¡Hola! Nuevamente me paso por estos lares, a dejar el nuevo capítulo. En primer lugar, quiero mandar un sentido abrazo de luz y amor a mi gente colombiana (tanto si leen este fic, como sino). Pidamos armonía y paz con el más elevado propósito para este país y sus habitantes, para que haya una justicia social armónica, bienestar, prosperidad y una espiritualidad plena que pueda iluminar el alma y la mente de todas las personas en esta bella tierra. Que así sea y así será. "La mayor fuerza no yace en los números, sino en la unidad" Thomas Paine.

A los demás: Gracias por seguir la historia. Gracias por comentar, gracias por emocionarse y hacer cada momento escrito de ustedes. En cuanto al trabajo tedioso, renuncié. Ahora estoy en uno con mucho mejor horario y estabilidad mental/emocional (¡Aleluya!, jajajaja TwT). Moonflavouredtea: Me conmueve tu review, muchísimo. No lo imaginas. Gracias por hacérmelo saber, ha sido muy bonito y valioso. Espero que este capítulo consiga despertarte también muchas más emociones. Cerezo01:Jajaja Me encanta la entrega que pones a cada respuesta. Sólo diré que con el desarrollo de los personajes tengas algo de paciencia, (y también me tengas fe ;)) jajaja. Yo también amo a nuestros castaños pero, ¿Qué te puedo decir? Hay cositas que quiero hacer con ellos por separado (y considero importante para sus desarrollos). Ya irás viendo tú misma porqué xD. Isabelweasleygranger: Gracias por tus bellas palabras a ti también. ¡Cada que te leo, me da la sensación de que tienes una mente muy aguda y despierta! Tal vez el Granger en tu Nick infiera un poco (también soy Potterhead, *sorry not sorry* jajaja). En fin, me alegra mucho que sigas mi historia y comentes a cada capítulo, ¡Espero que este cap pueda responder a algunas de tus inquietudes! ValSmile: Tú también le pones el alma a cada respuesta y eso me encanta, ¡Amo leerlas varias veces! Me hace feliz. Me hace emocionarme contigo también jajaja. En primer lugar, gracias por seguir mi historia (y por emocionarte con tus amigas cuando subo cap nuevo TwT). Sé que el capitulo pasado movió varias emociones, pero todo es con el propósito de construir algo importante, intenso y bonito (o quiero que ustedes así lo reciban). Tskumi hime, Guest: Gracias también por sus comentarios. Me hace sentirlos parte de esta historia, tanto como yo misma me fundo en esta.

Bueno, con mucho amor les entrego este cap. ¡Tengan una buena lectura!

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Capítulo 22: Verdad. Lo que espero de mí.

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Edmund Brown destapó la caja metálica en la que traía los puros importados de Cuba.

Encendió uno, lo llevó a su boca y le dio una fumada, circunspecto.

Soltó humo por la nariz en un gesto impaciente mientras contemplaba el otoño de Japón a través de la ventana de la suite.

Era su estación favorita del año. E incluso estando en otro país, encontraba pintoresca la imagen de los árboles vestidos de colores cálidos mientras los vientos fríos empezaban a llenar las calles de la ciudad con hojas secas. Edmund Brown dio otra probada a su puro y relajó las facciones al soltar una bocanada nueva de aire. Se notaba, por sus rasgos, que había sido atractivo en su juventud. Era alto, de buen porte, el abundante cabello canoso peinado hacia atrás prolijamente. Ojos de un frío azul enmarcados por lentes de montura cuadrada. Y unas líneas de expresión que, por su edad, estaban acentuadas en la comisura de los ojos, la boca y los labios.

La puerta de la suite se abrió y Brown escuchó unos pasos avanzar con ritmo irregular, precipitado. La edad le había enseñado a identificar las señales de nerviosismo en el andar una persona, pero también la manera de él mismo disimularlo. Se viró y encaró a Shen Li, quién traía consigo un maletín ejecutivo y una expresión grave en su rostro. Con un ademán de la mano, Brown le indicó al recién llegado que tomara asiento.

-Buenas tardes. Espero, Shen Li, que el asunto sea así de importante como para hacerme viajar hasta acá.

Shen no respondió de inmediato, pero su rostro se notó tenso por unos minutos. Tomó asiendo en uno de los muebles de la suite y, en la mesita de madera que estaba en frente suyo, puso el maletín. Le introdujo la clave para abrirlo y, una vez lo consiguió, empezó a retirar unos sobres.

-Pensé que había venido por el nacimiento de su hijo, señor Brown- la voz de Shen era cortés, pero distante. Su inglés era bastante fluido y disimulaba bien el acento a la hora de responderle. Evitaba mirarlo de manera directa.

Brown pareció aburrido, dando otra fumada al puro en lo que él mismo tomaba asiento en frente del joven oriental. Vestía de manera impecable, con un traje de lino de color blanco hueso. Miró la argolla de matrimonio que reposaba en su mano derecha y luego, seguidamente, miró su reloj.

-Si, bueno. Eso también. Pero sé que Meiling estará bien. Es joven y fuerte.

- ¿Qué día nacerá el niño, señor?

-Hoy. Ya deben estar en la cesárea.

- ¿Qué? – la expresión de Shen se tornó perpleja y en esa ocasión clavó sus ojos en él, sin disimularlo. Brown lucía indiferente a la situación. Volvía a mirar hacia la ventana, con una expresión distante y aburrida.

-Supuestamente Trevor estaría listo para nacer dentro de dos o tres semanas, pero no me conviene. Papeles, reuniones, negocios. Así que esta mañana me entendí con el doctor para que lo sacaran hoy mismo.

Shen no respondió de inmediato. Él no era la persona más empática en relación a la situación de otras personas. En general, solía restarle importancia si no le afectaba directamente a él. Pero hasta Shen Li entendía que había límites cuando se trataba de un recién nacido. Volvió a clavar la mirada en los sobres y, tras ponerlos en orden, abrió uno a uno para retirar el contenido. Pasaron cerca de cinco minutos en un tenso silencio hasta que Shen optó por romperlo en un murmullo ronco.

- ¿Eso… no sería peligroso, señor Brown? Para la madre y el niño.

-Meiling es joven y fuerte-repitió el aludido- Y Trevor lleva mi sangre. Estarán bien.

-Me disculpará el comentario, pero el tiempo de gestación…

Brown lo interrumpió con una seca carcajada cargada de jocosidad, llevando a Shen a cerrar la boca. Cuando alzó la cabeza, las ojos de ambos se encontraron y el joven Li, desde lo más profundo de sí mismo, sintió estarse dirigiendo a un monstruo veterano que lo devoraría de atreverse a decir algo más.

-El tiempo de gestación mis cojones. Hasta al doctor le vale mierda al lado de un cheque jugoso. Es un consejo de vida, chico: El dinero compra todo. Si quieres algo por tu cuenta, cómpralo. Y si no tienes los medios económicos aún, tómalos de donde vengan. El dinero no pertenece a quiénes firman por este, sino a quiénes tienen la osadía de tomarlo antes-Brown se incorporó, dirigiéndose a la zona del bar de la suite en la que había una barra amplia de base de madera, limpia y despejada, cerca del refrigerador y otros armarios. Abrió la alacena que contenía varios tipos de licores y tomó una botella de whiskey. Seguidamente buscó dos vasos de cristal y la cubeta de hielo, que reposaba en el refrigerador- ¿Por qué crees que tengo todos lo que deseo? Mansiones, yates, gente trabajando para mí, una mujer joven a la cual cogerme cada que quiero. El amor no existe, chico. El amor es un producto al que sólo acceden los que tienen el dinero suficiente para comprarlo ¿Crees que mi esposa se casó conmigo por amor? - Brown soltó una nueva risotada mientras servía el licor en los vasos y luego los acompañó con hielo. Cerró la botella, tomó un vaso en cada mano y se dirigió de nuevo a la sala, tendiéndole a Shen el suyo- Cuando conocí a Meiling, ella estaba saliendo con un pelmazo, ¿Crees que el amor le bastó para conservarla? La compró el mejor postor. Así funciona. Si quieres algo para ti… cómpralo.

Shen se abstuvo de decir que ese "pelmazo" se trataba de su primo Syaoran y alcanzó a sentir pena por él. Brown era un jugador ávido, y lo derrotó en el juego de los intereses. El joven Li suspiró, bajando la mirada a los hielos suspendidos en el licor para luego alzar el vaso y beber un sorbo. El sabor era fuerte, puro. Y mientras bebía, Shen se preguntó a sí mismo si ese tema del dinero funcionaría con Sakura.

La familia Li era adinerada. Y, hasta donde sabía, la familia Kinomoto también gozaba de excelente flujo de dinero, por lo que la castaña pudo permitirse recibir una educación de lujo junto a Eriol Hiraguizawa.

Sin embargo, Sakura siempre se mostró como una persona humilde; una que realmente no se detenía a pensar en el valor de las personas en relación a sus objetos. No, en efecto, Shen no se sentía del todo convencido ante la idea de conquistarla con algo semejante. Aunque pensar en ello era inútil.

Hasta lo que sabía, Sakura se había ido de viaje hacia mes y medio, con las personas de su trabajo. Una gira. Fue Syaoran el que se lo hizo saber y, a decir verdad, no parecía del todo a gusto de mencionarlo.

Shen Li clavó sus ojos claros en Edmund Brown cuando lo escuchó aclararse la garganta. El mayor tenía una expresión fría en su rostro, impaciente, esperando para que el pelinegro hablara.

- ¿Qué es esto? - terció el mayor con una ceja enarcada, mientras tomaba unos papeles y los examinaba brevemente.

-Son documentos de la empresa de mi familia, señor. En ellos…- vaciló- en ellos está lo que hablamos el otro día.

Shen sonrió, esperando que ese gesto disimulara la tensión en su rostro.

-Bueno. Cuéntame entonces de qué va todo- empezó a decir Brown con una expresión que denotaba mayor interés. En esas, el teléfono empezó a sonar y en la pantalla de este resaltó el nombre "Clínica Yotsuya". El estadounidense lo dejó sin atender.

-Eh… señor, lo llaman.

-No le prestes atención- terció Brown, haciendo un ademán de impaciencia con la mano- Probablemente sea para avisarme que Trevor ya nació. Tú sigue hablando.

Shen se aclaró la garganta y se dispuso a hablar en un intento de sonar concentrado, incluso si una parte de sí mismo divagaba al preguntarse ¿Qué tipo de infancia le deparaba al pequeño Trevor Brown?

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Desde hacía unos días, Sakura se preguntaba si había hecho lo correcto.

Suspiró, acomodándose cansinamente en el asiento mientras miraba de manera distraída a los actores jugando en escena.

A ella le gustaba el teatro.

Desde pequeña se entusiasmaba presenciando varias obras con su familia, e incluso llegó a asistir a diversos eventos de la universidad para ver a sus amigos presentarse.

Varios de ellos eran talentosos, en especial Yamazaki, quién tenía una aptitud especial para creerse sus propias historias. Ella llegó a formar parte del grupo de teatro de su colegio y, para una ocasión, obtuvo el papel de príncipe. Fue su única vez en escena y lo disfrutó.

Tal vez por eso le gustaba ver las presentaciones de la obra que patrocinaba la Editorial Tsubasa, incluso si para entonces ya se sabía de memoria los diálogos. Se sorprendió al darse cuenta de que el Teatro Yuko era una industria grande en la región, y no únicamente en su ciudad.

Durante la gira, Sakura había tenido que caminar mucho. Eran jornadas largas en las que debía entenderse con muchos artistas, actores, escritores y organizadores de eventos desde temprano hasta la noche.

Cuando terminaban con su labor, Haru y ella salían a primera hora de la mañana del día siguiente para instalarse a la próxima ciudad. Su teléfono tenía ahora una cantidad considerable de contactos nuevos, pero eso le gustaba porque la sacaba de su habitual zona de confort. En especial porque luego de haber pasado tantos meses de depresión y aislamiento, el estar rodeada de caras nuevas podía ser revitalizador y agradable.

Diferente.

En un principio, Sakura se mostró tímida pero afortunadamente Haru Shirogane fue un apoyo indispensable durante esos primeros días en los que se estuvo adaptando a ese nuevo trabajo. Y para bien, pues se trataba de un gremio agradable. La hacían sentir cómoda, como si siempre hubiera sido uno de ellos.

Se preguntó ¿Por qué tardó tanto tiempo en buscar trabajar en algo que le gustaba?

Sakura también disfrutaba de esos finales de jornada viendo las obras, permitiéndose sentarse un buen rato y descansar del trajín del día. Para entonces los pies le dolían incluso si usaba calzado deportivo, así que se daba el lujo de fundirse en la silla por las siguientes dos horas que duraba la presentación.

Aunque en ese momento, que estaba distraída, se obligó a volver en sí luego de soltar un suspiro largo y tendido, apreciando los ataviados vestidos de seda que portaban los actores del elenco con elegancia, reflejando en su apariencia la gracia del Japón Feudal. Con altos peinados, colores vivos y maquillaje exquisito.

Hikoboshi, el personaje principal, era interpretado por un actor oriundo de la zona, de mirada sincera y sonrisa discreta, que desplegaba su encanto en tarima con el control corporal de un bailarín y la cristalina voz de un cantante lírico. Había algo en su interpretación que conmovía profundamente a Sakura, y la llevaba pensar en ese huraño escritor, Syaoran Li.

El personaje, en sí, le recordaba a Syaoran.

Era alto, atractivo, tanto intelectual como inteligente, con un don natural para la prosa y, pese a ser mago y guerrero, siempre daba espacio en su vida para exaltar en su interior el valor del amor verdadero. Sin embargo, lo disimulaba en una fachada seria e independiente a la que le costaba de entrada relacionarse con otros. Era un personaje de afectos distantes y sentimientos ocultos que no compartía con nadie más.

Durante su viaje, la joven Kinomoto había tenido la oportunidad de ver varias versiones de Hikoboshi. Una versión épica, que estaba dispuesto a enfrentar a sus enemigos para mantener en alto el honor de su familia. Una versión trágica, que expresaba sus pasiones más internas a flor de piel. Una versión lírica y enamorada, que miraba a la princesa de la obra con devota admiración y respeto. Una versión patética, que denotaba angustia y padecimiento moral. Y, ¿Por qué no? Había también una versión musical en dos de las ciudades que visitó.

Sea cual fuese, en cada una veía a Syaoran. Y no fue sino al dimensionar eso que se dio cuenta hasta qué punto deseaba que él estuviera ahí con ella, viendo la obra juntos. Comentando por lo bajo la inverosimilitud de algunas de las escenas. Él era bueno para observar ese tipo de detalles, pues siempre tuvo una percepción aguda para la construcción de historias. Eso le encantaba a ella de él y en ese momento lo quería ahí, consigo. Pero… ¿Estarían bien, si estuvieran juntos en el mismo espacio? ¿Sería rara la situación entre ellos?... ¿Estarían bien con eso?

En términos generales, Sakura no se arrepentía de su decisión. No sólo por Syaoran, sino por ella misma, quién sentía necesitar su propio espacio.

Era mucho por procesar. Y hasta cierto punto, la joven entendía lo confuso que podía llegar a ser el tener sentimientos tan contradictorios en su interior: Deseos por explorar algo nuevo, aprender, miedo, anhelo, felicidad, viajes, encuentro consigo misma, ansiedad, expectativa…

Syaoran aún tenía asuntos pendientes con Meiling. Eso fue lo que quedó claro en la mente de la joven Kinomoto. Y el sólo pensar en ello le generaba un mal sabor en la boca, un terrible nudo en el estómago. Él mismo se lo dijo, ellos jamás tuvieron un cierre y, de alguna manera lo necesitaba. Era entendible.

Pero desde el momento en el que Sakura comprendió lo arraigado que era el manejo de la culpa en las relaciones de Syaoran… una parte de sí se tranquilizó al encontrarle sentido. Pero otra parte de sí tan sólo quiso huir.

Si… huir.

Porque temía que los sentimientos de Syaoran por ella misma no fueran honestos, sino producto de la culpa que sentía por Hien. Que estos flaquearan al ver a Meiling. Temió que escogiera a Meiling, porque al final fuera más fuerte la culpa o el amor que sentía por la joven pelinegra. Pero temió aún más que la escogiera a ella, Sakura, por una culpa mayor en lugar de elegirla por amor real.

Eso no era sano. Para ninguno de los dos.

Ambos tenían mucho por sanar y cuentas pendientes que despejar, al menos así lo sentía la joven Kinomoto, en especial desde su última conversación en la que entendió lo mal que estuvo ella también en ciertas cosas. Como en proyectar sus demonios personales en otra persona, esperando que esta se los solucionara.

Sakura no podía pretender esperar en Hien o en Syaoran una salvación, si ella misma no tomaba la iniciativa de salvarse, en primer lugar.

Por otra parte, Syaoran tampoco parecía claro en sus sentimientos e intenciones con ella, y eso le dolía. Así no se lo dijera en voz alta…sí, le dolía.

En el fondo, Sakura tenía miedo de su rechazo.

Sería más difícil que la rechazara siendo su amiga, ¿Verdad? Y ella no quería contar con la sombra de Meiling y de Ieran entre ellos, además de la sombra de Hien.

Sakura suspiró, hundiéndose más sobre su asiento, mirando distraídamente como Hikoboshi se inclinaba para besar el dorso de la mano de la princesa.

Haru, quién estaba sentado a su lado, puso su mano junto a la de ella de manera discreta en el apoyo del asiento. Sus dedos se rozaban a esa distancia, pero nada más. Él tenía las mejillas curtidas por el sol y el viento otoñal. Le sentaba bien. Se veía joven, despejado, y había una intensidad indescifrable reflejada en sus ojos claros cada que la miraba fijamente.

Aunque Sakura intentara no prestarle atención, en algunas ocasiones podía resultarle embarazoso, pues sentía una extraña presión silenciosa, y poco cómoda, por medio de cada mirada.

Eran cerca de las once de la noche cuando la obra terminó.

Sakura y Haru salieron juntos del teatro, intercambiaron algunas palabras con los organizadores y, tras agendar la reunión promocional de los libros de teatro para el día siguiente, ambos jóvenes se dispusieron a emprender marcha de vuelta al hotel. Esa ciudad era pequeña, agradable y, como se acercaban cada vez más a la costa, la humedad en el aire era mayor. Sin embargo, la intensidad naranja y rojiza de las hojas hacía de la llegada del frío algo más bello, como si cada calle que transitaran fuera un fragmento de alguna postal olvidada por un viajero en algún tren. A esa hora, la noche ya había caído. Así que el color de las hojas podía apreciarse por los postes de luz. Sakura caminaba en silencio, pensativa. Haru, a su lado, caminaba con las manos en los bolsillos de su abrigo, mirando a la castaña por el rabillo del ojo.

- ¿Qué pasa?

- ¿Hum?

-Te noto distraída.

-Ah, no es nada- Sakura embozó su mejor sonrisa, y esta bastó para que Haru le sonriera de vuelta mientras seguían andando- Es sólo que estoy cansada. Son muchos viajes y un ritmo intenso.

-Pero ¿Al menos te has divertido?

Sakura rio.

-Bastante. Una experiencia única.

- ¿Única de "¡oh, que tan único!" o única de "meh… único"?

- ¿Cómo puedes ver como algo malo el que diga que es único?

-Cuando ves a una persona fea le dices que tiene una belleza única, ¿o no?

- ¿Qué? ¡Claro que no!

-Lo has pensado.

-Para nada.

-Mentirosa.

-Si digo que alguien tiene una belleza única antes es para exaltar lo hermosa que me resulta.

- ¿Ah, sí? Interesante.

- ¿Por qué?

-Intento medir tus niveles de mal gusto.

Ante eso, Sakura soltó una carcajada y Haru sonrió de vuelta.

- ¡Deja de ser tonto!

-No soy tonto, sólo soy honesto.

-Te estás inventando todo esto.

-Me invento muchas cosas, llevo el teatro en las venas.

-Son habladurías tuyas.

-Sólo con las damas de belleza "única"- al momento de decir eso, Haru nuevamente se le quedó mirando. Y Sakura sintió esa intensidad en su mirada que, recientemente, tomaba lugar cada que se encontraban solos. Ella, una vez más, intentó no prestarle atención. Se ruborizó en el proceso, de manera involuntaria; más por incomodidad, porque lo cierto era que no terminaba de sentirse del todo tranquila en esas circunstancias.

Haru era alguien directo y, aunque la tratara de manera amable, Sakura no le copiaba.

Pronto llegaron al hotel, que era una tradicional casa japonesa construida en madera, atendida por una señora mayor que a Sakura le recordaba mucho a la señora Sakaichi. El lugar contaba con un solo rellano, decoración minimalista, suelos encerados y habitaciones separadas por puertas corredizas de papel. En lugar de cama, cada estancia disponía de un futón y una mesita de noche. Sakura se dirigió a su habitación, sin darle mayor larga a las despedidas, dedicándole una sonrisa amigable a Haru.

Una vez ingresó a la estancia, la joven se echó sobre el futón con pesadez, sintiendo en su cuerpo el placentero dolor de haberse movido mucho durante el día. Le gustaba esa experiencia que estaba adquiriendo, y los contactos que estaba realizando a su vez. Le gustaban también las cosas que había alcanzado a anotar durante el viaje, y a escribir para sí.

Había estado tan ocupada que no había tenido tiempo real de prestarle atención a los talleres que ganó por ser el primer lugar del concurso de poesía, pero no tuvo mayor inconveniente por ello. Al ser Haru conocido del jurado, consiguió que estos fueran aplazados para cuando regresara a la ciudad. Aparentemente, Haru le dio a entender que Syaoran fue uno de los que más le insistió al resto de los colegas de darle el chance.

Sakura suspiró y sacó su celular para ver si tenía mensajes nuevos. Tenía uno de su madre y otro de Tomoyo. A ambas les respondió. Nadeshiko Kinomoto estaba especialmente feliz de recibir a su hija para las fiestas navideñas, y tenía a Fujitaka organizando todo con esmero. Eso la llevó a sonreír. Los amaba. Extrañaba tenerlos cerca, sentirlos cerca. Ella podía darse el lujo de decir que, además de tener una buena relación con sus padres, también se había vuelto amiga de ambos.

Siguió buscando si había más mensajes.

Nada.

Era extraño, pero desde que había partido Syaoran no siempre tenía la iniciativa de escribirle, aunque tampoco tardaba en responderle una vez ella le escribía a él.

De hecho, no lo había visto desde que le avisó también por escrito que viajaría por un tiempo.

Aquel día llevaban texteándose de corrido cerca de diez minutos y, en el momento que le dio el anuncio, Syaoran dejó de responder. Sólo expresó un seco "Ok" una hora después. Y no volvió a tocar el tema.

Sakura encontró indiferente esa respuesta, distante. Pero prefirió no entrar en conflicto por ello. No cuando ella misma quería darse un espacio…incluso si lo extrañaba de sobremanera en este.

Se viró boca abajo sobre el futón, tomó aire y le escribió.

"Syaoran, ¡Hola ¿Cómo estás? ¿Qué tal te encuentras? Hoy fue un día movido. Nos llevaron a un restaurante de ramen para almorzar y conocí a una escritora que dice conocerte. Chizuka Suzuki. Nos pidió decirle Suzu. Me pareció muy amable, ¡Y cocina ricos postres! Vimos nuevamente la misma obra y pensé en ti. Hikoboshi me recuerda a ti. Te llevaré un ejemplar del libro cuando volvamos, aunque disfrutaría también que vieras la obra. No sé qué tanto te guste el teatro, pero creo que te gustará esta historia. Haru y yo ya estamos en el hotel. Espero que hayas tenido un bonito día" Sakura pensó por un momento en escribirle que lo extrañaba, pero no supo si sería lo mejor. Así que luego de dudar un poco, envió el mensaje.

No hubo respuesta inmediata.

Sakura suspiró decepcionada, preguntándose si Syaoran la odiaba. Dejó el celular de lado mientras volvía a ponerse boca arriba, mirando el techo. Sin embargo, en ese momento se escuchó el sonido de un mensaje recibido y Sakura se incorporó de nuevo con una sonrisa en rostro mientras tomaba el teléfono.

Era Syaoran.

La joven Kinomoto se dispuso a abrir el mensaje con prontitud y reconoció las familiares palabras del escritor.

"Querida Sakura, ¿Has comido bien? ¿Has dormido bien? ¿Te hace feliz lo que haces? Acuérdate de no sobre exigirte. Cuídate, para seguir compartiendo con todos tu mejor desempeño. Suzu es una persona amable, busca tenerla cerca, podría ayudarte mucho. Y en cuanto a la obra, me encantará recibirla. Tienes un gusto exquisito para escribir y para escoger libros, tengo confianza en que será de mi agrado. En cuanto a Hikoboshi, me alegra que pienses en mi aun estando de viaje. Espero que me pienses para bien. Sigue cuidándote y aprendiendo."

Eran mensajes sencillos, pero a Sakura la hacían siempre sonreír, porque lo sentía cerca. Aunque no pasó por alto el que Syaoran no le respondió acerca de cómo estaba él.

"Claro que te pienso para bien y sí, me cuido mucho. Dime, ¿Cómo estás tú?" insistió la castaña. Y en un mensaje breve, Syaoran respondió a los pocos minutos.

"Estoy bien. He tenido bastante trabajo, pero estoy contento. Me llegó una propuesta interesante, estoy trabajando en ello." En adelante no dijo nada más. La joven Kinomoto soltó un suspiro, manteniendo la misma postura mientras releía el mensaje de manera reiterada para luego escribirle de vuelta otro mensaje, expresando que se alegraba, incluso si en el fondo se preguntaba si Syaoran estaba siendo honesto con ella. O sólo estaba siendo… ¿Cortés?

¿Acaso estaría con Meiling?...

Pensó nuevamente en que lo echaba de menos, pero ahora se sintió tonta ante la idea de decírselo. Dejó el teléfono a un lado de ella, y cerró los ojos, permitiéndose relajarse, recordando unos ejercicios de respiración que Rika le había enseñado antes del viaje. Inhaló. Exhaló. Inhaló nuevamente. Exhaló.

¿De verdad… había hecho lo correcto?...

La habitación olía a limpio, y eso le agradaba. Era reconfortante. Olía a tendidos recién lavados, a cera y a incienso. Tomó aire nuevamente, siendo consciente de su cuerpo y exhaló, liberando toda tensión acumulada en el mismo. Repitió el proceso al menos por unos quince minutos, sintiéndolo agradable. Era una de las meditaciones más discretas y sencillas que había ensayado en su vida y, en efecto, la ayudaba a aquietar su mente. Abrió los ojos cuando empezó a sentir que le entraba sueño, y prefirió incorporarse y cambiarse antes de quedarse dormida con la ropa encima.

Respirar le hacía sentir mejor, y despejaba todas esas ideas contradictorias que amenazaban su paz mental. Parte de un proceso de cambio implicaba que a veces algunos de sus viejos hábitos se asomaran y chocaran con los nuevos, Rika le había asegurado que eso era normal.

Debía ser paciente.

Sakura fue a su maleta, sacó la pijama y se dispuso a ir al baño para darse una ducha con el fin de dormir más descansada. El baño era angosto, con suelo de madera y una tina rectangular ubicada en una de las esquinas. Contaba con un mesón del lado opuesto, en el que se ubicaban dos lavamanos. La castaña depositó sobre el mesón la ropa de cambio, se empezó a desnudar de manera distraída y, cuando alzó la cabeza para buscar la tina, se terminó topando con un espejo de cuerpo completo. Se vio tal cual era. Reconoció sus largas piernas bien formadas, su cadera amplia, su vientre plano, su busto redondeado. Vio su clavícula, su cuello y su rostro, enmarcado por un cabello despeinado que tenía friz por la humedad.

Llevó una mano al cabello, aplacándolo un poco, mientras se analizaba con un detenimiento diferente y cuerpo lo que veía, reconociendo sus propios lunares, matices y color de piel. Se reconoció respirando. Se reconoció viva. Y le gustó lo que vio: una mujer bella que le sonrió al espejo.

Más que una sensación gratificante, resultaba hermosa. Algo que se permitía apreciar con respeto y admiración. Se viró frente el espejo para seguir apreciando su imagen.

Recordó el primer beso que tuvo con Hien Li y se preguntó si él la había visto así de bella entonces. Eran jóvenes. Sakura no supo exactamente qué sintió en ese momento, además de los nervios. No se atrevía a mirarlo del todo una vez se separaron. Hien la vio a los ojos, le sonrió de manera encantadora y Sakura, ruborizada, sumergió el rostro en el hombro de él. Recordó sus citas y cuando hablaban. Recordó las veces que rio con él y rio de él. Recordó incluso las veces que hizo el amor con Hien, siempre con la luz apagada, a petición de él.

Durante muchos años Sakura se preguntó si él le pedía apagar la luz porque realmente no deseaba verla. Pero entonces, recordó también como Syaoran besó palmo a palmo ese cuerpo desnudo con devota admiración, expiando cualquier pensamiento negativo hacia sí misma.

Cada beso. Cada caricia. Cada…

Sacudió la cabeza, volviendo en sí, y descubriendo por su imagen en el cristal que ahora se encontraba ruborizada. Optó por llenar la tina y darse un baño, pero ya para entonces se le había quitado el sueño.

Se bañó, se puso la pijama y, en lugar de dormir, sacó su libro de apuntes en el que empezó a escribir según la sensación que tuvo al verse al espejo. Podía darle ideas para su nuevo proyecto: Desde hacía semanas, Sakura había empezado a trazar ideas para escribir un libro propio.

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Eran las 10 de la mañana cuando el despertador sonó por tercera vez pero Syaoran, estiró la mano con un gesto lánguido, perezoso, y volvió a hundir el botón de "posponer". El día se sentía frío y él, en medio de esa maraña de cobijas y almohadas desordenadas, no tenía ánimos de levantarse. De hecho, llevaba varias semanas con poco ánimo para levantarse pero aún así, con esfuerzo, lo hacía.

Tomó aire, se incorporó y bajo el desordenado cabello castaño se encontraban unos ojos ámbares agotados, rodeados de ojeras. Tenía una barba de varios días y, cuando pasó la vista por su cuarto, notó la presencia de unas cajas vacías de comida rápida.

"Mierda…"

Había recaído en esos viejos hábitos, ¿Por qué? Se suponía que ya lo había superado luego de aquel año tan tedioso. Se suponía que ya estaba mejor, que ya estaba bien, entonces… ¿Por qué? Se dejó caer en la cama pesadamente, quedando boca arriba y, tras unos segundos de tener la mente en blanco, se le vino el mensaje que Sakura le escribió la noche anterior.

"Comida", "Suzu", "Hikoboshi", "Haru y yo estamos en el hotel", "Haru y yo estamos en el hotel", "Haru y yo estamos en el hotel".

¿Qué estaban haciendo en el hotel? ¿La acompañaría a comer, acaso? ¿A dormir?... ¿Dormirían, siquiera? Gruñó por lo bajo, acostándose de lado. La sábana se sentía fría bajo su cuerpo. Syaoran se regañó mentalmente, pues no servía de nada martirizarse con ideas infundadas por sí mismo. Por pensamientos que eran solo eso, pensamientos.

Tomó aire profundamente y exhaló. Mientras tanto, recordó todo lo que conversaron aquella vez en el pasillo, recreando las palabras de memoria una y otra vez.

Tal vez Sakura tenía razón… tal vez él si le daba mucho valor a la presencia de una mujer por sobre sí mismo. Tal vez se dejaba llevar demasiado. Tal vez él mismo daba sermones de amor propio, pero le faltaba quererse más ¿Qué carajos?

Ni siquiera había sido capaz de llamar a Meiling desde entonces, temiendo confirmar que fuera cierto todo. Que su culpa por no ayudarla estuviera vinculada a algo más que no fuera simple compasión por la situación de su ex.

"Deja de decir eso, parece que fueras dependiente de mi…" recordó la voz de Meiling diciéndole eso con desgana una vez que él le expresó que ella lo inspiraba a escribir.

En ese punto no puede evitar preguntarse, ¿Tendría Sakura razón? ¿A Sakura también le aburriría eso de él? ¿Qué hacer?

Se viró de nuevo para tomar el teléfono y, tras prenderlo, releyó los mensajes que ella le había enviado. Una parte de sí agradecía que estuviera tan pendiente de él aun estando de viaje, pero otra parte también encontraba difícil el responderle.

Se incorporó, sintiéndose cansado de estar tanto tiempo en cama y palmeó su rostro, buscando reanimarse. No, no podía darse el lujo de recaer. Había salido de la depresión y necesitaba mantenerse fuera de esta. Se incorporó, tomó aire y, en un gesto decidido, tendió la cama por primera vez luego de varios días. Recogió las cajas, se aseguró de botarlas y buscó algo para desayunar. No tenía demasiada hambre, así que tomó una fruta que tenía en el refrigerador y se la comió.

Esa mañana las aves seguían cantando cerca de su ventana, haciendo más ameno el ambiente. Al parecer, el frío no era aún lo suficientemente fuerte como para hacerlas marcharse de ahí.

Syaoran tomó aire.

Necesitaba despejarse.

Fue al escritorio, encendió su laptop y se sentó a escribir. O eso intentó durante varios minutos largos, tecleando de manera frenética algunas frases a las que buscaba darles sentido. Pero no. No le salió. Se sentía inquieto, de hecho. Se incorporó, cerrando la laptop, y optó por ir a la biblioteca y tomar un libro.

Si, eso sonaba mejor, hacía rato no leía.

Tomó "Esperando a Godot" de Samuel Becket y se sentó en el sofá, disponiéndose a leerlo.

No.

Tampoco.

Incluso si la obra era excelente, no se concentraba en esta en ese momento.

¡Teatro! ¿En serio?... ¿Tenía que agarrar precisamente una obra de teatro?

Tal vez hacer ejercicio le vendría mejor.

Si, eso.

Ejercicio.

Se incorporó para dirigirse a su habitación, dejando el libro de Becket sobre el sofá, y fue a abrir el armario para buscar ropa deportiva.

Ropa deportiva… Ropa deportiva…

¿Dónde estaba su ropa deportiva?

En esas el citófono sonó, interrumpiendo su búsqueda. Syaoran alzó la cabeza con extrañeza, pues era raro para él recibir visitas. Se dirigió a contestar y la señora Sakaichi le informó de la llegada de Eriol.

Pasaron alrededor de cinco minutos antes de que unos nudillos tocaran la puerta principal, y Syaoran se dirigió a abrirle a su mejor amigo. Ese día Eriol portaba una ropa más deportiva. Traía un jean oscuro, una camiseta negra ajustada a su cuerpo y una chaqueta del mismo color que lo protegía de los vientos fríos. Traía el cabello oscuro revuelto y la nariz ligeramente enrojecida, probablemente por la brisa misma, pero eso no le impidió mostrar una amplia sonrisa al divisar el desconcertado rostro de Syaoran.

-¿Cómo vas, perdido? Traje Dim Sum. Está aun caliente, podemos comerlo de una vez para aprovechar- manifestó en lo que avanzaba, como si nada.

-Eriol, ¿Qué haces aquí?

-Vaya forma tan educada de saludar a tu mejor amigo, Syaoran Li- punzó el joven inglés, mirándolo mal.

-Vale…Con todo respeto, ¿Qué haces aquí?

Eriol decidió pasar eso por alto mientras ponía la bolsa con los Dim Sum en la mesa, y se disponía a abrirla. Pero como estos aún estaban muy calientes, optó por dejarlos reposar.

-Dado que no has querido salir de tu cueva desde hace semanas, opté por venir a la cueva a ver cómo estabas. Espero que seas consciente de que no estoy dispuesto a ser un mal amigo de nuevo, y tampoco voy a pedir tu opinión para ver cómo estás.

-Dios, ¡Si serás exagerado, Eriol! ¡Estoy bien!

-¿Lo estás?- le palmeó la mejilla- Mírate esa barba de vagabundo y no me extrañaría para nada que otra vez te olvidaras de cocinar y te pusieras a pedir de nuevo todo a domicilio- la expresión delatora y tensa de Syaoran fue tan evidente que incluso daba pena. Eriol suspiró, suavizando la expresión, y se dispuso a ir a la sala- Simplemente no quiero que vuelvas a adoptar una actitud derrotista con la vida, Syaoran. Es todo. Me preocupo por ti.

-No tienes nada de qué preocuparte- respondió el joven Li, cerrando la puerta tras sí. Eriol lo miró con una ceja enarcada, mientras se sentaba en el sofá y tomaba el ejemplar de "Esperando a Godot" que encontró ahí.

-¿Ah, no?

-No.

-Lo disimulas bien.

-No fastidies, ¿Sí? El que la situación no sea fácil para mí, no significa que no la entienda- respondió el castaño de mala gana, mientras él mismo tomaba asiento.

Tenía el ceño fruncido y no conseguía disimular del todo su agotamiento. Esa imagen tan sólo consiguió preocupar más a Eriol.

-Syaoran… no estás contento con la situación entre Sakura y tú, ¿Verdad? – inquirió el inglés. Syaoran no respondió. Se sentó en el sofá situado al frente de donde estaba su mejor amigo, y ni siquiera lo miró. Pero su ceño marcadamente fruncido delató que si lo había escuchado- Háblame por favor, ¿Sí? Debes detener esto. Debes dejar de alejar a la gente que te quiere.

-¿No te haz puesto a pensar que tal vez alejo a la gente porque la gente me aleja también a mí, Eriol?

-No lo creo. La verdad, siempre tuviste esa tendencia de apartarte cuando algo no te gusta.

-¿Y qué esperas entonces que haga?

-¡Deja de huir, maldita sea!- Syaoran abrió sus ojos claros de par en par y miró a Eriol con una expresión desconcertada. Era muy extraño escucharlo decir malas palabras. Sin embargo Eriol se le veía serio, casi enojado- Te peleaste con tu familia, y te alejaste de todos. Terminaste con Meiling y te alejaste de todos. Peleas con Sakura y te alejas de todos. ¿Vas a seguir en esas el resto de tus días?

-¡Pues si! ¡Si, Eriol, si! Porque ellos me alejaron, en primer lugar. Ellos me quisieron fuera de su vida y eso hice. Me fui. Me fui porque no tengo porque estar donde no me desean.

-Cuando discutiste con tu familia, Hien hizo todo lo posible por mantener contacto contigo y no se lo permitiste. Cuando Meiling te dejó, yo intenté estar en contacto contigo y tampoco me dejaste. Y desde que Sakura se fue, sé que ella te ha estado escribiendo y tampoco le haz querido responder bien. En esos casos la gente no te ha estado alejando, Syaoran. ¡Tú te alejas! A veces los conflictos ocurren. A veces necesitamos nuestros espacios. Eso no significa que las personas no quieran estar contigo, ¿Ok?

Syaoran guardó silencio un momento más largo ante eso, para luego suspirar, restregándose el rostro en un gesto cansino. Parecía abatido.

-Sakura… está con Haru Shirogane. Y aunque me pese decirlo, tú mismo lo dijiste, el tipo no parece alguien malo- respondió con desgana. En la medida que hablaba su cuerpo fue delatando hasta qué punto realmente le afectaba la situación- Tal vez, el estar con él le genere menos peso emocional. Alguien que haya tenido una vida menos problemática. Tal vez Haru simplemente es una buena persona y sea eso lo que necesite Sakura. Estar con alguien genuinamente bueno.

-Tú eres alguien genuinamente bueno.

-Soy un desastre. Y soy problemático.

-¿Qué te hace pensar que Haru Shirogane no tiene una historia problemática?

-Porque mi historia es difícil de contar por sí misma.

-¿No consideras que es un poco arrogante el creer que eres el único al que le pasan cosas?

Syaoran volvió a callar. Se sintió irritado. No quería tener que justificarse, ni tampoco quería que Eriol le diera sermones.

-Bueno no, no soy el único al que le pasan cosas. Pero soy el único que entiende como me siento. Y eso debería bastarte para que me dejes en paz.

-No voy a volver a dejarte sólo Syaoran.

-Sólo vete de aquí.

-No.

-Quiero estar sólo.

-Entendible.

-¡Entonces vete!

-No.

-¿¡Por qué carajos eres tan terco!?

-¡Por que eres mi amigo, y me preocupo por ti!

- ¡Vete de una vez!

-No.

-¡LARGO, MALDITA SEA!

-No.

-¡QUE TE VAYAS!

-No.

Syaoran apretó la boca en una fina línea ante eso, tensando la mandíbula. Las aletas de su nariz se dilataron al tomar aire en gesto exasperado y luego exhaló lentamente, liberando tensión mientras bajada la cabeza, integrando las palabras de Eriol, quién de manera obstinada no estaba dispuesto a dejarlo de lado, incluso cuando ni él mismo se aguantaba en ese momento.

-…Gracias...- fue lo que terminó diciendo en un murmullo, apartando la mirada. Apreciando su obstinación de no dejarlo de lado, incluso si sabía que estaba siendo hostil con el joven inglés. Eriol era muy leal, y también la persona que probablemente mejor lo conocía en el mundo. Entendía que a veces sólo era cuestión de esperar hasta que Syaoran cediera.

Después de todo, el joven castaño solía encerrarse en su burbuja cuando se sentía mal, y a veces tocaba que entrar a la fuerza para recordarle que no estaba solo.

-No hay de qué. Para eso estoy.

-Si… lo sé.

-Estás hecho un desastre.

-Gracias por el apoyo- ironizó Syaoran, volviendo a levantar la cabeza para mirarlo mal, pero en esas el joven Hiraguizawa se echó a reír.

-Ven. Te prepararé té- y seguidamente se incorporó para ir a la cocina de Syaoran y preparar la tetera, sacando unas bolsitas de té negro inglés que él mismo le regaló al escritor hacía rato.

Syaoran exhaló, incorporándose y acomodando el libro de "Esperando a Godot" en su puesto. En el fondo, agradeció que Eriol estuviera ahí, porque ya no tenía que esforzarse por luchar contra sus propios pensamientos. Consideró que tal vez fuera una buena idea hablar con él, incluso si la relación de ellos no fuera tanto de contarse secretos (como la de Sakura y Tomoyo).

Pasaron menos de cinco minutos en lo que el té estuvo listo, y Syaoran volvió a sentarse en el sofá, esperando a que Eriol trajera ambas tazas humeantes. Recibió la suya, y encontró reconfortante el tacto tibio de la porcelana entre sus manos.

-¿Sabes que considero que es una terrible idea el que dejes a Sakura a merced de Haru Shirogane?

-¿Qué? Pero si tú mismo dijiste que parecía un buen tipo.

-Sí, parece un buen tipo. Lo que encuentro estúpido es que tú mismo no estés dispuesto a luchar por ganarte a Sakura, cuando también eres un buen tipo y tienes claro que la quieres a ella- el silencio prolongado de Syaoran no le dio buena espina a Eriol- Porque lo tienes claro, ¿no?

Nuevamente hubo silencio. Syaoran bajó la cabeza, suspirando.

-No lo sé. Todo es confuso, ¿Sí? Con ella, con Meiling, con Hien.

-¿Qué tiene de confuso?

-¡Todo! ¡Meiling es una mujer que amé, y Sakura me encanta, pero merece a algo mejor que el hermano de su ex! ¿Y Hien que diría de mi si estuviera aquí, ah?

-Eres un pelmazo.

-¿Disculpa?

Eriol frunció el ceño, mirándolo con amonestación- Que amaras a Meiling en el pasado no implica que la ames de la misma manera ahora. Así que es un tema descartado. El qué diría Hien no se puede saber, porque Hien ya no está aquí. Así que ese es un tema descartado. Y lo que sienten tú y Sakura sólo lo pueden saber ustedes dos hablándose con honestidad.

-No quiero hablarle- Syaoran bebió un poco de té, sintiendo el sabor amargo en su lengua- La verdad…preferiría tomar distancia de ella desde ya. Así tal vez duela menos cuando me deje por Shirogane.

-Eres de verdad un vil tarado.

-¡Bueno, bueno, Eriol, basta! De verdad no entiendo tu postura, vienes acá a decirme que estás conmigo, pero luego me atacas. Dices que Shirogane es un buen partido para Sakura, pero luego no, ¡Decídete de una buena vez!

-El único que tiene que tomar una decisión aquí eres tú, Syao.

-Honestamente, no tienes autoridad moral para decirme nada. No cuando llevas más de un año enamorado de la misma mujer, y no eres capaz de decírselo a tu novia.

Ante ese comentario, Eriol guardó silencio con una expresión turbada. No tuvo forma de desmentir eso, ni tampoco se forzó a hacerlo. Sólo atinó a suspirar, mostrando una sonrisa queda, aunque tensa.

-Supongo que es verdad. Tal vez ambos sí somos desastrosos.

-¿Ya ves que sí? Entonces, cállate.

Eriol se dispuso a tomar del té con calma, girando el rostro hacia la ventana de manera distraída. En el fondo le calaron las palabras de Syaoran, porque le hizo ver la realidad de la situación sobre cómo él mismo, a su modo, también huía.

-Supongo que yo mismo temo arruinar las cosas con Tomoyo. Es una mujer maravillosa. Y bueno…- se encogió de hombros- …sé que no le soy indiferente.

Syaoran lo miró con seria incredulidad.

-Bromeas, ¿Verdad?

-Me temo que no.

-¿Entonces qué estás esperando?

-No se lo he dicho por lo mismo que tú no quieres hablar tampoco con Sakura. Temo meter la pata. O que intentemos algo y se aburra de mí. Porque tal vez estemos bien en este actual platonicismo.

-Tu platonicismo no es justo con Naoko, ni con Daidouji.

-Por eso somos un desastre.

-Si… lo somos.

Ambos bebieron té de manera sincronizada, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Se quedaron callados y luego Eriol arrugó la nariz discretamente, sin mirar a Syaoran.

-Este té está horrible- murmuró.

-Sí. Lo está- concedió Syaoran. Y luego, sincronizadamente, dieron otro sorbo.

En ese momento, Syaoran se sintió brevemente atrapado en las páginas de "Esperando a Godot", como si en ese instante Eriol y él fueran Vladimir y Estragón, esperando en su propia realidad absurda a un ser, o a un algo, que al parecer nunca llegaría.

¿Qué estaban esperando ambos, en esta ocasión? ¿Qué?

Ese pensamiento consiguió que Syaoran volviera a aterrizar sus ideas, dándose cuenta hasta qué punto era ridículo todo lo que estaba haciendo, encerrándose sin afrontar nada de lo que realmente estaba sucediendo, y sin saber nada por lo mismo. Descuidándose y dejando de dormir o comer bien, ¿Para qué? Sus ojos dorados se quedaron clavados en el té por un momento más largo.

-Eriol…- murmuró, captando la atención de su mejor amigo nuevamente.

-Dime.

-Sakura dijo que todas mis relaciones románticas anteriores son un fracaso por culpa de la relación que llevo con mi madre- Syaoran viró el rostro hacia su mejor amigo, notándolo con una expresión de educado desconcierto- ¡Lo sé! Es ridículo- exclamó al verlo a los ojos- Pero si, dijo que Hien y yo crecimos manipulados por nuestra madre para darle gusto en todo y que ella nos hiciera como malos hijos si no era el caso.

-Bueno, eso no es del todo mentira…

-No, no lo es, pero… ¿Realmente influye eso en las relaciones con mis novias?

-Probablemente Sakura tenga su punto, Syao.

-¿Qué?

-Pues…si- Eriol se encogió de hombros al decir eso, incluso si lo decía en serio-Si te poner a pensarlo, tus relaciones han sido una constante búsqueda en agradarle a la otra persona, a cualquier costo, y en sentirte mal si no dabas la talla. ¿No te pasaba eso con tu madre? Recuerdo que las veces que querías hacer algo por ti mismo, te hacía sentir terrible. En especial si iba en contra de la voluntad de ella. En toda tu vida, realmente lo único que hiciste por ti mismo, y a un alto precio, fue escoger tu carrera de escritor por encima de la empresa familiar- Syaoran no respondió- Creo que necesitas hablar con Ieran.

-¿Y si no quiero?

-¿No te gustaría que Sakura te viera por ti mismo? Sin sombras pasadas entre los dos. Sin pesos que a ninguno le corresponde cargar. ¿No te gustaría darte el lujo de buscar lo que quieres sin sentirte egoísta o mal por eso?

Syaoran se sentía horrorizado. Estaba procesando mucha información en ese segundo. Soltó un suspiro, pasando la mano por sus cabellos castaños, sentía que tenía mucho por digerir.

-No sé si pueda hacerlo, Eriol- murmuró el joven escritor de hito en hito. El inglés le dedicó una mirada gentil y condescendiente.

-Entonces habla con Meiling. Empieza arreglando los malentendidos con ella- Syaoran lo miró de soslayo, por lo que Eriol sonrió con cierto dejo de pesar- Prometo hacer lo mismo con Naoko.

-Oh, vaya, esa si es una novedad- concedió Syaoran, arqueando las cejas con ligera admiración. A lo que Eriol compuso una mueca tensa, no muy animado.

-Bueno…sí. Salud por eso, entonces- dijo, alzando el vaso de té. Syaoran sonrió, a su pesar.

-Salud- dijo. Ambos volvieron a beber otro sorbo, solo para poner otra expresión de desagrado a la par.

La presencia de Eriol ayudó a Syaoran a relajarse y a pensar en otras cosas. En el fondo, el joven Li agradecía la tierna osadía de su mejor amigo de querer seguir a su lado. La tarde transcurrió de forma amena, comieron los Dim Sum y los acompañaron con un par de cervezas negras que Syaoran guardaba en su refrigerador.

Cuando Eriol se marchó, ya era de noche.

Syaoran se sentía de mejor humor, más animado, y entendió la importancia de saber pedir ayuda cuando era necesario. Sin embargo, reflexionó de lo que estuvieron hablando en la tarde y tomó el celular, buscando el número de Meiling.

Tal vez Eriol tenía razón, y debía empezar a moverse por algo, no podía quedarse quieto esperando que las cosas sucedieran solas.

Así que marcó.

Meiling no tardó mucho en responder, aunque su voz sonaba exigua y cansada.

-¿Hola?

-Meiling, soy yo. Syaoran Li.

Syaoran! Hola, qué gusto escucharte- bostezó un momento -¿Cómo estás? Es bastante raro que me llames.

Syaoran notó que había algo raro en el timbre de voz de ella y se preocupó. Parecía afectada. Se preguntó si estaría bien, o si Edmund Brown la había vuelto a golpear.

-Si, bueno. Necesito hablar contigo… ¿Cuándo crees que podamos vernos?

-Oh- la pregunta pareció tomar a Meiling fuera de lugar. Tardó un momento en responder- Bueno…tal vez en una semana. Mi bebé ya nació. Vino antes de tiempo… lo tienen en observación hasta que vean que está bien para ser enviado a casa.

-¿Qué?- Syaoran abrió de par en par sus ojos dorados, en una expresión de honesto estupor. Sintió un vuelco en el estómago, sin entender por qué de repente esa sola frase la encontró tan abstracta, incluso si él llegó a verla embarazada. Meiling era mamá. Qué difícil era poder concebir eso. Ahora, quién tardó en responder fue él y Meiling se preocupó.

-¿Syaoran?

-Um… Si, sí, aquí estoy- dijo el joven Li, sacudiendo la cabeza, llevando una mano a esta sintiéndose aún aturdido. Olvidó todo lo que iba a decirle por un momento- ¿Tú cómo estás? ¿Estás bien? ¿Cómo está el bebé?

-Estamos bien. Como te dije, aún tenemos que estar en la clínica, en observación. Ven donde nos estamos hospedando, cuando estemos allá.

-Si. Claro.

-¿Syaroan?

-¿Si?

-Qué alegría me da escuchar tu voz en este momento.

Syaoran no respondió, incluso si se sintió sacudido con ese comentario. Necesitaba sentarse, leer, pensar.

-Vale, cuídate. Nos vemos en una semana…- respondió con voz ronca, más seca, antes de colgar.

En ese momento el teléfono volvió a sonar y Syaoran dio un respingo al reconocer el nombre de Sakura en un mensaje. Pero en esa ocasión el castaño no lo abrió, y tampoco le respondió.

Tenía mucho en qué pensar.

.

.

Una semana transcurrió y, tal como acordaron, Syaoran fue a la residencia en la que se había instalado Meiling por esos meses, en el centro de la ciudad. Ésta seguía mostrando una fachada ostentosa y la única diferencia en el paisaje radicaba en el color otoñal de los árboles alrededor. Debido al clima, había menos niños en el parque aledaño a diferencia de la última vez.

Syaoran portaba una gabardina gris para cortar los vientos fríos y resguardaba ambas manos en los bolsillos de esta. Su nariz y pómulos se encontraban rojos, en respuesta a la brisa constante golpeando su rostro. Tampoco se había tomado la molestia de afeitarse ese día, incluso si sí hizo el esfuerzo de vestirse mejor. Tenía un jean negro, una camisa blanca y un cubre cuello azul turquí.

Cuando tocó el timbre, un joven de aspecto educado, exigua estatura y cabello cobrizo abrió la puerta, con un aire solemne y aburrido. Syaoran logró identificar que se trataba de un mayordomo, porque su porte le recordó a Wey, el mayordomo de la familia Li.

-¿El señor Li?

-Eh, sí.

-Sígame, por favor.

El sujeto abrió más la puerta, indicándole a Syaoran que pasara y, al entrar, éste miró sin disimulo el lugar: Era una estancia de altos techos, grandes ventanas, y paredes grises con pinturas abstractas colgadas de manera paralela.

Meiling se encontraba en la sala principal, sentada en un amplio sofá de terciopelo rojo, sujetando al bebé entre sus brazos. Ella tenía el largo cabello negro suelto, contrastando con su piel pálida y las ojeras que pintaban la parte baja de sus ojos debido las pocas horas de sueño que traía encima. Sin embargo, se le veía feliz.

Alzó la cabeza cuando escuchó los pasos de Syaoran llegar. Notó los ojos dorados de él sobre los de ella y le dedicó una tierna sonrisa cargada de cansancio.

Syaoran no pudo evitar pensar que se veía bella, y que la maternidad le había sentado bien. Algo en Meiling se veía diferente, parecía brillar con luz propia, como nunca llegó a verla en el pasado.

El joven escritor se aclaró la garganta y se acercó.

-¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes?- su voz sonó más ronca de lo que previó. Tuvo que llevar un puño a sus labios, apartando la mirada mientras volvía a carraspear.

-En mis tiempos se saludaba primero- bromeó Meiling. Soltó un suspiro calmo y bajó el rostro para ver el de su hijo. Cada que lo observaba, su expresión se dulcificaba considerablemente, y se notó aún más al levantar la mano para acariciar la mejilla del menor con el dorso de los dedos- Ven a verlo. Quiere conocerte- y alzó los ojos, mirando al castaño de soslayo.

Syaoran dudó luego de sentir un nudo en el estómago, cosa que se reflejó en su expresión adusta. Aunque no pareciera a primera vista, a él le gustaban los niños, y una sonrisa involuntaria se escapó de sus labios una vez inclinó su cuerpo para ver mejor al bebé. Era bastante pequeño, de rostro redondo y mejillas rosadas. Tenía el cabello tan oscuro como el de su madre y los ojos conservaban la misma forma almendrada.

-Se parece a ti- dijo Syaoran.

-¿Quieres cargarlo?

-¿Qué? ¿Puedo?

Y Meiling soltó una risa, jocosa- Eres un hombre muy inteligente, pero a veces se te sale lo idiota, ¿Verdad? Ve y lávate las manos.

Una parte de Syaoran no terminó de entender por qué obedeció, pero se dirigió al cuarto de baño en silencio, escuchando el eco de sus propios pasos contra la cerámica del suelo. Se lavó las manos en silencio, preguntándose si había hecho lo correcto al visitarlos. Porque algo en él no terminaba de sentirse bien, ni cómodo. Cuando regresó a la sala, Meiling depositó con cuidado al bebé en sus brazos. Este apenas se removió, pero no se quejó, ni tampoco lloró. De hecho, abrió por un momento sus ojos rojizos de manera perezosa y luego bostezó con calma. Syaoran no pudo evitar sonreír de nuevo. Era tan ligero y se veía muy inocente y cómodo entre sus brazos.

-¿Cómo se llama?

-Trevor Jin Brown- respondió Meiling, al mismo tiempo que permanecía cerca de ellos con una sonrisa en rostro al ver a su pequeño- Creo que le agradas.

-Si…eso parece- al tener a Meiling a su lado y al pequeño Trevor entre brazos, Syaoran no pudo evitar pensar que ese hijo podría haber sido suyo. Esa vida, esa familia. ¿Qué les esperaba con un padre como Edmund Brown? Clavó los ojos en Meiling, notando que aun usaba manga larga, aunque en aquella ocasión si pudiese deberse al clima. ¿Edmund Brown sería capaz de pegarle a ese bebé, del mismo modo que golpeaba a Meiling? Syaoran frunció el ceño, sintiendo cómo emergía de sí mismo un instinto más protector.

-Oye…Meiling- dijo al cabo de un momento, pasando por alto el porqué estaba realmente ahí. La miró fijamente y le dijo con seriedad- No tienes que quedarte aquí. Ni tú, ni este niño. No ameritan una vida de maltrato.

Meiling se mostró sorprendida por ese comentario, aunque luego sonrió desganadamente como si Syaoran hubiera dicho algo inverosímil. Volvió a tomar a su bebé. Trevor se removió otro poco, pero al mecerlo se quedó dormido y Meiling se dispuso a acomodarlo en la cuna que se encontraba en la sala. Lo acomodó con cuidado, lo acobijó y besó su frente. Luego se viró de nuevo donde Syaoran y le indicó que se sentara en el sofá. Este obedeció, conservando una expresión obstinada en su rostro.

-¿Y qué quieres hacer?- le dijo Meiling con la sonrisa de quién no se toma en serio el comentario- ¿Pretendes que simplemente dejemos todo tirado ya, y me fugue con un bebé recién nacido?

-Pues sí.

-Estás demente, Syaoran Li.

-Demente es quedarse con un maltratador. Piensa un poco en el futuro de ese niño. Tú eres libre de tomar tus propias decisiones, Meiling, pero Trevor no tiene la culpa de eso.

-¿Y qué? ¿Te harías cargo tú?- satirizó Meiling, adoptando una expresión de profundo desdén en lo que enarcaba una ceja, cruzándose de brazos- No inventes. Cuidar de un recién nacido requiere de mucha atención y disposición. No puedo simplemente irme yo sola así como así. El niño necesita a su papá, y aunque todavía te ame, tampoco estoy lo suficientemente loca como para creer que tú te harás cargo de él. No siendo teniendo presente de quién es hijo realmente.

Syaoran guardó silencio. El comentario de Meiling fue duro y también lo dejó helado en su sitio. Era verdad. Él no se sentía listo para ser padre, y ciertamente le dejó pensando la cantidad de responsabilidad que debía asumir en ese momento. Tampoco le emocionaba enormemente la idea de sentir que le hacía un favor a Edmund Brown, aunque el niño claramente no tuviera la culpa de ello. No, el niño era inocente de todo mal. Pero pensó en lo mal que debía estarla pasando Meiling y suspiró, para decir con voz ronca y distante un quedo-… yo… yo puedo ayudarte con él. Algo podemos pensar.

Meiling parpadeó, con una expresión de genuino pasmo en su rostro sin dar crédito a lo que escuchó. ¿Era posible? ¿Era verdad? Pero entonces fue aterrizando la idea, y suspiró, dedicándole una expresión de distante aflicción.

-Tú…sigues siendo más bueno de le que te permites mostrar-le dijo a modo de respuesta, en un murmullo apenas audible. Syaoran tardó en responder. Tan sólo curvó el cuerpo para apoyar los codos sobre sus rodillas, sintiendo de repente los hombros muy pesados. Llevaban varios días doliéndole, de hecho. Se lo atribuía a una mala postura al dormir.

-Dilo. Soy un idiota.

-No, no. Antes pienso que eres muy noble- Meiling acercó mucho más a él, posando la mano sobre la espalda del joven escritor. Aunque en el fondo fuera para sentir el masculino perfume que él emanaba. Syaoran se tensionó ante su contacto pero no se apartó. Meiling lo notó, y prosiguió- No cualquiera decide asumir la responsabilidad de un hijo que no es suyo. Del hijo de su ex, además.

- El niño no tiene la culpa. Y siendo honesto…- Syaoran suspiró, virando el rostro para verla a los ojos. Sin embargo, se tensionó al notar lo cerca que ahora estaba Meiling. Sus rostros tan próximos el uno del otro. Por un momento, el castaño olvidó por completo lo que iba a decir, sintiéndose desnudo, recordando en el pasado la cantidad de veces que ella tuvo la arrebatadora iniciativa de acercarse a él con fines menos inocentes.

-No deberías preocuparte tanto por alguien que deberías odiar- le dijo Meiling en un murmullo ronco. Por su expresión, se notaba seducida por la contigüidad de sus cuerpos.

Syaoran le sostuvo la mirada un momento. Sus ojos eran penetrantes y Meiling, de alguna manera, seguía conservando vestigios de ese magnetismo salvaje que en un momento dado lo volvió loco.

-Si, es verdad. Pero no te odio. No me siento capaz de hacerlo, por mucho que quiera. Ni siquiera teniendo ese bebé contigo.

La tensión aumentó entre ambos, pero ninguno se retiró. Syaoran notó como Meiling bajó la mirada de sus ojos a sus labios, en una silenciosa invitación que él no le negó. No se apartó. No fue del todo sorprendente para él confirmar que ya no le inspiraba el mismo deseo de antes, pero había algo en su garganta que amenazaba con salir en cualquier momento. Recordó el último mensaje que le respondió a Sakura, cuando esta estaba con Haru Shirogane en el hotel. Sakura. Su Sakura.

En un gesto impulsivo, Syaoran fue el que eliminó la distancia entre ambos, culminando el beso con Meiling, recibiendo un sutil suspiro de asombro de parte de ella, aunque no lo apartó. Por el contrario, le permitió la cercanía. Al principio fue un beso superfluo, timorato. Syaoran mantuvo el cuerpo rígido, sin moverse, pero tampoco sin apartarla.

Fue Meiling la que poco a poco profundizó el beso, permitiéndose acercarse más a él, atrayéndolo por medio de un abrazo a su cuello. Y Syaoran la recibió, abrazándola con cuidado de vuelta, sintiéndola. Palpándola. Meiling seguía siendo hipnótica, sí. Seguía teniendo atisbo de ese fuego que, en su momento, lo volvió loco. Pero algo se sentía diferente. No solo era el cuerpo más grueso de ella, debido al reciente embarazo, sino su propio sentir hacia ella. El beso se sentía físicamente bien, si, pero se sentía emocionalmente desconectado. No sintió real conexión, tampoco felicidad, o genuino deseo. Ni siquiera experimentó algo más que no estuviera relacionado a la lástima.

Syaoran fue aflojando el agarre a su talle y, al sentir eso, Meiling detuvo el beso para mirarlo a los ojos con una expresión aturdida, aunque desconcertada.

-¿Qué pasa?- le dijo, en un susurro áspero.

Y Syaoran la vio de cerca. La vio, confirmando lo que pensaba, entendiendo por fin lo que le dijo Eriol y también lo que le dijo Sakura: estuvo a punto de sacrificar su felicidad y bienestar por ofrecerle una vida de compañía a una mujer que ya no amaba, solo para que esta no se sintiera mal, ¿Qué había sido eso? Eso no estaba bien. No era justo con nadie.

Y sin más, suspiró en lo que se apartó por completo de ella. Meiling abrió más sus ojos con desconcierto. Syaoran jamás la había rechazado.

-¿Qué pasa?- preguntó ella, confusa- ¿No…no te gustó?... ¿Es… por mi cuerpo?

-No. No es eso…- Syaoran se sentía aturdido, pero era por la cantidad de información que estaba circulando en su cabeza. Entendiendo al fin, en carne propia, hasta qué punto era verdad que se estaba dejando arrastrar por una relación tóxica otra vez y como eso, eventualmente, podía terminar repercutiendo en sus otras decisiones- Esto no está bien.

Meiling intentó sonreír- ¿Cómo que no está bien?... ¿Cómo no puede estar bien, si se trata de ti y de mí?

-No, no, no está bien. Ella tenía razón. Estoy haciendo cosas que no quiero hacer solo por hacer sentir mejor a alguien más, y quién sabe desde cuándo lo estoy haciendo. O si voy a seguir haciéndolo- sintiéndose algo frustrado, Syaoran pasó la mano por su cabello castaño, echándolo hacia atrás. Este, de manera lenta, fue retomando su forma.

Meiling no pasó por alto lo que le dijo, y su expresión se tornó más afilada.

-"¿Ella?"- repitió- ¿De qué estás hablando?

Syaoran soltó una exhalación, sintiéndose desconcertado por ese mar de emociones en su interior que parecía despejarse. Se aclaró la garganta y, de forma amable, tomó a Meiling de los hombros, llevándola a sentarse a cierta distancia. Su mirada era aguda, profunda, con una extraña calma acompañada de una expresión insondable- Me refiero a que lo nuestro no está destinado a funcionar, Meiling. No de nuevo.

Meiling se quedó perpleja. No supo cómo reaccionar de entrada, pero permaneció estática en su sitio y luego compuso una mueca tensa que sus ojos no acompañaron- ¿Si ves?... Si me odias, después de todo.

-No, no te odio. Te odié, pero…siento que ya no. Creo que definitivamente…avancé, Meiling- y Syaoran se sorprendió al darse cuenta de lo tranquilo que se sintió al decirlo, porque era verdad. Por fin estaba siendo honesto consigo mismo y, de repente, sus hombros se sintieron mucho más ligeros- Agradezco profundamente el tiempo que compartimos juntos, porque me enseñó mucho. Me enseñó cosas buenas, y malas, pero aprendí. Y siento que he mejorado como persona- Syaoran no se sintió mal al ver como los ojos de Meiling se empezaron a humedecer, y fue un alivio. Él, de todas maneras, le limpió las lágrimas con cuidado- He avanzado desde ese entonces. Y ahora, necesito realmente terminar de cerrar esta página para avanzar a mi siguiente historia.

-Syaoran…

-No puedo parar de escribir ni mis libros, ni mi vida, sólo por ti. Ambos deben seguir. Ambos merecen seguir.

Meiling soltó una sonrisa queda cargada de ironía, incluso si sus ojos seguían bañados en lágrimas- Es por Kinomoto, ¿Verdad?- Syaoran no se inmutó ante esa pregunta. Meiling siempre fue demasiado astuta. Guardó silencio un momento antes de suspirar, incorporándose calmadamente. A Meiling nunca le gustó el exceso de atención de Syaoran, pero ahora su indiferencia le dolía más que a nadie. Y en el fondo, el sentir de manera tan palpable que lo había perdido le dolía aún más- Te vi mirándola la otra noche, en el recital. Tu mirada cambiaba al verla…la admiras mucho, ¿Verdad? – Meiling menguó la voz, mientras apartaba la mirada. Parecía un cuadro en esa postura, manos sobre el regazo, rostro ligeramente inclinado, lágrimas bañando sus mejillas- Syaoran, respóndeme por favor. ¿Es por Kinomoto?

Syaoran viró el rostro a ella y, finalmente, le dijo- Sí. Es por Kinomoto.

La expresión de Meiling se tornó ausente- Ya veo…- respondió en un murmullo- Ella…debe ser muy increíble.

Y Syaoran soltó una sonrisa tenue, distante. Recordando la bella sonrisa de su Sakura. Ante eso, la propia expresión del joven Li se suavizó- Si… lo es. Es muy inteligente y noble. Además de ser bellísima. Suele pensar mucho en los demás antes que en ella misma…supongo que nos parecemos en eso. Pero tiene mucho potencial para hacer cosas grandes.

-¿En serio tienes que presumírmela luego de besarme, Syaoran?- le preguntó Meiling con dureza en su voz. El joven Li se encogió de hombros.

-Lo siento… es sólo que la extraño. Y… tal vez hice algo muy estúpido…

-¿De qué estás hablando ahora?

-De que hay cosas que necesito hacer por mí mismo, antes de siquiera pensar en ir a fastidiarle la existencia a Sakura, de eso estoy hablando- la voz de Syaoran sonaba más determinaba, mientras recordaba cómo llegó a decirle a la castaña que ella merecía un amor inquebrantable, pensando por un momento que él era la persona indicada para ofrecérselo. Pero no. Él no le ofreció un amor inquebrantable. Le ofreció dudas y peros. Le ofreció distancia, ya sea por Hien o por Meiling. Y se sintió estúpido. Terriblemente estúpido.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido del timbre de la casa. Meiling se limpió el rostro apresuradamente y, al cabo de pocos minutos, Edmund Brown hizo acto de presencia con cara de pocos amigos, seguido por el mayordomo de cabello cobrizo. Syaoran se quedó frío. Brown se detuvo al verlo y lo examinó minuciosamente.

-Buenas tardes, ¿Qué se le ofrece?

-Ah, señor Brown- Meiling sonrió- Es solo un viejo amigo. Pasaba a saludar.

-¿Y por qué estás llorando?

-Sólo recordamos viejos tiempos.

Edmund Brown miró a Syaoran de manera detenida, frunciendo el ceño de forma discreta, examinándolo y luego compuso una sonrisa cortés. Le tendió la mano- Entiendo. Bueno, es un placer conocerlo. Soy Edmund Brown.

Syaoran no le estrechó la mano de vuelta. Se generó una tensión en el ambiente brevemente en lo que el castaño escudriñaba a Brown con el ceño fruncido. Al final, tan sólo bajó ligeramente la cabeza en un saludo distante, muy japonés. Y más que todo, dirigido a Meiling- Ya me iba. Hasta luego, Meiling.

Y dicho eso, se retiró.

No esperó a que Brown o Meiling le respondieran de vuelta, o que el mayordomo de cabello cobrizo le abriera la puerta. Salió de esa residencia, soltando un suspiro liberador una vez sintió el aire fresco del exterior. Su auto estaba estacionado, pero quiso ir al parque un momento para terminar de despejar su mente de tantas cosas. Divisó el paisaje otoñal a su alrededor y la poca gente que caminaba por la calle a esas horas.

Se sintió tranquilo al haber entendido por fin todo. Al entender que él también se había equivocado en muchas cosas, aún sin saberlo. Al entender que probablemente si sería necesario hablar con su madre. Porque Sakura lo valía. Sakura valía el hacer las cosas bien.

Sin embargo, ese último pensamiento lo trajo de vuelta a la realidad, llevando una mano a sus propios labios. El tacto era frío, por el viento.

Había besado a Meiling.

Mierda.

Había… besado… a Meiling.

Se dejó caer sentado en una banca que encontró en la mitad del parque, y se quedó mirando el cielo un momento, pensativo.

Quería hacer las cosas bien… y eso, tal vez implicara ser honesto con Sakura. Después de todo, ella se enojó por ocultarle lo de Meiling antes. No quería ocultarle nada más.

Tomó el teléfono y buscó el número de la castaña. Tardó un momento en armarse de valor para marcarle, porque no había escuchado su voz desde aquella vez en la que hablaron en el pasillo.

¿Cómo estaría realmente?... ¿Lo echaría de menos?

¿Sería ya tarde para todo?

Syaoran marcó, y se llevó el teléfono al oído, esperando que respondiera. Luego del segundo timbre, la voz de Sakura se escuchó al otro lado de la línea, con un estruendoso ruido de fondo. Debía estar en uno de los eventos. La voz tan hermosa y angelical, contrastaba con todo ese bullicio. Syaoran volvió a sentir una sacudida en su estómago ante eso, preguntándose si sería una buena idea.

-¿Hola?

-Sakura, hola, ¿Cómo vas?

-¡Syaoran!- La voz de ella sonó genuinamente emocionada. Syaoran se sintió algo culpable al respecto, pero al mismo tiempo se sintió feliz de poder hablar con ella de nuevo- ¿Cómo estás? Qué sorpresa que me estés llamando.

-Quería hablar contigo.

-¿Ah, sí?

-Verás…tenías razón…- Syaoran suspiró, alzando la cabeza para volver a ver las nubes en ese momento. Estas se veían suaves, blancas. Le brindaron una sensación de calma pacífica-…en todo lo que dijiste… Ya hablé con Meiling y… hablaré con mamá.

Sakura ahogó una exclamación al otro lado de la línea. El joven Li podía fácilmente adivinar su expresión- ¿¡Qué!? ¿¡Lo dices en serio!?

-Absolutamente.

-¡Syaoran, eso es genial!

-Si… lo es.

-No suenas muy emocionado, ¿Qué sucede?

Syaoran apretó la boca en una fina línea, mientras tomaba aire. Volvió a sentirse tenso, preguntándose si valdría la pena hacer lo que tenía en mente. Él quería hacer las cosas bien con ella, y eso implicaba decirle la verdad desde el inicio. Esperaba no arrepentirse de ello.

-Sakura…- empezó a decir el joven, tomando aire- Yo… quiero ir en serio contigo. Quiero hacer las cosas bien. Quiero estar contigo. Por eso quiero hacer las cosas bien desde ya- Sakura no respondió ante eso, pero por el ruido de fondo él sabía que aún seguía en la línea. Intentó imaginarse la expresión grabada en su rostro ante esas palabras y hacerlo le generó más incertidumbre. ¿Estaría sorprendida? ¿Feliz? ¿Aterrada? Su silencio sólo lo consiguió tensionarlo- ¿Hola? ¿Sakura?

-…Aquí estoy…- respondió ella con una voz más exigua. Syaoran se recordó nuevamente porqué no le gustaban las llamadas telefónicas. Él era alguien que prefería hablar de frente.

Y, ya no queriendo darle más larga al asunto, tomó aire profundamente y lo soltó- Besé a Meiling- dijo. Sakura volvió a guardar silencio. Syaoran dejó de mirar a las nubes y se enderezó en su lugar, pareciendo ahora muchísimo más concentrado en la llamada, o en qué respondería ella. Con más razón, detestó no poder ver su cara- ¿Sakura? - ella siguió sin decir algo- Te lo digo para que lo sepas, pero te aseguro que no significó nada, te lo prometo. Es más, me ayudó a darme cuenta de que definitivamente ya no siento nada más por ella, ¡Incluso le hablé de ti! - aun sin respuesta. Syaoran empezó a desesperarse- ¿Sakura? ¿Hola?

Al otro lado de la línea, Sakura se aclaró la garganta. No dijo nada más, ¿Se lo habría tomado bien? Syaoran abrió la boca para decir algo, pero en esas Sakura lo interrumpió- Me llaman, Syaoran. Me tengo que ir.

-¿Qué? ¡No, Sakura! ¡Espera!

-Luego hablamos.

-¡Sakura!

Pero ella le colgó. Syaoran se quedó mirando el teléfono en su mano un buen momento, para luego llevar la otra mano a su rostro, soltando un quejido.

-¡Ah! ¿¡Por qué eres tan imbécil, Li!?- se auto regañó con enojo, ya que realmente se lo merecía. ¿Tenía que haber besado a Meiling? ¿¡En serio!? Esperaba tener tiempo de arreglarlo, necesitaba hablar con Sakura.

Pero primero, debía pensar en otras cosas. Como en pedirle a Eriol el número telefónico de Ieran Li.