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La sombra

Capítulo 2

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Hyoga caminaba por la casa; se sentía cansado, pues no se había permitido dormir después de lo que pasó. Así, se dirigía a la cocina, cuando escuchó un ruido raro, un balido sumamente lastimero que de seguro provenía de un animal en agonía que se sabe próximo a su muerte. Por lo que preocupado se dirigió a la sala.

Allí estaban los dos tirados sobre la alfombra de la sala, un medio muerto dragón y un medio muerto Pegaso quien dejó escapar de nuevo ese balido quejoso.

-¡Balido! –Dijo Hyoga con suma sorpresa al escucharlo.

-¿Balido? Sí suena así. Es bueno ver que estás mejor Hyoga. –Lo saludó Geki que sentado en un sillón contemplaba el espectáculo.

-¡Está balando en lugar de relinchando! –Insistió Hyoga preocupado.

Geki se dobló de la risa en el sillón. –Relincho, así le diré a Jabu cada que se ría.

-Hyoga, si morimos no te culpes. –Dijo Seiya en un quejido.

Hyoga se arrodilló a lado de ellos para revisarlos, poniendo las manos en las frentes de ambos para cerciorarse que no tienen fiebre. Suspiró tranquilo al darse cuenta que no, pese a los claros signos de gripa en sus rostros.

-No quieren permanecen en sus camas. –Los regañó Geki.

-Decidimos morir en un lugar donde transiten personas, ya que nos han abandonado a nuestra suerte. -Se lamentaba Seiya. -Por lo menos, que al morir nos sepulten de inmediato, en lugar de pudrirnos durante días.

-¡Que dramáticos son este par! Sólo tienen gripa, pero se quejan de todo. Que la sopa no les sabe a nada, que quieren agua, que ya no la quieren, que la quieren de nuevo. No dejes que te engañen Hyoga, vino Shunrey, en cuanto vio que Shiryu tenía gripa se dio media vuelta y se fue de regreso a China. Miho hizo lo mismo, creo que se fue con ella. Huyeron literalmente y ahora sé por qué. Demandan mucha atención, el par de exagerados.

-No nos tiramos aquí para llamar la atención. –Alegó el dragón con vos gangosa. -Nos habíamos acostado en los camastros del jardín, para tomar un poco de sol, pero las aves nos querían comer.

-Puedes creer Hyoga, -Continúo Seiya. -esas desgraciadas no querían esperar a que estuviéramos muertos. Una se paró en mi pie y me pico.

-Y nos estaban rodeando. –Dijo Shiryu riéndose. -Cuando me di cuenta ya había como unas diez, esperando nuestra muerte para comernos. ¡Malditos buitres!

-Y esta es la prueba que son unos dramáticos. Estuvieron comiendo galletas y quedaron todos repletos de migas, lo que atrajo a tres gorrioncitos, que no pensaban en comérselos. Sólo querían migajas. Por cierto, Shun está allá fuera, está muy entretenido viendo los gorriones.

-¡Me picaron el pie! ¡Nos estaban viendo con hambre! –Insistió Seiya.

-Obviamente a Shun no se lo van a comer, si mamá gallina está pegado con él. Pero a nosotros ¿quién nos cuida, Hyoga? A Seiya y a mí nos han abandonado a morir. –Se lamentó el dragón.

-Ichi y Ban están durmiendo porque pasaron la noche cuidándolos.

Hyoga sonrió pensando en cómo hacerlos sentir mejor, ya que fácilmente se podía apreciar que están enfermos por haberlo buscado; nadando en el mar de Siberia.

-¿Quieren que les prepare sirniki?

-Sí. -Dijeron los dos.

-Bien.

-Te van a convertir en esclavo.

Hyoga suspiró y sonrió. –Están así por mi culpa. No me abandonaron, ahora no puedo abandonarlos. –Y les revolvió el cabello a los dos.

Como se querían quedar en la sala, Hyoga regresó a las habitaciones en busca de unas mantas y unas almohadas. Después de dejarlos instalados viendo una película, se dirigió a la cocina.

Por las blancas ventanas, Hyoga contempló a Shun, aún está en pijama y trae una chamarra que lo acalora un poco; sus mejillas están coloradas, los que hace juego con los ojos y la nariz que revelan que aún está enfermo; aun así, el peliverde está jugando, anda brincando en un pie en línea recta mientras Ikki lo sigue. Como no está brincando también Shun lo regaña, así que molesto Ikki lo sigue brincando en un pie también. Eso le arrancó una sonrisa a Hyoga, quien los contempla hasta que escapan de su campo de visión.

Muy tranquilo, el ruso empezó a buscar los ingredientes. Mientras revisaba el refrigerador en busca de requesón, se sintió observado.

Esa sensación fue tan intensa que tuvo que detenerse e inspeccionar la cocina. Cerró el refrigerador para que nada estorbara a su visión. Pero no había nadie. Caminó hacia la encimera. Como queriendo poner bajo resguardo los cuchillos, que allí se encontraban. Porque la sensación se hacía cada vez más intensa.

Empezó a sentir miedo, porque estaba seguro que no estaba soló, aunque no pudiera ver a nadie. Esa presencia era agresiva y pareciera que quisiera matar. La temperatura empezó a descender, igual que la vez pasada. El frío empezó a empañar los cristales. Que más prueba que esa, para asegurar que la sombra que lo atacó la otra noche estaba de regreso.

La madera del piso comenzaba a escarcharse. Los vidrios de la estantería y las ventanas tronaron y se despedazaron, eso le mostró que la temperatura había bajado a menos 40 grados en un instante.

-¡Ya basta! – Gritó. Era incapaz de decir donde se encontraba aquel ser. Pero seguro de su existencia estaba.

Un par de personas llegaron corriendo, en cuanto cruzaron el umbral aquel cosmos se apagó abruptamente.

-¿Hyoga estás bien? –Preguntó Seiya llegando junto a él. –¡Que bárbaro! ¡Estás empapado en sudor!

-Tu respiración está muy agitada. –Ahora era Shiryu quien lo revisaba. –Tu corazón se quiere salir. –Dijo tras poner una mano en su pecho.

-¿Qué? –Hyoga no se había dado cuenta de ambas cosas.

-¡Otra vez estás congelando la casa! –Dijo Ikki llegando y encendiendo su cosmos para volverla a la normalidad.

-No fui yo.

Seiya, Shiryu, Ikki y el entrante Shun se miraron confundidos.

-¿De verdad creen que fui yo? –Preguntó muy molesto.

-Ah… sí… fue tu cosmos lo que sentí. –Seiya fue el primero en agarrar valor.

-¡Sienten un cosmos helado y de inmediato piensan que soy yo! –Reclamó.

-Hyoga, conocemos perfectamente bien tu cosmos. –Aclaró Ikki. –Y si según tú, no es tu cosmos ¿de quién es?

No pudo dar respuesta, esta vez no vio a la persona, a diferencia de esa vez en su cuarto.

-¡Había alguien aquí! -Volvió a decir. No tenía dudas, sintió como esa presencia lo observaba y que era muy peligrosa.

-Creo que estás teniendo una crisis. –Dijo Seiya. –¿Qué te parece si vamos a la sala? Lejos de los cuchillos y los vidrios rotos.

Si las miradas mataran, la de Hyoga hubiera matado a Seiya siete veces antes de caer al piso. Muy indignado se fue a encerrar a su cuarto, mientras Shun iba tras él.

-¿Qué bien Seiya? –Lo regañaba Shiryu, luego contempló el lugar y los daños. –Esto es preocupante.

-Ustedes son un par de idiotas. –Los regañó Ikki y se fue tras Shun.

-¡Oye! –Shiryu reclamó de inmediato, aunque Ikki no le hizo caso.

Ya estando solos, el par de amigos se miraron. Shiryu soltó un largo suspiro. –Ese idiota tiene razón. -Por respuesta recibió la mirada asustada de Seiya quien de inmediato salió de la casa y el Dragón fue tras él.

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Seiya abrió una de las caballerizas, en un rincón sentado en el piso, abrazando sus rodillas encontró a un rubio muy molesto.

-Un, dos, tres, por Hyoga que está enojado. Aunque admito que hice trampa, sabía que te ibas a escapar por la ventana huyendo de Shun, así que sólo espere para ver hacia donde te dirigías.

El rubio decidió ignorarlo así que contempló la pared.

Seiya entró y se paró junto al rubio, Shiryu por su parte se quedó en entrada, respetando el humor negro de Hyoga. En estos momentos no quiere a nadie cerca.

-Cómo yo lo entiendo, hay tres teorías. –Dijo Seiya. -Teoría 1. Hay un tipo loco en la casa y no nos hemos dado cuenta. Eso me da mucho miedo. –Seiya guardo silencio esperando el consenso general, Shiryu asintió, pero Hyoga seguía ignorándolo. -Teoría 2. Te aclaro que esta es de Shiryu. Lo que hay aquí –Dijo enterrando su dedo en los rubios cabellos varias veces. –No se descongeló bien, cree que debe revisarte un neurólogo. Esta teoría también me asusta.

Hyoga manoteo para que dejara su cabello en paz al tiempo que lo miraba molesto.

-No me mires así, es lo que piensa Shiryu.

-Es verdad, quiero que te revise un doctor. –Dijo el pelilargo con voz firme y autoritaria, mientras entraba y se acercaba a Hyoga, ignorando completamente la mirada de Basilisco que este le lanzaba.

-Estoy bien.

-Teoría tres. –Interrumpió Seiya antes de que el Dragón y el Cisne entraran en una guerra de mil días. -Estás presentando un trastorno de ansiedad.

Ante esas palabras Hyoga entre cerro los ojos viéndolo fijamente. Ya estaba harto de esto. Se puso de pie dispuesto a irse.

-¿Qué tiene de malo la teoría tres Hyoga? -Continuó Seiya. -Es lo más normal y hasta es justo, considerando todo lo que hemos pasado. Ikki cuando enloqueció quiso matarnos, después de lo de Hades pensamos en internar a Shun porque no quería comer. Shiryu se abraza a Shunrey y llora toda la noche.

-¡Oye! –reclamo Shiryu.

-Por eso no ha avanzado tu romance.

-¿Quieres pelear?

Seiya se empezó a reír. –Sólo digo que, de las posibles respuestas, la mía es la más lógica, la que menos me asusta y que esto se te pasara en unos días. Además, la evidencia apunta a eso. Estabas hiperventilando, sudando y tu corazón se aceleró. ¿Acaso hiciste algún esfuerzo?

Hyoga se estaba marchando cuando esas palabras lo detuvieron. No tenía explicación para eso. Y lo peor, son síntomas de un ataque de pánico. Por más que él este seguro que hay algo o alguien, no puede probar que existe, ni siquiera para sí mismo. No tenía marcas en el cuello y no pudo verlo en la cocina. De pronto se sintió muy pequeño. Eso no pasó desapercibido por ambos caballeros.

Shiryu le revolvió el cabello para confortarlo. -Qué tal si nos tiramos a morir a los camastros del jardín. –Es más cómodo, además de que los caballos apestan.

-ja-ja que gracioso. –Dijo Seiya, sabiendo que la indirecta era para él.

-Además tú también eres un llorón y ¿cuándo fue la última vez que te bañaste?

Se acomodaron cerca de la alberca, con Hyoga en medio. Mientras, Seiya y Shiryu hablaban y hablaban.

Por su parte, Hyoga permanecía en silencio, pensando. Dándole mil vueltas al asunto y sintiéndose frustrado por las piezas que no encajaban. Estaba muy cansado porque llevaba muchas horas sin dormir y poco a poco paso de la meditación al sueño.

Shiryu se acercó a examinarlo. El rubio dormía muy profundo. Entonces por fin dejo que la preocupación escapara por su rostro y contempló a Seiya, quien le devolvió la misma mirada, en esa conversación no verbal que ambos tienen, producto de haber enfrentado tantas cosas juntos, ambos pactaron el cómo iban a enfrentar esto y del miedo, ambas miradas pasaron a decisión.

-Todo va a estar bien Hyoga. –Le susurró Seiya. –Te vamos a sacar de esta oscuridad.

La mirada de Shiryu se volvió regañona. Seiya le devolvió una mueca de burla.

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El comedor de la mansión Kido no estaba tan lleno como de costumbre. Faltaban, Geki, Ichi y Ban que estaban en el hospital cuidando de Saori. Además, June estaba de visita. Cosa que Hyoga agradecía, no estaba de humor de recibir los mimos de un Shun preocupado por el incidente de la cocina. Hecho que ya le estaba costando miradas furtivas y ser el centro de atención de un silencio incómodo.

Había unas conversaciones en la mesa. Conversaciones forzadas que intentaban fingir que nada había pasado.

La única razón por la que estaba en la mesa con ellos era para mostrar que se encontraba bien, y que no necesitaba ir al médico o al psiquiatra. Porque de otro modo hubiera preferido cenar en su cuarto. Se quedó con ellos, fingiendo normalidad, hasta que llego su turno de bañarse.

Fue cuando por fin pudo relajarse. Todo el día había sido muy estresante, lo que paso en la cocina era un hecho que no podía explicar.

¿Por qué estaba sudado?

¿Por qué respiraba con dificultad?

¿Por qué su corazón estaba tan acelerado?

¿Por qué el único cosmos que sus amigos sintieron era el suyo?

Estaba quitándose el jabón sin lograr una explicación. No sabía qué hacer, ni que pensar. Lo único bueno es que durmió bastante durante la tarde porque no cree que sea capaz de conciliar el sueño esa noche. Estará en máxima alerta esperando que esa sombra aparezca de nuevo. Porque su única certeza es que ella existe.

Con esos pensamientos se metió a la tina, pensando y repensando en las tres teorías que le dio Seiya, no podía ser ansiedad, tampoco podía ser neurológico, pero no podía demostrar que había algo en la mansión.

El calor del agua desapareció de pronto. Antes de que pudiera reaccionar se sintió empujado al fondo de la bañera. Manoteo, pero le era imposible levantarse, otra vez había un peso sobre él. Ahora si podía verlo, una gran mancha negra que trata de estrangularlo.

A diferencia de las veces anteriores la temperatura no ha bajado mucho. El agua esta helada, pero no se ha congelado. Debe de estar reprimiendo el frío para que esta vez no noten su presencia.

Va a matarlo sin que se den cuenta, ya sea que lo estrangule o que lo ahogue por mantenerlo bajo el agua, porque por más que lucha para quitárselo de encima, esta sombra lo está venciendo, las fuerzas lo están abandonando, todo se está oscureciendo, pronto va a perder el sentido.

Un sonido, como de hielo quebrándose.

Un frio intenso, como de muerte.

Se está hundiendo, la luz está desapareciendo, pronto quedara rodeado por la oscuridad. No puede permitírselo. Tiene que luchar, con todo, no debe rendirse. Y sin embargo sigue hundiéndose, alguien lo arrastra al fondo. Es Isaac.

El rostro del peliverde es sereno. A Hyoga no le importa esta visión, lucha, insistentemente. Pero Isaac es más fuerte que él y sin que pueda hacer nada lo arrastra al fondo y pronto todo es oscuridad.

-¡Hyoga!

Su primera sensación es que su cuerpo está temblando de frío. Hay alguien encima y eso activa su espíritu de lucha, pero poco puede hacer. Aquella persona lo sujeta y lo lleva al regazo.

-¡Gracias al cielo estás respirando! –dijo aquel lleno de alivio.

Esa es la voz de Shiryu por lo que deja de luchar. Mientras sus ojos tratan de enfocar y entender que está pasando ve a Seiya acercarse con una toalla y cubrirlo. Ahora entiende, están en el piso del baño. Shiryu entró y lo sacó de la bañera. Por eso esta empapado y asustado.

-¿Qué paso? –Le pregunta Seiya.

-Había alguien. –Dijo con dificultad.

-¡No había nadie! –Le reclamó Shiryu con miedo. Soltándolo. –No había nadie Hyoga.

-Me sujetó, me estaba ahorcando.

Shiryu trataba de controlar sus emociones, pero no lo logró. –¡Te estabas convulsionando en la bañera Hyoga!

-¿Convulsión? –Preguntó Seiya preocupado.

Ahora era Hyoga el que no entendía nada. Aquella palabra lo paralizó a tal punto que no reaccionó cuando Shiryu lo tomó en brazos y lo sacó del baño para llevarlo a su cuarto.

El ruso daba gracias de que se encerraron, no entendía que pasaba, claramente percibió esa silueta negra, sintió sus manos en su garganta y todo su peso sobre su cuerpo. Podía jurar que luchaba contra algo más fuerte que él, pero Shiryu dijo que lo encontró convulsionándose.

La puerta se abrió y dos personas más entraron.

Shun contempló a su amigo, estaba sentado en la cama, cubierto de toallas mojadas, con actitud derrotada y la mirada baja.

-¿Qué fue lo que sucedió? –Preguntaba Ikki.

Shiryu lo miro un instante, luego a Hyoga, luego así mismo. Paso sus manos por sus ropas. Estaban empapadas.

-Necesito ropa seca. –Dijo y es que todavía estaba asimilando todo. Encontrar a Hyoga en el fondo de la bañera lo asustó bastante.

Pero esa respuesta hizo que una vena de impaciencia saltara de la frente del peliazul. Antes de que pudiera decir algo, Shun puso su mano en la espalda del fénix. Ikki volteó a ver a su hermano quien lo miraba regañonamente. Eso fue una cubetada de agua fría para el poderoso Fénix. El semblante de Hyoga ha puesto a Shun en alerta máxima, al más mínimo regaño, discusión o cosa que haga sentir mal al rubio, el peliverde lo sacara a patadas de la habitación.

-Hay que secarte Hyoga, pescaras un resfriado. –Dijo tomando la toalla y comenzándole a secar el cabello.

-Llame a Hyoga, como no respondía, forcé la puerta y entre. –Empezó a narrar Shiryu. –Hyoga estaba en el fondo de la bañera convulsionándose, así que lo saque. Pese a que tardó unos momentos en reaccionar, parece que no se hizo más daño.

El peliverde pudo percibir como Hyoga se encogía más al escuchar esas palabras. Está asustado y confundido, por eso no es capaz de decir nada ni levantar cabeza.

-Habrá que ir mañana al doctor entonces. –Dijo Shun con toda calma. –Mientras se dirigía a la cómoda buscando la pijama del rubio.

-¿Mañana? –Dijo Shiryu asombrado. Él quería salir de inmediato.

-Mañana. –Respondió el peliverde con una sonrisa.

Todos sabían que Shun sería una piedra inamovible. Ya ha sido decretado, y ni una orden de Atena lo hará cambiar de opinión.

-Entonces sacare la cita para mañana. –Dijo Shiryu molesto. –Voy a secarme. – Y salió antes de que Shun lo corriera.

Seiya e Ikki intercambiaron miradas, después de un instante Seiya salió tras Shiryu. Ikki también salió, pero se quedó en la puerta, esperando a que Shun le diera permiso de entrar.

Shiryu se estaba quitando la ropa empapada, rumiando su coraje de que Shun haya decidido que hasta mañana irán al doctor, si fuera por él en estos momentos estaría subiéndose al auto, estarían llamando al hospital de la fundación graude, para que ya estuvieran listos para recibirlos.

Fue entonces cuando escuchó a Seiya entrar.

-Cuanta hasta 10 o 20. –Decía el castaño.

-¿Qué hubiera pasado si no entró al baño?

-No quiero pensar eso. Pero Hyoga en estos momentos está más asustado y confundido que tú. Shun tiene razón en darle tiempo para que se calme.

Seiya sonrió al ver a Shiryu ignorándolo buscando su ropa. Su orgullo dragonario no quiere concederle la razón al peliverde. No de manera verbal. –Además Shun e Ikki van a quedarse vigilando a Hyoga. Hablare con Tatsumi para que arregle todo. –Y el castaño salió.

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Hyoga se encontraba sentado en una banca del hospital de la fundación Graude. Durante la mañana le habían hecho diversos estudios, como una tomografía computarizada, resonancia magnética, ecografía, pruebas de sangre, y más cosas que lo hicieron sentir como ratón de laboratorio.

Además, el que Tatsumi estuviera desplegando sus ansias de poder, tronando dedos y exigiendo respuestas, no hizo que los doctores se lo tomaran con calma. Está seguro que algunos estudios sólo los ordenaron para poder demostrarle a Tatsumi que se está haciendo algo.

Shun sonriente, le ofrecía una lata de café y unas donas que había comprado en la máquina expendedora. El rubio los contempló sin ganas. No tenía apetito.

-El pretexto de debo ir en ayunas por si me quieren hacer estudios de sangre ya expiró. –Dijo el peliverde.

Ante aquellas palabras, el rubio no tuvo de otra. Shun no iba a dejarlo en paz si no comía algo. Los demás habían ido a la cafetería a almorzar en lo que esperaban los resultados.

Shun regresó a las máquinas expendedoras, buscando algo para él. Hyoga lo siguió con la mirada, la verdad es que estaba agradecido de que Shun se convirtiera en su filtro para el mundo, porque no está de humor para decidir nada o hablar con los doctores. Una vez hecha su compra el peliverde regreso muy feliz a comer sentándose junto al rubio.

No paso mucho sin que Ikki volviera de la cafetería, los contempló a la distancia. Cuando llegaron al hospital y tras tantos estudios Hyoga lucia muy tenso, evitaba el contacto visual y sus hombros estaban arqueados hacia adelante. Ahora en cambio, sonríe un poquito y por fin su espalda toca el respaldo.

Algo dijo el peliverde, porque Hyoga mueve la cabeza indicando que no tímidamente. Shun siempre logra que uno baje la guardia, especialmente el rubio.

Después de ese desfile de doctores y estudios, cuando por fin pasaron con el doctor que revisaba todos los resultados; aquel pobre diablo que fue el sacrificado al ser elegido para hablar con Tatsumi, este les explicó que Hyoga está sano. No hallaron nada que pudiera explicar la convulsión. De hecho, opinaban que se debía al estrés, que era algo psicosomático y que tenía hablar con el psicólogo.

Esto debería ser un alivio para el rubio, sino fuera por Tatsumi, que no para de recordar cuánto costará reparar la cocina de la mansión.

Así que tras escuchar que Hyoga está físicamente bien, la única razón por la cual el hombre calvo no lo interno en un psiquiátrico, fue porque dos pares de ojos ya lo estaban fulminando, para que ni lo pensara. Ikki y Shiryu no disimulaban nada la molestia que la actitud de Tatsumi les provocaba.

Seiya por su parte andaba muy risueño.

-Sólo hemos perdido la mañana. –Seguía rabiando Tatsumi.

-Ni tanto, siempre se puede sacar algo bueno de todo. Ahora estamos completamente seguros que Hyoga está bien. –Decía el castaño, mientras jugaba con un celular. –Volvamos a casa. Ya tengo hambre.

-Ah no, ahora llegamos a lo último. Ahorita mismo hago unas llamadas…

-Y te acuso con Saori.

Tatsumi lo miró confundido.

-Te grabe regañando a todo mundo. –fue la respuesta del castaño. –Sabes que a Saori no le gusta que hagas eso.

-Hijo de …-Ahora era Tatsumi quien fulminaba al castaño. –Y yo presionando a los doctores para estar absolutamente seguros que Hyoga está bien.

-No finjas, Tatsumi, -Continuó el castaño. -Te alegró el día regañar a todo mundo.

-La verdad sí. –Dijo dando media vuelta cual divo. -¿Qué esperan? ya vámonos a casa.

-Ese sujeto no cambia nada. –Le dijo Shiryu a Seiya. Si vuelve a escuchar otra cosa sobre costos, de hospital o reparación, estallara la cólera del Dragón.

-Ya no te preocupes Hyoga. –Y el castaño le revolvió el cabello.

Caminaron hacia la salida, cuando Ikki se detuvo.

-Se me antojaron tus donas. –Le dijo a Shun.

El peliverde le mostró la lengua, al tiempo que abrazaba su bolsa de donitas. –No te quiero dar, cómprate las tuyas.

Hyoga miró extrañado a Shun, iba a ofrecerle de sus donas al fénix cuando Seiya se las arrebató.

-¡Matanga, yo las vi primero!

Hyoga entrecerró los ojos gruñéndole al castaño porque se las arrancó de las manos. Lo díscolo en Seiya era algo normal.

Ikki y Shun se separaron yendo a las máquinas expendedoras, mientras los demás se adelantaban. Ikki compró unas, Shun compró varias más, para Shiryu, para Seiya, para Tatsumi, su lista era larga.

Estaba sacando la cuarta bolsita, cuando la mirada de Ikki lo interrumpió.

-Se lo que piensas niisan, pero no puedo apoyar tu teoría. Busco y busco y no encuentro.

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Todo es obscuridad, salvo por una pequeña luz.

Se encuentra bajo el agua. El hielo se rompió y deja pasar la luz. Tiene que aprovechar esta oportunidad; de lo contrario nuevamente quedara atrapado en la oscuridad y quizás nunca vuelva a despertar.

Pero otra vez es sujetado y arrastrado al fondo. Cada que casi lo logra, Isaac aparece y se lo impide.

Es una lucha desesperada la que sostienen. Hyoga quiere ser libre, golpea, patalea. E Isaac recibe todo de manera impasible. Como si supiera que es cuestión de tiempo, que se agotara.

Cada esfuerzo de Hyoga es inútil, la luz va desapareciendo, pero no puede perder la esperanza. Incluso si Isaac es su maldición, no puede entregarse a la negrura. Así que insiste, e insiste e insiste, hasta que por fin llega su último esfuerzo y es vencido nuevamente. Lágrimas de angustia se le escapan al rubio. Ya no es capaz de moverse ni de escuchar nada. La conciencia ha desaparecido nuevamente.

-¡Hyoga!

-¡Hyoga!

Hyoga abre la boca desesperado por recuperar el aire. Siente tanto frío que su cuerpo está temblando. Además, le duele el pecho.

-¡Hyoga!

La voz de Ikki suena asustada y también escucha un llanto. Al rubio le toma unos momentos entender su situación. Está en el suelo, parece que Ikki tuvo que reanimarlo.

Ahora es Shun quien entra en su campo de visión, su rostro está lleno de lágrimas. No entiende que paso, hasta donde se quedó estaba durmiendo. Desde la convulsión Shun no lo ha dejado sólo, incluso han estado compartiendo la cama, mientras que Ikki se queda en el sillón.

-¿Estás bien? –Le preguntó Shun entre lágrimas.

-Sí. ¿Qué paso?

-Dejaste de respirar, no tenías pulso. Afortunadamente me di cuenta.

Ikki se dejó caer pesadamente en el sillón y respiró profundo en un intento de calmarse. Hace un momento actuó como autómata, cargó a Hyoga, lo puso en el piso para tener espacio y empezó el RCP, ni siquiera reflexionó ante la situación. Ahora que todo pasó, el ser despertado de golpe por un Shun aterrado de que Hyoga no tenía signos vitales y lo que tuvo que hacer, cobra su verdadera dimensión.

Hyoga se sentó y de inmediato Shun lo abrazo. El joven no paraba de llorar por el susto que se había llevado. No es sólo que Hyoga no tenía pulso, sino que estaba pálido y helado como un cadáver.

-Perdón. –Fue lo único que atinó a decir el rubio mientras abrazaba al peliverde tratando de calmarlo. –Perdóname.

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Al día siguiente, Jabu caminaba por la mansión, había pasado la mañana buscando algo, y satisfecho lo traía en las manos. Se detuvo al ver a Nachi quien contemplaba la ventana. Jabu se paró junto a él y observo también.

En la distancia, bajo un árbol se encontraban Shun, Ikki, Seiya, Shiryu y Hyoga, este último, lucia muy cabizbajo, a tal punto que no parecía él.

-Deben de estar hablando de lo que paso a noche. –Comentó Nachi.

-Están decidiendo que hacer. –Dijo Jabu.

-Pero ¿qué se puede hacer? Ni modo que vuelvan a ir al doctor, ya le hicieron todo estudio posible y no saben que le está pasando. -Entonces volteó a ver a Jabu y lo que traía en las manos. Este simplemente se limitó a entregárselo. -¿Ajedrez? ¿Crees que es buen momento para jugar? ¿o es que tienes ganas de ser humillado?

Por toda respuesta Nachi recibió un zape, mientras Jabu con un gesto de la cabeza señalaba a los chicos en el árbol.

Entonces el unicornio se fue.

A partir de ese momento Nachi estuvo cazando a Hyoga, buscando una buena oportunidad. La cual se presentó al anochecer cuando por fin, lo encontró un poco relajado yendo hacia la cocina bajo la eterna vigilancia de Shun y en compañía de Seiya.

Los tres estaban preparándose sándwiches, cuando el lobo deposito el ajedrez en la encimera.

-No estoy de humor. –Le dijo el rubio al verlo.

-Anímate, tienes que distraerte con algo. Además, si estamos jugando Shun podrá relajarse un poco. Mira en qué estado de estrés vive.

Hyoga lo meditó un momento, contemplando a Shun quien estaba untando mayonesa a un pan. Este sólo sonrió un poquito. Aun así, Hyoga estaba indeciso.

-Vamos, llevas 177 derrotas y 0 victorias, no creo que quede orgullo que temas perder, o es que por fin te rindes ante mi intelecto.

-Cállate y pon las piezas.

Seiya soltó una carcajada al escuchar a Hyoga, hasta el propio Shun empezó a animarse. Por lo que Hyoga sonrió tiernamente contemplándolo, cosa que no pasó desapercibida por Nachi. Shun es el punto débil del rubio y si aceptó esta partida fue para darle gusto al peliverde.

-Piezas blancas para el blanco cisne. –Dice Nachi relajado.

Hyoga inicia con una apertura inglesa, adelantando al peón del alfil de la reina, Nachi responde adelantando al caballo del rey. Hyoga hace lo propio adelantando al caballo de la reina y Nachi adelanta al peón del rey.

Piensa que Hyoga va a adelantar al peón de la reina entrando en una defensa nimzoindia, pero no, en lugar de eso adelanta al peón del rey. Así que quiere un juego más agresivo pretendiendo dominar el centro. Tiene que impedirlo, por lo que adelanta el peón de la reina, Hyoga no pierde la oportunidad y de inmediato captura al peón insolente, y se inicia el intercambio, un peón negro captura al blanco, por lo que Hyoga avanza otro peón amenazando al caballo de Nachi. Pero este no huye, al contrario, avanza su peón amenazando al de Hyoga. Hyoga toma el caballo de Nachi y Nachi el de Hyoga.

La pérdida de los caballos emociona a Seiya y a Shun, pues Hyoga va con todo al ataque.

Con la vía libre, Hyoga saca a su alfil blanco y proclama el primer jaque, por lo que Seiya y Shun están danzando. sin embargo, a Nachi, tener el público en contra no amedrenta, adelanta al caballo para defender al rey. Hyoga insiste adelantando a la reina, dando un segundo jaque, pero Nachi bloquea sacando su alfil blanco. Hyoga captura al peón más adelantado. Nachi también, sacando a la Dama captura al peón más adelantado del rubio.

Hyoga saca al caballo del rey. Nachi, adelantó otro alfil empoderando su defensa. Hyoga adelanta también a su alfil negro, confiando en la protección del caballo, aun así, Nachi, mueve a la reina amenazando al alfil sin importarle que es defendido. Hyoga retrocede el alfil blanco, para atacar a la reina. Por lo que Nachi tiene que mover a su dama, la coloca alado del alfil para seguirlo atacando.

Hyoga adelanta al peón de la torre y Nachi se enroca. Hyoga hace lo mismo con un enroque largo.

Eso hace que Nachi de un largo suspiro y mire al rubio, por lo que este le devuelve la mirada desafiante. Nachi sonríe, Hyoga no se ha dado cuenta de su error, debió haber retrocedido al alfil, ahora en cambio tiene piezas demasiado juntas y con su enroque largo ha abandonado al alfil que él está atacando con la reina.

Nachi manda su caballo al centro, para destruir la defensa del rubio y así abandone aún más al alfil negro, castigándolo por su error, pues está atacando tanto al caballo que lo defiende, como al otro alfil blanco. Ahora perderá una pieza. Hyoga decide salvar al alfil al adelantarlo, sacrificando al caballo, quien es capturado. El alfil negro de Hyoga ya no tiene defensa. El rubio intenta salvarlo adelantando un peón, Pero aun así Nachi lo captura con el caballo, amenazando también al alfil restante.

Sin embargo, Hyoga no se amedrenta ante la pérdida. La reina de Nachi ha quedado descubierta, por lo que la captura.

-¡Eso es Hyoga! –Dice Seiya risueño, al ver que Hyoga se ha quedado con una pieza poderosa.

Nachi ladea el rostro meditando, perdió una pieza poderosa en el intercambio y el rubio se quedó sin alfiles. Además, sus piezas tienen una posición dominante y el rubio no lo ha notado en su afán de capturar a la reina.

Nachi captura al alfil que le quedaba al rubio con su caballo. Hyoga retrocede su reina atacándolo. Por lo que adelanta un peón para defenderlo. El rubio también adelanta otro peón para atacar dispuesto a dar un juego rudo, por lo que Nachi junta sus torres defensivamente.

Hyoga sigue avanzando al peón y Nachi mueve los alfiles, mientras, Hyoga saca sus torres. Pero el alfil de Nachi tiene mejor posición, se avecina un ataque, Nachi moverá al caballo para dar jaque aprovechando la defensa que le proporcionan el alfil, por lo que Hyoga no tiene otro remedio que atacar con la torre capturando al alfil, lo que trae como resultado que su torre caiga ante un peón. El rubio se está quedando sin piezas. Las torres y el caballo de Nachi comienzan a causar estragos, atacando a la reina, quien tiene que huir, sin embargo, el cercado está hecho, las piezas de Nachi al atacar a la reina también cercaron al rey. Si mueve la reina, la torre correrá por esa línea dando el primer jaque. El alfil y el caballo restringen los movimientos del rey, quien tendría que estar corriendo huyendo de las torres además de esquivándolos.

Hyoga deja escapar una mueca de frustración. Ha perdido y tira al rey.

-Victoria 178. –Dice sonriente Nachi. -Quieres darme la 179.

-Aunque fue entretenido, la verdad es que no tengo cabeza para concentrarme. –Dice Hyoga apenado por la derrota.

Shun lo abraza consolándolo. Mientras Seiya dice que la próxima será suya.

-Bueno. –Y Nachi recogió el tablero. –Fue un gran juego.

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El meditabundo Nachi, caminaba por la casa, buscando a Jabu, hasta que por fin lo encontró en la azotea, estaba recostado contemplando el cielo.

-¿Viendo las estrellas?

Jabu no respondió, sólo lo miro.

-Yo seré un genio, pero tú amigo mío, tienes astucia callejera.

-No me digas eso.

-Pues sí, Ikki tiene razón. La sombra existe. Y como están las cosas, Hyoga no aguantara mucho.

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Notas de la autora

Balido: sonido natural de la oveja, la cabra, el cordero, el carnero y el ciervo

Relincho: sonido que hacen los caballos.

Sirniki: es un plato típico de la cocina rusa y ucraniana.

Díscolo: Persona que tiene tendencia a desobedecer y a revelarse contra las normas y órdenes.

La partida de ajedrez entre Hyoga y Nachi la tome del Canal de YouTube Partidas Inmortales de Ajedrez. Video: ¡Horrible inicio de los favoritos! Campeonato mundial Blitz 2021, rondas 1-12. Minuto 20:35 Duda vs Aronian

Muchas gracias a:

Yokosawa08

Knights-of-ni

Smily 90

Por su apoyo para este fic. Besitos y Abrazos. El próximo capítulo será el último.