Los días se habían vuelto más bulliciosos y llenos de preocupación para los Uchiha, debido a que la pequeña Sarada se movía por la casa mientras gateaba. El problema para sus padres es que el sigilo y la velocidad eran sus acompañantes, así que si dejaban de mirarla por un instante debían buscarla en todos los rincones. Les parecía un terrible futuro pensar cómo sería cuando aprendiera a caminar y aumentara aún más su rapidez.

— ¿Sarada? —un suspiro de ambos se escuchó cuando comenzaron con la rutina de búsqueda.

— ¿Podemos ponerle un cascabel o algo?

— Por supuesto que no. —ríe ante la expresión frustrada de su esposo—. ¡Oh, aquí estás! — la levanta de atrás de un mueble—. Eres cada vez más rápida, me alegra que nos tomara menos tiempo esta vez.

— ¡Mamá! —estira sus manos con una sonrisa divertida, para ella resulta divertido este juego de esconderse y ser encontrada por ellos.

— Creo que podríamos ir a pasear, hoy el clima está agradable, deberíamos aprovechar que no es un día tan frío, con la nieve y lluvia resulta complejo salir con esta pequeña exploradora.

— Es una buena idea. —se acerca y toma a la pequeña su brazo.

— Y si se pone muy fresco… papá podrá abrigarnos con una fogata. —añade en un susurro con un tono cómplice y alegre.

— O mamá podría hacerlo. —responde con su sonrisa ladina.

— Sabes que sigue siendo difícil para mí poder hacer fuego. —resopla como una niña pequeña mientras se marcha del lugar a armar una mochila con las cosas necesarias.

— Hmp. —sonríe observando a la pelinegra en sus brazos llena de entusiasmo—. Sarada, escucha bien. —baja su tono para que solo pueda escuchar su hija—. Sakura es una mujer muy fuerte porque se ha esforzado durante mucho tiempo, si sigues los pasos de tu mamá, jamás te perderás y serás una mujer increíble.

—¿Qué le estás diciendo? —se acerca llena de curiosidad al observar su rostro lleno de amor y orgullo.

— Es un secreto.

— ¡Ah! —sus manos se dirigen a su boca—. ¡No es justo Sasuke-kun!

Con el permiso del Sexto salieron de la aldea para adentrarse al bosque y acampar, tenían añoranza por sus primeros días como familia estando por su cuenta. Ambos se encontraban con dos días libres, debido a semanas extenuantes tratando de descifrar los códigos que han obtenido, además de sus labores como shinobi. En caso de una emergencia podrían llamarlos fácilmente al estar cerca.

— ¡Hace tanto tiempo que no te veía pescar Sasuke-kun! —sus ojos estaban llenos de excitación por verlo de esa forma, el Uchiha siempre la sorprendería con su belleza pese a estar casados—. Mira Sarada, papá es asombroso. —lo apuntaba mientras la ojinegra reía ante el entusiasmo de su madre.

— Hmp. —sonríe con diversión también, le encanta ver esta faceta de su esposa, estar de esta forma le parece un sueño—. Sakura, ya están todos los necesarios.

— Perfecto, vamos a cocinarlos.

Comieron con calma y conversaron con tranquilidad sobre memorias de cuando eran pequeños, también jugaron muchas horas con la pequeña; sin duda ambos tenían un aura nostálgica, extrañaban estar así, moviéndose a través de la naturaleza y los distintos pueblos, sin necesidad de separarse gran parte del día.

La noche llegó antes de lo esperado, al igual que el frío otoñal que coqueteaba con el invernal. Con paciencia consiguieron dormir a la pelinegra y la dejaron en la carpa bien abrigada y cómoda para que descansara.

La pareja volvió a sentarse en la fogata, ella entre sus piernas con su espalda tocando el pecho de él, quien la cubría con su capa para abrigarse, tal como era habitual durante su viaje en conjunto. Ambos miraban el oscuro cielo estrellado sobre sus cabezas.

— Estoy muy contenta Sasuke-kun. —acomoda su cabello detrás de su oreja izquierda—. He estado pensando mucho en nuestra misión, creo que tú también lo has hecho. —acaricia la mano de su esposo sobre su vientre.

— Siempre sabes lo que está en mi mente. —sonríe y besa la nuca rosada.

— Pienso en como las cosas han cambiado entre nosotros, como al comienzo apenas podía mantenerme cerca de ti, y luego solíamos dormir de esta forma, principalmente cuando estaba embarazada.

— Es ideal para mantenernos abrigados. —susurra mientras aprieta su agarre y acerca más el cuerpo de su esposa al suyo.

— Cariño… —se sonroja y respira agitada.

— Es sencillo contigo Sakura. —besa la descubierta zona del cuello tan apetecido por él—. Puedo estar en absoluta calma contigo, y ser solo yo. —con su nariz perfila el delicado cuello de la conmovida ojiverde.

— ¿Está todo bien, cariño? —levanta una de sus manos hasta acariciar los cabellos oscuros.

— Sí, solo quería decirlo. —besa las hebras rosas.

—Siempre me haces sentir tan enamorada. —ríe y se voltea ligeramente para que sus respiraciones se encontrasen—. Te amo tanto, estoy tan feliz que seamos una familia junto a Sarada, ustedes son mi mayor tesoro.

— Gracias por todo. —se besaron con ternura y delicadeza.

En ocasiones como esta, el Uchiha se vuelve sumamente expresivo con sus palabras, principalmente cuando su mente y corazón están embriagado de felicidad.

En los días siguientes Sarada comenzó a intentar ponerse de pie y mantenerse así, por lo que ambos estaban ansiosos y entusiasmados por no perderse sus primeros pasos. Siempre estaba la pareja junto a la pequeña, aunque fuese a través de un clon. Sakura no quería perder ningún detalle, y Sasuke quería poder estar ahí atento para que su Sharingan pueda retener aquel momento y mostrárselo a su esposa en caso de que perdiera un mínimo segundo, tenía claridad de la importancia para ella de este momento por lo que quería estar para ella. Por otro lado, el pelinegro se cuestionaba cuánto se perdería en un futuro también.

La médico se encontraba desarrollando un nuevo jutsu, consideraba que su capacidad de precisión en el chakra podría usarse de otra manera, aunque aún no descifraba el cómo.

— ¡Ah! —se rasca su cabeza y suspira—. Aún no se cómo proceder.

— Estoy seguro de que pronto lo conseguirás. —sonríe desde el sillón de la sala.

— Sasuke-kun. —corrió y se lanzó a su pecho como si llorara de emoción.

— Has estado mucho más expresiva últimamente. —acaricia el cabello rosa bajo su barbilla.

— Perdón si te incomoda cariño, es solo que… estoy muy frustrada y estar así me hace sentir mejor.

— Sabes que no me molesta. —levanta el rostro de su esposa para ver esos jades entristecidos—. Es solo que… me genera deseos de quedarme así, pero debo trabajar en este pergamino que Kakashi me entregó. —desvía la mirada hacia la mesa con el objeto abierto.

— ¡Lo siento! —se incorpora de golpe—. Estaba tan concentrada en lo mío que olvidé que tú también estás ocupado con otra cosa.

— Tampoco creo que esto me demore mucho tiempo.

Se trataba de un mensaje codificado que recolectaron durante la última semana, proveniente de un pueblo que visitó en uno de su ruta de redención, nadie más estaba familiarizado con esa cultura, por lo que designaron al Uchiha para encargarse de aquello. Debía entregar su teoría al departamento de cifrado de la aldea para que ellos siguieran investigando.

— Iré a ver a Sarada, ya debe haber despertado, pero no nos ha llamado.

El azabache se centró en su misión, esperaba terminar pronto para disfrutar de su familia durante el día libre de su esposa. Se trataba de un mito del pueblo sobre un ladrón de almas, se sorprendía de cuanto escuchaba en los pueblos que no contaban con shinobis y sus historias resultaban fantásticas a causa del ninjutsu. Una palabra le generó interés y sabía que se relacionaba a su próxima partida indefinida. "Sangre". ¿Este ladrón de almas estará relacionado a su Sharingan?

— ¿Cariño? —solo con ver su espalda podía sentir la tensión del hombre.

— Debo ir con Kakashi. —se acercó a su hija que trataba de alcanzarlo, y acarició su pequeña cabeza.

Ninguno de los dos emitió una palabra de despedida, Sakura sentía la urgencia y ansiedad a causa de su expresión, y él no era capaz de decir nada aún.

— ¿Tan tarde por aquí Sasuke? —pregunta detrás de unos formularios en su escritorio—. Ya has descifrado el mensaje, y veo que era más preocupante de lo que creíamos, estás sumamente molesto.

— Creo que está relacionado a los Otsutsukis, si juntamos esto con los otros avances… —apretó su mandíbula.

— Parece que se acerca el tiempo, ¿Eh? —suspira el Hokage con frustración, él tampoco quería que se marchara pronto su estudiante y se alejara de su familia—. Vamos con los de descifrado y explícanos tu conclusión.

Ambos caminaron en silencio a través de los pasillos y las oscuras calles, no resultaba incómodo, si no que estaba lleno de un ambiente de tristeza y seriedad.