¡HOLA!... Oh por Dios, lamento TANTO la demora. Estos meses que transcurrieron han sido muy movidos, entre viajes fuera del país, mudanzas y otros proyectos personales. Ando aplicando a varios concursos de escritura, y eso también me ha tenido avanzando otros escritos (Ojalá me puedan enviar buena energía para ganar el primer lugar, jajaja). Sin embargo, no me he olvidado de ustedes, bellezas. Tarde, pero actualizando el fic. Quiero darles las gracias a quienes me han seguido todo este tiempo y han tenido la paciencia de esperar. Las cosas se están moviendo de manera interesante en la historia y ya vamos llegando a un punto de transición importante en esta.

Sin más, quiero agradecer especialmente por sus review a Wonder Grinch: Jajaja si, el pobre Syaoran no la tiene fácil con su familia, pero irá mejorando, lo prometo. Te agradezco mucho el apoyo y los comentarios de aliento, me motiva a escribir. Y sobre todo, que te haya gustado el apartado de Rika y de Tomoyo. Me gusta trabajar mucho en los personajes, así sean secundarios, y ver que tuvo el efecto que buscaba es gratificante :3. ValSmile: Bueno, en primer lugar quiero agradecerte mucho por tu larga respuesta, me entusiasma saber que a los lectores le entusiasma mi historia a ese punto. Me alegra que te gustara el apartado de Rika y Tomoyo, ya que quería reflejar precisamente cotidianidad en esas escenas, así como la naturalidad de las relaciones que pueden tener sus momentos de tensión, pero que el amor las ayuda a mantenerse firmes. Ahora, en cuánto a Hien y Shen, sólo diré que todavía habrá cosas que mostrar :P. Veritho Frankqui, FairyMe, Guest: Muchas gracias. Y creánme que así no comenten de seguido, aprecio muchísimo cuando lo hacen. Me hace feliz realmente, o el sólo hecho de que quiera continuar leyendo Fiore. De verdad, ¡Gracias totales! SakLiEsme, anastaciabomer, Alana: También les agradezco a ustedes y bueno, diré que espero que las sorpresa que vienen sean aún más impactantes que las anteriores. Ya se viene un punto importante de toda la trama, que podría ser decisivo para nuestros queridos personajes. Ojalá se disfruten mucho este cap. Rubdy: Jajaja relax, que Dan Brown también es un monstruo escribiendo, no te culpo para nada que hayas decidido leer ese XD. ¡Anímate a continuar con tu historia y enséñamela! Gracias, gracias, gracias. Es enriquecedor, como escritora en formación, no sólo saber que te leen sino que, además, motivas a leer. Me encanta eso. Disfrútalos mucho: Cada libro no sólo refleja a su autor, sino también su respectiva época histórica. Es lo hermoso de todo eso. ¡Un abrazo! Y cerezo01: Que no podías faltar, pues siempre tienes el detalle de responder :3. Ya echaba de menos tu aparición, pero no te preocupes, entiendo que las personas se ocupen (cofcof-inclusoactualizandomesesdespués-cof). No te preocupes en cuánto a la idea de conservar el realismo de las situaciones pues, precisamente, el reflejar estas fue lo que me inspiró a realizar la historia, en primer lugar. Pero al mismo tiempo, quiero mostrar a personajes evolutivos que, en su cotidianidad, no sólo consiguen encontrarse de manera diferente con otros y con ellos mismos. Los cambios son importantes en la vida y este fic vendría siendo casi que una oda a la transmutación pero, al mismo tiempo, abrazando las partes brillantes y oscuras de los procesos. Me nació hacer una historia sensible en ese aspecto y espero poderlo mostrar de algún modo. Ya por lo demás, como siempre, te agradezco mucho por tu comentario, y por tus bellas palabras. Pero sin querer decir aún mucho, solo agregaré (como le dije a los otros) que viene en camino una parte muy importante de la historia la cual, espero, no se la pierdan :3.

UFFF… me extendí mucho en los review jaja. Pero luego de tanta espera, supongo que lo ameritaba. Eso y que, desde el cap pasado, les quedé debiendo una buena respuesta.

Sin más, ¡Buena lectura!

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Capítulo 18: Encuentros. Reinvéntate a ti mismo.

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El agua fría no ayudó a quitar del todo su contrariedad, pero si al menos lo obligó a calmarse un poco. A "enfriar", en el sentido más literal de la palabra, sus emociones. De repente se dio cuenta que tenía un nudo en el estómago, e incluso un poco de náuseas de por medio, pero a Syaoran Li eso era lo que menos le mortificaba. Por el contrario, sentía que habían pasado demasiadas cosas en el plazo de las últimas veinticuatro horas, y aún no sabía del todo dónde tenía la cabeza. Entre la noche con Sakura, la ligera resaca que le quedaba todavía del cóctel, el encuentro con su madre, la visita de Shen… sentía que debía digerir demasiada información.

No supo cuánto tiempo gastó en la ducha, pero si se demoró lo suficiente, dejando que el agua se llevara las tensiones y el estrés. Pensando en todo y nada a la vez. Con las ideas en blanco, pero teniendo en mente la imagen de Sakura y el recuerdo de su hermano Hien. Syaoran se preguntó, en ese segundo, qué habría ocurrido si Hien estuviera vivo y aun saliendo con la joven Kinomoto. Cómo sería todo si Meiling no se hubiera marchado nunca… ¿Se habría todo desenvuelto de la misma manera?

Se sorprendió a sí mismo al descubrir que no lo sabía.

Salió de la ducha, topándose con la tranquilidad de la apartamento vacío y silencioso, mientras caminaba descalzo sobre el suelo alfombrado hasta dar con su habitación, terminar de secarse bien y ponerse ropa fresca que ayudara a despejarlo más. Pero para entonces seguía divagando un poco en la idea de qué hubiera pasado si a Kinomoto la hubiera conocido como su hermana y no como su vecina. Qué hubiera sucedido si Meiling y ella se hubieran conocido, o si en efecto Syaoran hubiera visto a Sakura y a Hien juntos, que aparentemente según Shen se veían preciosos los dos. Aquello le produjo un mal sabor en la boca, pero no pudo evitar cuestionarse si, de haber sido el caso, ¿Se habría sentido atraído por la joven castaña de todos modos?

Tal vez no. No podía mentirse, él había querido mucho a su hermano, no se habría sentido capaz de hacerle algo semejante. Y en el entonces que estuvo con Meiling, también era cierto que se sentía completamente loco por ella. Aunque ahora, con el paso de los meses, hubiera aprendido a ver lo caprichosa, interesada y egoísta que ella era, de alguna manera podía comparar a la joven con su antiguo vicio de fumar: absolutamente nocivo, sí, pero vicio, al fin y al cabo. Tal vez no, Sakura no le habría gustado tanto, tal vez ni siquiera le hubiera llamado la atención.

¿O tal vez sí? Pensó en Sakura sonriéndole de nuevo, en Sakura hablándole de poesía medieval, en Sakura con sus tiernos ojos cerrados, mordiendo su labio inferior mientras reprimía un pequeño gemido en lo que le hacía el amor de manera tierna y protectora como no se había entregado nunca a otra persona. Ah, y sus ojos, esos preciosos ojos llenos de dulzura y profundidad, bañados en estrellas de dioses antiguos y magia de libros. De luz y conocimiento. Cómo habría anhelado que no los cerrara mientras se volvían uno, que lo hubiera mirado fijamente. Que él, a su vez, la hubiera mirado a ella. Syaoran se puso un pantalón holgado negro y una camiseta blanca para estar ahí en la casa, mientras se dejaba caer de espaldas sobre la cama, mirando al techo pensativamente. Su cabeza dio con una de las almohadas y ésta le olió a la joven Kinomoto nuevamente cosa que, en el fondo, lo hizo estremecer más, pues la recordó cerca. La sintió cerca, también. El escritor suspiró, desganado, agotado ya, y llevó uno de sus brazos a los ojos, cubriéndolos, mientras permanecía así un buen momento, sin importarle del todo estar mojando la almohada con los cabellos recién lavados y revueltos.

¿Le habría gustado también en ese grado?... Tal vez sí. Eran muy compatibles, tenían demasiada química y, por todos los cielos, ella acababa de decirle que también gustaba de él. Pero ¿Habría sido así, de parte de ella, de seguir Hien ahí?

"No pienses tonterías" se regañó mentalmente, soltando un suspiro quedo "No tienes que sentir remordimientos. Hien ya no está. La vida sigue". Pero, contradictoriamente, el pensar aquello sí le generó remordimiento porque entonces ¿Estaba abusando de la ausencia de Hien?

Y en cuanto a Ieran… ¿Por qué estaba así de pálida y con aire tremendamente enfermizo? Ella era un roble como mujer, desde siempre. Frívola, práctica, a la que de hecho resultaba casi imposible ver decaída o enferma. Lo había observado de manera suplicante cosa que, además, era absolutamente impropio en ella. Syaoran se sentía profundamente desconcertado, y aún cuando el enojo escocía su garganta, una parte de sí no podía evitar sentirse preocupado por su madre. Preguntarse qué había pasado. Es decir, él no era un ogro después de todo y si, tenía todos los motivos del mundo para estar molesto con sus padres. Pero eso no implicaba que les fuera indiferente: eran sus padres, después de todo. Casi podía sentir encima la mirada dorada de su progenitor, tan parecido a él mismo, pero con una expresión adusta grabada en su rostro. El cabello castaño entrecano peinado hacia atrás, las pobladas cejas negras y la áspera barba…. ¿Él, Zhao Li, estaría igual de decaído que su madre? Sacudió la cabeza, queriendo despejar esos pensamientos repentinos y se incorporó tan rápido que, por un momento, se sintió mareado.

Iría a escribir un poco, tal vez eso lo relajara. Escribir, después de todo, podía ser muy terapéutico. Aunque no estuviera del todo contento por como estaba avanzando Fiore, al menos le ayudaría a que despejara sus ideas de tanta mescolanza existencial que lo estaba aquejando en ese instante. Silencioso como una sombra se trasladó hacia su estudio, notando entonces por primera vez en ese día cuán ruidosas podían ser las aves a ciertas horas. Aunque bueno, para sus adentros supuso que debían aprovechar, teniendo en cuenta que muchas de ellas no tolerarían el invierno venidero. "Qué difícil debe ser… ser un ave" pensó. Sin embargo, al llegar a su estudio, todo se habría imaginado menos ver el equipo totalmente apagado, con un vaso de vidrio vertido sobre este.

Sintiendo que el alma se le iba, de golpe, a los pies, Syaoran abrió de par en par sus ojos dorados. Y palideciendo cual fantasma de Canterville, fue corriendo hasta el escritorio, apresurándose a levantar el vaso y notando, con horror, cómo el teclado entero estaba empapado.

-No…- dijo en un murmullo seco, sin disimular el repentino desespero en su voz. Las manos le temblaban. Se apresuró a correr de vuelta por una toalla y, al secar con sumo cuidado y rapidez el aparato, se adelantó a encenderlo, pero este no respondió- No… No, no, no, no, por favor, ¡No! - ¿Qué clase de horrible pesadilla era esa? ¡Todas sus cosas estaban ahí! ¡Todo! Bueno, afortunadamente para sus escritos viejos él tenía una memoria con una copia de todo, ¡Pero no era el caso con los elementos nuevos! Lo que debía escribir para el periódico, las fotos, ¡Fiore! Luego del sexto intento, el aparato pareció responder y, con sumo cuidado, la pantalla brilló nueva y desmañadamente. Syaoran contuvo el aliento, viendo cargar el equipo, pero, conforme fue prendiendo, se sintió desconcertado al notar que no reconocía la imagen del inicio y tampoco le estaba pidiendo la clásica contraseña para acceder a su sesión. Pasaron unos diez minutos tortuosos antes de poder abrir por completo todo y darse cuenta de que estaba completamente vacío. Ningún escrito. Ninguna imagen.

Nada.

No había absolutamente nada de su trabajo guardado.

Syaoran permaneció congelado largos minutos, estático, perplejo. Con los nudillos blancos de tanto apretar los puños, temblando con una furia helada grabada en los ojos, soltó un atronador grito de desespero mientras que, de una sola manotada tiró todos los libros que tenía en el escritorio, las fotos, la libreta con los apuntes de Fiore. En ese segundo nada le importó. Sólo descargó en sus objetos la frustración acumulada de las últimas horas, ¿O tal vez de todos esos últimos años en conjunto? Como un volcán en erupción, Syaoran arremetió contra papeles, retratos, cables, contra los recuerdos de Hien, su culpa hacia él, la ira contra sus padres y el deseo hacia Sakura. Con un desgarrador grito liberó la tensión de escribir algo nuevo, los recuerdos de Meiling e, incluso, los estridentes sentimientos encontrados que tenía hacia sí mismo. Todo fue llevado al suelo, destrozándose como en un vendaval, hasta que poco a poco se fue calmando tras haber desahogado todo en furiosos golpes y gritos.

Cuando hubo terminado, Syaoran yacía sentado en el suelo del estudio con los nudillos algo amoratados, un corte superficial (aunque largo) en la palma de la mano derecha debido a un vidrio mal atravesado del vaso que terminó quebrando y la respiración agitada mientras miraba ausentemente el desorden magnánimo que ahora lo rodeaba. Dejó caer la cabeza para atrás, apoyándola contra la pared, cansado, abatido. Soltó un insulto al aire, con voz ronca en lo que ya, resignado, asumía que su vida era una mierda. Y que todo lo que había construido en lo últimos meses tan sólo era una molesta pérdida de tiempo en la que intentaba mentirse a sí mismo, diciendo que todo pasaría, eventualmente. Pero no era así. Tan sólo era un patético escritor frustrado y abandonado hacia mucho tiempo que, ahora, se sentía sólo. O, más crudamente hablando, estaba ya solo.

Sin embargo, cómo si una voz en el universo quisiera dar muestra de lo contrario, alguien tocó con los nudillos en la puerta principal del departamento.

Syaoran no se arrimó para ver de quien se trataba, pues no tenía especial ganas de hablar con nadie en ese segundo. Aunque ya se hubiera calmado un poco, no dejaba de sentir la mente particularmente nublada, así como su estado de ánimo. Sin embargo, los llamados fueron insistentes y al final, muy de mala gana, el joven Li tuvo que incorporarse con pesadez y caminar hacia la puerta principal para abrirla. Rogó para sus adentros que no fuera Kinomoto la que estuviera ahí afuera, pues con toda la mezcla de sucesos, Syaoran se sentía irascible. Le indignaba aún pensar que ella tenía una buena relación con Ieran, aunque una parte de sí se decía que tal vez resultaba inverosímil no haberlo pensado antes. Sólo sabía que estaba esperando desde el fondo de su corazón que fuera algún otro vecino, cualquiera que no fuera Kinomoto, que preguntara el porqué del alboroto y si estaba todo en orden. Si, cualquiera, ya que no se sentía capaz de responder bien si la veía a ella.

La puerta se abrió y, sin embargo, contra todo pronóstico, en cuanto sus ojos dorados se encontraron con los ojos verdes de la joven castaña del 308, Syaoran sintió que lo que le quedaba de furia fría se terminaba de apaciguar por completo. Él mismo se asombró de aquello, teniendo que admitir para sus adentros que Sakura, en efecto, parecía tener más influencia sobre él de la que él mismo hubiera previsto con anterioridad. Ahí de pie, con su pantalón corto negro, la camisa del mismo color con diseños orientales, su corto cabello curvándose en la nuca… y una expresión tan clara, intensa y pura que pareció ser un sol llegando a despejar los nubarrones de la mente del joven Li. Este suspiró, agotado, mientras veía a Sakura encogerse de hombros en cuánto lo vio a él de vuelta. Atrás de ella se encontraba Daidouji, silenciosa observadora de ambos. Syaoran supuso que, para entonces, la joven diseñadora ya debía saber todo lo que estaba pasando, y eso sólo lo hizo sentir más incómodo en ese segundo. Pero a Sakura aquello no pareció importarle, pues estaba muy preocupada por él. Ieran y Shen ya debían haberse marchado de ahí.

Sakura, por otra parte, tan sólo quería saber como se encontraba él y contuvo el aliento a la espera de que abriera la puerta, hasta que lo hizo y se encontró con la abatida mirada del joven Li, los cabellos revueltos y una palidez palpable. La castaña se sintió tensa, con la mente en blanco, sin saber qué más decir, pero, al ver como en su postura Syaoran pareció bajar la guardia al verla, Sakura soltó un suspiro de alivio, recordando las palabras de Rika ese mismo día: "Te quiere… de verdad se nota que te quiere mucho".

-Syaoran, yo… lo lamento mucho- dijo la muchacha con un hilo de voz, en lo que llevaba la mano a su propio pecho, sin atreverse a tocarlo aún. Después de todo, no lo habría culpado de estar enfadado con ella por todo lo sucedido. Sin embargo, era por lo que fue a buscarlo, en primer lugar. No quería tener inconvenientes con él, ni que pensara mal de ella, no por algo que claramente ni siquiera sabía que ocurriría. Soltó un suspiro trémulo, vacilante en si debía continuar con la frase o no, pero en el instante que amagó el seguir hablando, el escritor la silenció con un abrazo fuerte, dejando caer el peso de su cuerpo sobre ella. Tanto así que Sakura tuvo que pensar rápido y reaccionar para no dejarse tambalear, poniendo las manos en la amplia espalda de él. Se sintió profundamente desconcertada en ese segundo- ¿Syaoran?

-Al menos a ti todavía te tengo…- respondió el muchacho en un murmullo ronco, afectado. Su mirada se encontraba totalmente perdida, con el bajonazo de adrenalina abrupto que tuvo, y aquello lo hizo lucir muchísimo más agotado. Tomoyo notó, con un nudo en la garganta, como el joven se aferraba fuertemente a su amiga mientras su mirada adoptaba una expresión de desesperado desasosiego. No supo qué decir o no. Al mismo tiempo estaba preocupada por Sakura, pues todas aquellas visitas representaban una combinación de mezclas fuertes de emociones para ella también. Pero ella lucía tranquila dentro de lo que cabía, y abrazó a Syaoran con la expresión preocupada de una madre con su hijo.

- ¿De qué estás hablando?... ¿Syaoran, qué ocurrió? – insistió Sakura, apretando el abrazo. No le gustó sentirlo así, pero se terminó de tensar cuando, bajo sus manos, sintió el torso de Syaoran moverse en una respiración un poco más irregular, mientras que escuchaba el sonido de cómo sorbía por la nariz, cosa que terminó de afanar a la joven Kinomoto. ¿Estaba llorando? Ella no lo había visto llorar desde el invierno pasado, en dónde el muchacho se terminó de quebrar por pensar en Hien. Syaoran y ella tenían mucho de eso en común, ambos solían guardar demasiado sus emociones para sí mismos. Pero si en ese momento estaba dejándolas florecer, claramente era que llegó el punto en el que no pudo contenerlas más. Sakura se apresuró a buscar con la mirada los ojos de Tomoyo, quién le supo entender de inmediato y asintió con la cabeza, entrando por un lado al departamento 308, nuevamente, llegando directo a la cocina; en dónde se puso a calentar agua en la tetera que rato atrás usó para Ieran. Sakura mantuvo el abrazo, acariciando la espalda de Syaoran con paciencia y calma, dejándolo desahogarse. Y, aunque el llanto no fuera fuerte ni frenético, si la aferraba a su cuerpo de una manera que le impedía demasiada movilidad a la castaña.

Duraron así unos cuantos minutos más hasta que Sakura, sintiendo que su respiración volvía a regularse, se aventuró a besar sus cabellos rebeldes y a apartarlo un poco, tan sólo un poco, para poder verlo a los ojos- Syaoran…- lo llamó con voz suave, cantarina y acariciante. Capturando con el brillo verde de su mirada los ojos dorados de él, que en ese segundo tenían una expresión un tanto apagada y contemplativa a la vez. Como aquellos escritores melancólicos que solían observar las cosas con muchísimo detalle, pero siempre a cierta distancia. Tenía la nariz ligeramente enrojecida, al igual que los ojos. Y Sakura, en un gesto tierno y atento, alzó su mano y le limpió los restos de lágrimas que quedaban en las mejillas de él con el pulgar. Syaoran tan sólo soltó un suspiro roto, pero la dejó. Observándola detenidamente mientras la dejaba obrar, sin despegar un segundo la vista de ella. Sakura se sintió muy observada, cosa que también la ponía nerviosa a ella. Pero lo disimuló al enseñar una amable sonrisa despierta, llena de luz y ternura, mientras le devolvió la mirada unos instantes.

- ¿Qué pasa?

Syaoran resopló por la nariz, mientras dejó que su boca dibujara una sonrisa ladeada y desganada, sin quitarle la vista de encima. De alguna manera, aunque el resto de su gesto no parecía del todo animado, resultaba interesante el cómo su mirada podía seguir siendo cálida con ella.

-Amo la violencia con la que tu sonrisa destruye mi rutina…- dijo en un murmullo ronco e íntimo, agotado, pero despierto para ella. Sakura se asombró tanto que no tuvo tiempo de disimular en ese segundo su expresión abochornada, ni el calor en sus mejillas, por lo que Syaoran no pudo evitar reprimir una risita divertida. Ella se relajó al verlo reír de nuevo, así fuera de hito en hito, y por algo semejante. Era un avance. A lo que le respondió, riendo también, ladeando la cabeza en una expresión cariñosa.

- ¿García Márquez? – Tenía prodigiosa memoria para las citas, al igual que Syaoran Li; y ese libro lo había leído hacía no mucho tiempo. El mismo Syaoran se lo había regalado meses atrás, que fueron juntos a la librería.

-Vaya, ¿Lo leíste finalmente?

- ¿Para qué más es un libro, sino? Sé que algunos los usan para atrancar puertas y pisar papeles, pero no te preocupes, no es mi caso – Syaoran abrió la boca para responderle algo en referencia a eso, pero ella lo silenció gentilmente- Ven, vamos a mi casa. No te preocupes… tu madre y Shen ya se fueron a su hotel- le hizo la aclaración antes de darle tiempo de replicar nuevamente y, apenas dejándolo sacar las llaves y cerrar la puerta del 309, se apresuró a conducirlo al 308 en dónde cerró la puerta, y lo invitó al sofá. Para ese momento el té estaba listo, y Tomoyo lo estaba trayendo en una bandeja para ir a sentarse junto con ellos, ofreciéndole una taza a Li. Syaoran dudó, pero vio en los ojos amatista de Tomoyo una mirada fuerte y dura, a diferencia de la dulce mirada natural de Sakura. Una mirada que denotaba protección que el escritor supo interpretarla adecuadamente. No tenía especiales ánimos de hablar en ese segundo, pero agradecía al menos que el calor de la jornada estuviera bajando. Después de todo, el verano no era propiamente su estación favorita del año, ni el invierno. El calor o el frío en polaridades extremas era algo terrible para lidiar. Y eso, incluso, aplicaba con la gente. Meiling era alguien de un calor extremo, cual sol veraniego. Y Ieran era tan helada como las ventiscas invernales. Prefería el temperamento templado de Sakura, fresco y gentil. Incluso con sus pequeñas cosas que la hacían tan humana como a él. Syaoran recibió su té, pero con ello también se ganó la contrariada mirada de Sakura, que notó los nudillos amoratados y el corte en la mano.

La réplica no duró mucho, pues Sakura no tenía especial ánimos de discutir, ni él tampoco. Así que, al cabo de unos minutos, la herida del joven estaba siendo desinfectada con alcohol, torciendo el gesto cada que el algodón húmedo entraba en contacto con la carne en su mano. Ya sólo había una línea de sangre seca, pero la joven Kinomoto no estaba dispuesta a dejarlo nada más, así él le insistiera que estaba bien. Después de todo, alguien que trabajaba con sus dos manos debía tener cuidado con éstas, especial atención también.

-Bueno, no tengo mucho qué trabajar ahora…- dijo Syaoran con voz ronca, una vez vio su mano ventada y pudo recibir el té. Parecía, de repente, ojeroso. Y su mirada tenía un semblante oscurecido e indescifrable. No miraba a ninguna de las dos, realmente, pero en pocas palabras les terminó contando cómo su computador se había mojado y, de una manera que desconocía, había perdido todos sus archivos. El sólo pensar en eso le seguía produciendo un mal sabor en la boca y le daban ganas de ir a su estudio y encerrarse en éste… de no ser porque todo estaba hecho un desastre ahí adentro. A lo largo que iba contando todo, Sakura y Tomoyo intercambiaron miradas de horror y sorpresa, aunque no dijeron más de lo que Syaoran pedía o solicitaba, pues ya era bastante considerable que hubiera aceptado estar ahí con ellas dos. Y Sakura sentía mucha pena por él, en la medida que comprendía, hasta qué punto, Syaoran sentía haber perdido una parte de él mismo en los escritos. Sin embargo, una vez terminó el relato, la joven de cortos cabellos tendió su mano sobre la de él, y lo acarició con el pulgar de manera tan suave que Syaoran solo acató, por reflejo, en entrelazar sus dedos con los de ella, manteniendo el contacto. La expresión de Sakura era tenue, pero parecía ver la situación con una claridad diferente a la que podía apreciar Syaoran en ese segundo. Una claridad que se alzaba por encima de los nubarrones.

-Bueno… espero que no te enojes conmigo, pero… Creo que estoy feliz de que se te borraran las cosas…- dijo ella finalmente, en un murmullo que sorprendió a todos. Hasta a ella misma. Syaoran se viró tan abruptamente que por unos instantes creyó que la soltaría en el proceso, aunque no lo hizo, pero su mirada de perpleja incredulidad se mantuvo detrás de la fachada de dormida furia fría.

- ¿Qué?

- ¡No te enojes! – volvió a exclamar Sakura, alzando su mano libre a son de paz y, en apresuradas palabras, agregó- Es solo que estos últimos meses, si no es más, haz estado retratando en tus escritos toda tu depresión y malestar. Han sido momentos de pérdidas para ti, Syaoran… primero de Meiling, luego de Hien. Una parte de ti debe de estar agotado de integrar tanta pérdida a tu escritura, ¿No? – en un gesto dubitativo, Sakura mordió su labio inferior, para luego conducir su otra mano y cerrar la de Syaoran en un tierno agarre protector y cálido- Creo que es hora de integrarle ganancia. De permitirte recibir también. Así que… lo lamento, pero me alegro mucho por ti. Porque es hora de que avances, Syaoran, y te reinventes a ti mismo.

Él no vio venir nada de ese discurso, pero le asombró hasta qué punto no lo sintió inverosímil tampoco. Sakura sabía por qué se lo decía, ciertamente, pero Syaoran tan sólo estaba empezando a darle forma en su cabeza a la idea que le estaba proponiendo. Integrar ganancia. Se recordó rato atrás haber pensado algo por el estilo mientras escribía, el descontento de estar viendo a su viejo yo cada que pasaba página por página. No, no le alegraba para nada haber perdido su trabajo, pues fueron meses, tal vez años, invertidos en muchos de ellos. Pero por otro lado, ¿Hasta qué punto no eran un ancla a un pasado que, de hecho, se estaba esforzando por olvidar? Syaoran sintió la boca seca un momento. Volvían a ser muchas ideas bailoteando en su cabeza, hasta que el sonido de una cámara lo trajo de nuevo en sí. Parpadeando repetidas veces, dirigió el rostro hacia Daidouji, que sonreía tras haberles tomado una foto a ambos. Sakura, por su parte, se ruborizó, no apreciando enormemente eso.

- ¡Tomoyo! - exclamó, avergonzada.

- ¡Ay, mi dulce Sakura, no te enojes! ¡Simplemente te ves hermosa cuando sabes qué decir! – exclamó la joven diseñadora en lo que llevaba una mano a su mejilla, con el resplandor claro en sus ojos amatista. Sin duda, retratar a Sakura en todas sus facetas era algo que la hacía supremamente feliz, así la aludida se sintiera, momentáneamente, más avergonzada.

- ¿Puedo ver la foto? – y para sorpresa de todas, el que preguntó fue Syaoran. Todo transcurrió demasiado pronto entre la réplica de Sakura intentando impedirlo y Tomoyo, complacida, inclinándose para mostrarle la cámara en dónde se veía una foto bien tomada, con bonita luz, y la imagen Sakura sonriéndole al joven, mirándolo fijamente a los ojos, tomando su mano con confianza y calidez. Ver esa escena le inspiró calma, y se denotó en su pupila delatada y expresión ausente, divagando tal vez en sus pensamientos para luego suspirar, alzando la cabeza y decir en un murmullo ronco:

-Tienes razón, Daidouji… Se ve preciosa cuando sabe qué decir…

- ¿Verdad que sí?

- ¿Me darías una copia?

- ¡Syaoran! – la voz de Sakura se alzó por encima del murmullo de él y Tomoyo, y cuando ambos se viraron pudieron percibir como las mejillas de la joven ardían ahora, con una expresión de educado desconcierto que la hizo lucir ligeramente mortificada también. Fue realmente un acto de reflejo en dónde la vergüenza de Sakura saltó por sí sola, reteniendo el impulso de abrazarse en lo que recordaba con amargura el cómo odiaba que Hien viera sus fotos, pues por lo general éste no siempre decía algo. O si bien opinaba cosas como "Te ves hermosa", generalmente no guardaba ninguna de esas fotos para él. Sólo las miraba distraídamente por un momento y, tras dedicarle una sonrisa encantadora, volvía a dejar las fotos en su respectivo sobre, encima de la mesa. Y Sakura, rato después las recuperaba, en silencio. Fue un instante de vulnerabilidad en donde sus ojos se encontraron con los de Syaoran nuevamente, quién no pareció entender del todo qué de raro tenía su pregunta, y ella cerró la boca al darse cuenta de que no sabía exactamente qué decir, salvo alegarle que aquello era vergonzoso. Y Tomoyo, que conocía a Sakura y sus expresiones más que nadie, sonrió con entusiasmo al notar el interés del joven escritor por su amiga. Un interés que parecía humilde, sobrio, pero ante todo, genuino. Sin más, compuso una sonrisa pícara y divertida, en lo que llevaba una mano a su boca, soltando una risita discreta.

-Claro que sí, Li. Con gusto te lo haré pasar. -contestó Tomoyo finalmente y Sakura la miró, abriendo la boca con una incrédula expresión de "¿Cómo te atreves?". Pero antes de que tuviera tiempo de decir algo más, Syaoran resopló por la nariz en medio de una risa corta, silenciosa y divertida. La atención de Sakura volvió a él y, al encontrarse con sus ojos, se encontró con una expresión ligeramente burlona, pero tierna.

-De verdad te luce esa expresión, Kinomoto.

-Syaoran…

- ¿Puedo besarte?

Esa pregunta terminó de desarmar por completo a Sakura, que pareció bajar la guardia de golpe, menguando la tensión en sus hombros por un momento. De verdad él estaba siento tan dulce con ella que no pudo evitar sentir una oleada de cariño inmensa hacia él, por sus atenciones, por su ternura incluso si sabía que no debía estar propiamente en las mejores condiciones. Hien nunca le hizo vivir eso, y sería injusto no reconocerle a Syaoran el conseguirlo, por lo que apretó los labios en una fina línea, tímida, y miró a Tomoyo por el rabillo del ojo. Ésta tenía la vista puesta en la cámara, aparentemente concentrada.

- ¡Oh! ¡Pero qué foto acabo de encontrar! ¡Estoy tan concentrada en esto que podría pasar un OVNI en frente mío y no me daría cuenta! – dijo de manera tan sobreactuada que Sakura soltó una risa pequeña, agradeciéndole a ella también en silencio. Luego miró a Syaoran y, encogiéndose ligeramente de hombros, le sonrió. Las mejillas teñidas de un encantador rojo. Eso hizo que él también, involuntariamente, se sonrojara.

-Sí…- le respondió. Y en pocos segundos sintió la tibieza de la mano izquierda de Syaoran tomar su rostro, para así besar su boca con suave adoración. Un contacto íntimo y tierno que se sintió refrescante luego de ese día lleno de tensiones y emociones encontradas. A Sakura le asombraba hasta qué punto podía ser receptiva al joven escritor, o a la forma como la abrazó en ese momento, sujetándola por el torso, aferrándose a su espalda. Ella tomó aire por la nariz, tomándolo del rostro, no queriendo que se separara de ella, recordando en ese gesto tan casto todas las sensaciones que le despertó la noche anterior, e incluso lo sorprendente que fue para ella recibir ese beso robado en el pasillo, impulsivo y apasionado como él. Lleno de sentimientos bajo esa fachada seria y discreta.

Fue así hasta que escucharon la cámara sonar de nuevo y, al apartarse, Sakura vio a Tomoyo apuntarle a ambos de nuevo con ésta. Se ruborizó hasta el cuero cabelludo.

- ¡Por todos los cielos! ¡Tomoyo!

- Mi Sakura se ven tan hermosa y magnífica con esa mirada tan dulce, ¡No puedes culparme por querer retratar tu belleza!

- ¿¡Qué pasó con eso de que ni con un OVNI te desconcentrarías!?

- Ay, mi linda amiga, ¿Para qué querría ver un OVNI si te tengo a ti en frente?

- ¿Me la compartes también, Daidouji? - rompió Li la conversación, prudente como habituaba. Tomoyo sonrió, más que feliz.

-Claro que sí, Li. Tomé dos, ¿Quieres ambas?

-Te lo agradecería.

- ¡Chicos, es en serio! -al ver como el chico que le gustaba y su mejor amiga estaban confabulando para decir cosas bonitas, rosas y algo vergonzosas sobre ella en frente suyo, Sakura no pudo evitar sentirse sofocada.

-Le estoy pidiendo las fotos en serio, Kinomoto.

-Y yo en serio se las voy a mandar.

- ¡AH!

El alegato siguió un buen momento en donde Sakura se sintió enfrentada a esos dos que no paraban de insistir que era una linda foto. Al cabo de media hora hablando de lo mismo, apenada y sin mirarlos, Sakura tuvo que admitir que la foto si se veía bonita y pidió una copia para ella también, cosa que llevó a Syaoran a amplificar su sonrisa y a Tomoyo reír, jocosa. Transcurrieron muchas horas después de eso, en donde cambiaron de tema a algo más rutinario y ligero que ayudó a despejar el ambiente, aún si este siguiera algo tenso para Syaoran y sus pensamientos acerca de su madre y Hien; o para de Sakura, acerca de lo mismo. Eran casi de las once de la noche cuando Tomoyo se retiró de ahí, aunque no sin antes brindarle a su mejor amiga un cálido abrazo, guiñándole el ojo con picardía ya que, horas atrás, Sakura le insistió a Syaoran pasar la noche ahí y, tras un rato de réplicas, el escritor terminó aceptando. Sólo que, en el instante que lo propuso, Sakura lo hizo pensando en el departamento de él hecho un caos luego de su ataque de ira, y que tal vez sería contraproducente para el joven llegar tan tarde a encontrarse con eso de nuevo. Pero ahora que Tomoyo se había marchado de ahí, consiguió dimensionar que, realmente, en ese segundo estaban Syaoran y ella solos en el mismo espacio, de nuevo. Le estaba dando la espalda a él, absorta mientras cerraba la puerta principal, sin poderse creer la situación en la que ella misma terminó metiéndose, pensando que lo ayudaba. Y aún lo creía. No obstante, ya terminaba de entender el porqué del guiño de ojo de Tomoyo, en especial luego de lo sucedido la noche anterior.

Sakura contuvo el aliento un momento y, dándose un par de segundos, intentó relajarse y soltarlo de nuevo.

-Sakura…- la llamó él, de pie atrás de ella. Ambas manos vendadas y expresión agotada pero firme. La aludida dio un respingo al escucharlo y se viró para encararlo, sintiendo momentáneamente su cuerpo algo torpe.

- ¿Ah? ¿Qué? Ah… Di…dime- Sakura se odió por balbucear, y más aún, hacerlo en frente de él. Después de todo, ella amaba a la gente que hablaba bien y se esforzaba ella misma en gesticular como era debido, en un discurso fluido y agradable. Ya que después de todo, si tenía tanto léxico en su mente gracias a la cantidad de libros que había leído, al menos lo adecuado sería explotarlo de la mejor manera. A Syaoran también se le daba bien hablar en ese aspecto, así él fuera de pocas palabras pertinentes. Se sintió tonta por delatar sus nervios de esa forma tan poco disimulada pero, al verlo, pudo notar que Syaoran mismo tenía los hombros tensos y los puños apretados. Un agarre firme y tirante.

-… Si estás incómoda, puedo ir a mi departamento. En serio entendería. Esta vez tengo llaves- sugirió en un murmullo cauto, mientras la miraba fijamente. Y Sakura no supo qué responder de inmediato. Por un lado, le abrumaba la facilidad con la que podía sentir que se le iban las palabras en presencia suya, aunque no en un mal sentido. De hecho, era algo de admirar lo intensa de su mirada, como un océano profundo que desprende tranquilidad, aunque no todos se atreverían a navegar en él. Una imagen que podría ser tanto peligrosa como hermosa. Así era Syaoran. Era hermoso y peligroso en la medida de que provocaría admirarlo cuál obra de arte en un museo pero, así mismo, también inspiraría enredarse entre sus brazos y palabras, cual literata vertida en un libro fascinante.

Sakura tragó pesado y, acto seguido, soltó el aire que le restaba. Negó con la cabeza y, armándose de valor también, se acercó a él- No, no quiero que te vayas. No quiero dejarte sólo.

-No estoy sólo… - mintió el joven en un murmullo, aunque en el fondo sintiéndose incómodo por ello. Después de todo, él mismo era consciente de lo que representaba quedarse a solas con ella, en su departamento. Nada más esa mañana se había levantado Sakura de su cama, y aún recordaba la hilera de besos que le dio a lo largo de su espalda desnuda. No quería hacerla sentir presionada sobre darle una respuesta, porque no él mismo tenía claro qué quería. O bueno, si lo tenía claro: la quería a ella. Lo que no terminaba de tener claro era… ¿La quería a ella y a su historia con Hien también? No se atrevía a decirlo en voz alta.

-No, no estás sólo. Porque en este segundo estás conmigo- le remarcó Sakura con obviedad, para luego soltar un suspiro y aventurarse a acercarse a él, tomándolo del rostro. Syaoran no la alejó- También tienes a Eriol. Y ahorita Shen pareció feliz de verte. No sabía que fueran cercanos.

-No sabía que ustedes dos lo fueran.

-No lo somos- lo contradijo Sakura, componiendo una mueca discreta- Pero en general lo trato bien. Los Li eran duros con él, aún lo son. Aspiraban que fuera un Hien… o un tú. Sin embargo, siguen siendo primos y me hizo feliz que, de alguna manera, luego de tanto, por fin te encontraras con tu familia. -Syaoran no respondió. Sakura consideró que tal vez sería el momento oportuno para poder tocar el tema que quería tocar desde hacía unas horas y lo soltó, dándole su espacio un momento. Por supuesto, Syaoran no era bobo y supuso fácilmente qué dirección estaba tomando la conversación, a lo que su mirada empezó a tornarse más dura; cosa que Sakura notó, por lo que buscó suavizar la voz y hacer de ésta algo más agradable- Syaoran, tu madre…

-No lo hagas, Sakura.

-Si lo haré, Syaoran, y te ruego que me escuches, por favor- seguía empleando un tono articulado y suave que invitaba a una conversación civilizada y condescendiente, abierta a la escucha- Ieran no está del todo bien. Me preguntó por ti, todo ese rato. No buscaba inmiscuirse, por supuesto, no me preguntaba tanto por tus proyectos personales, sino cómo estabas. Si eras feliz haciendo lo que hacías. Si te estabas alimentando bien. – Sakura hizo una pausa, esperando que Syaoran dijera algo pero, incluso con su dura mirada, pareció atento. Ella, en el fondo, lo agradeció- Lo que quiero decir es que ella está de verdad muy tocada por lo de Hien. Demasiado. Y me preocupa, no sólo por ti, sino por ella. Sé que Ieran ha sido muy dura contigo, pero creo que también ya aprendió la lección. Ambos lo hicieron. Y por la fea.

A Syaoran se le dilataron levemente las aletas de la nariz, con una mueca de desagrado y terquedad. La garganta le escocía y lo llenaba de coraje. Incluso si era de noche, era fácil sentir la humedad veraniega del aire en su piel bronceada y en ese instante que tenía los sentidos alerta, parecía más consciente que nunca de ello.

-Esa mujer me sacó de su vida, Sakura, y no tengo porqué ser yo el que vaya detrás de ella, ¿Entendido? No le debo nada. Ni siquiera explicaciones. – le dijo con voz áspera, muy gutural, pero aun así contenida. Sakura sintió ver, por un momento, vestigios de ese Syaoran hostil que conoció el día que se mudó al edificio, y no le gustó. Prefería a su Syaoran atento y observador, de palabras bellas y silencios elocuentes.

-No, no se lo debes. No le debes nada a nadie, pero… la muerte de Hien rompió un espacio enorme en la vida de todos. Su muerte marcó un antes y un después en nosotros- se aventuró a tomar la mano de él nuevamente, acercándose de forma lenta, casi que tanteando terreno como lo haría, eventualmente, con un cachorro. Permitiéndole que la olfateara y se familiarizara con ella- Eso nos rompió a ambos meses atrás, y tú me odiabas…- Syaoran pareció querer decir algo, aunque ella le pidió que se aguardara un momento, alzando la mano pacientemente- Pero nos pudimos ayudar el uno al otro. Sujetamos nuestras manos y seguimos caminando. El proceso de duelo es algo horrible, Syaoran, y lo sabes porque ya lo viviste. Porque lo hemos vivido en carne propia. Sin embargo, la vida sigue, y el amor nos ayuda a entenderlo. Nos ayuda a sanar.

-… ¡Pero esa mujer…!

-Esa mujer es tu madre, Syaoran. Y el que ella fuera una persona absolutamente destructiva en el pasado, no significa que tú debas seguir sus pasos. Bien te lo dije hace unas horas, ¿No? Llevas años invirtiendo en gente que te quita y en proyectos que te absorben y destruyen. Tú eres un ser hermoso y tienes mucho por dar, ¡Muchísimo! Pero también por amar… y sanar. Que tu madre haya sido destructiva sólo habla de ella como una persona rota hace muchos años, no de ti cómo hijo. Ella se rompió aún más con lo de Hien. Pero en lugar de seguir expandiendo esos pasos de odio… tú puedes escoger el reconstruirte. El reconstruir tu comunicación con ella. Y si a ella le cuesta, puedes ayudarle a dar el primer paso… Porque el que sabe manejar las palabras eres tú. Y porque una de las cosas hermosas de ti que me encantan, Syaoran Li, es tu magnífica capacidad de amar…- su voz fue menguando, mientras sentía el calor agolparse en su rostro modestamente- Creo que eso te lo dije bastante claro anoche.

Syaoran no se sintió capaz de responder a eso de inmediato. Se quedó paralizado mirándola y cuando menos lo hubo calculado, tomó aire profundamente, siendo consciente de lo rojas que debieron ponerse sus mejillas en ese segundo y de cómo, de inmediato, un enorme sentido de timidez lo embargó. Aún si estaba prevenido con la idea de hablar de Ieran, Sakura lo bombardeó con la guardia baja en ese otro campo personal y no supo qué palabras decirle a eso. Se sintió como un adolescente que se enfrenta a la chica que le gusta por primera vez, y debe tomar la decisión de salir corriendo o decirle cuán linda la encuentra. Y soltando un tenue gemido que ni siquiera alcanzó a ser una pequeña risa, Syaoran bajó el rostro en un gesto dubitativo y abochornado, disimulándolo al llevar una mano a sus propios cabellos, revolviéndolos sin sentido alguno.

-Por los dioses elementales, Kinomoto. Cuida tus palabras, ¿quieres?...

-No tengo porqué cuidarlas si lo que digo es verdad.

"Esa mujer no tiene remedio" pensó el escritor, aunque en medio de sus emociones emergentes quiso reír también. Mandar al carajo su disgusto familiar o sus frustraciones personales. No entendía cómo en el transcurso de un año esa joven de cortos cabellos había aprendido a brindarle tanta paz con sólo su presencia. Y luego de haber vivido constante adrenalina y turbias discusiones en sus relaciones precedentes, lo cierto era que estar con alguien que le inspiraba paz y seguridad era reconfortante. Estuvo meditando en la imagen de Ieran ese día, y lo abatida que se mostró, el cómo le dijo "hijo" con voz suplicante. Algo, sin duda, fuera de lugar con la gélida Ieran Li que ayudó a criarlo. Alguien que creció con la constante voluntad de simplemente generar ingresos e instalar éxito, aún por encima de cualquier otro gusto o deseo. Una mujer absolutamente trabajólica, al igual que su padre, que generalmente no tenían tiempo de llegar a cenar con ellos, ni siquiera el día de su cumpleaños. No, ir a perdonarla no era nada fácil como idea, de hecho le costaba concebirlo. No obstante, Ieran tenía los ojos negros de Hien, mientras que Syaoran era idéntico a él en todos sus otros aspectos. El estar juntos en el mismo espacio y verse fijamente era, de alguna manera indirecta, tener a Hien con ellos y la idea le produjo a Syaoran un doloroso vacío en el estómago que le cerró la garganta por un par de segundos. Hien quiso mucho a su madre, pese a todo, porque entendía que ella les exigía por querer lo mejor para ellos. Sin embargo, el favorito a la vista para asumir el cargo siempre fue Syaoran, y Hien no dudó en tomarlo en su lugar. El joven Li no negaría, para sus adentros, que aquella idea lo desconcertó profundamente cuando Hien le escribió diciendo que había decidido tomar las riendas de la compañía en reemplazo suyo. Se hablaban poco ya para entonces, pero Hien nunca fue del tipo que pareció interesado en esas cosas. Él sabía bien eso, desde siempre. ¿Acaso el menor de los Li lo hizo para darle gusto a su hermano mayor y, a la vez, complacer a su madre?

Volviendo en sí, Syaoran volvió a notar a una Sakura muy atenta en frente suyo y, con el ceño fruncido, apartó el rostro tras resoplar por la nariz.

-No puedo prometerte nada, Kinomoto. Esa mujer puede ser mi madre, pero fue una terrible madre en más de una ocasión. Puedo decirte que lo pensaré. No más que eso.

Sakura pareció satisfecha.

-Vale, está bien.

-No entiendo por qué insistes tanto, la verdad- Syaoran entrecerró los ojos en un gesto suspicaz a lo que la joven soltó una risa divertida, ya aventurarse a acercarse a él lo suficiente para abrazarlo por el cuello.

-Porque tú formas parte de mi vida, así como ella lo ha hecho todos estos años. Y los quiero a ambos así… ojalá juntos. - respondió Sakura en un murmullo, adoptando la postura de una pequeña que le explica a sus padres porqué sería adecuado que le compraran el helado de chocolate y no de almendras. Con la misma inocencia y buenas intenciones de por medio. Y el corazón de Syaoran palpitó más aprisa en el instante que no disimuló su sorpresa tras escucharla decir eso. Que fue corto, pero contundente.

¿Cuánto tiempo había pasado desde el cóctel? ¿Un día? Lo sentía como meses. Además que la joven Kinomoto era tan enteramente noble que le resultaba casi imposible pensar en refutarle, incluso si él era bueno argumentando. En especial viéndola sonreír de esa manera tan encantadora. No le terminaba de cuadrar la idea de hablar con Ieran, pero entendía que Sakura no tenía malas intenciones detrás de sus palabras. Tan sólo se preocupada por él.

-… Lo intentaré. Pero de nuevo, no prometo nada… ¿Entendido? – repitió el escritor, con una expresión grave y moderada. Para Sakura era suficiente, que sólo empezó a balancearse muy ligeramente mientras reía.

- ¿Puedo besarte? – le preguntó de forma dulce, mirándolo a los ojos, deleitándose con esos orbes ambarinos e intensos, tan diferentes a los de Hien. Y Syaoran suspiró, relajando la postura en una sonrisa tenue, mientras agregaba un quedo:

- Claro…

Y Sakura se alzó ligeramente para así buscar sus labios. Los brazos de Syaoran se cerraron, de nuevo, alrededor de ella, apretando ese sensual cuerpo femenino hacia él, soltando aire por la nariz en un intervalo que la joven abrió la boca solo un poco, buscando capturar el labio inferior de él, chupándolo vehemente. Syaoran, con los ojos cerrados, le mordió el labio superior de una manera invitadora, lenta, antes de apretar el abrazo, deslizando sus amplias manos por la espalda de ella, siendo consciente de su figura bajo la tela de esa ropa; experimentando una sensibilidad eléctrica en el instante que su lengua se encontró con la de ella en una danza acariciante y exquisita, dónde tenía los sentidos despiertos y dirigidos a la joven que trazaba prosas con los dedos sobre su piel. Sakura se sentía fascinada. La piel de él era tan magnética que la llevó a querer deslizarla del cuello a los hombros, y…

Syaoran tomó aire, interrumpiendo el beso. Y fue tan repentino que Sakura abrió los ojos de inmediato, sintiéndose desorientada. Pero no se atrevió a preguntar cuando encontró a un Syaoran rojo, con el ceño fruncido desenfadadamente, evadiéndole la mirada. La joven castaña abrió la boca para preguntarle si todo estaba en orden, pero el escritor se le adelantó.

-Lo siento… te prometí ir lento. No quiero que pienses que no cumplo mis promesas, o que no lo deseo. Yo, sólo…- mordió su labio inferior, llamándose "tonto" una y otra vez, ¡Hubiera seguido!

Y de hecho, en el fondo de sí misma Sakura también se lamentó, pues quería seguir. Pero en la medida que se fue recobrando, suspiró, entendiendo que Syaoran solo intentaba cumplir con su palabra. Y de hecho, el verlo hacerlo sólo le resultó reconfortante por lo que aceptó, apartándose de él un poco.

-Si, tienes razón. Vale… entiendo- hubo un momento de silencio tenue y tal vez algo incómodo, hasta que Sakura decidió interrumpirlo un instante- Bueno… me iré a cambiar entonces…

-Si… si, claro, adelante, no hay problema. – Syaoran contestó tan aprisa que tan sólo consiguió regañarse mentalmente de nuevo por, tal vez, parecer desesperado.

En cuestión de cinco minutos, ella se había dirigido a su habitación para cambiarse de ropa mientras que Syaoran, esperándola y reprochándose aún, había recuperado su lugar en el sofá. Miró detenidamente el sitio: la mesita de madera pequeña, dónde la recordaba. El suelo alfombrado y la cocina cerca a la sala de estar. En ese mismo lugar se besaron ambos por primera vez pero había transcurrido tanto desde ese entonces. Tantos meses de pensamientos inciertos y corazones sanados progresivamente. Le costaba recordar detalles de ese día, salvo el hecho de que era una tarde lluviosa y fría. Y ahora, no mucho tiempo después (aunque lo pareciera), se encontraba de nuevo ahí pero con un enredo de sentimientos de por medio. Fiore le ayudaba a desahogarse. De alguna manera, ese último pensamiento lo terminó de enfriar, pues no era propiamente una idea alegre. Tantas páginas invertidas en ellos, que le sirvieron de catarsis para canalizar un flujo enorme de emociones estancadas. ¿Qué hacer ahora? Pensaba aún en lo que decía Sakura, pero no estaba del todo convencido aún. Dejó salir una exhalación, con el único propósito de relajarlo. Pero eso duró hasta el momento que sintió a Sakura llegar nuevamente, aunque sus pasos hubieran sido amortiguados por el suelo alfombrado.

Syaoran alzó la cabeza y sus ojos se quedaron en ella un momento que sintió largo. Ella acababa de acomodar sus cortos cabellos y traía de pijama algo que parecía una camisa larga y verde, que le llegaba a medio muslo. Pero no más que eso. El verde era su color favorito, y no pudo evitar preguntarse si, de casualidad, lo era para ella también.

Al notarlo silencioso y circunspecto, Sakura se sentó a su lado, girando por completo el cuerpo en su dirección. Y con un gesto que pareció atento y algo preocupado, la joven preguntó- ¿Todo en orden?

-Si… bueno… tal vez. Creo… - respondió Syaoran, incómodo. Sakura arqueó ambas cejas, en un gesto escéptico, y él entendió que no lo dejaría en paz hasta darle una respuesta. Pero pese a sentirse cómodo con Sakura, cómo escritor seguía encontrando que sus escritos eran algo muy personales- Sé que ya me recomendaste que debía seguir, pero no sé hasta qué punto pueda hacerlo. O me sienta seguro de hacerlo. Fiore fue mi primera historia luego de un largo tiempo de sequedad y ahora… simplemente se fue.

Al ser tan tarde en la noche, no se escuchaban tantos vehículos afuera. Incluso pese a ser sábado. Y sólo una de las luces de la sala estaba encendida, brindándoles una agradable sensación de intimidad de la cuál sólo ellos dos podían disfrutar. Y Sakura entendió, por su amor a la escritura, y por cómo había renunciado a ella tantos años. Lo entendió porque leyó sus libros y, porque más aún, ahora lo conocía. Y comprendía el cómo Syaoran se valía de inspiración externa para escribir. Recordó, no sin un dejo de amargura, cuando Eriol le comentó en diciembre acerca de Meiling y el cómo ella lo llevaba a escribir. "Su musa". La idea la tornaba triste. Ella no podía ser Meiling en su vida, y no deseaba serlo. Pero tal vez le inspiraba un cierto dejo de envidia en la medida que entendía que el escribir no era algo que se le ofrecía a cualquiera. Y esa mujer, buena o mala, lo había llevado a hacerlo mucho.

Sakura tomó aire y llevó su mano hacia la de él, sujetándola, ganándose la atención de Syaoran. Y aunque su mirada verde tenía una expresión indescifrable, esperaba que él sintiera la honestidad de sus intenciones. Y tal vez, sólo tal vez… no lo encontrara descabellado.

- ¿Recuerdas lo que me propusiste esta mañana?... sobre escribir un libro. Bueno, tal vez sería una buena idea empezar por ahí. Ya sabes… reconstruir a Fiore juntos. Escribir ambos su historia…

- ¿Qué?

- ¡Bueno, era sólo una idea! Ya que te sentías estancado, tal vez la intervención de otra persona pueda ayudarte a fluir. Cambiar el curso de lo escrito- respondió la joven Kinomoto, y Syaoran no pareció del todo convencido en primera instancia.

-Dijimos que escribiríamos una serie de fantasía… ¿Sugieres hacer a Fiore de eso?... ¿Un libro de fantasía?

- ¿Y porqué no, Syaoran Li? Fiore sería una espectacular niña maga- protestó Sakura, componiendo un puchero de reproche. Pero Syaoran aún procesaba la idea. Tan sólo le sostenía la mirada a Sakura, como esperando encontrar una buena respuesta en sus ojos.

-… ¿Por qué querrías hacer eso, Sakura? Ayudarme a reconstruir una historia desechada que nada tiene que ver contigo- eso último era una mentira apoteósica, y Syaoran era consciente de aquello. Pero Sakura no tenía por qué saberlo, y él no tenía, tampoco, porqué contárselo en ese segundo. El que Fiore, de hecho, existía por ella. Bailaba entre páginas y capítulos gracias a ella. Sin embargo ahora la Fiore de carne y hueso le proponía no dejar caer la historia sino, por el contrario, reconstruirla a su lado. Tal vez Sakura no dimensionaba lo que eso, realmente, significaba para él. Pero necesitaba oírlo de su boca. Escuchar sus motivos, su respuesta.

Sakura notó que Syaoran la miraba de manera muy fija, y le hizo preguntarse el porqué. También si era adecuado lo que le diría, pues ella misma entendía que no era Meiling y que tal vez sería mucho aspirar a serlo en su corazón. Pero… quería verlo feliz. Esa era la gran verdad.

-Porque no quiero que dejes de escribir, Syaoran. Porque eso forma parte importante de ti. Porque, sobre todo, no deseo que vuelvas a perderte de ti mismo…- y antes de culminar por completo la oración, Syaoran acortó la distancia entre ambos mientras le robaba un beso en los labios, intenso y firme, impulsivo; tal cómo lo había hecho la noche anterior. Un beso silencioso que, desde su físico, expresaba lo que significaba para él escuchar sus palabras, su apoyo. El poder ver el brillo de su alma y la bondad de su corazón.

Sin duda, volvió a pensarlo, Sakura Kinomoto era un ser hermoso y reconfortante. Y lo sintió más aún cuando ella accedió a responderle el beso, abriendo su boca con suavidad, invitándolo a seguir. Syaoran se aproximó a ella y sintió enloquecer cuando la abrazó y notó fácilmente contra su pecho los senos de ella que, bajo su pijama, estaban sin sostén. Se sentían blandos contra su torso, invitadores. Y poco a poco se iban endureciendo en respuesta del contacto del castaño, que pasó su amplia mano áspera por un costado de ella, alzándole levemente la camisa. Sakura se estremeció pero lo dejó, abrazándolo por los hombros en lo que arqueaba el cuello hacia atrás cuando el escritor dejó su boca para buscar dejar una cadena de besos desde su mandíbula hasta empezar a descender por su garganta y luego, retomando un poco la calma, tan sólo disfrutándola, rozar la punta de su nariz sobre la clavícula de ella, aspirando ese aroma floral que ahora le resultaba tan familiar.

De una manera que Sakura desconocía, terminó recostaba contra una de las esquinas del sofá y Syaoran, inclinado sobre ella, yacía entre sus piernas, alzándose para verla a los ojos. Una mirada devoradora que no perdía ternura en el gesto y con la que Sakura se estremeció antes de sentir como él se inclinaba de nuevo hacia ella, buscando besarla de nuevo. Un beso más dulce, consciente. Menos arrebatador, quizá, pero no menos amoroso por ello. Y ella, complacida, se dejó besar. Sintiendo lo tentador que resultaba el que ella estuviera portando sólo una camisa semi alzada como prenda, el cómo sus senos se encontraban con el pecho de él, aún bajo prendas, y la mano masculina del joven que fue subiendo poco a poco por su muslo hasta que…

- ¡Ah...! … Sya… Syaoran- balbuceó ella, abriendo los ojos verdes con asombro, aún en medio del beso, en el instante que sintió dos de los dedos de Syaoran posicionarse en su entrepierna, sobre la ropa interior. Pero incluso si el contacto era íntimo, no era rudo o invasor. De hecho, Syaoran seguía siendo suave y tierno, pero profundo. Lo fue cuando volvió a recuperar sus labios en un beso y cuando, con la misma dulzura que su lengua acariciaba la de ella, el dedo corazón empezó a acariciarle con exquisita ternura su flor de placer. Y fue instantáneo.

Un delicioso hormigueo empezó a brotar, en proporción al contacto del muchacho mientras el calor se extendía desde la parte baja de su vientre hasta el punto exacto donde Syaoran la masajeaba. Un movimiento circular, firme y lento. Sakura interrumpió el beso tan sólo para dejar salir un tenue gemido, aferrándose a sus hombros. Sintiendo cómo Syaoran quería explorar su cuerpo de una manera que Hien nunca lo hizo. Cosa que le resultaba, al mismo tiempo, emocionante también.

En la medida que el calor aumentaba, así como esa eléctrica sensación placentera, Sakura cerró los ojos, mordiendo su labio inferior, aferrándose fuertemente a la camisa del muchacho. Syaoran notó como lo sujetaba pero, sobre todo, el deseo que fácilmente ésta le inspiraba, la sed que le generaba aunque, por encima de eso, también el amor. Lo deleitaba verla así, ruborizada, mordiéndose el labio, aunque parecía insistir en cerrar los ojos. Ella soltó un tenue "mmf".

- ¿Quieres que pare?

- Mmm… No…

Y Syaoran compuso una sonrisa, antes de acercarse y besarla de nuevo, sólo eso. Jugando un poco a darle placer y, al terminar, llenarla de besos y palabras tiernas. Por esa noche, no fueron más lejos que eso. La voluntad de sentirse traviesos por un momento, con gestos pícaros el uno con el otro, a los cuáles Sakura no sólo fue receptiva, sino que también respondió. Eran dos adultos en uno de sus departamentos, a solas, y podían estar juntos sin deberle explicaciones a nadie, ni siquiera a Ieran Li. O al menos de ese modo se sintieron por unos instantes, donde tan sólo eran ellos dos. Un escritor y una literata componiendo versos al infinito y en sus almas. Mirándose a los ojos y encontrándose a sí mismos en la mirada del otro. Pero permaneció así, en un contacto más bien casto en dónde al menos decidieron respetar una de las partes de ir lento al no sumirse entre sábanas en la intimidad del amor. Pero, quizá, mandando al carajo el trato de pedir permiso por un beso, al menos durante las siguientes horas.

.

.

Era jueves.

Era increíble lo rápido que había transcurrido la semana, y Syaoran aún no podía creer del todo lo poco que pudo ver a Sakura en esos días. Aún entonces sonreía de forma tonta, pensando en su pequeña intimidad el fin de semana que, aunque hubiera deseado que fuera más lejos, tal vez en el fondo pensaba que estaba bien así. Después de todo, sentía la necesidad de estar por completo sobrio la siguiente vez que decidieran hacer el amor, y no fuera simplemente un impulso de deseo de ambos. Syaoran era un romántico sin remedio y le hacía feliz haber dado con alguien que compartiera esas ideas. Se lo atribuía a los libros, por supuesto. Con Meiling nunca vivió eso. Ella era una mujer apresurada que sólo iba a lo que pensaba, sin rodeos o mayor voluntad de extenderse o conocer al otro. Era una mujer que pocas veces mostraba una faceta altruista que, en el fondo, resultaba ser más narcisista, pues esperaba que la vieran a ella, a cambio. Syaoran no cesaba de preguntarse cómo fue que estuvo tanto tiempo enamorado de ella, y tal vez entendía que lo que le resultaba emocionante era su exaltante belleza y picardía. Y que precisamente, ella cazaba lo que se le cruzaba entre ojos con ardiente pasión. En su momento, aquello lo dejó sin palabras. Meiling siempre fue, a su modo, una rara manifestación de arte. Y como cualquier otra rara manifestación de arte, era imposible pasar a su lado y no detenerse a observarla por unos instantes.

El sábado en la noche ni Sakura ni él durmieron, porque hablaron hasta el amanecer, con tan sólo una luz encendida, ambos sonriendo en la intimidad del momento, robándose besos de tanto en tanto. Decidiendo reestablecer la regla de pedir permiso para estos cuando saliera el sol. Sakura estuvo de acuerdo. Tal vez esa era de las cosas que más feliz le hizo a él: darse cuenta hasta qué punto podía ser recíproco ese deseo de estar con el otro. Hablaron de Fiore toda la noche, de historias. Y fue tan interesante que una vez fue domingo, Syaoran estaba agotado, pero ahora tenía extraños deseos de sentarse a escribir una historia completamente diferente.

Bueno, eso se pospuso, pues igual tuvo que llegar a casa a levantar el desorden. Y al comienzo de la semana laboral, Sakura estuvo tan ocupada que realmente sólo pudieron verse en un par de ocasiones en el pasillo, y cruzándose por coincidencia. Al parecer Clow Corp. estaba organizando un evento, y necesitaban de la mente creativa de Sakura para poner las cosas a funcionar; algo que sorprendió a Syaoran pero, al mismo tiempo, también lo esperaba mucho de ella. Aunque por supuesto, la echaba de menos. E incluso si tenían momentos que intercambiaban mensajes de texto continuos, había otros en los que se ausentaban perfectamente por horas, y no respondían sino hasta el día siguiente.

De todas maneras, a Syaoran eso no le molestó. No era del tipo que le gustaba estar encima de la gente, y agradecía que con Sakura aplicara lo mismo. No obstante, por otro lado, él también se vio bastante ocupado con eso de tener que arreglar su PC, y gestionar con Midori acerca de todo lo que se le borró y tener que reescribir en tiempo récord para esa semana. En el fondo agradecía que Midori le tuviera aprecio, pues el que ayudara a darle más tiempo le fue muy útil, y le prometió invitarla a salir a cenar uno de esos días. Midori, gratamente sorprendida por el gesto, tan sólo acató en sonreírle divertidamente mientras arqueaba ambas cejas.

-Syaoran Li parece estar muy de buen humor últimamente… ¿Estás saliendo con alguien?

El castaño se asombró cuando le hizo esa pregunta, pero tan sólo rio como respuesta, negando con la cabeza. No podía negar que fue difícil de responder. Porque, técnicamente, Sakura y él no estaban en ninguna relación oficial juntos. "Amigos con derecho" no entraba realmente en ninguna categoría comprometedora y el pensar en eso tal vez le hizo caer en cuenta de muchas otras cosas.

-Bueno… no exactamente. No sabría si decir "saliendo".

-Ya veo. Entonces, ¿Estuvo bueno el sexo?

- ¿Qué?

Midori rio una vez más ante la expresión que adoptó Syaoran con su pregunta, como queriendo digerir un segundo sus palabras tan directas. Él era muy noble. Ella, que estuvo tantos meses detrás de él, no podía dejar de admitir que esa fue una de las cosas que más le gustó. Midori suspiró, mirándolo con sus ojos azul oscuro, y enredando un mechón de su negro cabello en el dedo, dijo:

-No le des tantas vueltas, Syao-Syao. No tiene nada del otro mundo. Relaja, es agradable, resulta casi terapéutico… Sólo me gustaría saber, ¿Con quién fue? - sin más suspiró, ladeando una sonrisa divertida en lo que sus ojos azules escrutaron a Syaoran con enorme intensidad. Tanto así que éste se tornó más serio, sintiéndose incómodo por unos instantes- Oh, vamos- terció ella, haciendo un ademán de soltura con la mano, invitándolo a relajarse- No te lo tomes así, sólo quiero saber. Me genera curiosidad quién pudo despertarte deseo de esa manera, además de Meiling.

- ¿Y a ti porqué te vendría a interesar eso? – le respondió Syaoran, enarcando una ceja de manera escéptica. Midori no respondió de inmediato, pero lo miró detenidamente en lo que entrelazaba las manos y las ponía en frente de su rostro. Parecía normal, pero su mirada pareció tornarse ligeramente más calculadora y distante por unos segundos.

-Entonces no lo niegas…- murmuró, por lo bajo- Sí estuviste con alguien.

-Francamente, Midori… ese no es asunto tuyo.

-No, tienes razón. Ya no lo es- respondió Midori, para luego exhalar y, como si nada, volver a recuperar la misma postura afable. Cruzó sus piernas y la falda corta que llevaba se alzó más en el proceso. Midori era hermosa, aun si su piel clara tendía a ser opaca, y su largo cabello oscuro algo indómito. Era baja, mucho más que Meiling y Sakura, pero tenía una personalidad atronadora que la hacía destacar por encima de muchos otros- Honestamente, Syao-Syao, sólo se trataba de franca curiosidad. Después de todo eso fue algo que yo estuve buscando por meses, fui persistente incluso después de que Meiling te dejó. Pero bueno, un beso borracho tuyo supongo que fue mejor que nada. Tal vez dos.

Syaoran se tornó helado una vez escuchó eso, y guardó un silencio sepulcral en el instante que le sostuvo la mirada con dureza. Fue una mirada fría y, sin responderle nada más al respecto, se incorporó, tomando sus papeles- Te enviaré la publicación antes del lunes- fue todo lo que respondió, para luego darse media vuelta e irse de ahí, cerrando la puerta tras de sí.

Midori movió los hombros en una risa apenas audible, y así dirigirse a sujetar una pelota antiestrés, muy similar a la de Eriol, puesta sobre el escritorio. Syaoran Li. Definitivamente él era un buen chico. Y aún si lo conoció por ser, en un principio, amiga de Meiling, no negaría que ella fue terrible con él y, sin duda, tampoco supo valorarlo. Meiling no era del tipo de personas que pudiera considerarse buena. Syaoran sí.

En eso radicaba la diferencia.

La conversación con Midori turbó bastante a Syaoran, por otro lado, haciéndolo pensar en muchas cosas a la vez. En especial sobre su posición con Sakura y todo lo que eso acarreaba. Aunque no se hubieran visto, había pensado toda la semana en lo que hablaron el sábado. Acerca de ir a encontrarse con Ieran, aún si la idea seguía conflictuándolo; pero Sakura se encargó de rotarle el número de Shen, a quién no había llamado todavía.

Sabía en qué hotel se estaba quedando, pero se preguntó si estaría ahí en ese momento. Dudó un poco, pues de todas maneras llevaba tanto tiempo sin ver a Shen que no sabía tampoco mucho de qué hablar. Aunque bueno, de tener que hablar con la familia de nuevo, al menos podría empezar por ahí. Podría ayudarle a despejar la mente.

Llamó.

Shen se tardó un poco en contestar, pero cuando lo hizo su voz sonaba algo agitada- Shen Li al habla.

-Shen am… hola. Soy yo…Syaoran- se sintió tonto por presentarse, pues supuso de antemano que su primo tendría que reconocer su voz. Sin embargo, habían pasado muchos años desde la última vez que habían hablado por teléfono. La voz del muchacho cambió, aunque Syaoran no supo interpretar si para bien o no. Era un tono extraño que dejaba de ser neutro, pero era poco identificable.

Al estar en la calle, a Syaoran le tocó que hacer especial esfuerzo en concentrarse en lo que Shen le respondía, pues los autos pasaban con ruidosos motores o tocando bocinas. Además del calor, podía decirse que tampoco apreciaba eso.

-Syao, hola. Pensé que no llamarías. Siempre fuiste algo cobarde por teléfono.

-No soy cobarde- protestó el joven castaño, frunciendo ligeramente el ceño- Sólo no me gusta hablar sin verle la cara a la gente.

- ¿Pero escribir sí?

-No es lo mismo. No se puede escribir viéndole la cara a la gente. No bien, al menos.

Shen soltó una carcajada deliberada que relajó, por un momento, la conversación. Parecía divertido aunque su voz tuviera aún un dejo de tensión.

-Lo siento, es que me llamas justo cuando estoy algo ocupado.

- ¡Oh, lo siento! – de apresuró a decir Syaoran y con honestidad, incluso a modo de reflejo, agitó una de sus manos como si Shen estuviera viéndolo. Luego cayó en cuenta de eso y frunció el ceño, mirándose mal. Por eso prefería ver a la frente cuando le hablaba- Puedo llamarte después, no hay problema.

-Oh, no te preocupes, primo. Son cosas de la empresa. Aparentemente tenemos que entendernos con una compañía estadounidense muy adinerada y nos acabamos de enterar que el tipo envió a la esposa en su lugar- Shen suspiró, exasperado- estamos intentando gestionar una video llamada, al menos. Pero si quieres, puedes venir. Terminamos aquí y vamos a comer algo, me encuentro en el Hotel Tanaka.

- ¿Seguro, Shen?

- ¡Pero claro! Será refrescante, primo. Hace años no sé de ti, tenemos que ponernos al día.

Syaoran guardó silencio un momento, pensativo. Pero su mirada era algo seria, fría, distante. Aún le producía un mal sabor en la boca.

-Oye… ¿Y ella estará ahí?

- ¿Quién? ¿La tía Ieran? – el tono de voz de Shen no cambió para nada, pero el silencio nuevo y prolongado de Syaoran lo dijo todo. Por algún motivo, eso pareció poner a Shen de buen humor- No te preocupes, ella está en otra cosa. De momento estoy a cargo yo de recibir a los invitados.

-Ok, vale… iré en un momento.

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Al entrar al Hotel Tanaka, Syaoran agradeció llevar consigo ropa presentable por haber tenido que ir a la editorial rato atrás: un pantalón de dril beige, y una camisa de botones blanca, manga larga, que llevaba remangada hasta los codos debido al calor. La cadena de hoteles Tanaka tenía fama de ser muy prestigiosa y en la sola recepción se notaba. Había cuadros enormes con diseño abstracto en las pareces, suelo de porcelanato y el umbral era enorme. No respetaba demasiado el clásico minimalismo japonés, sino los lujos contemporáneos de occidente. El joven escritor fue a presentarse en la recepción para que lo anunciaran a Shen y, tras esperar un momento, uno de los botones lo condujo a un salón más pequeño y apartado que Shen estaba usando, temporalmente, como oficina. Recibiendo, de ese modo, a los invitados. El lugar tenía tan sólo una mesa, donde reposaba el PC de Shen, unos cuantos papeles al lado y un cenicero repleto de colillas de cigarrillo que explicaba el porqué del aroma concentrado en el lugar.

Syaoran, como reflejo, arrugó la nariz. Pues luego de él mismo dejar el vicio de fumar, no era demasiado tolerante a su aroma.

Dio fácil con Shen.

Le daba la espalda, hablando por el celular. Tenía los negros cabellos despeinados y sus ojos claros reflejaban notoria exasperación. Hablaba en inglés, muy rápido, asombrando a Syaoran en la medida que Shen había mejorado mucho en ese campo. Después de todo, entre ellos dos y Hien, realmente Shen Li siempre fue el peor en los cursos de inglés cuando debían recibir clases particulares para perfeccionarlo. De hecho, Syaoran eran muy bueno gracias a Eriol, con quien practicaba constantemente. Entró a la oficina, sin más, tratando de no interrumpir, pero entendiendo lo que estaba diciendo su primo: al parecer la dichosa compañía estadounidense se rehusaba a hacer la videollamada, y Shen alegaba con que hablar con la esposa del dueño no era, necesariamente, lo mismo que hablar con el dueño.

El cuanto el moreno notó la llegada de su primo, le hizo señas de que se sentara mientras seguía discutiendo, cosa que Syaoran obedeció, en silencio, esperando que pudiera resolver pronto el asunto. Transcurrieron otros cinco minutos hasta que Shen colgó, pero suspiraba exasperado, claramente no muy contento. Syaoran, desde su asiento, compuso una mueca esperando el momento oportuno para hablar.

-Am… este… ¿Todo en orden? – se aventuró a preguntar el mayor, encogiéndose de hombros. Y al oír su voz, Shen pareció recordar que, de hecho, no estaba solo.

-Si, sí. Es sólo que el tío Zhao insiste que es elemental establecer vínculos con ellos por bla, bla, bla- el joven aspirante a la compañía de los Li puso los ojos en blanco, luciendo honestamente irritado- Pero el sujeto es un viejo pedante que hace lo que le entra en gana y asiste a las cosas si le da la gana. Igual, al tío Zhao eso le importa un comino… ¡Un vil comino siempre y cuando el tipo invierta en nuestra compañía!

Syaoran compuso una mueca, sintiendo algo de pena por Shen. Después de todo, él mismo quiso huir de ese tipo de mundo, vertiéndose en sus escritos e inspiración. La compañía Li, si bien era exitosa, también era una que fomentaba mucho la instrucción de autómatas en lugar de empleados. No extrañaba eso para nada. Y aunque Syaoran era consciente de que a Shen le gustaba ese estilo de vida, no estaba del todo seguro de poder apreciar el que lo hiciera feliz. Llevando dos dedos al puente de su nariz, tomando aire, Shen se dirigió a la puerta.

-Dice que reciba a su esposa, que me entendería mejor con ella porque ella habla japonés y mandarín también. Y cuando empecé a alegarle al respecto, me dijo que ella acababa de llegar a la recepción. Tengo que recibirla- el muchacho miró a Syaoran y, en un gesto que pareció bastante honesto, se encogió de hombros por un momento, diciendo- Espero que no te moleste. Termino con ella y ya salimos a comer tú y yo.

Syaoran sonrió, comprensivo. Suspirando mientras que, con un ademán de la mano, le restaba importancia- No te preocupes. Yo espero. – Shen, a su vez, le devolvió la sonrisa. Abrió la puerta y asomó la cabeza por esta.

- ¿Señora Brown? – llamó, adoptando un tono más ameno y fingido. Pero lo suficientemente cordial para establecer negociaciones. Al escucharlo, sin embargo, Syaoran fue borrando su sonrisa progresivamente en lo que parecía asimilar la palabra.

- ¿Brown? – repitió en un murmullo distante hasta que, perdiendo un poco la noción de las cosas la vio entrar, palideciendo. Estaba como la recordaba. Quizá la distancia la había vuelto más hermosa, con sus ojos de lava intensa, piel clara y largo cabello de ébano que caía cual cascada por su espalda. Boca que se curvaba en una sonrisa cordial y atuendos de seda fina que exaltaba elegancia en su cuerpo y la belleza de su rostro joven. Lo único que realmente había cambiado era una argolla de matrimonio que reposaba en su dedo anular derecho. Los ojos rojos de ella parecieron ir lentamente de Shen a Syaoran y, al encontrarse con este último también le sostuvo la mirada, apenas mudando de expresión. Shen parecía ser el único ajeno a ese intercambio de expresiones y tan sólo entró a la oficina, cerrando la puerta tras de sí.

-Señora Brown, le presento a mi primo Syaoran Li. Syaoran, ella es la esposa de nuestro proveedor Edmund Brown, la señora Meiling. Bien pueda, conózcanse.