¡Hola! Por fin logro traer la actualización. Dios, jamás pensé que nos caería una pandemia, este primer semestre del 2020 ha sido una locura, ¡Espero de corazón que todos estén bien y se estén cuidando! Quiero agradecerles por la paciencia nuevamente. Tardé bastante escribiendo este capítulo, lo revisé reiteradas veces. Fue un poco complejo, porque tenía un horario laboral que me implicaba muchas horas escribiendo, pero pocas horas escribiendo para mí. Como actualización, les había comentado que trabajaría también para otro concurso de escritura que tendría lugar en el 2020 y la buena noticia del caso es que gané el primer lugar a nivel regional en esta ocasión QwQ. Fue muy emocionante.
En fin, no quiero darle más larga a este fic. Realmente voy a intentar poner lo mejor a disposición para actualizar con mayor regularidad. Quiero agradecerles nuevamente por el apoyo y por seguir la historia. Espero que este capítulo sea del gusto de todos, pues bien tuve que hacer.
Quiero agradecer los comentarios, especialmente a Wonder Grinch: Que siempre estás pendiente de cada actualización, con una palabra acertada, una observación motivadora, una palabra de aliento. Me encanta que te sientas identificada con esta linda Sakura, porque la idea de ella en esta historia es hacer al personaje lo más real posible. Espero que este capítulo te motive también a seguir la historia. Sakurita136: Me quedó el aprendizaje, así es. Amo que te conectes con las catarsis de la historia, ¡Un saludo enorme! Isabelwaesleygranger: Estamos de acuerdo que ya Sakura sufrió bastante jaja. Quiero darle mérito, pero eventualmente que sea un mérito que gane por sí misma. Las historias de amor suelen vender que la sanación se encuentra a través de la búsqueda de ese complemento y bueno, en este caso, quiero que además del amor, haya aprendizaje y madurez. En cuanto a Shen, habrá aún más que esperar del personaje. Aprecio enormemente el comentario, es muy valioso para mi de leer. ValSmile: JAJAJA, ¡Amé leer tu comentario al simultáneo de que ibas leyendo! Fue absolutamente espontáneo, me sentí prácticamente conversando xD. Si, en parte notarás que uso muchas referencias de las CLAMP en mis historias, para no desapegar a los personajes de sus orígenes. Así que sí, lo de las plumas fue intencional. Tal vez en este capítulo encuentres más referencias. Espero que no me odies por no actualizar en el mismo mes como prometí TwT… al menos espero también que este cap valiera la espera ¡Gran abrazo! Cerezo01: No te conozco, pero siempre tus comentarios me hacen sonreír, ¡Me llena el corazón de calidez cada palabra bonita que escribes! Es una forma diferente de conectar con quién te lee, a partir de la emoción que el escrito mismo transmite. Gracias de verdad por eso. Gracias por seguir. Gracias por cada palabra de apoyo, cada comentario. Y si, a veces desde un punto de vista una explosión emocional puede ser exagerada, pero bien he dicho, quiero hacer de los personajes algo real. Gente con dualidades, defectos, confusiones, pero ganas de mejorar también. Las mejores historias que he leído te invitan a crecer junto a los personajes y, de alguna manera, quiero conseguir eso con Fiore. ¡Un abrazo enooorme! Malaya: ¡Yaaaaaay! ¡Aquí tienes la actualización! Jeje gran saludo. Karen Carrion1: Gracias a ti por comentar y por seguir el trabajo. Es un proceso largo, pero evolutivo. Nuestros lindos crecen y aprenden el uno del otro n_n.
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Bueno, ya sin más, los dejaré con la lectura. ¡Nos estamos leyendo en los comentarios!
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Capítulo 20: Libérate. Llave de la oscuridad y la estrella
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Cuando el reloj dio las ocho de la mañana, Sakura ya se encontraba despierta, disfrutando de un café oscuro. En verano el calor era intenso, y al llegar la tarde sentía el sudor adherirse a su piel, pero a esa hora de la mañana el clima era agradable, y se asomaba en el cielo un color azul muy intenso.
Aunque había dormido poco, se despertó con energía. Sentía el aroma floral de su cabello recién lavado, y estar en ropa de casa era reconfortante. Un pantalón corto, negro, y una camiseta holgada del mismo color, sin sostén. Sus senos apreciaban esa libertad momentánea y hogareña.
La joven dio otro sorbo de café, degustándolo, y seguidamente se concentró de nuevo en el laptop que tenía en frente, con unas pocas palabras escritas.
Poesía, poesía, poesía.
No había escrito en forma desde la vez que ganó aquel concurso distante, con el poema de "Fiore", e incluso si pensar en versos no le resultaba enormemente complicado, a veces las palabras elaboradas se le cruzaban, carentes de un sentido en concreto. Pero quería escribir. Sin duda lo deseaba más que nadie, y volver a sentir esa sensación en su interior era una experiencia absolutamente gratificante.
Llevaba años sin desear hacerlo de manera genuina. Tal vez desde esas turbias épocas adolescentes en las que se sentía insegura y empezó a considerar que su trabajo no valía. En especial por las veces que escribía algo y, al enseñárselo a Hien, por mucho que este pareciera hacer un esfuerzo considerable en leer y entender, al final terminaba componiendo una mueca apenada para pedirle a ella que le explicara el significado de lo que había escrito, porque él no era muy diestro en el tema de comprender ese tipo de cosas a profundidad. Su comprensión de lectura se reducía a temas económicos, cosa que no era imperativamente negativa. Al fin y al cabo, para cada materia había determinado tipo de gente y ella era pésima para entender la ciencia detrás de los números.
Por otra parte, Sakura se sentía un poco agobiada cuando esas cosas ocurrían, porque entendía que el texto debía ser un elemento que se sostuviera por sí mismo, sin necesidad de que ella tuviera que explicarlo todo el tiempo ¿El problema era la comprensión de Hien, o era ella por no escribir mejor para todo público? No sabía realmente. Lo que tenía claro era que, aburrida por esas circunstancias, dejó de escribir. Y no negaría que, incluso en esos minutos que se había motivado a hacerlo, dudaba. Dudaba si gustaría o si sería leído, pero realmente solo había una manera de darse cuenta si en efecto el público apreciaría su manera de escribir, y esa era intentándolo.
Tomó aire, movió los hombros en círculos para relajar la postura y, seguidamente, se dispuso a escribir.
Se sintió extrañamente despejada. Aunque por algunos intervalos de minutos pensaba en Syaoran, y se preguntó, en términos generales, cómo sería el proceso creativo de él. Se preguntó si en algún momento se lo había preguntado directamente, pero él simplemente no le respondió.
Pensó en Meiling. En la imagen de ellos abrazándose el día anterior. Tal vez había exagerado, y el encuentro de ambos tenía algún motivo, aunque no pudiera evitar el ardor en la boca del estómago al pensar en los intensos deseos del joven castaño por ella, quién además era hermosa.
"Hola, soy Sakura Kinomoto" empezó a teclear de manera distraída, "te saludo, inspiración, porque de manera cortés, es lo que se hace cuando llevas mucho tiempo sin ver a alguien. He anhelado la idea de escribir en forma para mí desde hace tiempo, pero honestamente no sé ni por dónde empezar. Así que, propongo que nos hablemos. Nos volvamos a conocer. Intercambiemos ideas y juntas las pongamos en el papel. Crear algo en unión y hacer de ello un trabajo excelente."
Suspiró. Era extraño escribirse a sí misma, o a su propia inspiración. Pero, de alguna manera, le ayudó a soltar. Tomó nuevamente un poco de café y se dispuso a seguir escribiendo, pensando en poesía. En esas le entró una llamada de Yue, a lo que ella dio un respingo, contestando.
-¿Hola?
-Sakura- contestó el joven Tsukishiro al otro lado de la línea. Su voz, como de costumbre, sonaba ronca y pausada- ¿Cómo vas? Te necesito para algo urgente.
-Oh, claro, cuéntame.
-Es sobre tu trabajo. No te preocupes, no es nada grave- su voz decía lo contrario, pero Sakura prefirió no interrumpirlo. Cuando algo le invadía la mente, Yue no era propiamente el más conversador- Te hablaré de los detalles en la oficina, pero en otras palabras uno de los asociados a la empresa está interesado en trabajar contigo. Lo consultó con su jefe y a ambos les gustaste.
-Oh…
-Si, "oh". Bueno, hablaremos de esa oferta en la oficina, con la gente en cuestión. Te aviso de una vez para que lo tengas en mente, es factible que nos reunamos el martes a las dos de la tarde, en mi oficina.
-Perfecto.
-Listo, así quedamos. Por lo demás, ¿Cómo vas? ¿Leyendo mucho? - a Sakura le extrañó la pregunta, pues en efecto Yue no era del tipo elocuente si estaba de afán. Se preguntó si algo pasaba, o si incluso Yue ya no quería trabajar con ella.
-Sí…- la joven Kinomoto evitó hacerse ideas antes de tiempo. Con el paso de los años, ella se volvió experta en suponer sin preguntar, y esas cosas solo le quitaron paz mental y confianza. Esa mañana había amanecido con la resolución de sentirse bien consigo misma, por lo que despejaría de su mente cualquier pensamiento por el estilo. Pensó por un momento si tal vez su reacción con Syaoran fue exagerada, debido a la suposición. Despejó esa idea también- Escribiendo incluso. Recibí la noticia del recital de poesía que habrá en unos días, y bueno…
-¿Quisiste participar?
-Si… algo así.
-Lo harás excelente. Cuenta con mi apoyo. Nos estaremos viendo más tarde.
-Vale. Luego hablamos.
Y colgó.
Sakura suspiró. Aunque en la mañana de ese viernes no había tenido propiamente que madrugar para ir al trabajo, la idea de tener que ir después le tensionó un poco los hombros de nuevo. Continuó escribiendo largas horas, hasta que llegó el momento de cambiarse para ponerse su ropa de oficina. No obstante, incluso si miró constantemente el reloj y el teléfono, no recibió ningún mensaje de Syaoran. Tampoco se animó a escribirle de vuelta.
Aquello le revolvió un poco la conciencia.
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Era temprano para estar en un bar, y Syaoran Li lo sabía. Pero en ese bar servían también diferentes platillos para el almuerzo, y consideró que era un buen sitio para reunirse con Eriol, tomar algo y, de paso, comer. No pegó el ojo en toda la noche, y aunque tenía al frente suyo un vaso de té helado con hielo que le ayudaba a mitigar el calor, le habría gustado tomarse algo más que le ayudara a adormecer sus sentidos.
Pero ya no estaba para eso.
Eriol llegó veinte minutos después de lo acordado, impecablemente vestido y con una expresión preocupada en su rostro. Se sentó al frente suyo, en la mesa. Habían puesto música rock de fondo; música que en su momento los muchachos llegaron a corear bastante durante la adolescencia.
-Hola, lobito.
-Hola.
-¿Ni siquiera me vas a refutar el apodo? – Syaoran lo miró de soslayo ante ese comentario, en lo que tomaba el vaso de té y lo mecía ligeramente, haciendo mover el hielo en su interior. Eriol se encogió de hombros- Vale. Entiendo. Cuéntame más bien lo que ocurrió.
Y Syaoran, tras soltar un suspiro cansino, le contó brevemente su encuentro con Meiling y, posteriormente, con Sakura. El joven escritor no era del tipo que acostumbrara a pedir ayuda, pero en el transcurso de los eventos a lo largo del último año, entendió que no hablar lo llevaba a hundirse. Y, ciertamente, no quería hundirse de nuevo.
Eriol lo escuchó con atención, adoptando una postura grave, pensativa. Y en ningún momento lo interrumpió. Esa podía ser una de las mejores virtudes de Eriol y que Syaoran debía admitir que apreciaba más en el inglés que en su propio hermano Hien; y era que Eriol era bueno para escuchar. Cuando terminó de hablar, es joven se acomodó los lentes y suspiró, cruzándose de brazos.
-Embarazada, ¿eh? – ciertamente, eso lo tomó por sorpresa, incluso a él. Le costó imaginar a esa chica de carácter tan fuerte y pensamiento individualista preocupándose por un bebé. Tampoco la podía imaginar como una esposa sumisa- Y… ¿Tú cómo estás con eso? ¿Te afectó verla así?
Syaoran tardó en responder un momento. En esas, la canción del bar pasó a un tema clásico de los 80's.
-No lo sé…- dijo con un tono cansado. Sus cejas espesas se juntaron en un gesto preocupado, cosa que Eriol no pasó por alto.
-¿Qué pasa?
-¿Crees que Sakura lo sepa?
-¿Cómo habría podido enterarse?
-No lo sé…yo…- Syaoran pasó su mano de manera pesada por el rostro. Seguidamente, tomó el vaso del té y lo llevó a sus labios, dándole un sorbo- Sé que no tengo nada que ocultar, pero…de alguna manera, me asusté pensando en Sakura. Porque ¿Qué somos ella y yo? – esa inquietud parecía mortificarlo muy en el fondo- Jugamos a los besos. Jugamos a ser amigos. Jugamos a ser vecinos, como si nada, y yo ya no sé si lo que quiero es jugar… ¡Tuvimos sexo, maldita sea! Incluso la otra noche en su casa fuimos más allá del toqueteo.
-Uy…
-Por favor, Eriol, no seas infantil- terció el escritor, con un gesto más exasperado. Su mandíbula se notaba más firme ante el solo pensamiento, se sentía frustrado. En momentos así, de verdad le urgía un cigarro- Ambos sabemos que con Naoko no vas propiamente a leer libros cuando están en tu casa.
-No tienes por qué estar a la defensiva, Syaoran.
-¡No estoy a la defensiva!
-Vale, perfecto, no lo estás- respondió Eriol con un tono de voz condescendiente, dando a entender que no le interesaba ponerse a pelear sólo por llevarle la contraria a su amigo. Syaoran lo notó y se esforzó por tomar aire profundamente, buscando calmarse. Llevó los dedos índice y pulgar al puente de su nariz.
-Lo siento…
-No pasa nada, ¿Por qué no tomas un poco de té?
-¡No necesito tomar té!
-Vale, perfecto, no lo necesitas.
Syaoran lo fulminó con la mirada, impaciente. Y luego, de mala gana, dio otro sorbo a su vaso de té, mientras observaba a Eriol sonreírle con la suficiencia de quién acostumbra a tener la razón. Syaoran lo odiaba cuando sucedía, pues disfrutaba él mismo ser quien tuviera esa mirada, no quien la recibía.
-El caso es…- reanudó- No sé cuál es mi postura con Sakura. Ella… de verdad me gusta, ¡Me encanta! Pero… en el fondo no estoy seguro de si pueda tener algo serio con ella- ya cuando lo dijo en voz alta, sintió que se quitó un peso de encima. Suspiró, echando su espalda contra el respaldar de la silla. Sintió el cabello en su rostro. Necesitaba un corte.
Eriol se detuvo un momento, solo para pedirle al mesero el menú, pero seguía atento a las palabras de su amigo. Incluso preocupado.
-¿Por qué lo dices?
-¿Qué no es obvio?
-Si lo fuera, no te estaría preguntando. Tonto- Eriol no era de malas palabras, pero sonrió ante esa frase. Syaoran clavó sus ojos dorados en él, luego de enarcar una ceja con reproche.
-Porque no sé si realmente Sakura sea capaz de tener algo serio conmigo. No sé hasta qué punto ella pueda seguirme besando sin pensar en Hien, así diga que no lo hace. No estoy seguro hasta qué punto pueda yo hacer eso tampoco o por cuanto tiempo. Ahora es la novedad, los nervios, la emoción de algo diferente pero… ¿Qué sucederá cuando ya nos habituemos el uno al otro? Me aterra pensar en eso- admitió el castaño con honestidad, antes de componer una mueca- Nos guste o no, la sombra de mi hermano está entre los dos, ¿Qué diría su familia? ¿Qué diría la mía? ¡Incluso si yo no me hablo con ellos, Sakura si lo hace! Sus labios los tocó antes Hien, su cuerpo lo vio antes Hien.
-Siempre fuiste malo para compartir con tu hermano, Syao.
-…No es lo mismo.
-No, por supuesto que no.
-No aprecio el sarcasmo, Eriol.
-Bueno, ¿Y lo de Meiling? ¿Se lo dirás?
Syaoran guardó silencio otro rato, en lo que llegaba el mesero a dejarles las cartillas del menú. Eriol pidió una bebida fermentada suave, para refrescar en ese intenso clima.
-Sé que suena estúpido, pero no sé ni qué decirle. Yo mismo llegué a pensar que mandaría a la mierda a Meiling si la volvía a ver. Pero no me siento capaz de hacerlo, es más, honestamente quedé preocupado por ella. Quiero…- tomó aire. Sabía que diría algo un poco denso- Quiero pedirle a Shen que me dé el número de ella y reunirnos el fin de semana. U otro día… ¡No lo sé! Sólo… para hablar un rato. Darle alternativas que pueda tener en cuenta para ella y el bebé- suspiró- No sé que hacer y… honestamente, no sé de qué manera el resto del mundo vaya a tomar esto.
-Probablemente no muy bien.
-Si…- tuvo que admitir Syaoran con resignación, dejando caer la cabeza hacia adelante- Eso pensé…
-Gracias- le dijo Eriol con gentileza al mesero, mientras recibía su bebida. Se dispuso a dar un sorbo, tenía un sabor dulzón que le gustaba- Bueno, Syaoran, en algún momento te dije que Sakura eventualmente debía seguir con su vida tarde o temprano, con o sin Hien. Pero quiero advertirle a tu indecisión que, probablemente, eso deberá pasar también con o sin ti.
Syaoran lo sabía.
Lo que no esperó fue que sucediera más temprano que tarde.
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El martes llegó con prontitud y Sakura esperó pacientemente para entrar a la oficina de Yue, como habían acordado días atrás. Aprovechó el fin de semana para retocarse el corte de cabello, sintiendo nuevamente la nuca despejada, y enmarcando su bonito rostro. Por esos días, se dispuso a salir, e incluso a tener tarde de chicas con Rika y Tomoyo para distraerse, ver películas e incluso fueron a una exposición de arte que abría mucho para la época, y de ese modo terminar la velada en la casa de Rika, bebiendo unas copas. También escribió de tanto en tanto, pero de momento nada salía con claridad, y el concurso de poesía sería en dos días.
No habló con Syaoran durante el fin de semana, aunque lo intentó. Finalmente, no queriendo dar pie a la suposición, cuando su cabeza se enfrió fue a la casa de él y tocó la puerta, pero nadie respondió. Lo llamó, pero no devolvió sus llamadas. Lo único que respondió fue a un mensaje que ella escribió noches atrás, diciéndole que lamentaba su actitud el jueves, y que esperaba poder hablar bien. Syaoran atinó a responder con un cortante "Ok, hablaremos cuando vuelva".
Era difícil no suponer de esa manera…
Sakura no sabía parcialmente qué hacer. Sabía que algo ocurría. Conocía a Syaoran lo suficiente, a esas alturas, para entender que algo no estaba bien con él, y la imagen de él abrazando a Meiling la dejaba intranquila.
Pero ¿Por qué? Técnicamente ellos no eran nada.
Sakura se preguntó si los sentimientos de Syaoran por ella decayeron al encontrarse de nuevo con Meiling, pero su pensamiento fue interrumpido por la secretaria de Yue, quien le hizo señas para que pasara. Sakura obedeció, acomodándose su falda y camisa, disponiéndose a ingresar a la oficina correspondiente. Para mayor sorpresa, junto a Yue, se encontraban sentados Haru Shirogane y Midori, la editora de Syaoran.
La joven Kinomoto abrió sus ojos verdes con sorpresa, pero fue Midori la que compuso una "o" perfecta con la boca, para luego incorporarse, emocionada.
-¡Pero si yo te conozco!- exclamó, antes de soltar una carcajada abierta y deliberada, incorporándose. Era tan baja que no hizo mayor diferencia a cuando estaba sentada, pero tenía una personalidad tan arrolladora que no importó tampoco- ¡Eres la cuñada de Syao-Syao! El mundo es un pañuelo, jamás pensé que serías tú la chica de la que me habló Haru, con el señor Kamiya.
Yue se encontraba detrás de su escritorio, con una expresión vaga, tranquila. Enarcó una ceja desenfadadamente, ante la conversación.
-Vaya, se conocen. Bueno, sospecho que eso hará todo esto más sencillo.
-Yue, ¿Qué está ocurriendo? – Sakura buscó sentarse al frente del escritorio de Yue. Midori, a su vez, recuperó su puesto.
El aludido suspiró, clavando sus ojos lavanda en ella, mientras entrelazaba las manos sobre la mesa, en un gesto educado y parco.
-En la editorial Tsubasa están interesados en contratarte. La compañía para la que trabaja el señor Shirogane está vinculada en proyectos a la editorial en la que trabaja la señora Yamamoto- dijo, apuntando a Midori.
-Señorita- corrigió ella.
-Señorita Yamamoto- rectificó Yue, con un tono de voz monótono y distante. Sakura no salía de su extrañeza y se notó en su expresión. Por un momento, realmente se preguntó si Yue quería deshacerse de ella.
-Pero… ¿Por qué? - preguntó la joven. Yue intercambió mirada con Haru y luego con Midori, quién seguía sonriendo. Al final, el mayor suspiró, componiendo una expresión de culpabilidad.
-Luego de la muerte de Hien, hablé con Clow- confesó en un murmullo, adoptando una postura más humilde y cercana. Menos "jefe de la compañía". Ahí le hablaba el amigo, no el trabajador- Todos estábamos muy preocupados por tu bienestar. Touya, Yukito, también Fujitaka y Nadeshiko. Yo mismo estaba preocupado, así que hablamos de la posibilidad de realizar un traslado, para que cambiaras de ambiente. Llegó un poco tarde, pero… espero que pueda ayudarte en tus proyectos actuales.
Sakura no supo del todo como sentirse. Bueno, el trabajo en el que se encontraba no era su trabajo soñado, pero le gustaba. Le agradaban sus compañeros, y no podía decir que vivía aburrida, porque no era el caso. Era un trabajo empresarial, para su gusto. Sakura gestionaba la comunicación interna y externa de la empresa, escribiendo boletines, actualizaciones, proponiendo diseños para los eventos y encargándose del contacto con otras empresas para que estos se llevaran a cabo. Llegó a ese lugar sin realmente desearlo, pero a la final aprendió a sentirse cómoda en ese ambiente.
No, no era su trabajo soñado, pero le gustaba.
Miró a Midori, quién le pasó un sobre con papeles adentro.
-Aquí están las condiciones que tendrías, trabajando para nosotros- su expresión era despierta, pícara, pero amable. Sakura se sintió incómoda por un momento; finalmente tomó el sobre y lo abrió, examinando lo papeles.
Yue prosiguió.
-Tú sabes que Clow tiene diferentes patrimonios y vínculos, además de Clow Corp. Y bueno, hace meses gestioné con él para ver si existía la posibilidad de trasladarte a un espacio de trabajo diferente, más creativo. Así que me estuve entendiendo en el sector cultural, con la editorial Tsubasa- apuntó a Midori- Desde hace meses hemos compartido parte de tu trabajo con ellos, y bueno, se vieron interesados por tu potencial. Hay un trabajo que se realizará de la mano al teatro Yuko, y esperan contar con tu ayuda para llevarlo a cabo.
Sakura seguía examinando el papel, perpleja. Sintió la boca seca un momento.
-Esto es bastante dinero…- murmuró. Lo era. Con eso, sin duda tendría el dinero de sobra para comprar un automóvil aún mejor del que pensó adquirir en un principio; incluso podría mudarse a una casa más grande si así lo deseaba. Miró a Yue absorta, y luego a Midori. Haru era un testigo silente, que parecía concentrado en mirar sus pulgares.
-Es un trabajo riguroso, Sakura… ¿Te molesta si te llamo Sakura?- le dijo Midori con toda confianza. Sakura negó con la cabeza- Bueno, y todo trabajo riguroso amerita una buena paga.
Sakura no respondió con inmediatez. Sentía que era demasiada información para procesar y seguía examinando el documento que le pasó Midori, leyendo y releyendo una y otra vez las condiciones que recibiría en su nuevo trabajo.
Tras varios minutos, alzó los ojos a Yue, con una expresión atónita.
-Yue, pero… ¿Por qué?
Y Yue tan sólo suspiró, sonriéndole con cierta vehemencia- Eres una excelente trabajadora, Sakura. De las mejores que he tenido. Pero tómalo como un regalo. Aunque trabajes bien, lo mínimo que las personas merecen es trabajar en algo que les gusta.
Una parte de Sakura misma quiso llorar. Cuando se levantó esa mañana, no contempló la idea de dejar su trabajo, pero de alguna manera todo su entorno parecía estarse movilizando desde el día en el que tomó la decisión de volver a escribir. Incluso si dudaba aún, fue como si de una manera simbólica todo a su alrededor confabulara para que no desistiera de esa idea. No dijo nada de entrada, no se sintió capaz. ¿Sería real? Tendría que evaluarlo bien, antes de tomar la decisión. Evaluar el tipo de trabajo y el ambiente, todo. Y, en el momento que se lo expresó a Yue, este entendió.
-Te iba a proponer de todas maneras que te tomaras un día o dos para pensarlo. De aceptar, ya pasarías a entenderte con Midori para hacerte las pruebas correspondientes. Eso sí, en caso de aceptar, te solicitaría dejar tu puesto una vez termine el evento- se encogió de hombros- no puedo darme el lujo de perderte con todo este embrollo encima. Eres indispensable para que todo salga bien.
Sakura soltó una risita nerviosa, pero también divertida ante el comentario- Claro que sí. Lo pensaré- y lo dijo en serio.
Los minutos pasaron más rápido mientras revisaba con Midori algunas de las condiciones de lo que implicaría trabajar en una editorial, y del proyecto que se llevaría a cabo con el teatro Yuko. Era demasiada información, sin duda. Y seguía sin creer que de hecho, estuviera tratando con Midori, la editora de Syaoran que se le llegó a insinuar en algún momento. Esa idea la hizo sentir incómoda, porque ¿Afectaría eso de alguna manera el rendimiento del trabajo o incluso cómo se llevarían las dos? Pensó en hablarlo con Tomoyo y luego con Syaoran hasta que recordó que llevaban varios días en una situación extraña.
Era realmente fatigoso… no quería seguir así.
Una vez terminó la reunión, de manera educada se retiraron Haru y Midori. Sakura fue la última en irse.
En esas, Yue habló- Espero que no estés molesta conmigo, Sakura. De verdad lo hago con la mejor intención.
-Lo sé. Es sólo que me tomó por sorpresa.
-Prométeme que al menos lo pensarás.
-Claro que si- la joven Kinomoto recogió sus cosas, echándose el bolso al hombro. Caminó hacia la puerta, pero antes de tomar la perilla, se detuvo. Meditó un momento, y seguidamente optó por virarse hacia Yue- Dime… ¿Por qué de repente estás insistiendo en serio porque me vaya a una editorial? Es muy abrupta como idea, ¿No lo crees?
Y ya sin la presencia de Midori o Haru encima, Yue se permitió relajar más su postura y expresión. Se echó atrás en la silla, mientras sujetaba un mechón de su largo y hermoso cabello plateado. Le sonrió, vehemente. Una de esas sonrisas supremamente raras en él, pero valiosas.
-Siempre te he querido, Sakura. Supongo que lo sabes- dijo el mayor con voz aterciopelada y gentil. La aludida se ruborizó, pero la invadió una calidez agradable y nerviosa ante esas palabras.
-Supongo que sí…- tuvo que decir en un murmullo, apartando la mirada. Generalmente, Yukito era el cariñoso. No Yue. Por eso su comentario la tomó por sorpresa.
-Desde que eres muy pequeña, te he visto como una persona supremamente creativa, capaz de crear cosas maravillosas. Pero toda tu vida estuviste pendiente de hacerle la vida más fácil a los demás- se incorporó, caminando hacia ella. Tan elegante, hermoso. Su presencia era implacable, y Sakura pareció notar de forma detallada cuán alto era realmente. Olía a café y colonia- No me mal entiendas, Sakura. Sólo quise ser uno de los que te dieran ese empujón. Hien ya no está, no es tu responsabilidad que los otros estén bien a costa de tu bienestar. Es tu responsabilidad estar tú bien y, a raíz de estar tú bien, ofrecerle ayuda a los demás - Puso la mano sobre sus cabellos castaños, como cuando era más pequeña, y luego la acercó así en un abrazo frío, pero protector. Cómo él mismo- Quiero sentir presente a esa niña que tenía la habilidad de crear llaves mágicas y mundos nuevos, ¿Recuerdas?
Con el rubor grabado en su rostro, Sakura asintió. Se sentía tímida. El calor corporal de Yue era reconfortante- Jugaba contigo, cómo olvidarlo. Eras el guardián de la llave que guarda los poderes de la oscuridad.
-Así es. Y te motivaba a desarrollar aún más esas ideas- si Sakura lo pensaba bien, era incluso una hermosa idea para escribir.
-¿Cómo la vez que me raspé por andar corriendo y tú, para que dejara de llorar, me dijiste que las raspaduras formaban parte de la misión?
-¿Recuerdas que te dije ese día?
Sakura pareció meditarlo un momento. Cerró los ojos, sintiéndose protegida entre los brazos de Yue, con el recuerdo reconfortante de él en su casa, acompañándola, cuidándola. Más que el amigo de su hermano, realmente Yue estuvo con ella como un amigo suyo también; un ángel protector. Sí, recordaba lo que hablaron ese día. Lo recordaba muy bien.
-Dijiste que incluso en la oscuridad podías ver las estrellas. Y que cuando mis poderes crecieran, debía pensar en eso. En el poder de mi estrella. Debía liberarme y liberar ese poder para que todo estuviera bien. Dejé de llorar después- Sakura sintió como Yue movió la cabeza, afirmativa y suavemente se apartó, mirándola fijo.
-Cuento con que vueles, Sakura. Y le muestres a todos el brillo de esa estrella. Yo creo en ti. Así que sal al mundo y arrasa con todo- los ojos de la joven volvieron a arder, profundamente conmovida. No tenía palabras para expresarle lo mucho que significaba para ella ese gesto y su compañía. Su apoyo. Yue estuvo ahí con ella, en todo momento. Y ahora tenía la claridad suficiente para verlo.
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Había terminado una larga jornada de trabajo y Syaoran agradeció poder acabar temprano ese día, pues le daría el tiempo suficiente para arreglarse y cambiarse de ropa. Para él, fue una semana larga y confusa, dispersa.
Así mismo, sintió que los días avanzaron de forma lenta, pero rápida a la vez. Una parte de sí sentía completamente lejano su encuentro con Meiling en el Hotel Tanaka, pero otra parte sentía que todo estaba sucediendo muy rápido. Desde pequeño detestaba esa sensación ambigua en su entorno; sólo contribuía a hacerlo sentirse más confundido.
Le agradó estar en su casa, en silencio.
Había tenido exceso de trabajo esa semana, recopilando la información perdida de su viejo laptop, y los pocos tiempos libres que tenía los había invertido pensando en la soledad de su alcoba o yendo a dar largos paseos por sí mismo a visitar la tumba de Hien.
Hablar con Meiling fue difícil, pero esa noche la había invitado a salir. Ella pareció sorprendida cuando recibió la llamada de él, pero prontamente le dijo que sí, antes de darle la dirección del sitio en el que se estaba quedando.
Syaoran se bañó, en silencio. Dejó el agua pasar por sus cabellos castaños, cerrando los ojos, sintiendo la humedad a lo largo de su cuerpo desnudo. Ese espacio fue relajante.
…
Realmente no sabía qué hacer.
Llevaba evitando a Sakura varios días, y temía que se fuera a enojar aún más con él. Sakura, Sakura, Sakura. Cuando cerraba los ojos, podía imaginar aún su aroma dulce, en el momento que acercaba su rostro al cuello de ella. Podía sentir su sonrisa tímida contra sus labios, o visualizar las estrellas grabadas en sus expresivos ojos verdes. No quería hacerla sufrir. Pero no era justo buscarla cuando ni él mismo se tenía una respuesta.
Meiling, por otra parte, estaba embarazada y casada con un maltratador. Así sus sentimientos por ella hubieran cambiado, no se sentía capaz de ignorar como estaba. Él no era así. Él no era de los que abandonaban.
Abandonó una única vez a su hermano Hien y no había un solo día que no se arrepintiera de ello.
Por otra parte, ¿No estaría abandonado a Sakura al hacer eso?
Tomó aire y se terminó de bañar, para proceder a secarse y ponerse una camisa de algodón de color azul oscuro y un jean a juego. No tenía que ir excesivamente elegante a ese punto de encuentro.
Como iba a tiempo, se terminó de arreglar con calma, retocándose la afeitada brevemente y acomodando sus cabellos para que en su desorden parecieran más ordenados.
Tomó la billetera, las llaves de su auto y se dispuso a salir pero, al abrir la puerta, se topó con Sakura Kinomoto buscando las llaves para entrar a su propia casa.
A verla directamente, Syaoran sintió un vuelco en su estómago, como si se hubiera saltado un escalón al bajar las escaleras y, al notar la expresión de la joven, pareció que a ella le ocurrió lo mismo. La detalló un momento dado… ¿Se había cortado el cabello de nuevo? Era hermosa. Todo en ella lo era.
Syaoran se preguntó hasta qué punto podía estar el prendado, que no había una cosa que viera mal en la chica. Hasta sus defectos los encontraba encantadores pero ¿Qué importaba decírselos en ese segundo? Si ella supiera que iría a encontrarse con Meiling, probablemente le brindaría una bofetada… ¿No?
Era jueves. Y, para ser día laboral, encontró curioso ver a Sakura vestida de forma más…casual. Un short y una camiseta ancha que alcanzaba a cubrirle el short.
-Sakura.
-Hola- la voz de ella sonó menos dura que ese encuentro incómodo de la semana anterior, pero no por ello dejaba de sonar tensa y distante. Apartó la mirada, fingiendo seguir buscado las llaves- Rato sin verte, ¿Has estado ocupado?
A Syaoran le desconcertó esa formalidad. Terminó de cerrar la puerta tras de sí, sin dimensionar hasta qué punto ella misma se sintió nerviosa al verlo e intentó disimularlo con torpeza.
-Algo así – respondió el joven escritor en un murmullo- ¿Y tú? – detestó hablarle así, como si fueran dos extraños. Con la incertidumbre de porqué se había enojado la otra noche, o si ella sabía algo ya. No se sintió capaz de preguntarle tampoco, temiendo ser expuesto. Ni de mirarla.
Fue Sakura la que dio el primer paso, luego de tomar aire profundamente y preguntó: - ¿Estás molesto por algo? No respondes mensajes, ni llamadas. Siento como si me evitaras- la imagen de Meiling llegó a la mente de ambos, pero de manera distinta. Y con fuerza distinta. Syaoran se aventuró a mirarla de soslayo, sintiendo pena por ella. Quería abrazarla en ese segundo, pero no quería tener que darle explicaciones que aún no se sentía listo para dar. Tenía mucho que pensar, y la estadía en la ciudad de su madre y de su primo no ayudaba enormemente a la causa.
-Han sido días movidos, es todo…- respondió Li con voz ronca, evitando verla de forma directa- Tengo muchas cosas en la cabeza… mi familia aquí, ya sabes. Necesitaba un espacio.
-Ya veo…
-Si…
-Syaoran.
-Dime.
-¿Hay algo más que haya sucedido que me quieras compartir?
¡De nuevo con esa pregunta! Sus miradas se encontraron y por la intensidad de sus orbes verdes, Syaoran no pudo evitar pensar un crudo "ya lo sabe. Y lo sabe TODO". Ella era demasiado observadora y perspicaz, aunque odiara esa situación, incluso eso amaba de ella. Compuso una expresión abatida y, tras un largo silencio, dijo: - Nada que te pueda decir ya mismo…
Sakura pareció decepcionada ante esa respuesta- Pero… ¿Me lo dirás después?
-Sí, claro…
-Vale- y eso bastó para relajarla un poco. Si bien no le decía qué ocurría, al menos si le admitió que pasaba algo. Ella no era del tipo de persona que tolerara la incertidumbre, era del tipo que se inquietaba más. Pero al menos ya Syaoran dijo que le diría y eso era un avance, por lo que buscó calmarse, tomando aire.
Por otro lado, tampoco insistió porque una pequeña parte de sí misma no estaba segura de querer saber del todo la verdad. No realmente. Temía que ésta le doliera.
-Bueno… fue bueno verte, Sakura- empezó a despedirse Syaoran, pero ella cortó.
- ¡Espera!
- ¿Sí?
Ella no supo de entraba qué decir. Lo miró con una expresión de clara tristeza, que reflejaban mil ideas en su cabeza. Quería decirle tantas cosas, contarle lo de Midori; de la propuesta laboral que recibió el martes y de cómo había dicho que sí. Del concurso de poesía al que asistiría en unas horas, y lo nerviosa que se encontraba por lo mismo. Quería decirle tantas cosas, pero de su boca no salió ninguna. Syaoran enarcó ambas cejas, paciente, esperando, por lo que Sakura al final se aclaró la garganta para hablar.
- ¿Tienes algo que hacer ahora? Me encontraré con Eriol y Tomoyo para…
-Estaré ocupado- dijo el escritor de forma apresurada, antes de darle tiempo a ella de preguntar a qué iría- Saldré a…comer y luego tengo un evento al cual asistir.
-¿Qué evento?
-Nada- dijo, evasivo- Algo del trabajo.
-Oh…
-Bueno… me iré entonces.
-¡Syaoran…! – insistió Sakura una tercera vez y Syaoran, quien ya iba a emprender marcha de nuevo, tan sólo le dedicó una sonrisa agotada.
-Dime…-dijo, ya con un tono cansino.
-¿Puedo darte un beso? – y los ojos ámbares del chico se abrieron con sorpresa, ante esa petición. Se recordó a sí mismo pidiéndole lo mismo la semana anterior y recibiendo a cambio una respuesta enojada. Ahora, ¿Qué tramaba ella? No la entendía. No la entendía para nada en ese momento. Pero notó esa mirada triste en sus ojos verdes y él mismo sintió que se le arrugó el corazón. No sólo quería besarla. Quería abrazarla, llenarla de tiernos besos en el rostro, pedirle que sonriera. Pero no se sentiría capaz de besarla, teniendo que mentirle justo después. Tomó aire y se acercó a ella, depositando un beso en su frente, antes de virarse y despedirse con un tenue gesto de la mano.
-Nos vemos al rato.
Sakura no le respondió.
Estaba sujetando su propio corazón roto.
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Syaoran no se sintió mejor al despedirse de esa manera de Sakura, porque eventualmente notó la expresión de ella. Se sintió como un vil canalla, de hecho, y en el camino a recoger a Meiling en su carro no dejó de decirse insultos mentales, variando entre sinónimos, e incluso inventándose nuevas palabras.
Pero de alguna manera, el realizar ese ejercicio con Meiling era algo que sentía que debía intentar. Ellos nunca tuvieron su cierre y solo ignorarla sería como prolongar los hechos de forma silente, sin permitirse cada uno seguir con su vida orgánicamente.
No fue difícil encontrar la dirección, pues la esposa de Brown se encontraba habitando una lujosa residencia del centro de la ciudad, adoquinada con todo tipo de lujos occidentales que contrastaban mucho con el resto de las fachadas al rededor. Edmund Brown debía ser uno de esos estadounidenses excéntricos.
Sin atreverse a tocar el timbre, Syaoran tan sólo la llamó para avisar que ya estaba afuera y esperó pacientemente en el carro a que la joven llegara. Los días era largos, en verano. Técnicamente era de noche, pero se podía ver a algunas familias paseando, aprovechando la luz del sol que se mantenía a esa hora.
Syaoran sonrió. La imagen resultaba refrescante de ver.
Meiling tardó unos pocos minutos en subirse al vehículo, que reconoció de inmediato y con nostalgia, porque era el mismo carro rojo que tenía Syaoran cuando salían juntos. Lucía hermosa, como siempre, despampanante. Syaoran clavó sus ojos claros en ella y pudo notar en el brillo de su rostro algo diferente, probablemente por el embarazo. Se preguntó si, en algún momento, Meiling luciría como alguna de esas madres que vio por la ventana, paseando con su hijo por las calles. Ese día ella portaba una camisa sin mangas, de color azul cielo, que dejaba ver con mayor claridad su vientre de embarazada.
La ropa de esa noche era más acorde al clima y Syaoran observó, con recelo, que eventualmente la pelinegra se dio el lujo de vestir de ese modo porque las marcas violetas en sus brazos ya habían prácticamente desaparecido.
La idea lo hizo rabiar. Encendió el automóvil.
-Hola…- saludó ella, sin esconder su alegría de verlo nuevamente, de que la buscara. Le hizo sentir feliz.
-Hola- respondió él de vuelta, parco y ensimismado. Meiling no estaba habituada a hablar con ese Syaoran que no le prestaba atención y, de primera mano, no supo cómo reaccionar. Suspiró, menguando su expresión, acomodándose en su asiento.
-Bien y… ¿De qué querías hablar entonces? Pensé que luego de esa vez no querías verme la cara de nuevo.
-De todo, quiero dejar en claro todo. Quiero estar en paz con las cosas, y tu situación no es algo que me ayude a estar en paz.
-Siempre fuiste demasiado bueno para tu bien, Syaoran. Así la gente diga que tengas cara de malo.
Él no respondió a eso. Tomó ruta, buscando un restaurante cercano, pues contaban con menos tiempo ahora para conversar.
-Tengo que ir a un evento ahora, no creo que tome más de una hora, u hora y media.
-¿Qué evento?
-Poesía. Un recital.
-Oh, ¿Sigues participando en esas cosas?
-No realmente- Syaoran giró el auto por una esquina, conduciendo a la zona del centro de la ciudad que estuviera más cercana a la zona de comidas- Me llamaron en calidad de jurado.
-Veo.
-La gente crece profesionalmente, ¿Sabes Meiling? No esperaría quedarme estancado luego de que te fuiste- habría odiado admitirle que durante meses fue el caso, por lo que prefirió no hacérselo saber. Había conseguido moverse, y eso era lo valioso del asunto. Meiling suspiró, mirando por la ventana. Había un tinte de nostalgia en sus ojos al reconocer las calles.
-Lo sé- aceptó en un murmullo.
Syaoran rodó un poco los ojos.
-En fin- terció- Vamos algunos escritores locales a escuchar a los participantes. No ha de tomar mucho. Pero me interesa que hablemos bien las cosas, y no quiero que eso pase de hoy. Me está enloqueciendo.
-Te creo, Syaoran. Te creo- y lo hacía. Meiling sabía qué tipo de corazón tenía el joven Li hacia las demás personas y, probablemente, estaba buscándola más preocupado por su condición que por ella en sí.
La idea la deprimió un poco, pero no agregó nada más. Llevó la mano a su vientre, sintiendo su bebé moverse, y pensó en esa realidad a la que se enfrentó desde que le dio el "sí" a Edmund Brown: todos, en algún punto, se recuperan de algo que no le han dicho a nadie.
Sabía, para entonces, que Syaoran Li no era la excepción.
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Sakura, Tomoyo y Eriol llegaron al sitio del evento, aunque les tomó un poco encontrar en qué lugar estacionar el automóvil del joven inglés. Después de todo, durante el verano los espacios culturales eran más visitados.
El recital tenía lugar cerca del ayuntamiento de la ciudad, en un pequeño local que dispuso el teatro Yuko para la ocasión, contando con buena música de ambiente mientras los invitados llegaban.
Haru Shirogane se encontraba en la entrada, anotando el nombre y correo electrónico los invitados; y a los participantes les entregaba una escarapela correspondiente con su nombre. Fue en esas que la joven Kinomoto cruzó mirada con él, y ambos se dedicaron una amplia sonrisa.
-Hola, qué bueno que al fin te animaste a participar- repuso el rubio gratamente sorprendido.
-¡Haru, hola! Si, supongo que me persuadiste - repuso Sakura, con un tono gentil y animado de vuelta. Haru se encogió de hombros, mientras le dedicaba una miraba bella, y tomó una de las escarapelas para anotar el nombre de la castaña y pasársela. Tomoyo prestó especial atención a los dos en ese momento, para luego dedicarle a Eriol una mirada sugerente. Éste la captó de inmediato.
-¿Vienen todos juntos? Puedo abrirles un espacio al frente. Aún no está lleno, puedo gestionar- propuso Haru de manera amable, en lo que se acercaba a Tomoyo y Eriol para anotar sus datos. Sakura aprovechó ese momento para presentarlos.
-Chicos, él es Haru Shirogane. Trabaja en la parte organizacional de la compañía de teatro Yuko. Y Haru, ellos dos son mis mejores amigos, Eriol y Tomoyo.
-Eriol Hiraguizawa, encantado.
- Tomoyo Daidouji. Dime algo, ¿De casualidad eres el hermano de Yamato Shirogane? – empezó a decir Tomoyo, con una expresión curiosa pero mirada analítica, sin borrar la sonrisa de sus labios. Haru compuso una mueca, no muy contento con la referencia.
-Si, es mi hermano- cortó con amargura. No era raro que le preguntaran al respecto, teniendo un hermano modelo. No significaba tampoco que se terminara de sentir cómodo con el tema- Pero bueno, ya sabrán cómo funcionan las cosas. Él es el lindo, yo el listo- dijo a son de broma, mientras los dejaba seguir.
Sakura compuso una expresión de educado reproche ante ese último comentario- Eso no es verdad, no digas eso. Tú eres bastante lindo – y no mentía. Los ojos azules del joven eran bastante expresivos, y no fue difícil notar lo mucho que se avergonzó ante las palabras de Sakura. Incluso sus orejas se tornaron más rojas, mientras soltaba una risa nerviosa, pero agradecida.
-Bueno, sí una hermosa mujer me lo dice, tendré que creerle, ¿No? – concedió Haru de manera simpática, antes de lanzarle una mirada significativa cargada de optimismo- ¡Mucho ánimo participando! Los alcanzaré en un momento – y apuntó a la fila de personas que esperaban su turno para el registro.
Sakura rio de manera educada, al igual que Tomoyo, y los tres amigos emprendieron marcha al interior del lugar, en el que ya habían acomodado varias sillas para los invitados y, al frente, reposaba la mesa en la que se sentarían los jurados. Sakura sabía vagamente que quiénes calificarían serían escritores locales que ya habían publicado sus obras en algún momento, y eso le hizo sentirse más nerviosa. Se notó en sus manos frías al agarrar a sus dos amigos en un gesto tenso.
-Chicos… no sé si vaya a poder hacer esto- balbuceó en un murmullo. Tomó aire y, en un gesto amable y condescendiente, Tomoyo acarició su espalda en suaves círculos.
-Todo estará bien, ya te has presentado antes en otros concursos, ¿Recuerdas?
-Y has ganado- apuntó Eriol, valiosamente, también atento. Él mismo se paró en frente de Sakura, posando las manos sobre sus hombros y, en un acto pausado, empezó a respirar lenta y profundamente, indicándole por medio de comunicación no verbal que lo imitara. Y eso hizo. Empezó a seguirle la respiración. Estaba un poco nerviosa, echando una mirada a la mesa de los jurados, aún vacía.
-Lo sé, es sólo que… bueno. Es una categoría mucho más grande que aquella vez.
-Lo harás bien, Sakura- Eriol tenía siempre un efecto tranquilizante en su voz. Y eso Sakura lo agradeció en aquel instante– Te subirás a ese escenario, y darás lo mejor de ti. Si triunfas, de lo cual no tengo duda, celebraremos por lo alto. Y si no, igual celebraremos por lo alto y mejorarás para la próxima vez.
-Sea cual sea el resultado, no dudes nunca que nosotros nos sentimos siempre profundamente orgullosos de ti- y esta vez fue Tomoyo la que le habló, dedicándole una sonrisa amable y dulce. Sakura sintió sus ojos arder, conmovida.
-Chicos… realmente son un regalo hermoso del universo- y tomó aire, cerrando los ojos, concentrándose únicamente en su respiración por un momento. Todo estaría bien. Debía confiar en eso, sí. Todo estaría bien.
Pasados unos minutos, tomaron asiento en primera fila, tal cómo les indicó Haru. Progresivamente, el recinto se fue llenando. Y dos de los jurados llegaron a la mesa, acomodando sus cosas, intercambiando entre ellos palabras. Ambos tenían consigo algunas copias de sus libros, para vender.
Sakura soltó un suspiro, apesadumbrado.
-…Syaoran me está evitando…- dijo en un murmullo. Había demasiado ruido alrededor, sabía que las otras personas no escucharían. Pero tal vez sólo necesitaba desahogarse con sus dos mejores amigos- La semana pasada lo vi con su ex, en el lobby del Hotel Tanaka. No sé exactamente qué estaba haciendo ahí, ni por qué estaba con Meiling. Pero estaba con ella, abrazándola- Tomoyo viró el rostro hacia ella, componiendo una mueca. Después de todo, estaba al tanto de la situación, Sakura misma se lo dijo días atrás. Eriol, por su parte, frunció el ceño desenfadadamente, escuchando con atención.
-Pues… no intento defender a Li, Sakura, pero él no parece del tipo que juegue dobles caras- intercedió Tomoyo, tomando la mano de su mejor amiga de una manera reconfortante y cálida, protectora- Seguro debe haber una explicación razonable. Probablemente todo se pueda solucionar dialogando.
-Pero… hoy le pregunté si algo le sucedía, si quería hablar, ¡Incluso lo invité a venir! Y dijo que tenía un compromiso- Sakura sintió cómo tensaba la mandíbula tras decir esas palabras. Notó a la distancia a otro miembro del jurado llegar y sentándose en su puesto, así como los otros dos. Estaban cerca de empezar el evento. Exhaló- Hasta le pedí un beso y me lo rechazó. Yo…realmente no sé qué pensar. Tal vez Syaoran se aburrió de mí.
-No digas tonterías- y esa vez quién habló fue Eriol, dedicándole una mirada más dura, pero no necesariamente dirigida a ella de manera directa. Sino a sus palabras- Escucha, Sakura… no me concierne a mi hablarte de esto, ¿Sí? Syaoran también es mi amigo. Pero sí, sí hay una situación con Meiling y… lo más probable es que él se haya visto con ella en otras ocasiones además de ese día- sintió malestar al ver la expresión de dolor de Sakura ante esas palabras- Pero no es lo que crees. Te lo aseguro, no es lo que crees.
-Sino es lo que creo, ¿Por qué no me lo dice él mismo directamente, Eriol? ¿Por qué me evade? ¿Por qué ni siquiera fue capaz de responderme un beso, si realmente no es lo que creo?
Eriol no respondió de manera inmediata. No se sintió capaz de asegurarle nada, ni él tampoco tenía las respuestas a esas preguntas. Tomoyo lo miró de manera significativa, alertándole que parara con una mueca. Finalmente, el joven Hiraguizawa soltó un suspiro cansado.
-Probablemente sólo esté confundido, Sakura. No le des vueltas. No lo vale.
Sakura abrió la boca para replicar, pero en esas la voz conocida de Haru sonó a lo largo del recinto, instalando el silencio del público. En efecto, el joven rubio había llegado a la tarima, con un micrófono en mano, dando apertura al concurso.
Se desenvolvía muy bien hablando, era sociable, hasta se llevó varias risas en el proceso. Eso le agradó a Sakura. Era refrescante de ver.
-Bueno, damas y caballeros, quiero agradecerles a todos su participación. Y aprovecho para darles la bienvenida al XXI Concurso de Poesía Inédita que celebra la Secretaría de Cultura local. Cada vez nos sentimos alegres de ver que el número de participantes aumenta en este tipo de evento pero, así mismo, es aún más gratificante poder compartir experiencias con las nuevas generaciones de escritores talentosos, que sueñan con prepararse para ser los mejores de su tiempo- de esa manera inició la introducción Haru, sin necesidad de leer algún discurso previo. Tan sólo sonreía - Sin más preámbulo, demos la bienvenida al célebre escritor, poeta y ensayista Haruki Yoshimoto, quién hablará en representación de los jueces en esta ocasión- Un hombre de mediana edad, cabello entrecano echado para atrás, y bigote delgado subió a la tarima, intercambió con Haru un par de palabras por lo bajo, y acto seguido recibió el micrófono para dar una breve introducción del valor de la poesía en la historia del mundo, y apoyando sus palabras con uno que otro Haiku entre frases.
Haru descendió de la tarima y se acercó a los chicos, poniéndose en cuclillas para no cubrir a nadie la vista a la tarima, pero con el fin de decirle a Sakura un par de palabras. Tomó su mano brevemente, en un gesto cargado de confianza. Sakura no pudo dejar de notar que Haru parecía resplandecer con la luz de un sol interno y Tomoyo, a su lado, también lo notó.
-¿Qué sucede?- Sakura se inclinó un momento, hablando bajo para no hacer ruido. Haru apretó brevemente el agarre de su mano.
-Cuando termine el evento, vamos todos a comer. Con tus amigos si quieres. Yo te invito a ti para celebrar tu nuevo puesto en la editorial Tsubasa, y que ahora seremos compañeros de trabajo- Antes de que Sakura tuviera tiempo de replicar, el joven Shirogane agregó- No aceptaré un "no" por respuesta.
Sin lugar a dudas, ese gesto la tomó desprevenida y la joven Kinomoto no lo disimuló en su expresión. Recién se conocían, realmente no habían hablado mucho el uno con el otro, así que… ¿Por qué? Era demasiado repentino. Supuso que tal vez solo intentaba ser atento, como nuevos compañeros de trabajo que eran y suspiró, cediendo en una sonrisa.
-Está bien…- gesticuló, y eso pareció alegrar a Haru de manera considerable.
-…Las letras son el legado de la Humanidad- siguió relatando Haruki Yoshimoto con un tono de voz acartonado, pausado, institucional. El tono de alguien que sabe usar las palabra de forma excelsa, pero también repetir las frases que mejor le sonaron de manera reiterativa en cada discurso- Vinieron antes de mí, de mis abuelos, de los fundadores de las tierras. Las palabras vinieron con la Historia misma, y ayudaron a forjarla. Por eso, es un regalo siempre el poder entregar la antorcha a las nuevas generaciones que se encargarán de seguir inmortalizando el poder de las palabras a través de nuevas obras que narrarán la realidad humana- se aclaró la garganta- En esta ocasión, el jurado contará con la participación de otros tres escritores influyentes que han conseguido marcar el corazón de su público por medio de sus historias. Entre ellos está Kaede Hamada- una mujer de mediana edad, cabello corto y sonrisa pícara subió a la tarima, recibiendo una oleada de aplausos corteses- Shintaro Soseki- un hombre más joven, que apuntaba a los treinta y cinco, con una cola de caballo alta, subió igualmente a la tarima. Se le veía pálido y aburrido, pero podía deberse a un efecto visual de sus párpados caídos- Y Syaoran Li- el aludido subió a escena también, adoptando una postura cortés. Una sonrisa sutil se dibujó en sus labios, como gesto discreto.
Sakura adoptó una expresión de completo asombro al ver a Syaoran de pie en la tarima, como uno de los jurados, sintiendo de repente un vuelco abrupto en el vientre. Y dada su posición en primera fila, los ojos dorados de Syaoran se cruzaron con los de ella también, al cabo de unos pocos segundos. Él mismo borró su sonrisa. En especial notando la mano de Haru quién, ajeno a esa escena, soltó la de Sakura, le dedicó otra sonrisa y, sin más, se incorporó para retirarse de ahí, buscando a las demás gente del personal.
El resto del discurso de Haruki Yoshimoto se perdió en el aire en esos momentos, mientras ambos castaños intentaban salir de su asombro ante la situación. Syaoran no podía sencillamente creer que Sakura estaba ahí, mucho menos como participante.
De repente, el joven Li no supo que hacer. Incluso pasó por alto que, justo al lado de Sakura, también se encontraban Eriol y Tomoyo, mirándolo con marcado asombro por igual.
Una vez el discurso terminó, al jurado lo recibió un aplauso del público, y se dispusieron a bajar de la tarima para empezar con el recital. Sakura siguió a Syaoran con la mirada todo el camino hasta la mesa de los jurados… ¿Qué era lo que sucedía? Claramente no sentía estar entendiendo nada en ese momento. Syaoran no volvió a mirarla de vuelta, pero caminó de manera silenciosa hasta su silla, como si nada estuviera ocurriendo. Había adoptado una actitud completamente imperturbable.
Sakura quiso gritarle en ese momento, pero no lo hizo. Quiso levantarse de su puesto, caminar hasta el lugar en el que él se encontraba, con el fin de cantarle sus verdades. Pero sintió que esa furia se enfrió al ver a Syaoran sentarse y notar cómo dos manos pálidas y delicadas se pusieron sobre los hombros de él, en un gesto cálido, sutil. Al subir la mirada, Sakura se topó con el rostro de Meiling, quién miraba a Syaoran y se acercó a él para decirle algo al oído. El escritor frunció el ceño un poco más, con la mandíbula tensionada, pero no le respondió de vuelta.
Y en ese instante, Sakura sencillamente se quedó en blanco. Ya no haciéndose más preguntas, pero tampoco molestándose en intentar entender la situación. Simplemente, no supo que pensar.
Tomoyo y Eriol, cada uno a su lado, intercambiaron miradas cautas por unos instantes, pero no se animaron a hablar en ese segundo, que salió el primer participante a recitar. Tomoyo se aventuró apretar el agarre de la mano de su mejor amiga y, en un gesto silencioso y agradecido, Sakura le respondió el apretón de forma tenue.
El primer poema se llamaba "Lirio", y fue recitado por un joven que respondía al apodo de "Río". Era un escrito que comparaba la descripción de la flor con la de una mujer, que se perdía entre los versos y los colores verdes del jardín.
Se notaba que era el escrito de un hombre enamorado de la belleza física de una persona, a la que acostumbraba a ver a distancia.
Cada que algún participante recitaba, los jurados intercambiaban opiniones breves entre ellos y luego mostraban un número del 1 al 10 para calificar la competencia del escrito y la calidad del poeta al momento de recitarlo.
Sakura se sentía nerviosa. Sus manos le sudaban, e intentaba pensar en el poema que recitaría, en su fuerza al hablar, la calidad expresiva. Fue un poema que escribió poco después de hablar con Yue en esa semana, pues las palabras de este rememorando la época en la que jugaban juntos le calaron profundamente. Cerró los ojos, buscando concentrarse nuevamente en la sensación de respirar profundo, de relajar cada músculo de su cuerpo en el proceso.
En ese ejercicio, se acordó de las palabras de Rika e intentó escuchar a su cuerpo. Sentir qué partes de este estaban tensas, y pensar en relajarlas en la medida que simplemente respiraba.
La respiración era vida.
Todo estaría bien.
Pensó en las palabras de Yue, y la sensación que la motivó a escribir el poema. Pensó en Syaoran, y en ella ahí. Pensó en cómo estuvo a punto de dejar de lado la oportunidad de participar en el evento porque consideró que él era merecedor de estar ahí, no ella. Pero él estaba ahí, incluso si ella no se lo dijo. Él estaba ahí, porque lo llamaron como jurado.
¿Y ella?
A ella también la llamaron, porque reconocieron su talento. Y porque, en efecto, merecía estar ahí. Sea cual fuese el resultado, al final era una victoria llegar a ese punto, porque se demostraría a sí misma que era capaz de conseguir lo que se proponía. Era capaz de intentarlo. Y merecía estar ahí, tanto como Syaoran o como cualquiera de las otras personas que se encontraban en esa estancia.
La realización de aquella idea le ayudó a quitar todo rastro de enojo, dejándola con una sensación despejada en su interior, y pensativa. La sensación de entender que había ideas que estaban más allá de sus manos y, a veces, sólo bastaba con dejarlas fluir.
Ella no podía controlar el concurso, ni a Syaoran. No podía controlar como las demás personas la vieran.
Pero podía controlar cómo ella podía sentirse en relación a las demás personas.
Cómo podía sentirse en relación a ella misma y su trabajo.
Y entender eso… como idea y sentimiento… fue absolutamente liberador.
Su mirada pareció mas despejada en el momento que escuchó que la llamaron a declamar. Las manos habían parado de sudarle para entonces y el silencio del público, atento a su llegada a la tarima, se sintió más invitador. Sakura no miró a la mesa del jurado en ningún momento, pues no quería sentirse desconectada de ese momento.
Subió a la tarima, se puso en frente del micrófono y, antes de empezar, cerró los ojos para respirar nuevamente. Una respiración larga, tendida, conectándose con ella misma.
Y… ¿Qué mejor que ella misma para entender sus palabras?
-"Libérate", por Sakura Kinomoto- presentó su poema con una voz ligera, pero su presencia totalmente puesta en el escenario. Quiso sentirse de nuevo con la libertad de esa niña que era, cuando se imaginaba poderosa en esos juegos, libre. Cuando sentía absoluta confianza de sus palabras y de su imaginación. Cuando creía con certeza que sentir era lo mismo que poder. Al recitar, permitió su cuerpo moverse, y las palabras salieron con absoluta naturalidad-
Las llaves que marcan la Puerta de la Vida,
Reposan entre Himnos Celestiales.
Una llave que guarda la oscuridad.
La otra el poder de mi estrella.
Metales duales de magia, Génesis;
Llaves de carne y verbo.
.
En este abrasador frío,
El guardián de la puerta perece en el olvido.
El borrón de la esencia. De quiénes somos
¿Un espíritu elevado?
¿O una prisión de gusanos y madera?
.
Es el Yo del espejo el guardián de las llaves.
El cambiante, el alquimista,
El de la oscuridad y la estrella.
Y cada noche, que perece,
Abandona su vieja forma
Para servir a su nuevo dueño;
Que será quien se asome en el cristal
Para el próximo amanecer.
.
El guardián muere y renace,
Con la voz cambiante del poeta.
Quién evoluciona,
Encontrando la virtud
De entenderse a sí mismo.
.
Y estos versos se extienden
Al guardián de tu espejo
Que atiende, silente, entre tu oscuridad y tu estrella.
"Respira", te dice
"Regresa a la forma humilde que mereces.
Y para mostrar tu verdadera forma…
Libérate."
.
Terminó de recitar y la mirada del público sobre ella fue una sensación que quiso guardar para siempre. Se sentía enorme. Enorme como no lo había hecho en años. Extendió los brazos a modo de agradecimiento, sintiéndose libre y valiosa. Sintiendo que sus palabras valían cada aplauso que recibió en ese momento.
Esa noche, nombraron a Sakura Kinomoto la ganadora del primero lugar en el XXI Concurso de Poesía Inédita.
