puro. Y escucharla hablar de forma tan linda sobre lo especial que la hizo sentir Syaoran… bueno, la hizo suspirar, y aceptarlo con una sonrisa queda. Porque era la primera vez que la escuchaba así de feliz al hablar de un hombre, y Sakura lo merecía. De verdad lo pensaba.
…
Se preguntó si ella misma podría llegar a sentirse así con alguien en su vida, y de repente pensó en Eriol. Eriol Hiraguizawa. Con su elegancia y mirada intelectual tras las gafas de marco redondeado. Con su sonrisa enigmática. Se preguntó si sus besos sabrían a té, ya que era eso lo que primordialmente bebía, pero se forzó a sacudir de inmediato ese pensamiento en concreto. Porque aquello era ridículo. Porque lo de Eriol y ella estaba destinado a no ser jamás. Sin embargo, en medio de su historial de "no sentir", Tomoyo debía admitir que Eriol la hacía sentir diferente. Con él sentía congeniar de una manera un poco más onírica, y casi le asustaba un poco. Se habían distanciado con el pretexto del enojo que tuvieron tras enterarse que la evitaba, pero la verdad era que ahora ella también lo estaba evitando a él: Porque le sorprendió descubrir cuánto le dolió ese gesto de su parte. Cuánto le significó. Pero Eriol tenía a Naoko, y si era un hombre fiel, se quedaría con ella. Porque del mismo modo, si él intentara coquetearle precisamente teniendo novia, Tomoyo no dudaría dos veces en bajarlo de ese pedestal en el que lo tenía y cantarle sus verdades molestas en la cara. No, ella no saldría nunca con un hombre que la buscara siéndole infiel a alguien más por lo que suspiró considerando que aquello era su polo a tierra para dejar de pensar o sentir idioteces. Y recordarse que, si bien Eriol tenía interés en ella, seguramente era por su voz, o sus diseños. En resumen, todo lo que hacía.
- ¿Tomoyo? – la voz de Sakura la trajo de nuevo a la realidad, y la joven Daidouji parpadeó, sacudiendo la cabeza para volver en sí. Pero lo disimuló bastante bien al sonreír, sin cambiar mucho de expresión. Rika lo pasó por alto, pero Sakura, que la conocía más, la miró detenidamente.
- ¿Si, dime? Mi bella Sakura.
Sakura vaciló un poco en lo que seguía mirando a su mejor amiga. La tenía tan interiorizada que era difícil sencillamente no notar cambios en ella y se preguntó si se sentiría abatida con algo. Pero consideró que tal vez sería un poco imprudente preguntarlo ahí en frente de Rika pues, aunque Sakura ya le tuviera mucha confianza a la joven Sasaki también, no implicaba que para Tomoyo fuera igual. Suspiró y, con una expresión de pesar, murmuró: - No, nada… se me olvidó.
Tomoyo detectó la mirada de preocupación de Sakura puesta sobre ella, y concibió que muy probablemente ella había entendido que estaba pensando en varias cosas no necesariamente agradables. Y muy en el fondo de sí misma, conmovida por ello, pensó que, si por siempre iba a ser una persona dedicada únicamente a ser vista por su Hacer, entonces no le importaría ofrecer este Hacer a Sakura Kinomoto. Sin embargo, todo se habría imaginado Tomoyo menos que la joven castaña, en ese segundo, se preguntara qué la estaba contrariando y, siendo la diseñadora una persona tan única y especial como lo era para Sakura, ¿Por qué se sentiría así? La observaba detenidamente con sus ojos verdes, y sólo pensó para sus adentros que Tomoyo era realmente una muchacha muy bonita: con su piel blanca cual muñeca de porcelana, tersa, cabello abundante y oscuro, largo y ondulado en las puntas. Era menuda, con apariencia de ser muy delicada, cuál movimientos de brazos de una bailarina dibujada en una tarjeta postal. Que además era tan entregada a su amistad, que Sakura sólo podía verla como un tesoro en su corazón. Brazos llenos de seguridad para rodearla, de ternura, de afecto.
-Entonces… ¿Amigos con derecho? – repitió Rika con una expresión curiosa, pues además de todo parecía ser la única que realmente si seguía concentrada en el núcleo de la conversación. Ya se estaban terminando las bebidas, aunque el local no tenía menos personas debido a que era fin de semana. Sakura se encogió de hombros ligeramente, pero luego se acercó el vaso a la boca y bebió un par de sorbos que le refrescó la garganta ante ese calor tan fuerte que se estaba imponiendo sobre ellos por esa época. Su cuerpo lo agradeció.
-La verdad, no concretamos con esas palabras puntuales, pero… creo que, considerando lo que está sucediendo, supongo que sí. Ahora estaríamos en esa tónica- clavó la mirada en los hielos de su vaso, que flotaban indefinidamente en la superficie del jugo que bebía- Me pone algo nerviosa porque… siendo franca, nunca he estado involucrada en algo semejante. Y… - rio ligeramente- No puedo negar que, en cierta medida, se siente también emocionante, pero… - volvió a parecer mortificada- Me da… miedo arruinarlo. Arruinar mi relación con Syaoran…
Tomoyo suspiró, pacientemente- Sakura…
-Porque de momento nos llevamos muy bien, y ambos salimos de relaciones algo tormentosas … No nos estaremos apresurando, ¿verdad? ¿Y si realmente no le gusto tanto? ¿Y si se da cuenta de mis defectos y se desencanta de mí?
-Sakura…
- ¿Cómo vamos a actuar la próxima vez que nos veamos? ¿Qué debo decirle? ¿Cómo lo saludaré? ¿De qué vamos a hablar siquiera? ¡No sé qué pensar!
- ¡Sakura! – no dándole tiempo de farfullar más, Tomoyo se incorporó lo suficiente para tomarla de las manos y silenciarla. Sakura quedó perpleja ante eso, pero Tomoyo seguidamente le sonrió en un gesto paciente y tranquilizador. Cálido- No tienes que pensar nada, sólo disfrútalo. Vívelo -le dijo en un murmullo la joven Daidouji. Y Sakura, por un momento, se preguntó como hacía para tomarse con tanta calma ese tipo de comentarios o cosas- Déjalo fluir. Ya. Sin compromiso. Diviértete y las cosas, si han de darse, se darán.
Se instaló un silencio durante unos breves segundos, pero no fue un silencio incómodo. Por el contrario, fue en medio de la tranquilidad en la que el espíritu y la mente parecen asimilar algo en conjunción: y sí. No tenía necesariamente que pensárselo mucho y, en parte, era eso lo que deseaba poder hacer. En su relación con Hien tenía que pensarse demasiadas cosas. ¿Qué pasaría si ahora sencillamente se daba el lujo de fluir y permitirse sentir abiertamente? Rika embozó una sonrisa cómplice, dándole a entender que coincidía completamente con Tomoyo y, por si no fue lo suficientemente clara, igual asintió con la cabeza.
-Exacto, mujer. Déjalo ser- agregó en lo que se iba incorporando, ya teniendo que retirarse. Después de todo, aunque ya había comido, tenía unas cuantas diligencias pendientes que hacer. Como eran cortas, les propuso a las chicas si la acompañaban y después iban por un helado, pero recordando que notó a Tomoyo indispuesta, Sakura prefirió tener unos instantes para hablar con ella.
- No, Rika. Para la próxima. En este momento estoy algo cansada, ya sabes… dormí poco la noche anterior- no era del todo mentira, pero lo cierto era que tampoco tenía sueño en ese segundo. Sólo lo dijo porque fue lo primero que se le ocurrió- Tomoyo, ¿Vienes conmigo? Allá tengo el vestido que me confeccionaste. Quería que le arreglaras una cosa.
-Claro, mi querida Sakura. Todo con tal de verte feliz.
Rika comprendió y luego sonrió, despidiéndose de ambas. Sakura y Tomoyo se fueron por su lado y, cómo ese día Tomoyo le había dicho al chofer de su madre que no hacía falta que la condujera, se fueron a pie tranquilamente hasta el edificio, lo cual les tomaría aproximadamente entre quince y veinte minutos.
Ese día el sol brillaba con intensidad, y la sensación parecía quemar en el cabello de ambas, que sentían la cabeza especialmente caliente a causa de ello. Al haber vivido tanto tiempo en una zona costera, la piel de Sakura estaba más habituada al sol, razón por la cual solía adoptar un agradable tono dorado a la hora de broncearse. A diferencia de Tomoyo que, al ser tan pálida, debía cuidarse mucho o corría el riesgo de insolarse con facilidad. Por ello hicieron el esfuerzo de ir por las zonas sombreadas, aunque la humedad del calor no cesaba incluso de esa manera. Sin lugar a duda, aunque el verano era una buena época para ponerse vestidos y pantalones cortos, Sakura no apreciaba para nada el exceso de calor.
-Bueno, ¿Me dirás? – inquirió de repente la joven literata con calma, mirando al frente. Aunque escuchando pacientemente lo que su mejor amiga tenía por decir. Tomoyo, sin embargo, ni siquiera sabía que tenía algo por decir, razón que la llevó a mirar a su amiga con extrañeza.
- ¿Qué cosa?
- ¿Qué te pasa? – y ahí giró el rostro lo suficiente para posar los ojos verdes en ella. Tan grandes, fijos y calmos. Pero así mismo, muy escrutadores. Tomoyo sintió el cuerpo pesado de repente, aunque no se le hizo raro que, después de todo, Sakura si se hubiera percatado de su cambio anímico. Ella podía ser despistada con algunas cosas, pero especialmente perspicaz con ese tipo de detalles. Se conocían demasiado bien a esas alturas y negarlo sería ya imposible. Por lo que suspiró, menguando su sonrisa sólo un momento antes de decir en un murmullo quedo:
-No es nada. Son idioteces mías que llevo un rato pensando.
-No te trates así, Tomoyo… ¿Qué pasó? Dime.
-No quiero molestarte…
-Me molestaré si no me cuentas qué te sucede.
Y Tomoyo hubiera querido no decirlo. Porque, de hecho, quería tanto a Sakura que le generaba cierta vergüenza transmitirle ese tipo de pensamientos, pero, por otro lado, precisamente la quería tanto que le resultaba casi imposible negarle algo de esa manera. Menos cuando ella misma se lo estaba pidiendo de forma tan abierta, con el espíritu y los brazos dispuestos a recibirla. Sakura había pensado en algún punto que los brazos de Tomoyo eran sinónimo de seguridad, calidez. Pero nunca habría imaginado que la misma Tomoyo veía en Sakura el cobijo de unas alas que podría llamar su hogar. Eran mejores amigas. Hermanas. Y se tenían la una a la otra, sin lugar a duda.
Rendida, Tomoyo suspiró, bajando la cabeza- Es una idiotez, Sakura… - insistió, con un hilo de voz- Pensaba en Eriol.
- ¿Eriol?
-Sí. Eriol.
-Ya veo…- Sakura compuso una mueca, entendiendo de sobra en qué dirección iba el resto de la frase- No es por nada, pero… me cansé un poco de decirle a ambos que hablen entre ustedes, y no dejen las cosas así. Es realmente una pena la manera tan distante como se han estado tratando ahora último.
-No… creo que es mejor así…- murmuró a su vez la joven diseñadora, y ante el calor insistente empezó a sujetarse el cabello en una coleta alta para despejar su nuca. Sakura envidió un poco ese gesto, ya que a ella el cabello le estaba llegando en ese momento justo en la nuca, pero al ser tan corto no podía darse aun el lujo de simplemente sujetarlo y ya- Aunque Eriol es un hombre a primera vista fascinante, él ya está saliendo con Naoko. Y no estoy interesada en ser el mar tercio de una relación, Sakura.
-No, tienes razón. En eso estoy de acuerdo contigo, y está muy bien- concedió la castaña, mirándola pacientemente- Pero… no creo que sea sólo eso lo que te tenga así.
Tomoyo soltó un suspiro, y sonrió de medio lado con cierta desgana.
-De verdad eres muy suspicaz cuando quieres. Tienes razón, no es sólo eso…- guardó silencio unos pequeños instantes y, al final, bajando la cabeza, soltó un suspiro que la hizo lucir más agotada. Y a Sakura le asombró como, tan sólo con ese gesto, de repente Tomoyo pareció más pálida, apagada, e incluso ojerosa- Tú… eres una mujer maravillosa, Sakura.
Sakura pareció asustarse un poco con ese comentario- ¿Y eso te molesta?
-No, para nada- repuso Tomoyo con honestidad, aunque aún sin mirarla- El que seas así de maravillosa solo hace que te quiera más y me sienta supremamente afortunada de tenerte conmigo. Pero a veces siento que yo misma no soy suficiente para eso. A veces me gustaría sentir que soy así de maravillosa, cómo tú.
Sakura no dio crédito a lo que oía, y tuvo que mirar a Tomoyo detenidamente para cerciorarse de que sí había escuchado correctamente todo lo que dijo. Y así fue, de hecho, palabra por palabra. Pero ¿Qué? Sakura era del tipo de persona que no necesariamente se sentía bien consigo misma, y ahí estaba Tomoyo diciéndole que no se sentía bien consigo misma a su vez por querer ser como ella, Sakura. Definitivamente era una verdad universal que cada uno tenía sus propias luchas internas que librar y sanar. Y en ese segundo, Sakura entendió lo que eso representaba.
-Creo que… me estás idealizando mucho…- murmuró la joven Kinomoto de hito en hito- No soy nada maravillosa. Puedo a veces no controlar mis nervios, ser torpe, despistada. A veces pienso demasiado las cosas y otras sencillamente pensarlas y no decirlas.
-Tienes defectos, Sakura, cómo todos nosotros. Y ¿Adivina qué? Eso está bien, porque significa que, al igual que todos, eres humana y no tienes que ser perfecta- y por primera vez a lo largo de esa conversación, Tomoyo alzó la cabeza para devolverle la mirada- A mí también me cuesta trabajo expresarme a veces, o congeniar más allá de cierto tipo de formalidades. Soy olvidadiza, por eso cargo libretas para todo, y también tengo serios problemas de perfeccionismo y ansiedad. Pero ninguna de esas cosas realmente importa, mi querida amiga, porque por cada defecto que tu cuentas, hay tres virtudes que en ti sobresalen. Eres una buena hija, una hermosa hermana, un tesoro de amiga. Tienes un corazón dulce y un espíritu atento, despierto, creativo y altruista. Sakura, no sólo tus palabras enamoran, sino que también tu esencia lo hace. Y a veces desearía que pudieras verte desde mis ojos para que pudieras apreciar al maravilloso ser humano que veo día a día en ti. Un ser humano que sé bien que más personas, además de mí, admiran. Y te admiran porque eres increíblemente talentosa pero también porque tu alma, espíritu, mente, bondad resaltan por sí solos- en la medida que fue completando esas últimas frases, su voz se quebró. Y Sakura se detuvo un momento, tensando la boca, mirándola con preocupación. Tomoyo se detuvo a su vez, pero evitaba mirarla. Apretaba la mandíbula y tenía los puños crispados, dejando por fin salir su gran sensación de frustración interna. Sakura siempre fue más llorona que Tomoyo, por lo que fue una sorpresa el notar esos ojos violáceos tornarse más rojizos mientras se iban humedeciendo. Sakura contuvo el aliento un momento, conmovida por el dolor de su mejor amiga y también leyendo entre línea qué era lo que le molestaba a ella en sí.
-Tú… no crees que Eriol vaya a fijarse con honestidad en ti. Crees que no cumplirías con sus expectativas.
- ¡No cumplo ni siquiera con las mías, Sakura! - terminó soltando de repente, ya sin contenerlo- Mi vida es un constante "esfuérzate más en tu trabajo" porque sé que, de otro modo, no tengo nada más que enseñar de mí misma. Por eso quiero darte tanto de lo que hago, prepararte las mejores cosas. Porque me aterra que llegue el día en el que descubras que no tengo más para ofrecerte- una silenciosa lágrima empezó a descender por su mejilla. Y Sakura la observaba fijamente, en silencio- Tú siempre haz estado ahí para mí… Pero cuando ocurrió lo de Hien, ¡Ni siquiera pude ser de gran apoyo!
-Tomoyo, no seas tan dura contigo. Tenías tus propios asuntos que atender, diseños, desfiles. Eso lo entiendo…
-Sí, sé que lo entiendes… ¡Pero no estabas en tu obligación de hacerlo! Tú eres mi mejor amiga y tu bienestar importa más que mil desfiles llenos de rostros falsos y sonrisas vacías… ¡Realmente debí estar más ahí para ti! – la voz de la diseñadora empezó a mostrarse más agitada en lo que el llanto iba aumentando. Y Sakura tan sólo la escuchaba paciente, en silencio. Con los ojos humedecidos con las palabras de ella porque, si, la empatía de la joven Kinomoto era tan sólo otra de esas tantas virtudes de las cuales Tomoyo sentía carecer- Y me estoy sintiendo terrible porque, aunque sé que mereces encontrar la felicidad con alguien más y es sencillamente precioso que Li parezca corresponderte en tu misma manera de querer, no puedo evitar sentir celos de pensar que me gustaría yo sentir eso en algún momento, y ser consciente que nunca llegará. Que en la medida que el tiempo siga pasando, seguramente yo seguiré mostrando mis dibujos, fotos y diseños mientras tú eres admirada por simplemente existir. Por escribir un libro, o tal vez muchos. Y porque sé que con Eriol esa no será la excepción.
Tras haber proferido todo eso, Tomoyo guardó silencio en lo que nivelaba los hipidos, limpiándose bruscamente las lágrimas. Lastimándose un poco su blanca piel en el proceso. Sakura la miraba en silencio, paciente y comprensiva, aunque su nivel de empatía llevado al extremo de haber llorado con tan sólo escuchar su desgarradora voz, conmovida. Tomó aire y, sin más, sujetó las manos de Tomoyo, consiguiendo que ésta la mirara. Y Sakura sonrió con absoluta calma y seguridad.
-Tomoyo… eres la amiga más leal que he llegado a tener en mi vida- le empezó a decir de forma tierna, mientras le sonreía con infinito amor y calidez. La nariz de Sakura solía enrojecer cuando amenazaba con llorar. Tomoyo guardó silencio, consciente de las lágrimas que descendían progresivamente de su propio rostro, pero admirando perpleja el de Sakura que parecía que iba a seguir hablando. Y así fue- Eres preciosa. De verdad que sí. Lindísima, tierna, amable. Estás conmigo para reír de las cosas que te cuento, y para abrazarme cuando estoy llorando…- ella misma se acercó al decir eso y, sin darle tiempo a Tomoyo de replicar, la abrazó a su vez. Un abrazo estrecho, protector- Siempre te esfuerzas en darme regalos hermosos, en celebrar mis cumpleaños. En llamarme y escribirme. No sólo eres talentosa con la música, el dibujo y el diseño, sino que también eres de las que puede llegar a dar cosas muy lindas de sí a quienes deseas compartirlo. No te desmerites, Tomoyo, no en frente de mí. Porque a mis ojos, eres una persona increíble. Y en mi vida pueden estar Hien, Syaoran, incluso Shen Li que, al final del día, la que más sabe de mi eres tú. Y saber, del mismo modo, que soy yo quien te conoce más, es un motivo de alegría. Que sé más de ti. Porque al final del día, amiga, los hombres pueden ir y venir… pero tú y yo siempre estaremos la una para la otra, ¿Verdad?
Y Sakura apretó el abrazo, mientras sonreía y lloraba a su vez. Tomoyo misma tenía los ojos amatista abiertos de par en par, hasta que su labio inferior tembló y abrazó a Sakura también con fuerza, escondiendo el rostro en su hombro, asintiendo con la cabeza mientras seguía sollozando silenciosamente.
-Sí… esa es la mayor certeza de mi vida, Sakura. Siempre estaré ahí para ti. Eres mi hermana.
Y Sakura sonrió, enternecida, besando su cabeza dulcemente- Sí. Así es.
Pasaron así unos momentos, hasta que la respiración de Tomoyo se fue acompasando. Y cuando lo hizo, Sakura la soltó para verle el rostro y esta, aunque ahora tenía los ojos ligeramente hinchados, parecía más despejada. Ambas se limpiaron el rostro, y retomaron la marcha, ya con una sonrisa más foránea y tranquila.
-Gracias…- murmuró la joven Daidouji de repente, acomodando un mechón rebelde de su cabello oscuro tras la oreja. Sakura movió los hombros en una risita silenciosa, tras resoplar por la nariz.
-No te preocupes. Tú misma has tenido que lidiar con mis propios llantos- le dijo a son de broma, a lo que Tomoyo se aventuró a reír a su vez.
-Bueno… eso también es verdad.
- ¿Lo ves?
-Aunque bueno, ahora tienes muchos motivos para sonreír- llevando una mano a su mentón, compuso una sonrisa divertida y maliciosa- La verdad, se veía venir lo tuyo con Li. Eran demasiado obvios ustedes dos. Pero ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien con eso? Soy consciente que Syaoran Li es una persona excelente, pero no deja de ser el hermano gemelo de Hien.
-Hien es Hien, Tomoyo. Y Syaoran es Syaoran- fue la respuesta de Sakura ante ese comentario. Aunque de forma calma, lo dijo, mirando al frente- Sé que, de alguna manera, al principio es difícil de creer porque ambos son idénticos en todo aspecto, salvo en los ojos. Pero mentalmente, ambos son muy distintos. Y…- suspiró- Siento un poco de remordimiento porque, aunque he tenido que reconstruir la imagen de Hien a lo largo de estos meses, no deja de ser una persona que, más que mi novio por tanto tiempo, también fue mi amigo. Y lo quería. Lo quiero. Pero… desde que he descubierto lo de las cartas y me he fascinado con Syaoran… no he dejado de preguntarme qué habría sucedido si lo hubiera conocido a él antes.
-Seguramente se habrían gustado, Sakura, así como tal vez es posible que nada hubiera pasado. No hay forma de saberlo, y replanteárselo no cambiará eso.
-Si, lo sé… es sólo que no deja de ser una idea que me circula en la cabeza.
-Claro, entiendo- concibió Tomoyo, para luego suspirar- Admito que también lo he pensado un poco. Y es que, bueno… No es común eso de terminar involucrada amorosamente entre dos gemelos. Esas cosas son extrañas y especiales, y por lo general ese tipo de cosas extrañas y especiales te suceden a ti. Por eso a veces insisto en decir que te gustan tanto los libros porque, en sí, tú misma pareces la protagonista mágica y poderosa de uno de estos.
-Ay, Tomoyo, ¡Basta!
- ¡Pero si es la verdad!
-Si es así, ¿Dónde quedas tú?
-Bueno, todo protagonista necesita una mano derecha.
-Tomoyo…
-No soy las más diestra a ese tipo de aventuras extrañas, Sakura. La verdad con hacerle la ropa a la heroína y filmarla soy feliz- Tomoyo compuso una sonrisa que pareció genuinamente radiante- ¡Además que serías una heroína preciosa! Y no sólo eso, sino que tienes también a tu propio príncipe ahora. Un príncipe de letras y luna, cómo te gustan a ti, ¿no? – Sakura se ruborizó.
- ¿De dónde sacas que a mí me gustan así?... Ah, olvídalo- se apresuró a decir resignadamente al considerar que no podía negar del todo eso. Syaoran, un lobo y príncipe de letras y luna. No sonaba mal. Pero dándose cuenta de que faltaban pocas cuadras para llegar, Sakura se apresuró a retomar el otro tema que, precisamente, fue la que las llevó a hablar de eso en primer lugar.
-Bueno, y… ¿Qué harás con Eriol?
-Nada.
- ¿Nada?
-Si, nada. – Tomoyo miró a Sakura por el rabillo del ojo, pacientemente- No esperarás que lo busque con una novia encima, ¿No? Además, él mismo me ha estado evitando.
-No lo decía por Naoko…- musitó por lo bajo la joven Kinomoto, encogiéndose ligeramente de hombros- Lo decía por ti. Ustedes dos son mis mejores amigos, no pueden ignorarse por el resto de su vida y lo sabes.
-Puedes ver cómo lo intento.
- ¡Tomoyo! -Sakura no apreció del todo ese comentario, y se lo hizo saber a través de una mirada de reproche- Ustedes dos son mis mejores amigos- repitió nuevamente- A él también lo quiero mucho y, si es posible, quiero que también me siga acompañando en los momentos importantes de mi vida. Si no quieres hacerlo por ti, al menos hazlo por mi y por todas las veces que, como mis dos mejores amigos, tendremos que coincidir en el mismo espacio que él.
Tomoyo rodó los ojos un momento, para luego suspirar con resignación. En cierta medida, aunque no le gustara, sabía que Sakura tenía razón. Además de verdad, a ese paso, no podría sencillamente evitarlo así nada más.
-Vale, está bien… hablaré con él- aceptó, para luego suspirar, ya llegando al edificio y entrando a éste por la puerta principal- ¿Aunque sabes? Siempre he dicho que mi chico perfecto eres tú, Sakura.
La aludida soltó una pequeña carcajada divertida en lo que iban ingresando a la recepción, dónde se encontraba la señora Sakaichi completando un crucigrama. Sakura la saludó y ésta le devolvió la sonrisa en lo que depositaba el lapicero que llevaba en la mano y tomaba el teléfono que tenía al lado.
-Sí, eso no te lo pongo en duda- bromeó Sakura a su vez mientras caminaban, dirigiéndose hacia las escaleras con ella. Tomoyo rio.
-Claro, eres a quién más quiero y admiro. Quién mejor me conoce, y con quién más me divierto, además ¿Qué otra cosa podría pedir? Si de aquí a los cuarenta ni tú ni yo hemos conseguido a nadie, podríamos ver si nos casamos entre nosotras.
Y ante aquel comentario, la misma Sakura soltó una enorme carcajada y Tomoyo rio a su vez también. Se sentía agradable y bueno ese ambiente de confianza entre mejores amigas- Habrá que ver, no suena mal- repuso la castaña. Pasaron por el lado del salón de eventos, donde se hizo la comitiva de primavera y ya iban a subir.
-Aunque bueno, creo que por tu lado no tendrás tanto problema. Ya encontraste a tu propio príncipe, Sakura- comentó Tomoyo, siguiendo con la conversación sin contar que, en ese segundo, alguien más acababa de escucharlas.
- ¿Qué príncipe?
Y Sakura reconoció de inmediato la voz. No hacía falta que mirara, pero aún así se quedó perpleja en su sitio, y dudó dos veces, antes de virar el rostro.
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Syaoran se sentía inquieto ese día. Aunque no un inquieto negativo, sino un inquieto sonriente, activo. Luego de que Sakura se fuera, así hubiera quedado un poco disgustado por la interrupción del beso, no podía dejar de pensar en ella y componer una sonrisa tonta en el proceso. Lleno de ternura, de los recuerdos de sus besos y de su aroma. De hecho, sumergió el rostro en la funda de la almohada que ella usó solo para sentir su perfume. Se sentía en las nubes, con un nudo en el estómago que le quitaba el apetito, pero era un nudo agradable. Las famosas y romantizadas "mariposas en el estómago". Aunque la verdad, en algunas circunstancias, él las sentía como palomas. Pero se sentía feliz, radiante, completo. Soltó un suspiro y echó la cabeza hacia atrás sin evitar sentirse un poco conflictuado entre el recuerdo de la sonrisa de Sakura y del rostro de su hermano Hien. Después de todo sentado ahí, frente a su escritorio, con el laptop encendido fue que muchos meses atrás llegó a la resolución de que se iba a acercar a ella para hacerla feliz por sentirse en deuda con su hermano.
Qué estúpido había sido. Naïve.
En primer lugar, por haber sido un patán desde el primer día, queriendo desquitar con ella su mal humor y despecho con Meiling. No había dejado de preguntarse, ¿En qué habría cambiado la situación si hubiera sido amable desde el principio?
Del tipo "Ah, ¿La novia de Hien? Mucho gusto, soy Syaoran". Tal vez habría estado más acompañado tras haberse enterado de la noticia de Hien, pues Sakura se habría quedado con él, así no lo conociera. Porque ambos compartían ese profundo dolor. Ella era así de solidaria, y él ahora lo entendía. De alguna manera, el que Sakura quisiera tanto a su hermano, le generaba una serie de sentimientos encontrados. Porque en parte, se sentía culpable y, en parte, "responsable" de estarle "arrebatando" eso a él. Pero también era una gran verdad que él mismo, Syaoran, había querido tanto a su hermano que sólo lo podía hacer feliz. Que alguien entendiera lo que implicaba ese profundo afecto hacia él.
Syaoran suspiró, apoyando la mejilla en la palma de la mano, mientras leía sin leer realmente lo último que había avanzado de "Fiore" ese día, luego de que Sakura se fuera. Se había extendido demasiado, tal vez producto de la renovada inspiración que sentía ahora. Sin embargo, había algo en el texto que le seguía resultando vacío y, aunque le corrigiera una que otra palabra una y otra vez, seguía sin gustarle del todo. Había evaluado nuevamente las psicologías de los personajes, pero todo parecía ir bien, incluso en cuánto a orden. Entonces, ¿Qué era?
…
De alguna forma, cuando leía, sentía que leía al viejo Syaoran ahí. Y eso no le gustaba. En ese segundo que estaba pasando por tantos cambios tan trascendentales e importantes en su vida personal y profesional, lo último que quería era volver a ver su viejo yo en su trabajo actual. Leer aquello se sintió como leer más de lo mismo y, en cierta medida, eso lo desanimó un poco. Se preguntó entonces qué tan real había sido su cambio. O qué tan real era su historia. Soltó un suspiro quedo, incorporándose, sólo dejando ese laptop abierto en lo que buscaba refrescarse. Quería ver a Sakura, lo anhelaba profundamente. Y sabía que en ese momento de seguro ella se encontraba hablando con sus amigas, como habituaban a hacer las mujeres. Él seguramente le contaría a Eriol por los lados cuando… lo viera. Si es que lo veía. Así de diferente era la comunicación entre los hombres. Sin embargo, soltó un suspiro en la medida que no sabía si en ese momento le convendría bien un buen consejo de parte de su amigo el inglés. Ellos, por otra parte, si se ponía a evaluarlo, no eran del tipo de amigos que realmente se dieran consejos. Bueno, sí, eventualmente Eriol le había dado un par con relación a Sakura, pero era sobre todo en la medida que era su mejor amiga. Sin embargo, cuando ocurrió lo de Hien más bien Syaoran se enteró tarde. Y Eriol, con el tema de Tomoyo y Takeru Tanaka, más bien le hablaba poco. En otras palabras, la relación de ellos dos era de silencios cómodos y momentos agradables. Era de compañía honesta, más que palabras empalagosas. Aunque ambos sabían que no siempre sería necesario un intercambio de palabras entre ellos, también sabían que pasara lo que pasara, si el uno se sentía solo, el otro estaría ahí al pie sin chistar.
Syaoran se dirigió al refrigerador, buscando algo refrescante para beber con ese excesivo calor de verano, pero sin querer nada de alcohol. No tenía mayor cosas tampoco, debía mercar. Así que al final optó por un vaso de agua helada que pudiera refrescarle la garganta. El citófono sonó y el castaño dio un respingo, asustándose de golpe, para luego apresurarse a contestar.
-Aló, ¿Señora Sakaichi?
"Ya va subiendo la señorita Kinomoto, joven Li" le avisó ella al otro lado de la línea. Syaoran bajó la cabeza, suspirando. Sintiéndose entre contento y patético de haberle pedido a la señora Sakaichi que le avisara cuando ella llegara porque, bueno, quería verla. Quería hablar con ella y temía dejar demasiado tiempo, al menos ese primer día, y que luego ella recapacitara recordando que era el hermano de Hien Li y lo odiara en el proceso.
-Vale, muchas gracias. Le deseo una feliz tarde.
"A usted también le deseo lo mismo, joven" y la señora Sakaichi rio, antes de colgar ¿Fue su impresión o aquello había sonado terriblemente sugerente de parte de ella? Syaoran se ruborizó, avergonzado, mientras sacudía la cabeza. Calculó más o menos cuánto tiempo se demoraría Sakura subiendo los tres pisos y se apresuró a ir rápidamente al baño, mirarse al espejo, intentar acomodarse el cabello para que se viera mínimamente presentable y luego dirigirse a la puerta. Escuchó unos pasos por el pasillo acercándose y sonrió, pensando que lo mejor sería aparentar un aire casual, como quien va a salir también en ese preciso momento y, de pura coincidencia, se la encontró. Tomó aire, abrió la puerta y en cuánto dio el primer paso hacia afuera y levantó la cabeza, sintió que se le heló la sangre por completo.
No recordó realmente en qué momento había sentido con tanta intensidad una presión tan fuerte que le hubiera cortado de golpe el aire mientras palidecía con gran notoriedad, salvo la vez que Eriol le habló de la muerte de Hien y él se sintió desorientado por varios segundos, como escuchando algo irreal. Aún ahora se seguía sintiendo un poco irreal. Pero Ieran Li, que estaba de pie justo en ese pasillo, estaba ahí y sí que se veía muy real. Con su elegancia palpable y lánguido andar. Ropa de corte tradicional y larga, estampada con diversos motivos florales y el cabello oscuro recogido en una cola alta. La piel de ella pálida y, tras escuchar el sonido de la puerta del 309 abrirse, ahora tenía los ojos negros posados en él. Cuando era niño, Syaoran se preguntaba constantemente cómo era posible que Hien, habiendo heredado los ojos de su madre, tuviera una mirada tan diferente a la de ella. Pues Hien era una persona simpática, agradable, de constantes expresiones alegres y chistes malos. Ieran, por su parte, tenía la imperiosidad de un monumento histórico y la mirada penetrante de un halcón de guerra. Tras ella se escucharon más pasos y se vio a Sakura con una sonrisa incómoda y tensa dibujada en su rostro, también algo pálido, mientras Shen Li, su propio primo, la abrazaba por el hombro, riendo afablemente como si acabara de contarle algo gracioso. Shen, a diferencia de Hien, era de pocos amigos, pero muy simpático con esos pocos que le agradaban. Y por lo que podía ver, al parecer, Sakura era de esos pocos.
Syaoran sintió la garganta arderle, pues el ver a Sakura de esa manera con Shen le hizo más consciente que nunca de cómo ella conocía de ante mano a la mitad de su familia, como novia de Hien. Pero él era el único en ignorarlo todo. De repente todo rastro de culpa hacia Hien se esfumó, empezando a ser reemplazado por una profunda e intrínseca sensación de ira. Atrás de todos ellos, concluyendo con la caravana, se encontraba Daidouji con el rostro serio y los labios fruncidos en una fina línea, mirando mal a Shen. Aquello sorprendió un poco a Syaoran ya que, en el tiempo que llevaba conociéndola, Tomoyo no era del tipo de personas que públicamente mirara mal a alguien. Pero si aquél era el caso, era claro y poco disimulado que Shen estaba lejos de estar en sus afectos. Sin embargo, aquella era la menor de sus preocupaciones. Sus ojos ámbares estaban posados en Ieran, que le seguía sosteniendo la mirada con una expresión indescifrable que alcanzaba a romper un poco su habitual estado de estoicidad. La mujer tomó aire, y se aventuró a hablar.
-Syaoran…- Ieran sintió la boca seca un momento. Y aunque lo disimulara bastante bien en apariencia, su corazón latió frenético en el instante que la puerta se abrió y pudo reconocerlo. Ahí, su hijo mayor. Tan parecido a su propio esposo, al igual que Hien. Tal vez Syaoran era incluso el más parecido de los dos, porque había sacado también los ojos firmes y dorados de su padre. Llevaba muchísimo tiempo sin verlo y, al hacerlo, algo en su interior sintió encogerse un momento. Después de todo, ella sabía que él estaba ahí. Que él, ahora, vivía ahí. Y necesitaba hablar con él, rogaba desde el fondo de su alma que accediera ya que, después de todo, Syaoran podía ser físicamente igual a su padre, pero había heredado la terquedad de ella. Y notó como su hijo, helado, adoptó una expresión furiosa en los ojos mientras la pupila parecía contraerse. Crispaba los puños, que estaban temblando en ese segundo.
Cuando Sakura escuchó a Ieran pronunciar el nombre de Syaoran, contuvo el aliento y, aún más pálida, miró hacia el 309. Y tal como imaginó, lo notó colérico. De hecho, jamás en su vida lo había visto con una expresión semejante, y aquello le hizo estremecer- Syaoran…- llamó ella a su vez, en un vano intento de calmarlo. Pero él sólo tenía ojos para Ieran en ese segundo. Sakura no sabía que hacer. Había llegado tranquilamente con Tomoyo para hablar con ella en el departamento, pero no esperaba para nada encontrarse a Ieran y Shen en la recepción del edificio, esperándola. La una con una mirada calma y sonrisa apacible, el otro con una risa y un fuerte abrazo (para disgusto de Tomoyo). La matriarca de los Li le hizo saber que estaban viajando a la ciudad por motivos de negocios y que su hotel quedaba cerca, pero quería aprovechar para saludarla de paso. Y Sakura se sintió terriblemente incómoda, pero no se vio capaz de decirle que no. Después de todo, en sus años con Hien, Ieran aprendió a quererla y a tratarla como a otra hija, así se hubieran distanciado un poco con la muerte de éste. Sin embargo, lo que desconcertaba a Sakura era saber que Ieran estaba al tanto de que Syaoran vivía ahí. Ella misma fue la que se lo dijo, después de todo. ¿O acaso ella, a quien realmente fue a ver, era a Syaoran? Por su expresión abatida, parecía que sí. Syaoran, sin embargo, no estaba dispuesto a ser compasivo en ese momento.
- ¿Qué hace usted aquí? – la voz le salió mucho más gutural y dura de lo que sonó en su cabeza. Casi ni siquiera se sintió la entonación de una pregunta, sino el filo de una amenaza. Shen, al escuchar tanto a su tía como a Sakura decir ese nombre, viró la cabeza y adoptó una expresión sumamente seria mientras palidecía un poco, centrando los ojos claros en su primo.
- ¿Syaoran?... – repitió él mismo en un murmullo bajo, más para sí. Y por su honesta expresión parecía ser que, en efecto, era el único que no estaba enterado para nada que Syaoran estaba viviendo ahí. Y era difícil descifrar si le resultaba una sorpresa agradable o no. Aunque bueno, Sakura no tenía porqué sospechar de ello, ni siquiera la misma Tomoyo. Después de todo, Shen era de esos pocos que podía presumir haber tenido una buena relación con ambos gemelos.
Ieran soltó un suspiro, sintiendo un nudo en la garganta. Intentó acercarse un paso, pero Syaoran retrocedió otro, queriéndola lejos. Aquello sólo pareció como un baldado de agua fría para Ieran.
-Hijo, necesito hablar contigo. – pero aquello sólo hizo que algo en Syaoran terminara de romperse. "Hijo". ¿Desde cuándo Ieran Li era tan afectuosa? Parecía una broma de mal gusto.
-Hijo…- repitió con una furia fría saliendo de sí mismo, sin contener ya el temblor. Sentía el interior ardiéndole- Ah, claro, ahora SI soy tu hijo, ¿No? De repente pareces recordar que existo, ¡Oh, que enorme alago, Ieran Li! – soltó con tan grado de hostil sarcasmo que Sakura, por un momento, solo logró ver en él al Syaoran que vio la primera vez cuando recién llegó al edificio. Ese Syaoran patán, odioso, resentido. No le gustó. Aunque sabía que, teniendo en cuenta la circunstancias, no podía culparlo del todo de reaccionar así con ella- Lo lamento, mi error, creo que debí haber mal interpretado todo cuando me echaron de la empresa sólo porque dije que no quería asumir el cargo en esta. Cuando perdieron contacto conmigo, diciendo que era una vergüenza- no se dio cuenta en qué momento empezó a subir el tono de voz, pero lo estaba haciendo. No iba a contenerse en ese segundo, no después de todo lo que había guardado. Ieran, sin embargo, recibía cada palabra con firmeza, dejándolo hablar. Su mirada parecía tocada por cada cosa que él decía, pero lo dejó.
-Syaoran, por favor…
- ¿Por favor qué, madre? ¡Oh, espera, creo que me perdí en la parte que Hien se mató en un avión y no les dio la puta gana avisar! – al decir eso, Syaoran si avanzó un paso, pero ya hablando a voz de cuello. Estaba tenso y apretaba la mandíbula ferviente, como un lobo que enseña el colmillo a una presa cuya yugular no ha perdido de vista- ¡Ni de decirme que fuera al condenado sepelio, a dedicarle unas palabras, a llorar su pérdida! ¡Porque te importa más el orgullo de una sucia compañía que el de siquiera tomarte la mínima molesta de recordar que, por encima de eso, HIEN ERA MI HERMANO! ¡Porque sin importar la diferencia, podíamos estar ahí los unos para los otros, ya que eso no va a dejar de hacernos FAMILIA! ¡De acompañarnos y darnos apoyo mutuo! ¡Pero NO! Así que mi respuesta también es esa, madre: NO. No sé cómo mierdas supo que estoy viviendo acá y no tengo absolutamente NADA que hablar con uste…
- ¡Syaoran! – soltándose de Shen, Sakura se avanzó dos pasos y se puso entre la madre y el hijo con el fin de detener el pleito. Al verla a ella, ahí de pie, Syaoran se detuvo de golpe, como si le hubieran echado una cubeta de agua a la llamarada que empezaba a brotar desde su interior. Algo que, de entre todos los presentes, sólo Shen pareció notar. Ella, sin embargo, miraba a Syaoran fijamente con sus profundos ojos verdes, encarándolo, pero queriendo calmarlo también en el proceso- Syaoran, cálmate. Es por mí que ella sabe que vives aquí, yo les dije a tus padres en un comentario pasado que ahora éramos vecinos. Y yo a ellos les di mi dirección.
Y Syaoran le dedicó a Sakura una mirada escandalizada y perpleja, sin dar crédito a sus oídos. Se sintió incluso traicionado, aunque bueno, la parte que aún seguía siendo racional en él le decía que no era del todo descabellado ya que, después de todo, Sakura si seguía teniendo una excelente relación con sus padres. Sin embargo, ante el enojo que tenía en ese segundo, esa voz parecía tan sólo un mínimo murmullo. Ofuscado, alzó la mirada hacia Ieran y, lo que vio, lo dejó helado: Pues vio a su madre ahí, de pie, con una expresión absolutamente rota en la mirada. Ella, Ieran Li, cuyo temple era conocido por todos como algo infranqueable se encontraba en frente suyo, abatida. Sin ánimos de replicarle a todos sus gritos, sino que recibía todos y cada uno de ellos. Por primera vez desde que llegó, Syaoran la observó bien y notó que ahora estaba más delgada y que, por el maquillaje, se disimulaba algunas líneas de expresión que parecieron salirle prematuramente en corto tiempo. Sintió la boca seca al verla, de repente, cansada. Y sintió que aquello era la señal de bajar el fuego de su ira a uno de desconcierto, confusión y falta de apetito. Se dio media vuelta, sin decir absolutamente nada más. Sakura no sabía qué hacer, pues estaba entre Ieran y Syaoran en todos los sentidos de la palabra, pero fue Shen Li quien intervino, avanzándose rápido hacia su primo antes de que éste cerrara la puerta.
- ¡Syaoran! -exclamó - ¡Syaoran, espera! – y, rápidamente, consiguió entrar al domicilio 309 antes de que el castaño cerrara la puerta tras de sí.
Sakura soltó un suspiro prolongado y agotado, mientras observaba durante unos instantes la puerta cerrada. Aunque en el fondo, no podía culpar a Syaoran de estar furioso, pero no quería que le hablara a Ieran de esa manera, no luego de verla tan extraña y afectada. Ieran, en otro momento, seguro se le habría acercado y lo habría callado de una bofetada tonante; pero en ese segundo se limitó a guardar silencio mientras escuchaba las réplicas de su hijo.
-Señora Ieran… - dijo Sakura en un murmullo vacilante y ésta, en silencio, la miró- Mi casa es la de al lado. Si gusta, pase. Le ofreceré un vaso de agua o un té de hierbas.
Ieran no respondió de inmediato, pero luego soltó un suspiro y con una calma seriedad, murmuró- Vale, Sakura. Muchas gracias – ella, sin duda, aprobaba la relación de la joven con Hien, ya que la encontraba como una muchacha muy prometedora y amable que podría aportar a la imagen de su hijo que sería cabeza de la empresa. Tomoyo guardó silencio. No sabía del todo qué decir en lo que ingresaban al 308 y, tras haber abandonado los bolsos en el perchero, se dispusieron a hacer el té mientras Ieran tomaba asiento. Al igual que Syaoran, Sakura también la notó cansada y aquello le preocupó un poco, pues al depender tanto de las apariencias no era un secreto para nadie que Ieran Li cuidaba mucho la suya. Y ahí, sin embargo, viéndola de cerca podía ver las bolsas bajo los ojos que intentaba disimular con maquillaje. Parecía que, en esos meses que dejó de verla, se hubiera agregado cinco años encima.
Al cabo de unos poco minutos el té ya estaba listo. Sakura se lo llevó mientras Ieran, aún sentada, parecía ver sin demasiada atención el departamento de la joven Kinomoto.
-No es muy grande- comentó la señora, recibiendo la taza de té. Sakura se encogió de hombros.
-Bueno, sin Hien no veía mucho sentido en conservar una casa tan grande para mi sola…- y ante la mención de su difunto hijo, Ieran guardó silencio largo rato. Tanto así que, por unos instantes, Sakura pensó que de pronto metió la pata al no ofrecerle el vaso de agua en su lugar, pero la mujer volvió a hablar.
-Siempre fuiste una persona buena, Sakura… la verdad, me gustaba mucho que estuvieras con Hien. Lo amaste de forma tan incondicional y fiel como pocos lo hacen. Puedo decir sin pelos en la lengua que tú fuiste su amor eterno- le dijo en un murmullo, en lo que Sakura solo pudo tensionarse, mirando a Tomoyo. Ésta se encogió de hombros, sin saber qué decir o hacer, sintiendo un nudo en el estómago al pensar en Syaoran. Pero sólo asintió con la cabeza en ese momento. No supo qué agregar. Tan sólo pensando que tal vez, si Ieran hubiera llegado un día antes, quizás entre Syaoran y ella no habría ocurrido nada que le generara remordimiento. Ieran bebió del té, lenta y suavemente, como saboreándolo con paciencia. Y al bajarlo, miró fijamente el líquido que quedó en la taza, su reflejo distorsionado sobre éste y murmuró- …. ¿Cómo has visto a Syaoran?
Sakura parpadeó, desconcertada, sin haber esperado esa pregunta- ¿Qué? – aunque se estremeció.
Ieran no la miró. Y Sakura miró a Tomoyo de nuevo, quien compuso una mueca a su vez. La joven castaña tenía una muy buena relación con su propia madre, Nadeshiko, con quien hablaba, reía y a veces hasta bromeaban juntas. Por ende, como mujer también, logró ver durante unos instantes el corazón de Ieran, y lo que ella escondía detrás de su seriedad y pocas palabras. En el pasado Ieran Li era una mujer inquebrantable y firme, con convicciones de acero y gran intransigencia con la que se podía permitir decir deliberadamente que, si existía en el mundo una verdad universal, ésta saldría de su boca. Sin embargo, de esa mujer que Sakura conoció sólo quedaba el cuerpo, pues ahí su mente ausente y espíritu distraído parecían divagar en una serie de pensamientos que se construían en un gran cambio interno para ella. Un cambio que le pedía preguntar por el hijo que, tiempo atrás, ella misma desechó por no cumplir sus expectativas. Sin embargo, ahora era todo diferente. Ahora ya no era sólo una empresaria. Tan sólo era una madre.
-A Syaoran…- repitió Ieran con paciencia, alzando de nuevo la negra mirada macilenta, observando a Sakura fijamente. La mirada de una madre que tuvo que vivir la muerte de un hijo cuando, en la ley natural de las cosas, era ella la que debía irse antes- ¿Cómo lo haz visto? ¿Está bien? ¿Come bien? ¿Es feliz?... ¿Hace lo que ama?
Sakura dudó un momento sobre qué responder, pero luego tomó aire y se sentó al lado de su suegra ahí en el sofá, aventurándose a ponerle una mano reconfortante sobre la espalda- Supongo que sí… - le respondió en un murmullo, vacilante- Tuvo que vivir su propio duelo en solitario y superar muchos obstáculos, pero… Syaoran es un hombre inteligente y fuerte. Logró franquearlos todos.
-Ya veo…
-Él es alguien increíble, señora Ieran- la joven Kinomoto lo dijo en un arranque de calma honestidad, también en parte entristecida de saber que dos personas que ella apreciaba estaban distanciadas en medio del dolor, en lugar de mantenerse unidos para apoyarse en este. Se preguntó como se encontraría Syaoran en ese momento, pero quiso confiar en que Shen le haría buena compañía. Después de todo, aunque ella misma también era consciente que no siempre era el más agradable, al menos era un primo con el que mínimamente debía llevarse bien. De lo contrario, Syaoran no lo habría dejado ingresar. Ieran bebió otro poco de té, y seguidamente dejó la taza sobre la mesita de madera que estaba al frente del sofá.
-Veo que te llevas bien con él. Supongo que a Hien le habría alegrado, los quería mucho a ambos. Lamento haberte puedo en problemas con Syaoran y venir sin avisar- soltó un suspiro quedo- vine al hotel Tanaka por un evento de la compañía, con Shen, pero no podía venir aquí sin antes ver a mi hijo. Necesitaba hacerlo. Llevo meses queriendo armarme de valor para acercarme de nuevo a él. Ya perdí a un hijo, Sakura, y no quiero darme el lujo de sencillamente perder otro cuando con este si puedo hacer algo para impedirlo. La muerte no sólo cambia todo para quien fallece… también cambia a quienes rodeaban a la persona. Me excuso contigo por usarte de pretexto para venir… Hiraguizawa no quiso soltarme nada el día de la conmemoración de Hien, salvo que tú estabas aquí con Syaoran.
-Lo lamento, señora Ieran…
-No… - ella negó con la cabeza suavemente. Su expresión parecía más tranquila, y Sakura tuvo que admitir que, en medio de la tristeza, Ieran podía parecer más pesada emocionalmente hablando, pero también más ligera de prejuicios. También siempre supo que la matriarca de los Li quiso a sus dos hijos y se preocupaba por su futuro. Sólo por eso era tan exigente con ambos, y tan demandante en cuestiones de qué harían en su trabajo. Pero definitivamente había cosas irreparables que el dinero no podía entregarle, y eso Ieran parecía haberlo entendido con la muerte de Hien- Muchos se escandalizaron por no verte allá, porque era lo mínimo, siendo su prometida. Pero yo me sentí feliz de que te hubieras quedado con él. Era su cumpleaños. Ese día, hace veintiséis años, estaba dando a luz a ambos, luego de llevarlos nueve meses en mi vientre. Nueve meses de sentir sus movimientos, escuchar sus corazones en las ecografías. De comer sano para que ellos crecieran fuertes. De no dormir, cuando nacieron, por atenderlos. Nunca, desde entonces, pude volver a dormir profundamente. Y desde que Hien se fue, ahora paso muchas noches en vela- suspiró largo y tendido, relajando un poco la postura. Y por primera vez, sólo amagó una sonrisa apagada- Te agradezco mucho por cuidar a Syaoran. Habrá perdido a su hermano, pero, contigo, se ganó a una gran hermana.
Y ante el uso de la palabra "hermana", Sakura sintió un vuelco en el estómago que no supo definir con palabras el cómo la hizo sentir. Mordió su labio inferior, y no se atrevió a mirar a Ieran, en lo que lentamente retiró la mano de su espalda. Hermana. Una "hermana" que hizo el amor la noche anterior con su cuñado, sin acordarse de Hien para nada. Tomoyo, que todo ese tiempo guardó silencio y las observaba fijamente, suspiró de manera cansina, entendiendo el contexto de lo que ocurría y lo que debió representar para Sakura esa última declaración de parte de su suegra- Iré a ver si hay galletas en la cocina- dijo en un murmullo, pensando que tal vez eso podría aligerar un poco el ambiente.
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- ¿Syao? ¡Syao!... ¡Syao, Syao, Syao!
- ¿¡Qué!?
-Nada, hola- y Shen Li sonrió, abrazándolo con fuerza, mientras palmeaba su espalda amigablemente. Syaoran gruñó por lo bajo. Acababa de entrar a su casa y, por algún motivo, también acababa de dejar entrar a su molesto primo con él. Aunque bueno, pudo suponer que muy en el fondo tal vez le había alegrado un poco el verlo luego de tanto tiempo. Después de todo no fue Shen el que lo echó y, siendo justos, Syaoran también hizo un especial esfuerzo de perderse del mapa de todos los Li durante un tiempo. Soltó un suspiro. Se sentía aún contrariado de haber visto esa extraña expresión en su madre, a quien ciertamente no esperaba a ver cuando a quien quería encontrarse era a Sakura.
-Hola… - respondió por lo bajo, en un murmullo ronco mientras Shen se separaba, mirándolo un poco mal.
-Por todos los… ¡Syaoran, nos venimos a ver luego de una eternidad y así me respondes! Me dueles, hermano… la traición. – llevó dramáticamente la mano a su frente, para luego reír. Syaoran suspiró, agotado. Tomó el vaso de agua que había dejado sobre la mesa rato atrás, se sirvió mas agua, y bebió de golpe la mitad del vaso, queriendo librarse de esa molesta sensación de sequedad en la boca. Aún tenía mucho que procesar.
- ¿Qué están haciendo ustedes dos aquí, Shen? – preguntó el joven escritor, yendo directo al grano, sin adornarlo con mayores rodeos. La mirada dorada algo opaca contra los ojos verdosos de su primo. Shen notó que Syaoran se sentía agobiado, y suspiró, finalmente, relajando más las facciones mientras le daba su espacio.
- Vinimos a la ciudad por un evento, Syao, sólo eso, lo juro. Al menos por mí. No te ofendas, sólo no tenía idea de que estabas acá, viviendo al lado de Sakura- algo en su mirada pareció diferente al decir eso, pero era apenas perceptible, por muy poco. Como si de un momento a otro los músculos de su sonrisa parecieran, de repente, más tensos. Suspiró- Con la muerte de Hien, el puesto de la futura presidencia quedó vacante y, bueno, me tienen a mi de posible candidato. Ya que tú quisiste dejar eso tirado, alguien tenía que responsabilizarse, ¿No? – con ese comentario, Syaoran sintió una ligera punzada, pero no dijo nada. Tan sólo era un comentario, ¿No? Shen tenía un tipo de humor satírico desde siempre.
-Si… supongo que sí.
- ¿Cómo te ha ido con Sakura? – preguntó de repente Shen, paseándose por los alrededores, mirando detenidamente el interior del departamento de su primo. Los libros regados, algunas fotos pegadas en los muros. Manos en los bolsillos. Postura aparentemente relajada. Syaoran suspiró, y se fue encaminando hacia el estudio dónde había quedado su laptop abierto y ahora se había pausado por la falta de uso. Lo encendió nuevamente y, al abrir sesión, se encontró con el escrito de Fiore que, no sólo no le venía gustando desde la mañana, sino que ahorita no le entraban especial ganas de continuarlo.
-Es una larga historia, pero supongo que bien. Ahí vamos.
- ¿En qué?
-…En nada. Es una forma de expresión.
Shen chasqueó la lengua, y luego torció una mueca, siguiéndolo al estudio. Éste se encontraba especialmente ordenado, salvo por algunos libros tirados de un lado al otro, pero eso último no era del todo raro en Syaoran. Alzó la cabeza con las cejas arqueadas y una expresión vaga de interés grabada en su rostro mientras notaba la pantalla encendida del laptop de su primo.
- ¿Trabajando en un escrito nuevo?
-Bueno… algo así- admitió Syaoran, mirando aún distraídamente aquella página recién escrita, pero luego suspiró, negando con la cabeza- Aunque aún lo siento un poco crudo. Pero bueno, ha sido un proyecto interesante que me ha tenido ocupado todo este rato. He pasado por un proceso algo lento desde el año pasado, pero creo que ya estoy saliendo de ello- se aventuró a sonreír ligeramente, pese a sentirse un poco desganado de sólo recordarlo, para así virarse de nuevo hacia Shen- Bueno, supongo que eso te lo contaré en otro momento. Ahora no tengo especial ganas de hablar al respecto y, supongo que no está demás que nos actualicemos de todo.
El joven de cabellos azabaches movió los hombros en medio de una risita silenciosa, y luego dijo- Por mi suena perfecto, podrías decirle a Sakura que te pase mi número y así nos ponemos de acuerdo- sus ojos claros brillaron de repente de forma extraña, mientras chasqueaba la lengua y agregaba- Sakura también escribe, ¿No? – y miró a Syaoran, esperando su respuesta, como si de ésta dependiera un pensamiento importante o no. Él parpadeó desconcertado por el repentino comentario.
-Sí, lo hace. Y muy bien- reconoció. Shen volvió a chasquear la lengua, pero no dijo nada. Sólo soltó una risa afable mientras se paseaba distraídamente, tomando algunos de los libros regados por ahí. Syaoran pareció ser consciente por primera vez de esa muletilla tan marcada en su primo, pero no dijo nada al respecto.
-Siempre me pregunté como sería el día que se vieran ustedes dos. Hien era un poco reticente con ese tipo de cosas, pero bueno, tenía que llegar tarde que temprano.
Syaoran se quedó quieto un momento, sin entender del todo el porqué dijo eso- ¿A qué te refieres? – con Sakura venía teniendo la sospecha de que Hien, por algún motivo que desconocía, no había querido presentarlos a ambos. Pero por mucho que lo pensaran, no dejaba de ser eso: una sospecha. Ya que no tenían forma de preguntarle a Hien por esas cosas. Shen bufó, manoteando al aire como restándole importancia al asunto.
-Tonterías. Cosas que claramente tú debías saber, después de todo Hien a ti te lo contaba todo, ¿No? Sería tonto que no lo supieras. No veo porqué preferiría decirme algo a mi antes de contártelo a ti.
Y Syaoran al escuchar ese comentario se sintió mal. Porque de hecho no, no lo sabía. Y si era él en quien Hien mas confiaba para contarle todo, ¿Por qué había algo que Shen si sabía y él no? Observó a su primo, que seguía riendo como si nada. Y pensó para sus adentros que tal vez estaba exagerando. Alguien que riera de esa forma y que fuera familia no diría esas cosas deliberadamente para herirlo, ¿Verdad? Bueno, era una tontería, como bien había dicho el de cabellos negros. Y soltó también una risita algo postiza y quedada.
-Si, supongo que sí. Tal vez me lo dijo en algún momento y se me olvidó.
-Si. Eso o que seguramente todo pasó en el año que quisiste dejar de hablarle- Shen pareció adoptar una actitud pensativa- Vaya, no había considerado que debió ser duro para ti enterarte de su muerte en esas circunstancias. Qué fuerte, Syao.
Y Syaoran se sintió peor. Su mirada se tornó más distante y sombría, y esa parte del comentario si no quiso guardárselo para sí.
-Oye… eso fue cruel. – le dijo el castaño con dureza. Shen parpadeó, adoptando una expresión de desconcierto, y luego se encogió de hombros en lo que alzaba las manos conciliadoramente.
-No te lo tomes personal, primo. Yo y mi bocota, sabes que a veces se me olvida poner los filtros para hablar. Defecto de fábrica. Por algo Hien era el sociable y tú el inteligente- dijo entre risas, intentando restarle importancia. Syaoran lo siguió mirando fijamente y Shen soltó un suspiro, antes de agregar- Por favor ¿De verdad crees que haría algo para fastidiarte la vida? Somos familia.
Y Syaoran suspiró. Si, no tenía sentido que Shen quisiera decirle algo semejante a propósito, pero siguió sin sentirse del todo bien. Dejó el vaso de agua al lado de su laptop, y masajeó las sienes, empezando a tener un poco de jaqueca con tanta cosa que había sucedido.
-Supongo que no…- dijo en un murmullo, para así empezar a salir del estudio. Shen bajó las manos y tranquilamente lo siguió.
-A todas estas, ¿Cómo te ha ido con Sakura?
- ¿Ah?
-Kinomoto. La novia de Hien- insistió Shen con un ademán de impaciencia. Y luego soltó otra carcajada- En parte es muy agradable saber que están viviendo el uno al lado del otro, debe ser refrescante para ella poder ver el rostro de Hien todos los días, en ti. No me malentiendas, Syao, toda la vida quise tener un gemelo también, ¡Habría sido tan oportuno! Además, nunca tuviste la oportunidad de verlos juntos, pero eran realmente una belleza. – y Syaoran volvió a sentir otra molesta punzada con ese comentario.
- ¿Ya terminaste con tu hora de fastidio, Shen? Porque me gustaría tomar una segunda ducha de agua helada hoy- le espetó con voz un poco más golpeada, frunciendo el ceño, empezando a sentirse irritado- Además, según lo que ha dicho Kinomoto, Hien también podía tener sus lados egoístas y arrogantes. Tampoco lo idealices tanto.
Shen se sorprendió por ese comentario, especialmente viniendo de parte de Syaoran. Pero su rostro adoptó una expresión de vaga diversión, mientras sonreía, arqueando las cejas- Bueno, es curioso. Siempre he pensado también que a Hien lo han idealizado demasiado. Tanto en el aspecto bueno como en el aspecto malo. Siempre en los dos extremos. O era un príncipe encantador, o un terrible villano. Pero nunca un humano en su término medio.
Syaoran enarcó una ceja, desconcertado- ¿De qué estás hablando?
-Nada- Shen alzó los hombros con calma, sonriendo- En lo personal siempre encontré en Hien a alguien muy inocente.
- ¿Inocente?
-Si, Syao. Inocente – Syaoran abrió la boca para preguntar al respecto pues francamente no entendió en qué medida alguien como Hien Li podía ser "inocente", pero Shen lo interrumpió, estirándose mientras bostezaba- Bueno, me iré un rato dónde Sakura. Puedes ir tú a tomar tu ducha. No estamos hablando entonces, primo. Oh, espera, antes que nada… ¿Puedo robarte un poco de agua? Muero de sed.
Syaoran parpadeó, desconcertado. Pero finalmente accedió.
-Vale. No hay problema- dijo en lo que se dirigía al baño, cansinamente. Shen rio.
- ¿Puedo tomar de este vaso de pasta azul?
-Cómo quieras.
Shen no replicó más y se dirigió a la cocina, sirviéndose agua y bebiéndola apuradamente. Limpió el vaso y luego lo dejó ahí mismo, mientras se dirigía ya a la puerta principal, abriéndola. Syaoran había ido a tomar una toalla y estaba ingresando a la sala de baño.
-Bueno, Syao. Nos estaremos hablando entonces.
-Vale.
-Cómo siempre, un gusto verte.
-Si, también.
Shen salió y Syaoran entró al cuarto de baño, cerrando su propia puerta tras de sí. Y al escuchar que hizo eso, Shen borró su amable sonrisa, adoptando una expresión de hostil impaciencia mientras rodaba los ojos e ingresaba de nuevo al departamento, cerrando la puerta tras de sí. Seguramente si Syaoran había escuchado el sonido de la puerta, habría pensado que la cerró con él mismo afuera. Syaoran Li, al igual que Hien, podían ser a veces tan inocentes que sólo le resultaba molesto. Shen agradeció que el suelo del domicilio estuviera alfombrado, así sus pasos no se escucharon mientras se avanzó de nuevo hacia el estudio y escuchaba el agua de la ducha corriendo.
Era un desastre. Un completo desastre enterarse que Syaoran estaba viviendo ahí mismo. Y si, bueno, lo quería, lo apreciaba, nada de eso era mentira. Pero conforme creció le fastidiaba enormemente sentir que esos gemelos se ganaban todo sin esfuerzo, sólo por ser ellos, cuando él mismo intentó luchar arduamente por ganarse un lugar entre los Li. Además, Sakura…
Llegó al estudio y se encontró nuevamente con esa laptop encendida y muchas letras que le aburrió leer puestas ahí, digitalmente. Enarcó una ceja, mirando aquello con desdén y se agachó, cerrando el documento para así ir a la configuración del equipo y ponerlo a formatear: borrando absolutamente toda la información que tenía ahí contenida el escritor. Fotos, documentos, escritos, notas para el periódico, todo. En lo que se iba reformateando, el computador tuvo que reiniciarse y Shen suspiró, incorporándose de nuevo. Observó el vaso de agua, que tal vez un poco descuidadamente Syaoran había dejado al lado y, sin más, Shen lo manoteó, haciendo que éste cayera sobre el teclado, empapándolo todo.
-Ups- dijo, aunque con rostro exánime y poco honesto. Dejó el vaso ahí tirado, como si de verdad se hubiera caído solo, mojando por completo el equipo y, tal vez, el agua siendo responsable de que se borrara todo. Si, claro, así de probable sería. Se cercioró de observar todo, confirmando que no había rastro de algún objeto o cosa que lo incriminara, y al comprobar que no era el caso, dio media vuelta, saliendo de ahí.
¿Tenía remordimiento? No, para nada. Él quería a su familia, pero por encima de ésta quería aún más sus propios derechos sobre estos. Y bueno, una parte suya resentía un poco a Syaoran por haber dejado a Hien de lado todo ese tiempo porque, aunque Shen tuviera una forma de ser no tan abierta como la de su primo Hien, seguía hablándose aún más con éste que con Syaoran. Y pasó con nauseas todo el viaje en el avión, recordando que fue en uno de esos aparatos que Hien se perdió para siempre. Sacudió la cabeza, tomando aire. Y tras haber cerrado la puerta del domicilio 309, se puso en pie frente el 308 y tocó con los nudillos, esperando que Sakura le abriera.
Sakura. Hien, el iluso de Hien nunca supo como tratar con ella de verdad. Y faltaría a ver si Syaoran iba a ser diferente a él o no.
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Shen Li tenía dieciséis años en ese momento. Y se encontraba visitando a sus tíos y primos para un soso almuerzo familiar. No le gustaban ese tipo de cosas, pues por lo general había demasiada gente que rara vez solía ver de seguido y, aunque con algunos era el caso, tampoco es que le fascinara enteramente conocer la vida de los demás. A su hermana menor, Hui Ying, le encantaba establecer contactos con gente que aparentaba ser importante. Pero era una idiotez en eso, ya que claramente ella nunca escalaría al interior de la empresa, u obtendría un puesto mínimamente importante. Después de todo, la presidencia segura era para Syaoran, el mayor de los primos Li. Y Hien, su hermano, de seguro se quedaría con el resto. Shen gruñó por lo bajo y, evadiendo a la gente, decidió ir al segundo piso que parecía más despejado. Tal vez buscar alguna habitación para ver televisión o algo así, ¿Por qué China tenía que tener a tanta gente? Sus tíos y los gemelos, por otra parte, mantenían desde que tenía memoria más en Japón que en China, y aún así la empresa seguía a manos de ellos. No era justo.
Consiguió librarse de la multitud y, cuando creyó dar con una habitación vacía y la fue a abrir, se topó con su primo Hien que, al mismo tiempo, iba de salida. Hien se sobresaltó un poco al verlo tan de repente. Llevaba un morral mal cerrado al hombro, en donde parecía intentar guardar distraídamente unos papeles. Vestía con un pantalón negro largo y una camisa del mismo color y de cuello alto, como la tía Ieran los obligaba a él y a su hermano a vestir cuando se encontraban en su país natal. Tenía el cabello castaño revuelto, y los ojos negros con una expresión culposa de sorpresa- Ah, ¡Shen! ¡Hola, me asustaste! – farfulló Hien, riendo apenadamente mientras se encogía de hombros.
Shen lo miró de forma aburrida, arqueando ambas cejas. En ese entonces él mismo era bastante enclenque, y tenía el negro cabello que le caía sobre los ojos castaño-verdosos, opacando un poco la belleza natural de su rostro. Tenía ropa similar a la de Hien, pero de color blanca- ¿Qué estás haciendo acá? ¿No deberías estar con tus padres allá abajo?
Hien suspiró, rodando los ojos ante eso, mientras amagaba con volver a entrar a la habitación, dándole vía a Shen de que lo siguiera. Él hizo eso- No, la verdad, estas cosas me aburren. Syaoran será el presidente, no yo. Y no querría serlo por nada del mundo.
Shen estuvo a nada de decir que consideraba que eso era tonto, pero prefirió guardar silencio. En su lugar, clavó los ojos en los papeles que Hien llevaba en la mano, y que hacia unos pocos segundos atrás estaba intentando guardar.
-Y eso… ¿Para qué es? – preguntó de repente, con honesta curiosidad. Después de todo los gemelos y él tan sólo se llevaban un años de diferencia, por lo que podrían considerarse amigos entre ellos. Hien pareció de nuevo recordar aquello y sonrió de forma cálida, mirando los papeles.
-Ah, esto. Syaoran me hizo el favor de escribirlas, ya que sabe que soy un desastre para ello. Se las quiero enviar a una chica que me gusta mucho. Me gustaría que fuera mi novia.
Shen adoptó una expresión de honesta sorpresa al escuchar aquello- ¿Tú con novia?
-Sí, ¿Qué tiene de raro?
-No, nada… es sólo que luego de lo que vi el otro día, pensé que tú… - Hien abrió sus orbes negros de par en par al escuchar a Shen hablar, horrorizado, y le propinó un puño en el brazo sin contenerse. El de cabellos azabaches soltó un quejido, llevando la mano al sitio de golpe mientras observaba a Hien devolverle la mirada con el ceño fruncido.
-Eso no tiene nada que ver. Eso no va a volver a pasar- repuso el castaño duramente, mirando a su primo con severidad. Shen le soltó una palabrota, disgustado por el golpe, pero Hien le hizo caso omiso. Pasaron un par de minutos donde el diálogo fue un constante intercambio de quejas hasta que Shen le devolvió el golpe y sintió que quedó a mano.
-Bueno- dijo el joven, recuperando la postura más calma mientras veía a Hien ahora masajeándose su brazo- ¿Quién es la afortunada?
Hien lo miró mal- Tú la conoces. Es Kinomoto. Fue un rato a mi casa cuando estabas tú de visita el otro día.
-Ah, ¿Ella? -preguntó Shen de repente, abriendo sus ojos claros con honesta sorpresa- ¿No es un poco joven para ti, Hien? – si, bueno, debía admitir que la niña era bonita y en la personalidad tenía su encanto. Pero no dejaba de ser una mocosa de catorce años. Hien negó con la cabeza, ya más tranquilo.
-No. Bueno, tal vez en edad, pero tres años con el tiempo no se notarán nada. Además… - no pudo reprimir una sonrisa- Es encantadora, y brillante. Siempre es un deleite hablar con ella, a pesar de ser tan joven. Nunca dirá algo aburrido y tiene un sentido del humor exquisito. Además, le encanta leer. Ella puede salir con cualquier ejemplo sacado de algún mito o libro y transmutarlo aquí en la modernidad- rio ligeramente, mirando las cartas que le había escrito su hermano para ella- La verdad, creo que en cierta medida me siento muy cómodo a su lado porque se parece bastante a Syaoran. Ellos aún no se han conocido, pero, me encantaría presentarlos. Tienen tanto en común que siento que se llevarían muy bien. -Su entusiasmo sonaba honesto, al igual que la sonrisa que le iluminó el rostro.
Shen lo miró con cierto aburrimiento, pero luego solo sonrió suficientemente- Bueno, yo la conocí antes. Al menos en eso le gané a Syaoran- dijo jocoso, antes de reír. Hien rio a su vez, aunque con menos ganas.
-Bueno, la verdad la conociste antes de pura suerte. Nunca pensé que ella fuera tu tipo de persona y, con honestidad, no creo que tú seas el suyo tampoco- repuso el castaño y, ante eso, Shen borró la sonrisa de golpe, mirándolo más fríamente.
- ¿Qué… estás insinuando, Hien? - Sus ojos claros se volvieron rendijas mientras los entrecerraba. El aludido soltó un suspiro distante, apartando la mirada.
-Tú aún eres muy niño, Shen.
-Nos llevamos un año- puntualizó el moreno con dureza. Hien compuso una mueca, incómodo.
-Si, pero eso no implica que mentalmente no seas aún muy niño.
Shen se sintió golpeado simbólicamente con esas palabras, y le dolió. Pues de alguna manera los gemelos, que más que familia eran sus amigos, eran también su compañía de consuelo en esos eventos tediosos. Y ahí estaba Hien Li, diciendo que tal vez era demasiado niño para conocer a una mocosa de catorce años. Sintió la garganta arderle de los insultos contenidos en ese segundo, pero no dijo nada. Sólo lo miró con desdén en un silencio que de repente se tornó tenso, pero que el tonto e inocente de Hien no pareció haberlo notado.
Pensó para sus adentros que se desquitaría. Y si Hien conseguía ennoviarse con esa niña, entonces él mismo, Shen, conseguiría llevarla a su cama. Pero antes…
-Mm… ¿Así que, Syaoran? – Shen siguió hablando como si nada, mientras simulaba mirarse distraídamente las uñas. Hien, que estaba acomodando las cartas, no entendió de repente la intervención de su primo menor.
- ¿Qué pasa con él?
-Nada. Sólo me preguntaba si era del todo buena idea que Syaoran supiera de Kinomoto.
El silencio volvió a instalarse entre ambos, pero esta vez generado por el desconcierto de Hien, quien parpadeó un par de veces, sin entender.
- No entiendo, ¿Por qué no lo sería?
Shen alzó los hombros con aparente desinterés, mientras con absoluta calma decía- Ah, bueno, dado que son tan parecidos entre ellos, y él es muy parecido físicamente a ti, lo más probable es que quien le termine gustando a Kinomoto sea el mismo Syaoran, no tú. Bueno, ya sabes que no te lo digo por mal, primo. Sólo que, en medio de todo parece lo más sensato.
Y el silencio se instaló nuevamente en lo que Hien vaciló abriendo la boca, pero no dijo nada. De hecho, se quedó procesando un momento largo las palabras de Shen y, seguidamente, ya sintiéndose un poco desanimado, sólo soltó un suspiro.
-Bueno, si es el caso… supongo que me alegraría por lo dos… - dijo finalmente en un murmullo, a lo que Shen compuso una expresión de contrariedad sin disimularla para nada.
- ¿Qué?
-Pues… -Hien guardó silencio como pensando en qué palabras decir. Para él no era del todo fácil siempre, el que era bueno con eso era Syaoran, y en ese segundo lo estaba pensando más que nunca mientras volvía a observar la cartas escritas por su hermano- Sakura y Syaoran son, en este momento, los dos seres que más quiero en el mundo. Si entre ellos se gustan, se quieren y se hacen felices, pues… - soltó una sonrisa ligeramente desganada, pero en la calidez de su mirada parecía ante todo honesta- supongo que yo también estaría muy feliz por ambos.
Shen no creyó dar crédito a sus oídos, pero se aclaró la garganta, volviendo a recuperar la compostura un momento. Observó a Hien tan sólo unos instantes, como evaluándolo, para luego soltar una pequeña carcajada discreta y divertida.
-Eres adorable, Hien, pero no. El mundo no funciona así, ¿De verdad vas a ser feliz si Syaoran se llegara a quedar con la chica? Por favor, no seas tonto.
-No estoy siendo tonto.
- Entonces, ¿De verdad no te afectaría que Syaoran fuera el que se quedara con Kinomoto luego de que has sido tú el que se ha esforzado por estar con ella?
-Claro que me afectaría, sin embargo, Syaoran es mi gran excepción. A Sakura la quiero mucho, pero para mí va primero la felicidad de mi hermano que una chica, incluso si se trata de la misma Sakura.
Shen resopló por la nariz y se cruzó de brazos mientras miraba a Hien con el sumo pesar de quien ve a un cachorro pidiendo comida. Aquello el mayor lo notó, y pareció vacilar un momento antes de decir "¿Qué pasa?".
-Nada- farfulló el pelinegro- tan sólo pienso que no es justo contigo, Hien. Es todo. Pero si esa es tu decisión… - Shen era consciente que el comentario que acababa de lanzar era del tipo que parecía que daba por terminada la conversación, pero invitaba a la otra persona a preguntar por más. Era supremamente manipulador, lo sabía, y no se sentía del todo orgulloso de eso. Pero si con ello conseguía quitar a Syaoran de por medio, y darle una lección a Hien, lo haría. Se llevaría a esa niña Kinomoto a la cama para darle una lección a su primo y su bocaza, sin duda. Sólo una vez. Dos, si de pronto le terminaba gustando.
Hien, de forma muy inocente, mordió el anzuelo. Y es que él era sociable en la medida que consideraba que el resto del mundo iba a tratarlo del mismo modo que él los trataba. Y si eran amables con él, era porque querían serlo, ¿Cierto? Shen estaba preocupado por él en serio, ¿Verdad?
-A… ¿A qué te refieres con "no es justo conmigo"?
-No, olvídalo. No quiero entrar en un conflicto que no me corresponde.
-Shen, dime.
-Bueno…- adoptando una postura más humilde, el joven Shen se encogió de hombros y dijo en un murmullo- No es un secreto para nadie que Syaoran te acapara demasiado. Es decir, él tiene un carácter forjado, tú siempre estás detrás de tu mamá y de la aprobación de todos haciéndote el simpático. Sin ofender, claro, primero, ni más faltaba. Me excuso si suena duro lo que digo, pero sabes que a veces puedo ser muy crudo en mi forma de hablar. En fin, todo el mundo sabe eso. Por eso siempre lo dejan a cargo de todo, así ustedes dos tengan la misma edad. Le han ofrecido la presidencia sin siquiera votarlo.
-Él es el mayor, es su derecho…
-Así como es TÚ derecho también, Hien. Porque hasta donde tengo entendido, es mayor que tú por unos segundos. Syaoran no es más brillante que tú y, sin embargo, lo adoran como si así fuera. No es para tanto tampoco. Como la presidencia de la corporación…
-A mi no me interesa en absoluto esa presidencia.
- ¿Y crees que a Syaoran sí?
Hien guardó silencio, pues conocía la respuesta. No, a Syaoran no le interesaba en lo más mínimo tomar el cargo de presidente. Él quería ser escritor, un sueño descabellado que sus padres no habían reventado porque consideraban que se trataba tan sólo de "una etapa". Reflexionando mejor en ese segundo, el castaño recordó que Sakura también le había dicho que su sueño era ser escritora y, con un nudo en la garganta, fue más consciente que nunca del parecido de ambos.
-No… no le interesa tampoco- tuvo que admitir en un murmullo bajo y ronco. Shen amagó con sonreír, pero calmadamente se contuvo.
- ¿Y crees que es justo que le andes simplemente regalando a alguien tantos derechos sobre ti, cuando ni siquiera se ha esforzado por ello?
Hien guardó un silencio aún más prolongado, mientras sentía de repente el cuerpo tenso y una sensación amarga en la boca. Con una serie de sentimientos encontrados observaba las cartas que su hermano le había escrito a Sakura, sintiendo ahora una extraña mezcla de agradecimiento y contrariedad. Pues, de alguna manera, no lograba todavía estar del todo seguro si Sakura hubiera estado feliz de conocer a Syaoran y recibir directamente de él esas cartas.
-No… supongo que no… - respondió finalmente.
Shen soltó un suspiro y, haciendo convincentemente un ademán de impaciencia con la mano, agregó- Claro que también está el hecho de que Syaoran te subestima demasiado, ¿No, Hien? Y precisamente por eso te protege tanto. Todos lo pensamos, por favor, eso es demasiado obvio. No es un secreto para nadie que Syaoran tiene consigo todos los talentos que tú careces. Ya sabes, como el ser tan astuto, interesante, instruirse por voluntad propia, la determinación, hablar bien, escribir excelente, entre otras cosas. Creo que lo único que tendrían en común es que son guapos los dos, y eso es porque lucen idénticos. No es por criticarte, primo, es siendo realista. Y me temo que tarde o temprano, Kinomoto lo terminará notando.
Hien no dijo nada más. Ya Shen había dicho suficiente para que varias palabras conflictivas terminaran rondando en su cabeza, entre lo que acababa de escuchar y lo que pensaba de por sí de su hermano, a quien admiraba profundamente. En ese momento, sin embargo, no hubo tiempo de agregar algo más, ya que la puerta se abrió dejando ver a uno de los invitados del evento, hijo de una de las familias amigas de los Li: Eriol Hiraguizawa, el mejor amigo de Syaoran. Vistiendo con ropa de corte oriental de tonos azul oscuro y dorado, muy guapo sin duda, elegante y adaptándose al entorno. Eriol se veía calmo, con facciones finas a esa edad, rostro más redondeado y los lentes enmarcando desde entonces esos ojos grises de enigmática expresión.
-Ah, aquí estaban. Los estaba buscando, creo que Ieran necesita de ambos- comentó con gentileza el muchacho en un fino inglés estilizado, pues aún le costaba un poco tomar completo dominio del mandarín, el cual Syaoran le ayudaba a practicar de vez en cuando.
Al verlo, Hien se ruborizó de golpe, sintiendo que el calor parecía agolparse en él y, como reflejo, guardó de ipso facto las cartas en la maleta, sintiéndose de repente descubierto. Eriol le restó importancia, sólo esperándolo con una sonrisa, mientras Hien hacía lo posible por no verlo a los ojos. Algo que, sin duda, Shen no pasó por alto.
-Si… ya vamos…- masculló Hien nerviosamente, antes de pasar por el lado de Eriol, saliendo de ahí.
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Shen chasqueó la lengua nuevamente, pensando que el que Syaoran supiera ahora de la existencia de Sakura sólo era un complique. Pues desde aquél entonces, no fue mentira de su parte el considerar que, siendo tan parecidos, podrían atraerse el uno al otro. Lo cual, para sus planes, podría ser un pequeño problema. Al principio el deseo de "conquistar" a Sakura había empezado sólo para amargarle la vida a Hien, pero se topó sorpresivamente con que la chica Kinomoto no era del todo un hueso fácil de roer, y aquello le despertó aún más interés. Tanto así que con el tiempo dejó de buscarla por Hien, y comenzó a ser una pequeña obsesión personal el lograr alcanzarla y poseerla. Incluso ahora con la partida de Hien estaba dispuesto a acostarse con ella. Y no iba a permitir que Syaoran se fuera a meter en sus planes al respecto.
La puerta del 308 se abrió, y por esta se asomó Sakura, quien le sonrió al reconocerlo- Ah, Shen, eres tú, ¿Ya terminaste con Syaoran?
Y Shen, como bien sabía hacer, compuso su sonrisa más encantadora- Si. Está algo cansado, así que preferí dejarlo sólo. Quedamos de vernos en estos días, sin embargo. Ya sabes, cosas de primos- agregó, riendo, mientras se encogía ligeramente de hombros.
Sakura soltó un suspiro, más aliviada, y luego abrió más la puerta- Ven, pasa, aquí está tu tía.
-Gracias, querida Sakura. Tú siempre con una energía tan bella.
Y bueno, él no era excelente recordando citas como Syaoran o Sakura misma. No estaba seguro si fue Napoleón Bonaparte o Niccolò Machiavelli el que lo dijo que "El fin justifica los medios". Bueno, de todas maneras, él había aprendido muy bien de los dos.
