¡HOLAAAAA! ¿Cómo están? Esta vez me esforcé por demorarme menos en subir el capítulo. Lo cierto es que en este segundo estoy exhausta, mi horario de trabajo por esta semana ha sido de 4 am a 9 pm de corrido y me la pensé tres veces para terminar de escribir, pero me dije "¡No! ¡Escribe! ¡Hazlo por tus niñas, joder! D:" (ustedes, claro, que me motivan siempre con todo ese amor 3). Y pues ajá, aquí me tienen. Con sueño, cansada, pero feliz y con capítulo nuevo TwT. Espero, de corazón, que les guste. En lo personal, siento que ha sido de los capítulos más intensos que he escrito, me gustó. Me gusta la dirección que va tomando la historia. Me gusta eso de orientar el desarrollo psicológico a elementos más profundos que inviten al personaje a replantearse su vida xD. Pero Bueno, antes que nada, quiero agradecer nuevamente a las hermosas almitas que me responden fielmente en cada capítulo. Las amo. En serio. Esto es por y para ustedes. Y, aunque en este momento no sé si me de para escribirles un mensaje pulido y personal a cada una (again, más de quince horas de trabajo diario por cinco días de corrido, coff coff, subo este capítulo por el poder del amor, literalmente TwT), de todas maneras quiero hacerles su mención.
Isabelweasleygranger, cerezo01, ValSmile, Cyna, Sandra Matute, Wonder Grinch, LizSaranjeiP, Rubdy, AileeMadness. ¡GRACIAS! Gracias, gracias, gracias. Gracias por sus palabras alentadoras, por sus buenos deseos, por las felicitaciones que me mandan por el premio. Gracias por las respuestas largas, las releo varias veces con risas y sonrisas en el rostro. Gracias porque el leerlas me motiva a escribir en esos días que no tengo muchos ánimos de hacerlo. Gracias por reír y llorar con Fiore, gracias por enamorarse de estos personajes cuya historia he querido crear con tanta minuciosidad (o eso he buscado hacer, al menos). ¡Gracias por leer los libros que menciono en la historia! Es que, por Dios, son tantas cosas para decir que no sé si me alcancen las palabras. Escribir Fiore es una enorme responsabilidad, no únicamente por el detalle que tiene o la disciplina que implica, sino también por sus seguidores tan especiales. La historia debe darle la talla a ustedes, a su amor. Gracias por tanto, de verdad. Ya estamos atravesando un punto importante en la historia, y amo profundamente que estén ahí para verlo.
Muchos besos. ¡Abrazo sus almas con profundo afecto!
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21: Viajes. Partir caminos.
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Syaoran contuvo el aliento unos breves segundos luego de escuchar a Sakura hablar, sintiendo que se le formaba un nudo en el estómago. No disimuló su expresión. Esa manera de desenvolverse en escena, de apropiarse de las palabras, de convertirlas en magia con su voz. Syaoran tenía una mirada profundamente afectada en ese momento, antes de que el instante se viera interrumpido por los aplausos a la joven castaña. Él empezó a aplaudir, completamente absorto, admirado.
Después de todo, era un devoto de los versos.
Desde que era muy niño, los libros fueron sus amigos más cercanos y el escribir se convirtió en su propio idioma personal.
Sabía que Sakura escribía. Sabía que le gustaba. Sabía que tenía potencial.
Pero verla ya frente a un público, transformando frases en luz, fue simplemente…
…
No le alcanzaba para expresarlo.
Aplaudió, tan sólo eso. Y Meiling, detrás de él, notó la manera tan especial como él la miraba a ella por encima de los demás participantes.
Syaoran era muy profesional a la hora de escribir y de recibir texto de otras personas. Analizaba la ortografía, composición, pero siempre se mantenía en un estado analítico que le permitiera comprender la historia desde su construcción.
No obstante, ahora se notaba conmovido. Profundamente conmovido.
E incluso luego de que Sakura bajó del escenario, yendo con sus amigos que la recibieron con un fuerte abrazo, pudo notar como Syaoran se inclinaba ligeramente hacia uno de los jurados para decirle algo que la joven pelinegra no alcanzó a entender.
"Sakura Kinomoto, ¿Eh?" pensó Meiling para sus adentros, notando de soslayo a la joven poeta, que seguía riendo de manera nerviosa pero feliz.
Era muy bonita.
Con su rostro ligeramente más bronceado que el de ella, cabello corto castaño enmarcando un rostro femenino de mirada dulce y tranquilizadora. Ojos verdes, expresivos, sonrisa de labios finos. Sakura era un poco más alta que ella, pero no por mucho.
Al chico de lentes al lado de ella lo reconoció luego de un momento. Hiraguizawa.
¿Por qué parecía acompañar a Sakura, en lugar de venir con Syaoran?
Meiling era una mujer inteligente, por lo que no le fue difícil deducir que Syaoran y ella debían conocerse. Entrecerró los ojos, con una expresión sibilina, mientras volvía a clavar la mirada en la coronilla del escritor.
¿Acaso…?
Sintió a su bebé moverse en el vientre, y llevó una mano a este, acariciándolo. El gesto la distrajo, y buscó sentarse en el asiento atrás de Syaoran, ya sin tocarle los hombros.
Su tacto le ardía, pero su falta de tacto le ardía más. Lo sentía como un ente completamente distante y se odió a sí misma por eso. Era doloroso ver la nuca del joven hombre, recordando la cantidad de veces que podía permitirse acercarse y besar su piel expuesta.
Había intentado darle ese breve masaje porque lo había notado tenso. Ella intentó hablarle con naturalidad. Debía admitir que la charla no fue tan espontánea como lo habría sido tiempo atrás porque… el paso del tiempo cambiaba a la gente. Y ella había cambiado mucho.
Ya no sentía ese fuego que la hacía levantar la cabeza como si pudiera arrasar con medio mundo de desearlo. Que un solo paso de ella podría iniciar un incendio. La experiencia de ser madre le hacía sentir extrañamente fuerte, pero vulnerable a la vez.
Antes podía arriesgarlo todo para alcanzar lo que quería, pero ahora tenía una vida en sus manos.
Sí, las cosas cambiaban con el tiempo.
Y Syaoran mismo cambió. Su expresión, su mirada. Tenía una postura más humilde en relación a los años anteriores, en los que se mostraba lleno de soberbia y con poca disposición para conversar con otros. Huraño, distante. Ahora sonreía más. Escuchaba más. Y se permitía el lujo de, tal vez, sentir de manera diferente.
Meiling Brown sintió celos, pero no supo exactamente a qué, ¿Al tiempo de Syaoran durante esos meses sin ella? ¿Al proceso de Syaoran en sí, que pudo seguir su vida sin ella? ¿O de Sakura Kinomoto, a quien Syaoran seguía mirando disimuladamente, incluso si en tarima ya estaba declamando otro participante?
Pronto pasaron todos y llegó el turno del jurado para escoger. Pese a la cercanía, Meiling no entendía realmente lo que estaban diciendo, pero veía a Syaoran asentir con la cabeza o negar, manteniendo una expresión sobria, seria y profesional.
Al final, Haruki Yoshimoto se incorporó nuevamente en representación del jurado y tras agradecerle a los participantes por asistir, motivándolos a perseverar en la escritura y perseguir sus sueños por medio de esta, se aclaró la garganta para decir la lista de los ganadores: Primer Lugar, Sakura Kinomoto con su poema "Libérate". Segundo Lugar, "Río" con su poema "Lirio". Tercer Lugar, Masamune Tora con su poema "La revolución del ciervo". Mención Especial, Akane Yoshida, con su poema "La tina del emperador".
Sakura ahogó un grito, cubriéndose la boca ante ese anuncio, a la par que recibía más ruido de festejo y abrazos de celebración de parte de Tomoyo y Eriol. Sus ojos verdes denotaban que estaba intentando procesar la situación, y con una sonrisa enorme dibujada en el rostro, se incorporó para recibir el certificado de parte de Haruki Yoshimoto mientras Tomoyo festejaba, grabando todo. Posaron juntos, para una foto, y por protocolo fue a la mesa del jurado para estrechar la mano de los otros miembros, a modo de respeto. Kaede Hamada. Shintaro Soseki. Syaoran Li.
Al tomar su mano, y verlo a los ojos, Sakura sintió de nuevo un vuelco en su interior, una mezcla de emociones confusas que prefirió ignorar para no opacar la alegría del premio. No se iba a arruinar la noche. Esa era SU noche, y estaba dispuesta a celebrarla con la mejor actitud.
Syaoran tomó la mano de ella, mirándola de manera significativa- te felicito…- murmuró- De verdad lo merecías. Hermoso trabajo- la situación estaba rara entre ellos, pero Sakura se estremeció al notar en él un brillo de orgullo y admiración por ella. Realmente parecía feliz de verla triunfar.
-Gracias…- respondió Sakura, tomando el cumplido, pero sin darle demasiadas vueltas. Un rubor tenue delató los ligeros nervios que le generó el momento, no obstante la sensación de amargura en su boca le hizo recordar los motivos que tenía en ese segundo para no sonreírle de vuelta. Y uno de esos motivos era Meiling Brown, su ex, sentada tras él con una expresión de educada indiferencia y… ¿Y vientre en embarazo?
Otro vuelco arremetió contra su propio estómago de manera importante, mirando a Syaoran por unos breves segundos en un fugaz intervalo de incredulidad.
Pero el joven escritor, ajeno a los pensamientos de ella, borró su sonrisa al sentirla distante, y con toda razón.
-Sakura…- empezó a decir en un murmullo bajo, ahora queriendo hablar. Pero en esas la castaña soltó su mano, apartándose y dándole la espalda para caminar hacia Tomoyo y Eriol, dejando a Syaoran con la palabra en la boca. En el fondo, él tuvo que admitirse a sí mismo que probablemente se merecía esa respuesta.
Sakura, por su parte, soltó un suspiro para liberar tensiones del breve encuentro con Syaoran, queriendo disipar de la mente la imagen de Meiling.
"Hermosa". Meses atrás, Syaoran empleó esa palabra para responder de qué manera recordaba a Meiling. Y él no vaciló en afirmar que la recordaba como una mujer hermosa, ¿La seguiría recordando de esa manera? Era lo más probable.
Sakura no era ciega. Sin duda, Meiling Brown era una mujer sumamente atractiva, con o sin hijo a bordo.
"¿Será ese hijo de…? ¡No, no pienses tonterías!" sacudió la cabeza, alcanzando a sus amigos.
Haru Shirogane la esperaba, y su propia expresión brillaba con admiración en cuanto vio a la joven Kinomoto llegar, portando el certificado que la testificaba como ganadora del primer lugar. Haru sonreía ampliamente y sus ojos azules resplandecieron al divisarla.
-¡Felicidades! ¡En verdad, felicidades! – le dijo de una manera tan espontánea y honesta que Sakura terminó sonriendo, enternecida.
-Gracias, de verdad. Es halagador que le tuvieras tanta fe a mi trabajo, incluso si apenas me conoces.
Llegó el turno de Haru de tensionarse, para luego soltar una risita nerviosa, rascando la parte trasera de su cabeza. Parecía querer decir algo grande, pero no se atrevía. Se dio unos cuantos segundos para ellos.
-Verás… Lo cierto es que te he venido prestando atención desde mucho antes- admitió encogiéndose de hombros, aunque no realmente apenado por eso. Sakura parpadeó, adoptando una expresión de desconcierto; mientras que Tomoyo llevó una mano a su boca, disimulando una risita divertida. Eriol tosió, pero con el mismo propósito de él mismo disimular un gesto de burla. Al parecer, Sakura fue la única que no sospechó de las intenciones de Haru desde que entraron al lugar.
-Pero ¿De qué hablas? Nos vinimos a conocer la semana pasada que chocamos, estuvimos en las mismas reuniones. No recuerdo para nada haberte visto antes de eso.
-Tú probablemente no, pero yo sí. Es un poco bochornoso, pero a Clow Corp. he ido en ocasiones anteriores. Te recuerdo con el cabello más largo. Te me hiciste muy bonita desde el primer momento y… bueno… quise hablarte desde entonces. No me atrevía. Pero el choque dio pie para eso.
Sakura llevó la mano a su cabello en un gesto inconsciente. Si ella portaba para entonces el cabello largo, habían pasado ya varios meses desde ese incidente, pero no supo qué decir. Tan sólo se ruborizó, y mucho. A parte de Syaoran, nadie había sido tan abierto con ella a la hora de expresar un determinado interés en hablarle y no supo cómo sentirse en relación a eso. O de entrada qué decir. Bajó la mirada, sintiéndose algo tímida, pero al mismo tiempo sonrió.
No pudo negar que, de hecho, se sintió bien. Muy bien. Le gustó sentirse admirada, en especial teniendo encima la felicidad del premio que recibió. Se sintió bonita.
No. Se sintió gloriosa.
-No tenía idea- dijo en un murmullo- Te agradezco, Haru. Es realmente…bonito de tu parte.
Haru alzó ambas manos en un tono conciliador- No tienes que ser políticamente correcta si no quieres, Sakura, yo entiendo. Soy un extraño, recién me conoces. Así yo te haya notado desde mucho antes, no tienes que sentirte forzada a responderme igual por eso. Seamos amigos, es lo que quiero.
-¡Bueno, "amigos"!- intercedió Eriol entonces, cortando la conversación, avanzando entre los dos- Se nos hará tarde para ir a comer, y mañana es jornada laboral, ¿Vamos a celebrar entonces o no?
-Vamos, si- secundó Tomoyo, abrazando el brazo de su mejor amiga, quién rio- Hoy la noche es de mi linda Sakura- sus ojos brillaron- ¡Y grabaré todo el momento! – emprendieron marcha a la salida y Haru se les unió, queriendo inclinarse para hablarle a Sakura de nuevo.
A distancia, Syaoran no pasó eso por alto. Intentó agudizar el oído, pero había demasiado ruido en el lugar por las fotos, los participantes hablando entre ellos y los invitados. Eriol fue el único que se separó del grupo unos instantes tras proferir un "Ya los alcanzo" y una vez estuvieron todos afuera, se acercó a Syaoran con una expresión un poco más seria.
Lo encontró de pie, en el mismo lugar, dándole la espalda a Meiling. Eriol, de manera parca, pero no menos educada, tan sólo inclinó la cabeza a modo de saludo discreto.
-Meiling.
-Hiraguizawa.
Ella no se tomó la molestia de responderle mejor. Eriol optó por no perder mayor tiempo hablando al respecto porque honestamente no le interesaba, así que tomó a Syaoran del brazo y lo haló a un sitio más apartado para hablar. De hecho, le molestaba profundamente verla ahí detrás de Syaoran, porque fue la persona que, en primer lugar, lo dejó en una situación deplorable durante meses.
Tenía ese sentido de lealtad en el que no podía darse el lujo de perdonar con facilidad a alguien que se atrevió a lastimar a su mejor amigo.
Se detuvieron en el rincón opuesto de la habitación y, tras soltar al joven castaño, Eriol lo miró con marcado reproche.
-Escucha, no te juzgo que quieras hacer tus locuras con Meiling, incluso si no las apruebo. Pero ¿Tenías que traerla aquí? ¿En serio?
- Yo no sabía que Sakura estaría aquí, Eriol- la respuesta de Syaoran mismo seguía siendo áspera y dura, con los ojos claros clavados en el inglés. Eriol suspiró, llevando el pulgar y el índice al puente de su nariz.
-Por supuesto que no lo sabías, porque simplemente no has querido hablar con ella, ¿Ah, Syaoran? Te cuento que está mortificada creyendo que la odias, la evitas y que ya te aburriste de ella.
-¿Qué?
-Lo que escuchaste. Y tampoco la culpo de que piense así- Eriol intentó recuperar la compostura en lo que tomaba los lentes, limpiándolos un momento. Era increíble lo intelectual que se seguía viendo sin estos puestos. Syaoran guardó silencio, con una expresión culpable y ardor en la garganta, pero antes de decirle algo, Eriol habló nuevamente- Haru Shirogane, ese chico que estaba con nosotros. Acaba de decirle abiertamente a Sakura que lleva meses notándola porque le parece linda y, si me lo preguntas, Syaoran, parece fuertemente interesado en ella. No se ve como un mal hombre. Pero así como te quiero y me preocupo por ti, también me preocupo por Sakura y quiero lo mejor para ella – se viró – tu eres inteligente, Syao. No comparto el retroceso de soltar lo que has conseguido en el presente por volver a ver a Meiling. No de nuevo. Es de sabios conocer tus pasos, no devolverte sobre estos una y otra vez- emprendió marcha- Hablaremos después- avisó, alzando la mano a modo de despedida.
Syaoran no le dijo nada. Tal vez le habría replicado en otro momento, de no ser por la pesadez que sintió en su interior con esa lluvia de comentarios.
Las voces en el lugar se sentían distantes, ajenas. Las personas seguían hablando, pero él no las escuchaba realmente.
En su cabeza, las palabras que Eriol le dijo en el bar días atrás le hicieron eco una y otra vez.
"En algún momento te dije que Sakura eventualmente debía seguir con su vida tarde o temprano, con o sin Hien. Pero quiero advertirle a tu indecisión que, probablemente, eso deberá pasar también con o sin ti."
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Fueron a un sitio de comida rápida que estaba abierto a esa hora, porque a Sakura no le interesaba una cena ostentosa para celebrar, sino comer algo breve y acompañarlo con un rico postre. Así que una vez terminaron de comer, se fueron a una tienda de pasteles cercanos para comprar un rollo de fresa. Solicitaron partir cuatro pedazos para comerlos en el lugar, y el resto lo pidieron para empacar y que Sakura se lo llevara a la casa.
Tal y cómo había prometido, Haru pagó todo.
La simpatía del joven rubio era innegable. A Sakura le hacía pensar mucho en Hien Li. Tenía la sonrisa, y aunque no supiera de numerosos temas, se las arreglaba para que sus comentarios sonaran lo suficientemente inteligentes y graciosos.
Pudo conectar fácil sus conversaciones a las de Eriol y Tomoyo, y estos parecieron también entretenidos con él.
Para Sakura, escucharlo hablar era extraño. Porque además de su simpatía, se notaba que Haru se interesaba medianamente en leer, así que podía sacar algunos temas interesantes de conversación a la mesa que sólo podían seguir las personas que tenían un espíritu más letrado. Sobre todo en el ámbito del teatro y la poesía.
Era como escuchar la inteligencia de Syaoran, a través del encanto de Hien. Y para el alivio de Sakura en ese instante, el rostro de Haru estaba lejos de parecerse a cualquiera de los hermanos Li.
Comieron a gusto, festejaron también el nuevo puesto de Sakura en la Editorial Tsubasa, y compartieron juntos un buen momento. De verdad lo fue. Los chicos mantuvieron su mente distraída de Meiling y Syaoran, y eso en el fondo lo agradeció.
Sakura estaba de muy buen humor para entonces y, cuando se devolvió para su casa había olvidado que rato atrás se sentía disgustada. Entró al edificio, le contó de manera resumida a la señora Sakaichi acerca de su victoria y, luego de recibir numerosos cumplidos y felicitaciones, se dispuso a subir las escaleras de dos en dos.
No contaba con que Syaoran la estuviera esperando en su puerta.
Sakura se detuvo en el pasillo con sorpresa, borrando la sonrisa de inmediato. Miró a ambos lados, como buscando a alguien más y Syaoran, quién no pasó eso por alto, suspiró.
-Meiling no está aquí, estoy sólo- le dijo con voz cansina, agotada. Estaba ligeramente encogido de hombros en una postura dócil y humilde. No quería pelear. Quería realmente hablar.
Sakura le dedicó una mirada fría, y siguió derecho a su departamento, buscando las llaves en el bolso. Un atisbo de desespero se reflejó en los ojos de Syaoran.
-Sakura, por favor, hablemos ¿Sí?
-Ah, ¿Ahora sí quieres hablar? – el tono empleado por ella fue mordaz, seco. Su expresión era afilada al ver al escritor y este paró en el acto, manteniendo la poca distancia entre ellos en el estrecho pasillo- Me pregunto si habrías querido hablar de todas maneras de no haberte visto hoy con tu ex en el concurso, ¿De eso era lo que querías hablar después? ¿De porqué no me dijiste esto desde el principio?
-Sakura, te lo juro, no es lo que parece.
- ¿Y qué se supone que tiene que parecer, Syaoran? ¡Maldita sea, si los vi! ¡Los vi también el otro día a los dos, abrazados en el hotel Tanaka!
Inconscientemente Syaoran retrocedió un paso. Sakura debía estar muy consternada desde que profirió una maldición en voz alta, pues ella no era de ese tipo de expresiones. El joven Li alzó ambas manos en un gesto conciliador.
-Ella no vino aquí por mi- empezó a decir de manera lenta, cuidando bien qué palabras utilizaba para eso- Vino aquí por Shen. Su esposo está haciendo negocios con la empresa de mi familia.
-Qué conveniente- ironizó Sakura, enarcando una ceja.
Syaoran cerró los ojos, intentando mantener la cabeza fría. Tomó aire y lo soltó, con el fin de liberar tensión de sus hombros. La volvió a mirar a ella con una expresión tranquila y prudente.
-No, es en serio. Sabes que yo no me hablo con ellos y no quiero saber nada de ellos, no me inventaría algo semejante. Ella tenía que reunirse con Shen y yo había quedado de encontrarme con él para comer, ese mismo día. Coincidí con Meiling en la oficina de él y, en cuanto la vi, me fui para el lobby- bajó los brazos, no quería mostrarse en ningún momento a la defensiva. Entendía perfectamente que Sakura estuviera molesta. Sólo quería hablar bien con ella- Aclaro, salí para esperar a Shen. Ella salió y fue a hablar conmigo, pero yo estaba molesto, no la quería escuchar y, sin embargo…- compuso una mueca. No sabía cómo decirlo, pero su expresión era implorante, esperando que Sakura no se lo tomara mal.
Ella en la medida que lo veía con mayor detenimiento fue suavizando un poco la expresión para luego llevar una mano a su rostro, masajeando las sienes.
-Querías hablar con Meiling…- concluyó en un murmullo. Era lo suficientemente empática y receptiva para entender lo que, probablemente, fueron las emociones de Syaoran en ese momento- Ustedes nunca tuvieron un cierre…
El escritor dejó caer la cabeza, agradeciendo para sus adentros que hubiera podido entenderlo y sentirlo. Sakura era un alma maravillosa que no sólo leía libros clásicos, sino que también tenía un amplio talento en leer a la gente.
-Perdón- murmuró Syaoran con voz ronca, pareciendo afectado.
Sakura no respondió de inmediato. No sabía exactamente cómo sentirse con eso o qué esperar.
-No me tienes que pedir perdón a mí, Syaoran. Tú y yo no somos nada- le recordó la joven Kinomoto con tanta crudeza que Syaoran quedó helado en su sitio. Sakura descargó en esa frase el coraje que traía encima, no únicamente con la mentira de Syaoran, sino también recordando ese beso insípido en la frente que le propinó horas atrás.
A él le dolió. Esas palabras le ardieron y le cayeron en todas esas dudas que venía manejando. No la miró, pero se instaló un silencio alargado e incómodo. Sakura se dispuso a seguir buscando las llaves en el bolso. Él le dedicó una mirada profunda y diciente.
-Si no te tengo que pedir perdón y, en efecto, no somos nada… ¿Por qué te molestas conmigo entonces? – esa fue una pregunta estúpida y lo sabía. Racionalmente entendía qué fue lo que molestó a Sakura de manera más directa y qué fue lo que estuvo mal en él. Pero se sintió tan dolido que sólo atinó a decir la primer cosa hiriente que se le vino a la mente.
Sakura detuvo su búsqueda y lo miró con incredulidad.
-A ver, ¿Por qué será? ¿Tal vez por escondérmelo? ¿Por evitarme? ¿Por no ser directo? ¿Por hacerme creer que tienes asuntos pendientes con una ex a la que no superas, luego de haberte acostado conmigo? ¿Quieres que siga con la lista, Syaoran Li?
-No, no, no hace falta- se apresuró a decir Syaoran, sacudiendo la cabeza mientras fruncía el ceño con irritación- Sí, te lo escondí, pero entiéndeme un poco, ¡Yo amaba a esa mujer! No puedo simplemente borrarla de mi historia, así como no puedo borrar a Hien de la tuya. No significa que nuestra relación sea igual ahora.
-No se te ocurra meter a Hien en esto.
- Era mi hermano, Sakura, puedo meterlo si me da la gana.
-No. No puedes. Eran dos contextos MUY diferentes y lo sabes bien- los ojos verdes de Sakura se convirtieron en dos rendijas. Syaoran no entendía por qué se estaba sulfurando tanto. Una parte de sí le decía que se detuviera, que parara ya de decir esas cosas, pero la otra quería explotar. La otra quería soltar toda la tensión y el estrés acumulado por esos días.
Era la primera discusión fuerte que ambos tenían desde que se conocían, y resultaba abrumador como situación.
- ¿Ah, no? Ahora resulta que lo defiendes, pues ¡Es novio del año, Hien Li!
- Syaoran, por todos los cielos, ¿¡Te estás escuchando!?- exclamó Sakura, sin dar crédito a sus oídos- ¡No puedes comparar mi relación con Hien y tu relación con Meiling! ¡Son dos cosas muy diferentes, con niveles de intensidad diferentes!
- ¿¡Lo eran, Sakura!? ¿Realmente lo eran? ¿¡Insinúas acaso que tu relación con Hien fue más profunda que la mía con Meiling!?
-SI.
Syaoran soltó una risa seca mientras pasaba unas manos por sus cabellos castaños, tornándose agitado. Caminó un par de pasos, pero volvió a su puesto. Su mente iba a mil en ese segundo.
-Vale. Listo. Perfecto. No hay nada que hablar aquí. Definitivamente, no entiendes NADA.
-No. El que no entiende nada eres tú.
- ¿¡Cómo puedes siquiera decir e...!?
- ¡HIEN ERA MI AMIGO, SYAORAN! ¿Qué fue Meiling para ti? ¿¡Una noche de atracción sexual!? ¿¡Dos meses desenfrenados en la cama!? ¡Hien era MI amigo mucho antes de siquiera ennoviarme con él, y lo siguió siendo durante la relación! ¿¡Crees que dos personas vivirían tantos años juntas sin llevarse bien en algún aspecto!? ¡ÉRAMOS AMIGOS! ¡Nunca dejamos de serlo! – Sakura tomó aire, sintiéndose agitada. Ella misma desahogando esa tensión de manera más directa- Nuestra relación no fue la más funcional desde un aspecto íntimo, es verdad. Hien y yo éramos niños, no entendíamos muchas cosas. Hoy en día, con la madurez que he ganado, me pregunto si a Hien le ocurría algo grave que lo llevara a ser como era, y nunca se lo pregunté. Nunca lo noté. Si él mismo sufría para sus adentros, y nunca me lo comentó ¿Por qué Hien y tú son tan diferentes en relación a las personas, siendo hermanos? ¿Por qué tú eres cariñoso, pero él no?... ¡Son cosas que ahora veo y entiendo, pero no podré preguntarle! ¡Porque ese día perdí a un amigo, Syaoran! Un amigo con el que reí, lloré, compartí; ¡Un amigo al que amaba! ¡Porque a Hien Li lo amo en mi memoria, y lo amaré eternamente por todo lo que vivimos juntos y todo lo que representó para mí!... ¡Ahora atrévete a comparar todo eso con tu relación con Meiling! - Sakura alzó la voz lo suficiente para cortarle la palabra, plantándose en frente de él con decisión y mucha fortaleza. Lo miraba a los ojos, desafiante, pese a la honestidad de sus palabras, tanto así que Syaoran se quedó mudo.
Sakura se sentía diferente. Se sentía grande. Y fue al sentirse grande que entendió hasta qué punto estaba cansada de ella misma sentirse pequeña a ojos del resto del mundo. Estaba cansada de sentirse pequeña a sus propios ojos, de minimizar sus palabras, de sentir que valía menos que el resto. No. Ella valía. Sus palabras valían. Valían tanto que hasta un premio recibió esa noche. Y se sentía tan grande que no estaba dispuesta a retroceder en ese momento.
Syaoran no esperó esa respuesta. Sus palabras le quemaron y, con esa sensación a flor de piel, no podía evitar sentirse impulsivo y susceptible.
-Lo amas- repitió.
-Si.
Syaoran crispó los puños, sintiendo que el nudo en su garganta ardía en llamas. Sakura lo notó diferente, como si algo en lo que dijo lo hubiese tocado a fondo. Sin embargo, no esperó lo que expresaría el escritor después.
- ¡Estuviste con él, te acostaste con él, y él lucía como YO! ¿¡Cómo crees que eso me hace sentir en relación a ti!?- su cuello se le notaba rígido. Tenía las mejillas rojas- ¿¡Y aún lo amas!? ¿¡Al acostarte conmigo me querrás a mi o lo verás a él!? ¡Si, es verdad! ¡No puedo comparar mi relación con Meiling como la tuya con Hien! ¿¡Feliz!? ¡Nuestra relación fue corta, pasional, pero la amaba, maldita sea! ¡Amaba a esa mujer con todas las fuerzas de mi ser y una parte de mi se sintió culpable todo este tiempo de que ella se fuera! ¡Una parte de mí mismo no la odiaba a ella, ME ODIABA A MI! ¡Porque…mi amor no fue suficiente para que ella se quedara! ¡Ni mis promesas! ¡YO NO LE FUI SUFICIENTE! – la voz de Syaoran se quebró. Y entre la rabia y el movimiento, sus ojos dorados denotaron esa vulnerabilidad que realmente sentía en el fondo de sí mismo. La verdadera parte que dolía. No era el enojo lo que lastimaba, era el no sentirse suficiente…ni para Meiling, ni para Sakura. Sakura no esperó eso tampoco y borró su expresión de enojo para adoptar una mirada de genuino asombro y preocupación. Syaoran giró el rostro, llevando una mano a sus ojos un momento. Las mejillas seguían rojas.
¿Qué había sido eso? La tensión permanecía en el aire, pero era como si su densidad hubiera bajado. El velo que los separaba en mente y emocionalidad parecía haberse corrido, y ahora Sakura se sorprendió de ver a Syaoran con una nueva claridad. No le dijo nada. Tan sólo se acercó a él y lo abrazó de manera cálida y protectora, sintiendo la humedad en la mejilla del joven aun cuando este luchaba por ocultar su rostro.
Sakura lo sintió estremecerse ante su contacto. Pero poco a poco empezó a ceder, dejándose sujetar por ella, sumergiendo el rostro en su hombro. Temblaba. Le dolió. El peso de sus propias palabras le dolió.
-Lo siento…
-No te preocupes.
-No quise decir eso, perdón.
-Lo sé.
-Perdóname, Sakura. Lo siento- su voz ronca no era más que un murmullo trémulo, ¿Qué había sido todo eso? Se sentía terriblemente idiota y sucio, pero la presencia de Sakura a su lado le brindaba seguridad y tranquilidad. La abrazó con devota admiración por el talle, aferrándola a sí como un salvavidas en medio de su propio estrés. Sakura suspiró. Ella no sabía, en ese punto, si seguía molesta o no, pero con certeza sabía que le dolió verlo así. Sabía que esos días no habían sido necesariamente fáciles para él, independientemente de lo de Meiling.
-Tranquilo…- dijo la joven, llevando una mano a los cabellos castaños del joven. Tenía una expresión intensa, pero despejada.
-Fui un imbécil.
-… Si. Lo fuiste.
-Sobre lo de Hien…
-Tú también amas a Hien, Syaoran. No tienes que explicarte. Sé que en el fondo lo entiendes.
Y si, en el fondo lo entendía, por eso se sentía estúpido. Entendía que Sakura quisiera a su hermano, ¿Cómo no hacerlo? Era extraño cómo parecía que con la muerte se olvidaban todos los defectos de una persona, para pasar a recordarlos con cariño. La gente era extraña con sus emociones, indescifrable. Él se sentía extraño e indescifrable. En medio de todo, le lastimó sentir su propia inseguridad en relación a Hien bajo los ojos de Sakura. Le afectó la situación con Meiling, pero ¿Por qué?
Permanecieron un rato en ese abrazo, guardando silencio. Sakura acariciaba la espalda de Syaoran componiendo suaves círculos, en lo que este iba acompasando la respiración hasta que empezó a sentirse más tranquilo. El joven Li cerró los ojos, disfrutando del perfume de la castaña. Se sentía en paz. Ella le inspiraba paz.
-… En esa ocasión, cuando Meiling intentó hablarme en el hotel Tanaka, tuve toda la intención de dejarla hablando sola. Pero… no fui capaz. Necesitaba respuestas, Sakura. Necesitaba entender muchos porqués, pero nada más. No tengo nada con ella, ni ningún interés romántico hacia ella. Hablamos. Me contó todo.
-… ¿Qué es "todo"?
-Todo. El que me buscó porque veía en mi a alguien que solventara los problemas económicos de su familia. Que me dejó porque vio en Brown a alguien que le diera más esa oportunidad…- guardó silencio, pensando en no decirle que Meiling aún tenía sentimientos por él, pero luego de toda esa discusión pensó que lo mejor era ser completamente honesto de entrada- … Me dijo que se arrepentía de haberme dejado porque aún me quería, pero…- tomó aire, apartándose de ella lo suficiente para verla de frente. Sus ojos estaban ligeramente enrojecidos al igual que su nariz. Sakura, por otra parte, parecía tranquila. Lo escuchaba con atención-… te lo juro, por todo lo más sagrado, que no es recíproco. Yo ya no la veo de ese modo. No quiero nada con ella.
- Entonces, ¿Por qué la abrazaste? – aunque la mirada de Sakura luciera serena, Syaoran notó un matiz triste y distante en su tono de voz. Se odió aún más por eso y la acercó a sí para abrazarla nuevamente, apoyando el mentón sobre la coronilla de ella.
-Porque descubrí que Brown la golpea, incluso si Meiling está esperando un hijo de él. Le vi los golpes- la joven Kinomoto ahogó una exclamación de horror- La vi quebrada, Sakura, sentí compasión- Syaoran suspiró- …Me sentí culpable, también.
- ¿Culpable de qué?
-… No lo sé… - permanecieron en ese abrazo un momento más. Sakura también disfrutaba de su cercanía y calidez, le inspiraba sosiego y familiaridad. Sin embargo, se sentía pensativa en ese momento, con una idea circulándole de manera insistente en la cabeza.
Eso la llevó a apartarse de él un par de pasos, soltándose de su agarre para verlo a los ojos. Lo que iba a preguntarle necesitaba que fuera lejos de abrazos o afectos melosos.
-Syaoran… dime ¿por qué tomaste la decisión de ayudarme, hace meses, cuando se dañó la tubería?
- ¿Eh? – el aludido parpadeó desconcertado- ¿A qué viene eso?
-Por favor, sólo responde. Necesito saberlo… -Sakura soltó aire. Buscó honestidad en sus ojos dorados, tan insondables y agudos- La primera vez que hablamos fue en este mismo pasillo y no empezó muy bien. No me hablaste después de eso, sino hasta el incidente de la tubería, ¿Por qué te acercaste a ayudarme y me pediste quedarme en tu casa? Pudiste dejar que me fuera a otro lugar, pero insististe que me quedara contigo incluso siendo una extraña para ti.
Syaoran pareció incómodo.
-No entiendo realmente a qué viene el tema.
-Por favor, responde.
-No lo sé.
- ¿Me ayudaste porque también te sentías culpable conmigo? – Sakura notó que había atinado en un punto importante, porque Syaoran no respondió. Por lo tanto, quiso indagar un poco más lejos – O… ¿Acaso te sentías culpable…con Hien?
-Sakura, corta ahí. No es una broma- la voz del joven Li sonó más grave. No lucía molesto, pero si había respondido con seriedad.
-Y yo no estoy bromeando. Te lo estoy preguntando en serio.
-Pero ¿Por qué?
- ¿Te acercaste a ayudarme porque te sentías responsable de lo que le pasó a tu hermano?
Syaoran volvió a guardar silencio.
Era entrada la noche, pero para ese momento la castaña ya no tenía cansancio o sueño alguno. Suspiró mientras llevaba una mano a su rostro, entendiendo lo obvio, preguntándose cómo no lo había notado antes. No supo exactamente cómo sentirse en relación a eso. No se sentía mal, pero si decepcionada.
Syaoran decía que ya no quería a Meiling pero deseaba tenerla cerca por la culpa que le generó el verla así, ¿Syaoran gustaría entonces de ella, Sakura, de verdad o su gusto sería dirigido también por la culpa hacia Hien?
No quería especular. No era algo malo, ella también tenía sus propios gajes. Sin embargo…
- Syaoran… ¿Te has fijado en que algunas tus relaciones personales las vives en un constante deseo de ayudar a la otra persona a través de la culpa? Buscando una aprobación invisible.
- ¿Qué? - la voz de Syaoran sonó ronca. No había visto venir esa pregunta y tampoco estaba seguro de haberla entendido por completo. Parpadeó con una expresión de perplejo desconcierto.
Los ojos verdes de Sakura transmitían luz y impavidez, lo que reflejaba que estaba siendo bastante reflexiva desde su interpretación.
-Entregaste todo de ti a Meiling con el temor de perderla. Te entregaste tanto, que no dejaste nada para ti. Y aun así, cuando ella se fue, te culpaste a ti por eso. Eres duro contigo mismo, incluso cuando te esfuerzas en compartir con alguien tu mejor versión- la literata sonrió de forma tenue, compasiva. No intentaba ser dura con sus palabras, ni tampoco buscaba que se sintiera acusado. Tan sólo quería que él notara eso mismo que ella notó, y estaba siendo lo más amorosa posible a la hora de expresarlo. Se inclinó para tomar su mano en un gesto de compañía- Y, conmigo, siempre te sientes a la sombra de Hien. Odias que la gente te compare con él, pero al mismo tiempo, eres tú quién más marca esas comparaciones.
-Eso no es verdad. La gente reitera constantemente que somos idénticos- espetó Syaoran con amargura en la voz. Sakura se encogió de hombros.
-Es probable. Pero de las veces que hemos estado juntos, eres tú el que se detiene o se aleja, asumiendo que te estoy comparando con Hien. Aun cuando yo jamás he insinuado que lo haga, porque no lo hago. Sé que Hien es Hien. Y tú eres tú.
"Siempre fuiste malo para compartir con tu hermano, Syao" la voz de Eriol en el bar volvió a hacerle eco a Syaoran, pero con una intensidad distinta. Y se sintió molesto. ¿Qué podían saber ellos acerca de él o Hien? ¡No sabían nada! Hien era el encantador, el social, el gentil; Hien se ganaba la indulgencia de todos, ¿Cómo podrían entender eso?
-Estás diciendo tonterías, Kinomoto- manifestó Syaoran con voz seca, frunciendo el entrecejo.
- ¿No está muy marcada esa competencia entre ustedes?
-Tú no tienes idea de cómo fue mi relación con Hien, o lo que fue nuestra convivencia juntos. Yo era el mayor, siempre cuidaba de él, es una estupidez la que estás insinuando.
Sakura suspiró, soltándolo mientras se encogía de hombros. No parecía arrepentida de sus palabras, pero entendía que Syaoran se estuviera sintiendo atacado. Ella sabía de sobra lo que era lidiar con la terrible sensación del no merecimiento propio.
-Es cierto. No lo sé, pero ¿Precisamente no encuentras extraños que Hien nunca nos presentara? incluso si sé que él te amaba con toda su fuerza. Te ponía a escribir sus cartas- se tornó pensativa unos instantes- No sé si, tal vez, en el fondo él temía que yo me enamorara de ti.
- ¿Lo hacía?... – esa parte el joven Li no la refutó. Después de todo, él llegó a pensar para sus adentros que Sakura y él eran más compatibles de lo que habría sido ella con Hien. Sakura sonrió, agradeciendo que pareciera ya prestarle atención.
-Hien también podía sentirse opacado con muchos de tus atributos, Syaoran…y para ser honesta, es cierto, no sé si es correcto para mí el sugerir que su crianza fue basada en una constante competencia entre los dos. Pero sé que Ieran fue una madre exigente con ambos… muy, muy exigente. Y sé de la cantidad de sacrificios que debieron realizar cada uno a niveles extremos, todo por tenerla a ella contenta.
-Si, pero eso no es un secreto para nadie y todas son cosas que ya pasaron hace muchísimo tiempo. No veo a qué viene a colación.
- ¡Por todo viene a colación! ¿No te das cuenta hasta qué punto fuiste criado para tener que darle gusto al capricho de esa mujer? Más allá de tu propia felicidad o tus propios deseos. Si no lo hacías, eras visto como un hijo terrible, así que de todas maneras lo terminabas haciendo para ganar su aprobación. Hien jamás quiso el puesto en la empresa, pero lo asumió por darle gusto a tus padres. Tú quisiste seguir tus sueños, pero tuviste que renunciar a tu familia entera… y fue un sacrificio enorme para ti, sobre todo en relación a tu hermano, ¡Esto tiene que parar! ¡No puedes pasar la vida siendo esclavo de una culpa que no te corresponde asumir!
-Tonterías.
-No, no son tonterías y los sabes, Syaoran. Porque esas cosas que dejas sin resolver afectarán todas tus futuras relaciones. Y yo también tuve que aprender eso a la mala en el transcurso de este año.
Syaoran puso los ojos en blanco y exhaló con exasperación- Sakura, por Dios, Mi relación contigo y con Meiling no tiene absolutamente nada que ver con la relación que tenía con mis padres y Hien.
-Syaoran… ¡Syaoran! – Sakura se acercó a él, tomándolo de rostro con ambas manos, obligándolo a mirarla directamente. Su tacto era cálido. Bastó eso para que Syaoran relajara su expresión. No sabía qué magia tenía Sakura encima, pero en él era totalmente efectiva; además, ella lucía de verdad preocupada por él. No podía realmente mantenerse enojado frente a eso- Si te estoy diciendo esto es porque no es sano. No es sano ni para ti, ni para las personas que quieras cerca. No es sano que en una relación te mueva más el sentimiento de culpa hacia la persona que tu amor por ella. Jamás será sano que prime más la culpa que el amor, bajo cualquier circunstancia- atrajo el rostro de él al suyo y lo besó, terminando de desarmarlo por completo.
Syaoran accedió. Inicialmente iba a ser un beso superficial y efímero, pero Sakura también lo había extrañado demasiado, se sentía llena con él a su lado, se sentía feliz. Y fue al entender eso que se dio cuenta que debían parar. Tenían que hacerlo, por el bienestar de ambos.
Pero no en ese segundo. Quería disfrutarlo un poco más, sentirlo junto a ella. Lo abrazó por el cuello, entrelazando los dedos en el frondoso cabello castaño del joven al tiempo que sentía como Syaoran la volvía a abrazar, acercándola a sí.
El movimiento de sus labios sobre los de ella era exquisito, Syaoran era un hombre maduro que denotaba su experiencia en el campo, sin dejar de lado su respeto y devoción a ella. Sus manos amplias puestas sobre la joven Kinomoto con tanto cuidado, pero apretándola con propiedad y firmeza. Cuando Syaoran la tocaba, Sakura sentía su cuerpo como el de una mujer deseada y le encantaba.
Permitió que el contacto durara un poco más, atesorándolo, hasta que poco a poco se fueron separando en tiernos besos para así mirarse durante esa cercanía, conservando ambos una expresión de embotada ensoñación. Sakura, sin embargo, tenía los ojos humedecidos. Syaoran terminó de despertar, componiendo una expresión preocupada.
- ¿Qué pasa?
-Syaoran… - la castaña suspiró y le dedicó una triste sonrisa mientras volvía a acariciar su mejilla. Syaoran odiaba esas tristes sonrisas.
-Dime…
-Mi Syaoran… tú… realmente me has cambiado la vida. Me motivaste a ser mejor, a creer en mí. A crecer haciendo lo que amo de verdad. Este año ha sido un importante paso para mi transformación personal porque aprendí a verme en el espejo sin ver en el reflejo a una extraña a la que odio o juzgo. No es fácil dejar viejos hábitos, pero ahora al menos intento mejorar. Y yo… Te quiero tanto, pero tanto que no alcanzarías a dimensionar el espacio que tienes ya en mi corazón- Sakura suspiró, tragando pesado. Necesitaba ánimo y fuerza de convicción para decir lo que diría- Por lo que siento que, en este momento de nuestras vidas, … necesitamos partir caminos.
- ¿Qué?
-Me gusta la persona que soy cuando estoy contigo. Pero siento que necesito aprender a ser fuerte por mí misma. Y tú también. Yo necesito perdonar… Necesito perdonarme… y hacer las cosas bien- bajó el rostro unos segundos, no queriendo llorar. En general se sentía tranquila con su decisión, pero le dolía el pensar en apartarse de él. Su voz temblorosa, sin embargo, la delató- Necesito encontrarme con esa Sakura que he estado ignorando por tanto años. Porque si llego a tomar la decisión de quererte y estar contigo, quiero que sea porque te ame y no porque te necesite.
-Kinomoto…
-No quiero estar contigo porque me hagas sentir mejor conmigo, Syaoran. Así como no quiero tampoco que tú pienses en estar juntos a medias, bajo la carga de sentirte culpable conmigo y con Hien. Amo a Hien desde el fondo de mi alma, pero él ya no está aquí. No lo está, pero nosotros sí y la vida tiene que seguir. Yo quiero recordarlo con amor, no como un fantasma que nos atormente.
-… ¿Estás rompiendo conmigo? - la sola pregunta era tonta si tenía en cuenta que no salían de manera oficial. Pero de todos modos Syaoran tuvo la impetuosa necesidad de saber. De entender. Todo era muy confuso. Llevaba unas pocas semanas disfrutando de su cercanía, no quería perder eso tan pronto.
-Por favor, Syaoran. No quiero repetir contigo la historia que tuve con Hien. No quiero esperar a que tú me des reconocimiento, valor y confianza sobre mí misma y sentir que me dejo caer si no lo recibo. No está bien.
-Pero en eso Hien se equivocó. Tu sí mereces recibir lo mejor del mundo y que te lo demuestren. Mereces un amor inquebrantable.
Sakura soltó una risita queda. Aquél era su Syaoran, en efecto. Su tierno y dulce Syaoran.
-Pero para sostener un amor inquebrantable tengo que permitirme el recibirlo. Entender que ese amor es para mí, y que está bien que así lo sea- suspiró- Quiero creer que si una persona es amable conmigo, probablemente es porque lo merezco y no porque sea un acto de caridad. Yo…no quiero seguir rechazando el amor que se me ofrece, Syaoran. Ni sentir que lo espanto, o me escondo de él. Yo quiero recibirlo, abrazarlo, sentirlo parte de mí. Sentir que lo merezco…
-Lo mereces.
Sakura sonrió, aunque seguía sin mirarlo directamente. Tal vez era mejor así. Manteniendo esa cercanía, Syaoran miraba la cabeza de ella con una expresión apagada y distante. Escuchaba cada palabra de ella como un eco en el fondo de sí mismo. El pasillo se sentía fresco a esa hora, pese a ser una noche de verano. Sus voces hacían eco entre las paredes.
Sakura quería abrazarlo con toda sus fuerzas, pero se retuvo de hacerlo. Tomó aire.
-No quiero repetir mi historia con Hien. Pero tampoco quiero que tu repitas conmigo tu historia con Meiling. No quiero que dependas de una mujer para sentirte bien, incluso si esa mujer soy yo. Las "musas" deberían servirte para inspirarte, no para estancarte. Porque, Syaoran… escribir es tu pasión. Y no quiero que dejes de hacerlo, bajo ninguna circunstancia, no de nuevo.
Sakura temió haber dicho algo indebido, pues Syaoran no le respondió de inmediato. No se atrevía a mirarlo aún, pero sintió el cambio evidente de atmósfera. Se regañó mentalmente, ¿Habría sido demasiado por procesar? Incluso si ella pensaba estar haciendo algo correcto, nada garantizaba que Syaoran lo fuera a ver de ese modo, ¿O sí? Podía enojarse, ponerse triste o darle igual. No obstante, al cabo de unos minutos de silencio, sintió como Syaoran se acercó a ella, besando su frente con suma ternura. Eso la sorprendió. Era un gesto suave, casto y, en cuanto alzó la cabeza otra vez, pudo reconocer la voz ronca del escritor diciendo en un murmullo- Entiendo. Hazlo, si eso es lo que necesitas.
Ella temió que él se enojara, pero fue todo lo contrario. Syaoran se veía tranquilo, aunque su expresión dibujaba una triste sonrisa. Su mirada profunda la acogía con apagada calidez, entendiendo y sintiendo muy en el fondo la honestidad de las palabras de ella. Pero… ¿Estaría bien?
Sakura le sonrió con alivio.
Syaoran alzó la mano y acarició la mejilla de ella con el dorso de los dedos, en un tacto suave y reverente, conservando una expresión pensativa.
-Syaoran…
- ¿Mmm?
-Habla con tu madre, ¿Sí?
-Mmm.
-Syaoran…
-Sakura, tú has las cosas a tu ritmo y yo las hago al mío, ¿Sí? – su voz era suave. Aun la miraba con un esmero extraño y recóndito. Ella suspiró y cortó la distancia, abrazándolo. Apoyando la cabeza en su pecho. Syaoran agradeció en silencio ese gesto, correspondiéndolo con marcada ternura.
-No tienes que ponerte así. No te estoy dejando de lado, ¿Sí? Solo te estoy pidiendo que hagamos las cosas bien. Hay muchos asuntos pendientes por dejar atrás antes de pensar en tener pareja, cualquiera de los dos.
-Mmm.
-Syaoran.
-No. Entiendo. Tienes razón…- tuvo que reconocer en un murmullo apenas audible; su tono de voz sonando monótono y etéreo. Aunque la abrazaba cálidamente, con la mejilla apoyada en su cabeza, Syaoran tenía la mirada perdida en un punto indefinido al frente de él. Lucía cansado- Tal vez apresuramos mucho las cosas- ¿Cuánto había pasado desde la noche del cóctel? ¿Dos, tres semanas?
Sakura cerró los ojos, escuchando los latidos del corazón de Syaoran, rítmico, tranquilo. También su respiración.
- ¿Te arrepientes?
-No… ni un minuto.
Sakura sopló por la nariz en medio de una risita silenciosa.
-No te preocupes. Seguimos siendo amigos.
-Mmm.
Se mantuvieron así un momento más, en silencio. Una vez se apartaron, notaron que era entrada la noche y al día siguiente era jornada laboral, por lo que resultaría mejor irse a dormir. Sakura le dedicó una sonrisa tenue, alzando su mano y Syaoran respondió con el mismo gesto una vez la vio entrar a su departamento. Sin embargo, cuando la puerta se cerró Syaoran borró su sonrisa, dejando ver con mayor claridad esa expresión sombría y completamente rota ante lo último.
Intentó estar bien por Sakura, de verdad que sí. Al escucharla hablar, pensó en su desenvoltura en tarima, en su sonrisa, en su tranquilidad. Entendió que, en efecto, ella estaba atravesando un momento muy valioso de su vida en el que se pudo conectar consigo misma y él no podía atentar contra esa felicidad. Incluso si el rostro de Haru Shirogane vino a su mente, sonriéndole a Sakura mientras salían juntos del concurso. El pecho le ardió con fría furia ante ese solo pensamiento, frutrado.
"Sakura eventualmente debía seguir con su vida tarde o temprano, con o sin Hien."
"Pero quiero advertirle a tu indecisión que, probablemente, eso deberá pasar también con o sin ti."
"No te preocupes. Seguimos siendo amigos."
Amigos.
Tal vez Sakura tenía razón. Tal vez, después de todo, si se sacrificaba demasiado por pensar en los demás. De todos modos, sólo quería que fuera feliz. Incluso si en ese momento eso implicaba tomar aire y retener sus ganas de ir detrás de ella, para así girarse y abrir su propio departamento con un nudo en la garganta.
Ya era tarde. Pero no tenía ganas de dormir.
.
.
Sakura se sentía de buen humor. Llevaba dos semanas trabajando en la Editorial Tsubasa y para entonces se sentía más adaptada. Era un ambiente agradable y mucho más dinámico que su trabajo en Clow Corp., sin llegar a ser desgastante. Se había cruzado con varios autores durante esos días, y le habían presentado a parte del equipo de trabajo, quiénes la recibieron con buena disposición y amabilidad.
En el departamento directivo había un hombre bajo de piel morena y lentes de amplio aumento que le incrementaban el tamaño de los ojos. Tenía cabello negro, peinado de lado, con una línea tan marcada en el cuero cabelludo que parecía habérsela hecho con regla. Sakura siempre tenía problemas recordando su nombre, pero en el fondo estaba segura de que este debía escribirse en sánscrito. Por otra parte, tampoco sabía si él agradaba de ella o no. Era terriblemente serio, pero cuando se encontraban a solas podía ser más vivaz y halagador con su trabajo.
Durante las horas del almuerzo, Sakura se sentaba con Akihiko, uno de los diseñadores gráficos; y, en algunas ocasiones, se les juntaban Eiji y Akiko del área de los correctores y traductores (la misma en la que estaba Sakura).
Akihiko era el más sociable del grupo y, por lo mismo, fue el primero en romper el hielo e integrarla (cosa que Sakura agradeció). Eiji y Akiko se ofrecieron a enseñarle a la joven Kinomoto los tecnicismos que debía tener presente a la hora de ejercer. Haru, de tanto en tanto, llegaba a la editorial y la invitaba a comer cuando de paso tenía que dejarle papeles a Midori. Aparentemente el joven rubio era amigo de Akihiko, pues se saludaban chocando puños, palmeándose el hombro y soltando alguna broma interna que hacía al otro soltar una carcajada cortés.
Sakura se sentía muy feliz. No sólo tenía un excelente horario laboral, sino que escribía más y aprendía todos los días algo nuevo para pulir su trabajo. Era fascinante tener el contacto con tantos escritores y con personas que tenían como trabajo el corregir a los escritores. Habían transcurrido tantos años en los que no se sentía animada para escribir que haber retomado el impulso la tenía trabajando con renovadas energías y una sonrisa en la boca.
No había podido verse con Syaoran por esos días, aunque tampoco se buscaron el uno al otro. Habían estado ocupados. Syaoran con el periódico y Sakura adaptándose al nuevo ritmo de trabajar en una editorial. No obstante, se escribían. Cada noche, al llegar a la casa, Sakura encontraba en su celular un mensaje de Syaoran preguntándole por su día y cómo se iba adaptando al nuevo trabajo.
Aunque habían optado por seguir como amigos, esos detalles la llevaban a ella a suspirar y sonreír para sus adentros, mientras se sentaba en el borde de la cama, leyendo la totalidad del mensaje. Pues incluso si Syaoran hablaba bien, tenía una elocuencia diferente por escrito. Era su campo.
"¿Sabes, Sakura, el por qué Shinosuke decide morir al final de mi libro "Claro de luna?" le texteó en una ocasión "Porque entendió que su sueño no podía tomarlo con las manos. Se aferraba a una idea pasada que no podía sostener más, y eso lo terminó derrumbando. Creo que hay una dosis de poesía en ese contexto. Como nos encerramos en nuestras propias armaduras, buscando alcanzar un objetivo imaginario sin dimensionar hasta qué punto nos reusamos a ver lo que tenemos en frente, ¿Te has leído "El caballero de la armadura oxidada"? Papá me obligó a leerlo en una ocasión. Me reusé a hacerlo, porque detestaba esos libros señoreros que parecían de autoayuda, pero hace unos años le di la oportunidad. La verdad… estuvo bastante bien. Era corto, pero contundente. Obvio, no se lo admitiré en voz alta…"
Y, mientras leía, Sakura sonreía disfrutando de esa versión de letras en Syaoran. Era curioso, pero incluso parecía leerse más dulce desde el teléfono, le respondía de vuelta, en la misma dinámica. Estaban de amigos, pero de alguna manera el leerse les conectaba de una manera diferente en ese momento en el que ambos necesitaban tanto estar consigo mismo pero querían estar presentes en la vida del otro.
Un día, sin embargo, las cosas cambiaron un poco para Sakura luego de que Midori le solicitara ir a su oficina, en la que se encontró a Haru. Este vestía con ropa de colores claros, cosa que acentuaba más su cabello y ojos. Midori tenía el cabello negro recogido en una cola alta y sonrió al verla llegar.
-Oh, Sakura, qué bueno verte. Ten, toma- le pasó una carpeta llena de papeles. El escritorio de Midori siempre estaba atiborrado de papeles, y no propiamente apilados de forma ordenada. Sakura tenía la atención en carta y la recibió, luciendo desconcertada.
-¿Qué es?
-La obra que estamos publicando de la mano del teatro Yuko ha dado buena respuesta, y estarán de gira. Hemos pensado que sería bueno que vayas en nombre de la editorial.
-¿Qué?- sus ojos verdes se abrieron con genuina sorpresa. Habían transcurrido dos semanas ¿Y ya querían que viajara en nombre de la compañía? ¡Eso era algo importante! Ella amaba viajar, además. Hacía rato no lo hacía.
-Si, así te vas empapando del tema. En esos papeles está la información del recorrido. El tour durará aproximadamente cinco o seis meses, en los que estarás viajando con Haru- Midori no la miraba. Estaba concentrada terminando de organizar la otra montaña de papeles apilados a su lado izquierdo. Sakura adoptó una expresión estupefacta.
-Espera, ¿¡Qué!? ¿Cinco o seis meses? ¿Me lo dices así no más?
-Sakura…- Midori alzó la cabeza y la miró con sus ojos azul oscuro mientras tomaba aire por la nariz, componiendo una afanosa sonrisa de cortés paciencia. A Midori le agradaba Sakura, eso era un hecho. Pero cuando estaba afanada, podía mostrarlo en su manera de expresarse- Eres buena, has demostrado que tienes una gran capacidad escrita y comunicativa, has conectado con las obras, entiendes a la gente, ¿Qué tiene si te confían un viaje? Es época de lanzamientos y todos estaremos ocupado, como recién llegaste tienes menos cargas que el resto y, como tienes más potencial también, queremos confiarte a ti esa labor.
-Si, pero…
- ¿Tienes algún familiar que atender o novio que te necesite cerca?
-No.
-Qué bueno, entonces estás libre, ¿O no? – Midori suspiró, soltando una risa divertida mientras apoyaba la espalda en el respaldar de la silla- E incluso si tuvieras un novio, si de verdad te quiere entendería que esta es una excelente oportunidad para ti, Sakura ¡Es en los festivales, en los tours y en los lanzamientos que haces contactos! Mira nada más, a Syaoran lo descubrió un escritor durante un festival y eso lo lanzó a la fama. Además no irás sola, Haru viajará contigo y él conoce a varias personas ya. Ha estado más tiempo trabajando en el medio que tú.
Sakura no respondió ante eso, pero supuso que tenía razón. La idea de viajar la emocionaba incluso si lo que le puso nerviosa fue la idea de tener que viajar por casi medio año así, nada más. Bueno, al leer la lista del recorrido se dio cuenta que había ciudades muy bonitas agregadas, ¡Incluso estaba su ciudad natal! Podría ver a sus padres y estar con ellos. Esa idea le emocionó más, llevándola a sonreír mientras suspiraba.
-La verdad… suena excelente e importante. Me encanta que me tengan a mí en cuenta para eso, me apunto.
Midori amplió la sonrisa, satisfecha- Está bien. Luego les compartiré el itinerario, a ambos. La lista de los viáticos para Sakura (los tuyos los cubre Yuko, Haru, claramente) y como gestionaremos la estadía en los hoteles que tienen convenio con la editorial. Haru ya conoce algunos. Créeme, será un excelente compañero de viaje.
Sakura viró el rostro y notó a Haru, dedicándole una sonrisa amplia que no disimuló para nada su propia emoción ante la noticia. Ese día, sus ojos azules se veían especialmente claros y despejados, algo que Sakura encontró hermoso.
-Bueno, supongo que no queda más que divertirnos, ¿Verdad, Sakura?
Su tono era amable, gentil, atento. Haru era alguien que hacía sentir cómoda a Sakura al hablar. Ella sonrió, acomodando un mechón de cabello tras su oreja, mientras sonreía de vuelta.
-Si- dijo en un murmullo- Vamos a divertirnos con toda.
