Capítulo 59

«El Lobezno, se vence a sí mismo».

Segunda Ley de la Naturaleza

«Quien se enfrenta a sí mismo, se encuentra».


Al día siguiente, en la Avenida Royale…

—¡Gary es terrible! —comentó Lillie cuando apareció a tomar el desayuno—. Serena se marchó. Y parece que Yazir también, porque no salió a su entrenamiento matutino.

—No debería sorprenderte —Ella parpadeó un par de veces a espera que se explicase—. Ash no es muy bueno ocultando sus malestares, como pudiste ver anoche.

—Pobre —musitó la chica—, iré a subirle el ánimo.

—No, yo me encargo de manejarlo.

Ash no pudo conciliar el sueño en toda la noche. Las pocas veces que logró dormirse tuvo siempre la misma pesadilla. Serena convertida en reina de Kalos, refiriéndole como el eterno perdedor después de su séptima derrota en la liga pokémon, para luego desparecer tomada de la mano con Yazir. Siempre lo miraba distante y fría, como si no le importase siquiera su existencia.

Lo único que quería era dormir profundamente por siempre. Su mente estaría en blanco y dejaría de sufrir, incluso no recordaría más sus molestos sueños. Pero su memoria parecía disfrutar traerla de regreso a su cabeza. Era como un fantasma. Uno que se niega a desaparecer, recordándole cuanto la extrañaría. Se sentía vacío. Hueco. Era tan fuerte que no podía contener las brillantes y amargas gotas que bajaban por sus rosados pómulos. Serena se había ido, y con ella una parte de su vida que creyó olvidada.

Ignoró por completo cuando Gary entró en la habitación y abrió las cortinas.

—¡Hermoso día, ¿no te parece estimado Ash?!

Ash temblaba de furia. El mundo daba vueltas a su alrededor, la falta de sueño no le dejaba pensar con claridad.

—Cállate Gary. —replicó, a penas conteniéndose.

—Ya dime. ¿Cuál es el secreto? Aun tengo acosadoras que no me dejan en paz.

—Te lo advierto… —bramó, arrastrando las sílabas con una mirada amenazadora. Sus ojos se hacían cada vez más oscuros.

—¿Qué? ¿Vas a pedirme que me vaya como hiciste con Serena?

—¡YO NO LE DIJE QUE SE FUERA! ¡¿CREES QUE SOY TAN ESTÚPIDO?! —Lanzó su gorra al suelo, junto a la lámpara de su mesa de noche haciéndola añicos—. ¡LÁRGATE, NO QUIERO ESCUCHAR TU SERMÓN!

—¡Me escucharas, sé como te sientes!

—¡NO, NADIE PUEDE ENTENDERLO Y MUCHO MENOS TÚ! ¡EL SIEMPRE PERFECTO! —Cogió un vaso que parecía delicado y lo arrojó contra la pared. Pikachu estaba petrificado, por primera vez tenia miedo de Ash—. ¡A TI NUNCA TE HAN DEJADO A MITAD DE UN VIAJE! ¡NUNCA TE HAN DICHO QUE ERES UN COMPLETO EXTRAÑO! ¡NUNCA HAS ESTADO SOLO!

Siguió cogiendo todo lo que encontrase cerca de él para hacerlo añicos. Los adornos de vidrio, la jarra de agua, el teléfono de la habitación, incluso el reloj despertador. Solo quería que el dolor se fuera, quería olvidarla, y a Yazir también. Incluso llegó a desear nunca haber estado en Kalos ni haberla conocido. Su mundo se hizo de fuego y hielo ardiente, el veneno de su estómago solo se intensificaba cada vez más. Ya no quería estar más allí, solo quería huir de esa región y correr hasta que sus piernas se desgastasen. Tiró del pomo de la puerta con tal violencia que crujía, pero no cedió.

—Déjame salir. —dijo con frialdad. Gary cerro la puerta con llave.

—No —respondió el científico con el mismo tono. Se sentó en uno de los muebles de la habitación—. Anda sigue, aun quedan bastantes cosas que romper.

—¡SI NO ME DEJAS IR TE…!

—Si vas a golpearme para sentirte mejor, hazlo. Pero no puedes huir o ignorar tus sentimientos Ash, no importa cuanto luches, es inherente al ser humano.

—¡PUES YA NO QUIERO SER HUMANO, Y NO QUIERO OIR NADA DE LO QUE TENGAS QUE DECIRME!

—¡Ese es precisamente el problema! ¡Si quieres sentirte mejor tienes que dejarlo salir, no lo retengas! ¡Deja de huir de ti mismo y enfréntalo de frente!

Las palabras de Gary fueron el móvil que necesitaban sus sentimientos. Ya no pudo contenerlo más tiempo, simplemente dejó fluir las lágrimas sentado sobre su cama. Pikachu subió a su hombro y le dirigió unas cándidas palmadas en el rostro.

—Realmente Serena es una chica increíble —dijo Gary con alegría ubicándose a su lado—, y pensar que pasaste de ser un cabeza dura, a tener la ligereza del helio.

—¿Qué estás diciendo? ¡Habla claro!

—Ash… ¿De verdad nunca has escuchado del amor?

—May me habló sobre eso después de la fiesta —dijo, secándose sus ultimas lágrimas—. ¿Te refieres a los que siento por mis amigos?

—¡No bestia torpe, cerebro de Slowpoke! ¡Te voy a…! —Ahora él también estaba furioso, no le costo mucho trabajo entender la escena de tortura en casa de Kukui—… Mira… es verdad que puedes sentirlo por aquellos cercanos a ti. ¡Pero yo hablo de estar enamorado, de sentirse atraído física y emocionalmente por alguien especial en tu vida! —Le dio un empujón en el hombro—. ¡¿Aún no te das cuenta? ¡Despierta de una vez Ash, es evidente que gustas de Serena!

Ash solo parpadeó. Aun confundido por la bruma de sus sentimientos, sintió como su corazón le daba un vuelco. ¿Cómo podía explicar el intenso placer por solamente estar juntos? ¿Aquella emoción de su pecho y calor en sus pómulos en esa habitación durante la fiesta y su cambio de cuerpos? ¿O cuando el recluta del Equipo Skull quiso que fuera su novia?

—Bueno… creo que sí… es decir… como lo describes… —dijo cohibido, sus pómulos empezaron a ponerse colorados y sentía el cosquilleo en su estómago, como lo describió May—. Pero eso no me hace sentir mejor.

—Saberlo es un buen comienzo para sanar, créeme.

—Y ahora… ¿Qué hago?

—Pues es obvio. Decirle lo que sientes.

—¿¡Qué!? ¡Oye pe-pe-pero eso es absurdo, ella no siente lo mismo, y mucho menos ahora! —replicó con desdén, la idea en su cabeza parecía simplemente absurda—. ¡Además no…! No creo que la volvamos a ver. Y… tampoco sé si pueda continuar mi viaje. Creo que lo mejor es irme y olvidarme de todo esto.

—¡No seas tan dramático! Ella va a seguir su camino y tú también tienes que hacerlo. Además, no dejara la región tan pronto, así que ten fe, tal vez la encontremos en… —Gary se detuvo al escuchar holomisor de su amigo, se trataba de un video mensaje.

¡Hola Ash 3!

Espero hayas resuelto el problema que tuviste ayer, pero en tu apuro no escuchaste nada de la gran prueba. Dirígete al sur de la isla hasta las Ruinas de la Vida, allí encontraras a Olivia, la Kahuna de la isla y podrás enfrentarla.

¡Buena suerte, sé que lo lograrás!


Ash a penas y desayuno. El trayecto fue silencioso, ni siquiera presto demasiada atención al hecho de que Gary y Lillie parecían conocer el camino de memoria, sobretodo después de pagar la cuenta en la habitación, y lo peor, sin tener una buena excusa para Delia por los gastos.

Las palabras del científico no paraban de dar vueltas en su cabeza. Por más que quiso, no pudo recordar con exactitud en que momento comenzó a sentirse de esa manera. Ella siempre fue dulce, amable, risueña con todos y llena de vida, además de poseer una brillante y embriagadora mirada. Tanto, que incluso aprendió a percibir con solo verla, si algo le molestaba o si tenía algún problema.

Corría una suave brisa desde el este al salir de Konikoni. El olor de las gardenias en el aire le recordó el aeropuerto de Kalos y a Serena. También, trajo una pareja de Butterfree que volaban en su misma dirección. ¿Ella habrá sentido lo mismo en Luminalia? ¿Le habrá gustado compartir aquel día solos?

Arrastró los pies el resto del camino con más preguntas que respuestas. No le importaba en absoluto ir a enfrentarse a Olivia, de hecho, la bestia ponzoñosa que tenía en su estómago lo único que lograba, era aumentar su pena.

—Llegamos. —señaló Gary.

—¿Ash Ketchum? —preguntó con rudeza una mujer muy morena, ella estaba de espaldas. Llevaba el cabello a la altura de sus orejas, morado y muy oscuro. Usaba sandalias de tacón alto, shorts rosados y una camisa beige. Y que estuviera usando collares, pulseras y pendientes coloridos, no le desentonaba.

—Ah… —Gary tuvo que darle un codazo para que respondiera—… sí, soy yo.

La mujer se dio media vuelta y lo examinó con la mirada.

—Te estaba esperando —añadió luego con suavidad, relajando las facciones de su rostro luciendo una pequeña curvatura. Ash evitó mirarla a los ojos, dada su apariencia extravagante, parecía tener la capacidad de leer mentes—. Podemos posponerlo para otro día, si lo deseas.

—¡No! —respondió rápidamente, lo último que quería era retrasarse—. Estoy listo, diga sus términos.

—Bien, entonces que sea un encuentro de uno contra uno. ¿Te parece? Si logras vencerme, te daré el cristal de la gran prueba —Ash asintió—. ¡Lycanroc, sal!

Su pokémon parecía una roca, pero con forma de lobo y cubierta de pelo, suave y acolchonado. A excepción de su cara, la parte baja de las patas y su cola que eran blancos, lo demás era un marrón cremado. Tenía tres grandes y filosas garras en cada una de sus patas. Sus ojos parecían guardar conexión con el cielo de medio día. Lucía con orgullo una melena que cubría parte de su cuerpo desde el cuello, adornado por cuatro rocas.

—Lycanroc, forma evolucionada de Rockruff, también llamado el lobo del desierto. Suelen ser solitarios y el compañero más fiel de un entrenador si se le entrena desde temprana edad. Su forma cambia según el momento del día al evolucionar.

Ash se dispuso a escoger a su Dartrix para hacerle frente, de no ser porque otra de sus pokebolas comenzó a moverse violentamente.

—¿Rockruff? No creo que pueda vencerlo con su pre-evolución. —dijo Lillie en voz baja, se veía muy pequeño.

—Salió por su cuenta —respondió Gary—, se está comportando extraño, pero seguramente Ash lo llamará de regreso.

Su pokémon lo miró de reojo erizando su pelaje muy decidido a combatir. Aturdido, Ash lo observó por unos segundos y respiró hondo tratando de concentrarse, y pensándolo con cuidado, seguramente quería redimirse por lo ocurrido en la Jungla Umbría.

—De acuerdo… ¡Rockruff yo te elijo! —aseveró Ash, para sorpresa de sus acompañantes.

—¡Bien, empieza cuando quieras! —dijo Olivia.

Sin recibir ordenes, Rockruff atacó con Golpe Bajo. Lycanroc lo único que hizo fue repelerlo usando sus garras.

La batalla se desarrollo con dificultades para Ash, que no podía pensar con claridad en una buena estrategia junto a su pequeño pokémon. En ocasiones, no obedecía sus ordenes y atacaba solo con colmillos y garras. Su pokémon se hizo rebelde, y difícil de controlar.

Cuando Olivia ordenó usar Tormenta de Arena, la nube de polvo dificultó aun más la batalla para Rockruff. Miraba en todas direcciones en un intento por distinguir a su oponente. A duras penas, solo podía escuchar el silbido de la fuerte brisa, por lo que podía ver, su rival se movía a su mismo ritmo, camuflando sus pisadas. Era prácticamente invisible. Recibió varios golpes de filosas garras en la ceguera, pero lo único que podía percibir era una par de pequeños azulejos y la forma de un lobo de arena antes que le golpease.

—¡Muévete y defiéndete con Lanzarrocas! —Ash reaccionó al fin, saltando a la defensiva.

Funcionó. Pudo darle un golpe certero y causarle daño.

—¡Aullido! —Obedeció. La arena se iluminó de rojo.

—¡Con eso solo le revela su posición a Olivia y su pokémon! —masculló Gary entre dientes, llegando a impacientarse.

Cuando la tormenta finalmente acabó después de una dura lucha, un rayo de luz hecha de rocas rodeó a su contrincante al tiempo que Olivia terminaba la danza de canalización. La reconoció de su pelea contra Xerin y su Tyrant en el Domo Royale: Colisión Continental. Del impacto fue como si se hiciese de noche, por unos segundos fue imposible ver el resultado.

Derrotado y en el suelo, Ash corrió y lo levanto en brazos. Verlo con expresión de dolor hizo le sentir frío, uno que pareció detenerle de rodillas en ese lugar. Su cabeza era su propia jaula, ya no era capaz de pensar con claridad. La pena no dejaba que luchara como antes.

—¡Ay! —Sintió agujas clavándose en su mano izquierda. Rockruff lo mordía con fuerza. Sus ojos eran como de sangre, entregado al veneno en su garganta antes de salir corriendo de la escena—. ¡Espera, Rockruff!

—¡Déjale! —indicó la Kahuna enérgicamente sin sonreír—. Necesita tiempo para asimilarlo. Hasta la roca más sólida, debe soportar la presión si espera ser más pura y resistente.


El pequeño pokémon corrió hasta encontrarse con un laberinto de vegetación. Se ocultó de algunas personas que adornaban con flores de una dulce fragancia, una especie de piedra gris, pero era lo que menos le interesaba en ese momento. Estaba totalmente enfadado. El veneno se manifestaba por todo su cuerpo, en cada una de las heridas de su batalla. Los demás se hacían fuertes, y él, seguía siendo el perrito faldero y debilucho del grupo. Pelear era su forma de probar lo contrario, y Ash no lo dejaba. No confiaba en su capacidad, ni en su fuerza. Ni siquiera la compañera de su alfa confiaba en él. ¿Por qué habría de escucharle?

Fue lo ultimó que pudo pensar antes de que la oscuridad lo consumiera.

El horrible sabor del hierro en su boca hizo que abriera los ojos, nunca probó algo tan desagradable. Debió desmayarse por horas, porque el ambiente se hacía cada vez más fresco.

—Ah… despertaste —Lycanroc estaba frente a el, y con tres bayas zafre—. Eres un desastre para tu manada. Desobedeciste a tu entrenador, saliste sin ser llamado y no conforme con eso, le mordiste.

Rockruff erizo el pelaje de su cuello, no demostraría debilidad a su enemigo. Pero él solo le devolvió una sonrisa.

—Si vienes conmigo, es posible que obtengas lo que quieres.

—¿¡Qué sabes tú de lo que yo quiero!?

—Quieres ser fuerte… pero para lograrlo, debes mostrar que estás listo.

Aun dubitativo, Rockruff lo siguió a través del laberinto. Seguro irían a un lugar aburrido y extraño a entrenar según las viejas tradiciones. Nunca le prestó atención a los Viejos Lobos en el santuario de la colina ni a sus historias aburridas, a pesar de la obligación de acudir a sus reuniones, memorizar nombres, costumbres, y la Ley. Sobretodo la Ley. Inculcaban su obediencia y el respeto que deben tenerle. También una promesa de jóvenes de lo más cliché, que tampoco alcanzó a recordar. Aquello era insufrible.

Al final del laberinto atravesaron un pasaje oculto entre la hierba, hasta llegar a la parte alta de la colina. Resultó ser muy parecido al santuario secreto de los Diez Quilates, una formación rocosa elevada hecha de piedra caliza donde el líder suele hablar a la manada. En cada una existen dos, un rey del día y de la noche. Y como lo suponía, un Lycanroc medianoche ya se encontraba allí sentado, y su acompañante es el rey del día, a pesar de que muchos prefieren vivir apartados de los demás.

—Ah… ya llegaste. Y veo que traes compañía. —dijo el rey de la noche.

—¿Qué es todo este lugar? —preguntó a ambos.

—Los humanos lo llaman la Colina del Recuerdo. Pero también, es el lugar más sagrado de los pokémon de Akala después de las Ruinas de la Vida: La Roca del Alto Consejo o también, la Roca Metamorpha —respondió, mostrando el rojizo de sus ojos—. Aquí se reunieron los ocho alfas antes que Alola se dividiera, este sitio vio nacer la Ley. Algo que tú has olvidado. A todos se les enseña recién salidos del huevo —Señaló el centro del extraño foro con su hocico—. Ven aquí arriba y siéntate, este sitio, te ayudará a recordar.

Rockruff solo lo miró como si estuviera loco, pero a juzgar por su expresión, no intentaba gastarle ninguna broma, así que no le quedó más remedio que obedecerle. Podía sentirse una energía extraña en ese lugar, escuchaba voces de lo más escalofriantes llamándole. Su corazón se desbocaba en su pecho y su pelaje se erizó, definitivamente allí ocurría algo extraño.

—Ahora cierra los ojos y concéntrate. Deja que la energía natural de este lugar te guíe.

Obedeció, pero no sucedía nada. Solo se sentía como un tonto, sentado sobre sus patas traseras de ojos cerrados, escuchando solo su respiración. Pero debía admitir que era relajante y poco a poco su mente se quedaba totalmente en blanco y divagó, escuchando como el aire recorría sus pulmones.

Todo se puso oscuro repentinamente, además de extraño. Podía jurar percibir la luz lunar sobre sus parpados cerrados. El suelo se hizo más suave, estaba hecho de tierra y maleza. Ya tenía tanto tiempo sentado sobre esa roca que terminó acostumbrándose, preguntándose si alguien más se estaría riendo de verlo en ese estado.

—¡Oye, deja de dormirte sentado, tú pequeña mini bestia canina!

Abrió los ojos y se encontró cara a cara con Lycanroc de medianoche. La cicatriz en su ojo derecho le era extrañamente familiar, lo reconoció enseguida como líder nocturno de la Colina de los Diez Quilates. Solo que este no necesitaba sus ojos de sangre ni su mirada amenazadora para mostrar que estaba enfadado con él, porque invadió por completo su espacio personal. Por instinto, bajó sus orejas.

—¡¿Consejero?! ¿Qué hago aquí? Se-se supone que me capturaron a las afueras de la colina.

—¡Guau, tu habilidad para dormirte en medio de una instrucción es increíble Sif! —dijo impresionado otro niño a su derecha—. Espera… ¿Cómo está eso de que te capturaron?

—¿Mancha? ¿Eres tú?

—¡Te dije que no me llames así, me ensucie de lodo una vez solamente! —se quejó el Rockruff mostrando sus pequeños dientes, furioso. El grupo, unos veinte alrededor, se esforzaban por contener la risa—. ¡Mi nombre es Loki! ¡L-O-K-I! Repite conmigo… ¡LO-KI!

—¿Sí sabes que igual lo voy a olvidar no?

La risa se extendió alrededor del círculo, pero bastó un gruñido del consejero para que terminara. Prestaron toda su atención mientras caminaba en dos patas hasta el centro del círculo de Rockruff.

—Como decía. Lo más importante que todo joven debe saber sobre la vida de un pokémon, fue dicho por los antiguos alfas cuando establecieron la Ley. Esa, es la base de nuestra relación con los humanos y nuestra forma de vida, aun para aquellos que son solitarios. Y ya que te das el lujo de dormirte durante la sesión… dime Sif. ¿Cuáles son?

—¿Cuáles son las leyes? —dijo en voz alta, su intento de ganar tiempo no resulto—. Bueno… ya se me olvidaron.

—¡Tú pequeño…! —bramó su instructor, el rojo se hizo más intenso y brillante. La idea, aunque fuese incorrecta, de darle un buen coscorrón, parecía muy buena—. Supongo que tendremos que empezar con eso antes del entrenamiento nocturno.

Se sentó en el centro del circulo. Los pequeños a su alrededor movían su cola enérgicamente y hablaron como uno solo.

Esta es la ley de los pokémon, tan vieja y cierta como nuestra existencia, y cuando se cumple habremos de prosperar, sino hemos de perecer. Pues es el pokémon, la fuerza de su manada. Y la fuerza del pokémon, es su manada.

«El buen pokémon siempre obedece a su alfa. Se enfrenta a sí mismo. Comparte y protege a los suyos. Escucha, piensa y ayuda a los demás. Se mantiene vigilante y piensa antes de seguir. Aprende de sus errores y trabaja duro en su enmienda. No ataca al humano, sino en defensa propia. Solo aquel que reconozcas, será tu entrenador. Ante este consejo la acepto y cumplo, y con el Wela como guía hago el compromiso, de ser siempre mejor cada día».

Otra vez todo se hizo borroso. Su cabeza daba vueltas, solo percibía partes aleatorios de sus recuerdos antes que sus amigos fuesen capturados. Sintiéndose solo, salió a entrenar y terminó herido en combate contra un Gumshoos de regreso a casa. Desfallecido y adolorido, pasaron días antes que pudiera caminar con dificultades. No avanzó demasiado antes de volver a caer. Sentía su estómago unido a su lomo cada vez con más fuerza.

—¡Aw qué bonito!

Una voz. Era una hembra humana, la acompañaba un Pikachu hembra. Estaba cubierta de rojo. Sus ojos, eran como los suyos, iguales al cielo de mediodía. Su cabello era extraño, de aspecto ligero y suave. Captó con su olfato la dulce y suave fragancia de las blanquecinas flores Gisófila, también captó el olor de la miel y mazapán.

—¡Oye ¿Estás bien?!

Un humano vestido de azul y negro, de cabello alborotado. Le acompañaba un Pikachu macho. Tenía una mirada cálida. Olía a carne, canela y también algo más… ¿Tomates en salsa? ¿Acaso la famosa Kétchup que los humanos elaboran cerca de la ciudad? No, parecía más bien, limones.

—Oh, tal parece que estas hambriento —Su estómago lo traicionó. Seguramente lo capturaría sin posibilidad de defenderse—. Dame un segundo, creo que tengo algo por aquí —Dejo en el suelo cinco bayas zidra—. Toma amigo, creo que esto te ayudará.

Conteniendo las lágrimas, se abalanzo como pudo sobre ellas y empezó a comerlas rápidamente. Se abalanzó sobre el y frotó fuertemente su cuello en agradecimiento. Supo que se llamaba Ash, o al menos así lo llamaba la hembra que lo acompañaba. Una extraña máquina lo examinó, parecía lo que ellos llaman pokédex, pero este flotaba y hablaba alegremente, como si tuviera vida. Pero no le importó, simplemente la saludo con un suave frote de su cuello y les siguió cuando se marchaban.

—¡Gracias! —dijo, pero seguro lo escucharon como ladrido.

—¿Qué sucede? Ya estas mejor ¿no? Puedes irte a casa.

Negó enérgicamente con la cabeza, ya no quería regresar y estar solo.

—Tal parece que quiere ir contigo Ash —dijo la chica sonriendo—. ¿No dijiste que querías un nuevo amigo? Parece que ya lo tienes.

—¿Es eso cierto Rockruff? —Saltó y volvió a frotarle con su cuello después de lamer su cara, debía mostrar que sí era su deseo—. ¡Oye tranquilo! Esta bien, bienvenido al grupo amigo.


Abrió los ojos. Notó, que estaban llenos de lágrimas. Ellos tenían razón, y sentirse roto solo lo confirmaba. Olvido su propio juramento, lo que era ser un pokémon e hizo daño a quien le había ayudado, a su líder. Pago su frustración y salvajismo con él, no estaba cerca de ser fuerte como pensaba. Al contrario, solo era la misma clase de los codiciosos, traidores y agresivos Rattata. No podía reprocharle su enojo.

Ya no tenía el valor de regresar con Ash. Tal vez quedarse lejos y olvidar sería lo mejor.

—Ah… parece que lo logró. —Una voz cantarina y profunda habló, parecía contenta.

—¿Q-quién es e-ella? —preguntó en sollozos, pasándose las patas por los ojos.

—Soy el espíritu guardián de Akala, Tapu Lele. Tú me llamaste aquí. Bueno… tu introspección, mejor dicho —dijo, junto a los otros dos lobos—. Esta misma energía natural ayudo a sus ancestros con la creación de la Ley, y por eso, fueron inmortalizados. —Señalo hacia arriba. El cielo comenzaba a mostrar algunas estrellas brillantes.

—¿Usted también las conoce?

—¡Claro! Es la razón de mi existencia. Junto al pokémon legendario Ho-Oh, nos encargamos de esparcirlas por el mundo. Por desgracia, algunos no dejan de causar problemas a los humanos aunque se busque la paz, ni evita que ellos usen a sus pokémon como armas para sus objetivos egoístas.

Se acercó al pequeño Rockruff y toco su frente. Pudo sentir como si una corriente eléctrica entrara en las nubes de su mente, tirando de un enorme hilo negro lleno de imágenes aleatorias. Algo le impedia apartase.

—Detecto mucha energía bloqueada en tu mente. Tienes un gran conflicto dentro de ti pequeño, y no pareces dispuesto a ponerle fin.

—¡Ya no puedo hacerlo! —gritó, apartándose al fin. No quería que viera nada más—. Digo… mordí a mi entrenador, desobedecí ordenes. Fui egoísta. Soy un Rattata de la peor calaña, una escoria. No puedo regresar con él.

—Sí, lo eres —replicó el líder de la noche, mirándole muy serio—. Mira niño, te sorprendería saber la cantidad de pokémon que tienen problemas con sus entrenadores, no eres el primero ni serás el último. Ya verás que reforzara vuestro vínculo, aunque suene extraño. Está en nuestra naturaleza. Nunca des por sentado que el abandono es la mejor opción, hasta que los hayas intentado todo.

—Pero… no sé. —Parpadeó y miró abajo, no estaba seguro si Ash le perdonaría.

—¡Rockruff!

—Sabía que lo encontraríamos aquí. —dijo la Kahuna.

Era Ash, en compañía de Gary, Lillie y Olivia. El Tapu se separó del pequeño canino y voló alrededor de los listos del grupo para sorpresa de la Kahuna. El azabache simplemente pasó de ellos y fue hasta su pokémon. Aunque preguntó si estaba bien, no lo miró a los ojos. En cuestión de segundos pasaron a ser el centro de atención, aun con la presencia de Tapu Lele.

No supo qué hacer, y aunque lo supiera, no podría entenderle. Hizo caso a sus instintos y alzó la mirada, y vio la mano izquierda de su entrenador con una pequeña venda. Verlo hizo que se le revolvieran las tripas, no sabía si era más la rabia o la tristeza. Bajó sus orejas y se acercó para lamerla, sus ojos parecían estar hechos de agua, aunque se esforzaba por contenerlas.

—Oye vamos… sé que lo sientes, no quisiste hacerlo —Fue tal la impresión del pequeño canino, que sus orejas volvieron a ser rectas para escucharle mejor—. También lo siento. No pude ayudarte en esa batalla. Esperar que me obedecieras por mi falta de carácter es demasiado pedir de mi parte. Te diré algo, estoy dispuesto a empezar de nuevo, si tú también quieres.

Solo parpadeó, aún sin salir del trance. Era demasiado bueno, demasiado incluso para sí mismo. No podía entender por qué la hembra se había ido, con la facilidad que tiene de hacer sentir calidez en su corazón. No pudo contener más su emoción y se le fue encima, frotando su cuello con fuerza, y después lamerle.

—¡Oye tranquilo, yo también te quiero, pero me haces daño! —replicó Ash. No pudo más que reír, igual que Pikachu.

—¿Ves? Te dije que lo resolverían. —dijo el científico a su rubia amiga.

—¡Me alegra! Espero que pueda… —Se cortó en seco cuando el Lycanroc de Olivia se le acercó. Puso los ojos en blanco y se escondió detrás de Gary.

Algunas cosas tardan en cambiar, pensó Gary encogiéndose de hombros.

Ash dejó a su pokémon en el suelo y se dedicó a mirar el ocaso junto a los demás. La corona solar estaba por desvanecerse y el reflejo del sol en el agua hacía difícil distinguir que era cielo, y que era mar, parecían ser la misma cosa, era la primera vez que veía al agua tomar ese color. Los pokémon se acercaron al borde del acantilado, como si estuvieran en trance y Tapu Lele flotó hacia ellos, dejando caer un par de sus escamas, y las vio tomar la forma de mariposas volando hacia Rockruff.

Repentinamente el cielo se iluminó de verde. Un verde intenso, uno que nunca antes había visto, ni creía posible su existencia. Ese mismo resplandor rodeó a su pokémon acompañado por sus aullidos. Cada vez más grande, la pareja de científicos y Pikachu, no podían creer de lo que eran testigos, fue como si la naturaleza quisiese que recordaran ese destello por siempre, y recordarles que aún en los momentos difíciles, aún cuando la muerte aceche y no puedas ver nada más, siempre existirá: La Esperanza.

Tapu Lele se alejó a medida que el resplandor se hacia más tenue. Gary y Lillie no paraban de parlotear debatiendo en qué forma evolucionaría, si meridiana o medianoche. Pero a Ash no le importaba. Sea cual fuera, estaría igual de emocionado.

Finalmente se hizo visible. Estaba en cuatro patas igual al Lycanroc de Olivia, pero la forma de su melena parecía ser más alborotada; mantenía las cuatro rocas que sobresalían de su cuello. Su cuerpo era igual al firmamento del atardecer. Mantenía el blanco de la cola y sus patas. Sus ojos, verde olivo, miraban con orgullo a su entrenador. Su cara también era blanca.

—¡Pero qué clase de forma es esa! —exclamó Lillie fuera de sí, parecía no dar crédito a lo que sus ojos veían a pesar mirar claramente el fenómeno. Gary sacó su libreta de anotaciones y comenzó a tomar apuntes como loco.

«Cuando Rockruff demuestra ser más independiente, rebelde y fuerte en combate, está a punto de evolucionar a Lycanroc. Este, posee dos formas. Tan distintas como el día y la noche, del cual toma su nombre. Pero he descubierto una nueva forma no registrada durante el atardecer, al momento del fenómeno astronómico del destello verde».

—¡No hay datos, no hay datos! ¡Forma de Lycanroc desconocida hasta ahora! —Rotom-dex voló directamente hacia él, tomando fotos sin descanso. Frenético. Al lobo parecía no importarle.

—El fenómeno del destello verde… me habían hablado de él, pero… ¡No pensé que fuera tan hermoso! —dijo Olivia totalmente conmovida.

—Atardecer… crepúsculo… —Lillie también pensaba en voz alta oculta en la espalda de Gary. Miraba sus anotaciones.

—¡Ya sé! ¡Lycanroc Crepuscular! —dijeron ambos al mismo tiempo.

—Es un buen nombre chicos listos. Me gusta. —dijo la Kahuna guiñándoles un ojo.

—Información creada y registrada. —dijeron ambas Rotom-dex.

Ash solo seguía observando a su pokémon, inexpresivo. Su cerebro tardó en procesar toda la información que recibió ese día. Primero, resolvió el enigma de aquella calidez en su pecho, y la causa no era mala, no tampoco preocupante; más bien placentera, pues gustaba de ella. Y por su fuera poco, aunque ya estaba acostumbrado, uno de sus pokémon evolucionó, pero en una forma que jamás se ha visto antes. Igual que su Greninja.

—No… puedo… crepuscular… evolución —Ash titubeaba, a medida que se le acercaba aumentado su paso hasta correr—. ¡Genial tengo un Lycanroc realmente único, eres el mejor amigo! —exclamó con emoción abalanzándose sobre él para abrazarle—. ¡Mira Serena, Rockruff evolu…!

Otra vez recordó que ella no estaba cuando volteó a ver a Gary y Lillie, al lado de Olivia. El solo se mordió el labio inferior, antes de recostarse en el suelo en posición fetal. El aire a su alrededor se puso oscuro y frío.

—¡Oye deja de entristecerte por eso y termina lo que empezaste! —gritó Gary enojado, más aún cuando vio a Lycanroc recostarse en el suelo al lado de Ash. Lo mismo Pikachu—. ¡Ustedes también, compórtense!

Tras recuperar su cordura nuevamente, Lycanroc hizo una demostración de su nueva fuerza, mostrando sus dos nuevos ataques. Roca Afilada y Acelerroca, el mismo con el que le derrotaron en su batalla anterior. Solo le dirigió una sonrisa al Lycanroc de Olivia.

—Pensamos lo mismo amigo. Creo que merecemos esa revancha —dijo Ash—. ¿Usted que cree?

—Me parece que sí. Pelearemos aquí mismo. —dijo.

Continuará…


Notas de los autores:

Hola queridos lectores :D.

Sí lo sé, me tarde tres días más de lo esperado, y lo subo algo tarde. Pero aquí esta XD, espero les haya gustado, y que no haya sonado muy raro el lenguaje que usan los pokémon tan… natural, digámoslo así.

¿Notaron que puse dos frases arriba en lugar de un resumen de lo anterior? Fue para que se entendiera un poco sobre qué trataría el capítulo :D.

¿Si entendieron la analogía y la metáfora de todo esto no? Aunque… queda ver si Ash lo hace igual jeje.

¡Pero oigan, ya Ash sabe que le gusta Serena! Después de tanto tiempo, finalmente alguien le hace entrar en razón. Y no fue May, ni Pikachu, ni Delia, ni Brook, ni Misty, ni Bonnie o la misma Lillie, sino Gary :3. Aunque… nuestro prota está sufriendo mucho su ausencia.

¿Creen que la emoción de la evolución le haga ganar la revancha contra Olivia?

Por cierto hablando de firmamento, estrellas, la noche y el día. Hay una referencia que solo aquellos que son realmente aficionados a la Astronomía, podrán darse cuenta jeje. Veamos quienes la descubren :).

Como siempre, dejen sus estrellitas, sus flores, reviews, criticas, opiniones, biblias, como quieran llamarlos jeje. Feliz noche (O un feliz lunes, si estas leyendo por la mañana jeje).