— Sé que duele Sarada, pero debes comer un poco. —acerca una cucharada de comida, pero esta es empujada hacia un lado.
— Papá. —llora desconsolada pidiendo auxilio con la única palabra que sabe decir.
— ¿No hay alguna forma de bajar su dolor? —pregunta angustiado a causa de escucharla llorar tanto en los últimos días llamándole.
— No mucho, le dolerá hasta que salgan todos sus dientes. —responde con su mano apretada en el pecho—. Solo puedo darle algunas cosas bien frías para que baje un poco el dolor, si adormecemos esa zona ni siquiera va a poder comer y después sentirá aún más fuerte el dolor cuando pase el efecto.
— Tsk. —cierra sus ojos con frustración y se aleja del comedor para no desesperarse con el llanto de la pequeña.
— ¡Papá! —llora más fuerte al verlo alejarse del lugar.
— No tortures a tu papá con tus gritos, Sarada, que ya está sufriendo solo con escucharte llorar y no poder hacer nada por ayudarte. —sonríe, deja la comida a un lado y acaricia su pelo tratando de apaciguar su molestia—. Te daré un poco de helado, y cuando vuelva del hospital volveremos a intentar comer, ¿de acuerdo? —sonríe mientras toma sus pequeños dedos como si hicieran un trato.
Luego de cumplir con su promesa, la acomodó para dormir un poco, lo ideal era que durmiera todo lo que pudiera mientras no sintiera dolor o molestia. Tomó los pergaminos en los que estuvo trabajando la noche anterior y guardo un cambio de ropa por si debía extender su turno esta vez.
— Lo siento cariño, pero olvidé que puede que deba volver mañana, todo dependerá si empeora o se mantiene estable un paciente luego de su operación fijada para hoy.
— Me quedaré con Sarada aquí, le avisaré a Kakashi que pasaré mañana por su oficina.
— Es verdad, hoy debes ir con él… en ese caso podrías llevarla contigo si es algo breve o pasar a dejarla con mis padres.
— Sarada está sufriendo. —no expondría a más malos ratos a la pequeña—. Dijo que no era algo urgente, no habría problema con que vaya mañana.
— Espero poder volver después de la operación porque le prometí a Sarada que comería otra vez cuando regrese del trabajo.
— No recordará esta promesa, no te preocupes. —sonríe de lado y se levanta para acariciar el frutado rostro de su esposa.
— Eso espero. —suspira y abraza con fuerza a su amado—. Tendrás que ser fuerte y no quebrarte con su llanto, no puede comer mucho helado, recuerda que solo es en caso extremo. —lo observa con profunda seriedad.
— Hmp. —desvía la mirada ante la severidad de la orden de la pelirrosa.
— ¡Sasuke-kun!
Toma su mejilla de forma firme, pero delicada al mismo tiempo, voltea su rostro para que no evada la responsabilidad de la dieta de su hija, pero el azabache es más rápido y besa sus labios con intensidad, para sonrojarla y quitar todo rastro de severidad en su expresión. Se separa unos pocos centímetros, sonríe ladinamente con satisfacción al ver la sorpresa de su esposa y el brillo expectante de sus ojos jades, vuelve a besarla, aunque con mayor suavidad, pues sabía que ella debía partir. Por muchos deseos que tiene de aprisionar su cuerpo, es consciente que no puede hacerlo esta vez.
— Ve con cuidado. —acaricia su cabello y se vuelve a sentar en el sillón de la sala—. Te esperaremos a tu regreso.
— Eres de no creer. —susurra con cierta irritación y frustración al haber caído en su trampa—. Nos vemos pronto, cariño. —toma mucho aire para serenarse y sale de casa con rapidez.
Jamás comprendería como él puede aparentar estar sereno junto a ella luego de besarla de esa forma, siempre la molesta de este modo cuando él debe quedarse en casa. Ella lo había intentado en una sola ocasión, y resultó que Sasuke partió más tarde de lo planificado a su misión.
La ojiverde estuvo inquieta a lo largo del día, todos sus procedimientos fueron realizados a la perfección como lo habitual, sin embargo en su cabeza solo pensaba en si realmente no habría una forma de calmar el dolor del crecimiento de sus dientes a su hija. Su mejor amiga tampoco se encontraba allí para poder desahogar su mente, pues su embarazo resultó ser un poco más delicado, por lo que optaron a que se quedara en casa en sus últimos cuatro meses.
— ¿Está bien Sakura-sensei?
— Sí, todo bien. —respondió con entusiasmo.
— Le traje un té, debe estar cansada luego de la operación.
— Oh, muchas gracias Miaka-san.
Se sentó en su oficina a beber la infusión, realmente no se había percatado que había estado tantas horas en la operación, percibe su cuerpo fatigado, sin embargo aún queda mucho de su turno, deben esperar al menos unas cinco horas para determinar cómo recibe el tratamiento este niño accidentado.
Comenzó a divagar en escenarios poco alentadores. No cree que pueda soportar que la vida de Sarada esté en manos de alguien más, la incertidumbre la tendría histérica y llena de frustración, pero en el futuro no puede reaccionar de esa forma. ¿Y si Sasuke se encuentra fuera de la aldea en un momento así?, pese a tener tantos amigos, tendría que hacer frente sola a estas situaciones, debe ser mucho más firme y calma para enfrentarse a las peores situaciones. Además, si ella se sintiera llena de agobio estando aquí junto a la azabache, no puede imaginar la desesperación de su esposo al no poder hacer nada e incluso enterarse de esto cuando ya fuese tarde.
— No seas idiota. —se levanta de su asiento, golpea sus mejillas y sale de la oficina.
Necesita distraerse y evitar estas fatídicas reflexiones. Es un viejo hábito difícil de abandonar. En su infancia se ahogaba en este tipo de pensamientos que la atormentaban, en su adolescencia trabajó duro para pensar positivamente sobre sí misma, generar la confianza que hoy posee como kunoichi, sin embargo cuando se trata de sus seres queridos, aún se hunde en la desconfianza de sí misma.
Sasuke y Sakura comparten esta característica, pese a que los demás confían y se sostienen en ellos como pilares fundamentales para su vida, ambos se perciben a sí mismos como insuficientes. Creen que los otros son demasiado buenos para ellos, por lo que se llenan de pensamientos intrusivos al estar solos reflexionando sobre problemas o desoladores escenarios. Lo distinto entre ambos es que la pelirrosa lo utiliza como motivación para reflejar de forma más intensa su cariño a través del cuidado de estas personas, mientras que el azabache se mantiene preso de estos pensamientos. Su esposa es quien le permite apartar aquellas negativas reflexiones y enfocarse en expresar el amor y preocupación que tiene por sus seres más preciados.
— ¡Sakura-sensei!
— ¿Ocurrió algo con Tomoe-chan? —pregunta preocupada
— Sí, le ha dado fiebre.
Llega a la habitación del pequeño con rapidez, toma su temperatura y nota que está con una fiebre de 39.5, una pésima señal luego de su operación. Comienza a chequearlo y nota un problema en la zona de la operación.
— Ayude a mi hijo, por favor Sakura-sama. —suplica la madre del pequeño que jadea ante su dificultad por respirar.
— Lo ayudaremos. —le dedica una sonrisa gentil y honesta—. Necesito que se retire de la habitación, tendremos que revisarlo.
Resultó que el paciente había tenido una reacción alérgica a una de las hierbas utilizadas en su post operatorio. La intervención se realizó a tiempo de producirse evitando la obstrucción de sus vías respiratorias. Pese a su serenidad y profesionalismo en la sala de operaciones, cuando debe tratar a niños, la ojiverde se llena de ansiedad de que sus vidas estuviesen en riesgo a causa de factores propios de una intervención, como este cuadro alérgico imposible de determinar con anterioridad, al utilizarse una hierba que no está presente en la aldea, de modo que no se expuso a ella previamente. Recordó aquella vez en que se sintió frustrada de no poder hacer nada para que bajara la fiebre de Sarada, y recordaba esa emoción que sentían todas las familias cuando los infantes se encuentran en peligro.
— ¡Muchas gracias, Sakura-sama! —la mujer le toma sus manos mientras hace una pronunciada reverencia.
— Es mi trabajo, no tiene nada que agradecer. —ríe con nerviosismo, pese a ocurrirle con frecuencia, continúa incomodándole tanta formalidad hacia su trabajo.
— Decidió ayudar y salvar a los demás, aunque sea su trabajo, no es algo que todos podemos hacer y mucho menos con esta dedicación que entrega a sus pacientes. —aprieta las manos de la médico—. No sólo salvo a mi hijo, también me salvó a mí, porque no sé que haría sin él en mi vida.
Aquellas palabras calaron hondo en su corazón. Pensar en que a Sasuke o Sarada les ocurriese algo fatal, aprieta su corazón inmediatamente, sin duda que estaría desolada y no volvería a ser la misma. Es probable que siguiese ayudando a la aldea, pero su espíritu ya no estaría aquí, su cuerpo se movería, pero ninguna pizca de emoción lo acompañaría.
— Espero que no ocurra nada malo con él en un futuro y se mantenga saludable. —devolvió el apretón de manos con una sonrisa tranquilizadora.
—Hola Sakura. —saluda acercándose su antiguo profesor.
— Siempre estaré agradecida con usted Sakura-sama. —añade la mujer antes de soltar sus manos y voltearse al peliplata—. Ha trabajado duro Hokage-sama, espero que pueda descansar pronto. —realiza una leve reverencia y se retira hacia la habitación donde descansa su hijo.
— ¿Qué lo trae por aquí Sexto? —pregunta mientras ambos caminan hacia la oficina de ella.
— No me agrada cuando me llamas con tanta formalidad. —comenta en voz baja recibiendo una pequeña sonrisa de la ojiverde—. Vengo por un chequeo, la verdad es que he estado con fatiga la última semana.
— Entonces de verdad ha trabajado duro. —ríe mientras cierra la puerta al estar ambos dentro de la habitación—. Tome asiento en la camilla para poder revisarlo.
Retira la parte superior de su ropa y mascarilla como era habitual en las visitas médicas. El historial médico del Hokage fue designado a la Uchiha, debido a su habilidad y ser de absoluta confianza para él. La pelirrosa reviso con sus manos llenas de chakra la parte superior de su cuerpo y luego se volteo a buscar en sus estantes mientras él volvía a colocar su ropa.
— Es necesario que descanse su vista con mayor frecuencia y recomiendo beber infusión de esta hierba para ayudarle a inducir el sueño cuando deba descansar. —le entrega el frasco—. No le diré que descanse más horas cuando sé que no lo hará, pero al menos le ayudará a que su cuerpo y mente perciban las horas de sueño más reparadoras.
— ¿Es muy amarga? —pregunta con recelo mirando el frasco de color oscuro.
— Se la tendrá que tomar de todas formas. —responde desafiante con una sonrisa ladina.
— Sasuke definitivamente es una mala influencia para ti. —agrega con un suspiro al rememorar esa expresión exacta en el azabache.
— ¿Hay algún avance con la investigación? —su expresión trata de mantenerse serena, pero sus dedos se notan tensos sobre la mesa de su escritorio.
— Van muy lentos los avances, pero se ha resuelto una milésima parte del misterio, cuando descubramos un poco más los llamaremos para evaluar los resultados.
— Le comentaré a Sasuke-kun.
— Ya has terminado tu turno, ¿no? —le da unos golpes suaves sobre su hombro—. También debes descansar, se te ve cansada.
— Sí, guardaré mis cosas y volveré a casa.
— Te puedo compartir de esta deliciosa hierba. —bromea levantando su mano con el frasco.
— No estoy a ese nivel de fatiga. —se ríe un poco.
— No tengo salvación. —se voltea y abre la puerta con una expresión de sufrimiento—. Nos vemos. —mueve su mano libre en el aire y sonríe con cariño.
— Nos vemos Kakashi-sensei. —expresa con el mismo afecto para intentar animarlo un poco luego de molestarlo durante su visita.
Observó la hora y notó que era sumamente tarde, probablemente Sarada ya estaría durmiendo por lo que no podría cumplir con su promesa hecha antes de salir de casa. Suspira llena de frustración, no le agrada la idea de fallar a su palabra con ella. Toma con rapidez sus cosas y se dirige a paso veloz a su hogar a través de las calles de Konoha.
— Bienvenida. —le saluda el ojinegro desde la sala.
— Estoy de vuelta. —responde sorprendida—. Creí que estabas durmiendo cariño.
— Te estaba esperando. —se acerca y abraza con fuerza.
— ¿Ha pasado algo Sasuke-kun?
— Sarada ha llorado mucho por sus dientes. —dice con su cara en el cuello de su esposa, llenándose de su aroma para relajarse.
— Tuvo que ser difícil para ti verla sufrir tanto. —sonríe y se aleja para besar su mejilla—. Eres un buen padre, la amas demasiado.
— Hmp. —comenta con una leve sonrisa.
— No pude cumplir la promesa que le hice. —comenta cabizbaja junto a un suspiro.
— No le has fallado. —levanta su rostro y acaricia su mejilla—. Comió más comida durante la tarde, vayamos a la cama, necesitas descansar.
— No sé qué haría sin ti, Sasuke-kun. —lo abraza con fuerza y aprehensión.
— ¿Sakura? —en su tono se percibe la preocupación en caso que algo haya ocurrido durante el trabajo o sobre su misión.
— Está todo bien. —responde con tranquilidad—. Vayamos a dormir.
