Capítulo 58
Mientras Serena participa en su concurso con la ausencia de Ash, Lillie sale rumbo a reunirse con Pimpinela y contarle sus hallazgos en las ruinas de los guardianes. No obstante a la derrota de la peli miel, Yazir no desaprovecha y en un giro de acontecimientos. El viaje del grupo, está a punto de cambiar...
Ruta 6, Isla Akala…
Extraño es la palabra que mejor definía ese día para Lillie camino a Ciudad Kantai totalmente sola, agradecida que Nebulilla estuviese dormido. No pudo evitar alarmarse con cada arbusto que se moviese, sobretodo por su para nada atlético organismo. Solo pasaron diez minutos cuando un Rattata aloliano apareció en el sendero, ignorando el hecho de estar rociada con repelente. Resistió el impulso de tomar una roca del suelo y arrojársela, y en su lugar sacó una baya con las que solía alimentar a su esponjoso amigo.
—O-oye amiguito. ¿Tienes hambre? Mira la baya —dijo, sin poder ocultar el miedo en su voz—. ¡Ve, búscala! —La arrojó al otro extremo del claro.
La criatura solo la siguió con la vista sin moverse. Lillie sintió como su abdomen parecía retorcerse cuando lo vio pararse sobre sus patas traseras. Su corazón estaba a la altura de sus oídos, porque podía escucharlo galopar claramente.
—¡E… e-eres un lindo espécimen de roedor evolucionado, no atacarías a una chica indefensa. ¿Verdad?! —masculló comenzando a sentir los temblores, sin apartar la vista de su atacante.
Intentó huir de la escena corriendo a toda velocidad, tropezando con una roca. La situación solo se complicó aún más cuando Nebulilla despertó y trató, sin éxito, de ayudarla cuando el enojado roedor saltó hacia ellos en un chillido, usando Súper Colmillo.
Cerró los ojos esperando la punzante, ardiente y dolorosa mordida de su atacante.
Escuchó un cuerpo caer al césped y un lamento agudo en rápida huida. Luego, una ventisca le erizó los vellos de la nuca y una mano invisible la ayudó a ponerse de pie.
—¿Fro… froslass?
El pokémon se hizo visible, dedicándole una sonrisa.
—¿Me seguiste hasta aquí? —Asintió. Su mirada se oscureció, señalando al otro claro—. Muchas gracias. ¿Qué dices si me acompañas el resto del camino?
Continuó su trayecto sintiéndose más segura con su helada amiga. Mantenía una actitud vigilante ante cualquier movimiento extraño en los alrededores, y no importaba que fuera del tipo hielo, su presencia le era cálida y reconfortante.
Se detuvieron frente a un pequeño edificio de dos plantas con grandes ventanales fotocromáticos, sus paredes exteriores hacían confundirlo con el relleno de los postres de la ciudad, de un crema tan pulcro que parecía recién construido, adornado con una gran antena satelital de color plateado en el tejado, digna de envidiar por los aficionados de la vida fuera del planeta, sino fuera porque se trataba del Laboratorio de Investigación Dimensional dirigido por la profesora Pimpinela, lo más parecido a una madre al estar lejos de casa.
—¡Lillie! ¡¿Cómo estás? ¿Estás herida? ¿Te duele algo?! —Ella le abrió la puerta, estrujándola hasta parecer un arándano, con un bonito sombrero como adorno.
—Estoy… bien… —respondió con dificultad, tratando de aprovechar el poco aire que entraba en sus pulmones.
Finalmente la soltó, examinándola detalladamente buscando cualquier indicio de daño corporal, secando unas brillantes y acuosas lágrimas que bajaban por su rostro, permitiéndole la entrada.
—Creí que le temías a los pokémon. —comentó mirando a Froslass cerrando la puerta de su oficina. Su voz cantarina y suave, alegraba el ambiente.
—Es de un chico que viaja con nosotros y nos hicimos amigas. Me protegió todo el camino hasta aquí.
La pokémon infló su pecho, orgullosa, para después flotar alrededor de la oficina dejando caer copos de nieve tras de sí.
Lillie comenzó a contarle sobre su investigación y las imágenes de piedra que estaban en las ruinas de Tapu Koko y Tapu Lele, escuchándola con atención cuando le habló de las traducciones del texto antiguo hechas por Gary, sorprendida por que haya compartido su secreto con alguien más. Cuando llegó a la parte de Lunala, aporrearon la puerta tres veces, esparciendo la bruma en su concentración.
—Disculpe profesora Pimpinela, pero…
—¡Ya le dije que no tiene que anunciarme!
La puerta se abrió de golpe y Gary entró colocándose justo detrás de Lillie, que aún no salía de su impresión tras escuchar su voz. Justo ayer, perdió por completo su buen juicio por culpa de las reacciones químicas dentro de su cuerpo. Estuvo a punto de disculparse ella misma, aunque la llamase ignorante e ingenua.
—Te dije que me recibiría —dijo con enfado, tomando asiento a su lado—, ya que está en el mismo piso y no fue tan amable antes, tráigame un café. Dos de azúcar.
El hombre le dirigió una mirada de desagrado. Esperó a que su jefa le hiciera un gesto afirmativo con la cabeza para concederle su petición.
—¿Es así todo el tiempo? —preguntó Pimpinela sin apartar la vista de Lillie cuando le trajeron su café.
—Solo cuando no escuchan razones más que evidentes para no impedirme la entrada —respondió con vehemencia, tras dar un sorbo a su taza—. ¿Qué opina sobre lo que hallamos?
—Justo estaba a punto de responder eso —añadió atenta a la expresión irritada de Lillie, quien miraba sus propias rodillas como si quisiera disculparse—, tengo que buscar algo antes, ya regreso.
—¿¡Has escuchado sobre la primera impresión!? —dijo hecha una fiera, cuando Pimpinela se había alejado lo suficiente.
—Es culpa suya por no dejarme pasar. No tenían motivos para mantenerme esperando hasta que terminara de hablar contigo.
—Claro, siempre tienes razón. ¿Verdad? —masculló la chica cruzando las piernas y darse la vuelta. Nebulilla y Froslass, les dedicaron miradas de soslayo.
—Naturalmente.
Hubo unos segundos de silencio en los que no le dijo nada más. ¿Por qué se habría de fijar en un chico como ese?
—Es claro que ya no te necesito para ir a las ruinas.
—Ya lo creo, pero tengo una razón más importante que la ciencia para estar aquí —dijo dando otro sorbo, sin obtener respuesta de su parte—, y es porque quiero disculparme, Lillie.
El muro de hielo que había cobrado fuerza entre ellos, se agrieto a la velocidad de la luz cuando aquella llama que se había encendido en el domo, la derretía desde dentro.
—Ayer lo pensé mucho y no me arrepiento por mis comentarios sobre Gladio, pero sí por como te traté. Me tragaré mi orgullo y haré lo que esté a mi alcance para ayudarte.
Se puso de pie frente a ella y se arrodilló. Pudo sentir como el calor recorría cada una de sus venas, acompañada de la sinapsis de sus neuronas expresándose a través de su sangre, corazón y las famosas mariposas de las que tanto ha leído en sus libros.
—Pero —Estaba tan cerca que podía destacar claramente su iris y el contraste entre el claro y el oscuro dentro de sus ojos—, si te vuelve a tratar de esa forma no me contendré, y no importa lo que me digas. Tú eres más importante para mí que él.
Su cerebro iba a toda velocidad buscando la respuesta adecuada, hasta que el sonido de la puerta rompió su concentración por segunda vez. Pimpinela regresó con un gran libro en la mano, sin saber como defenderse.
—¿Interrumpo algo? —Lillie solo movió la boca, sin emitir sonido—. No tienes que explicar nada —Se sentó tras su escritorio al mismo tiempo que Gary ocupaba su silla—. Bien. ¿Qué saben de los ultraumbrales?
No obtuvo respuesta alguna, solo el silencio, de no ser por los traviesos Nebulilla y Froslass, jugando carreras flotando por toda la oficina.
—Es el nombre que se le da al puente entre dos puntos distintos del espacio-tiempo. Aunque no se pudo comprobar si existían hasta ahora, la ciencia establece su uso para viajar grandes distancias, e incluso… a otra dimensión. —explicó Pimpinela ante la incredulidad del joven Oak.
—¿Eso fue lo que vi en Paraíso Æther cuando hacían sufrir a Nebulilla?
—Exacto. Ahora, existen cuatro dimensiones conocidas y en cada una de ellas habita cierto pokémon: Dialga, Palkia, Giratina y Arceus.
«Sin embargo, el Profesor Polo sostuvo que existía una quinta dimensión que albergaba a los Ultra Entes, describiéndolos como pokémon con poderes asombrosos. Su teoría fue rechazada por la comunidad científica, pero miren esto —Les entrego el pesado volumen de Historia de Alola, mostrando exactamente lo mismo que en las ruinas—. Es curioso, pero no menciona nada sobre el último rey de Alola, ni a Cosmog, ni a Lunala. Es como si los hubieran borrado del mapa. Todos los relatos no pasan de ser simples rumores o leyendas de los hombres primitivos, no pudo demostrar evidencia de su existencia».
—Quizás… porque nunca encontró a Nebulilla, pero mamá si lo hizo —agregó con la vista fija en su pequeño pokémon, temiendo por Lusamine— Si estaba en lo cierto. ¿Qué quiere la Fundación con esos seres?
—No lo sé, pero estas criaturas no deben ser amistosas. Es imperativo impedir que lo recuperen hasta conocer sus intenciones.
—Pero hay algo que no entiendo. Si en las ruinas está la respuesta y Cosmog existe en esta región desde hace tanto tiempo. ¿Por qué otros no han intentado traducir los textos? —preguntó Gary.
—Porque el único que podía hacerlo y tenía interés en ello en esta región esta muerto, y era el mismo Polo. Quiero que tengan cuidado a partir de ahora. ¿Entendido? Avancen con su investigación y repórtenme todo por el holomisor.
Lejos, en la Jungla Umbría…
Ash Ketchum hacía frente a su tercer desafió en la isla desde muy temprano, convencido que darle espacio a Serena la ayudaría a calmarse y dar lo mejor en el concurso. Después de dos extenuantes horas en aquel enorme bosque tropical, el pútrido olor del musgo y tierra mojada, sumado a la ausencia de alguna corriente de aire, era suficiente para dar un calor sofocante, sin contar los zumbidos de pequeños mosquitos conspirando para dejarlo sin el esencial líquido vital de su cuerpo.
Por si fuera poco, peleaba constantemente con el Stoutland que lo acompañaba para encontrar los ingredientes del desafío. La mayoría de las veces terminaba encontrando raíces o Pepitas que en su frustración arrojaba lejos de allí, sumado a la mala gana de Rockruff —por alguna razón, comenzaba a ponerse rebelde y se hacía el sordo en ocasiones— y Pikachu —receloso por no estar en el concurso pokémon de Serena—.
—¿Cómo te fue Ash? —preguntó su amiga amante de las plantas cuando salió de la espesura de la jungla.
—He estado peor —respondió, saludando a Kiawe y Lana que también estaban allí—. ¿Ahora que sigue?
Mallow sacó un pequeño recipiente y Kiawe le entregó un par de huesos que parecían ser los bastones que usaban los Marowak para pelear.
—Mézclalos con esos.
—¡Oye, yo no sé cocinar! —se quejó.
—Lo sé, y deberías aprender. Morir de hambre pudiendo evitarlo es realmente lamentable —agregó Mallow sin parar de sonreír. Un par de bufidos le indicaron que Lana y Kiawe contenían la risa—, y si lo haces mal, tendrás que volver y buscarlos de nuevo.
Así, siguiendo el ritmo de la danza «pela, machaca y menéalo» de Mallow, Pikachu se olvidó de su enojo sin poder evitar reírse del espectáculo. Minutos después, arrojó una especie de líquido verde bastante espeso y lo puso al fuego.
—Con eso basta. —dijo cuando empezó a hervir, sirviendo cuatro porciones y entregado una a los capitanes.
—¿Y yo?
—Tú tienes otras cosas en que preocuparte a parte de comer. Allí estaremos —Señalo tres sillas unos cuantos pasos atrás de ellos—, buena suerte.
Pudo escuchar pasos pesados a través de la misma senda por donde llegó. Se trataba de un hermoso, esbelto y extraño pokémon con forma humanoide de unos dos metros de alto, sus facciones eran lisas y pulcras, además de portar dos grandes espadas en vez de tener brazos. Su cuerpo, delgado, de un color rosado tan claro como el de las bayas mago, salvo por los costados de sus grandes piernas entre distintos tonos del mismo color en hileras, como si llevase un elegante vestido de seda. Como los otros pokémon líderes, fue rodeado por un aura roja.
—¡Lurantis, el pokémon Filo Flor. Conocido por ser muy exigente con sus entrenadores a la hora de mantener la belleza de su cuerpo. Lo suelen llamar, el Espadachín del Bosque! —dijo la Rotom-dex cuando su dueño le pidió información.
—¡Rockruff Mordida!
Avanzó a toda velocidad directo a su enemigo, quien no parecía muy interesado en esquivar su ataque. Sacó una extraña hoja roja que Ash nunca había visto llevándosela a la boca. Su brazo derecho cobró brillo y le golpeó directamente en un corte horizontal dejándolo tirado en el suelo.
—¡Navaja Solar, su movimiento insignia —explicó Rotom-dex, su pantalla exhibía un rostro que sudaba la gota gorda, manifiestamente preocupado—, uso una Hierba Única para no recargar con la energía del Sol!
Acto seguido dio un gran rugido, llamando a un pequeño Fomantis para ayudarlo, con su ataque de Día Soleado.
—Eeh… esto se puso feo. —dijo Kiawe, comiendo de sus palomitas después de la sopa.
—¡¿Ustedes qué rayos hacen?! —exclamó Ash enfadado al verlos totalmente relajados.
—Disfrutar del espectáculo. ¿No lo ves? —replicó.
—¡Esfuérzate, tú puedes Ash! —dijo Lana.
—¡Tus palabras no corresponden con tus acciones! —gritó enojado, tomando la pokebola de su Rockruff—. ¡Regresa!
El pequeño pokémon saltó para evitar ser llamado por la pokebola, y con un brillo extraño en sus ojos, atacó con furia utilizando Lanzarrocas. Ambos pokémon salvajes combinaron su ataque de Hojas Navaja y cortaron las rocas a la mitad, derrotándolo en el acto.
—¡Litten yo te elijo! —Ash colocó el Pirostal Z en su pulsera, preparándose para atacar a Lurantis con todas sus fuerzas—. ¡Hecatombe Pírica! —gritó.
Las llamas sobre el lomo de Litten cobraron vida y formaron hilos de fuego en una pequeña pero centelleante bola de fuego, luchando para salir disparada de su boca antes de tiempo gracias a la ayuda del Sol, daba la apariencia de ser un rayo de un rojo brillante que cada vez se hacía más grande. Se oyó un estruendo cuando Lurantis recibió el impacto de lleno en una enorme explosión que obligo al entrenador de Kanto tapar sus ojos. Espero impaciente que el humo se disipara y para su sorpresa, Lurantis resistió su ataque y pasó a la ofensiva utilizando Navaja Solar. El gato dio un chillido mientras caía al suelo.
La feroz batalla prosiguió. Después que Fomantis fuera vencido por Colmillo Ígneo, su líder atacó con una proyección de espadas en forma de X cortando incluso el mismo aire. Logró esquivarla, pero sus espectadores no corrieron la misma suerte, pues cortó sus palomitas para alegría de Ash. Lurantis logró apartarse evitando el contraataque de Lanzallamas y golpeó con otra Navaja Solar, cortando la copa de algunos arboles lejanos por el poder de su ataque. El gato calló pesadamente al suelo, costándole trabajo levantarse.
—¿Litten puedes seguir?
El gato le dirigió una mirada amenazante seguido de un chillido de rabia, su pelaje se erizó por completo. Justo en ese momento, el cuerpo de Litten empezó a brillar primero de rojo para después cambiar al blanco aperlado aumentando de tamaño, parecía un gato montes de tamaño mediano, su pokémon evolucionó en un Torracat, para su sorpresa.
Lurantis preparo un nuevo intento de Hojas Navaja y avanzó a toda velocidad hacia su oponente en un gran salto con la intención de rebanarlo. Pero Torracat logró esquivarlo sin dificultades para después golpearla de lleno con una de sus patas y atacar acompañado de un sonido tintineante en su cuello. Volvió a llamar a otro Fomantis para que acudiera en su ayuda, venciéndolo gracias a su Colmillo Ígneo tras esquivar la Navaja Solar del Espadachín del Bosque.
La dulce mirada de Lurantis, ahora era un rosa muy intenso, y corriendo hacia Torracat se preparó para usar Tijeras X. Mostró una pequeña curva en sus labios cuando en un gran salto, golpeó ambos brazos de su adversario con sus patas, toco su pequeña campanilla y usó su Lanzallamas a quema ropa, dándole fin a su batalla.
—¡Bien hecho! —Torracat ronroneo tumbado en el suelo rascándose el lomo recibiendo felicitaciones de Pikachu. Rotom-dex, quien insistía en tomarle fotos, esquivó algunos zarpazos mientras Mallow le entregaba su nuevo cristal, el Plantium Z.
—Felicidades Ash lo lograste, —dijo, mientras Lurantis desaparecía en lo profundo de la Jungla Umbría—, aunque me hubiera gustado terminar mis palomitas.
—¿Dudaron que ganaría verdad?
—Nunca perdimos la fe en ti. —respondió Lana, cruzando los dedos tras su espalda.
—¡Rayos, debo darme prisa! ¡Adiós! —agregó después de mirar su reloj, tenía que encontrarse con Serena, felicitarla por su victoria y arreglar sus problemas con ella.
—Ni escuchó dónde buscar a Olivia, la Kahuna de Akala.
Ash no llego a la Avenida Royale sino hasta una hora después que finalizo el concurso. Sudaba a cántaros por ir a la carrera todo el trayecto de regreso, aun en el relajante atardecer. Su gruesa y escabrosa segunda capa de piel endureció con el aire del centro pokémon. Aún con la comezón, se abrió paso entre la multitud hasta llegar con la Enfermera Joy y preguntar por Serena, ya en su habitación. Echó a correr escaleras arriba de tres en tres con Pikachu en su hombro sin detenerse, esquivando a las personas que caminaban por los pasillos.
—¡Perdone, lo siento! —dijo Ash deteniéndose en seco al llevarse por delante uno de ellos.
—No te preocupes… Ash —Era Yazir, quien lo veía con una sonrisa socarrona—. Que tengas un buen viaje. —dijo sonriéndole, dándole una palmada en su hombro.
—¿Qué te traes ahora? —musitó Ash, apartándole en de un manotazo.
—Hay que sonreír cuando la suerte te favorece. ¿No estás de acuerdo?
Siguió su camino directo hacia su habitación, dejando a Ash lleno de dudas hasta llegar a la habitación de Serena.
—Serena… —dijo tocando la puerta entre abierta. La encontró de espaldas y sus cosas estaban encima de la cama.
—Ah… ya estás aquí —respondió entre murmullos, obligándose a proyectar su voz sin dejar de recoger—. Tenemos que hablar…
—Iba a decir lo mismo…
—Mira… —dijo cortándolo en seco, esforzándose por hacer a un lado el titubeo—… lo he pensado mucho y… y esto lo mejor para todos —Respiró hondo antes de continuar—. Voy a continuar mi viaje con Yazir, nos vamos ahora mismo.
No hizo más que guardar silencio mientras su cerebro intentaba procesar la noticia. Algo dentro de su pecho cobró vida rompiendo sus costillas y aplastando sus pulmones en un intento por asfixiarlo, sumado al aumento de gravedad que lo aplastaba directamente al reino de Giratina. No se dio cuenta cuando terminó de guardar sus pertenencia y caminó hacia la puerta.
—¡No, espera! —La tomó por un brazo sin saber muy bien lo que hacer, ahora entendía la actitud de Yazir—. Fui al siguiente desafío porque creí que darte espacio ayudaría a solucionar el problema de ayer una vez que ganáramos. En la mañana solo hubiéramos peleado.
—Perdí Ash —replicó casi sin aliento conteniendo algunas lágrimas, esas palabras aún dolían en su garganta—, no estuviste allí.
—De verdad lo siento, d-debí quedarme para apoyarte, pero pensé que solo discutiríamos, no pensé que las cosas resultarían así.
—¡No es solo por lo que pasó hoy! —dijo dándose media vuelta al fin y acercándose a él, sintiendo un enorme bloque de hielo en la boca del estómago—. ¡La situación con Yazir es insostenible entiéndelo! Has cambiado y esto no va a mejorar, ya ni se cómo tratarte.
—¿De qué estás hablando?
—¡No te hagas el que no sabe Ash, desde que Yazir llegó, ya no eres el chico que conocí en Kalos, estoy cansada de estar mediando entre ustedes. Por eso nos vamos, es lo mejor para todos!
—¡No puedes irte con él! Quédate, te lo suplico.
—¡¿Por qué razón debería quedarme?!
—Por… —masculló, buscando una excusa en su desorganizada cabeza—. ¡Porque no puedes confiar en él!
—¿Cómo te atreves…?
—¡Tienes que escucharme, te está usando! —puntualizó Ash fehacientemente tratando de controlarse para no gritar—. Me lo encontré de camino y estaba feliz de lograr esto. No sé qué le haya ocurrido, pero tú eres demasiado buena para dejar a alguien con problemas y lo sabe, hay algo muy raro en todo esto, es como si estuviera esperando esto. Siempre nos hemos llevado bien hasta que él apareció y nos hizo la vida imposible, no le des la victoria —La tomó por los hombros y miró fijamente sus ojos azules. No podía dejarla ir. No con él—. Nunca pensé decir esto a alguien pero… ¡Pero el viaje no será lo mismo si te vas! Por favor Serena no nos dejes, quédate y deja que él se vaya.
Serena luchaba contra sí misma y sus emociones, manifestándose en ligeras sacudidas a medida que los recuerdos pasaban por su mente. Cuando la invitó a su viaje en Kalos, las carreras de Rhyhorn, el concurso de pokelitos, el listón azul, el baile de las actrices pokémon, la noche después de la final contra Aria, su fiesta de cumpleaños, el día en el parque de diversiones, la playa y su despedida en Kalos. Se dio la vuelta ante la inminente sensación de ardor en sus ojos, su corazón aún latía a toda velocidad al escuchar su dulce voz, se derretía por dentro al escucharle suplicar que no lo dejara para después abrir la puerta y salir corriendo de allí. Luz vaciló antes ir tras ella.
No pudo más que quedarse allí de pie, costándole trabajo comprender lo ocurrido. Quiso correr tras ella para detenerla y golpear a Yazir, pero solo arrastró los pies muy despacio hasta la puerta y hasta su habitación. Las luces parecían más opacas derramándose por las paredes y podía sentir como el olor a polvo le daba fuertemente en la nariz. El café de sus ojos perdió su clásico brillo, cada vez más opaco gracias a la sombra de su propia gorra. Apretó los puños en un intento por controlar el dolor que lo consumía por dentro, algo se rompió, y lo perdió para siempre.
—Hola Ash. ¿Cómo le fue a… —Pasó frente a ellos sin siquiera mirar a Gary, ignorándolo por completo—… Serena?
Abrió y cerró lentamente la puerta de la habitación, dejándose caer en la cama sin siquiera cambiarse. Sorprendido, tuvo que secar algunas lágrimas cargadas de recuerdos por su cara, no pudo hacer nada por contenerlas. Pikachu no dijo nada, solo se limitó a quedarse a su lado después que apagase la luz. Ambos cerraron los ojos e ignoraron a Gary cuando los llamó, hasta que se quedó dormido.
Continuará…
Un grupo de cincuenta personas subieron la escalera hasta la segunda planta de una casa de tres. Tumbaron la segunda puerta a su izquierda con el letrero "Habitación de Kevin" con un ariete de demolición.
Aquello era un desastre. Papeles, diccionarios y varios libros de temas variados entre las diversas ramas del derecho, astronomía, filosofía y psicología, además de novelas fantásticas. En lo que parecía ser un escritorio de trabajo, justo al lado de la cama pudieron ver los volúmenes: The Complete Handbook of Novel Writing y Please Understandme II de David Keirsey. Vieron trozos de escombro de una sección de la pared cercana, rota de cuajo, aún unida a la base de un televisor. La cama estaba desordenada y llena de ropa fuera del closet. El lavabo tenía algunas manchas de sangre. Una pequeña caja fuerte llena de carcasas de CD's PS4 vacías. Sobre el escritorio, encontraron una tableta inteligente sin código de bloqueo, y lo primero que vieron fue un mensaje.
Notas de los autores:
Hola queridos lectores :'D. Sí, aún los quiero a pesar de sus intenciones.
Si están leyendo esto, significa que tuve que huir despavorido de mi casa, antes de que vinieran a crucificarme después de publicar el capítulo 58, que a pesar de mi lado amourshippero, tomé la posición del Padre de Todo e hice lo que debía hace mucho. Espero que entiendan mi decisión.
Es muy contrario a lo que suele verse en historias de este estilo. Lo sé. Solo el tiempo ayudará a comprender por qué todo ha resultado así, aunque yo como autor tengo el poder para evitar que Yazir se salga con la suya y exponer a Ash al sufrimiento de perder a Serena y a sus enemigos.
¿Dónde estoy ahora? Pues, eso no lo puedo responder en este momento. Solo un pequeño séquito de personas lo sabe. Puedo decirles que estaré presente en mi perfil como siempre y me reuniré con mi compañero para escondernos. Responderé a sus comentarios rellenasticos, sus reviews y sus críticas que siempre he recibido con la mejor disposición, incluso para ignorarlas en ciertas ocasiones, como cuando me piden que arregle la relación de esos tres para ya.
Con esto me despido. Hasta el próximo capítulo.
PD: No hay… no existe…
PDD: Sigo queriendo un taco :'(.
